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La educación y los educadores nicaragüenses

Por: Freddy Franco

Es innegable que como país estamos avanzando en todas las rutas que exigen el desarrollo humano, y ello incluye a la educación como factor fundamental del desarrollo y a los maestros como uno de los garantes de una mayor y mejor educación, que está en  ascenso en su calidad y pertinencia.

Los déficits y brechas acumuladas históricamente en lo económico y social en Nicaragua, están siendo atendidas bajo una política de ataque a la pobreza, responsabilidad fundamental del Estado –a través del Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional- y de responsabilidad social compartida, de crecimiento económico con desarrollo social, y  restitución de derechos.

La educación es un derecho humano fundamental y una prioridad nacional en Nicaragua, y es atendida cotidianamente y conjuntamente, en el cumplimiento de todas las rutas educativas, por los tres actores institucionales: Mined, Inatec y CNU.

Se ha logrado una real articulación de estos, una visión sistémica de la educación, de su calidad y pertinencia, y una atención a los factores que aseguren el mejoramiento educativo, entre ellos, las condiciones sociales-educativas para el acceso y permanencia de los estudiantes en la escuela, la actualización y pertinencia curricular con una visión integral del desarrollo humano -desde los valores, la ciudadanía y el uso de las nuevas tecnologías- y la superación-actualización de los educadores y el avance en sus condiciones socio-laborales.

La superación de los educadores es en todos los frentes, ello incluye avances fundamentales en la superación del empirismo, en la formación del liderazgo educativo en todos los niveles, la capacitación y actualización permanente; el establecimiento del Programa Nacional de Aprender, Emprender y Prosperar, que es transversal para todo el todo sistema educativo, y que tiene como propósito generar una mentalidad emprendedora e innovadora en los profesores y estudiantes.

Las  universidades –sobre todo las aglutinadas en el CNU- están aportando a la formación y actualización sistemática de los docentes y en otros programas del desarrollo educativo nacional y tecnológico. Al mismo tiempo, avanza en el mejoramiento de la educación universitaria, más articulada con los actores públicos, sociales y privados, y en la ampliación de la oferta y oportunidades educativas.

Las universidades aportan más del 90% de la investigación que se realiza en el país y posee una Planta docente altamente calificada con el 70% de esta con algún nivel de postgrado (especialización, maestría y doctorado), que debe ampliarse, para consolidar la calidad de formación profesional e investigativa de las universidades, y con ella la del país.

Es verdad que una buena educación tiene como premisa fundamental el tener buenos educadores, que los tenemos o están en proceso de formación, pero también exige una mayor responsabilidad de las familias, un Gobierno nacional que la priorice y  condiciones económico-sociales que hagan progresar a las familias y las posibilidades materiales de la sociedad y del Estado, asuntos en la que igualmente estamos avanzando y lo consolidaremos con el aporte de todos.

La complejidad del mundo actual y futuro exige, como decimos en la Federación de docentes (Fepdes): “un docente más comprometido socialmente, más preparado científica y pedagógicamente, y con las suficientes condiciones laborales y sociales -de calidad de vida- para enfrentarse a los grandes nuevos retos del mundo y del desarrollo del ser humano de esta época.”

A ello estamos abocados para lograr que los educadores sigan aportando cada vez de mejor manera a los retos actuales y futuros, y debemos llegar a convertir la profesión docente, como la carrera de primer orden, dada la responsabilidad que tiene en la formación integral del ser humano.

Fuente: http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/433015-educacion-educadores-nicaraguenses/

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Innovación para el cambio en la educación universitaria

Por: Pere Alzina Seguí 

La reflexión sobre la práctica no es lo más importante; lo más importante es concienciarse del cambio personal que implican los procesos de innovación.

Los procesos de innovación educativa se van generalizando. Nunca como ahora se había hablado tanto de innovación. Y esto es una muy buena noticia. Ahora bien, las innovaciones deben consolidarse, deben evaluarse y deben adaptarse a las nuevas y cambiantes necesidades que surgen día a día en una sociedad incierta y abierta. Este proceso de consolidación tiene que ir relacionado  con una investigación de cualidad próxima a las necesidades de los centros educativos. La colaboración entre la universidad y los centros es un elemento clave para garantizar el éxito de los cambios a medio y largo plazo.

Por lo tanto necesitamos con urgencia una formación inicial de los futuros maestros de educación infantil, primaria y secundaria innovadora y transformadora. Necesitamos una formación que analice la práctica a partir de la reflexión y, para conseguirlo, necesitamos que las universidades trabajen en las escuelas e institutos, de manera próxima y humilde, para dar salida a los retos mundiales que tenemos planteados. Se imponen nuevas maneras de hacer en la formación inicial del profesorado. El modelo transmisivo ya no tiene sentido en una sociedad en la que la información está al alcance de cualquiera. Ahora, lo que necesitamos son criterios, argumentos, guías y consejos para analizar profundamente las informaciones y transformarlas en conocimiento. Este es el gran reto de la formación inicial del profesorado, y necesitamos que este cambio tenga lugar lo más rápidamente posible.

Necesitamos reconocernos como generadores de nuevos conocimientos; todos, estudiantes, profesorado, familias… Todos poseemos conocimientos y podemos aportar algo de original, aportaciones constructivas y elementos que nos mejoren como personas. Considerarnos como productores de conocimientos es una premisa fundamental para reorientar los procesos formativos. La interactividad es una condición básica en estos procesos formativos y reflexivos.

Pero la reflexión sobre la práctica no es lo más importante; lo más importante es concienciarse del cambio personal que implican los procesos de innovación. Sin una toma de conciencia de los procesos de cambio personal, las innovaciones pueden quedar en cambios superficiales que poco afectan a las personas que se forman. Los procesos de cambio deben implicar el reconocimiento de las personas, la comprensión de las complejas realidades de todos y cada uno de los individuos que forman un colectivo determinado (por ejemplo una aula de clase).

