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‘Andaluces Levantaos’ exige a la Junta que refuerce las políticas de prevención de violencia machista ante el aumento “alarmante” de llamadas al 016

Por: Tercera Información

La coportavoz de la coalición, Esperanza Gómez, lamenta que el gobierno de Moreno Bonilla “esté secuestrado por la extrema derecha y elimine el lenguaje inclusivo en los centros educativos, apoye económicamente a organizaciones antiabortistas o impida líneas de apoyo a asociaciones feministas y políticas de igualdad en la administración autonómica”.

Andaluces Levantaos’ muestra su preocupación por el ascenso de las llamadas de socorro al 016 de mujeres víctimas de violencia machista en Andalucía durante 2021, según el último informe de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, que coincide con un recorte de más de tres millones de euros, en lo que va de legislatura, por parte del gobierno andaluz, en materia de prevención de la violencia machista y en la atención a las víctimas.

Instamos a la Junta de Andalucía a avanzar hacia la erradicación de la violencia y a redoblar esfuerzos para combatir la violencia machista, estableciendo un marco institucional, educativo, económico y social de protección integral frente a la violencia hacia las mujeres, las niñas y los niños, reclama la coportavoz de la coalición, Esperanza Gómez.

De hecho, Gómez ha detallado que las llamadas al 016 se han incrementado de manera alarmante” en prácticamente todas las provincias andaluzas respecto al pasado año, por ejemplo, en el mes de octubre, se contabilizaron en la provincia de Sevilla 97 llamadas más, respecto al mismo mes del 2020, y en Almería el incremento fue del 125%.

Es indudable que la pandemia ha perjudicado especialmente a las mujeres andaluzas y a los datos de violencia de género, pero también resultan muy negativas en este sentido las políticas del gobierno de Juanma Moreno y sus recortes en materia de protección hacia las víctimas, algo que puede traducirse en el aumento de casos de asesinatos machistas y de la desigualdad de género en nuestra tierra, lamenta la coportavoz.

Asimismo, la también coordinadora de Más País Andalucía afirma que, en un momento en el que en Andalucía y en España se evidencia más que nunca la existencia y los efectos de la violencia machista, y la sociedad comienza a ser consciente de la violencia machista psicológica y de la violencia vicaria, el ejecutivo andaluz, secuestrado por los planteamientos de la ultraderecha, se dedica a desmantelar las políticas de igualdad y por tanto a menoscabar la integridad física y mental de las mujeres.

Nos preocupan los recortes económicos en este sentido, las medidas legislativas que buscan la eliminación del lenguaje inclusivo en los centros educativos andaluces, el apoyo económico a organizaciones antiabortistas y la falta de políticas feministas, señala Esperanza Gómez.

Por ello, Andaluces Levantaos’ propone una serie de medidas concretas importantes para prevenir y combatir la violencia machista en nuestra comunidad, como, revertir las políticas de la desigualdad de género” del gobierno andaluz, aumentar el presupuesto destinado a combatir la violencia machista, reforzando la ley con más recursos, aumentar las plazas en los centros de atención e incorporar en ellos a las víctimas de todas las formas de violencia machista, la creación de un Observatorio de Violencia Machista Psicológica y de violencia vicaria en Andalucía y la realización de campañas de sensibilización.

Por último, la coalición plantea la necesidad de establecer acciones de prevención y protección a los menores con padres con procedimientos de violencia de género abiertos o finalizados que tienen régimen de visitas.

Fuente e Imagen:https://www.tercerainformacion.es/articulo/actualidad/04/01/2022/andaluces-levantaos-exige-a-la-junta-que-refuerce-las-politicas-de-prevencion-de-violencia-machista-ante-el-aumento-alarmante-de-llamadas-al-016/

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Las 12 campanadas de la medianoche

Por: Elisabeth De Puig

¿Qué lanza al destierro a tantos dominicanos que se entregan a redes que los llevan a Chile o a las carreteras de Chiapas? ¿Qué nos espera realmente en estos próximos meses donde en el medio de un tercer año de pandemia la pobreza y sus estragos en la República Dominicana chocan con la imagen del país que queremos proyectar?

Las 12 campanadas de la medianoche del pasado viernes 31 nos propulsaron en el año 2022 y, simbólicamente, nos despojaron por un momento de todas nuestras cargas para abrazar el nuevo año esperanzados de iniciar un periodo más auspicioso que el acabamos de atravesar.

Sin embargo, tal duende travieso, ómicron se apoderó de nuestras mentes y nos acompañó durante la velada. Ahora todos quisiéramos saber si asistimos al principio del final de la epidemia o si estamos en presencia de una trampa del virus que se presta a resurgir, tal ave fénix, bajo nuevas formas de sus cenizas.

Los próximos meses lo dirán. No obstante, venga lo que venga, debemos seguir cuidándonos al máximo. Debemos reforzar las vacunas e invitar a vacunarse a los que no lo han hecho. Participando en el cuidado de los demás aportamos a nuestro entorno.

Para los moradores de la República Dominicana, el año 2021 estuvo marcado por un excelente desenvolvimiento en cuanto al enfrentamiento   de la pandemia. También por el hecho, digno de estudio, de que somos uno de los dos países con más baja letalidad de todo el continente americano.

En otro tenor, estamos siendo testigos de una lucha contra la corrupción sin precedente, y de una recuperación económica que nos coloca como uno de los países de la región mejor preparados para afrontar nuevos retos.

Con estas señales esperanzadoras, una pandemia de por medio y la tremenda amenaza del cambio climático, el presente sería el momento idóneo para reflexionar sobre el modelo de la sociedad que debemos construir para que la recuperación alcanzada y los pasos institucionales que se han dado se traduzcan en una transformación real hacia una sociedad ambiental, social y políticamente sostenible.

