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Educación e incertidumbre

Por: Manuel Gil Antón

La siguiente sístole nunca es segura. Puede ocurrir, o no. La fragilidad de la vida es tan cierta que más vale vivir como si no lo fuera, apresados en la angustia. Así vamos, vulnerables siempre sin hacernos cargo de permanecer vivos casi de milagro.

Hay etapas en la historia cuando la conciencia de la finitud se impone: como personas, sociedades y especie. Desde hace más de un año, está abollada, tal vez rota, la soberbia humana del control sobre las condiciones del futuro. La incertidumbre desvanece aquello de “querer ser como dioses”.

¿Acabará la pandemia? ¿Tiene fecha de caducidad? ¿Cuánto dura la protección de la vacuna? ¿Cubrirá todas las variantes? ¿Otro repunte? Si países con tasas de vacunación muy grandes tienen que encerrarse, ¿qué nos depara lo que viene? Añada las preguntas que quiera sobre esta temporada de agobio y la respuesta será semejante: ¿quién sabe?

Cada día averiguamos cómo van los procesos de inmunización; si los primeros vacunados, la vanguardia, aún generan anticuerpos. ¿Va a ser como la del sarampión, que es para siempre? ¿O habrá que vacunar a toda la humanidad cada año?

Pedimos a las autoridades de todos los niveles y campos que digan lo que hay que hacer. Reclamamos la falta de respuesta certera como incumplimiento, pero en muchos casos no lo es: de veras estamos en los tiempos del “no se sabe”.

En materia educativa: ¿cuándo volvemos a clases presenciales? En agosto para iniciar el ciclo 2021-2022. ¿Seguro? No, realmente no, es lo más probable. Depende de cómo vayan los contagios y la vacunación. ¿Será el curso presencial para todos, o salteados, o a veces, o para ciertas asignaturas y no otras? Vaya usted a saber.

Dos cuestiones surgen de los tiempos que vivimos: por una parte, un gran tema para quien concibe a la educación como algo más, mucho más, que la instrucción para el empleo y los exámenes estandarizados; se trata del tema mismo de la incertidumbre, como problema que viene cosido al bies de la falda o la valenciana de los pantalones de quien ha nacido. ¿Qué significa el momento único, la situación límite en que no es posible planear nada por la multitud de factores que intervienen para estabilizar, o no, un contexto social, un proyecto personal? En cada nivel de estudios, el dilema de la contingencia de la vida humana y social ofrecen una veta rica para la lectura, la escritura, el cálculo, la coherencia lógica en la argumentación y una serie de saberes y capacidades que son pilares del conocimiento en la vida: tenemos tema y capacidad para generar proyectos de estudio que lo incluyan, uniendo la experiencia vital, el desarrollo de la reflexión ordenada sobre el asombro de vivir.

Y por el otro, dada la incertidumbre, desechar la idea centralista y miope de un retorno de todos a todas las escuelas, con programas de estudio uniformes el mismo lunes en que la autoridad lo decida. El país es diverso y, en contextos de incertidumbre, lo más adecuado es unir a las y los maestros, las familias y las autoridades locales en zonas escolares específicas, para generar, y probar con paciencia y seriedad, distintas estrategias de recuperación de la escuela como espacio donde se aprende, pero sobre todo se generan las bases de un ánimo y esperanza colectiva en el futuro a través de la educación. No hay mal que por bien no venga: hagamos de la necesidad virtud, de la incertidumbre espacio para la generación de diversos caminos, confiando en el buen sentido de las comunidades escolares. Sería, sin más, extraordinario.

Profesor del Centro de Estudios Sociológicos de

El Colegio de México

mgil@colmex.mx

@ManuelGilAnton

Fuente: http://www.educacionfutura.org/educacion-e-incertidumbre-2/

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Apuntes sobre un barrio

Por: Elisabeth De Puig 

Las niñas ya no sueñan con un príncipe que las rescate en su caballo blanco, sino con ser la mujer de un capo, la amante del dueño del colmadón.

