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¿Porqué aún no nos escuchan?

Por:  Paula Albornoz

Para muchas, gracias a la incansable lucha de cientos de mujeres antes que nosotras, no poder ir a la universidad, no poder votar o acceder a bancas políticas y no poder reivindicar nuestros derechos en nuestras casas y en las calles es solo un recuerdo amargo que vemos en películas o encontramos en libros, para no olvidar nunca que sucedió, y que podría volver a suceder. Sin embargo, la lucha está lejos de ser ganada y llegar a su fin. Todavía faltan demasiadas mujeres que incluir para llegar al “para todas…”
Hace muy poco tiempo, viendo la televisión, me encontré con una investigación realizada por Agustina Gradin y Karina Iummato junto al Observatorio Julieta Lanteri de FUNDECO, el Observatorio Electoral de COPPAL y el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), donde profundizaron en las violencias ejercidas hacia las mujeres involucradas en la política. Incluye tanto violencia verbal, psicológica, económica, sexual, física y simbólica. ¿Por qué? Por el simple y a la vez complejo hecho de que seamos mujeres y participemos en el ámbito político. Los tiempos cambian, más las rancias mentes conservadoras de una mayoría de hombres que luchan por mantener firmes las bases del patriarcado, no. Estas mujeres son blanco de amenazas, campañas de desprestigio, acoso y, principalmente, violencia verbal basada en su sexo, sus cuerpos, sus vidas sexuales y sus capacidades que, claramente, para los ojos de estar personas, son escasas o inexistentes.
Gorda, puta, inútil, mala madre, mala esposa, fea, vieja, pendeja. ¿Qué tienen que ver cualquiera de esos adjetivos con participar en la política, nos preguntamos? Y más aún, ¿alguna vez los hemos visto siendo usados hacia el género contrario? No hay comentarios acerca de los cuerpos de los hombres, sean políticos o no, porque los hombres tienen permitido envejecer y modificar sus cuerpos sin culpas, con naturalidad, sin que sus canas o sus arrugas se vuelvan razón para descalificar sus ideas. Tampoco oímos nunca que se comenten las vidas sexuales de los hombres; no importa si está con muchas mujeres o si es infiel, de hecho, muchas veces eso es motivo de orgullo. Aunque claro, no sería lo mismo si cambiáramos el “muchas mujeres” por “muchos varones”… Mucho menos se comenta jamás si el hombre que ocupa un puesto político (o un hombre en cualquier ámbito laboral, realmente) es o no buen padre. No importa si está presente y participa en la educación de su descendencia o si tiene hijos e hijas abandonados en cada lugar que visita. Tal cosa es irrelevante y tiene poco que ver con su desempeño laboral, a menos que nos refiramos a una mujer.
Aunque mucho nos guste creer y sentir que hemos avanzado como sociedad, y muchas personas visibles en la política insistan en que la equidad y la igualdad entre géneros ya ha sido alcanzada, toda esa mentira se cae fácilmente con las más ligeras y superficiales observaciones, como las que acabo de hacer.


Más allá de la interesante investigación planteada anteriormente, quise saber qué sentían y cómo vivían esta realidad las mujeres que me rodean, las que hacen política día a día sin ser presidentas, diputadas o senadoras; las militantes, las feministas, las que forman parte de alguna agrupación social o partido político. Decidí hacer dos simples encuestas en la red social Instagram, que podían ser respondidas por “sí” o por “no”. La primera rezaba “¿alguna vez las violentaron o menospreciaron por su ideología política?”, a la cual un abrumador 92% de las casi trescientas mujeres participantes contestó que sí. La segunda pregunta era: “¿alguna vez sufriste de violencia machista en las redes?”, a lo que un 90% también respondió que sí.
Las redes son el lugar ideal para la descalificación y el acoso; ocultos en el anonimato, en la distancia y en el poder de abandonar la conversación o borrarla en cualquier momento, muchos se creen impunes y omnipotentes para decir absolutamente cualquier cosa, casi siempre sin el menor sustento, sabiendo que seguro aparecerá una horda de machitos igual que ellos dispuesto a apoyarlos en su ataque. Durante siglos, la política fue cosa de hombres. Debe molestar y mucho a varios que ahora las mujeres nos hayamos ganado el lugar de hablar, exponer, debatir, votar y gobernar. La mujer con poder les molesta casi tanto como les asusta. Hay una frase muy famosa que creo que puede ilustrar la relación de los hombres con las mujeres políticas: tienen miedo de que les hagamos lo que ellos nos hicieron a nosotras.
Entonces, ¿por qué aún no nos escuchan? No es una pregunta tan difícil de
responder, al fin y al cabo. No nos escuchan porque no les conviene. Sí, podemos ocupar puestos cada vez más altos en la jerarquía e incluso llegar a ser presidentas, pero mientras sigamos viviendo en un sistema capitalista y patriarcal, jamás lograremos que el conjunto de la población, tanto machistas como alienadas, nos vean como lo que somos: motores para el cambio, idealistas, intelectuales, poderosas. No nos escuchan porque aún no somos del todo libres. No nos escuchan porque no les importamos. No nos escuchan porque no nos ven como iguales. No nos escuchan porque no están interesados en darnos el lugar.
La mujer con ideas, molesta. Vuelven a querer imponernos aquella mentalidad arcaica que coaccionó y encerró a tantas mujeres durante siglos: no quieras pensar ni aprender, porque la mujer que estudia y se mete en “asuntos de hombres” es gorda, puta, fea, inútil, vieja, pendeja, mala madre, mala esposa. Ninguna mujer debería querer ser todo eso, ¿no? Ninguna mujer debería desear que un hombre la vea o la califique de semejante forma, ¿verdad? ¿Y qué pasa si no nos importa cómo nos ven y cómo nos llaman? Pasa el feminismo.
La mujer con ideas, molesta. Por eso, no dejemos de pensar. No dejemos de
hacer política.

Fuente e imagen: https://nuevarevolucion.es/porque-aun-no-nos-escuchan/

 

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Adhesiones internacionales al pedido de recomposición salarial y aumento de presupuesto CONICET, Argentina

Septiembre de 2020
Presidente de la Nación Argentina, Dr. Alberto Fernández
Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Dr. Roberto Salvarezza

De nuestra mayor consideración:
Como integrantes de la comunidad científica internacional deseamos expresar nuestra profunda preocupación ante la crítica situación salarial que atraviesa el personal del CONICET.
Manifestamos nuestra sorpresa y consternación por el hecho de que las categorías iniciales de la Carrera del Investigador están cobrando salarios que rondan los 400 dólares mensuales, un monto que resulta a todas luces insuficiente, inclusive para solventar los costos que demanda la profesión y que, a menudo, en Argentina son cubiertos por esos salarios (inscripciones a congresos internacionales, suscripciones de revistas, membresías, etc.). Estos sueldos, que se encuentran cerca del borde de la línea de pobreza en Argentina (1), no se corresponden en absoluto con el nivel de las exigentes evaluaciones que rigen el desempeño de colegas con tanto reconocimiento. Consideramos que tales profesionales merecen remuneraciones acordes con la trayectoria, la excelencia, la antigüedad y las responsabilidades que asumen a lo largo de su carrera.
Tenemos conocimiento de que tanto los miembros de la Carrera del Investigador como el resto del personal han visto reducidos sus salarios de manera drástica, debido a las sucesivas devaluaciones de la moneda local y la inflación interna de los últimos años. Por ello, alcanzaron una pérdida del salario real que, desde octubre de 2015 a septiembre de 2020 llegó al 49% (2), y acumula un 75% desde 2012. Es decir, como mínimo se necesitaría duplicar el salario para volver a tener el poder adquisitivo del 2015, así como arbitrar a futuro los mecanismos necesarios para que este deterioro no siga produciéndose.
Sabemos, también, de los valiosos aportes que cientistas del CONICET realizan a su país para paliar los dramáticos efectos de la pandemia que hoy nos tiene en vilo en todo el mundo. A pesar de sus magras remuneraciones, el personal altamente capacitado del CONICET realiza ingentes esfuerzos para que no se vea afectado el funcionamiento del sistema científico argentino y sus necesarias contribuciones a la sociedad. Incluso en contextos económicamente críticos, los recursos humanos de esta institución han sabido mantener los más elevados estándares de competencia y calidad de sus producciones en todas las áreas. Y, gracias a dichas producciones, la institución goza de un amplio prestigio internacional. Paradójicamente, mientras que a nivel internacional el CONICET ostenta los mejores resultados de la región en cuanto a productividad y acaba de ser nuevamente destacado como la mejor institución gubernamental científica de Latinoamérica (3), exhibe las más bajas retribuciones cuando se las compara con países vecinos, algo reconocido incluso por las propias autoridades (4).
Por todos estos motivos, queremos expresar nuestra solidaridad con el pedido de recomposición salarial y aumento del presupuesto para CONICET que llevan adelante colegas de Argentina. Tenemos la esperanza de que las autoridades actúen a tiempo para que el CONICET continúe siendo una institución representativa de excelencia. Un aspecto indispensable para ello es jerarquizar la remuneración de sus recursos humanos, sin quienes este sistema no podría sostenerse. Confiamos en que, así como el gobierno ha sabido dar respuesta al reclamo de otros sectores del Estado (5), considere también prioritario resolver el problema que atraviesa el personal del principal organismo científico argentino, que merece la más alta estima social y cuenta con todo nuestro reconocimiento.

