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Lo vernáculo y lo utópico

Por: Boaventura De Sousa Santos

 

Consultar cualquier diccionario moderno de lenguaje escrito nos lleva a concluir que lo vernáculo y lo utópico son conceptos opuestos. Mientras que lo vernáculo (del latín, vernaculus,) significa que es propio de un lugar o una región, lo utópico (de Utopía, título del famoso libro de Thomas More [1516]) significa lo que caracterizaría a un gobierno imaginario en ningún lugar específico.

En sentido figurado, mientras que lo vernáculo es lo correcto, puro, de la tierra; lo utópico es lo fantasioso, imaginario, quimérico. En este texto, trato de demostrar que, contrariamente a esta aparente contradicción y al consenso de los diccionarios al respecto, hay más complicidad entre los dos términos de lo que se puede imaginar, y La utopía paralela | La Virreina Centre de la Imatgeque estas complicidades se han hecho más visibles en los últimos tiempos.

El título de este texto se inspiró en la obra de uno de los teóricos marxistas más notables y olvidados del siglo pasado, Teodor Shanin, quien llevó a cabo trabajos pioneros para rescatar la riqueza, diversidad y carácter dinámico del pensamiento de Karl Marx (contra todas las ortodoxias, marxistas y no marxistas).

Shanin se dedicó, en particular, a mostrar la importancia de la obra inédita de Marx después de la publicación del primer volumen de Das Kapital en 1867 (la última obra importante que publicó en vida) hasta su muerte en 1883, titulado “Marx tardío”, nada más y nada menos que 30.000 páginas de notas.

Hasta la publicación de El Capital, y a pesar de haber leído más que ningún otro teórico europeo contemporáneo sobre la historia de las sociedades no europeas, es decir, las asiáticas, Marx las analizó desde una perspectiva eurocéntrica, evolutiva, centrada en la idea de que tales sociedades representaban etapas anteriores y desesperadamente anticuadas de las sociedades capitalistas desarrolladas de Europa. Incluso en el caso de éstas, la única que analizó con impresionante detalle y lucidez fue Inglaterra, la economía capitalista más desarrollada de su tiempo.

Atento a los movimientos revolucionarios que surgían en el centro de Europa y que no eran compatibles con el modelo de revolución proletaria que había teorizado, Marx comenzó a darles una atención privilegiada en lugar de ignorarlos o encuadrarlos por la fuerza en su teoría.

Carlos Marx y la lucha anticolonial | Revista CrisisSi esto es cierto en el caso de la Comuna de París de 1871, lo es aún más en el caso del movimiento populista revolucionario ruso de base campesina, muy fuerte en las décadas de 1870 y 1880. Para comprender lo que estaba sucediendo en Rusia, Marx comenzó a estudiar ruso de forma obsesiva (como si se tratara de «una cuestión de vida o muerte», como se quejaba su mujer en una carta a Engels, fiel compañero y colaborador de Marx).

Desde entonces hasta su muerte, la heterogeneidad de las historias y transformaciones sociales se convirtió en un hecho central en las reflexiones de Marx. Las consecuencias teóricas fueran inmediatas: no existen leyes monolíticas de desarrollo social; no hay una, pero sí varias vías para llegar al socialismo, y los análisis de El Capital sólo son totalmente válidos para el caso de Inglaterra; el campesino, lejos de ser un obstáculo o un residuo histórico, puede, en determinadas circunstancias, ser un sujeto revolucionario.

Todo esto sonaba extraño, teóricamente impuro y “poco marxista» a los ojos de la mayoría de los marxistas de finales del siglo XIX. Esta evolución del pensamiento de Marx llegó a ser considerada un signo de debilidad mental asociada con la vejez, y una de las cuatro versiones de la carta de Marx a una populista rusa, Vera Zazulich, fue censurada por marxistas rusos y sólo fue publicada en… 1924. Curiosamente, las mismas críticas de impureza teórica fueron dirigidas a Lenin por sus camaradas después de 1905-7.Preguntas frecuentes sobre el marxismo

¿Cuáles eran después de todo los pecados de Marx? Eran dos. Por un lado, habiendo valorado contextos y experiencias locales, vernáculas, a pesar de que se desvían de estándares supuestamente universales. Por otro lado, atribuir valor positivo e incluso utópico a lo antiguo, aparentemente residual (la comuna campesina rusa basada en la propiedad comunitaria y la democracia de base, aunque siempre bajo la vigilancia del estado despótico zarista) y desafiaba, con su voluntarismo y moralismo, las leyes objetivas (y no morales) de la evolución social que él mismo había descubierto.

Todo esto parece historia de un pasado lejano y sin relevancia para nuestro presente y futuro, pero de hecho no lo es. Este tipo de debate, sobre la necesidad de buscar en las tradiciones las energías y pistas para mejorar el futuro y, en general, sobre las dificultades de la teoría pura, sea la que sea, para dar cuenta de la realidad siempre rebelde y siempre en movimiento, ha acompañado todo el siglo pasado, y creo que nos acompañará en el siglo actual.

El movimiento obrero – Causas – Orígenes – Ideologías revolucionarias - DAVID STREAMSPor ejemplo, mencionaría dos contextos muy diferentes en los que el debate estuvo presente (si es que no lo sigue estando). Dejo de lado el hecho de que ninguno de los procesos revolucionarios que se estabilizaron en el siglo pasado fueron dirigidos por la clase obrera en los términos precisos previstos por la teoría marxista, desde las revoluciones rusas de 1905 y 1917 hasta la revolución mexicana de 1910, desde las revoluciones chinas de 1910, 1927-37 y 1949 hasta la revolución vietnamita de 1945 y la revolución cubana de 1959.

En todos ellos, el protagonista era el pueblo trabajador oprimido en el campo y en la ciudad, y en algunos de ellos los campesinos jugaron un papel decisivo.

El primer contexto fue la descolonización en el subcontinente asiático (especialmente en la India) y en África. En todos los procesos de independencia, el dilema entre dificultades u oportunidades estaba presente, el hecho de que las realidades locales estaban tan alejadas de las realidades europeas estudiadas por Marx que solo con muchas adaptaciones podrían imaginarse revoluciones nacionalistas de vocación socialista en versión marxista.

En el caso de India, el debate se calentó dentro de las fuerzas nacionalistas: por un lado, la posición de Nehru, que asociaba el socialismo con la modernización en India, en términos cercanos a los de la modernización europea; por el otro, Gandhi, para quien la riqueza de la cultura india y las experiencias comunitarias ofrecían la mejor garantía de una liberación real.When Jawaharlal Nehru was charged with sedition, not once but twice

En 1947 prevaleció la posición de Nehru, pero la tradición gandhiana se ha mantenido viva y activa hasta el día de hoy. En África, el lapso va desde 1957 (la independencia de Ghana) hasta 1975 (la independencia de las colonias portuguesas). Bajo pena de cometer alguna omisión, creo que los cuatro líderes más notables en la lucha de liberación anticolonial fueron Kwame Nkrumah (Ghana), Julius Nyerere (Tanzania), Leopold Senghor (Senegal) y Amílcar Cabral (Guinea-Bissau).

Todos ellos vivieron intensamente en el debate sobre el valor del vernáculo africano y todos ellos buscaron, incluso de manera diferente, neutralizar el eurocentrismo de Marx e imaginar futuros para sus países que valorizasen la cultura, las tradiciones y las formas de vida africanas.

Cada uno a su manera contribuyó a la idea del socialismo africano que reclamaba la diversidad de los caminos hacia el desarrollo en los que el humanismo africano tomaba el lugar del progreso unilineal y a toda costa, y en el que las experiencias ancestrales de la vida comunitaria tenían más prioridad que la lucha de clases. En todos ellos estaba presente la posibilidad de que lo vernáculo local y ancestral se convirtiera en la idea movilizadora de una utopía de liberación.

Obviamente, como en el difunto Marx, que ninguno de ellos conocía, lo vernáculo tendría que ser adaptado para dar rienda suelta a su potencial utópico.

Cuando, en 1975, las entonces colonias portuguesas ascendieron a la independencia, las condiciones del debate habían cambiado profundamente debido al contexto externo y también al conocimiento de la evolución de las experiencias anteriores de independencia en el continente. Aun así, la tensión entre lo vernáculo y lo utópico se manifestó de múltiples maneras.

