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El nuevo modelo educativo y las elecciones del 2018

No recuerdo un currículo escolar cuya vigencia iniciara tres meses antes de un cambio de gobierno federal. El nuevo plan y los programas de estudio (PPE) de la educación básica publicado por la SEP en el DOF el 29 de junio pasado, entrarán en vigor gradualmente a partir de agosto de 2018, con “doce ciclos lectivos de vigencia mínima”.

La vigencia mínima obligatoria es inusual, sobre todo si consideramos que el PPE es una norma administrativa implementada por un Acuerdo (07/06/17) firmado por el titular de la SEP. Una simple instrucción del nuevo presidente derribaría el modelo educativo de Peña.

Lo novedoso no es el PPE per se. El documento sigue las líneas de las reformas educativas de México desde la década del 2000 y el Acuerdo de Articulación de 2011. También sigue, aunque de manera obtusa, a las dos grandes líneas de reforma educativa del mundo, el conductismo renovado y el constructivismo. El nuevo currículo mexicano se las ha arreglado para navegar entre los dos paradigmas, como si los redactores trataran de mezclar en un cóctel dos visiones opuestas de la educación.

En fin. La pregunta es, ¿qué sucederá? Se aproximan tres etapas por las cuales tendrá que pasar el nuevo currículo.

Primera, el destape. En esta etapa, si la educación será el producto que cautive al elector, la única variable de control es para el partido en el poder. El gobierno actual es el único que puede usar a la educación como moneda de cambio, pues la reforma educativa fue lanzada por el gobierno de Peña. En este tenor, el candidato sería Nuño. Para el resto de los contendientes, el tema es completamente exógeno. Nada qué hacer. Ningún otro partido o candidato colocaría a la educación como el tema central de su campaña.

Segunda, el período electoral. Aquí observaremos dos posibles caminos. Si el candidato oficial es Nuño, el ring de las campañas será la educación, “va con todo”. Los candidatos opositores no tendrán más opción que utilizar a la educación como costal de box. A darle duro. La reforma educativa será fuertemente atacada, no por sus méritos y debilidades técnicas, sino por su valor político. Si se desprestigia a la reforma; se desprestigia a su candidato. Si el candidato oficial no es Nuño, la educación dormirá en sus laureles como tema colateral por algunos meses, hasta la siguiente etapa.

Tercera, la transición. Aquí el árbol de decisión se bifurca aún más. Si Nuño es el candidato ganador el PPE se aplicará como está previsto; el juego termina con certidumbre total. Si Nuño no fuera el candidato o perdiese las elecciones, la educación entrará en un impasse. La bifurcación quedaría así. Si Nuño como candidato pierde (recordemos que en la segunda etapa el tema del ring es la reforma educativa), en parte sería por el golpeteo de los candidatos opositores. Ellos habrían expuesto a la reforma educativa a partir de los pendientes estructurales, a saber: pobreza, desigualdad, segregación, centralización, democratización auténtica de los sindicatos, nueva formación inicial de maestros antes de una reforma curricular para estudiantes, descentralización real de la política educativa hacia estados y municipios, la revisión del poder del INEE, etc.

En dicho tenor, el presidente electo, tendría un dilema: ¿Qué hacer con la reforma educativa cuando ya se tienen dos PPE tanto para educación básica como para media superior? Además, sería un modelo que bien podría jalar tanto al conductismo como al constructivismo. Para abundar, el candidato electo debe enfrentar los argumentos de que en la redacción del modelo participaron muchas personas, expertos, maestros y opinantes.

¿Cuál es el escenario más factible? Bueno, dada la magnitud de la reforma y del modelo, y que difícilmente en tres o cuatro meses de transición podría organizarse un equipo que produzca una nueva reforma, el presidente electo tendría dos opciones: 1) continuar con la reforma y el modelo educativo al pie de la letra (o cercano a lo que ya está cocinado); 2) ordenar una postergación de al menos un año para estudiar el tema. Si el presidente electo proviene de un espectro ideológico y político muy diferente al del candidato del partido oficial, el escenario dos es el más probable. Si el presidente electo proviene de un candidato cercano a la ideología oficial, por ejemplo, un candidato oficial diferente a Nuño, pero cercano a Peña, el primer escenario es el más factible.

