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Ecuador: aprueban reformas a Educación Superior en medio de protesta

América del sur/Ecuador/17 Mayo 2018/Fuente: Prensa Latina

Las reformas propuestas a la Ley Orgánica de Educación Superior en Ecuador fueron aprobadas por mayoría parlamentaria, en medio de demandas de federaciones estudiantiles, que rechazan hoy parte del contenido de la normativa.
Las modificaciones quedaron refrendadas por los asambleístas con 120 votos afirmativos y una abstención, tras la participación de 35 legisladores en el debate, cuyo eje central fue el fortalecimiento del sistema de educación superior y la libre elección de carreras, sobre la base de la ofertas académica de las universidades y el cumplimiento de requisitos.

De acuerdo con los legisladores, algunos de los beneficios de la regulación comprenden el ingreso de más jóvenes a las casas de altos estudios, sin perder la calidad en el servicio, así como la profundización de la autonomía y garantía de financiamiento en las universidades.

La ley contempla además que los institutos superiores técnicos, tecnológicos, pedagógicos, de artes y los conservatorios superiores se considerarán como Institutos Tecnológicos Universitarios, la formación en esos centros será de tercer nivel, en el área técnica y podrán crear especializaciones y maestrías.

Sin embargo, representantes de varios centros de estudios superiores del país, apostados en una manifestación pacífica en las afueras de la Asamblea Nacional, tienen otras perspectivas de las reformas y exigieron que se escucharan sus propuestas.

Dirigentes universitarios que lideraron la protesta, con carteles y consignas, señalaron que los cambios no incluyen a los alumnos en el cogobierno universitario y en ese sentido demandaron ser tomados en cuenta para la toma de decisiones relacionadas con ellos.

‘Educación en crisis’, ‘La Educación es mía me la quieren quitar porque mis padres no la pueden pagar’, ‘La representación es un derecho’ y ‘LOES es para los estudiantes’ fueron algunas de las frases que se leían en los carteles de los alumnos, quienes infructuosamente intentaron entrar a la Asamblea, para incorporarse al debate.

Los manifestantes también demandaron el fortalecimiento de la política pública de becas y denunciaron pactos entre rectores y propietarios de universidades privadas.

Fuente: http://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=179047&SEO=ecuador-aprueban-reformas-a-educacion-superior-en-medio-de-protesta
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Entrevista a Julio E. Pereyra Silva: Científicos afroamericanos y su inserción en las universidades en América Latina

Por: Iberoamerica Social/Mariel Cisneros López/16-05-2018

El profesor Julio E. Pereyra Silva es un destacado investigador afrouruguayo que trabaja como docente Adjunto en la Facultad de Artes, de la Universidad de la República (Udelar), en las ciudades de Montevideo (capital de la república) y en Paysandú (capital del departamento homónimo en el interior del país). Su desarrollo como profesional, interesado en los asuntos relativos a las comunidades afrolatinoamericanas le ha llevado a cursar un diplomado en Pedagogías de las Diferencias en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en Argentina.

Para ampliar el campo de acción de sus investigaciones está realizando una maestría en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE), de la Universidad de la República (Udelar), en Uruguay; cuya tesis se titula ‘Familias universitarias afrouruguayas: Narrativas en torno a estrategias de egreso’, la cual se encuentra en proceso de redacción.

Paralelamente participa como integrante del Núcleo de Investigación en Cultura Visual, Educación y Construcción de Identidad en la Udelar, Uruguay, donde investiga sobre temas vinculados a los estudios de cultura visual y a las condiciones de creación y producción artística contemporánea. Según la propia misión-visión del grupo les ‘interesa la relación de estas temáticas con la educación artística y los procesos de construcción de identidad’.

Pereyra amplía el ámbito académico al que pertenece, participando como miembro y fundador de la Asociación de Investigadores Afrolatinoamericanos y del Caribe (AINALC) y también socio de la Associação Brasileira de Pesquisadores/as Negros/as (ABPN), Brasil. En este medio es responsable de cursos e investigaciones sobre la identidad afrodescendiente desde la perspectiva de los imaginarios sociales y sobre arte latinoamericano en su intersección con las variables de clase, raza y género.

Iberoamérica Social: ¿Qué significa ser un investigador negro en estas latitudes de América Latina?

Julio E. Pereyra Silva: Quizá para comenzar a responder a tu pregunta y pensando en el contexto del Rio de la Plata, ser un universitario afrodescendiente ya es de por si una excepción. En Uruguay la participación de la población afro en la Universidad de la República se restringe a un 2%. Ya en ese contexto, dedicarse a la investigación con todos los bemoles que esto conlleva, pasa a ser una rareza. Además de las cuestiones que podrían estar relacionadas con el número total de afrodescendientes, y que tampoco explican esta situación, se suman los elementos relacionados con características de las sociedades en las que vivimos. Sociedades afectadas por el racismo estructural, en las que la situación socio económica de gran parte de los afrodescendientes está afectada por la pobreza o por alguna forma de la insatisfacción de alguna de las necesidades básicas.

Por esa razón, y contestando ya tu pregunta, es un compromiso bastante grande, en parte por las expectativas que se depositan sobre cada uno de nosotros. En todo esto incide la representación del grupo étnico del que provenimos y las relacionadas con el sobre esfuerzo requerido para mantenerse en el espacio académico.

IS: ¿Cuándo empieza tu interés por participar en la red investigadores afrolatinoamericanos?

