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La cultura informática y una nueva educación

Por: Luis A. Montero Cabrera.

 

Los seres humanos lo somos porque intercambiamos más información entre nosotros que ninguna otra especie viva. Hay bastante acuerdo entre los científicos para considerar que la selección natural hizo que aquéllos homínidos (homo habilis) que hace unos 2.4 millones de años habitaban la hoy Tanzania fueron unos grandes aportadores. Deben haber tenido la garganta, el cerebro y las necesidades suficientes para que comenzaran a intercambiar sonidos articulados.

Estos eran tan diferenciables que se asociaban con hechos y así se convertían en informaciones pasando a ser conocimientos compartidos entre el que emitía el sonido y el que lo recibía y entendía. Era un lenguaje elemental. A partir de ese momento, los que podían hacerlo tenían más posibilidades de supervivir que los que no. De ahí que las especies que los sucedieron fueron perfeccionando esa habilidad tan ventajosa.

Hoy homo sapiens puede no solo intercambiar cualquier información hablando y oyendo, sino escribiendo y leyendo, porque inventó esas formas de comunicación hace unos seis milenios. Más recientemente, hace décadas, la hemos registrado en unidades binarias que permiten a los sistemas de cómputo electrónico hacer con ella prácticamente cualquier cosa. La informática moderna es así probablemente la ciencia y tecnología actual más revolucionaria e intrínseca a la condición humana, como lo fueron en su momento la escritura, la imprenta y las telecomunicaciones.

Nuestra Patria llegó temprano a esta más reciente revolución informática. Los cubanos diseñamos, construimos, producimos en serie y aplicamos computadoras desde temprano en la década de los setenta, cuando muchísimos países ni las tenían. Estábamos inspirados por un líder emprendedor como Fidel y una causa tan humana como nuestra Revolución. Lamentablemente, una combinación bastante compleja de diferentes sumandos hizo que la penetración de esas tecnologías en la población cubana en general no siguiera el ritmo que requería. Toda la Universidad de La Habana podía intercambiar electrónicamente información con el exterior a razón de poco más de un millón de bits por segundo hasta hace unos seis años y hoy lo hace más de mil veces más rápido. ¿Por qué?

Las verdaderas revoluciones logran avanzar y consolidarse precisamente por mantener siempre procederes revolucionarios, por cambiar lo que debe ser cambiado. En febrero de 2015 la dirección del país, a través de nuestro actual Presidente de la República, emitió un pronunciamiento que rompió al menos las ataduras subjetivas y ha permitido ese avance notabilísimo en el último quinquenio. Hoy podemos exhibir y satisfacernos de haber ido adelante mucho más rápido que otros, aunque seguimos con desventaja en muchos aspectos con respecto al resto del mundo. Estamos pendientes de lo que tenemos que tener y lograremos, que es tener la sociedad más informatizada del mundo, como le corresponde a un socialismo próspero y sostenible.

Los componentes de este proceso que se ha dado en llamar como “informatización de la sociedad” son muy variados. Uno de ellos es el infraestructural. Muchos países llegaron a nuestros días con una conectividad “en sólido” bastante desarrollada gracias a haber implementado anteriores tecnologías, como la TV por cable y una modernizada y robusta telefonía fija. En esos casos la trasmisión de información digital era solo un cambio en la forma de usar esa infraestructura. Este es un déficit infraestructural que afrontamos hoy en Cuba.

Afortunadamente, este siglo ha visto una explosión en la eficiencia y posibilidades de la trasmisión de información inalámbrica, con ondas de radio, lo que en gran medida nos releva de muchos tendidos y nos permite alcanzar altos estándares solo desarrollando trasmisores y receptores. Por otra parte, las tecnologías que permiten usar esa infraestructura programándola para procesar y trasmitir información pueden ser dominadas con relativa facilidad por el ejército de científicos de computación e ingenieros en informática y comunicaciones que hemos formado en los últimos años.

¿Dónde puede estar la “sustancia limitante”, como decimos los químicos, el componente que frene determinantemente el progreso, aunque todo lo demás pueda avanzar? Pues para muchos es la cultura informática de toda la población y de sus directivos, los que ayudan todos a que la sociedad marche hacia adelante con una buena conducción. El ministro de comunicaciones se refería a ello como “el quinto pilar” del desarrollo en una reciente intervención.

Nadie duda que la primera misión del primer grado de la enseñanza primaria es enseñar a los niños a leer y escribir, así como a realizar las operaciones más elementales de trabajar con valores en la Aritmética. En ambos casos, la escuela refuerza así la condición humana de gestión de información. Se trata de adaptar a un niño a las condiciones de intercambio de conocimientos indispensables durante su vida para cualquier sociedad moderna hasta el siglo XX. Estas formas educativas tienen solo unos pocos siglos, y solo masivamente en las naciones más desarrolladas que lo fueron también gracias a que leían, escribían y sacaron buenas cuentas.

Sin embargo, cabe preguntarnos si un niño cubano que debe llevar su vida adulta en el siglo XXI y más adelante solo requiere esas formas de enseñanza tempranas. ¿Será necesario introducir también formas explícitas de lógicas elementales para los razonamientos y las búsquedas de datos, el concepto de información y de su representación en términos binarios, y algunos aspectos más de la informática moderna? Esta pregunta la podrían responder especialistas en enseñanza y en informática, informados, progresistas y videntes del futuro.

Algo parecido tenemos que pensar para toda la población cubana actual. Las masas en otros países han alcanzado aprendizaje intuitivo de informática gracias al acceso que han tenido a estos medios antes de nuestro despertar reciente. Un país que exalta su vocación de oportunidades para toda la sociedad como el nuestro debería implementar programas de educación y cultura informática masiva a toda la población y sus directivos, públicos y privados, a todos los niveles. Es así que podremos sacar el máximo provecho, y también riqueza, de estas maravillas tan humanas, y desde ahora mismo.