Debemos entender que la misión de la enseñanza es transmitir y también ir transformando una cultura que nos permita entender nuestra condición y nos ayude a convivir. La educación debe formar ciudadanos conscientes, responsables y comprometidos éticamente con su realidad social. Estas realidades sociales son únicas y diversas pero se encuentran en el marco de una humanidad única (de una especie que habita un planeta del que todos somos ciudadanos); diversidad y unidad son dos perspectivas inseparables la educación. La educación debe incidir en el destino individual, social y global de todo ser humano.

La formación reflexiva debe educar la razón para conseguir una  mejora personal y social. Éste compromiso ético es fundamental; la educación debe mejorar el bienestar de las personas y nos ha de mejorar como personas. Por estos motivos defendemos una formación transformadora, reflexiva, consciente, responsable y comprometida.

La formación reflexiva implica enseñar a dudar, desindentificarse, desaprender, perder, eliminar, evaporar conceptos, liberar la mente, ser más humilde y tomar consciencia. Debemos reducir el egocentrismo que nos envuelve y tiñe muchos discursos y oscurece prácticas.

Existen modalidades formativas no demandadas (temas implícitos, que debemos aprender a leer y a explicitar): la educación para el autoconocimiento, para la complejidad de la consciencia, para la duda, para la autocrítica y la rectificación, para la madurez personal, para la no dependencia y por el cultivo del pensamiento propio, para la convergencia, la cooperación y la universalidad, para un lenguaje universal, para la sabiduría, para la evolución de la humanidad… Debemos entender la ciencia como un proceso universal y relativo en evolución constante que ha cambiado y que evolucionará en conocimiento y coherencia conjuntamente con quienes la desarrollamos; la ciencia nos abre puertas, nos aporta explicaciones y nos abre nuevos interrogantes; la ciencia nos ayuda a interrogar la incertidumbre, nos demuestra la humildad de nuestra existencia en el universo infinito y nos ayuda a mejorar nuestro bienestar si sabemos aplicar los principios éticos a  los avances científicos. No todo vale. Para llegar a estas conclusiones necesitamos formadores comprometidos con la complejidad, comprometidos con la mejora del bienestar de millones de personas en situación de pobreza, comprometidos en la mejora del mundo que nos acoge.

Por estos motivos las aulas donde se forman los futuros maestros deben convertirse en espacios de interrogación reflexiva, en espacios donde compartir conocimientos, en espacios donde revivir experiencias que nos puedan enriquecer a todos, trabajando cooperativamente y teniendo como objetivo final la mejora de las condiciones de vida de los sectores más desfavorecidos. Necesitamos un enfoque reflexivo sobre la práctica que:

  • Sepa analizar el transcurso y el significado de las acciones en la propia aula y en las aulas de  los centros educativos.
  • Sepa identificar procesos y resultados; sepa leer más allá de lo que somos capaces de observar a través de los sentidos; necesitamos profundizar en los sentimientos y las emociones de las personas y saber interpretar. Algunos de estos momentos son mágicos, la cara se nos llena de alegría y nos sentimos profundamente realizados; son momentos que suceden en las aulas cuando un niño nos dice: ven, quédate conmigo, ¿me ayudas? No quiero que te vayas.  Cuando pasa esto a los estudiantes de magisterio, su corazón late más deprisa y se quedan ligados de pies y manos a aquel niño o niña, seducidos por su espontaneidad. A partir de aquí, su formación puede dar un vuelco, posiblemente definitivo.
  • Sepa, también, identificar las limitaciones y los  costes de la acción: ¿valdrá la pena? ¿Es la acción más acorde con la situación planteada? ¿Debo intervenir ahora o dejo pasar un rato? Debemos aprender a actuar y también a esperar, a no actuar, dejando que los niños resuelvan sus conflictos con sus propias herramientas. No podemos estresarles. Debemos confiar en ellos.
  • Sepa evaluar el que se ha programado y lo que ha sucedidodesde las fortalezas (o certezas), desde las debilidades y desde las propuestas de mejora. Los procesos de valoración y evaluación son determinantes para conocer el alcance de nuestra actuación pero también para conocer y sorprendernos de las capacidades de los niños y niñas.
  • Finalmente, éste enfoque reflexivo nos llevará a poner en práctica mejoras contrastadas con evidencias empíricas, fruto del análisis cooperativo y fruto de la reflexión conjunta.

Para conseguir esta formación inicial transformadora necesitamos profesores universitarios reflexivos, que han de formar parte de comunidades de aprendizaje más amplias que entiendan su práctica como praxis reflexiva o diálogo continuo entre práctica y teoría. Este profesorado debe socializar conocimientos y contrastarlos, mientras se va enriqueciendo personal y profesionalmente.

El profesor universitario debe ser competente, crítico, coherente, sólidamente formado, colaborativo y activo en investigación próxima a las necesidades de los centros. Debe saber vivir en dialogo cooperativo permanente con sus compañeros y con otros investigadores y compartir los resultados de su diálogo con su comunidad de aprendizaje. Debe saberse distanciar de su propia práctica y algún compañero puede ayudarle a tomar conciencia de elementos clave que uno mismo puede pasar por alto y, en cambio, pueden llegar a ser muy relevantes.

Como investigador debe pretender mejorar su práctica e investigar para innovar, percibiéndose permanentemente en formación. Debe saber construirse como investigador des de su práctica docente mediante la indagación sistemática y autocrítica fundamentada en la curiosidad y el deseo de comprenderla y mejorarla.

Pero la reflexión sobre la práctica puede no ser suficiente para transformar; debemos llegar a una transformación de la comprensión sobre lo que hacemos y adquirir consciencia del cambio: el nuevo paradigma de desarrollo personal se basa en analizar cómo piensan los docentes sobre su trabajo, desplazando el acento desde lo que los profesores hacen a lo que  saben, a sus fuentes de conocimiento y a cómo estas afectan a su trabajo en las aulas. Hablaríamos de un trabajo metacognitivo.

