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Fideicomisos y Sistema Nacional de Investigadores: ¿última llamada?

Por: Sylvie Didou Aupetit

Realicé la mayor parte de mi carrera académica bajo el cobijo del Sistema Nacional de Investigadores (S.N.I). Con motivo de sus 25 años de existencia, analicé sus contribuciones a la reorganización de la profesión académica. En ese lapso, las discusiones sobre el S.N.I pasaron de un tono de extrema crítica a uno de relativa aceptación: hoy, se aprecia al S.N.I como una “solución imperfecta”, para retomar la expresión de Héctor Vera (Blog Distancia por tiempos, Nexos, 14 de octubre 2020). Es un paliativo, quizás insatisfactorio, pero útil ante la constante negativa de las autoridades de revalorar salarialmente docencia e investigación.

Paulatinamente, el S.N.I y los programas institucionales de reconocimiento al desempeño, calcados sobre él, proporcionaron a los académicos un estatuto profesional equivalente, en prestigio y poder adquisitivo, al de sus colegas, en otros países. Les brindaron una serenidad mínima, indispensable para efectuar un trabajo sostenido y de calidad.

Durante tres décadas y medio de funcionamiento, los reglamentos del S.N.I fueron revisados varias veces. Esas modificaciones permitieron renovar los marcos de actuación y ajustar las temporalidades para la rendición de cuentas. Al incorporar sugerencias emitidas ante los cambios normativos, el S.N.I ganó legitimidad, sobre todo entre los investigadores jóvenes. En 2020, su cobertura es masiva. Agrupa a 33165 miembros en todo el país. El 26.3% está ubicado como candidato, el 51.5% en el nivel 1 y el resto en las categorías 2 y 3.

Pese a esa estructura piramidal de base ancha, a una cobertura heterogénea según los subsistemas y a diferencias en los montos de los incentivos según la posición ocupada, en la actualidad, el S.N.I es el único mecanismo que integra, a escala nacional, una profesión atomizada.  A diferencia de los rectores y directivos de instituciones de educación superior agrupados en asociaciones nacionales (ANUIES, FIMPES), los académicos y los científicos reivindican sólo débilmente su adhesión a una categoría socio-profesional y cifran su identidad en sus establecimientos de adscripción.

Aunque sea notorio el activismo de redes que procuran defender intereses profesionales como Prociencia, docentes e investigadores padecen dificultades organizativas para confrontar disposiciones que deterioran sus condiciones de trabajo. Tienden, además, a percibirlas como “las que les tocan a los demás”. La conciencia de que lo que daña a unos, tarde o temprano, perturbará a otros no es tan extendida como uno podría suponerlo, ni siquiera con respecto del S.N.I.

Debido a esa extrema segmentación de la profesión, y aun considerando el descontento causado entre sus integrantes por iniciativas que fragilizaron su imagen social y sus condiciones de desempeño laboral, las medidas lesivas de los que ellos y sus instituciones fueron objetos se han multiplicado en los pasados meses, sin cortapisas reales. Una de las más sonadas ha promovido la extinción de los fideicomisos y ha sido justificada por una supuesta discrecionalidad en el uso de los recursos. Las acusaciones de malversación y deshonestidad, formuladas por múltiples autoridades del sector, ocasionaron expresiones de disconformidad individual y pronunciamientos colectivos en prensa y en plataformas digitales así como la congregación de manifestantes y bloqueos en los accesos a la Cámara de Diputados y al Senado.

Sin embargo, las movilizaciones, las razones esgrimidas en pro de la conservación de los fideicomisos, la solidaridad internacional de científicos renombrados con sus colegas mexicanos y las pruebas de falsedad en relación a las imputaciones de corrupción, cayeron en saco roto. Desgraciadamente, la demostración científica y las argumentaciones intelectuales no convencieron a los diputados del partido gobernante y a sus aliados, que reunieron el quorum indispensable para votar la desaparición de los Fideicomisos. Aunque el Senado no ha aprobado todavía el dictamen, al momento de escribir este artículo, la sordera deliberada de los legisladores, además de ilustrar la asimétrica relación entre autoritarismo y razón, sumió los afectados en una mezcla de indefensión e irritación.

Y la mata siguió dando. Hace unos días, el rector de la Universidad Iberoamericana, una universidad privada reconocida, declaró que la Directora General del CONACYT se había comunicado con él para notificarle que sus investigadores ya no recibirían el estímulo financiero del S.N.I, aunque hayan sido merecedores de la distinción. El S.N.I reanudaba así una vieja práctica de no pago a los investigadores de establecimientos particulares. No obstante, hacía tiempo que la había abandonado, para pactar esquemas de co-inversión con dichas instituciones e igualar los requisitos para el goce de las ventajas económicas y simbólicas entre los beneficiarios, independientemente de su afiliación. La denuncia de esos acuerdos, ya perennes, en una coyuntura en la que los editorialistas están obnubilados por el devenir de los fideicomisos, no ha suscitado todavía muchas reacciones.

Sin embargo, habida cuenta de las tensiones recurrentes en la relación gobierno/académicos, la noticia no es inocua y abre las siguientes preguntas: ¿Quiénes serán los próximos en la mira? ¿A cuáles individuos, colectivos e instituciones, el gobierno juzgará oportuno quitar “privilegios”, so pretexto de austeridad republicana y de transparencia? Las medidas adoptadas y examinadas en ese texto alteran el funcionamiento de los centros de investigación (principalmente si tienen fideicomisos) y la estabilidad profesional de los investigadores en las universidades privadas. Ahora, ¿A quiénes les tocará el siguiente turno?

