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| Por: Marcel Doubront
Profesor UNESR Seguramente de estas humildes líneas pensara que se trata de una articulo lleno de consignas que ocultan la realidad universitaria, no obstante las razones que dan nombre a este artículo “De la Universidad Napoleónica a la Universidad Popular” no trata de perseguir o desmeritar alguna buena intención en la universidad actual para acercarla más al pueblo, sino en mantener vivo ese espíritu de transformación universitaria pero mediante la acción, o como diría Martí “la mejor forma de decir es hacer”, de acuerdo a la ley de Universidades en su Artículo 1. “La Universidad es fundamentalmente una comunidad de intereses espirituales que reúne a profesores y estudiantes en la tarea de buscar la verdad y afianzar los valores trascendentales del hombre” ahora bien ¿realmente la universidad de hoy cumple con este postulado? En ese sentido es importante hacer referencia lo planteado por la Juventud de Córdoba de 1918 “Si no existe una vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende, toda enseñanza es hostil y por consiguiente infecunda.” Dice el Comandante Chávez que “No hay amor más grande que el que uno siente aquí en el pecho por una causa, por una patria, por una gente, por un pueblo, por la causa humana” y esa debe ser la función de la universidad, una institución al servicio de una patria, al interés del desarrollo colectivo, enarbolando los valores transcendentales del hombre, y no fomentar el individualismo el cual mediante una educación conductista ampara en pleno siglo XXI una sociedad de opresores y oprimidos, en sinergia plantea Freire deduce “ la educación es un arma vital para la liberación del pueblo y la transformación de la sociedad y por ello requiere una connotación ideológica y política claramente definida. Debe ser una empresa para la liberación o caer irremediablemente en su contrario, la domesticación y la dominación” Chávez también dijo que “La Libertad está en la educación” sin embargo la nueva universidad debe entender la gran diferencia entre instruir y educar, el primero se conoce desde hace siglos impuesto por la élites para enseñar a obedecer y rendir culto al dueño del capital o como se diría en el lenguaje universitario “formado para el mercado laboral” el otro termino el que nos permitirá ser libres como diría el maestro Simón Rodríguez “sin educación popular no habrá verdadera sociedad” ahora bien esa educación popular no debe quedarse en desfasados planes de estudios incompatibles a la realidad social los mismos como diría Drucker cuando se refería al conocimiento “tiene que ser mejorado, desafiado e incrementado constantemente o se desvanece” para que sea pertinente o como dijera Ander “El problema de la educación no puede ser considerado aisladamente del contexto político, social, económico y cultural en que se da” por ello la universidad popular debe ser aquí y ahora no hay tiempo para después porque “La mejor forma de predecir el futuro es crearlo” |
Por: Rolando Leyva Caballero
El título de la saga animada autóctona más divertida e iconoclasta de las que en Cuba circulan de manera alternativa hace algunos años, deja aparentemente claro de qué va todo. En Danny y el club de los berracos, el protagonista y su círculo íntimo de amigos adolescentes, son seres (como el macho del cerdo) sexualmente activos, efervescentes, incendiarios, obcecados por el tema erótico y la sexualidad turgente que apenas reprimen.
Pero no es el sexo el tema de esta serie. A la altura de su quinto capítulo, ya disponible en el Paquete Semanal (ni pensar que transmitido en la televisión estatal, demasiado pacata para tanto atrevimiento) la obra de Víctor Alfonso Cedeño (Vito) toma altura y comienza a navegar en las movidas aguas de la valoración social.
Si no ha visto el capítulo aún (no se moleste en buscarlo, está al final de esta entrada) esta es una Spoiler Alert: aquí se lo contaré casi todo. Si ya lo vio, comparta conmigo sus propias claves e interpretaciones.
Una escuela de adolescentes en plena pubertad es el escenario de la trama, y una conversación en los baños lo desencadena todo.
El perfil carismático por excelencia es Calixto, el más listo de todos, incrédulo y emprendedor, con mucho talento para todo lo que implique ir contra la corriente, quien esta vez se postula para presidente de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM).
