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Frantz Fanon: de la descolonización al pensamiento crítico

Autor: Raúl Zibechi

Uno debe ponerse del lado de los oprimidos en cualquier circunstancia, incluso cuando están equivocados, sin perder de vista, no obstante, que están hechos del mismo barro que sus opresores (Emil Cioran)

Frantz Fanon fue un ser extraordinario. Vivió su breve vida entre cuatro países: en su Martinica natal, en Francia y en Argelia-Túnez, donde se comprometió con la lucha por la independencia integrándose como militante al Frente de Liberación Nacional (fln). La coherencia entre su vida y su obra es un faro que nos debe guiar en estos momentos de incertidumbre, cuando afloran riesgos notables que ponen en peligro la existencia misma de la humanidad de abajo.

Intervino en una de las guerras más crueles de la historia moderna. El fln estimó que fueron asesinados un millón 500 mil de argelinos entre el comienzo de la guerra en 1954 y la proclamación de la independencia en 1962, lo que representa el quince por ciento de una población que no llegaba a los 10 millones. Historiadores franceses reducen esa cifra a un tercio, lo que sigue siendo un porcentaje asombroso. Una cantidad similar de argelinos fueron torturados.

Como médico-jefe del hospital psiquiátrico de Blida (nombrado en 1953), Fanon tuvo una experiencia fenomenal: recibió y atendió tanto a franceses torturadores como a argelinos torturados, lo que le permitió acceder a los recovecos más recónditos de la opresión y la humillación coloniales. Uno de los aspectos menos conocidos de su maravillosa vida fue haber convertido el hospicio-prisión en “una nueva comunidad que introdujo el deporte, la música, el trabajo, y donde se tiraba un periódico escrito por enfermos”.

Su profesión como psiquiatra le permitió comprender actitudes de los seres humanos que nunca fueron explicadas adecuadamente por el pensamiento crítico. En esos años se había consolidado el giro hacia el economicismo y el materialismo vulgar, que todo lo apostaban al desarrollo de las fuerzas productivas, camino en el cual las ideas emancipatorias tendieron a mimetizarse con los postulados capitalistas.

La interiorización de la opresión

La generación militante de las décadas de 1960 y 1970 conocimos a Fanon a través de Los condenados de la tierra , su obra póstuma publicada en 1961. Es el libro/manifiesto de un combatiente que afirma la necesidad de la violencia para enfrentar y superar la colonización, porque sabe que “el colonialismo no cede sino con el cuchillo al cuello”.

Los condenados… es un texto luminoso, plagado de ideas que marchan a contrapelo del sentido común revolucionario de la época, como su defensa del campesinado y del lumpen-proletariado como sujetos políticos, ya que observa que en las colonias los proletarios son el sector más “mimado por el régimen colonial”. Critica también la cultura política de las izquierdas, que se dedican a captar a las personas más “avanzadas” –“las élites más conscientes del proletariado de las ciudades”, constata Fanon- sin comprender que en el mundo del colonizado el lugar central, y liberador, lo juegan la comunidad y la familia, no el partido o el sindicato.

Su apasionada defensa de la violencia del oprimido debe ser tamizada. Siempre es necesario recordar, como enfatiza Immanuel Wallerstein, que “sin violencia no podemos lograr nada”. No es un tema menor, porque el grueso de los partidos y movimientos antisistémicos parecen haberlo olvidado en su apuesta por incrustarse en las instituciones estatales.

Pero también es cierto, como reconoce el sociólogo, que la violencia por sí misma no resuelve nada. Fanon va más lejos cuando afirma que “la violencia desintoxica”, porque “libra al colonizado de su complejo de inferioridad”. En esa línea de argumentación, en Los condenados de la tierra concluye: “La violencia eleva al pueblo a la altura del dirigente.” Sabemos que las cosas son más complejas, como lo enseña medio siglo de lucha armada en América Latina.

Pese a la importancia que tuvo en nuestra generación el último libro de Fanon, considero que el primero, Piel negra, máscaras blancas, de 1952, es el que nos brinda mejores pistas sobre un siglo de fracasos de las revoluciones triunfantes. Aporta una mirada desde la subjetividad del oprimido, algo que los marxistas nunca habíamos conseguido desentrañar de forma tan cristalina. Nos dice que el complejo de inferioridad del colonizado tiene dos raíces: la económica y la interiorización o “epidermización” de la inferioridad. El varón negro desea blanquearse la piel y tener novia rubia. La mujer negra se plancha el pelo y sueña con un varón blanco. Deben abordarse ambos aspectos o la liberación será incompleta.

Fanon pone el dedo en la llaga cuando afirma que “el colonizado es un perseguido que sueña permanentemente en convertirse en perseguidor” (Los condenados de la tierra). En consecuencia, el colonizado no sólo quiere recuperar la hacienda del colono, sino que también desea su lugar, porque ese mundo le suscita envidia. Mira de frente el núcleo duro de los problemas legados por las revoluciones y que no podemos seguir eludiendo, en vista de dramas como los que atraviesa Nicaragua. ¿Por qué los revolucionarios se colocan en el lugar, material y simbólico, de los opresores y los capitalistas, y en ocasiones de los tiranos contra los que lucharon? Nos deja con la pregunta, ofreciendo apenas pistas sobre los caminos posibles para salir de este terrible círculo vicioso que reproduce la opresión y el colonialismo interno en nombre de la revolución. Fanon recorre los vericuetos de la psiquis del oprimido, con el mismo rigor y valor con que cuestiona a los revolucionarios que, cegados por la rabia, cometen abusos en el cuerpo de los colonizadores.