Ante un escenario previsible de deterioro, es tiempo de rescatar y operar mecanismos de compromiso común y de solidaridad. Lo es de dejar atrás años de hiper-individualismo, auspiciado por el complejo sistema nacional de evaluación académica y las políticas públicas de diferenciación institucional de la educación superior. Para avanzar en esa dirección, en una época de sacralización de la sabiduría popular, hagamos caso al refrán: “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”. Más tiempo nos mantendremos pasivos y más cuesta arriba será remontar el declive.

Fuente:  http://www.educacionfutura.org/fideicomisos-y-sistema-nacional-de-investigadores-ultima-llamada/

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Los dilemas de la evaluación del primer periodo

 Abelardo Carro Nava


Sabemos que los maestros son los que mejor conocen el avance de sus alumnos. También sabemos que, en el proceso de enseñanza y de aprendizaje (E-A), influyen varios aspectos para que éste se logre, por ejemplo: el contexto, la familia, sus recursos económicos, los diferentes niveles cognitivos de los chicos, la planeación que el profesor realiza, la serie de recursos y materiales didácticos que éste emplea; en fin, como decía, todo un cúmulo de situaciones que son parte del referido proceso.

Una cosa más que, desde luego conocemos, es que la pandemia ocasionada por el Covid-19, propició que las actividades escolares que se desarrollaban de manera presencial en las escuelas tuvieran que suspenderse y, con ello, se dio paso a otra serie de actividades, también “escolares”, a través de algo que se denominó “educación a distancia”, hecho que implicó que los mentores: a) elaboraran cuadernillos o guías para que se los entregaran a sus estudiantes en sus escuelas o en sus casas, con la finalidad de que éstos los trabajaran; b) enviaran mensajes vía Whatsapp o correo electrónico, con las actividades que los niños tendrían que realizar con el mismo propósito que el inciso anterior; d) que siguieran y, posiblemente, consideran en su planeación, los programas televisivos que la Secretaría de Educación Pública (SEP) echó andar desde el mes de marzo y cuya continuidad se dio en agosto de este año; e) aprendieran o perfeccionaran su conocimiento para que impartieran sus clases de manera virtual, situación que los obligó a contar con un equipo (computadora o celular) e internet o “datos” suficientes para que se lograra este objetivo; entre otros.

Ahora bien, ¿qué sucedió con los alumnos y con su aprendizaje a partir de la contingencia sanitaria que decretó el gobierno mexicano? En primer lugar, como parece obvio, ya no se presentaron a las escuelas porque, lógicamente, este espacio sería el lugar donde el virus se propagaría desmesuradamente. Se quedaron en casa, lo cual, desde mi perspectiva, abre una amplia gama de variables en cuanto a lo que significa, o significaría, asegurar que hasta la fecha ha habido una continuidad en su proceso formativo puesto que, como sabemos: 1) no todos los estudiantes cuentan con una computadora, internet, celular o televisión en casa; 2) pero también, el que los padres de familia hayan estado, o no, al pendiente de las actividades que los profesores les encomendaron a sus hijos, o bien, de los horarios en los que se trasmitían los programas televisivos; 3) el que estos padres hayan estado atentos, o no, del envío de esas tareas y/o actividades por correo electrónico, whatsapp o en las escuelas en las que entregaron los cuadernillos y guías; etcétera. Esto, sin contemplar, que muchos de estos chicos pudieron, o no, considerar prioritarias las actividades escolares dado que, como se sabe, la pandemia no sólo impactó en el sistema educativo nacional (SEN), sino también en el ámbito económico y, consecuentemente, en los millones de hogares mexicanos; situación que pudo haber provocado, que un número considerable de éstos, haya trabajado en algún sector informal de la economía para ayudar con los gastos de la casa.

Lo anterior me permite deducir, que el aprendizaje que los estudiantes pudieron, o no, haber adquirido durante esta etapa de confinamiento y durante este primer periodo escolar, se ha visto influenciado por varias cuestiones, como las expuestas. Entonces, en sentido estricto, durante este lapso de tiempo: ¿los alumnos han aprendido? Si nos remitimos a la definición más simple que nos brinda la Real Academia Española (RAE) obtendríamos que el aprendizaje, “es la acción y efecto de aprender algún arte, oficio u otra cosa”. Consecuentemente, la pregunta que formulé líneas atrás tendría como respuesta un rotundo sí porque, como lo señalaba, de las actividades que pudieran estar haciendo en casa o fuera de ella, con seguridad, “algo” aprendieron.

Ahora bien, si replanteamos la pregunta y cuestionamos si los chicos adquirieron los conocimientos que, mediante la acción educativa, se brindaron a través de una educación a distancia, mi respuesta no sería tan contundente. Esto, en razón de los aspectos que he referido y que influyen en el proceso de E-A porque, de manera concreta, no se estarían cumpliendo del todo los aprendizajes esperados que, conforme al modelo educativo o plan de estudios vigente, se tienen contemplados.

En este sentido habría que recordar que, el Secretario de Educación, Esteban Moctezuma, en reiteradas ocasiones ha señalado que los niños están logrando los aprendizajes esperados durante la pandemia; pero, a todo esto, ¿qué se entiende por aprendizaje esperado? Según el documento Aprendizajes Clave para la Educación Integral (2017), éste “es un descriptor de logro que define lo que se espera de cada estudiante. Le da concreción al trabajo docente al hacer comprobable lo que los estudiantes pueden [hacer], y constituye un referente para la planificación y evaluación en el aula. Los aprendizajes esperados gradúan progresivamente los conocimientos, habilidades, actitudes y valores que los estudiantes deben alcanzar para acceder a conocimientos cada vez más complejos” (p. 655).

