Un recorrido por el Cine Latinoamericano

 “De vez en cuando y de tiempo en tiempo,

aparece una clase de hombre que por sus cualidades esenciales y

por la época puntual que le corresponde vivir,

se convierte en un sujeto de distinción,

en un personaje”.

Aldo Francia

Hablar del Cine Latinoamericano requiere en primer lugar considerar su
historia, tanto desde el punto de vista de lo conceptual narrativo, hasta lo relativo a los elementos técnicos.

En América Latina y el Caribe a pesar de las limitaciones  en cuanto a la aplicación de maquinarias, instrumentos y procesos cinematográficos, se han producido joyas ya clásicas en este arte.

Cuarterolo en su artículo denominado: Investigar sobre el cine saliente en Latinoamérica (2013) plantea que “En gran parte de Latinoamérica, el estudio del cine” es todavía en muchos sentidos una asignatura pendiente. La mayor parte   de nuestras   historias   del   cine   repiten   los   viejos   modelos de   la historiografía norteamericana o europea tradicional y abordan el tema desde la falsa presunción de que estas experiencias cinematográficas pioneras forman arte de un período primitivo o preparatorio de un arte cinematográfico todavía en camino de alcanzar su madurez”.

En consecuencia, trataremos en este ensayo de abarcar algunos
elementos que fueron transcendentales y marcaron el cine latinoamericano.

No se pretende ser exhaustivo en tan extenso tema, puesto que tocaría a los estudiosos del cine profundizar en lo que para algunos especialistas es una materia pendiente. 

Algunos elementos históricos del cine latinoamericano.

La historia del cine en Latinoamericano comienza muy temprano, desde
finales del siglo XIX se podría decir, con experimentos incipientes realizados por adelantados de este arte, sin embargo, muy pronto se puede  encontrar al cine de la Región dividido entre las vertientes que también se manifestaron en todo el mundo: (1) Las industriales culturales, y (2) la creación de obras artísticas con un alto contenido estético, con frecuencia críticas a situaciones sociales, que llegaron a ser en muchos casos clásicos del cine.

  1. Las industriales culturales

“Las industrias culturales conforman realidades híbridas, con un
componente económico y otro cultural, es decir, con dos lógicas que a
menudo entran en tensión. La cultura penetra a través del mercado, del
encuentro entre cultura y economía, a través de los bienes culturales
como bienes económicos” (Garretón, 2003, pp. 170-171).

Partiendo de esta concepción, desde la industria cultural se logra permear la conciencia del receptor, sus maneras de ver, pensar, hacer y sentir la realidad que lo predisponen en una situación de vulnerabilidad ante la manipulación del aparato de poder, es lo que algunos denominan alineación. Es la creación artística como mercancía y al mismo tiempo comunicadora de valores, con frecuencia alejados de la idiosincrasia de los pueblos receptores de la mercancía-mensaje.

A partir de los años treinta, comienza a organizarse en los países latinoamericanos un sistema más o menos autónomo de producción cultural. En algunos países con mayor población y potencia económica, gracias a una política de protección a la industria nacional, el desarrollo de la industria del cine recibió un empuje determinante. Un ejemplo de ese caso es México y en algunos puntos Argentina y también Brasil. Estas iniciativas tuvieron su origen y al mismo tiempo su abono en las capas medias educadas y socialmente críticas surgidas en México a
partir de la revolución, las que acceden a la expresión política con
el radicalismo argentino, o en procesos sociales semejantes en Brasil
y Chile, que constituyen un mercado cultural con dinámica propia
(Canclini,1990).

De este modo en estos países se va generando una industria de la cultura con redes de comercialización en los centros urbanos, pero que al mismo tiempo también dio cabida al cine de vuelos artísticos de alta calidad conceptual. Particularmente en México gracias a las leyes proteccionistas, se fijaba para las salas la obligación de exhibir una cuota de películas nacionales que se tenía que respetar. Esto favoreció la producción cinematográfica pero también al convertir la cinematografía en industria cultural determinó una cierta masificación no siempre acompañada de calidad. Lo mismo sucedió con la cinematografía brasileña y con la argentina. En todo caso sobre este piso de una producción cinematográfica abundante facturada como industria cultural hubo la oportunidad de que un conjunto de grandes guionistas directores y actores hicieran algunas películas de primera categoría.