El Chino, por su parte, representa a un mulato libidinoso y metrosexual, que se afeita las axilas. Mauricio, en cambio, es la representación animada de la militancia política, la puesta en escena de agendas, bolígrafos y órdenes del día, movilizado por el espíritu revolucionario del cambio desde el respeto absoluto a una ética e ideología incompatibles con la corrupción pero colindantes con la demagogia. Y por supuesto, Danny, el personaje contemplativo, dubitante, es quien sirve de amalgama existencial y balance a su grupo de amigos endocrinos.
Hay un realismo casi naturalista en los detalles de esta producción sin vocación pedagógica: ahí está la posición escatológica pero precavida de agacharse al momento de defecar en un sanitario inmundo, la dependencia incipiente hacia el móvil y los videojuegos, la prédica gastada de los cuadros de las organizaciones políticas y estudiantiles, los cables pelados que sirven de interruptores eléctricos improvisados.
Como toda obra dramática aparecen también personajes antagónicos, acaso negativos. Cumplen la función de entorpecer el transcurrir de las peripecias de la obra, rocambolesca, pero no por ello son inverosímiles.
Silvio y Mirelis, los dirigentes estudiantiles, militantes ortodoxos y oportunistas, esperan su momento para dar el zarpazo y desplazar a Mauricio de la presidencia de la organización. Se resisten taimados al cambio de estructuras, funcionamiento y mentalidades. Intentan preservar intactos determinados modos de hacer política, porque les conviene defender el statu quo sin objeciones ni iniciativas propias. Los dos desplazados por la iniciativa de Calixto llegan a practicar el colaboracionismo y la delación ante las autoridades policiales, a cambio de poder dar curso a la revancha. Toda una alegoría.
Pero más importante que los personajes son los cuestionamientos de este cortometraje que enjuicia no tanto al sistema educativo, sino a la sociedad cubana actual en su conjunto.
La crítica a muchos problemas y situaciones reales subyacen bajo el entramado argumental de una historia simpática, que no se arruga y cuida el ritmo narrativo. El corto habla sobre todo de la necesidad de un liderazgo de nuevo pulso, a todos los niveles, donde la capacidad de reacción, el pragmatismo económico, la conciliación, el diálogo real, la convivencia armoniosa y el respeto a la diversidad, le corten el paso al inmovilismo ideológico y político, del signo que sea.
En las ideas de Calixto hay una necesidad de apelar en la estimulación a recompensas materiales, palpables, para que sirvan de incentivo a los individuos, más allá de la tradicional “emulación socialista”, que prioriza los homenajes y reconocimientos simbólicos pero que descuida cubrir las ambiciones, expectativas, intereses, objetivos y urgencias del día a día.
Por eso se puede tornar polémico para algunos este capítulo: en la ficción de Vito se juega con nuevo modelos y modos de gestión económica privada, llevadas al ámbito de las políticas públicas, quizás uno de los cuestionamientos que usarán en su contra los detractores de la serie.
Más “competitivas”, las alternativas que propone implementar el personaje de Calixto para tener lista la escuela ante la inspección de la ministra pasan por hacer partícipes del proceso de cambio a los agentes sociales más activos: los emprendedores, un planteamiento herético que expone las dudas y resquemores sistémicos ante su emergencia e impacto económico, a corto y mediano plazo.
Pero no es una loa al individualismo el capítulo. Solo con la acción del colectivo se podrán asfaltar las cubiertas, higienizar las áreas verdes, limpiar el piso, desempolvar la iconografía revolucionaria que aparece adosada a la pared. También se precisa un cambio de perspectivas, para que el proceso inversionista contemple la posibilidad de pintar murales concebidos en una estética atractiva, urbana, que no recicle esperpentos épicos mal representados.
Luego de seguir las peripecias de la trama, me quedo con la impresión de que Vito ha recompuesto a discreción el mito del hombre nuevo, uno sin aires de superioridad ni trascendencia monolítica, menos almidonado ahora, más astuto, asertivo, eficaz, inteligente, práctico, respetuoso, tolerante. Humano.
