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El estúpido Pacto de Estado contra la violencia de género

El estúpido Pacto de Estado contra la violencia de género

Lidia Falcón

El estúpido Pacto de Estado contra la violencia de género

Cuando en este luctuoso comienzo del año 2020 contamos ya con 8 asesinadas por la violencia machista, observo que la reforma de la Ley de Violencia de 2004 no entra en los primeros propósitos del nuevo gobierno de izquierdas. Desde que hace más de tres años se comenzaron los trabajos parlamentarios de lo que debería ser el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, en los que participaron los 13 grupos parlamentarios de aquel momento, aconsejaron 90 expertos en sesiones que duraron 9 meses y se acabó pariendo un texto ilegible de más de 200 artículos, nada ha variado en el siniestro panorama de la vida de las mujeres maltratadas.

A los femicidios hay que añadir que el Ministerio del Interior ofrece el terrible dato de que entre enero y septiembre de 2019 se presentaron por mujeres 32 denuncias diarias por abusos y agresiones sexuales, es decir casi mil mensuales, lo que supone ratificar la hipótesis que siempre mantuvimos en el Partido Feminista de que se producen unas 15.000 violaciones anuales, contando de manera muy prudente las que no se denuncian.

150.000 son las que se presentan anualmente por maltrato, de las que únicamente se condenan el 31%, y la mayoría de las sentencias son de penas de prisión inferiores a 2 años que se canjean por servicios para la comunidad, es decir: por nada. En España una mujer maltratada sólo tiene el 6% de posibilidades de ver a su maltratador en la cárcel.

Podemos consolarnos, como los tontos, recordando que estas cifras no están muy lejos de las europeas. Una de cada tres mujeres en la UE ha sido víctima de violencia física o sexual desde los 15 años; una de cada veinte mujeres ha sido violada; más de la mitad (55 %) de las mujeres ha sufrido acoso sexual; una de cada tres mujeres ha sufrido abuso psicológico por parte de una pareja; una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual por un adulto durante la infancia.

Para acabar con esta masacre, que no padece ningún otro colectivo social,  Europa, – esa mujer que, en la mitología griega fue secuestrada por Zeus- el paraíso de las libertades y de la democracia, ha aprobado lo que llaman el Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica, también conocido como Convenio de Estambul o Convención de Estambul, que tiene por objetivo la lucha contra la violencia contra mujeres y la violencia doméstica. Se presentó en Estambul en 2011 y está en vigor en Europa desde el 1 de agosto de 2014. A 2019 ya ha sido firmado por 46 países y ratificado por 34.

Pero si en los demás países europeos sucede como en España, de poco parece que ha servido ese publicitado Convenio para frenar la masacre de mujeres. Y no puede servir porque no es más vinculante que según la voluntad de los gobiernos y legisladores que rijan cada Estado, que como ha sucedido en el nuestro, es poca. Pero además no crean que ese Convenio resuelve definitivamente la indefensión en que se encuentran las mujeres. Esa Carta Magna de la Violencia se limita a pedir que se contemplen como delito todas las formas de violencia contra la mujer: la violencia física, psicológica y sexual, incluida la violación; la mutilación genital femenina, el matrimonio forzado, el acoso, el aborto forzado y la esterilización forzada.

Teniendo en cuenta que todas esas actuaciones criminales de  hombres contra mujeres ya están contempladas en nuestra legislación penal, poca novedad introduce ese Convenio en la protección de nuestras víctimas, excepto en considerarlas a todas como tales, al margen de que se hallen o no relacionadas sentimentalmente con el agresor, como establece tan ridículamente la Ley Orgánica de Medidas Integrales contra la Violencia de género de 28 de diciembre de 2004. Porque desde hace 16 años en España unas víctimas son mujeres y otras son género, y únicamente estas merecen la protección del Estado, lo que resulta enormemente sospechoso en estos tiempos de la «autodeterminación de género» y otras estrafalarias definiciones que nos están haciendo desaparecer del lenguaje y del planeta donde vivimos.

Como ni la famosa ley de violencia ni la de Enjuiciamiento Criminal contemplan invertir la carga de la prueba como sucede en la legislación laboral, para que no sea la víctima la que tiene que probar la comisión del delito, que en esta figura delictiva se produce habitualmente en la privacidad del hogar, la mayoría de los procesos acaban en sobreseimiento o en absolución. Y en consecuencia, cuando el peligro de agresión o incluso de muerte es evidente, las víctimas deben huir de su casa, a veces con niños pequeños a su cargo, que tienen que dejar de asistir a la escuela, perder sus amigos y objetos queridos, para refugiarse en una Casa de Acogida. Mientras el maltratador sigue amenazando a su mujer diariamente,  e incluso pudiendo prever la policía y el juez que intentará el asesinato, continua en libertad, disfrutando de la vivienda común, asistiendo a su trabajo y siendo respetado por la comunidad. El 30% de las asesinadas tenían incluso orden de alejamiento o de protección contra su asesino. Que como se ha visto, son completamente inoperantes. En definitiva, sólo en la violencia contra la mujer se da la monstruosa injusticia de que sea la víctima la que tenga que esconderse y el verdugo campe tranquilamente  en libertad, sin amenaza alguna.

Pero en diciembre de 2016 se reunieron pomposamente, como se hace siempre en España por parte de la clase política, para anunciar que estudiarían arduamente las medidas a adoptar para acabar con la plaga del maltrato a la mujer, y así, el resultado del intenso trabajo realizado por parte de la Subcomisión creada al efecto dentro de la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados, así como por parte de la Ponencia creada dentro de la Comisión de Igualdad del Senado, parieron unos documentos que contenían un total de 214 medidas en el caso del Congreso y 267 en el caso del Senado a partir de los cuales se desarrolla el Pacto de Estado contra la Violencia de Género cuya aprobación culminó en diciembre de 2017 con los Acuerdos alcanzados entre el Gobierno y el resto de Administraciones autonómicas y locales, entidades y organismos intervinientes en el desarrollo del mismo.

Para que ustedes se hagan una idea de la lucidez, claridad y eficacia del texto que dieron a luz los eminentes diputados, senadores, consultores, sindicatos, asociaciones y expertos, les reproduzco textualmente uno de sus artículos, el 117: «Evitar los espacios de impunidad para los maltratadores, que pueden derivarse de las disposiciones legales vigentes en relación con el derecho de dispensa de la obligación de declarar, a través de las modificaciones legales oportunas.» Y deberíamos dar un premio a quien sin ser jurista, y listo, haya entendido semejante bodrio de disposición legal, que ni siquiera lo es, puesto que el Pacto no es una ley, por lo que es preciso proceder después «a las modificaciones legales oportunas».

