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Conciencia, empatía y bien común: herramientas para andar el mundo

Conciencia, empatía y bien común: herramientas para andar el mundo

“Cuando la pradera se incendia, cuando amenaza una inundación o algo en lo recóndito asusta a los animales, las fieras y las alimañas comparten los refugios, sin reñir. Sin despedazarse entre sí. Los campesinos llaman a esto la tregua de Dios. Démonos una tregua, pues. Si ya no somos capaces de actuar racionalmente, dejémonos guiar siquiera por el instinto de los animales.” 

La tregua de Dios. Manuel Buendía.

 

Erick Juárez Pineda

En este preciso momento, el planeta revela sus heridas más profundas: En Palestina, la infancia es un campo de batalla donde miles de niñas y niños crecen entre muerte y dolor, sin esperanza de un futuro en paz ni la certeza de un mañana; en Brasil, cada segundo se talan 24 árboles, despojando al mundo de uno de sus principales pulmones; en México, al menos 11 mujeres son víctimas de feminicidio cada día; en Siria, más de 7.2 millones de personas huyen desesperadamente de la guerra y la violencia; en Yemen, el hambre es un arma, con más de 540,000 niñas y niños padeciendo desnutrición aguda grave; a escala global, nuestros océanos contienen más de 150 millones de toneladas de plástico, asfixiando la vida marina y amenazando con superar en peso a los peces para 2050. Hoy, más de 250 millones de niñas, niños y jóvenes en todo el mundo están fuera de la escuela… Y, en medio de todo, en este preciso instante, un bebé llega al mundo.

Frente a este panorama de crisis y futuros desesperanzadores, surgen preguntas inquietantes: ¿Es posible crecer, criar y educar en medio de tanta incertidumbre y dolor? ¿Cómo transformar la desesperanza y la apatía? ¿Qué hacer ante ese mundo que puede ser horrible e inhumano?

Dar respuesta es imposible. Tratar de ofrecer soluciones a problemas que van cambiando cada día, sería un esfuerzo sin muchos resultados.

Sin embargo, podemos decirle hoy a ese bebé, que existen herramientas para poder andar por el mundo. Elementos que, quienes tenemos el desafío mayúsculo de formar, podemos transmitir, fomentar y fortalecer para que pueda crecer con la certeza de que otro mundo es posible.

En primer lugar, saber desde dónde caminamos el mundo orienta hacia dónde queremos ir. El sociólogo Hugo Zemelman (2005) señalaba que, para analizar la realidad en la que las personas se desarrollan y aspiran a incidir, es indispensable reconocer el lugar que ocupan los sujetos (p. 111) y, al mismo tiempo, el contexto en el que se encuentran (p. 109).

Este ejercicio es clave para examinar lo que deseamos transformar, aquello que nos aqueja e impide un desarrollo integral. Reconocer nuestra posición, contexto, privilegios, carencias, intenciones y esperanzas nos permite asumir una agencia que trascienda la estructura y apunte a la justicia y al bienestar. Es decir, entender quiénes somos para, junto con todas y todos, decidir hacia dónde caminar.

El segundo elemento es la empatía. Caminar al mundo no solo es saber desde dónde lo hacemos, es reconocer que existen las y los otros, sus propios contextos, realidades, esperanzas, habilidades y limitaciones. Es darse cuenta que aquello que nos aqueja, también puede afectar a los demás.

La capacidad de identificarnos con las y los otros, compartir sus sentimientos y “ponerse en sus zapatos”, nos da un criterio, guía y horizonte común.

Sin esta capacidad, no podemos llegar lejos. Zemelman (2005) decía que la apatía nubla nuestra lucidez y el deseo de mirar a los otros; y esto, acompañado del miedo y la ignorancia, bloquean la capacidad de abrir nuevos rumbos históricos y convertir la esperanza en acción (p. 109). Es lamentable, como decía Nietzche (en Zemelman, 2005) ver que “ante el interminable cúmulo de posibilidades que ofrece la vida, preferimos conformamos con algunas migajas de certidumbre” (p. 108).

