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Encuesta: UNEY. Postdoctorado en Políticas Públicas y Educación

Por: UNEY. Postdoctorado en Políticas Públicas y Educación.

Compañers feliz dia. Me gustaria pedirles un favor. Me encuentro realizando en ls UNEY un postdoctorado en Politicas Publicas y educación y se nos ha pedido que hagamos un ejercicio a través de un cuestionario (que ya elaboró el facilitador de este seminario). Pueden apoyarme con las respuestas? Es breve y esta en google con este enlace

Fuente de la encuesta: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSeZxhprhUwbtcOE-qrtgI-mceUkDATWuzbGN1V_Tedtha1rKw/viewform

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Suspender la evaluación para preservar el derecho a la educación

Por: Lidón Gasull. 

El 12 de marzo, el ‘conseller’ de Educació, Josep Bargalló, anunció el cierre de los centros educativos por el covid-19. Debemos reconocer que estamos ante una situación muy compleja de la que no tenemos referente y, tanto el Departament de Educació como el resto de la comunidad educativa, están trabajando contrarreloj para ofrecer soluciones. Quizá es esta prisa para tomar decisiones la que hace que nos desviamos del objetivo principal: garantizar el derecho a la educación bajo los principios de igualdad, equidad y no discriminación.

La obligación jurídica de garantizar este derecho bajo estos principios no queda suspendida durante el estado de alarma y, por tanto, es responsabilidad del Departament desplegar tantas medidas como sea necesario para garantizar las mismas oportunidades al conjunto del su alumnado, también –y especialmente– en momentos de excepcionalidad como la actual.

En este sentido, debemos recordar que la garantía del derecho a la educación no se mide por los contenidos académicos que un sistema educativo es capaz de ofrecer a un determinado tipo de alumnado, al contrario, se mide por la capacidad que tiene de hacer que todo el alumnado disfrute de las mismas oportunidades para desarrollarse.

Los medios telemáticos

Sabemos, sin embargo, que tal y como reconoce el propio ‘conseller’, actualmente no se puede garantizar que todo el alumnado tenga las condiciones materiales –y emocionales– para seguir la actividad académica por medios telemáticos, así como tampoco se pueden garantizar las competencias digitales y pedagógicas del conjunto del profesorado para afrontar este reto.

Parece evidente, pues, que el Departament debería suspender la tercera evaluación en todos aquellos niveles educativos en los que no pueda garantizar la accesibilidad de todo el alumnado. Pero también deber prohibir a todos los centros educativos (públicos y privados concertados) que sigan impartiendo materias curriculares a su alumnado. La Conselleria debe velar por que no se aproveche este momento de crisis de salud pública para algunos tomen ventaja, ya que permitiéndolo está convirtiendo el derecho fundamental a la educación en un privilegio para aquellos que disfrutan de las mejores condiciones en el marco de la crisis actual.

Es momento que el Departament demuestre a la ciudadanía que la educación privada concertada, financiada con los fondos públicos, no goza de privilegios frente la educación pública, y prohíba que su profesorado, pagado directamente por la Conselleria, siga impartiendo materias curriculares al alumnado a través de plataformas educativas. Por otra parte, se debe prohibir que sigan haciendo publicidad y promoción de sus centros educativos para hacer campaña de preinscripción cuando, desde el Departament, se ha suspendido el proceso hasta nuevo aviso.

Ahora bien, el hecho de que no se hayan de impartir y evaluar materias curriculares no significa que se tenga que romper el vínculo entre el alumnado, la familia y la escuela, todo lo contrario. El papel de los tutores es esencial, porque conocen tanto las necesidades de su alumnado como su contexto familiar y pueden ser la correa que transmita información entre la administración educativa, servicios sociales y las familias para cubrir necesidades materiales y, en la medida de lo posible, emocionales.

La urgencia de unas directrices claras

Es urgente, sin embargo, que el Departament saque directrices claras destinadas al profesorado, familias y alumnado. El profesorado debe saber cómo proceder a partir de este martes en cada nivel educativo, y también hay que trabajar con los equipos directivos para hacer las adaptaciones curriculares necesarias para que el alumnado recupere los contenidos académicos el próximo curso.

Las declaraciones ambiguas del ‘conseller’ acerca de las actividades evaluables ponen mucha presión sobre las familias, que se ven incapaces de ofrecer el apoyo educativo necesario a sus hijas e hijos y, a la vez, se sienten responsables del impacto que esto puede tener en su currículum académico.

También el alumnado debe tener claro bajo qué condiciones se hará el paso de 4º de ESO hacia Bachillerato o la FP; y aquellos que los días 7, 8 y 9 de julio se someterán a la selectividad se les debe garantizar que el acceso a los estudios universitarios no dependerá del centro educativo donde han estudiado o de su contexto socioeconómico.

Ahora, más que nunca, es necesario que los principios de igualdad, equidad y no discriminación sean la base de cualquier decisión que se tome, porque sólo así evitaremos que el derecho a la educación se convierta en un privilegio.

Fuente del artículo: https://www.elperiodico.com/es/opinion/20200413/articulo-lidon-gasull-suspender-la-evaluacion-para-preservar-el-derecho-a-la-educacion-7926803

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Educación a distancia en tiempos de pandemia

Por: Juan González.

Ahora culminaremos el año escolar a distancia, según lo anunciado por el Ministro de Educación. Claro, todo ello previa encuesta, en la cual por supuesto que más del 99% de los encuestados afirmarán que es la decisión más acertada que se haya tomado en estos últimos 20 años.