J. P. S.: En mi experiencia de vida, las formas relacionadas a los modos de asociación siempre han sido los que me han dado mejores resultados. Por formación familiar y vocación política creo en el trabajo colectivo por sobre lo individual.

En el año 2015, desde la ABPN (Asociación Brasilera de Pesquisadores/as Negros/as) recibí la invitación para participar en uno de sus congresos regionales, el II Congreso Brasilero de Pesquisadores/as Negros/as – II Copene Sul. Allí junto a otros investigadores de Argentina, Brasil y Colombia se decidió crear la AINALC (Asociación de Investigadores Afrolatinoamericanos y del Caribe), siendo esta una iniciativa impulsada fuertemente por el entonces presidente de la ABPN el Dr. Paulino de Jesús Cardoso. A partir de ese momento junto a otras compañeras y compañeros intentamos darle forma a esta asociación que busca promover a los investigadores afrodescendientes y generar un espacio más de lucha contra el racismo.

En el 2018 me integré también a la ABPN, con quienes continuamos trabajando en una firme parceria y que, por sus logros en sus dieciocho años de existencia, es un claro modelo a seguir por el resto de Latinoamérica.

IS: Según tu experiencia, ¿cuál es el panorama de inserción y trabajo de los investigadores negros en Uruguay y el Río de la Plata (entiéndase Uruguay; Argentina y Brasil)?

J. P. S.: El trabajo del investigador en Latinoamérica es de por sí bastante ingrato; la constante búsqueda de financiamiento para las investigaciones, las actividades del pluriempleo, los recortes (que hoy si y mañana también) aplican los diversos gobiernos a las agencias de investigación así lo demuestran.

Si bien yo soy un investigador afrodescendiente que trabajo sobre temas de la afrodescendencia, no quisiera limitar a los afrodescendientes a solo trabajar en ese tema. La suerte que corre un investigador afrodescendiente que, supera los obstáculos de las carreras académicas (cierto volumen de producción, formación acorde y actualizada, Currículum disponible al día, etc.) está después ligada al interés que sus producciones tengan para las diversas agencias de investigación. Y que logre superar ya en esos ámbitos los diversos techos (que a veces ni siquiera son de cristal)1 que pueda encontrar en su carrera.

IS: ¿Qué es la AINALC y que finalidad tiene en este contexto latinoamericano?

J. P. S.: Como te decía anteriormente la AINALC es la Asociación de Investigadores Afrolatinoamericanos y del Caribe. Tiene su Asamblea de Fundación en Dourados, Mato Grosso do Sul, Brasil, en 2017. Esto ocurrió luego de varios encuentros que comenzaron en el año 2014 en Buenos Aires, Argentina y en el 2015 en Curitiba, Paraná, Brasil.

En su Carta de creación señala que

tiene como propósito agrupar a los investigadores/as negros/as de América Latina y el Caribe, generando un espacio de diálogo, articulación y cooperación académica entre los investigadores/as, los centros de investigación, las universidades y los docentes, los núcleos y centros de estudios africanos y la Diáspora africana y de esta manera promover el intercambio de saberes colectivos y trabajar por la defensa y promoción de los Derechos Humanos de la población negra en América Latina y el Caribe.

IS: ¿Qué canales de difusión utiliza esta red para compartir los avances de información que surgen y así visibilizar los asuntos de interés de esta?

J. P. S.: Mientras se cumplen los tiempos para la formalización legal de la Asociación, la AINALC trabaja bajo la égida de la ABPN, siendo su página https://www.abpn.org.br y es ese el espacio web que tenemos disponible para la información oficial.

Además, se dispone de una cuenta en Facebook, AINALC ABPN, que nos permite un intercambio más fluido y cercano a la coyuntura de los diversos países miembros y a sus integrantes.

IS: ¿Te parece que se podría incrementar el interés por esos temas si las universidades tuvieran un papel más activo en la promoción de políticas de acciones afirmativas de la identidad afrouruguaya o consideras que puede haber otros elementos que faciliten y visibilicen las problemáticas y los asuntos de interés de los afrodescendientes?

J. P. S.: Siempre es importante agradecer que los diversos espacios institucionales asuman el compromiso con la promoción de políticas de acción afirmativa hacia la población afrodescendiente.

Pero también considero que aún hay mucho por hacer para obtener resultados satisfactorios, a la hora de alcanzar mejoras para la población afrodescendiente.

Me voy a detener en algo en particular que creo fundamental. La brecha educativa afecta a la población afrodescendiente de forma escandalosa, especialmente en el nivel de la Enseñanza Secundaria. Por el momento, no parece haber acciones disponibles que colaboren con los docentes, facilitándoles herramientas que les permita conocer más sobre las cuestiones relacionadas a la cultura de los afrodescendientes. No parece haber, desde la formación docente una reflexión en la que vinculen esta carencia con los magros resultados que obtienen en el egreso de esta población. Corremos el riesgo de concluir, a la luz de los resultados, que a nivel oficial se considere este fracaso como propio de una falta de interés de los estudiantes afrodescendientes; debido a la falta de oportunidades -de los docentes- de mejorar esos rendimientos. Es probable también y aquí aventuro una hipótesis más arriesgada, que estos resultados no sean considerados un problema, en tanto coincide con la expectativa que el imaginario social tiene sobre los afrodescendientes.

IS: Según tu experiencia, ¿cuáles serían los detonantes que justifican la ausencia de trabajos sobre el tema afrolatino y la falta de interés en difundir y visibilizar estas cuestiones?

