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Desandar el camino del capitalismo, bocado a bocado

Este artículo se publicó originalmente en el Magazine 2023. Puedes adquirir las revistas en este enlace.

«La ganadería tal y como la conocemos hoy no ha sido fruto de ningún desarrollo natural ni surgió para satisfacer unas necesidades humanas de alimentación, sino más bien para satisfacer la voracidad económica y expansiva de unas élites concretas».

La crisis climática, nuestro objeto principal de preocupación, va acompañada de muchas otras crisis: energética, de biodiversidad, social. La mayoría comparten causas, casi todas tienen soluciones parecidas. Esto no quiere decir que no merezcan ser estudiadas y abordadas por separado, aunque solo sea porque las particularidades de cada una pueden ayudarnos a entender y enfrentarnos mejor al resto.

Cada vez más informes indican que la biodiversidad planetaria está disminuyendo a una velocidad alarmante, y que esta disminución está ligada a las acciones humanas sobre el planeta y las especies que lo pueblan. Queremos centrarnos en dos de estas actividades por su importancia en nuestro país, por lo centrales que son en la lucha climática y por las posibilidades políticas que abren– son la agricultura y la ganadería. Aunque han sido practicadas por diversos grupos humanos desde hace miles de años, son en su forma actual fundamentalmente diferentes de prácticas anteriores, en particular la ganadería. La cría de animales moderna no es solo la primera causa de pérdida de biodiversidad en el planeta, sino que también ha sido un eje fundamental para el nacimiento y perpetuación del orden social y económico que nos gobierna. Explicar esto requiere que hagamos un pequeño viaje a los orígenes del capitalismo.

Podemos situar el inicio del capitalismo en Inglaterra, entre los siglos XVI y XVIII, a través de la agricultura y el proceso de acumulación originaria. Aquí partimos de dos ideas fundamentales. En primer lugar, en el feudalismo, el campesino, el siervo, no solo era propietario, aunque sujeto a tributo, de la parcela de tierra asignada a su casa, sino además era copropietario de los terrenos comunales. La segunda cuestión esencial es que el paso de un sistema a otro se llevó a cabo, fundamentalmente, mediante la expropiación y desposesión de estas tierras comunales, despojando a los campesinos de sus medios de subsistencia para transformarlas en tierras privativas en manos de las élites, aristocracia y grandes terratenientes. Este proceso provocó que los campesinos huyeran del campo a las ciudades y transformó a estos campesinos, formalmente “siervos”, propietarios de sus tierras, en “obreros” asalariados, formalmente libres, y los dejó a merced de lo único que les quedaba: su fuerza de trabajo.

Aquí añadimos dos perspectivas importantes: esta transformación en el modo de producción en general, y agrícola en particular, trajo consigo una devaluación no sólo de los campesinos, sino también de los animales y de las mujeres. Los animales pasan de ser considerados productores o parte del campesinado o incluso de la familia a ser simples máquinas al servicio de las nuevas necesidades capitalistas, con lo que son sometidos a intensas prácticas de violencia y sometimiento, así como a una selección genética que resulta en una transformación profunda de sus propios cuerpos para una producción mucho más intensa, junto con una menor inteligencia y mayor dependencia del ser humano.

Por tanto, la ganadería tal y como la conocemos hoy no ha sido fruto de ningún desarrollo natural ni surgió para satisfacer unas necesidades humanas de alimentación, sino más bien para satisfacer la voracidad económica y expansiva de unas élites concretas, siendo una herramienta clave para la concentración de riqueza, la aparición de la sociedad de clases y la división del trabajo. Cuando hablamos de la ganadería hablamos también, por tanto, del uso y la explotación y selección de animales y de la distribución de la tierra, y de sus efectos en el orden social y natural.

Ganadería y biodiversidad

Si nos centramos en el impacto de la ganadería en la biodiversidad, este se produce principalmente a través de la transformación de suelo sin explotar y ricos en especies vegetales y animales en monocultivos comerciales. Esta conversión en monocultivo conlleva automáticamente la pérdida de la riqueza vegetal propia de la zona, pero además requiere de la aportación de múltiples insumos –fertilizantes químicos, insecticidas– que conllevan la desaparición de multitud de especies animales, empezando por los insectos.

En nuestro entorno no es raro encontrarse con monocultivos: las grandes extensiones de fruta de hueso en Aragón y Catalunya, recientemente popularizadas por Alcarràs, o las vegas bajas del Guadiana, que producen el 6% de los tomates del planeta son monocultivos principalmente destinados a la exportación. Pero palidecen ante las grandes extensiones de soja de Brasil o de maíz en Estados Unidos, destinadas principalmente a la fabricación de piensos para consumo por parte de la ganadería industrial. Este es el mayor culpable de la pérdida planetaria de biodiversidad.

Las granjas industriales son industrias relativamente discretas: la altísima densidad de animales estabulados permite que instalaciones industriales que producen altísimos beneficios –Campofrío y El Pozo se encuentran entre las cien principales empresas de España– pasen casi desapercibidas, visibles solo como alargadas naves que se ven a lo lejos desde alguna carretera, normalmente secundaria. Nada comparado con lo vistoso de los amplios pastos ocupados por la ganadería extensiva. Sin embargo, las cifras son claras: el 95% de la carne consumida en España proviene de la ganadería intensiva.

Hemos dicho que las granjas industriales son discretas. Esto es cierto para la mayor parte de la población, pero no para los pueblos en los que se sitúan: según un informe de Ecologistas en Acción, la pérdida de calidad de vida asociada a esta industria (olores, plagas, purines que contaminan los ríos…) no se compensa con los escasos empleos que producen, y en los últimos años se han convertido en un factor más que contribuye a la despoblación del interior de la Península. Tampoco lo es para los que trabajan en mataderos, empleos con condiciones precarias que están asociados con multitud de lesiones en los trabajadores, tanto físicas como psicológicas. En los últimos años, ni siquiera la mayoría de productores de carne se ven beneficiados por la industria, que tiende de tal forma a la concentración que ha provocado que los propios dueños de explotaciones medianas y pequeñas apoyen la aprobación del decreto ley que prohíbe las granjas de más de 725 vacas lecheras. Este decreto viene tras una fuerte lucha de vecinos y ecologistas en sitios como Noviercas, Soria, donde se quería construir la sexta explotación bovina más grande del mundo, con más de veinte mil vacas.