Si las víctimas no fueran tan desgraciadas y débiles y el Movimiento Feminista tan inútil, se habría tenido que manifestar nuestra indignación de forma contundente y eficaz ante semejante tomadura de pelo. Por el contrario, un sector de ese sumiso MF se ha mostrado muy satisfecho de semejante parto de los montes.

Pues bien, ya hemos alcanzado el 2020, ya hemos vivido expectantes y angustiadas las dos últimas legislaturas, esperando tres años que el gobierno al fin logrado con el difícil pacto de las izquierdas, se ponga a trabajar, rápida y eficazmente para erradicar la violencia contra la mujer. Y lo que estamos observando es que, de momento, las reformas anheladas de la ya caduca e ineficaz Ley de Violencia ni se proponen ni se las espera.

Mientras tanto, se asesina a dos mujeres a la semana, se viola a miles de mujeres, se maltrata a cientos de miles, y del mismo modo las denuncias se siguen archivando como las condenas son harto leves y perversamente argumentadas.

Si no cambia radicalmente tanto el criterio que han mantenido hasta ahora los legisladores como los procedimientos que han utilizado desde el derecho visigodo nuestros leguleyos, empiezo a temer que los nuevos gobierno y Parlamento y Senado seguirán la senda de sus antecesores, y se continuará engrosando la lista de maltratadas, violadas y asesinadas, con el amparo del estúpido Pacto de Estado contra la Violencia de Género.

Fuente de la Información: https://blogs.publico.es/lidia-falcon/2020/02/08/el-estupido-pacto-de-estado-contra-la-violencia-de-genero/

Autora: Lidia Falcón

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Las universidades prostituidoras

LIDIA FALCÓN

Veinte universidades españolas entre las que se encuentra la de Salamanca, la más ilustre de España,  han organizado jornadas sobre prostitución con el indisimulable propósito de contribuir a la campaña por su legalización. Tanto los temas que se han seleccionado, como las participantes, pertenecen al lobby que está impulsando una legislación permisiva –aún más que la que tenemos- para que el negocio prostituidor crezca y recoja más beneficios.

Veinte centros de la sabiduría. Comenzó hace unas semanas la de La Coruña y cuando recibió las críticas de las abolicionistas suspendió las jornadas, muy dolidos sus organizadores con lo que consideraron “censura” feminista. Y al parecer se están vengando, con la colaboración de otras diecinueve que deben estar regidas por una dirección que acoge en su seno a proxenetas de toda laya, con sus cómplices –y víctimas a la vez- que operan ahora como activistas por los derechos de las prostitutas.

Al parecer, para que las feministas no seamos tachadas de represoras y censoras hemos de consentir, calladas, toda clase de ignominias perpetradas contra las mujeres: la prostitución, la pornografía, el alquiler de vientres, todas las violencias que están masacrando a la población femenina.

Creíamos que las Universidades eran templos del estudio y pese a las divergencias y controversias que se producen en su seno, que hacen avanzar la ciencia, no permitían que se debatieran en sus sagrados espacios disparates o monstruosidades. Excepto cuando estuvieron aherrojadas por la represión franquista, y aún entonces unos cuantos profesores se arriesgaron a defender los derechos humanos con riesgo de su propia libertad, hasta ahora en nuestras Universidades no se permitiría debatir si debemos instaurar la tortura nuevamente como método de interrogatorio, o la esclavitud con protección social, o los dogmas de los Testigos de Jehová sobre las transfusiones de sangre, o la preeminencia de la raza blanca sobre las de color, por poner algunos ejemplos. Y no por ello los rectores y decanos universitarios se sienten censores de la libertad de expresión.

Porque si es cierto que la libertad de expresión no tiene límites, sí los tiene la investigación científica y sociológica en el ámbito universitario, para que nunca más se sucedan los horrores del régimen nazi que convirtió las universidades en espacios del horror con los experimentos biológicos y la difusión del racismo y el exterminio de colectivos humanos.

En tiempos en que el capitalismo ha introducido con tanto éxito la ideología de la libertad en el discurso de políticos, filósofos, sociólogos, periodistas, con el que convencer a la sociedad de que le permitan perpetrar sus crímenes con total impunidad, la prostitución se presenta como una opción libre, voluntaria y respetable. Para algunas mujeres, que suelen ser pobres, por supuesto, y que no son ni las madres ni las esposas ni las hijas ni las hermanas de quienes así la defienden. Esas otras que se merecen ser carne de deseo sexual de los hombres, a cambio de míseras compensaciones, porque no tienen alternativa para sobrevivir.

Ciertamente, unas cuantas activistas, preparadas por el lobby prostituidor, están difundiendo el mensaje de que son ellas las que escogen esa “profesión”, que es rentable, agradable y digna, y que están siendo perseguidas por las feministas inquisitoriales.

En el discurso de las regulacionistas no existe ni el negocio de los lobbies proxenetas, el segundo más rentable del mundo después del tráfico de armas, ni el beneficio de chulos y macarras ni aún siquiera la violencia cotidiana que sufren las mujeres explotadas. La prostitución es una opción privada y totalmente voluntaria que depende únicamente de la decisión de la mujer, y que además es más rentable que cualquiera otra profesión manual, como la de fregar escaleras. Siempre se da esta alternativa en los ejemplos escogidos.

En ese perverso discurso no se menciona nunca lo que supone la relación sexual, la más profunda de las relaciones humanas, en la que el atractivo físico, la simpatía, el afecto y el deseo son fundamentales para hacer de ella el culmen del placer humano. Condiciones que ni se plantean en el coito rápido, tantas veces violento y denigrante, que deben soportar las víctimas al menos veinte veces al día, por diferentes hombres, para que su actividad les permita sobrevivir. Y poco más, que ni los gastos de su mantenimiento ni las coimas que han de pagar a proxenetas y policías les permiten ni aún siquiera pagar las deudas que tantas veces han contraído anteriormente.

Ninguna de estas terribles condiciones, que aquí tan someramente he enumerado, se plantean en la veintena de jornadas prostituidoras que las Universidades han enmascarado bajo la enseña de la libertad de expresión.

