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El odio al indio

 

El fascismo, el odio racial, no sólo es la expresión de una revolución fallida sino, paradójicamente también en sociedades postcoloniales, el éxito de una democratización material alcanzada.

Como una espesa niebla nocturna, el odio recorre vorazmente los barrios de las clases medias urbanas tradicionales de Bolivia. Sus ojos rebalsan de ira. No gritan, escupen; no reclaman, imponen. Sus cánticos no son de esperanza ni de hermandad, son de desprecio y discriminación contra los indios. Se montan en sus motos, se suben a sus camionetas, se agrupan en sus fraternidades carnavaleras y universidades privadas y salen a la caza de indios alzados que se atrevieron a quitarles el poder.

En el caso de Santa Cruz organizan hordas motorizadas 4×4 con garrote en mano a escarmentar a los indios, a quienes llaman “collas”, que viven en los barrios marginales y en los mercados. Cantan consignas de que “hay que matar collas”, y si en el camino se les cruza alguna mujer de pollera la golpean, amenazan y conminan a irse de su territorio. En Cochabamba organizan convoyes para imponer su supremacía racial en la zona sur, donde viven las clases menesterosas, y cargan -como si fuera un destacamento de caballería- sobre miles de mujeres campesinas indefensas que marchan pidiendo paz. Llevan en la mano bates de béisbol, cadenas, granadas de gas; algunos exhiben armas de fuego. La mujer es su víctima preferida; agarran a una alcaldesa de una población campesina, la humillan, la arrastran por la calle, le pegan, la orinan cuando cae al suelo, le cortan el cabello, la amenazan con lincharla, y cuando se dan cuenta de que son filmadas deciden echarle pintura roja simbolizando lo que harán con su sangre.

En La Paz sospechan de sus empleadas y no hablan cuando ellas traen la comida a la mesa. En el fondo les temen, pero también las desprecian. Más tarde salen a las calles a gritar, insultan a Evo y, con él, a todos estos indios que osaron construir democracia intercultural con igualdad. Cuando son muchos, arrastran la Wiphala, la bandera indígena, la escupen, la pisan la cortan, la queman. Es una rabia visceral que se descarga sobre este símbolo de los indios al que quisieran extinguir de la tierra junto con todos los que se reconocen en él.

El odio racial es el lenguaje político de esta clase media tradicional. De nada sirven sus títulos académicos, viajes y fe porque, al final, todo se diluye ante el abolengo. En el fondo, la estirpe imaginada es más fuerte y parece adherida al lenguaje espontáneo de la piel que odia, de los gestos viscerales y de su moral corrompida.

Todo explotó el domingo 20, cuando Evo Morales ganó las elecciones con más de 10 puntos de distancia sobre el segundo, pero ya no con la inmensa ventaja de antes ni el 51% de los votos. Fue la señal que estaban esperando las fuerzas regresivas agazapadas: desde el timorato candidato opositor liberal, las fuerzas políticas ultraconservadoras, la OEA y la inefable clase media tradicional. Evo había ganado nuevamente pero ya no tenía el 60% del electorado; estaba más débil y había que ir sobre él. El perdedor no reconoció su derrota. La OEA habló de “elecciones limpias” pero de una victoria menguada y pidió segunda vuelta, aconsejando ir en contra de la Constitución, que establece que si un candidato tiene más del 40% de los votos y más de 10% de votos sobre el segundo es el candidato electo. Y la clase media se lanzó a la cacería de los indios. En la noche del lunes 21 se quemaron 5 de los 9 órganos electorales, incluidas papeletas de sufragio. La ciudad de Santa Cruz decretó un paro cívico que articuló a los habitantes de las zonas centrales de la ciudad, ramificándose el paro a las zonas residenciales de La Paz y Cochabamba. Y entonces se desató el terror.

Bandas paramilitares comenzaron a asediar instituciones, quemar sedes sindicales, a incendiar los domicilios de candidatos y líderes políticos del partido de gobierno. Hasta el propio domicilio privado del presidente fue saqueado; en otros lugares las familias, incluidos hijos, fueron secuestrados y amenazados de ser flagelados y quemados si su padre ministro o dirigente sindical no renunciaba a su cargo. Se había desatado una dilatada noche de cuchillos largos, y el fascismo asomaba las orejas.

Cuando las fuerzas populares movilizadas para resistir este golpe civil comenzaron a retomar el control territorial de las ciudades con la presencia de obreros, trabajadores mineros, campesinos, indígenas y pobladores urbanos -y el balance de la correlación de fuerzas se estaba inclinando hacia el lado de las fuerzas populares- vino el motín policial.

