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Sudáfrica: Conferencia mundial busca liberar a millones de niños del trabajo infantil

Conferencia mundial busca liberar a millones de niños del trabajo infantil

Joyce Chimbi

Fuentes: IPS [Imagen: Un niño sostiene un dibujo que representa la violencia doméstica, en el Centro para el Empoderamiento de la Juventud y la Educación Cívica de Lilongüe, la capital de Malawi, que se asoció con la OIT para apoyar el plan de acción nacional de combate al trabajo infantil. Foto: Marcel Crozet / OIT]

NAIROBI – Los niños que lavan la ropa en los ríos, los que mendigan en las calles, los que venden en forma ambulante, los que caminan kilómetros en busca de agua y leña, los que compiten con manos más viejas y experimentadas en la recolección de café o té, o los que trabajan como niños soldados, son imágenes familiares en el Sur en desarrollo.

Los expertos en derechos de la infancia de reiteran que la tolerancia y la normalización de los niños trabajadores, muchos de los cuales laboran en condiciones y circunstancias peligrosas, y la apatía por el fenómeno han estancado el progreso hacia la eliminación del trabajo infantil.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que son más de 160 millones  los niños y niñas que trabajan en el mundo.

Con ese telón de fondo, es que se celebra la 5 Conferencia Mundial sobre la Erradicación del Trabajo Infantil, que se celebrará en la ciudad de Durban, en Sudáfrica, del 15 al 20 de mayo.

Allí se estudiará cómo alcanzar una meta específica sobre el problema del 8 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el referido al Trabajo Decente y Crecimiento Económico.

En ese objetivo, la meta 8.7 plantea la adopción de medidas inmediatas para “asegurar la prohibición y eliminación de las peores formas de trabajo infantil, incluidos el reclutamiento y la utilización de niños soldados, y, de aquí a 2025, poner fin al trabajo infantil en todas sus formas”.

En Durban también se revisarán los avances del Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil que se centra precisamente en su eliminación para 2025.

La Conferencia será inaugurada por el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, quien compartirá escenario con el presidente de la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC, en inglés) y presidente de Malawi, Lazarus McCarthy Chakwera y el director general de la OIT, Guy Ryder. También participará en forma virtual el presidente de Argentina, Alberto Fernández.

“Hay múltiples factores que impulsan el trabajo infantil en África, y muchos de ellos están interconectados», dice Minoru Ogasawara, asesor técnico jefe de la «Acción acelerada para la eliminación del trabajo infantil en las cadenas de suministro en África» (ACCEL, en inglés), establecida dentro de la OIT.

Habla de la alta prevalencia de niños que trabajan en la agricultura, estrechamente vinculada a la pobreza y a las estrategias de supervivencia de las familias.

El rápido crecimiento de la población africana, dice Ogasawara, ha ejercido una importante presión sobre los presupuestos públicos para mantener o aumentar el nivel de los servicios necesarios para luchar contra el trabajo infantil, como la educación y la protección social.

En el caso de África se subraya que el continente está muy lejos del compromiso colectivo de acabar con todas las formas de trabajo infantil para 2025. Otra alerta es que el número de niños que trabajan en la región de África subsahariana es superior al del resto del mundo.

“De ahí el llamamiento a aumentar sustancialmente la financiación a través de la ayuda oficial al desarrollo (AOD), los presupuestos nacionales y las contribuciones del sector privado dirigidas al trabajo infantil y sus causas fundamentales», observa Ogasawara.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) afirma que aproximadamente 12 % de los niños de entre 5 y 14 años trabajan, lo que supone un coste para su infancia, su educación y su futuro.

De los 160 millones de niños que trabajan en todo el mundo, más de la mitad se encuentran en el África subsahariana, y 53 millones no están escolarizados, lo que supone  28 % de entre 5 y 11 años y otro 35 % de entre 12 y 14 años, según las estimaciones mundiales más recientes sobre el trabajo infantil realizadas por OIT y Unicef.

Con este sombrío escenario, los premios Nobel de la Paz Kailash Satyarthi (de India) y Leymah Gbowee (de Liberia), así como el ex primer ministro de Suecia Stefan Löfven, intervendrán en la Conferencia, que se espera que ponga en perspectiva cómo y por qué los niños siguen sufriendo algunas de las peores y más graves formas de explotación laboral.

Entre esas formas destacan el trabajo en régimen de servidumbre, la servidumbre doméstica, los niños soldados, el tráfico de drogas y la explotación sexual comercial.

“Estoy trabajando en colaboración con otros premios Nobel y líderes mundiales. Exigimos la creación de un mecanismo internacional de protección social. Durante la pandemia de covid-19, hemos calculado que con 53 000 millones de dólares anuales se podría garantizar la protección social de todos los niños en todos los países de bajos ingresos, así como de las mujeres embarazadas”, subrayó Satyarthi, Nobel de la Paz de 2014.

Satyarthi ha estado a la vanguardia de la movilización de apoyo mundial para la erradicación del trabajo infantil, así como el derecho a la educación de los niños y a que tengan una vida libre de explotación y violencia.

“El aumento de la protección social, el acceso a una educación gratuita de calidad, la atención sanitaria, las oportunidades de trabajo decente para los adultos y los servicios básicos crean un entorno propicio que reduce la vulnerabilidad de los hogares al trabajo infantil», subraya Ogasawara por su parte.

Señala la necesidad urgente de introducir y o ampliar rápidamente la seguridad social y otras medidas de protección social adecuadas para la economía informal, como las transferencias de efectivo, la alimentación escolar, los subsidios para los costes directos de la educación y la cobertura de la atención sanitaria.

Hay que destacar, aduce el especialista africano, la necesidad de una transición de la escuela al trabajo y de «centrarse en los niños de hogares pobres, aumentar el acceso a la educación y reducir la necesidad de combinar la escuela con el trabajo entre los niños por debajo de la edad mínima para trabajar».

En ausencia de estas redes de seguridad de protección social, la OIT destaca que existe el peligro de que nueve millones de niños más engrosen las filas laborales antes de fin de año, lo que evidencia que la lucha contra el fenómeno tiene obstáculos recurrentes.