He aquí el meollo del asunto porque, como bien sabemos, si durante las clases presenciales los aspectos que permiten valorar el logro (aprendizaje esperado) de los alumnos se llegan a complicar (por muchas de las razones ya expresadas), durante esta pandemia, la situación se ha complicado. De ahí que el criterio que pueda tomar el profesor para asignar un valor en el primer periodo del ciclo escolar 2020-2021, tenga como base, los avances que haya tenido el estudiante que está a su cargo desde el inicio de dicho ciclo.

¿Cuáles serían los criterios a considerar para valorar el logro alcanzado en esos avances? Desde mi punto de vista, las evidencias de las actividades o tareas realizadas de acuerdo al contenido trabajado o encomendado y que fueron enviadas por los estudiantes y/o padres de familia por medios electrónicos, de manera virtual o mediante cuadernillos o guías. ¿Y la asistencia a las clases virtuales, las participaciones en éstas y los exámenes aplicados? De eso hablaré un poco más adelante porque, en sentido estricto, si recordamos que una evaluación formativa tiene como rasgo primordial valorar el proceso que siguió la obtención de una evidencia/producto, el docente como tal, tendría la posibilidad de valorar estos avances con relación a lo siguiente: a) alumnos que entregaron los trabajos conforme a los criterios establecidos por el profesor basados en el aprendizaje esperado; b) alumnos que entregaron los trabajos, pero su realización y culminación, medianamente cumplieron con el criterio establecido; c) alumnos que entregaron los trabajos, pero sin que éstos cubrieran los criterios establecidos por el docente con base en los aprendizajes esperados; e) alumnos que no entregaron los trabajos pero que sí recibieron las actividades o tareas pero no los enviaron; f) alumnos que no los entregaron porque no se sabe nada de ellos aunque fueron inscritos al inicio del ciclo escolar por sus padres.

Vista estos parámetros o indicadores, podría pensarse que la asistencia a clases virtuales, la participación en éstas, los exámenes aplicados, las carpetas de experiencias o evidencias elaboradas para este periodo, el periodo de reforzamiento propuesto por la SEP, entre otras cuestiones, podrían ser un complemento que podría colaborar en esa valoración. Esto lo considero de esta forma porque, insisto, los maestros son los que mejor conocen a sus alumnos o, porque su misma experiencia y conocimiento, les permite fijar los criterios para realizar una evaluación que se apegue a un cierto grado de objetividad, aunque, como se sabe, toda evaluación es subjetiva por naturaleza.

Menuda tarea tendrá sobre sus hombros el docente en las próximas semanas, porque si bien es cierto que se espera que la SEP emita, en los siguientes días, un Acuerdo que modifique o sustituya al 12/06/2020 (por el que se establecen diversas disposiciones para evaluar el ciclo escolar 2019-2020), también es cierto que, independientemente de este documento, éstos tendrán en sus manos la decisión de reportar una evaluación sobre lo que, bajo su criterio, es la más pertinente para sus alumnos dado el seguimiento que han tenido de éstos y de los logros alcanzados que pudieran, o no, verse reflejados en sus avances escolares.

Al respecto, no sé si la asignación de un número a un estudiante de educación primaria (por ejemplo) reflejará el logro alcanzado por éste. Lo que sí tengo claro es que la SEP, y el propio Secretario, cometieron un grave error, como lo han venido haciendo desde hace ya un buen tiempo, al considerar que lo que se vive en el aula sucede de la misma manera en la casa. Consecuentemente, el problema de fondo radica en evaluar pensando que estamos en la escuela cuando en realidad nos encontramos en casa o a la distancia o, dicho de otra forma, el problema está en evaluar conforme a los aprendizajes esperados cuando las condiciones no son las más idóneas para ello.

Finalmente deseo señalar, que mención aparte tiene la evaluación del primer periodo para la educación preescolar porque, quienes hemos tenido la oportunidad de estar cerca del trabajo que realizan las educadoras, sabemos que un elemento fundamental para efectuar una valoración del avance del pequeño es la observación y el registro de lo que éste desarrolla en el aula y en el jardín de niños. Creo que muchos conocemos que, cuando la educadora encomienda una actividad en casa, suelen suceder algunas cosas: a) que los padres de familia supervisen el trabajo y estén atentos u orienten el desarrollo de la actividad que hace el niño; b) que no estén atentos ni supervisen el trabajo de los chicos, aunque puede ser que reciba orientación por parte de un adulto o hermano; c) que dichos padres terminen haciendo el trabajo que les fue dejado a los pequeños; d) o que simplemente no lo hagan ni lo entregan. ¿De qué manera se evaluarán los aprendizajes esperados en este nivel?

Espero aportar algunas ideas en mi próxima entrega, pero vaya dilemas ¿no cree?

Con negritas:

  • Busqué en diversos medios los Lineamientos del sistema de seguimiento o apoyo con el objetivo de procurar la permanencia y continuidad académica de los alumnos de educación preescolar, primaria y secundaria que, de conformidad con el Acuerdo 05/06/2020, la SEP tendría que emitir y no los encontré. Sería bueno que se dieran a conocer porque, a partir de ello, los profesores podrían contar con un protocolo o herramienta que les permita tomar una decisión en cuanto a los alumnos de los que se sabe que fueron inscritos pero que no entregaron sus evidencias de aprendizaje en este primer periodo.
  • En caso de que se emita un nuevo Acuerdo o que modifique el 12/06/2020, sería bueno que la SEP diera la información suficiente y necesaria sobre los criterios para evaluar la asignatura Vida Saludable y las modificaciones que habrá de sufrir las boletas de calificaciones; digo, en necesario que, con antelación, se haga llegar esta información porque, como conocemos, al cuarto para las doce llega dicha información y el docente trabaja sin descanso.