¿Qué deben entonces hacer las escuelas, los editorialistas de libros de texto y las autoridades locales? Prepararse para los dos escenarios, pero elegir un paradigma. Pueden desde ahora seleccionar, conductismo o constructivismo, sin importar quién gane. Ya sea con el modelo actual o con un nuevo modelo, la política educativa tendrá, a fuerza, que ubicarse entre alguna de las dos filosofías. En otras palabras, lo que pasa en el aula se queda en el aula.

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El nuevo modelo educativo y las elecciones del 2018

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Modelo Mexicano de Educación Dual ha sido un éxito: John Deere

México/ 12 de septiembre de 2017/Fuente: http://laguna.multimedios.com

Se realizó taller para capacitar a docentes de bachillerato con el fin de fortalecer el desarrollo de las regiones.

“La implementación del Modelo Mexicano de Educación Dual en nuestra empresa, ha resultado una experiencia exitosa, pues los alumnos han sido impecables con su desarrollo, han adoptado compromiso y lealtad con la organización, nuestra responsabilidad social es apoyar a los jóvenes de Educación Media Superior en su formación”, destacó el Gerente de Recursos Humanos de John Deere, Iván Viveros de la Fuerte.

En el marco de la instalación del “Taller de Capacitación de Operadores del Modelo Mexicano de Educación Dual”, se dieron cita autoridades como el Secretario de Educación, Rubén Calderón Luján; Tomás Palomino Solórzano, Subsecretario de Educación Media Superior y Superior, la alcaldesa de Lerdo, María Luis González Achem; los empresarios José Luis Hotema y Carlos Román Cepeda del Clúster Automotriz Laguna, además de representantes de Mayor League, Lear Corporation, Linamar y Mármoles León López, organizaciones que generan más de 50 mil empleos en la región.

En su intervención, el titular de la SEED, Rubén Calderón Luján, señaló que desde el inicio de la administración del Gobernador José Rosas Aispuro Torres, se hizo pública la intensión de establecer estrategias educativas que fomenten la formación integral de los estudiantes de la entidad, entre las cuales destaca la implementación del Modelo Mexicano de Educación Dual, en primera instancia en Media Superior y paulatinamente en instituciones de formación profesional.

Este taller, mencionó Calderón Luján, en el cual se capacitaron 60 docentes de subsistemas como DGETI, DGETA, CONALEP y CECyTED, se realizó con el propósito de ampliar el espectro de cobertura en todo el estado y con ello, socializar el Modelo Mexicano de Educación Dual y contar con capital humano capacitado en su implementación efectiva.

Destacó la necesidad de conocer la vocación productiva de cada región de Durango, para llevar este modelo, además de la industria, al sector comercial y prestador de servicios, de esta manera los jóvenes tendrán acceso a mayores posibilidades de conocer la forma más exitosa de insertarse en el mundo de la actividad económica.

“Como consecuencia, tendremos elementos suficientes para lograr una aceptación en los diferentes campos de la actividad laboral y con ello una relación más fructífera de la escuela y el sector productivo, y del sector productivo con la sociedad”, dijo.

Por su parte, el Subsecretario de Educación Media Superior y Superior, Tomás Palomino Solórzano, reconoció que gracias a la buena relación con el sector empresarial de la región Laguna, se llevará a Durango por una ruta de desarrollo, basado en la implementación de Modelo Mexicano de Educación Dual, con egresados con experiencia y capacidad para competir en el mercado laboral.

El Modelo Mexicano de Educación Dual es adaptado de Alemania consiste en que el estudiante se incorpore a una empresa, alterne su aprendizaje en el aula y el lugar de trabajo, esto con la finalidad de que obtengan la experiencia que solicitan las compañías. De esta forma, se logrará que la curva de aprendizaje les permita obtener más rápido un trabajo y con mejor sueldo, precisó Tomás Palomino Solórzano.

