Los efectos de la guerra en los niños y las niñas

Por:  Mark Calder, asesor de políticas humanitarias y de conflicto de World Vision/ europapress.es


Ningún niño ni niña debería tener que experimentar los horrores de la guerra, pero muchos lo hacen. En 2020, 450 millones de niños (uno de cada seis) vivían en contextos afectados por conflictos en el mundo.

Los efectos de vivir en un conflicto violento son numerosos, devastadores y no siempre obvios:

CAMBIO DE PERSONALIDAD

Para los niños y niñas más pequeños, la exposición a conflictos violentos puede producir efectos nocivos a largo plazo. El desarrollo emocional saludable depende de que sepamos que podemos confiar en nuestros padres y cuidadores para protegernos.

Pero la guerra infunde en innumerables niños pequeños, ya sea por la muerte violenta de uno de los padres, por lesiones físicas o por la pérdida de espacios seguros para dormir y jugar, el temor de que nadie pueda protegerlos.

Esto puede llevar a comportamientos de riesgo, así como a sufrir depresión, insomnio, ansiedad y otros síntomas del trastorno de estrés postraumático.

EXPLOTACIÓN

A menudo se retrata a los niños y niñas como víctimas no deseadas de los conflictos pero el hecho preocupante es que los niños son frecuentemente objetivos de la guerra, en riesgo de explotación. En un conflicto, es probable que las protecciones sociales y estatales estén en su punto más débil.

Los padres pueden morir o resultar heridos, o pueden verse empobrecidos e incapaces de proteger y mantener a sus hijos, lo que les puede llevar a tomar decisiones como comprometer a una niña en matrimonio a cambio de dinero, imponer un matrimonio temprano a un niño o aceptar dinero de un tercero que promete satisfacer las necesidades del niño o niña.

AUTO-CULPA

Los niños soldado corren un riesgo especial de sufrir lesiones físicas y morir, pero también de sufrir abusos sexuales y emocionales. Si sobreviven al conflicto en sí, pueden ser detenidos como perpetradores en lugar de víctimas, lo que agrava los impactos psicosociales de su explotación.

Es común que un niño o niña se sienta inseguro acerca de su condición de víctima, lo que a menudo lo lleva a culparse y a largos años de lidiar con relaciones enfermizas consigo mismo y con los demás. Esto es especialmente difícil cuando los niños han participado en atrocidades.

MARGINACIÓN ‘POSCONFLICTO’

En un artículo titulado ‘Cuando la guerra es mejor que la paz’, las autoras Denov y Lakor escriben sobre los niños nacidos de violaciones durante la guerra en Uganda y el estigma que soportaron en el llamado período ‘posconflicto’.

Describen, «formas debilitantes de estigma, violencia, marginación socioeconómica y exclusión social que tienen un impacto a largo plazo en su sentido de pertenencia, identidad y bienestar».

Hay una urgencia por poner fin a las hostilidades, pero este ejemplo extremo (aunque no poco común) nos recuerda que las experiencias de la guerra pueden afectar a los niños y niñas mucho después de que los enfrentamientos hayan terminado.

APRENDIZAJE A LARGO PLAZO

Sabemos que la guerra afecta al acceso de los niños y las niñas a la educación, pero también dificulta su aprendizaje desde las primeras etapas de la vida. Los niños en muchas partes de Siria, en guerra desde hace casi 11 años, a veces se describen como una ‘generación perdida’ en lo que respecta a la escolarización.

Por esta razón, nos esforzamos por abordar las causas de los conflictos violentos siempre que podamos porque son los niños y niñas quienes a menudo soportan la peor parte de los fracasos de los adultos para negociar sus intereses contrapuestos.

Fuente de la información e imagen: https://www.europapress.es/internacional/noticia-efectos-guerra-ninos-ninas-20220227083449.html

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