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Guatemala: emigrar o morir, el dilema tras un deslave fatal

Por: Alberto Arce y Rodrigo Abd

El día antes de irse a Estados Unidos Víctor Cal estuvo muy ocupado recolectando dinero, de pariente en pariente, para comprar comida durante el viaje.

Su madre, desconsolada, no acababa de aceptarlo. “Le pedí que no se fuera porque podemos vivir aquí”, repetía una y otra vez, “pero él ya había tomado la decisión”.

Compartieron en silencio la poca comida que tenían, apenas un par de chiles con ajonjolí. La tristeza de su madre caía sobre Víctor como una losa. Lo mejor era moverse. Necesitaba encontrar un lugar en el que cargar su teléfono “para poder recibir llamadas del coyote. Tiene que decirme dónde y cuándo nos vamos a ver”.

Salió al camino de tierra repleto de baches que comunica su comunidad con el resto del país para que alguien le diera jalón hasta algún lugar con electricidad, a kilómetros de distancia. Se montó en una motocicleta y desapareció.

Esta historia es parte de una serie, Después del Diluvio, producida con apoyo del Pulitzer Center on Crisis Reporting.

A los 26 años, Cal no veía otra opción que irse. La aldea en la que vivía ofrecía un futuro de hambre y muerte. Para él, Estados Unidos se convertía en la única opción de futuro.

Otros 11 hombres de la aldea ya habían emprendido el camino en lo que va de año. Las autoridades estadounidenses han detenido a más 150.000 guatemaltecos en su frontera sur en 2021, cuatro veces más que en 2020.

Muchos de ellos se encontraban en la misma situación que Víctor Cal, empobrecidos y pasando hambre. Miembro del pueblo Pocomchí, no logró encontrar trabajo en Ciudad de Guatemala y cuando llegó la pandemia se sumó a miles de personas que abandonaron la capital para regresar a las montañas. Las tierras en las que su padre cultivaba café, cardamomo, maíz y frijoles sonaban entonces a lugar seguro. Al menos, pensó, allí, en Quejá, Alta Verapaz, habrá comida.

Se equivocaba.

Lo que se encontró fue su peor pesadilla. Nunca podría haber imaginado que la lluvia torrencial de un huracán lo destruiría todo. Su casa, sus tierras, la aldea entera. Toda la familia se encontró sin nada, desplazada y dependiente de la ayuda humanitaria de organizaciones internacionales en un asentamiento precario bautizado como Nuevo Quejá.

Así que ahora estaba a punto de abandonarlo. Una vez que logró cargar su teléfono, tras la puesta de sol, regresó. Un grupo de amigos le esperaba para la despedida. Evasivo, no quiso despedirse.

No tardó mucho en llenar su mochila amarilla: una camisa, un jersey, jeans y unas zapatillas de deporte. Ya lo había perdido casi todo en el deslave que sepultó su casa.

Llovió sin parar durante 25 días. La carretera de acceso estaba cortada e inundada. Los habitantes de Quejá llevaban 10 días atrapados en sus casas cuando sucedió el deslave.

Una mujer y su hijo caminan entre la devastación causada por un deslave provocado por el huracán Eta, en Quejá, Guatemala, el 7 de julio de 2021. Cincuenta y ocho personas desaparecieron en cuestión de segundos en esta aldea guatemalteca en noviembre de 2020. Cuarenta viviendas quedaron sepultadas bajo toneladas de lodo y docenas más quedaron sin acceso. (AP Foto/Rodrigo Abd)
Sin electricidad, los teléfonos se habían descargado. Nadie pudo avisarles de que corrían peligro porque aquel día había llovido cinco veces más de lo habitual en un mes entero y debían evacuar la aldea.

A la hora del almuerzo del 5 de noviembre, los árboles comenzaron a caer y la ladera de la montaña se derrumbó. Los habitantes de Quejá huyeron dejando la comida en el fuego.

“Los que tuvimos tiempo para huir sólo pudimos echarnos los niños a la espalda”, recuerda Esma Cal, una de las supervivientes. Articulada, enérgica y de discurso fluido, esta mujer de 28 años asumiría gran parte del liderazgo comunitario desde el momento de la tragedia. (Gran parte de los habitantes de Quejá comparten el apellido Cal aunque no siempre son familia directa)

En cuestión de segundos, 58 personas desaparecieron bajo la tierra. La mayor parte de los cuerpos no aparecerá jamás. 40 viviendas quedaron sepultadas bajo toneladas de escombros, decenas más son inhabitables.

Los supervivientes lograron tender cuerdas para cruzar los ríos nacidos del derrumbe y llegar caminando hasta la aldea más cercana. Sus habitantes compartieron con ellos la comida que les quedaba y ofrecieron las escuelas y el mercado para alojarlos. Debido al aislamiento provocado por el huracán, los camiones con suministros no podían llegar hasta allí. Esma Cal explica que cuando los helicópteros lo lograron, “algunas personas llevábamos casi dos días sin comer”.

Quejá no era un pueblo rico. Pero sí un lugar que, tras décadas de esfuerzo, había alcanzado algún progreso. Todo se perdió en un abrir y cerrar de ojos.

Erwin Cal, de 39 años, ubica su origen hace un siglo. Un grupo de familias logró acceso a la tierra de una gran plantación de café. “Mi abuelo era esclavo. Recogían la cosecha sin cobrar a cambio de permiso para construir sus chozas y usar algunos lotes para sus cultivos”.

Comenzaron con alimento para autoconsumo, maíz y frijol. Después llegaron el café y el cardamomo para la venta. Con el tiempo lograron ahorrar lo suficiente para comprar tierra.

Cacerolas con chile rojo y ajonjolí, o semillas de sésamo, sobre el fuego, parte de una comida compartida en silencio por Victor Cal y sus padres un día antes de partir hacia Estados Unidos, su casa en un asentamiento improvisado en Nuevo Quejá, Guatemala, el 8 de julio de 2021. La víspera de iniciar su camino hacia Estados Unidos fue un día ocupado para Cal, fue de familiar en familiar recolectando dinero para comprar comida en su viaje al norte. (AP Foto/Rodrigo Abd)

En la década de los 80 algunos de los hombres comenzaron a alistarse en el ejército de Guatemala. Al comenzar este siglo, la ola de violencia que invadió las ciudades generó empleo en el sector de la seguridad privada y muchos acabaron convertidos en vigilantes.

Con ese dinero comenzaron a levantar casas de cemento, suelos de azulejo, ventanas y electrodomésticos. Erwin Cal dice que tenía un ordenador personal, un equipo de sonido y televisión por cable. Todo lo perdió.