Para el autor, joven multipremiado y animador por su cuenta, el desafío consistirá en continuar la serie de una manera alternativa, autónoma en lo económico, independiente desde una posición ética e ideológica, sin concesiones a ningún productor institucional que quiera diluir el carácter crítico de una saga que precisa, cuando menos, algo de financiamiento, dinero, aunque sea para pagarles a los amigos que pusieron las voces a los personajes y arriesgaron el cuello bajo el cuchillo del porquerizo primerizo.
Por lo pronto, el Dany 5 recibió en la 15 Muestra Joven ICAIC un premio colateral de la Fundación Ludwig: una Beca de Creación a favor de La Casita del Lobo, la productora que él ha lanzado. Quizás ayude al parto de un Dany 6.
Fuente: http://oncubamagazine.com/cultura/esta-es-la-nueva-escuela/
Por: Anahín Rubin
| Estos primeros días de la presidencia de Donald Trump están marcados por políticas de persecución contra refugiados e inmigrantes indocumentados, así como respuestas de miles de personas repudiando estas políticas. |
Lo asombroso es que poco se menciona el largo historial de estas políticas xenófobas que ha implementado Estados Unidos a lo largo de más de 100 años. En este artículo recordamos fechas claves, cuando se prohibía la entrada a inmigrantes que huían de guerras, hambrunas y persecuciones ideológicas.
El testigo que registró parte de esta historia fue la isla Ellis Island, ubicada entre Nueva York y Nueva Jersey. Ahí se estableció un Centro para la llegada de inmigrantes que abrió sus puertas el 1 de Enero de 1892 y hasta 1954 vio pasar a más de 12 millones de personas de diferentes países del mundo; que guardaban en sus valijas la secreta ilusión de llegar a la tierra prometida; el lugar donde todos los sueños se cumplían. Aunque penosamente para muchos, transformado en pesadilla.
Tres leyes marcaron el destino de miles que debieron atravesar exámenes, humillaciones y maltratos en sus intentos de ingresar a Estados Unidos.
En 1917 se firmó el Acta de Inmigración, (Inmigration Act, en sus siglas en inglés),que imponía a los inmigrantes un examen de escritura y lectura; el que no lo pasaba no podía ingresar al país; tampoco aceptaban personas con problemas físicas y psicológicas o las que eran consideradas una carga económica para el estado .El tema político, también era una razón importante para la exclusión ; así anarquistas y comunistas eran rechazados acusados de ser «amenazas’’, para el país que «generosamente’’ les abría sus puertas.
Estas prohibiciones fallaron con el tiempo y en 1921, se implementó una nueva Regulación de Cupos de Emergencia, (Emergency Quota Act en sus siglas en inglés), que restringía la inmigración al 3% del total de inmigrantes que vivían en el país en 1910. Cuando esta regulación resultó insuficiente, se aplicó el Acta de Johnson Reed, (Johnson Reed Act, en sus siglas en inglés) en 1924, la más restringida de todas estas leyes, que imponía una cuota del 2 % de todos los inmigrantes que habitaban esta tierra, desde 1890.
En 1920, el Congreso escribió un reporte recomendando «una suspensión temporaria a los inmigrantes’’, basado particularmente en ciudadanos polacos de origen judío.
«Es imposible estimar que clase de inmigrantes viene de esa zona del mundo, hay que usar todo tipo de cuidado para mantener fuera a este tipo de indeseables’’, mencionaba dicho reporte.
Entre las escusas para rechazarlos mencionaban que podrían ser quintas columnas del nazismo.
Como consecuencia, muchos de ellos tuvieron que ingresar ilegalmente al país, con documentación falsa, así lo menciona el historiador Libby Garland en su libro« After They the Closed the Gates’’.
En las próximas décadas cercanas a la Segunda Guerra Mundial, miles siguieron siendo excluidos, deportados y tuvieron que volver a Europa, donde fueron asesinados por el nazismo.
