Venezuela / 12 de agosto de 2018 / Autor: José M. Ameliach N. / Fuente: Aporrea
Sería muy conveniente para la población que existiera un texto basado en las experiencias y estudios de algunos profesionales en pedagogía, sociología, filosofía, teología, psicología, psiquiatría y cualquier otra ciencia afín en donde se pudiera conseguir las recomendaciones sobre la educación que en el hogar se le debe impartir a los niños; desde que nace hasta que cumple los 12 años. Los primeros años de vida de los seres humanos son fundamentales para dejar en su conciencia, personalidad, entendimiento, moralidad y/o sensibilidad, una buena formación sobre la conducta que deben observar en la sociedad. Estos textos deberían editarse por el gobierno y obsequiarse a todas las parturientas para que los estudien y se preparen para cuando vengan al mundo su hijo. Todos aquellos profesionales que colaboren con sus aportes para la edición de ese material didáctico, deberán esmerarse en hacerlo en un lenguaje sencillo, ameno y contener algunas gráficas motivadoras para que así todas las madres los puedan leer, lo entiendan y lo apliquen en la crianza de su niña o niño. Este manual debería contener un capítulo sobre el comportamiento que deben guardar los padres cuando estén ante sus niños. Así mismo debería el manual contener otros 2 capítulos, uno, para que en determinada edad de la niña, mujer, se le enseñara una educación acorde con su feminidad y el otro dedicado al niño, hombre, que le enseñe una educación acorde con su masculinidad.
La literatura impresa en los manuales dirigidos a los padres, con la finalidad de que se preparen y capaciten para tratar con los niños, debe estar dividido en secciones identificadas de esta; o similar manera: Niños de 0 a 1 año. Niños de 1 a 2 años. Niños de 2 a 3 años y así sucesivamente hasta llegar a los 12 años. Aprender sobre como guardar una buena conducta en el transcurso de su vida, como comportarse con el prójimo y como conservar una buena costumbre, después que el niño ha asimilado un modelo de mala conducta, hábito o actuación, es muy difícil ello sea revertido, por no decir imposible de lograr. Si, un niño de 13 años que no esté íntegramente formado moralmente, que no sepa identificar lo bueno de lo malo, que no tenga un algo en su interior que le impida realizar una mala acción, no logrará cambiar así lo hagan estudiar en el mejor colegio del mundo, ya que a un niño de 13 años de edad debe considerarse muy difícil de educar. No, ese ser ya tiene bien desarrollado el odio, la maldad y la envidia y esos malos sentimientos poco a poco lo irá manifestando en sus actos y les provocará gozo, emoción y un disfrute íntimo y entonces se dedicará a robar, dañar un bien material, dañar a las personas con las palabras y por último dañarlas físicamente. Aunque si puede captar la instrucción a cualquier edad, bien sea niño, adolescente, joven, adulto, adulto mayor y hasta las postrimerías de su vida terrenal.
Usted se habrá preguntado el por qué un hombre practica la pedofilia, ello es violento, cruel, absurdo, inhumano, es algo monstruoso; pero usted seguramente no se ha puesto a analizar cual es el problema de fondo. Acaso no es verdad que desde el más sencillo o profundo análisis que de estos temas se haga siempre la conclusión es que lo que hace falta para evitar todas estas cosas desalmadas es la educación en la gente. Y usted también se habrá preguntado cual es esa educación. Observe como muchas personalidades se confunden y cuando hablan de educación en realidad se refieren a la instrucción del individuo. La instrucción en si mismo no es educación, una persona puede ser muy bien instruida y ser un tremendo bandido, por lo que solo la instrucción no basta para lograr un buen ciudadano para la patria; aquí en Venezuela se ha visto mucha gente bien instruida y muy poco, o nada, educada. Se puede decir que la educación viene del corazón, viene del alma, en cambio la instrucción viene de la mente, viene del conocimiento. Un individuo que posea buenos sentimientos y que esté bien instruido es necesariamente un buen ciudadano, pero un individuo por más instruido que sea y que posea malos sentimientos, necesariamente no es un buen ciudadano, es más, será para siempre un mal ciudadano. Es vital para la república buscar un mejor futuro para sus nacionales, por tanto, el gobierno de inmediato debe ponerse a trabajar en constituir un equipo interdisciplinario en el área de la educación con la finalidad de que aporten sus ideas de cómo los padres deben guiar a sus niños, que metodología establecer, como reaccionar ante una conducta extraña y finalmente, a donde acudir cuando se note algo anormal en el comportamiento de sus pequeños hijos.
México / 12 de agosto de 2018 / Autor: Juan Carlos Miranda Arroyo / Fuente: SDP Noticias
Este lunes, en que este gentil espacio publicó mi comentario titulado: “SEP: Discutir la noción de “Competencias Educativas” (SDP Noticias, 6 de agosto, 2018), recibí algunos comentarios interesantes en redes sociales sobre el contenido del texto, mismos que comparto y comento a continuación.
Ayer, entre otros, la doctora Laura Frade escribió, vía Twitter: “El autor del artículo cuenta con muchas imprecisiones teóricas, históricas y filosóficas sobre la noción de competencia y sobre el propio modelo educativo 2017 que las desdibuja. Aprendizaje clave NO es igual que competencia. Desde ahí el error en su interpretación.”
Esta fue mi contestación: “Gracias por su interés, doctora. Nunca, en el texto, afirmo que ´aprendizajes clave´ sea igual a ´competencia´. Esa confusión la genera el propio texto oficial (ver glosario del Modelo Educativo 2017). Sobre las imprecisiones, le sugiero lea mi texto del 2013.” (Me refería al ensayo publicado hace cinco años, que lleva por título: “La noción de “Competencias” en la Reforma de la Educación Básica en México (2009-2011): Limitaciones y alternativas”, donde expongo, entre otros aspectos, un recorrido histórico acerca de la evolución de ese concepto. (1)
No se trata de desdibujar nada. Más allá de las definiciones o categorías teóricas o filosóficas (que han sido abordadas a profundidad por diversos autores y para lo cual hay sus respectivos espacios de debate), considero que lo importante del comentario publicado el lunes, es resaltar la actitud crítica; es decir, el hecho de que los docentes, directivos y asesores de Educación Básica, durante sus jornadas de actualización y formación continua, justamente, estén dispuestos a discutir, analizar, ponderar o valorar los presupuestos teóricos, filosóficos, históricos y metodológicos que “hay detrás” de los ideas que fueron seleccionadas por los asesores de la SEP (2016 y 2017), y que han servido de base para dar soporte tanto al Modelo Educativo (vigente) como al formato para trazar el diseño del plan y los programas de la Educación Básica, aprobados oficialmente en México (con el enfoque “competencial”). Esto incluye el análisis de los documentos de gobierno que toman como fuente dichos materiales impresos (como las Guías).
Pienso que el problema de la noción o concepto de “competencias” en la educación, es un asunto que comprende, entre otras interpretaciones, dos tipos de miradas: La primera, que adopta una concepción integracionista, “…que observa a la totalidad del educando, no lo divide en partes, como tampoco divide al conocimiento en disciplinas”(misma concepción que propone y defiende la Doctora Frade); y la segunda, que sugiere una visión “fragmentaria” sobre las competencias (criticada con argumentos por la misma Dra. Frade, cuando se refiere al Modelo Educativo 2016), que consiste en una “visualización del aprendizaje como cambio estrictamente cognitivo, (que) descarta a las competencias como médula central de la educación…”. ¿Cuál es la diferencia entre una y otra mirada? Por lo que alcanzo a observar, al revisar un ensayo reciente de la propia Dra. Frade (2), ella defiende al modelo “integral” que sobre las “competencias” sustentaba al Acuerdo 592 de la SEP, en 2011. Y critica al enfoque “fragmentario” de la propuesta oficial actual (Modelo Educativo 2016-2017); ambas concepciones fueron adoptadas por diferentes equipos de asesores de la SEP, según la coyuntura generada en cada caso.