Referencias:

SEP. (2017). Aprendizajes Clave para la Educación Integral. Plan y Programas de Estudio para la Educación Básica. Ciudad de México.

DOF. (12/06/2020). Por el que se establecen diversas disposiciones para evaluar el ciclo escolar 2019-2020 y cumplir con los planes y programas de estudio de educación básica (preescolar, primaria y secundaria), Normal y demás para la formación de maestros de educación básica aplicables a toda la República Mexicana, al igual que aquellos planes y programas de estudio del tipo medio superior que la Secretaría de Educación Pública haya emitido, en beneficio de los educandos. Recuperado de: https://dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5594561&fecha=05/06/2020

Fuente: https://profelandia.com/los-dilemas-de-la-evaluacion-del-primer-periodo/?fbclid=IwAR14ddzC6T0aeAYpnM7emMPkUpQ2TFA9MIh1XL29zdxrE8CZc1wkQsyefZM

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México: Sembradores de agua, zapotecas vencen la sequía, reviven sus campos y enfrentan la pandemia

Sembradores de agua, zapotecas vencen la sequía, reviven sus campos y enfrentan la pandemia

Con resistencia y organización, desde el 2005 el pueblo ben’ zaa (zapoteca del valle) de San Antonino Castillo Velasco, asentado en el sureño estado de Oaxaca, se convirtió en “sembrador de agua y de vida”, a través de la captación de agua por medio de pozos de filtración, retenes y ollas, técnica con la que los indígenas vencieron una fuerte sequía que alteró  el campo y la cosecha, además de provocar el incremento de la migración.

 

La escasa agua en la zona de los Valles Centrales de Oaxaca es consecuencia de diversas acciones: la primera es que en el año de 1985 por iniciativa gubernamental se desecaron las Ciénegas de esta región para contar con más tierra disponible para campos de cultivo, pero esto provocó que la humedad del suelo se perdiera rápidamente y ocasionó que veinte años después el nivel de los pozos descendiera notablemente .

Ese mismo año, el gobierno federal encabezado por Vicente Fox Quesada decidió hacer efectivo un Decreto de Veda de agua subterránea para los Valles Centrales de Oaxaca, que data del año 1967, y que impidió hasta el año pasado el libre aprovechamiento de los pozos agrícolas de la región, es decir: si no cuentan con un título de concesión que expide la Comisión Nacional del Agua (Conagua) tampoco pueden acceder a la toma de energía eléctrica, por lo que la agricultura agonizaba.

Emiliano Sánchez, agricultor nativo de San Antonino Castillo Velasco desde hace más de 30 años, recuerda que en ese tiempo, en el 2005, de su parcela no cosechó nada, ni siquiera una de las muchas cebollas que en cada temporada obtenía. En en ese año todo fue sequía y preocupación, porque además la Comisión Nacional del Agua (Conagua) les aplicó una multa de hasta 24 mil pesos porque los culpó de la escasez.

La multa de la Conagua no fue casualidad. En el año de 1967 este pueblo, al igual que otros del valle de Ocotlán-Zimatlán, como San Sebastián, San Pedro Mártir, San Pedro Apóstol, San Felipe Apóstol y Santiago Apóstol, que suman 16 comunidades, se vieron afectados por una veda decretada por el presidente Gustavo Díaz Ordaz, que prohibió el uso del agua para la agricultura. La respuesta de la comunidad fue  organizarse, y así nació la Coordinadora de Pueblos Unidos por la Defensa del Agua (Copuda), que es un ejemplo  de organización mundial por el  innovador sistema comunitario de uso y gestión del agua altamente efectivo.

Ya organizados, el papel de la Copuda fue realizar asambleas pueblo por pueblo, escuchar las dolencias y preocupaciones, pero sin tardar mucho tiempo, pues el campo necesitaba producir y había que encontrar una técnica. Sabedores de que el tema de la veda era lo más complicado, decidieron preguntar a especialistas y en el camino se encontraron con la organización civil Flor y Canto, quién les orientó sobre la captación del agua.

Los indígenas reconocen el respaldo de las autoridades, muchas de ellas comunitarias y ejidales, pues afirman que creyeron en el proyecto de revivir el campo que garantiza la vida en esta región oaxaqueña. “Fue tan duro y triste no tener agua de lluvia y encima no poder usar la de nuestros ríos porque había veda”, dice Emiliano, quién ahora con la técnica de goteo obtenida a partir de la captación de agua de lluvia ve resurgir la vida en su parcela.

“Muchos campesinos cuando vieron la sequía se lamentaron y dijeron `si Dios quiere que así vivamos, qué le vamos hacer’, pero yo digo que dios nos da el agua y esa agua nosotros decidimos acumularla”, dice Emiliano, y explica que antes que pensar en cosechar cualquier producto, era necesario captar lluvia. Para detenerla habría que acumularla y luego, con la ayuda de tuberías de PVC, llevar el agua a los pozos que se cavan cerca de los campos de cultivo para que el agua que sobrepase los niveles nutra los mantos acuíferos.

Justino Martínez, es otro de los sembradores de agua, y cuenta que antes el agua de lluvia corría por los caminos del arroyo y se iba al río Atoyac -esta porción natural de tierra que tanto defendió el artista plástico Francisco Toledo y que hoy vive una severa contaminación-. En este mismo afluente todo el agua de lluvia que no era captada, se perdía y se contaminaba, pero ahora con la técnica de captación que aprendieron, nada se tira, y al contrario: la más mínima de las gotas tiene un destino, una parcela de hortalizas o flores.

“El agua que cosechamos, ésa que almacenamos, se guarda en recipientes o pozos como les  llamamos, le ponemos retenes para que no se expanda y así a través de tuberías PVC la transportamos y llega a los pozos de absorción que se cavan cerca de los campos. Posteriormente, con una bomba, cubre las parcelas, todo eso lo aprendimos nosotros y se ha logrado porque el éxito es la organización”.