Honestamente no creo que esta pandemia deje para mucho campo en esta materia. Ya la educación venezolana venía de sufrir los estragos de un prolongado bloqueo y un estrangulamiento de la economía que llevó los salarios de los docentes al subsuelo y por tanto a la decadencia en esta materia apenas levemente superada por los últimos años de la cuarta república, cuando el neoliberalismo casi por poco desaparece la educación pública.

La semana pasada una maestra me contó que con su última quincena de marzo, incluido cesta tickets, logró comprar 5 canillas y kilo y medio de queso. Esta semana, cuando el queso ya supera los 550.000 Bs, supongo que si compró un kilo no le alcanzó para las canillas.

Pero el Ministerio dentro de poco declarará como todo un éxito el plan de educación a distancia. Quizás el próximo año escolar se instrumente esta modalidad de manera definitiva, quizás como un incentivo para las maestras y maestros que ya no tendrían que pagar pasaje.

Con ese plan de «educación a distancia», el ministro y sus asesores dejan de lado la cuestión de cómo abarcar a la población, numerosísima, de niños y niñas que no tienen equipos (computadoras, teléfonos inteligentes) y/o servicio de internet, sin dejar por fuera a las maestras y maestros que carecen de estos soportes tecnológicos.

Quizás en esta coyuntura tan difícil que vive, con la amenaza de una intervención de parte de los Estados Unidos, nada disimulada y más real que ficticia, no parece propicio ni oportuno señalar las equivocaciones de un Ministro, que no ha dejado de equivocarse desde que llegó por segunda vez a Salas, pero la verdad verdadera es que lo menos que debemos hacer es atender con seriedad los asuntos nacionales ante una Patria amenazada.

Si ha sido acertada la estrategia de imponer una cuarentena preventiva por parte del Gobierno nacional para evitar los riesgos de la pandemia, contando con la asesoría y el apoyo de China, Cuba, Rusia y entes como la OMS y OPS, vale la pena que a la educación se le dedique tiempo y esfuerzos para, una vez superado lo de la pandemia, tomar el toro por los cachos en esta materia.

Aristóbulo, por los años vividos deberías tener un mínimo de vergüenza y poner tu cargo a la orden, renuncia y dale paso a otros, ya has cometido suficientes fracasos en esta segunda gestión.

Fuente del artículo: https://www.aporrea.org/educacion/a289141.html

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Aprendamos de lo comunal para no aniquilar al individuo

Por: Miguel Erasmo Zaldívar Carrillo.

En el libro La formación del pensamiento sociológico Nisbet expone francamente el conflicto, al parecer aun hoy insoluble, entre la autoridad que emana de la vida comunitaria y la libertad que nos regaló el capitalismo solidariamente con el desarrollo del poder del estado. Y en algo tiene razón cuando critica a Rousseau: la libertad que nos dieron fue la causa de la disolución de la responsabilidad emanada de la vida en colectivo bajo la idea del éxito y el cuidado personal (Robert, 1996). Según lo que expresa el autor es difícil que la persona humana en libertad pueda crecer solidariamente con la colectividad. Ante esta postura me revelo.

Es asombroso, que todavía hoy, cuando se leen algunas propuestas emanadas de las formas organizativas de las culturas madres se argumenta, en algunas oportunidades, en contra del individualismo generado por el capitalismo como si el sujeto individual no pudiese estar en un armonioso equilibrio con el sujeto colectivo. En la formación del homo sapiens  lo individual y lo social no pueden ser separados; ni ontogenética ni filogenéticamente. La socialización de lo individual y la individualización de lo social son dos caras de la misma moneda en el proceso de constitución de la personalidad.  Ni lo uno ni lo otro podrán entenderse sino en la dialéctica del sistema de relaciones sociales en la que el hombre individual emerge.

Que la “naturaleza humana” es el “conjunto de las relaciones sociales” es la respuesta más satisfactoria, porque incluye la idea del devenir: el hombre deviene, se transforma continuamente con el transformarse de las relaciones sociales […]. Puede incluso decirse que la naturaleza del hombre es la “historia” (y en este sentido, postulando historia = espíritu, que la naturaleza del hombre es el espíritu) si precisamente se da a la historia el significado de “devenir” (Gramsci, 1981, págs. III, 172-173)

Se nace en un específico nicho socio histórico cultural y se han de internalizar las relaciones, saberes y habilidades humanas para que lo humano emerja en un individuo; luego ese propio individuo tendrá posibilidades creativas que lo impulsen más allá de sus propias internalizaciones, haciendo que la sociedad humana avance en esta construcción de la cultura en la que estamos empeñados desde que el Tumai bajó de los árboles en las llanuras africanas. El desarrollo del capitalismo, ciertamente, se acompañó de un proceso de liberación del individuo que se encontraba atado e impedido de crecer por creencias, en algunos casos muy dañinas, como las que nos condujeron a quemar mujeres (supuestamente brujas); también cadenas emanadas de relaciones económicas regidas por el monarca y que frenaban el desarrollo de la naciente industria; otras eran relaciones familiares de sumisión de la mujer, etcétera. La liberación del individuo por parte del desarrollo del capitalismo temprano fue un pequeño paso de avance en el curso de la historia humana que lo condujo a males terribles.