Fuente de la Noticia:

http://laguna.multimedios.com/laguna/modelo-mexicano-de-educacion-dual-ha-sido-un-exito-john-deere

 

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México: Maestros de la Sección 22 entregan víveres en Oaxaca, recolectados en sus dos centros de acopio

México/12 septiembre 2017/Fuente: Revolución Tres Punto Cero

Maestros y simpatizantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), en Oaxaca repartieron víveres entre los afectados de la entidad por el sismo de 8.2 del pasado jueves.

A través de centros de acopio, instalados en Oaxaca y en la Ciudad de México, los maestros pidieron ayuda a los damnificados. Un día después del temblor, la Sección 22 de la CNTE instaló un centro de acopio en el edificio de la Avenida Armenta y López en Oaxaca, y un día después en la Ciudad de México, en la Avenida Coyoacán 939.

En redes sociales, el presidente de la organización México SOS, Alejandro Martí, había cuestionado el actuar de los 83 mil maestros que integran la Sección 22 en esta región del sureste mexicano.

“Y dónde están los valientes y heroicos maestros de CNTE sección 22? Levantando escombros? Alimentando a los damnificados?”, escribió el empresario.

Fuente: http://revoluciontrespuntocero.mx/maestros-de-la-seccion-22-entregan-viveres-en-oaxaca-recolectados-en-sus-dos-centros-de-acopio/

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Unos 123 millones de niños no van a la escuela, según UNICEF

UNICEF/12 de septiembre de 2017/Fuente: http://vtv.gob.ve

El Fondo de las Naciones Unidas para la infancia (Unicef, por su sigla en inglés), informó este miércoles que el porcentaje de niños entre 6 y 15 años sin escolorizar apenas ha disminuido en la última década.

Unicef explicó que de 135 millones de menores a escala mundial que no asistían a la escuela en 2007 pasó a 123 millones una década más tarde, reseña Telesur en nota de prensa.

Las principales causas que impidieron a los niños ir a la escuela son los niveles generalizados de pobreza de algunos países, los conflictos de larga duración o las situaciones de emergencia humanitaria de difícil resolución.

How many school-age children are missing out on an education today?

Las inversiones realizadas por los gobiernos y la comunidad internacional de aumentar el número de escuelas y maestros con relación al crecimiento de la población no son suficientes, y deben centrarse principalmente en eliminar las causas que impiden a los niños asistir a la escuela.

Fuente de la Noticia:

http://vtv.gob.ve/unos-123-millones-de-ninos-no-van-a-la-escuela-segun-unicef/

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Principales hallazgos de la investigación educativa en el eje de equidad

Para que toda la población reciba una educación de calidad, como lo establece el cuarto objetivo de la Agenda para el Desarrollo Sostenible es importante identificar si hay grupos sociales que, de manera sistemática, tienen dificultades para ejercer su derecho a la educación.

En el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) un grupo de investigadores realizamos una revisión de cuáles han sido los principales hallazgos de la investigación educativa sobre este tema, esto lo llevamos a cabo a petición del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y corresponde además con uno de los principales objetivos de la Universidad Iberoamericana que es promover la justicia social, y con otros dos objetivos de gran importancia para el INIDE: realizar investigación con incidencia social y promover la equidad educativa. En este espacio comparto lo que encontramos en dicho trabajo.

En México los mayores problemas para el acceso y la permanencia en el sistema educativo, y los bajos niveles de Iogro, los presentan cuatro grupos: la población que vive en condiciones de pobreza, las personas que viven en lugares con altos niveles de marginación, la población indígena y las niñas y niños que pertenecen a familias de jornaleros agrícolas migrantes. Sobre estos grupos, nuestra interpretación de lo que encontramos se resume en lo siguiente: Las desigualdades educativas se originan en tres grandes ámbitos: a) Condiciones del contexto socioeconómico y territorial; b) Características de la oferta educativa (o la ausencia de ésta) y c) Factores que se relacionan con las peculiaridades que presenta la demanda. A continuación, detallo cada uno de esos elementos.

Con respecto al contexto, las oportunidades educativas de las personas se ven afectadas por las inequidades sociales y económicas que existen en los lugares donde operan los sistemas educativos.  Factores como la pobreza, la marginación o el nivel general de desarrollo social y económico de las poblaciones, municipios y entidades federativas, afectan las oportunidades educativas de sus habitantes.