En enero, Esma Cal, Erwin Cal y Gregorio Ti, amigos desde la infancia, decidieron organizar un Consejo Comunitario de Desarrollo. En febrero ya habían fundado un nuevo asentamiento en lo que quedaba de sus tierras de cultivo, una tercera parte de la extensión previa, muy cerca de la aldea sepultada. El lugar no está a salvo de un nuevo deslave, pero es el único al que tenían acceso. Así nació Nuevo Quejá, donde viven hoy alrededor de 1.000 supervivientes.

Ti, de 36 años, dice: “sabemos trabajar”. Perdió a su mujer embarazada, a sus dos hijos de 2 y 6 años y a su madre. Hoy, las dos hijas que lograron salvarse no se separan de su lado.

Ofelia Cal Jom, de 14 años, con su hermana Dora, de 9, en brazos, mientras posan para una foto en el asentamiento improvisado de Nuevo Quejá, Guatemala, el 6 de julio de 2021. Ofelia y Dora son las únicas sobrevivientes de su familia, que falleció en el deslave provocado por el huracán Eta en noviembre de 2020. (AP Foto/Rodrigo Abd)

Se rompen la espalda de sol a sol. No tienen animales de carga. Desde el amanecer, hombres, mujeres y niños cortan y cargan madera para cocinar y limpian tierra a machete.

Las viviendas que habitan están hechas a base de madera de los pinos que ellos mismos han cortado y láminas de zinc donadas por un cura. El suelo de muchas aún está repleto de piedras que no han logrado levantar. Llenas de agujeros, el agua de lluvia las inunda. Usan cualquier cosa para tratar de sellarlas, incluso banderas de Estados Unidos que aparecen dentro de los sacos de ropa de segunda mano donada que reciben.

Germán Cal, tío de Esma Cal, que regresó a los 37 años a Quejá tras dos décadas en la capital del país para montar una granja de pollos que desapareció sepultada por el deslave, es quien ahora trata de conseguir que llegue el tendido eléctrico al asentamiento.

Su tarea es casi imposible. Nuevo Quejá no existe, al menos para el estado. El gobierno, que nunca ha sido de gran ayuda, declaró el lugar inhabitable. Por eso, no va a ser fácil que se instalen postes de electricidad, se repare la carretera de acceso o se mejore el suministro de agua.

Esma Cal no tiene duda alguna. “Más allá de declarar este lugar como inhabitable, el estado de Guatemala no llega hasta aquí. Sin matices”.

Carmelinda Gualim observa mientras un enfermero pesa a su hija de 16 meses, Becky, durante un control en el asentamiento improvisado de Nuevo Quejá, Guatemala, el 9 de julio de 2021.Antes del huracán los niños estaban más sanos. “Hoy es raro el niño que presenta peso y altura correctos. Casi todos están en riesgo. Sus familias no viven en un sitio apto para la cosecha. Han perdido la sostenibilidad”. dijo el enfermero, César Chiquín. (AP Foto/Rodrigo Abd)

Los habitantes de Nuevo Quejá han recibido ayuda de algunas organizaciones gubernamentales financiadas por la Agencia de Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID). Su utilidad varía.

Una organización les dio carretillas, picos y palas mientras dos psicólogas jugaban con los niños y les recordaban cómo lavarse los dientes. Otra recorrió las viviendas para comprobar que una donación previa de equipos de potabilización de agua funcionaba correctamente. Una tercera invirtió dos días a mediados de julio en realizar un censo de necesidades.

Pese a la precariedad y carencias del lugar, de todas las cabañas cuelga un espejo donado por USAID. Lo entregan, dicen, para elevar la autoestima.

Miembros de la Iglesia Baptista CrossPoint, la familia Leonardi, de Argo, Alabama, rezan sobre Ofelia Cal Jom y su hermana pequeña, Dora, tras instalar una cocina en su choza en el asentamiento improvisado de Nuevo Quejá, Guatemala, el 12 de julio de 2021. (AP Foto/Rodrigo Abd)

UNICEF donó una escuela a la comunidad. Pero lleva cerrada cinco meses. Nadie encuentra la llave. Resulta que UNICEF se la dio a una de las maestras que, al dimitir, no la devolvió. Otra copia fue para uno de los vecinos que dice que nunca la tuvo.

Así que tuvieron que levantar otra escuela a base de tablones y láminas. Pero como todas las construcciones de la aldea, se inunda cuando llueve y se llena de barro. El mobiliario se pudre.

Una alumna escribe en su cuaderno sentada contra la pared, sobre el piso embarrado de la choza que sirve de escuela, que se inundó por las fuertes lluvias de la noche anterior, en el asentamiento improvisado en Nuevo Quejá, Guatemala, el 6 de julio de 2021. UNICEF donó una nueva escuela para la comunidad, pero lleva cinco meses cerrada porque nadie puede encontrar la llave para abrirla. (AP Foto/Rodrigo Abd)

A esa escuela asisten 250 niños. De los 12 maestros que había antes del huracán, cuatro continúan impartiendo clases pese a que el Ministerio de educación no lo permite debido a la pandemia. Uno de los maestros explica, sin dar su nombre por miedo a represalias, que los materiales educativos son en español y los niños hablan Pocomchí.

“Ninguno llegará a la secundaria. Ya han perdido años. El fracaso escolar es total”, agregó el profesor.

César Chiquín es, a sus 39 años, el enfermero responsable de la zona. Visita Nuevo Quejá al menos una vez al mes. Las madres se dan cita en el patio de la única casa de bloques de la aldea y allí esperan a que mida y pese a los niños.

A los pequeños no les gusta que los pongan sobre los instrumentos. Lloran. Las madres miran en silencio a Chiquín, como si hiciera magia.

Residentes rezan en el interior de una iglesia en el asentamiento improvisado de Nuevo Quejá, Guatemala, el 11 de julio de2021. Los sobrevivientes de un deslave causado por el huracán Eta, que enterró su aldea, viven ahora en un asentamiento temporal levantado en un tercio de sus terrenos agrícolas, cerca de sus antiguas viviendas. (AP Foto/Rodrigo Abd)

Los resultados son malos. “La malnutrición se ha multiplicado por dos. Uno de cada tres presenta retrasos”. No tiene muchas opciones. “Lo único que puedo hacer es darles vitaminas y consejos que no pueden seguir. Incluso si quisieran, no disponen de los recursos”.

Antes del huracán los niños estaban más sanos. “Hoy es raro el niño que presenta peso y altura correctos. Casi todos están en riesgo. Sus familias no viven en un sitio apto para la cosecha. Han perdido la sostenibilidad”.

