Recordar lo que no nos enseñaron: memorias, educación y la invisibilización de identidades en Argentina

Hace algunos años, mientras cursaba una maestría en Estados Unidos y tomaba una clase sobre descolonización, leí por primera vez algo que me dejó completamente desconcertada: en Argentina hay, y siempre hubo, población afrodescendiente.

Tenía más de veinte años. Había pasado toda mi escolaridad en Buenos Aires. Y, sin embargo, esa parte de la historia nunca había formado parte de lo que aprendí. No era que me la hubieran enseñado mal: directamente no estaba.

Ese momento fue un quiebre. Me obligó a volver sobre mi propia educación y preguntarme: ¿Qué significa crecer en un país donde ciertas presencias han sido sistemáticamente borradas? ¿Cómo se construye una identidad nacional a partir de silencios?

Esa pregunta se volvió aún más concreta cuando recordé una escena de mi infancia escolar, que después se volvió parte de un proyecto (Rodríguez-Fransen et al., 2025). La memoria era algo así:

Era el 25 de mayo, un día para celebrar el inicio de la independencia de Argentina, y ella tenía seis años. Apenas podía contener su emoción mientras su mamá la ayudaba a prepararse para la escuela: vestía una falda colorida, una camisa blanca y un pañuelo en la cabeza; llevaba un canasto con pastelitos. Estaba lista para su gran actuación.

—¿Quién se supone que soy, mamá?
—Una negrita. Vendiendo pastelitos en la calle.

No estaba muy segura de quién era ese personaje; solo se sentía aliviada de no tener que ser una “dama antigua”. Nunca le gustaron mucho las princesas, y las damas antiguas se parecían a ellas, con sus vestidos largos y el maquillaje. Además, se suponía que debían comportarse correctamente. Le divertía que su personaje fuera cómico y ruidoso, gritando: “¡pastelitos calientes que queman los dientes!”

A medida que se acercaba el momento de salir al escenario, comenzó a formarse con sus compañeros para que la maestra aplicara los toques finales en sus rostros: debían pintarlos de negro con un corcho. Notó que su amiga Amparo, la única niña de piel morena en la clase, esperaba en la fila detrás de ella. Confundida, le preguntó a su maestra:

—¿Por qué la están pintando si su piel ya es morena?

La maestra simplemente se rió y continuó pintando su rostro. Después de la actuación, la maestra le contó la historia a la mamá de la niña, quien también se rió.

En ese momento no entendí lo que esto significaba. Solo me dio vergüenza que se rieran de mí. Pero como adulta, le encontré otro significado: mi maestra y mi mamá no estaban formadas ni preparadas para dar otra respuesta, para usar esa instancia como momento pedagógico.

El problema: una identidad nacional construida sobre la eliminación

Argentina ha sostenido durante siglos una narrativa de homogeneidad: un país blanco, europeo, y “sin problemas raciales”. Pero esa imagen no es inocente ni natural. Es el resultado de procesos históricos, políticos y educativos que han invisibilizado activamente la presencia afrodescendiente y de otras identidades (Andrews, 1989; Geler, 2016; Ocoró Loango, 2011).

Las investigaciones muestran que esta invisibilización ha operado a través de múltiples mecanismos: omisión en los contenidos escolares, representaciones estereotipadas, y la relegación de las personas afro a un pasado colonial, como si no existieran en el presente (Balsas, 2011; Douer, 2021). En la escuela, esto se vuelve particularmente evidente. Los manuales, los actos escolares y las efemérides han enseñado generaciones enteras quién “pertenece” a la nación y quién no.

En una investigación previa que realicé, entrevisté a estudiantes argentinos sobre los actos del 25 de mayo. La mayoría asociaba esas representaciones con pueblos indígenas, sin reconocer su vínculo con la población afroargentina. Esto muestra hasta qué punto la eliminación ha calado en el imaginario colectivo. No se trata solo de una ausencia de información. Se trata de una forma de organizar la memoria colectiva de un país.

Mi proyecto doctoral: recordar juntas/os para imaginar otras historias

A partir de estas preguntas, desarrollé un proyecto de investigación como parte de mi doctorado en Educación en la Universidad Estatal de Arizona (ASU), en Estados Unidos.