Con solo algunas horas hurgando las interioridades de un barrio marginado se extraen informaciones que ponen en entredicho muchas de las teorías y discursos sobre el desarrollo humano, los derechos de la niñez y la construcción del país que soñamos.

Caso 1

Me topé con un joven de 14 años que abandonó sus estudios hace varios años. En su escuela la psicóloga tenía “otras cosas qué hacer que bregar con mariconcitos”. Andaba apresurado, un tanto provocativo, con los cabellos rojo carmín. Cargaba una fundita de supermercado en la mano.

– Hola P. ¿Qué de tu vida?  ¿Cómo están por allá? ¿Sigues trabajando de noche? (prostituyéndose por la 42 y la Nicolás de Ovando)

– Sí.

-¿Picas algo?

– No.

– Entonces, deberías volver a estudiar.

– Quisiera hacer un curso de globos en una fundación que hay en Capotillo;  tienen más cursos, pero este es el que me gusta más. Como mi mamá está enferma y no puede trabajar,  me va a poner una paletera.

Enseñando la funda.

– Ahora, tengo que dejarla, voy a empeñar la licuadora para la quimio de mi madre (cáncer de mama), no hay dinero para ir al hospital.

En esta casa la abuela paterna se murió de Covid durante la pandemia.

La abuela materna padece cáncer, no tiene seguro y no puede tratarse; la madre tiene cáncer de mamas.

Dos hermanos mayores están en condiciones de calle, son delincuentes.

Un hermanito se murió en el incendio de la casa mientras la madre trabajaba.

También están Pedro, dos hermanitos y una niñita de 6 años.

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Donde se alcanzan los sueños juntos

Por:  Roberto Patiño

A las 7:00 de la noche la señora Alicia cruza el marco de la puerta de su casa sin poder dejar atrás la jornada de trabajo, en su mente repasa los detalles de una compleja logística que garantiza que el comedor no se detenga en la parroquia Ana Soto, una zona rural al oeste de Barquisimeto.

En casa la espera su marido, su compañero de vida, el hombre al que ama y con el que ha mantenido una relación de más de 14 años “con sus altas y bajas” –nos confiesa–, un venezolano que como muchos, sale a trabajar todos los días en medio de las más compleja crisis que hemos vivido como país. Él también está agotado, reconoce con solo verlo, pero le sorprende que no haya comenzado a hacer la cena aunque haya llegado temprano de la calle. “Yo los acostumbré”, nos reconoce y apostilla: pero ya es hora de que aprendan, él y sus dos hijos, que las cargas en el hogar se comparten entre todos.

Alicia Sivira lleva 9 meses coordinando un comedor de Alimenta la Solidaridad en el estado Lara y de su trabajo dependen más de 40 niños de su parroquia rural, un compromiso complejo por la falta de gas y de gasolina, un reto que han enfrentado construyendo alianzas con los vecinos y sensibilizando a la comunidad sobre la importancia del trabajo solidario.

Recientemente la señora Alicia participó en uno de los Talleres de Liderazgo Femenino que ha puesto a disposición Alimenta la Solidaridad. Para ella fue un descubrimiento personal escuchar las historias de vida de otras mujeres, entender, con el apoyo de especialistas, que hay muchas cosas a las que se acostumbró que no tienen que ser así, un descubrimiento que comenzó con ella y que ha llegado, poco a poco, a todos los miembros de su hogar y a otras mujeres de la comunidad.

La señora Nancy, líder de la parroquia Concepción de Barquisimeto, también nos habló de este descubrimiento durante el Taller de Liderazgo Femenino, fue una “revelación”, nos dijo, escuchar esas historias de otras mujeres y comprender, desde ejercicios didácticos, los matices que hay en la violencia de género, aprender a ver y distinguir hechos cotidianos que discriminan a las mujeres, hacerse con herramientas para ayudar a otras compañeras, aprender a escuchar nuevamente, a abrirse y contar sus historias, un primer paso para poner fin al maltrato y hacer un cambio en su vida. Empoderarse, nos dice Nancy, es aprender a escuchar al otro, escucharse a sí misma y sentirse más seguras de sus propias ideas, siempre respetando a quien tienes a tu lado.