J. P. S.: La herencia del período de esclavitud de africanos y afrodescendientes es aún una pesada carga para el relacionamiento en nuestras sociedades. Cuando un grupo de ciudadanos está fuertemente identificado y orientado en relación de servidumbre y dependencia de otro grupo, poco puede esperarse para obtener cambios si no hay un fuerte reconocimiento de la postergación que uno de esos grupos viene sufriendo, por lo que se entiende entonces el bajo interés que el tema tiene. También es necesario señalar otra característica, que los colegas de Brasil discuten desde hace un tiempo, y es que en nuestro medio se hace cada vez más evidente el ‘extractivismo académico’ referido a la población afrodescendiente. Concepto que define acciones propias de investigadores y proyectos académicos que coloca a la población afro como fuente y objeto de estudio, sin que esta comunidad reciba luego devolución de los temas que le son propios y de sumo interés para la misma. Además, quien lo practica, acumula conocimiento sobre estas poblaciones y lo transforma en ‘experto sobre esos temas’, pasando a veces a tomar parte en las decisiones sobre sus estudiados.

IS: ¿Podrías adelantar algunos avances de tus investigaciones en estos temas?

J. P. S.: Respaldados en las conceptualizaciones que refieren a la Cultura Visual, junto a la Procuradora Sra. Lourdes Martínez, venimos trabajando en la noción de aniconicidad. Con este concepto atendemos al significado de los imaginarios sociales, sus límites y efectos performativos y en particular los que afectan a las poblaciones afro.

Los resultados observados, revelan que las condiciones en las que se observa a los integrantes de las comunidades afro, los mantienen fuera de los espacios académicos, y es impensable relacionarlos con tareas de esta índole.

Nuestras sociedades no pueden, ni quieren, pensar ni representar a los afrodescendientes fuera de las tareas de servicio. Esta incapacidad obtura las formas de pensar, volviendo casi imposible la acumulación de capital simbólico. Cada espacio conquistado (por fuera de las expectativas mínimas) por un afrodescendiente, se lo vincula a un carácter excepcional del sujeto. Siempre se es entonces el primero, siempre se es raro, siempre se está en donde no se lo espera. Jamás se piensa en un proceso de acumulación por parte de esta comunidad. Todos parecemos descender de forma directa del Ansina2 cebador de mate o de una ama de leche.

El ideal aplicado para el resto de la población, reflejado en sujetos esforzados en dotar de herramientas a sus hijos para el ascenso social, resulta siempre sorprendente si se piensa en un hombre o mujer afro.

De allí que vuelvo a la primera respuesta, un investigador negro es una rareza inimaginable.

La señora Lourdes Martínez es egresada de la Udelar, militante feminista, miembro en Uruguay del grupo Colectiva Mujeres y de la Red Afrolatinoamericana, Afrocaribeña y de la Diáspora. Lleva para esta red el Observatorio de Políticas Públicas referidas a las mujeres y mujeres afro en particular en lo referente a Uruguay. Nos constituimos como matrimonio desde hace 20 años y compartimos la tarea de pensar sobre las cuestiones de referidas a la afrodescendencia. En particular las referidas a las Políticas Públicas y Educación.

Te dejo el link de un artículo que escribimos en 2017 a propósito de este tema en la Revista Artefacto Visual: ‘Anicónicas. Visualidades en torno a las mujeres afrodescendientes en Uruguay’

IS: Muchas gracias por tu tiempo y por la difusión de tu experiencia profesional

*Fuente: https://iberoamericasocial.com/los-cientificos-afroamericanos-y-su-insercion-en-las-universidades-en-america-latina/

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Libro: La tercera invención de la juventud

La tercera invención de la juventud 
Dinámicas de la politización juvenil en tiempos de la reconstrucción del Estado-Nación (Argentina, 2002-2015)

Miriam E. Kriger. [Autora] 

Colección Grupos de Trabajo. 
ISBN 978-987-1309-24-5
CLACSO. Grupo Editor Universitario.
Buenos Aires.

En este libro, Miriam Kriger aborda desde una perspectiva sociocognitiva e histórica las tres invenciones de “la juventud”, ese oscuro objeto de deseo que sin ser más que una palabra ha jalonado del siglo XX al XXI la producción de ese “proyecto común” que los Estados nacionales materializan. Justamente por eso, la autora se pregunta por la politización de los jóvenes, un comodín poliforme que desde arriba y desde abajo se juega en las luchas, siempre políticas, por definir el sentido de ese proyecto que somos. Este libro es una invitación a comprender esa incesante insistencia, la de “lo político”: en el antagonismo, e incluso en su negación, es decir, en las formas bastardas de la política y la moral donde esos cuerpos jóvenes flamean sus banderas.

Dr. Juan Dukuen (Investigador. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina)

Fuente: https://www.clacso.org.ar/libreria-latinoamericana/libro_detalle.php?id_libro=1326&pageNum_rs_libros=0&totalRows_rs_libros=1273
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Ministro de Educación de Perú asegura inclusión de enfoque de género en currículo escolar

Por: mundo.sputniknews.com/ 16-05-2018

LIMA (Sputnik) — El ministro de Educación de Perú, Daniel Alfaro, sostuvo el lunes ante la comisión de Educación, Juventud y Deporte del Congreso que la inclusión del enfoque de género es un asunto «no negociable» dentro del Currículo Nacional de Educación Básica.

