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El trabajador neoliberal en la visión de «Severance» y Byung-Chul Han

Una crítica de la alienación contemporánea

La serie Severance (2022), creada por Dan Erickson y dirigida por Ben Stiller, nos presenta un inquietante retrato de un futuro cercano donde los trabajadores de la empresa Lumon Industries se someten a un procedimiento quirúrgico que separa la vida personal de su vida laboral, proyectando, de esta manera, dos «yoes» disociados en un mismo cuerpo, esto genera la desconexión de la existencia laboral, concibiendo una especie de doble vida, pues, al menos en apariencia, se suprime cualquier tipo de interacción entre la subjetividad del trabajo y la imposición coercitiva de la productividad.

Este paradójico escenario puede equipararse análogamente a la crítica propuesta por el filósofo Byung-Chul Han con respecto a la figura del trabajador neoliberal, en el sentido de que no solo se ve forzado a maximizar su productividad, sino que también, internaliza esa presión, sintiendo que su valor como ser humano depende absolutamente de su rendimiento. Así, Han, dentro de algunas de sus obras, tales como:La sociedad del cansancio, Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder, La agonía del Eros, y Vida Contemplativa: Elogio de la inactividad, nos expone cómo la sociedad neoliberal, bajo la premisa de la optimización y la eficiencia, termina por fragmentar y despojar al sujeto de toda experiencia humana, reduciéndolo a mero «animal laborans».

Asimismo, la sociedad neoliberal, dentro del contexto actual, ha logrado transformar la noción de trabajo y la productividad, diferenciándose de las sociedades disciplinarias tradicionales (como la sociedad industrial, que regulaba al individuo mediante reglas externas y la imposición de la disciplina), esto convierte al sujeto en su propio proyecto, generando el requerimiento constante de autoexplotarse para alcanzar el éxito. No obstante, esto es una trampa ideada por el neoliberalismo que presenta a la libertad como señuelo, porque: «El régimen neoliberal esconde su estructura coactiva tras la aparente libertad del individuo, que ya no se entiende como sujeto sometido (subject to), sino como desarrollo de un proyecto» (Han, 2018, p.33).

Por ello, el capitalismo se ha tornado complaciente, puesto que, en vez de suprimir al sujeto, lo que hace es confortarlo y estimularlo, embriagándolo de positividad, para que así sea más fácil controlarlo. Efectivamente, el sujeto contemporáneo vive engañado, creyendo que satisface sus necesidades, cuando en realidad está a merced del capital: «Ya no trabajamos para nuestras necesidades, sino para el capital. El capital genera sus propias necesidades, que nosotros, de forma errónea, percibimos como propias» (Han, 2014, p.19).

Conforme a esto, Severance ofrece una visión de lo que podría ser una intensificación de tal dinámica, mayormente cuando los trabajadores, que se conocen como «Intus», (el yo confinado al trabajo), no tienen ningún tipo de conocimiento ni de acceso a la realidad externa, lo que los mantiene totalmente aislados de su contraparte, los llamados «Exus», (el yo liberado del trabajo), que posee una vida lejana a la realidad laboral.

De este modo, los personajes no solo son incapaces de integrar sus distintas facetas, sino que también, pierden el sentido de una identidad unificada. Esta desconexión radical provoca una fragmentación de la identidad que se convierte en una condición inherente a la experiencia de vivir bajo el régimen neoliberal, ya que los empleados de Lumon Industries, son ejemplos vivientes de la alienación. Así, la autonomización del trabajador se lleva a su máxima expresión, puesto que se elimina la posibilidad de reflexionar sobre la propia actividad laboral, más aún, considerando que, tanto los «Intus» como los «Exus» no tienen acceso a sus recuerdos personales, generando que la disociación no solo impida la reflexión crítica sobre las condiciones del trabajo, sino que, además, conviertan al trabajo en una actividad maquinal, que solo busca aumentar la producción, careciendo de todo significado.

Esta desconexión radical provoca una fragmentación de la identidad que se convierte en una condición inherente a la experiencia de vivir bajo el régimen neoliberal, ya que los empleados de Lumon Industries, son ejemplos vivientes de la alienación.

Por otra parte, en Severance, el control se ejerce sobre los cuerpos de los trabajadores por medio de su desconexión de la vida personal, lo que también se externaliza en los sistemas de monitoreo digital que regulan y cuantifican cada acción dentro del ámbito laboral.

En este aspecto, la serie refleja una autolimitación en la medida en que los personajes no solo carecen de conciencia sobre sus vidas fuera del trabajo, sino que, además, son incapaces de escapar de los procedimientos y protocolos que se les imponen. Esta incapacidad de cuestionar y escapar de las estructuras impuestas se equipara con la visión de Han, donde los individuos, al estar constantemente conectados y controlados por el régimen de la digitalización, se ven sometidos a un tipo de vigilancia internalizada. En lugar de resistir, los sujetos neoliberales se convierten en sus propios carceleros:

«El sujeto explotador de sí mismo se instala en un campo de trabajo en el que es al mismo tiempo víctima y verdugo. En cuanto sujeto que se ilumina y vigila a sí mismo, está aislado en un panóptico en el que es simultáneamente recluso y guardián. El sujeto en red, digitalizado, es un panóptico de sí mismo. Así pues, se delega a cada uno la vigilancia». (Han, 2014, p.93).

Con esto, ocurre una paradoja, debido a que el sujeto al someterse a sí mismo se entrega a la lógica de la producción sin descanso, tornándose en un problema, porque naturaliza la explotación y la vigilancia como si fueran elecciones personales. Además, el sujeto neoliberal se expone en redes sociales, comparándose constantemente con los demás, lo que provoca una identidad inestable. En consecuencia, el filósofo surcoreano-alemán advierte que: «El régimen neoliberal aumenta la productividad aislando a las personas y entregándolas a una brutal competencia» (Han, 2023, p.67).