(1) https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/canasta_09_20441EFD2654.pdf
(2) https://twitter.com/MarianoAB80/status/1301507039483572227
(3) https://www.conicet.gov.ar/el-conicet-vuelve-a-ser-la-mejor-institucion-gubernamental-de-ciencia-de-latinoamerica/
(4) https://www.lacapitalmdp.com/ana-franchi-hay-que-revertir-cuatro-anos-de-desprestigio-y-desfinanciamiento/
(5) https://www.lavanguardia.com/internacional/20200914/483454599728/argentina-covid-coronavirus-pandemia-tension-buenos-aires-policia-fernandez-kicillof.html

Descarga aquí el formulario de adhesión:  https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSdLuALiaWY8tiiewKR0Ds7JSGKIOB9NrUEdeEDFneb7J7zJDA/viewform

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Cada acontecimiento nos obliga a recolocar la mirada y a redefinir lo que es “luchar”

Por: Amador Fernández Savater

 

Aquí algunas dificultades que he encontrado, en mí mismo o en mi entorno “de izquierdas”, para encontrar potencias en la situación que vivimos, para no verla o vivirla como una situación cerrada, de dominación total:

-pensar que el confinamiento es lo que más quería el Estado, cuando todos los Estados han tratado más bien de minimizar lo que estaba pasando para no tener que suspender la producción y el consumo (lo que más quieren evitar).

-pensar que aceptar la mascarilla o la distancia física es un signo de sumisión o de interiorizacion del control y la paranoia, cuando puede verse más bien como conciencia cuidadosa de una situación común de la que se forma parte.

-pensar que la crítica y la transformación pasa siempre por la acción, la palabra y la movilización, cuando puede haber crítica y transformación en el silencio, la pasividad, la interrupción…

-dificultad de pensar otros modos de estar juntos donde quepan la distancia y las soledades, otros modos de “poner el cuerpo” aunque no haya contacto físico. No dejo de querer a los míos porque no les pueda tocar.

-dificultad para pensar la política sin calle…

-dificultad de pensar que la libertad no es siempre “lo voluntario”, sino a veces también lo que nace o puede nacer a partir de la aceptación de una situación que no elegimos…

Fuente:  https://www.filosofiapirata.net/cada-acontecimiento-nos-obliga-a-recolocar-la-mirada-y-a-redefinir-lo-que-es-luchar/

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Los “provida” no son promujeres.

Por: Diana Cariboni

 

Las condiciones en que dan a luz las mujeres se deterioran durante la pandemia, violando derechos básicos. Los grupos que se autodenominan “provida” guardan silencio.

Si visitan sitios web y redes sociales de grupos religiosos o ultraconservadores que se proclaman ‘provida’ en América Latina, verán una profusión de imágenes de familias, bebés, niñas y niños, escarpines, cunas y mujeres embarazadas.

Leerán mensajes exaltados en favor de la maternidad y las familias numerosas y en contra de la planificación familiar, los anticonceptivos y —por supuesto— del aborto.

Muchos llevan en sus nombres y eslóganes las palabras “vida” y “familia”.

Por tanto, podríamos suponer que estarían en primera línea defendiendo el derecho de las mujeres a vivir embarazos y partos positivos y felices y denunciando maltratos en el sistema de salud, tipificados incluso en algunas leyes como “violencia obstétrica”. Pero no.

Desde que se declaró en marzo la pandemia de COVID-19, en openDemocracy venimos investigando las condiciones en que las mujeres dan a luz en un mundo con cuarentenas, toques de queda, reorganización hospitalaria y recursos médicos restringidos.

Nuestra investigación comprobó que las cosas están ahora peor para las embarazadas, que ya soportaban riesgos inaceptables y violaciones a sus derechos antes del COVID-19.

En al menos 45 países, las mujeres debieron pasar por situaciones que violan pautas internacionales o leyes nacionales sobre atención de partos. Y las denuncias continúan llegando.

Varios hospitales de América Latina decidieron imponer cesáreas de rutina a todas las mujeres. También se generalizó la prohibición de acompañantes, y recibimos múltiples denuncias de maltrato y falta de información, así como de negación de asistencia a parturientas o a mujeres con emergencias obstétricas que se debatían entre la vida y la muerte.

Las entrevistadas dijeron sentirse “abandonadas”, con una mezcla de “dolor y angustia”, regañadas como niñas, sometidas a procedimientos de los que ni siquiera las informaban o simplemente dejadas sin atención.

Los toques de queda y las restricciones al transporte llevaron a que muchas mujeres perdieran controles de embarazo, tuvieran que caminar largas distancias para llegar a un hospital o incluso se vieran obligadas a partos en casa, no planificados y riesgosos.

“Eso reafirma lo que hemos visto en otros momentos de crisis sanitaria o humanitaria: la salud sexual y reproductiva de las mujeres resulta desatendida por el sistema de salud”, me dijo la ginecóloga ecuatoriana Tatiana Ortiz, que trabaja en hospitales de la ciudad de Guayaquil.

¿Qué han hecho ante esto los “provida”?

Lanzaron una campaña de descrédito contra la Organización Mundial de la Salud (OMS), acusándola de “abortista”, justo cuando Donald Trump decidía desfinanciar al organismo en medio de la pandemia.

La OMS incluyó en los servicios de salud esenciales que no pueden suspenderse en la pandemia “el aborto en todo el alcance que permita la ley”, la provisión de anticonceptivos y la prevención y tratamiento de enfermedades de transmisión sexual, como el VIH.

Pero la OMS también emitió pautas específicas de atención al parto: las mujeres deben ser tratadas con respeto, contar con una compañía de su elección, recibir apoyo para amamantar y tener contacto piel con piel con los recién nacidos, incluso si contrajeron COVID-19.

En cambio, los sectores que se autodenominan “provida” reclamaron y celebraron que se cerraran o suspendieran servicios de salud sexual y reproductiva.


En Perú, cuna de la campaña ultraconservadora “Con mis hijos no te metas” (CMHNTM), los medios reportaron reiterados casos de embarazadas rechazadas en hospitales, pariendo en salas de espera o incluso en sus casas.

Christian Rosas, vocero de CMHNTM, se dedicó a reclamar que se reabrieran los templos evangélicos durante la pandemia, pues “la verdadera tragedia es morir sin Cristo… El cristiano no teme morir, no ve con pánico la muerte porque para nosotros morir es ir al cielo”. Perú está entre los nueve países con más cantidad de muertes (más de 27.000).

Rosas, defensor de que niñas de 6 u 8 años den a luz, tampoco alzó la voz sobre la ausencia de atención oportuna y digna para las mujeres en los nacimientos que él y su grupo tanto reclaman.

En México, el Frente Nacional por la Vida y la Familia se dedicó a hacer campaña contra un fallo que podría haber obligado al estado de Veracruz a legalizar el aborto.

Pero guardó silencio sobre miles de mexicanas que se quedaron sin controles prenatales e incluso sin lugar donde parir en medio de la reorganización hospitalaria por el coronavirus.

México es el segundo país de la región con más muertes maternas por COVID-19 después de Brasil. Desde mediados de julio, el coronavirus es la principal causa de mortalidad materna entre las mujeres mexicanas. Para el 17 de agosto constituía el 20,6%, con 112 decesos, según cifras oficiales.