«Lo importante es que esta discusión no le trasmita a la ciudadanía un mensaje equivocado. Nosotros, como Ministerio de Educación, aseguraremos los derechos, deberes e igualdad de oportunidades de hombres y mujeres; y eso no es negociable», expuso Alfaro ante la

comisión.El secretario de Estado comentó que todos los temas que componen el currículo están aprobados, faltando únicamente el relacionado al enfoque de género, que ha sido objeto de una medida cautelar de parte del colectivo civil conservador Padres en Acción.

Esta medida cautelar está aún por resolverse en la Primera Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia de Lima.

Padres en Acción, junto a otros colectivos conservadores unidos a la Iglesia Católica y a las iglesias evangélicas, se muestra contrario al enfoque de género pues considera que esconde la llamada «ideología de género».

La «ideología de género», sostienen los sectores conservadores, es un programa nacido de las agrupaciones de la comunidad LGTB (Lesbianas, gays, transexuales, bisexuales) para «atentar» contra la estructura familiar tradicional.

Por otro lado, el ministro aseguró la presencia en el Currículo Nacional de la educación a los niños sobre la época crítica que sufrió Perú por el fenómeno del terrorismo, comprendida entre la década de los años 80 e inicios de los años 90.

«Tenemos que asegurarnos de que nuestros estudiantes la conozcan para que no vuelva a repetirse», expuso el ministro ante la comisión congresal.

El ministro aseguró que en el magisterio nacional no estarán admitidos, por ley, docentes que hayan sido condenados por delitos de terrorismo, apología al terrorismo, narcotráfico y violencia sexual.

*Fuente: https://mundo.sputniknews.com/americalatina/201805151078688651-igualdad-mujeres-lgtb/

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¿Una cátedra de Historia ayudaría a resolver los problemas de la educación?

Por: Julián de Zubiría

Antes culminar el año 2017, el Congreso expidió la Ley 1874, la cual obliga a restablecer la enseñanza de la Historia. El pedagogo Julián De Zubiría reflexiona sobre los alcances de la ley y los inconvenientes que le genera al país creer que las cátedras educativas resuelven los problemas sociales.

En Colombia ha hecho mucho daño la idea que tomó fuerza en las décadas anteriores entre funcionarios del Ministerio de Educación Nacional (MEN) y congresistas, la cual sostiene que cada vez que aparece un problema social lo que hay que hacer es crear una cátedra educativa para ayudar a superarlo. De esta manera, congresistas con poco o nulo conocimiento de pedagogía terminaron siendo partícipes del verdadero caos curricular en el que nos encontramos en el país. Por la vía de las “cátedras obligatorias”, los estudiantes en Colombia deben estudiar cada grado quince asignaturas en promedio, todas ellas desarticuladas y fragmentadas entre sí.

Bajo esta lógica apareció la cátedra de urbanidad para enseñar “buenas costumbres” y tiempo después, la de “Constitución” para que se conocieran los alcances de la Constitución de 1991. Cuando se hizo evidente que por lo menos una de cada cinco menores de edad estaba o había estado embarazada, apareció la Cátedra de Sexualidad. Con similares motivos apareció otra para orientar a los jóvenes en el buen uso del tiempo libre. Más recientemente, ante los problemas del tráfico urbano, algunos congresistas promovieron los cursos obligatorios de tránsito y seguridad vial. Así mismo, cuando se hicieron visibles nuestros bajos resultados en competencias financieras, algunos congresistas vieron la necesidad de crear desde el preescolar la cátedra de Emprendimiento. Más recientemente, y fruto de los Acuerdos de Paz con las FARC, ha aparecido la Cátedra de Paz.

Mágicamente, se crean las cátedras, pero no aparecen programas de formación de docentes, lineamientos curriculares, confrontación de las ideas con la comunidad académica o textos orientadores, entre otros. Por ello es relativamente común que cada institución educativa haga lo que a bien le convenga en cada una de estas cátedras.

Con esta misma lógica, la senadora Viviane Morales, promovió desde el año 2016 la creación de la Cátedra de Historia. Ella quería que se independizara del área de Ciencias Sociales y que se enseñara como materia aparte. Afortunadamente, el Congreso mejoró significativamente la propuesta y decidió fortalecer la Historia, pero en el interior de las Ciencias Sociales. Aun así, la expedición de la Ley 1874 de 2017, días antes de culminar el año 2017, ha generado mucha confusión, la cual es importante aclarar, ahora que todos los colegios del país retornan a clases en los próximos días.

Lo primero que hay que entender es que el papel de la educación básica debería ser por completo diferente a lo que han pretendido los congresistas en las últimas décadas en el país. En lugar de un trabajo totalmente disperso y fragmentado, los estudiantes deberían consolidar pocas y esenciales competencias. Deberían abordar muy pocas e integrales asignaturas y no las disgregadas y desintegradas que hoy en día se están incluyendo. Lo he dicho muchas veces, pero estamos tan lejos de ello, que se requiere insistir en que lo que necesitamos es fortalecer tres competencias fundamentales: pensar, comunicarnos y convivir. Todo lo demás es superfluo al lado de ello. La educación básica debe garantizar la plena consolidación de estos procesos, sin los cuales no es posible comprender ni la historia, ni la física, ni la matemática, ni la geografía. El problema es que por abordar tantos y tan dispersos contenidos, nos quedamos, como dice el proverbio, “sin el pan y sin el queso”. Por perder tanto tiempo en tantas trivialidades, los niños y jóvenes actuales no están aprehendiendo ni a pensar, ni a comunicarse ni a convivir.