Por lo tanto, el trabajador neoliberal se convierte en un individuo flexible, dispuesto a reinventarse constantemente en función de las demandas del mercado. Lo cual no es para nada beneficioso, sino que, muy por el contrario, es bastante perjudicial, ya que la necesidad de reinventarse constantemente provoca un tipo de violencia neuronal que termina en la autodestrucción. Así, se introduce un nuevo proceso de aniquilación, dado que: «El sujeto que está obligado a rendir se mata a base de autorrealizarse» (Han, 2022, p.83).

En síntesis, Severance dramatiza las ideas de Byung-Chul Han sobre la alienación, la autoexplotación y el control en la sociedad neoliberal. Aunque la serie lleva al extremo la separación entre la vida personal y laboral, evidenciando cómo la identidad del trabajador se fragmenta en nombre de la productividad y la eficiencia, también muestra cómo la interiorización del trabajo y la autoexplotación voluntaria refuerzan esta dinámica, desdibujando los límites entre lo personal y lo profesional hasta el punto de la deshumanización. Por eso, Severance plantea interrogantes cruciales sobre el futuro del trabajo, el impacto de la tecnología y el riesgo de una sociedad donde la libertad se convierte en una mera ilusión.

Referencias

Erickson, D. (Creador). (2022). Severance [Serie de televisión]. Apple TV+.

Han, B.-C. (2014). Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder (1ª ed.). Herder.

Han, B.-C. (2018). La agonía del Eros (2ª ed.). Herder.

Han, B.-C. (2022). La sociedad del cansancio (2ª ed.). Herder.

Han, B.-C. (2023). Vida contemplativa: Elogio de la inactividad (1ª ed.). Taurus.

Erickson, D. (Creador). (2022). Severance [Serie de televisión]. Apple TV+.

Fuente de la información: https://dialektika.org/

Fotografía: Dialektika. Adam Scott en Severence (2022)

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Escuela de los Pueblos, un proyecto para recuperar los saberes ancestrales y la vida rural

El colectivo Memoria Viva de los Pueblos, junto a otras organizaciones, lanza una campaña de ‘crowdfunding’ para transformar una casa del siglo XVI, situada en una comarca de Burgos, en un espacio de encuentro y formación.

La RAE tiene dos acepciones para la palabra utopía. En la primera la define como “proyecto, doctrina o sistema ideales que parecen de muy difícil realización». La segunda definición habla de “representación imaginativa de una sociedad futura de características favorecedoras del bien humano”. En el corazón de una pequeña comarca de Burgos, el movimiento popular colectivo Memoria Viva de los Pueblos está muy cerca de que su utópica casa formativa-experiencial se haga realidad.

Durante seis años, este colectivo ha estado buscando un hogar para su proyecto soñado: un centro de formación y recuperación de saberes ancestrales como eje central de una iniciativa más amplia de producción agroecológica y apoyo social en territorios rurales. A pesar de las dificultades de acceso a viviendas asequibles –un problema que no se limita a las grandes ciudades–, finalmente lograron comprar colectivamente una casa solariega del siglo XVI que perteneció a los Fernández de Quecedo. Ubicada en Quecedo de Valdivielso, en la comarca burgalesa de las Merindades, el objetivo principal es convertirla en una casa pública que permita revitalizar territorios rurales despoblados, promoviendo la conexión con la naturaleza, la recuperación de saberes ancestrales y la memoria de la biodiversidad.

Este hogar y punto de encuentro contra la despoblación, el olvido y la destrucción de la naturaleza recibirá el nombre de Escuela de los Pueblos ‘Josefa Martín Luengo’, en honor a la educadora libertaria española conocida por muchos como Pepita.

Recreación virtual del primer edificio terminado.

Ahora, comienza una etapa de otros seis años para llevar a cabo el proyecto de construcción. Lo harán a lo largo de cuatro fases combinando el apoyo de profesionales externos y el trabajo comunitario. Para poder culminar la primera etapa han iniciado una campaña de crowdfunding a través de goteo.org. Al momento de publicar este artículo, llevan recaudados más de 26.500 euros, un 76% del objetivo mínimo de 35.000, si bien el óptimo está fijado en 90.000 euros.

Con ese dinero quieren rehabilitar el primer edificio, que contará con los espacios suficientes para comenzar con las clases, talleres, alojamiento de personas que acudan a las formaciones o busquen asilo político, y un espacio común que podrá también ser usado por la comunidad y otras asociaciones. También han proyectado un espacio comunitario con tienda, cafetería cultural, comedor, biblioteca, cine y secretaría; un espacio de día para los mayores, con huertas, talleres y actividades intergeneracionales para ellos; un comedor; una Escuela infantil cooperativa de padres, madres, niños y niñas; y un centro de transformación alimentaria: Instalación para la producción de alimentos elaborados por la cooperativa agrícola.

“La Escuela de los Pueblos busca conocer y reflexionar de manera conjunta sobre las causas sociales, económicas y políticas que generan las problemáticas sociales de desigualdad, racismo estructural, abandono de los pueblos, pérdida de los medios de vida tradicionales, de los pastores, de los hortelanos, de los mercados de frutas y verduras…”, detallan desde Movimiento Popular Memoria Viva de los Pueblos.

Y de forma paralela a esta vertiente más teórica o reflexiva, se le uniría “formación técnica en agroecología y fruticultura, ganadería extensiva, gestión forestal y del medio natural”, así como “oficios como la carpintería, la construcción, la cerámica o la herrería, además de la salud comunitaria o la comunicación social”.