Recién en 1948 el Congreso, pasó una Regulación para Personas Desplazadas, (the Displaced Persons Act en sus siglas en inglés), que permitió al país abrir las puertas a mayor cantidad de inmigrantes
En estos tiempos, que retornan las políticas xenófobas con más fuerza, los «indeseables’’ son otros, musulmanes, latinos; desplazados de sus países por la política de Estados Unidos con sus intervenciones militares, económicas y políticas.
No empezaron estas persecuciones con Donald Trump; son 100 años de expulsión y discriminación. Demócratas y Republicanos comparten en este sentido una misma línea ideológica.
«América y sus intereses, siempre primero’’.
Fuente: http://www.telesurtv.net/bloggers/Estados-Unidos-cien-anos-de-exclusiones-20170202-0001.html
Por: Fernando Savater
El paciente clama angustiado: “¡Doctor, odio a mis padres, a mi mujer, a mis hijos, a mis amigos…!”. El médico se asombra: “Pero… ¿por qué me lo cuenta a mí?”. “¿Acaso no es usted el médico del odio?” “¡No, hombre! ¡Del oído!”. Perdón, es que se me olvida todo menos los chistes del cole. Lo cierto es que el odio causa hoy especial inquietud pública. Hasta caracteriza un tipo delictivo. Fomentar el odio provoca la exclusión y la persecución del prójimo. Es el odio contra individuos o grupos humanos, que nos envenena por semejanza con lo odiado. Al final de Lucien Leuwenrecomienda Stendhal: “Lector, no desperdicies la vida en odiar y tener miedo”. Habla del odio y el miedo a personas o a nosotros mismos. Pero odiar ciertas ideas o ciertos comportamientos creo que es una forma de salud mental. No debe ser considerado delito, sino casi una obligación. Por ejemplo, detestar la idea más abominable, la que considera a alguien culpable o despreciable por lo que es y no por lo que hace. Una idea que vuelve a estar de moda, si es que alguna vez dejó de estarlo…
Mañana nos reuniremos en Andoain para recordar el asesinato de Joseba Pagaza. Yo no odio a Gurutz Aguirresarobe, su asesino, juzgado y condenado, que purga su pena en prisión. Ni siquiera odio a los espías del pueblo, que dieron la información necesaria para el crimen y siguen impunes. Ni a sus amigos y familiares que dieron una rueda de prensa exculpatoria en el Ayuntamiento de Hernani, donde fue detenido, auspiciada por la entonces alcaldesa y hoy parlamentaria Marian Beitialarrangoitia. Odio la ideología tribal y obtusa de quien ordenó su muerte, de quien la ejecutó, de los que la justificaron. La odio porque sigue activa, emponzoñando almas e instituciones.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2017/01/27/opinion/1485527786_396553.html
Por: Observatorio del Derecho a la Educación y la Justicia
Universidad Iberoamericana, Ciudad de México
El Observatorio del Derecho a la Educación y la Justicia (ODEJ) es una plataforma para el pronunciamiento público, impulsado por el campo estratégico en modelos y políticas educativas del Sistema Universitario Jesuita (SUJ). Su propósito consiste en la construcción de un espacio de análisis informado y de posicionamiento crítico de las políticas y las reformas educativas en México y América Latina, arraigado en la realidad social acerca de las injusticas del sistema educativo, y recupera temas coyunturales y estructurales con relación a la agenda educativa vigente.
El estado de las sociedades latinoamericanas en el marco de un mundo cada vez más interconectado, pero a la vez más desigual es muestra del posicionamiento de la democracia como significante vacío al que diversos sectores recurren como fuente de legitimación de sus proyectos. Así, los movimientos políticos que han contado con un amplio apoyo popular muestran cadenas equivalenciales diversas coaligadas en torno a liderazgos de rasgos populistas. Así, las centrales obreras en Brasil llegaron a converger con el liderazgo de Luis Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores; las clases medias pauperizadas y los sectores de trabajadores del Estado, entre ellos los docentes se aglutinaron en torno a la propuesta de los Kirchner en Argentina. La larga tradición aymara de autogobierno ha sido la base de la refundación de Bolivia en clave plurinacional con la llegada al poder de Evo Morales.