Las similitudes entre oprimidos y opresores sólo pueden desbordarse desde una lógica distinta a la del poder, y sólo pueden desarmarse si somos capaces de reconocerlas. Los dirigentes sandinistas comenzaron ocupando las residencias de Somoza y usando sus coches por razones de “seguridad”, hasta que el clan gobernante terminó actuando como el dictador.

La zona del no-ser

Fanon comprendió en carne propia que existe una zona de nuestras sociedades donde la humanidad es vulnerada sistemáticamente por la violencia del opresor. Se trata de un lugar estructural, que no depende de las cualidades de las personas. Estima que es justamente en esa zona, que denomina “zona del no-ser”, donde puede nacer la revolución por la que está dando su vida, y advierte que el mundo colonial tiene compartimentos cuyas fronteras están señalizadas por cuarteles y estaciones de policía. Esos dos mundos tienen vida propia, reglas particulares y se relacionan jerárquicamente. Sostengo que el período actual de acumulación por despojo/cuarta guerra mundial, implica la actualización de las relaciones coloniales. Es probable que la potente actualidad de Fanon venga de la mano de la creciente polarización entre el uno por ciento más rico y la mitad más pobre y humillada de la humanidad, rasgos propios del período colonial.

En todo su trabajo, el autor se empeñó en mostrar que lo que vale para una zona, no necesariamente puede trasladarse a la otra. Que los modos de hacer política en la metrópoli no pueden ser los mismos que en la colonia. Que las formas de organización legales y abiertas de las zonas donde rigen los derechos humanos de los ciudadanos, no pueden ser copiadas por quienes viven en territorios arrasados como las favelas, los palenques, las comunidades de los pueblos originarios y las barriadas de las periferias urbanas.

Para Fanon, los pueblos oprimidos no deben caminar detrás de los partidos europeos de izquierda, cuestión que en el mismo período denunció su maestro Aimé Césaire en la Carta a Maurice Thorez, donde enuncia el “paternalismo colonialista” del Partido Comunista Francés, que consideraba la lucha de los pueblos contra el racismo como “una parte de un conjunto más importante”, cuyo “todo” es la lucha obrera contra el capitalismo.

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En América Latina existen varios movimientos que muestran cómo los oprimidos y las oprimidas van resolviendo a su manera los dos asuntos que he abordado. Los textos “Economía Política i y ii ” del subcomandante insurgente Moisés del ezln , las memorias del dirigente nasa-misak del Cauca colombiano, Lorenzo Muelas, así como las reflexiones y análisis de autoridades mapuche, entre muchas otras que no puedo citar, son buenos ejemplos de pensamiento critico en la zona del no-ser.

En el mismo sentido, las voces de las mujeres de abajo pueblan el grueso volumen recopilado por Francesca Gargallo, Feminismos desde Abya Yala. Ideas y proposiciones de las mujeres de 607 pueblos en nuestra América. A esa multiplicidad de voces habría que sumar otras formas no occidentales de expresar cosmovisiones, desde el tejido y la danza hasta el cuidado de los animales, las plantas y la salud.

En segundo lugar, descubren que para despojarse de la imagen del opresor no alcanza con recuperar los medios de producción. Es un paso necesario sobre el que debe crearse algo nuevo, pero sobre todo diferente al mundo viejo, tejido de relaciones sociales no jerárquicas ni opresivas. La historia de las revoluciones nos enseña que este es el aspecto más complejo y la piedra con la que hemos tropezado una y otra vez.

Fanon advirtió los riesgos de que la acción rebelde termine reproduciendo la lógica colonial, en una luminosa y premonitoria referencia a Nietzsche: al final de Piel negra, máscaras blancas advierte que siempre hay resentimiento en la reacción. Sólo la creación de lo nuevo nos permite superar las opresiones, ya que la inercia reactiva tiende a invertirlas.

Medio siglo después podemos celebrar que muchos movimientos están empeñados, aquí y ahora, en vivir con dignidad en la zona del no-ser, esquivando las jerarquías estadocéntricas y patriarcales. Imaginemos que en esas creaciones late el corazón generoso de Fanon, desbordante de compromiso y creatividad.

Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=245239

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El reto de la deserción universitaria

Autor: Christian Guijosa

En Latinoamérica sólo la mitad de los estudiantes de entre 25 y 29 años termina sus estudios universitarios, según el Banco Mundial. Por si fuera poco, el 50% de estos abandonos sucede durante el primer año.

Una reciente encuesta, realizada por la consultora educativa Civitas Learning a 1500 universitarios, revela algunas de las razones por las que los estudiantes abandonan la titulación e identifica áreas de oportunidad poco abordadas.

¿Qué desalienta a los estudiantes?

Respecto a los principales retos para terminar los estudios universitarios, el 36% de los encuestados señaló que el problema es la gestión del tiempo, el 35% culpa a la ansiedad y el miedo al fracaso, el 31% al agobio ante las distintas responsabilidades, el 25% a la carencia de habilidades de aprendizaje y el 24% señala que se debe a la incapacidad de concentración.