Antes de la pandemia, dos mujeres por día morían en México por causas prevenibles en el embarazo, parto o posparto, según el Informe de GIRE Justicia Reproductiva publicado en 2018. Mientras, más de 33% de las mujeres embarazadas denunciaban violencia obstétrica, según una encuesta nacional.

Brasil concentra 77% de las muertes maternas por coronavirus en todo el mundo, según los casos registrados desde inicios de la pandemia hasta el 18 de junio, indicó un estudio publicado en el International Journal of Gynecology and Obstetrics.

Pero en Brasil, los grupos “provida” están afanosamente luchando por otras “causas”.

Por ejemplo, obstaculizar el aborto legal de una niña de 10 años, violada desde los 6 por su tío.

La antiabortista Sara Giromini, que se cambió el nombre a Sara Winter en homenaje a una agente nazi y está presa por su papel en una red de desinformación y por presuntamente liderar una milicia armada, divulgó en Instagram, Twitter y YouTube el nombre de la niña y los datos del hospital donde se llevó a cabo el procedimiento el 16 de agosto.

También convocó a un grupo de fanáticos que intentaron asaltar el lugar para impedir el aborto.

La ministra de la Mujer, Damares Alves, envió un equipo a la casa de la niña para convencer a la familia de que no abortara. A inicios de julio, Alves anunció en la Cámara de Representantes que estaba organizando un frente parlamentario latinoamericano “por la vida” y para combatir el aborto.

Ni la ministra ni Sara Winter ni los muchos grupos antiabortistas de Brasil se pronunciaron sobre los problemas que enfrentan las parturientas en el segundo país con más casos de coronavirus en el mundo y que hace varias semanas sobrepasó los 100.000 muertos.

Con la pandemia, en Venezuela se agravó el fenómeno del “ruleteo” (que un paciente grave recorra hospital tras hospital sin lograr atención hasta que muere).

“El médico me revisó la barriga y me dijo ‘tu bebé está muerto; aquí no te podemos atender’”, le contó a nuestra reportera una mujer rechazada en la emergencia de una maternidad de Caracas que no tenía banco de sangre ni agua corriente y casi ninguna sala quirúrgica operativa.

La mujer con 31 semanas de embarazo debió esperar casi medio día, buena parte sentada en una silla de plástico a la entrada del hospital, hasta que fue transferida a otro centro donde su bebé nació muerto, le practicaron una histerectomía sin su consentimiento.

Decenas de grupos de derechos humanos, médicos y personalidades venezolanas e internacionales expresaron el 19 de agosto “nuestro más contundente rechazo y preocupación extrema por reportes de distintas fuentes que señalan casos de mujeres embarazadas bajo sospecha de la COVID19 a quienes se les ha negado atención oportuna, o que han sido sometidas a situaciones irregulares que comprometen su salud y sus vidas”.

Nada de esto parece conmover a los sectores que promueven la maternidad como fachada de una agenda que busca recortar derechos duramente ganados por las mujeres.

Ser provida implica defender que las mujeres podamos parir con felicidad, cuándo y cómo queramos. No es lo que ellos defienden.

Fuente e imagen: https://contrahegemoniaweb.com.ar/2020/09/03/los-provida-no-son-promujeres/

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La expansión del capitalismo está destruyendo el planeta y la humanidad

Por: John Bellamy Foster

 

En un mundo acorralado por el capitalismo de catástrofe cualquier análisis serio que se proponga la renovación del socialismo debe comenzar con comprender la necesidad de una “destrucción creativa” de las bases materiales del capital en toda la existencia social. (1)

El capitalismo actualmente existente – de carácter catastrófico – se manifiesta materialmente en la convergencia de tres factores: crisis ecológica planetaria, crisis epidemiológica global y crisis económica permanente. (2)

A todas estas crisis hay que sumar los siguientes elementos: extensión mundial de explotación imperialista (mediante la cadena global de productos básicos); desaparición del estado democrático liberal con la imposición de políticas neoliberales y el surgimiento del neofascismo; y una nueva era de inestabilidad hegemónica, que llega acompañada del peligro de una guerra interminables.(3)

Crisis Climática

El consenso científico mundial denomina la crisis climática como “una situación sin retorno», esto significa que si las emisiones de carbono – producto de la quema de combustibles fósiles- no llegan a cero en las próximas décadas, la existencia de la civilización industrial estará seriamente amenazada y, en última instancia, también la supervivencia de los seres humanos. (4)

Sin embargo, la crisis existencial de nuestra especie no se limita al cambio climático, también se extiende una brecha ecológica global de los siguientes fenómenos planetarios:  acidificación de los océanos; extinción de especies (y la consiguiente pérdida de diversidad genética); destrucción de ecosistemas forestales; disminución del agua dulce; interrupción de los ciclos de nitrógeno y fósforo; rápida propagación de agentes tóxicos (incluidos los radio-nucleidos); y, proliferación incontrolada de organismos modificados genéticamente. (5)

La ruptura de estas fronteras ecológicas está intrínsecamente ligada a un sistema económico basado en la acumulación del capital, que por su propia dinámica no reconoce barreras insalvables para un crecimiento ilimitado y exponencial. Por tanto, no hay salida de la actual destrucción de las condiciones sociales y naturales de la existencia que no requieran un salir radical del capitalismo.

Lo primordial para nuestra época es la creación de lo que István Mészáros llamó un nuevo sistema de reproducción social metabólica. (6) Esta propuesta nos habla de la necesidad de construir un nuevo modelo de socialismo  para el siglo XXI, pensado de tal manera, que desafíe críticamente la teoría y la práctica las experiencias socialistas del pasado siglo XX.

Polarización de la lucha de clases

En los Estados Unidos, al igual que en otros países, sectores del capital financiero monopolista han logrado reclutar a elementos de la clase media baja, (principalmente blanca) utilizando una ideología nacionalista, racista y misógina. El resultado ha sido una política neofascista, que reúne en un sólo constructo ideológico; una larga historia de racismo estructural (legado de la esclavitud); diversas forma de colonialismo;  y el militarismo propio del imperialismo.

Sobre estas prácticas políticas reaccionarias se edificó el ascenso al gobierno de Donald Trump, un magnate multimillonario transformado en el líder de una derecha radical que tiene como objetivo la imposición de un nuevo régimen capitalista autoritario.

Aunque hoy esté cuidadosamente ofuscada, por una campaña electoral, la alianza de los neofascista con los neoliberales es un proceso político fácilmente comprobable. (7) Tanto es así, que si llegará a triunfar en las elecciones Joe Biden, la alianza neoliberal-neofascista se mantendrá sin grandes cambios. La razón es simple: esta asociación es el pedestal sobre el cual se erige el poder estatal del capital monopolista-financiero en Estados Unidos. (8)

Simultáneamente, a la constitución de esta nueva formación política reaccionaria en el “corazón del imperio” se está desarrollando un importante movimiento por el socialismo, asentado en la clase obrera, la juventud y los intelectuales disidentes.

Con la desaparición de la hegemonía estadounidense dentro de la economía mundial – acelerada por la globalización de la producción – se minó el poder de la antigua aristocracia obrera de base imperial. Este proceso ha originado el resurgimiento de los ideales del socialismo entre parte importante de la clase trabajadora.(9)

La Gran Desigualdad, un concepto acuñado por Michael D. Yates, expresa con claridad la situación que están viviendo los sectores populares estadounidenses, el sentimiento de incertidumbre y de ausencia de futuro – que afecta especialmente a la juventud- de hecho ha provocado un aumento dramático de «muertes por desesperación», según los datos oficiales. (10)

En resumen, amplias capas de la población están cada vez más enfurecidas por un sistema capitalista que no ofrece perspectivas y como consecuencia ven al socialismo como una alternativa totalmente legítima.(11)

Este nuevo escenario no ocurre sólo en Estados Unidos. En otras países del mundo hay fuerzas objetivas con características similares, especialmente en el Sur Global, que soporta una estancamiento permanente, la financiarización de la economía y una brutal destrucción ecológica .

Al parecer las fuerzas que luchan por el socialismo seguirán creciendo como efecto de la crisis estructural del capital y la polarización de la lucha de clases . Entonces, creo que hay por lo menos dos preguntas que debemos tratar de responder : ¿Qué tipo de socialismo queremos? ¿En qué debe diferenciarse el socialismo del siglo XXI del socialismo del siglo XX?