En muchos países ha tomado cuerpo el criterio de que la recuperación económica post pandemia no puede ser el mero retorno a las formas de consumir y producir de antes de la COVID-19. Hacerlo así sería reproducir las formas de maltrato a la naturaleza que han generado el cambio climático cuando de lo que se trataría es de revertirlas.

De la misma manera nos podemos preguntar a la luz del resultado de las últimas elecciones en Chile, campeón del neoliberalismo y de la desigualdad, si el modelo económico actual será sostenible políticamente en la República Dominicana a mediano plazo y si no se necesita trabajar desde ahora para lograr una sociedad más inclusiva donde impere la justicia social.

¿Qué lanza al destierro a tantos dominicanos que se entregan a redes que los llevan a Chile o a las carreteras de Chiapas? ¿Qué nos espera realmente en estos próximos meses donde en el medio de un tercer año de pandemia la pobreza y sus estragos en la República Dominicana chocan con la imagen del país que queremos proyectar?

En fin, las oportunidades deben existir para las grandes mayorías. De ahí la pregunta: ¿cómo repartir el maná del crecimiento entre los que más lo necesitan para que este gobierno sea el gobierno del cambio en aspectos fundamentales que tocan la vida misma de las personas?

Alarman las voces de la Sociedad Dominicana de Pediatría llamando la atención sobre el aumento de un 20% en la mortalidad infantil durante el pasado 2021, al igual que la recrudescencia del dengue y otras enfermedades.

Que una niña de 14 años haya dado a luz al primer bebé del año no es casual y solo refuerza la urgencia de la lucha contra las desigualdades y a favor de los derechos fundamentales de la niñez en la cual están envueltos, entre otros, la educación, la salud, la vivienda.

No solamente debemos velar porque no se produzcan desacatos a los derechos humanos en materia de migración, como los atropellos injustificables a las extranjeras que procuran servicios médicos en la República Dominicana, sino también recordar que las mujeres que votaron a favor del PRM esperan un código penal garante de derechos y a la altura del siglo XXI.

Aprovechemos pues el año 2022 para dar un salto hacia políticas públicas que logren cambiar el comportamiento social, propulsen una justa redistribución y aseguren un clima social favorable al crecimiento.

Fuente: https://acento.com.do/opinion/las-12-campanadas-de-la-medianoche-9020486.html

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Gobierno y CCAA mantendrán las mismas medidas que hasta ahora para el próximo lunes

Por: El diario de la Educación

  • La última cifra que dio el Ministerio de Sanidad, justo antes de la Nochebuena, rondaba los 2.800 menores contagiados, principalmente en infantil y primaria, en cientos de brotes por todo el país.

El próximo lunes 10 de enero toda la educación volverá a las aulas, con el 100% de presencialidad a pesar de los amagos de hace unos días por parte de la Comunidad de Madrid de volver a la semipresencialidad. Esta mañana se han reunido Educación, Universidades y Sanidad con represetantes de las autonomías para acordar que no harán nada a pesar del aumento de los brotes y contagios, multiplicados en todos los sectores sociales y laborales, también en el educativo, de las últimas semanas.

Las mismas distancias, los mismos docentes, los mismos espacios, las mismas ratios. Para Francisco García, secretario general de CCOO no es una noticia especialmente buena que no se tomen medidas de ningún tipo para paliar una situación que está suponiendo un sobresfuerzo tanto para el profesorado como para los equipos directivos. Máxime cuando la incidencia, más allá del número de estudiante contagiados o confinados esté aumentando enormemente, está afectando de una manera desconocida a toda la población, también la vacunada. Algo de lo que, lógicamente, no escapa el personal docente.

Hasta la fecha no es posible conseguir datos centralizados del número de docentes, de cualquier etapa no universitaria, que han estado confinados o de baja por la Covid-19. Aunque en su momento, fuentes de Sanidad aseguraron a este medio que esos datos los recogían las comunidades autónomas, los informes que dicho Ministerio hace públicos no contienen esta información.

La vuelta a las aulas va a ser realmente complicada si el número de contangios y de personas confinadas en sus viviendas continúa en la misma proporción. García señala la importancia de que las autonomías tengan esto en cuenta a la hora de planificar la posibilidad de cubrir las bajas de lo que puede ser un número bastante elevado de docentes que hayan resultado contagiados en las últimas semanas.

García insiste en la necesidad de que las comunidades autónomas vuelvan a adoptar medidas más estrictas para el control de la epidemia, pasando por una disminución de las ratios, además de por otras como el uso de las mascarillas y las medidas higiénico sanitarias. Una cosa, eso sí, molesta al secretario general del sindicato y es el hecho de que en los últimos días se haya conocido que dichas administraciones, las que han de gestionar en definitiva tanto Sanidad como Educación, hayan devuelto 3.000 millones (2.000 de 2020 y 1.000 de 2021) al Gobierno central de los fondos que este les diera para que pudieras hacer frente a los efectos derivados de la pandemia. En este tiempo, la mayor parte de las comunidades autónomas han decidido prescindir del global de las y los docentes contratados para hacer frente a los desdobles provocados por las medidas que imperaron en el inicio del curso pasado, fundamentalmente, la creación de los grupos estables de convivencia en primaria que hoy, opina García, podrían estar mejorando la situación de cierres de aulas y contagios entre niñas y niños.

Según ha explicado la ministra de Educación, Pilar Alegría, en este momento, el alumnado de 12 a 19 año se encuentra vacunado en un 86% de las dos dosis. La vacunación de 5 a 11, que comenzó pocos días antes de las vacaciones navideñas, va más despacio. Según los datos oficiales, el 28.8% de esta población ha recibido una de las dos paitas. En palabras de Alegría, con estas cifras, se espera «una vuelta el día 10 tranquila y segura».