Sergio David Jom, de 2 años, tendido sobre una báscula para medirse durante un control en el asentamiento improvisado de Nuevo Quejá, Guatemala, el 9 de julio de 2021. Al menos una vez a mes, un enfermero visita Nuevo Quejá. Los resultados son malos. “La malnutrición se ha multiplicado por dos. Uno de cada tres presenta retrasos”, dijo César Chiquín. (AP Foto/Rodrigo Abd)

Esa es la petición recurrente de los habitantes de Nuevo Quejá. Hagan lo que hagan, no pueden cultivar la comida que necesitan para sobrevivir. Parte de ese problema nace de que la tierra no espera. Perdieron la cosecha del año pasado y “llegamos a Nuevo Quejá demasiado tarde para plantar como es debido”, explica Esma Cal.

Además sólo cuentan con un tercio de la tierra que cultivaban antes del huracán. Gran parte del suelo está degradado: las lluvias torrenciales “lavan” la capa de tierra negra más superficial y fértil y dejan al descubierto otra más arcillosa en la que es imposible plantar nada.

“Antes cosechábamos dos veces al año, ahora recogemos sólo una cosecha y mucho más pequeña que cubre una parte mínima de lo que necesitamos. Estamos comenzando de nuevo por debajo de cero”, dice Esma Cal. Los obstáculos se multiplican. Las semillas y los fertilizantes cuestan el doble. Las carreteras están muy dañadas y en cuanto llueve quedan cortadas. Pero sobre todo, la tierra. Ya no es buena. Eso es lo peor.

El Consejo Comunitario ha hecho los cálculos. Necesitan 75 acres más. Pero no tienen dinero para comprarla.

El gobierno cuenta con un fondo de tierras. Algún día podrían recibir la tierra que necesitan. Pero la ley no dice que eso tenga que suceder en la misma zona de la que son originarios. Y no se les pasa por la cabeza abandonarla. La mayoría no habla español. Irse lejos supondría el fin de su cultura.

“Nuestra comunidad ha colapsado y necesitamos una solución permanente. Este lugar no es apto para la vida, pero por ahora no tenemos una salida”, dice, frustrada, Esma Cal. “Nuestro problema está en que no tenemos tierra y somos dependientes. Vivimos de la tierra. Necesitamos tierra”.

Los habitantes de Nueva Quejá conviven con la muerte. Sobrevivieron a un deslave en el que fallecieron 58 de sus vecinos de modo instantáneo y saben que podría volver a suceder.

Pero necesitan madera para cocinar. Así que continúan deforestando el bosque, generando condiciones para más deslaves una vez que comience la temporada de lluvias.

Miembros de la familia Hualim Lem desayunan después de trabajar durante la noche matando a un toro para vender la carne a sus vecinos, en el asentamiento improvisado de Nuevo Quejá, Guatemala, el 13 de julio de 2021. La familia está entre los sobrevivientes del deslave causado por el huracán Eta que sepultó su aldea, y ahora vive en el asentamiento temporal levantado cerca de aquel lugar. (AP Foto/Rodrigo Abd)

“Por el momento, no podemos elegir”, se lamenta Gregorio Ti.

Julio Cal, de 46 años, es el responsable de vigilar el impacto de la lluvia sobre la montaña. Tienen un plan de evacuación. Sobre una colina, en un pinar, han levantado una construcción de madera con espacio para acoger a varios cientos de personas. Pocos creen que esa sea la solución definitiva a sus problemas.

“Sabemos que no podemos vivir aquí”, dijo Cal. “En cualquier momento esa montaña puede romperse y aquí nos morimos todos, somos conscientes. El gobierno tiene que reubicarnos permanentemente”.

Mientras tanto, la escasez y necesidad de este asentamiento continúa matando a sus habitantes. En julio, una joven de 17 años agonizaba en la cama. En su pierna derecha, un tumor del tamaño de una pelota de fútbol. Vomitaba continuamente entre lamentos de dolor, en un estado de desnutrición avanzada. Cuando meses antes la comunidad logró enviarla a visitar a un especialista, ya no quedaba más opción que amputar la pierna para salvarle la vida.

Flor Maribel Cal, de 17 años, tendida sobre su cama con un tumor del tamaño de una pelota de fútbol en su pierna derecha, en el asentamiento improvisado de Nuevo Quejá, Guatemala, el 8 de julio de 2021. Los médicos dijeron que la amputación en su única esperanza, pero su madre se negó porque no tenía fuerzas para cuidar de una hija que no podría valerse por sí misma. Flor murió el 22 de julio. (AP Foto/Rodrigo Abd)

Su madre se negó. Había perdido a su marido y otros dos hijos en el deslave. Encerrada en el silencio de quien no tiene opciones, perdió la fuerza. No se sentía capaz de cuidar de una persona dependiente de por vida. Tuvo que dejarla morir. El 22 de julio, la menor falleció.

Se puede salir de Nuevo Quejá de dos modos. Uno es la muerte. El otro, la emigración a Estados Unidos.

Pregúntenle a cualquier hombre si quiere irse.

De quedarse, ganan 4 dólares diarios por una jornada completa limpiando tierra, recogiendo café o cortando madera. Según Víctor Cal con ese dinero, a duras penas se mantiene una familia. Ha escuchado que en Estados Unidos pueden ganarse hasta 80 dólares diarios.

Y mudarse a Ciudad de Guatemala ya no es opción porque allí ya no hay trabajo para ellos, Pocomchís con dificultades para manejarse en español.

Así que muchos explican que lo único que impide que emigren a Estados Unidos es que no tienen el dinero para hacerlo.

Víctor Cal contactó con un primo lejano que lleva años en Miami y aceptó prestarle los 13.000 dólares que necesitaba para invertir en un coyote. Por esa cantidad puede intentar el viaje al norte dos veces.

Es optimista. Cree que una vez allí podrá devolver el dinero.

A las cuatro de la madrugada, en plena noche, escribió dos números sobre un trozo de papel. El suyo y del coyote que lo llevaría hasta el desierto de Arizona.

Lo dejó sobre una mesa, uno de los pocos muebles en su cabaña de suelo de tierra. “Mi objetivo”, repitió, como convenciéndose a sí mismo, “es enviar dinero para que mis padres puedan volver a vivir en una casa de verdad y consigan algo de tierra”.

Tras despedirse brevemente de su familia, Victor Cal inicia su viaje hacia Estados Unidos desde su casa en el asentamiento improvisado de Nuevo Quejá, Guatemala, el 9 de julio de 2021. A sus 26 años, Cal sentía que no tenía más opción que marcharse. El asentamiento donde vivía, surgido del desastre, solo ofrece hambre y muerte. (AP Foto/Rodrigo Abd)

Y antes de decir adiós sin mirar atrás, dijo: “Su tuviera opción, no me iría. Regresaré lo antes posible”.