Quizá lo más interesante de toda esta cuestión, es observar cómo ha evolucionado este concepto (de “competencias” en la educación) durante los procesos de formulación, revisión y rediseño de los contenidos y métodos educativos en los diferentes contextos de las Reformas Educativas en México. A reserva de realizar un estudio socio histórico más detallado, sistemático y riguroso al respecto, lo que queda claro es que en la escena del diseño curricular mexicano, han tomado el “poder” o la “hegemonía” dos o más diferentes equipos de expertos o asesores, mismos que han estado, con sus diferentes versiones, matices y aproximaciones sobre este concepto, cerca o dentro del círculo más próximo, íntimo, de los diferentes titulares de la SEP.
Cabe recordar que entre 2009 y 2011, la dirigencia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), jugó un papel central en la definición de las políticas públicas educativas de ese tiempo (sexenio de Felipe Calderón). La hegemonía de la dirección del SNTE concluyó, (al menos en la parte de la toma de decisiones educativas técnicas, no político-sindicales), en el año 2012-2013, cuando cambió el escenario político con el relevo en el gobierno y comenzó la gestión del presidente Peña Nieto.
Queda relativamente claro, entonces, que el problema de las “competencias” en la educación no solo es un asunto técnico, ni un campo únicamente de tensiones teóricas o metodológicas, sino también es un asunto social complejo, donde impera el conflicto entre sectores de la comunidad académica, y cuya deliberación queda en manos de la política o de la alta tecnoburocracia, pero no de los docentes en servicio, es decir, queda entre especialistas y expertos que están insertados en los diferentes grupos o espacios de decisión de las políticas públicas en la educación. En otras palabras, podría decirse que los círculos cerrados de las corporaciones académicas más influyentes (públicas y privadas), siempre han estado presentes en los espacios de disputa del poder y de la toma de decisiones sobre los asuntos de la educación pública. Por ello afirmo que, hasta el momento, éste ha sido un caldo que se ha cocinado “arriba”, no “abajo”.
Ojalá que los historiadores, sociólogos y antropólogos de la educación, así como los especialistas en Filosofía y Psicología Educativa, se den a la tarea de estudiar este fenómeno, y con ello desentrañen las dudas que surgen o puedan generarse acerca del por qué hay diferentes aproximaciones sobre el concepto de “competencias” en tan poco tiempo, pero no solo eso: también sobre otros conceptos importantes como el de los “aprendizajes”, la planificación de la “enseñanza”, así como sobre los distintos modelos “didácticos”, la evaluación educativa, los materiales o recursos y el papel de los sujetos en la educación, entre otros.
Punto y aparte para analizar y discutir, es el fenómeno que se ha generado a partir de la aparición del discurso del diseño curricular (desde 1990 a la fecha) basado en el desarrollo de “competencias”, sobre el cual se ha desarrollado, en países latinoamericanos sobre todo, un amplio mercado de consumo de conocimientos y tecnologías. Algunas universidades privadas (como la del Valle de México), ofrecen a la sociedad programas de posgrado (Maestría) “hiperespecializados” sobre el concepto de las “competencias en la educación” y sus derivaciones pedagógicas. También se han creado organizaciones de profesionales o asesores independientes que venden a los docentes y directivos de todos los niveles educativos, cualquier cantidad de cursos, talleres y diplomados, libros y demás materiales de estudio, con supuestas guías o estrategias para que los participantes dominen el concepto de “competencias” en la escuela.
Cada uno de los grupos de profesionales y especialistas de la educación tiene derecho a promover sus productos y servicios de la manera en que mejor le plazca o reditúe. Sobre ello no hay discusión. Lo que no se vale es hacer creer a los docentes, directivos y demás figuras educativas, que la verdad universal, única e indiscutible en la educación contemporánea, es el diseño curricular basado en el “desarrollo de competencias”. Ese es el problema de las “competencias” en la educación en México y en el mundo.
Vayamos a otra opinión. El doctor Alejandro Castro Santander me escribió lo siguiente: “…Me gusta cómo has encarado el tema de las competencias en educación. En Argentina venimos trabajando con ellas desde 1993. Y como dice Perrenoud, no entró en la práctica de los docentes, porque no fue aprendida en su escolaridad ni en la formación superior… siempre fue teoría, cuando el modelo llama a la acción.”
Así continúa el mensaje del doctor Castro Santander, especialista y líder académico en el tema de convivencia escolar en la Universidad Católica Argentina: “Personalmente, me gusta la síntesis del Informe Delors y los cuatro saberes (pilares), luego hablemos de las «habilidades» para el S.XXI y la estrategia de las competencias (conocimientos puestos en acción) ¿Cuándo? Cuando la escuela que tenemos del S.XIX cambie, dando la oportunidad a la innovación con sentido… Mientras tanto, evito leer completos los trabajos que no le dan un lugar importante a las habilidades socioemocionales, al clima escolar, a la convivencia. Estos factores asociados a la calidad educativa hoy son ´prioridad educativa´ «. Completamente de acuerdo.
Agradezco a todos los maestros y las maestras, asesores y directivos que me han escrito para ampliar la discusión sobre estos temas. Estoy convencido en que ése es el único camino –la confrontación de ideas-, que nos permitirá sacar adelante a los nuevos y retadores proyectos educativos que vienen para la nación.
(1) Juan Carlos Miranda Arroyo (2013) “La noción de “Competencias” en la Reforma de la Educación Básica en México (2009-2011): Limitaciones y alternativas”. Rev. Iberoamericana de Educación, vol. 61, Núm. 4. OEI. (versión digital)
(2) Laura Frade Rubio. (2016) Críticas y propuestas a la propuesta de plan curricular del Modelo Educativo 2016.
Cuba / 12 de agosto de 2018 / Autor: Radio Rebelde
¿Cómo inculcar valores de manera más efectiva en aquellos profesores que se forman hoy en el país?, esta interrogante resume gran parte de la labor investigativa de la Dra. en Ciencias Sociales Nancy Chacón Arteaga. Encargada de la Cátedra de Ética aplicada a la Educación de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona, la profesora afirma que la formación de valores no puede estar divorciada del contexto socio-económico que rodea a cada individuo.
Entre las inestimables contribuciones de Lenin a la revolución de los pueblos del mundo, hemos recordado su concepto de hegemonía. Solo una clase puede hacerse hegemónica sobre sus aliados si supera el estrecho interés economicista, corporativo, y se plantea tareas para el conjunto a través de alianzas con otros sectores. La hegemonía supone poder y fuerza social para luchar contra el enemigo; lleva implícito las luchas contra la explotación y las necesidades económicas, pero también el consenso y unión de los distintos sectores de la población. Alianzas que constituyen hilos simbólicos y culturales que los aúnan, como si de conexiones capilares se tratara. Una cultura que las comunidades van construyendo como fuerza propia, material e ideológica.