Fuente del artículo: http://www.cubadebate.cu/opinion/2020/02/29/la-cultura-informatica-y-una-nueva-educacion/#.Xl2TiKgzbIV

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Alerta que camina: La lucha de científicas en América Latina

Alerta que camina: La lucha de científicas en América Latina

Por Nadia Luna

Por Nadia Luna (*)

Suena el teléfono: “No voy a parar hasta sacarte del CONICET”, dice una voz. “Si yo fuera tu jefe, te haría venir en minifalda”, dice otra. Así comienza el spot realizado por la colectiva “Ciencia sin Machismo“, formada por trabajadoras del Centro Nacional Patagónico (CENPAT–CONICET), de Puerto Madryn, Chubut. Las frases provienen de una encuesta que realizaron en el año 2018 dentro del instituto, donde relevaron que al menos el 53% experimentó alguna vez violencia machista en su lugar de trabajo.

“La violencia machista es aquella ejercida sobre mujeres y disidencias sexuales por el mero hecho de serlo, en el marco de una relación desigual de poder. El sistema científico, parte de esta sociedad sexista y patriarcal, no está exento de estas situaciones”, explican las investigadoras del CENPAT en el spot, que fue lanzado este martes 11 de febrero, con motivo del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Esta fecha fue establecida por la ONU en el año 2015 para visibilizar el trabajo de las mujeres que hacen ciencia y tecnología, así como también las barreras que deben enfrentar en el ámbito laboral.

2015 también fue el año del primer “Ni Una Menos en la Argentina”, que marcó una nueva etapa en la cronología de los movimientos feministas y de mujeres en América Latina, transversales a todos los sectores y regiones del continente. En el ámbito científico, esto generó la proliferación de organizaciones de científicas, tecnólogas e ingenieras. En Agencia TSS, charlamos con integrantes de colectivos de Argentina, Chile, Perú, Ecuador y Colombia para conocer sus objetivos, acciones y logros. Tienen muchas similitudes y también varias diferencias pero a todas las une un hecho: la salida siempre es colectiva.

Ciencia sin Machismo se formó en en el CENPAT (Puerto Madryn) en el año 2018, a partir de la necesidad de varias investigadoras de visibilizar las violencias a las que eran sometidas de forma cotidiana.

Ciencia sin Machismo se formó en en el CENPAT (Puerto Madryn) en el año 2018, a partir de la necesidad de varias investigadoras de visibilizar las violencias a las que eran sometidas de forma cotidiana.

Argentina: Una usina de ciencia feminista

En el mundo, solo tres de cada diez personas que hacen ciencia son mujeres, mientras que, en América Latina, el porcentaje asciende al 45%. En la Argentina, las investigadoras del CONICET son el 53% pero esta mayoría proviene de la base de la pirámide jerárquica. Las becarias son el 60% y, a medida que se sube de categoría, el número de mujeres comienza a decrecer hasta llegar a la cima, donde las investigadoras superiores son solo una de cada cuatro en la categoría.

Este mecanismo de segregación se conoce como “Techo de cristal” y se traduce en menor reconocimiento y bajos salarios. También existen las “paredes de cristal”, con disciplinas más masculinizadas que otras, como es el caso de Física, Matemática, Informática e Ingeniería.

Ciencia sin Machismo se formó en en el CENPAT en el año 2018, a partir de la necesidad de varias investigadoras de visibilizar las violencias a las que eran sometidas de forma cotidiana. “Empezamos con la encuesta y de a poco fuimos evolucionando hacia una organización más proactiva, que busca generar herramientas para lograr no solo eliminar las violencias, sino también igualar las condiciones con nuestros compañeros varones”, le dijo a TSS la bióloga Soledad Leonardi, integrante de la colectiva. Hace poco, lograron la conformación de un Comité Institucional de Políticas de Género dentro del CENPAT y la aprobación de un dispositivo de atención en casos de violencia de género. Además, forman parte de la Comisión Interdisciplinaria del Observatorio de Violencia Laboral y de Género del CONICET.

“Hay varias políticas que se podrían implementar en el corto plazo para disminuir la desigualdad de género en ciencia, como considerar a las maternidades en los procesos de evaluación, ampliar licencias por maternidad y paternidad, implementar lactarios en los lugares de trabajo y garantizar los jardines maternales”, señaló Leonardi, y destacó el valor de la lucha colectiva para conquistar nuevos derechos.“Una de las pocas cosas que rescato de estos años de macrismo es la organización de trabajadores y trabajadoras de la ciencia. Empezamos a salir más del laboratorio y a luchar por nuestros derechos”, afirma.

El colectivo “Mujeres en CyT” está conformado por estudiantes, becarias, docentes, investigadoras, personal administrativo y de servicios del Departamento de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ).

El colectivo “Mujeres en CyT” está conformado por estudiantes, becarias, docentes, investigadoras, personal administrativo y de servicios del Departamento de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ).

Otro colectivo de científicas argentinas de reciente formación es “Mujeres en CyT”, conformado por estudiantes, becarias, docentes, investigadoras, personal administrativo y de servicios del Departamento de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), en Buenos Aires. Surgió en 2018 con el objetivo de promover el estudio de la situación de mujeres y disidencias en ciencia y tecnología, y proponer actividades que estimulen la participación de niñas, niños y adolescentes en esta área. Una actividad reciente fue “Mirá la Ciencia Que Hacemos”, que convocó a estudiantes secundarios del Barrio Itatí a participar de una jornada con diversas experiencias científicas.

“El vínculo entre la comunidad científica y la sociedad continúa siendo una cuestión de élites o grupos particulares. Por eso, consideramos que la divulgación científica ocupa un rol central para correr este eje y poder generar mayor cercanía con la población. Trabajar en el conurbano tiene la gran ventaja de poder conocer mejor las problemáticas del territorio y tomar acciones de intervención. En los próximos dos años, vamos a trabajar en estimular vocaciones científico-tecnológicas en jóvenes, con énfasis en mujeres y disidencias”, explicó la biotecnóloga Sandra Goñi, integrante de Mujeres en CyT.

En los últimos años, surgieron numerosos colectivos de científicas argentinas que buscan enfrentar la desigualdad de género y estimular vocaciones científicas. La lista es larga y crece. Algunas son Las De Sistemas, Las Curie, Mujeres Trabajadoras del Centro Atómico Bariloche y el Complejo Tecnológico Pilcaniyeu, Amautas Huarmis, Chicas en Tecnología, Women in Engineering Argentina, y las comisiones de género de diversas instituciones, entre muchas otras. Merece mención especial la pionera Red Argentina de Género, Ciencia y Tecnología (RAGCyT), fundada en los noventa por las investigadoras Diana Maffía, Silvia Kochen y Ana Franchi, esta última hoy presidenta del CONICET.