Today in history: Mozambique achieves independence in 1975Por poner sólo un ejemplo, en Mozambique, el partido Frelimo (1) comenzó adoptando una posición hostil hacia todo lo que era tradicional porque veía en él un pasado irreparablemente adulterado por la violencia colonial. Por lo tanto, fue hostil a la continuidad de las autoridades tradicionales que administraban justicia informalmente, por parte de miembros de la comunidad y utilizando los sistemas de justicias africanos.

Sin embargo, el desmantelamiento de este sistema de autoridades comunitarias provocó tal perturbación en las formas de convivencia pacífica en las comunidades, donde la justicia oficial no llegó para nada, que el gobierno revirtió y legitimó, ya en 2000, a estas autoridades, que hoy operan en paralelo a los juzgados comunitarios. De manera similar, en Guinea-Bissau y Cabo Verde, los tribunales de tabanca persistieron con el nombre tribunales de zona.

El segundo contexto, muy diferente y mucho más reciente, tuvo lugar en México con el levantamiento zapatista en Chiapas en 1994, y en Bolivia y Ecuador, con los procesos constituyentes que siguieron a las victorias en las elecciones presidenciales de Evo Morales (2006) y Rafael Correa (2007).

La experiencia zapatista representa una de las combinaciones más complejas entre lo vernáculo y lo utópico, combinando a día de hoy los ideales de liberación social y política con la valorización de la cultura y las experiencias comunitarias de los pueblos indígenas del sur de México. Una comprensión contrahegemónica de los ideales de derechos humanos se articula con una afirmación radical de autogobierno e innovación constante de lo propio y lo ancestral.

A su vez, las dos experiencias democráticas en Bolivia y Ecuador ocurrieron después de décadas de movilización de los pueblos indígenas, de modo que las cosmovisiones ancestrales indígenas imprimieron de forma decisiva su marca en las Constituciones de Ecuador (2008) y Bolivia (2009).

La idea del desarrollo fue sustituida por la idea del buen vivir, la concepción de la naturaleza como recurso natural fue sustituida por la concepción de la naturaleza como Pachamama, la madre-tierra que debe ser cuidada y cuyos derechos están específicamente consagrados en el Artículo 71 de la Constitución Ecuatoriana.

La articulación entre lo vernáculo y lo utópico, entre el pasado y el futuro, reunió el entusiasmo de los movimientos ecologistas urbanos de muchos países que, sin conocer la filosofía indígena, se sintieron atraídos por el respeto que surgió de ella y por los valores del cuidado de la naturaleza y la conciencia ecológica que los movilizó.

Como había sucedido antes con los zapatistas, el nuevo e innovador énfasis en lo vernáculo y lo local, creó lenguajes que trascendieron el lugar y se integraron en narrativas emancipadoras cosmopolitas con un registro anticapitalista, anticolonialista y antipatriarcal.

Esta tensión creativa entre lo vernáculo y lo utópico no terminó con las experiencias históricas que acabo de mencionar. Me atrevo a pensar que nos acompañará en este siglo, ciertamente fortalecido por las alternativas que se abren en el período post-pandemia.

Cada vez es más evidente que si las sociedades y las economías no adoptan formas de vida distintas de las basadas en la explotación injusta e ilimitada de los recursos naturales y los recursos humanos, la vida humana en el planeta estará en riesgo de extinción.

 Nota 

1 Frente de Liberación de Mozambique en portugués: Frente de Libertação de Moçambique.

 

*Académico portugués. Doctor en sociología, catedrático de la Facultad de Economía y Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal). Traducción de Bryan Vargas Reyes

Fuente e imagen: https://www.surysur.net/boaventura-lo-vernaculo-y-lo-utopico/

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El futuro híbrido del capitalismo entre el teletrabajo y el fin de la oficina… o del trabajo

Por: Eduardo Camín*

 

No podemos entender nuestra época si no tenemos una idea clara de lo que constituye el argumento de su vida colectiva. Es cierto que cada tiempo tiene sus creencias, frecuentemente desconocidas: sus pretensiones profundas, no siempre manifiestas, sus grandes temas, sus palabras preferidas y reveladoras. Todos esos rasgos componen lo que podríamos llamar las características de una época, que expresan ciertas ideas. Y es, justamente una de esas “viejas ideas actuales” a la cual nos referiremos: la noción del teletrabajo.

Algunos textos de la Organización Mundial del Trabajo (OIT) ya manejaban la idea del teletrabajo, la que comenzó a suscitar interés con la crisis del petróleo en el decenio de 1970. Al dispararse el precio del petróleo, se encarecieron los costos del desplazamiento diario entre el domicilio y el lugar de trabajo además de plantearse otras dificultades.El teletrabajo también nos puede enfermar | Bioguia

El problema del aprovisionamiento futuro de petróleo suscitaba una creciente preocupación y se temía que su precio nunca bajaría. En este contexto, se consideró que el teletrabajo podía ser la solución: las personas trabajarían a domicilio o en un telecentro cerca de su domicilio a fin de evitar los gastos elevados de combustible para el transporte hasta el lugar de trabajo y reducir los gastos de calefacción y climatización de los locales de oficina.

La crisis del petróleo se resolvió rápidamente, pero se siguió mostrando interés por el teletrabajo, que empezó a promoverse como un medio de lograr otros objetivos deseables para las empresas y los trabajadores, como mejorar el equilibrio entre la vida privada y la vida profesional, mejorar la moral de los trabajadores y aumentar la productividad.

El progreso continuo de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC), que facilitan el trabajo, distribuido a menudo en zonas geográficas remotas (inclusive entre fronteras) fue un factor decisivo en la expansión del teletrabajo.

Por lo tanto, el trabajo a domicilio es una realidad antigua, anterior incluso a la emergencia de la organización fabril dentro del capitalismo. Pero su incidencia en las últimas tres décadas muestra que es un escenario productivo renovado, que se reafirma en sectores hasta hace años esquivos y, también, en áreas noveles para la economía globalizada.

Qué son las "oficinas secretas" y cómo son una alternativa al teletrabajo en crisis como la del coronavirus - BBC News MundoComo muestra de este desarrollo podemos citar los estudios comparativos desarrollados por la OIT durante la década pasada, que dieron como resultado el Convenio 177 Sobre Trabajo a Domicilio, en el año 1996. Según esa normativa, la persona denominada como trabajador a domicilio está en condiciones de designar un sitio productivo, que puede ser su domicilio u otros locales que escoja, siempre distintos a los lugares en donde se halla el empleador.

Además, se admite que el propósito del vínculo laboral es la realización de un producto o, también, la prestación de un servicio, siempre conforme a las especificidades que imponga el empleador, pero con independencia de quien proporcione los equipos de trabajo. Con la única salvedad, si bien ambigua en su expresión, de serlo siempre y cuando la persona no sea autónoma ni independiente económicamente, según lo consideren la legislación nacional o las decisiones judiciales.

¿Cómo se vislumbra la próxima normalidad?

Mientras un mundo cansado de la pandemia comienza a volver a los lugares de trabajo, hay quienes basados en las nuevas/viejas rutinas auguran el final de la oficina física tal como la conocemos. Incluso antes del Covid-19, muchas empresas estaban explorando la posibilidad de transformar sus carteras de oficinas, o incluso habían iniciado esta transformación.

No cabe duda de que trabajar exclusivamente desde casa ha abierto a muchos los ojos sobre la posibilidad de desarrollar su actividad laboral con éxito desde cualquier lugar. La realidad es que esta tendencia hacia una modalidad de trabajo más flexible, ahora se está acelerando como consecuencia de la pandemia. Sin embargo, las experiencias y las dinámicas características de las oficinas físicas siguen teniendo demanda, mientras los empresarios diseñan estrategias para dar soporte a una plantilla más dispersa.COVID-19: ¿Cómo gestionar el protocolo para regresar a la oficina? – Grupo Datco

Posiblemente, a corto plazo, la experiencia del trabajo en la oficina incluirá procedimientos y protocolos más estrictos para proteger la salud y seguridad de los trabajadores. En ocasiones, estas medidas de seguridad pueden limitar la sensación de colaboración y conexión social que suelen generar las oficinas.