Por su parte, la psicóloga Gennifer Ortiz Arias (2012) reconoce que en nuestras sociedades es evidente una  gran  apatía  para  pensar lo  humano,  “en  particular  lo  que  concierne  al  campo  de  lo  social”. Sin embargo, la hora más oscura es justo antes del amanecer.

Ortiz también explica que ante esta  actitud negativa, “surge  el  sentido  de  vida. Es  así  como se  hace  importante  resaltar  dicho  desencanto  por  cuanto  pone  en discusión la manera como se está reflexionando la vida” (p. 114).

Zemelman (2005) también reconocía ese espacio oscuro: “la esperanza se construye desde los límites que la hacen nacer, aunque para ello hay que vencer la inercia” (p. 110).

Por ello, es importante reconocer que esta empatía es también una responsabilidad. No se trata solo de “sentir” lo que el otro siente; implica –en la medida de que las condiciones lo permitan–, actuar en consecuencia y reconocer las opciones que nos lleven a encontrar el bien común.

A modo de brújula en medio de la intemperie, el subcomandante Marcos explicaba que “en algún rincón del corazón humano hay una cosa que se llama empatía”:

Esa capacidad de “ponerse en el lugar del otro” es, en realidad, la capacidad de “ponerse en el lugar de la víctima”.  A veces individualmente y cada vez más en colectivo, ese sentimiento va más allá y afronta la necesidad de “hacer algo. Pero la realidad no da premios.  Si acaso, pesadillas.  Así que se necesita valentía para decir “soy yo y siento que esto no es justo y tengo que decirlo o hacerlo sentir, sobre todo a las víctimas” (2024).

Finalmente, el tercer elemento es la búsqueda del bien común; es decir, procurar que, cada quien desde su propio contexto sociohistórico, todas y todos estemos bien.

Incluso, Adela Cortina (en Pachón, 2015), pide renovar este entendimiento, al proponer construir mínimos éticos compartidos que orienten la vida democrática y la justicia, construidos en la sociedad civil con el Estado como garante (p. 419).

Sin embargo, no debemos olvidar que pensar en el bien común no es olvidarse del bien individual. La profesora María Elizabeth de los Ríos Uriarte (2020), señala que no es un dilema “o uno u otro”, sino una armonía posible: el bien común no es la suma de bienes individuales, sino el marco que procura también el bien de cada persona y exige justicia y paz como condiciones previas para alinear lo individual y lo social.

En esta misma línea, Anibal Quijano (2010) propone el concepto de Bien Vivir, lo cual, dice, es un complejo de prácticas orientadas a producir y reproducir una sociedad democrática –un modo de existencia social alternativo a la Colonialidad del Poder y a la modernidad eurocéntrica–, una cuestión histórica abierta que debe ser continuamente indagada, debatida y practicada.

Para alcanzar el Buen Vivir, Quijano traza rutas concretas: una igualdad social que rechace toda clasificación jerárquica (racial, sexual o de clase) como base de poder; la reciprocidad en la organización del trabajo y en la distribución de los productos; y la asociación comunal, es decir, la gestión directa y colectiva de la autoridad y de la producción como forma eficaz de distribuir derechos, obligaciones y recursos.

A luz de todo lo anterior, para lograr conjuntar esfuerzos en torno a estos tres elementos –saber nuestra posición ante el mundo, la empatía y la búsqueda del bien común–, la educación es el vínculo que los amalgama. Es el espacio donde se aprende a situarse históricamente, a convertir la sensibilidad en responsabilidad y a construir acuerdos y acciones comunes.

La educación, dice Cortina (en Pachón 2015, p. 417) empieza por sentirse miembro de comunidades: familiar,religiosa, étnica. Pero también miembro de una comunidad política, en la que el niño ha de sentirse acogido desde el comienzo… Para formar hombres es, pues, necesario formar también ciudadanos”.