¿Socialismo en Estados Unidos?

Gran parte de lo que se conoce como socialismo en los Estados Unidos – y en otros países de occidente – es la variante socialdemócrata que invariablemente se ha sumado a las políticas liberales de “izquierda” para mantener una economía subordinada al orden existente. En un vano intento los socialdemócratas han pretendido por décadas hacer que el capitalismo funcione “mejor” a través de mecanismos de regulación. Ahora nuevamente siguen esta antigua fórmula…y lo hacen justo cuando los liberales dejan atrás parte de sus postulados y apuntalan su alianza con el neofascismo contemporáneo. (12)

En el actual contexto histórico las coaliciones social-liberales están destinados a fracasar. De entrada, los partidos que practiquen estas políticas inevitablemente traicionarán las esperanzas de los pueblos que los encumbró al poder con la “democracia electoral”.

Mientras esta rutina se repite, el mundo está asistiendo al crecimiento de un socialismo genuino, articulado básicamente en la lucha extra-electoral y en las  grandes manifestaciones de masas que van más allá de los parámetros del sistema.

Los levantamientos populares en Estados Unidos – prácticamente desconocidos desde la Guerra Civil – expresan cabalmente el malestar general de la sociedad. Con la participación de la clase trabajadora, de la juventud blanca y en medio de la pandemia (y de una depresión económica concomitante) las demostraciones de protesta ya han cruzado la línea “del color”. (13).

Pero, aunque el movimiento por el socialismo, se haya instalado en en el «corazón bárbaro» del sistema – como resultado de fuerzas objetivas – el proyecto socialista carece aún de una base subjetiva adecuada. (14)

Un obstáculo importante en la formulación de los objetivos estratégicos del socialismo tiene que ver con el abandono de los ideales socialistas/comunistas de pensadores como Karl Marx.

Para comprender este problema, es necesario ir más allá de los recientes intentos de la izquierda por abordar el significado del comunismo sobre una base filosófica; una cuestión que ha llevado a tratamientos abstractos de la idea comunista en la última década por Alain Badiou y otros ( por ejemplo en La hipótesis comunista y El horizonte comunista). (15)

Más bien, es necesario un punto de partida histórico más concreto, que recupere la teoría de las “dos fases del desarrollo socialista / comunista” que expone Marx en la “Crítica del programa de Gotha” y Lenin en “El Estado y la Revolución”.

Un artículo de Paul M. Sweezy ya planteó esta necesidad teórica en  “El comunismo como ideal”, un trabajo publicado octubre de 1963 .(16)

El comunismo de Marx como ideal socialista

En la “Crítica del Programa de Gotha”– escrita en oposición al economicismo de la socialdemocracia alemana de Ferdinand Lasalle – Marx distinguió dos “fases” históricas en la lucha por crear una sociedad de productores asociados (comunismo).

La primera fase definida como «la dictadura revolucionaria del proletariado», tomaba en cuenta las enseñanzas de la traumática experiencia de la Comuna de París y daba forma a una democracia obrera, que todavía según Marx «tiene los defectos propios de la sociedad de clases capitalista”.

En esta fase inicial, expone el filósofo alemán, se debe producir una ruptura con la propiedad privada capitalista y una transformación de la estructura política del estado capitalista.(17) Como medida provisoria de la transición al socialismo, en esta etapa, la producción y la distribución toman inevitablemente la forma de “cada uno según su trabajo”. Esta imperativo económico hará perdurar durante un tiempo las condiciones de desigualdad del capitalismo.

Por el contrario, en la fase posterior, el principio que debe regir pasa “de cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad” eliminando, entre otras cosas, el sistema salarial tal como lo conocemos. (18)

Del mismo modo, mientras que la fase inicial del socialismo/ comunismo se requiere la formación de una nueva estructura estatal en la fase superior el objetivo será la extinción del estado, como aparato que está por encima y en relación antagónica con la sociedad.

En el comunismo el Estado habrá de ser reemplazado por una forma de organización política que Engels llamó “Comunidad”, porque esta forma política de gobierno debe estar asociada directamente con una modelo de producción de base comunitaria. (19)

Para Marx en la fase superior – junto con el control democrático y colectivo de la propiedad- las células constitutivas de la sociedad deben estar organizadas sobre una base comunal y el conjunto de la producción debe estar en manos de productores asociados libremente.

En el comunismo, afirma, el trabajo se habrá convertido no sólo en un «medio de vida» y la actividad productiva estará destinada a crear bienes que sean “valores de uso y no sólo valores de cambio”. Será una sociedad en la que “el libre desarrollo de cada uno será la condición para el libre desarrollo de todos”. (20)

La abolición de la sociedad capitalista y la creación de una sociedad de productores asociados habrá de conducir al fin de la explotación de clases, la eliminación de las divisiones entre trabajo intelectual y manual y entre la ciudad y el campo. Y deberá superar definitivamente la familia patriarcal que engendra la esclavitud de la mujer. (21)

Cuando Marx escribe sobre las condiciones materiales de la nueva sociedad está pensando en un nuevo metabolismo social de la humanidad y de la tierra“La libertad, en esta esfera, consiste en que el hombre socializado, los productores asociados, gobiernen el metabolismo humano con la naturaleza de manera racional actuando con el menor gasto de energía posible” (22).

En “El Estado y la Revolución”, Lenin – reafirmando los argumentos de Marx- describe la primera y segunda fase del comunismo como » una distinción científica entre dos fases del mismo proceso. Lo que Marx habitualmente llama socialismo es la primera fase de la sociedad comunista”.(23)

Pese que Lenin compartía el análisis de Marx, el ulterior marxismo oficial se volvió rígido y creó dos etapas completamente separadas, colocando la llamada etapa comunista tan apartada de la etapa socialista que está fase se convirtió en una lejana utopía.

Partiendo de una concepción rígida y del principio de reparto “según el trabajo de cada uno”, José Stalin llevó a cabo una guerra ideológica contra la idea de la igualdad sustantiva, definiéndola como un «absurdo reaccionario, pequeñoburgués, digno de una secta primitiva de ascetas, pero no de una sociedad socialista organizada”. Esta misma postura iba a persistir, de una forma u otra, hasta  la desaparición de la Unión Soviética con Mijaíl Gorbachov. (24)

Precisamente analizando el proceso de transición socialista /comunista en “El imperativo socialista” Michael Lebowitz  argumentó:

“En lugar de una lucha continua para ir más allá de lo que Marx llamó los “defectos heredados de la sociedad capitalista”, la interpretación estándar del marxismo oficial (desde finales de la década de 1930 hasta finales de la década de 1980) introdujo una división de la sociedad post-capitalista en dos ‘etapas’ distintas, determinadas económicamente por el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas.

Los cambios fundamentales en las relaciones sociales destacados por Marx como la esencia misma del camino socialista fueron abandonados  por un proceso de adaptación a los defectos heredados de la sociedad capitalista. Se olvido que Marx había reclamado un proyecto destinado a construir una comunidad de productores asociados desde el principio, como parte de un proceso continuo – aunque necesariamente desigual – de la construcción socialista”. (25)

El abandono del ideal socialista asociado con la fase superior del comunismo divulgado por Marx se envolvió en un complejo asunto sostenido por las cambiantes condiciones histórico del momento. Y, finalmente – una vez que el nuevo sistema dejó de ser revolucionario – la transición se empantanó. El resultado fue la formación de una nueva clase social (nomenclatura) que abandonó la idea del socialismo provocando la desaparición de las sociedades de tipo soviético.

Según Paul Sweezy, «la propiedad estatal y la planificación no son suficientes para definir un socialismo viable e inmune al retroceso, un socialismo que sea capaz de avanzar a la segunda etapa, hacia el comunismo necesitaba algo más: una lucha continua por crear una sociedad de iguales”.(26)

Para Marx, el movimiento hacia una sociedad de productores asociados era la esencia misma del camino socialista hacia la «sociedad comunista». (27) Pero, desde que el socialismo se estableció en términos más restrictivos la sociedad posrevolucionaria perdió la conexión vital con la lucha dual por la libertad y la necesidad , y por tanto se desconectó con los objetivos a largo plazo del socialismo, con su verdadero significado y su coherencia.