Estas experiencias han sido representativas de los movimientos político-sociales surgidos como respuesta ante las crisis generadas por las políticas neoliberales de ajuste, así como del retorno de la democracia en los contextos postdictadura. Estos liderazgos populistas se entienden en el marco de la frontera política trazada entre el conjunto de la población agraviada por las crisis padecidas entre las décadas de 1990 y 2000 y las desprestigiadas clases políticas que impulsaron las políticas emanadas del Consenso de Washington. Sin embargo, la tensión sigue presente y la vulneración de la democracia como expresión de la voluntad popular se encuentra amenazada. La propia fragilidad de las experiencias neopopulistas, que basaron sus programas redistributivos en un repunte favorable que experimentaron las exportaciones en el mercado internacional, revelaron su vulnerabilidad a partir de la crisis financiera de 2008.
A partir de entonces, se han posicionado los llamados golpes blandos de Estado, que vulneran la democracia a través de mecanismos legales con los que se han destituido a gobiernos representativos, elegidos democráticamente. Tales son los casos recientes de Honduras en 2009, Paraguay en 2012 y de Brasil en 2016. La confluencia del predominio del capital financiero internacional con los intereses de las oligarquías nacionales conforma las condiciones de producción de este contexto de vulnerabilidad de los regímenes elegidos democráticamente y de las políticas redistributivas que se basaron en lógicas compensatorias.
Dicho contexto plantea la necesidad de radicalizar el vínculo democrático en las experiencias basadas en liderazgos populistas. La reivindicación de las luchas populares va más allá de demandar una efectiva representación. Por el contrario, debe apuntar a conducir un proyecto de nación incluyente, que retome las revolucionarias ideas de Simón Rodríguez en torno a fundar el proyecto de instrucción pública como medio de cohesión sobre la base de los actores subalternos. Este horizonte apunta a revertir la dicotomía civilización/barbarie instalada por la tradición sarmientina que creó dualidades jerárquicas como la de ciudad/campo, dualidades basadas en la imposición de una cultura occidental sobre las diversas culturas populares. El normalismo como dispositivo de formación de un sujeto destinado a ejercer una labor de disciplinamiento en la escuela también creó una tendencia a la homogeneización. Dicha tendencia se recicla en el presente con el énfasis otorgado a las pruebas estandarizadas nacionales e internacionales, que miden el logro de aprendizajes en función de indicadores, lo cual resulta en un reduccionismo del acto educativo.
La tensión que se produce entre el reconocimiento de las culturas populares y una educación enfocada en los requerimientos del mercado, repercute en la orientación que se imprime a los sectores subalternos del sistema educativo, como lo son los adultos en condición de rezago o analfabetismo. Su misma condición es evidencia de las desigualdades intrínsecas del sistema educativo. Asimismo, es muestra de la necesidad de ampliar los espacios de socialización por fuera de la escuela para llevarlos a los lugares en que estos sujetos se desempeñan, ya sea en sus distintos contextos laborales o en función de los requerimientos de desarrollo de sus referentes regionales. En ese sentido, se mantiene la disputa por el proyecto de educación pública, tras las reformas descentralizadoras de la década de 1990 que fragmentaron el sistema educativo en sus niveles locales, con consecuencias en el acceso equitativo a una educación gratuita y de calidad, ya que la descentralización administrativa no se tradujo en una descentralización de la dotación de recursos y en cambio afloraron las desigualdades regionales junto con las políticas de subvención a la oferta privada.[i]