Dado lo anterior, hay que saludar la decisión del Congreso de no crear una nueva cátedra, sino de fortalecer el área de Ciencias Sociales, con tres propósitos: a) Desarrollar el pensamiento crítico b) Contribuir a la formación de identidad nacional, y c) Promover la formación de una memoria histórica que contribuya a la reconciliación y la paz de nuestro país.

Sin duda, los tres propósitos son muy loables. Por ello, tiene toda la razón el MEN cuando aclara que no volverá la cátedra de historia a los colegios. Esa fue la decisión del Congreso y sería dramático que lo que comenzara a pasar es que las instituciones educativas optaran por crear una cátedra adicional a las quince o dieciséis que suelen tener la mayoría de los jóvenes. Si esto último pasa, seguiremos en educación como el cangrejo: marchando para atrás.

Comprender la historia es mucho más complejo de lo que presuponen los congresistas, ya que la historia es la “síntesis de múltiples determinaciones”. Precisamente por ello, se requiere de contextos geográficos, sociales y culturales para poder comprenderla. En mucho mayor medida si se trata de niños y jóvenes.

No tendría sentido estudiar la historia si no se comprende que el tiempo histórico es relativo. Esto es tan impactante que China está próxima a celebrar su año 4716, mientras que los países budistas están en el año 2561, al tiempo que los judíos ya alcanzaron el 5779. Tan solo para el 31% de los humanos estamos en el año 2018, dado que los demás tienen otros criterios para periodizar el tiempo. Sin comprender esto, es incomprensible la historia.

 

No se podría comprender la historia sin los conceptos de época, tiempo histórico, poder, clase social, campo o ciudad, Estado, entre otros. De allí que comprender la historia es un proceso mucho más largo y lento de lo que creen los congresistas. Se trata de un complejo proceso de reconstrucción espacio-temporal que exige pensamiento relativo e hipotético-deductivo y previo dominio de algunos conceptos históricos, sociológicos, antropológicos y económicos, entre otros.

Comprender la historia exige entender que los hechos están articulados entre si y que los procesos fueron determinados por múltiples causas que operan en diversos momentos. Comprender la historia empieza por entender que las ideas, los valores y las prácticas son relativos, ya que han cambiado a lo largo del tiempo dado que son dependientes de la cultura, el contexto y el marco interpretativo en el que nos encontremos.

Lo esencial en la educación básica, por tanto, no es que los jóvenes conozcan la historia, sino que desarrollen pensamiento crítico para interpretar los procesos sociales presentes, pasados y futuros. Sin duda, comprendiendo el pasado podemos comprender de mejor manera el presente. La paradoja es que sin los conceptos de las Ciencias Sociales y sin pensamiento crítico, no es posible ni conocer ni comprender la historia. De allí que los currículos en Colombia, previos a 1994 y que contaban con la asignatura de historia, ni garantizaban la comprensión ni el conocimiento, porque su diseño no tuvo en cuenta las diversas condiciones cognitivas que ello demandaba.

De la reflexión anterior concluyo dos cosas:

De un lado, que es exagerada la alegría que ha generado entre amplios grupos de la población la decisión del Congreso de reestablecer la cátedra de la historia. Creo que la senadora Morales generó un debate equivocado y diferente al que necesita la educación en el país. De lo que deberíamos estar hablando es de cuál es la finalidad de la educación básica en un país como Colombia: ¿A qué deberían estar yendo los estudiantes a las escuelas? Ese es el debate crucial que el país ha aplazado por décadas y es un tema en el que me atrevo a afirmar estamos en la cola de América Latina. Ese debate necesariamente nos conducirá a repensar el caótico currículo que tenemos en la actualidad.

Desde hace treinta años, hemos propuesto en el Instituto Alberto Merani un enfoque totalmente diferente al que rige en Colombia, pero muy cercano al que tiene previsto Finlandia para el año 2022 y al que adoptó Chile en 1998: un currículo centrado en tres competencias esenciales y transversales. Sin duda, hay muchas más posibilidades, pero no duden que la peor de todas es la que hemos seguido en Colombia: niños y jóvenes estudiando cada año quince asignaturas deshilvanadas.

Otro debate inaplazable es si seguirá imperando un modelo pedagógico centrado en la trasmisión de informaciones; si seguiremos pensando que la historia es el recuento de hechos, datos, batallas y anécdotas. Si ello es así, hay que abandonar el modelo de transmisión de informaciones para dar paso a modelos centrados en el desarrollo integral humano. Lo que necesitamos son jóvenes más tolerantes, mejores ciudadanos y con pensamiento más crítico. Una renovada manera de entender el currículo, la enseñanza de la historia y el modelo pedagógico, puede ayudarlos a lograrlo.

El país necesita con urgencia un debate amplio, diverso y argumentado sobre cuáles son los lineamientos curriculares que requerimos para el momento actual y cuáles son los diversos modelos pedagógicos que habrá que impulsar para comenzar a mejorar de manera estructural, la calidad de la educación.

El Plan Decenal, adoptado por el país en el año 2017, establece que éstos son dos de los diez grandes desafíos que debemos enfrentar en los próximos diez años. Por ello, de nada sirve que un millón de colombianos se pronuncie sobre los sueños que tiene para la educación, si el Plan Decenal que se construye después es borrado por el Congreso o ignorado por el nuevo ministro que llegue al área de Educación. Necesitamos fortalecer el movimiento cívico para que, a partir de ahora, los ciudadanos no dejemos que ninguna de esas dos cosas ocurra.