Fuente: https://apnews.com/article/noticias-bae242c91583972e4ba841e4c10cab6e
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La SEP, sin estrategia

Por: Carlos Ornelas

El presidente López Obrador aseguró que en alguna mañanera de la semana pasada, la secretaria de Educación Pública, Delfina Gómez Álvarez, presentaría la estrategia del gobierno de la Cuarta Transformación para un regreso seguro a clases a finales de agosto.

Algo pasó porque no hubo tal presentación. Ni ocurrió hasta este martes. Y, ya no parece extraño, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, la facción que comanda Alfonso Cepeda Salas, para mayor precisión, entró al quite.

Este lunes, nuestra compañera Laura Toribio reporta que el SNTE agarró la estafeta que nadie le transfirió (Excélsior, 09/VIII/2021). No pienso que la dirigencia del sindicato se preocupe más de sus agremiados que de la defensa de sus intereses. No obstante, con el fin de ganar legitimidad ante el magisterio, aboga también por su seguridad y mejores condiciones.

Hay que reconocerlo, esta vez los líderes buscan legitimidad por medios legítimos (y no es redundancia). Cepeda Salas mostró concordancia con el gobierno y, de nuevo, apoyó los dichos del Presidente. Sin embargo, no es una carta abierta: “Llegó el momento de un regreso responsable y realista… (Que) las escuelas sean espacios seguros, más seguros incluso que muchos otros que hoy permanecen abiertos”.

Para ello, serán los dirigentes sindicales, no funcionarios de la SEP o de las autoridades estatales, los que supervisarán el estado de los planteles: “(…) no podemos permanecer inmóviles, observando cómo sigue deteriorándose el sistema educativo, cómo continúa el abandono de los edificios escolares y se profundiza el daño en la educación”. Para remediar o al menos detallar los puntos clave: “(…) es indispensable identificar dónde se han robado tuberías de agua potable, cables de energía eléctrica, muebles de baño o destruido puertas y ventanas… no pueden estar en estas lamentables condiciones para el regreso presencial”.

De cualquier manera, pienso, el regreso a clases no podrá resolverse nada más por la voluntad del jefe del Ejecutivo. Cierto, hay motivos y argumentos razonables para reabrir las escuelas, en especial por el sufrimiento de los niños y más los de los segmentos pobres. Empero, si la pandemia no cede, si la variante Delta se pone más agresiva y ataca a menores, sospecho que las familias optarán por no enviar a sus hijos a clases presenciales.

Tienen razón los líderes del SNTE y las organizaciones de la sociedad civil que abogan por el regreso, pero, subrayan: seguro. La protección de la salud de alumnos y docentes es la prioridad.

Se suponía que el gobierno diría cómo se haría ese regreso, cuántos recursos aportará (porque es muy, pero muy, costoso) y cómo se coordinarían con las autoridades estatales, con las cuales ya se cabildea. Pero la SEP no da a conocer la famosa estrategia a menos de 20 días del comienzo de clases y a 11 del inicio de actividades de los consejos técnicos escolares.

El regreso a la escuela, conjeturan algunos, debería incluir en los protocolos de seguridad a personal de enfermería, hacer pruebas de covid a todos los miembros de la comunidad para prevenir más contagios y definir con la mayor claridad posible el papel que debe representar cada actor escolar.

La ausencia de la maestra Delfina de la plaza pública, la falta de información precisa a padres de familia de educación básica y media, generan incertidumbre. Imprecisión que no se resuelve con arengas del Presidente, que parece que se dirigen más a sus clientelas que a la sociedad; las universidades sí notifican modalidades y pasos a seguir.

Para muchos, la salud es lo primero y el riesgo de contagio es alto. Para acabarla de amolar, aunque el gobierno presente una estrategia, no implica que sea buena o que se ejecutará con eficacia. Quizá se prolongue el encierro.

Fuente e Imagen: https://www.excelsior.com.mx/opinion/carlos-ornelas/la-sep-sin-estrategia/1465399?__FB_PRIVATE_TRACKING__=%7B%22loggedout_browser_id%22%3A%22d357f5b3458a0d0b32e87735f01f8b3195dd9062%22%7D#.YRPywnvSJOk.facebook

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Historia e Historiografía, ¿Cuál es la diferencia?

Por:

La historia es el suceso, y la historiografía la forma de estudiarlo y darle sentido.

Definir el concepto de historia pudiera parecer algo simple si la vemos superficialmente. A diferencia de rubros del conocimiento más exactos, como las matemáticas, la historia es una ciencia social viva y flexible, y la perspectiva juega un papel crucial en la forma en cómo se define.

Si le preguntas a un niño de primaria, la historia puede ser o su materia favorita, o la que tiene todas esas fechas y datos que le cuesta aprender. Para un antropólogo, la historia podría ser un conjunto de estos acontecimientos y hechos, especialmente los vividos por una persona, por un grupo o por los miembros de una comunidad social. Un maestro podría ver  la historia como narración ordenada y detallada de estos acontecimientos y hechos, así como de aquellos que están relacionados con algún aspecto de la actividad humana.

El diccionario Oxford ofrece todas estas definiciones  para un solo campo de estudio porque al hablar de historia, el punto de vista es crucial para entender cómo y porqué se escribe en primera instancia.

Este registro escrito de quién o quiénes son testigos de sucesos que construyen una memoria colectiva, es la razón por la que la historia existe como la conocemos. Tenemos acceso a ella a través de fuentes tangibles y podemos enseñarla en las escuelas. Pero, ¿cómo se relaciona la historia con la historiografía? ¿Qué es y por qué no son exactamente lo mismo?

¿Cómo construimos una visión del pasado?

Para entender el concepto de historiografía, es necesario pasar por el proceso que hace posible tanto el suceso como el registro. Fernando Pacheco, profesor universitario  de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y especialista en Ciencias Sociales y Humanidades explica, muy claramente, la forma en que la historia existe, se estudia y se analiza.

Un acontecimiento es un discurso de primer orden, el registro de tal hecho histórico, es un discurso de segundo orden; hasta aquí abarca lo que conocemos como historia. La investigación y análisis de los registros históricos corresponde a un tercer orden, esto último es la historiografía.

¿De quién depende la historia?

No necesitas ser un profesional de la historia para participar en ella, en artículos anteriores hemos hablado sobre cómo las fuentes históricas han evolucionado de acuerdo a factores como los recursos para generar textos y quién tenía acceso a ellos. Hoy en día, cualquier persona con acceso a internet puede generar un registro histórico a través de una red social, un blog o cualquier espacio público virtual.

Pero, ¿quién evalúa que determinado contenido esté generando o relatando un momento histórico? ¿Quién se encarga de elaborar una visión completa con las perspectivas pertinentes acerca de tal evento? Este trabajo lo hacen los historiadores.