Chile: Sacarle el parche al acoso sexual

A fines de noviembre, la bioquímica chilena Adriana Bastías fue reconocida con el Premio “100 Mujeres Líderes 2019”, otorgado por el diario El Mercurio y Mujeres Empresarias de Chile. Tras dudar si aceptar el premio de un medio de comunicación muy criticado por la cobertura de las protestas sociales que comenzaron con el estallido del 18 de octubre, decidió aprovechar la oportunidad y asistió con un parche en el ojo para homenajear a los cientos de chilenos que perdieron la vista al ser reprimidos por la policía (carabineros).

Adriana Bastías recibió el premio 100 Mujeres Líderes con un parche en el ojo para homenajear a los cientos de chilenos que perdieron la vista al ser reprimidos por la policía.

Adriana Bastías recibió el premio 100 Mujeres Líderes con un parche en el ojo para homenajear a los cientos de chilenos que perdieron la vista al ser reprimidos por la policía.

Bastías es docente en la Universidad Autónoma de Chile y presidenta de la Red de Investigadoras (RedI), una asociación que busca promover la equidad de género en el sistema científico y visibilizar las barreras que deben enfrentar las mujeres para hacer ciencia y tecnología. Nació en Puerto Natales, al sur del país, y estudió en la Universidad Austral, en la provincia de Valdivia. Fue allí cuando empezó a observar ciertos comportamientos sexistas por parte de compañeros y profesores. “Cuando empiezas a despertar y mirar las cosas a través de la lupa violeta, ya no hay vuelta atrás. El hecho de poder organizarnos y apoyarnos es muy importante porque, aunque no estemos de acuerdo en todo, siempre va a haber alguien ahí para acompañarte”, afirma Bastías.

En Chile, solo el 27% de los subsidios FONDECYT (principal fuente de financiamiento de proyectos individuales de investigación) y FONDEF corresponden a proyectos presentados por mujeres, según datos aportados por la investigadora. En tanto, las que dirigen centros de investigación son apenas el 17%. El año pasado, la ingeniera Natacha Pino, miembro de RedI y rectora de la Universidad de Aysén, se convirtió en la primera rectora electa en la historia de las universidades estatales de Chile.

La Red de Investigadoras se creó en el año 2016 y una de las iniciativas más importantes tiene que ver con un movimiento que surgió en 2018 por denuncias de acoso sexual en el ámbito universitario. Por eso, desde RedI, junto con senadoras y senadores de diversos partidos, presentaron un proyecto de ley para prevenir y sancionar el acoso sexual en educación superior. El proyecto ya obtuvo media sanción y este año se discutirá en la Cámara de Diputados. Además, la red publicó el libro “A mí también”, con testimonios anónimos de violencia de género en contextos académicos como: “Mi profesor dijo ‘no se preocupe, las mujeres solo vienen a la universidad a buscar marido’; y “Me ofreció sexo a cambio de posiciones laborales en diferentes instituciones” (puede descargarse acá).

La Red de Investigadoras de Chile se creó en el año 2016 y una de sus iniciativas fue presentar, junto con senadoras y senadores de diversos partidos, un proyecto de ley para prevenir y sancionar el acoso sexual en educación superior, que ya tiene media sanción.

La Red de Investigadoras de Chile se creó en el año 2016 y una de sus iniciativas fue presentar, junto con senadoras y senadores de diversos partidos, un proyecto de ley para prevenir y sancionar el acoso sexual en educación superior, que ya tiene media sanción.

Bastías señaló que, por ahora, no existe una política de género integral impulsada desde el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. “Si bien se lanzó una hoja de ruta de lo que sería en el futuro una política de género, por ahora solo son buenas intenciones. Creemos que es importante que haya una política transversal e intersectorial porque, si bien después del mayo feminista de 2018 se generaron protocolos en algunas instituciones, observamos que muchos no se cumplen”, dijo. Otra iniciativa que la RedI apoya fuertemente es que haya paridad de género en el proceso que atraviesa el país trasandino en la discusión por una nueva Constitución Nacional.

Perú: Herederas del silencio

Estefanía Pomajambo es socióloga especializada en género y se desempeña como tutora-coordinadora de Humanidades en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC). Sin embargo, la primera carrera que estudió pero no logró terminar fue Ingeniería Informática. Quizás haya tenido que ver con la primera barrera que, según ella, deben enfrentar las niñas y mujeres para hacer ciencia: la construcción cultural de roles de género. “Cuando somos niñas, nos crían con juguetes rosados y vinculados con tareas de cuidado, mientras que a los niños les dan juguetes constructivos y de ingenio. En Perú, además, tenemos otra dificultad: por nuestra fuerte historia de dominación y racismo estamos muy acostumbradas a quedarnos calladas y no opinar en clase”, cuenta.

A veces, los techos de cristal se convierten en techos de cemento: “En muchas zonas rurales, las niñas ni siquiera llegan a ir al colegio, ya que se considera que es una pérdida de tiempo darle educación a una niña si después va a quedar embarazada. En tanto, quienes sí logramos ir, enfrentamos la barrera de que ya en la pubertad se nos incentiva más a tener pololos (novios) que a estudiar ciencias”, explicó Pomajambo. Para combatir esas barreras, junto con la física María Luisa Cerón y la socióloga Alizon Rodríguez Navia decidieron crear la Red Peruana de Ciencia, Tecnología y Género, que se lanzará oficialmente el próximo 20 de febrero en la Pontificia Universidad Católica del Perú.

La Red Peruana de Ciencia, Tecnología y Género se lanzará oficialmente el próximo 20 de febrero en la Pontificia Universidad Católica del Perú.

La Red Peruana de Ciencia, Tecnología y Género se lanzará oficialmente el próximo 20 de febrero en la Pontificia Universidad Católica del Perú.