Un proyecto a prueba de obstáculos

El camino hasta llegar a este punto no ha sido sencillo. Antes de dar con el enclave definitivo, llegaron a adquirir un terreno, pero lo descartaron porque no cumplía con las condiciones para albergar todos los talleres y elementos de la escuela que realmente querían.

“Los obstáculos son inmensos para abordar una cosa de estas características en territorios en los que ya de por sí hay muy poca gente”, señala Pablo Simón Vicente, agricultor y miembro de la organización comunitaria Memoria viva de los Pueblos. “Valdivielso cuenta con 400 personas en 14 pueblos del mismo municipio. Son lugares que se están desangrados, la mayoría de la población ya se fue en los años 60 y 70 porque se les echó de los pueblos, se vaciaron los lugares; fueron como mano de obra a levantar las grandes industrias de Euskadi, de Madrid, de Barcelona. Estamos en un territorio donde la mayoría de los pueblos no tiene transporte ni hay una tienda donde puedas comprar. Hay muy muy pocos niños, se cuentan con la palma de de una mano”, explica.

Recreación virtual de la futura Escuela de los Pueblos.

Otro de los grandes obstáculos que se han encontrado para levantar el proyecto es la burocracia, mismo problema “que tienen desde el sector primario”, apunta el agricultor. Asimismo, lamenta la falta de apoyo desde los ayuntamientos, la comunidad autónoma y el Gobierno estatal: “Hemos buscado fuentes de financiación de instituciones públicas por todos los sitios, pero no hemos encontrado eco en ninguna de ellas”, lamenta Simón Vicente.

Por suerte, el Movimiento Popular Memoria Viva de los Pueblos no ha estado solo: este camino lo están haciendo de  la mano de Revista Soberanía Alimentaria, Biela y Tierra, y la Universidad Rural del Cerrato, a lo que se suma el respaldo de una red de más de 50 organizaciones de todo el Estado español.

“Si amas un territorio, si vives de él, tienes todas las garantías para poder defenderlo”, proclama Pablo Simón Vicente. La Escuela de los Pueblos ‘Josefa Martín Luengo’ busca precisamente eso: volver a conectar con los valores y conocimientos del pasado para poder asegurar un futuro.

Fuente de la información e imagen:  https://climatica.coop

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Feminismos descoloniales

Feminismos descoloniales latinoamericanos para principiantes es una breve introducción a las nociones básicas de decolonialidad (descolonialidad o giro decolonial) y a los feminismos descoloniales.

Para presentar al lector que se asoma por primera vez al tema la decolonialidad, Karina Ochoa resume brevemente el argumento central que han ido elaborando, entre otros, Aníbal Quijano, Enrique Dussel y Ramón Grossfógel.

El argumento (en el sentido racional y en el sentido narrativo) es más o menos así: La historia que nos han enseñado escolarmente y desde los centros productores y divulgadores de saber-poder es una historia centrada en Europa. Aunque la llamemos historia universal o mundial, en realidad es la historia de Europa, y en ella, los otros continentes, con sus pueblos, culturas y civilizaciones aparecen de manera marginal, secundaria, dependiente. En Europa se fragua la luz de la modernidad (Grecia clásica, Renacimiento, Iluminismo) y desde ella es llevada al mundo conforme Europa lo va “descubriendo”, y por supuesto, conquistando, colonizando y modernizando.

Sin embargo, incluso la presencia de la civilización musulmana es ya un indicio poderoso para cuestionar esa centralidad de Europa, pues el mismo año que España recupera Granada, el último reducto de la presencia del Islam en la península, es 1492, el año del arribo de Cristóbal Colón a lo que ahora desde la denominación impuesta Europa llamamos “América”. La reconquista española se convierte en conquista y Europa puede construir la noción de su yo, su eurocentralidad: luego la irá imponiendo narrativa y epistemológicamente a los pueblos conquistados, colonizados y algunos exterminados en América, África, Asia y Oceanía.

El poder moderno es colonial y eso implica, también, racializado: se clasifica a la humanidad según el grado de blanquitud, por lo cual los blancos (caucásicos) son vistos como seres humanos plenos, normales, y los pueblos y culturas donde el color de la piel es no blanco serán vistos como humanos disminuidos, lo cual sirve como coartada para su sojuzgamiento, dominación y saqueo, explotación y en ocasiones genocidio.

Sin embargo, no sólo la racialización es una de las herramientas o recursos de la dominación colonial: la otra es la discriminación por género, a partir de la imposición como normal o natural de la estructura binaria heterosexual: hombre mujer, excluyente de la diversidad amorosa y sexogenérica: las mujeres son sometidas mediante el recurso a su género y además su racialización.

Karina Ochoa reconoce que son muchas las mujeres que están produciendo reflexiones, discusiones, estudios, debates, análisis, reflexiones y propuestas desde feminismos descoloniales, pero por la brevedad y el carácter introductorio del trabajo solamente retoma algunas ideas de la feminista argentina María Lugones.

Es a partir de ella que muestra la profunda e indisoluble imbricación en la realidad de la dominación colonial, la racialización, la opresión de género, la imposición de la norma heterosexual y la exclusión de la diversidad sexogenérica y sus recíprocos reforzamientos.

De manera que quedarse solamente en un feminismo de mujeres blancas y además de las clases altas, burguesas, oprimidas por los hombres blancos, pero pertenecientes a una clase y clasificación racial opresora de las demás mujeres y hombres es insuficiente.