En este contexto, la Conferencia de Durban representa una oportunidad para evaluar los progresos realizados en la consecución de la meta 8.7 de los ODS, debatir sobre las buenas prácticas aplicadas por diferentes actores en todo el mundo e identificar las lagunas y las medidas urgentes necesarias para acelerar la eliminación tanto del trabajo infantil como del trabajo forzoso.

El momento es crucial, subraya la OIT, ya que solo quedan tres años para lograr el objetivo de la eliminación de todo el trabajo infantil para 2025 y solo ocho años para la eliminación del trabajo forzoso para 2030.

La Conferencia Mundial también contará con la participación activa de jóvenes supervivientes del trabajo infantil en India y países africanos. Compartirán sus relatos en primera persona y sus experiencias vividas en sintonía con el tema central del debate.

La reunión tendrá lugar en el contexto de la pandemia de covid, en medio de los temores y la preocupación de que la erradicación del trabajo infantil pierda importancia en la agenda internacional a medida que el mundo hace frente al impacto de la pandemia.

Esto podría revertir los numerosos logros alcanzados en la lucha contra el trabajo infantil, el trabajo forzoso y la trata de niños y niñas.

Puede leer aquí la versión en inglés de este artículo.

T: MF / ED: EG

Fuente: https://ipsnoticias.net/2022/05/conferencia-mundial-busca-liberar-a-millones-de-ninos-del-trabajo-infantil/

Fuente de la Información: https://rebelion.org/conferencia-mundial-busca-liberar-a-millones-de-ninos-del-trabajo-infantil/

 

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Trabajo infantil: más pobreza a futuro

Por: Marcelo Colussi

Pobreza y riqueza

“¡Los niños primero!” suele decirse. Y durante la artificialmente manipulada guerra de Irán-Irak, entre 1980 y 1988, en que se desangraron en forma inútil ambos países (favoreciendo solo a las potencias capitalistas, que se cansaron de venderles armamentos), esa consigna se cumplió en forma literal: eran niños los que iban primero, al frente… para detectar las minas –¡pisándolas!–. Este patético ejemplo muestra lo que, en buena medida, sigue siendo la actitud del mundo adulto con respecto a la niñez: no siempre se la comprende como la preconizada “semilla del futuro”, más allá que pueda declamárselo levantándose ampulosos discursos en su nombre.

La riqueza de las sociedades no está en sus recursos naturales. Siendo rigurosamente marxistas, o más aún: hegelianos, puede decirse que la única fuente creadora de riqueza es el trabajo humano. La pobreza no se relaciona directamente con la falta de tierra cultivable o la ausencia de un elemento tan importante hoy por hoy como el petróleo; está en la forma en la que se reparte el producto socialmente producido, lo cual tiene que ver con razones políticas, con la forma en que están armadas las sociedades. Por el contrario, la riqueza tiene directa relación con la gente, con la organización social, con la población bien capacitada y alimentada, sana y estudiosa, sin prejuicios atávicos que invalidan y cierran el entendimiento. Japón tiene pocos recursos naturales, y no posee ni una gota de petróleo, pero es inmensamente rico como país. Cuba no tiene una gran producción de bienes y servicios, debido en muy buena medida al inmisericorde e inmoral bloqueo que le impone Estados Unidos. Pero en el país no hay pobreza. Curioso: los índices socioeconómicos de los organismos internacionales que miden el desarrollo de las sociedades ponen a Japón (segunda economía capitalista del mundo) y a Cuba (socialista) en un plano casi de igualdad en relación al llamado “desarrollo humano”: no hay pobreza en dos modelos sociales tan distintos (ni afectan los desastres naturales recurrentes que ambos países sufren, lo que muestra que “riqueza” no es solo –o no es para nada– disponer de muchos aparatos de moda, de lo que ilusoriamente se llama “tecnología de vanguardia”.

Es una verdad lapidaria que la pobreza genera pobreza. Eso no es nada nuevo, por cierto; pero conviene no olvidarlo nunca si queremos aportar algo en la lucha contra las injusticias. Un pueblo se desarrolla no cuando entra en el consumismo voraz sino cuando es dueño de su propio destino, cuando fomenta su espíritu crítico. En otros términos: cuando su población está realmente preparada y en condiciones de afrontar desafíos (los desastres naturales, por ejemplo).

Terminar con la pobreza no es, en absoluto, algo sencillo ni rápido. Muchos países pobres del Sur, de lo que anteriormente llamábamos Tercer Mundo, países que en décadas pasadas comenzaron a recorrer la senda del socialismo (por ejemplo en el África sub-sahariana, países que se liberaron del yugo colonial en la segunda mitad del siglo XX, o naciones musulmanas de Medio Oriente con su llamado socialismo árabe), si bien pudieron crear cuotas de mayor justicia en el reparto de su renta nacional, no han podido aún superar esa lacra de la pobreza en tanto fenómeno económico-social y cultural. De hecho, la misma funciona como círculo vicioso: la pobreza (que no es sólo material: es una suma de carencias materiales y no materiales) no permite el desarrollo integral, y sin él no puede haber mejoramiento en la calidad de vida. Si la educación es una de las claves para superar la pobreza, los sectores pobres, los históricamente marginados son justamente los que menos acceso tienen a esas posibilidades (ni en Japón ni en Cuba hay población analfabeta). Por cierto, donde con mayor elocuencia se ve ese abominable fenómeno del analfabetismo al día de hoy es en la niñez pobre. (Dato complementario, que quizá aclare más el asunto: Argentina, país medianamente desarrollado, para las últimas décadas del siglo pasado no tenía alfabetismo; con las políticas neoliberales que llegaron a partir de la última dictadura militar en 1976, se logró que el mismo reapareciera en la actualidad, con un 30% de población en situación de pobreza).

Niñez trabajadora

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que para el año 2019 a nivel mundial trabajaban más de 150 millones de menores de edad. De éstos, la mitad participando en formas de trabajo infantil que deben erradicarse absolutamente por ser altamente peligrosas o entrañar explotación; a su vez, la mitad de ese total tiene entre 5 y 14 años de edad. Por otro lado, al menos 8 millones realizan actividades de prostitución o trabajo forzoso, incluyendo en esta última cifra aquellos que, sin ser trabajadores en sentido estricto, participan en conflictos armados como niños-soldado. La situación es altamente compleja, porque ese trabajo infantil en todos los casos es imprescindible para completar el ingreso familiar.