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Agua libre para todos

Mientras que en los primeros años tenían que cavar hasta 40 metros, ahora el agua la encuentran a 10 y 20 metros de profundidad. Todo tiene sentido, ahora cultivan y siembran agua, y lo mejor, hacen milpa para sobrevivir.

Cuando se camina por estos senderos verdes el panorama es alentador y se constata que las campesinas y campesinos ya no cosechan preocupados como antes. Sus cultivos son su fuerza de vida, nacieron del campo y morirán aquí, como lo hicieron sus padres y abuelos.

En esta porción de tierra del sur de México, donde la vida parece no definirse por un horario ni espacio, sino simplemente por las ganas de cultivar, sin depender de ningún subsidio público lograron revertir la sequía que los estaba dejando sin vida. Así surgieron “los sembradores de agua”.

En San Antonino Castillo Velasco, cuna del jarabe  del Valle y donde conviven cerca de  5 mil habitantes,  la vida se torna diferente porque ahora el agua es libre para todos. Las campesinas y campesinos de este lugar no pueden creer que lograron vencer a un gobierno y devolverle la autonomía a la comunidad para el cuidado de sus aguas. Con agua y cosecha, los zapotecas pueden celebrar sus bailes, ritos y tradiciones a tan sólo 34 kilómetros de la capital de Oaxaca.

Justino Martínez aprendió junto con Emiliano a sembrar  y cosechar agua. Él y otros acudieron a capacitarse en la creación de pozos de absorción en el  Museo del Agua ubicado en Tehuacán, Puebla, y ahí aprendieron a construirlas. Primero instalaron siete pozos como una prueba piloto, y actualmente son 300 pozos norias sembradas en las parcelas.

“Fueron meses intensos de ir y venir a Puebla, fue mucho esfuerzo  pero ahora que vemos  el progreso, cuando vemos la vida de nuestros cultivos, las legumbres y flores, reafirmamos que valió la pena. La clave fue la organización”, dice, orgulloso, Justino.

La segunda acción que realizaron fue de tipo legal. En 2011 demandaron a la Comisión Nacional del Agua ante el Tribunal Superior de Justicia Fiscal y Administrativo, por imponer altos cobros sin realizar previamente una consulta, como lo exige el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo. Dos años después, en 2013, el Tribunal resolvió en favor de la Copuda y ordenó realizar la consulta indígena en 16 comunidades, nueve agencias y siete municipios.

Esperanza Alonso Contreras cultiva chiles y flores, la vida le ha devuelto a ella una oportunidad para seguir haciendo  lo que su padre le heredó: labrar y cosechar la tierra para vivir del campo. Ella explica que la lucha de la Copuda y de los pueblos del valle no ha sido nada fácil para los campesinos de esta zona llamada también microrregión “Xnizaa”, que en zapoteco significa “Nuestra agua”, porque apenas el año pasado lograron firman un acuerdo para revertir el decreto de veda de 1967, después de una consulta indígena que duró cuatro años, y con ello levantar la veda y permitir el uso de agua para la agricultura en las comunidades indígenas.

Esperanza no pierde la esperanza. A pesar de contar con una resolución que les permite usar las aguas para regar sus cosechas, este reconocimiento aún no se da en la práctica, y es el motivo de la lucha actual de los pueblos que integran la Copuda.

Con el respaldo de sus autoridades, las comunidades continúan organizando su vida. Por ejemplo, semanalmente pasan los camiones recolectores de basura, y un día se llevan toda la basura inorgánica y el segundo la orgánica, ésta última se deposita en los terrenos y sirve como abono.

Además, están inculcado a los jóvenes de las comunidades la siembra. Se les enseña a cultivar, a cosechar y a captar el agua para después distribuirla. Lo que desean es que ya no sean “los viejos” lo que sigan haciendo los cultivos, sino que la juventud se involucre.

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El agua en Oaxaca vive en agonía

Los abuelos dicen que “la tierra está muy triste y por eso ya no llora”; otros afirman que es un castigo. Pero lo que han hecho estas 16 comunidades es revalorizar el agua y dar vida, porque al captar, guardar y dotar de agua a sus cosechas, hacen posible un ciclo de conservación que es único en el mundo y que hoy es ejemplo para revivir los mantos acuíferos.

Al crearse, la Copuda tuvo la visión de unificar esfuerzos y voces. Explican que a quince años de su nacimiento es ahora la máxima autoridad, es la fuerza que los 16 pueblos crearon para la defensa de su tierra y territorio, privilegiando el agua por sobre todas las cosas.

Los campesinos relatan que “nada se impone a la fuerza”, al menos en estas comunidades que contrarrestan la realidad del valle de Oaxaca, donde el agua sigue agonizando y según expertos en menos de 25 años se vivirá una sequía severa debido a que los mantos acuíferos están secándose.

El acuífero de Valles Centrales está integrado por cuatro microcuencas ubicadas en Coyotepec, Tlacolula, Oaxaca y Ocotlán. En el acuífero se han identificado 143 núcleos agrarios y se registra un consumo anual de 121.8 millones de metros cúbicos de agua.

Según datos de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado de Oaxaca (SAPAO), 98 por ciento del agua potable con la que se abastece la capital oaxaqueña se obtiene de la explotación de 23 pozos profundos, de 48 en existencia.

Actualmente, SAPAO suministra agua a la ciudad y parcialmente a 10 municipios conurbados, por lo que abastece aproximadamente a 800 mil habitantes y “produce” 16 millones de litros anuales de agua potable.