Y el caso de Nicaragua “viene al pelo”: ¿como es posible que un “régimen represor” como el que dicen de Daniel Ortega congregue a tanta gente celebrando la revolución sandinista? ¿Qué es eso que está metido en el cerebro de un pueblo que les hace ver cual es su enemigo principal? ¿Habrá sido la sanguinaria dictadura de Somoza aupada por el gobierno estadounidense y el terror de la contra? Las luchas populares son bienvenidas para una dura crítica constructiva, pero la violencia gratuita y terrorista -fascista- que quema a la gente y destruye escuelas, esas nunca deberían ser permitidas y tampoco debería haber duda de su origen. Hay que recordar que el gobierno de Nicaragua sigue siendo de los pocos en la región que apoya al gobierno de Venezuela, y que, por tanto, se enfrenta al imperio en un contexto político internacional con una Venezuela en el punto de mira del imperialismo de Estados Unidos. Un imperialismo gravemente herido, no solo por su profunda crisis económica y política, sino también por sus derrotas militares en el ámbito mundial (caso de Siria o Ucrania) y por su desprestigio moral tras las invasiones a Irak y Libia. Agresiones que siempre han recibido la ayuda de la Unión Europea. Analicemos brevemente las injerencias y ataques que el imperio y la extrema derecha venezolana están realizando sobre el pueblo soberano de Venezuela para volver con Nicaragua.
En Venezuela han intentado diversas estrategias de guerra, conocidas ahora como guerra híbrida. Todas ellas relacionadas con el fin de intentar destruir una nación; y según el momento y las condiciones se utilizan en mayor o menor proporción, una de ellas, o todas a la vez. Pensamos que el aspecto subjetivo para crear rechazo y animadversión de la gente, al menos de los países del ámbito occidental, sobre el gobierno de Venezuela es el motor que siempre está funcionando, la llamada guerra psicológica. Para ello ponen a funcionar a sus grandes medios de comunicación, atacando y desprestigiando a una nación soberana. Con ese panorama de fondo, aparecieron los grupos violentos, las llamadas “guarimbas” que quemaron vivos a gente de ideología chavista y otros ataques y atropellos de gran violencia. Esta agresión es presentada en esos medios de comunicación al servicio de la reacción mundial, como la represión del gobierno. Machaconamente en vez del presidente Nicolás Maduro, hablan de régimen o de dictador, para que de repetir las palabras la gente lo vaya procesando inconscientemente.
Cuando ese ataque violento de la derecha venezolana ayudada por el gobierno de Donald Trump no resultó, se potenció la intervención política. Pero las diferentes elecciones celebradas en Venezuela, las más limpias y transparentes, elogiadas por el nada sospechoso ex-presidente Jimmy Carter, como fue la Asamblea Nacional Constituyente o las elecciones municipales y nacionales, fue toda una demostración de apoyo de todo un pueblo a la revolución bolivariana. Sin embargo, fueron presentadas al mundo como sospechosas de fraude, abstencionistas y un largo etc. Pero tampoco resultó, Nicolás Maduro sale fortalecido de todas esas elecciones. En medio de tanta injerencia sobre Venezuela, la guerra económica que no ha cesado, lo cual ha hecho aumentar la creatividad con diferentes iniciativas: La emisión de la criptomoneda, el petro; la lucha contra el fraude y la corrupción mediante un mayor control sobre todos los elementos de las grandes empresas estatalizadas; las alianzas con países no injerencistas como China y Rusia; además de preservar la frontera con Colombia para evitar la fuga de capital financiero de forma tramposa.
El hecho claro es que, pese a todas estas dificultades, la fuerza hegemónica del pueblo venezolano ha resistido, y resiste, a estos embites, por lo que al imperio solo les queda la fuerza bruta, la violencia pura y dura. El gobierno de Donald Trump y sus aliados de la extrema derecha venezolana nunca han descartado la violencia militar para someter al pueblo venezolano, someterlo y apropiarse de sus enormes recursos (petróleo, oro, minerales raros o agua), es por ello que el territorio de Colombia se convierte en un enorme soporte de bases militares (nueve!) en la frontera con Venezuela, y ¡una base de la OTAN! Por lo que suponemos que la Unión Europea también quiere parte de ese “pastel”. Colombia, la mayor productora de cocaína del mundo, cede su territorio por tierra, mar y aire, a Estados Unidos, el mayor consumidor de cocaína del mundo, también cede la soberanía del cuerpo militar estadounidense, asiento de bases, maniobras y potenciales ataques militares. ¿Alguien duda para qué? ¿Alguien piensa que Estados Unidos se defiende así de no se sabe bien qué posibles enemigos?
Y en esta tremenda situación que vive Venezuela, su resistencia, valentía y organización popular, ¡su gran poder hegemónico! hacen muy díficil que sea presa fácil. Y, ¿qué países han apoyado al socialismo del siglo XXI?, la Argentina de Cristina Kirchner, que ya no está (tuvo un cáncer, ¿inducido?), el Brasil de Lula, que ya no está (tuvo un juicio ¿inducido?), el Ecuador del ex-presidente Correa (ahora procesado por la fiscalía ¿inducido?). Y, entre otros más, la Nicaragua de Daniel Ortega, la única nación de Centroamérica que no se ha plegado a los designios del imperio, ni a su narcotráfico, ni a su orgullo hegemónico. Nicaragua no es Venezuela, y señalando que tiene dos bases militares estadounidenses en su territorio, por lo que puede ser un eslabón necesario para acorralar aún más a Venezuela.
Pero, ¿qué ha pasado en Nicaragua en estos últimos meses? La chispa prendió tras el anuncio del presidente Daniel Ortega de reformar el sistema de seguridad social. Las propuestas del FMI y la dirigencia empresarial era elevar la edad de jubilación, duplicar el número de años cotizados, reducir los costos y la privatización del sistema. La propuesta del gobierno era reducir las jubilaciones en un 5%, aumentar levemente la cuota de las/los trabajadores y subir en mucha mayor proporción la cuota de las empresas; en vez de de subir la edad de jubilación o aumentar los años trabajados. Esto provocó la reacción de un sector de la población reforzada por la oposición, y suponemos del FMI. Sin embargo, las caras más visibles del movimiento anti Ortega no han sido los jubilados afectados por las reformas de la seguridad social, sino el estudiantado urbano, no afiliados políticamente pero que exigían el derrocamiento del presidente aliados con la derecha. Aparecen los grupos armados, hombres enmascarados con morteros y armas de fuego que provocan las barricadas, los asesinatos y los incendios; mercenarios que protagonizaron las “guarimbas”en Venezuela, son trasladados a Nicaragua aplicando las mismas recetas de violencia y muerte que se enseñan en los manuales de la CIA (1).
Así que un gobierno elegido democráticamente no precisamente amigo del gobierno de Donald Trump, se ve envuelto en una espiral violenta que “no se sabe de donde viene”, aunque las multinacionales de la comunicación repiten que es la represión del gobierno de Ortega. Por si acaso también hablan de “paramilitares” del gobierno, ¿no se habrán confundido con Colombia? Mientras los asesinatos a estudiantes, mujeres y dirigentes sociales es el pan nuestro de cada día en Colombia o México, los medios no plantean el derrocamiento de sus gobiernos y los adelantos de las elecciones. En una televisión alternativa del Estado español, hubo un coloquio de expertos en Nicaragua donde se dijeron cuestiones interesantes de este país, pero flotaba en el ambiente la ausencia del meollo de la cuestión. Quien es el enemigo fundamental de Nicaragua, y de todos los países de la región, el rico patio trasero del imperio estadounidense. ¿Por qué ese miedo a decir la verdad del núcleo esencial del problema?