Un niño o niña o un adolescente trabajando constituyen un síntoma social; hablan no sólo del presente de la comunidad a la que pertenecen, sino también de su porvenir. Las causas de por qué un menor trabaja están indisolublemente ligadas a la situación de pobreza estructural de la sociedad en que vive. En cualquier país donde se da el fenómeno, siempre hay que entender el mismo en la lógica de “ayuda” al presupuesto familiar. En las áreas urbanas, según estimaciones de la OIT igualmente, su trabajo puede aportar entre un 20 y un 25% del ingreso del hogar al que pertenece. Y en áreas rurales, donde su trabajo no se traduce monetariamente en forma directa, la ayuda es inestimable porque sin ella –tanto en las faenas agrícolas como en el ámbito doméstico– no se podrían sostener las familias. En Guatemala, por ejemplo –país pobre con altas tasas de desnutrición infantil y analfabetismo– se considera que ese trabajo infantil puede representar hasta un 2% del producto bruto interno.

Por lo tanto, el trabajo infantil llena una acuciante necesidad; eliminarlo significa privar a una enorme cantidad de población adulta de una ayuda que, de no tenerla, se vería sumida irremediablemente en la indigencia total (sería como quitar las remesas que envían a los países pobres sus familiares que trabajan ilegales en el Norte). Por lo que estamos ante un complejo círculo vicioso: poblaciones pobres–familias pobres– padres con pesadas cargas familiares–niños que deben trabajar–niños que no acceden a la educación formal–futuros adultos sin capacitación–nuevas familias pobres–continuidad de las poblaciones pobres. Círculo, entonces, muy difícil de romper. ¿Por dónde empezar?

Como dice la Comisión Económica para América Latina (CEPAL): “Desactivar los mecanismos de reproducción de la pobreza precisa de políticas de inversión social que amplíen y potencien el capital humano”. Eso está claro, es una recomendación “políticamente correcta” (como lo son todas las formuladas por organismos internacionales que “estudian” los problemas sin capacidad alguna de incidencia en su solución); pero de no potenciarse eso que se llama “capital humano”, de no capacitarse en función de un desarrollo humano integral y sostenible –como sucede con la masa crítica de niños y niñas que a muy corta edad ya están trabajando y no completarán sus estudios, ni siquiera los primarios– no se ven entonces posibilidades reales de poder superar la pobreza. Está claro que esas recomendaciones, en sí mismas correctas, no dependen de la “buena voluntad” de los gobiernos de turno: tienen que ver con estructuras socio-económicas más profundas. Los gobiernos, aunque quieran, no pueden modificar esa situación, porque ello implica transformar de cuajo las estructuras socioeconómicas vigentes. No es solo cuestión de buena voluntad. Golpearse el pecho y “denunciar” esas injusticias no termina por solucionar nada.

¿Soluciones a la vista?

El capitalismo, claro está, sigue necesitando de esos sectores pobres (mano de obra poco calificada que le asegura altas tasas de rentabilidad) por lo que no se le ve salida al problema dentro de sus marcos. Hay que buscar, entonces, nuevas vías: léase socialismo.

Un menor de edad que trabaja tiene hipotecado su futuro, y por lo tanto el de su sociedad. La relación es inversamente proporcional: a mayor cantidad de horas trabajadas menor cantidad de horas de estudio. Por tanto: el trabajo infantil puede salvar del hambre aquí y ahora –como de hecho sucede– pero cercena a futuro las posibilidades de desarrollo, tanto personal como social. Un niño pobre y que trabaja a corta edad será un adulto empobrecido, poco preparado académicamente, que en el mercado de trabajo capitalista solo podrá acceder a los puestos menos remunerados. Por tanto, el sistema seguirá enriqueciéndose, y por supuesto quienes detentan el capital, mientras esa masa de población no podrá salir de los “ejércitos de reserva industrial”, cada vez más grandes, con un modelo económico que cada vez expulsa más gente. Es obvio que el sistema se está suicidando así, pero de momento no da muestras de caer.

Por otro lado, en sí mismo el trabajo infantil es cuestionable por otro cúmulo de razones. Que un niño o niña a cierta edad desarrolle alguna tarea doméstica, o aprenda el oficio de sus padres, puede ser un gran aliciente, tanto personal como colectivo. Es una forma de contribuir a la socialización, puede ser una manera de ir generando un espíritu de responsabilidad, de solidaridad incluso. Pero el trabajo al que nos referimos no es ése precisamente: se trata de algo realizado en un clima de dependencia con todas las cargas que sobrelleva un trabajador –cumplimiento de horarios, exigencias, a veces una gran cuota de peligro– en una edad en que ningún ser humano está preparado para ello, aunque la urgencia de la vida fuerce a soportarlo. Es eso lo que se denuncia como cuestionable: un menor que trabaja pierde, además de su estudio, la posibilidad de disfrutar su infancia, de jugar, de la magia de ser niño; es decir: sufre. Si queremos decirlo en forma simplificada: la niñez es la preparación para la adultez. Por tanto, un niño debe ser niño y no un adulto en pequeño. Si eso sucede, en muy buena medida su historia de sufrimiento y penurias varias ya está escrita.

Adicionalmente, y reforzando la historia de que el hilo se corta por el lado más delgado, el trabajo infantil se desenvuelve siempre, comparado con el de los adultos, en condiciones de mayor precariedad. Muchas veces está invisibilizado como tal, y en general no goza de prestaciones laborales ni derechos específicos, y aunque haya normativas al respecto, dado que es un grupo mucho más vulnerable por su misma condición de “pequeño” (prejuicio con el que deberíamos terminar alguna vez), resulta más “fácil” para el empleador saltarse las legislaciones.

Luchar contra el trabajo infantil es luchar contra una grosera forma de explotación. Está claro que la pobreza es un círculo vicioso, y desde la pobreza es más urgente encontrar soluciones puntuales, aquí y ahora, que posibiliten comer todos los días y no pensar en términos de largo plazo. Pero ahí está la cuestión: un niño trabajador, al igual que un niño puesto en la calle, un niño que mendiga o que se droga, un niño transgresor, nos muestra que todavía falta muchísimo por trabajar en pro de la justicia en todo el mundo. Los moldes del capitalismo definitivamente no permiten encontrarle salida al problema.

