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Urge transformar el sistema educativo, “porque la humanidad se está suicidando”: Enrique Dussel

El académico, filósofo, historiador y teólogo Enrique Dussel Ambrosini propuso al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) una transformación en el sistema educativo que contemple el pensamiento crítico, la ecología y la desconolonización de la educación, “porque la humanidad se está suicidando”.

Ante 3 mil 274 sindicalistas de todo el país, enlazados vía internet, Dussel Ambrosini, reconocido a nivel internacional como uno de los fundadores de la Filosofía de la Liberación Latinoamericana, invitó al magisterio a aprovechar las oportunidades generadas por la pandemia de covid-19 para cambiar de fondo la educación de niños y jóvenes, a fin de llevarlos de una habilidad memorística a una creadora.

Ante 3 mil 274 sindicalistas de todo el país, enlazados vía internet, Dussel Ambrosini, reconocido a nivel internacional como uno de los fundadores de la Filosofía de la Liberación Latinoamericana, invitó al magisterio a aprovechar las oportunidades generadas por la pandemia de covid-19 para cambiar de fondo la educación de niños y jóvenes, a fin de llevarlos de una habilidad memorística a una creadora.

La segunda ruta, añadió el especialista, es la necesidad de hacer de la ecología una ciencia principal. “No es la física ni la matemática la ciencia fundamental. La ciencia fundamental hoy, y lo estamos viviendo, es la ciencia que nos permita la sobrevivencia en la tierra, porque la humanidad se está suicidando y hay que empezar a enseñar desde el primer grado que la vida es sagrada y la estamos destruyendo y hay que saberla preservar”.

Dussel aseveró que lo económico y lo tecnológico están destruyendo las condiciones que permiten la reproducción de la vida e impiden la reproducción, porque empiezan a mermar la capacidad de la tierra y la energía para vivir. “La fecha de extinción del Homosapiens está fijada”.

La tercera ruta, añadió, es la conveniencia de terminar con el eurocentrismo en la educación.

“En todos los países latinoamericanos, sean de derecha, de izquierda o de centro, se sigue siendo eurocéntrico. Sería una gran oportunidad para México plantear un nuevo esquema de comprensión histórico, geográfico, matemático, literario, que parta de otra visiñon de la historia y del mundo: cambiar el currículum y descolonizar”.

Se debe aprovechar la oportunidad de cambiar el sistema educativo en sus contenidos, no sólo en cómo se nombra a los maestros o cómo funcionan los poderes, cómo se evalúa, qué enseñan y cómo lo enseñan, explicó.

Al inaugurar el ciclo de conservatorios y seminarios que inició el SNTE para sus dirigentes nacionales y seccionales, el secretario general del SNTE,

Alfonso Cepeda Salas, indició: “El objetivo es fortalecer la capacidad de análisis y reflexión de la dirigencia sindical, en torno a los retos que impondrá a los mexicanos, en particular a los trabajadores de la educación; un nuevo tiempo en la realidad educativa, sindical, laboral, social y económica”.

Durante dos semanas, Cepeda Salas se reunirá de manera virtual con los dirigentes para continuar con los webinarios sobre economía, sociedad, trabajo y sindicalismo.

“Uno de los retos para los educadores, después de la pandemia de covid-19, es generar la capacidad de ayudar desde las escuelas, institutos de ciencia, tecnología, cultura e historia, así como universidades, a formar un hombre nuevo, apto para transformar la realidad y capaz de construir un mundo con igualdad y bienestar. Hemos tenido una lección de lo que tiene que ser la educación en el futuro. Ya nada será igual”, finalizó.

Fuente. https://www.proceso.com.mx/634038/urge-transformar-el-sistema-educativo-porque-la-humanidad-se-esta-suicidando-enrique-dussel

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Enseñar, aprender, educar

Xavier Besalú

En esta crisis se ha puesto de manifiesto también algo que, con tanta ingeniería verbal y tanta burocracia tecnocrática, tal vez habíamos olvidado: que las escuelas e institutos no son propiamente centros de entrenamiento, de aprendizaje, sino de educación, de crecimiento y desarrollo personal, de formación de la subjetividad.

T. Piketty, J.K. Galbraith y B. Sachs, economistas de reconocido prestigio, se preguntaban en un artículo reciente, “¿Qué nos ha enseñado esta crisis? En primer lugar, que los seres humanos en el trabajo no pueden ser reducidos a meros recursos”. Y, más adelante, afirmaban que algunos servicios “son actividades que deberíamos proteger de las leyes del mercado. En caso de no hacerlo, correríamos el riesgo de acentuar todavía más las desigualdades, sacrificando a las personas más desvalidas y vulnerables”.

En esta crisis se ha puesto de manifiesto también algo que, con tanta ingeniería verbal y tanta burocracia tecnocrática, tal vez habíamos olvidado: que las escuelas e institutos no son propiamente centros de entrenamiento, de aprendizaje, sino de educación, de crecimiento y desarrollo personal, de formación de la subjetividad. Y que la educación es, por encima de todo, un encuentro entre seres humanos, porque ni los alumnos son objetos prestos a ser moldeados o disciplinados, ni los docentes simples recursos puestos a su disposición, cual ordenadores de carne y hueso o libros de texto encarnados. En este encuentro, la comunicación y las relaciones personales juegan un papel insustituible, porque una y otras se dan entre sujetos que hacen cosas juntos y que se sienten vinculados por un lazo de confianza mutua; que construyen significado, ideas y emociones al compartir actividades, en un proceso abierto e indeterminado. Por eso, la educación es casi siempre un camino lento, difícil, en que los resultados –programados por adelantado, o no- nunca están garantizados.

En este encuentro, el docente asume una responsabilidad especial: ya hemos dicho que no es un simple recurso, pero tampoco un mero facilitador o acelerador del aprendizaje, ni un compañero que se limite a acompañar a los alumnos. El docente está en la escuela para enseñar. Parece un verbo antiguo o casi fuera de lugar, porque la enseñanza se ha asociado –muchas veces con razón– a la escuela transmisiva, autoritaria y verbalista; también por la preeminencia de las teorías del aprendizaje que han otorgado todo el protagonismo al aprendiz. Pero creo que con el agua sucia de la escuela que no queremos hemos tirado también al docente, como si se tratara de algo prescindible o intrascendente.