Quiero llamar la atención en este punto porque se suele confundir al individuo y su derecho a la plena libertad con el individualismo capitalista y no son la misma cosa. Considero que no debemos confundir ambas ideas porque el capitalismo es, en primer lugar, el palacio del egoísmo y es en este egoísmo subjetivado al extremo que emerge un sujeto irresponsable ante el destino humano.  Cuando se dice individualismo no debe entenderse la negación de lo individual sino más bien la instalación del egoísmo desmedido como fundamento primero de ese sujeto, que es uno de los logros más difíciles de aniquilar del capitalismo. El individualismo capitalista devino egoísmo sin freno, ambición enfermiza y amor a lo superfluo.  En este punto digo que el capitalismo liberó al individuo para atarlo con mayor firmeza a su instrumentalismo consumista y, en tal sentido, no liberó. No hay tal individualismo capitalista porque se le niega al hombre el derecho a ser diferente y único, para reducirlo a cierto número de hábitus malsanos. En el capitalismo la uniformidad llega a ser crónica: Nada hay más parecido a un enajenado que otro enajenado.

El problema del individuo en el capitalismo no es que se sienta solo para decidir su vida, sino que cree estar por encima de los demás y de la naturaleza en la búsqueda de sus intimas satisfacciones mundanas. Padecemos un egoísmo que, quiérase o no, separa al sujeto o a un grupo de ellos, del destino de la humanidad toda. Metafóricamente puede decirse que el capitalismo educa personas capaces de construir, en medio del diluvio, una barca para ellos solos y sentirse felices y satisfechos. La educación del individuo no prohíbe que se le permita volar por encima de su tiempo y darse a una utilidad que va más allá de todo límite. Se trata entonces de educar un individuo con valores humanos para que no pueda disfrutar su felicidad rodeado de la miseria ajena.

Y es que la patria no pude ser el podio del egoísmo sino el espacio social en el que los hombres individuales se donan a los demás; patria es donación serena, sacrificio necesario hacia el bien común.

El pasado 4 de abril varios medios de comunicación amanecían con la noticia, por demás, aterradora de que:

Este viernes, la ministra de Exteriores española Arantxa González Laya informó de que las autoridades turcas han retenido en el aeropuerto de Ankara un cargamento de respiradores camino de España, donde iban a ser destinados al tratamiento de los pacientes más graves con coronavirus, enfermedad que ya se ha cobrado las vidas de casi 11.200 personas y contagiado a 119.200 en el país. (Alicia, 2020)

Se le estaba limitando la llegada de esos equipos y materiales a una España que ya había visto morir a más de 11 mil ciudadanos. Y uno se pregunta, si un país decide robar los respiradores que otro había encargado: ¿Qué valores se ponen de manifiesto?

Y qué ocurrió cuando el crucero británico MS Braemar con sus enfermos de covid-19 quiso entrar a puerto y se lo impidieron: ¿Que valores manifestamos cuando actuamos de esta manera? ¿Y qué ocurrió cuando Cuba abrió su puerto para que esos seres humanos tuviesen una posibilidad de vivir?; que Habló Martí por sus actos: “Patria es Humanidad”. En un comunicado, la cancillería cubana subrayó que “son tiempos de solidaridad, de entender la salud como un derecho humano, de reforzar la cooperación internacional para hacer frente a nuestros desafíos comunes”.

Si una nación agredida y con severas limitaciones económicas, como la cubana, manda a sus galenos a curar a los hijos de otros pueblos: ¿Qué valores humanos se están manifestando?? No se trata entonces de poner a competir lo individual con lo social; sino de educar valores en los que ni uno ni otro prevalezca mezquinamente. Una sociedad que se ocupe de sus individuos educa individuos que se ocupan de los problemas de esa sociedad y del mundo.

En el seno de la sociedad mexicana han subsistido pueblos con una muy especial forma de organización a la que se le denomina comunalidad. Dentro de ella el sujeto es libre de crecer y desarrollar todas sus potencialidades; pero llegado el momento el pueblo en su asamblea lo convoca a cumplir ciertas funciones a las que no puede sustraerse. ¿No es esto una limitación de la libertad del individuo? No, no lo es. Es un pequeño aporte de lo individual a lo social sin el cual se disuelve lo comunal. Con esto digo que encontramos hoy en día territorios en los que se han dado el equilibrio ético al que toda sociedad humana debe aspirar. Es el mismo equilibrio que se logra en la isla de Cuba sin que en ella existan territorios organizados por comunalidad.  Tal vez, toda la isla es una comunidad de 11 millones de habitantes que practica el sentido comunal de la existencia con el mundo.

En este mismo orden de cosas es triste cómo algunos, a veces, la emprenden contra la ciencia, la industria y la tecnología como si ellas fueran las causantes de los males sociales que hoy aquejan a la sociedad humana. Esto es, salvando las distancias, como aquellos que arremetieron contra las herramientas de trabajo acusándolas de sus condiciones de explotación.

Algunos me han esputado; ¿Por qué hablas mal del capitalismo y utilizas una computadora? Como si mi laptop en sí fuese capitalista por haber sido construida en condiciones de explotación. Habría que remitirse al texto de José Ramón Fabelo “Los valores y sus desafíos actuales” para entender que las creaciones humanas portan significado hacia la humanidad y que este significado depende de la relación de su propia naturaleza y función con la dignidad de la vida. Ni la ciencia, ni la industria ni la tecnología en sí son malas; si puede serlo el uso que los hombres deciden hacer de ellas. Lo negativo es el sistema de relaciones económicas que se ha desarrollado y que subsume toda creación humana desnaturalizándola y sometiéndola a su servicio egoísta. Marx dejó claro que el capitalismo es un sistema inhumano, alienante y debe ser derrotado.

La educación utilizando las nuevas tecnologías de la informática y las comunicaciones tampoco es mala en sí mismo. Lo peligroso es que se la utilice para llenar arcas particulares a costa del desarrollo pleno e integral de la persona humana. Porque debemos estar alertas en que los contenidos con los que se educa al hombre en México son, como mínimo, cuestionables.