Dijo UNICEF: “El mundo no resolverá sus principales problemas mientras no aprenda a mejorar la protección e inversión en el desarrollo físico, mental y emocional de sus niños y niñas”. Si es cierto que el futuro está dado por la niñez, solo atendiendo realmente su situación actual podrá pensarse en un mañana distinto. Ahora bien: si esto se sabe, ¿por qué los gobiernos de la inmensa mayoría del mundo, de los países pobres básicamente, no hacen algo en contra del trabajo infantil, más allá de pomposas declaraciones altisonantes? Simplemente porque el sistema capitalista no lo permite. Educación de primera y buena alimentación para la niñez primermundista (15% de la población mundial); sobrevivencia al modo que se pueda para la otra niñez (no olvidando lo de la guerra Irán-Irak arriba citada). ¿Por qué la “buena” recomendación de UNICEF no es viable en términos reales? Porque el sistema no lo permite. Conclusión: hay que pensar en otro sistema.

Fuente: https://rebelion.org/trabajo-infantil-mas-pobreza-a-futuro/

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El peso de la crisis sobre la “juventud del confinamiento”

Por: Sergio Ferrari

A pesar que desde hace meses el foco protector planetario está puesto en los sectores de alto riesgo, en particular los mayores de 65 o 70 años, las consecuencias de la pandemia, sin embargo, golpean significativamente a la juventud.

Tres de cuatro jóvenes que estudiaban antes de la crisis sanitaria mundial se confrontaron al cierre de las escuelas. No todos pudieron continuar con el aprendizaje en línea y a la distancia. Y los que lo hicieron manifiestan una pérdida en su calidad de aprendizaje.

Uno de cada seis jóvenes que contaba con un empleo antes del inicio de la crisis lo perdió. Muchos de los que lograron mantener sus puestos vieron reducidos su tiempo laboral casi en una cuarta parte. Y dos de cada cinco, es decir el 42 %, sufrieron una reducción de sus ingresos.

Conclusiones todas de un Estudio que acaba de ser presentado el 11 de agosto por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Ginebra. (https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/@ed_emp/documents/publication/wcms_753054.pdf)

El mismo, sintetiza los resultados de la Encuesta mundial sobre los jóvenes y COVID-19, realizada en los meses de abril y mayo por ese organismo internacional en colaboración con sus cinco socios de la Iniciativa Mundial sobre Empleo Decente. Hacen parte el Grupo Principal de la Infancia y la Juventud de las Naciones Unidas; la Asociación Internacional de Estudiantes de Economía y Ciencias Comerciales (AIESEC); el Foro Europeo de la Juventud; el Fondo Fiduciario de Emergencia para África de la Unión Europea; y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH).

Voz juvenil de 112 países

El sondeo, en 23 idiomas, fue respondido por más de 12 mil jóvenes de 112 países. Se propuso reflejar los efectos inmediatos de la crisis sanitaria en una población generacional ubicada entre 18 y 29 años, en el mismo momento en que adquiría ya la dimensión de crisis económica. Se centró en cuatro ámbitos: el empleo, la educación y la formación, el bienestar mental, y los derechos y las opiniones. Examinó, también, las acciones de los jóvenes en relación con el activismo social y el comportamiento de respuesta a la crisis.

La población juvenil en esos 112 países representa 1.470 millones, y corresponde al 92 % de la población juvenil mundial. Sin embargo, como lo aclara la misma OIT, por el hecho de tratarse de una encuesta en línea – que exige medios técnicos y nivel educativo para responderla- representa la opinión solamente de una parte de la juventud que cuenta con niveles de educación media o superior.

Casi tres cuartas partes (el 73,8 %) de los jóvenes encuestados viven en países de ingresos medios, y 25% en países de ingresos altos. Solo el 1,3 % de los encuestados proviene de países de ingresos bajos. El 59,2 % de los consultados proceden de zonas urbanas, el 31,8 % de zonas suburbanas y el 19,1 % de regiones rurales. A nivel geográfico, la mayor cantidad de respuestas provinieron de Asia. Únicamente el 18,4% provino de las Américas.

Trabajo y educación: bienestar psicológica

El documento de la OIT, de más de 50 páginas, concluye que el impacto de la pandemia en la juventud “es sistemático, profundo, desproporcionado”. Y ha sido particularmente duro para las mujeres jóvenes, los de menor edad (18 a 24 años) y aquellos que viven en países de ingresos más bajos.

“En un momento de crisis e incertidumbre como el actual, las opiniones y acciones de los jóvenes pueden dejarse de lado con demasiada facilidad” subraya el estudio, que pretende de esta forma, darle la voz a un sector de la población planetaria.

“El estrés familiar, el aislamiento social, el riesgo de violencia doméstica, la interrupción de la educación y la incertidumbre en torno al futuro son algunos de los canales a través de los cuales la pandemia de la COVID-19 ha tenido un impacto en el desarrollo emocional de los niños y los jóvenes”, subraya la OIT en su capítulo dedicado al “Bienestar Mental”.

Afirma, como contexto general, que la mitad de todos los trastornos de salud mental comienzan, en general, a los 14 años, lo que significa que infantes y jóvenes corren un riesgo particular en la crisis actual. Y recuerda que, según la Organización Mundial de la Salud, el suicidio es la segunda causa de mortalidad entre la población de 15 a 29 años de edad.

A fin de comprender mejor la situación psicológica, la encuesta presentó un módulo con la Escala de Bienestar Mental de Warwick–Edimburgo (SWEMWBS). La misma reveló que, a nivel mundial, uno de cada dos jóvenes de edades comprendidas entre los 18 y los 29 años sufren ansiedad o depresión, mientras que otro 17 %, probablemente, se verá afectado por ella.

La-os trabajadora-es jóvenes que habían perdido su empleo tienen casi dos veces más probabilidades de verse afectada-os por una probable ansiedad o depresión que los que seguían trabajando. Entre el sector estudiantil que creía que su educación se retrasaría o podría fracasar, el 22 % sufría ansiedad o depresión, síndrome que afectaba solo al 12 % de los que habían podido continuar con su formación.

En síntesis, los resultados subrayan el vínculo entre el bienestar mental, por una parte, y el éxito educativo y la integración del mercado de trabajo, por otra.