La iniciativa surgió a partir de la interacción con otras organizaciones vinculadas a la temática de ciencia y género. Entre ellas, Mujeres Peruanas en Ciencias Matemáticas, +Mujeres en UX, Women in Physics, FemDevs (desarrolladoras de videojuegos) y la Red Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Género (RICTyG). Las investigadoras comenzaron a juntarse a mediados de 2019 y luego abrieron las reuniones a quienes quisieran participar. Los objetivos principales son reducir la desigualdad de género en el sistema científico, contribuir a eliminar los estereotipos de género en el ámbito educativo e impulsar iniciativas legislativas que contribuyan a la paridad en ciencia y tecnología.

Pomajambo destacó que el CONCYTEC, principal organismo peruano de ciencia y tecnología, tiene por segunda vez en su historia una presidenta mujer, la bióloga Fabiola León-Velarde, quien creó el Comité Pro Mujer en CTI para impulsar la participación de más mujeres en las ciencias. Sin embargo, todavía queda trabajo por hacer, no solo en cuestión de género sino en el ámbito científico en general. “Actualmente, solo hay 4000 investigadores registrados en CONCYTEC, que es muy poco para una población de 33 millones de habitantes. De esos, solo el 30,8% son mujeres. También es necesario que los y las científicas se involucren más en la atención de conflictos sociales, como explotación minera y de recursos naturales, precariedad laboral y daño a la Amazonía peruana. Involucrarse en este tipo de cuestiones es algo que le cuesta no solo a los científicos, sino a la población en general”, enfatiza.

Ecuador: El poder de las redes

Cuando empezó a estudiar biología, Claudia Segovia no sintió que tuviese que atravesar obstáculos por ser mujer. Su perspectiva cambió cuando se fue a Estados Unidos para hacer el doctorado,  junto con su marido y sus dos hijos. Habló con otras colegas y descubrieron que compartían ciertas frustraciones. Las tareas de cuidado recaían más en ellas y tenían que luchar contra el estereotipo a la hora de ir a una entrevista laboral. “Ahí empecé a ver los obstáculos que tuve en mi carrera y que había naturalizado. Con mis compañeras creamos el grupo ‘PhD moms’ para apoyarnos y tratar de combatir los micromachismos y la falta de autoestima que eso nos termina generando”, cuenta.

Las científicas Patricia Castillo Briceño y Melani Peláez Jara propusieron crear un colectivo de científicas ecuatorianas a través de un intercambio por Twitter en 2016. Enseguida se sumaron Segovia y Marcela Morales Hidalgo y fundaron la Red Ecuatoriana de Mujeres Científicas (REMCI). Uno de sus puntos fuertes es la interacción en redes sociales, donde difunden tanto el trabajo de las mujeres en ciencia como datos sobre la desigualdad de género en el área. “Llegamos a unas 100.000 personas al mes y eso nos llevó a darnos cuenta de la capacidad de empoderamiento que tiene formar estas redes”, dijo Segovia.

“En Ecuador todavía no se percibe como un problema la falta de mujeres en ciencia", dice Claudia Segovia, cofundadora de la Red Ecuatoriana de Mujeres Científicas (REMCI).

“En Ecuador todavía no se percibe como un problema la falta de mujeres en ciencia”, dice Claudia Segovia, cofundadora de la Red Ecuatoriana de Mujeres Científicas (REMCI).

A partir de alianzas fueron realizando diversas iniciativas. Por ejemplo, las dos ediciones del Seminario Internacional “Impacto de las Mujeres en la Ciencia”, impulsado junto a la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) y el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL). Este año, además, Quito será sede del XIII Congreso Iberoamericano de Ciencia, Tecnología y Género. Las integrantes de REMCI también elaboraron y presentaron una solicitud a la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (SENESCYT) para que se tome en cuenta la maternidad al momento de evaluar la producción científica de las investigadoras.

Más allá de los avances, Segovia advirtió: “En Ecuador todavía no se percibe como un problema la falta de mujeres en ciencia. De hecho, no se le da suficiente valor al desarrollo de ciencia y tecnología, y eso lleva a que no tengamos un número y nivel adecuado de producción científica en el país. Además, el sistema no tiene la capacidad de absorber a todos los investigadores y termina provocando una fuga de cerebros. Otro punto a trabajar es que la ciencia no siempre está asociada a los problemas de la sociedad. Se necesitan más canales de comunicación de la ciencia y eso es algo que hemos estado trabajando en la red por medio de la divulgación. Los científicos y científicas tenemos que salir de nuestros laboratorios y hablar más con la comunidad”.

Uno de los puntos fuertes de la Red Ecuatoriana de Mujeres Científicas (REMCI) es la interacción en redes sociales, donde difunden tanto el trabajo de las mujeres en ciencia como datos sobre la desigualdad de género en el área.

Uno de los puntos fuertes de la Red Ecuatoriana de Mujeres Científicas (REMCI) es la interacción en redes sociales, donde difunden tanto el trabajo de las mujeres en ciencia como datos sobre la desigualdad de género en el área.

Colombia: Ciencia para la Paz

El 11 de febrero, Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, amaneció con una buena noticia para Colombia: el Gobierno creó el “Fondo+Mujer+Ciencia” para apoyar económicamente la participación de las mujeres en este ámbito. Esta iniciativa comprende una serie de compromisos, entre ellos, garantizar equidad en el otorgamiento de becas y subsidios para investigación; desarrollar un programa de mentorías para niñas y jóvenes; incorporar el enfoque de género al sistema de evaluación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación; e implementar un protocolo nacional para la actuación frente a casos de acoso sexual en espacios educativos y laborales.

El documento fue presentado este martes por la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, la ministra de Ciencia, Mabel Torres, y las jefas de otras carteras nacionales de un país que ostenta el quinto lugar en el mundo en porcentaje de mujeres en cargos ministeriales (52.9%). Sin embargo, el ámbito científico y académico no está exento de la desigualdad de género: solo hay un 7,7% de rectoras universitarias y, de los 13.000 investigadores registrados, las mujeres representan el 37%.

La Red Colombiana de Mujeres Científicas surgió en 2016 con la misión de estimular y visibilizar la participación de las mujeres en ciencia y tecnología, y promover políticas para garantizar dicha participación.