En especial hay dos factores contextuales importantes: las características de los territorios y las condiciones socioeconómicas de las familias.  El hecho de radicar en zonas rurales o en lugares donde prevalecen condiciones de marginación social se relaciona con la poca cantidad y la mala calidad de los servicios educativos a los que la población tiene acceso. Esto afecta a toda la población, con independencia de su nivel de ingreso. Si, por ejemplo, en una zona rural no hay escuelas de nivel medio superior, esto afecta de forma negativa las oportunidades de educación de todos, incluso de los que tienen ingresos más altos.

Por otra parte, el pertenecer a hogares pobres, limita las oportunidades de acceder a la educación de los estudiantes que viven en las condiciones más precarias. De forma inversa, incluso cuando habitan en territorios con una amplia disponibilidad de escuelas, los estudiantes pobres no tienen acceso a las mismas, por la necesidad de trabajar o por la imposibilidad de cubrir los costos de transporte, alimentación, uniformes, libros y materiales escolares que implica asistir a la escuela.

En relación al tema de la oferta, aunque el contexto puede influir en el logro educativo, no determina por completo los resultados de la educación, como lo muestra la existencia de escuelas que atienden a alumnos de bajo nivel socioeconómico que logran que sus estudiantes obtengan resultados académicos satisfactorios. Por tanto, hay factores escolares que pueden originar, reproducir o disminuir condiciones de desigualdad. Los principales elementos  son: a) Las inversiones  que destina  el Estado al financiamiento de la educación, la cual debe ser  proporcional a la ampliación de la matrícula; b) La formación docente debe ser  adecuada y a los maestros se les debe preparar para que puedan adaptarse a  los contextos en los cuales tendrán que laborar; c) La existencia de modelos  pedagógicos apropiados y pertinentes a las circunstancias sociales, culturales y  medioambientales en las que están insertas las escuelas; d) El diseño de currículos a  partir de las necesidades de los sectores desfavorecidos; la existencia y  distribución apropiada de materiales pedagógicos y escolares; e) Las condiciones de  la infraestructura escolar acorde al entorno; f) La gestión escolar y el apoyo directivo  y de supervisión que genere apoyos pedagógicos, más que control y vigilancia; g) La  existencia de apoyos colectivos, de pares y externos al trabajo docente; h) El que las  escuelas promuevan la participación activa de padres de familia y miembros de las  localidades o barrios en aspectos centrales de la gestión escolar y en el desarrollo  educativo de los estudiantes, entre otros aspectos.

Buena parte de los estudios consultados señalan que los recursos educativos asignados a los sectores más pobres han sido de menor calidad que los destinados a la educación de los grupos socioeconómicamente más favorecidos, lo cual no contribuye a disminuir las desigualdades educativas si no, por el contrario, fortalece la reproducción de la desigualdad educativa y hace que se profundicen las brechas existentes.

En relación a las características de la demanda, es importante considerar el perfil de los estudiantes, sus necesidades, sus perspectivas y realidades con respecto a la educación, así como cuestiones de género y etnicidad.

Existe una discrepancia entre el “alumno real” y la imagen del “alumno ideal” que las instituciones y autoridades educativas esperan encontrar en las escuelas, por lo que se requiere reducir dicha brecha. En ese sentido uno de los principales retos del sistema educativo es adaptarse a las condiciones reales de vida de los alumnos que atiende. En especial se debe considerar el hecho de que la mayoría de estudiantes que asisten a la educación pública provienen de hogares pobres y sus necesidades y condiciones son por completo diferentes a las de alumnos que pertenecen a familias de clase media.