Por ello, la defensa de este espacio como espacio público del bien común es fundamental. Luchar para que todas y todos tengan acceso y oportunidades reales de que se les brinden herramientas para transformar el mundo.

Para el bebé que hoy nace, pero también, para quienes habitamos el mundo desde hace tiempo, luchemos y trabajemos en conjunto para creer que, como dice Quijano, otro mundo es posible.

Referencias:

Arias, G. O. (2012). Sentido de vida y narrativa: Defensa frente a la apatía del hombre para pensar lo humano. Katharsis13, 107-124. https://doi.org/10.25057/25005731.437 

de los Ríos Uriarte, M. E. (2020). Bien común o bien individual: ¿falso dilema? Medicina y ética31(2), 433-471. https://doi.org/10.36105/mye.2020v31n2.05 

Pachón, J. S. (2015). Adela Cortina: El reto de la ética cordial. Brocar. Cuadernos de Investigación Histórica39, 397-422. https://doi.org/10.18172/brocar.2901 

Quijano, A. (2010). ¿BIEN VIVIR?: ENTRE EL «DESARROLLO» Y LA DESCOLOLINALIDAD DEL PODER. Contextualizaciones Latinoamericanas1(6). https://doi.org/10.32870/cl.v0i6.2819 

Un pico y una pala. De la solidaridad, la empatía y la valentía. (2024, agosto 9). Enlace Zapatista. https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2024/08/08/un-pico-y-una-pala-de-la-solidaridad-la-empatia-y-la-valentia/ 

Zemelman, H. (2005). Voluntad de Conocer (Primera, Vol. 1). Anthropos. 

Fuente de la Información: https://www.educacionfutura.org/conciencia-empatia-y-bien-comun-herramientas-para-andar-el-mundo/

 

 

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Otra vez la Universidad

Rolando Cordera Campos

De 1968 a la fecha, la UNAM, escribía en 2004 Carlos Monsiváis, ha pasado por demasiadas contingencias (la más lamentable: los 10 meses del Consejo General de Huelga) y se ha enfrentado a los acosos gubernamentales, los brotes sectarios, la explosión demográfica, la burocratización, las andanadas neoliberales y la economía académica de autoconsumo.

“En todo este tiempo, y a pesar de los intentos de santificarla para mejor manipularla, la Autonomía, en tanto que garantía de libertades del pensamiento y la disidencia, es un elemento indispensable, si no el de antes –en la medida en que la crítica es ya una decisión nacional–, sí el que requiere una institución amenazada por las fragilidades del presupuesto y defendida por su condición absolutamente necesaria en el país”. (Carlos Monsiváis, “Cuatro versiones de autonomía universitaria”, Letras Libres, noviembre 2004).

Traigo a cuento la cita de Carlos porque a raíz de la criminal agresión registrada el pasado 22 de septiembre en el plantel sur del CCH, nuestra Universidad Nacional vive inmersa en un clima de incertidumbre y miedo, terreno propicio para brotes de irracionalidad y anomia no siempre previstos. El trato a las autoridades en no pocas escuelas y facultades por parte de airados grupúsculos juveniles así lo indica.

A unos mensajes intimidatorios difundidos por redes sociales, han seguido notas anónimas en baños y escaleras avisando de bombas o agresiones violentas a los estudiantes, lo que ha llevado a la toma o cierre de varias facultades y escuelas. Se presentan pliegos petitorios que van desde el reclamo de medidas de seguridad al de material de limpieza, hasta el rompimiento de relaciones con Israel. En fin, exabruptos sin cauce que suelen aterrizar en la búsqueda de cauces paternales sintomáticos de mayores patologías que ahora resumimos en diagnósticos apresurados sobre nuestra salud mental.

No es, ciertamente, la primera vez que nuestra casa de estudios se encuentra bajo acoso e irracionalidades desbordadas. Por ello, es del todo legítima la convocatoria del rector Lomelí a cerrar filas y a reflexionar en torno a nuestros compromisos ciudadanos y universitarios.