Digo contenido cuestionable porque están peligrosamente separado de la realidad histórica en la que vivimos y porque entretiene a los estudiantes en problemáticas que no tocan en los más mínimo las urgencias que viven sus pueblos y comunidades. Se enseña ciencia sin conciencia y se instruye en las humanidades sin humanidad.  No diré que se ha perdido el sentido de la educación crítica y/o emancipadora porque, en mi opinión, eso no lo hemos tenido.

Los mexicanos de este tiempo y más lo educadores deben entender que con pandemia o sin pandemia estábamos ya evocados a construir una educación que abriera el futuro de esta matria mexicana a la definitiva liberación sobre todas las formas de explotación que hemos vivimos.  Con pandemia o sin ella, debemos estar claro que lo que denominamos educación pública, universal y gratuita estaba muy mal: porque ni educaba la criticidad ni la liberación. Los términos publica, universal y gratuita no satisfacen las necesidades educativas del mundo que hoy se vive. Necesitamos, como mínimo una educación, como nos dice Dussel, descolonizadora y yo agregaría; que eso indica antimperialista. Cuando digo, antimperialista no me refiero a la empresa privada; sino a la ética productiva de un sistema que para funcionar necesita robar al hombre su territorio, espiritualidad y su carácter solidario. Imperialismo es despojo por la fuerza, como pretenden hacer hoy con la hermana y siempre digna Venezuela.

En este punto aparece, para salvar el tema, y hablando de educación el concepto de calidad que tanto critican algunos. ¿Qué es calidad educativa? ¿Cómo entender este concepto que el egoísmo capitalista brega por arrebatarnos? ¿Acaso calidad educativa puede ser un concepto que organice y dirija el proceso de emancipación humana?  Nosotros pensamos que sin calidad educativa no podrá haber educación descolonizadora.  Más que sustraernos del concepto de calidad educativa debemos rescatarlo y regresarle el sentido primario que tuvo. Calidad es esencia.

La calidad, tal y como la conceptúa Gramsci es la cualidad de todo objeto de ser diferente a otros elevándose a la vez a su máxima potencia.  El Guernica de Pablo Picasso es una obra de calidad.  Según argumenta el propio Gramsci el capitalismo renuncia a la calidad en aras de la cantidad; pone la cantidad por encima de ella.

La pandemia no va a cambiar el contexto socio histórico anterior a la cuarentena. No lo hizo la peste, ni la gripe española y no lo hará el covid-19.  Cuando termine la cuarentena seguiremos siendo un país productor de materias primas e importador de mercadería. Seguiremos siendo un capitalismo dependiente de la economía norteamericana. Seguiremos disfrutando de las televisoras privadas que ahora, tendrán nuevos temas para sus propuestas alienantes. Retomaremos el futbol, a Batman y a Laura Boso. Y todo ello será, irremediablemente, si no nos montamos en la crisis de este momento histórico y construimos una educación capaz de darnos  conciencia histórica. Las crisis no ofrecen más soluciones que las que sean capaces de construir los hombres. Las crisis suelen ser excelentes oportunidades de crear soluciones, pero solo para hombres y pueblos que fundan. Estoy seguro, por ejemplo, que el sistema de salud del pueblo cubano saldrá fortalecido de esta crisis porque mejorará su calidad y se harán los cambios necesarios para prepararnos para próximas eventualidades como esta.

Necesitamos construir, entonces, una educación de calidad en el sentido en el que Gramsci la entendía. En este momento debemos decir que calidad educativa es todo aquel proceso pedagógico que se organice y dirija hacia el desarrollo máximo de lo humano (del individuo) en el hombre. Un hombre que emergiendo de su colectividad logre la mayor individualidad posible y un sistema de valores que lo prepare para servir. Un hombre que pueda vivir, como decía Martí, por encima de su tiempo. Un hombre cuya creatividad pueda romper las cadenas de la explotación.

Y en este sentido, la noción de creatividad, en su vínculo con la praxis política, asume un nuevo significado: “creativo hay que entenderlo en el sentido ‘relativo’, de pensamiento que modifica el modo de sentir del mayor número y por lo tanto de la realidad misma que no puede ser pensada sin este mayor número” (Gramsci, 1981, págs. Tomo IV, p. 131)

Calidad es lo irrepetible, lo que no podrá ser clonado ni homogeneizado por el capitalismo.  El capitalismo no produce calidad sino cantidad. Como dice Antonio el capitalismo renuncia a la calidad en aras de la cantidad. La escuela de hoy produce cantidad y no calidad porque no potencia al máximo el desarrollo personal individual del alumno. Lo conduce hacia un estado de mediocridad funesto y aniquilador.

La OCDE y otros organismos internacionales nos robaron el concepto de calidad y le adjudicaron criterios egoístas, reduccionista y parciales en consonancia con el individualismo capitalista y con el modelo de sociedad y hombre que ellos buscan.  Les interesaba que al sujeto mediocre que salía de sus aulas se le adjudicara una categoría como esa para ocultar su putrefacción pedagógica. Con solo decir que el argumento central de la OCDE en su propuesta de calidad para México se centra en que:

Hacia una reforma educativa en México: La mejora en la calidad educativa es una prioridad política y social en México, especialmente en años recientes, debido a las altas tasas de pobreza, la fuerte desigualdad y el aumento de la criminalidad. (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, 2010)

Ellos pretenden resolver los problemas de la sociedad mexicana atacando los efectos y no las causas. La educación, en nuestra convicción no puede resolver problemas sociales que no genera. Idealistamente se le pretende dar a la escuela responsabilidades que están más allá de sus posibilidades reales para justificar al verdadero causante del desastre que es el imperialismo neoliberal.  Lo que para la OCDE es calidad para nosotros es suicidio; lo que para nosotros es calidad para ellos es aniquilación porque la calidad educativa tal y como la vemos aniquila al egoísmo capitalista neoliberal.