Y yo me pregunto, ¿realmente en esas Universidades no hay ni rectores ni decanos ni catedráticos ni profesoras que sean capaces de ver la infamia que supone la prostitución para las mujeres y la perversión de una sexualidad masculina que se satisface con ella? ¿Y qué enseñanzas impartirán a los alumnos sobre sexualidad y amor, hoy en que la pornografía es la principal fuente de conocimiento de las relaciones sexuales para los adolescentes? ¿Y a esos profesores y profesoras que consienten que en su Universidad se haga campaña por legalizar la prostitución les gustaría que sus hijas se dedicaran a ella? ¿Y sus dirigentes, de diferentes disciplinas y esfuerzo en el estudio y en el saber, ven con naturalidad y hasta complacencia que en sus aulas se reciba a proxenetas y cómplices para defender que los cuerpos de las mujeres pueden estar al servicio de una sexualidad venal para hombres pervertidos?

¿Esos profesores y profesoras se han planteado alguna vez, ya en el terreno de lo simbólico, lo que supone la aceptación social de que la sexualidad masculina se satisface con la explotación y vejación de la mujer, porque  las mujeres pueden ser prostitutas porque son mujeres?

Esos profesores y profesoras que consienten semejante indignidad en los espacios donde se enseña, se estudia, se investiga y se avanza el conocimiento, que deberían estar dedicados a estudiar y debatir cómo defender los derechos humanos, el progreso y el avance de la igualdad entre hombres y mujeres, no son dignos de trabajar en el ámbito universitario, que queremos sea el que tenga los ideales más elevados en la larga búsqueda de la verdad y el progreso humano.

Fuente: https://blogs.publico.es/lidia-falcon/2019/10/22/las-universidades-prostituidoras/?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=web

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La derecha se apropia del feminismo

Christine Lagarde y Úrsula von der Leyen han sido elegidas Directora del Banco Central Europeo y Presidenta de la Comisión Europea, respectivamente. Las dos pertenecen al Partido Popular Europeo, que ha dirigido la Comisión Europea durante 15 años ininterrumpidos y sigue siendo el grupo político más grande de la UE, y que después de las últimas elecciones ha logrado imponer su candidata, cuando parecía que la socialdemocracia recogería al fin el testigo.

Pero esta elección parece haber contentado tanto a la derecha como a los socialistas españoles que presumen de haber situado por primera vez a mujeres en los puestos de dirección más importantes de la Unión. Para Lagarde su condición de mujer ha sido clave en su elección para el BCE, ya que Macron hizo de la paridad uno de sus objetivos en el reparto de cargos europeos. Fue también la primera fémina al frente del FMI y la primera en una reunión de ministros económicos del G7. Con estos méritos está justificada y aplaudida su elección.

Ursula Gertrud von der Leyen, a su vez, es alemana y ministra de Defensa desde el año 2013. También reúne el mérito de ser la primera mujer en la historia de Alemania que ocupa este cargo. Su profesión es médica, anteriormente fue ministra de Trabajo y Asuntos Sociales desde el 2009 hasta el 2013 y ministra de Tercera Edad, Mujeres y Juventud desde el 2005 al 2009. Durante mucho tiempo fue vista como posible sucesora de lacanciller Angela Merkel debido a su instinto político y a su lealtad hacia la canciller. Y por ello, ha alcanzado uno de los más importantes puestos de la Unión Europea, la presidencia de la Comisión Europea, el órgano directivo y ejecutivo de la misma.

Y como si estas mujeres no representaran la misma política de la derecha que ha gobernado la Comunidad Económica primero y la Unión Europea más tarde, desde 1957 en que se firmó el Tratado de Roma, los medios de comunicación, los políticos de diversos pelajes e incluso el MF por acción o por omisión, aplauden sus nombramientos por el mérito de que se trata de mujeres. La estrategia de la derecha de promocionar mujeres le está dando muy buenos resultados.

Convertido el feminismo en una condición biológica la ideología no tiene protagonismo. El solo hecho de ser mujer, por tanto, redime a Margaret Thatcher, Golda Meir, Indira Gandhi, Madeleine Albrigth, Condoleeza Rice, que además era negra, entre otras muchas, de su adscripción a las fuerzas del capital que han desencadenado guerras imperialistas como la de las Malvinas y las de Afganistán, Irak, Libia, Yemen, han mantenido las políticas depredadoras de las naciones pobres y esquilmadas por Europa y EEUU, la explotación cada vez mayor de trabajadores y mujeres, la desigualdad económica y patriarcal, la masacre de emigrantes y refugiados en las fronteras europeas, la extracción de las materias primas en África, la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, el infame comercio de la prostitución, el dominio de Israel en Palestina, el genocidio que se está practicando en la frontera de México y EEUU, Guantánamo y los campos de concentración para emigrantes en Grecia, en Turquía, en Libia, que constituyen verdaderos centros de tortura y exterminio, y tantas otras infamias.

Según este criterio el feminismo debía aplaudir a la pléyade de féminas que el PP llevó a puestos de responsabilidad: Isabel Tocino, Celia Villalobos, Esperanza Aguirre, Cristina Cifuentes, María Dolores de Cospedal, entre otras, y ahora a la futura presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

Pero veamos cuales son los méritos de las nuevas gobernantas de Europa.

Úrsula Von der Leyen es aristócrata, descendiente de esa casta de empresarios belgas del siglo XIX que hicieron su fortuna con la explotación de los recursos naturales del Congo y el tráfico de esclavos. En el 2003, Leyen fue parte de un grupo organizado por la líder y presidenta de su partido político (CDU) Angela Merkel, para preparar una serie de alternativas con las que reformar el sistema social en respuesta a la Agenda 2010del canciller Gerhard Schröder , que ya había llevado a cabo reformas en la protección social, precisamente a las que hoy se achaca el fracaso electoral de la socialdemocracia. En la misma línea, en 2005, Merkel eligió a Ursula von der Leyen para ocupar las carteras de Mujeres, Juventud, Familia y Seguridad social en su gabinete . El tema de Úrsula es la Familia. Tiene siete hijos.

Y además es sionista. En los festejos del 60 aniversario de la fundación de Israel, von der Leyen participó en el primer gabinete conjunto de los gobiernos de Alemania e Israel en Jerusalén en marzo del 2008.