El giro decolonial y el giro feminista pueden leer conjuntamente la opresión de género, la racial, la colonial: la modernidad europea ha impuesto ese complejo sistema de opresiones que se retroalimentan y refuerzan, por lo cual, enfrentar una sola opresión a la vez no es posible. Se tiene que asumir que esas opresiones se enfrentan juntas.

Pongamos un ejemplo: la actriz Gal Gadot declaró correctamente que si no se es feminista entonces se es sexista:  no aceptar la liberación de las mujeres es aceptar la permanencia de su opresión y eso es sexismo, pero ella es una mujer blanca, es ciudadana de Israel, orgullosa de haber hecho su servicio militar y, al asumir la supremacía del Estado que le da ciudadanía, asume la opresión colonial y el apartheid contra las mujeres, niñas y ancianas palestinas:  el feminismo por sí solo no es suficiente, si no se asume antirracista y anticolonial.

Maria Lugones, por supuesto no es la única feminista descolonial, se basa en otras mujeres feministas descoloniales como la nigeriana Oyeronque Oyewumi (La invención de las mujeres. Una perspectiva africana sobre los discursos occidentales del género) y la cherokee Paula Gunn Allen.

Asimismo, en su breve conclusión, Karina Ochoa da una lista más amplia de autoras que están participando en la construcción de conocimientos y análisis de la opresión colonial y patriarcal, especialmente en Nuestramérica, como llama, usando un nombre que usó José Martí, a América Latina, o Abya Yala, como la llaman los kuna de Panamá.

Karina Ochoa Muñoz, Feminismos descoloniales latinoamericanos para principiantes, Material de lectura 1, Vindictas, Pensadoras feministas latinoamericanas, UNAM, México, 2021.

Fuente de la información:  https://zapateando.wordpress.com

Fotografía: Red de Migración

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Violencia machista: el impacto en la salud mental

Las consecuencias psicológicas del maltrato incluyen depresión, ansiedad, estrés postraumático y mayor riesgo de suicidio entre las mujeres. Los hijos e hijas pueden tener consecuencias similares y, además, interiorizar un modelo de aprendizaje de la violencia.

El telediario se hace eco, también los periódicos y diarios digitales, de noticias –o apenas sucesos–complementadas con algunos actos públicos o declaraciones variadas. Los feminicidios se han convertido en parte de la parrilla informativa, pero eso no evita que las cifras sigan aumentando. Desde 2003, año en que comenzaron los registros oficiales, cerca de 1.300 mujeres han sido asesinadas por violencia de género (esto es, la ejercida por sus parejas y exparejas). Se trata de un problema social que conlleva graves consecuencias de salud a distintos niveles, porque a ese elevado número se le añaden otras miles de mujeres que, incluidas en registros o no, con denuncias hacia los maltratadores o sin ellas, conviven en sus casas con la violencia machista y con menores.

Los feminicidios constituyen, generalmente, el último escalón de una ristra de violencias sostenidas en el tiempo –física, psicológica, sexual, económica–. Violencias que, aunque no lleguen a al extremo del asesinato, y sin necesidad de que incluyan una agresión física, conllevan numerosos daños tanto para las mujeres como para las hijas e hijos.

«La violencia de género tiene consecuencias catastróficas para la salud en el presente, en el futuro y en el bienestar de las mujeres y menores a su cargo. Deteriora la salud física, psicológica, sexual, reproductiva y social de las víctimas, a veces de modo irreparable, y empobrece sus vidas. Sus efectos pueden persistir después de salir de la relación de maltrato». Esta afirmación, extraída del artículo científico «Consecuencias para la salud de la violencia contra la mujer por la pareja», publicado recientemente en la revista Elsevier, pone de manifiesto que el «después» del maltrato implica cuestiones de importancia a las que es preciso atender. En el artículo, las doctoras Marina Tourné García, Sonia Herrero Velázquez y Ascensión Garriga Puerto hacen especial hincapié en la violencia psicológica porque, aun siendo la más invisibilizada, la más difícil de detectar y la más cuestionada a nivel social, se convierte en «la más destructiva». El abuso emocional destruye la integridad a través de múltiples conductas en las que se entrelazan la degradación, el miedo, la sobrecarga de responsabilidades o la distorsión de lo que está sucediendo alrededor.

Las mujeres se ven obligadas a desarrollar contantemente estrategias de supervivencia, como la alerta continua, la disociación, la huida o la evitación de las relaciones sociales

Las particularidades de la violencia en el ámbito de la pareja la introducen en una dimensión compleja: los comportamientos abusivos se producen en el hogar, un espacio que tendría que servir de refugio y seguridad, y las mujeres se ven obligadas a desarrollar contantemente estrategias de supervivencia, como la alerta continua, la disociación –un mecanismo para desconectarnos de la realidad cuando esta nos desborda–, la huida o la evitación de las relaciones sociales, entre muchas otras. «Cuando hablamos de violencias machistas, estamos hablando, en la mayoría de los casos, de delitos violentos que son vivenciados por las mujeres con un miedo intenso a sufrir un grave daño o, incluso, la muerte, al que se añaden sensaciones de impotencia, desesperanza e incluso indefensión, en cuanto a su incapacidad para escapar de ellos», explica Bárbara Zorrilla Pantoja, psicóloga especializada en la atención a mujeres víctimas de violencia de género.