Esta crisis, sin embargo, ha revalorizado la función docente, ha puesto al descubierto ese valor añadido, difícil de explicar pero tan presente, junto a la importancia de los compañeros, protagonistas también de este encuentro didáctico. Porque un docente es un adulto que actúa en primera persona, capaz de presentar conocimientos complejos e ignorados, de hacer preguntas insospechadas, complejas, sin una respuesta predeterminada, de establecer prioridades, de manejar problemas y conflictos, de generar complicidades y sinergias, de dar testimonio con sus conductas y su modo de proceder…

Los docentes están ahí para transitar de lo que es deseado a lo que es deseable. Los alumnos no son consumidores, cuyas necesidades e intereses haya que satisfacer de la manera más rápida y eficaz, sino personas abiertas a la posibilidad de ser enseñados, de descubrir nuevos mundos, de salir del terreno de juego que les han marcado sus familias y sus experiencias anteriores, de caminar hacia su independencia.

Lo expuso de forma clarividente, hace ya muchos años, J. Dewey, cuando afirmaba que los intereses de los niños deben tomarse como un indicador de su estado de desarrollo, como señales de una capacidad a punto de activarse; que dichos intereses no deben ser reprimidos, pero tampoco complacidos. Porque los niños viven en un mundo pequeño y limitado, y no deberían ser abandonados a su propia espontaneidad. Por eso, el docente que postula Dewey es un buen científico, alguien que ha experimentado en su propia carne el placer de investigar, de descubrir, además de un buen conocedor de cada uno de sus alumnos.

En esta crisis ha habido que contar desde el primer momento con el saber de los epidemiólogos y, en general, de los profesionales de la salud, que han puesto sobre la mesa las vías de contagio, sus múltiples y dañinos efectos sobre las personas y las formas más eficaces no solo para curarlas, sino para evitar al máximo la posibilidad de nuevos contagios. Pero las decisiones han recaído sobre los gobiernos, los encargados de gestionar la vida del país, que han tenido en cuenta, por supuesto, lo que dice la ciencia médica, pero también otras múltiples variables que inciden y condicionan la vida de la ciudadanía (economía, trabajo, ocio, bienestar personal, vínculos familiares, movilidad, seguridad…).

Algo similar podríamos argüir para la educación escolar. Evidentemente hay unas bases científicas que los docentes deben conocer: la neurociencia, que nos instruye sobre como funciona el cerebro y nuestra mente; las teorías del aprendizaje, que nos ilustran sobre qué mecanismos y órganos se movilizan o conviene movilizar para producir aprendizaje; las demandas de cada sociedad concreta en un momento histórico determinado, que buscan inserir en su seno a las nuevas generaciones; etc. Pero la función docente no debe actuar al dictado de ninguna de estas ciencias, porque en la escuela y en los institutos lo que hay son personas multidimensionales, que deben crecer y desarrollarse en todas ellas, y porque la función de la educación escolar va más allá de los estrictos intereses y necesidades individuales.

El énfasis casi exclusivo en el aprendizaje ha tenido unas derivadas que vale la pena considerar. En primer lugar, se habla de él como de una nueva mayéutica, como si todo el conocimiento estuviera ya en el interior de los niños y jóvenes, como si solo hiciera falta el andamiaje o el entorno propicio para su alumbramiento… También se presenta el aprendizaje como algo inevitable y permanente, natural como la vida misma, casi como una condena de la que no podemos escapar, de manera que, cuando alguien no aprende o se niega aprender, es que algo falla en él, es que se trata de alguien problemático… Además, aprendizaje es un término con un sesgo individualista e individualizador, que podría ignorar y prescindir de las relaciones y la comunicación en los procesos y prácticas educativas. En cualquier caso el lenguaje del aprendizaje no es inocente: conduce más a la adaptación que a la emancipación, más a la domesticación que a la posibilidad de elegir entre diversas alternativas.

Dice Ph. Meirieu que la educación es “el esfuerzo para conseguir que personas consideradas ineducables y abocadas a la exclusión, accedan a la cultura y a la libertad; para remontar las contradicciones inevitables entre el principio de educabilidad –según el cual, todos los alumnos pueden aprender y crecer- y el principio de libertad –según el cual, nadie puede aprender por otro, ni obligarle a crecer”. Una educación que busca asociar la instrucción –la transmisión, la reproducción y la producción de saberes- y la emancipación –la capacidad de pensar por sí mismo. Una educación que asume el compromiso de que toda la ciudadanía adquiera unos saberes y unas competencias que le permitan reducir al máximo los déficits derivados de su entorno sociofamiliar y así poder optar a unas posibilidades profesionales y sociales que la suerte le había negado.

Xavier Besalú es profesor de Pedagogía de la Universidad de Girona

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Los padres enfrentan una difícil decisión al enviar a los niños a la escuela. Los conservadores lo hacen más difícil

Polly Toynbee/TheGuardian

«Una operación de recuperación masiva ”, dijo Boris Johnson. Lo que sea que quiso decir se anunciará esta semana para los nueve millones de niños que están en camino de perder la escolaridad de medio año. ¿Será otra fatigada promesa excesiva? Se necesita algo enorme para reparar el daño.

El gabinete está luchando por relajar el distanciamiento social a 1 metro. Si ganar la confianza del público es clave para abrirse, es poco probable que quienes presionen por el recorte tranquilicen a un público nervioso. No defienden la causa de los niños, sino que agitan los bares y restaurantes. En las decisiones difíciles para aliviar las reglas de cierre, los agentes inmobiliarios, las salas de exposición de automóviles, los limpiadores de casas, las niñeras, los zoológicos y las tiendas llegaron primero.

La comisionada de niños para Inglaterra, Anne Longfield, está llamando en voz alta para que las escuelas abran por completo ahora, y para un plan de recuperación de niños que dure un año, con una generosa prima por alumno. El cierre, dice ella, niega el derecho fundamental a la educación.

El daño causado la asusta: señala una investigación que muestra que el 40% de la brecha de desventaja social entre los niños es causada por las tradicionales largas vacaciones de verano: imagine lo que harán seis meses de distancia.