Hace muchos años que en Nicaragua operan grupos financiados por organizaciones estadounidenses encargadas de la desestabilización de países no amigos, como la NED (National Endowment for Democracy) y la USAID (la Agencia Internacional para el Desarrollo), ésta última tiene una finalidad más integral de ayuda al “desarrollo” dirigido a cualquier lugar del planeta. Además de estas dos organizaciones, en Nicaragua operan otros grupos que están siendo bien pagados (hablamos de millones de dolares) por el imperio con fines de desestabilización, y que se especializan en diversas áreas: políticas, periodísticas o de inteligencia (2). Algunos dirigentes de estos grupos pagados por Estados Unidos, se han encontrado en Washington, en la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), denunciando al gobierno de Daniel Ortega. Uno de estos dirigentes ha sido acusado por la policía nicaragüense de supervisar una red criminal organizada que ha asesinado a varias personas en los violentos disturbios producidos en el país. El Departamento de Estado de EE.UU. le respaldó con una declaración de apoyo vehemente. Manifestantes de las protestas contra Daniel Ortega estaban en Washigton para presionar al gobierno de Trump en busca de ayuda para derrocar al presidente de su país (3).
El hecho es que, como nos dice Atilio Borón, la derecha imperial con sus amigos de Ámerica Latina y el Caribe han creado un clima de opinión que permita derrocar un gobierno elegido hace menos de dos años con el 72% de los sufragios. Pero lo que hay que llamar más la atención es con el entusiasmo que políticos e intelectuales de izquierda se han sumado a las críticas. Que Daniel Ortega haya cometido gravísimos errores, como pactar con enemigos históricos del Frente Sandinista de Liberación Nacional (liberales ex presidentes del período 1990-2006 y con la propia iglesia católica); realizar reformas sin consultar a las bases, ni a las mujeres, o sus actuaciones ante la crisis ecológica en la Reserva Biológica Indio-Maíz, no es óbice para que estos intelectuales, entre los que se encuentran Boaventura de Sousa Santos, el poeta Ernesto Cardenal o Carlos Mejía Godoy, exigan abierta o solapadamente la destitución del presidente nicaragüense sin reflexionar acerca de lo que vendría después (4).
Sin embargo, también encontramos análisis más históricos y dialécticos que no se dejan engañar por la propaganda mediática, ni por la simplicidad de las explicaciones y causas que están ocurriendo en Nicaragua. Y es que los acontecimientos históricos en la región son básicos para entender quienes son los enemigos de los pueblos de Latinoamérica. Los golpes de estado y desestabilizaciones en República Dominicana o Guatemala [o Granada] en la segunda mitad del siglo XX, en el marco del intervencionismo militar de la Doctrina Monroe. Esto es, la política imperialista de Estados Unidos para el control de los recursos y materias primas de Ámerica Latina. No era solo una dominación por la fuerza y por el cambio de régimen a través del envío de tropas, sino también una dominación cultural bajo la llamada “ayuda al desarrollo” (4). Los sangrientos golpes militares de Chile, Uruguay y Argentina en los años 70 del siglo XX. Y más recientemente los baños de sangre que soportó Honduras tras la destitución de Zelaya; los que sufrió Paraguay tras el derrocamiento “expres” de Fernando Lugo en 2012. Los centenares de mil es de asesinatos que hizo la derecha durante sus dos gobiernos alternantes en México, o los nuevos golpes judiciales de Brasil, por nombrar solo los casos más conocidos.
En Nicaragua, la guerra de guerrillas de Sandino resistió heroicamente la intervención estadounidense de 1927 a 1933. Posteriormente, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) derroca, tras una larga y dolorosa lucha, a la dictadura somocista, el 19 de Julio de 1979. Tras esta gran victoria, el FSLN comienza una nueva etapa de avances sociales en el país, pero el entonces presidente Ronald Reagan organiza una operación mafiosa de tráfico ilegal de drogas y armas para financiar, saltándose las autorizaciones del Congreso de Estados Unidos, a la “contra” nicaraguënse (4). Una nueva etapa de lucha frente a la “contra” y una nueva lección de resistencia y dignidad del pueblo nicaragüense durante la década de los 80. Con este panorama histórico el texto de Atilio Borón se pregunta: ¿Alguien en su sano juicio puede suponer que la destitución del gobierno de Daniel Ortega instauraría en Nicaragua una democracia escandinava? (4). A lo que nosotras añadimos, ¿realmente se puede obviar la historia de resistencia de todo un pueblo, su potencial hegemónico frente a su enemigo principal?
Hay que resaltar que México y Centroamérica, no solo son el patio trasero del imperio, por el cual adquieren recursos naturales y mano de obra muy barata para sus empresas trasnacionales, es una zona de suma importancia estratégica, es su frontera sur natural, lo cual hace que sean continuos los ataques a esta región para que sean apéndices de sus intereses imperiales. Nicaragua, además, ha planeado construir un canal interoceánico con financiación china que competiría con el de Panamá, controlado de hecho por Estados Unidos. También ha establecido acuerdos con Rusia en materia de seguridad. Además de estas circunstancias geopolíticas, hay que resaltar como comentábamos antes que la caída del sandinismo facilitaría un entorno geopolítico para una agresión de mayores consecuencias para Venezuela.
Por eso lo que está ocurriendo en Nicaragua debe ser analizado en su globalidad histórica, y hay que decirlo claro y fuerte, el ataque violento y criminal viene de la derecha y otras fuerzas externas del vecino del Norte. En momentos de crisis, como la situación actual de Nicaragua, las gentes más humildes del pueblo abren los ojos y su memoria colectiva intuye lo que se puede avecinar. Pero el aprendizaje debería ser, sobre todo, del gobierno de Daniel Ortega, de autocrítica y reflexión de las contradicciones internas ya mencionadas. Con todo el respeto de quienes están en el problema, de la sabiduría que implica ajustar los tiempos y ritmos de las acciones que se deben realizar, pero sabiendo que el futuro es seguir avanzando en la revolución, siempre con el pueblo, escuchando sus necesidades.
Solo podemos desearle lo mejor al pueblo nicaragüense y a su gobierno. Tienen de ejemplo y apoyo a sus naciones amigas, especialmente Cuba y Venezuela, que muestran la importancia de agudizar la vista y el oído frente a los grupos o movimientos que atenten contra sus intereses internos y profundizando en la soberanía e independencia frente a la injerencia imperialista. Lo bueno de las crisis es que nos hacen ver los problemas con más claridad, son los momentos más difíciles los que nos muestran quienes son nuestros verdaderos amigos y enemigos, que ganamos o perdemos según que cosas hacemos. Se puede aprovechar esos periodos de crisis como un toque de atención para seguir mejorando en una sociedad más democrática, más antipatriarcal, más socialista; y por lo mismo, más preparada y enfrentada a sus potenciales enemigos.