Falta de apoyo y asesoría

El 74% de los encuestados se siente más seguro cuando toma decisiones escolares apoyado por asesores académicos. El 53% siente seguridad con el apoyo familiar, el 43% con el auxilio de amigos y el 37% prefiere la ayuda en línea.

El 70% de los universitarios desearía tener contacto con asesores académicos al menos una vez al mes. Sin embargo, sólo el 20% contacta a una figura escolar durante ese periodo y uno de cada tres no los ha contactado en los últimos seis meses.

El 44% de los alumnos señala que prefiere coaching o mentoreo cara a cara, mientras el 56% prefiere la retroalimentación por medios digitales (correo, mensaje de texto, videoconferencia, etcétera).

Como ejemplo, hasta el 2016 únicamente el 17% de los adultos de 25 a 64 años de edad en México había cursado educación superior, la proporción más baja entre los países de la OCDE (37%). La deserción que se da en este nivel educativo exacerba esta problemática.

Ante el abandono universitario hay respuestas simplistas como el excesivo costo de la educación o la falta de oportunidades. En la mayoría de los casos se pasan por alto temas críticos como la asesoría académica continúa, el desarrollo de habilidades de aprendizaje o el bienestar socioemocional de los alumnos.

Fuente: https://observatorio.itesm.mx/edu-news/el-reto-de-la-desercion-universitaria

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El fortalecimiento la ciencia africana

Autora: Esther Ngumbi

Los países de la región subsahariana gastan apenas el 0,5% de su PIB en innovación e investigación. En Occidente, el porcentaje que se gasta se acerca al 3%

Los principales científicos, innovadores y formuladores de políticas de África se reunieron el pasado marzo en Kigali (Ruanda) con el propósito de intercambiar ideas sobre soluciones a un problema cada vez más apremiante: la baja calidad de la ciencia en el continente.

Todo buen líder sabe que los descubrimientos científicos y la innovación impulsan el progreso, facilitan el desarrollo y pueden ayudar a abordar temas como la inseguridad alimentaria, la escasez de agua y el cambio climático. Y, sin embargo, la mayoría de los gobiernos africanos no financian adecuadamente la Investigación y Desarrollo (I+D) en sus países. Según el Instituto de Estadística de la UNESCO, los países de África subsahariana gastan, en promedio, apenas el 0,5% de su PIB en esta área. En Occidente, el porcentaje que se gasta se acerca al 3%.

Esta disparidad subraya los desafíos de desarrollo que enfrentan los africanos. África alberga el 15% de la población mundial y el 5% del PIB del mundo, pero cuenta con un insignificante 1,3% del gasto total en investigación. Además, los inventores africanos poseen apenas el 0,1% de las patentes del mundo, lo que significa que incluso cuando se gasta dinero en ciencia, innovación e investigación, los hallazgos rara vez se traducen en soluciones para los desafíos más urgentes del continente.

Sin lugar a duda, estas tendencias no son universales; algunos gobiernos africanos están invirtiendo fuertemente en innovación dirigida por la ciencia. En Sudáfrica, por ejemplo, las autoridades se han comprometido a duplicar el gasto en I+D hasta el año 2020, hasta que llegue a representar el 1,5% del PIB. Este compromiso se realizó con posterioridad a otro compromiso que asumieron los jefes de Estado africanos respecto a incrementar los presupuestos de ciencia y tecnología con el fin de alcanzar al menos el 1% del PIB hasta el año 2025. Un puñado de países –incluidos entre ellos Kenia, Ruanda y Senegal– están trabajando arduamente para lograr este umbral de financiación.

África alberga el 15% de la población mundial y el 5% del PIB del mundo, pero cuenta solo con un insignificante 1,3% del gasto total en investigación

África también se beneficia de la generosidad de la ayuda a la investigación y el apoyo internacional. Uno de los principales donantes, la Fundación Bill y Melinda Gates, ha invertido más de 450 millones de dólares en iniciativas científicas africanas a lo largo de la última década. Los proyectos incluyen un programa de 306 millones de dólares para aumentar los rendimientos de los cultivos y una donación de 62,5 millones para mejorar los resultados en materia de salud. Estas y otras fuentes de financiación han ayudado a que los investigadores africanos desarrollen cultivos resistentes a la sequía, produzcan vacunas para enfermedades infecciosas como el ébola, y amplíen las oportunidades de educación en ciencia y tecnología.

Desafortunadamente, muchos Gobiernos africanos carecen de los recursos para financiar los programas que podrían aprovechar y construir avances basándose en estos logros. En pocas palabras, se necesita con urgencia un enfoque nuevo y más colaborativo para la ciencia africana.

Los líderes del continente han aunado sus recursos científicos en el pasado. En el año 2003, la Unión Africana y la Nueva Alianza para el Desarrollo de África comenzaron a implementar una estrategia que abarca todo el territorio “con el propósito de desarrollar y utilizar la ciencia y la tecnología para la transformación socioeconómica del continente y su integración en la economía mundial”. Este fue un objetivo ambicioso que tempranamente arrojó buenos resultados. Entre los años 2005 y 2014, el gasto en I+D aumentó, mientras que la producción investigativa se incrementó en más del doble en muchos países.