Desde estos planteamientos dibujamos un profesor universitario consciente, orientado a la evolución y mejora personal, orientado a servir de guía y de modelo a los estudiantes y comprometido en la mejora del bienestar de su comunidad:

  • Un profesor mejor preparado y competente, menos orientado por la presión de publicar en revistas de impacto que marcan un modelo de investigación, que puede no ser el más conveniente en educación.
  • Un profesorado capaz de investigar sobre su propia enseñanza en el marco de un equipo o comunidad de aprendizaje; orientado a una investigación más cualitativa que cuantitativa.
  • Un profesorado capaz de innovar y de participar en proyectos de innovación educativa en su contexto.
  • Un profesorado consciente de sí mismo, de su profesión, de su enseñanza y de su compromiso con la comunidad.
  • Un profesorado capaz de eliminar su propio egocentrismo (muchas veces implícito e inconsciente), de equipo e institucional. Que sepa profundizar en su autoconocimiento e integrar su propio ser en su profesión.
  • Un profesorado con mayor madurez profesional (síntesis de madurez personal y desarrollo profesional).

A modo de síntesis, necesitamos profesores reflexivos capaces de autoconocerse, capaces de investigar cooperativamente, capaces de renovase pedagógicamente desde la madurez profesional.

La formación reflexiva debe permitir dotarnos de los medios para saber contextualizar, globalizar y establecer relaciones entre los conocimientos; la formación reflexiva debe permitir tomar consciencia de nuestra responsabilidad y de nuestro compromiso de mejora del bienestar general.

Estos cambios son necesarios si desde la universidad queremos avanzarnos a los cambios que se están dando en nuestros centros educativos.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/07/04/innovacion-para-el-cambio-en-la-educacion-universitaria/

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Niños y adolescentes de EE.UU: bajo el peligro de las balas

Por: Martha Andrés Román

Con preocupante frecuencia se leen en la prensa estadounidense historias como la de un niño pequeño que mató a su hermano con la pistola de su padre, o la de dos muchachas alcanzadas por el fuego cruzado de un tiroteo.
La alarma ante esos casos, que a veces aparecen como sucesos aislados en diarios y televisoras, se encendió mucho más con la reciente publicación de un informe en el cual se concluyó que el país registra anualmente unos mil 300 fallecimientos por armas de fuego entre menores de 17 años.

El estudio, publicado el 19 de junio en la revista Pediatrics, arrojó además que unos cinco mil 790 infantes y adolescentes son atendidos cada año por heridas de bala.

Tales cifras significan que diariamente pierden la vida poco más de tres menores, mientras otros 15 son tratados de emergencia a causa de alguna lesión de ese tipo.

TRAGEDIAS EN CIFRAS

Para realizar ese reporte, los investigadores de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades analizaron datos sobre lesiones y muertes por disparos en niños de 0 a 17 años.

En ese estudio recopilaron información de tres bases de datos nacionales que rastrean detalles tales como lesiones no fatales, certificados relacionados con la violencia armada, registros de médicos forenses, informes de cumplimiento de la ley, entre otros aspectos.

De ese modo, concluyeron que de 2012 a 2014 murieron como promedio mil 287 niños y adolescentes cada año, lo cual coloca a Estados Unidos como el lugar donde ocurren nueve de cada 10 decesos de ese tipo que se reportan en los países desarrollados del orbe.

Los hechos vinculados con armas de fuego provocan más fallecimientos entre esos grupos etarios que los casos de anomalías congénitas pediátricas, las enfermedades cardíacas, la influenza o la neumonía.

Según la investigación, la mayoría de las muertes corresponde a niños de 13 a 15 años, y los homicidios representan el 53 por ciento de los eventos reportados, con la mayor cantidad de víctimas entre infantes afronorteamericanos.

Los estados con las tasas más altas de asesinatos por armas de fuego en esas edades se concentraron en gran parte del sur (Alabama, Florida, Georgia, Luisiana, Mississippi, Carolina del Sur y Tennessee).

También hubo números elevados en territorios del medio oeste (Illinois, Missouri, Michigan y Ohio), dos del oeste (California y Nevada), y tres del noreste (Connecticut, Maryland y Pensilvania).

La investigación detectó un aumento alarmante en los suicidios, que de 2012 a 2014 representaron el 38 por ciento de las muertes, con los índices más altos en Montana, Idaho y Alaska.

En alrededor de un tercio de esos casos, el niño sufría de un estado de ánimo deprimido, y aproximadamente un cuarto tenía un problema de salud mental diagnosticado clínicamente, mientras el 26 por ciento le dijo a alguien con anticipación su intención de quitarse la vida.

Los análisis del presente informe confirman que los suicidios suelen ocurrir en respuesta a crisis de corto plazo. La disponibilidad de un arma de fuego puede ser especialmente crítica para un adolescente impulsivo en esos momentos, escribió el doctor Eliot W. Nelson, del Hospital Infantil de la Universidad de Vermont.

LA PELIGROSA CERCANÍA DE LAS ARMAS

El 26 de junio un niño de 9 años de edad falleció de un disparo cuando él y un amigo estaban jugando con una pistola, según dio a conocer la policía del condado de Marion, en el estado de Indiana.

Días antes, Bentley Thomas Koch, de cuatro años, se disparó fatalmente en el rostro en el estado de Pensilvania; y Harmony Warfield, de siete años, fue baleada por su primo de dos años en Tennessee.

Sucesos de esa índole hacen aún más controversial el tema de la portación de armas, al cuestionar las medidas de seguridad que se toman para mantenerlas alejadas del alcance de los menores.