Los policías habían mostrado durante semanas una gran indolencia e ineptitud para proteger a la gente humilde cuando era golpeada y perseguida por bandas fascistoides. Pero a partir del viernes, con el desconocimiento del mando civil, muchos de ellos mostraron una extraordinaria habilidad para agredir, detener, torturar y matar a manifestantes populares. Claro, antes había que contener a los hijos de la clase media y, supuestamente, no tenían capacidad; sin embargo ahora, que se trataba de reprimir a indios revoltosos, el despliegue, la prepotencia y la saña represiva fueron monumentales. Lo mismo sucedió con las Fuerzas Armadas. Durante toda nuestra gestión de gobierno nunca permitimos que salieran a reprimir las manifestaciones civiles, ni siquiera durante el primer golpe de Estado cívico del 2008. Y ahora, en plena convulsión y sin que nosotros les preguntáramos nada, plantearon que no tenían elementos antidisturbios, que apenas tenían 8 balas por integrante y que para que se hagan presentes en la calle de manera disuasiva se requería un decreto presidencial. No obstante, no dudaron en pedir/imponer al presidente Evo su renuncia rompiendo el orden constitucional. Hicieron lo posible para intentar secuestrarlo cuando se dirigía y estaba en el Chapare; y cuando se consumó el golpe salieron a las calles a disparar miles de balas, a militarizar las ciudades, asesinar a campesinos. Y todo ello sin ningún decreto presidencial. Para proteger al indio se requería decreto. Para reprimir y matar indios sólo bastaba obedecer lo que el odio racial y clasista ordenaba. Y en sólo 5 días ya hay más de 18 muertos, 120 heridos de bala. Por supuesto, todos ellos indígenas.

La pregunta que todos debemos responder es ¿cómo es que esta clase media tradicional pudo incubar tanto odio y resentimiento hacia el pueblo, llevándola a abrazar un fascismo racializado y centrado en el indio como enemigo?¿Cómo hizo para irradiar sus frustraciones de clase a la policía y a las FF. AA. y ser la base social de esta fascistización, de esta regresión estatal y degeneración moral?

Ha sido el rechazo a la igualdad, es decir, el rechazo a los fundamentos mismos de una democracia sustancial.

Los últimos 14 años de gobierno de los movimientos sociales han tenido como principal característica el proceso de igualación social, la reducción abrupta de la extrema pobreza (de 38 al 15%), la ampliación de derechos para todos (acceso universal a la salud, a educación y a protección social), la indianización del Estado (más del 50% de los funcionarios de la administración pública tienen una identidad indígena, nueva narrativa nacional en torno al tronco indígena), la reducción de las desigualdades económicas (caída de 130 a 45 la diferencia de ingresos entre los más ricos y los más pobres); es decir, la sistemática democratización de la riqueza, del acceso a los bienes públicos, a las oportunidades y al poder estatal. La economía ha crecido de 9.000 millones de dólares a 42.000, ampliándose el mercado y el ahorro interno, lo que ha permitido a mucha gente tener su casa propia y mejorar su actividad laboral.

Pero esto dio lugar a que en una década el porcentaje de personas de la llamada “clase media”, medida en ingresos, haya pasado del 35% al 60%, la mayor parte proveniente de sectores populares, indígenas. Se trata de un proceso de democratización de los bienes sociales mediante la construcción de igualdad material pero que, inevitablemente, ha llevado a una rápida devaluación de los capitales económicos, educativos y políticos poseídos por las clases medias tradicionales. Si antes un apellido notable o el monopolio de los saberes legítimos o el conjunto de vínculos parentales propios de las clases medias tradicionales les permitía acceder a puestos en la administración pública, obtener créditos, licitaciones de obras o becas, hoy la cantidad de personas que pugnan por el mismo puesto u oportunidad no sólo se ha duplicado -reduciendo a la mitad las posibilidades de acceder a esos bienes- sino que, además, los “arribistas”, la nueva clase media de origen popular indígena, tiene un conjunto de nuevos capitales (idioma indígena, vínculos sindicales) de mayor valor y reconocimiento estatal para pugnar por los bienes públicos disponibles.

Se trata, por tanto, de un desplome de lo que era una característica de la sociedad colonial: la etnicidad como capital, es decir, del fundamento imaginado de la superioridad histórica de la clase media por sobre las clases subalternas porque aquí, en Bolivia, la clase social sólo es comprensible y se visibiliza bajo la forma de jerarquías raciales. El que los hijos de esta clase media hayan sido la fuerza de choque de la insurgencia reaccionaria es el grito violento de una nueva generación que ve cómo la herencia del apellido y la piel se desvanece ante la fuerza de la democratización de bienes. Así, aunque enarbolen banderas de la democracia entendida como voto, en realidad se han sublevado contra la democracia entendida como igualación y distribución de riquezas. Por eso el desborde de odio, el derroche de violencia; porque la supremacía racial es algo que no se racionaliza, se vive como impulso primario del cuerpo, como tatuaje de la historia colonial en la piel. De ahí que el fascismo no sólo sea la expresión de una revolución fallida sino, paradójicamente también en sociedades postcoloniales, el éxito de una democratización material alcanzada.

Por ello no sorprende que mientras los indios recogen los cuerpos de alrededor de una veintena de muertos asesinados a bala, sus victimarios materiales y morales narran que lo han hecho para salvaguardar la democracia. Pero en realidad saben que lo que han hecho es proteger el privilegio de casta y apellido.

El odio racial solo puede destruir; no es un horizonte, no es más que una primitiva venganza de una clase histórica y moralmente decadente que demuestra que, detrás de cada mediocre liberal, se agazapa un consumado golpista.

Fuente del artículo: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=262565

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Haití, el país que necesita volver a sonreír

Por: Olga Regueira. 

 

Haití; bello país, lleno de buena gente, obligado a permanecer en estado de emergencia constante. Ahora vuelve a estar sumido en una gravísima crisis económica, política y social.

Vamos al contexto. En Haití la inflación mensual es de casi un 20% y pareciera no haber consenso político para crear gobierno (prueba de ellos es que van siete meses sin ratificar a un primer ministro). Como consecuencia, según la auditoría del Tribunal de Cuentas, 15 exministros y actuales funcionarios; así como la empresa AgriTrans, dirigida por Jovenel Moïse antes de ser presidente, estuvieron involucrados en la malversación de casi cuatro mil millones de dólares estadounidenses, originados de un préstamo del programa de PetroCaribe.