El gran reto, sin embargo, es el de las granjas de cerdos, animales que se crían por millones en España (un 50% más que hace diez años), y de los cuales gran parte se consume, pero otros tantos se venden a China. Esto, sin embargo, parece tener los días contados: las importaciones chinas han empezado a caer, y lo que en la última década ha sido un negocio sin riesgo podría tambalearse en el futuro próximo. Tras haber convertido, eso sí, grandes superficies de territorio en piscinas de purines. Sería deseable que las instituciones tomasen cartas en el asunto y fueran reduciendo la dependencia de la economía de las exportaciones y la cría de ganado porcino, empezando por la aprobación de un decreto similar al de las granjas de vacuno y, siguiendo por la potenciación de la agricultura ecológica y las dietas ricas en vegetales de proximidad.

Deshacer el nudo

Como creación humana que es, la ganadería y su posición central en nuestras vidas y dietas puede y debe ser transformada. Esto no implica, como a veces claman las empresas cárnicas y sus propagandistas, acabar con los modos de vida tradicionales, sino transformar estos modos de vida, renunciando a las partes más lesivas para personas y animales y potenciando las que nos enriquecen.

Trabajar en un matadero donde no te dejan descansar y no te proporcionan medios de protección adecuados no es parte de ninguna tradición, tener tiempo y dinero para ir con amigos a tomar algo, sí; tener que ir al colegio con manga larga en verano porque si no te muerden las moscas del estiércol no parece muy reivindicable, que haya profesores suficientes para no tener que llevar a tus hijos a un colegio agrupado a cincuenta kilómetros, sí. Producir verduras de temporada con la garantía de que el comedor del hospital comarcal va a comprar toda la cosecha es mejor que coger el coche para ir a una granja de cerdos a comprobar si las crías tienen el tamaño suficiente para ser sacrificadas.

Las ventajas para los habitantes de las zonas directamente afectadas por la ganadería industrial son evidentes; también las que este cambio tendría (y tendrá) para una población, la española, que consume mucha más carne de los máximos aceptados por cualquier institución médica, además de disminuir radicalmente el riesgo de que tenga lugar otra pandemia como la que todavía padecemos. Dejar de producir y consumir carne de ganadería intensiva significará, también, dejar de ser cómplices del imperialismo ecológico ejercido por la industria agroalimentaria, y contribuir al final de la deforestación de ecosistemas únicos (y de los pueblos que dependen de ellos), actualmente en vías de desaparición para la producción de pienso. Y, desde luego, acabar con la producción y consumo de carne de procedencia industrial tendrá inmediatos efectos en el bienestar de los millones de animales criados para consumo.

Creemos firmemente que la transformación ecosocial que ya está en marcha no tiene por qué consistir en una sucesión de derrotas, renuncias y desastres. Hay muchos caminos que llevan a futuros en los que la mayoría vivimos mejor que ahora. No parece probable que mantener el cruel y contaminante sistema actual de producción de alimentos sea necesario para recorrerlos. Creemos que otra sociedad es posible, otra en la que desmontemos el elemento identitario, asociado a la masculinidad y al estatus, que aún conserva la carne; y la sustituyamos por una alternativa que genere -otra- riqueza al mundo rural, con un gran impulso público para la restauración de ecosistemas que cuente con los habitantes de pueblos y comarcas, con cooperativas agrícolas, con centros de protección de animales en peligro de extinción que arrebaten a la caza su falso papel conservacionista. Y que, por supuesto, plante más de las legumbres que consumiremos a diario

Fuente de la información:

Fotografía: Climática

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Guerra cognitiva y punto y aparte

La verdad no está en disputa, pues ya ha sido anulada, ahora se trata de anular también el discernimiento, la capacidad de pensar y de crear por uno mismo

Era 1981 y Margaret Thatcher lo dejó claro en una entrevista al decir, sin tapujos y sin anestesia, que la economía era el método, pero que el objetivo era cambiar las almas. Aún no existían internet ni las redes sociales. En 1999, Prince recogía un premio otorgado por Yahoo!, y mi admirado genio de Minneapolis soltó, en su discurso de recepción, una advertencia sobre la guerra que, según él y a través de internet, se estaba dando en nuestras mentes y en la que el precio a pagar eran nuestras almas.

Aquellas palabras de Prince resultan hoy visionarias. Efectivamente, estamos inmersos en una guerra que se desarrolla en nuestros cerebros y que anula nuestra capacidad de pensar. Ya sabíamos de una guerra informativa con sus fakes, sus posverdades y sus bulos sin escrúpulos, dirigida a manipular nuestros deseos, a hacernos ver enemigos a nuestro alrededor y a que asumamos postulados conspiranoicos. Pero ahora se trata de ir más allá. Se trata, no ya de moldear nuestro pensamiento, sino de anularlo. Se trata de colonizar el cerebro. Es la guerra cognitiva.

Todo esto no es una paranoia mía, sino que viene descrito en un estremecedor informe interno de la OTAN de 2020 que se llama precisamente así: La guerra cognitiva, firmado por el teniente coronel Francois du Cluzel. El documento adjudica esta guerra a los enemigos de la Alianza Atlántica, Rusia y China, pero en realidad lo que desglosa es aquello que la propia OTAN y las grandes compañías del capitalismo tecnológico y financiero vienen aplicándonos desde hace años. Internet, las redes sociales, son el método, el objetivo son nuestras cabezas, nuestros corazones y nuestras almas. La amenaza de Thatcher y la advertencia de Prince hechas informe.

Internet, las redes sociales, son el método, el objetivo son nuestras cabezas, nuestros corazones y nuestras almas

El documento, en sus párrafos iniciales, advierte: “La Guerra Cognitiva interrumpe la comprensión y las reacciones ordinarias a los eventos de una manera gradual y sutil, pero con efectos dañinos significativos a lo largo del tiempo. Los instrumentos de la guerra de la información, junto con la adición de armas neuronales, se suman a las perspectivas tecnológicas futuras, lo que sugiere que el campo cognitivo será uno de los campos de batalla del mañana (…) Con la sobrecarga de información, las habilidades cognitivas individuales ya no serán suficientes para garantizar una toma de decisiones informada y oportuna, lo que dará lugar al nuevo concepto de Guerra Cognitiva, que se ha convertido en un término recurrente en la terminología militar en los últimos años. La guerra cognitiva tiene un alcance universal, desde el individuo hasta los Estados y las organizaciones multinacionales y se alimenta de técnicas de desinformación y propaganda dirigidas a agotar psicológicamente a los receptores”.