Longfield ha hablado sobre todo lo que ha sido despojado de los niños en la última década: como fundadora de algunos de los mejores centros para niños, estaba angustiada por su destrucción. Una vez me llevó a su Braintree Sure Start, en el apogeo de New Labour, orgullosa de su notable centro de guardería y familia, con toda la ayuda profesional disponible, su café dirigido por jóvenes con discapacidades y una unidad juvenil para niños excluidos. «La mayoría de los centros se han ido, o les queda muy poco», dice.

En gran parte se han ido las viejas «escuelas extendidas» con atención integral desde el desayuno hasta el té con clubes de tareas. También se han ido el 70% de los servicios juveniles . En la última década se han vendido parques infantiles y campos deportivos, se han perdido centros de ocio, y la investigación de Longfield revela que esta es la «generación de niños con menos actividad física». Como se ha reducido el acceso a las artes , solo la mitad de los niños ahora toman drama, danza o arte, con entradas de música GCSE muy bajas.

La infancia es una de las principales víctimas de la austeridad: las escuelas tomaron un recorte presupuestario del 8% y los niños perdieron una cuarta parte de su apoyo financiero en los recortes de beneficios ; la pobreza infantil aumentó; y ahora el desempleo de Covid-19 amenaza con dejar a muchos más niños debajo de la línea de pobreza.

Ese es el trasfondo de la creciente privación que hace que Longfield exija que las escuelas se reabran por completo rápidamente. Para aquellos que están nerviosos, dice, «las escuelas nunca serán 100% seguras hasta que haya una vacuna». Sin embargo, el riesgo podría gestionarse si el gobierno aportara algunos de los mismos miles de millones gastados en la economía y el NHS.

Estas decisiones son diabólicas: los políticos sopesan el riesgo de enfermedad frente a la certeza de las calamidades personales, económicas y sociales. Pero tomando medidas cautelosas, las escuelas no solo son los lugares más importantes para abrir, sino uno de los lugares más seguros. Los niños tienen un riesgo muy bajo de coronavirus. Y, según estudios en siete países, los docentes corren el mismo riesgo que la población en general.

David Spiegelhalter es profesor de Winton de comprensión pública del riesgo en la Universidad de Cambridge. Su disciplina necesita una atención pública cercana. La mayoría de nosotros somos malos para evaluar el riesgo, tememos irracionalmente las cosas equivocadas, apostamos por percepciones erróneas, nos influimos emocionalmente. En el gran miasma de hechos, factoides y desinformación, con científicos serios en desacuerdo, ¿cómo van a sopesar las probabilidades los padres? No es de extrañar que la mayoría haya optado por mantener a los niños en casa.

Al principio, la gente confiaba en la instrucción del gobierno. Pero ya no. La deshonestidad de Johnson y sus ministros con las cifras, incluso fueron reprendidas por el jefe de estadística , ha dejado a la gente en el mar. Las pruebas y el rastreo de contactos, cruciales para la apertura, se han visto gravemente socavados por el exceso de alardes y mentiras sobre los objetivos. Pero, a pesar de todos los errores, las cosas están mejorando. El riesgo para el bienestar de los niños de mantener cerradas las escuelas parece mucho mayor que el riesgo de abrir las puertas.

¿Qué ha estado haciendo el departamento de educación de Gavin Williamson estas 12 largas semanas? Las tareas más simples están más allá de su alcance, al no enviar cupones de comidas escolares gratuitas , dejando a las familias hambrientas durante semanas. A pesar de un gran anuncio, todavía no ha logrado llevar computadoras portátiles a 200,000 niños que no las tienen, lo que expone años de exclusión cuando tanta tarea requiere internet.

«No hemos tenido computadoras portátiles, ni una», dice Nicola Noble, codirectora de las primarias de Surrey Square en el estado de Aylesbury, en el sur de Londres: depende de donaciones. Ella tiene padres e hijos desesperados parados fuera de la escuela usando su wifi, ya que no pueden pagar los datos. Una cuarta parte de las familias de la escuela no tienen internet.

“Pero hemos tenido guías del Departamento de Educación de 90 páginas que esencialmente nos dejan toda la responsabilidad. Nada útil ”, dice ella. Noble tuvo que pasar horas buscando en Google un proceso de evaluación de riesgos para el personal y los estudiantes, y días trabajando en una encuesta de bienestar para los niños, porque no se proporcionó de manera centralizada. «Solo nos dijeron su definición de trabajador vulnerable y clave la noche antes de admitir a esos niños», por lo que tuvieron que llamar a todos los padres para preguntar qué trabajo hicieron, y en todas partes solo una fracción de los niños vulnerables fueron enviados a la escuela.

“Dijeron que 180 de nuestros 500 niños con trabajadores sociales eran vulnerables, pero descubrimos que es 243. Llamamos a todos los niños todas las semanas, lo que debería ser una guía, pero no lo es. No enviaron guiones para ayudar a los maestros a hablar con los niños sobre el coronavirus: nos tomó horas, ahora docenas de escuelas usan el nuestro ”.

La comida y el bienestar han preocupado a su personal, ya que muchas familias «no recurren a fondos públicos», se quedaron sin dinero una vez que perdieron sus empleos. La escuela entrega paquetes de comida a 128 familias.

Mientras espera el «gran verano de recuperación» de Johnson, está lista para abrirse por completo lo antes posible. «Podríamos hacer cualquier cosa, y no podemos cerrar por vacaciones de verano». Pero las escuelas tienen prohibido gastar un centavo por encima del presupuesto. “Solo danos el dinero para contratar espacios y apoyar al personal. Déjenos dar desayunos y almuerzos gratis. Nuestros hijos necesitan volver aquí «. En cuanto al distanciamiento, lo intentará, pero «francamente, no lo harán». Ese es el riesgo honesto, pero uno que ella quiere tomar.

Una vez más, ¿por qué tan tarde en el día? ¿Por qué tan poco pensamiento o planificación? No ha habido consultas con las escuelas, ni con el comisionado de niños. Longfield escribió al canciller la semana pasada: “Si podemos tener planes de recuperación comercial, necesitamos un plan de recuperación para niños. Pero no se ha presentado dinero ”.

Cualesquiera que sean las deformidades ideológicas de este gobierno, lo que sigue asombrando es su asombrosa falta de capacidad para entregar cualquier cosa, aprender de sus errores o simplemente gobernar.