No es casual esta coincidencia entre las señoras Alicia y Nancy, nos dice la profesora Camila, una de las responsables de llevar adelante los Talleres de Liderazgo Femenino de Alimenta la Solidaridad. Es importante generar espacios para que las mujeres se escuchen, para que narren sus experiencias de vida, descubran que no están solas, es un momento de revisión interior que tienen efectos muy concretos en la forma en que ejercen su liderazgo. Hablar, nos dice la especialista, es una forma de apuntalar la auto confianza en ellas mismas y una estrategia para tejer redes en la comunidad para coordinar el trabajo en equipo, algo que reconocen, todas las participantes, como la única vía para seguir trabajando por una Venezuela inspirada en los valores de la solidaridad, la democracia y el emprendimiento.

Por eso es importante estos programas de formación de liderazgo femenino, nos dicen las participantes y los profesionales que han estado involucrados en esta iniciativa, es necesario apoyar todos los eslabones de un tejido social puesto a prueba por la crisis, hay que seguir acompañando la capacidad de resistencia que está presente en los sectores populares, una vocación de servicio y lucha que nunca pierde de vista la necesidad de trabajar juntos por el cambio que queremos como país.

“¿Qué le recomendarías a las nuevas generaciones de mujeres?”, le preguntamos a la señora Alicia. Su respuesta fue automática, lo que nos confirma la existencia de una convicción de vida al servicio del otro: “¡Que se preparen!, que estudien, que se formen, porque es allí donde se alcanzan los sueños». E insiste: «Las mujeres estamos a la par de los hombres y solo juntos podemos sacar adelante a Venezuela”. Así nos dice a modo de despedida, esta vez sin apuros, su marido ya está en la casa haciendo la cena.

www.robertopatino.com

Fuente e Imagen: https://www.elnacional.com/opinion/donde-se-alcanzan-los-suenos-juntos/

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Aprendizajes no escolarizados generados por pandemia, se deben vincular con reparaciones educativas y socioemocionales de estudiantes

Por: Erick Juárez Pineda

En el marco de la mesa de análisis «Preparando el regreso a clases», organizado por la Universidad Iberoamericana, investigadores coincidieron que ante el actual contexto de pandemia, la educación y la escuela no solo deben verse como los espacios donde se comparte y construye el conocimiento, sino como un bien común donde se crean fuertes vínculos que trascienden los espacios físicos de las aulas y que impactan positivamente en la vida de la comunidad educativa.

Al respecto, Luz María Moreno Medrano, directora del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación  (INIDE), explicó que actualmente enfrentamos situaciones que han complicado la vida de los estudiantes, especialmente en el aspecto alimenticio, donde el cierre de escuelas afectó los más vulnerables.

Además, explicó que ante este confinamiento se han incrementado las desigualdades de género como los casos de violencia intrafamiliar y la diminución de oportunidades laborales para mujeres, además de las desigualdades educativas, sobre todo, en aquellas poblaciones que no cuentan con los recursos electrónicos para continuar sus estudios.

«Estamos ante un escenario incierto, retador y fuerte , donde extrañamos la escuela como ese espacio donde podemos tener momentos de contención, de socialización y espacios positivos donde poder sanar», añade.

Bajo este contexto, explica, debemos ver a la escuela y a la educación no solo como un lugar donde se recibe y se genera aprendizaje, sino como un bien común que se desarrolle en un clima de confianza y resolución de conflictos.

Por su parte, coordinadora de la Especialidad en Educación Socioemocional de la IBERO, expone que la actual crisis, que nos ha tomado a todos por sorpresa, ha causado malestares y emociones intensas que nos ha llevado a actuar desde la impulsividad, pues se vive un ambiente de incertidumbre y evasión de la realidad.

Advierte que a más de un año de procesos de adaptación e improvisación, estamos en un momento donde podemos recordar experiencias, lo cual, es necesario para sanar y resignificar estas vivencias difíciles.

Ante estas experiencias duras, añade, debemos reconstruir los aprendizajes vividos para, finalmente, poder innovar y dejar a un lado la improvisación.