El informe continúa hablando, casi literalmente, de actuar sobre las creencias, de polarizar, de radicalizar a ciertos grupos para dividir la sociedad y de generar analfabetismo político. La verdad no está en disputa, pues ya ha sido anulada, ahora se trata de anular también el discernimiento, la capacidad de pensar y de crear por uno mismo, para convertir a cualquier usuario en un arma. Cuanto mayor sea la saturación informativa, más se extiende la ira y más trolls y haters aparecen. La mayoría de ellos, anónimos; otros, dando sus nombres, convencidos y cegados por el odio que les han inoculado. Ya no son meros receptores pasivos de una propaganda ideológica, sino militantes activos de esa ideología. Es decir, un lavado de cerebro masivo. Para colmo, la línea entre el ciberespacio y el mundo real se está volviendo borrosa y se multiplican, por ejemplo, los individuos-armas que se manifiestan en Ferraz (incluso para defender a Nacho Cano), que acosan a los Iglesias-Montero en su casa o que agreden a cómicos mientras actúan en bares.

Con la mayoría de los votantes de Alvise, adictos a las redes, ya lo han logrado. Zombis cognitivos. Y creciendo. Cuidado, también Bolsonaro hizo su campaña de 2018 casi exclusivamente en las redes sociales y le votaron 58 millones de personas. Esto no anula la capacidad de los medios tradicionales, que todavía mantienen su significación política y comunicativa para transmitir discursos de odio o de sospechas, esas “armas neuronales”, ese fentanilo ideológico inyectado a través de bulos para crear desconfianza y miedo. Sí, Ferreras, tú también participaste burdamente de eso.

Esta guerra de cuarta generación, a la que se suma el uso malintencionado de la Inteligencia Artificial, pretende menoscabar la confianza mutua y destruir el contrato social que nos aglutina como sociedad y, para ello, se cuestionan los procesos electorales, la legitimidad de las instituciones o la legalidad de nuestras representantes. La desconfianza será tal que desembocará en un todos contra todos.

Esta guerra de cuarta generación pretende menoscabar la confianza mutua y destruir el contrato social

En este contexto de contienda, resultaron esperanzadores los días que se tomó Pedro Sánchez para reflexionar. El punto y aparte. Una pausa, una tregua individual que podría haberle permitido desarrollar la imaginación para salir de un enmarcado alienante. Un punto y aparte tan ilusionante como inútil si, frente al desequilibrio de fuerzas que tenemos ante la nueva naturaleza del capitalismo digital, no se propone un despertar generalizado que, sin perder tiempo en desmentir bulos inacabables, promueva una línea de defensa que genere una nueva ley para desintoxicar los medios, desarrolle nuevas medidas de protección ante el acoso físico o virtual y derogue la ley mordaza que desprotege a la ciudadanía, entre otras muchas acciones posibles. Si el capitalismo tecnológico y su ejército de trolls, haters y ultraderechistas proponen enfrentamiento para sus macarras y desesperanza para nuestras masas, habrá que diseñar tanto medidas de defensa como medidas alentadoras.

El punto y aparte de Sánchez debería haberle servido, y servirnos, para imaginar cómo equilibrar el exceso de información y el desarrollo desmesurado del progreso tecnológico, con un progreso moral que nos proteja de deshumanizarnos. El punto y aparte debería incentivar que se renueve el contrato social, que se revise la Constitución, que se regenere el poder judicial desde el pueblo, que se recupere la confianza en las instituciones. El punto y aparte debería significar un reencuentro para volver a pensar en colectivo, a celebrar, a cuidarnos y a ser generosos. El punto y aparte debería ser un despertar de las bases sociales y la constitución de un nuevo frente humanitario para combatir el miedo y deshacernos del odio, para recuperar nuestras almas. El punto y final debería significar el fin del confinamiento ideológico y ético en el que vivimos.

Ese punto y aparte cuenta, para quien quiera verlos, con los sujetos políticos necesarios: aquellos que han salido del matrix, decía Prince, y han puesto el cuerpo habitando las calles como han hecho en Francia al grito de “No pasarán”, como hicieron los y las estudiantes que acamparon para protestar contra el genocidio en Gaza, o los taxistas de Barcelona que se han manifestado por la misma causa, como hace la plataforma Cádiz Resiste o quienes –en Málaga, Palma y muchas otras ciudades– se manifiestan por una vivienda digna y asequible y en contra de la masificación turística, como hacen sin desaliento las mareas verdes, blancas y de pensionistas o como hacen juristas y periodistas valientes que se enfrentan cada día a sus propios poderes. Hay sujetos comprometidos y hay causas justas. Es, por lo tanto, el momento de comprobar si el punto y aparte es algo más que otra performance sanchezca. Pedro, seguimos esperando.

Fuente de la información:  https://ctxt.es

Fotografía: CTXT. Margaret Thatcher en el Centro Espacial Kennedy, en 2001

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Ecuador: ¿Dónde está la educación tras siete años de gobiernos neo liberales?

La grave crisis de seguridad y la agudización de la pobreza que prevalece en el país se manifiestan en la problemática que vive la educación. La espiral de violencia escaló con fuerza en los últimos años y ha continuado a pesar de las declaraciones del Gobierno del Presidente Noboa sobre su disminución, al cumplirse seis meses de la declaración del “conflicto armado interno” y los continuos estados de excepción.

¿Qué señales nos dan los actores sociales y educativos? Las organizaciones que trabajan por la Niñez y la Adolescencia junto con la Alianza por los DDHH de Ecuador han denunciado en un comunicado reciente que la violencia generalizada y la inseguridad que se vive tiene grave impacto en los derechos de las niñas, niños y adolescentes (NNA), quienes están expuestos a situaciones de alto riesgo, exacerbadas por la falta de oportunidades, el abandono estatal y el crecimiento de la economía del delito.

Constatan, así mismo, que en los últimos cuatro años se ha incrementado exponencialmente la migración de niñas, niños y adolescentes, que arriesgan sus vidas al migrar en condiciones peligrosas y que la desigualdad y la pobreza son el caldo de cultivo para el reclutamiento de niñas, niños y adolescentes por parte del crimen organizado, en un marco de abandono estructural del que son víctimas.

Más de cien organizaciones firmantes han expresado que “alrededor de 250 mil niñas y niños han desertado del sistema educativo” y que, por los eventos recientes, “los que asisten, se han visto obligados a realizar clases no presenciales, lo que afecta a quienes viven en zonas empobrecidas, que no cuentan con los recursos tecnológicos y pedagógicos que aseguren la calidad de la educación”.