 

  1. La creación de obras de obras artísticas con un alto contenido estético.

Un poco del cine de México. Amor, revolución, sabor y cantos.

Esta potenciación de la industria cinematográfica, en efecto, mejoró las condiciones para el cine como arte puro, más alejado de la mercancía de consumo masivo, aunque en ciertos casos, ambas visiones se conjugaron. El ejemplo más evidente de este aspecto fue México, en donde directores y camarógrafos de la talla del Indio Fernández crearon verdaderas joyas de la cinematografía. Incluso directores extranjeros de fuste crearon obras maestras ambientadas en dicho país: Sergio Eisenstein rodó Viva México, obra maestra que quedó inconclusa y que ha sido luego presentada con varios montajes que no están a la altura del material original, y Luis Buñuel (mexicano – español) filmó Los Olvidados, Ensayo de un Crimen, El Ángel Exterminador, Escalera al Cielo y El Tranvía Perdido. También el estadounidense Elia Kazán filmó Viva Zapata, una notable película sobre el héroe homónimo.
Otros directores que han alcanzado renombre internacional son: Guillermo del Toro, González Iñarritu, Alfonso Quarón, Alfonso Arau, Arturo Ripstein, Chano Urueta, Ismael Rodríguez, Julio Bracho, entre otros destacados.

Es así como la industria cultural habilitó y sustentó una cantidad de
grandes actores que actuaban para el público grueso, pero también a
veces se desempeñaban muy bien en las grandes obras cinematográficas. Entre éstas notables están Dolores del Rio, que también fue actriz destacada en Estados Unidos, en Hollywood, María Félix, Miroslava.

Entre los hombres está el propio Indio Fernández, asimismo un gran actor, Pedro Armendáriz, destacado intérprete de carácter, Pedro Infante y Jorge Negrete, brillantes cantantes y versátiles actores, Ignacio López Tarso. Y en el género de la comedia actores como Mario Moreno quien desarrolló el personaje Cantinflas de extraordinaria penetración en el público y carácter icónico del cine de humor crítico; Germán Valdés, quien personifica otro icónico personaje de la picaresca social mexicana: Tin Tan; Adalbero Martínez, Clavillazo, también en la misma línea del anterior pero menos logrado, además de numerosos otros actores del país o de otras regiones de Latinoamérica y España que consiguieron espacio para su actuación en los escenarios mexicanos.

El país azteca creó las condiciones para una producción sumamente variada. La Revolución Mexicana, al plantearse la necesidad de la protección de las artes para fortalecer la conciencia nacional tuvo un rol determinante en esto. La narrativa cinematográfica se centró en sus comienzos en una temática nacional o nacionalista cuyos personajes fueron los charros, los hombres de a caballo, sus amores siempre contrariados por el destino y sus reyertas personales o políticas.

En 1989 se estrena una extraordinaria obra la escritora y cineasta Laura Esquivel, Como agua para Chocolate donde se narran: “Los secretos de la vida y del amor a través de la cocina». Toda la trama inmersa en momentos narrados en la pasión amorosa, las tradiciones familiares, la rebeldía, el desamor y los guisos mágicos.  En esta historia, la comida juega un papel preponderante, cabe mencionar las bellas palabras de la escritora cuando habla de la importancia de la cocina:

“Los primeros años de mi vida los pasé junto al juego de la cocina de
mi madre y abuela, viendo como estas sabias mujeres, al entrar al
recinto sagrado de la cocina, se convertían en sacerdotisas, en grandes alquimistas que jugaban con el agua, el fuego, la tierra, los cuatro elementos que conforman la razón del ser del universo”.

La historia de Agua para Chocolate está ambientada en Piedras Negras,
Coahuila, México. Situada en la época de la Revolución mexicana (Pueblo
oprimido) representación ambiental de los personajes: Tita y Pedro: Oprimidos; Mamá Elena y Rosaura: Opresores; Gertrudis: Revolución (cambio – libertad).

Podemos ver desde la propia historia de la escritora que se entrecruzan experiencias que le sirven de inspiración y proyecta hermosamente en su narrativa.

En cuanto a Brasil.

En Brasil, la cinematografía comienza como una industria cultural, con películas frívolas y estrellas provenientes del mundo de la música. Pero a partir de esas incipientes infraestructuras técnicas aparecen películas verdaderamente extraordinarias. Lima Barreto dirige Cangaceiros, una película sobre cierto bandolerismo o guerrilla insurgente del sertón. El director concluye otra obra maestra: El pagador de promesas.