Bajo este contexto, señala, donde más hubo disparidad fue en el aspecto socioemocional, donde  tenemos más rezagos, incluso, que en los aspectos académicos o de aprendizaje.

Por ello, dice, debemos prestar atención a los riesgos conductuales que ha presentado la mayoría de la población, los cuales, se han agravado por conductas como el sedentarismo, cambios en hábitos de sueño y alimenticios

Finalmente, Luis Medina Gual, coordinador del Doctorado Interinstitucional en Educación advierte que, hasta el momento, no hay información clara sobre los aprendizajes adquiridos o perdidos durante la pandemia.

Sin embargo, propone voltear a ver aquellos aprendizajes que se obtuvieron bajo este contexto y que no se habrían podido adquirir dentro de las escuelas.

«Los aprendizajes no escolares también cuentan y son muy valiosos. Muchas veces este tipo de conocimientos no se pueden ver dentro de las aulas o se ven reflejados en el currículum»
Además, concluye, se deben vincular estos aprendizajes adquiridos con los escolarizados y, así, comenzar a reparar emocional y académicamente a los estudiante para el regreso a las aulas.

Fuente e Imagen: http://www.educacionfutura.org/aprendizajes-no-escolarizados-generados-por-pandemia-se-deben-vincular-con-reparaciones-educativas-y-socioemocionales-de-estudiantes/

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«Me han faltado abrazos este curso»

Por: Educación 3.0

El curso 2020-21 ha sido atípico y complejo en todos los sentidos. María José Molina, docente de Infantil, reflexiona sobre lo que ha vivido en su aula y en su centro a lo largo de estos difíciles meses.

Mayo de este atípico curso 2020-21. Me encuentro seleccionando fotos de mis niños para mostrárselas a sus padres y madres en la última reunión general de este curso. La cantidad de fotos que tengo es enorme, nunca había hecho tantas fotos a mis alumnos, nunca había reflejado con mi cámara tantos momentos en un solo año. La razón es sencilla: en cualquier momento sobrevolaba nuestro cole (y otros tantos en el mundo entero) la posibilidad de que la ola de turno nos llevase a todos de nuevo a un confinamiento estricto o que a nuestra aula la mandaran a casa unos días.

Curso 2020-21

Por eso, cuando ahora revivo tantos momentos disfrutados, desde septiembre hasta hoy, los valoro doblemente y me emociono al pensar que ha sido posible disfrutar de los amigos y amigas y que el colegio ha podido desarrollar la irremplazable y valiosísima misión que le da sentido. Además, de valorar que ha podido desplegar las alas que tuvimos que recoger en marzo de 2020. El colegio ha podido acoger con toda su grandeza a tantos niños y niñas que tanto lo necesitan, porque gran parte de su vida la constituye el centro educativo.

Dichas fotos reflejan momentos que la pandemia nos quitó el curso pasado, desde marzo. Pero eso se terminó y en septiembre, volvió el ruido a nuestras aulas, patios y pasillos. Bendito ruido. En mi caso particular, por un lado, estoy muy contenta y orgullosa de haber tenido la oportunidad de ser la maestra de los niños y niñas de 3 años durante este curso tan difícil, porque, a pesar de ser los más pequeños del cole, han demostrado ser igual de ejemplares que los alumnos mayores en el cumplimiento de las normas de la Covid-19.

Sentimientos encontrados y dudas

Este orgullo que siento se mezcla con pena, ya que el curso pasado no pude despedirme de la mejor manera de mis niños de cinco años, con los que compartí tres cursos estupendos y a los que he visto crecer. El tiempo hizo aflorar en nosotros un cariño especial y muchos recuerdos. Ellos han dejado la etapa de Educación Infantil y han comenzado Primaria con su mochila nueva, con su mascarilla y con mucha valentía. Ojalá pudiera darles un abrazo de esos que recargan pilas cuando los veo por el pasillo del cole, para transmitirles seguridad y confianza en que lo harán muy bien en esta nueva etapa.