Ángela Camacho (segunda desde la der.), presidenta de la Red Colombiana de Mujeres Científicas, formó parte de la elaboración y presentación del Fondo +Mujer +Ciencia, el pasado 11 de febrero, junto a otras científicas y funcionarias.

Una participación importante en la elaboración del documento lo tuvo la Red Colombiana de Mujeres Científicas. Se trata de un colectivo formado en 2016 con la misión de estimular y visibilizar la participación de las mujeres en ciencia y tecnología, y promover políticas para garantizar dicha participación. Actualmente tiene 59 integrantes organizados en seis nodos territoriales. “Nos planteamos la necesidad de apoyar el libre desarrollo de la mujer mediante la educación técnica y el apoyo al emprendimiento empresarial femenino, que permitan que la mujer logre independencia económica y de manera progresiva tome un papel más activo en la economía del país”, indica la física Ángela Guzmán, secretaria de la Red, que está presidida por su colega Ángela Camacho.

Guzmán explica que uno de los objetivos de la red era constituirse como órgano consultor del Gobierno en asuntos de género vinculados a la ciencia y la educación. “Parece que lo estamos logrando”, se alegró. La organización tiene miembros de todas las disciplinas y forma parte de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. “Queremos contribuir a la construcción de un país más equitativo en oportunidades y en remuneración para las científicas. También, aportar nuestra experiencia y perspectiva para un desarrollo social sostenible, que creemos es la base para la construcción de una paz duradera”, finalizó.

Fuente de la Información: https://www.nodal.am/2020/02/alerta-que-camina-la-lucha-de-cientificas-en-america-latina-por-nadia-luna/

Autora: Nadia Luna – Periodista

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El poder no está en el cañón del fusil

El poder no está en el cañón del fusil

Por Emir Sader

EEUU sufrió su más dura derrota militar en la guerra de Vietnam. Tras haber derrotado a varios enemigos, no habría de ser un pequeño país asiático, con un economía primaria, quien habría de derrotar a los EEUU. No por haber derrotado a los franceses, podría representar una amenaza para el poderío militar norteamericano.

Pero poco tiempo después de haber minado los puertos de Vietnam del Norte y de desplegar a más de 700 mil militares para ocupar militarmente el país, el último helicóptero salio de Saigon, con los últimos soldados disputando desesperamente un lugar que se había vuelto un infierno para ellos.

EEUU no sacó las debidas lecciones de esa derrota. La desaparición de la URSS renovaba el espíritu invencible de los norteamericanos, que ya no tendrían un gran enemigo a escala mundial. EEUU consagró su estrategia de militarizar todos los conflictos, transfiriendo el enfrentamiento al plano en el que su superioridad es indiscutible. El gasto militar de EEUU es más grande que el de los demás países.

Así EEUU retomó su estrategia en escala mundial. Víctima de los atentados de las Torres Gemelas, el imperio logro reunir apoyos generalizados para invadir Afganistán, considerado el responsable de los atentados, aun sin prueba alguna, que remitían más bien a su gran aliado en la región: Arabia Saudí. La invasión serviría no solamente para destruir el país, si no también para dar una lección a los talibán, identificados como el gran agente del terrorismo a escala mundial.

El mismo tipo de acción se repitió después en contra de Irak, acusado, igualmente sin pruebas, de poseer armas de destrucción masiva. Pero en esa ocasión EEUU ya no consiguió un apoyo tan generalizado, tuvo que contentarse con su aliado histórico: Gran Bretaña.

EEUU se enfrentaba al reto de ser capaz de enfrentar dos guerras a la vez. Los dos países fueron destruidos por la arrasadora superioridad militar norteamericana. Pero no ha logrado salir, hasta ahora, de ninguno de los dos países. La victoria militar no se traduce automáticamente en victoria política.

Solamente ahora, casi dos décadas después, los EEUU se retiran de Afganistán, pero no con la derrota de los talibán sino, al contrario, con un acuerdo y la retirada de sus tropas, política y militarmente derrotadas. Los EEUU se dan cuenta, dolorosamente, de que no es suficiente la superioridad militar. Tendría que tener una alternativa política para consolidar la victoria militar.

Los EEUU siempre se han comportado como si la abrumadora derrota que ha impuesto a Japón -con dos bombas atómicas de por medio-, pudiera repetirse. Un país tan lejano geográfica y culturalmente, derrotado militarmente, se ha trasformado en un gran aliado de EEUU.

Pero las condiciones y sobre todo los tiempos, son distintos. Irak y Afganistán no se han transformado en un nuevo Japón, sino más bien en nuevos Vietnam. EEUU ha puesto una fecha para la retirada de todas sus tropas de Afganistán. En Irak no consigue encontrar interlocutores para firmar un acuerdo similar, que es lo que más quiere el gobierno de Trump: abandonar ese país, que se ha convertido en un pantano para los norteamericanos.

El siglo XXI se confirma así como el siglo de la decadencia norteamericana. No es la superioridad militar lo que puede impedir esa tendencia. Con el agravante que ahora ya hay otros síntomas de que nace un mundo multipolar, en que el eje económico del mundo ya se ha transferido para Asia, con una decadencia no sólo de EEUU, sino de todo Occidente, incluyendo a Europa.

El siglo XXI se caracteriza también por una disputa y una transición hegemónica. En términos económicos ya es un siglo chino. Políticamente, las alianzas en torno al eje Rusia/China van aglutinando fuerzas que aceleran la decadencia norteamericana.

La salida de sus tropas de Afganistán representan, en este sentido, un símbolo evidente de la incapacidad de los EEUU para seguir definiendo los rumbos del mundo. Irak y Siria, entre otros países, son los epicentros de otros tantos conflictos que en el siglo XXI tienden a confirmar la más importante transición hegemónica desde hace más de dos siglos en el mundo.

Fuente de la Imagen: Rebelión

Fuente de la Información: https://rebelion.org/el-poder-no-esta-en-el-canon-del-fusil/

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Enfoques cooperativos – Hoy: «El modelo educativo tradicional nacido en la revolución industrial está agotado».

Enfoques cooperativos; Hoy: «El modelo educativo tradicional nacido en la revolución industrial está agotado».

Como educador social, afirmo que la escuela tradicional nacida en la revolución industrial está agotada en su propósito socio-político-educativo, y por tanto, se ha vuelto un lastre para responder a las demandas del siglo XXI.