Los historiadores se dedican a la investigación, análisis e interpretación de los textos y registros históricos. Usualmente se especializan en alguna corriente historiográfica determinada y se enfocan en un periodo histórico específico o en algún aspecto que distingue a tal periodo.

El trabajo de historiador consiste en averiguar y procurar todas las fuentes posibles acerca del periodo o aspecto que estudia, y armar, con la información obtenida y su interpretación, un relato cohesivo a través del cual podemos entender eventos pasados. Este es el proceso detrás de los libros de historia que leemos o los currículums de la materia que armamos en las escuelas.

El historiador se distingue por su persistir investigativo, su pasión por la lectura, su  capacidad de procesar grandes volúmenes de información y un sentido crítico para ordenar, y priorizar datos al momento de hilvanar un recuento histórico. El mayor compromiso de un profesional de la historia no es con la objetividad, es imposible serlo 100% cuando tu objeto de estudio son las experiencias pasadas de la gente, pero sí es fundamental la veracidad, la flexibilidad para encontrar la interpretación más óptima y la empatía para encontrar un equilibrio entre los dos aspectos anteriores.

En esta línea de trabajo, también es importante considerar que la historia no solamente es el objeto de estudio, es el camino al aprendizaje y a un entendimiento más profundo no de un conjunto de eventos, sino de cómo estos han formado el mundo que conocemos ahora.

¿Has dirigido o participado en una clase de historiografía? ¿En qué aspectos difiere de una clase de historia? ¿Crees que es importante que desde los niveles básicos se entienda esta diferencia? Cuéntanos en los comentarios.

Fuente e Imagen: https://observatorio.tec.mx/edu-news/historia-historiografia

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“Basura Cero”: un tema de agenda nacional

Por: Héctor Rodríguez Cruz

Una buena gestión de residuos sólidos es mucho más  que contar con una ciudad limpia. La verdadera solución al problema no se logra solamente reaccionando al desastre que ocasiona su desbordamiento.

Nunca será suficiente denunciar y gritar la peligrosidad y toxicidad de la basura.  La alerta tiene sentido porque la basura daña considerablemente el medio ambiente y la salud física y mental de la población, especialmente los más vulnerables: niños, embarazadas, población adulta mayor y población en extrema pobreza.

La basura no conoce de límites municipales. Los desechos de un municipio se convierten en una seria amenaza para los habitantes del propio municipio y los demás  municipios formando así una tétrica cadena de peligros.

Ante el fracaso de los gobiernos municipales para solucionar la problemática de la basura se hace necesario asumirla como un tema de la agenda nacional. Bien haría al país el que el actual gobierno la asumiera con ese carácter.

Una buena gestión de residuos sólidos es mucho más  que contar con una ciudad limpia. La verdadera solución al problema no se logra solamente reaccionando al desastre que ocasiona su desbordamiento  o para acallar los justos reclamos y las protestas de los habitantes frente a la crisis.

Sin un buen sistema de gestión de residuos sólidos no se puede aspirar a construir una ciudad sostenible ni habitable. Pero no se trata únicamente de soluciones técnicas. Existen impactos climáticos, de salud y de seguridad, así como otras consideraciones sociales importantes que exigen una respuesta responsable.

Existen ya respuestas adecuadas y probadas. BASURA CERO es una de ellas. Una  iniciativa mundial  que surge a partir de la problemática ambiental generada por el aumento descontrolado de residuos que se depositan o se incineran diariamente en los rellenos sanitarios del mundo.

La definición de BASURA CERO fue adoptada por la Alianza Internacional Basura Cero: “Basura Cero es la conservación de todos los recursos a través de la producción y el consumo responsables, la reutilización y recuperación de todos los productos, envases y materiales sin incinerarlos y sin generar emisiones al suelo, agua o aire que supongan una amenaza para el ambiente o la salud humana.” (ZWIA, 2018).

BASURA CERO es un objetivo y un plan de acción. Dirigidos tanto a conservar y proteger los recursos naturales y el medio ambiente como al logro de la justicia ambiental y social, la regeneración, la equidad y el respeto por la naturaleza poniendo fin al tratamiento de los  residuos en incineradores, vertederos y rellenos sanitarios.

Propone la educación como el  centro  de una cultura del consumo consciente y responsable, de la clasificación de residuos y de su aprovechamiento, con lo cual  se contribuye a mejorar el ambiente y avanzar en la aplicación de nuevas tecnologías.

BASURA CERO  integra a toda la ciudadanía, en tanto como consumidora de bienes y servicios y generadora de basura. Los fabricantes y comerciantes, por su condición de productores y proveedores Las autoridades, por su condición de responsables del saneamiento.

BASURA CERO comprende acciones de estímulo a la producción de bienes de consumo reutilizables o biodegradables, construcción de una cultura de separación de residuos en la fuente, recolección separada, procesos industriales de reciclaje y aprovechamiento final y minimización de la disposición en relleno sanitario.

Al diseñar e implementar planes BASURA CERO  a nivel local, los municipios deben respetar e involucrar a todos los sectores que componen el ecosistema de los residuos, incluyendo comunidades y trabajadores formales y de la economía popular.

Sin embargo, hay que considerar que las operaciones del modelo BASURA CERO son costosas. En muchos de los países en vías de desarrollo, la gestión de residuos sólidos puede llegar a consumir del 20% al 50% del presupuesto de un municipio.

Desde el año 2000, los préstamos del Banco Mundial para proyectos de gestión de residuos sólidos han alcanzado los  USD $4,500 millones y apoyado 329 programas de residuos sólidos alrededor del mundo.

También existen otras salidas convergentes. La República Dominicana (RD) ha asumido  el compromiso con la consecución de los objetivos del Acuerdo de París bajo la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC), en el proceso de mejora y actualización de la Contribución Nacionalmente Determinada de RD 2020 (NDC-RD 2020). ¡La iniciativa requiere ser difundida”

Con la  propuesta del PLAN BASURA CERO no sólo se trata de anunciar  una idea nueva para mirarla y acariciarla de lejos. Se trata de  una clara invitación al cambio responsable por parte de los gobiernos locales y del gobierno nacional.

En todos los municipios y en el país debemos  mirar con ojos nuevos la agobiante y riesgosa situación de la basura. Apuremos el paso o llegaremos tarde.

Hagamos caso a la advertencia que Albert Einstein nos hace a todos: “No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo”.