El propio sistema educativo ha reconocido el deterioro de la educación, a través de los resultados que muestra la última prueba oficial del Instituto Nacional de Evaluación (INEVAL), donde una alta proporción de niños y niñas (7 de cada 10) apenas alcanzan un nivel elemental en comprensión lectora y matemáticas, así como en la competencia del uso de la lengua escrita.

El informe muestra, a la vez, que el rendimiento académico desciende en proporción al nivel socio económico de los estudiantes. Al respecto, diversos estudios destacan que aunque las diferencias en los resultados de los aprendizajes pueden atribuirse en parte a la situación socioeconómica y a factores del hogar, es necesario examinar también la relación con la calidad de educación que ofrece la escuela.

En el caso de Ecuador, la educación pública ha sido paulatinamente abandonada por parte del Estado durante los últimos siete años de gobiernos neoliberales, con la disminución del presupuesto educativo en función de otras prioridades de la política macro económica como el pago a los acreedores de la deuda externa y la disminución del déficit fiscal.

Frente a este contexto crítico que viven diversos países de América Latina, organizaciones como la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (Red CLADE) han hecho una llamado de urgencia para promover en nuestros países el enfoque de derechos en educación, el mismo que “debe estar fundado en los principios de gratuidad y obligatoriedad, y en los derechos a la no discriminación y a la plena participación. El Estado tiene una obligación primordial en el financiamiento de la educación. En la medida en que el Estado descuida su función de inversión, se refuerzan las desigualdades económicas pre-existentes y abre las puertas a vulneración del derecho humano a la educación” (https://bit.ly/3XHxyaP)

Fuente de la información e imagen:  https://www.pressenza.com

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El hundimiento de la Ley Estatutaria y el Movimiento Pedagógico

Por: Carolina Corcho

 

El hundimiento de la Ley Estatutaria y el Movimiento Pedagógico. Descargar:  PDF

En el momento en que se hace este escrito se consuma el hundimiento del proyecto de ley estatutaria de educación, que buscaba avanzar en el reconocimiento de la educación como derecho fundamental, desafortunadamente en el paso por la comisión primera del Senado, este fue envenenado por la oposición y en un inexplicable acuerdo con algunos parlamentarios del pacto histórico y el Ministerio de Educación, el texto resultante bajo la figura de enmienda, configuró lo que sería la segunda gran contrarreforma vía legislativa al sector educativo, que lleva a cuestas la aprobación de ley 715 de 2001 en donde se dio un golpe a la descentralización lograda en la Constitución de 1991, en donde el sector salud como el educativo han perdido más de 250 billones de financiación por la vía del sistema general de participaciones. 

Finalmente y de manera adecuada, el Pacto Histórico y el Gobierno se apartaron del acuerdo y presentaron una ponencia para el debate de plenaria que retomaba los acuerdos logrados en la Cámara de Representantes y la oposición mantuvo otra ponencia con los contenidos de la enmienda, cuyo problema central es el boquete que se abriría para la privatización de la educación, desconociendo que uno de los pilares fundamentales del desarrollo de una nación es el fortalecimiento de la educación pública. Es la educación pública la que permite que haya movilidad social en una sociedad, que las personas humildes y campesinas puedan acceder a la educación, que el destino de la gente no dependa exclusivamente de la cuna en que nació. Ningún país avanzó en el Siglo XX sin invertir en ciencia y educación, los que mejor desarrollo tienen en la actualidad es porque hicieron esta apuesta robusteciendo su sistema de educación pública, la China por ejemplo cuadruplicó en las últimos tres décadas el porcentaje del PIB en educación.

La movilización de los maestros y maestras convocados por FECODE alrededor de la ley estatutaria tiene una importancia histórica, no sólo por el logro unitario de detener el proyecto privatizador y excluyente que se abrió espacio en el Congreso de la República, sino porque es el momento que se reabra la discusión sobre el derecho a la educación para la reconstrucción de un nuevo proyecto de ley estatutaria que requiere el país. Discutir un derecho fundamental obliga a un gremio a ir más allá de las reivindicaciones salariales y corporativas. Lo digo por la experiencia que tuve como dirigente del gremio médico en la discusión de la ley estatutaria de salud, que nos obligó repensar el ejercicio mismo de la medicina, las profesiones de la salud y las inequidades del sistema de salud.

Es por esta razón, que es pertinente re lanzar el Movimiento Pedagógico que tuvo nacimiento en la década de los 80 bajo la Presidencia de Fecode en cabeza del referente intelectual del magisterio Abel Rodríguez (QEP), que se ocupó de pensar la educación como problema cultural y pedagógico, superando la visión sindical situada en lo meramente gremial y corporativo. Esto implica nutrir de un sentido más prolífico, intelectual y político el quehacer cotidiano del maestro y la maestra, como mediadores y trabajadores de la transformación de la cultura. Esto implica impulsar una reforma educativa en el ámbito pedagógico y de la calidad, que ha sido un escenario que los gobiernos han dejado a los mandatos burocráticos del MEN y el posicionamiento del pensamiento neoliberal en el cual los rectores deben ser gerentes y administradores, no intelectuales de la pedagogía. La medicina gerenciada, se denomina esta concepción en la salud.

Con motivo del debate en torno al derecho a la educación, que implica la universalidad, la gratuidad, el pluralismo, la accesibilidad, la diversidad, la superación de las inequidades, se debe abrir una gran conversación nacional, que reflexione sobre los logros en materia de cobertura, gratuidad de la educación básica, requerimientos, financiación y ampliación de infraestructura, pero que ausculte de nuevo el problema de la enseñanza y la calidad. Las pruebas PISA no nos dejan bien ubicados en el concierto internacional en las habilidades básicas de lecto escritura y de matemáticas, pero es necesario repensar el papel de la educación en la construcción de una ciudadanía crítica, con valores democráticos.

Estanislao Zuleta señaló que: “la educación es un campo de combate contra la injusticia y la ignominia, un proceso de constante liberación, allí todo el mundo puede combatir: desde el profesor de primaria, pasando por el de secundaria, hasta el profesor de física atómica de la universidad, combatir en el sentido de que mientras más busque la posibilidad de la realización humana de las gentes que educa, más estorba al sistema”. En tiempos de transición democrática, hay que construir la democracia también desde la cultura, eso implica forjar un pensamiento crítico en niños, niñas y jóvenes, que les permita de manera autónoma rechazar la violencia, la injusticia, respetar la diversidad, la vida, reconocer los derechos fundamentales, trabajar de manera colectiva y proba. Todos estos valores se construyen desde los tres lugares que configuran el mundo cultural: la familia, la escuela, los medios de comunicación, que hoy encuentran un contrapeso y un correlato también en las redes sociales.