Curso 2020-21

Y por si el virus no nos había sacado ya de nuestra zona de confort, a las puertas de una tercera ola, en enero, llega la borrasca Filomena. Otra vez la incertidumbre de cuándo podremos volver al cole, de cómo planificar las lecciones online, que no se me vaya la conexión… Y entre medias: el temor a que se congelen las tuberías en casa, la luz que se va varias veces por la humedad… Pero para nuestros alumnos fue toda una aventura: se disfrazaron, nos enseñaron los juguetes de Reyes por la pantalla y eso les encantó. Aunque la clase online no podía reemplazar los momentos vividos en el cole, había que llevarlo de la mejor forma posible, y así lo hicimos. Pero también durante este curso, con la primavera llegó la vacuna, y con ella, poco a poco, la esperanza.

Dificultades y temores, a la orden del día

Este año los profesores hemos tenido que esforzarnos por no dejarnos llevar por el miedo y continuar con normalidad, no había otra opción, había que hacerlo por nuestros alumnos. Hemos mostrado cariño y cercanía a pesar de nuestros propios temores, el miedo a contagiarse y a contagiar. La ilusión y el trabajo bien hecho han ganado al miedo, pero no podemos decir que no nos haya costado. Además, en el caso de las maestras de Infantil, hemos seguido conviviendo con los típicos fluidos habituales (babas, mocos, lágrimas, pis…) y con niños sin mascarilla.

Todo eso ha seguido igual, pero me han faltado otras cosas típicas de nuestra etapa. Han faltado abrazos, besos y muestras de afecto en general. Ha habido contacto físico, pero menos del habitual, y eso no es bueno, porque ese cariño constituye alimento para el alma. En mi caso, he recurrido al uso de un mayor número de palabras bonitas, de guiños de ojos, de miradas cómplices, de sonrisas con los ojos… No he escatimado en halagos, en palabras de ánimo y de consuelo para mostrar, de manera diferente, ese afecto que hemos reprimido tanto desde que comenzó la pandemia. Conectar con los alumnos ha sido más difícil durante este curso que en cualquier otro, pero considero que lo hemos logrado.

Futuro esperanzador

Gracias al esfuerzo de todos: niños, padres y profesores (de todos los niveles educativos) y también de otros muchos miembros de la comunidad educativa hemos salido adelante. Sin olvidarnos del fundamental personal de limpieza que ha echado el resto durante este curso por la seguridad y el bienestar de todos o de los equipos directivos, para los que la palabra responsabilidad ha supuesto un peso mayor del habitual. Este fin de curso estamos ya a las puertas del comienzo de otro capítulo: con muchas personas vacunadas, con una menor incidencia de casos y con la relajación de las normas. En el nuevo capítulo espero que lo que ahora es normal (mascarilla, gel, distancia…) nos deje de parecerlo y lo que antes era normal vuelva a parecerlo de nuevo.

Curso 2020-21

Esta es mi historia, pero puede ser la de cualquier otra maestra de Infantil durante este año. Un curso entero de pasar frío con las ventanas abiertas, de micrófono casi imprescindible, de guantes, de manos agrietadas de tanto lavarlas, con ese olor a gel hidroalcohólico en todas partes o a lejía en la alfombrilla de la entrada, de desinfectar el teclado, la fotocopiadora o el teléfono que había tocado la compañera, con los patios separados por aulas, las entradas y salidas escalonadas o la falta de tutorías presenciales con las familias.

Fuente e Imagen: https://www.educaciontrespuntocero.com/opinion/curso-2020-21/
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El fin de un año escolar desafiante

Por: Dinorah García Romero

Desafiante, porque pone al Ministerio de Educación ante la necesidad de optar por un sistema de evaluación más integral, innovador y participativo.