A ello se suma la devaluación de la moneda con respecto al dólar estadounidense, la mala gestión en el aprovisionamiento de combustible y el aumento de la actividad vandálica de grupos armados. Todo esto ha provocado que, desde hace más de un año, los episodios de manifestaciones violentas, cortes de carreteras y periodos de encierro en los domicilios sean recurrentes cada dos o tres meses, y últimamente casi a diario.

Se viven días complicados y difíciles, que están pasando factura al país. A la fecha las consecuencias inmediatas son 17 personas muertas, 189 personas heridas, la mayoría por bala. Además, se ha registrado un aumento exponencial de actos violentos e inseguridad ciudadana; la imposibilidad de acceso a los productos y servicios básicos (agua potable, gas, sanidad, educación), por no hablar de las pérdidas materiales por el pillaje de bienes tanto de instituciones privadas, como públicas.

La inseguridad y la escacez de servicios básicos son algunas de las consecuencias a la actual crisis.
La inseguridad y la escacez de servicios básicos son algunas de las consecuencias a la actual crisis. AMÉRICA SOLIDARIA

La capital, Puerto Príncipe, se convirtió ya hace tiempo en una ciudad difícil, dura y contaminada, pero en la que siempre será más fácil encontrar lo necesario respecto de otras localidades. En las zonas rurales, así como en el resto de ciudades, además de manifestaciones iguales o más violentas, están sufriendo un desabastecimiento general provocado por el estado de inseguridad en el que estamos inmersos, que impide el transporte y distribución de mercancías por los constantes cortes de carreteras (frutas, verduras, combustible, agua potable, papel del baño).

Estos cortes a veces son para todos. Otras para los que no quieren o pueden pagar el laissez-passer (cuota obligada determinada por las personas que cortan la carretera, la mayoría de las veces fuertemente armadas) para poder atravesar la barricada en cuestión. En ocasiones son capaces de hacer parar un camión, quedarse con la mercancía y atravesarlo en la vía para impedir el paso del resto de vehículos.

En las manos de los agricultores se están pudriendo las frutas y verduras preparadas para vender y que no pueden ya comer, esperando que en algún momento del día puedan ser distribuidas para así, cubrir necesidades básicas como el colegio de sus hijos e hijas, que llevan casi dos meses cerrados y amenazados por grupos armados. La mayor parte del profesorado cobra por horas lectivas, sus manos están vacías. Mientras, al resto de la población se les agrandan los huecos que ya tenían en el vientre y el corazón.

El desabastecimiento aumenta y los agricultores no logran conseguir dinero suficiente para mantener a sus familias
El desabastecimiento aumenta y los agricultores no logran conseguir dinero suficiente para mantener a sus familias AMÉRICA SOLIDARIA

Los famosos daños colaterales existentes en todos los conflictos van a hacer que Haití vuelva a romper las reventadas listas de los más pobres, indefensos y vulnerados. Los más graves efectos caerán de nuevo sobre los niños y niñas de este país que se quedan sin comer, sin aprender, sin sistema sanitario y con una dolorosa desesperanza en el futuro.

Citando una de las conclusiones de un breve informe presentado por OCHA (Office for the Coordination of Humanitarian Affairs) el 2 de octubre, podemos constatar lo siguiente: “La protección infantil, es una preocupación importante. Los servicios sociales básicos, como salud y educación, están interrumpidos en todo el país, dejando además a todos los niños, niñas y adolescentes, en riesgo de ser abusados o reclutados por pandillas. Miles de niños y niñas están seriamente afectados por la escasez de productos básicos”. Esta preocupación es compartida por otras muchas organizaciones de la sociedad civil, como América Solidaria, que trabajan apoyando la lucha por una sociedad más justa en Haití. El riesgo de crisis humanitaria del que algunas instituciones hablan, para nosotros ha dejado de ser «riesgo».

Diversas instituciones han manifestado la preocupación ante la vulnerabilidad de los niños y niñas debido a la violencia que los rodea.
Diversas instituciones han manifestado la preocupación ante la vulnerabilidad de los niños y niñas debido a la violencia que los rodea. AMÉRICA SOLIDARIA

Pero Haití; bello país, lleno de buena gente, sigue luchando para encontrar el país que quiere, el país que desea. Durante estos días decenas de miles de personas, pacíficamente, reivindican, claman y reclaman justicia. Haití lo conforma quienes creen que en la educación está el poder de la transformación y quienes buscan una vida digna. Son ellos y ellas, cientos de miles, quienes hacen de Haití un pueblo fuerte y valiente. Que se cura las heridas a base de humor, amor y solidaridad mutua.

Fuente del artículo: https://elpais.com/elpais/2019/11/07/3500_millones/1573140937_827908.html

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La primera universidad del mundo la fundó una mujer

Por: .

Aunque de forma clásica pensamos que la universidad de Bolonia es la primera, en realidad la madraza de Qarawiyyin, creada por Fatima Al-Fihri, apareció dos siglos antes.