El proyecto propone crear un espacio colectivo donde personas que se identifiquen como afroargentinas y personas que no – incluyéndome a mí misma como investigadora/participante – podamos reunirnos a compartir memorias sobre nuestras experiencias escolares.

El objetivo no es simplemente “recuperar” el pasado, sino entender cómo aprendimos a ver, o a no ver, la diversidad en Argentina, y cómo esas memorias pueden abrir nuevas formas de pensar la identidad, la educación y la justicia.

¿Qué es la metodología de memoria colectiva?

La investigación se basa en una metodología llamada memoria colectiva (o collective memory work), desarrollada inicialmente en el campo feminista (Haug et al., 1987).

Esta metodología parte de una idea clave: nuestras experiencias personales no son solo individuales, sino que están profundamente moldeadas por contextos sociales, históricos y políticos. Las memorias que recordamos – y cómo las recordamos – participan en la construcción de quiénes somos (Crawford et al., 1992; Hawkins et al., 2016).

A diferencia de enfoques tradicionales, la memoria colectiva no busca verificar si los recuerdos son “exactos”, sino explorar qué revelan sobre los sistemas en los que vivimos. Como señalan diversas autoras, recordar es una forma de producir conocimiento situado, encarnado y relacional (Davies & Gannon, 2006; Mnemo ZIN, 2024).

En la práctica, esto implica:

  • Escribir y compartir recuerdos breves sobre experiencias específicas (por ejemplo, mi memoria sobre el acto escolar del 25 de mayo)
  • Escuchar las memorias de otras personas
  • Reflexionar colectivamente sobre patrones, emociones y silencios
  • Reescribir esas memorias a partir del diálogo

El proceso es tanto analítico como afectivo. A través de él, lo que parecía una experiencia individual comienza a revelar estructuras más amplias: racismo, invisibilización, pertenencia, exclusión. En este sentido, la memoria colectiva no es solo una técnica de investigación. Es también una práctica política y decolonial: una forma de cuestionar quién tiene derecho a producir conocimiento y qué historias cuentan como válidas.

¿Por qué es importante la participación comunitaria?

Este proyecto también parte de una preocupación ética central: evitar la extracción académica. Durante mucho tiempo, las investigaciones han hablado sobre comunidades sin involucrarlas realmente en la producción de conocimiento. Frente a eso, la memoria colectiva propone otra lógica: co-crear conocimiento con quienes participan (Lamborghini et al., 2017).

Esto implica que:

  • Las personas participantes no son “objetos de estudio”, sino co-investigadoras
  • Las memorias producidas pertenecen también al grupo
  • El material generado puede ser utilizado por las/los propias participantes en distintos espacios (escuelas, arte, publicaciones, etc.)

Además, el proceso mismo puede tener un valor transformador. Recordar en colectivo permite cuestionar lo que parecía “normal”, poner en palabras lo no dicho, y abrir nuevas formas de comprensión.

¿Cómo participar?

Estoy invitando a participar en este estudio a personas que:

  • Hayan completado la secundaria en Buenos Aires, aproximadamente entre 1995 y 2015
  • Se identifiquen como argentinas/os o afroargentinas/os

La participación incluye:

  • Un taller presencial de medio día (durante un día del fin de semana en CABA, en el taller de la artista Mirta Toledo)
  • Actividades de escritura reflexiva, discusión grupal y memoria colectiva
  • Participación en una actividad artística guiada por la artista argentina Mirta Toledo
  • Una discusión virtual posterior de aproximadamente 1 hora (opcional)
  • Consentimiento para grabación de audio con fines de investigación

Compensación y logística

Las personas participantes recibirán:

  • USD 60 (o equivalente en pesos argentinos)
  • Almuerzo y refrigerios durante el taller
  • Viáticos para el traslado al lugar del taller

Contacto

Si te interesa participar o querés saber más, podés contactarme:

📧 vdesimon@asu.edu
📱 (+1) 919-748-8488 (WhatsApp)

Este proyecto nace de una pregunta or preocupación personal, pero no es solo mío. Es una invitación a pensar juntas/os qué historias nos contaron, cuáles no, y qué podemos hacer con eso.

Recordar lo que no nos enseñaron: memorias, educación y la invisibilización de identidades en Argentina

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