Ninguna sociedad podrá llamarse humana si no potencia al máximo el desarrollo de todas las cualidades humanas individuales: todo hombre tiene derecho a ser y a ir más allá del grupo en el que se forma; de eso se trata la creatividad y la calidad educativa: de superar individualmente las condiciones sociales de partida; pero junto a ello, claro está, se debe educar en la responsabilidad hacia el otro, hacia la humanidad toda.

Cuando nos acercamos a personalidades de la historia como Bolívar, Martí, Juárez, Sucre; etcétera: comprendemos que fueron personas que pudieron vivir su tiempo siendo ellos mismos, tal vez con algunas dudas y temores; pero, tomando distancia, de la masa que los acompañaba. La verdadera libertad humana legará cuando la educación pueda darle a cada quien el desarrollo para el que está listo, cuando la escuela le de alas a cada niño para que se eleve al cielo de lo humano y enriquezca la cultura con sus aportes únicos e irrepetibles. En los cuadros de Diego, de Frida y de Picasso hay calidad; son únicos, hermosos y creativos.

Digamos entonces que se debe buscar el equilibrio natural y sano entre lo social y lo individual; entre mis justificadas metas personales y las posibilidades del colectivo de sustentarlas sin perder la dignidad colectiva. Podemos asegurar que una colectividad humana sana es aquella en la que los individuos no tienen límites a sus desarrollos personales.

Trabajos citados

Alicia, A. (4 de Abril de 2020). La escasez global de respiradores multiplica la «piratería moderna» entre países. Obtenido de MUNDO: https://www.elconfidencial.com/mundo/2020-04-04/respiradores-coronavirus-escasez-global-pirateria_2534175/

Gramsci, A. (1981). Cuaernos de la Carcel (Vol. Tomo I a VI). Puebla, México: Era.

Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. (2010). Acuerdo de cooperaciónMéxico-OCDE paramejorar la calidadde la educación de lasescuelas mexicanas. México-DF: OCDE.

Robert, N. (1996). La formación del pensamiento sociológico. Buenos Aires: Amorrortu editores.

Fuente del artículo: Equipo de Ove.

Imagen: https://pixabay.com/illustrations/human-group-of-people-collection-567563/

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El coronavirus y la sociedad de la mentira global

Por: Pedro Luis Angosto.

 

Durante el año pasado se registraron en España 277.000 casos de cáncer. La mitad de los enfermos morirán en un plazo inferior a cinco años, sufriendo durante el resto de su vida un calvario indecible de idas y venidas al hospital, de quimio y radioterapia, de dolor y sufrimiento y de miedo indescriptible. En una sociedad avanzada y civilizada, las investigaciones para curar o paliar el cáncer, las enfermedades cardíacas y las degenerativas deberían ocupar un lugar preeminente, dedicándoles todos los medios económicos posibles. Del mismo modo, en un mundo civilizado y justo, la Organización Mundial de la Salud, en vez de callar, debería denunciar los precios altísimos de los tratamientos para esas enfermedades que están arruinando a los sistemas estatales de salud, declarar la libertad de todos los países copiar cualquier medicamento que sirva para mejorar la vida de los enfermos y condenar el reparto mafioso y monopolístico de los nuevos tratamientos por parte de los grandes laboratorios. No lo hace, mira para otro lado, y la curación de esas enfermedades que tanto dolor causan a tantísima gente se pospone hasta que la mafia quiera.

El año pasado murieron en España por accidente laboral casi setecientas personas, resultando heridos de gravedad o enfermos debido al trabajo varios miles de personas. Las causas están claras, precariedad laboral, jornadas interminables, destajo, escasas medidas de seguridad y explotación. Ningún organismo estatal ni mundial alerta sobre el deterioro de las condiciones de trabajo ni esas víctimas, que podrían haberse evitado con muy poca inversión, abren los telediarios ni ocupan más de su tiempo.

No creo que nada de lo que pasa en el mundo sea por casualidad, ni que los informativos ignoren inocentemente el número de muertos por guerras absurdas que cada año asolan al mundo de los pobres

En 2019, seis mil españoles murieron de gripe, una enfermedad tan común como el sarampión que  mata todos los años a miles de personas en África sin que la OMS exija a los Estados miembros que aporten las vacunas necesarias -que valen cuatro perras- para evitar ese genocidio silencioso. Al fin y al cabo, la mayoría son negros.

En 2018, más de cuarenta mil personas murieron en España por la contaminación ambiental, siendo directamente atribuibles a esa misma causa el fallecimiento de ochocientas mil personas en la Unión Europea y casi nueve millones en el mundo, aparte de los millones y millones que padecen enfermedades crónicas que disminuyen drásticamente su calidad de vida.

En 2017 más de seis millones de niños murieron de puta hambre en el mundo mientras en los países occidentales se tiran a la basura toneladas y toneladas de alimentos. Ese mismo año, más de dos mil millones de personas trabajaron jornadas superiores a 15 horas por menos de 10 euros al día. Ningún informativo, ningún periódico, ninguna radio lleva días y días insistiendo machaconamente en esa tragedia que martiriza a diario a media humanidad y amenaza con llevarnos a todos a condiciones de vida insufribles.