Fuente e Imagen: https://eldiariodelaeducacion.com/2022/01/04/gobierno-y-ccaa-mantendran-las-mismas-medidas-que-hasta-ahora-para-el-proximo-lunes/
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Juegos y niñez

Por: Tahira Vargas García 

En el juego se visibiliza la inequidad de género y de estratos sociales.

La Navidad se convierte en el único momento del año en que muchos niños y niñas tienen acceso a juegos y se piensa en ello. En el caso de los estratos pobres y muy pobres, no existe ese momento ni ese espacio, dentro de la población infantil pobre y en pobreza extrema hay una parte que crea sus propios juguetes, construyéndolos muchas veces con material de desecho.

El juego es inherente a las distintas etapas de desarrollo por las que atraviesa la población infantil y adolescente, los hallazgos cualitativos muestran diferentes prácticas y opciones de juego que se presentan tanto en la zona urbana como rural en las comunidades estudiadas caracterizadas por juegos al aire libre, visitas a ríos, balnearios, reuniones familiares y con amigos y amigas.

En el juego se visibiliza la inequidad de género y de estratos sociales. La población infantil y adolescente de sexo femenino tiene menos oportunidades de acceso al derecho a la recreación que la población masculina por las restricciones familiares que le imponen la priorización de actividades domésticas frente al juego. Los juegos tienden a mantener la segregación de género y los patrones sexistas existentes en las familias y en su contexto social.

Las diferencias entre la población infantil de comunidades rurales y urbano-marginales residen en los lugares de juego. En ambos casos los lugares de juego son las calles y caminos, con la diferencia de que en los barrios se juega en las cañadas y callejones. Por esa razón, la población infantil de los barrios está más expuesta a situaciones de riesgos en sus juegos en cañadas que están contaminadas por aguas negras. En las comunidades rurales los riesgos se encuentran en los juegos en canales también contaminados.

La niñez en situación de calle y residente en comunidades rurales vulnerables es la que tiene menos oportunidades para jugar. Sus derechos están violados y tienden a sufrir todo tipo de discriminación y violencia. En esa población los juguetes no existen, y la vida está envuelta en un círculo donde la única actividad posible es la sobrevivencia.

La población infantil que trabaja tanto en la zona rural como urbano-marginal mezcla trabajo y juego, con pocos espacios para ello.

Los juguetes de la navidad y los reyes son para muchos niños y niñas un momento de tensión e incertidumbre, para otros, la alegría. El acceso al juego y la recreación para la niñez es un derecho al que en su totalidad deben tener acceso, garantizarlo es una responsabilidad del Estado, gobiernos locales, padres-madres, escuelas y toda la sociedad.

Este artículo fue publicado originalmente en el periódico HOY

Fuente: https://acento.com.do/opinion/juegos-y-ninez-9020344.html

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La desaparición del PETC

Por: Guadalupe Tinajero y Juan Páez

Profesores-investigadores del Instituto de Investigación y Desarrollo Educativo de la Universidad Autónoma de Baja California

El Programa de Escuelas de Tiempo Completo (PETC) no forma parte de los programas financiables del Proyecto de Egresos de la Federación para el ejercicio fiscal 2022 (Secretaría de Hacienda y Crédito Público, 2021). Según este documento del gobierno federal, el programa La Escuela Es Nuestra (LEEN) incluye recursos para financiar a las escuelas que estuvieron incluidas en el PETC. Este último inició en 2007 y fue un programa transexenal. Su justificación fue ofrecer:

Oportunidades de aprendizaje para niños y jóvenes conforme a lo previsto en el currículo vigente para la educación del tipo básico, a través de la ampliación del tiempo dedicado al horario escolar y la promoción de las Líneas de Trabajo. (SEP, 2008).

La propuesta pedagógica incorporó siete líneas de trabajo educativo: lectura y escritura; desafíos matemáticos; arte y cultura; actividades didácticas con apoyo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC); vida saludable; recreación y desarrollo físico; y, en educación indígena se incluyó Lectura y Escritura en Lengua Indígena; además de brindar servicio de alimentación a través de comedores escolares.

Este programa llevaba en funcionamiento más de una década y benefició a la población escolar en condiciones desfavorables que asistían a escuelas públicas de educación básica en contextos urbano marginales, indígenas o migrantes. El recurso que las escuelas recibieron se utilizó para un servicio de alimentación para los niños, para infraestructura escolar y para el pago de apoyos económicos para el equipo docente y directivo.

En Baja California, el PETC cobijó a un total de 35 primarias indígenas, lo que significó poco más de la mitad de la totalidad de escuelas en el estado. Tras un estudio sobre las condiciones para la enseñanza y el aprendizaje de estos planteles, se constató que hubo una mejora en las condiciones de infraestructura de muchas de estas escuelas: se construyeron aulas, comedores y baños; se obtuvo equipo (computadoras), y se les ofrecieron insumos para el trabajo pedagógico y capacitación para el ejercicio de la propuesta de tiempo completo. Los Consejos Técnicos Escolares y por zona funcionaron de forma regular y todas las escuelas contaron con un plan de mejora. Sin embargo, los resultados de logro educativo no eran los deseados, tanto por los colectivos docentes como por los padres de familia. Cabe decir que la diversidad cultural de las escuelas indígenas en Baja California complejiza la labor educadora: el servicio indígena atiende a niños pa ipai, cucapá y kumiai (grupos nativos del estado), pero también a niños mixtecos, zapotecos, triquis, mixes, náhualts, tarascos, totonacos, mazatecos, tsoltsiles y tzeltales.