La decisión de los padres de enviar a sus hijos a la escuela siempre sería difícil. Pero este gobierno lo ha hecho doblemente difícil.

Polly Toynbee es columnista de The Guardian

Fuente: https://www.theguardian.com/commentisfree/2020/jun/16/parents-schools-tough-choice-government

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Lo que los maestros cambiarían sobre la educación

No es ningún secreto que la educación pública en Estados Unidos no es un sistema perfecto, y muchos maestros están abogando por un cambio generalizado. Los maestros, más que cualquier otro personal relacionado con la escuela, entienden lo que debe cambiarse porque enfrentan estos problemas en el aula todos los días. Una encuesta reciente de Educators for Excellence preguntó a 1,000 maestros de escuelas públicas a tiempo completo qué cambiarían sobre la educación, y aquí están sus respuestas:Lo que los maestros cambiarían sobre la educación:

  •         Más oportunidades para tomar decisiones a gran escala.

De manera abrumadora, los maestros acordaron que lo que más les gustaría cambiar sobre la educación es su capacidad de influir en las decisiones a gran escala, como los cambios de políticas a nivel estatal o los cambios del distrito realizados por los administradores. Los maestros son los que más sienten los efectos de tales cambios, pero a menudo son los últimos en influir en tales decisiones.

Los maestros saben lo que necesitan sus alumnos, y a menudo es difícil para los maestros aceptar que estas decisiones importantes a gran escala están siendo tomadas por personas que nunca han estado en un aula o que han estado fuera del aula durante 10 años o más.

  •         Más oportunidades de liderazgo y crecimiento profesional mientras permaneces en el aula.

En educación, se entiende que si desea avanzar en su carrera, probablemente tendrá que salir del aula y convertirse en administrador en lugar de maestro. Sin embargo, algunos maestros quieren crecer y avanzar en sus carreras, pero no quieren abandonar el aula. Los maestros en la encuesta querían más oportunidades de liderazgo mientras permanecían en el aula.

  •         Más tiempo para concentrarse en las cosas que importan.

Los maestros también acordaron que quieren más tiempo para concentrarse en las cosas que importan. Esto no significa necesariamente alargar el día escolar. Más bien, los maestros querían usar el tiempo que ya tienen más sabiamente.

A menudo, el período de planificación de un maestro es ocupado por reuniones administrativas, papeleo u otras cosas que no afectan directamente a los estudiantes en el aula. Luego, se deja que los maestros hagan la mayor parte del trabajo pesado, la clasificación de las lecciones, etc.

Los maestros prefieren que su tiempo de planificación sea tratado como sagrado para que puedan usarlo para planificar realmente, para enfocarse en diferenciar su instrucción y para pensar en preguntas interesantes que incluirán en sus planes de lecciones.

  •         Más flexibilidad en el aula.

Los maestros también desean más flexibilidad en el aula. Incluso a los maestros veteranos con años de experiencia a menudo se les dice exactamente cómo deben hacer ciertas cosas, lo que deja poco espacio para la flexibilidad y para probar nuevas tácticas.

Este deseo de flexibilidad también se vierte en el plan de estudios. Los maestros quieren que el plan de estudios se centre menos en aprobar ciertos exámenes y más en alimentar la curiosidad y el amor por el aprendizaje. Los maestros prefieren enseñar a sus alumnos cómo pensar que qué pensar.

La enseñanza no es una profesión fácil, y la condición del sistema de educación pública de Estados Unidos no está facilitando el trabajo. Los maestros de todo Estados Unidos abogan por estos cambios, pero no se sabe cuánto tiempo esperarán hasta que estos cambios sean una realidad.

Fuente: https://www.theedadvocate.org/zero-tolerance-policies-in-k-12-schools-examining-the-pros-and-cons/

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Desconfinamientos educativos y oportunidades para aprender

La pandemia Covid-19, además de ser un drama humano enorme, ha sido una gran oportunidad para aprender en contextos nuevos. Todos los sectores y todas las personas nos hemos enfrentado a experiencias, situaciones, acciones y decisiones difíciles de prever antes del 13 de marzo, fecha del inicio del confinamiento social y del aumento exponencial del desconfinamiento virtual. Nunca las aulas habían estado más abiertas como ahora. Se han convertido en hiperaulas.

¿Hemos pensado en todo lo que hemos aprendido durante estos meses?

Las realidades han ido cambiando de un día para otro, las adaptaciones han sido continuas, la reinvención personal ha dado paso al descubrimiento de posibilidades personales que quizá desconocíamos en nosotros mismos. Este esfuerzo común ha producido unos resultados que se deberían de poner en común por parte de todos. Desde tantos webinars, reuniones virtuales, estudios, encuestas se sigue profundizando para saber más, para interpretarlo todo y para aportar pautas de cara a futuros desconocidos. Hemos de seguir aprendiendo y reinventándonos.

Aprendizajes

La gestión de tantos conocimientos ha sido una gran oportunidad para profundizar en aquello que tiene un valor enorme en todos los ámbitos: la cultura del aprendizaje, en este caso aplicada a profesionales de la educación que han de seguir aprendiendo para enseñar. Dicho de una forma más actual, la necesidad de una nueva cultura del aprendizaje en las organizaciones de todo tipo, en especial, en aquellas que se plantean que esta cultura sea un eje estratégico para las organizaciones inteligentes. La actual pandemia ha generado un manifiesto interesante y muy necesario también en el mundo educativo: Por una nueva cultura de aprendizaje. Y qué mejor que tenerlo presente también entre quien enseña y aprende -si están de acuerdo con sus principios, lo pueden firmar en el enlace anterior, si bien lo más importante es llevarlo a la práctica-.

Contextos

Mientras tanto, alumnado, familias y profesorado hemos podido generar un nuevo sentido de comunidad educativa -o quizá no-, hemos trabajado con una posible inteligencia colectiva dentro del confinamiento social y en medio del gran desconfinamiento virtual para aprender y liberarse socialmente, hemos probado el paso urgente de la enseñanza presencial a la virtual en cuestión de horas. No quedaba más remedio. Los contextos han implicado el fomento de la responsabilidad individual y colectiva en un entorno desconocido, también para las administraciones.