Al incluir los desarrollos modernos de esta modalidad de trabajo a distancia, se especifica que el producto puede llegar a ser un servicio que estará configurado por el interés del empleador, sin que ello afecte al hecho de quién es el propietario de los equipos que se utilizan en el desarrollo de la tarea.

Este es un elemento de contundente ruptura con los regímenes de interpretación anteriores sobre esta forma modernizada de trabajo a domicilio, ya que en ellos no se contemplaba la idea de un servicio como resultado de la tarea, y mucho menos que los medios dispuestos para su realización pudieran ser propiedad del trabajador. Ambas condiciones generalmente eran impuestas como elementos determinantes de la situación de autonomía, y no de dependencia, en el vínculo contractual.

Sin embargo, esas especificaciones integradas a la nueva normativa internacional también admiten entre sus límites el hecho de que tales manifestaciones puedan considerarse de un modo autónomo en el vínculo contractual, con la correspondiente pérdida de garantías protectorias de las relaciones de dependencia.

La pregunta es, entonces, quién determina si existe una u otra situación contractual; la respuesta está en la propia normativa, según la cual se admite la predominancia de los regímenes nacionales que contemplen ese particular y, si no, en la propia jurisprudencia que atienda contiendas sobre uno u otra planteadas a partir de la relación de trabajo.

Un futuro «híbrido»

Trabajo Remoto o Teletrabajo: Ventajas y desventajas.La oficina física seguirá siendo, un componente esencial del lugar de trabajo híbrido, puesto que actuará como el centro neurálgico que conecta a unas plantillas más dispersas con sus empresas.

En el futuro, nuestro trabajo y nuestros lugares de trabajo sintetizarán lo mejor de lo que puede ser el teletrabajo y lo que debería ser el trabajo en oficina. Como el teletrabajo tiene más que ver con la organización del trabajo que con una modalidad de empleo o una nueva categoría profesional —aunque es posible que las facilite—, pocos países llevan a cabo una recopilación sistemática de estadísticas oficiales para hacer un seguimiento y medición.

Debido a las múltiples modalidades de trabajo y empleos a las que se aplica el término, identificar y determinar la prevalencia del teletrabajo es una tarea difícil que se puede comparar con medir una banda elástica, ya que su longitud depende totalmente de cuánto se estire.

También se ha señalado la dificultad de sacar conclusiones de las diferentes fuentes gubernamentales de datos sobre el trabajo realizado a domicilio: Quizás la mayor enseñanza que hemos extraído de la experiencia de teletrabajo durante la pandemia sea que los trabajadores realmente desean elegir cuándo, dónde e incluso cómo trabajan, y disfrutan de ese poder de elegir.

Esta preferencia por la libertad de elección ya estaba adquiriendo fuerza mucho antes de la llegada del Covid-19. El hecho que tengan capacidad para elegir no significa que los empleados vayan a pedir teletrabajar todo el tiempo. Encuestas recientes indican que la mayoría de los trabajadores quieren trabajar en la oficina como mínimo dos o tres días a la semana.

La oficina continúa siendo un lugar de trabajo deseado porque ayuda a los empleados a lograr un mayor nivel de colaboración e innovación con sus compañeros. Los días reservados para tareas que no precisan interacción con los compañeros en la oficina pueden dedicarse al teletrabajo, lo que permite una mejor conciliación de la vida laboral y personal de los trabajadores.

Unos espacios físicos bien situados, con un diseño muy cuidado y habilitados para el uso de la tecnología —junto con la capacidad de elegir cuándo y cómo usarlos— reportarán -dicen expertos- excelentes resultados en materia de productividad y compromiso tanto a los empleados como a los empresarios.Gestión de turnos de trabajo: Teletrabajo vs. reapertura de la oficina - Factorial

Las oficinas físicas que hacen un uso avanzado de la tecnología serán más necesarias que nunca para adaptarse a los nuevos ritmos de una fuerza laboral híbrida. Es probable que el espacio de oficinas se reinvente para crear experiencias mejoradas en las que los participantes presenciales y a distancia se comuniquen y colaboren de una forma más eficaz.

Conforme evolucionen rápidamente para responder a esta nueva demanda, los lugares de trabajo físicos serán un centro neurálgico que trabajará juntamente con nodos a distancia (los hogares de los trabajadores, oficinas remotas, sucursales, etc.) para orquestar un esfuerzo híbrido que contribuya de la forma más eficaz a la consecución de objetivos culturales y de negocio.

Mas allá de la oficinas… el trabajo

La experiencia colectiva con el Covid-19 ha abierto un nuevo mundo de posibilidades en el lugar de trabajo y ha cambiado notablemente la relación entre los trabajadores y su lugar de trabajo. Sin embargo, así como las ciudades han resistido guerras, crisis económicas e incluso pandemias, también lo podrán hacer las oficinas. En muchos sentidos, las personas buscan en las oficinas lo mismo que quieren encontrar en las ciudades: interacción humana y experiencias diversas.

Solo el tiempo dirá si la experiencia del Covid-19 alterará fundamentalmente la forma en que los trabajadores y las empresas se reúnen y las ciudades y las sociedades evolucionan. No sabemos si descubrimientos futuros —como vacunas, fármacos antivirales o nuevas formas de protección— desacelerarán o acelerarán las fuerzas que han definido los últimos meses de nuestras vidas laborales.

Hay un pequeño detalle que ensombrece este idilio. Sólo este año se espera que van a desaparecer, de forma neta, 3,4 millones de empleos en todo el mundo. Por lo tanto, las dudas prevalecen y muchos expertos de diversos ámbitos están en alerta ante la falta de capacidad de reinvención del mercado laboral.

El mundo empresarial —lleno de oficinas— se prepara para una avalancha de insolvencias en lo que queda de año como consecuencia del impacto de la crisis del coronavirus. La agencia de calificación crediticia Moody’s, por su parte, ya adelantó a principios del semestre que un alto porcentaje de empresas a las que analiza de forma habitual corren el riesgo de sufrir una caída de rating en un plazo máximo de 18 meses y alertó del posible repunte de las insolvencias, así como del fuerte incremento de la deuda de las empresas.

Con este panorama sobre la mesa, la aseguradora de crédito advierte que «la profundidad y duración de esta recesión vendrán determinadas por la capacidad de las distintas economías para gestionar las regulaciones sanitarias, evitar los confinamientos y desarrollarse en un contexto de distanciamiento social»

Pero las buenas oficinas del futuro harán lo mismo que hacen las buenas oficinas hoy en día: serán el centro neurálgico de los elementos y las experiencias humanas que la tecnología no puede proporcionar: relaciones, trabajo en equipo, química y cultura.

*Periodista uruguayo acreditado en ONU-Ginebra. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

Fuente e imagen: https://www.surysur.net/el-futuro-hibrido-del-capitalismo-entre-el-teletrabajo-y-el-fin-de-la-oficina-o-del-trabajo/
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Covid-19: de nada sirve sólo limar los dientes al lobo

Por: Leonardo Boff

Con referencia a la Covid-19 se ha centrado todo en el virus y en lo que tiene que ver con él, hasta la vacuna buscada desenfrenadamente. Todo esto tiene su valor y debe ser hecho, pero no con una visión reduccionista, como la que prevalece. Se considera al virus en sí, aislado, fuera de cualquier contexto. Esto no existe ni en la ciencia ni en el nuevo paradigma, cuya afirmación esencial es que todo está relacionado con todo y nada existe fuera de la relación, ni el coronavirus. Son poquísimos los analistas y epidemiólogos que se refieren a la naturaleza. Y sin embargo, usando las palabras del físico cuántico y uno de los más respetados ecologistas de mundo, Fritjof Capra:

«La pandemia es la respuesta biológica del planeta: el coronavirus debe ser visto como una respuesta biológica de Gaia, nuestro planeta vivo, a la emergencia social y ecológica que la humanidad ha creado para sí misma. La pandemia surgió de un desequilibrio ecológico y tiene consecuencias dramáticas debido a las desigualdades sociales y económicas; la justicia social se vuelve una cuestión de vida o muerte durante una pandemia como la de la Covid-19; ella sólo puede ser superada por medio de acciones colectivas y cooperativas» (FSP 12/8/2020).