La suspensión del Congreso Internacional de Móviles de Barcelona -Congreso que probablemente no se vuelva a celebrar tal como lo hemos conocido en años sucesivos- no se debió al coronavirus, sino a la exhibición que las grandes tecnológicas chinas iban a hacer sobre sus avances en el 5G

Hace unas semanas surgió en una región de China un virus que causa neumonía y tiene una indicencia mortal menor al uno por ciento. Los medios de comunicación de todo el mundo, acompañados con las redes sociales de la mentira global, decidieron que ese era el problema más terrible que había azotado al mundo desde los tiempos de la peste bubónica del siglo XIV que diezmó la población de Europa en casi un tercio. No hay telediario, portada de periódico por serio que sea o red social en la que el coronavirus no ocupe un lugar preferente y reiterativo hasta la saciedad, como si no tuviésemos bastante con las enfermedades ya conocidas que matan de verdad a muchísima gente después de largos periodos de sufrimiento y tortura vital. No sé como surgió ese nuevo virus, tampoco si es nuevo, carezco de conocimientos científicos para ello, lo único que sé es lo que cuentan los especialistas, y es que apenas mata ni deja secuelas importantes. Pese a ello, a que lo saben, los informativos siguen creando alarma a nivel mundial. ¿Por qué?

No creo que nada de lo que pasa en el mundo sea por casualidad, ni que los informativos ignoren inocentemente el número de muertos por guerras absurdas que cada año asolan al mundo de los pobres. Vivimos un tiempo de relevos, la potencia hegemónica –Estados Unidos– tiene por primera vez desde el final de la Guerra Fría un serio competidor que se llama China. Ese competidor fue alimentado desde los años ochenta por las potencias occidentales debido a su enorme población, a su pobreza y a los salarios bajísimos de sus trabajadores. Han pasado cuarenta años y lo que entonces pareció una decisión magnífica para acabar con los Estados del Bienestar, abaratar costes e incrementar riquezas de modo exponencial, ha tomado otro cariz y ahora esa potencia pobre produce casi el 18% de todo lo que se fabrica en el mundo y está en disposición de dar el gran salto que la coloque en como primera potencia mundial, algo que será inevitable haga lo que haga Trump y sus amigos porque tienen el capital, la tecnología y la mano de obra necesaria. La suspensión del Congreso Internacional de Móviles de Barcelona -Congreso que probablemente no se vuelva a celebrar tal como lo hemos conocido en años sucesivos- no se debió al coronavirus, sino a la exhibición que las grandes tecnológicas chinas iban a hacer sobre sus avances en el 5G. Se trataba de impedir de cualquier manera que los chinos pudiesen demostrar que hay campos en los que ya están por delante de Estados Unidos y, por supuesto, de Europa. No hay otra explicación ni otra razón. Con la cancelación del congreso de Barcelona y la información apocalíptica sobre las consecuencias de la expansión del coronavirus se daba un paso más en la nueva guerra fría que se ha inventado Donald Trump, dejando claro a China que todo vale en la guerra y que su ascenso al primer puesto les va -nos va- a costar sangre, sudor y lágrimas.

El coronavirus es una enfermedad que no arroja datos alarmantes, primero porque no se expande al ritmo de las grandes epidemias que ha sufrido el mundo, segundo porque tampoco los porcentajes de mortandad son equiparables a los de otras plagas como la “gripe española”. Sin embargo, y dentro de un lenguaje medieval, se está intentando crear pánico a escala global y por eso cada día nos cuentan el nuevo caso que se ha descubierto en Italia, Croacia, Malasia o Torrelodones, uno por uno, haya dado muestras de quebranto o no. Se trata de alimentar el bicho del miedo a escala global con fines estrictamente políticos y económicos, y nunca antes como hoy, en la sociedad de la desinformación, han existido tantos medios para imponer las mentiras como verdades absolutas al servicio de intereses bastardos. El coronavirus no es el fin del mundo ni nada que se le parezca, es una enfermedad normal, como tantas y con poca mortandad, pero la manipulación mediática interesada puede llevarnos a una crisis de consecuencias devastadoras.

Fuente del artículo: https://rebelion.org/el-coronavirus-y-la-sociedad-de-la-mentira-global/

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Riesgos de inequidad en la educación a distancia.

Riesgos de inequidad en la educación a distancia.

Rogelio Javier Alonso Ruiz*

La pandemia que ha provocado el coronavirus tomó por sorpresa a los sistemas educativos del mundo. El mexicano no ha sido la excepción. Ante el cierre de escuelas como medida de prevención de contagio del patógeno y dado que aún no se ha difundido una estrategia oficial para continuar con el trabajo académico, se ha generado cierta incertidumbre entre docentes y alumnos. Las posturas han sido diversas: desde profesores que desde su iniciativa particular han generado ofertas atractivas para trabajar a distancia con sus alumnos, hasta quienes tachan a las autoridades educativas de insensibles al solicitar evidencias del trabajo, dadas las condiciones sociales y económicas de sus alumnos.

Ante el cierre de planteles, la educación a distancia ha emergido como la alternativa para tratar de salvar, en la medida de lo posible, el desarrollo escolar del estudiantado. A pocos días de que sea presentada la estrategia nacional de educación a distancia (ya circulan en internet los documentos correspondientes), es necesario revisar con detenimiento las condiciones de acceso a las tecnologías de la información y la comunicación de la población mexicana. Buena parte del éxito de la estrategia se sentará en el aprovechamiento de los medios de comunicación al alcance de los mexicanos. En este sentido, el panorama presentado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2019), da cuenta de dificultades importantes.

