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Seminario de educación rural planteó como desafío la cobertura en todos los niveles

Por: Leticia Castro.

Cuidados y género, educación terciaria y televisión educativa fueron algunos de los ejes.

“El gran desafío es cómo llegar con servicios educativos de calidad a poblaciones que se debe llegar, porque son ciudadanos como cualquiera, pero están en áreas dispersas”, planteó a la diaria Limber Santos, director del Departamento de Educación Rural del Consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP), en la apertura, el jueves, del noveno Seminario Internacional de Investigación sobre Educación Rural, que se desarrolló hasta ayer en el Centro Agustín Ferreiro, en Canelones. 14 mesas, con un promedio de cinco ponencias cada una, presentaron durante las dos jornadas diferentes proyectos de investigación, uruguayos e internacionales, que se proponen trabajar sobre ese gran desafío.

Los temas que se han tratado en los últimos nueve años se volvieron a presentar: pedagogía rural, historia de la educación rural, didáctica multigrado, formación docente rural; sin embargo, aparecieron algunos nuevos. “El tema cuidados y género apareció en este seminario, y si bien había estado como ponencias, este año llegaron como un conjunto que forman una mesa. Otro tema nuevo es la televisión educativa o, por ejemplo, cuestiones vinculadas más a aspectos como la educación terciaria rural”, comentó Santos.

Una de las mesas nuevas de este año fue la del proyecto Educación +, de la empresa DirectTV. Mediante un convenio firmado por la compañía y el CEIP en 2014, más de 600 escuelas del interior cuentan con la antena y un decodificador que les permite ver y grabar contenido educativo producido por los canales asociados, como Discovery Chanel y National Geographic para Latinoamérica. Para el año 2022 podrían llegar antenas a todas las escuelas rurales del país. Para Santos, esta herramienta “tiene una utilidad potencial muy fuerte; sin embargo, en la práctica todavía falta mucho para que los maestros se la apropien. Lo que pasa es que el maestro empieza a tener una sumatoria de muchos recursos y, si bien eso es positivo, hay que saberlos gestionar”.

15 investigadores de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, España, México y Paraguay se unieron a las más de 50 exposiciones uruguayas. En cuanto a la selección de los trabajos, Santos explicó: “Hay algunos que son muy buenos, de equipos de trabajo consagrados, con una acumulación de conocimiento producido desde hace años que vienen a presentar ponencias que tienen un altísimo nivel. Hay otros que son más narrativas de experiencias vinculadas con la educación rural, por parte de estudiantes o de maestros muy jóvenes que se presentan por primera vez a instancias de este tipo”.

Del campo a la ciudad

Según Santos, se ha constatado un “proceso de crecimiento en cuanto a la producción de conocimiento sobre lo rural. Hay, respecto a años anteriores, una evolución en ámbitos de producción académica como universidades, ministerios o equipos de trabajo. Hay más ámbitos donde el tema de lo rural, ya sea por lo didáctico, pedagógico, histórico, social o productivo, está presente. Eso es una característica de Uruguay, pero también de los países de la región”. Sin embargo, el decrecimiento poblacional en el campo continúa aumentando, lo que repercute en la disminución de la matrícula escolar rural. Santos aclaró: “Se percibe que es un fenómeno que se ha complejizado, al menos en Uruguay. Si bien la migración del campo a la ciudad continúa, si se analizan regiones en concreto hay ciertas fluctuaciones poblacionales que hacen también fluctuar la matrícula escolar, eso hace que no todas pierdan inscripciones de la misma manera y de forma lineal. En algunas escuelas la matrícula se ha estabilizado, algunas ganan, aunque esa ganancia a veces es circunstancial”.

El pedagogo uruguayo José Pedro Núñez comentó, en la conferencia inicial, un fenómeno que también advierte Santos: “En Uruguay tendemos a urbanizar población e instituciones educativas, tenemos escuelas que están en localidades menores a 2.000 habitantes –hay más de 500 localidades con esa cantidad de población– donde en la mayoría de ellas la escuela es urbana y, sin embargo, la población se identifica como rural”. Los motivos para que esto ocurra son “diversos”: a veces son de carácter administrativo y en otras oportunidades “el criterio no está muy claro”, puntualizó. A su entender, esta situación “da para repensar qué es lo rural, porque hoy nos mantenemos con 1.100 escuelas rurales, pero en realidad podríamos tener afinado un criterio más coherente con aspectos sociodemográficos, y serían muchas más. No es menor este dato, porque eso hace fijar políticas públicas”.