Como en pocas ocasiones, se vuelve urgente y hasta vital hacer que nuestras universidades sean voces duras y fuertes, no disonantes ni estridentes, pero sí articuladas por una legitimidad que solemos desdeñar desde el privilegio del campus. Unas expresiones legítimas y legitimadas por la sociedad que reclamen deliberación racional y justicia.

Dada la circunstancia global, el pedir rigor y lealtad, cultivo genuino del saber y respeto al otro y a los otros, no es más expediente de ocasión, sino referencia crucial dirigida al fortalecimiento comunitario y de sus instituciones. Encauzar el desplante autoritario juvenil hacia unas deliberaciones serenas y con el afán de construir espacios productivos y de aliento civilizatorio no es misión ilusa, sino tarea cotidiana.

Hoy más que nunca, si cabe, es preciso valorar los compromisos del Estado y la sociedad con la universidad y, más allá, con una educación básica que vuelve a vivir tragedias diarias, como con rigor ha señalado –y señala– el estudioso Gilberto Guevara. No se trata, pues, de erigir ilusas murallas, sino de inscribir en el centro del quehacer universitario la defensa serena y firme de las libertades en contextos abrumados por polarizaciones destructivas.

La defensa de nuestra máxima casa de estudios compromete a los universitarios a ser mejores: “(…) la universidad debe contribuir a dar propuestas a temas como la desigualdad, las políticas redistributivas, salud, migración (…)”, como señaló nuestro rector Lomelí en entrevista con Rosa Elvira Vargas y Lilian Hernández (“La tragedia en el CCH Sur marca ‘un antes y un después’”, La Jornada, 7/10/25). Será en estos campos donde pueda desplegarse el afán juvenil por una creatividad solidaria y nunca aislada en ilusas torres de marfil.

De aquí la urgencia de cerrar filas frente a confrontaciones sometidas por una irracionalidad que corroe porque aherroja el diálogo entre iguales y arrincona el cultivo del conocimiento y el saber que conforma el tuétano del quehacer universitario.

El desplante dizque antiautoritario ha devenido en encuentro costoso hasta nublar los auténticos deberes de las comunidades universitarias de México. Es vital recuperar el respeto a nuestros quehaceres para poner en el centro de nuestras angustias y ambiciones la reconstrucción de un compromiso histórico con el cultivo del saber para transformar nuestras realidades. De esto debería tratarse.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/10/12/opinion/otra-vez-la-universidad

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México: Exigen a la UNAM romper vínculos con Israel

Integrantes del sector académico y laboral de la UNAM realizaron una acción política en Ciudad Universitaria para exigir a las autoridades universitarias el fin de cualquier relación institucional con universidades y organismos de Israel, a dos años del inicio de los ataques sobre Gaza.

Reunidos frente al espejo de agua entre Rectoría y las islas, docentes, estudiantes y trabajadores criticaron que el rector Leonardo Lomelí haya tardado en pronunciarse sobre la situación en Palestina. Consideraron que el comunicado oficial reciente es insuficiente, pues únicamente se refiere a la estudiante Arlin Gabriela Medrano Guzmán, sin posicionarse sobre la actuación del gobierno israelí.

Durante el acto, se entregó un pliego petitorio a las autoridades universitarias. Entre los puntos centrales se encuentra la exigencia de romper cualquier vínculo con la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Ben Gurion, así como con cualquier contrato de colaboración con instituciones del Estado israelí.

En solidaridad con el pueblo palestino, se plantó un árbol de olivo como símbolo de resistencia. Los participantes reiteraron que la universidad debe asumir una postura ética y coherente frente a un contexto que, denunciaron, no puede seguir siendo ignorado.

Fuente de la información e imagen:  https://desinformemonos.org

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Guardianes del mañana: Humanidad 3.0

El próximo 25 de septiembre de 2025, a las 19:00 horas, la Biblioteca Municipal Lope de Vega abrirá sus puertas a un acontecimiento literario y reflexivo de gran calado: la presentación de Guardianes del mañana: Humanidad 3.0, el más reciente libro de Pedro Pozas Terrados, director ejecutivo del Proyecto Gran Simio, escritor y pensador comprometido con la defensa de la vida en todas sus formas.