Con excepción de las niñas y niños migrantes, un rasgo que caracteriza a las poblaciones más vulnerables es que prácticamente todos los niños en edad de cursar la primaria asisten a la escuela y luego las tasas de asistencia escolar se reducen conforme se incrementa la edad. Esta es una tendencia que se presenta en toda la población, como se expone en el diagnóstico del que parte el Programa Sectorial de Educación, de acuerdo con el cual, en 2010:

La cobertura neta llega a 87.3 por ciento a los cinco años de edad, cuando termina la educación preescolar; aumenta y se mantiene ligeramente superior al 96 por ciento durante los seis años de educación primaria; en la secundaria disminuye año con año para situarse en 87 por ciento a los 14 años de edad, cuando finaliza dicho ciclo. A los 15 años, cuando los jóvenes tendrían que estar iniciando la educación media superior, la cobertura disminuye a 79 por ciento. Tres años más tarde, a los 18 años de edad, cuando se esperaría que los jóvenes hubieran concluido dicho nivel, menos de la mitad de población continúa estudiando. (SEP, 2013:29).

En el caso de las niñas, niños y adolescentes que viven en poblaciones rurales, que pertenecen a comunidades indígenas, a hogares en condiciones de pobreza o que residen en localidades marginales, se observa este mismo patrón, sólo que con tasas de asistencia más bajas en secundaria y educación media superior. Por ello, cuando esos grupos se comparan con el resto de la población, se observa que sus tasas de asistencia en la edad de cursar el preescolar (de 3 a 5 años) y en la edad de asistir a la primaria (de 6 a 12 años) son similares a los que presenta la población en general. Sin embargo, las brechas se incrementan con la edad, por lo que las diferencias más amplias se observan en la educación media superior.

Las niñas y niños hijos de jornaleros agrícolas migrantes presentan un patrón totalmente distinto al descrito. En ese caso las investigaciones coinciden en que la tasa de asistencia en la edad de asistir a la primaria es de entre 14 y 17%. La asistencia irregular a la escuela, originada en la incorporación al trabajo infantil y en los constantes traslados de las familias migrantes, imposibilita que las niñas y niños concluyan la primaria y eso impide que continúen estudiando la secundaria y el nivel medio superior. En el caso de los migrantes, no sólo existen brechas con respecto a la población en general si no, incluso, en relación a lo que ocurre con otros grupos vulnerables. De todos los grupos analizados, este es el único donde se puede afirmar que existe una exclusión generalizada del derecho a la educación; casi la totalidad de las niñas y niños migrantes no concluyen la educación básica obligatoria, un ejemplo de ello es que sólo un 4% logra cursar el sexto grado de educación primaria.

Las causas del abandono escolar son diversas, porque es un problema que se origina en factores económicos, educativos y familiares. No obstante, en el caso de los grupos vulnerables, juegan un papel muy importante las condiciones de pobreza en las que viven las familias de los alumnos. Los jóvenes pobres deben incorporarse al trabajo para contribuir al ingreso familiar y las escuelas no se adaptan a las condiciones en que viven y trabajan los estudiantes; lo cual no es un problema marginal pues se estima que el 53.8% de las niñas y niños menores de 17 años vive en condiciones de pobreza. Ese problema es particularmente dramático en el caso de las niñas y niños migrantes, quienes se incorporan de manera generalizada al trabajo desde muy temprana edad, lo cual es el principal factor que explica por qué tantos alumnos potenciales están fuera de la escuela.

Como ya se mencionó, con excepción de los migrantes, las niñas y niños de 6 a 12 años que forman parte de grupos vulnerables presentan tasas de asistencia escolar casi idénticas a las del resto de la población, por lo cual, en el caso de los niños en edad de cursar la primaria, no se presentan diferencias en cuanto a  cobertura. Sin embargo, las investigaciones consultadas coinciden en que existen importantes diferencias en cuanto al aprovechamiento escolar. De  acuerdo a los resultados de pruebas estandarizadas nacionales (Excale y Planea) e internacionales (PISA), los alumnos que residen en localidades rurales obtienen  menores calificaciones que los que viven en ciudades y los estudiantes de  escuelas indígenas tienen un desempeño menor a los que asisten a escuelas no  indígenas, los estudiantes que viven en localidades con altos niveles de  marginación tienen peores niveles de logro que los que viven en comunidades de  baja marginación y los estudiantes de hogares pobres un menor desempeño que  los que provienen de familias no pobres. En el caso de las niñas y niños migrantes no se tienen datos sobre su desempeño, pero debido a la escasa asistencia escolar y a que no llegan a concluir la educación básica, se puede inferir que su nivel de logro debe ser aún mucho menor al de los grupos mencionados.