Son muy destacable los formidables esfuerzos que hacen los docentes de todos los niveles y modalidades, los pedagogos, las autoridades, los padres, y los cambios que se han realizado para preservar cierto nivel educativo de calidad e inclusión, pero el éxito aparece esquivo.
Apunto, como especialista algunos aspectos negativos, tales como “métodos de enseñanza individualistas que desalientan aprender, docentes y directivos atados a una rutina burocrática  y padres apremiados, son una fórmula  que expone la crisis que reclama transformación cooperativa.
La escuela que da respuesta.
¿Cómo es esa escuela que nos dará respuestas como civilización del siglo XXI? respondo que, claro que es muy difícil describir esa escuela, pero podemos señalar algunos rasgos significativos y distintivos que, paradójicamente, estuvieron en el pasado reciente: La escuela de la señorita Olga Cossettini.
Precisamente, la periodista de Capital federal de la revista Periodismo Por Venir-PPV- Beatriz Chisleanschi, en una entrevista realizada al Lic. Roque Arguello, que tituló   “Hacia una pedagogía cooperativa”, rememoró que “Los principios que la pedagoga rosarina, Olga Cossettini, en los años 1930 pensó (e implementó en su modelo pedagógico) como columna vertebral del sistema educativo, aún están pendientes de implementarse: “aprender a través de una vida activa de cooperación,  de ayuda mutua, de compañerismo y auto-responsabilidad”.
Podemos entonces, recurrir a esta valiosa experiencia de las hermanas Olga y Leticia Cossettini, que muchas veces hemos recreado con la Prof. Ana María Ramírez Zarza con éxito, para restaurar la escuela que nos merecemos, una escuela que tenga por método de enseñanza y aprendizaje lo cooperativo.
¡En la fraternidad, un abrazo cooperativo!!!
Autor: José Yorg

 

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Cuando el profesor es un holograma

Por: Miriam Barchillón

Las nuevas tecnologías permiten viajar al pasado y sumergirse en la realidad virtual para que aprender sea un proceso fascinante.

Los continuos avances tecnológicos influyen en las diferentes formas de enseñar y aprender. De esta forma, la tecnología se ha convertido en una ayuda indispensable tanto para profesores como alumnos: tabletaspizarras digitales e incluso impresoras 3D

La innovación no se detiene y en los próximos años veremos llegar nuevas tecnologías educativas como los avatares de personajes históricos que contarán la lección de historia en directo, los recursos basados en robótica y las aplicaciones de realidad virtual (RV) y realidad aumentada (RA).

Avatares, profesores de holograma

Tener a Cervantes como profesor de literatura o a Albert Einstein para dar las clases de física puede ser una realidad para los estudiantes de hoy gracias a los avatares digitales (AD).

Se trata de proyecciones hologramas que los propios docentes pueden crear para enseñar de una forma divertida y más interactiva, que consiga implicar a los estudiantes y promover la participación en clase.

En algunas universidades ya se utiliza este método, aunque no con personajes históricos: simplemente es un recurso para que un profesor pueda impartir clase en varios lugares a las vez.

RV y RA: sumergirse en el conocimiento

La realidad aumentada (RA) consiste en integrar o superponer contenido digital en el entorno real. Gracias a los móviles y tabletas, esta tecnología es cada vez más popular en las aulas ya que permite profundizar en los conocimientos y hacerlos más atractivos.

Por otro lado, la realidad virtual (RV) permite crear realidades que no existen pero que pueden visualizarse gracias a dispositivos como las gafas RV. Sin salir de la clase, esta tecnología coloca al estudiante en condiciones y escenarios simulados de situaciones factibles.

La creatividad de esta tecnología y su capacidad para provocar nuevas experiencias promueven una nueva forma de aprender. Si se combinan la RA y la RV surge la Realidad Mixta, que permiten interactuar en entornos virtuales e incluso ¡hablar con los hologramas!

 

Un mundo de robots

La robótica es una rama de la ingeniería que estudia el desarrollo y posibles aplicaciones de los robots. En la actualidad, los robots tienen una presencia cada vez mayor en nuestras vidas.

Por eso, en un futuro cercano, la robótica será una parte indispensable de la educación: aprender a programar y desarrollar nuevos modelos de robots que permitan reducir la carga de trabajo de las personas y mejorar nuestra calidad de vida.

Muchos centros han adoptado la robótica educativa en sus programas educativos para promover la tecnología entre los más pequeños.

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Inteligencia artificial para promover el aprendizaje

En el campo de la analítica, la tecnología puede ayudarnos a identificar tendencias en la educación: cuáles son las asignaturas preferidas por los alumnos, en cuáles sacan peores notas, cuáles suponen una mayor carga de trabajo…

La Inteligencia Artificial (IA) es una rama de la informática dedicada a crear programas informáticos que reproducen la mente humana. En este caso, la IA puede ayudar a procesar los datos de miles de escuelas, clases o alumnos en muy poco tiempo.

De esta forma, podrían detectarse posibles riesgos de abandono bajo rendimiento de los estudiantes y actuar para revertir la tendencia.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/vida/junior-report/20200122/473065603935/educacion-nuevas-tecnologias-realidad-virtual-exterior.html

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¿Luto para la Educación?

Por: Elisabeth de Puig 

Nos vestimos de amarillo para abogar a favor de una educación a la altura de los tiempos modernos y de la inserción en un mundo global con un sistema escolar público inclusivo adaptado a las particularidades y dificultades reales de los niños y niñas de República Dominicana.

La campaña del 4% fue un ejemplo hermoso de lo que puede lograr una sociedad cohesionada alrededor de un tema unificador como lo fue el derecho inalienable a una educación de calidad.

Ahora bien, con el beneplácito que otorga la voluntad popular y el control de los fondos públicos, cada gobernante, en un sistema político sin muchos contrapesos, tiene su “librito” para orientar las reformas y medidas en el sentido que conviene a sus propios intereses.

Las pruebas PISA, a las que aceptan someterse los estados, pueden tener defectos y virtudes, pero su finalidad es de poder definir y aportar correctivos a los males detectados. PISA no mide cuánto saben los alumnos sobre el contenido curricular ni sobre conocimientos generales, sino que procurar determinar cuánto comprenden, resuelven y comunican los jóvenes de 15 años, sobre situaciones “del mundo real”.