Las escuelas llegan a todas las localidades del país, pero ese no es el caso de la educación secundaria. “La educación media básica hoy en día está bastante cubierta, se ha ido logrando incorporar nuevas modalidades de educación media rural para cubrir territorios más dispersos. Eso hace que el pasaje de los niños desde sexto año de escuela a la siguiente etapa sea casi universal, pero no lo es el sostenimiento luego”, detalló Santos, y agregó que el desafío es mucho mayor en la educación media superior, tramo en el que hay aún menos oferta y, casi siempre, los estudiantes se tienen que trasladar a un centro urbano.

Fuente de la reseña: https://findesemana.ladiaria.com.uy/articulo/2018/10/seminario-de-educacion-rural-planteo-como-desafio-la-cobertura-en-todos-los-niveles/
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La inercia educativa, por José Carlos Saavedra

Por: El Comercio.

“El acceso a la educación superior [en el Perú] aún es muy desigual”, señala el socio de Apoyo Consultoría

Hoy en día, uno de cada cuatro trabajadores peruanos cuenta coneducación superior completa. Si bien la proporción suena baja si se compara con países desarrollados, es alentadora si se toma en cuenta el rápido aumento en el acceso a este nivel educativo observado la última década. Hoy, un joven promedio de 26 años tiene una probabilidad de tener educación superior que es cuatro veces la que tenían sus padres.

Este es uno de los cambios sociodemográficos más importantes del Perú en las últimas décadas. Pero como todo promedio, esta tendencia esconde diferencias importantes que se deben tomar en cuenta para seguir empujando el coche en la dirección correcta.

La primera es que el acceso a la educación superior aún es muy inercial y desigual, porque depende mucho del nivel educativo máximo alcanzado por los padres. Por ejemplo, si bien el 26% de trabajadores en el Perú cuenta con educación superior, dicho porcentaje se reduce a 17% si solo consideramos al grupo de trabajadores cuyos padres no culminaron la primaria. En contraste, ese porcentaje aumenta a 55% si solo consideramos a los trabajadores cuyos padres cuentan con educación superior. Es decir, tener padres educados multiplica por tres la probabilidad de que una persona acceda a educación superior.

La segunda es que los ingresos esperados de un trabajador con educación superior parecen depender también de las condiciones iniciales de la familia. El trabajador peruano con educación superior gana, en promedio, S/15 por hora, pero ese ingreso esperado también está marcado por el nivel educativo de los padres. Si estos no culminaron la primaria, el ingreso esperado es de S/11, mientras que ese ingreso esperado salta hasta S/24 si sus padres cuentan con educación superior. Es decir, tener padres educados duplica el ingreso esperado por tener educación superior completa.

Esto no debe ser así: si queremos llegar a ser una sociedad que ofrece igualdad de oportunidades a sus ciudadanos, tenemos que asegurarnos de que las condiciones de partida, como la educación de los padres, el lugar de nacimiento, la lengua materna o el grupo étnico no sean tan determinantes del futuro de las personas.

Algunas acciones claves para alcanzar este ideal tienen que ver con que los colegios públicos ofrezcan educación de calidad, con que se fortalezca el sistema de financiamiento de la educación superior (de manera que el acceso dependa del mérito y no de la capacidad de pago de los padres) o con procurar que la oferta educativa cumpla con condiciones mínimas de calidad y que la población pueda diferenciar entre buenas y malas alternativas. En ese sentido, el cierre de la primera universidad por parte de la Sunedu –por no cumplir con las condiciones básicas de calidad– es una buena noticia.

Fuente del artículo: https://elcomercio.pe/economia/opinion/inercia-educativa-jose-carlos-saavedra-noticia-569510

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Cómo la adolescencia afecta a nuestro cerebro y moldea nuestra personalidad

Por: BBC.

Los cambios de humor y el estrés desencadenado por la pubertad pueden afectar nuestro cerebro y tener influencia en nuestro comportamiento futuro, según explica el psicólogo Christian Jarrett, especializado en la personalidad.