Es evidente que debemos tomar como base esta experiencia para construir el socialismo en el nuevo siglo. Esto significa atender con precisión aquellos aspectos del ideal socialista / comunista (con una teoría y una práctica suficientemente radical) como para abordar las necesidades urgentes del presente, sin perder de vista las necesidades del futuro.

Si algo nos ha enseñado la crisis ecológica planetaria es que se requiere un nuevo metabolismo social con la tierra, una sociedad de igualdad sustantiva y ecológicamente sostenible (28). (Algunos de los logros de la ecología cubana van precisamente en ese camino según Mauricio Betancourt)

Georg Lukács llamó a la lucha por la sostenibilidad ecológica y la igualdad sustantiva  una “necesaria doble transformación”; de las relaciones sociales entre nosotros y de las relaciones humanas con la naturaleza. (29).

Cualquier proyecto emancipatorio debe pasar necesariamente por varias fases revolucionarias, que no se pueden predecirse de antemano. Sin embargo, para tener éxito, una revolución debe buscar hacerse irreversible mediante la promoción de un sistema orgánico dirigido a satisfacer las necesidades humanas sin dejar lado lucha por la igualdad sustantiva y asegurando una efectiva regulación del metabolismo humano con la naturaleza.(30)

La libertad como necesidad

Al igual que pensaba Hegel, Federico Engels sostiene en el Anti-Dühring que la verdadera libertad está fundada en el reconocimiento de la necesidad. El cambio revolucionario es el punto en que la libertad y la necesidad se encuentran en la praxis concreta.

Aunque existe algo así como una necesidad ciega, una vez que se conocen las fuerzas objetivas que mueven la sociedad, la necesidad deja de ser ciega y ofrece el caminos para la acción revolucionaria y la libertad humana. La necesidad y la libertad se sostienen mutuamente en los períodos de cambio social. (31)

Para ilustrar este principio materialista dialéctico, Lenin escribió: “ No conocemos la necesidad de la naturaleza que produce por ejemplo los fenómenos meteorológicos. Pero aunque no conocemos esa necesidad, sabemos que existe. Lo que sí sabemos con certeza es que la relación humana con el clima y la naturaleza ha cambiado históricamente de acuerdo con las relaciones productivas que gobiernan nuestras acciones” (32).

Hoy en día, el conocimiento de la crisis climática antropogénica y de los fenómenos meteorológicos está sacando a los seres humanos del reino de la necesidad ciega y exigen que la población mundial participe conscientemente en una lucha por la libertad y la supervivencia humana, es decir contra un capitalismo que se ha tornado destructivo y catastrófico.

Al respecto – y en el contexto de una severa ruptura metabólica impuesta a Irlanda por el colonialismo británico en el siglo XIX – Marx escribió: “la crisis ecológica se presenta al pueblo de Irlanda como una cuestión de ruina o revolución«.(33)

En esta era del Antropoceno, la brecha ecológica resultante de la expansión de la economía capitalista está destruyendo el proceso natural de los ciclos biogeoquímicos en todo el mundo. El conocimiento de este proceso objetivo nos apremia a cambiar radicalmente la reproducción metabólica social de la humanidad y del planeta.

Visto en estos términos, la concepción de Marx de una “comunidad de productores asociados” no es una concepción utópica o un ideal abstracto, sino es una posición esencial para la defensa de la humanidad del presente y del futuro. Una sociedad de este tipo – comunista- es una necesidad ineludible para que la humanidad mantenga una relación sostenible con el planeta-tierra. (34)

Un sujeto que puede ser revolucionario

Pero, ¿dónde está el agente del cambio revolucionario para lograrlo? La respuesta es esta: Pienso que estamos asistiendo al surgimiento de las precondiciones materiales de lo que podríamos llamar un proletariado ambiental global.

Poco después de los llamados disturbios Plug Plot (y en el apogeo del Cartismo radical) Federico Engels retrató las condiciones del trabajo en fábricas, el deterioro ambiental, el estado de la vivienda, del suministro de agua, la falta de alimentación y de nutrición infantil. En “La situación de la clase trabajadora en Inglaterra”(1845) el compañero de Marx describió el entorno epidemiológico propio del capitalismo de la época. Engels lo llamó “asesinato social” porque el sistema fabril trajo consigo enfermedades contagiosas que provocaron una gran mortalidad entre la clase proletaria. (35)

Bajo la influencia directa de Engels (y también por sus propios estudios epidemiológicos) mientras escribía El Capital, Marx utilizó el término brecha metabólica para explicar la degradación del suelo y las “epidemias periódicas” inducidas por el desarrollo de la economía capitalista. (36)

Los análisis de Marx y Engels demostraron que la lucha de clases y los procesos revolucionarios son también consecuencia de las deterioradas condiciones ambientales en el que sobrevive la población trabajadora (esto aconteció en la revolución rusa y china y, sucede en los presentes levantamientos en el Sur Global).

Hoy, la persistencia de la epidemia de la COVID 19, nos hace pensar que es probable que se produzcan nuevas situaciones revolucionarias. La combinación de las crisis económicas y ecológicas pueden crear escenarios favorables para la transformación social, siempre y cuando los movimientos sociales trabajen para hacer posible un cambio radical.

En este sentido, visto desde un punto de vista global, la cuestión del proletariado ambiental se superpone y es parte de las rebeliones del campesinado ecológico y de los combates de los pueblos originarios.(37) En el actual período de lucha ecológico-epidemiológica y lo que llamamos proletariado ambiental puede llegar a ser una fuerza importante.

La terrible realidad impuesta por el imperialismo en la era del Antropoceno probablemente hará que la acción ecológica revolucionaria tenga un lugar destacado en el Sur Global. (38)

De hecho “la tríada ( Estados Unidos, Europa y Japón) hace decenios que está usufructuando de la biocapacidad del planeta en un rango superior en cuatro veces al promedio del resto de los países del mundo”. (Samir Amin en “Modern Imperialism, Monopoly Finance Capital, and Marx’s Law of Value “)

Dicho de otra manera , el nivel insostenible de consumo del Norte global sólo es viable porque una buena parte de la biocapacidad del Sur está siendo transferida mediante beneficios a los centros capitalistas de la tríada.

El desenlace de la permanente e irracional expansión capitalista puede llegar a tener un resultado catastrófico: la extinción de parte de los pueblos del Sur como resultado de la pobreza y de epidemias recurrentes. Sin embargo y mostrando la verdadera cara de los poderosos, en el centro del capitalismo mundial se desarrolla una hipócrita justificación, es una ideología eco-fascista que pretende dar legitimidad a una “solución final” a la “superpoblación”. (39)

Basta con mirar nuestra realidad . Los hechos están a la vista: la actual expansión del capitalismo está destruyendo el planeta y la humanidad.

Un nuevo sistema de reproducción metabólica social

Poco después de la Revolución Francesa, Immanuel Kant expuso el punto de vista liberal: “la igualdad de los hombres como sujetos coexiste con la desigualdad en las posesiones materiales… Por esto la igualdad de los hombres puede convivir sin dificultades con la desigualdad de derechos específicos”. (41)

Para los liberales la igualdad es un derecho meramente formal, ”existe solo en el papel” apostilló Engels. No sólo en lo que respecta “al contrato de trabajo entre capitalista y trabajador sino también en el contrato matrimonial”. (42) Para Marx la  sociedad capitalista estableció el «derecho a la desigualdad, que es el único derecho efectivo para los proletarios». (43)

Para Mészáros, la lucha por una una democracia y un igualdad sustantiva es la lucha por una sociedad de iguales. (40) Este enfoque no sólo enfrenta al capital en su “corazón bárbaro”, sino que también se opone a cualquier intento inútil de detenerse a mitad de camino en la transición al socialismo/comunismo.

La igualdad sustantiva, es un aspecto incuestionable de la noción del comunismo de Marx, Esta concepción requiere un cambio en las células constitutivas de la sociedad: la nueva organización social que no puede estar fundada por el capital y reforzada por un estado jerárquico, al contrario debe sustentarse en la organización de productores asociados libres y en un estado comunal.

Un proceso revolucionario de construcción socialista – entendido como un nuevo sistema de reproducción social – no puede tener éxito sin un “principio orientador” como parte de una estrategia a largo plazo. La planificación socialista y una genuina democracia sólo serán una verdad tangible con la constitución de un poder real en la base misma de la sociedad. Sólo así las revoluciones se vuelven irreversibles.