Protegernos a nosotros mismos para proteger a los otros, gestión de los espacios colectivos y familiares, el nuevo concepto de ecología cívica en tiempos de pandemia, el teletrabajo como forma de superar realidades para algunos distópicas, que cambian de un día para otro. El aula y la hiperaula, con enseñanzas en tiempos sincrónicos y asincrónicos dentro de un contexto hipermedia.

Críticas

Últimamente el mundo docente, en medio de la libertad de expresión, es objeto de algunas críticas mediáticas, una práctica que también afecta a otros sectores y que se ha de encajar con deportividad y lucidez. Quizá algunos grupos sociales y de opinión en medios de comunicación y en redes sociales no valoran al colectivo docente como un auténtico servicio esencial -ahora en línea- que ha llamado a las familias o a los alumnos, que ha respondido infinidad de mensajes, ha compartido videoconferencias, documentos, correcciones, vídeos, grabado cuentos, en un ambiente personal y familiar a menudo tan difícil como en parte de la sociedad. Sin gremialismos y desde la práctica diaria en el aula: las críticas constructivas son muy necesarias para mejorar.

A partir de casos concretos que quizá no han funcionado -y que seguro que habrá- no se deben extrapolar conclusiones globales y menos desde la destrucción. Por otra parte, sobre educación todos entienden y, ante la opinión pública, muchos suelen opinar, menos el profesorado. Como en todas las profesiones, habrá de todo pero una mayoría de docentes no puede volver a clase porque nunca se ha marchado de ella. La virtualidad también es presencialidad en el siglo XXI.

Mientras, dentro del sector educativo, se cae, una vez más y en momentos de excepcionalidad, en la comparación entre centros públicos, privados y concertados -con diferencias a menudo muy reales y cuestionables- como si la educación no fuera un objetivo único común y muy importante para la sociedad a la que servimos. Se trata de aprender de todos, unir fuerzas, reducir diferencias y caminar juntos mirando el futuro.

¿Nos imaginamos las oportunidades para aprender que habría si todos los modelos de centros compartieran aún más lo que hacen, sus recursos, su potencial, los problemas y los conocimientos? Podría ser un buen aprendizaje colectivo para el postconfinamiento. Unir fuerzas para mejorar.

Compartimos

Practicar ejercicios de sinceridad en voz alta y desde la actividad de cada uno de nosotros puede aportar elementos de juicio y estrategias interesantes para el aprendizaje. Invito a todos a practicarlo en el sector laboral personal -educativo o no-, escribiendo en documentos compartidos, en las redes sociales, en los claustros, en reuniones, en las memorias de un curso atípico pero real. ¿Qué hemos aprendido? Será la base argumental para repensar durante los próximos días, sea en julio, septiembre o más allá.

Algunas pautas generales y aprendizajes personales y de mi entorno, desde la práctica diaria de la función directiva, a pie de aula:

  1. El poder de la re-organización: la organización educativa ha seguido funcionando con un activo desconfinamiento virtual en todos los sentidos y se ha readaptado. Las reuniones online nos han obligado a aprender nuevas herramientas y su técnica, a pautar tiempos, a ser más puntuales, a vigilar la imagen de fondo (a menudo estanterías repletas de libros), a la brevedad, a cerrar los micrófonos, a leer las imágenes entre líneas. También a las dinámicas de pregunta-respuesta en webinars o el estrés de tantas videoncoferencias seguidas -¿para qué tantas?-. Incluso se han potenciado las reuniones entre alumnos con formatos que no practicaban. O quienes han preparado sesiones para profesorado no demasiado experto en esta tecnología.
  2. El incremento del conocimiento sobre cómo es cada persona durante el confinamiento: si la presencia es habitual en el sistema educativo, el formato digital también transmite cómo eres: cuándo comunicas y cómo lo haces -comunicación verbal y no verbal-, cuándo compartes dudas en grupos de WhatsApp, cuándo demuestras que has leído o no informaciones enviadas, si te dejas guiar por el acto reflejo e impulsivo de preguntar obviedades o repetir preguntas, el grado de cumplimiento de las pautas marcadas, la repercusión del ambiente personal y familiar en el aprendizaje. Nuestra identidad se ha hecho aún más evidente y se ha solapado con la presencial, completando solo una y única.
  3. El incremento de los conocimientos de todos: descubrimiento de webs y de personas para seguir, seguimiento de propuestas de formación, impulso a la autoformación, el fomento de compartir entre iguales, sean docentes o alumnos. Paralelamente se delatan las personas que han quedado al margen.
  4. La importancia de la comunicación y de la intercomunicación: informaciones periódicas a docentes, familias y alumnos; canales abiertos con interactividad y colaboración, comunicación interna, externa, horizontal y vertical.
  5. La gestión de la confusión: hemos aprendido a no decir no sabemos cuando la administración no sabe. Nosotros sí hemos de actuar -en especial los equipos directivos- a partir de consignas abstractas, generalistas y sin implicarse: autonomía de centros y decisiones de los equipos directivos cuando a menudo nadie se atreve a decir ni concretar nada más en medio de la incertidumbre global.
  6. La eficacia de las responsabilidades personales y de los cargos, con mucho voluntarismo: el liderazgo de los equipos directivos, la efectividad o no de las reuniones online, los planteamientos pedagógicos, el seguimiento y atención personalizada al alumnado, incluso hasta quienes hace días que decidieron desconectarse.
  7. La gestión online de todos los procesos administrativos: continuos, con aplicativos uno detrás de otro: eficacia e ineficacia a la vez, aciertos y errores, llamadas sin respuestas, incógnitas para resolver dando la cara.
  8. La conectividad y la equidad tecnológicas: hemos descubierto el valor de que todas las personas tengan acceso a Internet cuando pensábamos que eso era evidente. Las desigualdades tecnológicas descubren auténticas brechas culturales, sociales y económicas. ¿Dónde se encuentra aquella antigua Escuela 2.0 a nivel estatal y las versiones de las comunidades autónomas? Quizá nos hemos enterado de la pobreza económica y de recursos y hemos visto la auténtica y dura realidad de algunas estadísticas en personas concretas y próximas a nuestro entorno educativo, con nombres y apellidos. O también la otra cara, entornos de riqueza y ostentación económica que no colaboran ni se preocupan.
  9. La importancia de la conexión interpersonal, de su cuidado y de la socialización cuando se ha de prescindir del valor más fuerte de la enseñanza presencial: el contacto.
  10. Nuestro impacto en el medio ambiente, la posibilidad de transformar, crear, implicarse, ver los efectos de los comportamientos: aire más puro pero exceso de plásticos por todas partes, con desechos de mascarillas, guantes y envases de geles hidroalcohólicos; o el gran consumo de pantallas.
  11. El aumento de otras visibilidades en Internet: dar valor al trabajo efectuado, colgarlo en espacios web y también atender a las posibilidades de herramientas cada vez más potentes entre adolescentes, como TikTok, que ya desbanca a Instagram y es una gran competidora de Youtube. Se han de crear aliados y aprovechar también dónde está el alumnado.
  12. El análisis crítico de los datos que hemos regalado y nos han tomado en el período de teletrabajo y desconfinamiento digital desde todos los dispositivos. No solo las consultas a Internet. También en las otras plataformas captadoras continuas de más datos como la TV en streaming: Netflix, HBO Max y similares también nos conocen muy bien. Todos hemos regalado muchos de nosotros.
  13. La importancia de la empatía con las familias y la transmisión real de optimismo, con la solución de problemas y dudas, siempre que se pueda. Y saber gestionar sus críticas, acertadas o no.
  14. El papel del alumnado y de las familias, difícil en general, con gran implicación en casa en contextos a veces no demasiado favorables para aprender. Como ejemplo, son significativas las reflexiones en público de adolescentes sobre esta situación.