Notas
1) Trucchi, G. Nicaragua: Cuando las mentiras ganan y se convierten en realidad “aceptada”. Crónica de una masacre on-line. 31-05-2018. En:https://www.alainet.org/es/articulo/193219
«Yo soy, yo soy, yo soy», repetían las voces infantiles en el salón angosto con pisos de madera. Dos ventanas dejaban entrar la luz tibia del sol. La ronda giraba y el mantra iba subiendo el tono mientras los pies golpeaban el piso. «Más fuerte», arengaba Victoria Lagos, profesora de expresión corporal de la asociación Infancias Libres. Y las vocecitas agudas seguían, «yo soy, yo soy, yo soy», se potenciaban, subían cada vez más para que ese «yo soy» latiera, como rezaba la consigna, «al ritmo del corazón». El final del ejercicio fue un grito colectivo con muchos nombres superpuestos. Identidades secretas que salían, por fin, a la luz. Ese día, Guadalupe gritó bien fuerte Guadalupe y se empezó a reír. Seis años, el pelo rubio por los hombros, el short celeste y la remera de volados. Volvió a su casa feliz. Cuando su papá le regaló un diario íntimo de Soy Luna, se dibujó sin ropa, con el pelo muy largo y los genitales de varón. «Soy Lupe y soy trans», escribió.
Hubo una época en que Guadalupe tuvo otro nombre; uno que ahora ni ella, ni sus padres, Silvia y Sebastián, quieren recordar. De los berrinches, en cambio, sí se acuerdan. Y de la dermatitis que ardía y picaba y no se iba pese a las cremas y la ropa de algodón. Sebastián y Silvia cuentan que su hijo estaba siempre callado, tenía broncoespasmos, dormía mal, comía lo mínimo. Un día le regalaron un disfraz de Superman, pero solo usó la capa de pollera. Con cada torta de cumpleaños, un llanto distinto: no quería Cars, ni jugadores de fútbol, ni siquiera a los Minions. «Apenas sabía hablar cuando me contó que había soñado que era una nena», dice Sebastián, médico traumatólogo. «Me contó que en el sueño había usado un vestido y, cuando me lo contaba, tenía una sonrisa tan grande que yo no sabía qué hacer». Junto con su mujer, también médica, consultaron a las maestras del jardín de infantes a ver si habían conocido algún caso parecido. «Pensé que teníamos un nene gay. No entendíamos la diferencia entre género y sexualidad», se reprocha Sebastián. En la casa nadie dormía, todo era un caos. Más tarde llegaron los psicólogos, la terapia de pareja, la terapia familiar. Angustiado, Sebastián habló con el área de salud mental del hospital donde trabaja, pero como su hijo tenía 4 años, las respuestas era siempre las mismas: «Es muy chico, esperen, esto no quiere decir nada».
MAURO «Mi marido cambió el ‘reina’ por el ‘facha’, fue lo que pudo aceptar en ese primer momento y después le quedó como apodo», cuenta Bárbara, la mamá de Mauro Fuente: LA NACION – Crédito: Ignacio Coló
Pero sí quería decir. Al menos eso le explicaron un tiempo después los médicos del equipo interdisciplinario del hospital Durand, solo con ver los dibujos en los que Guadalupe se autorrepresentaba. «Lxs niñxs trans son niñxs en lxs que la identidad de género (es decir, la forma en que se autoperciben) no coincide con el sexo asignado al nacer», explica el doctor Adrián Helien, coordinador del Grupo de Atención a Personas Transgénero Gapet (adultxs, adolescentes y niñxs) y autor del libro Cuerpxs equivocadxs. El doctor pide expresamente que su discurso se escriba así, con la x que engloba un plural fuera de cualquier división binaria. Y agrega: «Al nacer se nos asigna un sexo y una identidad basada en la biología. En lxs niñxs trans, esa asignación no coincide con la identidad de género. Pero es importante aclarar que lo expresan de manera persistente, coherente e insistente a través del tiempo. En los seres humanos, el género define la identidad por sobre la biología. Entonces, si nació biológicamente varón, pero se autopercibe mujer: ¡es mujer! Lo mismo sucede con las mujeres biológicas: si se sienten varones, son varones. La ley de identidad viene a apoyar esta realidad. Esto es un aspecto humano normal, pero llama la atención porque solo una minoría de niñxs lo presenta y por la enorme ignorancia que tenemos al respecto». ¿Qué les aconsejaron a Silvia y Sebastián estos médicos? Algo más simple de lo que ellos se habían imaginado: que le dijeran (a su hijo) que lo iban a amar más allá de la ropa o el largo de pelo que quisiera tener. Y entonces ellos, que hasta entonces no se habían animado, que no querían cometer errores o incitar a algo que no sabían si era correcto, lo sentaron a la mesa y le dijeron una frase que fue el principio del cambio, mejor dicho, de la transición: «Te vamos a respetar siempre».
El caso de Guadalupe se parece al de los otros 35 niños y niñas que hoy se nuclean en la asociación Infancias Libres, creada por Gabriela Mansilla, madre de Luana, la primera niña trans que obtuvo su DNI en la ciudad de Buenos Aires a los 6 años de edad. En 2013, su caso fue pionero y recorrió el mundo. Gabriela tuvo mellizos varones, pero antes de cumplir el primer año de vida uno de ellos empezó a dar señales de que no estaba bien. Lloraba mucho. Se le caía el pelo. Se golpeaba la cabeza contra la pared cuando lo obligaban a vestirse como nene o cuando no lo dejaban bailar como Bella frente a la película de Disney. Terminaba robándole remeras a Gabriela y usándolas como vestido. Entre las primeras palabras que dijo, hubo cuatro que su mamá nunca olvidará: «Yo nena, yo princesa», le dijo. Tenía dos años.
DIFERENCIA «Pensé que teníamos un nene gay. No entendíamos la diferencia entre género y sexualidad», se reprocha Sebastián, papá de Guadalupe Fuente: LA NACION – Crédito: Ignacio Coló
En esa época, Gabriela no era activista ni experta en cuestiones de género; era un ama de casa del conurbano profundo que vendía pizzas y que solo quería que su criatura se dejara de lastimar. Así que aguantó que su marido la abandonara, que en el barrio los vecinos de toda la vida le quitaran el saludo, que no le quisieran vender ropa de nena, que los médicos pediatras de los hospitales públicos las humillaran (a ambas) en cada visita. Aguantó todo para que Luana fuera Luana. Y logró, con el asesoramiento de Valeria Pavan, coordinadora del área de salud de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), que su hija hiciera su propio camino de transición y tuviera un DNI con su nueva identidad.
Con la llegada de Luana, en 2011, la CHA inauguró un universo nuevo de acompañamiento, porque hasta ese momento solo trabajaba con jóvenes y adultos. «Habíamos escuchado recuerdos infantiles, pero no habíamos trabajado directamente con niños -cuenta Pavan-. Lo que me llamó la atención es que por primera vez encontré una madre que escuchaba lo que su hija le decía sin responder con violencia. Gabriela se comprometió a acompañar a su hija, y se puso al hombro el objetivo de que los derechos fueran para todos los niños y niñas». Hoy, la asociación Infancias Libres, que hace menos de un año Gabriela fundó con sus padres y hermanos para ayudar a quienes vivan algo similar, pasó de nuclear ocho familias a 35. Y no son los únicos. Según datos de la Secretaría de Infancias y Adolescencias Trans y sus Familias de la Federación Argentina GLBT, creada en 2016, en el lapso de dos años se acercaron 80 familias, entre las cuales hay niños y niñas trans de entre 2 y 5 años.