Entre estos directores volcados sobre la realidad de su país y con firmes sentido estético destaca la figura de Glauber Rocha con películas verdaderamente geniales como Dios y el Diablo en la tierra del sol, una adaptación brasileña muy libre de El Diablo y el Buen Dios, de Jean Paul Sartre, pieza teatral muy extensa sobre la guerra campesina en Alemania, que relata historias de sublevaciones campesinas y reprimendas por ejércitos provocados por terratenientes.

En Brasil se ambienta la película en la célebre insurrección de los Canudos, grupo de campesinos bajos la dirección de “Antonio Conselheiro”. Ellos con su consejo se fueron al interior y formaron una ciudad que no reconocían al gobierno en la que resistieron a tres investidas del gobierno. Es una obra de gran envergadura digna de hacer un exhaustivo estudio hermenéutico-interpretativo. En sí, una verdadera obra maestra la cinematografía. Pero Glauber Rocha en su breve existencia rodó muchas otras películas audaces que califican como excepcionales. Así, La Historia de Brasil, documental ilustrado con escenas representadas de la Conquista, la esclavitud, las rebeliones campesinas. Der Leon have sept cabecas, título en varios idiomas de un film que narra la multiplicidad del colonialismo Antonio Das Mortes, continuación de Dios y el Diablo en la Tierra del Sol.

Cáncer, un arriesgado experimento de improvisación actoral filmado apenas en dos días, para aprovechar un retraso en el rodaje de otro proyecto cinematográfico. Terra em Transe, sobre un poeta que se involucra en las luchas entre progresistas y conservadores en un país latinoamericano imaginario. Con metáforas visuales audaces, Rocha transmite la realidad de nuestro continente.

El cine brasileño, al tener un público muy numeroso, ha arribado a la posibilidad de sufragar los costos de producción de obras enteramente comerciales, como de grandes obras maestras, ya que cuenta con grandes libretistas, competentes equipos de producción y numerosos directores y actores.

Entre los numerosísimos directores se destacan: Anselmo Duarte 1920, Carlos Manga 1928, Luiz Carlos Barreto, 1928, Nelson Pereira dos Santos 1928, Antunes Filho, 1929, Ruy Guerra, Antonio Abujamra, 1932, Herval Rossano, 1933, Eduardo Coutinho, 1933, Walter Avancini, 1935, Bruno Barreto, Walter, 1956, Jayme Monjardim  y muchos otros destacados. Añadamos, como dato curioso, que a principios de los años cuarenta del siglo pasado Orson Welles, aprovechando la política del “Buen Vecino” lanzada por Estados Unidos, filmó en Brasil La Balsa, una extraordinaria película semidocumental sobre la vida cotidiana de una comunidad de pescadores que decide navegar hasta Río de Janeiro para presentar sus peticiones al presidente. La película permaneció olvidada durante casi medio siglo, hasta que fue localizada, restaurada y exhibida para el público latinoamericano en el Festival de Cine de La Habana.

Con un sentir argentino.

El cine argentino también empezó a desarrollarse como industria cultural, buscando complacer al público con melodramas sentimentales, explotando el prestigio de las grandes figuras de la canción sureña.

Lo animó mucho ciertas políticas proteccionistas del Estado, gracias a las cuales se crearon estudios cinematográficos y pudo vivir de su trabajo gran cantidad de actores, que eventualmente contribuyeron a la producción de verdaderas obras importantes dentro de la cinematografía, e incluso de directores que, en algunos casos, han salido después al exilio y desarrollaron su actividad en otros espacios, que han dado piezas sumamente logradas. Son muchos los directores desde muy temprano en la historia argentina: Harry D’Abbadie D’Arrast 1897-1968, Mario Soffici 1900-1977, Luis César Amadori 1903-1977, Luis Saslavsky 1903-1995, Leopoldo Torre Nilsson 1924-1978, hasta el más recientemente galardonado Adolfo Aristarain, uno de los grandes directores modernos, director de Un lugar en el Mundo, sobre la disyuntiva de los desarraigados que intentan regresar
a su país natal.