Las causas del bajo nivel de logro educativo que presentan los alumnos que provienen de grupos vulnerables son complejas, pues en el aprovechamiento influyen factores escolares, el nivel educativo de los padres, el capital cultural de las familias y las condiciones socioeconómicas de los hogares, entre otros aspectos. Sin embargo, la única forma en que la escuela puede de alguna forma revertir o contrarrestar el “efecto cuna” es mediante la asignación de mayor cantidad y calidad de insumos materiales y de maestros y directivos mejor preparados, tal como lo autoriza la Ley General de Educación en el caso de poblaciones con rezago educativo. Sin embargo, como ya lo expuse, las investigaciones consultadas coinciden en señalar que a la educación de los grupos vulnerables se asignan menos recursos e insumos de menor calidad. A las escuelas que los atienden se envía a los maestros, directores y supervisores con menor nivel de preparación, a docentes “castigados” o con poca experiencia y no existe un sistema de incentivos para atraer y retener en las escuelas que atienden a niños pobres, indígenas o migrantes a los maestros mejor formados y más experimentados.

Por los motivos anteriores, la investigación educativa en México aporta elementos para establecer que, en el caso de los grupos más afectados por la inequidad educativa, no se está cumpliendo con el principio de igualdad de trato y menos aún con el mandato de discriminación positiva previsto en la legislación vigente.

Referencias

ONU (Organización de las Naciones Unidas). Objetivos de desarrollo sostenible. 17 objetivos para transformar nuestro mundo. http://www.un.org/sustainabledevelopment/es/education/ Consultada el 24 de agosto de 2017

SEP, Secretaría de Educación Pública. Programa Sectorial de Educación 2013-2018. México, D.F.: SEP, 2013.

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Why universities must defend democracy

By: Henry Giroux

The march in Charlottesville, Va., earlier this summer by white supremacists, neo-Nazis and other right-wing extremists illuminated the growing danger of authoritarian movements both in the United States and across the globe.

It’s signalling a danger that mimics the increasingly forgotten horrors of the 1930s.

Neo-Nazis in the United States, and possibly those worldwide, appear especially emboldened because they’ve found a comfortable, if not supportive, place at the highest levels of the U.S. government.

President Donald Trump’s administration has included white supremacist sympathizers like Steve Bannon, Jeff Sessions and Stephen Miller. All three embrace elements of the nefarious racist ideology that was on full display in Charlottesville.

Trump’s refusal to denounce their Nazi slogans and violence in strong political and ethical terms has suggested his own complicity with such movements.

It should surprise no one that David Duke, a former imperial wizard of the Ku Klux Klan, told the media in the midst of the violence in Charlottesville that white supremacists were “going to fulfil the promises of Donald Trump … to take our country back.”

‘God bless him’

Nor should it surprise anyone that Trump’s silence delighted the far right.

The Daily Stormer, a white supremacist website, even had this to say: “No condemnation at all. When asked to condemn, he just walked out of the room. Really, really good. God bless him.”

It appears that the presence of Nazi and Confederate flags celebrating a horrendous history of millions lost to the Holocaust and slavery, of lynchings and church bombings, and the assassinations of Black civil rights leaders like Medgar Evans and Martin Luther King, Jr., did little to move Trump.

Charlottesville has resurrected elements of a past that resulted in some of the worst crimes in human history. The ideology, values and institutions of a liberal democracy are once again under assault by those who don’t believe in equality, justice and democracy.

All of these alarming developments raise serious questions about the role of higher education in a democracy.

What role, if not responsibility, do universities have in the face of a new wave of authoritarianism?

What purpose should education serve when rigorous knowledge is replaced by opinions, the truth is labelled “fake news” by the president of the United States and his devotees, unbridled self-interest replaces the social good and language operates in the service of fear, violence and a culture of cruelty?

Universities must hold up democratic ideals

Surely, institutions of higher education cannot limit their role to training at a time when democracy is under assault around the world.