Ese temor profundo al que hace referencia la psicoterapeuta lo refleja también Camelia Cavadia en su libro Las máscaras del miedo (Omen, 2024), novela en la que explora cómo los traumas de la infancia causados por la violencia de un padre perturban la vida adulta de las hijas e hijos: «El miedo es lo primero que veo. Me espera cada mañana junto a la cama, listo para recibirme en cuanto abro los ojos. Después lo veo sentado sobre mí, a solo unos pocos centímetros de mi cara (…). Delante o detrás de mí, el miedo me acompañará siempre y, aunque haya momentos en los que me olvide de él, habrá otros en los que aparezca en silencio y me indique mediante señales que está allí. A veces serán cortas y afiladas como la punta de un cuchillo y otras largas y pesadas como el carraspeo de una tos contagiosa». Las criaturas que conviven con la violencia machista sufren importantes consecuencias a nivel psicológico –similares o, incluso, más graves que las de sus madres–, además de desarrollar un modelo de aprendizaje de comportamientos violentos en sus relaciones de pareja.

El daño permanece, pues el cuerpo y la mente acumulan las sensaciones y las vivencias. La tensión permanente experimentada durante años en una relación de maltrato que se produce en el hogar puede desembocar en múltiples malestares físicos, como alteraciones cardiovasculares, hipertensión y dolor crónico, pero también en importantes secuelas en la salud mental. «Estudios funcionales han observado diferencias en la activación de áreas cerebrales directamente implicadas en la memoria y en el procesamiento de las emociones», indica el estudio publicado en Elsevier. La depresión, el trastorno de ansiedad generalizado, el estrés postraumático y las ideaciones o actos suicidas son los trastornos más frecuentes entre las mujeres que han vivido violencia en el ámbito de pareja.

El maltrato puede desembocar en malestares físicos como alteraciones cardiovasculares, hipertensión y dolor crónico, pero también en secuelas en la salud mental

El cuerpo tiene memoria y acumula el malestar. En el libro de Cavadia, muchos años después de que su padre estuviera muerto, el personaje principal sigue arrastrando un importante daño: «No se trataba solo del mal estado general, de los ataques de pánico y del infinito cansancio, sino también de la pena de mi alma, del aullido de animal ensangrentado que solo yo escuchaba». Toda esa sangre derramada, esa tristeza acumulada, están pidiendo a voces una necesaria reparación.


El 016 es el teléfono de atención a las víctimas de violencia de género.

Fuente de la información e imagen:    https://ethic.es

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La filosofía en la escuela ofrece a los jóvenes las herramientas para discutir temas difíciles

El primer aniversario del ataque de Hamás a Israel el 7 de octubre y el inicio del conflicto en Gaza dejaron a las escuelas del Reino Unido en un dilema: ¿cómo abordar el evento? Ha afectado a muchas personas en todo el mundo, incluidas las familias y los niños en las escuelas del Reino Unido. Subrayando la importancia de introducir la filosofía en la escuela para ayudar a los estudiantes a analizar y debatir temas complejos y sensibles.

A principios de 2024, Sara Khan, asesora gubernamental sobre cohesión social, sugirió que las escuelas no están fomentando un debate razonable sobre el conflicto Israel-Gaza porque los maestros están nerviosos por tratar un tema tan delicado en el aula.

Sin embargo, si las escuelas evitan el tema, corren el riesgo de fomentar la desconfianza, la ira, el odio y la polarización. Y no solo eso, porque los estudiantes buscarán información en línea, donde es muy probable que se topen con fake news y teorías conspirativas.

El líder del sindicato educativo más grande del Reino Unido, Daniel Kebede, señaló recientemente que no hay suficiente espacio en el currículo para que los estudiantes discutan estos temas difíciles. Según él, la solución es integrar la filosofía como asignatura en el currículo escolar en Inglaterra.

La filosofía está diseñada específicamente para promover habilidades de pensamiento crítico y enseñar a las personas cómo tener conversaciones difíciles sobre temas controvertidos.

Enseñar temas controvertidos

Los temas controvertidos y delicados son inevitables. Los encontramos en los medios, en las noticias, en la calle y en nuestros hogares. Sin embargo, no siempre sabemos qué pensar, especialmente cuando el tema es complejo, o cómo hablar con personas con quienes no estamos de acuerdo. Y estas habilidades de diálogo razonable se vuelven aún más difíciles cuando las emociones están a flor de piel.

Los jóvenes necesitan aprender cómo discutir cuestiones controvertidas como la guerra entre Israel y Gaza. La mejor manera de hacerlo es incluir la filosofía en el currículo. La filosofía tiene un excelente conjunto de herramientas diseñadas para explorar diversos puntos de vista de manera crítica y, cuando se enseña de manera dialógica —a través de la discusión entre estudiantes y profesores— los estudiantes se convierten en buscadores de conocimiento y sabiduría compartidos.

Un aspecto clave de una democracia es dar la bienvenida a diferentes ideas. Esta diversidad es una fortaleza porque permite que muchas afirmaciones sean escrutadas, y solo los mejores argumentos ganan fuerza. Sin embargo, este proceso de intercambio de ideas requiere que los ciudadanos sean capaces de mantener discusiones razonadas y pensar críticamente.

Para evitar la agresión o el caos, las personas deben participar de manera caritativa entre sí, respetando diversas experiencias y perspectivas, al tiempo que se muestran críticas con las ideas presentadas.

Las habilidades dialógicas de la filosofía

La filosofía, más que cualquier otra materia, anima a los estudiantes a reflexionar sobre las razones por las que piensan algo, y a considerar la posibilidad de que existan otros puntos de vista.

La filosofía es inherentemente dialógica. El enfoque más común de enseñanza consiste en analizar los pasos de un argumento, y luego considerar las debilidades en cada uno de ellos.

La filosofía logra esto enseñando a los estudiantes a verificar: ¿Qué suposiciones estoy haciendo? ¿Son válidas las premisas de mi posición? ¿La conclusión sigue lógicamente de mi punto de partida? ¿Cuál es un contraargumento o contraejemplo al que debo responder? ¿Podría estar equivocado sobre esto? ¿Qué información adicional necesito para llegar a una conclusión?