Cabe igualmente mencionar la destacada guionista y directora argentina Lucrecia Martel, quien participa en el Festival Internacional de Cine de Portland (PIFF). La misma afirma que para crear sus personajes se apoya en «pinceladas de sensaciones y situaciones personales vividas» que enriquecen la historia, y el haber vivido en un país en una clase media que, debido a la dictadura y por valorar más lo material que lo humano, «aprendió a callar lo que sabía». En este sentido, es de destacar su obra denominada La Niña Santa, en donde la propia Lucrecia explica que «La niña santa cuenta la vida de dos chicas adolescentes en una etapa mística, entre el llamado de Dios y las tentaciones del demonio. Hay un punto de tensión entre la voluptuosidad del cuerpo y la moral de la Iglesia que me interesaba capturar. Aunque la película tiene una trama falsa, no habla de lo que se trata». (Tania Cidoncha 2019).

La directora se considera desde hace tiempo una «atea militante», pero el ambiente religioso de su infancia permanece como el aroma de un perfume a su alrededor. Vale ver e interpretar la película para dar cuenta de momentos de suspenso que se manifiestan en escenas silenciosas y sugerentes, donde existe el sexo, la sensualidad, pero de forma insinuante, no manifiesta. Igualmente, se expresan escenas no concluidas que sugieren diversas interpretaciones del espectador.

Se pudiera decir que la temática del cine argentino se centró en un principio en la nostalgia, en el recuerdo de un supuesto esplendor de principios del siglo XX, en historias pasionales frustradas dentro de un tono dominante de tristeza y desencanto.

A partir de mediados del pasado siglo abordó temas de dura crítica social y política, como La Historia Oficial.  Sin embrago, es difícil generalizar sobre las etapas del cine argentino pues su género es y ha sido diverso a lo largo del tiempo.

Por eso se puede hablar de cinematografías sumamente importantes en México, en Brasil, Argentina los tres países más poblados de Latinoamérica.  Sin embargo, en países con menor extensión y menos población se puede desarrollar una gran cinematografía con apoyo del Estado durante un proceso llamado de avanzada, como ocurre en el caso cubano que veremos a continuación

Al son cubano.

En Cuba se han filmado obras maestras como Memorias del Subdesarrollo, La Muerte de un burócrata, El hombre de Maisinicu y La última cena, de Tomás Gutiérrez Alea, o La primera carga al Machete, de Miguel Octavio Gómez.

Hay asimismo películas semidocumentales, como Lucía, de Humberto Solas, sobre los cambios culturales del proceso que surge a partir de 1959 en Cuba.

Se desarrolló también en este país una gran escuela de documentalismo,
entre otras grandes obras está la documental explosión a bordo, la verdadera historia del vuelo 455 de Juan Carlos Rodríguez sobre la explosión del avión con los deportistas cubanos. El director firmó por primera vez, un testimonio muy fresco sobre la primera vez que los niños del campo veían cine. Asimismo, hay extraordinarios documentales sobre la alfabetización.  Cuba no sólo desarrolló una gran cinematografía ante la imposibilidad de disponer de divisas para importar films; fundó el ICAIC, un instituto para la protección y la promoción del cine cubano, y una Academia del Cine en San Juan de los Baños, para formar directores y técnicos de la isla y del resto de América Latina. Así se ha desarrollado una cinematografía de gran calidad que apenas ha podido transcender el bloqueo que se le ha impuesto, vemos sus películas extraordinarias a veces en cinematecas, en festivales, en ciclos especiales, pero difícilmente entran en los circuitos de distribución comercial. Entre otras obras notables de crítica social podemos destacar Plaff, comedia sobre los excesos del burocratismo, Fresa y Chocolate, sobre la homofobia, y Papá Hemingway, sobre una joven con aspiraciones de escritora que primero busca la tutela del propio Ernest Hemingway pero luego decido seguir un camino propio.

En este apartado cabe mencionar una obra denominada: Juan de los muertos dirigida por Alejandro Brugués, galardonada con el  Premio a la Mejor película extranjera de habla hispana en los Premios Goya 2013. La historia toma prestado el lugar común cinematográfico estadounidense de los zombies que deambulan sin pensar, sin sentir y sin otro propósito que comerse unos con otros, imitando asimismo las más baratas truculencias del género.

Otro poco del cine Boliviano.

En este orden de ideas, muchos otros países latinoamericanos han producido obras
extraordinarias venciendo enormes dificultades. Por ejemplo, en Bolivia está el caso de Jorge Sanjinés, director de clásicos como Yawuar Mallku, sobre una comunidad indígena esterilizada por una misión yanqui, o El coraje del Pueblo, sobre las luchas sindicales de los mineros, películas hechas literalmente con las uñas.