Ya lo anticiparon a principios de año los integrantes del Foro Oaxaqueño del Agua (FOA), quienes advirtieron que desde hace tres años las lluvias han disminuido en el valle de Oaxaca, lo que indica que se afectará el abastecimiento del líquido en la zona metropolitana de la entidad.

Juan José Consejo Dueñas, presidente del Instituto de la Naturaleza y la Sociedad de Oaxaca (INSO), reafirmó que la escasez ya es una realidad, pues estima que el suministro de agua está entre los 200 y 500 litros por segundo, cuando idealmente debería estar en mil 500 litros.

Esto coincide con la información de la Conagua que señala que desde el año pasado las precipitaciones pluviales estuvieron entre un 15 y 20 por ciento por debajo de lo que normalmente llueve en la entidad. “Se siguen registrando bajas precipitaciones en gran parte del estado y esto trae como consecuencia que la temporada de estiaje sea más severa, principalmente en la segunda quincena de los meses de marzo y abril”, explicó Julio Salazar, jefe de departamento de meteorología de la Conagua en Oaxaca.

El Covid-19 no para la captación de agua

Cosechar agua en medio de una crisis sanitaria, como la de la actual pandemia de COVID-19, significa un doble esfuerzo, porque por un lado está el llamado de “quédate en casa”, y por el otro el tema de los recursos para realizar las maniobras, que para este año solo se destinó el 60 por ciento de lo recibido años atrás, debido a que las autoridades lo han asignado al sector salud.

“Resistir y fortalecer lo que se ha puesto en practica” es el siguiente paso, dice Carmen Santiago Alonso, de la organización Flor y Canto, que ha brindado el acompañamiento a las y los campesinos de la Copuda. Ahora lo que hay que hacer, explica, es “compartir alimentos” y “no dejar morir de hambre al hermano”, por lo que es más importante seguir captando el agua y continuar con las cosechas.

Mientras camina en medio de los cultivos que son regados por el agua captada, la defensora retoma el tema de la soberanía alimentaria. Su mayor anhelo, dice, “es involucrar a los jóvenes a este trabajo que le ha devuelto la vida a sus parcelas, porque está comprobado que vivir de lo que la tierra produce es la mejor forma de sobrevivencia”.

Cuando Carmen habla de armonizar el corazón se refiere a que “se antepongan los valores comunitarios, que son altamente humanos, para renacer el campo”. Las comunidades, dice, “lo saben, lo han hecho y algunas tribales también, pero se necesita que ese pensamiento llegue a más personas, que sea global”.

Los sembradores del Agua, dice la fundadora de Flor y Canto, “como pueblos indígenas van a seguir resistiendo, y su sabiduría permanecerá para las futuras generaciones”.

Ecoportal.net

Fuente: Desinformémonos

Fuente de la Información: https://www.ecoportal.net/paises/sembradores-de-agua/

 

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México: Padres de familia comienzan acciones para pedir la reapertura de escuelas

A través de la plataforma change.org lanzaron una petición para que las escuelas abran con modalidad mixta y los padres puedan elegir la mejor opción.

Desde que comenzó la reactivación económica del país, han reabierto bares, cines, teatros, casas de apuestas y centros comerciales, sin embargo las escuelas permanecen cerradas desde abril, cuando los menores tuvieron que adaptarse al modelo educativo virtual de la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Debido a esto, padres de familia comenzaron a tomar acciones para solicitar la reapertura de instituciones educativas con el objetivo de que los menores puedan continuar sus estudios de manera óptima tomando en cuenta las medidas sanitarias establecidas en el país.

A través de la plataforma change.org, los padres de familia lanzaron una petición para exigir la reapertura de escuelas con la opción de la modalidad mixta que contempla clases presenciales y en línea para que los alumnos “tengan la opción de regresar a sus escuelas, trabajar en equipo y tener interacción social con niños de diferentes edades”.

“Afrontemos el reto que nos presenta la situación actual, tomemos precauciones y medidas de acuerdo a las necesidades de cada familia. Tengamos la libertad de elegir qué es lo adecuado para nosotros”, menciona la petición.

Adicionalmente menciona que “el mundo está lleno de peligros”, por lo que se debe enseñar a los niños y jóvenes a superarlos y no a esconderse. “El tiempo perdido es un despropósito, pero el tiempo perdido en la infancia es una tragedia”, finaliza la petición.

Fuente: https://www.adn40.mx/mexico/nota/notas/2020-10-23-11-04/padres-de-familia-comienzan-acciones-para-pedir-la-reapertura-de-escuelas

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En pandemia, el teatro hasta tu ventana

Texto: Keren Elizabeth Rodríguez / ZonaDocs
Fotos: A la deriva teatro

A la deriva teatro lleva sus funciones hasta las ventanas o puertas de las viviendas de niñas y niños. “Kamishibai en tu ventana, serenata para niñas y niños” suma 12 presentaciones durante la pandemia

En tiempos de pandemia, cuando las casas estaban cerradas y los niños y niñas encerradas, el teatro llegó a ellas y ellos. Se trata de “Kamishibai en tu ventana, serenata para niñas y niños”, un proyecto hormiga en palabras de la directora Susana.

Gracias al apoyo de Cultura UDG y el Programa Institucional Alas y Raíces, se pudo llevar a 12 familias serenatas los días 4, 10 y 11 de Octubre en las siguientes colonias: Los Tulipanes, Ferrocaril, El Rosario, Santa Paula, Jardines de la Cruz, Colinas de Atemajac, Chapalita, Auditorio, Colonia Independencia, Jardines del bosque, Providencia y  Misión del Bosque, esto en los municipios de Tonalá, Zapopan y Guadalajara.