Esta obra no es un libro convencional. Se trata de una enciclopedia de reflexiones, análisis y propuestas, fruto de un diálogo inédito entre el autor y una inteligencia artificial, concebida como herramienta para explorar caminos hacia un futuro más justo, humano y sostenible. El libro constituye un viaje por los grandes dilemas de nuestro tiempo y ofrece una guía para reorientar el rumbo de la humanidad en un planeta marcado por las crisis climáticas, sociales y políticas.

Un libro nacido del diálogo entre humano e inteligencia artificial

Guardianes del mañana: Humanidad 3.0 es fruto de una conversación profunda entre Pedro Pozas y una IA, que no solo aporta datos y análisis, sino que abre horizontes, propone soluciones y cuestiona inercias que parecen inamovibles. En estas páginas, el diálogo se convierte en un espejo en el que la humanidad puede contemplarse y preguntarse hacia dónde quiere ir.

El autor plantea que, en un mundo dominado por intereses económicos, guerras y desigualdades, la voz imparcial y lógica de una inteligencia artificial puede ayudar a trazar rutas alternativas de supervivencia. No se trata de ciencia ficción, sino de un manual de futuro que invita a la acción responsable, donde la tecnología no se enfrenta al ser humano, sino que lo acompaña en su despertar de conciencia.

Temas que no deben ser olvidados

El libro también se sumerge en la reciente historia de España, recordando episodios que no deben caer en el olvido:

  • El dolor del terrorismo de ETA y el silencio impuesto sobre quienes sufrieron en primera línea.
  • Las incógnitas y mentiras aún latentes en torno al 23F.
  • El síndrome del aceite de colza, tragedia que marcó a miles de familias y cuya verdad sigue oculta entre sombras.
  • La gestión de la pandemia del COVID-19, con sus contradicciones, muertes solitarias en residencias y vulneración de derechos fundamentales.

Estos capítulos no son meros recuentos de hechos, sino llamamientos a la memoria. Porque, como recuerda el autor, un pueblo que olvida su pasado está condenado a repetirlo.

Un análisis integral de los grandes desafíos globales

La obra también recorre temas de carácter universal que afectan a la humanidad entera:

  • La crisis climática y el secuestro de soluciones reales por intereses políticos y económicos.
  • La corrupción como lastre sistémico que impide el avance social.
  • La guerra y la diplomacia rota, donde los intereses geopolíticos se imponen sobre la paz.
  • El futuro de la energía, con la denuncia del freno a tecnologías limpias como la solar o inventos silenciados por multinacionales.
  • El agua como bien común y posible detonante de conflictos futuros.
  • La deuda moral con los homínidos no humanos, explotados por la ciencia y los zoos mientras sus poblaciones salvajes disminuyen.
  • El genocidio de los pueblos indígenas y su importancia como guardianes del planeta.
  • La existencia de Dios y vida en el universo.
  • Lo que nos depara el futuro con la física cuántica.
  • La conversión de los zoos y numerosos otros temas.

Cada uno de estos apartados no se limita a describir el problema, sino que ofrece líneas de solución, reflexiones prácticas y propuestas que podrían ser la base de políticas públicas o proyectos internacionales.

Una enciclopedia para el cambio

Lejos de ser un ensayo más, Guardianes del mañana: Humanidad 3.0 se presenta como una enciclopedia del despertar humano. Cada capítulo constituye un paso hacia la construcción de una sociedad más justa, consciente y respetuosa.

En sus conclusiones, el autor subraya la urgencia de asumir que nuestro futuro no está garantizado y que el rumbo actual nos conduce hacia el abismo. Pero también insiste en que aún hay esperanza, siempre que seamos capaces de escuchar, de aprender y de actuar con la mirada puesta en el bien común.