En conjunto con Casa Trans y el hospital Pedro de Elizalde les ofrecen acompañamiento psicológico y encuentros de diálogo para intercambiar experiencias. Desde el hospital Durand, en tanto, aseguran que la edad de la primera consulta actualmente descendió por debajo de los 18 años y que por esa razón el año pasado crearon el equipo que atiende niños, niñas y adolescentes. Desde entonces, es la consulta que más creció y hoy acompañan a 50 pacientes en este rango de edad. ¿Por qué hasta hace poco nada de esto existía? ¿Es la infancia trans un fenómeno reciente? «Nosotros tenemos una encuesta del Grupo de Atención a Personas Transgénero que indica que la gran mayoría se descubrió trans en la primera infancia: el 88% antes de los 10 años y el 67% antes de los 5», detalla el doctor Helien. Pero nadie estuvo ahí para escucharlos.
Armar red
Hoy, a Gabriela Mansilla su casa de Merlo le quedó chica como sede de la fundación y busca nuevo lugar. Allí tienen encuentros de diálogo, clases de expresión corporal, acompañamiento terapéutico. Cada día le escriben de diferentes provincias; de otros países, también. «Los padres llegan a mí muy angustiados. Algunos sienten alivio cuando hablan conmigo; otros en cambio se enojan, no me quieren escuchar», cuenta desde el living de su casa, el mismo donde días atrás escuchó durante cuatro horas a una madre de la localidad de Mercedes que no dejaba de llorar por lo que acababa de confirmar, por todo lo que se venía a partir de ese momento. «Llegan acá con miedo, con vergüenza, con culpa y con muchos prejuicios. Yo abrazo a los padres, pero no les abrazo sus prejuicios. Les digo la verdad. ¿Qué preferís? ¿Acompañar desde ahora a tu hijo o hija o abandonarlo y que se te suicide antes de llegar a los 35?», dice con tono firme, la convicción de alguien que ya lleva peleando demasiado tiempo. Sobre la mesa hay dibujos que dejaron Luana y su hermano mellizo, Elías. No tocar, reza el cartel escrito con marcadores de colores y caligrafía infantil sobre una cajita cerrada. Desde el cuarto llegan sus risas. «No te puedo mostrar, son unos tesoros que trajeron del patio», bromea Gabriela.
Fuente: LA NACION – Crédito: Ignacio Coló
«Ante la situación de un hijx trans, la aceptación es la mejor opción -plantea el doctor Helien-. Primero, porque todos necesitamos ser validados en nuestra identidad, luego porque no es una enfermedad, y porque la aceptación salva vidas en esta temática. Hay trabajos científicos que nos dicen que el rechazo familiar multiplica por ocho el riesgo de suicidio en personas trans y por seis el riesgo de depresión. Lxs niñxs son muy vulnerables en su primera infancia, necesitan de la aceptación y del amor de sus padres, tanto como del alimento. Muchas veces, los familiares que los tienen que proteger son los que los niegan, discriminan o ejercen violencia. Cuando hay un niñx trans, los que tienen que salir del closet son los padres».
Silvia y Sebastián tuvieron reacciones distintas con respecto a la aceptación. Silvia sintió alivio. Por fin podía darle una muñeca a su hijo; podía dejarlo vestirse como quisiera y verlo sonreír sin sentirse culpable. Sebastián, en cambio, se debatía con él mismo. «Yo quería una explicación científica, hacerle un estudio genético, que hubiera un protocolo a seguir… Primero, pensé: ¿por qué me pasa a mí? Yo, la víctima. Pero nunca fui yo la víctima de nada, era Lupe, que no la podíamos escuchar ni entender». Con ayuda de Silvia salió de ese lugar y empezó a asumir, a aceptar. En la transición de Guadalupe, sin embargo, tuvo un período de depresión. Un duelo, en realidad. Porque él sabía que iba a pasar, pero pensó que iba a ser más tarde, en el paso al secundario. «Sucedió antes», dice con voz calma. Por eso el duelo, porque de un día para el otro el hijo con el que él se proyectaba jugando al fútbol desde que estaba en la panza de Silvia ya no estaba más. «Lo que pasa es que los proyectos son de la persona, no míos, y esa persona sigue existiendo. Se trata de entender que cambian las proyecciones o los proyectos, y entonces el duelo es más corto, más simple, por eso ahora estoy en otra etapa».
Bárbara Magarelli, coordinadora de la Secretaría de Infancias y Adolescencias Trans y sus Familias, es la madre de Mauro, el primer varón trans en haber obtenido el DNI en la ciudad. Ella asegura que los hijos siempre dan señales, pero los padres tienen que poder escuchar. En su caso fue una frase muy concreta, algo que le dijo su hija antes de llegar a los 9: «Mamá, voy a cagar a palos a la cigüeña. Me trajo nena y soy varón». Bárbara recuerda el abrazo y el silencio posterior a esa charla. Quería decir algo, pero no sabía qué. Estaba shockeada. Primero vio un documental de infancias trans; después se puso a buscar en internet y así conoció a otra madre de un niño trans en Japón, de la que se hizo amiga y con quien todavía habla por WhatsApp. «Lo único que sabía era que lo iba a acompañar. No sabía cómo, pero no lo iba a dejar solo». Cuando su marido se enteró, llegó un nuevo problema: por más que quisiera aceptar el camino de la transición, no podía llamar en masculino a quien, hasta entonces, había sido su «nena», su «reina», su «beba». Quería, pero no podía. Entonces le empezó a decir Facha. «Mi marido cambió el ‘reina’ por el ‘facha’, fue lo que pudo aceptar en ese primer momento y después le quedó como apodo», cuenta Bárbara. «El nombre Mauro era el de mi papá. Lo elegimos juntos. Parece simple, pero es tan complejo… Yo por nueve años la llamé como nena, cuesta de un día para el otro cambiar el nombre, por eso digo que hay que tenerles paciencia a los padres. Permitirles que se equivoquen. Siempre les aconsejo lo mismo cuando vienen a Casa Trans en busca de ayuda: busquen un sobrenombre, un apodo, algo que para empezar les resulte más fácil. Está bueno que los padres se involucren en la elección del nombre, vuelve a nacer un hijo para vos, con su verdadera identidad».
Fuente: LA NACION – Crédito: Ignacio Coló
Tal vez, uno de los principales objetivos de Infancias Libres sea enseñarles a los niños y niñas trans (y a sus padres) a querer sus cuerpos como son. Un objetivo complejo que obliga a salir de la lógica binaria (hombre/mujer) y busca que, desde pequeños, entiendan la diferencia que existe entre nociones como género, genitalidad y orientación sexual sin recurrir necesariamente a tratamientos de hormonización u operaciones de reasignación de sexo. «Ese es uno de mis grandes miedos con Luana, que ya está cerca de la adolescencia. Nosotros apuntamos a la aceptación, ese es el trabajo que queremos hacer desde acá», dice Gabriela, que nunca olvidará la tarde en que se desesperó porque vio que Luana se quería arrancar el pene. Ese día decidió explicarle que podía ser una nena y tener genitales masculinos; decirle, en sus propias palabras, aquello que teóricos como Judith Butler llevan años tratando de difundir: que el género, el «ser hombre» o «ser mujer» es una construcción cultural. La decisión final, en última instancia, siempre será de Luana.