En este marco, en América Latina hacia 2015 la tasa de alfabetización de las personas de 15 a 24 años fue de 98.2%, de 98.4% en mujeres y 98% en hombres.[ii] Sin embargo, esta disminución en el analfabetismo se ha debido más por la ampliación de la escolarización en el nivel primaria que por la acción de políticas exprofeso para la alfabetización de adultos.[iii] Este problema se relaciona con el hecho de que el sistema educativo “no elimina las desigualdades, sino que las recicla y traslada a otros momentos del proceso de escolarización”[iv]. En esa lógica se inscriben los programas gubernamentales enfocados a la reducción del analfabetismo en la población mayor de 15 años. Uno de los más sobresalientes es el Plan Iberoamericano de Alfabetización y Educación Básica de Personas Jóvenes y Adultas (PIA), cuyo objetivo es cubrir a un universo de 34 millones de adultos analfabetos. Otro es el programa cubano “Yo sí puedo” creado en 2003 y que opera en 12 países latinoamericanos, entre los que se encuentran Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Panamá y Venezuela. Mientras que en México el Modelo de Educación para la Vida y el Trabajo (MEVyT), dirigido a personas mayores de 15 años que no concluyeron sus estudios elementales, atiende cada año a 12,000 personas en sus 3 módulos básicos del nivel inicial.[v]
Sin embargo, en la mayoría de estos programas los alfabetizadores son voluntarios,[vi] lo cual indica que en América Latina la Educación para Jóvenes y Adultos (EPJA) experimentó un reflujo hacia un enfoque compensatorio. Esto se relaciona con el hecho de que los programas que atienden a la EPJA se enmarcan en la política de discriminación positiva, que despliega distintos programas de acuerdo a las diferentes necesidades para obtener resultados equiparables en cuanto al logro de aprendizajes significativos. Estructuralmente, esta política genera una segregación que perpetúa las desigualdades generacionales y tiene su raíz en una escuela homogénea con respecto al servicio que los educandos reciben, que no reconoce la diversidad social y cultural. En este filtro del acceso a la escolarización influye la educabilidad, como factor que predispone a amoldarse al requerimiento de ser alumno. Este requerimiento tiene en mente a un alumno idealizado, con el consiguiente problema de demandar a los maestros la formación prescriptiva de ese sujeto que inevitablemente debe amoldarse a una cultura occidentalizada, ajena a su historicidad. A la vez, se genera una fragmentación en la diversidad de modalidades que integran el sistema educativo, creándose un archipiélago de circuitos educativos inconexos.[vii] En cambio, sigue siendo necesaria una concepción de escuela entendida como un espacio democrático que debe asociarse a la justicia social y a la igualdad de oportunidades.[viii]
A pesar del horizonte de equidad que se persigue a través de los distintos informes y encuentros internacionales, no se asume que la inequidad educacional en el caso de América Latina ha ido en aumento. Tal situación obedece a las políticas neoliberales que enfatizan el rendimiento de la inversión desvinculado del bienestar social y sólo comprometido con las ganancias. En consecuencia, los organismos internacionales pese a que plantean metas loables no asumen que las políticas neoliberales son parte de la causa del problema, siendo difícil avanzar en muchas materias educativas, si no se modifica la lógica neoliberal que se ha impuesto en las últimas décadas en la región.
En el caso del campo de la EPJA convive la necesidad de matizar los índices de escolaridad, que ocultan importantes rezagos al interior, con un desplazamiento en el sentido economicista que se le ha otorgado a la EPJA, así también se advierte la importancia de recuperar su sentido más integral de formación a lo largo de la vida. Esta recuperación emergente es una oportunidad para revitalizar el sentido inicial de la EPJA en el marco del derecho a la educación, que consiste en promover y preservar el acervo cultural que representa el patrimonio intangible que se encuentra en los “saberes, hábitos comunitarios, herencias artísticas y técnicas”.[ix] Dicho patrimonio se refiere a una comunidad en movimiento de la que son parte los sujetos de la EPJA, como portadores de tal acervo que, al formar parte de la tradición oral quedan invisibilizados para la ciudad letrada[x] en tanto que el analfabetismo persiste como una barrera que separa ambas culturas. El acercamiento entre las esferas orales y letradas se sitúa como un itinerario más en el campo de la EPJA.
i] Stubrin, F. (2006). “Protesta magisterial y reformas educativas en América Latina” en Cadernos de Sociologia e Política. V. 9, p. 112.