El estudio en las escuelas también mostró que las irregularidades en su funcionamiento no fueron pocas: retraso en la entrega de recursos económicos, de materiales y mobiliario; insuficiente presupuesto para el servicio de alimentación; nuevas disposiciones que modificaban los acuerdos iniciales –gravamen en compensaciones-; y bajos resultados educativos. Algunas de estas situaciones eran imputables a la actuación de las autoridades; otras, al funcionamiento de las escuelas. Sin embargo, no se debe obviar la situación de los alumnos de estas escuelas, quienes, en su mayoría, son hijos de trabajadores del campo: migrantes todos, indígenas, muchos. Las condiciones de trabajo y de vida en las comunidades son diversas, pero predomina la marginalidad en las condiciones de vida.

A partir del análisis de entrevistas a los docentes y directivos de las escuelas en el ciclo 2018-2019 (el precedente al del cierre de escuelas por la pandemia por Covid 19), se detectó una serie de limitaciones sobre el funcionamiento del PETC. En primer lugar, se había dado una reducción importante del presupuesto para la gestión: los noventa mil pesos que les otorgaban a las escuelas, se redujeron en un 50%. Aunado a lo anterior, los pagos por compensaciones a los maestros y directores no eran regulares y en 2018 se les notificó que dichas compensaciones serían grabadas con el Impuesto Sobre la Renta. Para los directores, esta situación tuvo dos consecuencias para las escuelas: 1) que muchas escuelas no cuentes con la planta completa de docentes de tiempo completo ya que se presentaron renuncias y, 2) la afectación de los procesos de aprendizaje por la renuncia y rotación de maestros. Ante la situación de renuncias de docentes, los directores señalaron que tuvieron complicaciones para la contratación de maestros, debido, sobre todo, por el monto de la compensación y por las condiciones de trabajo (pagos cada tres o cuatro meses).

Como puede observarse, las irregularidades del PETC han sido muchas y de diversa índole. Desde un inicio, una crítica sustancial fue la de no hacer suficientemente la diferencia en cuanto a los resultados del logro educativo (Del Valle, 2013). Sin embargo, sostenemos, que, con todo y sus deficiencias, el programa ha beneficiado a las comunidades escolares. En comunidades marginadas, el servicio de alimentación es un importante recurso para evitar la desnutrición y que las niñas y niños de padres trabajadores permanezcan más tiempo solos o en las calles, lo que no nos parece una situación de menor importancia. En muchas de las escuelas se ha conseguido tener una mejor infraestructura y un mayor número de maestros de apoyo.

Ciertamente, el programa LEEN se postula, ahora que también se habla de un regreso a las clases presenciales, como aquel que cumplirá con los objetivos del PETC y que mantendrá el principio de dar un tratamiento preferencial a las escuelas indígenas y de zonas con alta marginación. Convocamos a que no se desestimen las enseñanzas presentadas por una trayectoria de los casi tres últimos lustros de escuelas de tiempo completo en México.

Referencias 

Del Valle, S. (27 de junio de 2013). Falla en escuelas de tiempo completo. Recuperado de: https://www.educacionfutura.org/falla-en-escuelas-tiempo-completo/

Secretaría de Educación Pública (31 de diciembre de 2008). Acuerdo número 475 por el que se emiten las Reglas de Operación del Programa Escuelas de Tiempo Completo. En Diario Oficial de la Federación (octava sección).

Secretaría de Hacienda y Crédito Público. (2021). Proyecto de Egresos de la Federación para el ejercicio fiscal 2022. Recuperado de: https://www.ppef.hacienda.gob.mx/

fuente de la información: https://www.educacionfutura.org

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Metaverso

Por:  Luis Britto García

En el Metaverso circulan fábulas, fake news, infundios difícilmente verificables. Sostienen los creyentes que existe un mundo no originado por programas, hologramas ni simulaciones, todavía por explorar.

Fuentes usualmente bien desinformadas anuncian la Fake New de la inauguración del Metaverso por Mandatarios Autoelegidos para el mandato de la Postverdad. Comunicadores Financiados por la Fuente y Portavoces sin Mensaje de Noticias sin Contenido emiten Atentados de Falsa Bandera, Cortinas de Humo, Globos de Ensayo, Información de Calorías Vacías y Fast Food Espiritual para exaltar Falsimedias y Monopolios Mediáticos alimentados con Big Data y difundidos con Bots. Pantallas espiadas por Cookies obturan los multimedias con Pop Ups imposibles de bloquear; tras todas las imágenes Manipulación Digital y Seducción Subliminal. Redes Antisociales atrapan peces chicos para alimentar a los Gordos; crímenes que no existieron desaparecen con aquél que los denunció. Rumores elevados a la categoría de Primicias sobredimensionadas con Sensacionalismos y Amarillismos abren para el Hit Parade de los eventos el cristal de la Opacidad. El telón de la Autocensura disimula que nada hay que ocultar.

Desechos

Primero desarrollé maquinarias para automatizar la agricultura y desechar a los campesinos. Luego construí maquinarias para automatizar la producción industrial y desechar a los obreros. Posteriormente monté maquinarias de automatizar formulación de diagnósticos, interpretación de leyes y cálculo de estructuras, para desechar médicos, abogados, ingenieros. Armé la máquina combinatoria que redacta relatos y poemas y realiza sinfonías y obras plásticas, para desechar a los artistas. Al fin todas las maquinarias unidas me desecharon a mí.

Metaverso

Metaverso o sea la Solución Final para el problema de la Humanidad. El informe Oxfam del remoto enero de 2021 reportaba que los 2.153 multimillonarios del mundo tenían más riqueza que el 60% de la población del planeta, para entonces unos 4.600 millones de personas. Siguiendo la Ley de Concentración de Capitales en virtud de la cual las grandes empresas devoran a las pequeñas y medianas, no tardó mucho todo el Capital del planeta en estar concentrado en manos de una sola persona. En un mundo en el cual todo el trabajo es ejecutado automáticamente por máquinas, ello convirtió a la casi totalidad de los humanos en irrelevantes. De manera voluntaria e incluso ávida casi quince mil millones de desempleados invirtieron sus últimos recursos para entrar en los ataúdes de Realidad Virtual del Metaverso que les permitieron alucinar que vivían existencias espléndidas en mundos inexistentes en los cuales consumían sólo ilusiones o experimentaban los Paraísos de sus religiones diversas, de manera que no había que temer revolución ni rebelión. El Metaverso solucionó también el problema de la explosión demográfica, pues en él son asimismo virtuales sexualidad y reproducción.