Durante su estadía en Venezuela en tiempos del espectáculo Imagen de Caracas, cuenta Sanjinés que ellos para montar las películas ni siquiera tenían moviolas, porque eso era un lujo, montaban las películas viendo las tiras de cintas filmadas contra un bombillo y así empataban o cortaban, y de todos modos hacían películas extraordinarias. Pero el cine boliviano no se limita a narrar gestas obreras o campesinas. El director Juan Carlos Valdivia filmó Zona Sur, una extraordinaria narrativa sobre la decadencia de una familia oligarca desde el punto de vista del más pequeño de sus hijos. Es una cinta extraordinaria, llena de matices y de poesía, con una mirada crítica y risueña seguramente la cinematografía boliviana ha culminado otras obras notables que los débiles circuitos de distribución impiden conocer.

Incluso en países con condiciones todavía más difíciles se filman grandes películas. En Paraguay, por ejemplo, el director Lucas de Mare rodó una versión de la novela Hijo de Hombre, del novelista de Augusto Roa Bastos, sobre el conflicto boliviano paraguayo durante la Guerra del Chaco, que narra la historia de aguateros que van a socorrer a una guarnición sedienta.

Conociendo el cine de Colombia.

Por otra parte, existe una cinematografía colombiana bien interesante. Colombia tiene cincuenta millones de habitantes, entre los cuales hay un público capaz de sustentar una cinematografía de calidad. La vecina república ha desarrollado una gran industria de la radionovela y la telenovela, y ésta ha facilitado la profesionalización de gran cantidad de directores, actores, escenaristas y libretistas, muchos de los cuales han participado en grandes películas, algunas de ellas tratamientos muy crudos de la realidad del país, otros que desarrollan la sicología y los caracteres de los personajes.  Así Víctor Gavidia dirige Rodrigo D, un film sobre la falta de perspectivas de la juventud marginal en Medellín.

También, Joshua Marston Dirige María Llena Eres de Gracia, sobre una muchacha
que hace de mula del narco tráfico. Son películas de denuncia sobre realidades atroces, pero asimismo extraordinarias en todos los aspectos: el trabajo psicológico, la actuación y el guion.

 Yo nací en estas riveras. En cuanto a Venezuela.

En Venezuela se desarrolló con gran esfuerzo y grandes sacrificios desde las primeras décadas del siglo XX una producción que tuvo gran relevancia.

En este sentido, Rómulo Gallegos realizó esfuerzos pioneros al rodar en la década de los años cuarenta partes de su guion sobre Juan de la Calle, una historia de la marginalidad urbana. En los años cincuenta se rodaron algunas películas de tono criollo, o criollista como por ejemplo la Balandra Isabel llego esta tarde, de 1950 que es una adaptación del cuento homónimo de Guillermo Meneses, dirigida por Carlos Hugo Christensen de gran belleza plástica y con acertadas actuaciones.

En la misma década, Cesar Enríquez, Dirigió La Escalinata que es sobre la formación de la marginalidad urbana en Venezuela.  En la misma época se filmaron largometrajes documentales, como Séptimo Paralelo, de José Natalio Estrada sobre el llano venezolano, extraordinaria película documentalista pero que termina escenificando una masacre de indios como si fuera una hazaña muy encomiable. En esa tendencia documentalista se inscribe Araya, de Margot Benacerraf, de extraordinaria calidad testimonial y estética, ganadora de una Palma de Oro en el Festival de Cannes, que ha señalado caminos para nuestro cine.

En Venezuela, por su parte, una de las primeras historias filmadas fue un curioso ensayo estético que representaba una perla surgiendo de las aguas, y en el cual una muchacha hacia el papel de la perla con una concha de utilería: se concebía al cine como un arte decorativo. Entre esos primeros filmes hubo también uno que se llamó “Especialista extrayendo muelas”, de corte documental, y otro referido a una intriga policiaca del cual nos han quedado algunos fotogramas.

En nuestro país la cinematografía tomó un gran impulso a partir de los años sesenta, no porque hubiera una protección al cine nacional, sino porque éste insurgió por iniciativas individuales como un cine de protesta, de rebelión, ideológico, ideologizado que narraba en algunos casos las miserias de la vida marginal, las hazañas de las guerrillas o la destrucción de éstas.