Datos de la organización sin fines de lucro Law Center to Prevent Gun Violence indican que aproximadamente una de cada tres pistolas se mantiene cargada y desbloqueada en Estados Unidos, al tiempo que la mayoría de los niños saben dónde sus padres las guardan.

En julio de 2004, el Servicio Secreto y el Departamento de Educación publicaron un estudio que examinó 37 tiroteos ocurridos en escuelas desde 1974 hasta 2000, y de acuerdo con ese análisis, en más del 65 por ciento de los casos el atacante obtuvo el arma en su propia casa o en la de un pariente.

A decir del Law Center to Prevent Gun Violence, a nivel federal no existen en esta nación las llamadas leyes de prevención del acceso de los niños, las cuales imponen responsabilidad penal a los adultos que dan a los niños acceso sin supervisión a las armas de fuego.

El mayor o menor control sobre este tema recae entonces en las normas específicas de cada estado.

La cuestión es muy compleja en un país de 321 millones de habitantes, donde se calcula que existen más de 300 millones de esos artefactos y su portación es un derecho constitucional que usan como escudo los grupos de presión a favor de las armas de fuego.

Para la doctora Ruth Abaya, profesora asistente de pediatría en la división de Medicina de Emergencia del Hospital Infantil de Filadelfia, los hallazgos sobre la incidencia en los infantes sugieren que se necesitan iniciativas comunitarias para abordar el problema.

Creo que vamos a necesitar un enfoque multifacético para hacer que la prevención de la violencia armada en este país sea efectiva, manifestó a la cadena CBS.

A su vez, David Wesson, cirujano pediátrico del Hospital Infantil de Texas, indicó a la misma televisora que esta cuestión está llena de connotaciones políticas que pueden hacer difícil abordarla.

Sin embargo, sugirió como posibles enfoques la promoción de leyes de seguridad de armas y el uso más extendido de dispositivos de almacenamiento que las alejen del alcance de los menores.

Más allá de esas sugerencias, advirtió sobre el principal problema: ‘cuantas más armas hay, más mueren las personas por heridas de balas’.

Fuente: http://prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=97067&SEO=ninos-y-adolescentes-de-ee.uu-bajo-el-peligro-de-las-balas
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La memoria histórica de un sueño educativo

Por: Luciana Vázquez

¿Cómo se hace la revolución educativa? ¿Cómo moldear, a partir del barro de la nada, la materia con la que se organiza un sistema educativo para formar a millones, diversos y en conflicto, e imprimirle un sentido y un destino común? Partir de cero y alinear a una sociedad que todavía no lo es para que llegue a serlo. Una hazaña. Eso, en los orígenes.

Y esto, en el presente: cómo devolverle la vitalidad a un entretejido educativo que hace agua y resulta más bien una prisión conceptual para una sociedad que se mira al espejo de una y mil grietas, incapaz de encontrarse con la visión de un trayecto que hermane.

La historia trae sus lecciones. La de Sarmiento, por ejemplo, y sus maestras importadas de los Estados Unidos.

Hay un contraste interesante en ese episodio fundacional: el contrapunto entre aquel contexto salvaje y descabellado de la Argentina de la segunda mitad del siglo XIX y la eficacia de la política educativa pública que lo domó, lo domesticó y lo encauzó hasta hacerlo habitable e inteligible. Ahí nació el relato nacional que nos dio sentido por más de un siglo, aunque hoy ya no nos diga demasiado.

En ese universo hubo una clase dirigente que hizo un milagro: inventó una nación. Sarmiento fue uno de sus miembros. Y la política educativa pública fue una de sus herramientas clave.

El Libro de Actas encontrado en Mendoza, con las anotaciones de una de las maestras importadas que anota burocráticamente cada acto pedagógico, nos habla de la confianza en esos instrumentos de planificación de lo público. Habla de una clase dirigente realmente comprometida en un curso de acción concreto. Y despierta la fascinación ante un Estado presente capaz de controlar la eficacia de sus políticas y del orden que impone: el Libro de Actas es la constancia de cuánto se respetaba ese orden.

Al mismo tiempo, una visión de país tampoco se sintetiza en declaraciones de «buenismo» educativo carentes de profundidad. Las palabras importan porque postulan realidades. Por eso tienen que ser interesantes y serias y sustanciales.

Los logros de Sarmiento van de la mano tanto de la potencia de sus palabras como de su condición de político-hacedor osado, capaz de traducir las grandes visiones en decisiones concretas en el espacio de lo público y así alinear a la sociedad, también a los docentes, en la realización de ese sueño.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/2040092-la-memoria-historica-de-un-sueno-educativo

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Ética entre la “posverdad” y la “plus-mentira»

Por: Fernando Buen Abad 

Urge intervenir la noción de “posverdad” -con una buena dosis de pensamiento crítico- para radiografiarla hasta saber qué contiene y a qué propósitos tributa su uso. Sus definiciones la pintan como una forma “emotiva” de la mentira para manipular la “opinión pública”… para subordinar los hechos a las habilidades emocionales del manipulador. Es la mentira que prescinde de los hechos, que los arrodilla ante los intereses del enunciado para revertir (pervertir) la relación conocimiento-enunciación. El conocimiento se convierte en producto del enunciado y no al contrarioLa realidad se convierte en un estorbo o en una anécdota decorativa -o prescindible- del enunciado. Una figura “retórica” más importante que la propia verdad. De cualquier manera parece ser necesario interpelar a la noción de “posverdad” con otra noción de contraste dialéctico que llamaremos aquí “plus-mentira”. Incluso la construcción histórica-social de la “verdad” debe ser obra crítica.