Fuente: http://www.semana.com/educacion/articulo/no-volvera-la-historia-a-los-colegios/554425

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Declaración de académicas por tomas feministas:“No buscamos una universidad más neoliberal con perspectiva de género. Buscamos transformar la educación”

Por: The Clinic/16-05-2018
Estamos ante un movimiento de trascendencia histórica. Se levantan en nuestro país, en diversas universidades, asambleas, paros y tomas feministas, configurando formas de acción colectiva que hace pocos años atrás no eran siquiera imaginables y que hoy irrumpen en el escenario público para impugnar los cimientos patriarcales y androcéntricos de las instituciones universitarias.

Este nuevo ciclo de movilizaciones, que se inicia por denuncias de acoso sexual y por la insuficiencia de los protocolos y normativas existentes, abre una inédita posibilidad de poner en cuestión el sistema de educación superior en su conjunto, en tanto la violencia machista y la reproducción de las desigualdades de género denunciadas, están estrechamente imbricadas con el carácter antidemocrático y mercantil de las instituciones educativas.

Sabemos que la violencia de género es grande y compleja y que atraviesa todas las esferas de nuestra vida. Por ello, transformar esta dimensión en las universidades implica transformar estructuralmente la educación, minando las bases del sexismo que reproduce, en las instituciones educativas, la división sexual del trabajo, reforzando la asociación de razón, poder y éxito en el mercado con lo masculino y de emocionalidad, subordinación natural y precarización con lo femenino. En este sentido, no es para nada casual que usemos la frase “casa de estudios” para nombrar las universidades, si vemos cómo estas replican los roles de género, constituyendo así una extensión de la casa heteropatriarcal en la esfera de la educación formal.

La lucha contra el patriarcado y contra la reproducción de los roles de género es también una lucha contra la educación de mercado, pues las carreras feminizadas, asociadas a las labores de cuidado, crianza y empatía, son precisamente las más precarizadas, mientras que las carreras típicamente masculinas son las más valoradas socialmente, las más exitosas en el mercado y las que cuentan con mayores recursos. Esto sigue reforzando la reproducción de los roles de género y perpetúa la violencia hacia los cuerpos feminizados. El feminismo, precisamente, invita a impugnar esa reproducción y a entender que no podemos luchar en contra del patriarcado en la educación sin luchar en contra del mercado que refuerza las asimetrías de género y que orienta las instituciones educativas.

Pensar la educación feminista significa pensar la democracia, la libertad y la igualdad. Ideales que no son sinónimo de empoderamiento individual y meritocracia, sustentada en privilegios socioculturales y que tampoco pueden ser procesados mediante la adición cosmética de la “perspectiva de género” en cursos, programas de perfeccionamiento o formación contínua, capacitaciones u otros mecanismos propios de la administración universitaria neoliberal. Una educación feminista significa transformación desde la raíz, abarcando el orden jurídico (cambio de estatutos desde una ordenación feminista), igualdad sustantiva (procedimientos de paridad, igualdad de salarios, etc.), perspectiva teórica feminista para el cuestionamiento general del concepto de educación y de universidad, desde las disciplinas hasta las jerarquías. La educación feminista significa también retomar las históricas banderas de la lucha por la educación pública e insistir en la educación como un derecho social y en la necesidad de financiamiento directo a las universidades públicas, para poder materializar un proyecto educativo transformador y garantizar condiciones de dignidad e igualdad laboral para académicas/os y funcionarias/os, porque el feminismo impugna también la precarización del trabajo.

El feminismo pone en cuestión las jerarquías, los privilegios y las desigualdades, pues precisamente las asimetrías de poder y el carácter estamental en los espacios sociales generan condiciones propicias para el abuso y para su naturalización. En ese sentido, la democratización de las instituciones educativas y el trabajo triestamental son condiciones de posibilidad para llevar adelante la transformación de nuestras universidades desde una perspectiva feminista.

Las movilizaciones estudiantiles que han estallado son una rebelión contra la injusticia que imponen los mandatos del género en el neoliberalismo. Por tanto, la recuperación de la educación pública de la captura del mercado sexista no pasa por tener una universidad más neoliberal con “perspectiva de género”, sino por derribar las bases de la educación mercantil-sexista para construir desde el feminismo una nueva educación pública.

Saludamos y apoyamos con entusiasmo a las estudiantes que han levantado este movimiento y como diputada feminista, profesoras universitarias, escritoras e intelectuales hacemos un llamado a asumir un rol activo en esta movilización, organizándonos, creando espacios de discusión y articulándonos en una alianza feminista amplia, que siente las bases de un nuevo pacto social por una nueva educación pública, democrática y feminista.

Firmantes:

Camila Rojas Valderrama. Diputada Izquierda Autónoma. Frente Amplio.

Beatriz Sánchez. Instituto de Comunicaciones e Imagen. Universidad de Chile.

Faride Zerán Chelech. Universidad de Chile.

Diamela Eltit. Escritora.

Nelly Richard. Crítica Cultural y Ensayista.

Alejandra Castillo. Filósofa feminista. Departamento de Filosofía. Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación.

Daniela López Leiva. Encargada Feminista Diputación Camila Rojas Valderrama.

Pierina Ferretti. Socióloga. Centro de Estudios Culturales Latinoamericanos Universidad de Chile – Fundación Nodo XXI.

Camila Miranda. Directora Fundación Nodo XXI.