Mis hijos gemelos de 4 años se parecen en muchos aspectos. Los dos son sociables, traviesos y amorosos. Pero ya es posible notar algunas diferencias entre ellos. El niño, por ejemplo, es más consciente del tiempo y es muy curioso sobre el futuro. La niña, por su parte, se muestra más determinada a hacer las cosas por sí misma. Como psicólogo especializado en la personalidad, y como padre, ver cómo emergen y se desarrollan las particularidades de cada uno me fascina. Está claro que todavía es pronto, y aunque nuestra personalidad tenga raíces en la infancia, sé que habrá muchos cambios en el futuro, principalmente cuando entren en la pubertad.

Hay investigaciones que señalan consecuencias beneficiosas de los cambios de personalidad de los adolescentes.

La adolescencia es una fase de transformaciones rápidas. No en vano la neurocientífica cognitiva británica Sarah-Jayne Blakemore, especializada en el cerebro adolescente, describió recientemente el desafío de esta etapa del desarrollo humano como «una tormenta perfecta» por el aumento repentino y simultáneo de «alteraciones hormonales, neuronales, sociales y de presiones de la vida». A la lista podía haber añadido perfectamente «los cambios de personalidad».

Efectivamente, desde los primeros años de la infancia hasta su etapa final, nuestra personalidad y temperamento se consolidan a medida que adoptamos una forma de pensar, actuar y sentir más consistente. La estabilidad de la personalidad se refuerza de nuevo a partir de la fase final de la adolescencia hacia la edad adulta.

Pero en la fase intermedia, es decir, en la adolescencia, esa tendencia se interrumpe. El caleidoscopio de la personalidad se agita y es profundamente importante cómo se colocan las piezas.

Estudios a largo plazo muestran que los rasgos que aparecen durante nuestra adolescencia pueden predecir una serie de resultados a lo largo de la vida, como el éxito académico o el riesgo de desempleo.

Las investigaciones sobre el tema todavía son incipientes, pero las posibles conclusiones son relevantes y emocionantes. Al entender más sobre las fuerzas que moldean la personalidad de los adolescentes posiblemente podremos intervenir y ayudarlos a trazar un camino más saludable y exitoso. Los cambios de personalidad no son exclusivos de la adolescencia.

Si usted se aleja y mira toda su vida, observará que hay, en general, un incremento constante de atributos deseables: menos angustia, más autocontrol, una mente menos cerrada, más simpatía. Los psicólogos llaman a esto el «principio de la madurez». Si tienes 20 y pocos años, eres inseguro y ansioso, puede ser reconfortante saber que, según el patrón, al envejecer serás más tranquilo. No se puede decir lo mismo, sin embargo, sobre los preadolescentes, porque en esa etapa entra en juego algo que se conoce como «la hipótesis de la ruptura».

En Holanda se realizó un estudio con miles de adolescentes: durante la investigación, que comenzó en 2005, se les sometió desde los 12 años de edad a tests de personalidad anuales, por un periodo de seis o siete años. Al comienzo de la pubertad, los chicos presentaron una reducción temporal de la meticulosidad (organización y autodisciplina) en tanto que las chicas manifestaron un aumento transitorio de la neurosis (inestabilidad emocional).

El resultado parece reforzar los estereotipos sobre los adolescentes: habitaciones destartaladas y cambios de humor. Pero, felizmente, ese retroceso en la personalidad es de corta duración y los datos holandeses muestran que las características positivas previas de los jóvenes reaparecieron al final de la adolescencia. Tanto los padres como los hijos están de acuerdo en que ocurren cambios en esta fase. Pero, sorprendentemente, las alteraciones percibidas pueden variar según el punto de vista.

Eso es lo que constató un estudio de 2017 realizado con más de 2.700 adolescentes alemanes. Los jóvenes evaluaron sus propias personalidades en dos momentos: a los 11 y a los 14 años de edad. En ambas ocasiones, los padres también analizaron las personalidades de los hijos.

Se revelaron algunas diferencias: los adolescentes notaron, por ejemplo, una reducción en el grado de amabilidad, pero los padres consideraron ese declive mucho más acentuado. Además, los jóvenes se sentían cada vez más extrovertidos, mientras que los padres pensaban que estaban más introvertidos.

«Los padres, de una manera general, observaron que los hijos eran menos agradables», interpretaron los investigadores. Y, al mismo tiempo, clasificaron la reducción de meticulosidad de los adolescentes con menos rigor que los jóvenes.

La divergencia puede parecer en principio contradictoria. Pero tal vez se pueda explicar por los grandes cambios en las relaciones entre padres e hijos, desencadenados por las crecientes demandas de los adolescentes de una mayor autonomía y privacidad.