En todos los sistemas económico-políticos que dividen a la sociedad en opresores y oprimidos, la mentira es un dispositivo consustancial o, dicho de otro modo, son mentirosos por definición. Sistema mentiroso que se basa en robar el producto del trabajo, con estratagemas diversas, que usa represión, miedo, armas, idolatrías e ideologías. La dictadura de las creencias y las supercherías. Mentiras que se perfeccionan en laboratorios de guerra psicológica fabricantes de “plus-mentira”. Ahora quieren imponernos como “verdad” su reino de la des-honestidad y la anti-política. La fachada fagocitando el contenido; las técnicas de persuasión produciendo crisis de confianza; la política huérfana de sociedad. Se trata de aniquilar lo que contradiga, lo que interpele, lo incómodo, lo difícil, lo profundo y lo social. Es un modo más de la ideología de la clase dominante en su fase intolerante y excluyente. Uno de sus modos más extremos y contradictorios que se “justifica” con “posverdades” creadas exprofeso y con tono “académico”. Medios para coagular el odio de clase como “verdad” que aniquila “lo otro”.

Con la “posverdad” y la “plus-mentira” ya no habría rumores “falsos”… todo es “verdadero” mientras sirva para obturar la realidad. Se la usa para destruir al rol del Estado, para invisibilizar escenarios de represión y crimen, para ocultar fraudes electorales de todo tipo. La “posverdad” endiosa a los monopolios de guerra ideológica hacia públicos entrenados para no exigir “pruebas” ante ninguna calumnia, públicos entrenados para omitir “re-preguntas” y, especialmente, para no interrogarse a sí mismos sobre su información verdadera. Públicos entrenados para la “pereza mental”.

Ellos anhelan audiencias modeladas como repetidoras automáticas de falacias dramatizadas por la coyuntura donde domina el punto de vista hegemónico que anula los cánones de veracidad. Que los “hechos” queden sepultados por el énfasis, por las exageraciones y por todos los estereotipos imaginables. La red de “plus-mentiras” en que se sustenta la “posverdad”, se propone recorrer a lo ancho y a lo largo, a lo alto y a lo profundo… el cuerpo social para hacerlo adicto a las mentiras. Adicto a la ingeniería de la “plus-mentira”. Inyectarle odio coagulado en intolerancia para aniquilar lo otro, lo que implique a lo diferente… lo que implique a lo popular y a lo revolucionario. Imponer la negación compulsiva de la “verdad” su necesidad de existir, negarle su razón de proceder y negarle el ser. La “plus-mentira” liberada de toda culpa o penitencia. La “plus-mentira” basada en la inmoralidad misma. El vacío de principios. La desfiguración alevosa de la realidad cómo signo de clase. El dogmatismo de la falacia, el fundamentalísimo de la irracionalidad impune. Y entonces lo falso es real.

Acaso el “plus” de la mentira en la “posverdad” sea su capacidad de consenso aplastante, su manera de obturar la duda. Incluso su glamour autoritario. La “plus-mentira” basada en componentes dinámicos de usurpación simbólica para asesinar la verdad con las banderas de lo que se niega o se combate. Hitler se hizo llamar “socialista”, Franco en nombre de Dios produjo matazones diabólicas. Así que ni la “posverdad” ’ni la “plus-mentira” son novedades ni hallazgos teóricos actuales y acaso un factor decisivo, o de su vigencia, sea el uso de las tecnologías subordinándolas a sus fechorías. La tecnología aporta su “prestigio” para hacer más contundente el desprestigio de la verdad. Total pasará nada. Y todo conduce a la anti-política.

En esta reflexión hay un litigio filosófico profundo y crítico que atañe a la “verdad” sus búsquedas, encuentros y desencuentros siempre históricos. No sobre el valor de su existencia social e histórica sino sobre sus depredadores aunque en la “posverdad” se los niegue. Y todo esto pone de relieve la responsabilidad social por la verdad, su lugar y sus desafíos. La verdad en cada pliegue de la revolución, la verdad de las masas y para las masas. La verdad que expresa la ética política de la lucha emancipadora. La verdad desde las bases con sus derrotas y sus victorias. La verdad y sus procesos, sus logros reveladores como saltos cualitativos de conciencia y compromiso. La verdad que es táctica inmediata de combate, la verdad revolucionaria siempre. En suma, si el capitalismo anhela manipular la percepción y las creencias con rumores y calumnias, con sobrecarga acelerada de información falsa para decir que hay “crisis humanitaria” donde hay luchas sociales; para imponer “guerras económicas” y decir que la voluntad popular no es confiable o lograr que nadie pueda reconocer la verdad de las luchas y eso deje de tener importancia… entonces la “plus-mentira” también es un campo de guerra en la Batalla de las Ideas.

Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=228777ic

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La innovación educativa y la formación del sujeto neoliberal

Por: Fernando Hernández

Cuando se habla de innovación en el ámbito escolar hay que desvelar las agendas ideológicas, sociales y económicas a las que se vincula. Porque aunque hay cierto giro hacia una educación que mira al desarrollo social, el capitalismo también quiere sacar provecho.

Cuando la clase dominada asume la ideología de la clase dominante, no se necesitan ejércitos de ocupación. Antoni Gramsci

Desde los años 70 del pasado siglo, la escolarización, entendida como un derecho que el Estado ha de proveer, ha sido cuestionada tanto desde instancias gubernamentales (de por Margaret Thatcher a Esperanza Aguirre), como por instituciones internacionales (Banco Mundial, OMC, OECD) y por académicos (especialmente los economistas de la Escuela de Chicago, Milton Freedman, y sobre todo Friederick Von Hayek). Todos ellos han sido clave en la extensión de ideas y políticas que defienden que la actuación del Estado en determinar los valores de la Escuela es un atentando a las libertades individuales; que es el libre juego del mercado el que ha de llevar a las familias a escoger la escuela que más le interese, lo que implica que hay que financiar la demanda y no la oferta; que las escuelas funcionarían mejor si lo hicieran de acuerdo con las normas del mercado y considerando a la escolarización como una mercancía.