Lo que se perdió

La mayoría de países tomaron medidas enérgicas en respuesta a la pandemia, incluida la recomendación-orden de “quedarse en casa” para ralentizar su propagación. Consecuencia inevitable ha sido la limitación de la libertad de movimiento de la juventud, lo que impactó muy fuerte en el derecho al ocio, a participar en los asuntos públicos y a practicar una religión o creencias.

El 68% de los encuestados indicaron limitaciones considerables de las actividades recreativas, en particular salir, reunirse con los amigos, hacer deporte, cultivar sus intereses culturales y viajar.

Una-o de cada tres jóvenes manifestó el impacto considerable en su derecho a participar en los asuntos públicos. Este es mayor para aquellos que viven en países de ingresos bajos (el 40 %) que para los que viven en países de ingresos medios-bajos (el 36 %) y en naciones de ingresos altos (el 28%).

La-os jóvenes perciben que tienen dificultades para tomar parte en los procesos políticos, las instituciones y la formulación de políticas. El problema no es nuevo, aunque se ve agravado por la coyuntura. Un estudio realizado ya en 2016 por la Unión Interparlamentaria Mundial, indicaba que menos del 2% de los parlamentarios de todo el mundo eran menores de 30 años.

Más de una-o de cada cuatro jóvenes (el 27%) declaró que la pandemia ha menoscabado considerablemente su derecho a la libertad de movimiento y a la libertad de religión o de culto.

Casi una-o de cada cuatro jóvenes (el 24%) indicó, por otra parte, un efecto negativo considerable en su derecho a la información. La difusión de información errónea sobre la pandemia a través de las redes sociales ha sido notoria. Además, las y los jóvenes que se identifican como parte de una minoría étnica, religiosa o de otro tipo indicaron un impacto más pronunciado que otros grupos de jóvenes en lo que respecta al derecho a la libertad de religión o de culto, a la vivienda, a estar libres de violencia, y a asistencia jurídica.

Entre la-os jóvenes que se autoidentificaron como una minoría, el 44 % señaló que se había menoscabado considerablemente su derecho a la libertad de religión, en comparación con el 37 % de los demás jóvenes.

En cuanto a la actividad social solidaria, último tema central del estudio presentado por la OIT la segunda semana de agosto, las conclusiones son significativas y expresan un aumento progresivo con el paso de las semanas. El 31 % de la-os jóvenes señaló un alto grado de voluntariado, mientras que el 27 % realizó donaciones.

Juventud del confinamiento”

En la Encuesta mundial, cuatro de cada cinco jóvenes de 18 a 29 años reconocieron que se habían quedado, en gran medida, en casa, mientras que dos de cada tres se habían puesto en contacto con sus amigos, familiares y seres queridos

Más de una cuarta parte indicó un alto grado de participación en actividades de voluntariado y en la realización de donaciones para luchar contra el COVID-19. La participación de la-os jóvenes en actividades de voluntariado fue aumentando considerablemente durante el período de la encuesta, es decir del 21 de abril al 21 de mayo.

A medida que el mundo fue testigo de cambios radicales en las actividades sociales y económicas, la-os jóvenes compartieron sus perspectivas sobre las medidas adoptadas por los gobiernos para luchar contra la epidemia. La mayoría estuvo a favor de quedarse en casa con el objetivo de proteger el mundo del trabajo, los empleos y las empresas. Abogaban por medidas firmes para proteger la salud y los medios de sustento de los sectores más vulnerables de la población, incluidos la-os trabajadora-es migrantes y la-os trabajadora-es de la economía informal.

La-os jóvenes instaron a los gobiernos a que, cuando fuera posible, relajaran gradualmente las restricciones, poniendo énfasis en la salud y la seguridad de la-os trabajadora-es. Propusieron, además, adoptar medidas complementarias para impulsar los servicios de salud y lograr una gobernanza adecuada a través de mecanismos de información, rendición de cuentas y coordinación.

Imposible anticipar, en una crisis todavía abierta, las consecuencias a largo plazo de la misma en el conjunto de la sociedad humana. Sin embargo, se hace cada día más evidente que si bien a nivel médico-sanitario no es la más afectada, la juventud del 2020, a la que ya se la comienza a denominar “juventud del confinamiento”, cargará sobre sus espaldas una parte significativa del impacto estratégico (económico, social, psicológico) de una pandemia tan destructiva como indescifrable.

Fuente: https://rebelion.org/el-peso-de-la-crisis-sobre-la-juventud-del-confinamiento/

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OIT: Covid-19 tiene un efecto devastador sobre los empleados jóvenes

Noticia/28 Mayo 2020/prensa-latina.cu

Más de uno de cada seis jóvenes quedó desempleado desde el inicio de la pandemia Covid-19, alertó hoy un informe la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Según el Monitor de la OIT: Covid-19 y el mundo del trabajo, la expansión de la epidemia tiene un efecto devastador y desproporcionado en los trabajadores jóvenes pues además de los que pierden sus puestos, los que permanecen empleados ven reducidas sus horas de trabajo en un 23 por ciento.

Asimismo, revela el estudio, el aumento sustancial y rápido del desempleo juvenil desde febrero afecta más a las mujeres que a los hombres.

‘La pandemia está causando un triple shock en los jóvenes. No solo está destruyendo su empleo, sino que también está interrumpiendo la educación y la capacitación, y colocando obstáculos importantes en el camino de aquellos que buscan ingresar al mercado laboral o moverse entre empleos’, esclarece el análisis.

Igualmente, la investigación recuerda que con un 13,6 por ciento, la tasa de desempleo juvenil en 2019 ya era más alta que la de cualquier otro grupo cuando había alrededor de 267 millones de jóvenes sin empleo, educación o formación en todo el mundo.

De acuerdo con la información del organismo, que también actualiza la estimación de la disminución de las horas de trabajo en el primer y segundo trimestres de 2020, en comparación con el cuarto trimestre de 2019, se reportan como perdidas un 4,8 por ciento de las horas de trabajo en el lapso de enero a marzo.

El número estimado de empleos extinguidos en el segundo trimestre se mantiene sin cambios en 305 millones.

Así, los territorios de las Américas, con más de un 13 por ciento; y Europa y Asia Central (con 12,9 por ciento), presentan las mayores pérdidas en horas trabajadas en el segundo trimestre.