El libro se convierte así en un mapa para la esperanza, un faro que ilumina los caminos posibles en medio de la tormenta global.

La relevancia de la presentación

La presentación en la Biblioteca Municipal Lope de Vega será un espacio de encuentro entre ciudadanía, ciencia, filosofía y ética. No será únicamente un acto literario, sino un foro para el debate y la reflexión, donde se pondrán sobre la mesa los grandes temas de nuestro tiempo y se abrirá la posibilidad de un diálogo constructivo con los asistentes.

En palabras de quienes ya lo han leído, el libro se siente como un manual de supervivencia para la humanidad, una especie de brújula moral y racional que señala que, aunque el mundo parece haber perdido el rumbo, aún es posible corregirlo si se actúa con valentía, justicia y visión de futuro.

Biblioteca Municipal Lope de Vega – 25 de septiembre de 2025, 19:00 horas

Fuente de la información:  https://insurgenciamagisterial.com

Fotografía: PEDRO POZAS TERRADOS

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México lidera la mortalidad por sarampión en América, según la OPS

México lidera la mortalidad por sarampión en América, según la OPS

En total, la región suma 11.313 casos y 23 muertes, con Canadá, México y Estados Unidos concentrando el 96% de la carga regional.

La cifra oficial del Gobierno de México es ligeramente superior, con 21 muertes y más de 4.630 casos confirmados. Foto: EFE.


21 de septiembre de 2025 Hora: 11:26

México encabeza la mortalidad por sarampión en el continente americano y se ubica como el segundo país con más contagios en 2025, según el nuevo informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Señala el documento que hasta el 9 de septiembre, la OPS contabilizó 19 muertes y 4.553 casos en el país azteca, solo por detrás de Canadá en número de casos (4.849). La cifra oficial del Gobierno de México es ligeramente superior, con 21 muertes y más de 4.630 casos confirmados.

La  OPS atribuye el repunte de la enfermedad a las brechas de vacunación y a la importación de casos desde dentro y fuera de la región. El gerente del Programa Especial de Inmunización Integral de la OPS, Daniel Salas, afirmó que “la baja cobertura en comunidades vulnerables está impulsando los brotes”.

La agencia subrayó que más del 71% de los casos confirmados no estaban vacunados, y que otro 18% no tenía registro de vacunación. Para frenar la transmisión, la OPS recomendó alcanzar una cobertura de al menos 95% con dos dosis de la vacuna, fortalecer la vigilancia en zonas fronterizas y administrar vitamina A a los casos confirmados para reducir las complicaciones.

Si bien la cobertura regional mejoró ligeramente en 2024, solo un 31% y un 20% de los países superaron el umbral de 95% para la primera y segunda dosis, respectivamente. Los menores de un año muestran las tasas de incidencia más altas asimismo, el informe de la OPS también indica casos en otros países de la región como Bolivia (320), Brasil (28), Argentina (35) y Perú (4).

Autor: teleSUR lf -JML

Fuente: EFE

Fuente de la Información: https://www.telesurtv.net/mexico-mortalidad-sarampion-america-latina/

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México: Entre la excelencia y el coaching: ¿educación o autoayuda escolar?

Por: Pablo Martínez*

Escuché alguna vez a un profesor criticar la inclusión de calidad y excelencia en el artículo 3º de la Constitución. Decía que, aunque suenan positivos, estos términos son redundantes y ocultan desigualdades de clase, género y cultura. La “calidad” terminó reducida a parámetros de evaluación y control, subordinando la pedagogía a indicadores técnicos. Ahora bien, a diferencia de la excelencia, que opera como distinción elitista, la calidad educativa sí tiene un reconocimiento sólido en la discusión internacional y ha servido para evaluar pertinencia, equidad y relevancia. Podría ser una ruta de mejora si se libera de su sesgo tecnocrático y se replantea desde lo pedagógico y lo social, entendida no como control, sino como compromiso con la equidad y el derecho a aprender, capaz de orientar políticas que respondan a las necesidades de las mayorías y a la diversidad cultural del país.