Nos preguntamos

Para ayudar a reflexionar sobre qué hemos aprendido en los formatos digitales hay muchas estrategias. En esta posible catarsis colectiva comparto cinco preguntas que acabo de formular al claustro, por si pueden ayudar a completar otras propuestas y recibir el feedback de una etapa educativa nunca conocida hasta ahora. Las respuestas después se compartirán con todo el profesorado y servirán para extraer conclusiones y para que la organización educativa mejore:

  1. A partir del 13 de marzo, ¿con qué estrategias nos hemos adaptado a la enseñanza solo online y la hemos favorecido?
  2. Ahora que acaba el curso en formato online, ¿qué aspectos -y con qué propuestas de mejora- se deberían potenciar o corregir para un futuro incierto donde la educación online se cree que cada vez estará más presente?
  3. Ejemplos de evidencias de trabajos o actividades digitales más significativos del alumnado y del profesorado (con una propuesta pedaógica y competencial detrás), fruto del trabajo de estos meses, que estén colgados en portafolios digitales, webs, blogs o redes sociales.
  4. ¿Qué herramientas digitales utilizadas aconsejarías al resto del claustro por su calidad, facilidad y eficacia pedagógicas? (además de Google Meet, Moodle, Google Classroom y correo electrónico).
  5. Otras sugerencias constructivas a tener en cuenta para la educación del futuro, en un centro TIC y en un mundo cada vez más digital (con ventajas e inconvenientes).

El aprendizaje y el autoaprendizaje no se detienen. Situaciones como la actual han de reafirmarnos en la importancia de la educación y en el aprovechamiento de las oportunidades que se presentan. Ante el pesimismo, el optimismo constructivo con nuevas miradas ante una realidad cambiante que nos necesita cada vez más.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/2020/06/16/desconfinamientos-educativos-y-oportunidades-para-aprender/

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El racismo, en aumento

Por: Rosa Cañadell

Desgraciadamente, hemos consolidado una sociedad cada vez más desigual y hemos aceptado situaciones de menosprecio, de explotación y de marginación de algunos colectivos. Con la crisis sanitaria a raíz de la Covid-19 y la crisis económica que ya tenemos encima, está rebrotando uno de los males que más barbaridades ha infligido a nuestra humanidad: el racismo.

Vemos como los EE.UU. están en llamas por las protestas antirracistas a partir del asesinato de un hombre negro a manos de la policía, pero este hecho no es más que la punta del iceberg de la marginación constante de los afroamericanos en ese país. Pero también en nuestra Europa estamos viendo como aumenta la xenofobia y como nadie se inmuta ante los miles de muertos en el Mediterráneo de personas que huyen de la guerra y el hambre. Y también aquí: en Lleida, los hoteleros se han negado a aceptar a 200 trabajadores que recolectan la fruta y que están viviendo en la calle, a pesar de que un futbolista de origen senegalés ha querido pagarles la estancia. Racismo y clasismo en estado puro.

El racismo no se basa en las preferencias individuals o en el grado de simpatía o antipatía hacia las personas que son diferentes. La diferencia existe siempre dentro de cualquier sociedad. La principal característica del racismo es la defensa de un sistema social que
niega una serie de derechos a un colectivo, en función de alguna de sus características. La negación puede ser al trabajo, a la vivienda, a la sanidad, a la educación, a circular libremente y, en circunstancias extremas, a la vida. Y el colectivo varía también en función de las necesidades del momento: los indios en la América colonial, los negros en las plantaciones americanas, los judíos en la Alemana nazi y, en la actualidad, los inmigrantes no comunitarios en la Unión Europea.

El racismo no es innato ni natural, sino que es una construcción social que tiene como objetivo justificar algún tipo de explotación. Es también una manera de dar salida al malestar social, de buscar una «cabeza de turco» a quién traspasar la responsabilidad de los males que sufre una sociedad en un momento dado. Por eso el racismo crece en momentos de crisis, y algunos líderes políticos lo utilizan en beneficio propio, estimulando el odio a partir de falsas informaciones y estereotipos que ayudan a fabricar enemigos y a desviar el malestar hacia los más débiles.

En los momentos actuales, es más fácil culpar los inmigrantes o los negros del paro y la carencia de servicios sociales que no a los banqueros y especuladores. El racismo, además, cumple otra función perversa, que es la de dividir a las clases menos favorecidas, para que no sumen sus fuerzas. Otro factor que estimula el racismo es la desaparición de los modelos tradicionales de confrontación social: la lucha de clases y las organizaciones sindicales y vecinales que habían articulado propuestas de lucha y de cambio, canalizando así el malestar social. Los proyectos de cambio, como el que proponía el movimiento obrero, ofrecían un eje para organizar las demandas de los sectores menos favorecidos. Cómo afirmaba M. Wieviorka, «cuanto más se organiza una sociedad a partir de un conflicto propiamente social, más restringido es el espacio para el racismo». Se trata, pues, de resituar los conflictos dentro del eje social y no de la pertenencia a una etnia, raza o nacionalidad.