‘La crisis económica de COVID-19 golpea a los jóvenes, especialmente a las mujeres, más duro y más rápido que cualquier otro grupo. Si no tomamos medidas significativas e inmediatas para mejorar su situación, el legado del virus podría estar con nosotros durante décadas’, consideró en el texto el Director General de la OIT, Guy Ryder.

Si su talento y energía se ven marginados por la falta de oportunidades o habilidades, dañará todos nuestros futuros y hará que sea mucho más difícil reconstruir una economía mejor post-Covid, advirtió.

Fuente: https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=369274&SEO=oit-covid-19-tiene-un-efecto-devastador-sobre-los-empleados-jovenes
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El presupuesto para la nómina docente en el centro de interés de la neoprivatización educativa

Los aterradores números de la OIT

Los datos de seguimiento de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) al empleo, en el marco del Coronavirus, evidencian la crisis del sistema financiero internacional, pero también el curso de la reingeniería en el mundo del trabajo. De 3.300 millones de trabajadores que conforman la fuerza laboral global, 2.000 millones lo hacen desde el empleo informal, siendo estos últimos los más vulnerables. En el sector informal 1.200 millones de empleos son altamente inestables y son los que más rápido están siendo alcanzados por los efectos de la pandemia. En el primer ciclo (enero-abril) del Coronavirus se están perdiendo 195 millones de empleos y el impacto continúa expandiéndose. No sería atrevido plantearse que si la cuarentena se prolonga hasta julio el desempleo podría duplicarse.

El cálculo lo hacen a partir del número de horas efectivas que se están perdiendo en la actividad económica mundial, vinculados en su mayoría al sector manufacturero, comercial e independiente. Se establece que el impacto en la región de América puede llegar a los 24 millones de pérdidas de empleo, siendo Asia y el Pacífico la región mas afectada con la perdida de 125 millones de empleos.

En la segunda edición del Informe del Observatorio de la OIT sobre el “Covid-19 y el mundo del trabajo: estimaciones, actualizaciones y análisis” (07-04-2020) se establecen rangos de empleos en los cuales las repercusiones actuales de la crisis sobre la producción económica son “bajos”, bajos-medios”, “medios”, “medio-altos” y “altos”.  Entre los considerados bajos en esta etapa está el sector de la enseñanza que representa el 5,3% de empleo mundial y el 1,23% en su relación salarial en función de los ingresos mensuales promedio por sector/ingresos totales promedios a nivel mundial. Sin embargo, la OIT está viendo lo actual, no la tendencia que esto marcará en el mundo de la educación.

El Banco Mundial (2018) estima que la curva promedio de inversión en educación en el mundo, entre 2000 y 2018, oscilo del 4,163% del PIB al 4,487%. Esto no niega que países como Cuba destinan el 13% de su PIB a lo educativo mientras que en África encontramos indicadores muy por debajo de la media mundial. Sabemos que en muchos de nuestros países el peso presupuestario de la nómina docente puede ir del 75% al 85% de los recursos destinados a la educación. Esta cifra debe ser valorada en el marco del acuerdo de Incheón, Corea (2015) en el cuál se contempló que el 6% del PIB de cada país, debe ser el mínimo del PIB  destinado a educación.

En la actual recesión económica y en el marco de la reestructuración capitalista a gran escala que tiene como telón de fondo la pandemia del Coronavirus, surgen presiones para el asalto de los dineros públicos como uno de los paliativos para salir de la crisis capitalista global. En ese contexto la profesión docente se convierte en blanco de las apetencias de la lógica mercantil.

En ese marco debemos valorar lo que está ocurriendo con la cuarentena y la convocatoria de los ministerios a la educación virtual. Como he insistido en mis artículos, mientras los gobiernos se muestran incapaces y desbordados para garantizar internet, computadoras y contenidos, las trasnacionales de la informática, arquitectura de la nube y contenidos educativos digitales, tienen más de una década preparándose para la actual coyuntura pedagógica, para el día “D” que les posibilite la construcción de hegemonía sobre el inicio del tránsito entre la tercera y cuarta revolución industrial a nivel de lo escolar.

Las transnacionales de la informática ya habían capturado el porcentaje educativo destinado a la actualización tecnológica (computadoras, redes, proveedores de internet, impresoras, softwares privativos), el cuál llegaba por distintas vías a las cinco más importantes empresas proveedoras de equipos tecnológicos en el mundo. Ahora su mirada está colocada en un nuevo nicho presupuestario.

Entre el 2005 y la actualidad, Google, Microsoft, Discovery Education, Pearson Educación, entre otras desarrollaron una batería de contenidos interactivos, ágiles, con la lógica de imagen sonido y brevedad que caracteriza a la comunicación del siglo XXI. Son propuestas que se encuentran en el formato de la educación bancaria virtual pero que resultan atractivas ante el vacío de alternativas, tanto de los ministerios de educación como de los movimientos magisteriales.

La crisis del Coronavirus ha construido hegemonía sobre la necesidad de vincular el mundo virtual con los procesos de enseñanza-aprendizaje. Pero ¿de dónde saldrán los enormes recursos presupuestarios y financieros que se requiere para ello? Más aún en un marco de recesión global. Y las miradas del mercado global, preocupado por  reactivar la economía y construir las condiciones de posibilidades para el modelo de gobernanza de la cuarta revolución industrial, se posan sobre el apartado presupuestario que se usa para el pago de nómina docente.

No ha terminado de ser controlada la pandemia y ya muchos gobiernos están suscribiendo acuerdos con Pearson Educación o Google para ayudar a resolver la coyuntura y establecer un vínculo de largo alcance en materia formativa. Se trata de la operacionalización del Apagón Pedagógico Global (APG) que vengo denunciado desde 2015.  Ante la carencia de uso del mundo digital en el aula, por resistencias o falta de formación de los docentes para ello, la virtualidad comienza a disputar el otrora espacio hegemónico de los y las maestras(os) como líderes de los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Por ello, lo que viene a nivel de propaganda, una vez superada la crisis del Coronavirus, será la profundización de la campaña de desprestigio a los docentes y la profesión docente, acusándonos a les maestros(as) de obsoletos ante la vorágine de la aceleración de la innovación. Esta será la tensión de los meses y años siguientes al retorno a la “normalidad” escolar, una vez superada la pandemia.