Los investigadores resaltan que además pueden estar usando parámetros distintos: mientras que los padres evalúan las características de los hijos en relación con un adulto, los jóvenes se comparan con sus colegas. El resultado va en la misma línea que otros estudios que también identificaron un patrón de reducción transitoria de los rasgos positivos (especialmente la amabilidad y la autodisciplina) al inicio de la pubertad.

La visión general de la adolescencia como una «ruptura» temporal de la personalidad parece, por tanto, correcta. Además, en la investigación alemana, padres e hijos estuvieron de acuerdo en que la amabilidad había disminuido, solo disentían en cuánto se había reducido. Naturalmente, son estudios de largo plazo que analizan los cambios de personalidad comunes entre adolescentes.

Pocos datos individuales

Este tipo de dato en un ámbito de grupo enmascara la cantidad de variación individual que existe de un adolescente a otro. En verdad, apenas estamos comenzando a entender la complicada mezcla de factores genéticos y ambientales que contribuyen a los patrones individuales de cambio de personalidad.

El cerebro adolescente es un buen punto de partida. En las últimas dos décadas, Sarah-Jayne Blakemore y otros especialistas mostraron cómo el desarrollo de los jóvenes está marcado por importantes cambios en el cerebro, incluyendo una «poda» del exceso de materia gris, asociada al aprendizaje.

Ese factor podría contribuir a los patrones de cambio de personalidad en la adolescencia, de acuerdo a un estudio noruego de 2018 basado en imágenes cerebrales.

Los investigadores examinaron los cerebros de decenas de jóvenes dos veces a lo largo de un periodo de dos años y medio y les pidieron a los padres que analizaran las personalidades de los hijos en las dos ocasiones.

Descubrieron que los que tenían puntuaciones más altas en términos de meticulosidad presentaban una tasa más alta de afinación del área cortical en varias partes del cerebro, señal de una «poda» más eficiente de materia gris y de mayor madurez. Lo mismo se observó en relación con las evaluaciones más altas en la cuestión de la estabilidad emocional.

Esta línea de investigación todavía es nueva, pero según los científicos los resultados sugieren que «grandes variaciones individuales en los rasgos de personalidad pueden estar parcialmente relacionadas con la maduración cortical durante la adolescencia». En otras palabras, la forma como nuestra materia gris cambia en la adolescencia puede afectar la manera como nos sentimos y comportamos.

El estrés y los disgustos

Está claro que factores externos como situaciones de estrés o adversidad también están intrínsecamente ligados a cualquier cambio de personalidad en esta fase. Y es evidente que ser adolescente produce ansiedad.

Las investigaciones muestran que determinados tipos de estrés pueden tener un impacto sobre cambios específicos de la personalidad.

En un estudio publicado en 2017 que contó con la cooperación de voluntarios estadounidenses los investigadores evaluaron la personalidad de los participantes, con edades entre los 8 y los 12 años, y repitieron el procedimiento tres, siete y diez años después. En paralelo, los voluntarios registraron experiencias estresantes o adversas que vivieron en la adolescencia.

El estudio mostró que las situaciones de adversidad que estaban fuera del control de los participantes -como el divorcio de los padres o un accidente de tráfico- se asociaron con el aumento de la inestabilidad emocional a lo largo del tiempo, tanto en la adolescencia como en la edad adulta.

Cuando el estrés estaba directamente relacionado con actitudes o decisiones de los participantes -como mal comportamiento, que puede llevar a la expulsión de clase- este tuvo un efecto mayor en la personalidad, pues fue relacionado no solo con un aumento de la neurosis (inestabilidad emocional) sino con una disminución de la meticulosidad y la amabilidad con el paso de los años.

Los investigadores creen que las adversidades generadas por las acciones de un joven pueden ser consideradas más estresantes, perjudicando así el desarrollo de su personalidad.

Esto sugiere que ofrecer apoyo emocional adecuado a los adolescentes, especialmente a los que atraviesan situaciones de estrés, puede ayudar a combatir un ciclo de cambios negativos de la personalidad. Pero no todo es perjudicial.

Aspectos positivos

Hay investigaciones que señalan consecuencias beneficiosas de los cambios de personalidad de los adolescentes. Un estudio suizo de 2013 muestra, por ejemplo, que el proceso de afirmación de la identidad de los jóvenes, como percibir que pueden actuar de forma auténtica, tener el control de la propia vida y saber lo que se espera de ellos, a la larga está asociado con el desarrollo positivo de la personalidad, incluyendo una mayor estabilidad emocional y meticulosidad.