La lucha por el reconocimiento legal y constitucional del derecho a la educación, implica la lucha por refundar la escuela y la Universidad, replantear ese modelo bancario educativo que criticaba Freire, en el cual se concibe al estudiante como un receptor de información, la escuela debe enseñar a pensar, a resolver problemas de la vida individual y colectiva. Es necesario impugnar ese acervo ideológico neoliberal en el cual los seres humanos son individuos que compiten para ser el mejor, sin valorar de manera solidaria y fraterna las condiciones del mas débil, sin un ejercicio colectivo de ciudadanía, se debe impugnar esa cultura del atajo en la cual han encontrado asidero la mafia y la corrupción en nuestro país. El cambio no será estructural en Colombia sino se transforma la cultura, se debe generar un nuevo proyecto político social y cultural de nación. Ese es el reto central de la Educación, es por eso que este campo no puede ser marginado del debate político e ideológico del devenir de la nación, en una aparente neutralidad que no es más que la aceptación acrítica del estatus quo, del orden establecido, así este sea injusto.

Es el momento para retomar el pensamiento y acción del Maestro Abel Rodríguez, el principal referente intelectual y moral del magisterio. Fecode tiene en su memoria colectiva los elementos que requiere para enfrentar esta nueva etapa de discusión de una propuesta de política pública educativa, pero este requiere la conciencia de que deben ir más allá del gremialismo, la educación pública no es sólo un tema que interesa y compete al gremio, sino al conjunto de la sociedad colombiana, de esta depende el futuro de la Nación.

Tuve la oportunidad de ser discípula del más importante médico del Siglo XX, el Abel de la Salud, José Félix Patiño Restrepo, sus escritos y pensamientos sobre la medicina y salud fueron esclarecedores para que pudiéramos concebir el derecho fundamental a la salud a través de una ley estatutaria y posteriormente la reforma a la salud. El magisterio tiene en sus memorias de la Revista Educación y Cultura, las ideas, las reflexiones y el pensamiento para suscitar una discusión prolífica en torno al Derecho a la Educación, el Movimiento Pedagógico debe inspirar esa discusión Nacional para el logro de la reforma educativa, en palabras del Maestro Abel Rodríguez esto es : “Rescatar el liderazgo intelectual y cultural del maestro y contribuir a realizar una gran reforma de la enseñanza y la educación, que sirva de sustento a un nuevo y vivificante proyecto cultural nacional. Esta es la razón y el sentido histórico del Movimiento Pedagógico Nacional. El Movimiento Pedagógico se levanta como una respuesta del magisterio al deterioro de la imagen del maestro y como una alternativa, gestada desde abajo, a la crisis que hoy soporta la educación”.

Carolina Corcho Mejía, Exministra de salud, médica psiquiatra

Fuente de la información e imagen:  https://www.sur.org.co

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Feminismo y religión: ¿Pueden ir de la mano?

Durante mucho tiempo se ha considerado que el camino del feminismo y el de la religión son opuestos, una postura que se ha hecho especialmente visible en luchas tan importantes para el movimiento feminista como las del aborto, la libertad sexual o la violencia de género. Sin embargo, cada vez más mujeres que practican religiones como la católica y que también se consideran feministas alzan la voz, no solo para denunciar la injusta realidad que viven dentro de la Iglesia y para pedir cambios, sino para reivindicar que la fe y la lucha por la igualdad pueden ir de la mano.

Este es el caso de quienes integran el grupo Revuelta de las mujeres en la Iglesia, que empezó a tomar mucha fuerza en países europeos alrededor del 2020, pero que es el resultado de años de trabajo de mujeres creyentes y teólogas que luchan desde los años 70 u 80, e incluso antes, por la renovación de la Iglesia católica y la transformación social desde la perspectiva de las mujeres.

“La Revuelta es hija de toda una trayectoria de colectivos de mujeres que, en España, ya teníamos un largo recorrido en cuanto a conciencia como mujeres creyentes y como feministas, sin haber encontrado nunca, por lo menos en nuestra experiencia personal y colectiva, que esas dos realidades chocaran, sino que por el contrario se reforzaban mutuamente”, explica a Efeminista Pepa Moleón, integrante de la agrupación. Son mujeres que crecieron con valores feministas, pero también con una gran fe.

Moleón dice que son conscientes de que desde ambos lados hay desconfianza sobre lo que representan, pero en lugar de alejarlas de la religión o del feminismo, ellas ven en esto una oportunidad de articular “ambas realidades”.

“Surgimos de una toma de conciencia muy clara de que la desigualdad entre hombres y mujeres en la Iglesia no es sostenible por más tiempo. Y que para ello debemos salir a la calle, debemos expresar cuál es nuestro malestar, porque es una realidad injusta”, señala.

Derechos de las mujeres: ¿Qué dice la Biblia?

Sandra Mazo, directora de Católicas por el Derecho a Decidir Colombia, coincide con Moleón al expresar que “es totalmente coherente, compatible y posible” ser feminista y ser creyente católica-cristiana. “Porque defender los derechos y las libertades desde un principio de justicia social y desde un principio de igualdad son nociones del cristianismo que nos enseñaron, son principios”, señala.

Católicas es una organización feminista que está presente en más de 10 países de América Latina y que tiene una lucha clara a favor de los derechos sexuales y reproductivos, por la igualdad en las relaciones de género y por la ciudadanía de las mujeres tanto en la sociedad como al interior de las iglesias.

A lo largo de la historia, la religión se ha utilizado para sostener al patriarcado, sin embargo, eso no coincide con lo que Jesús predicaba, explican las voceras.

“La contradicción que parece haber no la encontramos cuando profundizamos en los textos bíblicos, en nuestra realidad de mujeres creyentes, en el ámbito de la fe, de la oración, en el ámbito de la pastoral. Otra cosa distinta son los textos que emite la Iglesia. Es decir, la Iglesia como institución nos asigna unas funciones que se dan de bruces con lo que nosotras entendemos que es nuestra realidad”, afirma la integrante de la Revuelta.

“El Nuevo Testamento de Jesús nos habla de un protagonismo de las mujeres. Es decir, lo que nosotras encontramos en el Evangelio sobre la vida pública de Jesús, y creemos que no hacemos una lectura sesgada, es que las mujeres para él son un elemento privilegiado, de encuentro con él mismo y con su misión, con la misión que el Padre le entrega y le tiene reservada”, agrega. La teología feminista ha sido clave en esto.