Vamos a decirlo directamente con nuestras palabras: la Covid-19 es consecuencia del tipo de sociedad que hemos creado en los últimos siglos y que ha adquirido hegemonía mundial bajo el nombre de sistema de producción capitalista con su versión política, el neoliberalismo y la cultura del capital. La obsesión de este sistema (en China lo llaman, erróneamente, «socialismo al modo chino», pero en realidad se trata de un capitalismo feroz y dictatorial de Estado) es colocar el lucro por encima de todo, de la vida, de la naturaleza, de cualquier otra consideración. Su ideal es un crecimiento ilimitado de bienes materiales en la suposición de que existen bienes y servicios también ilimitados de la Tierra. El Papa, en su encíclica “sobre el cuidado de la Casa Común”, a esta suposición la llama “mentira” (nº 106): un planeta finito no puede soportar un proyecto de crecimiento infinito.

Para alcanzar este objetivo falso y mentiroso, este sistema avanza sobre la naturaleza, la deforesta, contamina suelos y aires, devasta ecosistemas enteros para expandir el agro-negocio, extraer riquezas naturales, disponer de más proteínas animales, más granos como la soja y el maíz y aumentar así el lucro personal o corporativo.

Esta agresión sistemática ha recibido una represalia de la Tierra-Gaia: el surgimiento del calentamiento global, los eventos extremos y principalmente una gama diversificada de virus mortales. Estos virus estaban tranquilos en la naturaleza, en un animal o en los árboles. La guerra contra la naturaleza destruyó su hábitat. Para sobrevivir, estos virus pasaron a otros animales o directamente a los humanos.

Ellos están poniendo de rodillas al sistema de acumulación infinita y especialmente a la máquina asesina que aquel creó con armas químicas, biológicas y nucleares, que no sirven para atacar al virus. Este es mínimo, casi invisible, del tamaño de 125 nanómetros.

En resumen: El virus viene de la naturaleza (es discutible si viene pasando por el murciélago, el mamífero pangolín o la rata de bambú, poco importa, todos son seres de la naturaleza). Este es el verdadero contexto de la Covid-19: el sistema de producción capitalista mundial y chino, del que pocos hablan, y mucho menos las redes sociales y de televisión que siguen las 24 horas del día el desarrollo de la tragedia humanitaria que está destruyendo miles de vidas.

Si conseguimos una vacuna que anule sus efectos malignos y elimine el coronavirus, ¿estaremos seguros haber eliminado el virus mayor, a saber, el sistema, productor de la devastación de la naturaleza y, en consecuencia, de la liberación de más virus? Ésta es una cuestión central, para que no volvamos simplemente «a lo que había antes», horrible para la gran mayoría de la población y para el equilibrio de la Tierra.

Estamos a punto de sobrepasar las nueve fronteras planetarias, sin las cuales la vida no se perpetuará en el planeta. Cuatro de ellas han sido superadas: el abuso del suelo, el cambio climático, la destrucción de la biodiversidad y la alteración del nitrógeno. Si sobrepasamos las otras (solidificación de los océanos, cambio en el uso del agua, degradación de la capa de ozono, calentamiento global y contaminación química), el sistema de vida se colapsará y con él nuestra civilización.

Añado un dato que hay que tomar muy en cuenta: el día 22 de agosto de 2020 ocurrió la Sobrecarga de la Tierra (Earth Overshoot Day) . Esto significa que la despensa de la Tierra donde están guardados todos los insumos renovables para la reproducción de la vida, ha quedado vacía por este año. Tendremos menos suelos fértiles, menos cosechas, menos climas adecuados, menos agua, menos nutrientes, menos aire puro, más suelos con fertilizantes etc. Debido a la cultura capitalista de «consumo sin límite», hemos consumido ya un planeta entero y un poco más de la mitad de otro que no existe (1,6). La Tierra está como un cheque sin fondos y todas las señales se han cerrado en rojo. Como no queremos reducir el consumo (para muchos, suntuoso) sino hacerlo crecer aún más (consumismo), arrancamos a la fuerza lo que la Tierra ya no tiene. La consecuencia es que más personas se enriquecerán con la escasez, una gran parte de la población pasará hambre, no tendrá acceso a lo mínimo de la vida. La Tierra no permanece indiferente, siente el golpe y se defiende, enviándonos tifones, tormentas, tsunamis y sus armas: la gama de virus letales.

La Covid-19 es la respuesta de la Tierra viva, una señal que ella nos está dando; por eso, esta vez, ha atacado a todo el planeta y no sólo a partes de él como antes el ébola, el SARS y otros. Tenemos que leer la Covid-19 con una de las últimas señales que nos envía la Madre Tierra. Ella nos dice:

«O decides dejar de sobreexplotarme violentamente, o puedo enviaros más virus, incluso el que más temen tus biólogos, el “grandón”, ese virus terrible e inexpugnable frente a cualquier vacuna u otro medio; te diezmará como especie humana. Considero tal gesto, que me hace sufrir mucho, como un justo castigo que mereces por haber librado durante siglos, ininterrumpidamente, una guerra contra la vida de la naturaleza y nunca haberme amado y cuidado a mí, tu Madre, que siempre te dio en abundancia todo lo que necesitabas para vivir.

No sirve de nada que limes los dientes al lobo, que es el sistema devastador que habéis creado; no pierde la ferocidad de su naturaleza y continuará su obra de muerte, lo que vosotros mismos habéis llamado antropoceno y necroceno. Tenéis que hacer, como dijo mi enviado y profeta el Papa Francisco, “una conversión ecológica radical”: tomar de mí lo que necesitas y no más, hacer que todos tengan lo suficiente y decente para vivir con un mínimo de dignidad y darme tiempo para autorregenerarme y poder continuar como Madre para alimentarte y que sobre aún para tus descendientes.

Para eso hay que reducir el consumo, reutilizar lo que ya se ha usado, reciclar lo que ya no te sirve, porque puede ser útil para otra cosa, y sobre todo reforestar todo el planeta, porque mis queridos hijos, los árboles, son los que secuestran el carbono que has lanzado a la atmósfera y por la fotosíntesis producen el oxígeno para respirar, mantienen siempre el agua en el suelo, un bien vital, común e insustituible y no una mercancía, y establecer entre vosotros relaciones de cooperación y no de competencia, de empatía y no de insensibilidad, y superar las profundas desigualdades sociales que habéis creado en el afán de acumular en pocas personas y dejar a vuestros hermanos y hermanas pasando hambre y con todo tipo de necesidades hasta morir antes de tiempo.

Así vosotros y yo habremos renovado el contrato natural que rompisteis, un contrato de cuidado mutuo y colaboración, y juntos podremos hacer una trayectoria feliz, bajo la luz bendita del gran hijo, el Sol. Cread juicio y sabiduría, porque sin eso engrosaréis el cortejo hacia la tumba que vosotros mismos habéis cavado para vosotros.

Recordad que no sólo existe el capital natural y material que habéis explotado hasta casi agotarlo; existe principalmente el capital humano-espiritual, hecho de amor incondicional, solidaridad, compasión y apertura a los demás sin discriminación, y apertura a todas las cosas hasta al Infinito de los mil nombres, Dios que creó todo con amor, que no odia a ningún ser que haya creado y es el apasionado amante de la vida. Abríos a Él para ser más humanos, sensibles, cuidadores de la naturaleza y de mí misma y saborearéis un mayor significado para vuestras vidas. Haciendo esto, tendremos un destino común bienaventurado y un mundo abierto para un futuro mejor».

O bien escuchamos estas advertencias de la Madre Tierra y la naturaleza de la que formamos parte, y creamos la base de una civilización centrada no en el beneficio sino en la vida ―una biocivilización― y una ECOnomía que se alinea con la ECOlogía o, si no, preparémonos para lo peor.

Se dice que los seres humanos aprenden de la historia que no aprenden nada de la historia pero que aprenden todo del sufrimiento. Todos estamos sufriendo bajo el aislamiento social y el distanciamiento de los grupos. Que este sufrimiento no sea en vano. Que no sea el sufrimiento de un moribundo, sino el sufrimiento del parto de una Tierra, amada y cuidada como una Madre buena y generosa, que es de hecho la única Casa Común que tenemos, en la que todos pueden y deben caber, la naturaleza incluida.