Otro estudio reveló por su parte un vínculo entre la autoconfianza en la escuela y el desarrollo positivo de la personalidad. Hallazgos como este son halagüeños porque ofrecen pistas sobre cómo podemos crear ambientes más estimulantes para los adolescentes a fin de ayudar en el desarrollo de su personalidad. Un enfoque en el que vale la pena invertir, ya que los rasgos de personalidad en la adolescencia son predictivos de experiencias posteriores.

Por ejemplo, un estudio británico realizado entre más de 4.000 adolescentes mostró que aquellos que presentan una evaluación baja en meticulosidad eran dos veces más propensos a estar desempleados en el futuro, en comparación con los que consiguieron puntuaciones altas en la misma cuestión.

Nos concentramos mucho en hacer que los adolescentes estudien y aprueben el examen de acceso a la universidad. Pero tal vez nos deberíamos enfocar también en ayudar a cultivar sus personalidades. Pensando en mis gemelos, esa es un área de investigación que quiero seguir de cerca.

Fuente de la reseña: https://www.semana.com/educacion/articulo/como-la-adolescencia-afecta-a-nuestro-cerebro-y-moldea-nuestra-personalidad/587723

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22 de octubre: Día de la Educación Pública en Uruguay, ¿por qué se celebra hoy esta efeméride?

Por: notimérica.com.

La educación pública y de calidad permite formar a los jóvenes para poderles proporcionar un futuro seguro. Es por ello que cada 22 de octubre en Uruguay celebra el Día de la Educación Pública con el objetivo de recordar a la sociedad que se cumplan los derechos educativos de todos los estudiantes.

Desde que el niño comienza a aprender a leer hasta que realiza sus estudios universitarios o superiores es importante que pueda realizarlos de una manera pública con precios asequibles al bolsillo de todas las clases sociales, ya que de otra manera muchos estudiantes no los podrían llegar a realizar, lo que provoca discriminación y desigualdad.

El objetivo del Día de la Educación Pública en Uruguay es mostrar a la población los beneficios que tienen la enseñanza pública frente a la privada a la que solo pueden acceder unos pocos. Por tanto es un deber de las instituciones proporcionar una educación de calidad a los jóvenes del país.

El origen de este día se remonta al año 2008, cuando el Ministerio de Educación y Cultura (MEC), la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), y la Universidad de la República (UdelaR), decidieron establecer un día para generar confianza en la educación pública.

Fuente de la noticia: https://www.notimerica.com/sociedad/noticia-22-octubre-dia-educacion-publica-uruguay-celebra-hoy-efemeride-20181022002932.html

 

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¿La identidad sexual es “algo dado” o se construye?: la grieta por la Ley de Educación Sexual

Por: El Clarín.

La puja entre la Iglesia y quienes promueven la aplicación de la ESI en las escuelas revive una vieja dicotomía: naturaleza versus cultura.

¿Somos como vinimos al mundo o nos vamos formando en ese tránsito? Y en cuanto a la elección de género, ¿cómo es? El rechazo de sectores religiosos a la aplicación (de cabo a rabo) del Programa de Educación Sexual Integral previsto en la ley 26.150 puede traducirse en una tensión vieja y a las claras irresoluble: si la sexualidad es “algo dado” o se construye socialmente. Para mostrar un costado extremo de la primera perspectiva bastan los dichos de uno de los militantes “pro vida” que este miércoles irrumpió violentamente en una escuela de La Plata, con el fin de impedir que se dictara la materia ESI, al grito de “si sos mujer tenés vagina y sos hombre tenés pene, y eso no es ningún constructo social”. Y arengó: “Si querés podés ir al baño y te podés mirar”.

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Niños/as, Jóvenes y el derecho a la comunicación: Entrevista a Luciano Debanne

Por: UEPC ICIEC.

En septiembre del 2005 se sancionó la Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes que ajusta la legislación a la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño. Esta ley introdujo un aspecto central en relación a la participación pública, ya que garantiza el derecho de niños/as y adolescentes a la libertad, a participar, a asociarse, a dar su opinión en las cosas que afectan su vida y a que esa opinión sea tenida en cuenta.