Una de esas tantas mujeres es María Magdalena que, pese a que por décadas se ha querido desprestigiar su nombre y dejarla en un segundo plano, fue una mujer importante en la vida de Jesús y un pilar de la fundación del cristianismo.

“Jesús trata con enorme respeto a las mujeres, las escucha y se deja interpelar por ellas. Esto es algo muy llamativo y es una realidad muy diferente a la que tiene actualmente la Iglesia, ya que los varones no se dejan interpelar por nosotras”, añade Moleón.

Lo mismo, dice Mazo, sucede con el tema del aborto, ya que, contrario a lo que se piensa, no hay una postura única frente a la interrupción del embarazo.

“En la Biblia encontramos dos referencias sobre el aborto que están en el Antiguo Testamento y que no tienen que ver con su prohibición, sino más con el adulterio y con el comportamiento alrededor de lo jurídico frente a una situación en la que se procure un aborto. En el Código del Derecho Canónico, además, se exime de la pena de excomunión y se atenúan las penas a las mujeres que abortan”, argumenta.

“La propia doctrina de la Iglesia católica quita o disminuye la pena a las mujeres que abortan y es mucho más progresista que muchas normas que hay en varios países”, agrega.

Mujeres en la religión: Luchando por la igualdad

La directora de Católicas y defensora de derechos humanos afirma que las religiones “han estado configuradas jerárquicamente por decisiones muy patriarcales y desde los hombres” cuando han sido las mujeres “las que realmente sostenemos las iglesias”.

“Mal haríamos no tener un reclamo justo y ser una voz que le pida a las propias iglesias que las mujeres tengamos un lugar de decisión al interior de nuestras creencias y desde nuestros espacios de fe y que las decisiones o las conversaciones que se estén dando en el ámbito religioso, que tengan que ver con nosotras, tienen que ser decisiones que nos incluyan a nosotras”, señala.

Pepa Moleón, de la Revuelta, vuelve a los textos bíblicos para agregar que no han encontrado “ninguna realidad que justifique la postura que la Iglesia hoy tiene” con respecto al papel de las mujeres en puestos de liderazgo.

“Ninguna de las razones que se emiten desde los documentos que hasta ahora mismo la Iglesia ha puesto en circulación, y que siguen sustentando la cerrazón a que las mujeres podamos ser ordenadas, ninguno de ellos está sustentado en la experiencia del Evangelio”, recalca.

Lo que sucede, continúa, “es que la entrada de las mujeres en pie de igualdad en la institución de la Iglesia va a provocar muchos cambios, porque los grupos que nos movemos en este ámbito estamos trabajando y anhelamos una iglesia diferente de la que tenemos”, menciona.

Y esos cambios no solo pasan por la asignación de cargos, es decir, que las mujeres puedan ser sacerdotisas o incluso llegar a dirigir la Iglesia, sino por una transformación más profunda que permita acercar a las religiones a las comunidades, que estas participen activamente en las decisiones eclesiales que se toman y que se aborden temas como el aborto, la sexualidad o el matrimonio homosexual desde otras miradas compatibles con los principios que la Iglesia católica (que es desde el lugar del que hablan las especialistas) respeta y reconoce.

Para Mazo, por ejemplo, ya es hora de que Iglesia cambie su postura sobre los métodos anticonceptivos y que abra la conversación sobre la responsabilidad de los padres frente a la paternidad. Mientras que Moleón aboga porque se afronte y se aborde seriamente el tema de los abusos sexuales, que, dice, no solo han sucedido con menores de edad, sino también con mujeres adultas que alguna vez se acercaron a la religión.

“Las mujeres tenemos un papel muy importante en la historia, en todas las instancias y en todas las estructuras, y quiero invitar a las mujeres católicas a que pensemos más nuestro lugar en la Iglesia y que nos juntemos y nos unamos en reflexiones muy argumentadas y sustentadas que nos darán la razón por la que necesitamos agenciar estos cambios”, afirma Mazo.

“Somos muy conscientes de que la mayor parte de las cosas que proponemos muchas de nosotras no las vamos a ver, pero vamos a seguir trabajando hasta que la igualdad se haga costumbre”, concluye Moleón.

Un debate que trascienda de “lo bueno y lo malo”

Moleón y Mazo son conscientes de que suelen ser personas que profesan la religión católica o evangélica quienes acosan y emiten discursos de odio en contra de las mujeres, buscan tumbar los derechos conseguidos cuando llegan a puestos de poder e incluso las tachan a ellas de “malas católicas”. Sin embargo, afirman que esas personas o grupos no las representan y que el debate debe evolucionar para poner en valor las luchas de las mujeres.

“Hay movimientos que se llaman provida, que muchos están vinculados a la ultraderecha política, y que muchas veces se quieren hacer los adalides de la Iglesia católica y que ellos son católicos que defienden y tal, pero eso no es verdad”, dice la integrante de la Revuelta.

“Nosotras como mujeres católicas consideramos que debates como los del aborto tienen que trascender lo bueno y lo malo, que tiene que volverse un debate sobre la vida, la salud, la dignidad, la justicia, el derecho a decidir de las mujeres”, agrega Mazo.

“Creo que ya tenemos que superar muchas de esas visiones estancadas y anacrónicas y empezar a entender que el lugar de las mujeres hoy es distinto. Las mujeres estamos en lo público, estamos en la política, estamos reclamando espacios de participación incluso en las iglesias, somos mujeres formadas. Ya pudimos estudiar, somos universitarias. Incluso somos líderes espirituales en muchos lugares. Entonces la reflexión tiene que ir mucho más allá del bien y del mal, sobre todo en estos temas donde nos han polarizado de una manera tan absurda”, concluye la directora de Católicas.

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Diferencias entre libertad positiva y negativa, y su impacto en la educación

Entre las ideas políticas centrales de la modernidad está la libertad. Sobre esta se ha configurado, en parte, la tradición de pensamiento occidental.

Según cómo se entienda la libertad se forja una visión educativa u otra. De este modo, existe una visión absolutista que no contempla la libertad, otra visión individualista y liberal, y una colectivista y republicana. De hecho, las creencias e ideas sobre la libertad son relevantes para entender la práctica y desarrollo de estas visiones educativas.

Dos ideas de libertad y dos miradas de la política

El pensador británico Isaiah Berlin (1909-1997) diferenció entre dos ideas de libertad. Por un lado, la libertad negativa y, por otro, la libertad positiva. La primera apareció con el surgimiento del individuo moderno. Este reclamó una efectiva autonomía y soberanía en su vida privada, sin que ésta fuera limitada por otros agentes.