Finalmente, nombrada Ministra de Defensa, dedica parte de los recursos del ministerio a la compra de armas y a la fabricación y exportación de éstas. Entre otros países a India con el apoyo a la construcción de submarinos a ese país, lo que derivó en una investigación de Tribunal de cuentas por sospechas de corrupción que obligó a abrir una comisión de investigación en el Parlamento.

Úrsula organiza la participación de la Fuerzas Armadas de Alemania en Afganistán, así como en la guerra kurda apoyando a Turquía. Un ejemplo de su postura fue su decisión en septiembre del 2014 de enviar armas a las fuerzas kurdas e iraquíes, medida que rompió el tabú de que Alemania no enviaba armas a zonas en conflictos, y apoya la creación de un ejército europeo. Implantó un programa para hacer más atractivas las fuerzas armadas para los jóvenes.

Von der Leyen constituye la propaganda feminista de la CDU, apoyando el incremento del número de jardines maternales, la introducción de una cuota de mujeres en los cargos directivos de empresas, el matrimonio entre personas del mismo sexo , el bloqueo de las páginas de pornografía infantil en Internet y un salario mínimo en todo el país. Von der Leyen se hizo enemigos dentro del sector más tradicional de su partido y al mismo tiempo se ganó muchos admiradores de la izquierda. La derecha alemana la catalogó de feminista, y con esta calificación ha sido elegida para presidir la Comisión Europea. Y parece que engaña incluso a los socialistas que se muestran satisfechos con haber cumplido con la cuota femenina.

La otra ilustre que ha sido designada para dirigir el Banco Central Europeo, Christine Lagarde, fue ministra con varios Gobiernos conservadores de Jacques Chirac y Nicolas Sarkozy y ha tenido problemas notables con la justicia: unos meses después de ser Presidenta del FMI, un tribunal francés ordenó una investigación sobre su papel en un arbitraje de 403 millones de euros a favor del empresario Bernard Tapie (que había apoyado una campaña de Sarkozy) en 2008. Lagarde fue declarada formalmente investigada por negligencia, meses antes de ser elegida para un segundo mandato en el FMI, en 2016. Y meses después de esta reelección, fue declarada culpable, pero no recibió ninguna condena por su estatus político y porque los hechos ocurrieron en plena crisis económica mundial (eso dijo el tribunal). El FMI respaldó a Lagarde, incluso tras publicarse en Le Monde una carta manuscrita dirigida a Sarkozy en la que le decía frases como: “Utilízame mientras te convenga y convenga a tu proyecto”.

La presidenta del BCE será, junto a Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y Angela Merkel, canciller alemana –las tres conservadoras–, una de las mujeres más poderosas de Europa y el mundo. El comentarista añade de su cosecha que “tendrá la oportunidad de demostrar que las cosas se hacen distintas con mano femenina; y si es posible, que se hacen mejor”. Y me pregunto, ¿la trayectoria de las tres mujeres, pilares de la política de derechas que ha hundido en la miseria a Grecia, nos ha condenado a un paro estructural inamovible, establece las fronteras de Europa que permite la muerte de miles de emigrantes en el Mediterráneo, realiza los más perversos pactos con Israel y Arabia Saudí, alimenta el comercio de armas y las guerras con Oriente Medio, firma acuerdos como el Mercosur con Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina, y mantiene las desigualdades económicas, sociales y patriarcales en los Estados de la Unión, permite esperar que “ la mano femenina ” haga las cosas mejor?.

El discurso de valorar “ lo femenino ” ha sido difundido tradicionalmente por la ideología patriarcal para mantener las diferencias sociales y económicas entre los hombres y las mujeres. Cuando esta distinción se desprestigió, las fuerzas de la derecha se dedicaron a promocionar mujeres que bien les sirvieran, estrategia con la que han obtenido un notable éxito. Pero que no puede engañar al feminismo.

El feminismo es una ideología no una condición biológica. Que la mujer sea una clase explotada no significa que todas ellas tengan la conciencia de clase para inscribirse en el feminismo. Bien sabemos que la mayoría de las mujeres ni aun siquiera conoce los términos de su explotación, amén de que como en todas las clases hay siempre traidores. Si todos los obreros votaran a la izquierda otro sería su poder. Si todas las mujeres trabajaran por el feminismo hace tiempo que habríamos hecho la más transcendental revolución: la feminista. 

 Lidia Falcón O’Neill  es licenciada en Derecho, en Arte Dramático y Periodismo y Doctora en Filosofía. Nombrada Doctora Honoris Causa por la Universidad de Wooster, Ohio. Es fundadora de las revistas Vindicación Feminista , y Poder y Libertad , que actualmente dirige.

Creadora del Partido Feminista de España y de la Confederación de Organizaciones Feministas del Estado Español. Ha participado en el Tribunal Internacional de Crímenes contra la Mujer de Bruselas, en el congreso Sisterhood Is Global de Nueva York, en todas las Ferias Internacionales del Libro Feminista y en los Foros Internacionales de la Mujer de Nairobi y de Beijín.

Es colaboradora de numerosos periódicos y revistas de España y de Estados Unidos. Ha publicado 42 libros. En el terreno del ensayo destacan: Mujer y sociedad, La razón feminista, Violencia contra la mujer, Mujer y poder político Los nuevos mitos del feminismo que han sido traducidas a varios idiomas.

Asimismo tiene una extensa obra narrativa Cartas a una idiota española, Es largo esperar callado, Los hijos de los vencidos, En el infierno, El juego de la piel, Rupturas, Camino sin retorno, Postmodernos, Clara, Asesinando el pasado, Memorias políticas, Al fin estaba sola, Una mujer de nuestro tiempo, Ejecución sumaria y el libro de poesías Mirar ardiente y desgarrado

Fuente de la Información: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=258082

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La perversión del feminismo

Por Lidia Falcón

Por: Lidia Falcón. Público. 03/04/2019

Estamos viviendo tiempos posmodernos que han pervertido todos los espacios sociales, y como no podía ser menos, también el feminismo. El desprestigio de la política que ha difundido tan eficazmente el capital ha calado hondamente en el MF. Desde la Transición el feminismo se consideró alejado e indiferente a las cuestiones políticas, tales como la forma de Estado – la bronca y la escisión del Colectivo Feminista que siguió a la propuesta que hice de que se pronunciase por la República- , la laicidad del Estado o el rechazo a pertenecer a la OTAN.