La universidad representa el grado más alto de conocimiento que tenemos en el mundo. En estas instituciones se forman nuevos sabios, se investiga nuevo conocimiento y se dirige el saber a nivel global. La universidad se asocia normalmente a Europa y a los monjes cristianos de la baja edad media. Sin embargo, la universidad más antigua que conocemos es anterior a la universitās magistrōrum et scholārium; y, además, no fue creada por monjes, sino que su principal impulsora fue Fatima al-Fihri, una mujer. A día de hoy, esta universidad todavía sigue activa e impartiendo clases.

La Universidad de Fatima al-Fihri

Apenas cien años después de la fundación de Fez, en el año 859, Fatima al-Fihri era una acaudalada mujer, viuda de un comerciante y sin hermanos (todos fallecidos), de los que heredó una importante suma de dinero. Así que tomó una decisión y, junto a su hermana Mariam, decidió invertir en el progreso de la ciudad donde residía, la actual Fez. El proyecto para construir una Madraza, una escuela, tenía como objetivo impulsar a los jóvenes de Marruecos que quisieran estudiar y formarse. La madrasa de Qarawiyyin o Al-Karaouine se convirtió así en una de las mezquitas más importantes de Fez, símbolo del conocimiento y la iluminación. En apenas unas décadas, la universidad de Qarawiyyin se convirtió no solo en un símbolo, sino también en una referencia de la enseñanza superior. Aquí venían estudiantes de todo el mundo, entre los que se cuentan personajes históricos como Gilberto de Auvernia, más conocido como el Papa Silvestre II, célebre por introducir los números arábigos en Europa, junto al concepto cero, o Maimónides.

Al-Karaouine_University

Por su aportación, Fatima al-Fihri es conocida como Oum al Banine, que significa «madre de los chicos», aunque ella y su historia, pasa más desapercibida que su creación. La madraza de Qarawiyyin es la primera institución de educación superior del mundo, además de seguir en funcionamiento. Ante el crecimiento en fama y prestigio, la universidad tuvo que aplicar un estricto criterio de selección, alojando a los estudiantes más ilustres entre sus paredes. Actualmente el gobierno de Marruecos está restaurando las dependencias de los estudiantes y la mezquita sigue funcionando (como lo ha hecho siempre), un ejemplo de la unión entre la espiritualidad y la educación musulmana, dos caras de una misma moneda en la cultura clásica árabe.

«La primera del mundo»

Según el concepto más ortodoxo, la Universidad de Bolonia es la primera del mundo, aunque se construyó algunos cientos de años después que la institución promovida por Fatima al-Fihri, en 1088. ¿Entonces? Una universidad es una institución de enseñanza superior, investigación y creación de cultura científica y humanística. Sin embargo, atendiendo a su definición más clásica, las primeras universidades, históricamente, fueron un producto típico de la Europa medieval y sus condiciones sociales, religiosas y políticas. Por tanto, coincidían (y coinciden) en modus operandi y espíritu, cumpliendo con una estructura típica, un profesorado más gremial y la capacidad de otorgar títulos superiores. La madraza de Qarawiyyin no cumpliría con la estructura típica de una universidad europea hasta su reforma, durante la conquista colonial francesa.

Al-Qarawiyyin

Sin embargo, la obra Fatima al-Fihri sirvió para formar a expertos y sabios. Es la primera en otorgar títulos de formación superior, así como la primera institución de formación educativa avanzada del mundo (tal y como las conocemos hoy día). Entre sus paredes se formaron pensadores, analistas, escritores, médicos y otros estudiosos tanto del Corán como de decenas de ciencias diversas. Actualmente entendemos las universidades como centros del conocimiento, donde se crea y se imparte, pero hubo un tiempo en el que no se entendía la universidad sin una asociación religiosa. Al igual que ocurre con la universidad de Qarawiyyin. Así que, no es extraño reconocerle a esta institución su situación como primera universidad (tal y como hace la UNESCO) a pesar de que Bolonia siempre será el ejemplo estricto del canon universitario moderno.

Fuente del artículo: https://hipertextual.com/2016/07/falacias-argumentales

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Haití y la crisis sistémica

Por: Cristóbal León Campos.

 

La vuelta de hoja lleva otra vez a la urgencia de reconocer y difundir la extrema situación que se vive en Haití, meses de protestas y represión, años de manifestaciones cíclicas, siglos de olvido y negación. Haití es en América la crisis total del sistema capitalista y de la hegemonía imperialista de los Estados Unidos, es también, la crisis de la humanidad puesta en escena, es un grito cuyo eco no hemos alcanzado a escuchar y comprender por la ocupación en otros frentes de lucha y también por la ponderación de otras naciones como si fueran más relevantes, pero en Haití, se ponen de manifiesto no únicamente el real carácter del capitalismo por las condiciones de suprema de explotación, marginación, racismo y represión, se evidencia de igual forma, la aguda urgencia de la conformación de una alternativa de izquierda que alcance a aglutinar la esperanza en un sólo camino para dar salida a esta situación, las alianzas temporales que suelen presentarse en coyunturas particulares, en muchas ocasiones así como surgen se diluyen, dejando debilitado al movimiento o la implementación de las demandas, la insurrección tiene a los barrios populares organizándose, tomando las calles, montando barricadas, organizando marchas e incluso milicias, el pueblo está discutiendo las estrategias posibles para desafiar al régimen de Jovenel Moïse, presidente repudiado y cuya salida encabeza las demanda social. Los obreros, campesinos, estudiantes y demás sectores no han cesado en la resistencia, la profundidad de las heridas es equivalente al deseo de cambio y a la generación de conciencia proletaria que poco a poco va tomando mayor forma en el país caribeño.El actual ciclo de protestas comenzó el mes de julio de 2018, cuando el presidente, Jovenel Moïse, aumentó el costo de los productos petroleros siguiendo las indicaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), el descontento se incrementó al vincularse al presidente con actos de corrupción al malversar fondos por más de dos mil millones de dólares provenientes del programa Petrocaribe y por el consecuente desabasto de combustible causado por la crisis arrastrada. Altos precios, sub-ejecuciones, contratos yuxtapuestos, obras fantasmas, liquidación precoz de fondos, evasión fiscal, nepotismo y otras acusaciones caen sobre el gobierno, temas de los que países como México saben mucho. Haití presenta movilizaciones recurrentes, la dura realidad muestra el alza de la pobreza así como de la violencia de Estado, más de cuarenta personas han sido asesinadas por el terrorismo del poder, cientos encarcelas y torturadas, junto a esto, la ocupación imperialista y neocolonial que está presente desde años atrás, impide la generación de vías alternas democráticas para el pueblo, el manto de silencio que cubre lo referente a Haití, es la cúpula de una permanente agresión por varias vías. La inflación, el desempleo y la precariedad crecen abismalmente con gran rapidez, las fuerzas productivas en lucha resisten para superar la mayor de la crisis y poner abajo al gobierno “neoliberal, antipopular, ilegítimo y antidemocrático”, tal y como lo definen los haitianos.