[ii] CEPALSTAT (2016). América Latina y el Caribe: perfil socio regional demográfico. Consultado en: < http://estadisticas.cepal.org/cepalstat/Perfil_Regional_Social.html?idioma=spanish>
[iii] UNESCO (2015). América Latina y el Caribe Revisión Regional 2015 de la Educación para Todos. Santiago. pp. 200
[iv] Blanco, E. (2012) “El reciclaje de la desigualdad: exclusiones educativas en América Latina”. En Puchet, Martín; Rojas, Mariano; Salazar, Rodrigo; Valenti, Giovanna; Valdés Ugalde, Francisco (Coords.) América Latina en los albores del siglo XXI. 2. Aspectos políticos y sociales. México, FLACSO.
[v] CEPAL (2010). Panorama social de América Latina 2010. Capítulo 2: “La educación frente a la reproducción inter-generacional de la desigualdad y la exclusión, situación y desafíos en América Latina”.
[vi] Infante, M., Letelier, M. (2013). La alfabetización de personas jóvenes y adultas
en América Latina y el Caribe: análisis de los principales programas. Santiago, CEPAL. Pp. 38
[vii] Blanco, “El reciclaje…” Op. Cit.
[viii] Rivero, J. (2000). “Reforma y desigualdad educativa en América Latina”. Revista Iberoamericana de Educación Número 23 ¿Equidad en la Educación? mayo – agosto.
[ix] Rojas, M. (2009). “La responsabilidad cultural de la universidad pública” en Latinoamérica. Revista de Estudios Latinoamericanos, UNAM, México, núm. 48, enero-junio, pp. 9-27.
[x] Rama, A. (1998). La Ciudad Letrada. Montevideo, Arca.
Fuente: http://www.educacionfutura.org/la-reivindicacion-de-los-sujetos-populares-y-la-educacion-de-jovenes-y-adultos-en-america-latina/
Por: Fernando Buen Abad Domínguez
¿Por qué nos cuesta tanto unirnos? Uno de nuestros peores errores, en materia de comunicación, es la escasa Unidad que suele lastimarnos de maneras muy diversas en la base de muchos otros problemas y debilidades. Des-unidos somos siempre un blanco fácil. Por des-unidos tenemos periódicos sin lectores, televisoras públicas sin público, radiodifusoras sin audiencias… porque -entre otras calamidades- tenemos egolatrías -de género muy diverso- que ahuyentan a las masas y desalientan a los trabajadores.
El resultado suele ser que tenemos pueblos movilizados con urgencias de cambios radicales, movimientos sociales que olfatean el rumbo pero que no encuentran fortaleza comunicacional -confiable- porque, esencialmente, perciben des-unión, individualismo y tufos burocrático-sectarios. Mal de males. Así pues, nuestra desorganización se vuelve instrumento de la burguesía, ella a cambio, se organiza y nos derrota cuando, además, el problema no es sólo “unirse” sino producir un gran cambio en la situación. Ya lo advertía el Informe MacBride en 1980.
Unidad no significa uniformidad. Unidad no implica anonimato. La Unidad no extingue la critica ni anestesia el debate. La Unidad no implica alianza dogmática y no implica complicidad de sectas. Oponerse a la Unidad, demorarla… implica una aberración y un peligro que debe ser denunciado en todo frente y, no obstante, sigue siendo una tarea postergada. Con sus debidas excepciones. Y no obstante el despojo, el secuestro y la subordinación de las herramientas para la comunicación, tenemos hoy un escenario mundial extraordinario donde fermentan y crecen, de manera desigual y combinada, experiencias emancipadoras que impulsan la liberación honesta de los caudales expresivos de la humanidad. Pero estamos, por causas muy diversas, atomizados y divididos mientras las oligarquías lo celebran.
Los “Medios de Comunicación”, “alternativos”, “comunitarios”, “populares”, “independientes” -o como cada cual prefiera denominarse- no logran convertirse en fuerza que constituya influencia política poderosa y organizada. Permanecen como una minoría numéricamente importante pero políticamente intrascendente. Su papel frente de las luchas de los pueblos no adquiere la influencia política decisiva, como debiera ser. Eso puede tener muchas explicaciones pero no puede admitir excusas. Mientras tanto, los pueblos permanecen bajo la metralla de las máquinas de guerra ideológica.