De tal modo, es posible que hoy un sector del MF asegure que el feminismo no es de izquierdas ni de derechas y que “se trata de no cerrar puertas a nadie”. Recuerdo el sobresalto que sentí, hace ya cuatro años, cuando la que había sido dirigente comunista soltó semejante aseveración en una asamblea. Era el primer toque de alarma de una tendencia que iba a difundirse muy exitosamente por las nuevas organizaciones que se llamaban del cambio. Ya se sabe que si se afirma no ser de izquierda ni de derecha es que se es de derecha.

El planeamiento actual es que  no se cierra puertas ni siquiera a los fascistas. Ese estribillo, que incluso dirigentes políticos se atreven a utilizar refiriéndose a su propia organización, está siendo aceptado con naturalidad, y hasta complacencia, por una parte de la sociedad y de las feministas. Como si tal despropósito fuese posible. Al estar el feminismo “por encima de las siglas”, como si lo visitara el Espíritu Santo, la ideología no importa. Aunque a la vez se autocalifican de feministas. Porque la tenaz lucha del MF lo ha llevado a la vanguardia de los movimientos sociales y no se puede despreciar. Ahí tenemos a dirigentes de partidos de derecha e incluso de la banca afirmándose ahora feministas.

Esas nuevas organizaciones del MF concluyen asegurando que es posible aglutinar a la gente desde IU hasta la Fundación Francisco Franco. A más disparates se une afirmar que un partido no hace política.

Las nuevas proclamas consideradas modernas, al afirmar  que las ideologías están trasnochadas se dirigen a captar el voto mayoritario de una población ignorante y decepcionada que ha convertido a la política, los políticos, los partidos y hasta las instituciones, en su enemigo principal. Como estas nuevas participantes en el MF están faltas de la más elemental información no saben que en fecha tan temprana como 1965, uno de los teóricos y dirigente de Falange, Gonzalo Fernández de la Mora, escribió un libro ya clásico que se titula “El crepúsculo de las ideologías”, en el que vaticinaba estos tiempos que vendrían. Se habían acabado los análisis basados en el conocimiento de las luchas económicas que perseguían grandes transformaciones revolucionarias. Se trataba de ir trampeando con proyectos que pudieran realizarse en el momento inmediato, en una amalgama de supuestos pragmatismos. Exactamente lo que en aquel momento el franquismo llevaba a cabo con el Plan de Estabilización y los Planes de Desarrollo.

Los disparatados manifiestos que hoy se publican desde el feminismo ignoran el dominio del Capital. Las peticiones populares difundidas en las redes repiten la exigencia de rebajar el sueldo a los diputados, pero ni se mencionan los beneficios de la banca, las primas cobradas por los banqueros (El escándalo de Francisco González y el BBVA), la ruina a que nos ha llevado el rescate de las Cajas de Ahorros, las imposiciones caudinas dictadas por los dirigentes de la UE que han hundido en la miseria a Grecia, entre otros países, y en la pobreza y la precariedad laboral a las clases trabajadoras en España.

Este feminismo de nuevo cuño que se pretende ahora  alternativa a los partidos tradicionales, se atreve a enviar al archivo de la arqueología el estudio de las contradicciones de la lucha de clases que nos enseñó el marxismo; la experiencia, a veces tan amarga y peligrosa, de las luchas que protagonizaron nuestras antecesoras feministas y los militantes comunistas para lograr los avances en derechos y protección social que se obtuvieron en el siglo XX.

Con la más indigna ingratitud se muestran indiferentes y hasta despreciativas de las ideologías liberadoras que se construyeron sobre el sacrificio de varias generaciones y que han logrado poner freno  a la explotación y opresión del capitalismo y del Patriarcado en varios países y especialmente en Europa.       

Estas tendencias, dirigidas por personas de nula preparación teórica y ninguna experiencia de lucha porque su vida ha sido tan amable en estos tiempos de bienestar, están causando más confusión y desinformación de la que ya padece nuestro pueblo. Asegurando que el feminismo está más allá de las ideologías, de la división entre izquierda y derecha, que cualquiera puede unirse a su proyecto desde el franquismo al comunismo, y que no están haciendo política,   están repitiendo las consignas fascistas.

Es ya un clásico aquella respuesta de Franco a uno de sus ministros: “Mire, haga como yo, no se meta en política”. Sería bueno que alguna de esas nuevas dirigentillas del feminismo leyera las proclamas de José Antonio Primo de Rivera, con la principal declaración de principios de su discurso inaugural de la Falange  el 29 de octubre de 1933: Que desaparezcan los partidos políticos. Nadie ha nacido nunca miembro de un partido político; en cambio, nacemos todos de una familia; somos todos vecinos de un Municipio; nos afanamos todos en el ejercicio de un trabajo. Pues si esas son nuestras unidades naturales, si la familia y el Municipio y la corporación es en lo que de veras vivimos, ¿para qué necesitamos el instrumento intermediario y pernicioso de los partidos políticos, que, para unirnos en grupos artificiales, empiezan por desunirnos en nuestras realidades auténticas?”

Ciertamente sabemos con Marx que la historia siempre se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa. Las circunstancias que permitieron el triunfo trágico del fascismo en el siglo XX no se dan hoy en Europa, de modo tal que resulta enormemente improbable que se imponga en España, a sangre y fuego, como sucedió en los años 30, por más que en varios países sus herederos estén teniendo cada vez un papel más relevante en la política europea.

Pero es cada vez más fastidioso y preocupante que se difundan los eslóganes de la antipolítica, de la negación de la lucha de clases, de un discurso banal que anula la diferencia entre la derecha y la izquierda, y que puede convencer a una parte de la ciudadanía ignorante y decepcionada, que en visceral reacción se lance a votar a la ultraderecha,  con la adquiescencia de cierta parte de la izquierda y el aplauso de un sector del feminismo.

Espero que no se cumpla la terrible profecía que dice que si ignoramos nuestra historia estamos condenadas a repetirla.

Fuente: http://insurgenciamagisterial.com/la-perversion-del-feminismo/

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Campaña electoral: ¿dónde está el feminismo?

Por: Lidia Falcón
Sobre el contenido feminista en las agendas electorales de los partidos en España

Cuando la campaña electoral ha llegado a su ecuador podemos comprobar que las reivindicaciones más emblemáticas del feminismo no aparecen ni en los programas ni en los mítines ni en las entrevistas ni en las declaraciones de los candidatos. Todos hombres en la cabeza de las listas. Pero tampoco de las mujeres que en papeles secundarios protagonizan algunos debates. Dejando aparte a las del PP, de cuyo nombre no quiero acordarme, que espero que no reciban ni el aplauso ni el voto de las mujeres,  tampoco ninguna de las otras formaciones se merece el aprobado en el examen de feminismo.