Los sectores sociales en resistencia han firmado un acuerdo político para sentar las bases de un gobierno de transición una vez se logre la renuncia del presidente Jovenel Moise, el pasado 9 de noviembre, se congregaron con la mira común de salir de una vez y para siempre del pesado lastre que significa cargar sobre las espaldas de los trabajadores y trabajadoras la crisis económica más larga de la historia latinoamericana, sin embargo, el presidente como es común, se aferra al poder y agudiza la represión, actitud compartida por ejemplo, con Sebastián Piñera, presidente de Chile. El acuerdo es en sí, una posible hoja de ruta, un camino que en realidad tendrá que buscar las diferentes veredas por las cuales andar, sin perder el rumbo pactado, en este proceso largo y complejo aún deben fijarse los tiempos de la transición, las estructuras y formas del gobierno futuro. Todo sin bajar la guardia en la lucha, sin dar oportunidad a qué el actual gobierno, las potencias que mantienen ocupación e intereses económicos, puedan desvirtuar el carácter emancipador de los acuerdos, la independencia de la resistencia como de la sociedad a construir es indispensable para garantizar que sean los haitianos quienes reciban los beneficios de cada uno de los logros consumados, como puede deducirse, la desconfianza de la población a las organizaciones tradicionales es alta, por ello, la independencia proletaria es indispensable para realmente hablar un nuevo gobierno y del establecimiento de las bases para reconstruir la nación.

La solidaridad internacional debe expresarse a favor del pueblo haitiano, por la salida del gobierno corrupto y opresor, por la unidad latinoamericana, en un contexto tan particular como el actual. Las luchas presentes no pueden entenderse en un contexto únicamente local o regional, la mirada global permite comprender que lo que se vive en Nuestra América y en todas las zonas en resistencia a nivel mundial, es sin dudas, la crisis final del capitalismo y del imperialismo estadounidense. La resistencia haitiana es síntoma y reflejo del nuevo mundo que habremos de crear, el proyecto socialista tiene que ponderarse como bandera, los pueblos latinoamericanos integrados deben contribuir a la reconfiguración de toda la humanidad.

Fuente del artículo: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=262524

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Para el nuevo Chile, una mejor educación

Por: María Victoria Peralta. 

En estos complejos días aún de incertidumbres y de búsqueda de las mejores propuestas y caminos para avanzar en justicia social en nuestro país, han tenido lugar diversas formas de recibir la opinión ciudadana tanto en encuentros reales como virtuales. Cabildos, asambleas, encuestas diversas, se han realizado tratando de recoger el sentir y pensar de las chilenas y los chilenos.

Los temas han surgido de diversas formas: unos han sido propuestos y otros han emergido de los propios autoconvocados, conociéndose resultados aún parciales y difíciles de sistematizar en un corpus común dadas las diversas metodologías empleadas y su extensión nacional.

En estos primeros intentos de síntesis, se observan ciertas tendencias: los temas salariales, previsionales y de salud, parecen puntear las inquietudes ciudadanas. Los referidos a educación también aparecen, pero en menor grado y centrados básicamente en cómo superar problemas económicos como el CAE, o los sueldos de los profesores. (ver Chilecracia.org)

Pero la educación chilena tiene muchos problemas que resolver en términos de cobertura, equidad, gestión, calidad, pero sobre todo en los temas de fondo, qué tipo de educación deseamos favorecer para propiciar una mejor sociedad, más justa, más humana y que aporte al bienestar de todos.

En estas columnas, hemos sido reiterativos a lo largo del tiempo, de la necesidad de repensar la educación, los hechos producidos son una muestra más de lo urgente que ello era y es.

Si bien hay sectores importantes de jóvenes y adultos que han demostrado actitudes ciudadanas de participación, solidaridad, responsabilidad, respeto a las diversidades, cuidado de los bienes públicos, entre otros, también observamos otros grupos menores, pero con mucha fuerza, en los cuales estos valores no se observan mayormente cayendo en la anarquía, en la insensibilidad o en la desidia.  Y todo ello, no es producto de un actuar aislado y tampoco es unicausal; estos jóvenes y adultos también han tenido una familia que se supone que ha sido la formadora y orientadora principal en sus vidas y han pasado por diversas “escuelas” como instituciones educativas extrafamiliares que se supone que aportan también en lo formativo.