Carolina Olmedo Carrasco. Universidad Alberto Hurtado. Directora Fundación Nodo XXI.

Yesenia Alegre Valencia. Socióloga. Universidad Viña del Mar. Red de Académicas Feministas de Valparaíso.

Leticia Arancibia Martinez. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Red de Académicas Feministas de Valparaíso.

Gloria Caceres Julio. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Red de Académicas Feministas de Valparaíso.

María Angélica Cruz. Universidad de Valparaíso. Red de Académicas Feministas de Valparaíso.

Mónica Iglesias. Instituto de Sociología. Universidad de Valparaíso. Red de Académicas Feministas de Valparaíso.

Patricia González San Martín. Facultad de Humanidades. Universidad de Playa Ancha. Red de Académicas Feministas de Valparaíso.

Tania de Armas Pedraza. Directora Departamento de Sociología Universidad Playa Ancha. Red de Académicas Feministas de Valparaíso.

Sonia Reyes Herrera. Instituto de Sociología Universidad de Valparaíso. Red de Académicas Feministas de Valparaíso.

Lorena Zuchel Lovera. Departamento de Estudios Humanísticos UTFSM. Red de Académicas Feministas de Valparaíso.

Jeanne Hersant. Departamento de Sociología Universidad de Playa Ancha. Red de Académicas Feministas de Valparaíso.

Alejandra Ramm Santelices. Universidad de Valparaíso. Red de Académicas Feministas de Valparaíso.

Claudia Montero. Instituto de Historia y Ciencias Sociales Universidad de Valparaíso. Red de Académicas Feministas de Valparaíso.

Maribel Ramos Hernández. Departamento de Sociología Universidad de Playa Ancha. Red de Académicas Feministas de Valparaíso.

Marjorie Mardones Leiva. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Playa Ancha. Red de Académicas Feministas de Valparaíso.

Pamela Soto Vergara. Psicóloga. Universidad Andrés Bello.

Luna Follegati Montenegro. Historiadora. Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación.

Rosario Olivares. Departamento de Filosofía. Universidad Alberto Hurtado.

Carolina Avalos. Facultad de Filosofía y Humanidades. Universidad Austral de Chile.

Lelya Troncoso. Trabajo Social. Universidad de Chile.

Mia Dragnic. Socióloga. Maestra en Estudios de Género. Universidad de Chile.

Caterine Galaz. Trabajo Social. Universidad de Chile.

Hillary Hiner. Escuela de Historia. Universidad Diego Portales.

Laura Albornoz Pollmann. Departamento de Derecho Privado. Universidad de Chile.

Daniela Marzi. Universidad de Valparaíso.

Javiera Arce. Universidad de Valparaíso.

Isabel Piper. Psicología. Universidad de Chile.

Paula Quintana. Instituto de Sociología. Universidad de Valparaíso.

Antonella Marín. Instituto Arcos Viña del Mar.

Paula López. Instituto Arcos Viña del Mar.

Eloid Chabaud. Instituto Arcos Viña del Mar.

Ana Luisa Muñoz. Profesora de Historia e Investigadora.

Claudia Rojas Necuhual. Facultad de Economía y Negocios. Universidad de Chile.

Ana Traverso. Facultad de Filosofía y Humanidades. Universidad Austral de Chile.

Karen Alfaro. Facultad de Filosofía y Humanidades. Universidad Austral de Chile.

Mónica Peña. Facultad de Psicología. Universidad Diego Portales.

Ariadna Biotti Silva. Archivo Central Andrés Bello. Universidad de Chile.

Javiera Carmona Jiménez. Universidad de Playa Ancha.

María José Yaksic. Magíster en Estudios Latinoamericanos. Universidad de Chile.

Ximena Azúa. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Chile.

Daniela Jara. Instituto de Sociología. Universidad de Valparaíso.

Carolina Benavente Morales. Centro de Investigaciones Artísticas. Universidad de Valparaíso.

Javiera Robles Recaberren. Doctoranda en Historia. UNLP/IIGG-CONICET

Karin Berlien Araos. Departamento de Ingeniería Comercial. Universidad de Valparaíso.

Pamela Jaime Elías. Profesora de Historia.

María Isabel Puerto Perez. Abogada. Docente Universidad de Valparaíso.

Verónica Francés. Arquitecta. Centro de Investigaciones artísticas. Universidad de Valparaíso.

Carolina Andrade Amaral. Encargada Oficina Comunal Diversidades Sexuales y Docente en Violencia de Género. Universidad Andrés Bello.

Sara Avalos Urtubia. Profesora de Historia y Geografía. ONG Contra de Reñaca Alto.

Sandra Rojas Cáceres. Trabajadora Social. Universidad de Viña del Mar y Universidad de las Américas.

Ana Gálvez Comandini. Historiadora. Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación.

Alejandra Zuñiga Fajuri. Escuela de Derecho. Universidad de Valparaíso.

Marcela Díaz Rebolledo. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales FLACSO Chile.

Sofía San Martín Moreno. Socióloga. Universidad de Playa Ancha.

María Soledad Vargas Carrillo. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Directora Magister en Comunicaciones.

Lina Marín Moreno. Universidad de Valparaíso.

Nico Mazzucchelli. Trabajadora Social. Académica Universidad de Viña del Mar y Universidad de Valparaíso.

Nicole Cisternas Collao. Socióloga.

Carolina Pinto. Socióloga. Académica Universidad de Viña del Mar.

Claudia Espinoza. Universidad de Valparaíso.