Hoy aparecen con fuerza múltiples cursos y capacitaciones bajo un nuevo concepto: el coaching educativo; éste se presenta como una metodología innovadora que busca “potenciar el rendimiento”, “empoderar al alumno” y “desarrollar su máximo potencial”. Sin embargo, en la práctica se traduce en estrategias burdas que poco hacen por cambiar la realidad social y laboral de las y los docentes. Su retórica motivacional promete acompañamiento y transformación, pero termina ofreciendo soluciones superficiales que ignoran los problemas estructurales, como la sobrecarga administrativa, falta de recursos, desigualdades salariales, condiciones de trabajo precarias, etcétera.

La calidad (mal entendida) traslada al docente la obligación de responder a indicadores externos; la excelencia coloca sobre el estudiante la presión de sobresalir frente a sus pares, y el coaching interpela a cada individuo para que descubra y explote su potencial. En los tres casos se sostiene una narrativa individualizante (“si quieres, puedes”) que invisibiliza las desigualdades de recursos, las brechas culturales y las discriminaciones históricas de género y etnia. Bajo esta lógica, el discurso motivacional del coaching no representa una verdadera innovación, sino que reproduce el mismo espejismo, responsabilizar a docentes, alumnas y alumnos de problemas estructurales más amplios, como aulas saturadas, carencia de infraestructura, desigualdad digital o ausencia de apoyos comunitarios.

El riesgo del espejismo motivacional que plantea el coaching educativo es similar al de los discursos de la excelencia, se sostienen en un vocabulario empresarial (rendimiento, competencias, empoderamiento) que desplaza la atención de los problemas reales del sistema. Su atractivo radica en que parecen soluciones modernas y positivas, pero en el fondo terminan responsabilizando al docente y al alumno de carencias estructurales mucho más amplias. Si un estudiante no mejora, la explicación no puede reducirse a que “le faltó autoconciencia” o que “no desarrolló su potencial”; lo que debe revisarse son las condiciones materiales y sociales que limitan el aprendizaje.

En cierta medida, tanto la calidad como la excelencia han funcionado como dispositivos de distinción, civilización y obediencia. La excelencia, dijo mi profesor, busca imponer una cultura de “buenas maneras”, donde lo popular debe aspirar a modelos impuestos desde arriba, legitimando la obediencia y el mérito como caminos únicos hacia el reconocimiento. La calidad, por su parte, se presenta como un saber técnico y honorable, pero en realidad opera como mecanismo de vigilancia que normaliza la idea de que las mayorías (en especial el magisterio) deben someterse a estándares externos, casi como en una república platónica gobernada por expertos. Ambas categorías esconden un proceso civilizatorio que, bajo la apariencia de neutralidad, reproduce jerarquías de clase y saber.

El coaching educativo se inserta en esta misma lógica, aunque bajo una envoltura más amable. Se promociona como una alternativa horizontal, basada en la empatía y la motivación, pero en el fondo mantiene el carácter ilusorio de las viejas promesas: responsabilizar al individuo de su éxito o fracaso. Así como la excelencia distingue y la calidad controla, el coaching propone que basta con “descubrir el propio potencial” para transformar la realidad, soslayando las condiciones estructurales que limitan el trabajo docente y el aprendizaje. Con ello, se convierte en una nueva versión del mismo proceso civilizatorio, fórmulas aparentemente innovadoras que, lejos de cambiar la situación social y laboral de maestros y alumnos, terminan reforzando la desigualdad.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/09/20/opinion/entre-la-excelencia-y-el-coaching-educacion-o-autoayuda-escolar

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El ATP en el marco de la NEM

Por: Manuel Alberto Navarro Weckmann

 

Los ATP no sustituyen la función del docente ni del directivo, sino que la enriquecen.