Fuente: https://acento.com.do/opinion/basura-cero-un-tema-de-agenda-nacional-8971246.html

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Capitalismo catastrófico

Por: John Saxe-Fernández

El documento del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU (IPCC, por sus siglas en inglés) es histórico. Ofrece la síntesis de unos 14 mil estudios científicos que llevan a entender que el cataclismo climático en curso puede frenarse y que es el ahora o nunca, el momento humano para movilizarse, levantarse contra un grave riesgo existencial que durante algunas semanas dejó ver los altos órdenes de destrucción física y de vidas que conlleva. Más que un cambio climático, ante la posposición suicida y omnicida de toda regulación de los gases de efecto invernadero, prefiero calificarlo de colapso climático capitalogénico y a un omnicidio contra la biosfera terrestre, que puede y debe ser frenado y revertido en la medida en que esto todavía es posible.

António Guterres, secretario general de la ONU, acertó al calificar el texto del IPCC dado a conocer el 9 de Agosto de código rojo para la humanidad. Desde fuentes como Bloomberg se indica que “en declaraciones preparadas vinculadas a la publicación, el secretario general Guterres dijo que –textual–: Este informe debe sonar como una sentencia de muerte para el carbón y los combustibles fósiles (CF) antes de que destruyan nuestro planeta. Una potente observación lanzada urbe et orbi, desde esta secretaría general de la ONU. ¿Por qué? Porque es expresión que toda posposición en la regulación drástica e inmediata de los combustibles fósiles llevaría a una velocidad e intensidad tan sorprendentes como los peores escenarios que hemos vivido en fechas recientes: acontecimientos en el ascenso de los niveles marítimos, inundaciones con cuerpos de agua inusitados e incendios forestales en Estados Unidos del tamaño de algunos estados mientras en Grecia y Turquía arrecian fuerte. Eventos que los modelos cibernéticos proyectaban para 2030 o 2050, pero que están en curso ahora.

Ante la urgencia, mejor hablar claro. Eso hizo Guterres al mencionar especificidades que permiten la localización de las instituciones y fuerzas sociales centrales en la gestación del problema. La acción social ante la enormidad de esta grave amenaza existencial, cuya naturaleza antropogénica ha quedado demostrada desde hace décadas no es suficiente. Ahora es necesaria la localización en el sistema socio-económico dominante de donde emanan esos gases de efecto invernadero. El origen capitalogénico del fenómeno; resulta crucial empezando por los subsidios estatales a los CF hasta las fuentes bancario-financieras de las industrias vinculadas a los CF.

En relación a los subsidios, los economistas del Fondo Monetario Internacional (FMI), institución pública de EU que junto al Banco Mundial se maneja en función de intereses articulados por la presidencia de Estados Unidos, estiman que los subsidios gubernamentales a nivel mundial a los CF ascendían en 2015 a la friolera de 5.3 billones anuales de dólares ( trillions en el sistema numérico de ese país).

Esa cifra todavía no refleja los impactos de los poderosos monopolios privados que manejan esos CF, no en función de la humanidad o el hombre, sino de sus inversionistas a quienes tienen que dar cuenta.

Cuando algunos de esos inversionistas hicieron algún esfuerzo por alentar la inversión, en energías limpias, digamos , en lo que ahora es Exxon-Mobil, las fuerzas que dirigen esa institución rechazaron la propuesta aunque viniera de los nietos del fondo de los hermanos Rockefeller. Ahora el FMI hace los cálculos sobre los costos del clima, el medio ambiente y la salud humana. Se informa que las implicaciones fiscales de esa inmensidad en subsidios, esos 5.3 billones al sector de la energía exceden la inversión pública mundial en salud, según los economistas del FMI, Benedict Clements y Vitor Gaspar en un blog que acompaña el magno dato elaborado por David Coady y otros.

En el caso de Estados Unidos y la Unión Europea las principales beneficiarias de esta política son bien conocidas. Encabezadas por lo que ahora es Exxon-Mobil, se incluye a Chevron Texaco, Equinor, Repsol, Total, Shell, ENI, conocidas como las mayores se inclinan a presentarse al público en las conferencias sobre el cambio climático, jugando el papel de que somos parte de la solución, cuando son parte central del problema. Muchas de sus subsidiarias o firmas s son usadas en el magno saqueo de la riqueza pública. Pero para eso está la ahora fusionada banca comercial y de inversión del tipo que siempre gustó a los especuladores. Todo eso es también parte nodal del problema. Si los gobiernos del mundo no colocan drástico freno a la inversión bancaria en CF, no habrá un clima capaz de ser soportado por el cuerpo humano. Los 60 bancos más grandes del mundo durante los siguientes cinco años del acuerdo de París 2015. En 2016, 709 mil millones de dólares (mil mdd); 2017, 740 mil mdd; 2018, 781.8 mil mdd; 2019, 824.8 mil mdd; 2020, 751.8 mil mdd, para un total de 3.4 billones de dólares con un saldo de miles de vidas.

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Fuente: https://www.jornada.com.mx/2021/08/12/opinion/022a1eco

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Normales rurales, su esencia colectiva

Por: Tanalís Padilla*

La esencia de las normales rurales es su carácter colectivo. En gran medida esto se debe a sus orígenes en la Revolución. El contenido social de la Constitución de 1917 –las protecciones laborales, el reparto agrario y el acceso a la educación– que pretendía corregir la irrisoria concentración de riqueza del periodo porfirista dependió del principio de derechos colectivos cuya articulación son la única forma de contrarrestar el poder del capital.

Las características colectivas de las normales rurales se dieron desde su construcción inicial, ya que en muchas instancias eran las comunidades mismas quienes aportaban la mano de obra, los materiales o la elaboración de sus muebles. Los informes de la primera generación de directores de estas escuelas y las memorias de los primeros alumnos enumeran múltiples ejemplos de esta labor. En la normal rural de Río Verde, San Luis Potosí, los estudiantes dedicaban las tardes después de sus clases a construir mesas, bancos y camas para su comedor e internado; en Xocoyucan, Tlaxcala, los alumnos instalaron una cooperativa con sus propios fondos; en el El Mexe, Hidalgo, rehabilitaron las paredes y muros; en Ayotzinapa, Guerrero, cimentaron la carretera a Tixtla.

El que muchas de las normales rurales se instalaran en antiguas haciendas era una justicia poética: los antiguos palacios cuyos propietarios se habían enriquecido gracias a la apropiación de tierra y trabajo de la clase campesina e indígena albergarían ahora a los descendientes de esa clase explotada. Además, los directores, estudiantes y profesores promovían una activa labor y relación con las comunidades vecinas, ya fuera con campañas de vacunación e higiene, organización de festivales cívicos o poniendo las instalaciones de la normal a disposición de las comunidades, como lo hizo en 1926 el director de la entonces normal rural de Tixtla, quien bajo el nombre de la escuela, puso un letrero que decía TALLERES DEL PUEBLO, así con mayúsculas, y así dar libertad muy amplia al pueblo para que entre a trabajar con nosotros.