Al reconocer explícitamente la necesidad de un socialismo para el siglo XXI la Revolución Venezolana y Hugo Chávez dio un importante paso y se convirtió inmediatamente en una amenaza al orden imperante.

Para Chávez el socialismo del siglo XXI (44) suponía una lucha continua por la igualdad sustantiva y era necesario abolir todas las desigualdades y opresiones (de color, de género, etc) de la sociedad capitalista.

Paul Sweezy subrayó algunos aspectos que deben caracterizar la nueva formación social de los iguales.

“Surgirán necesariamente nuevas formas de trabajo en una nueva sociedad que use la productividad humana de manera más racional. Muchas categorías serán eliminadas por completo (la minería del carbón y el servicio doméstico, por ejemplo) y, en la medida de lo posible, todos los trabajos deben volverse interesantes y creativos.

La reducción del enorme desperdicio y destrucción inherente a la producción y al consumo capitalista deberían abrir  un espacio para el empleo del tiempo disponible en forma más creativa”.

En una sociedad de iguales, en la que todos están en la misma relación con los medios de producción y tengan la misma obligación de trabajar y servir al bienestar común, todas las «necesidades» que enfatizan la superioridad de unos pocos (e implican la sumisión de los demás) simplemente desaparecerán y serán reemplazados por las necesidades de seres humanos liberados, que viven juntos en el respeto mutuo y la cooperación …

La sociedad y los seres humanos que la componen constituyen un todo dialéctico: ninguno puede cambiar sin cambiar al otro. Y el comunismo como ideal comprende una nueva sociedad y un nuevo ser humano”. (45)

Más que un ideal, el comunismo es un principio organizador en el que la igualdad y la democracia sustantiva son lo más importante en el socialismo / comunismo.

Distopía capitalista

Pese a las novelas distópicas, es imposible imaginar el nivel de catástrofe ambiental que enfrentarán los pueblos del mundo si no se detiene la destrucción del metabolismo social y de la tierra por parte del capitalismo.

Según la Academia Nacional de Ciencias de EEUU, “las tendencias existentes proyectan que unos 3.500 millones de personas vivirán en medio de un calor insoportable en condiciones sólo comparables a las del desierto del Sahara para el año 2070 ” (46).

Estas proyecciones se han quedado chicas y no logran captar el enorme nivel de destrucción que caerá sobre la mayoría de la humanidad bajo las prácticas sociales propios del capitalismo. La única respuesta será dejar esa “casa en llamas» y empezar a construir otra, desde ahora. (47)

En nuestro siglo el movimiento socialista no sólo es esencial para crear un un futuro mejor, también es una actividad imprescindible para una defensa activa de la población mundial que está enfrentada a la cuestión de la supervivencia.

Internacional de Trabajadores y Pueblos

Hoy, un número incalculable de gente está involucrada en el combate contra el gigante capitalista en el ámbito local y nacional. Sin embargo, una vez más, estas luchas dependen de una coordinación a nivel global. Por tanto para avanzar es necesario crear de una nueva organización internacional de los trabajadores y de los pueblos. (48).

La Internacional para el siglo XXI no puede consistir simplemente en un grupo de intelectuales comprometidos en debates como las del Foro Social Mundial o, en la promoción de tímidas reformas regulatorias como lo hace la Internacional Socialdemócrata o la recientemente creada Internacional Progresista.

Más bien, debe constituirse una organización de los trabajadores y de los pueblos – fundada desde el principio en una fuerte alianza Sur-Sur- para colocar la lucha contra el imperialismo en el centro de la rebelión contra el capitalismo, tal como la consideraron figuras como Chávez y Samir Amin.

En 2011, justo antes de su enfermedad y fallecimiento, Hugo Chávez preparaba el lanzamiento de lo que llamó Nueva Internacional (no una Quinta Internacional.) Su propósito era extender la Alianza Bolivariana a nivel mundial.(49)

Mientras tanto Samir Amin, desde el Foro Mundial de Alternativas había contemplado la organización de una Quinta Internacional, pero en julio de 2018 (sólo un mes antes de su muerte) transformó este proyecto en el llamamiento a crear una Internacional de los Trabajadores y los Pueblos. Al hacer esto Amin reconocía explícitamente que una Internacional puramente obrera resulta hoy insuficiente para enfrentar al imperialismo. (50)

La Internacional pensada por Samir Amin deberá construir de una alianza de los pueblos del mundo que incluya no sólo de los “representantes del proletariado industrial” sino (y de manera muy amplia) al precariado, a los asalariados de los servicios, a los campesinos, y a todos los sectores sociales oprimidos por el capitalismo moderno. Además, deberá ser una organización (no sólo un movimiento) fundado en el respeto a la diversidad, garantizando la independencia real de partidos, sindicatos y organizaciones populares.

La creación de una Nueva Internacional, por supuesto, no puede emerger en medio del vacío, sino que debe articularse dentro y como producto de organizaciones de base, en conjunto con los movimientos anticapitalistas y antipatriarcales.

En opinión de Samir Amin, los elementos cruciales para la lucha antiimperialista son  los movimientos de base, los países y partidos que se propongan la desvinculación con el sistema capitalista global y la alianza entre países víctimas de la explotación neocolonial. Hoy estas fuerzas deben unirse al creciente movimiento ecológico global. La lucha universal contra el capitalismo y el imperialismo, insistió, debe caracterizarse por la audacia para romper las coordenadas en los puntos débiles del sistema

Para Amin el mundo seguirá gobernado por un sistema caótico que destruirán el planeta sino no somos capaces de construir un proyecto de transformación revolucionaria de la sociedad . (51)

Vivimos , hoy, una época de coincidencia de la lucha por la libertad y la necesidad. La elección que tenemos ante nosotros es inevitable: ruina o revolución.

*Este artículo es una versión revisada de una video-charla presentada el 12 de julio de 2020 en la sesión de clausura del Séptimo Foro Sur-Sur sobre Sostenibilidad, Cambio Climático, Crisis Globales y Regeneración Comunitaria. La Conferencia fue organizada por la Universidad Lingnan de Hong Kong.

Notas

Karl Marx, Capital , vol. 1 (Londres: Penguin, 1976), 799. El capitalismo de catástrofe en este sentido es distinto del capitalismo de desastre de Naomi Klein . Naomi Klein, The Shock Doctrine: The Rise of Disaster Capitalism(Nueva York: Henry Holt, 2007). La noción de Klein se centra en cómo el neoliberalismo como proyecto político-económico del capital ha buscado explotar sistemáticamente desastres de todo tipo, muchos de ellos producidos por el propio capital, para imponer como solución una “doctrina de choque”, diseñada para incrementar aún más el poder del capital. La noción de capitalismo de catástrofe empleada aquí se refiere más bien al crecimiento acumulativo del potencial de catástrofe como una característica inherente de un modo de producción que coloca la acumulación de capital antes que todos los demás fines sociales (y ecológicos), con el resultado de que la tendencia a la catástrofe se universaliza. Véase John Bellamy Foster, «El capitalismo y la acumulación de catástrofes «, Monthly Review 63, no. 7 (Diciembre de 2011): 1–17.

Para descripciones concretas de estas catástrofes inminentes convergentes, consulte John Bellamy Foster y Robert W. McChesney, The Endless Crisis (Nueva York: Monthly Review Press, 2012); John Bellamy Foster y Brett Clark, The Robbery of Nature (Nueva York: Monthly Review Press, 2020): 238–87; John Bellamy Foster e Intan Suwandi, “ COVID-19 y el capitalismo catastrófico ”, Monthly Review 72, no. 2 (junio de 2020): 1–20; y Mike Davis, The Monster Enters (Nueva York: OR, 2020).

Samir Amin, Empire of Chaos (Nueva York: Monthly Review Press, 1992).

Véase Ian Angus, Facing the Anthropocene (Nueva York: Monthly Review Press, 2016), 25: James Hansen, Storms of My Grandchildren (Nueva York: Bloomsbury, 2009). Incluso esforzarse por lograr cero emisiones netas para 2050, aunque se incorporó a los Acuerdos de París, no es suficiente y se basa en suposiciones poco realistas sobre tecnologías que hoy no existen a gran escala y que quizás nunca sean factibles. La realidad es que el presupuesto de carbono determinado por las posibles emisiones restantes (si bien tiene un 67 por ciento de posibilidades de mantener la temperatura media global por debajo de 1,5 ° C) se agotará en condiciones normales en tan solo ocho años. Véase Greta Thunberg, Discurso en el Foro de Economía Mundial , Davos, 21 de enero de 2020.