Avatar

Al despertar seguir las rutinas preceptuadas. Programar rasgos corporales mediante Photoshop y tono de voz a través del sintetizador que te permite elegir registro de soprano, tenor, contralto, bajo o bajo profundo. Por las palabras no preocuparse, el Asistente de Voz pondrá en tus labios las adecuadas. Elegir mediante Paint color de piel, de cabello y de ojos. Existe el Repertorio de Ideas, pero para evitar elecciones tediosas mejor dejarlo en Predeterminado. Retoques cuidadosos requerirán los proyectores de rasgos mediante el Reconocedor Facial y su antología interminable de Rostros de Celebridades. Diversas aplicaciones permiten elegir el elenco de expresiones; otras, los estilos corporales de movimiento. El sexo es opcional. Cada parte de tu cuerpo puede asumir la forma elegida entre nutridos catálogos, para crear el Ser Aparente que se presentará de manera virtual ante infinidad de otros Seres Aparentes integrados de la misma manera. No te preocupe tener que elegir tantas opciones al despertar. En el Metaverso nadie despierta en realidad.

Realidad real

En el Metaverso circulan fábulas, fake news, infundios difícilmente verificables. Uno de los últimos se refiere a la llamada Realidad Real. Sostienen los creyentes que existe un mundo no originado por programas, hologramas ni simulaciones, todavía por explorar. Al no resultar de una aplicación, sus propiedades no están enteramente predeterminadas, y puede dar lugar a situaciones inesperadas, desviaciones, sorpresas. Dicen que Realidad Real es un sitio multisensorial, con gran variedad de sonidos, aromas, sabores e incluso sensaciones táctiles y térmicas. Lo caracteriza un ritmo marcado por la monotonía, es decir, las percepciones no aparecen ni desaparecen en microsegundos, se toman su tiempo como si pidieran que hicieras el esfuerzo de contemplarlas e incluso reflexionar sobre ellas. También Realidad Real está marcada por el contraste. Por no se sabe cuál razón incluye cosas desagradables, feas o dañinas, quizá para que resalten con más intensidad las agradables, bellas o benéficas. Realidad Real parece dirigida por un conjunto de reglas que llaman Leyes de la Naturaleza, y parte del juego consiste en irlas descubriendo y aplicando. Dicen unos que Realidad Real está regida por el azar absoluto de la mecánica cuántica, otros que obedece a un plan preestablecido. Realidad Real parece ser también interactiva, hay otros jugadores que participan pero sus conductas son impredecibles porque usan estrategias complejas apenas regidas por el principio del provecho propio. En Realidad Real el sexo opuesto es verdaderamente opuesto, y peor son sus matices. El proceso de acceder a Realidad Real es tortuoso y poco recomendable. Presupone ante todo arrancarte los audífonos implantados en los tímpanos y las pantallas de las retinas. Con ellos debes desconectar la mascarilla olfativa de las fragancias sintéticas y el gotero que instila sabores electromagnéticos. El retiro de los guantes sensores de manos y pies es también necesario. Asimismo el de la piel informática que dosifica los placeres. Desconectar la red de electrodos que estimula los centros del goce y la que ocluye la sensación del tiempo creando la ilusión de eternidad. Se rumora que Realidad Real está prohibida, que los pocos que han accedido a ella no han vuelto. Es un programa para sicópatas o masoquistas. Otros dicen que Realidad Real es apenas otra simulación, sólo que sin hardware, apenas un desvarío o un sueño de nuestra mente o de la de un Creador. Mientras menos sepamos de ella, menor el daño.

Fin de los tiempos

En el Metaverso se extirpa el centro cerebral de percepción del tiempo, para lograr que un segundo parezca eternidad. Otra máquina te extirpa a tí para que no dure más de un segundo tu eternidad.

Fuente de la información e imagen:  https://www.alainet.org

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Leer en tiempos de pandemia

Por: Roger Chartier

Algunas de las transformaciones en las formas de leer, como la digitalización de los formatos, se originaron mucho antes de la pandemia de covid-19, pero ese «evento» agudizó la crisis de las librerías y contribuyó a la concentración del comercio de libros en los supermercados del mundo, como Amazon.

Quisiera empezar con dos observaciones preliminares: una sobre la lectura y la otra relativa a los discursos sobre el covid-19. En primer lugar, la lectura puede considerarse una noción, una categoría transhistórica: leer es siempre atribuir un sentido a un texto que se manifiesta en los caracteres de una escritura puestos sobre un soporte. En ese sentido, puede hablarse del leer tanto en Atenas o en el Renacimiento como hoy en día; hay una cierta universalidad en la lectura como categoría. Sin embargo, la lectura es también y fundamentalmente una práctica, y en este sentido lo relevante es reconocer que se la debe pensar en su pluralidad histórica y social. Las lecturas, en plural, son la apuesta de nuestra reflexión de hoy. Las lecturas están siempre inscritas en una diversidad de determinaciones que remiten a los códigos, convenciones, expectativas y competencias de los lectores, que varían según los lugares y los tiempos. Se trata también de una práctica cuyo ejercicio depende de sus condiciones de posibilidad, distribuidas de forma muy desigual en cada sociedad, lo que crea una dificultad a la hora de hacer diagnósticos sobre las lecturas en tiempos de pandemia, que son más diferentes, diversas, de lo que podemos imaginar. En el tiempo actual, esta pluralidad de las prácticas de lecturas nos deja con un objeto difícil de asir, lo que tal vez se vincule con la segunda observación preliminar: la dificultad para producir discursos lúcidos sobre el tiempo de la pandemia.