Fuente: http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=100

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¿Qué hacer por la educación?

Por: Eduardo Gurría B.

A raíz de la pandemia provocada por el COVID19 salieron a la luz los aciertos y las deficiencias de los sistemas educativos de los países, algo así como el quién es quién en materia de educación; cada nación hubo de enfrentar la contingencia con los recursos disponibles a su alcance, de lo que surgió el que algunos estaban mejor preparados que otros debido a que habían desarrollado mejores condiciones, no solo para las épocas de crisis, sino como una cultura educacional que de tiempo atrás se había implementado como factor de cambio ante los retos que depara el Siglo XXI, ya que, oportunamente, se vislumbró la necesidad de reformar, de fondo, una educación que hasta el siglo pasado había constituido el paradigma de la enseñanza y el aprendizaje. Esto, en función del acelerado desarrollo de la tecnología y su potencial en todos los ámbitos de la modernidad; había que generar los cambios desde décadas atrás, con pandemia o sin ella, pero que, definitivamente, el coronavirus puso en evidencia, demostrando lo bueno y también lo malo de lo que hasta entonces, cada país había hecho en favor de sus estudiantes desde preescolar, hasta la universidad.

El BID (Banco Interamericano de Desarrollo), publicó recientemente un documento titulado “La tecnología, lo que puede hacer y no puede hacer por la educación”, en el que se analizan las estrategias implementadas por cuatro países para la mejora y la inclusión de todos los implicados en el proceso E-A, con miras al presente y al futuro a corto, mediano y largo plazo. Las estrategias analizadas corresponden a Finlandia, Corea, Estonia y Uruguay.

En forma general, estas estrategias se centran en cinco ejes involucrados, todos, en la tecnología y en su mejor aprovechamiento para lograr un objetivo, a todas luces, primordial: implementar una profunda transformación en la educación y anular, entre otros aspectos, la llamada “brecha digital”. Lo importante de ello radica en que todas han resultado exitosas, tomando en cuenta los variados contextos de índole poblacional, económica, histórica, geográfica y de idiosincrasia de estas cuatro naciones.

Con las respectivas diferencias en tiempos, nomenclaturas y objetivos a corto plazo, los cinco ejes son:  1– Inversión, que implica, la conectividad, la infraestructura, la tecnología y las habilidades digitales, 2-La integración de prácticas E-A, como el empoderamiento, básicamente de los docentes, y la capacitación, 3- El aprendizaje digital, como un hábito y una rutina, 4– Transición fácil y, sobre todo, factible y 5- Involucramiento de todo el ecosistema educativo, es decir, todos los organismos implicados, tanto y, sobre todo, gubernamentales, como particulares, y con la finalidad de implementar una reforma constante y exitosa que beneficie a toda la población, es decir, incluyente, para abatir el analfabetismo digital.

Finlandia es, quizá, el país que más ha evolucionado hacia la calidad educativa con 47 años de estar estableciendo reformas y estrategias mediante etapas muy bien definidas y logros progresivos; es inevitable que, cuando se habla de modelos educativos, dirigir la mirada al modelo finlandés. Desde el año de 1972 se introdujo la computación en el medio educativo, veinte años después se introdujo el aprendizaje basado en las TICs, con énfasis en los docentes, para el 2004 la reforma se centró en el desarrollo de conocimientos y habilidades dirigidas hacia la sociedad de la información y, en el 2014, las habilidades transversales.

Corea lleva 45 años adoptando las estrategias de mejora a través de siete etapas, empezando con la educación en informática (1974), el establecimiento de infraestructura (1995), el desarrollo de plataformas en línea (2001), los libros de texto digitales (2006), el aprendizaje en habilidades para el Siglo XXI (2010), la enseñanza obligatoria en programación (2015) y el enfoque en la educación humanista (2019).

Estonia, que utiliza la metáfora del “Salto del Tigre”, lleva, tan solo 22 años modificando sus esquemas, empezando con el enfoque en infraestructura, capacitación de maestros y materiales de aprendizaje electrónico, seguido de la enseñanza de programación como materia obligatoria y, por último, el uso de la tecnología imbuida en el aprendizaje permanente (enfoque digital).

Uruguay inició la transformación en el año 2006 (Plan CEIBAL), y los resultados han sido sorprendentes; este país empezó con un enfoque en la conectividad y dispositivos, para seguir con la formación del profesorado y, en la actualidad están centrados en el desarrollo de habilidades para el Siglo XXI y la programación, además de decretar el acceso a internet como un derecho social.

Cabe destacar que todos los países mencionados han sido muy enfáticos en la formación de docentes, en la distribución de equipos y en el acceso a internet para todos, pero no han descuidado, sino al contrario, han acentuado la formación humanista a la par de la formación en tecnología, dedicando para ello importantes recursos, esto significa comprometer tres aspectos de la sociedad, como son las personas, los recursos mencionados y las políticas, en concordancia con los objetivos que han logrado, como son las habilidades avanzadas, la tecnología, las habilidades sociales y emocionales y las habilidades cognitivas.

La finalidad última de estas estrategias consiste en crear la conciencia de que ya no se debe preparar a las nuevas generaciones para laborar en empleos que ya no existen, debido a que han sido reemplazados por las máquinas, y sí para acceder a los empleos del futuro, incluso a aquellos que aún no existen.

Se recalca como muy importante que un aspecto es el estudio de la computación como disciplina durante los primeros años, y otro el estudio de la informática en los grados superiores, con miras a la programación de softwares que agilicen e incluyan todos los aspectos y todos los actores de la economía, lo que significa el desarrollo de la creatividad y la solución de problemas, como las grandes demandas del mercado laboral presente y futuro; un mercado que es y será muy distinto al que hasta ahora hemos conocido y que significará, sí, retos, pero también oportunidades, sobre todo económicas y de desarrollo no solo para los estudiantes con recursos, sino también para los que carecen en una u otra medida de ellos.

Estas estrategias de reforma educativa y sus resultados, se han visto reflejados en un crecimiento del Producto Interno Bruto de los países analizados por el BID.

Podemos concluir lo siguiente: que ya no solo es el modelo finlandés el paradigma en la educación, sino que existen modelos implementados aún por los países emergentes y que han demostrado ser funcionales y con resultados positivos, y que es necesario establecer una reforma educativa, es necesario transformar la educación, al margen de intereses particulares o de grupos políticos, sindicatos o partidos, así como de retóricas y demagogias que benefician, en todo caso, tan solo a los grupos en el poder.

Una nueva reforma, una reforma exitosa, deberá, entonces tener como objetivos:

  1. Colocar el aprendizaje como centro de la reforma.
  2. Destinar una muy fuerte inversión al sector con miras al acceso a la tecnología y a su conocimiento y manejo: todos los agentes, maestros y estudiantes deben tener acceso a los dispositivos y a las redes.
  3. Generarse como una visión objetiva y real.
  4. Definir las estrategias y la arquitectura institucional.
  5. Garantizar la aceptación de todos los implicados en el proceso educativo.
  6. Modificar los planes de estudio con disciplinas congruentes con la realidad.
  7. Empoderar a los maestros como agentes del cambio.
  8. Monitorear y evaluar el progreso.
  9. Abordar y priorizar las cuestiones éticas.
  10. Generar en el estudiante el constructivismo digital, como una manera de acceder a su propio conocimiento mediante los recursos a los que deberá tener acceso, pero sin descuidar el aspecto del humanismo, ya que, si bien, le toca al docente el papel de ser agente de cambio, es el estudiante el destinatario de ese cambio.

Y… en México, ¿Qué se va a hacer por la educación?

El ejemplo y la muestra para ingresar al Primer Mundo, ahí quedan con estrategias, números, estadísticas y resultados reales y comprobables.

REFERENCIA

“Tecnología, lo que puede y no puede hacer por la educación”. Varios autores, Banco Interamericano de Desarrollo (BID), 2020.

NOTA: Se puede descargar el documento con el estudio completo en la página del BID.

Fuente: http://www.educacionfutura.org/que-hacer-por-la-educacion/

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Patria y desmemoria

Por: Daniel Seixo

«Es el tributo que se paga para vivir con tranquilidad en el país de los callados.”