Por su parte, la libertad positiva estaba presente desde la Antigüedad mediante la idea de vida buena (eudaimonía). Para los antiguos, la vida buena sólo era posible en el marco de la participación en la comunidad política.

Atendiendo a ambas ideas, Benjamin Constant (1767-1830) advirtió la importancia de diferenciar entre la libertad de los modernos (negativa) y libertad de los antiguos (positiva).

La libertad negativa se fundamenta en una visión individualista y liberal de la política. Esta visión insiste en la plena autonomía moral del individuo para decidir sobre su vida privada, sin que interfieran otras personas e instituciones. El eje principal de la concepción moderna de la política es la persona que decide sobre sus destinos vitales, en soledad, relegando la comunidad y las interdependencias sociales.

Mientras tanto, desde la libertad positiva se defiende una visión colectivista y republicana de la política. Esta visión recuerda que la acción humana no depende tanto de lo que decida el individuo aislado, sino más bien de sus interacciones e interdependencias con la sociedad. El elemento cardinal de esta concepción es la comunidad política, en tanto cauce institucional y agente básico para promover la interacción humana.

La libertad negativa en educación

Esta libertad consiste en reclamar la libertad de elección del centro escolar, como asunto de elección particular de cada familia y con arreglo a sus valores morales. Es una libertad como independencia fundada en la posibilidad de desarrollar un criterio moral autónomo para tomar decisiones relevantes.

En principio, se cree que esta independencia y primacía de elección de cada familia no interfiere ni limita las elecciones que puedan hacer otras familias. En última instancia, se piensa que dicha elección puede darse al margen del contexto social y en favor de la autonomía moral familiar.

La libertad positiva en educación

Esta libertad presupone que la comunidad debe aportar ayudas públicas e intervenir para promover la libertad de elección de escuela; sólo así cada familia puede realizar sus ideales educativos mediante la escolarización de sus hijos.

Es una libertad como interdependencia. En la práctica, las familias mediante sus procesos de elección del tipo de escuela dependen de numerosos actores sociales y políticos (Estado, profesorado, programas políticos, grupos de presión, sindicatos escolares, etc.).

Es decir, se entiende que el proceso de elección de centro escolar se produce en un contexto social que condiciona el margen de acción familiar.

Educación, libertad y Estado moderno

En cada contexto histórico, el Estado moderno ha legitimado una visión y práctica educativas.

Los primeros dirigentes de los estados modernos advirtieron la necesidad de imponer a la población unos mismos esquemas ideológicos y morales. La unificación de tales esquemas facilitaría la obediencia de los dominados. Ello podía hacerse de varias maneras: dejar la educación en manos de la confesión religiosa imperante de cada Estado, responsabilizar a las propias familias de la tarea educativa, o bien crear un sistema educativo público.

Los primeros Estados absolutos, a partir del siglo XVI y XVII, concebían la educación como actividad espiritual dentro de una confesión religiosa. Esta confesión debía asegurar la obediencia de los súbditos al soberano. Por ello, el dirigente del Estado (Leviatán) detentaba tanto el poder político como el poder religioso. El dominio absoluto del Leviatán no permitía ningún tipo de libertad. Así, la religión del príncipe debía ser la religión del pueblo. La educación estaba reservada a una minoría que integraba la administración estatal y la élite social.

Los Estados liberales hasta finales del siglo XIX dejaron la educación, bien en manos de las Iglesias o bien en manos de las propias familias. Así, se legitimaba, en parte, la libertad negativa respecto a la educación y esta ahora se concebía en el marco de las decisiones que pudieran tomar las familias. El problema era que muchas familias no disponían de recursos económicos suficientes para escolarizar a sus hijos. Por ello, en algunos países europeos, como España, la tasa de analfabetismo, hacia 1900, abarcaba al 70% de la población. La hegemonía de la libertad negativa y de los poderes tradicionales no facilitaba la construcción de un sistema educativo público. Aún el acceso a la educación estaba muy restringido.

No obstante, con la ampliación del sufragio, desde finales del siglo XIX, los Estados liberales en vías de democratización vieron la necesidad de crear sistemas escolares públicos laicos. En España, el primer ministerio de educación apareció en 1900 y se denominó Ministerio de Instrucción Pública. En 1876, Francisco Giner de los Ríos fundó la Institución Libre de Enseñanza (ILE). En 1890, se proclamó el sufragio universal masculino y las ideologías del regeneracionismo y del reformismo social se impusieron desde la crisis nacional de 1898. Tales ideologías fueron hegemónicas en España durante el primer tercio del siglo XX. Estos acontecimientos legitimaron la idea de libertad positiva en educación y el desarrollo de la intervención pública en ese ámbito. En este nuevo contexto, se amplió y fortaleció el acceso a la educación.

Educación cívica en las democracias

La evolución histórica del Estado muestra la aparición, o no, de diferentes ideas de libertad, y cómo tales ideas están ligadas al contexto político. La idea de libertad dominante en cada momento es clave para entender cómo se conforman las visiones y prácticas educativas.

Un desafío pendiente de las democracias es repensar sus visiones educativas para adaptarlas al nuevo tiempo, sobre todo para legitimar esta forma de gobierno entre su ciudadanía y poder enseñar actitudes y valores cívicos.

Mientras que la nacionalidad se adquiere por lazos familiares y por nacer en cierto territorio, la ciudadanía exige una tarea educativa diaria. Nadie nace ciudadano; esta condición se aprende, o no, desde la infancia. La educación es el cimiento de cualquier régimen político y sobre ella pueden asentarse las posibles virtudes cardinales, como admitían Platón y Cicerón.

La educación cívica está ligada a las mencionadas virtudes: justicia, prudencia, fortaleza y templanza. ¿Es posible retomarlas en nuestro tiempo? ¿Qué ideas de libertad y visiones educativas favorecen la educación cívica?

Fuente de la información e imagen:  https://dialektika.org

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Lectura y disidencia: una casa llena de espectros

«Repensar el concepto expandido de lectura para considerarla un acto de empatía que nos permite leer y resonar con esas otras personas humanas y no humanas con las que estamos entrelazadas. Resonar, leer esos yo-textos-cuerpos que sufren, que faltan…», escribe Martha Riva Palacio Obón en este texto invitado, y recuerdo a la editora maorí, Eboni Waitere, reclamando más publicaciones de escritoras y escritores de pueblos originarios en donde se cuenten esas historias que faltan, que narran su identidad, pero también cualquier otra historia en donde esa identidad, originaria o indígena, no sea ya un tema.