Hay una diferencia fundamental, clave a la hora de abordar esta temática: la identidad de género no es lo mismo que la orientación sexual. Según Valeria Pavan, la identidad de género incumbe a nuestro ser en el mundo porque es algo propio. La orientación sexual, en cambio, acontece a partir de nuestro deseo respecto de terceras personas, afectiva y eróticamente. «La orientación sexual tiene que ver con el afuera; la identidad es algo propio, ligada a la pregunta quién soy, cómo me paro en el mundo. El gran obstáculo es el prejuicio ligado a representaciones tradicionales respecto del sexo y el género. Concluyen en una mirada binaria a partir de un dato biológico: el genital que porte ese niño o niña mientras lo están gestando. Manejamos una concepción muy biologicista».
Identidades flexibles
Claro que dejar que los niños y niñas transiten y expresen identidades flexibles no es una propuesta fácil y genera contradicciones incluso en los mismos padres. «Hacé pis sentada», le decían hasta hace poco Sebastián y Silvia a Guadalupe, hasta que se dieron cuenta de que la estaban obligando a comportarse como una nena repitiendo los esquemas de los que precisamente querían escapar. También está el caso de Martín, un nene trans de 5 años que hoy es Martín, pero mañana no saben porque se cambia el nombre todos los días y seguirá fluctuando hasta que elija uno definitivo. Tal vez entonces hagan el cambio de DNI, «que es un derecho y no una obligación», cuentan Martín y Florencia, sus papás, remisero y empleada doméstica, respectivamente. En un camino muy similar al de los otros, estos padres se informaron, se comprometieron, se volvieron prácticamente defensores de una causa: la de su hijo trans. De alguna manera, todos los padres que apoyan a sus hijos en este camino se vuelven militantes. Su voz es la de los chicos, que todavía no pueden hablar o no tienen las herramientas para hacerlo. Son los mismos padres los que, entre el amor y la actitud defensiva, asumen la responsabilidad de educarse, incorporar nuevos conceptos, explicar todas las veces que sea necesario, darles pelea al mundo y a un discurso heteronormativo que se expande como un pulpo por todos los frentes. «Yo decidí dejarme el pelo largo y ponerme aritos para que mi hijo vea que no hay un único modelo de masculinidad, que no hay una sola manera de ser varón», dice Martín padre, con su voz grave y sus casi dos metros de altura. Además, quiere que cuando su hijo llegue a la pubertad, él mismo pueda explicarle cómo usar toallitas femeninas.
Fuente: LA NACION – Crédito: Ignacio Coló
Para Bárbara, el bloqueamiento hormonal de Mauro fue una opción desde el primer momento, para evitar en el futuro una masectomía. «A él le gusta estar en cuero desde que nació y así puede hacerlo. Es un tratamiento inocuo, cuando se deja de aplicar, las hormonas reaparecen. Se utiliza desde hace 30 años con niñas que tienen pubertad precoz. No tiene contraindicaciones. Es un trabajo con endocrinólogas y estudios que se hacen cada seis meses en el hospital Pedro de Elizalde», explica.
Para que estas nuevas identidades se respeten en todos los ámbitos, tanto en Infancias Libres como en Casa Trans aseguran que el trabajo en la escuela resulta fundamental. Al fin y al cabo, ahí es donde los chicos y las chicas pasan la mayor parte del día, de sus vidas. El problema es que al no haber, todavía, políticas públicas, la única opción que queda es apuntar a la buena voluntad de la institución y a planes personalizados de integración. «Antes esto era invisibilizado, pero hoy estos niños son cada vez más y eso es lo que intentamos trabajar con las escuelas para organizar estas situaciones en las instituciones -dice Valeria Pavan-. Yo en cada escuela tengo que armar un proyecto de acompañamiento que depende de lo que la escuela esté dispuesta a hacer». Su intervención más reciente fue en una escuela religiosa, donde hay dos niñas trans en el mismo grado. Valeria se juntó con todos los padres y escuchó con respeto a los que estaban enojados, los que tenían bronca ante lo diferente. Después les habló. E invitó a las familias de las niñas trans a contar lo que les estaba pasando en la casa. Cómo había sido el proceso y qué significó para ellos poder escuchar y validar a sus hijas. «Al final terminaron todos llorando abrazados. La verdad es que es más la gente que entiende que la que no, al menos en nuestra experiencia», dice Valeria. Con la ley de identidad de género de su lado, padres y especialistas coinciden en que el mayor límite lo encuentran hoy en la Educación Sexual Integral (ESI). «En los materiales, los cuerpos de los niños trans no están representados. En ese sentido es el cambio cultural que necesitamos que se empiece a organizar en todos lados, haya o no haya niños trans en esa institución», plantean.
Que va a llevar tiempo no hay dudas. Se trata de una apuesta titánica: escribir de otra manera las leyes de la cultura, el mandato social, el familiar. Aun así, hay brazos, discursos y personas que trabajan para que estos niños y niñas puedan tener una infancia como la de cualquiera. Y quizá, con el tiempo, los paradigmas y las representaciones que nos moldean sean otros. Más flexibles. Más tolerantes. Más humanxs.
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Según datos de la Secretaría de Infancias y Adolescencias Trans y sus Familias de la Federación Argentina GLBT, creada en 2016, en el lapso de dos años se acercaron 80 familias, entre las cuales hay niños y niñas trans de entre 2 y 5 años.
Son 35 los niños y niñas que hoy se nuclean en la asociación Infancias Libres, creada por Gabriela Mansilla, madre de Luana, hace menos de un año. «Los padres llegan a mí muy angustiados».
«Tenemos una encuesta que indica que la gran mayoría se descubrió trans en la primera infancia: el 88% antes de los 10 años y el 67% antes de los 5», detalla el doctor Adrián Helien, coordinador del Grupo de Atención a Personas Transgénero y autor del libro Cuerpxs equivocadxs.
«Muchas veces, los familiares que los tienen que proteger son los que los niegan, discriminan o ejercen violencia. Cuando hay un niñx trans, los que tienen que salir del closet son los padres».
Tanto en Infancias Libres como en Casa Trans aseguran que el trabajo en la escuela resulta fundamental.
Una diferencia clave a la hora de abordar esta temática: la identidad de género no es lo mismo que la orientación sexual.
La famosa escuela de magia y hechicería creada por J. K. Rowling es financiada completamente por el Ministerio de Magia. Los alumnos solo deben costear sus uniformes y materiales y quienes tienen dificultades económicas reciben una beca. ¿Debería imperar en el mundo muggle el modelo educacional potterian?
La primera vez que se dio a conocer Hogwarts fue en 1997 por medio de una carta que recibió Harry Potter. El niño de 11 años leyó incrédulo que era uno de los cientos de alumnos que cada año podía ingresar a primer año de la escuela de magia y hechicería.
Fundada por Godric Gryffindor, Rowena Ravenclaw, Helga Hufflepuff y Salazar Slytherin; Hogwarts recibe a sus alumnos novatos con un gran banquete antecedido por el trabajo del sombrero seleccionador: enviar a cada estudiante a su casa correspondiente.
A grandes rasgos -obviando el hecho de que estudian magia y criaturas fantásticas- Hogwarts seguía una estructura relativamente normal: los alumnos eran distribuidos en clases con horarios determinados y cada año aumentaban de nivel hasta alcanzar los siete años de estudios exigidos por el mundo mágico. Pero esta institución educacional tiene lecciones para los muggles -personas no magas- que escapan a los hechizos y pociones.