Desde entonces, sin embargo, el progreso se ha estancado. La reunión en Ruanda, que tuvo como anfitrión al presidente Paul Kagame y fue organizada por el Next Einstein Forum, se diseñó para ayudar a que la agenda vuelva a encarrilarse. Sin embargo, las cumbres son solo parte de la solución; los gobiernos también deben comprometerse a mejorar la calidad de la investigación y pueden empezar en el logro de este cometido al centrar la atención en tres áreas clave.

En primer lugar, los líderes de África deben involucrarse y trabajar en conjunto con directores ejecutivos de empresas, filántropos y donantes que entienden el valor a largo plazo de la inversión en ciencia. La innovación es costosa y se necesitará capital semilla para ayudar a fortalecer la capacidad científica del continente.

En segundo lugar, las universidades e instituciones deben alinear sus agendas de investigación con los objetivos nacionales y regionales. Por ejemplo, dado que uno de los desafíos más urgentes de África es alimentar a su creciente población, los centros de educación especializados en la investigación agrícola deben cerciorarse de que su trabajo contribuya al logro de soluciones.

Por último, pero sin restarle importancia, los países deberían alentar el espíritu empresarial en las organizaciones de investigación. Una forma de hacerlo es mediante el establecimiento de oficinas de comercialización, que podrían ayudar a los científicos a llevar su investigación al mercado. Los científicos de todo el mundo necesitan ayuda para sortear la burocracia a momento de convertir una idea en una empresa comercial, y este proceso es particularmente desafiante en una región donde los mecanismos por los que fluye la I+D se encuentran en sus albores.

Impulsar las capacidades científicas de la región requerirá que los líderes del continente hagan mucho más que solo formular preguntas difíciles en las cumbres; ellos deben también asignar más fondos y forjar nuevas alianzas. Para superar los desafíos de desarrollo humano, los Gobiernos africanos deben invertir en las personas que pueden superarlos.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2018/08/07/planeta_futuro/1533661344_149266.html

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Columna de Educación: El mito de la educación basada en el cerebro

Autor: Paulo Barraza Rodríguez

Uno de los mayores problemas que enfrenta hoy la educación chilena en términos de calidad, es la proliferación e inserción en la práctica escolar cotidiana, en la academia y en políticas educativas, de técnicas pedagógicas pseudocientíficas basadas supuestamente en el estudio del cerebro.

¿Estoy dispuesto como apoderado a que el dinero que gasto en la educación de mis hijos sirva para financiar una educación basada en creencias pseudocientíficas? ¿Estoy dispuesto como directivo de establecimiento educacional a pagar grandes sumas de dinero por seminarios o talleres que van a desinformar o peor aún mal-informar a mis docentes? ¿Están dispuestas las universidades a contratar académicos que transmitan contenidos sin sustento empírico a futuros profesionales de la educación? ¿Está dispuesto el Ministerio de Educación a que la política pública en educación se base en conjeturas y no en evidencia? Estas preguntas reflejan muy bien uno de los mayores problemas que enfrenta hoy la educación chilena en términos de calidad: la proliferación e inserción en la práctica escolar cotidiana, en la academia y en políticas educativas, de técnicas pedagógicas pseudocientíficas basadas supuestamente en el estudio del cerebro.

Para que se haga una idea de cuál es la situación actualmente, al año son muchos los docentes que asisten a seminarios de “neurociencia y educación” y varios los establecimientos educacionales que pagan mucho dinero por charlas y talleres dictados por personas sin formación alguna en el área, pero que se autodenominan “especialistas en neurociencias”, en los que se promete explicar cómo lograr en simples pasos que los alumnos aprendan “más” o cómo enseñar “mejor” en base a supuestos hallazgos neurocientíficos.

Un ejemplo prototípico del negocio detrás de estos cursos, se refleja en un taller de “neuroeducación” dirigido a docentes que se ofreció hace un tiempo atrás en Santiago, con contenidos que mezclaban psicología popular y pseudociencia, a un valor de 10 UF por asistente (con un promedio de 80 asistentes, calcule Ud.). Súmele a esto el perjuicio educacional que significa mal-informar a profesores que volverán a sus aulas a aplicar estos supuestos conocimientos neuroeducativos con sus alumnos, perdiendo tiempo y recursos valiosos.

Para ser aún más claro, lo que habitualmente se vende como técnicas educativas basadas en hallazgo neurocientífico no son más que una sarta de neuromitos o creencias pseudocientíficas que afectan negativamente el quehacer educacional (Pashler, McDaniel, Rohrer, & Bjork, 2008). De acuerdo con la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE, 2002) los neuromitos se definen como un error de interpretación que encuentra su origen en malas citas o un mal entendimiento de hallazgos científicos, los cuales generalmente son aplicados en educación u otros contextos. Ejemplos de neuromitos que actualmente están insertos en nuestros colegios son los “estilos de aprendizaje”, la “gimnasia cerebral” (BrainGym), la idea de que hay estudiantes “cerebro-izquierdo o cerebro-derecho”, el “efecto Mozart”, entre otras excentricidades (Howard-Jones, 2011).