Reconozco que hacerlo es arriesgado, primero por la tendencia de cada uno a pensar este tiempo de la pandemia explícita o implícitamente a partir de las propias experiencias. Como sabemos, la pandemia ha hecho aún más fuertes las desigualdades entre los individuos. El confinamiento, que parece algo que todos tenemos en común, es de hecho una expresión cruel de las desigualdades sociales y de las maneras de afrontar esta situación, tan diferentes para los individuos según su condición económica. La diversidad de las lecturas se ubica dentro de estas diferencias. Debemos resistir la tentación de proyectar la experiencia personal como si fuese compartida y general. El corolario de esto es que a veces estos discursos proliferantes sobre el tiempo de la pandemia olvidan que para establecer diagnósticos es necesario apoyarse en estudios, investigaciones y encuestas. Cuando estos faltan, quedan solamente los deseos de futuro o los terrores del presente que atormentan a cada uno. Entonces, todo lo que voy a decir debe enmarcarse también dentro de estos límites, de estas tentaciones que invaden nuestros discursos. En última instancia, la proliferación de estos discursos tal como la podemos leer es tal vez la expresión más fuerte de la incertidumbre y, detrás de la incertidumbre, del miedo respecto del presente y de los sueños de un mejor porvenir.

Librerías y edición

Así, podemos empezar con los diagnósticos sobre lo que aconteció, y acontece todavía, en la pandemia, en relación con las lecturas. Un primer suceso fue el cierre de las librerías, que ha producido una fuerte caída en las ventas de libros, y esto ha generado grandes dificultades para las editoriales. En todas las encuestas que he leído –una del Sindicato Nacional de la Edición (sne) de Francia y otra del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc)–, los editores estiman la disminución de su facturación entre 40% y 50% en relación con 20191. La consecuencia inmediata es la disminución del número de títulos publicados y, en Europa, la publicación en el otoño de lo que normalmente se hubiera publicado en la primavera. Es decir, un verdadero ajuste a la situación. De esta manera, una primera realidad fue la dificultad para los lectores de encontrar nuevos libros, libros que no tenían en su biblioteca, si es que tenían una. Esta es una primera realidad, la realidad que en este momento atraviesan las librerías y la edición.

La segunda realidad que experimentamos hoy es la de una vida casi enteramente digital: se utiliza la comunicación digital en las relaciones entre individuos o instituciones, para hacer compras, en la enseñanza, y también las lecturas se hacen en digital, más allá de aquellos libros que los individuos ya poseen en papel. Este fue el gesto normal para leer, para pensar, para acceder a libros o revistas: trasladarse a su forma electrónica. Con todo, esta observación debe matizarse inmediatamente, porque si, por ejemplo, en Brasil hubo un aumento de las ventas de libros electrónicos (allí las ventas se triplicaron en el año 2020 en relación con 2019), más generalmente este crecimiento fue limitado. La encuesta del sne de Francia muestra que, por un lado, las editoriales que tienen un sector digital son minoritarias, y por otro, que estas no estiman un crecimiento fuerte de las ventas de libros electrónicos. Estos hechos pueden ubicarse dentro de la marginalidad de este sector del mercado del libro ya antes de la pandemia: en Francia, las ventas de libros electrónicos representan solamente 10% de la facturación total del mercado editorial. Hay una serie de observaciones interesantes que pueden hacerse tanto sobre este mundo digital transformado en realidad cotidiana, en la esfera de la existencia entera, como sobre la crisis de las librerías y de la edición que, evidentemente, tiene consecuencias importantes sobre las posibilidades de lectura. La pregunta fundamental es si esta situación inaugura un nuevo mundo de la cultura escrita, con el predominio de la forma digital, con un mundo sin librerías y sin libros impresos y, tal vez, con una profunda redefinición de la edición. O bien, por el contrario, si quizás debemos pensar lo que aconteció y acontece con la pandemia como una forma exacerbada de transformaciones que ya existían, de mutaciones que ya estaban presentes y que encontraron una suerte de paroxismo en el tiempo de la pandemia.

Entender el evento

Para acercarnos a esta cuestión fundamental, me parece que debemos pensar en las dos maneras de comprender un evento como la pandemia, si consideramos que la pandemia es un evento; un evento que dura, pero un evento. Una primera manera, inspirada en la definición del acontecimiento propuesta por Fernand Braudel, es considerarlo como el resultado de mutaciones, evoluciones y transformaciones previas que se cristalizan en el momento del evento; otra es pensarlo a la manera de Michel Foucault, lector de Nietzsche, como un surgimiento, una instauración, una inauguración, como –retomando una palabra que Foucault utilizó a menudo– un nacimiento. De la elección de una u otra perspectiva depende nuestra más o menos fuerte capacidad de domar el futuro. En la primera definición, cuando el evento es el resultado de evoluciones previas, puede entenderse que si se transforman las condiciones que lo hicieron posible ese evento podría desaparecer. En la segunda, más difícil de pensar, debemos afrontar un porvenir sin orígenes, una situación radicalmente nueva, que descubrimos al mismo tiempo que se establece. Podemos aplicar estas dos maneras de entender el evento a las dos realidades que he mencionado: la crisis de la actividad editorial y la digitalización de la sociedad.