Tamara Ortega Uribe. Socióloga. Universidad de Playa Ancha.

Camila Arriagada B., Unidad de Control de Proyectos Universidad Técnica Federico Santa María

Claudia López, Departamento de Informática y Observatorio de Género en Ciencia e Ingeniería UTFSM.

Paulina Santander Astorga, Departamento de Industrias y Observatorio de Género en Ciencia e Ingeniera UTFSM.

Marianna Oyanedel, Departamento de Estudios Humanísticos UTFSM.

Aldonza Jaques, Departamento de Ingeniería Química y Ambiental UTFSM

Marcela Prado Traverso Facultad de Humanidades, Universidad de Playa Ancha

Francesca Iunissi, Facultad de Ingeniería, Universidad de Playa Ancha

Karen Alfaro, Facultad de Filosofía y Humanides, Universidad Austral de Chile

Ana Traverso, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Austral de Chile

Paola Bolados, Instituto de Historia y Ciencias Sociales, Universidad de Valparaíso.

Karina Marambio Guzmán, Escuela de Psicología. Universidad de Valparaíso.

Esperanza Díaz Cabrera, Profesora de Historia, Magíster en Historia.

Verónica Figueroa Huenchu. Instituto de Asuntos Públicos. Universidad de Chile.

Paulina Vergara Saavedra. Instituto de Asuntos Públicos. Universidad de Chile.

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La revolución es cultural y florecerá en los páramos y arrabales

Por: Ilka Oliva Corado

Uno puede tener esa idea de amor romántico con América Latina, y hablar del torrente de sus ríos, de la frondosidad de sus selvas tropicales, del colorido del folclore; uno puede enamorarse perdidamente de los celajes de otoño y de la niebla de primavera, pero a Latinoamérica además de sentirla también hay que pensarla desde el análisis sociopolítico y cultural. Una América Latina que la sintamos en cada poro de la piel pero también en la corteza cerebral.

Y para eso tenemos que perder el miedo a cuestionar, tenemos que responsabilizarnos con el análisis y la lectura, con la duda; porque dudar nos empuja a investigar a indagar y a buscar respuestas. A romper con el cerco mediático que nos ha tenido manipulados y excluidos de la Memoria Histórica y de la geopolítica latinoamericana.

Pero eso implica dejar la pereza, la comodidad y la indiferencia. Latinoamérica es rescatable con una revolución cultural que es la más poderosa de las revoluciones porque una mente informada jamás podrá ser manipulada. Por esa razón vemos el ataque mediático que nos descarga minuto a minuto toneladas de desinformación con la que pretenden adormecernos y mantenernos alejados de toda resistencia política.

Tenemos que armarnos de agallas y salir de las redes sociales, dejar de ser revolucionarios de redes sociales y serlo en el día a día en cualquier ámbito donde nos desenvolvamos. La revolución cultural es monumental y comienza con trabajo de hormiga. La revolución cultural debe llevar el mismo proceso que el de bambú, que primero crece 7 años hacia abajo, ahondando sus raíces para fortalecerse en el centro de la tierra para luego crecer hacia arriba y resistir a cualquier embate del tiempo.

Nuestra revolución cultural debe ahondarse en los arrabales, en los pueblos inhóspitos, entre candiles y tinajas de agua, entre calles enlodadas y botes de huele pega. En la exclusión y el abandono, en los violentados del sistema, en los que desconocen y tienen hambre y sed y se atreven a soñar. Esa revolución debe tener sus cimientos en la raíz marginada para volverla el corazón indómito de la resistencia de la Patria Grande.

Amar a Latinoamérica es jugarse la vida, no entre metrallas, es honrarla dando la mano, compartiendo el conocimiento, despertando en el otro la llama de la inquietud, del análisis. Es pasar la estafeta y lanzar semilla por doquier sin pensar en la fertilidad de la tierra, si no con la certeza que florecerá entre los páramos más secos y olvidados.

Y para eso quienes han tenido la oportunidad de acceder a otro tipo de conocimiento, tienen que tener la humildad de dejar de andar por las alturas creyéndose intelectuales e iluminados donde lo importante es el codeo y las menciones honoríficas, las fotos y los viajes; para bajar a donde son necesitados sin fotos, sin codeos, sin viajes y sin menciones honoríficas pero donde su conocimiento será valorado y donde su condición de ser humano finalmente valdrá la pena. Porque es así, entre mayor conocimiento es mayor la responsabilidad con los pueblos.

A Latinoamérica hay que sentirla, sí pero en las manos rajadas de los abuelos campesinos, en las espaldas encorvadas de los obreros, en los sueños de los niños que trabajan en las fincas tapiscando y que jamás han asistido a la escuela. En los vientres de las niñas violadas y embarazadas, en las laderas de los arrabales violentados con la limpieza social, en las miradas perdidas de quienes se ven obligados a migrar.

Y la forma de amarla es analizando, luchando y resistiendo, desde el lugar en donde estamos; porque la Patria Grande no tiene fronteras la hacemos todos los que creemos en la libertad de los pueblos. La revolución la hacemos todos, porque somos el núcleo de la célula, el ecosistema, la lava del volcán, la fuerza de la tormenta, el arcoíris del escampe y la raíz del bambú.

Cada vez que digamos que amamos a América Latina preguntémonos si es verdad o si solo son patadas de ahogados. Si es verdad, unámonos a la revolución cultural y hagámosla florecer en los páramos y arrabales.

Blog de la autora: https://cronicasdeunainquilina.com

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