Al ser la educación considerada como una palanca para el crecimiento, todos los países que participan en las pruebas están muy atentos a las actuaciones de sus alumnos y buscan las recetas posibles para aportar correctivos para mejorar los resultados.

Estas pruebas, aplicadas a la República Dominicana, confirman una vez más la percepción de que hemos empezado a construir la casa por el techo, con el florecimiento de nuevas estructuras físicas por todo el territorio nacional y la implementación de la tanda extendida, utilizada más bien como una medida orientada a paliar la pobreza, de corte populista, que como parte de un plan estratégico. 

No se puede negar que brindar un almuerzo a los niños, niñas y adolescentes, mantenerlos hasta las cuatro en los planteles escolares, dotarlos de uniformes y de libros, han sido medidas populares y de mitigación de la pobreza como lo ha sido también la dignificación de los salarios de los maestros.

Como en tantos otros aspectos de nuestra vida ciudadana, la voluntad mayoritaria y las aspiraciones diversas de los sectores que se integraron a la lucha a favor del 4% han sido desvirtuadas por el gobierno, en un intento de capitalizar a su favor, a corto plazo, las nuevas partidas presupuestarias. 

Es interesante precisar que PISA no evalúa a jóvenes de 15 años que están fuera de la escuela ni a aquellos que están muy rezagados en sus estudios. Eso significa que la proporción de jóvenes que no poseen las competencias básicas examinadas pueden ser, en nuestro país, aún mayores de lo reportado.

La gran pregunta es qué hacer frente a los resultados de este tipo de medición, cuando el tipo de enseñanza que ofrecemos en la mayor parte de nuestras escuelas se hace en base a una memorización forzada que corresponde a un currículo superado, el único que saben manejar la gran mayoría de maestros formados a la vieja usanza y que arrastran deficiencias que transmiten a los alumnos.

El análisis de las pruebas PISA demuestra que los países que se encuentran a la delantera son aquellos que logran asociar la equidad social y el bienestar de los estudiantes para lograr buenos resultados. En el caso de Francia, se observa una clara relación entre el estatus socio económico y el buen desempeño. Este es uno de los países miembros de la OCDE que presentan una mayor desigualdad en los resultados de las pruebas entre alumnos de medios socio económicos favorecidos y desfavorecidos, con una diferencia de 107 puntos en comprensión lectora. Frente a esta realidad, podemos preguntarnos, y en República Dominicana, ¿cuál es la amplitud de la brecha tomando en cuenta las graves desigualdades sociales que nos caracterizan?

Otro punto que llama poderosamente la atención, y que es quizás el más doloroso, es el análisis realizado por el BID y CIMA para América Latina en su Nota 18. Estas entidades destacan que si se toma como punto de partida el promedio de desempeño de la OCDE se constatan resultados muy variados en la región, con una disparidad de hasta tres años de escolaridad entre los países. La diferencia entre Chile y República Dominicana asciende a 111 puntos, equivalente a tres años de escolaridad.

Costa Rica, México, Brasil, Colombia Argentina y Perú, muestran un rezago de dos años de escolaridad respecto al promedio de los países de la OCDE. El retraso promedio de la República Dominicana con relación a estos países equivale a cuatro años menos de escolaridad.

Hemos gastado el equivalente a 20,000 millones de dólares en nuestro sistema educacional durante siete años; es decir, el 4% del PIB cada año, para que un alumno o alumna de sexto año de primaria tenga las competencias que tiene un niño o una niña de segundo grado de una escuela pública promedio de un país promedio miembro de la OCDE. 

No nos merecemos quedar en en último lugar en matemáticas de un total de 79 países evaluados por PISA. Pero no podemos culpar solamente a los maestros; nos debemos interrogar sobre las vacilaciones de nuestro sistema en modernizarse y de la sociedad en exigir centros escolares inclusivos, laicos, formadores de ciudadania,  con nuevos currículos y nuevos enfoques, con maestros evaluados, preparados, valorizados y que no respondan a criterios clientelistas.

Fuente: https://acento.com.do/2019/opinion/8761027-luto-para-la-educacion/

Imagen: F1 Digitals en Pixabay

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Opinión: Injusticia epistémica en la academia

Por: Sofía García-Bullé

La justicia epistémica consiste en el balance social que atañe a una producción de conocimiento equitativa.

La academia es el lugar donde se produce y distribuye el conocimiento. En teoría, esta producción y distribución debería ser equitativa para todos los que buscan educarse o dedicarse a la enseñanza sin embargo, existen variables que afectan la experiencia de educandos, maestros, personal educativo, investigadores, teoristas y demás miembros de la comunidad académica. Para entender estos factores desequilibrantes es necesaria la introducción del tema justicia epistémica.

¿Qué es la justicia epistémica? Este es el rubro que estudia la igualdad de oportunidades en el acceso a la educación, en la distribución de recursos, contenido y discurso educativo, así como en la facultad y credibilidad de las personas que pertenecen a la comunidad académica. Cuando alguna de estas variables está desbalanceada, hablamos de injusticia epistémica.

El término fue acuñado en 2007 por la filósofa inglesa Miranda Fricker, quien sostiene que en concepto, se trata de una injusticia cometida específicamente contra la capacidad de conocimiento o testimonio de una persona. De acuerdo a Fricker hay dos tipos de injusticia epistémica: La testimonial y la hermenéutica. ¿Pero qué significa cada una y cómo influye en las dinámicas de la academia?

Injusticia epistémica testimonial: cuestión de no creer

Este tipo de injusticia se relaciona directamente con la credibilidad del discurso de una persona. Sucede cuando a una persona no le creen o no la toman en serio con base en prejuicios. Una manera simple de entender la justicia epistémica testimonial, sería el referirse a cualquier caso de crimen en el que una persona de color haya sido testigo y las autoridades no tomaran en serio la historia del testigo debido a un prejuicio de base racial. ¿Cómo se aplica esta instancia de desequilibrio social a la academia?