Su objetivo fue atender la regulación emocional de los miembros de familia con una experiencia llena de juegos, canciones, bailes y una función llamada: “Asia, el zorrito y el largo invierno”, la cual habla sobre los cambios emocionales en el “invierno”, metáfora que se emplea para  hacer referencia a la pandemia que hoy todo mundo padecemos.

El creativo nombre del proyecto hace referencia al teatro japonés Kamishibai, donde cuentan una historia a través de imágenes.

Susana Romo mencionó que para ella es importante que cada individuo tenga un acercamiento único con las artes ya sea teatro, danza, escritura, entre otras.

Para poder participar en el proyecto se llevó a cabo una convocatoria en el cual niñas y niños enviaron  un correo electrónico a la derivateatro@hotmail.com en el debían de adjuntar un dibujo de la ventana de su casa; los primeros cuatro correos en cumplir los requisitos fueron los elegidos; las restantes funciones se realizaron a través de organizaciones que realizan proyectos de incidencia social.

La directora de “Kamishibai en tu ventana, serenata para niñas y niños” está muy feliz por los resultados, las sonrisas inolvidables y los testimonios de corazón que recibieron al llevar el teatro  a lugares donde los eventos culturales no siempre llegan.

Su mensaje para todas las niñas y niños es que encuentren su espacio en el mundo: “un espacio donde puedan jugar, hacer lo que aman y donde puedan aprovechar su presente y vivir al máximo”.

Este proyecto se realizó gracias a la música especial de Cristina Martínez y Sergio Arreola; el texto original de Osvaldo Jimenez; así como por el apoyo para su producción de Cultura UDG, el Programa Institucional Alas y Raíces.

Para A La Deriva Teatro llevar a las ventanas y corazón de niñas y niños su propio Kamishibai significó ofrecer una pausa emocional para las familias que se han visto más afectadas por la pandemia causada por el coronavirus.

Teatro para las y los más pequeños

El Festival Internacional de Teatro para los Primeros Años (FITPA) es un evento también realizado por A La Deriva Teatro que se enfoca en llevar el arte a niños y niñas de 0 a 6 años en Jalisco; en su quinta edición ha tenido que evolucionar y adaptar sus talleres, espectáculos, danzas y actividades a la llamada nueva normalidad.

Por ello, del 21 al 25 de octubre realizarán este festival de manera digital y contarán con la compañía de artistas y colectivos de teatro para bebés de Italia, Brasil, Chile, Argentina, entre otros países.

Su propósito será promocionar las artes, música, teatro, danza, pero sobre las crianzas respetuosas.

Para disfrutar de los 16 talleres y los cuatro espectáculos se contará con  la sala digital del Conjunto Santander de Artes Escénicas de la Universidad de Guadalajara.

La directora de FITPA, Susana Romo, tiene como testimonio que cuando se quiere, se puede; por ello, anticipa que este evento será muy significativo para las familias jaliscienses, aún en el marco de la actual pandemia.

Es importante mencionar que este Festival tiene el objetivo de mejorar el desarrollo y calidad de vida de los niñas y niños a través de su acercamiento al teatro.

Para mayor información sobre este festival puedes checar su cartelera en su página en Facebook: https://www.facebook.com/Festival.FITPA/

Y para conocer el trabajo de A La Deriva Teatro, aquí te dejamos su perfil: https://www.facebook.com/A-LA-DERIVA-TEATRO-218894735088/

Este trabajo fue publicado originalmente en ZONA DOCS que forma parte de la Alianza de Medios de la Red de Periodistas de a Pie. Aquí puedes consultar la publicación original.

Fuente: https://piedepagina.mx/en-pandemia-el-teatro-hasta-tu-ventana/

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México: “Estamos caminando para hacer la sanación colectiva y defender los territorios”: mujeres indígena en lucha

“Los intereses políticos de los gobiernos y las empresas están sobre nuestros territorios, pero no nos quieren en ellos, estamos caminando para hacer la sanación colectiva y defender los territorios”, aseguró Valiana Aguilar Hernández, de la Asamblea de Defensores del Territorio Múuch Xíinbal, durante el panel “Las Mujeres en los procesos de resistencia de los Pueblos Originarios”, en la que participaron defensoras indígenas de México, Colombia y Panamá.

Bettina Cruz Velázquez, binnizá integrante del Concejo Indígena de Gobierno (CIG) en Oaxaca, aseguró que en la lucha por los derechos indígenas las voces de las mujeres “eran minimizadas”. “Pese a que yo dirigía un movimiento, no se tocaban los derechos de las mujeres porque el tema era la defensa del territorio, sin embargo, en el desarrollo del movimiento y desde hace unos años empezamos a ver que la participación y las problemáticas de las mujeres no se tocan, estamos en la dinámica de la defensa del territorio como si fuera igual para todos, y no es igual”, dijo durante su participación.

En el panel también participó Nataly Domicó, integrante del Cabildo Mayor Indígena de Chigorodó, de Antioquia, Colombia, quien recordó que la presencia de las mujeres en la lucha indígena de los años 70 no fue visibilizada y que no fue hasta 2004 o 2006 que se empezó a vincular la visión de las mujeres.

“Nosotras como portadoras de los conocimientos ancestrales, guardianes de la selva, tenemos una vinculación directa con esas luchas y esa defensa, y empezamos a forjar un proceso organizativo de exigir nuestro reconocimiento como mujeres y exigir espacios de decisión política y acompañar a las mujeres que sufrían diversas violencias de género, exclusiones de las instituciones y el Estado”, explicó.

El panel contó con la participación de mujeres líderes indígenas y fue realizado en el marco del Sexto Festival de Arte Independiente de Bacalar (FAIBAC), Abya Yala, Pueblos en Resistencia, el cual concluyó el pasado fin de semana.