El acompañamiento pedagógico se concibe como un proceso sistemático, con una intención pedagógica que tiene valor formativo para las figuras participantes, en el que se construyen alternativas conjuntas para enriquecer y mejorar la práctica docente” – Mejoredu

Dentro de la estructura del sistema educativo mexicano existe una figura que, aunque en muchas ocasiones ha permanecido en la sombra, desempeña un papel esencial en la vida escolar: el Asesor Técnico Pedagógico (ATP). Esta figura, concebida como un profesional especializado en pedagogía, tiene la encomienda de acompañar, asesorar y apoyar a las maestras, maestros y colectivos escolares en la mejora de sus prácticas educativas. Su labor no es menor, pues se convierte en un puente entre la política educativa, los planes y programas oficiales, y la realidad cotidiana de los salones de clase, donde se desarrollan los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Los ATP no sustituyen la función del docente ni del directivo, sino que la enriquecen. Su misión es propiciar espacios de reflexión colectiva, de diálogo pedagógico y de construcción de propuestas que permitan transformar la práctica educativa en beneficio del aprendizaje de niñas, niños y adolescentes. Se trata de una labor profundamente formativa, que no busca fiscalizar ni sancionar, sino orientar y generar condiciones para que cada escuela avance en su propio proceso de mejora continua.

En el marco de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), esta figura adquiere mayor relevancia. La NEM plantea una educación centrada en la comunidad, inclusiva, democrática y equitativa, en la que cada docente es agente de cambio. En este contexto, los ATP actúan como guías que acompañan a los maestros en la implementación de nuevas metodologías, en la atención a la diversidad y en la construcción de proyectos educativos que respondan a los retos del rezago y a las desigualdades persistentes en los contextos escolares.

Su trabajo se organiza en torno al Servicio de Asesoría y Acompañamiento a las Escuelas (SAAE), que establece que el ATP debe visitar los centros escolares, observar las prácticas docentes, dialogar con los colectivos, diseñar planes de asesoría y acompañamiento, y dar seguimiento a las acciones emprendidas. Esta intervención no se limita a un apoyo técnico, sino que busca fortalecer la autonomía profesional del magisterio y contribuir a la formación integral de los estudiantes. Entre sus responsabilidades está orientar a los docentes en áreas clave como el pensamiento matemático, la comprensión lectora, la ciencia y la tecnología, el desarrollo socioemocional y la construcción de una cultura de paz.

No obstante, esta figura enfrenta retos significativos: falta de reconocimiento social y laboral, nombramientos temporales que limitan la continuidad de los proyectos, sobrecarga de tareas administrativas y, en ocasiones, la ausencia de programas de formación integral que fortalezcan su quehacer. Aun con estas dificultades, los testimonios de docentes y directivos dan cuenta del valor de su acompañamiento, al señalar que sus intervenciones han sido clave para mejorar las prácticas pedagógicas y motivar a los colectivos escolares.

Históricamente, los ATP han transitado de ser considerados “apoyos técnicos” a convertirse en agentes de transformación pedagógica. Sus funciones han evolucionado desde el impulso de la capacitación en las décadas pasadas hasta consolidarse como figuras encargadas de mediar entre la teoría pedagógica y la práctica docente. En las zonas escolares más complejas, especialmente aquellas con rezago educativo, marginación o diversidad cultural y lingüística, el papel del ATP resulta indispensable para garantizar que las políticas educativas se traduzcan en aprendizajes reales y significativos para el alumnado.

El reto hacia el futuro es claro: revalorar esta función y otorgarle la certeza laboral y la formación continua que demanda, pues solo así se podrá consolidar su papel como guía pedagógica y como mediador entre la política educativa y la realidad del aula. Los ATP no son auxiliares administrativos ni figuras decorativas; son actores clave de la transformación educativa. Hacer visible su trabajo ante la sociedad en general y ante el propio sector educativo es una forma de reconocer que, sin su acompañamiento, los esfuerzos por mejorar la educación difícilmente alcanzarán la profundidad que exige la Nueva Escuela Mexicana. Porque la educación es el camino…

Fuente de la información e imagen:  https://profelandia.com

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