Por lo que se ha visto en las primeras semanas de confinamiento el internet se ha posicionado como el medio para establecer contacto con los alumnos. Si bien la conectividad a internet ofrece muchas ventajas para el trabajo académico por las amplísimas posibilidades de acceder a información o establecer mecanismos de comunicación entre docentes y estudiantes, debe considerarse que no es cercana su universalización entre los mexicanos: 65.8% de la población mayor a seis años se declara usuaria de este servicio. Además, hay una brecha considerable entre las zonas urbanas y rurales del país: mientras en las primeras el 73% usa internet, en las segundas apenas el 40.6%.

Debe señalarse también que sólo la mitad de los hogares mexicanos (52%) cuenta con conexión a internet. Las desigualdades en cuanto a la disponibilidad de este recurso son considerables: mientras entidades como Ciudad de México, Nuevo León o Sonora sobrepasan el 70%, otros estados como Oaxaca y Chiapas tienen niveles inferiores al 30%. Además de la conexión fija en los hogares, otra de las vías de acceso a internet es a través de la telefonía celular mediante conexiones de datos o móvil. Si bien este servicio se ha extendido aceleradamente en los últimos años, las brechas entre los Estados del país con respecto a su uso son significativas: mientras en el primer grupo de entidades señaladas anteriormente los niveles son superiores al 80%, en el segundo es inferior al 60%. Aunado a los datos anteriores, debe decirse también que sólo el 44% de los hogares mexicanos cuentan con computadora.

Es evidente pues que, en sus condiciones actuales, el uso de internet como medio educativo implicaría un riesgo significativo de perpetuar las desigualdades en nuestro país: como sucede con las escuelas físicas, las regiones de pobreza se encontrarían en desventaja con respecto a las de zonas de mayor prosperidad o, dicho de otra forma, se estarían brindando las peores oportunidades educativas a quienes más requieren de sus efectos transformadores. Sin el afán de sugerir que sea una medida posible para nuestro país, resulta muy ilustrativo el hecho de que, en la ciudad de Nueva York, la alcaldía haya determinado dotar de computadoras y tabletas a aquellos estudiantes que carecían de ellas para poder efectuar el trabajo a distancia: el riesgo latente de dejar atrás a la población en pobreza no ha pasado desapercibido de las autoridades de aquel lugar.

Países como Italia, ante el cierre de escuelas por la presencia de coronavirus, ya han decidido otorgar la aprobación a sus estudiantes. Si en México se considerará continuar con el trabajo escolar a distancia, es importante generar una estrategia que sea realista y pertinente, tarea por demás compleja debido al volumen de la matrícula de nuestro sistema educativo y su heterogeneidad. Dadas las condiciones sociales y de acceso a la tecnología, parece inevitable que la educación a distancia no logre llegar a un sector importante de la población mexicana: desafortunadamente, para muchos alumnos la escuela física es el único medio para aprender. No por lo anterior deben desestimarse los esfuerzos por ofertar una enseñanza remota, pero quienes diseñen la estrategia deberán cuidar no contribuir a hacer más grandes las diferencias entre los alumnos mexicanos, considerando no sólo el acceso a la tecnología, sino también el capital cultural de las familias. Ojalá, por el bien de los más necesitados, la educación a distancia no se convierta en una de las caras más lamentables de nuestro sistema educativo: su tendencia hacia la inequidad.

*Rogelio Javier Alonso Ruiz. Profesor colimense. Director de educación primaria (Esc. Prim. Adolfo López Mateos T.M.) y docente de educación superior (Instituto Superior de Educación Normal del Estado de Colima). Licenciado en Educación Primaria y Maestro en Pedagogía. 

Twitter: @proferoger85

Facebook: El Profe Rogelio

REFERENCIAS

INEGI (2029). Estadísticas a propósito del Día Mundial del Internet (17 de mayo). Datos nacionales. Disponible en: https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2019/internet2019_Nal.pdf

Autor: Rogelio Javier Alonso Ruiz

Fuente de la Información: https://proferogelio.blogspot.com/2020/04/riesgos-de-inequidad-en-la-educacion.html?m=1&fbclid=IwAR0lMO7mf0juAI-LtPdqSJZNzsnwpciMIOK6S_jATHp_4JLm40JPtZkHPd4

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Hacer de la necesidad virtud (I): Reforzar los vínculos

Guadalupe Jover

De la noche a la mañana la docencia directa, la presencia física, el diálogo cara a cara, el trabajo comunitario se ha visto sustituido por un sinfín de aplicaciones y plataformas que manejamos a tientas -quienes contamos con dispositivos móviles y conexión a internet- y cuyas muchas sombras no queremos plantearnos.

Asomó enseguida la brecha digital. Es decir, la brecha social nos estalló en la cara. Cuando la Comunidad de Madrid argumentaba el otro día que la mayor respuesta del alumnado de bachillerato se debía a sus mayores dosis de responsabilidad y compromiso con los estudios, pretendía obviar dos cosas: que quienes llegan a bachillerato son, en la mayor parte de los casos -hasta PISA lo confirma-, quienes pertenecen a determinados entornos socioeconómicos y cuentan, por tanto, con uno o varios ordenadores en casa; y que la comunicación con ellos se establece al margen de la plataforma institucional de Educamadrid, que tantísimos problemas nos ha dado y de la que no debemos escapar con los más pequeños. Lo más triste de todo esto es que es posible anticipar -si no se da un golpe de timón en las políticas sociales y escolares- qué estudiantes de 1º de ESO llegarán a bachillerato, tomando como criterio el lado de la brecha digital en que han caído.