Aunque cueste creer, la penetración de estas creencias pseudocientíficas no solo llega a los colegios, sino también a las universidades. En Chile existen planteles de educación superior que ofrecen Diplomados y Magíster en Neurociencias con aplicación a la Educación. Aunque llamativas, estas ofertas académicas hay que tomarlas con pinzas. Las razones de tal precaución son diversas: la nula formación o trayectoria profesional en neurociencias de algunos docentes de estos programas y la debilidad de sus contenidos. Solo como ejemplo, en uno de estos programas se imparte la asignatura “antroposofía y neurodesarrollo”. De más está decir que el concepto “antroposofía” no tiene nada que ver con el ámbito investigativo de las neurociencias.

Como guinda de la torta, tenemos que los neuromitos en la educación chilena incluso están presentes en decretos ministeriales. Concretamente, los decretos 170 y 83 (Mineduc, 2009; 2015) mencionan los “estilos de aprendizaje” y sugieren adaptar las prácticas educativas a los “estilos” de los estudiantes. Al respecto, la evidencia científica acumulada desde hace más de cinco décadas (Arbuthnott & Krätzig, 2015; Cuevas, 2015) es enfática en demostrar que adaptar las clases según el estilo de aprendizaje de los estudiantes no tiene ningún efecto sobre el rendimiento académico. A pesar de la gran cantidad de evidencia científica existente, cada año cientos de profesores asisten a cursos de capacitación para aprender a detectar diferentes estilos de aprendizajes y conocer las últimas técnicas para hacer clases adaptadas a cada estilo, y así poder dar cumplimiento a los decretos del Mineduc.

El mensaje final es poner fin de una vez por todas al negocio de la pseudociencia en educación. Es crucial que docentes y directivos de colegios denuncien a quienes, aprovechándose del gran interés que despierta la neurociencia en el público general y en la educación en particular, quieran lucrar con sus anhelos ofreciendo recetas mágicas vestidas de cientificismo para aprender y enseñar mejor. Se insta a la cautela y a cultivar una actitud crítica respecto de este tipo de intervenciones fraudulentas que sobre-simplifican un problema muy complejo como es el aprendizaje en contextos escolares. Tal como señala Hyatt (2007), es tiempo de que los educadores y otras entidades formativas en el ámbito educativo –sean universidades u otras entidades– se aseguren de que las prácticas que no estén basadas en evidencia se dejen de usar con niños, con la esperanza de mejorar aprendizajes. Esto último es también una invitación al Mineduc a revisar el sustento empírico de las intervenciones educativas que mandata por decreto, con el objetivo de derribar falsas creencias y construir entre todos una educación de calidad, a escala humana y basada en evidencia.

Fuente: https://www.latercera.com/tendencias/noticia/columna-educacion-mito-la-educacion-basada-cerebro/280421/

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La escolaridad, si no es crítica y liberadora, es domesticación. ¿Para qué sirven los profesionistas?

Autor: Pedro Echeverría V.

1, No confundo educación con escolaridad, aunque en la sociedad capitalista muy poco se valora la educación -que es espontánea- para otorgarle un papel preponderante a la escolaridad que se justifica con papeles, certificados, calificaciones, títulos, todo para demostrar hasta qué grado hemos sido domesticados para tener derecho a formar parte del sistema. Hoy en México hay profesionistas en todos los campos, obedientes de las órdenes de quien manda en el sistema de explotación y opresión. Se propaga que a mayores estudios mayor capacidad de liberación; pero no, al contrario, a mayores títulos más grandes privilegios y mayor subordinación.

2. En México el sistema escolarizado en los años setenta era de un año de preescolar, seis años de primaria, tres de secundaria, tres de preparatoria, cinco de licenciatura, luego vendrían los postgrados. A partir de los años ochenta el proceso de privatización se aceleró. Si en los años sesenta el Estado controlaba casi todo el sistema, 50 años después la escolaridad ha pasado en 35 por ciento bajo el control privado y la orientación tecnológica avanza con enorme rapidez. Con el pesado argumento de que la educación debe estar al servicio de la producción, no sólo se han abierto cientos de escuelas técnicas, sino en las mismas universidades se han eliminado materias sociales para ser sustituidas por las técnicas.

3. Lo visto en más en 50 años es el crecimiento de la escolaridad con millones de estudiantes, decenas de miles de escuelas y maestros, la multiplicación de las clases medias en medio de su pobreza económica; pero también el agigantado crecimiento de una economía que sólo ha beneficiado a un millar de familias propietarias de todo. La sociedad mexicana, en vez de caminar hacia el igualitarismo, producto del enorme crecimiento de la educación escolarizada, ha seguido sufriendo la extrema e injusta desigualdad. La escolaridad para la domesticación, en vez de indignarse y protestar ante esa realidad, ha preferido adaptarse a la clase dominante.

4. Sí, es indudable, para que un pueblo sea libre necesita educación. Espero que López Obrador, su secretario de Educación: Moctezuma, los maestros de la CNTE, el SNTE y seguidores de la Gordillo, entiendan que el “Plan Educativo” no puede consistir en enterrar la vieja reforma peñanietistas o hacerle algunos cambios para que todo siga igual. Se necesita una reforma liberadora, libertaria, que enseñe a los alumnos a investigar y criticar todo, en primer lugar –“con todo respeto”-, todo autoritarismo del maestro, de los padres, del cura, gobierno, patrones, de los textos. Que maestros y estudiantes investiguen antes de adoptar un juicio o una posición.