Este tipo de preguntas fomentan la humildad intelectual: la idea de que yo, como cualquier otra persona, podría estar equivocado. La humildad intelectual va de la mano con la apertura mental, asegurando que permanezcamos abiertos a nueva información relevante.

Estas habilidades de pensamiento crítico y desacuerdo respetuoso son vitales en una época de desinformación y noticias falsas. No solo necesitamos que los jóvenes aprendan a verificar hechos y ser críticos con lo que ven y oyen, sino también que comprendan que está bien no estar de acuerdo.

La filosofía trata de aprender a respetar a los demás cuyas opiniones difieren de las nuestras y de aceptar el desacuerdo razonable.

Ser abierto de mente

El influyente filósofo estadounidense Daniel Dennett, quien falleció a principios de este año, escribió sobre la importancia de criticar con amabilidad y buscar la versión más caritativa de la posición de tu oponente. Esto es crucial cuando se discuten temas controvertidos, ya que las personas razonables no siempre estarán de acuerdo.

Criticar con amabilidad significa mantenerse humilde y abierto a diferentes puntos de vista cuando se tienen conversaciones difíciles. Y significa crear un espacio para la exposición de argumentos y ejemplos diversos. De esta manera, los maestros capacitados en filosofía pueden mantenerse políticamente neutrales al mismo tiempo que ayudan a los estudiantes a conversar entre sí sobre temas importantes que les afectan a ellos y a sus seres queridos.

La filosofía trata de aprender a respetar a los demás cuyas opiniones difieren de las nuestras y de aceptar el desacuerdo razonable. También nos enseña a sentirnos cómodos con preguntas sin resolver y respuestas complejas. Enseñar filosofía en el aula lleva a que los estudiantes interactúen con las ideas de manera caritativa y crítica, fomentando la apertura mental y la humildad intelectual.

Son estas habilidades de diálogo las que necesitamos, ya que nuestra sociedad enfrenta una polarización y desacuerdo violento crecientes. Estas habilidades son algunas de las características definitorias de una democracia. Afortunadamente, los maestros están en una posición única para abrazar la asignatura de filosofía y las habilidades que tiene para ofrecer.


Este artículo ha sido traducido por The Conversation. Para leer el original siga este enlace.

Fuente de la información:  https://dialektika.org

Fotografía: Dialektika. Freepik.

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La meritocracia, una ilusión

Hace algunos días tuve la ocasión de participar en una jornada de reflexión denominada “Renovando el Socialismo”, organizada por las Fundaciones Salvador Allende, Fundación Socialdemócrata y Chile XXI.

En dicha oportunidad, uno de los presentadores, Mauro Basaure, disertó a propósito de la meritocracia como instrumento de movilidad social. Este artículo, aclaro, no es una reacción mía a su ponencia, que considero legitima, sino a una reflexión propia que al respecto de la meritocracia he venido haciendo últimamente y que, luego del fervor electoral, paso a compartir.

Dice la teoría que la meritocracia es un sistema de organización y gobernanza en el cual las posiciones de poder, responsabilidad y liderazgo se asignan a individuos basándose en su mérito, que generalmente se mide por habilidades, talento, esfuerzo y logros. Una precondición para su realización es que, todos los individuos, independientemente de las características arriba enunciadas, deben tener las mismas oportunidades de demostrar sus habilidades y talentos.

El término “meritocracia” fue acuñado en su libro The rise of the meritocracy (1958) por el sociólogo británico Michael Young, en el que describe una sociedad en la cual las posiciones sociales y económicas se determinan exclusivamente por la inteligencia y el esfuerzo. Es decir, se trataría de una sociedad en la que el éxito y las oportunidades estarían determinados por el rendimiento y la capacidad individual, en lugar de factores como la clase social, la riqueza heredada, las conexiones familiares o el origen étnico.

Como todo concepto, este también ha sido acomodado a ideas aparentemente neutras, detrás de las cuales o se promueve la desigualdad o se esconden intereses contrarios a ella, usándose como una justificación al fracaso. Y en los casos más burdos como una explicación a la  pobreza. “Es que son flojos, no se esfuerzan, quieren que les regalen todo” es el léxico que escuchamos en Chile de parte de quienes se parapetan en la meritocracia para seguir por el ancho mundo de las desigualdades y su compañera de ruta, el abuso.

Siguiendo a Rawls, quien nos aporta una visión que corresponde a la época del capitalismo industrial, este no niega que la meritocracia podría en algunos casos contribuir a desarrollar espíritu innovador y servir de estímulo al emprendimiento.

Es, sin embargo, enfático en señalar que las habilidades que permiten a una persona tener éxito en un sistema meritocrático, no son meramente producto de su esfuerzo individual, sino que también en gran medida dependen de las circunstancias socioeconómicas en las que nacieron, y a las redes y contactos que han podido desarrollar en virtud, precisamente, de su punto de partida privilegiado.

Por eso que, para garantizar que las desigualdades basadas en los atributos sobre los cuales los individuos no tienen control (raza, género, origen social, o lugar de nacimiento,) Rawls acerta al sostener que para garantizar el acceso a oportunidades y recursos, le corresponde a las instituciones básicas de la sociedad garantizarlos. Es decir, es labor del Estado democrático hacerlo.