El año escolar 2020-2021 está llegando a su fin. El Ministro de Educación de la República Dominicana ha anunciado que será clausurado el 29 de julio. Antes de realizar esta actividad, el Consejo Nacional de Educación ha determinado que se realice la evaluación de los estudiantes, excepto los de Educación Inicial. La evaluación es un proceso muy importante que generalmente despierta la atención, no solo del sector educativo, sino también de la familia y de la sociedad en general. Un aspecto importante es que la promoción de los estudiantes que van a ser evaluados no dependerá de la calificación que obtengan en la prueba que se les aplique; sino que se tendrán en cuenta los trabajos que hayan realizado en el desarrollo del curso. Este hecho es interesante y constituye una oportunidad para que estudiantes y docentes constaten qué tan significativas y efectivas han sido sus experiencias de aprendizajes. Tendrán la ocasión de identificar qué factores contribuyeron efectivamente a la construcción de conocimientos y a la adquisición de aprendizajes con significados para los actores involucrados.

El Consejo Nacional de Educación ha de avanzar hacia una evaluación más sistémica. En un contexto de pandemia, además de los contenidos disciplinares, se han de tener en cuenta procesos, acciones y experiencias resilientes que han convertido a muchos estudiantes y docentes en sujetos más corresponsables, solidarios y comprometidos con el centro educativo y con sus comunidades. Los aprendizajes que derivan de las diferentes disciplinas son fundamentales, pero no excluyen otros que emergen de la interacción de los estudiantes y docentes con su entorno inmediato; y de su capacidad para enfrentar las situaciones difíciles generadas por el contexto pandémico que viven. En todo momento hemos nombrado de forma conjunta a estudiantes y a docentes. Y es que se considera necesario evaluar el trabajo realizado por los docentes y por los gestores de la educación. Hace varios años que se propugna por una evaluación más integral y cada vez menos parcial. Esta integralidad ha de tener en cuenta la diversidad de dimensiones que aportan las ciencias, la calidad del trabajo realizado por los docentes, las condiciones estructurales en las que se realiza el trabajo docente y la calidad de los recursos de apoyo al aprendizaje. Se debe superar la política de una evaluación centrada solo en lo que hace y aprende el estudiante. Sí. El estudiante es la prioridad, pero no el único sujeto que ha de ser sometido a evaluación.

Al clausurar el año escolar se ha de evaluar, también, el trabajo de docentes y gestores; y   de los técnicos distritales y nacionales. Los administradores de la educación a nivel nacional han de ser evaluados. Si la evaluación incluye a los distintos actores y se toman en cuenta la multiplicidad de factores que intervienen en un proceso evaluativo, los resultados de aprendizaje también se pueden constatar de forma más global e integral.

Es tiempo de darle a la evaluación el sitial que merece y necesita. El proceso evaluativo se ha de asumir como una práctica sustantiva del trabajo docente y de los gestores. No tiene sentido huirle a este proceso. Sus aportaciones son imprescindibles para avanzar hacia una docencia y una gestión más innovadoras y transparentes. En este mismo sentido, se ha de realizar una evaluación exhaustiva del alcance, las implicaciones y los resultados de la educación virtual; y de la formación a través de la televisión y de la radio. Se han de evaluar, además, las aportaciones de las familias. Los cuadernillos requieren una evaluación especial. La calidad, la estética y la consistencia de estos materiales demandan una revisión con rigor y orientada a cambios significativos.  Este proceso evaluativo general importa para que el curso escolar 2021-2022 tenga como cimiento buenas prácticas de los estudiantes, de los docentes y de los gestores de la educación.

El fin del año escolar 2020-2021 es desafiante, porque pone al Ministerio de Educación ante la necesidad de optar por un sistema de evaluación más integral, innovador y participativo; y de descartar una práctica que en los tiempos actuales ha de estar en desuso.

Fuente: https://acento.com.do/opinion/el-fin-de-un-ano-escolar-desafiante-8959213.html

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Lo que hay detrás de los regalos de fin de curso a los profesores

Por: Carlota Fominaya

Esto es lo que según los expertos implica hacer un presente a los docentes de tu hijo.

Llega el fin de curso, y empiezan a arder los grupos de WhatsApps. La propuesta de regalar un detalle (y por qué importe) al profesor centran el tema, junto con la búsqueda también del padre o madre voluntario que se va a encargar de ir y escoger el presente. De hecho, tal y como reconoce Verónica Rodríguez Orellana, psicóloga y directora en Coaching Club, «a estas alturas del año el regalo a los profesores es un tema que, en muchas ocasiones, se trae a sesión de terapia».