Valga un ejemplo entre otros muchos posibles. Uno de mis alumnos de primero apenas daba señales de vida en el aula virtual del instituto. Pongamos que se llama Ahmed. La tutora contactó al fin con su familia. Y esto fue lo que nos dijo: “Acabo de hablar con la familia de Ahmed. En persona es más o menos fácil comunicarme con ellos, pero por teléfono es imposible. Ahmed se ha puesto por fin al aparato y me ha contado que no tiene ordenador y que se va ‘sin que le pille la policía’ a casa de su hermano que sí tiene”. Se nos partía, claro, el corazón. Para que nos hablen luego de responsabilidad y compromiso.

Parece al fin que algunas comunidades van a proveer de dispositivos y conexión a los hogares que carecen de ambas e, incluso, introducirán mejoras en sus propias plataformas aprovechando el parón vacacional. Bienvenidas ambas medidas.

Vayamos, entonces, a un segundo escenario. Imaginemos que estamos ya en condiciones de comunicarnos, todos sin excepción, de manera virtual. Quienes lo han hecho durante estas semanas -y hablo de estudiantes, docentes y familias- saben bien lo abrumadora que puede ser una tarea planteada de manera atomizada: decenas de asignaturas y decenas de actividades y ejercicios, muchos de ellos absolutamente descontextualizados, e imposibles de acompañar en el proceso. Un proceso que reclama horas y horas de pantalla y que nos tiene a estas alturas absolutamente desbordados. A todos.

Y mientras, en los hogares, pasan cosas: enferma el padre, fallece la abuela, la madre se queda sin trabajo. La convivencia es fácil o difícil. El aislamiento se sobrelleva con recursos o pasa factura en la salud, en el ánimo y en el trato. Sobrecoge imaginar (o conocer) qué vivencias están teniendo ahora mismo nuestros alumnos y alumnas.
Necesitamos buscar, creo, respuestas colectivas a un problema colectivo. El confinamiento ha disparado aún más la soledad académica. Preñada de buena voluntad, es cierto. De incontables horas y muchísimo cariño. Es cálida la comunicación de estos días, pese a no tenernos delante. Pero seguimos trabajando a solas. Aún más a solas que nunca.

La preocupación de la inspección estos días parece ser -y se entiende que así sea- cómo vamos a acometer la calificación del alumnado en un fin de curso incierto. Pero en no menor medida debiera preocuparnos qué aprendizajes vamos a impulsar en los tres meses que aún faltan para las vacaciones de verano.

Y aún más debiera preocuparnos -es lo que de verdad nos preocupa a quienes estamos a pie de aula- cómo dar apoyo emocional a nuestro alumnado en estos días tan difíciles. Por eso, si hay un quehacer docente irrenunciable ahora mismo, ese es el de la tutoría. Ojalá hubiéramos contado en cada centro con sólidos equipos de trabajadores sociales; cuánto más fácil sería ahora. Pero no es el caso. Y como ninguno de nosotros somos capaces de llegar a conocer las circunstancias de cada uno de nuestros más de cien o doscientos estudiantes, habremos de echar el resto con los 30 de nuestra tutoría. Es el momento de los tutores. Incluso en vacaciones.

Se ha escrito mucho en estas semanas acerca de cuáles han de ser ahora las prioridades: cuidar el bienestar personal, facilitar -y no tensar- la convivencia familiar, procurar la equidad. Con estos cimientos claros, es importante que Administración y docentes aprovechemos la tregua de las vacaciones para repensar cómo acometer este extraño tercer trimestre, también en lo académico.

El Consejo Escolar del Estado baraja entre sus recomendaciones posibles no avanzar contenidos nuevos en lo que queda de curso: esta concepción del aprendizaje como una vertiginosa sucesión de epígrafes en el libro de texto no deja de ser extraña. Pero puesto que está hondamente arraigada y nos encontramos ante una coyuntura que nos legitima para superarla, ¿por qué no ponernos a ello?

¡Cuántas veces hemos querido acometer actividades que se nos antojaban hondamente formativas pero que nos reclamaban tiempo; cuántas veces hemos querido preparar pequeños proyectos interdisciplinares pero el currículo nos apremiaba; cuántas veces hemos querido abrir la mirada al entorno y otras urgencias nos lo impedían! Ni para leer había tiempo, al parecer.

No sé si tiene mucho sentido “volver” de Semana Santa y seguir como hasta ahora: tratando de dar seguimiento individual a nuestras respectivas programaciones, sea “avanzando” sea “repasando”. No podemos dedicar tampoco la mayor parte del tiempo a una interminable -y a menudo estéril- supervisión de tareas. Un escenario nuevo reclama una estrategia diferente y este, en su enorme tragedia, entraña una oportunidad también para repensarnos como equipos docentes.

Mi propuesta es sencilla: coordinémonos más, compartamos materiales, trabajemos en equipo. Y propongamos a chicos y chicas tareas menos fragmentadas y más vinculadas: vinculadas entre sí, con ellos y con el mundo. Plantémonos qué aprendizajes son de verdad relevantes.

Y para todo ello, para salvaguardar el bienestar personal y la convivencia familiar, para salvar la equidad y promover aprendizajes que en otros contextos no son siempre posibles, necesitamos también de las bibliotecas. Mañana hablaré de ello.

Nota. Concluido ya este artículo y enviado a la redacción tengo noticia de esta iniciativa: “Suspender las programaciones” del IES Cartima (Cártama, Málaga). Qué mejor ejemplo de cuanto propongo.

Guadalupe Jover es profesora de Educación Secundaria

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