De ello se deriva la propuesta de que la enseñanza tendría que ser una industria al servicio del mercado (como ya sucede con las universidades), por la cual se ha de pagar un precio que reportará beneficios al cliente y al proveedor. En este sentido, hay que tener en cuenta que como señalan Miñana y Rodríguez, el Banco Mundial estableció una identificación entre ‘educación y mercado’, ‘escuela y empresa’ y ‘familia y cliente’. Lo que lleva a pensar que al neoliberalismo no le interesa ni lo que se enseña o el conocimiento que se genera, sino los beneficios económicos que aporte a sus inversores.

Será en este marco en el que se plantee el valor de ‘innovaciones’, como las competencias, las evaluaciones clasificadores, los ránquines de centros y de países. Todo dentro de una defensa de la calidad (total) y la eficacia, con la finalidad de demostrar la importancia de los indicadores para que los clientes (consumidores) puedan escoger las opciones más ventajosas.

La reforma que normalizó este enfoque fue la que impulsó el gobierno de George W. Bush, primero en Texas, y luego como presidente de Estados Unidos, con la No Child Left Behind Act (2001). Esta ley, con la excusa de no dejar a nadie en el camino, abrió la puerta a la estandarización de las relaciones de aprendizaje, a partir de la imposición de pruebas que ‘medían’ el aprendizaje, clasificaban escuelas y abrían la educación pública a los intereses privados. Este movimiento, que asocia pruebas con rendimiento y calidad de la educación, tuvo (tiene) como una de sus consecuencias, que el profesorado tenga que dedicarse a enseñar a responder las pruebas y no a formar para dar sentido a las relaciones con el mundo en el que el aprendiz ha de vivir.

Este enfoque, en el que las pruebas PISA han jugado un papel importante, ha sido el dominante desde entonces y ha guiado las reformas e innovaciones de muchos países hasta 2015. Esta es la fecha que señala Andy Hargreaves como la del inicio de un giro que comenzaba a observar en sistemas educativos como los de Finlandia, Escocia y Ontario, donde las prioridades y las agendas parece que comienzan a cambiar. Se dirigen a favorecer el desarrollo personal y social, una relación con el conocimiento vinculada a estrategias de indagación y no a dar respuestas a preguntas previamente estandarizadas.

Pero esta corriente todavía es minoritaria. La reciente crisis económica en realidad puede abrir la posibilidad de gestionar la demanda de cambio en el sistema de democracia representativa y en el contrato social que se consolidó con las socialdemocracias después de la Segunda Guerra Mundial, y que se basaba en una triple solidaridad: territorial, fiscal y generacional. Pero como señalada Díez-Gutiérrez (2015), con la política de recortes y las ayudas a los bancos, se han transformado la responsabilidad social, donde el Estado garantizaba, a través de las aportaciones de todos que nadie se quedase sin lo básico, en responsabilidad individual.

El mantra que se repite para justificarlo es que cuanto más se preocupe el Estado del bienestar de los ciudadanos, menos inclinados se sentirán éstos a recurrir a sus propias fuerzas. Se extiende así la praxis de la ‘competencia’ (de países, de compañías, de sistemas educativos…), hasta la esfera individual. Cada individuo, a través de la emprendeduría, ha de superar a los otros en el descubrimiento de nuevas oportunidades de ganancia para avanzarse a ellos.

Esto que ha sido una constante del capitalismo empresarial y financiero se lleva a los sistemas educativos y las escuelas. Un ejemplo palpable es el contenido y la mirada que proyectan las pruebas PISA o la formación financiera que, con la supervisión de los bancos, se normaliza en todas las autonomías. De esta manera, el espíritu de la empresa se lleva a la escuela, igual que los valores del capitalismo. Todo ello como parte de una batalla ideológica impulsada por instituciones como el FMI, el BM, la OMC, la OCDE y la UE, que sitúan la formación del espíritu emprendedor como una prioridad de los sistemas educativos.

Esta batalla orienta a las personas a ‘gobernarse’ bajo los principios de la competición, la obtención del máximo interés individual y que se concrete en eslóganes como: “Si no tengo trabajo es porque no soy suficientemente emprendedor”, “hay mucho paro porque faltan emprendedores”, “deja de enviar currículos y crea tu propia empresa”, “no importa lo que hayas estudiado sino lo que sepas hacer”. Lo que nos ha de llevar a pensar que, cuando se habla de innovación y de ser innovador en la educación escolar, hay que desvelar las agendas ideológicas, sociales y económicas a las que se vincula. De todo ello seguiremos compartiendo después de la pausa veraniega.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/07/06/la-innovacion-educativa-y-la-formacion-del-sujeto-neoliberal/

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Tiempos de Cambio para la Escuela Secundaria

Por: Alberto Croce 

De repente, la necesidad de transformar la secundaria ha subido muchos puntos en la agenda educativa nacional. Cada vez más, muchos opinan, disertan, escriben, investigan… sobre esta cuestión. Cada semana, en distintas ciudades del país, varios foros se realizan alrededor de esta temática impulsados por empresarios, fundaciones, universidades, organizaciones sociales, ministerios de educación, periodistas…

Para nosotros, que hemos puesto en el centro de nuestra misión institucional a esta gran causa y la hemos llamado sin eufemismos “Transformar la Secundaria”, tanta movida es un motivo de esperanza, atención, interés…

Cuando optamos por centrarnos en esta cuestión e impulsar los diálogos intersectoriales para avanzar en los consensos necesarios para que estos cambios se produzcan, estábamos convencidos de que se trataba -y se trata- de una cuestión necesaria y urgente. Intencionalmente no buscamos fogonear la discusión entre los que piensan que lo que se está haciendo en las secundarias no sirve para nada y los que no acuerdan con esta postura. Es un debate estéril y que difícilmente conducirá a algo positivo. Si bien pensamos que hay muchísimas cosas importantes y positivas que hoy suceden en las 13.000 escuelas secundarias de nuestro país, estamos convencidos que hay que generar una nueva escuela secundaria pensando en los desafíos que el mundo actual y el futuro está planteando a nuestros adolescentes y jóvenes.