Fernando Aramburu

«Hacer la paz, he encontrado, es mucho más difícil que hacer la guerra.»

Gerry Adams

José Pardines Arcay, Jorge Juan García Carneiro, José Lasa Arostigui, José Ignacio Zabala, Javier Pérez Arenaza, Miriam Barrera Alcaraz, José Ramón Domínguez Burillo, María Doleres González Catarain, Luis Isasa Lasa, Jesús María Basáñez, Miguel Ángel Blanco Garrido, Silvia Martínez Santiago, Xabier Galdeano, Lucía Urigoitia, José Ramón Goikoetxea Galparsoro, Josu Muguruza, Miguel Isaías Carrasco… Arnaldo Otegi Mondragon. Jean-Serge Nérin, Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá.

2472 atentados, 849 víctimas mortales y numerosos casos de tortura, víctimas colaterales entre la población civil y asesinatos extrajudiciales fruto del terrorismo de estado. Hablar del conflicto vasco sigue significando a día de hoy reabrir una profunda herida en el corazón y la razón de nuestra sociedad, una presente llaga difícilmente superable pese al proceso iniciado el 8 abril de 2017 por el movimiento terrorista vasco Euskadi Ta Askatasuna (País Vasco y Libertad) para encarar su total disolución, poniendo fin de ese modo a décadas de dolor, miedo y el uso desmedido de la fuerza y las armas como único «diálogo» político posible.

Todavía a día de hoy, la sinrazón y la barbarie retruenan en muchas de nuestras calles si uno logra afinar lo suficiente el oído, nombres como Fernando Múgica, Enrique Casas, Ernest Lluch o Miguel Ángel Blanco nos recuerdan el sinsentido de unos tiempos en los que la voz del «diferente», el sonido de la verdad y el rumor de la democracia eran acallados ante el aturdidor ruido de las bombas y el silencio impuesto por el tiro en la nuca. Tiempos de extremos, complicidades silenciosas con la muerte y dedos cobardes siempre agazapados en el gatillo de aquellos a los que les sobraba rencor y les faltaba razón. No nos equivoquemos, ni la sangre derramada durante los peores años de plomo valió la pena, ni tampoco ninguna de las vidas perdidas tuvo tras su muerte una causa justa. Aquellos años carecieron de todo sentido, no puede encontrarse en aquellos que riegan de sangre de inocentes una tierra que dicen amar, ni entre quienes usan esa misma moneda desde las instituciones de un estado opresor y profundamente fascista pese a su fino barniz democrático.

Flaco favor le hace Fernando Aramburu a la adaptación de su novela y a la sociedad española y vasca cediendo a la amenaza de la cultura de la cancelación y al burdo chantaje de personajes como Iñaki Oyarzábal

Costó demasiadas décadas erradicar de la política y la sociedad vasca el germen de la venganza y el rencor, ese parasito silencioso que se deposita en las entrañas de una sociedad y la va carcomiendo lentamente sin que nadie parezca dispuesto a hacer nada por poner fin a ese agónico proceso. A cada atentado terrorista le siguieron realidades sociales como Bateragune o judiciales como el caso Txapartegi, todo ello mientras que políticas como la dispersión de presos profundizaron en amplios castigos sociales ajenos a cualquier lógica legal o democrática. Mentiríamos si negásemos el continuo uso de artificios legales para lograr privar a los presos etarras de los principios tendentes a la unificación del derecho en la Unión Europea o si pese a las continuas sentencias que lo avalan, fuésemos incapaces de asumir como un profundo error las continuas trabas a la participación política de los representantes de la izquierda abertzale en los procesos democráticos de nuestro estado. Nadie en nuestros días pretende –o debería pretender– entrar en una estúpida e innecesaria competición acerca del dolor causado con la intención de retorcer la memoria de un relato todavía lacerante. No, no se trata de eso, pero para lograr conocer la verdad, debemos abrir los ojos a toda nuestra historia de cara a poder enterrar definitivamente el dolor, el miedo y la sin razón.

Es por ello que carece de todo sentido sumarse a incultas y absurdas campañas de boicot contra la serie española «Patria», como carece también de todo sentido escandalizarse cuando un cartel en nuestras calles nos obliga a abrir los ojos y reconocer que la realidad tras ETA y el dolor causado por el conflicto vasco, no solo tuvo un bando. Ni resulta aceptable o comprensible justificar el terrorismo etarra, ni del mismo modo resulta lógico o asumible silenciar y pretender soterrar los crímenes de estado, las torturas y las continuas violaciones de los DDHH cometidas por el estado español en su combate contra el terrorismo, y en más ocasiones de las recordadas, contra todo aquello que pudiese suponer una amenaza política en Euskadi.

Flaco favor le hace Fernando Aramburu a la adaptación de su novela y a la sociedad española y vasca cediendo a la amenaza de la cultura de la cancelación y al burdo chantaje de personajes como Iñaki Oyarzábal, arietes mediáticos de un cínico partido que sin embargo no dudó a la hora de hablar del Movimiento de Liberación Nacional Vasco, modular sus discursos o tomar asiento en primitivas negociaciones ante los asesinos prometiendo «generosidad, mano tendida y espíritu abierto». Es esta misma casta política la que estirando lo máximo posible el rédito electoral del miedo y negándole al estado español y a la sociedad vasca la posibilidad de cerrar un proceso de paz, que desde Madrid hace tiempo vienen ignorando sin que nadie a día de hoy se pueda explicar las razones ocultas en tal disparate, pretende perpetuar el oscurantismo acerca de aquellos años. Vivimos incomprensiblemente secuestrados por un estado de derecho que se niega abiertamente a constatar el fin de una de las etapas más oscuras de su historia reciente.

Todavía a día de hoy, la sinrazón y la barbarie retruenan en muchas de nuestras calles si uno logra afinar lo suficiente el oído

Solo a través de esta demencia compartida socialmente y sostenida por las instituciones, se puede explicar el caso de siete jóvenes de la localidad Navarra de Alasasua encarcelados largo tiempo bajo la acusación de terrorismo por una pelea de bar, las recurrentes algaradas políticas con fantasmas del pasado utilizados como arma arrojadiza en la sede parlamentaria o el escándalo y la sordidez intelectual como respuesta ante un cartel promocional, que ante todo muestra la realidad de un conflicto y de parte de nuestra historia. Asegura la experiencia que las sociedades que pretenden ocultar su pasado suelen estar condenadas a repetirlo, un vaticinio que en el caso del estado español se torna sentencia ante lo abultado de una alfombra con demasiado dolor, muerte y silencio. Por ello, y no por otro motivo, deberían ustedes dejar de lado sus finas pieles y comenzar a mirar a la cara a nuestra historia. Tras eso, afortunadamente, podrán opinar en libertad y sin miedo al sonido ensordecedor del gatillo. Al menos por ahora. Al menos, mientras no olvidemos a lo que nos puede llevar la sin razón.


Fuente e imagen: https://nuevarevolucion.es/patria-y-desmemoria/

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Una educación para el futuro

Por: Leonardo Díaz

 

La educación virtual no tiene que ser menos dialógica que la educación presencial, la cual no ha sido precisamente un modelo de conversación formadora. Se puede tener una actitud monológica tanto en un ejercicio presencial de la enseñanza como en uno no presencial.

Uno de los principales retos generados por la pandemia de la COVID-19 es el de la normalización del año escolar, sin contribuir a la propagación del virus. Esto ha hecho que muchos Estados realicen un enorme esfuerzo por llevar a cabo una transición repentina del modelo de educación presencial al modelo de educación virtual.

Uno de los principales problemas de la referida transición es que la misma se asume como un mero reemplazo de las coordenadas espacio temporales del proceso de enseñanza-aprendizaje, o una mera sustitución de las herramientas y los métodos empleados en el modelo de educación presencial.

Como consecuencia de esta mirada instrumentalista, se piensa que las estrategias virtuales de educación deben emplearse con un enfoque inmediatista o circunstancial, como un remedio provisional hasta que la aparición de la vacuna contra el SARS- CoV-2 posibilite el retorno seguro a las aulas.