Si alguna línea roja no puede franquearse por la izquierda, ni en su análisis teórico ni en su aplicación práctica, es la permisividad ni la legalidad de la prostitución. No solamente porque representa la explotación y la máxima humillación para una persona -la inmensa mayoría de las que están sometidas a semejante esclavitud son mujeres-  sino porque degrada a toda la clase femenina, pervierte a los hombres que la demandan y envilece a la sociedad. Una sociedad que considera que el hecho de ser mujer la convierte en un ser destinado a complacer las pulsiones sexuales de los hombres, sean cuales sean estos y cómo las demanden, es una sociedad degenerada. Aceptando la prostitución como actividad profesional normal aceptamos que todas nosotras podemos ejercerla. Y los hombres asumen que pueden prostituirnos a todas.

No es ninguna novedad. Aquellas que claman por legalizar la prostitución, como si de un gran avance moderno se tratara, están reproduciendo las normas y la defensa de esa explotación que teorizaba Santo Tomás de Aquino en el siglo XIII. Pero ocho siglos más tarde nuestra declaración de Derechos Humanos de 1948, alcanzada después de terribles experiencias de torturas, guerras y expolios, consagra la prohibición de someter a ninguna persona a tortura o trato degradante o humillante. Que es exactamente lo que sufre la mujer que tiene que someterse a los caprichos sexuales del prostituidor, por una miserable paga.

En el siglo XX, nuestra II República aprobó la abolición de la prostitución. En el siglo XXI, la prostitución en España es una de las mayores lacras. Con unos partidos políticos que están contemplando legalizarla. Medio millón de mujeres son traficadas en nuestro territorio por las mafias de la prostitución, que incluso se han organizado en asociaciones legales, ante la pasividad o la complacencia de los gobiernos que se han sucedido y de políticos que se compenetran con los prostituidores y que llevan en su programa electoral la legalización;  y lo que es más penoso, de asociaciones de mujeres que fingen ser feministas y que están al servicio de los proxenetas.

En Barcelona, paraíso de puteros de toda laya, se ha llegado a la infamia de permitir y financiar la que llaman “Escuela de Prostitución”, que da cursos para iniciar en tal actividad a las novatas que en busca de algún trabajo remunerado “escojan” esta profesión como aceptable alternativa a la de ser peluquera o modista.

Y en la híspida campaña electoral que estamos observando este tema no ocupa ni un minuto de los debates televisados ni de los discursos, entrevistas y propaganda. Considerando que no tiene importancia para una sociedad embrutecida que acepta indiferente o complaciente que su país sea el de Europa que más demanda prostitución, con tres millones de hombres que consumen ese comercio venal diariamente, ni siquiera los partidos políticos de izquierda, ni sus representantes femeninas están haciendo bandera de la abolición. Según sus cálculos, como las mujeres prostituidas no suelen votar y las feministas no debemos contar suficientemente para ellos, mientras los puteros pueden ser buenos apoyos, los candidatos ni mencionan el tema.

Por supuesto, ninguno de nuestros futuros gobernantes tiene en cuenta la necesidad de prohibir la pornografía, que hoy no está recluida en aquellos destartalados cines X de la Transición para satisfacción de unos cuantos masturbadores tarados, sino que a través de Internet se ha convertido en la escuela de sexualidad de los adolescentes de toda clase y condición, a los que se enseña a maltratar y violar mujeres como manera de satisfacer su líbido.

A la milenaria explotación de la prostitución se une la moderna de los vientres de alquiler. Ya sabemos que producir niños en el útero de mujeres para arrebatárselos después es práctica antigua del Patriarcado. Desde Abraham y Sara los hombres han violado, raptado, comprado y casado con mujeres para fabricarse descendientes. Conducta que ha relatado con mucho ingenio Margaret Atwood, escritora canadiense, en la distopía  El Cuento de la Criada, puesta de moda nuevamente en la serie televisiva. Pero los descubrimientos y avances científicos modernos permiten que semejante práctica convierta hoy en gran negocio, a escala internacional, la inseminación de mujeres, naturalmente pobres, para obtener niños a la carta que compran hombres ricos.

Este infame comercio, que se ha extendido a diversos países, está intentando instalarse legalmente en España, que todavía tiene algunos remilgos en aceptarlo. Aprobar una modificación del Código Penal que convierta en delito semejante actuación y en delincuentes a todos los que estén involucrados en ella, es una necesidad imperiosa antes de que se extienda esta práctica y además nos veamos obligados a admitir a los desgraciados bebés venidos al mundo en semejantes condiciones. Y tampoco oigo los planes de los candidatos de izquierda para imponer con contundencia las medidas legales precisas que lo penalicen e inmediatamente prohíban celebrar esas infames ferias anuales en la que se permite que perversos clientes alquilen desgraciadas muchachas, en cualquier parte del mundo. Por el contrario, los planes de la derecha están clarísimos, si gobiernan instalarán rápidamente ese comercio en nuestro país

Pero no sólo el decisivo tema de la prostitución no tiene espacio en los planes de los próximos gobernantes, ni siquiera la violencia contra la mujer que suma más de cien víctimas de feminicidos cada año en nuestro país, donde se presentan ciento cincuenta mil denuncias por maltrato cada año, donde se contabiliza una denuncia por violación cada 8 horas y son innumerables las víctimas que sufren acoso sexual en el trabajo, en la calle, en la casa, ha tenido protagonismo en la propaganda electoral. Ni se plantea la modificación imprescindible de la obsoleta Ley de Violencia de Género que nos rige, mientras los asesinatos de mujeres se suceden día tras día y no concitan en nuestros futuros gobernantes, ni hombres ni mujeres, la suficiente compasión para que acudan a sus entierros. Algunas prometen aplicar el Pacto de Estado que proponía destinar unos millones a pagar indemnizaciones y subvenciones a las víctimas. Lo que no se propone nadie es que no haya víctimas. 