Algunos años después, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual recogió estos avances jurídicos y los incluyó haciendo referencia específica a la relación de los/as niños/as y adolescentes con los medios de comunicación audiovisual. Además, estableció pautas de protección de la niñez, los/as incluyó como audiencias con derechos y como potenciales emisores.

En este contexto el Programa de Formación Docente del ICIEC ofreció el trayecto pedagógico “Los medios en el aula desde una perspectiva de derechos”. Allí se buscó promover el conocimiento y estimular la reflexión acerca del derecho a la comunicación de la niñez y la adolescencia y del rol de la escuela como espacio privilegiado para la formación de los/as estudiantes como audiencias críticas, conocedoras de sus derechos comunicacionales y productores/as de sus propios mensajes. También, de manera conjunta, se elaboraron propuestas de enseñanza sobre la temática. Algunos de los interrogantes que intentamos responder en conjunto fueron: ¿Cómo nos posicionamos frente a los medios de comunicación audiovisual? ¿Con qué herramientas contamos para trabajar con y sobre ellos desde una perspectiva de derechos?  ¿Qué aportes podemos realizar desde la práctica docente para que nuestros estudiantes conozcan sus derechos comunicacionales? ¿Qué podemos decir acerca de los modos en que la niñez y la adolescencia son representadas en la radio y la televisión? ¿Es posible generar espacios desde la escuela para el efectivo ejercicio del derecho a la comunicación?

Te invitamos a leer esta entrevista, realizada en diciembre de 2016, a Luciano Debanne, docente del curso “Los medios en el aula desde una perspectiva de derechos” junto a Cecilia Culazzo.

Fuente de la entrevista: http://www.uepc.org.ar/conectate/ninosas-jovenes-y-el-derecho-a-la-comunicacion-entrevista-a-luciano-debanne/

Link para descargar entrevista: http://www.uepc.org.ar/conectate/wp-content/uploads/2018/10/Entrevista-derechoalacomunicacion-Debanne-ICIEC-UEPC.pdf

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La reforma pedagógica pendiente en la universidad

Por: Julián de Zubiria.

¿Qué pueden hacer las universidades para enfrentar el grave problema de los jóvenes que llegan de los colegios sin consolidar las competencias transversales? Esta es la pregunta de reflexión que nos trae para esta semana el pedagogo Julián de Zubiría.

Cualquier profesor universitario sabe que los alumnos que llegan del colegio presentan notables debilidades para comprender las ciencias. Por lo general, tienen bajos niveles en lectura y escritura; presentan serios problemas para argumentar, generalizar y formular hipótesis; y no han desarrollado la autonomía que les permita resolver los dilemas éticos a los que se enfrentarán en la vida. Todos lo saben, pero es poco lo que han hecho las universidades para enfrentarlo. La solución sigue pendiente.

Los estudiantes leerán montones de fotocopias sin comprender ni interpretar.

Desde el primer semestre, los estudiantes reciben, en promedio, lecturas de sus profes que suelen superar las 300 páginas por semana. Sin embargo, la gran mayoría de ellos tiene serias dificultades para inferir ideas de un pequeño párrafo; mucho más para leer contextualmente, interpretar o captar matices e inconsistencias lógicas en un artículo. Son todavía mayores sus debilidades en escritura, autonomía y pensamiento argumentativo e hipotético-deductivo. La parte más compleja en esta reflexión, es que, sin competencias transversales consolidadas, no es posible acceder a las competencias propias de las disciplinas. ¿Qué podemos hacer para resolver este problema?

La solución estructural es evidente: hay que hacer la revolución pedagógica en la educación básica que les debemos a los jóvenes y al desarrollo nacional. El problema es que esto implica una profunda transformación de los modelos pedagógicos, los sistemas de formación y los currículos vigentes en los colegios. Pero todos los ministros de educación, hasta el momento, se han contentado con “pañitos de agua tibia” y con hacer, esencialmente, “más de los mismo”. En consecuencia, las prácticas educativas siguen atadas a la mecanización, a los aprendizajes impertinentes y al paradigma de la transmisión de la información. Por eso, los resultados actuales son muy similares a los alcanzados 30 años atrás. ¿Qué pueden hacer las universidades para enfrentar el problema?