5. Los estudiantes y sus maestros, aparte de aprender a pensar y planear, tienen que salir de su salón de clases, de sus escuelas, de su comunidad, para estar en contacto con otras personas, otras cosas, con la vida. ¿Para qué carajos sirven a la sociedad estudiantes, profesionistas, que no difunden sus pensamientos, sus experiencias, sus necesidades, sus demandas, creciendo con temores y miedos a la autoridad y el poder? Conozco más de 100 títulos sobre educación y libertad, pero por su sencillez y claridad he recomendado mucho leer a Ivan Illich sobre la escolaridad, a S. Neill sobre la libertad y a Paulo Freire sobre educación y poder.

6. ¿Para qué se requieren más días y más horas de clase a la semana o al mes si se busca solamente adaptar a los estudiantes al sistema autoritario de explotación capitalista? Necesitamos otra educación; no más conocimientos inútiles que no ayuden a pensar, a investigar, analizar. ¿Para qué carajos nos sirve la historia, biología o matemáticas como enseñanzas memorísticas o repetitivas sino es para transformar el mundo? Pienso que de por sí hay personajes pusilánimes, pero hasta estos entran en movimiento y acción cuando se apropian del pensamiento crítico y libertario. ¿Para qué más profesionistas con pensamientos y acciones acomodaticias?

7. Pienso que el gobierno lópezobradorista debe ser vigilado para que no sea más de lo mismo. La CNTE ha demostrado durante casi 40 años que está muy lejos de cualquier oportunismo, que lo ha combatido de manera radical y consecuente; pero puede caer en el sectarismo al tomar de antemano el rechazo a otras posiciones que podrían romper con el estancamiento tan dañino a casi 4 décadas de lucha permanente. Por allí tiene que trabajar para discutir y analizar propuestas que podrían ayudar a fortalecer las batallas magisteriales. Para alcanzar la libertad, también los maestros sindicalistas debemos batallar contra el autoritarismo externo e interno.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=245230

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8 programas para hacer vídeos didácticos gratuitos

Redacción: Educación 2.0

Si estás buscando la forma de crear vídeos educativos para clase, no te pierdas este listado de programas para hacer vídeos. ¿Los conocías?

Hoy en día no es necesario ser ningún experto para poder crear un vídeo de forma sencilla gracias a Internet y las diferentes plataformas que existen. Hoy vamos a hablar sobre algunos programas para hacer vídeos didácticos y de forma gratuita que te pueden resultar de lo más útiles en la clase.

Programas para hacer vídeos

1 – Powtoon, para crear vídeos animados y presentaciones

 

Powtoon es una herramienta online con la que puedes crear vídeos y presentaciones animadas de forma sencilla con la que puedes hacer que tus clases sean mucho más dinámicas. Se trata de una herramienta online gratuita que ofrece la opción de hacerse premium, lo que puede venir muy bien a las empresas, pero para un blogger como yo, es el modo gratuito es suficiente para crear vídeos que están bastante bien.

2 – Pixorial, un gran editor de vídeos online

programas para hacer vídeos
Fuente: pixorial

Pixorial es un editor de vídeos online con el que puedes subir archivos multimedia desde el propio ordenador, o desde las redes sociales, de modo que luego es posible ordenarlos y añadir diferentes transiciones y luego exportarlos de forma sencilla. Con Pixorial puedes crear trabajos académicos de forma sencilla recopilando fotografías y vídeos que encuentres por la web.

Además, cuenta con un plan que está diseñado específicamente para educadores, de modo que puedes conseguir espacio gratuito para estudiantes, así como precios especiales (con un primer año gratuito) para profesores. Entra en pixorial.com/educators/ para conseguir más información.

3 – Windows Movie Maker

Windows Movie Maker es el programa de Windows con el que puedes importar y editar presentaciones de diapositivas y vídeos de forma sencilla, editar tus películas y elegir un tema, agregar y editar el audio, y compartir los vídeos online, entre otras cosas.

4 – Wevideo, un famoso editor online

programas para hacer vídeos
Fuente: wevideo

Continuamos con nuestra lista de programas para hacer vídeos con Wevideo, un conocido editor online de vídeos con el que puedes agregar fotografías, texto, vídeos y diferentes efectos especiales para poder así realizar vídeos de todo tipo. Además, cuenta con un distintas opciones especiales para utilizar en el aula que permiten también el trabajo colaborativo.

5 – Teachem, una herramienta para utilizar vídeos existentes

https://www.youtube.com/watch?v=XM5FXggGVOQ

 

Aquí tenemos una herramienta algo diferente a los programas para hacer vídeos comentados anteriormente. Se trata de Teachem, una plataforma que, en lugar de ser para crear vídeos, te ayuda a utilizar vídeos ya existentes y organizarlos en lecciones para poder tener agrupados los contenidos que has creado en otros programas o plataformas. En el vídeo anterior puedes ver un poco en qué consiste esta intersante herramienta para organizar tus clases.

6 – Movenote, muy útil para los profesores

 

 

Movenote es una herramienta online que resulta puede ser muy útil para cualquier profesor. Aquí puedes crear tutoriales, lecciones, o diferentes vídeos educativos de forma sencilla para tus clases. La herramienta te permite grabar las explicaciones que quieras sobre un determinado tema y, además, también puedes subir otras cosas como imágenes o enlaces. Está enfocada al nuevo concepto educativo de Flipped Classroom y cuenta con aplicaciones para los dispositivos móviles iOS y Android.