Como hemos aprendido no siempre el capital logra sus propósitos. Las luchas y las resistencias serán muy importantes para sostener la escuela pública, presencial, científica y popular. Pero ello demanda una actualización urgente del magisterio, sus gremios y las praxis de construcción de alternativas. Tenemos que aprender a trabajar el mundo digital en el aula en diálogo e interacción permanente con la presencialidad, el afecto, el diálogo y el encuentro. Una parte del mañana dependerá de nuestra disposición, voluntad y de la capacidad de aprender lo nuevo rápidamente. El capital juega lo suyo, los trabajadores de la educación tendremos que hacer lo propio desde una perspectiva humanista y anticapitalista.

Fuente: El autor escribe para OVE

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Trabajo infantil, la eterna injusticia: Un iceberg en las cadenas mundiales de suministro.

Por: Eduardo Camín

Dicen los entendidos que un iceberg aparenta ser no muy grande porque sobresale del agua solo la octava parte de su volumen total, aunque, de hecho, su parte sumergida puede alcanzar dimensiones enormes. Al referirme al tema del trabajo infantil esa metáfora me pareció pertinente ya que navegamos en este inmenso mar de silencio, entre tanto ruido de ausencias, que parece dictar nuestra conducta.

Ésta no cae del cielo, ni sube al infierno, apenas navega en las profundidades más oscuras de la tierra, pero cada día despierta y sobrevive entre nosotros… esa eterna injusticia. Hace algunas semanas los Países Bajos (antes conocida como Holanda) fue el escenario de una importante conferencia para definir las medidas a adoptar para erradicar el trabajo infantil de las cadenas mundiales de suministro.

El Director General de la OIT, Guy Ryder, participó en una mesa redonda enmarcada en esta conferencia organizada por el Gobierno de los Países Bajos en colaboración con la OIT, Marcha Mundial contra el Trabajo Infantil y Netherlands Enterprise Agency (organismo empresarial de los Países Bajos).

En su discurso inaugural Ryder instó a aplicar un planteamiento que abarque la totalidad de la cadena de suministro para resolver el trabajo infantil. Explicó que las iniciativas de lucha contra el trabajo infantil en dichas cadenas no serán suficientes si no van más allá de los proveedores inmediatos, hasta abarcar a los actores de, por ejemplo, los procesos de extracción y producción de las materias primas.

Exhortó además a los gobiernos a resolver las causas fundamentales del trabajo infantil en las cadenas mundiales de suministro, como la pobreza, la informalidad y el acceso insuficiente a la educación. “En la actualidad, 152 millones de niños siguen inmersos en el trabajo infantil. La necesidad de acelerar el progreso resulta evidente”, dijo el Director General.

Por lo tanto, la resolución de las Naciones Unidas en la que se declara 2021 como Año Internacional para la Eliminación del Trabajo Infantil sería una excelente ocasión para mantener el impulso y acelerar la actuación para hacer desaparecer el trabajo infantil en todas sus formas de aquí a 2025.

Sigrid Kaag, Ministro de Comercio Exterior y de Cooperación para el Desarrollo de los Países Bajos, anunció que su país se convertiría en país pionero de la Alianza 8.7, ya que se trata del primer Estado miembro de la Unión Europea en sumarse a la misma.

La Alianza 8.7 congrega a 225 organizaciones empeñadas en llegar a la Meta 8.7 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030, que insta a los gobiernos del mundo a erradicar el trabajo infantil para 2025 y a adoptar medidas eficaces para eliminar las formas contemporáneas de esclavitud y la trata de personas en el periodo comprendido desde entonces hasta 2025.

Un informe elaborado por la OIT, la OCDE, la OIM y UNICEF, titulado Erradicar el trabajo infantil, el forzoso y la trata de personas en las cadenas mundiales de suministro, incluye las primeras estimaciones jamás realizadas sobre el trabajo infantil en las cadenas mundiales de suministro. El estudio indica que la relación entre el trabajo infantil y dichas cadenas suele ser indirecta.

Una apreciable proporción del trabajo infantil en las mismas tiene lugar en el tramo más bajo, en actividades como la extracción de materias primas y la agricultura, lo cual dificulta la diligencia debida, la visibilidad y la trazabilidad. A lo largo de la última década, y con el apoyo de la OIT, más de 60 países – que implementaron casi 200 leyes – adaptaron sus marcos jurídicos en conformidad con los Convenios sobre trabajo infantil de la OIT.

El trabajo infantil entre convenios y promesas

Se entiende por trabajo infantil todo trabajo que priva a los niños de su niñez, su potencial y su dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y mental. Este concepto se define en el Convenio número 138 de la OIT sobre la edad mínima (1973), en el Convenio 182 de la OIT sobre las peores formas de trabajo infantil (1999) y en la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño.

Este informe pretende sustentar las políticas y prácticas públicas y empresariales para prevenir el trabajo infantil, el trabajo forzoso y la trata de personas en las cadenas mundiales de suministro, y proteger a sus víctimas. A la vez, reconoce la naturaleza pluridimensional de estas violaciones de los derechos humanos y la necesidad de hacerles frente mediante una combinación acertada de políticas.

Se tiene en cuenta no solo los factores de riesgo y las intervenciones de políticas necesarias para abordar la vulnerabilidad de las personas, sino también la extraordinaria complejidad de las cadenas mundiales de suministro que pueden ocultar abusos y vínculos con la informalidad y la migración laboral.

Las cadenas mundiales de suministro pueden engendrar crecimiento, empleo, desarrollo de capacidades y transferencia de tecnología. Sin embargo, en ellas se han registrado déficits de trabajo decente, y violaciones de los derechos humanos, y en particular trabajo infantil, trabajo forzoso y trata de personas. Todos los actores que intervienen en este contexto tienen la responsabilidad de velar por que se aborden estas violaciones de los derechos humanos.

En la punta del iceberg la pobreza

Es importante señalar que la naturaleza oculta del trabajo infantil, el trabajo forzoso y la trata de personas en las cadenas mundiales de suministro refleja tanto la complejidad de los procesos de producción como las limitaciones de los datos.

Las lagunas en materia de datos, debido a la ausencia de encuestas nacionales periódicas sobre trabajo infantil y trabajo forzoso en varios países, y la dificultad para obtener datos detallados sobre la prevalencia de estos fenómenos en ciertos proveedores que operan en los niveles iniciales de las cadenas mundiales de suministro, limitan considerablemente la capacidad de las partes interesadas para dar prioridad a las zonas o industrias en las que es más urgente tomar medidas, pero estas lagunas no deben servir de pretexto para no actuar con la debida diligencia más allá de los proveedores inmediatos.