Johan Rockström et al., “Un espacio operativo seguro para la humanidad”, Nature 461, no. 24 (2009): 472–75; William Steffen et al., «Límites planetarios», Science 347, no. 6223 (2015): 745–46; Michael Friedman, “ OGM: la distorsión de los procesos biológicos por parte del capitalismo ”, Monthly Review 66, no. 10 (marzo de 2015): 19–34.

István Mészáros, Beyond Capital (Nueva York: Monthly Review Press, 1995), 39–71.

Karl Marx, Capital , vol. 3 (Londres: Penguin, 1981), 362.

Véase John Bellamy Foster, Trump in the White House (Nueva York: Monthly Review Press, 2017).

Fue Engels quien argumentó por primera vez en un artículo de 1885 para Commonweal editado por William Morris (un análisis que luego se incorporó al prefacio de la edición en inglés de 1892 de The Condition of the Working Class in England ) que el desarrollo de una política socialista El movimiento obrero fue posible en Gran Bretaña por primera vez a mediados de la década de 1880 por el declive de la aristocracia del trabajo (formada principalmente por hombres adultos y excluyendo a mujeres, niños y grupos de inmigrantes) provocada por la decadencia de la hegemonía imperial británica. Karl Marx y Frederick Engels, Obras completas, vol 26 (Nueva York: International Publishers, 1975), 295-301. El famoso análisis de Lenin sobre la aristocracia obrera se basó en este tratamiento de Engels. Véase también Martin Nicolaus, “ La teoría de la aristocracia laboral ”, Monthly Review 21, no. 11 (Abril de 1970): 91–101; Eric Hobsbawm, “ Lenin y la ‘aristocracia del trabajo ‘”, Monthly Review 21, no. 11 (Abril de 1970): 47–56.

Anne Case y Angus Deaton, Deaths of Despair and the Future of Capitalism (Princeton: Princeton University Press, 2020).

Michael D. Yates, “ La gran desigualdad ”, Revista mensual 63, no. 10 (marzo de 2012): 1–18.

En su El Manifiesto Socialista , Bhaskar Sunkara ofrece una imagen de Marx, divorciada de la Crítica del Programa de Gotha , según la cual Marx y Engels vislumbraron un futuro en El Manifiesto Comunista y en otros lugares en los que “un estado democrático radicalmente transformado que antes era privado propiedad y la usó racionalmente bajo la dirección y en beneficio de la gente «. Más que un intento de una descripción precisa de los puntos de vista de Marx, tal análisis está destinado simplemente a apuntalar su propia versión de la «socialdemocracia de lucha de clases». Bhaskar Sunkara, The Socialist Manifesto (Nueva York: Basic, 2019), 48, 216-17.

Consulte “Notas de los editores ”, Revista mensual 72, no. 3 (julio-agosto de 2020).

Curtis White, El corazón bárbaro (Sausalito: PoliPoint, 2009).

Alain Badiou, “La hipótesis comunista”, New Left Review 49 (2008): 29–42; Alain Badiou, «La idea del comunismo», en La idea del comunismo , ed. Costas Douzinas y Slavoj Žižek (Londres: Verso, 2010): 1–14; Alain Badiou, The Communist Hypothesis (Londres: Verso, 2015); Jodi Dean, The Communist Horizon (Londres: Verso, 2018).

Paul M. Sweezy, “El comunismo como ideal ”, Revista mensual 15, no. 6 (Octubre de 1963): 329–40.

Karl Marx, Critique of the Gotha Program (Nueva York: International Publishers, 1938), 9-10, 18. Marx utilizó aquí la terminología de «la primera fase de la sociedad comunista» y «la fase superior de la sociedad comunista». Esta edición de la Crítica del programa de Gotha incluye correspondencia y notas sobre el tema de Marx, Engels y Lenin, y pasajes de El estado y la revolución de Lenin . Sobre la Comuna de París, véase Karl Marx y Friedrich Engels, Writings on the Paris Commune , ed. Hal Draper (Nueva York: Monthly Review Press, 1971); Badiou, La hipótesis comunista , 127–71.

Marx, Crítica del programa de Gotha , 6–10, 14; Karl Marx, “Value, Price, and Profit”, en Wage Labor and Capital / Value, Price and Profit (Nueva York: International Publishers, 1935), 62.

Marx, Crítica del programa de Gotha , 10, 17 (Marx), 31 (Engels), 47-56 (Lenin); Marx y Engels, Obras completas , vol. 25, 247, 267–68. Para conocer el significado duradero del concepto de la extinción del estado, véase Mészáros, Beyond Capital , 460–95; Henri Lefebvre, The Explosion (Nueva York: Monthly Review Press, 1969), 127-28.

Marx, Crítica del programa de Gotha , 10; Sweezy, «El comunismo como ideal», 337-38.

Karl Marx y Frederick Engels, The Communist Manifesto (Nueva York: Monthly Review Press, 1964), 34–35, 41.

Marx, Capital , vol. 3, 959.

I. Lenin, Obras seleccionadas: Edición de un volumen (Nueva York: International Publishers, 1976), 334.

Isaac Deutscher, Stalin: A Political Biography (Oxford: Oxford University Press, 1967), 338; Sweezy, en Paul M. Sweezy y Charles Bettelheim, On the Transition to Socialism (Nueva York: Monthly Review Press, 1971), 127.

Michael Lebowitz, The Socialist Imperative (Nueva York: Monthly Review Press, 2015). 71; Karl Marx, Grundrisse (Londres: Penguin, 1973), 171–72. Véase también Peter Hudis, Marx’s Concept of the Alternative to Capitalism (Boston: Brill, 2012), 190.

Sweezy, en Sweezy y Bettelheim, On the Transition to Socialism , 131.

Marx y Engels, Obras completas , vol. 5, 52.

Mauricio Betancourt, “El efecto de la agroecología cubana en la mitigación de la brecha metabólica: un enfoque cuantitativo de la producción de alimentos en América Latina”, Global Environmental Change 63 (2020): 1–9.

Georg Lukács, La ontología del ser social , vol. 2, Principios ontológicos básicos de Marx (Londres: Merlin, 1978), 6.

Sobre la cuestión de una revolución irreversible, ver Mészáros, Beyond Capital , 758–68; István Mészáros, The Challenge and Burden of Historical Time (Nueva York: Monthly Review Press, 2020), 251–53; John Bellamy Foster, “ Chávez y el estado comunal ”, Revista mensual 66, no. 11 (abril de 2015): 9, 11, 16.

Marx y Engels, Obras completas , vol. 25, 105, 460–62. GWF Hegel, Hegel’s Logic (Oxford: Oxford University Press, 1975), 207-20; John Bellamy Foster, The Return of Nature (Nueva York: Monthly Review Press, 2020), 16, 20.

I. Lenin, Materialism and Empírico-Criticism (Moscú: Progress Publishers, 1964), 174.

Karl Marx y Frederick Engels, Irlanda y la cuestión irlandesa (Moscú: Progress Publishers, 1971), 142; Foster y Clark, The Robbery of Nature , págs. 76–77.

Tamás Krausz, Reconstructing Lenin (Nueva York: Monthly Review Press, 2015), 184.

Frederick Engels, La situación de la clase trabajadora en Inglaterra , en Marx y Engels, Obras completas , vol. 4, 394. Véase el análisis de la obra de Engels en Foster, The Return of Nature , 177–97; Howard Waitzkin, The Second Sickness (Nueva York: Free Press, 1983), 70; Ted Allan y Sydney Gordon, The Scalpel, the Sword: The Story of Doctor Norman Bethune (Nueva York: Monthly Review Press, 1952), 250.

Marx, Capital , vol. 1, 348–49. Sobre el análisis epidemiológico de Marx, véase Foster, The Return of Nature , 197-204.

Sobre la concepción del proletariado ambiental y el Sur Global, véase John Bellamy Foster, Brett Clark y Richard York, The Ecological Rift (Nueva York: Monthly Review Press, 2010), 439–41.

John Bellamy Foster, Hannah Holleman y Brett Clark, “El imperialismo en el antropoceno ”, Monthly Review 71, no. 3 (julio-agosto de 2019): 70–88.