7 – Animoto, ideal para los vídeos educativos

Animoto es una herramienta online muy sencilla con la que puedes crear vídeos educativos online a partir de fotografías u otros materiales multimedia. Se trata de una plataforma muy intuitiva, ya que, al entrar en ella, te indica todos los pasos que debes seguir para crear tus vídeos educativos.

8 – Videolean, una forma sencilla de crear vídeos

Terminamos este listado de programas para hacer vídeos con la plataforma online Videolean, que está dirigida a la creación de vídeos profesionales, pero también te puede resultar muy útil a la hora de crear tu vídeo educativo de forma sencilla. La herramienta cuenta con una gran variedad de plantillas en función del objetivo de tu vídeo, que además puedes personalizar a tu antojo, ya que te permite cambiar los textos, las imágenes y la música de forma sencilla. Una vez que terminas con tu vídeo, puedes previsualizarlo en un vídeo de baja resolución. Por otra parte, para poder acceder a una versión HD y compartirla en diferentes canales, sería necesario hacer un plan de pago.

Como ves, tienes a tu disposición una gran cantidad de programas para hacer vídeos educativos y didácticos de forma gratuita y sin necesidad de ser un experto en la materia. Esto es así porque se trata de herramientas que son muy sencillas de utilizar y cuentan con muchos recursos a los que puedes sacar partido. Si estás interesado también en la creación de presentaciones, no te puedes perder los 11 programas para hacer las mejores presentaciones, que compartimos recientemente. ¿Qué te parecen todos estos interesantes programas para hacer vídeos educativos? ¿Con cual te quedas? ¿Conocías alguno de ellos?

Fuente de la Reseña:

https://educacion2.com/programas-para-hacer-videos-didacticos/?utm_source=ReviveOldPost&utm_medium=social&utm_campaign=ReviveOldPost

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¿Cultura de webbots o artesanos?: reflexiones críticas sobre la cultura libre.

BY DIGITAL RIGHTS LAC ON SEPTEMBER 19, 2013

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Un retuit, reblog, “me gusta” entre otros vienen como bálsamo para la generación de la gratificación inmediata donde un contenido más, sea libre o no, es un elemento para la colección.

Por Luis Fernando Medina*

En el siguiente texto busco explorar de una manera muy intuitiva y breve, y basado en mi experiencia como académico, investigador y activista, algunas consideraciones críticas de los modelos abiertos y la llamada cultura libre. Indudablemente, como ocurre con las iniciativas de este talante, el propósito no será dar una respuesta única y absoluta, sino tal vez procurar lanzar algunas preguntas esperando que estas sean las adecuadas. Sin embargo, tampoco es mi intención acudir a ésta fórmula como pretexto para eludir conclusiones, por lo cual procuraré esbozar alguna recomendación útil, en la medida en que la retórica escapista y relativista de nuestros tiempos lo permita. Para lograr el objetivo, quiero presentar dos componentes que se me hacen claves en la cultura libre y son la cultura del software la fanática. Luego, a partir de una enunciación de algunos puntos problemáticos que observo en la cultura libre, mostraré cómo la cultura libre se ha acercado más al paradigma del software y qué consecuencias trae eso. Finalmente mencionando lo que considero algunas inexactitudes en el discurso imperante de la cultura libre avanzaré al plácido campo de la especulación con, espero, algún fruto minúsculo pero valioso.

Quiero iniciar con una anécdota para ilustrar quizá una contradicción que creo es común. El año pasado participé, en Cali, en la mesa de cultura libre del evento ComunLAB, donde se encontraban varios artistas, activistas, comunicadores, entre otros. Recuerdo que en la discusión, uno de los asistentes con bastante trayectoria en el tema de arte y lo “libre” dijo algo así como que la única manera en que concebía compartir –la única manera verdaderamente libre- era el dominio público. Curiosamente y de manera casi inmediata, otro de los asistentes se levantó y manifestó, con la firmeza de quien no domina un tema por lo que no tiene nada que perder,  que no estaba de acuerdo, porque él quería poder cobrar por sus cosas. Esto alborotó un poco al auditorio, pero es mi percepción que las fuerzas se inclinaban más por la segunda intervención. ¿Qué me recordó esto?

En primer lugar, los dogmatismos que siempre han aquejado a la comunidad del software libre. Por otro lado, que el discurso de la ética hacker – el cual comparto y defiendo – a veces, sacado fuera de contexto, puede llevar a contradecir el sentido común. Y finalmente y de manera categórica; que el dinero, desestimado en ocasiones bajo el discurso de las utopías digitales, es un factor inevitable en una sociedad capitalista.

A partir de esta anécdota puede recordarse la enorme influencia de la cultura del software en la cultura libre. Indudablemente esto no es accidental, si se sigue la línea que observa que las prácticas de compartir código estuvieron siempre vinculadas con el desarrollo de software, desde los inicios de la computación y décadas antes de la invención misma del término software libre.  Algo similar puede decirse de los orígenes de Internet. De manera tragicómica la tendencia fue subvertida por el software comercial el cual surgió – revolución traicionada – de las postrimerías del sueño hippie digitalizado en lo que es conocido como la filosofía californiana: computadores para liberar pero millones en la bolsa. La conexión con el software libre puede notarse también con la misma enunciación de licencias como creative commons, las cuales recuerdan directamente las libertades del software libre. Esto corresponde, como ha sido notado decenas de veces, al intento de transportar un modelo que funciona en el software, a la producción cultural con resultados más bien mixtos.