Es una obligación de nuestro tiempo asegurar la Unidad en la lucha presente. La Unidad debe construir un camino organizativo, preparando en terreno para hacer posibles, en cualquier momento, acciones coordinadas sin reducir las tareas a la sola propaganda. Debemos ganar confianza con los pueblos y apoyar acciones conjuntas respecto a una serie de tareas vitales “hombro a hombro” con los trabajadores unidos en organizaciones respectivas y con todas las luchas organizadas que se desarrollan a estas horas. Y esto significa crecimiento del contenido comunicacional para generar condiciones mucho más favorables para las acciones, los métodos de lucha y, en general, para la praxis. Hacia un Nuevo Orden Mundial de la Información y de la Comunicación.
Los pueblos trabajadores tienen la necesidad permanente de la Unidad para la acción. Eso no es una novedad ni una sorpresa para nadie. Necesitan de la Unidad para resistir todos los ataques. La necesidad de la Unidad no sólo es una urgencia propagandística sino un paso crucial para la organización y la acción. A nosotros debe interesarnos siempre la Unidad para correlacionar -en la práctica- nuestras acciones con las de las organizaciones que necesitan expresarse libremente y en pie de lucha. Y por eso la Unidad debe desarrollarse en todas sus escalas, con acuerdos organizativos que no deben quedarse a medias y que, naturalmente, reclaman un grado ético nuevo con cierta disciplina para la acción.
“Un solo mundo, voces múltiples”. Nos urge reagrupar y hacer converger todas las tendencias comunicacionales, todas las herramientas y los métodos, todas las voluntades y los talentos… todas las organizaciones en torno a tareas concretas que permitan hacer avanzar a la clase trabajadora y a los pueblos en general en términos de consciencia y fuerza para transformarlo todo. Los medios de comunicación independientes, rebeldes, revolucionarios… están llamados a mostrase ante las clases populares no sólo como la vanguardia en la disputa por el poder comunicacional, sino también como una fuerza unificadora de la clase para todas las luchas cotidianas.
La única manera de librarnos de todo silenciamiento es avanzar unidos, no amontonados, no en tropel, no en estampida, no amorfos… No uniformes, no sin identidad y no sin diversidad. No reformistas, no reconciliadores, no olvidadizos. Unidad para lo inmediato y para los largos plazos. Unidad como un salto cualitativo de la conciencia. Unidad como peldaño necesario. Unidad rica y sabrosa, compendio de las mejores ideas, acciones y voluntades. Unidad que implica mucho más que acuerdos de coyuntura o episodios para salir del paso. Unidad inmensa y generosa plena de retos y promesas. Unidad dialéctica y sin simplismos. Unidad de clase. Unidad para aprovechar el tiempo. Unidad que educa.
Es necesario un Frente Único Internacional de la Comunicación Emancipadora como acción política porque hoy tenemos muchos medios muy desorganizados mientras tenemos un terreno excelente con universidades; con algunos estudiantes y profesores críticos, con los medios de los gobiernos democráticos de verdad… tenemos la prensa de muchos partidos revolucionarios y muchos movimientos sociales y, también tenemos mítines, discursos, cátedras, asambleas, manifestaciones… herramientas excelentes que languidecen si no se organizan… si no se unen.
Nuestra tarea urgente es ahora la Unidad. Combatir los vicios que nos des-organizan. Unidad de acción que construya un programa muy flexible, y al mismo tiempo enérgico. No confundir las tácticas con los principios. Necesitamos un Frente Único Internacional de la Comunicación Emancipadora que de ninguna manera abandone las tareas educativas, organizativas… que bajo ningún concepto abandone la lucha ideológica y que mantenga una posición firme en todas las tareas y tácticas de la Unidad transformadora que exige precisión teórica, científica y política en interés del porvenir humano. Las condiciones están dadas. ¿Qué esperamos?
Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=222190