Las universidades no tienen ninguna opción diferente que fortalecer las competencias transversales desde el primer año de estudio. Necesariamente deben consolidar la lectura contextual y crítica, el pensamiento formal y el argumentativo. Así mismo, tienen que desarrollar la autonomía cognitiva y moral de los estudiantes. Mientras no lo hagan, la deserción seguirá siendo muy alta, en especial, en los primeros semestres y bajará la calidad educativa y el valor agregado por ellas. Los estudiantes leerán montones de fotocopias sin comprender ni interpretar y escribirán diversos “ensayos” sin tener las competencias para hilvanar ideas, tejer proposiciones y reestructurar conceptos. Comprender por qué muchos de estos jóvenes no logran tampoco durante su largo tránsito por la universidad consolidar las competencias transversales, es clave para saber cómo resolver el problema pedagógico señalado. El problema no es de los docentes ni de los estudiantes, es de un sistema educativo centrado en el aprendizaje y en la transmisión de informaciones.

Las universidades oficiales presentan una especial desventaja en este proceso. Sus estudiantes provienen de hogares privados culturalmente y de colegios y entornos con menor riqueza cultural. Para completar, utilizan unas pruebas de admisión que no logran detectar las necesidades en pensamiento y lectura, ya que éstas siguen evaluando conocimientos particulares y fragmentados.

Hace treinta años dimos un debate parecido para resolver problemas muy similares en la educación básica. En ese momento aparecieron dos grandes propuestas a nivel del desarrollo del pensamiento. La primera sostenía que era necesario que los docentes favorecieran el pensamiento, enfatizando en el análisis y la síntesis. Se trataba de acudir a su voluntad. El principal argumento era que el pensamiento no se puede desarrollar en el vacío y que por ello no debería haber un área orientada a promover los procesos de pensamiento de manera sistemática, secuencial y organizada. Esta tesis fue adoptada por unanimidad en el MEN. Como todos sabemos, perdimos tres décadas y no resolvimos el problema que teníamos en frente.

Muy pocos sostuvimos una tesis contraria y dijimos que era necesario realizar en la educación básica, dos tipos de trabajo de manera escalonada:  Crear un área para promover los procesos de pensamiento y consolidar – un tiempo después- en todas las áreas y grados los mismos procesos que se ejercitaban en el área de pensamiento con contenidos propios de cada una de las disciplinas.

El tiempo nos dio la razón y mientras los colegios que siguieron el lineamiento del MEN han mantenido por completo estancados los procesos cognitivos de los estudiantes, quienes optamos por crear un área de pensamiento para jalonar los procesos de pensamiento y por transversalizar dichos procesos con competencias propias de las disciplinas un tiempo después, hemos mejorado hasta un 40% los resultados en pruebas SABER 11, frente a los que obteníamos para el año 2000. La explicación es sencilla: se requiere un trabajo sistemático y organizado para impulsar en los estudiantes procesos cognitivos y metacognitivos que se usan en el estudio de la ciencia, ya que en ésta priman los conceptos propios de las disciplinas y no los procesos de pensamiento. Algo similar puede decirse de las competencias comunicativas: se requiere un trabajo sistemático, consciente y deliberado para adquirir niveles altos en la lectura y escritura contextual y crítica. No basta poner a los estudiantes a leer y escribir. Si así fuera, los estudiantes no presentarían los problemas que hoy tienen en la consolidación de sus competencias comunicativas, ni en el colegio ni en la universidad.

De allí, la recomendación que se deriva para las universidades: el primer año de estudios se debería dedicar por completo a consolidar los procesos de pensamiento, los procesos metacognitivos, la lectura y la escritura contextual y crítica. Para hacerlo, lo ideal sería contar con nuevas asignaturas concentradas en consolidar las competencias argumentativas y la lectura crítica, pero recurriendo a debates de actualidad contextualizados y articulados con el área de interés de los jóvenes. Así mismo, sería muy recomendable contar con asignaturas dedicadas a fortalecer los procesos de pensamiento hipotético-deductivos. Serían asignaturas que transformarían por completo los actuales modelos pedagógicos vigentes en las universidades. En ellas, los estudiantes participarían activa y colectivamente en la construcción de los debates y en los análisis y la interpretación de las lecturas abordadas. Serían asignaturas pensadas para empoderarlos y para fortalecer el trabajo en equipo. No podrían recurrir a clases magistrales y estarían diseñadas para reelaborar ideas; es decir, para fortalecer la metacognición.