Dentro de esta tendencia destaca Imagen de Caracas, rodada en 1967 bajo la dirección del artista plástico Jacobo Borges para conmemorar los cuatrocientos años de la fundación de dicha ciudad. Se trata de un desmesurado y audaz experimento que intenta narrar en episodios aislados algunos de los momentos culminantes de la Historia metropolitana, y que para su presentación recurrió a técnicas de proyectores múltiples, superficies tridimensionales convertidas en pantallas móviles, proyecciones simultáneas que a veces coinciden en una gran panorámica envolvente y otras innovaciones atrevidas. Destacan por su belleza plástica los episodios de la Conquista, en las cuales las corazas de los invasores son asimiladas plásticamente a los blindajes de tanques de guerra contemporáneos, los de la Guerra a Muerte, inspirados en Los Desastres de la Guerra, de Goya.

Entre las cintas centradas en la violencia política destacan Cuando quiero llorar no lloro, de Mauricio Wallerstein, basada en la novela homónima de Miguel Otero Silva, y Compañero Augusto, de Enver Cordido, que narra la decadencia moral de un ex guerrillero que luego se vende a la industria publicitaria.  Todo otro grupo de películas   se refería a la marginalidad social, tema de las obras de Román Chalbaud, como el Pez que Fuma, Cuchillos de fuego y Carmen la que contaba dieciséis años.

En los últimos años del siglo pasado se desarrolló otra temática, la del cine histórico, dentro de la cual se han logrado cintas notables, como Jericó, de Luis Alberto Lamata Jericó es una verdadera obra maestra de la cinematografía, que conjuga la denuncia de las atrocidades de la Conquista con la evolución interior de un misionero que comienza legitimándola para luego unirse a los indígenas. Lamata ha desarrollado con igual talento obras como Azú, sobre la rebelión de los esclavos; Taita Boves, sobre el gran caudillo realista, y Desnudo con naranjas, sobre las atrocidades de la Guerra de Independencia. Ya en el siglo XXI, Román Chalbaud ha culminado también películas de tema histórico notables, como Zamora,
Tierra y Hombres Libres, o La Planta Insolente.

Recientemente, el cine venezolano ha vuelto al tema de la marginalidad, pero con gran belleza visual y profundo tratamiento sicológico, como ocurre con Eduardo Rasquín en la película Hermano, una cinta prodigiosamente hecha ambientada en un barrio marginal de Venezuela y que narra las luchas de los marginales por intentar salir de esa condición a través del deporte, en ese caso el futbol, película que obtuvo varios galardones internacionales.

La mayoría de las cintas citadas se rodaron gracias a esfuerzos de directores muy meritorios que han hecho películas con enormes dificultades, porque durante el siglo pasado no había una verdadera ley proteccionista para el cine venezolano. Hubo años en los cuales no se exhibió una sola cinta nacional: según algunos cineastas, todos los consorcios distribuidores, que eran escasos, hicieron una oposición cerrada y brutal al desarrollo de nuestro cine, al extremo que hubo una época en los años setenta en cual decidieron no exhibir ni una sola película venezolana, porque decían que si las exhibían, se iba a demostrar que si existe un cine nacional y vendrían leyes proteccionistas. Decidieron matar el cine venezolano en embrión, lo cual no resultó, porque se produjeron grandes películas aún durante esa época, que sólo pudieron ser presentadas posteriormente.

En el presente siglo cabe reconocer el trabajo realizado por la Villa del Cine en cuanto a una gran función de promoción y producción del cine nacional, uno de los aspectos más destacados fue hacer posible una serie de películas de tema histórico, patriótico para llenar un poco las deficiencias de la formación cívica de los venezolanos que en muchos casos desconocían casi totalmente la historia de Venezuela.

Pero también ha promovido, apoyado, financiado películas de la más diversa índole, de aventura, sentimentales, de actualidad política. Se ha desarrollado asimismo una destacada producción documental, en la cual descuella Puente Llaguno: claves de una masacre, cinta que detalla y analiza minuto a minuto los controvertidos acontecimientos del 11 de abril de 2002.