De otro lado, cabe recordar que en entornos no mediados por el software, la cultura fanática es un referente de las redes de intercambio y de formas de creación en circuitos periféricos. Dejando de lado, por no caer en la disgresión, las conocidas vanguardias artísticas que experimentaron con formas de creación y distribución, la cultura fanática que florecía alrededor de contenidos culturales, se constituía en sí misma en generación de artefactos culturales. Los fanzines, de tradición de ciencia ficción pero de explosión masiva por el fenómeno del punk y la fotocopiadora, el graffiti y sus propuestas artísticas autogestionadas (al menos en sus orígenes) o el recientemente cincuentón benemérito formato del casete, el cual ayudó a crear toda una red de distribución e intercambio para fanáticos y creadores, constituyen ejemplos paradigmáticos.

Es evidente que el compartir no está exclusivamente ligado a las tecnologías digitales y específicamente a la cultura del software ¿por qué entonces esta comparación? Más allá del breve relato histórico considero que si bien la cultura libre está también muy emparentada con la cultura fanática, es su ADN de la época digital la que la lanza al terreno donde confiar en el determinismo tecnológico puede ser un error. El software cuenta con una dualidad: puede ser compartido pero a la vez es un medio para compartir, lo cual genera algo de ruido en el momento de trasponer su paradigma hacia la cultura libre. Esto mezclado con algunos discursos absolutistas de las tecnoutopías digitales arrojan sombras sobre el rumbo del movimiento. Siguiendo con la comparación con la cultura del software libre, éste último lleva 20 años intentando encontrar un modelo de negocio efectivo, el cuál se ha dado en solo unos pocos casos. ¿Podría ocurrir lo mismo con la cultura libre y los licenciamientos abiertos? A continuación menciono aspectos que son utilizados como sustento de la cultura libre y que creo prudente desmitificar:

Lo digital es una economía de la abundancia. Esto es cierto y sirve para explicar que el costo de copiar algo es mínimo. Sin embargo, al parecer, la abundancia de bienes culturales digitales circulando puede tener doble filo. He oído a muchos artistas quejarse en voz baja (hacerlo en público sería el suicidio) de que su video, producto de mucho trabajo, palidezca en visitas en Internet, comparado con, por decir algo, el gorila revolcándose en sus heces. Que no se me malentienda, no se puede volver a los tiempos de acceso privilegiado a los medios, más la abundancia de bienes culturales circulando podría también llevar a una “inflación digital” donde el valor real de cada creación disminuye porque hay mucho de donde escoger, o simplemente la intoxicación de información es tal, que debe acudirse a agregadores, editores, curadores, con lo cual la celebrada horizontalidad del sistema sería un espejismo. Aunque estas inquietudes han sido abordadas por discursos como el de la “cola larga” y los mercados de nicho, aún los casos fehacientes de un modelo de negocio son esquivos, por lo menos a mi memoria. La más bien reciente tendencia de empezar a utilizar licencias de creative commons de “atribución” y “compartir igual” ignorando el antes casi que obvio “no comercial” implica ignorar también, de alguna manera, que los grandes medios no iban a caer como aves de rapiña sobre los contenidos abiertos y que algo estaba fallando en la generación de riqueza a partir de este modelo.

Para finalizar quiero señalar que, en ocasiones, la misma abundancia parece vencer la utopía del creador/consumidor por una cultura del capitalismo simbólico más puro e inmediato: no se trata de qué tanta información se digiera y analice si no cuánta se acumule y se le haga saber a los otros que se tiene. Un retuit, reblog, “me gusta” entre otros vienen como bálsamo para la generación de la gratificación inmediata donde un contenido más, sea libre o no, es un elemento para la colección. La misma configuración de los ISP donde la velocidad de descarga supera la de carga, o la insistencia  de algunos activistas a las descargas libres más que a la educación en medios para crear, acercan a la red a ese televisor de 1000 canales de donde es difícil escoger.

¿Qué hacer? Exactamente no sé, pero considero que mientras encontramos la interfaz más adecuada para una coordinación cada vez mejor de la cultura libre dentro de un modelo capitalista, podemos reivindicar la figura del artesano digital, que se toma el tiempo en generar sus contenidos, que es un fanático que lo hace por amor al arte, dispuesto al intercambio, al trueque y los bancos de tiempo como alternativas de generación de riqueza. Así, y reinvindicando otra metáfora del software libre, aspiraremos más al pequeño bazar donde se armen pequeños círculos de creadores, y no al gran mercado donde la máscara más admirada es la del webbot cultural.

*Luis Fernando Medina Cardona,  es Profesor Asociado de la Universidad Nacional de Colombia y miembro del colectivo Trueque Digital. http://about.me/luscus9

Fuente: https://www.digitalrightslac.net/es/cultura-de-webbots-o-artesanos-reflexiones-criticas-sobre-la-cultura-libre/

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