Los estudios adelantados por Kenneth Bain en universidades estadounidenses lo llevan a una conclusión similar. En general el docente universitario enseña conceptos científicos, lo que no es lo mismo que enseñar a pensar, lo cual sólo lo logran los grandes maestros. Para pensar, se requiere, además de los conceptos, de los procesos de pensamiento y la metacognición. Nuestras conclusiones en Colombia son similares: Los docentes universitarios con frecuencia enseñan ciencia, pero eso es una cosa muy distinta a enseñar a pensar científicamente. Sirva de ejemplo: Una cosa es aprender los conceptos o teorías físicas, pero otra diferente es pensar físicamente. Para esto último se requiere poner en uso dichos conceptos en situaciones cotidianas, operar con ellos, y evaluar hasta qué punto fueron bien usados. Es por eso que una asignatura especial dedicada a la argumentación (Debates) y otra dedicada a consolidar la lectura (Lecturas científicas) permitirían un trabajo sistemático sobre los procesos de lectura y de pensamiento, los cuales están profundamente atrasados en los primíparos; precisamente por eso: por falta de mediación sistemática.

De manera complementaria, debe entenderse que la mayoría de estudiantes que tropiezan en cálculo durante los primeros semestres (y son muchos), en realidad, tienen falencias graves en lectura y en pensamiento. Por ello, la solución no está en que estudien nuevamente álgebra o trigonometría, sino en trabajar una asignatura que fortalezca el pensamiento matemático, una asignatura de modelos matemáticos que les ayude a convertir realidades en modelos y a leer e interpretar gráficas, series y modelos. Se requiere un trabajo en pensamiento matemático, diferente al del “voleo en algoritmos”, que hoy domina por completo en las universidades. La asignatura de cálculo es un buen ejemplo de hasta dónde ha llegado la mecanización del trabajo en matemáticas en las universidades. Es descontextualizada y está muy poco ligada al pensamiento. Lo más grave: por lo general, no se han dado cuenta de esto. Todavía más grave: lo justifican.

El trabajo en debates, lectura, escritura y argumentación quedaría inconcluso si, de manera paralela, no se asume un trabajo orientado a fortalecer la construcción del proyecto de vida personal y la autonomía cognitiva y práxica. Las universidades siguen en deuda con la sociedad en la formación de mejores ciudadanos. Una deuda que se está volviendo impagable.  Sin embargo, a procesos de tal naturaleza dediqué una reciente columna, a la cual remito:

Para complementar: Proyecto de vida: asignatura pendiente en las universidades colombianas

Como ha señalado Rodolfo Llinás, el problema educativo es mucho más grave, estructural y universal de lo que pensamos. El paradigma de la transmisión de la información está muchísimo más arraigado de lo que se cree en la mente de los docentes de la básica y también en parte, de la superior. Una evidencia de ello es la debilidad de los procesos de evaluación de estudiantes en las universidades. En realidad, todavía están dedicados a calificar y certificar, y casi nada a evaluar. Un examen sin libro o sin cuaderno abierto, sencillamente es un examen que no exige pensar, sino conocimiento particular y fragmentado. Un examen cuyas respuestas están en Google, sencillamente, no fue elaborado para pensar, ya que Google no piensa. La excesiva precisión pretendida en las calificaciones sólo oculta la muy poca claridad sobre lo que debemos enseñar y lo que debemos evaluar. Los árboles no nos dejan ver el bosque.

Ojalá a las universidades no les suceda lo que ya pasó con los colegios. En la básica perdimos los últimos 30 años para resolver el bajo nivel que alcanzan los jóvenes en las competencias transversales. El MEN creyó que, al trabajar los contenidos disciplinarios, simultáneamente se iba a desarrollar el pensamiento. La historia mostró que eso no es cierto. ¿Nos pasará ahora lo mismo con la reforma que se está discutiendo en las universidades?

Las nuevas asignaturas propuestas tampoco resolverán el problema por sí solas, ya que las competencias sólo se consolidan si se alcanza un mayor nivel de dominio. De allí que la única manera es que en los siguientes semestres se sigan trabajando las mismas competencias, pero con contenidos disciplinarios. La gran ventaja es que las asignaturas propuestas mostrarán a todos los docentes el camino a seguir y le darían el golpe de gracia al modelo pedagógico centrado en la transmisión de informaciones. En el fondo, esa es la reforma pedagógica pendiente en las universidades.

Fuente del artículo: https://www.semana.com/educacion/articulo/la-reforma-pedagogica-que-propone-julian-de-zubiria-para-salvar-las-universidades/587724
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