Llevada la meritocracia al plano de la empresa, por experiencia propia puedo sostener que  aquellas que utilizan la meritocracia para reconocer el aporte y esfuerzo individual al cumplimiento  de objetivos corporativos, si ello no es complementado con políticas de reconocimiento universal al esfuerzo colectivo del conjunto de las y los trabajadores, lo más probable es que la meritocracia pura y dura afecte negativamente los climas laborales. Ello debido a que, al ser individual, la meritocracia no considera que, para alcanzar el reconocimiento al mérito, el o la trabajadora reconocida requiere del aporte colaborativo y talento de sus pares.

Detrás de un discurso meritocrático, aparentemente justo e igualitario, en nuestro país se esconden las injusticias y los privilegios que se reproducen indefinidamente en el tiempo (…) La meritocracia pasa a ser una lotería social, que ilusiona pero no transforma

En una época distinta a la de Rawls, y en su extenso trabajo “El capital en el siglo XXI”, Thomas Piketty demuestra en base a la colección de data de diferentes países, que la acumulación desmedida de riqueza y las desigualdades económicas imperantes en el mundo bajo la hegemonía del neoliberalismo -de la que tampoco escapan los países con economías más desarrolladas- cuestionan la narrativa de la meritocracia, convirtiéndola en una ilusión al no considerar tampoco las diferencias en la riqueza heredada como barreras que limitan la movilidad social.

Para abordar las desigualdades, Piketty propone un sistema fiscal redistributivo con foco en la reducción de las desigualdades, que pueda financiar bienes públicos esenciales para la vida como lo son salud, educación, pensiones, vivienda y  un sistema de protección social. Ello porque en el marco del capitalismo neoliberal dichos bienes han sido convertidos, en algún u otro grado, en meras mercancías. Y nosotros llevamos la delantera.

A partir de nuestra propia realidad podemos decir algo más. La acumulación de riqueza, acompañada de la captura del régimen político por parte de quienes la concentran  y al mismo tiempo controlan los medios de comunicación, genera un cocktail que termina erosionando la confianza pública en las instituciones y finalmente debilitando el sistema democrático en su conjunto. Ese es claramente nuestro caso.

Ante todo lo anterior, cabe preguntarse si la meritocracia, que promueve un modelo individualista, es capaz de generar la movilidad social deseada, de modo que pueda ser adoptada como el camino idóneo y socialmente justificada, para alcanzar posiciones sociales y  económicas  independientemente de la  cuna de cada quién.

Desde luego, nadie en su sano juicio podría razonablemente oponerse, criticar o cuestionar que aquel o aquella tocada por la varita de la fortuna alcance una mejor posición en la escala de la movilidad social. El punto es más bien político y social, porque importa el modo en que una fuerza política socialista se plantee avanzar en la superación de las desigualdades que el capitalismo, y en especial su versión neoliberal, que se funda en un Estado mínimo y que privilegia la relación de las personas con las cosas, nos ha llevado a  niveles que afectan la paz social.

Detrás de un discurso meritocrático, aparentemente justo e igualitario, en nuestro país se esconden las injusticias y los privilegios que se autorreproducen indefinidamente en el tiempo. Incluso cambiando las formas de producción de bienes y servicios impulsados por los cambios tecnológicos, continuan consolidándose las jerarquías ya existentes. La meritocracia pasa a ser así una lotería social, que ilusiona pero no transforma.

Fuente de la información e imagen:  https://www.elquintopoder.cl

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Resistir, imaginar y transformar desde la política educativa

“(…) Creo, de todos modos, que la principal causa por la que hoy se combate a los maestros con sueldos magros y tareas quiméricas es otra más miserable y por eso inconfesa. Un maestro es alguien que decidió pasar su vida encendiendo en otros el fuego que encendieron en él de niño. Para los poderosos de este mundo, que de niños lo recibieron todo y ahora lo arrebatan todo, la lógica de esa decisión es obscena, un espejo en que no quieren mirarse y por eso lo rompen, huyendo del escándalo”.

Marcelo Figueras, Kamchatka. 2002


Quizás nos toque celebrar uno de los días del maestro -o de la maestra, como se propuso con muy buen criterio desde este espacio de reflexión- más difíciles para la profesión desde el retorno de la democracia. O al menos para la generación en la que me inscribo, nacida en democracia y en ejercicio de la docencia durante los últimos diez o doce años.

El contexto es, como poco, complejo. A la dificultad que generan las actuales condiciones materiales de trabajo, se suma el particular encono que el gobierno nacional tiene para con las y los docentes. La decisión es clara: dar la “batalla cultural” contra el “adoctrinamiento” en las aulas de la escuela pública. En el discurso de cierre del Foro Económico Internacional de las Américas, el presidente afirmó: “La educación pública ha hecho muchísimo daño lavando el cerebro de la gente”. Esto sería responsabilidad de las y los docentes, formados en Institutos Superiores de Formación con “currículas educativas de izquierda, abiertamente anticapitalista y antiliberales, en un país en el cual lo que más se necesita es más capitalismo y más libertad”. Así lo expuso Milei, esa vez en la apertura de las sesiones legislativas.

Decíamos, por otro lado, que tampoco el contexto es sencillo respecto a las condiciones materiales. Sabemos que la profesión docente enfrenta dificultades vinculadas a la sobrecarga laboral. Se necesitan 8 horas en la escuela para vivir, pero el trabajo no empieza ni termina ahí. En los escritorios de maestras y profesores conviven la pila de trabajos a corregir, las planillas a completar y materiales variopintos que rápidamente saben convertir en un recurso didáctico. Docente: alguien que puede ver una película en su tiempo libre y enseguida pensar cómo trabajarla en el aula.