Sin embargo, el modelo de educación virtual no es un parche a una emergencia social. Constituye toda una nueva concepción sobre la naturaleza del proceso de enseñanza-aprendizaje impulsada por las innovaciones tecnológicas y que formará parte de los procesos educativos  cotidianos del siglo XXI.

Como ocurre con todas las concepciones, no es una panacea para resolver los problemas. Implica supuestos que deben ser examinados y, en algunos casos, revisados en función del contexto social donde intentan aplicarse. En algunos casos, deberá implementarse en una tensión con los modelos de educación más tradicionales.

Lo que no debe asumirse es la postura de resistencia al cambio bajo el argumento de que la educación virtual nos deshumaniza, es menos dialógica, o margina las disciplinas humanísticas.

Se habla de una deshumanización como producto del distanciamiento físico propio de no realizar actividades en un espacio común. No obstante, se sigue pensando en un espacio físico “ideal” existente antes de la existencia de las redes sociales. En primer lugar este espacio “platónico” nunca ha existido. Históricamente, la escuela no ha sido un lugar idóneo de convivencia y amistad académica, sino un nicho para el control biopolítico. En segundo lugar, las relaciones en el espacio físico compartido han sido transformadas ya por la posibilidad de tener siempre a mano un dispositivo.

La educación virtual no tiene que ser menos dialógica que la educación presencial, la cual no ha sido precisamente un modelo de conversación formadora. Se puede tener una actitud monológica tanto en un ejercicio presencial de la enseñanza como en uno no presencial. De hecho, la educación virtual potencia más fácilmente el acceso a otros horizontes históricos y culturales gracias a la posibilidad de los recursos tecnológicos, lo que amplía el marco para un diálogo menos localista.

Finalmente, la marginación de las humanidades no está relacionada con la emergencia de la educación virtual, sino con un modelo ideológico que concibe el valor del conocimiento en función de su rentabilidad. Si este modelo prevalece, los saberes no utilitarios seguirán siendo relegados no importa si implementamos la educación virtual o si nos aferramos al modelo educativo presencial.

Están dadas las posibilidades de aprovechar los productos de la Revolución Digital para cambiar el modelo educativo que heredamos de la Revolución Industrial. Lo que está por verse es si dos agentes principales del proceso, las burocracias educativas y el profesorado, están dispuestos a salir de su zona de confort epistémico y convertirse en propulsores de esa transformación.

Fuente: https://acento.com.do/opinion/una-educacion-para-el-futuro-8856724.html

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La “nueva normalidad”, el virus y nuestra pérdida de humanidad

Por: Aram Aharonian

Será que perdimos la capacidad de indignación? Vemos fotos y videos de cadáveres tirados en las calles en Guayaquil o La Paz, a diario recibimos noticias sobre el genocidio de nuestros pueblos originarios por desatención sanitaria. La “limpieza” étnico-política que sucede a nuestros alrededor parece no inmutarnos siquiera.

Esta nueva “normalidad” nos ha hecho perder lo poco de humanidad que nos quedaba. Recitamos cifras sobre infectados, recuperados y fallecidos por la pandemia, nos despreocupamos del dolor generalizado y asumimos contagios y muertes como parte de la “nueva normalidad”. Debiéramos hacer un examen de conciencia, al menos.

Pero también parece algo “normal” que el 1% de la población del mundo se apropie del 82% de toda la producción mundial, o por lo menos es eso lo que ocurre desde hace décadas y lo hemos asumido como “normalidad”. Esta impresionante desigualdad se repite en el interior de la inmensa mayoría de los países y se superpone con esa ficción según la cual “todos somos iguales ante la ley” y da por tierra con el principio que somos ciudadanos globales de iguales derechos.

¿Normalidad? El Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe (Filac) dejó en claro que tras la pandemia las comunidades originarias no quieren regresar a la antigua normalidad plagada de discriminación y carencias.

“No queremos una normalidad donde continuemos discriminados, queremos que nuestros planteamientos de desarrollo con identidad y buen vivir sean parte de la construcción en la pospandemia. No queremos indígenas a los que se les celebre un día, por folclore, y todo el año se les denigre, margine y discrimine, provocando incluso su desaparición, señaló Filac.

En las comunidades originarias el azote del virus se suma a otras situaciones extrapandémicas que se arrastran desde hace mucho tiempo, como el rezago económico, el despojo sistemático de sus tierras y recursos naturales, la marginación que ello acarrea y la discriminación y el racismo, que en vastos sectores de la sociedad tienen aún vergonzosa vigencia.

En paralelo, a lo largo de los pasados decenios, se ha desarrollado y profundizado una ofensiva contra la biodiversidad y el medio ambiente que durante centurias ha sido el hábitat natural de los pueblos comunitarios, a través de macroproyectos –en su mayoría n manos de trasnacionales- que invaden áreas esenciales para estos pueblos. Para los pueblos originarios, nada de normalidad: ni la prepandémica ni la pospandémica.

¿Virus machista? La pandemia ampliará la brecha de pobreza entre géneros, llevando a 47 millones de mujeres y niñas a la pobreza en 2021 para alcanzar los 435 millones a escala mundial, con lo que se borrarán los avances logrados en las últimas décadas Las más afectadas con las trabajadoras informales en Latinoamérica y África subsahariana., que durante la pandemia han perdido sus empleos a mayor tasa que los varones.

Pero todo podría ser distinto: según Naciones Unidas más de 100 millones de mujeres y niñas podrían salir de la pobreza si los gobiernos implementan una estrategia integral con el objetivo de mejorar el acceso a la educación y la planificación familiar, salarios justos y equitativos, y amplían las transferencias sociales.

Ocho meses ya

Desde que apareció en China en diciembre, la enfermedad deja ya 900 mil muertos y ha contagiado a más de 25 millones de personas. América Latina y el Caribe es la región más afligida, con más de 260 mil muertos y unos siete millones de contagios.

Una semana atrás, se cumplieron cien años del nacimiento de Ray Bradbury, maestro indiscutible de la ciencia ficción, autor de El hombre ilustrado, Fahreinheit 451 y Crónicas marcianas, entre otros textos, quien, sin embargo, no logró imaginar la pandemia y sus consecuencias: el reino del miedo, la sociedad de vigilancia, el desempleo masivo, el hambre de centenares de millones de personas.

La pandemia lo está cambiando todo, nos está volviendo locos. Estar en casa  cinco meses, en prisión domiciliaria –conocida como aislamiento social- es duro. Trabajar o estudiar desde la casa, también. Y no es nada grato ver en la pantalla de la videollamada laboral al niñito que se cuelga de la madre mientras ésta trata de trabajar… o cosas peores que la ética nos impide repetir. Y desconcertante ver en shorts al jefe, acostumbrados a verlo siempre vestido de traje y corbata.

Somos muchos los que no usamos un par de zapatos desde hace cinco meses, pero  también hay mujeres –me consta- que se ponen tacones para sacar la basura. No hay que perder el glamour…

Con el 40 por ciento de la población mundial en cuarentena, animales silvestre se animaron a ocupar espacios vacíos de gente: los flamencos de la India pintaron de rosa las aguas de un humedal, patos salieron a pasear por las calles de París, pavos reales por Madrid y jabalíes en Barcelona, obligándonos a pensar cómo mejoraría el medio ambiente si ñla Tierra no fuera sometida a formas de producción que deterioran la naturales y nuestras vidas.

Si desde el punto de vista económico, el derrumbe de la demanda y de la oferta por el parate de la producción, la cancelación de viajes y el cierre de fábricas es una pesadilla para la economía, para el medio ambiente es una bendición que circulen menos vehículos y se consuma mucho menos combustible, que las centrales eléctricas por carbón y el transporte aéreo se hayan paralizado: las emisiones de CO2 cayeron y varias ciudades lograron descubrir que el cielo puede ser azul.

El científico argentino Jorge Aliaga, experto en números de la pandemia confirmaba que los muertos se duplicaban en su país cada 24 días, frecuencia que se redujo a 21 días. Otro galardonado científico, Alberto Kornblihtt, calculó que si no se toman medidas más estrictas, el 13 de septiembre habrá 12.000 decesos y  para Navidad unos 364.000 muertos acumulados.