El carácter colectivo de estas escuelas también se reforzó con el código disciplinario adoptado en su seno y elaborado en muchas de ellas por el profesor, pedagogo y director de varias normales rurales José Santos Valdés. Entre otras cosas, Santos Valdés enfatizó que los alumnos deberán participar no sólo en la elaboración de su cultura y en la producción económica de la escuela, sino en la organización y dirección de la vida de los niños y de los maestros, tanto dentro como fuera de la institución. En las normales rurales los alumnos debatían e incidían en las sanciones que se implementaban cuando se faltaba a las normas y el código disciplinario se aplicaba a la comunidad entera: docentes, estudiantes y cuerpo administrativo.

En las normales rurales el comedor y el internado son las modalidades que más han preservado el carácter colectivo de estas escuelas. Son espacios para convivir. Son también lugares de socialización y de concientización, donde la lógica de organización colectiva se enseña, se aprende y se intuye. Y son espacios comunes donde jóvenes pobres, muchos de ellos de comunidades remotas, conviven con centenares de estudiantes, cada uno con su propia historia, pero con el común denominador de ser de extracción humilde y de querer estudiar. En este mundo y en las prácticas que lo refuerzan y lo protegen, los normalistas han desarrollado un fuerte sentido de dignidad, una dignidad que manifiestan al defender sus derechos en colectivo.

Es una dinámica que desde hace mucho ha incomodado a altos funcionarios de la SEP. A finales de la década de los 60, cuando ya se veía venir la reforma educativa que eliminaría 14 de las 29 normales rurales y donde también se separó el ciclo de secundaria del profesional, uno de los argumentos era que los alumnos mayores manipulaban a los menores. En ese entonces también se consideró remplazar internados con becas individuales como forma de control ideológico y para minimizar huelgas y paros. La Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México caracterizaba de reaccionaria y antipopular este tipo de medida y declaró: no consideramos justo ni revolucionario mutilar las escuelas normales rurales.

Las reformas neoliberales implementadas en las cuatro décadas anteriores han diezmado el carácter popular y social de la Constitución mexicana. Así como el concepto de eficiencia se ha utilizado como justificación para privatizar la infraestructura pública, el individualismo, eje central de la cultura neoliberal, es vista como tentadora respuesta a la corrupción. Pero ambos conceptos sirven al capital porque atomizan a la sociedad y debilitan mecanismos de defensa y movilización colectiva.

A casi un siglo de vida y en contextos distintos, las escuelas normales rurales han experimentado tanto cambios como continuidades, pero su esencia colectiva hoy continúa en pie gracias a la infraestructura del comedor y del internado. Eliminar estos espacios sería acabar con ellas.

* Profesora-investigadora del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Autora del libro Unintended Lessons of Revolution, una historia de las normales rurales en el siglo veinte , próximo a publicarse con Duke University Press

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2021/08/07/opinion/013a1pol

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Academia Dominicana de la Lengua y Convenio Multilateral de 1960

Por: Diógenes Céspedes

Soy lingüista, fonetista y sé un poco de fonología. Sé de lo que hablo. Entré en contacto con las lenguas del mundo y las lenguas amerindias a través del ensayo de Joseph Verguin incluido en Le langage, obra dirigida por André Martinet, publicada en 1968 en la Enciclopédie de la Pléiade, de Gallimard.

1. Mediante resolución 274 de fecha 28 de marzo de 1968, incluida en la Gaceta Oficial 9074, el Congreso Nacional aprobó el Convenio Multilateral sobre Asociación de Academias de la Lengua Española, firmado en Bogotá el 28 de julio de 1960.

  • 2. El Convenio firmado en Bogotá en 1960 es la continuidad de lo pactado en Ciudad de México en 1951, porque en dicha reunión, a iniciativa del presidente del país azteca, se acordó, en el Primer Congreso de Academias de la Lengua Española, la creación de la Asociación de Academias de Lengua Española, así como de su Comisión Permanente.
  • 3. Catorce países firmaron dicho convenio (Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, República Dominicana, El Salvador, Ecuador, España, Guatemala, Honduras, México y Nicaragua. Luego, andando el calendario, se sumarían los demás países hispanoamericanos. Ejercía la presidencia de México, Miguel Alemán, continuador de la política nacionalista de industrialización y reformas culturales emprendida por Lázaro Cárdenas.

Miguel Alemán.