Nos esperan tiempos de nuevas crisis. Una vez controlada la sanitaria en que la Covid-19 nos ha sumergido durante casi tres meses, nos esperan tiempos difíciles económicamente hablando, en los que azuzar la xenofobia en lugar de enfrentarse a los poderosos es una salida fácil y vergonzosa que la derecha no duda en utilizar. Hay que construir un nuevo discurso basado en la ciudadanía y la igualdad de derechos, un discurso en qué a los inmigrantes no se les tiene que tolerar porque hacen el trabajo que nosotros no queremos hacer, o porque les necesitamos para pagar nuestras pensiones, sino un discurso que valore a las personas que emigran, que se les reconozcan todos los derechos sociales y laborales y que se resalten los valores positivos de la diversidad cultural, ententdida como riqueza. Y en esto tienen que colaborar la escuela, los medios y los discursos oficiales.

Es imprescindible una alianza de todas las instancias sociales y políticas de izquierdas para exigir una salida de la crisis que no pase por el aumento de las desigualdades, el desmantelamiento de los servicios sociales, la violencia o la exclusión. No olvidemos que la desigualdad alimenta el racismo y este puede acabar convirtiéndose en fascismo. Y esto no nos lo podemos permitir.

Fuente: https://www.eltriangle.eu/es/opinion/el-racismo-en-aumento_106408_102.html

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Estudiar Biología, mucho más que enseñar y cuidar de la naturaleza

Por: Nacho Meneses

Los biólogos continúan jugando un papel relevante en la lucha contra la Covid-19, pero su labor abarca ámbitos que van desde el sanitario hasta el medio ambiental, el tecnológico o el industrial

Si tuviéramos que describir exactamente lo que hace un biólogo, muchos recurrirían a la imagen de un profesional dedicado al estudio y cuidado de la naturaleza; o quizá a la del académico perfil de un profesor, empeñado en transmitir ese mismo amor a las generaciones futuras. Pero la biología, conectada con un conocimiento profundo del funcionamiento de la materia viva, es eso y mucho más, pues sus campos de especialización son tan amplios como los organismos y procesos que estudia: genética, biología molecular y celular, biotecnología, ecología, evolución, fisiología, biogeografía, cambio climático, sostenibilidad, industria o bioinformática, por citar algunos: es la denominada “ciencia del siglo XXI”, polifacética y con un afán intrínseco por la investigación que sin embargo se ha visto maltratado durante años.

“La visión clásica distinguía, de alguna manera, entre los biólogos “de campo”, especializados en el estudio y la actuación sobre los sistemas naturales, y los de laboratorio, centrados en desentrañar la estructura y mecanismos de funcionamiento de los seres vivos, desde los más pequeños y simples, como virus y microorganismos, hasta la complejidad del nivel molecular y celular”, afirma Jesús Pérez Gil, decano de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Complutense de Madrid. “Sin embargo, la visión actual supone una visión más integrada de los organismos y de su entorno: los biólogos ambientales emplean las herramientas moleculares más modernas para examinar el impacto de múltiples factores en las interacciones entre individuos, especies y entorno; y los microbiólogos, por ejemplo, echan mano de conceptos de ecología para comprender cómo las diferentes especies de microorganismos conviven y compiten” asociados a diferentes estados de salud o enfermedad, o para explotarlos en la producción de mejores alimentos o fármacos.

Evidentemente, no hay un solo camino para adquirir competencias tan variadas, y los diferentes perfiles se irán desarrollando a través de una completa formación de grado y posgrado. Si la opción clásica es la de estudiar un grado en Biología que proporcione una base fundamental a complementar con un máster de especialización en un campo de interés particular (Biología de la Conservación, Biología Sanitaria, Industrial y Ambiental, Genética y Biología Molecular, Neurociencia…), en los últimos años también han ido surgiendo grados más específicos como los de BioquímicaBiotecnología o Biomedicina.

Un papel clave en la pandemia

Más allá de médicos y enfermeras, que quizá hayan constituido la cara más visible del frente sanitario contra el coronavirus, los biólogos han estado desde el principio inmersos en la lucha contra la expansión de la pandemia: “Un alto porcentaje de los investigadores que están trabajando para conseguir la vacuna, fármacos y antivíricos que nos ayudarán a combatir la Covid-19 son biólogos, como también muchos de los profesionales que están realizando las pruebas RT-PCR en entorno sanitario”, sostiene María Isabel Lorenzo, vicedecana primera del Colegio Oficial de Biólogos de la Comunidad de Madrid. También han formado parte de los profesionales que han elaborado los protocolos de limpieza, desinfección y uso de productos biocidas y virucidas, “y los equipos de investigación que secuencian el ADN del virus están compuestos por, entre otros, biólogos especializados en genética”.

Lorenzo recuerda, además, que existen biólogos especializados en virología, inmunología, microbiología, parasitología, nutrición, epidemiología y zoonosis (enfermedades que los animales pueden transmitir a los seres humanos), perfiles que serán claves en la sociedad: “Las soluciones a las futuras pandemias se basarán en los estudios de biodiversidad que realizarán profesionales medioambientales, de los cuales muchos vienen de la Biología”, añade.

¿En qué puedo especializarme?

Entre los diversos perfiles profesionales de la biología, hay algunos que gozan de una demanda creciente y una mayor proyección de futuro, ya sea en el ámbito de la biología sanitaria (aquellos relacionados con la genética y la reproducción asistida), sanidad ambiental (seguridad alimentaria, desinfección o control de calidad), sostenibilidad (bioeconomía, control de especies invasoras, consultoría y educación ambiental) o bioinformática, por citar algunos. También necesitan biólogos las empresas, industrias, o instituciones que necesitan hacer una evaluación de impacto ambiental como consecuencia de cualquier obra pública o privada.