Avanzar en transformaciones nunca es una tarea sencilla. Sobre todo cuando implica que sucedan al interior de “sistemas complejos” con millones de personas involucradas en los mismos. Cualquier propuesta que no tenga suficientemente contemplada esta complejidad estará destinada al fracaso y, lo que es peor, fortalecerá las resistencias a los cambios que se buscan.

La otra cuestión importante es qué rol juegan en los cambios que se proponen los que están cotidianamente involucrados. La experiencia que nos da la vida misma, hace que conozcamos muchas personas que se sienten con autoridad para pontificar sobre cómo deben hacer los demás para resolver sus problemas y no logran ser muy eficaces en solucionar los propios. Esto sucede en todos los órdenes de cosas, de manera muchas veces inofensiva… Pero cuando se habla del Sistema Educativo, imaginar que los docentes y los estudiantes no deben ser escuchados o deben serlo sólo cuando dicen lo que confirman nuestras hipótesis, es un muy mal camino de cambio. Sencillamente, por ahí no se debe avanzar porque no se llegará muy lejos.

Algunos que miran el sistema “desde fuera” o con vínculos muy poco profundos con su realidad cotidiana, sienten un cierto tedio ante la afirmación anterior. Como si las resistencias fueran tantas que nunca se podrá finalmente cambiar nada. Es una sensación que se comprende. Pero así y todo es inevitable e irreemplazable la participación fundamental de los actores principales del sistema, a saber, docentes y estudiantes.

El otro punto fundamental cuando se piensa en los cambios necesarios y que nos habla también de la complejidad que debe abordarse, tiene que ver con la naturaleza misma de los cambios que se imaginan. En educación, como en muchos otros aspectos de nuestras vidas, los formatos externos son un reflejo de asuntos mucho más profundos. Los cambios en las metodologías o formatos, no cambiarán en realidad nada si no se atiende a las concepciones que están en juego, de manera explícita u oculta, pero que están allí, fogoneando desde dentro lo que se ve por fuera. Las cosas no suceden porque sí. La escuela tiene cosas que queremos cambiar y estas son como son por asuntos que no se ven fácilmente cuando sólo se observa superficialmente.

Por ejemplo, cuando la Ley de Educación Nacional plantea que la educación es un derecho, está tocando una cuestión sumamente sensible porque reivindica una concepción de persona humana que aprende.  La inclusión educativa no es una medida administrativa -aunque tenga consecuencias y exigencias de este tipo- sino un reconocimiento a la dignidad humana de todas las personas y, por ende de todos -TODOS- los estudiantes.

Esto nos exige pensar en formatos que no dejen a nadie fuera y en los que todos y todas puedan aprender con calidad. En nuestro sistema educativo, hoy fragmentado socialmente en instituciones que no interactúan suficientemente con otras con alumnos de diferentes grupos sociales, el Estado debe asumir la difícil responsabilidad de garantizar la buena educación para estudiantes que provienen de situaciones de mayor desventaja e injusticia social. Los cambios que buscamos, no son sólo para que la escuela les resulte más entretenida a los estudiantes… son una exigencia de la dignidad de cada uno de estos estudiantes y, en especial, de los que corren con más desventajas en la carrera de la vida.

Estoy observando con no poca preocupación cierta liviandad en algunas propuestas de transformación que a veces orillan la “tilinguería superficial” respecto de la idea del cambio. Mi amigo Axel Rivas repite todas las veces que puede que la innovación no puede implicar prácticas irresponsables porque los estudiantes no son “ratas de laboratorio” y que debemos avanzar con experiencias serias y comprobadas con rigurosidad.

Por eso, no debemos confundir transformación educativa con excentricidades metodológicas. Y mucho menos creer que porque una práctica pedagógica lleva un nombre en inglés es ciertamente recomendable para aplicar en las escuelas porque seguramente permitirá resultados favorables.

Por otra parte, tenemos que ser cuidadosos para que una práctica pedagógica más o menos creativa que se realice en un aula, no sea identificada con una transformación del sistema educativo. Innovaciones de ese tipo han habido y seguirán habiendo. Son necesarias e importantes. Se puede aprender mucho de ellas. Deben ser muy valoradas. Pero estamos hablando de otra cosa, de otra profundidad de cambios que hacen al corazón del sistema educativo respecto de la educación secundaria.

Otro error bastante corriente es identificar educación de calidad con prácticas docentes que se florean de reprobar a los estudiantes. Y aún más, si los hacen “repetir”. Los Medios de Comunicación refuerzan esta mirada con su remanida tesis del “facilismo educativo”. Es como un “virus” que infectó la concepción educativa de no pocos docentes. No enseñamos para reprobar sino para que los estudiantes puedan aprender. Y es eso lo que debemos buscar, utilizando todos los recursos disponibles para que ello suceda, aprovechando los diferentes tipos de inteligencia que hoy sabemos que existen. Ojalá todos los docentes pudieran lograr que todos sus estudiantes aprendieran lo que se les propone. Y, sobre todo, que aprendieran a aprender. Por ahí van los pasos de una buena educación.

Otro elemento muy importante para tener en cuenta es que hay que reconocer y asumir responsabilidades diferenciadas a la hora de encarar estas cuestiones. Por una parte, cada educador, cada directivo, cada estudiante, tiene una responsabilidad personal indelegable. En el caso de quienes forman los equipos docentes hay responsabilidades profesionales  cotidianas. La primera es ser muy estricto respecto del propio cumplimiento de sus responsabilidades laborales. La escuela secundaria de gestión estatal que garantiza el derecho a la educación tiene que asegurar que el ausentismo sea una situación excepcional. Se siente una gran frustración y un gran dolor cuando los padres y madres de los estudiantes que van a las escuelas de zonas más empobrecidas nos dicen que sus hijos casi nunca tienen una semana, y a veces ni un día, con todas las horas de clase según los horarios establecidos. Sensación compartida por directivos y docentes comprometidos que sienten una gran impotencia respecto de esta cuestión. Los dirigentes sindicales y los jóvenes de los centros de estudiantes también nos han dicho muchas veces que hay que trabajar esta cuestión con urgencia porque está debilitando y dañando seriamente a la misma escuela pública.