Con información de La Jornada Maya

Fuente e imagen:  https://desinformemonos.org/estamos-caminando-para-hacer-la-sanacion-colectiva-y-defender-los-territorios-mujeres-indigena-en-lucha/

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Hasta que la dignidad se haga costumbre

Por: Luis Hernández Navarro

Tres mujeres otomíes, Jacinta Francisco Marcial, Teresa González Cornelio y Alberta Alcántara Juan, recibieron en febrero de 2017 una disculpa pública del gobierno mexicano, por encarcelarlas injustificadamente. La entonces Procuraduría General de la República (PGR) la ofreció ocho meses después de que el tercer tribunal colegiado en materia administrativa del primer circuito se lo ordenó.

Las indígenas fueron a prisión acusadas falsamente de secuestrar a seis agentes de la Agencia Federal de Investigación (AFI). Fueron detenidas en 2006 en Santiago Mexquititlán, municipio de Amealco de Bonfil, Querétaro (https://bit.ly/31lzwQ6).

En la ceremonia oficial de disculpa, tomó la palabra Estela Hernández Jiménez, hija de Jacinta, quien luchó incansablemente junto a su hermana Sara por la libertad de su madre, desde que fue detenida en 2006. En un discurso memorable, denunció: “Es lamentable, vergonzoso e increíble que a seis meses de cumplirse 11 años del caso, por fin la PGR reconoce de manera forzada, no por voluntad, que el caso fue un error.

“Este caso –concluyó– nos cambió la forma de ver la vida. Hoy sabemos que no es necesario cometer un delito para ser desaparecido, perseguido o estar en la cárcel. Por los que seguimos en pie de lucha por la justicia, la libertad, la democracia y la soberanía de México, para nuestra patria, por la vida, para la humanidad, quedamos de ustedes, por siempre y para siempre, la familia Jacinta, hasta que la dignidad se haga costumbre.”

Desde que comenzó a luchar por la liberación de su madre, Estela (al lado de su hermana, enfermera de profesión) cayó en la cuenta de que los pueblos originarios en México están abandonados institucionalmente. Cobró conciencia de su historia, cultura y patrimonio.

A partir de ese momento no hubo marcha atrás. Se involucró activamente en la promoción y defensa de los derechos de los pueblos originarios en su comunidad, Mexquititlán, y en la resistencia a los proyectos de gentrificación. Rechazó la reforma educativa de Enrique Peña Nieto. Se volcó en la elaboración de un proyecto alternativo de educación indígena. Se metió de lleno en la recuperación de su lengua y los saberes ancestrales. Impulsó la inclusión en las boletas electorales de 2018 de María de Jesús Patricio como candidata presidencial. Es integrante del Concejo Autónomo de Santiago Mexquititlán y del Congreso Nacional Indígena (CNI).

Su compromiso tiene una línea de acción muy clara. “La dignificación de nuestros pueblos es lo más urgente y lo más importante, porque estamos en vías de extinción –dice Estela–. No estamos dispuestos a morir. Existimos y queremos seguir existiendo, queremos seguir viviendo. Queremos mejores condiciones de vida no sólo para Santiago Mexquititlán, sino para todos los pueblos originarios del país (https://bit.ly/3kcQhnN).” Y añade: Dejar de hablar, vestir y ser otomí no garantiza el éxito. Nuestra meta, nuestro objetivo principal, es el trabajo comunitario, rencontrarnos. Que se nos reconozca nuestro autogobierno y nuestra autonomía como pueblo indígena.

Estela es una de las intelectuales indígenas más brillantes del México contemporáneo. A un tiempo defensora comunitaria, profesora en educación indígena y doctora, es autora del libro, fruto del conocimiento generado en el Programa Nacional Alternativo de Educación y Cultura, El otomí de Santiago Mexquiti­tlán: guía para aprender y enseñar otomí, publicado por la Universidad Autónoma de Querétaro.

La doctora Hernández Jiménez apoya activamente la ocupación del edificio del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), realizada por la comunidad otomí en la Ciudad de México el pasado 12 de octubre. “Esta toma –dijo en el encuentro Nuestra lucecita de resistencia y rebeldía, sigue encendida, efectuado en las instalaciones de la institución el pasado sábado– no es nada comparada a lo que nos han hecho en estos largos años. Esta toma significa que aún existimos, que aún seguimos vivos y que nos resistimos a morir. No nos queda ya mucho: o resistimos o morimos, como cultura, como identidad, como esa dignidad que nos caracteriza. En esta toma les acompañaremos, porque la lucha que ustedes están dando en México también la estamos dando en Santiago Mexquititlán, en contra de la obra de gentrificación, del despojo, en terrenos del templo histórico.

Vamos entrando a este edificio y vemos que nos tienen en las paredes. Nos tienen como objetos de presunción. Es la misma dinámica de explotación a la que nos han sometido: te tengo decorada y ya existes. Existir no es estar en los aparadores. Existir no es que hablen bonito de nosotros o de nosotras. La realidad dista mucho del discurso. Nosotros sabemos el dolor que tenemos en común en todos los pueblos originarios. No hay de otra más que organizarnos, alzar la voz, hablar, ya no callar lo que por muchos años nos han venido oprimiendo, señaló Estela en el evento, recogiendo el sentir de la comunidad otomí en la Ciudad de México y muchos otros representantes indígenas que acompañan la ocupación del edificio.

La biografía y las palabras de Estela Hernández Jiménez, su insistencia en no cesar la lucha hasta que la dignidad se haga costumbre, son la prueba palpable de que, detrás de la ocupación de las oficinas del INPI, hay una causa legítima. Un conflicto que se tiene que resolver por la vía del diálogo.

Twitter: @lhan55

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2020/10/20/opinion/017a2pol

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