Samir Amin, Modern Imperialism, Monopoly Finance Capital, and Marx’s Law of Value (Nueva York: Monthly Review Press, 2018), 100–101.

István Mészáros entrevistado por Leonardo Cazes, “ La crítica del Estado: una perspectiva del siglo XXI ”, Revista Mensual 67, no. 4 (Septiembre de 2015): 32–37; Mészáros, Beyond Capital , 187–224. El concepto de igualdad sustantiva en oposición a la igualdad formal, por supuesto, es paralelo a la famosa distinción de Max Weber entre racionalidad sustantiva y formal. Véase Max Weber, Economy and Society , vol. 1 (Berkeley: University of California Press, 1978), 85–86.

Immanuel Kant, The Philosophy of Kant: Moral and Political Writings (Nueva York: Random House, 1949), 417–18; Mészáros, Beyond Capital , 193.

Frederick Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (Moscú: Progress Publishers, 1977), 72–73.

Marx, Crítica del programa de Gotha , 9.

Véase Lebowitz, The Socialist Imperative , 111–33.

Sweezy, “El comunismo como ideal”, 338–39.

Chi Xu et al., “El futuro del nicho climático humano”, Actas de la Academia Nacional de Ciencias 177, no. 21 (2020): 11350–55; Ian Angus, “ 5 mil millones de personas pueden enfrentar un calor ‘no habitable’ en 50 años ”, Climate & Capitalism , 9 de mayo de 2020.

Michael Lebowitz, Build It Now (Nueva York: Monthly Review Press, 2006). Sobre cómo la visión de Marx del comunismo como ideal socialista era esencialmente un modelo de desarrollo humano sostenible, véase Paul Burkett, “ La visión de Marx del desarrollo humano sostenible ”, Monthly Review 57, no. 5 (Octubre de 2005): 34–62. Sobre la escala del cambio inicialmente, ver Andreas Malm, “Socialismo o barbacoa, comunismo de guerra o geoingeniería: algunos pensamientos sobre las opciones en tiempos de emergencia”, en The Politics of Ecosocialism , ed. Kajsa Borgnäs y col. (Londres: Routledge, 2015): 180–94. Para obtener una noción completa de la creación de una civilización ecológica, consulte Fred Magdoff y Chris Williams, Creating an Ecological Society (Nueva York: Monthly Review Press, 2017).

Sobre la Primera Internacional, véase Karl Marx, Sobre la Primera Internacional , ed. Saul Padover (Nueva York: McGraw Hill, 1973); George C. Comninel, Marcelo Musto y Victor Wallis, eds., The International After 150 Years (Nueva York: Routledge, 2015).

Estos comentarios sobre los planes de Chávez se basan en conversaciones con Mészáros, luego de una reunión de 2011 con el gobierno en Caracas, a la que ambos asistimos. Véase también István Mészáros, The Necessity of Social Control (Nueva York: Monthly Review Press, 2015), 199–217.

Samir Amin, “Los movimientos audaces tienen que comenzar ” , Frontline , 25 de mayo de 2018; Samir Amin, » Es imperativo reconstruir la internacional de trabajadores y pueblos «, International Development Economics Associates , 3 de julio de 2018.

Samir Amin y Firoze Manji, “ Hacia la formación de una alianza transnacional de pueblos trabajadores y oprimidos ”, Revista mensual 71, no. 3 (julio-agosto de 2019): 120–26.

Véase Vijay Prashad, The Darker Nations: A People’s History of the Third World (Nueva York: New Press, 2008); Samir Amin, The Long Revolution of the Global South (Nueva York: Monthly Review Press, 2019). 2020 , Volumen 72, Número 04 (Septiembre de 2020)

Fuente: https://observatoriocrisis.com/2020/09/13/bellamy-foster-la-renovacion-del-ideal-socialista/

 

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Fundamentos filosóficos del racismo

Por: Leonardo Díaz

En palabras, de Taguieff, “el racismo depende de los contextos, más que de las disposiciones de ciertos actores”. Nos habla de “racismos”, los cuales se expresan de diferentes modos en distintas circunstancias:

Cuando mis lectores se encuentren en contacto con estas líneas, habré concluido mi participación en un coloquio virtual sobre los fundamentos filosóficos del racismo, junto al Dr. Roque Santos, colega a quien agradezco haberme proporcionado un artículo clásico sobre el problema: “El racismo”, del filósofo francés, Pierre André Taguieff.

En el referido escrito, Taguieff nos estimula a reformular la idea clásica del racismo como ideología biologicista, distinguiendo dos clases de nuevo racismo: el universalista, fundamentado en la negación de la identidad; y el diferencialista, fundamentado en la negación de la humanidad. El primero desconoce las especificidades propias de los distintos grupos humanos, rechaza la diversidad. El segundo fetichiza las especificidades fenotípicas o culturales de los colectivos, negándoles las raíces y atributos comunes que los vinculan como integrantes de la especie humana.

Usualmente, reducimos el racismo a expresiones políticas como el colonialismo y el nazismo. Taguieff entiende que esta actitud simplifica el problema y obscurece la comprensión del racismo como representación simbólica vedada e incorporada a las prácticas humanas, de aparente difuminación en el espacio público.

La propuesta de reformulación de Taguieff implica no analizar el racismo desde un enfoque esencialista, sino, situacional. En otras palabras, en vez de mirar las actitudes racistas como típicas de individuos con una naturaleza injusta o maligna -lo que nos llevaría a creer que su marginación o penalización resuelve el problema- debemos comprender de modo integral las variables sociales y culturales que posibilitan las prácticas racistas a fin de transformar estas acciones desde la transmutación de esas variables.

En palabras, de Taguieff, “el racismo depende de los contextos, más que de las disposiciones de ciertos actores”. Nos habla de “racismos”, los cuales se expresan de diferentes modos en distintas circunstancias:

  1. Como actitud, o como prejuicio que estigmatiza.
  2. Como práctica social, desde la discriminación a la persecusión.
  3. Como dinámica institucional, o normativización estructural excluyente.
  4. Como discurso ideológico, o cosmovisión del mundo.

Por consiguiente, debemos analizar procesos complejos donde interactúan entre sí estas modalidades, así como ellas con los factores determinantes de carácter económico, social y político.

Y sobre todo, recordar la advertencia de Taguieff de que el problema de los racismos no se soluciona con una cacería de individuos, ni con esa actitud tan mojigata de nuestros días de comprometerse con un discurso políticamente correcto. Esto solo arroja un velo sobre el problema y su solución, obstaculizando una batalla cuyo escenario fundamental no es psicologico, ni moral, ni legal; sino político.

Fuente: https://acento.com.do/opinion/fundamentos-filosoficos-del-racismo-8861799.html

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Libro: Arte y ecología política

Arte y ecología política

Gabriela Merlinsky y Paula Serafini
(Editoras)

Gabriela Merlinsky
Paula Serafini
Silvana Buján
Eduardo Molinari
Azul Blaseotto
Aurelio Kopainig
Julia Mensch
Pablo D’Alo Abba
Abelardo Cabrera
Juan Pablo Lepore
Yasmín Dávalos
Felipe Gutiérrez Ríos
Iconoclasistas
Julián Pellegrini
Anahí Méndez
Gabriela Massuh
Florencia Tola

 

Merlinsky, Gabriela
Arte y Ecología Política / Gabriela Merlinsky ; Paula Serafini ;
compilado por Gabriela Merlinsky ; Paula Serafini. – 1a ed . – Ciudad
Autónoma de Buenos Aires : Universidad de Buenos Aires. Instituto de
Investigaciones Gino Germani – UBA, 2020.
Libro digital, PDF
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-950-29-1858-7
I. Serafini, Paula. II. Título.

CDD 307.1412

«La ecología política combina la economía política, la historia ambiental y diferentes enfoques de las ciencias sociales para dar cuenta de
relaciones de poder que caracterizan los conflictos ambientales y que
dan forma al surgimiento de diferentes demandas sociales y acciones
colectivas.» (Gabriela Merlinsky y Paula Serafini; 2020. p.12 )

Descarga el libro completo en el siguiente enlace: http://biblioteca.clacso.edu.ar/Argentina/iigg-uba/20200827030621/Arte-ecologia-politica.pdf

 

Fuente de la Información: CLACSO – Novedad Editorial – Instituto de Investigaciones Gino Germani (UBA)

 

 

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