La sobrecarga de tareas administrativas, la falta de reconocimiento y remuneración de las horas destinadas a la planificación y evaluación y de espacio para el trabajo colectivo entre docentes son algunas cuestiones que requieren ser visibilizadas y repensadas. A esta situación se adiciona la traducción que el actual contexto socioeconómico genera en emergentes y demandas en cada aula de cada escuela del país, que también son abordados por las y los docentes y que tornan aún más agobiante su tarea cotidiana.

Además, a esto se suma la caída del poder de compra del salario. En la actualidad, el salario de un docente con 10 años de antigüedad le permite comprar 27 kilos de carne menos por mes que lo que le permitía a ese mismo docente 10 años atrás. Esto es así para la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pero se replica más o menos proporcionalmente también en otras jurisdicciones.

Teniendo en cuenta lo dicho hasta acá, sería sencillo -y hasta diría lógico- asumir una posición defensiva, que implique fundamentalmente no “seguir perdiendo”, a sabiendas que en los últimos meses el conjunto de las y los trabajadores han visto empeorar sus condiciones de vida. En particular, los y las trabajadoras de la educación han dejado de percibir el Fondo Nacional de Incentivo Docente por parte del Estado nacional, por definición del presidente Milei. Este monto ha sido cubierto solamente en algunas jurisdicciones por parte de los gobiernos provinciales.

Sin embargo, creo que es imperioso que podamos reflexionar -y también trabajar- en una agenda que permita hacernos cargo de los desafíos que enfrenta nuestro sistema educativo, tanto en la formación docente como en la actual carrera docente. Aún estando exactamente en la vereda de enfrente de todo lo que el presidente Javier Milei pueda pensar, decir y hacer en materia educativa, tenemos que poder reconocer los niveles de insatisfacción que tiene una parte de nuestra sociedad.

Por supuesto que mucho de ese estado de situación es generado por quienes trabajan para deslegitimar -y se encargaron de desfinanciar- a la escuela. Pero creo que tenemos que poder reconocer la porción de verdad que hay en aquellos sectores a quienes la “defensa de la escuela pública” no les resuena lo que quisiéramos y creemos que debe poder resonarle. Y además, creo que no hay nadie que cuente con más herramientas para dar esta discusión que quienes habitan todos los días las aulas de nuestro país. De otra forma, corremos el riesgo que el debate se muestre simplificado, que se dedique a buscar culpables y acote la agenda de transformaciones necesarias a un conjunto de medidas de corto alcance pero con fuerte impacto político y comunicacional, tal y como sucede actualmente en el Congreso Nacional con el debate sobre la educación como un servicio esencial.

Alejandro Finocchiaro, quien fuera ministro de Educación de Mauricio Macri en un gobierno que redujo el porcentaje del PBI destinado a la educación, defendió el proyecto de ley que restringe el derecho a huelga docente refiriéndose a una “curva de la decadencia de la educación”. Otros diputados votaron afirmativamente en nombre de la “calidad de la educación”, aún cuando lo votado supone una guardia mínima en las escuelas los días de paro docente que, en todo caso, resolvería el problema de cuidados.

Cabe aclarar, además, que salvo en casos de conflictos prolongados -en provincias con serias dificultades para hacerle frente al pago de salarios docente-, los paros representan un porcentaje muy bajo de los días que se pierden clases. ¿Cómo se resuelve esto? Con la aplicación de la “Ley de los 180 días de clase” -N° 25.864-, que prevé la intervención del gobierno nacional, como aquella primera acción de Néstor Kirchner en Entre Ríos que todavía persiste en la memoria colectiva.

La pérdida de días de clase no se explica por los paros docentes, es necesario buscar otras causas nada abordadas en la ley de esencialidad de la educación. Por un lado, se pierde una enorme cantidad de días de clase en el nivel primario y de horas de clase en secundario por falta de docentes para la cobertura de cargos. Por otro lado, el problema de ausentismo docente convive con números cada vez más elevados de ausentismo de las y los estudiantes. En esta última discusión está también, quizás, uno de los fundamentos de la expansión de la matrícula en escuelas de gestión privada.

Ambos fenómenos -cargos sin cubrir y ausentismo- son multicausales y requieren abordajes complejos. La creación de cargos de maestros itinerantes que logren cubrir en tiempo y forma las suplencias cortas, el armado de reglamentos intraescuelas para garantizar la continuidad pedagógica, la evitación de sobrecarga de las tareas no pedagógicas de las y los docentes, la mejora del clima escolar, el acompañamiento a la labor de docentes noveles, el fomento del trabajo colaborativo y la promoción de la pareja pedagógica son algunas acciones que las jurisdicciones pueden desarrollar para mejorar el innegable problema de la pérdida de días de clases. Se trata de muchas y muy variadas medidas que seguramente requieren revisar, también, cómo funcionan los regímenes de licencia, el acceso a cargos docentes y los controles de los sistemas de salud laboral.

¿Cuáles son los recursos materiales y simbólicos que se requieren para garantizar las condiciones para que nuestros docentes enseñen y los niños, niñas y adolescentes aprendan mucho y todos los días? Esta tiene que ser la pregunta que oriente la acción, la reflexión y el debate de quienes creen en la potencia de nuestra querida escuela pública y en el lugar irremplazable que tienen los que asumen la tarea de encender en otros el fuego que encendieron en ellos de niños. Tenemos que poder discutir todo, tener un debate sincero sabiendo que la discusión debe estar siempre acompañada de una lucha interminable por el financiamiento de nuestro sistema educativo. Que los tiempos complejos de resistencia se acompañen, entonces, de discusiones que nos permitan pensar qué es aquello irrenunciable y cuáles son los puntos que deben ser profundamente transformados.

Fuente de la información e imagen:  https://www.feminacida.com.ar

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