En julio de 2015, la autora de este universo -la británica J. K. Rowling- dio a conocer por medio de su cuenta de Twitter que Hogwarts es totalmente gratuita para los estudiantes, ya que el Ministerio de Magia se encarga de todos los gastos referentes a la educación, claro que exceptuando los uniformes y materiales varios, los cuales son subsidiados por una beca para los alumnos de escasos recursos.
La escuela de Magia y Hechicería destaca también por sus clases que no se remiten a los antiguos libros y la teoría mágica. Las clases prácticas son fundamentales en casi todas las asignaturas: Encantamientos, Transformaciones, Pociones, Herbología, Vuelo (primer año) -que luego deriva en Quidditch para los deportistas-, Astronomía y Defensa contra las artes oscuras. Quizás la única que escapa a esto es Historia de la magia.
Posteriormente -en tercer año-, eligen como mínimo dos cursos optativos entre Runas Antiguas, Aritmancia, Estudios Muggles, Cuidado de criaturas mágicas, Adivinación y Alquimia.
Más allá de las clases que les proporcionan los conocimientos específicos para finalmente egresar del colegio, Hogwarts además les enseña a ser buenas personas.
Si bien cada casa se caracteriza por un valor específico: Gryffindor es para los valientes, Slytherin los ambiciosos, Ravenclaw los más inteligentes y Hufflepuff los honestos y bondadosos; no son exclusivas al momento de seleccionar estudiantes, ya que todos tienen estos valores de forma latente y lo que hace su casa es fomentarlos.
Quizás el mejor ejemplo es Hermione Granger, una alumna entregada por completo a los estudios, libros y las palabras de los profesores. Cualquiera pensaría que la elección lógica sería Ravenclaw, donde seguiría estimulando su mente, pero el Sombrero Seleccionador tuvo otra idea: que la pequeña Granger explotara el valor de la amistad y la valentía, en vez de encerrarse con libros con el fin de obtener la nota más alta.
De hecho cambió completamente su forma de ver la vida: si en La piedra filosofal dijo: “Me voy a la cama antes que se les ocurra otra idea que nos mate, o peor, que nos expulsen”. Cinco años después en La Orden del Fénix, la misma alumna dijo: “Es emocionante, ¿no? Romper las reglas”, cuando organizaban el Ejército de Dumbledore a escondidas de Umbridge.
Sin embargo, la educación gratuita tuvo un alto costo para los alumnos, sobretodo para los que compartieron años de estudio con Harry Potter.
No todo es maravilla
El periodo de tiempo en que Harry, Hermione y Ron estudiaron allí, abundaron trágicas circunstancias, las cuales motivaron la cancelación de exámenes los primeros 2 años, misiones que les impedían seguir sus cursos con normalidad e incluso una revolución que enfrentó bélicamente a los jóvenes magos con los mortífagos secuaces de Voldemort.
No por nada la misma profesora McGonagall les dijo: “¿Por qué, cuando pasa algo, siempre son ustedes tres?”. “Créame profesora, llevo 6 años preguntándome los mismo”, respondió Ron Weasley.
La realidad es que de estudios y exámenes no hubo mucho, y la responsabilidad no es de Harry Potter y la guerra que libraba; sino de cómo funcionaba Hogwarts. Comenzando con la elección de los docentes, encontramos una falla grave por parte de Albus Dumbledore al momento de seleccionar quien enseñaría Defensa contra las Artes Oscuras a sus estudiantes.
En primer año Quirinus Quirrell era el encargado de dar a conocer cómo repeler ataques mortífagos, pero resulta que él mismo ocultaba una de las almas de Voldemort y de esta manera, “El que no debe ser nombrado” vivía a través de él para consumir la sangre de unicornio que le daba vida temporal y obtener la piedra filosofal para alcanzar la inmortalidad.
El segundo año fue Gilderoy Lockhart, un charlatán reconocido en el mundo mágico por la venta de sus libros donde narra sus increíbles aventuras -robadas de otros magos y brujas a quienes borró su memoria-. Lockhart no solo era mentiroso, además puso en riesgo a sus alumnos -no contento con dar clases inútiles, hizo desaparecer el hueso del brazo de Harry y estuvo a punto de borrar la memoria de Harry y Ron al interior de La Cámara Secreta.
Remus Lupin y Alastor ‘Ojoloco’ Moody fueron los dos más competentes para el trabajo asignado, sino fuera porque Lupin era un hombre lobo que debía ausentarse cada luna llena, y porque Moody en realidad era Barty Crouch Jr., un mortífago prófugo de la justicia que tenía por misión llevar a Harry ante Voldemort.
Dolores Umbridge de seguro es la más odiada por todos. Tras el regreso de Voldemort, el Ministerio de Magia no halló nada mejor que imponer una funcionaria del ministerio para resguardar el cumplimiento. La mujer no solo eliminó las clases prácticas en una asignatura que no puede ser meramente teórica, además implementó duros castigos para quienes se mostraran contrarios a ella. Tal fue su ineptitud como profesora que Harry, Ron y Hermione organizaron El ejército de Dumbledore para completar aquellos conocimientos que Umbridge no impartía.
Al año siguiente, el profesor de esta asignatura fue Severus Snape -reemplazado en Pociones por Horace Slughorn- cumpliendo así su sueño de ser el maestro de Defensa contra las artes oscuras. Sin embargo, al año siguiente, Voldemort ya había logrado imponer su reinado del terror, infiltrándose en Hogwarts y dejando a Snape a cargo de la dirección.
Quien asumió la clase fue Amicus Carrow, quien modificó el nombre a “Artes oscuras”, obligando a los estudiantes a practicar los hechizos imperdonables contra los alumnos de primer año.
Pero es solo uno de los tantos aspectos en los que la institución educativa expuso a sus alumnos al peligro en vez de protegerlos. Harry no había sido seleccionado aún por el sombrero cuando Dumbledore ya estaba advirtiendo que “El tercer piso está prohibido para cualquiera que no quiera sufrir una muerte dolorosa” y el impedimento de ingresar al Bosque Prohibido. Eso sin considerar que ingresó un troll al castillo, y que Harry, Ron, Hermione y Malfoy fueron castigados acompañando a Hagrid al mismo Bosque Prohibido que estaba fuera de lo permitido.
Lo anterior solo en primer año, pues conforme avanzaron los años, la inconsistencia en cuanto a cuidado con los alumnos fue en aumento. En El Prisionero de Azkabán a Hermione le conceden un Giratiempo, artefacto que usa inocentemente para asistir a dos clases con tope horario, pero finalmente jugaron con el peligroso viaje en el tiempo que -como en toda historia- arriesga graves consecuencias.
El Torneo de los Tres Magos es un ejemplo clave, ya que más que una competencia escolar que pone a prueba los conocimientos adquiridos parece un cruel reality show considerando que los participante realmente pueden morir.
De hecho, Cedric Diggory probablemente estaría de acuerdo con prohibir el certamen. Curiosamente, Harry sí pudo participar en el Torneo de los Tres Magos, pero no ir a Hogsmade porque no tenía la firma de su tío Vernon para autorizarlo.
Las falencia de Hogwarts dan origen a una extensa lista que, lamentablemente, no se puede comparar con las otras escuelas de magia -entre ellas Durmstrang, Beauxbatons e Ilvermorny- por la falta de información detallada en torno a ellas. Pero, aún en el marco de la batalla entre Harry Potter y Voldemort, a la gratuidad le hace falta la calidad que los alumnos merecen.
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