Ella misma trata a una paciente con una niña de 11 años que se cuestiona el hecho de tener que hacerle un regalo a los maestros que ha tenido su hija a lo largo del año lectivo. «¿Por qué tengo que escoger algo, ponerme de acuerdo con el resto de los padres, entrar en un tira y afloja para luego pagar por algo que en el fondo ni siquiera estoy de acuerdo con ello? Se cuestiona la mujer en nuestras charlas», asegura Rodríguez Orellana.

A la pregunta de esta experta sobre qué le parece a esta madre que sería más interesante hacer, ella propone que sean los propios niños que valoren, que sean a ellos a los que se les enseñe a dar lo que ellos, tienen ganas de ofrecer realmente. «Es una propuesta que está empezando a circular entre algunos progenitores. Reúnen a sus niños y salen cosas muy interesantes como por ejemplo: dibujos, pasteles que luego reparten y comen todos juntos, cuentos, cartas colectivas, collages, videos, canciones. Todas producciones realizadas por los propios interesados, los niños, que han tenido al docente a lo largo del año. De esta forma ellos aprender el valor de dar algo que no tiene que ver ni con el dinero, ni la clase social, solo tiene que ver con el agradecimiento que cada uno pueda sentir».

Cuando finalmente se regala…

La realidad es que finalmente la mayoría de las familias participan en el regalo material que han consensuado vía WhatsApp y, tal y como indica la psicóloga Sheila Alcaraz, directora y Psicóloga de Instituto Alcaraz, con hechos como este «nos olvidamos de dar ejemplo». «Si a un profesor por terminar un curso le regalamos un objeto, ¿qué podemos esperar que nos pidan nuestros hijos? En este caso, podríamos actuar en consecuencia y una opción podría ser que los alumnos participaran en alguna dinámica en el aula para cuidar, acoger y mimar al profesor, tal como él ha hecho durante el curso, o bien preparar alguna clase con un tema de interés del mismo. La enseñanza en este caso es la consecuencia a su conducta “tú me cuidas y yo te cuido”», razona Alcaraz.

De hecho, tal y como recuerda la psicóloga Úrsula Perona, autora de Hijos de Alta Demanda (Ed. Toromítico), «hay un dicho que sugiere: ‘Lo que se paga no se agradece’». Sin embargo, Perona también cree que esto tiene matices. «Cuando uno hace lo esperado en su trabajo, es cierto que su sueldo cubre esto. Pero y el ¿sobreesfuerzo? ¿Y lo que se sale de los mínimos? Es una cuestión muy personal, y cada madre o padre debe sentirse en la libertad de poder elegir si quiere o no participar de este detalle. Y en ambos casos estará bien». Recordemos, añade Perona, «que en el acto de regalar hay afecto, hay respeto, hay cariño y muchas otras emociones. Eso es lo que encierra un regalo. Y no tiene nada de malo si nos nace y nos apetece tener un detalle con el profe de nuestro hijo».

Así lo corrobora Maribel Martínez, psicóloga, directora del Centro Terapia Breve y autora de «¿Cuántas veces te lo tengo que decir?» (Ed. Arpa), para quien el objetivo de este regalo «no es otro que el agradecimiento, no la coacción». «Y este es un gran valor que todos deberíamos tener. Educar a los hijos en los valores es una de nuestras misiones como padres. Hacer partícipes a los hijos del regalo al profesor es ser un ejemplo de agradecimiento. La imitación es uno de los mecanismos de aprendizaje básicos. Los padres somos un modelo para los hijos. Así que, en este sentido, propongo que ese agradecimiento sea compartido por padres e hijos. Aunque se pueda comprar algún detalle, el mejor regalo para elprofesor no se puede comprar, porque es el que proviene de sus alumnos: un dibujo, una carta o una manualidad son un tesoro».

Fuente e Imagen: https://www.abc.es/familia/educacion/abci-detras-regalos-curso-profesores-202106210057_noticia.html

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