La crisis de las librerías y de la edición se remite a una serie de transformaciones tanto estructurales como coyunturales que se dieron en el mundo del libro antes del covid-19. Estructuralmente, como sabemos, antes de este evento la fragilidad de las librerías resultaba de la competencia de la venta online, en particular por parte del gigante Amazon, y de los altos precios de los alquileres en las ciudades, una dificultad aumentada por la muy limitada rentabilidad del negocio de los libros. El covid-19 aconteció entonces en un mundo en el que en todas partes había disminuido el número de librerías. En París, 350 librerías cerraron desde 2000 hasta 20192Librerías, el libro de Jorge Carrión, es una suerte de antología de estas desapariciones3.

También en el campo de la edición puede encontrarse una fragilidad anterior a la crisis paroxística, aquí con raíces más profundas en los procesos de concentración, cuyo resultado más fundamental fue la imposición de la lógica del marketing a expensas de la lógica editorial propiamente dicha. Podemos recordar la expresión de Jérôme Lindon, y después de André Schiffrin: la edición sin editores4. «Sin editores» porque las decisiones de las editoriales se vinculan con aquello que perciben quienes se ocupan del marketing de los libros y no con una política editorial basada en preferencias intelectuales, estéticas o ideológicas. A este tema de la publicación sin editores o sin edición podría vincularse la desaparición en muchas empresas de la figura del corrector de estilo. En este sentido, una dificultad estructural previa, que ya se venía viendo durante los 10 o 15 últimos años en muchos países del mundo, se tradujo en una disminución del mercado del libro. Una investigación del Cerlalc muestra una disminución de la facturación global de las editoriales de 36% en España y de 22% en Brasil entre 2007 y 20175.

La razón de estas transformaciones coyunturales y estructurales –que ya habían creado una situación de fragilidad en la edición y en las librerías antes del choque de la pandemia– debemos buscarla en las transformaciones de las prácticas de lectura y de los hábitos de los lectores. No tengo todos los datos necesarios a escala mundial, sino que me basaré solamente en un trabajo publicado hace poco en Francia, una investigación del Ministerio de Cultura6. Hay dos preguntas que llaman la atención en ese estudio. La primera busca saber si las personas entrevistadas habían leído por lo menos un libro durante el año previo, es decir, en 2018. En el grupo de individuos nacidos entre 1945 y 1974, más de 80% decía que sí, que habían leído por lo menos un libro en el año anterior. Pero en el grupo de los nacidos entre 1995 y 2004, el porcentaje es solamente de 58%. En esa franja hubo una disminución fuerte del porcentaje de lectores de libros entre 1988 y 2018. La segunda pregunta era si los lectores habían leído y, supuestamente, comprado 20 libros o más durante el año previo. En 2018, 15% decía que sí, cuando en 1973 el porcentaje era de 28% y en 1988, de 22%. Si seguimos estos datos, entonces, podemos ver una disminución de la lectura y la compra de libros, tanto en relación con la reducción del número de lo que en francés se llama forts lecteurs –quienes compran y leen mucho–, como, más globalmente, y para los más jóvenes, con el abandono de la lectura de libros. En estos diagnósticos se trata, por supuesto, de la lectura de libros, y de libros impresos. ¿Qué ocurre en el mundo digital con lo escrito? En este mundo la lectura es omnipresente, obsesiva, necesaria: lecturas de los intercambios electrónicos, lecturas de las redes sociales, lecturas frente a las pantallas del tiempo de la pandemia. ¿Cómo podemos ubicar esta situación en evoluciones anteriores? En la misma investigación ya citada sobre las prácticas culturales de los franceses hay otro dato muy interesante: uno de cada seis afirma que su vida cultural tiene lugar por completo en el mundo digital, particularmente a través de las redes sociales, los videos online o los juegos electrónicos. Leen o escriben solo en las pantallas. La mitad de estos individuos, que ya desde antes de la pandemia vivían en condiciones similares a las pandémicas, tienen menos de 25 años. La cuestión es, por un lado, saber si sus prácticas culturales van a mantenerse exclusivamente online o si en algún momento van a salir del mundo digital para encontrarse con otras prácticas, culturales o no. Por otro lado, podríamos preguntarnos también si esta minoría de hoy prefigura la sociedad entera de los lectores del futuro.

Este primer diagnóstico muestra que ya antes de la pandemia existía la posibilidad de vivir digitalmente como en la pandemia… Frente a esto, por supuesto, puede hacerse un segundo diagnóstico, que es la contracara del primero. En cierto sentido, a pesar del crecimiento del mercado de los libros electrónicos, parece darse una situación paradójica: las lecturas efectivamente son digitales, pero sin la compra de libros electrónicos, que se descargan o se comparten en redes sociales. También aquí hay un desafío para el porvenir: esto es, detectar si aquellos lectores que han leído en este periodo más textos electrónicos que antes –pero sin necesariamente comprarlos– volverán después de la pandemia a sus prácticas cotidianas o, más bien, si el nuevo hábito se mantendrá, estimulado por los esfuerzos de los editores y distribuidores de libros electrónicos, que buscan transformar la situación excepcional de leer frente a la pantalla en una práctica ordinaria y común. Una manera de pensar una respuesta es preguntarnos si los esfuerzos que se hacen en algunos países, por ejemplo en Brasil, para traer a los lectores al mundo digital, esfuerzos que se traducen en la distribución gratuita de e-books o descuentos importantes en su compra (sobre la base de que el libro electrónico es de más fácil acceso, precio más bajo y que resuelve los problemas, si no de la edición, por lo menos de la distribución de los libros), perfilan la situación del futuro. Y preguntarnos también si las personas después de la pandemia van a resistir la tentación del «clic» que permite comprar libros, sin hacer caso a las librerías abiertas nuevamente, si van a seguir prefiriendo la lectura de libros, revistas o diarios electrónicos antes que su forma impresa. Si, en suma, sobrevivirá esta tendencia a satisfacerse con la lectura de los textos disponibles en el universo digital, sin preocuparse por encontrar la versión impresa en las librerías o bibliotecas. Este es el desafío fundamental para el porvenir de las lecturas.