Pero hay que ir mucho más allá. Todos sabemos que hoy no es sencillo ser un guía potente del acompañamiento de los aprendizajes de nuestros estudiantes adolescentes. Sin embargo, es finalmente la responsabilidad de cada uno de los  docentes y debe ser asumida de la mejor manera posible. La transformación de la secundaria tiene buena parte de transformación de la tarea docente entre sus componentes principales.


Para los directivos es un gran desafío constituir equipos fuertes que trabajen coordinadamente y logren que la escuela responda a todas las exigencias y demandas que hoy la sociedad le está exigiendo.

Pero además, hay una responsabilidad propia de los funcionarios y por extensión del Estado. No es posible desde el Estado proponerse transformaciones serias si no se da respuesta consistente a las cuestiones presupuestarias de la educación. La secundaria diferente que responde a las exigencias de transformación que se están planteando en los diferentes escenarios, requiere de una mayor asignación de recursos porque sin ellos es sencillamente imposible alcanzar los cambios que se buscan. Siendo una responsabilidad propia de quienes administran el Estado, cualquier propuesta de transformación que se proponga como política pública deberá acompañarse de una clara indicación de cuáles serán las medidas que garanticen su adecuado financiamiento. Sin dicha información, será muy difícil que la propuesta resulte creíble, y, por tanto, no será acompañada por muchos de los actores que deben participar de la misma.

Se trata de responsabilidades diferenciadas que cada actor debe asumir con seriedad.

Desde Transformar la Secundaria hemos identificado “8 banderas para la transformación de la Escuela Secundaria”. Son ocho propuestas que hemos seleccionado de entre las que escuchamos y recibimos en una consulta atenta y cuidadosa con los más diversos sectores interesados en una nueva secundaria. Como es lógico, en los distintos escenarios mencionados se está hoy hablando de esas propuestas. (Nosotros sólo les hemos damos visibilidad porque desde distintos sectores se las ha venido identificando como importantes, algunas desde hace tiempo).

Creemos que debemos tomarlas con mucha seriedad. Ir a fondo. Identificar claramente cuáles son los obstáculos que encontramos para poder implementarlas. Aprender de los que las están aplicando con mayor éxito. No cometer errores que otros han cometido antes. Valorar el esfuerzo de quienes aprendieron, escribieron y desarrollaron estas prácticas transformadoras.

El centro de todo este proceso son las mismas escuelas secundarias. Sus equipos directivos convencidos de que es posible mejorar las prácticas y transformarse. Todos debemos apoyarlos con entusiasmo, conocimientos y recursos.

Desde el estado nacional y los estados provinciales se deben generar -o fortalecer cuando ya las hay- normativas que permitan mayores espacios de libertad para tomar decisiones institucionales responsables. Los supervisores e inspectores deben acompañar estos procesos y funcionar como “comunicadores” de las experiencias al interior del propio sistema educativo, favoreciendo los puentes y las vías de comunicación y expansión.

Para que todo esto suceda, es necesario que muchos docentes se convenzan también de su poder transformador dentro del sistema. Aún en medio de todas las dificultades actuales, es el camino que debemos recorrer para lograr que nuestras escuelas secundarias transiten por la senda de la transformación.

Esta gran transformación no tendrá “dueños”. Se requieren decenas de miles de “hormigas”, actuando al interior de las distintas escuelas. Para este cambio son más importantes que un puñado de “próceres”.

Estoy convencido que son muchos más que los que nos imaginamos los que están dispuestos a hacer una verdadera revolución educativa en la escuela secundaria. Los que hoy no están contentos con este rol que se les exige y que no les permite “conectar” verdaderamente con los estudiantes. Los que quieren volver a sentir en sus corazones lo que los llevó a elegir la docencia como profesión y como forma de vida.

La madurez de los tiempos no se planifica. Los tiempos propicios “acontecen” cuando una serie de elementos los hacen brotar en un determinado momento histórico, muchas veces de manera totalmente inesperada.

Este un momento importante para participar y asumirse como promotores del derecho a la educación. Un momento imprescindible para comprometerse con una educación emancipadora que ponga los valores en su lugar.

Docentes que trabajan en las escuelas como profes, docentes que tienen responsabilidades como directivos, supervisores, funcionarios… docentes que trabajan en organizaciones sociales y que buscan una mejor educación, docentes que desde las universidades vienen pensando una educación distinta, docentes que están en los bachilleratos populares, en los centros de apoyo escolar, en los “Fines”, en los centros de Formación Profesional, en los institutos de Formación Docente…

Asumiendo cada uno desde las propias raíces de su identidad como educadores latinoamericanos, trabajar muy seriamente para demostrar que ninguno mejor que ellos, sabe a dónde quieren ir, y que harán todo lo que puedan hacer, para garantizar la mejor educación para los adolescentes y jóvenes de nuestro país.

Aún en medio de las tensiones por las que atraviesa nuestra sociedad nacional y global, estos son tiempos oportunos para posicionarnos en estos debates que vienen ganando el escenario educativo. No tenemos por qué esperar por tiempos menos inciertos. Estos son los nuestros. Los que nos tocan vivir. Los que tienen toda la potencialidad de hacer que nuestras vidas como educadores tengan sentido.

 

 

Alberto Croce

Educador Popular y Maestro.

Director Ejecutivo de Fundación VOZ

Buenos Aires, Julio de 2017

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