Colleges and universities must define themselves anew as a public good, a protective space for the promotion of democratic ideals, of the social imagination, civic values and a critically engaged citizenship.

Renowned education professor Jon Nixon argues that education must be developed as “a protected space within which to think against the grain of received opinion: a space to question and challenge, to imagine the world from different standpoints and perspectives, to reflect upon ourselves in relation to others and, in so doing, to understand what it means to assume responsibility.”

Given the ongoing attack on civic literacy, truth, historical memory and justice, surely it’s all the more imperative for colleges and universities to teach students to do more than master work-based skills.

Instead, we must educate them to become intelligent, compassionate, critically engaged adults fully aware of the fact that without informed citizens, there is no democracy.

There’s much more at stake here than protecting and opening the boundaries of free speech. There is the more crucial necessity to deepen and expand the formative cultures and public spheres that make democracy possible.

Educators cannot forget that the struggle over democracy is about much more than the struggle over economic resources and power. It’s also about language, agency, desire, identity and imagining a future without injustice.

Return to authoritarianism not far-fetched

As the historian Timothy Snyder has observed, it’s crucial to remember that the success of authoritarian regimes in Germany and other places succeeded, in part, because they were not stopped in the early stages of their development.

The events in Charlottesville provide a glimpse of authoritarianism on the rise and shine a spotlight upon the forces that are trying usher in a new and dangerous era, both in the United States and worldwide.

While it may seem far-fetched to assume American-style totalitarianism will soon become the norm in the United States, a return to authoritarianism is clearly no longer the stuff of fantasy or hysterical paranoia.

That’s especially since its core elements of hatred, exclusion, racism and white supremacy have been incorporated into both the highest echelons of political power and throughout the mainstream right-wing media, especially Fox News and Breitbart.

The authoritarian drama unfolding in the United States includes the use of state force against immigrants, right-wing populist violence against mosques and synagogues and attacks on Muslims, young Blacks and others who do not fit into the vile script of white nationalism.

Charlottesville was just part of a larger trend of domestic terrorism and homegrown fascism that is on the upswing in the United States.

Trump’s administration, after all, has announced it will no longer “investigate white nationalists, who have been responsible for a large share of violent hate crimes in the Unites States.”

U.S. President Donald Trump speaks to the media in the lobby of the Trump Tower in New York in the days following the white supremacist violence in Charlottesville, Va. (AP Photo/Pablo Martinez Monsivais)

Trump has also lifted restrictions imposed by the Obama administration in order to provide local police departments with military surplus equipment such as armed vehicles, bullet-proof vests and grenade launchers.

These actions accelerate Trump’s law-and-order agenda, escalate racial tensions in cities that are often treated like combat zones and reinforce a warrior mentality among police officers.

Equally telling is Trump’s presidential pardon of Joe Arpaio, the notorious white supremacist and disgraced former sheriff of Maricopa County, Arizona. Not only did Arpaio engage in racial profiling, despite being ordered by the court to desist, he also had a notorious reputation for abusing prisoners in his Tent City, which he once called “a concentration camp.”

A nod to domestic terrorism

There is more at work here than Trump’s endorsement of white nationalism; he’s also sending a clear message of support for a culture of violence that both legitimizes and gives meaning to acts of domestic terrorism.

What’s more, there’s a clear contempt for the rule of law. And there’s also an endorsement not just for racist ideology, but for institutional racism and consequently the primacy of the race-based incarceration state.

In his various comments, tweets and policies, Trump has made clear that he does not see himself as the leader of the country, but as the head of a right-wing movement fuelled by rage, isolation, social atomization and communal disintegration, galvanized by a culture of fear and bigotry. He preys upon a populist hatred of democracy.

At the moment we’re seeing a looming collapse of civic culture.

A healthy democracy always struggles to preserve its ideals, values and practices. When taken for granted, justice dies, social responsibility becomes a burden and the seeds of authoritarianism flourish.

We may be in the midst of dark times, but resistance is no longer an option but a necessity.

And educators have a particular responsibility to address this growing assault on democracy. Any other option is an act of complicity, and a negation of what it means for education to matter in a democratic society.

Source:

https://theconversation.com/why-universities-must-defend-democracy-83481

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