Señalamos esto, porque las injusticias y estancamientos sociales no existen per se, aunque sea de perogrullo decirlo; los generan condiciones, personas e instituciones en los diferentes ámbitos del quehacer perpetuando intereses o visiones de ciertos grupos, que no siempre tienen presente el avance social y el bien común.

Por lo expresado, se hace necesario revisar profundamente el sistema educativo que tenemos y sus múltiples actores, expresiones y extensiones políticas, leyes, normativas, Consejos, Agencias, Intendencias, Centros, etc., junto con los sistemas de financiamiento, monitoreo y evaluación, y lo más de fondo, las definiciones curriculares.

Estas últimas expresadas en bases, programas, recursos didácticos, conllevan visiones sobre el tipo de sociedad y de las personas que son muchas veces parciales y restrictivas y que se contradicen con las grandes aspiraciones que pretendemos.

Sin la revisión del aparataje educativo en su conjunto, seguirán perpetuándose las inequidades, la pasividad, la falta de diálogo y reflexión, la educación sesgada y discriminatoria; en fin, todo lo negativo de lo que hemos sido testigos desde hace décadas y que hoy aflora brutalmente.

Chile necesita una mejor educación acorde al proyecto país que queremos, y si bien es cierto que hay urgencias para muchos en el plano del diario vivir, no puede quedarse la revisión del nuevo Chile, sólo en eso.

Por ello, con el pensar de todos, incluyamos en la nueva Constitución y en sus derivados a elaborar, la educación como un Derecho social con cualidades realmente humanas en todos los niveles del sistema educativo, como eje central de las aspiraciones ciudadanas, para un Chile mejor.

Sólo así, podrán las nuevas propuestas sociales sostenerse y desarrollarse en su plenitud.

Fuente del artículo: https://opinion.cooperativa.cl/opinion/educacion/para-el-nuevo-chile-una-mejor-educacion/2019-11-15/085121.html

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La Filosofía de la Educación: necesidad y problema

Por: Martín López Calva.

“Para vivir el hombre debe actuar; para actuar, debe tomar decisiones; para tomar decisiones, debe definir un código de valores; para definir un código de valores debe saber qué es y dónde está. Necesita metafísica, epistemología y ética… Filosofía. No puede escapar de esta necesidad”.

Este viernes 15 de noviembre tendré el honor de participar en el Encuentro Nacional de Educación que bajo el título Educar implica un pacto de humanidad y solidaridad organizan La Dimensión de Pastoral Educativa y de Cultura de la Conferencia del Episcopado Mexicano, La Universidad Pontificia de México (UPM), 
y la Asociación Mexicana de Instituciones de Educación Superior de Inspiración Cristiana 
(AMIESIC), a través de la Vocalía de Formación Humanista.

Mi intervención está programada en el primer panel sobre Reflexiones generales sobre la Educación, hoy y me han pedido específicamente hablar sobre La Filosofía de la Educación en un cambio de época.

Aprovecho este espacio para plantear algunos elementos que contendrá mi participación en este diálogo en el que se tocarán también las visiones sobre la educación actual desde las perspectivas de la Academia y la Sociedad civil.

“La filosofía no sirve para nada porque sirve para todo”, es una frase que leí hace tiempo y que incluí en una actividad inicial de mi curso publicado bajo el título de FilosofíadelaEducación.com, que tenía como objetivo generar una reflexión acerca de la palabra servir en términos de utilidad y en términos de finalidad o sentido.

Porque si vemos a la Filosofía y en el caso concreto del tema que trataré en el panel a la Filosofía de la Educación en términos de utilidad práctica podemos decir que en efecto, no sirve para nada. Sin embargo, si consideramos que la Educación es una praxis humana que requiere además de métodos y técnicas prácticas de una finalidad explícita que le aporte sentido, encontraremos la enorme utilidad de la Filosofía de la Educación.

Es muy claro que estamos viviendo en el mundo de hoy en circunstancias que como afirmaba Xabier Gorostiaga S.J. no son solamente las de una época de cambios sino las de un verdadero cambio de época, de un punto de inflexión histórico que está solicitando una reorientación del sentido de la existencia humana individual, comunitaria y colectiva.

Se trata de un momento en el que las cosas no funcionan en casi todos los ámbitos de la vida humana pero no solamente porque requieran de prácticas distintas sino porque están solicitando con urgencia una reflexión y un replanteamiento de las finalidades y el sentido. La crisis económica, política, social, cultural y espiritual del mundo de hoy es en el fondo una crisis de sentido, una crisis de humanidad que está reclamando una reflexión filosófica seria y pertinente.

Si el ser humano está en crisis, es evidente que la educación también lo está y aunque existan visiones parciales y tecnocráticas que planteen la crisis educativa en términos de utilidad práctica y propongan resolverla con cambios de infraestructura, tecnologías, métodos y técnicas pedagógicas, modelos de planeación y evaluación estandarizada y otras estrategias de corte procedimental, la solución para generar una educación que responda de manera pertinente a los desafíos del cambio de época no se encontrará en estos cambios programáticos sino en un cambio paradigmático profundo que requiere de las aportaciones de la Filosofía de la Educación.