Biología sanitaria

Los biólogos llevan a cabo una labor muy relevante en los entornos clínicos y hospitalarios, tanto en aspectos relacionados con la investigación como con el análisis y desarrollo de procesos importantes en la detección, seguimiento y tratamiento de enfermedades y pacientes, en estrecha colaboración con médicos, farmacéuticos y veterinarios. “Los biólogos son profesionales integrados en los servicios de bioquímica, inmunología, microbiología y genética de los hospitales. Además de las pruebas PCR que permiten detectar la presencia de coronavirus en muestras de pacientes, desarrollan nuevas formas de detectarlo más rápida, barata y eficientemente”, esgrime Pérez Gil, que igualmente recuerda el papel de estos profesionales en el mantenimiento de la salud pública, “incluyendo, por ejemplo, el seguimiento y mantenimiento de la calidad de aguas y de ambientes y entornos públicos”.

Biología ambiental

El trabajo del biólogo en la proyección ambiental es esencial para entender la estructura de los ecosistemas, en los que hay que integrar la actividad humana y su relación con el medio. “Es el profesional capaz de analizar y monitorizar cómo cambia la biodiversidad, entendida no solo como el conjunto de especies que conviven, sino también en lo que supone su origen, organización y sus interrelaciones, su dependencia del entorno y su capacidad de modificarlo. Entender su funcionamiento es clave para explicar el posible impacto ambiental de cualquier actividad o actuación, ya sea humana o climática”, explica Pérez Gil. Una capacidad que, señala, es y será crucial para valorar las consecuencias del cambio global a todas las escalas.

Biotecnología

Se trata del ámbito en el que se desarrollan y aplican los aspectos más tecnológicos de la biología. Supone la utilización de organismos vivos para el desarrollo de productos o procesos de interés, ya sean fármacos, alimentos, procedimientos de análisis biomédico o ambiental, o procesos de remediación y restauración de ambientes: “Cultivar bacterias o células de mamífero para la producción de vacunas o fármacos, modificar genéticamente animales o plantas para mejorar su capacidad de producción de proteínas o su resistencia a sequías o plagas, o para que produzcan complementos vitamínicos que mejoren su calidad alimenticia”, ilustra Pérez Gil.

Entre los proyectos en los que ha trabajado Cristina Gutiérrez, bióloga e investigadora especializada en Química Analítica de la Universidad Complutense de Madrid, se encuentra uno llevado a cabo con la Facultad de Veterinaria: “Se había sintetizado un fármaco contra la lesmania. Ellos lo habían probado en animales, y lo que nos traían eran muestras de plasma para cuantificar qué cantidad del fármaco queda una vez administrado, y saber qué dosis son necesarias para que sea efectivo”.

Una investigación precaria

Muchos de los ámbitos de actuación de la biología están, como ya se ha mencionado, estrechamente relacionados con la actividad investigadora. Sin embargo, y a falta de circunstancias más estables, las condiciones en las que deben desarrollar su labor en España continúan perpetuando un éxodo de talento hacia otros países. “La investigación española está desde siempre financiada muy por debajo de lo que corresponde a un país de nuestra potencia económica, con solamente una aportación del 1,24% del PIB en 2018, mientras que la media de la OCDE para ese mismo año era del 2,40%. En porcentaje del PIB nos superan países como Hungría, Estonia o Malasia”, esgrime María Isabel Lorenzo.

Por otro lado, y a diferencia de lo que sucede en países como Estados Unidos, Alemania o Japón, donde la iniciativa privada supone dos tercios de la investigación, en España los sectores públicos y privados se reparten la inversión casi al 50 %, según el informe Cotec 2020, que desde 1996 analiza cada año el estado de la I+D+i en España. “Para que resulte atractiva la inversión en investigación para las empresas, tiene que existir previamente un potente sector público de investigación que sirva como vivero de profesionales y que cree necesidades y oportunidades en las que puedan participar las empresas para generar retornos. Y nuestro sector público está demasiado poco financiado para ofrecer ese atractivo”, argumenta Lorenzo.

Es precisamente este contexto el que hace que ejemplos como el de Esperanza Calvo, doctora en Biología y especialista en Botánica, no sean un caso excepcional: con 52 años, y más de 20 como investigadora en el Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM), ha pasado por un rosario de empleos en los últimos siete años, y se lamenta de que “el dinero invertido en mi formación académica e investigadora, y todo el conocimiento acumulado hasta hoy sirva para que, actualmente, continúe en búsqueda activa de empleo”.

Todos los expertos consultados insisten en la necesidad de contar con un sistema de apoyo a la investigación que se encuentre a salvo de vaivenes políticos y reveses económicos, y Pérez Gil no es una excepción: “Lo que dedican del presupuesto a investigación debe considerarse como una inversión, no como un gasto. Eso sí, una inversión a medio-largo plazo, y quizá sea ese una parte del problema. Nuestros políticos no terminan de apostar por ello porque es difícil que se vean los frutos en el plazo de tiempo de una legislatura, en la que sienten que tienen que dar cuenta de sus decisiones. A diferencia de muchos de los países de nuestro entorno, nos falta tradición”.

Una percepción que comparte Margarita Villalonga, graduada en Biología por la Universidad de Valencia en 2019 y actualmente estudiante de un máster en Oceanografía. Gracias a una beca Erasmus, ella cursó el último año de carrera en la Norwegian University of Science and Technology, en Trondheim (Noruega). “Allí, la ciencia y la investigación se encuentran a otro nivel social. Una persona que quiere estudiar una carrera de ciencias para ser científico probablemente ya sabe el sueldo y el prestigio que puede llegar a obtener. Pero en España, los científicos no tienen ningún reconocimiento ni a nivel económico ni social, sino que se ven como constantes becarios intentando conseguir algo que, con suerte, les llegará a los 40 o los 50, si se han arrastrado lo suficiente”.

Además del problema crónico de financiación, y en relación con él, la vicedecana de los biólogos madrileños señala como principal problema de la investigación española en el sector público la precariedad de los recursos humanos. “Por ejemplo, la investigación en el Sistema Nacional de Salud soporta tasas de temporalidad superiores al 90% y una elevada conflictividad laboral (salarios irrisorios en comparación con los países de nuestro entorno, contratos en fraude de ley, ausencia de carrera profesional…), lo que se da también en otras instituciones como las universidades y el CSIC. Solamente ha empezado a atajarse en los últimos años”.

Fuente: https://elpais.com/economia/2020/06/17/actualidad/1592383975_600691.html

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