En el capítulo de las diferencias salariales y de las explotaciones laborales que padecen las trabajadoras con total impunidad de las empresas, nadie dice que es imposible atajar semejante situación propia del siglo XIX cuando solo disponemos de 1.000 inspectores y 2.000 subinspectores de trabajo en toda España. Los ahorros que se han llevado a cabo en el funcionariado público ha convertido nuestro Estado en cuasi medieval. Ni protección para las víctimas de violencia machista porque no hay suficientes policías ni juzgados ni forenses ni trabajadoras sociales. Ni vigilancia de los desmanes de la patronal porque no hay bastantes inspectores. Ni formación en feminismo de todos los cuerpos policiales,  judiciales y sanitarios porque no existen las escuelas y los profesionales que deberían impartirla. Ni entra en los planes educativos la asignatura de Ciudadanía, que debería ser feminista, no solo por la oposición tiránica de la derecha sino porque tampoco la izquierda que nos ha gobernado hasta ahora lo ha impuesto con la contundencia que merece.

¿Dónde está entonces el programa feminista?

Fuente: https://blogs.publico.es/lidia-falcon/2019/04/19/campana-electoral-donde-esta-el-feminismo/

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Venganza judicial. Justicia Patriarcal (II)

Sobre el machismo estructural que domina la vida interna de la jurisprudencia española ejemplificado en el caso de Juana Rivas.
La sentencia dictada por el juez  Manuel  Piñar contra Juana Rivas  ha mostrado, una vez más, cómo el poder patriarcal tiene su arma más eficaz en la judicatura. Esa sentencia no sólo se ha dictado porque, según relata, él no crea que Juana ha sufrido violencia de género, sino fundamentalmente para vengarse de la desobediencia de una mujer que se ha atrevido a enfrentarse a las sacrosantas resoluciones judiciales, y que llegó, en el colmo de su soberbia, a desaparecer durante el largo espacio de tiempo de un mes, en el que ni las fuerzas de seguridad pudieron dar con ella.

La venganza se ha cumplido, aunque el juez no lo expresa de tal manera. Redacta una sentencia en la que las pruebas aportadas por la defensa no tienen ninguna presencia. Ni la condena por violencia de género en 2009 que le acarreó a Francesco Arturi, el marido, perder la custodia del hijo mayor Gabriel, ni la nueva denuncia presentada en Granada hace dos años que no ha sido tramitada nunca, aparecen mencionadas en la sentencia. Simplemente el juez se limita a afirmar que los hechos alegados por Rivas “son inexistentes”, “no son creíbles” y “responden a una estrategia para conseguir la guardia y custodia de sus hijos “explotando el argumento del maltrato”.

El caso de Juana le ha servido a Piñar  para volver a aplicar su convicción de que las mujeres son mentirosas, astutas y abusan de los hombres. Como en el caso de una sentencia que dictó en 2011, por la que condena a una mujer por denuncia falsa. En ella Piñar se explaya contra la fiscalía y contra la propia ley integral contra la violencia de género. Mientras la fiscalía pedía la absolución, el juez acabó condenando a la mujer a año y medio de cárcel por denuncia falsa y presentación de falsos testigos. Afirmó que la mujer actuó de mala fe y sabiendo que lo que denunciaba no era cierto, con el propósito de “inferir un mal a su exmarido amparándose en el rigor tuitivo de la legislación de protección de violencia de género“. Esta frase puede leerse casi textualmente ahora en la sentencia de Rivas.

En la sentencia, Piñar llega incluso a relacionar lo que considera como “excesivo celo ideológico de proteger a la mujer” con “el principio de oportunidad que legislaciones autoritarias atribuían a fiscales” que estaban “al servicio de Hitler o Stalin”.

Obsesionado con lo que denomina el rigor tuitivo de la legislación de protección de violencia de género“, frase que repite en diversas sentencias desde 1999, Piñar no solo manifiesta su misoginia sino que tiene la satisfacción de poder cumplir su ansia vengativa con el poder que le concede nuestra Constitución.

Y ciertamente hay que defender y mantener la independencia del poder judicial, que ya hemos sufrido bastante cuando estaba sometido al poder político, pero la ciudadanía debería exigir también que hubiera un control eficaz sobre las personas que van a sentarse en el estrado de la magistratura y a disponer de la vida, la felicidad y los bienes de los justiciables.

He repetido que la Escuela del Poder Judicial es la Escuela del machismo. Allí, a los recién llegados de las oposiciones cuya dureza y exigencias corresponden únicamente a las que se celebraban en el Imperio Chino, y por tanto obsesionados con conocer todos los vericuetos de la ley y repetirlos como mecaninfos,  se les explica que las mujeres presentan denuncias falsas de maltrato y es preciso investigarlas antes de proceder a admitirlas.

El examen psicológico no es más que un test propio de un libro de autoayuda. Insertos en el sistema patriarcal para el que les ha preparado la escuela, la familia, la enseñanza religiosa, los medios de comunicación, la organización social, aquellos y aquellas que se preparan para jueces llevan a tan excelsa actividad el bagaje que señala a la mujer como la causante de todos los males del hombre y de la familia, a tenor de lo que predicaban los Padres de la Iglesia.

Si a ello agregamos, ¡y cómo no hacerlo!, la nefasta tradición de prepotencia, alejamiento e indiferencia por las necesidades humanas a que el sistema franquista les troqueló y nos acostumbró a los sufridos ciudadanos, la judicatura de nuestro país se está ganando la peor fama de las instituciones. En ella no entraron las reformas que incompletas pero definitivas se hicieron en el poder político y el militar.

Pero no podremos avanzar en construir una democracia creíble, no voy a decir feminista, mientras la judicatura no haga las reformas imprescindibles para estar al servicio de la ciudadanía a la que se debe.

Y mientras no aprenda que las mujeres también somos ciudadanas y no esclavas.

Fuente: https://blogs.publico.es/lidia-falcon/2018/07/29/venganza-judicial/

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Chupinazo y barbarie

Por: Lidia Falcón

Se difunde una consigna pidiendo a las mujeres que asistan a los Sanfermines vestidas de negro para mostrar su duelo por las violaciones que sufrió la víctima a manos de La Manada. Otras se oponen alegando que lo tradicional es ir vestidas de blanco con el pañuelo rojo y que por tanto hay que ser fiel a las tradiciones, que la calle es tan suya como de los hombres y que se pueden solidarizar con la víctima portando una enseña determinada.