Como afirma la filósofa estadounidense An Ryand en el epígrae de hoy, para vivir el ser humano necesita en el fondo saber qué es –o quién es- y dónde está y para educar la humanidad requiere también del conocimiento sobre qué es educar y dónde está situada la educación en esta transformación global.

La Educación en el cambio de época no puede escapar de la necesidad de una reflexión filosófica seria que le permita actuar a partir de decisiones sustentadas en un código de valores que responda a un conocimiento razonable de la realidad actual; necesita, retomando y modificando el planteamiento de Ryand, de Antropología filosófica, de Epistemología, de Ética y de reflexión filosófica sobre la sociedad.

“El problema de la educación es el problema de la educación hoy. No se trata de educar a los primitivos, ni a los antiguos egipcios, ni a los medievales, ni a la gente del Renacimiento, sino a la gente de hoy…¿Cómo introducimos el hoy en las categorías de cualquier filosofía? Esto no se logra si la filosofía se ocupa simplemente de verdades atemporales.”

Bernard Lonergan. Filosofía de la Educación, pp. 48-49.

Pero no se trata de cualquier filosofía sino de una filosofía concreta y contextualizada, de una filosofía que se encuentre a la altura de los tiempos que corren, porque como dice Lonergan, el problema de la educación es el problema de la educación hoy. Porque no nos enfrentamos al reto de educar a los seres humanos del medioevo o del siglo XIX; ni siquiera estamos en la encrucijada de formar a los educandos del siglo XX sino a los niños y jóvenes de hoy.

El desafío de la Filosofía de la Educación entonces no es el de una reflexión desde verdades atemporales sino desde el planteamiento de preguntas acerca del ser humano de hoy, del conocimiento pertinente en la llamada Sociedad del conocimiento, del bien humano que se está o se debería estar escribiendo en las realidades actuales y del tipo de sociedad humana que están reclamando los tiempos actuales marcados por la exclusión, la desigualdad, el empobrecimiento, la violencia, la migración y tantos otros problemas que reclaman atención urgente.

Si nos situamos específicamente en México que está viviendo un momento de crisis y cambio a partir de la (contra) reforma educativa planteada por el gobierno entrante habría que destacar y defender la urgencia de una Filosofía de la Educación que pueda responder a las preguntas sustanciales que nos permitan construir una visión común sobre las finalidades del Sistema Educativo Nacional (SEN) en el marco del proyecto de país que aspiramos a ser en el mundo.

¿Quién es el ser humano de este cambio de época? ¿Quién es el mexicano de hoy en un país diverso, multicultural, desigual, excluyente y violento? ¿Cuál es la visión del ser humano que domina nuestro mundo y nuestra realidad nacional y cuál sería una visión más humana, integral y pertinente de ser humano y de mexicano que deberíamos asumir como visión orientadora del trabajo educativo?

¿Cuál es la visión de conocimiento que domina hoy el mundo globalizado y centrado en el consumismo y en la competencia feroz y cuál sería una visión de conocimiento alternativa y humanizante que construya un mejor mundo y un país más democrático, pacífico y justo?

¿Cuál es la perspectiva ética –si es que la hay- que mueve hoy al mundo y orienta la formación de las nuevas generaciones y cuál sería una visión ética más auténtica en el sentido de construcción del verdadero bien humano producto de la comprensión y la decisión individual y colectiva que deberíamos impulsar en un país herido por la corrupción, la impunidad y la desmoralización generalizada?

¿Cuál es el modelo de sociedad que está orientando las estructuras y las prácticas educativas en el mundo y en México y cuál debería ser la perspectiva social que guiara al sistema educativo para regenerar el tejido social con mútiples rupturas que está reproduciendo la injusticia, la pobreza, la exclusión y la violencia?

Estas y otras preguntas son las que deberían orientar la aportación de la Filosofía de la Educación en el cambio de época que hoy vivimos en el mundo y en nuestra patria.

Fuente del artículo: https://m.e-consulta.com/opinion/2019-11-11/la-filosofia-de-la-educacion-necesidad-y-problema

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Reflexiones sobre una nueva pedagogía

Por: Francesc Imbernon

Son tiempos de analizar las contradicciones y una determinada visión mercantilista y productiva de la educación que reproducen los discursos, valores y privilegios de los que tienen el poder real o mediático.

Estos días ha habido un congreso en la Universidad de Barcelona (IRED19) en el que han participado reconocidos autores de la pedagogía crítica. Esto y, posiblemente, las situaciones actuales de revuelta en varios contextos (Chile, Bolivia, China, Ecuador, Siria, Turquía, Cataluña, etc.) me ha llevado a hacer algunas reflexiones sobre la situación actual de la educación.

En las conferencias del Congreso se mencionaba la recuperación del pensamiento y el conocimiento crítico, la emancipación como proceso imprescindible que desarrollar en la educación, la lucha contra el colonialismo cognitivo, el patriarcado, la dominación epistémica y ontológica de parte de la humanidad por el poder del capitalismo que no tiene en cuenta la dignidad de las personas. También el retroceso ideológico reaccionario desde la Revolución Francesa con los famosos conceptos de libertad, fraternidad e igualdad. Retroceso que nos trae al regreso de lo que se denominó antiguo régimen. Recordemos que la Revolución Francesa pretendía educar nuevas generaciones en los ideales revolucionarios con una escolarización obligatoria y gratuita y el acceso de todos los ciudadanos a los beneficios de la educación, y no únicamente los que podían pagarse la enseñanza privada. Y el profesorado era seleccionado a través de pruebas basadas en los méritos intelectuales y no en las ventajas del nacimiento o la fortuna. Con una perspectiva laica de la enseñanza.