Teniendo en cuenta que la vacuna –una, otra o la de más allá- recién estará disponibles a mediados del año próximo, los científicos llaman a tomarse en serio las cuarentenas, pero los políticos piensan en otros réditos y dudan en aplicar medidas para evitar la mayor cantidad de decesos, con ciclos de apertura y cierre intermitentes. La meta debiera ser frenar la infección sin llegar a una inmunidad de rebaño difícil de concebir con menos del 20% de infectados.

La “normalidad” como negocio: Stephen Hahn, jefe de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), preocupado de que chinos, rusos, británicos o incluso latinoamericanos logren la vacuna, dijo estar dispuesto a evitar el proceso de aprobación normal y a autorizar una vacuna antes de que se complete la tercera fase de ensayos clínicos.

Este escenario se configuró por los afanes mercantilistas de las grandes trasnacionales farmacéuticas y un grosero chovinismo farmacéutico que ha convertido la obtención de la vacuna en una suerte de redición de las carreras espacial o armamentista con que las grandes potencias exhiben sus capacidades en ejercicios propagandísticos, señala en un editorial el diario mexicano La Jornada.

Territorios libres

En este mundo hay 195 países y apenas diez siguen libres del coronavirus. Lo que tienen en común esa decena de naciones es que son islas del Pacífico y cerraron sus fronteras rápidamente: Palaos, Micronesia, Islas Marshall, Nauru, Kiribati, Islas Salomón, Tuvalu, Samoa, Tonga y Vanuatu, donde nadie sufre la covid-19. El problema que enfrentan es la absoluta extinción del turismo, que en promedio significa el 40 por ciento de sus ingresos en divisas.

Las Islas Marshall, en cambio, se dedican a la pesca y son el mayor exportador de peces de acuario del mundo. Pero les va peor porque las ventas cayeron en un 60 por ciento por la recesión y los controles de cargas. Una amplia mayoría de los habitantes de las diez naciones considera mejor seguir aislados y “no caer como Australia”.

Incluídos y excluídos

Vivimos en una era ¿tecnológica? que obliga leer  tutoriales para poder manejar los distintos programas, muchas veces escritos en un español que no es tal. Pero si uno no tiene computadora, está fuera de época, de era, del mundo. La verdad es que ni siquiera existe. Y si nos ponemos a pensar, realmente son muchos millones los que no tienen computadora ni acceso a internet. No existen, son los desechables, para los planificadores de la economía capitalista..

¿Será que perdimos la capacidad de indignación? Vemos fotos y videos de cadáveres tirados en las calles en Guayaquil o La Paz, a diario recibimos noticias sobre el genocidio de nuestros pueblos originarios por desatención sanitaria. La “limpieza” étnico-política que sucede a nuestros alrededor parece no inmutarnos siquiera.

Y asistimos con “normalidad” al caradurismo de Jair Bolsonaro, por ejemplo, quien: realizó una ceremonia en el Palacio do Planalto, sede de la presidencia, para celebrar “Brasil venciendo la covid-19”, cuando oficialmente los muertos por coronavirus bordean los 125 mil y los infectados ya pasaron los cuatro millones.

Ante tamaña desfachatez, queda sólo invocar las palabras de la cientista social y filósofa argentina de fama mundial, Mafalda –sí, el personaje de Joaquín “Quino” Lavado- pronunciadas medio siglo atrás: «Paren el mundo, me quiero bajar».

Pero lo cierto es que la llamada pandemia producida por el covid-19 no es la causa de todos los males actuales pero sí ha sido el instrumento para quitar la colcha que tapaba la realidad que algunas miradas más profundas vislumbraban hace tiempo. Los millones y millones que transcurren esta peste sin trabajo y sin recursos son una muestra de cómo este virus mostró la cara de una desigualdad que nos costaba asimilar, masticar y tragar.

Saber que este virus es tan democrático que afecta al mundo entero no es motivo de tranquilidad: El caos ya no es un problema puntual sino la evidencia de la decadencia de un sistema que, por otra parte, es incapaz de mantener en funcionamiento nuestras sociedades, resquebrajadas por conflictos que brotan por todos los costados.

Los aludes de información y desinformación sobre la pandemia sirven para tapar muchas otras cosas que también pasan en el mundo, como el desempleo, el hambre, el cambio climático, las amenazas permanentes de Trump… Y cuando no alcanza el bombardeo coronavirósico, pareciera que el otro gran tema importante para el mundo es la telenovela de si Lionel Messi sigue o no en Barcelona.

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.Numerosos tropiezos se sucedieron desde diciembre pasado, provocados en párte por el desconocimiento sobre el virus nuevo, pero también gruesos errores no forzados, por el negacionismo o las presione comerciales, intereses y negligencia. Es negacionismo  la palabra que aparece con más frecuencia en los análisis retrospectivos, a ocho meses de los primeros casos. La subestimación del riesgo fue una constante en regímenes conservadores.

El énfasis inicial de las campañas de prevención apuntó al lavado frecuente de manos, la recomendación de toser o estornudar en el pliegue del codo y de evitar tocarse la cara. Tampoco pensamos, entonces, que millones y millones carecen de agua potable

Obviamente, los países que no implementaron aislamiento obligatorio con la excusa de salvar la economía, tuvieron tasas de letalidad más altas. Lo cierto es que nos vamos acostumbrando a convivir con los errores, hasta que llegue la vacuna., que debiera ser considerada como un derecho universal y no una mercancía. Pero en esa puja están varios países y demasiadas trasnacionales farmacéuticas.

No es cierto que el mundo no estuviera avisado de la letalidad del virus. En setiembre del año pasado, aún antes de que China reportara la aparición de ciertas neumonías que no respondían a los tratamientos tradicionales, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó sobre la amenaza muy real de una pandemia fulminante, sumamente mortífera, provocada por un patógeno respiratorio que podría matar de 50 a 80 millones de ´personas y liquidar casi el cinco por ciento de la economía mundial.

Lo que ¿vendrá?

El director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, afirmó que espera que la pandemia de coronavirus llegue a su fin en menos de dos años y definió a la covid-19 como «una crisis de salud única en un siglo». En Europa, los retornos de vacaciones de verano son fuente de contagio en Italia, España, Francia y Alemania, en momentos en que se prepara en la región el inicio del nuevo año escolar.

Incluso Corea del Sur, que fue considerado un ejemplo en la lucha contra la pandemia, registró en las últimas  horas el mayor número de casos diarios desde principios de marzo. Las restricciones se endurecen en varios países a medida que crece el temor a una segunda ola de la pandemia de covid-19 y aumentan los casos en Europa y Asia a niveles del primer brote.

Lejos quedaron las cifras de China, con un total de 85 mil infectados y 4.634 muertos en total. Más de la mitad de las muertes por COVID-19 en el planeta se registraron en cuatro países: Estados Unidos con más de 185 mil decesos, Brasil (unos 123 mil), México (más de 65 mil) e India, la  segunda nación más poblada del planeta después de China, que se acerca a los cuatro millones de casos y 67 mil decesos.

Se largó la carrera –entre países pero sobre todo entre grandes empresas farmacéuticas- por quién patenta primero una vacuna milagrosa que, quizá, tal vez, esté lista para mediados del 2021.

Todavía no salimos de la pandemia y nos espera el período de la pospandemia, con millones y millones de desempleados, sin acceso a la alimentación (y ni hablar de la educación y la salud), con una clase media superviviente que deberá elegir entre comer o pagar la suscripción a internet.

Nuestras abuelas nos recomendaban contar ovejitas para dormir. En esta nueva normalidad, podemos pasar noches enteras contando contagiados y muertos, perdiendo el poco humanismo que nos quedaba. Y quizá hasta asumamos la “nueva normalidad” de un mundo que ya no es ni será lo que solía ser hace seis, ocho meses atrás.

Cambia, todo cambia. Cambia lo superficial, cambia también lo profundo. Cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo. Cambia el clima con los años, cambia el pastor su rebaño, escribía Julio Numhauser Navarro, músico de Quilapayún, canción que popularizó Mercedes Sosa: Y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño.

Aram AharonianPeriodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la) y susrysurtv.

Fuente: http://estrategia.la/2020/09/04/la-nueva-normalidad-el-virus-y-nuestra-perdida-de-humanidad/

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