Escuché a Eboni en una mesa sobre literatura infantil y comunidades originarias coordinada por Dolores Prades en la más reciente edición de la Feria del Libro Infantil de Bolonia, realizada del 8 al 11 de abril, en la que también participó Aviaq Johnson, escritora inuk, de Canadá; Nat Cardozo, autora uruguaya, cuyo libro Origen (Zorro Rojo, 2023), inspiró el tema de la mesa; Nicola Robinson, directora de publicaciones de la Indigenous Literacy Foundation (ILF) de Australia, una invitada de último momento pues el día anterior se anunció que esa organización ganó el Premio Memorial Astrid Lindgren 2024; además de los escritores David Unger de Guatemala y Victor D. O. Santos de Brasil, ambos radicados en Estados Unidos; y el editor estadounidense Jason Low.

Eboni Waitere. Foto: Priscilla Brossi.

Allí, Eboni Waitere, editora y directora de Huia Publishing, que desde 1999 publica libros con la perspectiva de los pueblos del Aotearoa (Nueva Zelanda), empezó por ponerse de pie para agradecer la invitación y honrar el maorí, el idioma de sus ancestros (los fantasmas que la habitan, diría Martha), en resistencia a los relatos unívocos y totalizadores en donde una lengua, como el inglés, impone un mundo, destruye otros. «Relatos que destruyen y silencian a otros…», de nuevo anticipando el texto de Martha.

Fue precisamente porque se trataba de una mesa que puso el foco en los pueblos originarios, históricamente víctimas y sobrevivientes de genocidios, que pedí un minuto de silencio para recordar a los ya 14 mil niños, niñas y adolescentes, desde recién nacidos hasta chicxs de 17 años, asesinados por el Estado de Israel en Gaza, según cifras de UNICEF. Crímenes calificados por la ONU como genocidio (ataque directo, bloqueo de ayuda humanitaria, bombardeo a hospitales, desplazamientos forzados…).

Hasta donde pude ver, y lo comento para dar continuidad a las entradas que he publicado en los últimos meses contra la guerra y, en particular, a propósito de la Carta por la Solidaridad con Palestina en la Feria del Libro Infantil de Bolonia, sí hubo otras muestras de solidaridad con Palestina en la Feria, volantes, carteles y retratos de niños y niñas palestinos en «el muro de los ilustradores» (varias paredes en donde pegan libremente muestras de su trabajo). Y la feria donó un stand para la iniciativa de Sarah Mazzetti y Andrea Antinori «Drawing for Palestina» en el que ilustradorxs donaron originales para recaudar fondos para la UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo).

«Contar con esta plataforma requiere tomarlo con detenimiento y cuidado. Es necesario hacer una pausa, abrir espacio para reconocer todas esas voces-cuerpo que mientras hablo están siendo violentadas, suprimidas. Palestina, México, el mundo… Aquí, ahora… aquí les evoco y trato sin conseguirlo hacerles presentes», fueron palabras en el discurso de agradecimiento de Martha Riva Palacio cuando recibió el Homenaje de la Feria Internacional del Libro de Oaxaca en octubre del año pasado.

En esas palabras, que dialogan con las de su texto invitado, se pregunta «una y otra vez cómo narrar para las infancias y adolescencias, cómo hacer poesía y enunciar al mundo con toda su incertidumbre y belleza terrible en un territorio sembrado de fosas clandestinas donde hay más de cien mil personas desaparecidas. Muchas de ellas jóvenes y niñes. ¿Cómo escribir en tiempos de odio, de esclavitud, trata y madres rastreadoras? ¿Cómo narrar la crisis climática y las extinciones masivas? Muchas veces digo que ante esto que nos parte el corazón y desborda, siempre tendremos la posibilidad de asumirnos como testigos. Rendir testimonio por mí y nuestros vacíos y ausencias. Habitar esta casa embrujada… Como he mencionado en otros espacios, la escritura tiene una dimensión: crea entrelazamientos y disyunturas que nos permiten habitar de forma simultánea en distintos puntos del espacio – tiempo y ser multitud. Escribir para crear refugios: eso es lo que me impulsa a seguir buscando nuevas formas de estar presente, de rendir testimonio. Aquí es donde surge la esperanza, porque me rehúso terminantemente a aceptar que somos únicamente lo que dicta un sistema, un régimen mundial que se rige por la pulsión de muerte, el dinero y el goce».

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Y continúa: «Recuperar la alegría, el amor, la esperanza, la ternura, todas esas palabras que nos da vergüenza pronunciar en voz alta porque nos han dicho que son ridículas pero que en realidad son parte de la resistencia. Creo que mi reto ahora es poder resonar, volcarme al mundo. Poner la voz, el cuerpo y sobretodo, escuchar. Nombrar con todas sus palabras nuestros duelos individuales y colectivos, ausencias, fantasmas, presencias inquietantes y seguir escribiendo hasta aprender cómo puedo seguir siendo furiosamente, feroz y destolongadamente esperanzadora».

Luego de regresar de aquella Feria, el 20 de octubre de 2023, publiqué la carta «Investigadores y activistas por la defensa de la niñez en Palestina» y la «Declaración de IBBY sobre la situación en Israel y Palestina». Entonces Save the Children contaba 3 mil 200 niñas y niños asesinadxs, ya entonces un infanticidio, la cifra actual supera cualquier tipificación.

Nuevamente invito a la comunidad lectora de este blog a que aproveche los distintos espacios privados y públicos que habitamos en favor de la niñez (ferias del libro, festivales, presentaciones, talleres, espectáculos… todas instancias a favor de la paz) para denunciar la violencia que siguen padeciendo niñas, niños y jóvenes en cualquier parte del mundo pero, en estos momentos, especialmente en Gaza.

Y agradezco a Martha su generosidad, siempre, permitiéndome publicar este ensayo que evidencia una poética de iteraciones, que se piensa a sí misma, y conversa con el pensamiento posthumanista y feminista contemporáneo (algo todavía poco habitual en el campo LIJ), y que escribió como ponencia para el Encuentro de Promotores de Lectura 2023, realizado por la Fundación SM en el marco de la Feria Internacional del Libro de Oaxaca.

«Leer es rendir también un testimonio, volvernos testigos de una voz, un mundo…», escribe Martha, y nos invita a imaginar un mundo disidente del antropocentrismo, una casa memoriosa, una lectura llena de grietas que complejice y estreche, haga más permeable, nuestras relaciones con todos los seres.

Adolfo Córdova

Fuente de la información e imagen:  https://linternasybosques.com

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