Y ahora, este retroceso a ideologías neoconservadores y algunas de cariz fascista, están influyendo en la educación, muchas veces, ante un silencio, cuando no una complicidad de algunos que ven la educación como un negocio y un gran mercado en el que, además, pueden ejercer una influencia ideológica de dominación y sumisión ciudadana.

Y pienso en qué podemos hacer para conseguir un rearme moral, ético e intelectual desde posturas educativas críticas pero constructivas, para alcanzar lo que soñamos o recuperar aquello que conseguimos con las luchas y se ha ido perdiendo despacio, pero implacablemente. Cómo recuperar las ganas de cambiar a fondo y potenciar el protagonismo que se merece el colectivo de enseñantes.

No hablo de estrategias innovadoras, de la pasión por el cambio metodológico o de introducir novedades técnicas, sino ser capaces de ver más allá de nuestros límites como educadores. De salir de la frontera, en cuyo interior podemos hacer muchas cosas interesantes pero que se quedan dentro de nuestro círculo.

Hablamos, como se dijo en el congreso, sobre una nueva comprensión del mundo para ayudar a transformarlo; de cómo introducirnos a la escuela y a la sociedad en el análisis de las diversas formas de desigualdad y opresión que cada día van en aumento. También plantearnos la militancia pedagógica y la acción solidaria como un importante reto para desarrollar una nueva cultura profesional alternativa del profesorado, para trabajar por una nueva práctica educativa y social.

El trabajo de Paolo Freire y cómo se lo está persiguiendo en Brasil también tuvo un lugar en el Congreso (después de mucha referencia y empacho anglosajón) Freire siempre será un referente para analizar la falacia de la neutralidad escolar, para construir una noción de la educación más politizada y para desarrollar una pedagogía de la resistencia, de la esperanza o de la posibilidad. La denuncia y la anunciación de alternativas son dos procesos inseparables en la educación según Freire. Superar el miedo -que decía un ponente- y trabajar la esperanza.

Son tiempos de analizar las contradicciones y una determinada visión mercantilista y productiva de la educación que reproducen los discursos, valores y privilegios de los que tienen el poder real o mediático. Y denunciarlas y buscar alternativas hacia una educación más liberadora de ciudadanos libres y comprometidos con el cambio social y no súbditos.

Pero crear una forma diferente de ver la educación supone salir, como mencionaba antes, de las fronteras de la sumisión a ideas de otros, de ir de nuestros límites impuestos (a veces sin querer de forma implícita, por la formación o por el sistema educativo que nos rodea o por nosotros mismos). Sin olvidar la importancia de hacerlo colectivamente. Convertirse, como dijeron varios filósofos, en intelectuales colectivos y no en receptores pasivos de las ideas aceptadas sin rigor ni análisis crítico. Huir de quienes pregonan volver a lo que es básico: «se tiene que enseñar así», «la democracia es culpable», «se han perdido los valores», «tenemos que separar al alumnado», etc., que han vuelto aparecer con más fuerza (políticos e intelectuales educativos orgánicos muy bien situados en ciertos partidos estatales, autonómicos o grandes corporaciones). Se enorgullecen de su elitismo academicista o del poder político y económico que los trae a considerar ciertas cosas mejores que otras: por ejemplo, la Universidad como cumbre del conocimiento formativo, la desconfianza en el profesorado, el desprecio a los movimientos sociales, el discurso teórico no riguroso como parangón del intelectual y la tradición cultural occidental como superior y única, obviando otras identidades y aportaciones culturales.

El congreso proyectó razones y fuerzas para un rearme profesional del profesorado y de la educación que se ha de oponer frontalmente a cualquier manifestación explícita o implícita de la racionalidad de ciertas políticas educativas, de contenidos curriculares o en las formas de gestión y control técnico y burocrático de la educación. Y revisar la legitimación oficial del conocimiento escolar reaccionario hoy en día, tan defendido por la derecha, y tratar de poner en contacto los estudiantes con los diversos campos del conocimiento, de la experiencia y de la realidad. En este sentido, es necesario ser sensible a las tradiciones y valores de las minorías étnicas y culturales.

En fin, el congreso abrió una ventana por donde entraba aire fresco, puesto que revisó la finalidad de la educación y la posibilidad de romper formas de pensar y actuar que llevan a analizar el progreso de una manera lineal y no permiten integrar otras identidades sociales, otras manifestaciones culturales y otras voces secularmente marginadas, provocando la exclusión social y el aumento de la pobreza de grandes capas de la población.

Continuar luchando (la lucha también fue un concepto que fue apareciendo) para buscar alternativas hacia una enseñanza más democrática y participativa, donde se trabaje la dignidad como instrumento fundamental educativo (justicia cognitiva y trato como humanos). Una educación en la que se comparte el conocimiento con otras instancias socializadoras que están fuera del establecimiento escolar. Y nuevas alternativas menos individualistas y funcionalistas, más basadas en el diálogo, en la autoemancipación docente y colectiva entre quienes tienen algo que decir a quienes enseñan y aprenden.

Fuente e Imagen: https://eldiariodelaeducacion.com/blog/2019/11/11/reflexiones-sobre-una-nueva-pedagogia/

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