Para entrar en esta discusión y tomar partido me llama la televisión y mi interlocutora se sorprende de que le diga que ni yo ni el Partido feminista apoyamos ni una ni otra acción. Que a los Sanfermines no hay que ir, simplemente. Que es la fiesta de la barbarie.

No opino esto ahora, a consecuencia de las agresiones cometidas por los mozos -no sólo los de La Manada han violado, abusado, agredido, manoseado y humillado a muchas de las mujeres que asisten. La llamada fiesta de los toros, en sus diversas variantes, es una de las reminiscencias del salvajismo antiguo que pervive en nuestro país. Y las de Sanfermin en Pamplona constituyen el culmen del mismo.

Hace mucho tiempo ya me granjeé la enemistad de los amantes de la fiesta escribiendo contra ella, y recibí multitud de mensajes, cartas por correo incluidas, en tono amenazador e incluso insultante para demostrarme la cultura de los que así se comunicaban conmigo. La cultura que aseguraban les avalaba citándome a Picasso, a Bergamín y a Hemingway como popes indiscutibles de su apoyo a la milenaria fiesta torera.

Pero como al paso de los años muchas más personas sensibles y buenas se han unido a la lucha contra el maltrato animal e incluso se han organizado en el partido PACMA, difundiendo eficazmente su reclamación, no he insistido tanto en el mensaje. Pero no puedo soportar que se pretenda que asistir a esa fiesta de barbarie es feminista.

Los espúreos argumentos que se utilizan para defender la participación de las mujeres en los encierros y las corridas, seguidas de borracheras, vomitonas, imprecaciones soeces y obscenas que enardecen a violadores y maltratadores, y a los que estas chicas abducidas por la cultura machista imitan, son inaceptables. Esa es la fiesta propicia para que los machos se atrevan a todas las agresiones, como se está demostrando.

El feminismo no pretende la igualdad entre hombres y mujeres para todo, incluida la maldad. El feminismo es una ideología liberadora de las explotaciones y opresiones humanas. El movimiento feminista ha luchado bravamente, durante más de dos siglos por implantar un poco de libertad y justicia en este planeta. El feminismo como movimiento social, como ideología filosófica, como programa político, lucha por alcanzar un mundo libre de toda clase de opresiones, de clase, de sexo, de raza, de pueblos, de animales, de depredación del planeta.

El feminismo no se puede entender, con esa interpretación reduccionista, como la reivindicación de que las mujeres imiten a los hombres en todos los órdenes de la vida, incluso los más detestables, los que han convertido el planeta en un espacio de violencia, guerras y destrucción.

Esa ridícula imitación de las agresivas y crueles conductas masculinas que lleva a algunas mujeres a practicar la lucha libre, boxear, ser toreras o banderilleras, ingresar en el Ejército y portarse como los machitos más provocadores y agresivos no tiene nada que ver con el feminismo. Que por sí mismo es pacifista.

Hoy se presenta en la Asamblea de Madrid la petición de que se prohíba la asistencia de menores a las corridas, porque todavía, en este 2018, los niños y niñas españoles pueden ser instruidos y socializados en la afición a la fiesta. Como si no hubiese transcurrido un siglo desde que se constituyera la Liga Protectora de Animales y Plantas de la que mi abuela, Regina de Lamo, fue creadora. Y que tras muchos años de lucha logró que se le pusieran petos de cuero a los caballos en las corridas, para impedir que el toro los desventrara en plena fiesta, esparciendo los intestinos en la arena.

Y a ese espectáculo tan pedagógico y aleccionador hay familias que llevan a los menores sin que todavía se les prohíba.

La fiesta de los Sanfermines es la culminación de la barbarie masculina, y no hay espectáculo más patético que ver a las mujeres corriendo el encierro en la calle Estafeta, empujándose, golpeando al toro, cayéndose en los adoquines, sudorosas y contentas de ser una más en la tarea de torturar al animal. Y de allí a la plaza a aplaudir “la faena” de los profesionales dedicados a la complicada tarea de clavarle al toro banderillas y picas, de marearle y estresarle con “las suertes” que le aplican, para acabar clavándole un espadón en la cerviz.

Quienes defienden semejante diversión mantienen el nivel de barbarie de los siglos pasados. Otras fiestas igualmente crueles y repugnantes se mantienen en nuestro suelo, para disfrute de españoles y turistas instalados en la crueldad. Se lanza una cabra desde un campanario, se le arranca la cabeza a un ganso, se acosa a vaquillas, pinchándolas y persiguiéndolas, se le prende fuego a los cuernos de un toro, se acosa a otro astado durante kilómetros hasta lanzarlo al agua, en representación actual de la tradición cruel que rigió nuestro país durante siglos.

Pero si tan penoso era aceptar que de momento esas horribles diversiones no se iban a eliminar, al menos las teníamos clasificadas como una expresión más del machismo imperante en un país atrasado. Si había que soportar esa horrible fiesta y ver cómo se hacía propaganda de ella, al menos que fuera exclusivamente masculina. Si hay que apalear, pinchar, perseguir, torturar y matar toros, que lo hagan los hombres. No había que participar y apoyar una cultura machista como esa.

Lo inaceptable ahora es que mujeres, que además se reivindican feministas, se unan a las huestes de maltratadores asegurando que la igualdad consiste en esto. Aceptando esta perversión del discurso de la igualdad, las mujeres se harán también torturadoras y verdugas. Ya vimos la penosa actuación de una soldada del Ejército estadounidense arrastrando a un prisionero de la guerra de Irak, atado e inerme. ¿Es esa la igualdad que queremos? ¿Para alcanzar ese grado de sensibilidad y civilidad hemos luchado y sufrido tanto las feministas durante dos siglos?

Por ello, que toda la acción de repulsa de la violación de la Manada sea vestirse de negro o ponerse una pegatina, resulta absolutamente ridículo. Sería más decente que se diera la consigna de no ir a esas celebraciones. Resultaría también mucho más denunciador.

Nuestro país no progresará en moral y conciencia social hasta que no suprima todo maltrato animal y prohíba las fiestas que lo practican.

Pero el feminismo tampoco progresará hasta que todas las tendencias y movimientos comprendan que no se persigue la igualdad para que las mujeres sean tan bárbaras como los peores hombres sino para que todos, hombres y mujeres alcancemos un nivel superior de sensibilidad y solidaridad con todos los seres vivos.

Fuente: http://blogs.publico.es/lidia-falcon/2018/07/05/chupinazo-y-barbarie/

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