Consecuencias

Para proponer una conclusión, y para rechazar –o intentar que no se haga realidad– la idea de una lectura total y enteramente digital, quiero subrayar algunas consecuencias posibles de esta prometida, deseada o temida transformación. La primera consecuencia sería económica. En un artículo que se publicó en abril de 2020 en La Vanguardia, de Barcelona, Jorge Carrión subrayaba el hecho de que la pandemia hace más poderosos a los poderosos y más ricos a los ricos. Se trataba a todas luces de una referencia al enorme provecho que sacan de la crisis las grandes empresas como Amazon, Facebook o Google. Se produce así la aceleración de un proceso de concentración: Amazon, por ejemplo, se está transformando en el único supermercado del mundo, un supermercado digital sin competidores.

Otra consecuencia que encuentro muy relevante es de orden cultural. Vivir en el mundo digital posiblemente sea generalizar para la lectura, para todas las lecturas, cualquiera sea su objeto, las prácticas dominantes en el mundo digital: las de las redes sociales. La práctica de lectura propia de las redes sociales es una lectura acelerada, apresurada, impaciente, fragmentada (y que fragmenta), sin la necesidad de contrastar las informaciones y las afirmaciones leídas. De esta manera, la pregunta aquí es si este tipo de lectura, que se plasmó en el uso de las redes digitales, se transformará en un modelo, un patrón general que someterá a todas las otras lecturas, de cualquier orden y naturaleza.

Si este fuera el caso, estaríamos frente a inmensos riesgos. El primer riesgo sería para el conocimiento, desde el momento en que el criterio de autentificación de los enunciados se traslada a su presencia en una red a la cual se le da credibilidad o confianza, sin preocuparse por el examen crítico de la veracidad de lo que se enuncia, un examen que supone comparaciones entre fuentes de información y evaluaciones sobre su credibilidad. El segundo riesgo no es solamente para el conocimiento sino también para la democracia. Es evidente que este tipo de lectura acelerada y crédula se constituye en un poderoso instrumento de comunicación para todas las formas de manipulaciones, de falsificaciones y de reescrituras engañosas del pasado. Son amenazas temibles para el futuro.

Afortunadamente, una suerte de compensación a este «crecimiento de lo peor» sería que, con la pandemia, se haya tomado una conciencia más aguda de estos riesgos, una conciencia que se manifiesta para algunos en las frustraciones que produce la existencia confiscada por las pantallas. Estas frustraciones permiten pensar más claramente la diferencia entre el mundo digital y el mundo impreso, en lo que refiere al libro, a la lectura, al conocimiento, al placer. Lo que se experimenta en la inmediatez de las relaciones se volvió imposible y, de cierta manera, las compensaciones produjeron una honda percepción de lo que falta. A mi juicio, la diferencia esencial, y que debe reconocerse en todos los casos, es la diferencia que existe entre las lógicas que gobiernan estas dos formas de relación con lo escrito. La lógica de la librería, de la biblioteca, de la página del diario, del libro impreso es una lógica del pasaje, del viaje entre estanterías, entre espacios, entre textos. El lector es un cazador furtivo, un peregrino, un viajero. La lógica de la producción textual y de la lectura en el entorno digital es, en cambio, una lógica temática, tópica y, finalmente, algorítmica. El lector es, aquí, previsible. Si la lógica del viaje trae sorpresas, descubrimiento de lo inesperado, de lo desconocido, la lógica del mundo digital transforma tanto los textos como a sus lectores en bancos de datos.

Una vez que se percibe esa diferencia, se vuelve posible establecer un uso menos peligroso del mundo digital y ubicarlo en el lugar que le corresponde, y ya no como un universo globalizante y globalizador, que se apodera de todas las prácticas, de todas las categorías, de todas las experiencias. La frustración nace de la imposibilidad de una experiencia compartida por individuos reunidos en el mismo tiempo y en el mismo lugar. En esta conversación no estamos en el mismo lugar, no estamos en el mismo continente, no estamos en el mismo huso horario. Frente a esto, la relación entre los cuerpos que experimentan un mismo evento, que participan en un mismo acontecimiento, es una realidad que podemos desear, para cuyo regreso podemos trabajar. Siempre me gusta señalar que esta frustración, que conduce a una percepción más aguda de la relación entre lo digital y lo impreso, tiene una referencia en el léxico del Siglo de Oro y la definición de la palabra «cuerpo». Los cuerpos no eran solamente los de los seres humanos, eran también los libros, los ejemplares de una misma edición. De esta manera, se ve también que la frustración frente al texto electrónico remite a la falta, a la pérdida de la relación con el cuerpo del libro, que es el cuerpo del texto. Esta frustración es compartida. La Feria Internacional del Libro de Guadalajara se anuncia, para un futuro próximo, como «presencial». No es posible saber si así sucederá, pero es una respuesta a esta falta de relación entre los cuerpos humanos y los cuerpos de los textos. La conclusión es que si queremos que el porvenir no se defina ya a la manera de nuestro presente dentro de la pandemia, eso dependerá, por supuesto, de las políticas públicas, pero también de cada uno de nosotros y, sobre todo, de nuestra resistencia a recurrir inmediatamente al «clic» de la computadora.

Nota: este artículo, con mínimos cambios, surgió de una exposición del autor titulada «Lectura y pandemia» y la posterior conversación con Alejandro Katz y Nicolás Kwiatkowski en septiembre de 2020, en el marco del proyecto «Léxico de la pandemia», organizado con el apoyo de la Fundación Medifé. La conversación completa, revisada por el autor, puede encontrarse en R. Chartier: Lectura y pandemia. Conversaciones, Katz, Buenos Aires, 2021.

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Fuente de la iformación e imagen:  https://nuso.org

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