Finalmente,

Se puede decir que en casi todos nuestros países hay cinematografía, algunas incipientes, otras maduras y desarrolladas, pero todas castigadas por la falta de mercado y en gran parte limitadas a los públicos locales, porque los monopolios de Estados Unidos han impuesto la producción de Hollywood en todo el mundo, al extremo de que en Europa aproximadamente de cada tres películas que se exhiben dos son de producción estadounidense. Si eso sucede en una región tan avanzada como Europa que tiene verdaderas tradiciones cinematográficas prodigiosas, se puede entender lo que ocurre en América Latina y el Caribe. Poco a poco nuestras salas de exhibición han sido tomadas por la producción estadounidense, literalmente casi no vemos otro cine que el de ese país hace unas tres o cuatro décadas en Caracas se exhibía regularmente cine europeo de gran calidad, producciones francesas, italianas. Pero hace muchísimo tiempo que es sumamente raro ver una película europea, asiática o africana en los circuitos de las salas de cine venezolanas, salvo en las cinematecas.

Hemos consignado apenas algunas anotaciones sobre el tema, porque requeriría un trabajo mucho más extenso profundo elaborar una panorámica general sobre la historia del cine latinoamericano. Somos más de una treintena de países de América Latina, cada uno tiene su propia historia cinematográfica, pero se pueden resumir así: en la mayor parte los casos han sido historias de gran sacrificio para producción de una pequeña cantidad de cintas, algunas con un gran mérito estético, pero que no han llegado a los grandes públicos, porque no hay leyes proteccionistas ni públicos numerosos, salvo en el caso de México. Y en este último país esas leyes proteccionistas también empezaron a declinar al extremo de que su producción cinematográfica, que en una época lanzaba verdaderas obras maestras a cada momento, ha degenerado en lo que se llama coloquialmente “porno chanchadas”, ha sufrido una abrupta baja de calidad, sin grandes logros en el plano estético o artístico.

En resumen, el de la cinematografía de más de la mitad de un continente es un panorama sumamente amplio en el cual ya elegir un solo país da un panorama tan complejo que resulta difícil de abarcar. Destacan grandes países como promotores de una cinematografía muy importante, como México, Brasil, Argentina, Cuba. Esta posición prominente parece tener relación con la existencia de grandes públicos, con las leyes proteccionistas de la producción nacional y con el desarrollo de industrias culturales de gran magnitud. Los acompañan otra serie de países en los cuales ha habido grandes genios cinematográficos trabajando con enormes dificultades como el caso de, Bolivia con Sanjinés, ha habido casos extremos de films rodados en Nicaragua, un país sumamente pequeño en el cual se han rodado películas bastante meritorias. Las condiciones más difíciles se dan en países con pequeños públicos potenciales, sin leyes proteccionistas y sin industrias culturales remarcables o institutos públicos que suplan las funciones de éstas. Sin duda que hemos incurrido en numerosas e inevitables omisiones, sin embargo, apenas hemos intentado ofrecer una panorámica muy general y limitada de un tema que es en sí mismo inagotable.

 

Referencias bibliográficas

Britto García, L. (2011). EL Imperio contracultural, del Rock a la Postmodernidad. Fondo editorial Fundarte. Caracas Venezuela.

Cidoncha, T. (2019). Lucrecia Martel: «Lo que sé de cine lo aprendí del cine de terror» agencia EFE. Edición América, cultura. EE. UU.

Cuarterolo, A.  (2013). Investigar sobre el cine saliente en Latinoamérica. Revista de la Asociación Argentina de cine y audiovisual. Argentina.

Deleuze, G (1987). Estudios sobre cine-la imagen del tiempo. Editorial Paidos

Esquivel L. (2007). Intimas Suculencias. Tratado filosófico de cocina. Debolsillo. Publicado en Argentina.

García Canclini, N. (1989). Culturas Hibridas, estrategias para entrar y salir de la modernidad. Editorial Grijalbo. México

Garretón, M.A.(Coord.) (2003). El espacio cultural latinoamericano. Santiago: Fondo de cultura económica-Convenio Andrés Bello.

Schumann Peter B, historiador de cine (2019). “El cine latinoamericano perdió el rumbo”. Revista de cine Marbuse. Chile.

Pereira, V. y Aray E. (1986). Cine venezolano. Departamento de cine. Cinemateca ULA. Mérida. Venezuela

 

Fuente: La autora escribe para el Portal Otras Voces en Educación

Lisbehet Dubravska Torcatty.

     Tesista del doctorado en cultura y Arte latinoamericano y Caribeño.

Comparte este contenido:
Lisbehet Dubravska Torcatty

Lisbehet Dubravska Torcatty

Docente-Investigadora venezolana

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.