Si podemos afirmar que el carácter pluridimensional de la pobreza es central para comprender la vulnerabilidad al trabajo infantil, el trabajo forzoso y la trata de personas. El papel de la pobreza como motor de estas violaciones de los derechos humanos resulta claro. La pobreza aumenta las probabilidades de que los hogares tengan que recurrir al trabajo infantil a expensas de la educación de sus hijos para satisfacer sus necesidades básicas y hacer frente a la incertidumbre y las crisis.

Algunos estudios muestran que los hogares pueden responder a las crisis relacionadas con la salud, como la repentina enfermedad de los tutores o del principal sostén de la familia, poniendo a los niños a trabajar. Esto sugiere que el trabajo infantil actúa como un amortiguador o un seguro del hogar contra el impacto de las crisis relacionadas con la salud.

En el contexto del trabajo forzoso y la trata de personas, la pobreza puede llevar a aceptar cualquier trabajo, independientemente de los riesgos, para poder sobrevivir, o a permanecer en empleos en condiciones abusivas.

Algunos estudios también relacionan la servidumbre por deudas con la exposición a las crisis, como la muerte repentina del principal sostén de la familia, o los desastres naturales, ya que el endeudamiento de alto riesgo es otra práctica a la que recurren los hogares para hacer frente a las crisis.

Sin dudas que la privación de la educación es otra de las principales formas en que las familias experimentan la pobreza, y está asociada al trabajo infantil, el trabajo forzoso y la trata de personas de manera importante.

Por un lado, el papel que desempeña la educación pública gratuita y de calidad como alternativa al trabajo infantil y, por el contrario, la manera en que la falta de acceso a las escuelas o la mala calidad de la enseñanza pueden empujar a los niños al trabajo infantil y a las situaciones de trabajo forzoso o trata de personas.

Existen numerosas pruebas de esta interacción negativa entre el trabajo y la escolarización, por ejemplo, en las comunidades cacaoteras y en las comunidades vinculadas a la minería artesanal, en las que la falta de opciones de escolarización que valgan la pena es una de las principales razones por las que los niños empiezan a trabajar prematuramente.

El trabajo infantil, el trabajo forzoso y la trata de personas se producen en su inmensa mayoría en la economía informal. Un gran número de estudios revela que los trabajadores de la economía informal figuran entre los grupos más vulnerables y menos protegidos.

Otro aspecto para destacar es el tema de la violencia, por ejemplo, en el hogar, en la escuela o en instituciones, puede llevar a los niños a abandonar la escuela y volverlos vulnerables al trabajo infantil. El trabajo se convierte en una manera de sobrevivir, incluso en formas de extrema explotación como la explotación sexual, el reclutamiento por pandillas, grupos o fuerzas armados, el trabajo forzoso y la trata de personas.

La discriminación y la violencia en las escuelas, por parte de compañeros, maestros u otros miembros del personal escolar, también pueden contribuir al trabajo infantil, ya que aumentan las probabilidades de que los niños abandonen la escuela prematuramente si son objeto de discriminación o violencia –incluidas las peleas en el patio de recreo, los abusos verbales o sexuales, la intimidación, la humillación, los castigos corporales, la violencia de las pandillas u otras formas de trato cruel y humillante.

En realidad, vivimos en un momento peligroso, un momento en que el autoengaño es un tema cada vez más actual. La humanidad como especie enfrenta una amenaza, su destrucción total. Ya se trate por muerte rápida causada por una guerra nuclear o de muerte ecológica lenta como consecuencia de la destrucción inexorable de los bosques, la tierra fértil y el agua potable, insistimos que la tendencia del hombre a engañarse a sí mismo desempeña un rol importante en esta aniquilación. Por eso cada día despierta y sobrevive entre nosotros, esa eterna injusticia.

Fuente: https://insurgenciamagisterial.com/trabajo-infantil-la-eterna-injusticia-un-iceberg-en-las-cadenas-mundiales-de-suministro/

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Unicef denuncia que 152 millones de niños trabajan en el mundo

12 Junio 2019/UNICEF

 El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) denunció hoy que 152 millones de niños realizan trabajo infantil en el mundo.
Casi la mitad de ellos lo hace en condiciones peligrosas o de explotación, comunicó la Organización en Colonia, Alemania, en ocasión del Día Mundial contra el Trabajo Infantil, que se conmemora este 12 de junio.

El tema será parte de los debates de los más de seis mil delegados de Gobiernos, organizaciones sindicales y entidades en representación de los empleadores, que participan en la Conferencia Internacional del Trabajo, con sede en Ginebra.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la conmemoración de este día examinará los avances logrados a lo largo de los 100 años de apoyo de ese organismo de Naciones Unidas a los países para luchar contra el trabajo infantil.

Christian Schneider, director de Unicef en Alemania, subrayó la importancia del papel de los Gobiernos y las empresas de todo el mundo, que deben ser responsables y evitar el trabajo infantil.

OIT asegura que la mayoría de los afectados vive en África (72 millones), mientras 62 millones viven en Asia.

Unicef reconoce que la cifra de menores afectados se redujo en casi 100 millones entre 2000 y 2016, pero en los últimos tiempos ese retroceso se ralentizó.

‘No alcanza con condenar y prohibir el trabajo infantil’, sentenció Schneider, quien subrayó que para protegerlos ‘de manera efectiva deben mejorar sus condiciones de vida’, y agregó que el acceso a la educación es una herramienta importante para lograrlo.

La Federación Internacional Terre des Hommes, organización no gubernamental en defensa de los derechos de la infancia, señala que más del 70 por ciento de los niños que trabajan lo hacen en la agricultura, seguidos por el trabajo en minas, canteras y servicios domésticos.

Unicef clasifica como trabajo infantil toda actividad para la cual los menores de edad aún son demasiado pequeños, que se da en condiciones peligrosas o de explotación.

También trabajos que generan daños físicos o psíquicos así como actividades que evitan que los niños puedan ir a la escuela son consideradas trabajo infantil por la organización.

Fuente: https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=283382&SEO=unicef-denuncia-que-152-millones-de-ninos-trabajan-en-el-mundo
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