  • No ha de extrañar que este cónclave se celebrara en México, porque Alemán fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y correspondiente extranjero de las de España, Colombia y Nicaragua). No extraña tampoco que este evento se llevara a cabo en la capital azteca, símbolo desde la época de Cárdenas, de la contención de la nordomanía que combatieron Rubén Darío y Rodó ante el despliegue avasallador de los Estados Unidos de América que consideró siempre a nuestros países iberoamericanos como el patio trasero de su imperio, desde 1823, con su doctrina Monroe y luego con el Corolario de Roosevelt y la política del gran garrote.
  • 4. Al tenor de lo que llevo dicho, no ha de extrañar que el punto principal tanto del Primer Congreso de 1951 como del Segundo Congreso reunido en Madrid en 1956 como el del cónclave de Bogotá en 1960 fuera el de la unidad de los pueblos de habla española “para la defensa y desarrollo de su lengua común”.
  • 5. Los demás puntos sobresalientes del convenio de Bogotá los resumo así: 1) Mediante el artículo primero los gobiernos signatarios reconocen “el carácter internacional que por naturaleza tienen tanto la Asociación de Academias de la Lengua Española, como la Comisión Permanente, órgano de la misma”; 2) El artículo segundo obliga a los gobiernos signatarios a “prestar apoyo moral y económico a su respectiva Academia Nacional de la Lengua Española, o sea a proporcionarle una sede digna y una suma anual adecuada para su funcionamiento”; 3) El artículo tercero es redundancia de los artículos primero y segundo; 3) El artículo cuarto obliga a los gobiernos signatarios a “incluir en sus respectivos presupuestos (sic) las partidas necesarias para el cumplimiento de este Convenio”; 4) El artículo quinto quedó abierto a la firma de los países que hasta 1960 no lo habían suscrito y “los instrumentos de ratificación  serán depositados en el Ministerio de Asuntos Exteriores de España, en Madrid, y este notificará dicho depósito de los gobiernos signatarios”; 5) El artículo sexto fija la modalidad de entrada en vigor del convenio y el séptimo informa que “tendrá validez indefinida, pero podrá ser denunciado con doce meses de anticipación, notificándolo así al Gobierno de España para que este lo ponga en conocimiento de los demás signatarios”; y por último, el artículo octavo estatuye que el “Convenio será registrado en la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas por el Gobierno de España.”
  • 6. Ahora bien, los Estatutos de 2002 de la Academia Dominicana de la Lengua, únicos con validez por haber sido aprobados por el pleno de la asamblea de académicos de número, contempla en su artículo 1 que la ADL “es una corporación autónoma de derecho privado”, lo cual es un error flagrante o una impostura, porque, como lo demostré en un artículo anterior publicado en Areíto/Acento.com el 24 de julio de 2021 con el título de “La Academia Dominicana de la Lengua no existe legalmente: es un fantasma” en razón de que no reposa ningún decreto en la Consultoría Jurídica del Poder Ejecutivo que incorporara como asociación sin fines de lucro a nuestra institución, según la vieja ley de 1920 de la ocupación militar estadounidense, ni tampoco existe ningún reconocimiento del Poder Ejecutivo de la ADL, según la nueva ley 122-05 que modificó la del invasor yanqui.
  • 7. En razón de que el convenio de Bogotá de 1960 no establece nada con respecto a la incorporación o reconocimiento de las Academias de la Lengua Española de las naciones signatarias, por ser un asunto estrictamente interno del derecho público de cada país. Y aunque aprobado dicho Convenio Multilateral por nuestro Congreso Nacional en 1968, ¿exime la resolución 274 de 1968 a la ADL del cumplimiento del trámite de incorporación o reconocimiento como institución de derecho público por parte del Poder Ejecutivo, según la ley 122-05? Totalmente negativo.
  • 8. ¿Y de las lenguas indígenas, qué? Este Convenio Multilateral de defensa del español como “idioma común”, patrocinado por el nacionalismo mexicano en pleno proceso de industrialización, tiene la pinta ideológica, aunque ni por asomo lo deja traslucir el articulado del texto, de la lucha de los Estados nacionales europeos en contra de las lenguas vernáculas y los ‘patois’. Pero en América Latina no ha habido Estados nacionales, aunque las Constituciones lo proclamen a voz en cuello. Lo que ha existido desde 1810 hasta hoy son Estados oligárquicos creados por los hijos de los peninsulares.
  • 9. Aunque en los Estados autoritarios caribeños los indios desaparecieron en el siglo XVI, exterminados por los conquistadores españoles, el Convenio Multilateral no alude ni por asomo al problema de las lenguas amerindias de los países de América Central y América del Sur, es como si fuera el inconsciente freudiano del documento. Pero esas lenguas amerindias han sido la mayor preocupación de la lingüística moderna fundada por Saussure y de la antropología social y lingüística desde Frank Boas hasta nuestros días. Y los escritores y poetas de cada uno de los países donde existen lenguas amerindias han sido, en su mayoría, los mejores defensores de estos idiomas, algunos con escritura como la de los mayas, aztecas e incas. Los lingüistas, fonetistas y fonólogos modernos se embarcaron, a partir de la lingüística científica, a estudiar y describir los sistemas fonéticos y fonológicos de las lenguas amerindias. Tanto los indios como las lenguas que hablan han sido estigmatizados por los colonizadores y sus sustitutos en el poder y un informe sobre las lenguas en el mundo afirma: “Hoy en día tres lenguas indoeuropeas (inglés, español y portugués) son políticamente dominantes en cada país de América y las lenguas nativas tienen una reputación de segunda categoría o incluso algo peor.” Las que son dominantes en cada país de América son las clases sociales que sustituyeron a los colonizadores ingleses, españoles y portuguesas. Las lenguas son únicamente dominantes en esa sociolingüística marrista carente de teoría del discurso y del sujeto. La lucha de clases solo existe en los sujetos, el discurso y lo social. Pero cada vez que una lengua nativa desaparece, sea amerindia, africana, asiática o australiana, desaparece lingüística, cultural y antropológicamente una porción de la humanidad de más de 25 mil años de historia. Estas lenguas nativas con de una complejidad extraordinaria y las que hablamos hoy en Occidente, quizá con la excepción de las lenguas con tonos asiáticas o con clicks de África, no se asemejan a las lenguas amerindias. Solo este párrafo del informe sobre las lenguas del mundo lo atestigua: “Al igual que ocurre con la gramática, no hay características fonológicas comunes a todas las lenguas sudamericanas. El número de sonidos puede variar desde 42 en jaqaru (quechuamarán) hasta 17 en campa (arahuacano). La jaqaru tiene 36 consonantes mientras que la makushí (caribe) tiene solo 11. Algunas lenguas quechuas tienen solo 3 vocales mientras que la apinayé (macro-ge) tiene 10 vocales orales y 7 nasales. Un dialecto del tucano (tucanoano) muestra tres puntos de articulación mientras que la chipaya (macro-mayense) tiene nueve. Las oclusivas sordas (p, t, k) ocurren por doquier, pero las sonoras (b, d, g) pueden estar ausentes y las fricativas (f, v, s, z) pueden ser pocas en número. Las oclusivas glotalizadas sordas son corrientes (quechuamarán, chibchano) pero no las oclusivas glotalizadas sonoras. Menos frecuentes son las aspiradas (quechuamarán) y palatalizadas (pulnave); los sonidos nasales glotalizados (movima)y las laterales sordas(vilela) son raras. Hay una distinción entre sonidos velares y postvelares en quechuamarán y chon, entre velar y labiovelar en tascana y siona; las consonantes retroflejas palatales suceden en pano-tacanano y chipaya.”
  • ¡42 consonantes, 36 consonantes, 7 nasales, tres puntos de articulación y que en algunas lenguas amerindias las oclusivas sordas pueden estar ausentes y las fricativas pueden ser pocas en número!, eso es lo nunca visto en las lenguas de genealogía indoeuropea. ¡Ofrézcome, cuánta complejidad en estas lenguas amerindias! Soy lingüista, fonetista y sé un poco de fonología. Sé de lo que hablo. Entré en contacto con las lenguas del mundo y las lenguas amerindias a través del ensayo de Joseph Verguin incluido en Le langage, obra dirigida por André Martinet, publicada en 1968 en la Enciclopédie de la Pléiade, de Gallimard. ¡Cuánta lluvia ha caído desde aquella lectura en Besanzón hasta el día de hoy! 7 millones hablan quechua en Perú. Millón y medio guaraní en Paraguay y la ideología les hacer creer a los paraguayos que su idioma no es el oficial del país, sino el segundo. 140 lenguas amerindias en México y para de contar para no citar las de América Central.

Fuente e Imagen: https://acento.com.do/opinion/la-academia-dominicana-de-la-lengua-y-el-convenio-multilateral-de-bogota-de-1960-8972171.html

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