Existen muchas instancias en la que puede verse este desbalance que anula el conocimiento y aportaciones de grupos de minoría en la comunidad académica, científica, humanista, educativa, artística, etc. Un ejemplo lo encontramos en el trabajo de Rosalind Franklin, que fue utilizado para descubrir la estructura básica del ADN, pero a su persona no se le dio el peso ni la credibilidad científica como para recibir el mismo reconocimiento que a Francis Crick, James Watson y Maurice Wilkins; Jocelyn Bell Burnell descubrió los pulsares, logro que se le atribuyó a su supervisor, Zelda Fitzgerald solo fue conocida a través de las publicaciones de su esposo, Scott Fitzgerald, quién robó del trabajo de ella para nutrir el suyo.

Hoy en día, los casos de injusticia epistémica son menos trágicos, pero aún siguen ocurriendo. En artículos anteriores hemos mencionado cómo la escritora Rebecca Solnit no tuvo suficiente crédito ante un interlocutor quien no creía que era la autora de su propio libro, esto pasó en 2012. En 2016, un usuario de Twitter quiso aleccionar a una astronauta de la NASA sobre física en el espacio. Un caso aún más severo es el de la escritora y cómica Mindy Kaling, quien fue excluida de la lista de productores al momento que la serie The Office fuera nominada a un Emmy en 2007. Kaling tuvo que escribir un ensayo sobre sus contribuciones al equipo creativo e incluir declaraciones de los demás productores para ser tomada en cuenta.

Todas estas historias sobre la minimización y descrédito del trabajo de las mujeres como grupo minoritario está apoyada en una estructura que refuerza la idea de que no es creíble que personas de este perfil ayuden a descubrir la cadena de ADN, caminen en el espacio o escriban libros o series televisivas dignos de premios. Parte de la incredulidad sobre el conocimiento y habilidad de un grupo de personas, y por ende, en el testimonio que representa su trabajo.

Injusticia epistémica hermenéutica: cuestión de no entender

La injusticia hermenéutica se relaciona directamente con la interpretación de ideas, conceptos y sucesos. Sucede cuando no existen recursos cognitivos y lingüísticos para comprender las experiencias propias o de otros, o cuando estos beneficios le son negados a alguien para comprender sus experiencias.

Un ejemplo para entender cómo funciona la injusticia epistémica hermenéutica es el problema del racismo pasivo en las universidades y los espacios de trabajo. Hasta que no surgió el término “código social”, no había forma de poder encuadrar y entender las experiencias de las personas de color en espacios educativos y laborales.

El código social se compone de elementos de conducta, lenguaje de verbal, no verbal, tono de voz y otras variables características que reflejan la historia cultural y personal de alguien. Cuando esas historias no pertenecen, ni empatan con las del grupo dominante, el grupo minoría es exhortado a realizar un cambio de código para encajar.

“El cambio de código social involucra alternar entre lenguajes, usar diferentes registros de tono, hacer un cambio dialéctico”, explica la Dra. Kimberly Harden, profesora del departamento de comunicación de la Universidad de Seattle. Esta supresión de la diversidad cultural en la academia y el recinto laboral supone una forma de velada y persistente de discriminación pasiva, que no había sido factorizada hasta que se generaron los términos que la describen, y esas palabras fueron admitidas en el léxico común.

La injusticia epistémica hermenéutica estuvo presente en los tiempos que académicos y profesionales tenían estas experiencias y carecían de los recursos para entenderlas, explicarlas y comunicarlas. Podría decirse también que siguen presentes en los casos de personas que tienen experiencias similares pero no han estado en contacto con contenidos que describan la situación de discriminación pasiva a la que están sujetos.

Este tipo de injusticia epistémica es más compleja y profunda, ya que no afecta solamente a las personas, ese sería el último paso, más bien perjudica la forma en que construimos la percepción, el conocimiento y el lenguaje, por lo que es mucho más persistente y difícil de erradicar.

¿Cómo combatir la injusticia epistémica?

La injusticia epistémica constituye una problemática muy compleja, no hay remedios simples para un mecanismo que va tan profundo que alcanza nuestra percepción y construcción del conocimiento, pero podemos trazar un camino de inicio para comenzar a deshilvanar los elementos que la disparan.

A nivel social, Miranda Fricker expone una de las prácticas a desmantelar para disminuir la injusticia epistémica. La también Profesora Presidencial de Filosofía en el Centro de Graduados de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, explicó en una ponencia que el elemento clave a analizar es la libertad de expresión. De acuerdo a Fricker, la libertad de expresión no es solo el derecho inalienable al discurso, también se extiende a la validación de ese discurso en el proceso de producir conocimiento a través del mismo.

“Para que el mensaje de alguien se escuche, necesita ser escuchado sin prejuicios, para que las bases de una instancia de conocimiento pase y se transmita, necesita ser escuchada sin castigo y totalmente entendida en su significancia”, sostiene Fricker, quien agrega que el origen del problema es no tener esa base común. Sin este entendido, los pensamientos de esa persona, así como su voz y sus experiencias pueden ser exteriorizadas, más no pasarán al foro donde el conocimiento es producido. Bajo este contexto, el trabajo a realizar para reducir las instancias de injusticia epistémica no es algo que esté en la facultad de las personas afectadas por esta problemática, sino quienes la ejercen.

Si el prejuicio es aquello de donde parte esta dinámica cognitiva y social, lo necesario es analizar las fuentes del prejuicio y los mecanismos que lo refuerzan, solo de esta forma la comunidad académica y científica será capaz de integrar al repositorio general los conocimientos producidos por los grupos sociales que viven bajo ese prejuicio.

Al tener la capacidad de aportar a la producción de conocimiento y construcción de la percepción general del mundo, los grupos sociales que son sujetos a la injusticia epistémica tendrán las bases para disputar las condiciones que los ponen en desventaja social y epistémica frente a los grupos dominantes. No es una solución final, como sostiene Fricker, la problemática es muy compleja para abordarla con una sola respuesta, pero sí implica un paso necesario para comenzar el proceso que nos lleve a un mejor balance en la forma en que generamos conocimiento y forjamos nuestra visión del mundo a través de lo que sabemos.

Fuente: https://observatorio.tec.mx/edu-news/injusticia-epistemica
Imagen: mohamed Hassan en Pixabay
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