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La defensa de la cultura significa la salvaguarda de la nación

Por: Juan Nicolas Padrón.

 

Desde los años de la presencia de José de la Luz y Caballero en la sociedad habanera, hubo claridad sobre la diferencia entre instrucción y educación; si bien la primera se remite a la información o explicación recibida por una acción, comportamiento, método, tarea…, la segunda implica una complejidad superior. Cuando se habla de instrucción se refiere generalmente a un programa, registro o caudal de conocimientos adquiridos siguiendo reglas u operaciones técnicas o explicativas destinadas esencialmente a comunicar y nada más. Pero Luz y Caballero, polemista fecundo con una prédica pedagógica que conducía a la revolución social sin enunciarla explícitamente, sabía que el magisterio debía incluir mucho más; brilló como orador y periodista, y también atendió la traducción y escribió artículos pedagógicos, cartas y diarios, aunque lo más conocido o divulgado de su obra sean los aforismos.

Algunos de aquellos demuestran la distinción entre instrucción y educación, así como algunos conceptos sobre la educación y el maestro: “Instruir puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo”; “Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para la vida”; “Quien no sea maestro de sí mismo, no será maestro de nada”; “La educación comienza en la cuna y acaba en la tumba” … No se trata, como pudiera creerse, de conceptos de la Ilustración solamente, sino de nociones que rebasan esos tiempos y demuestran el alto concepto de Luz sobre la educación y los maestros. Y más allá de los referidos estrictamente a ellos, hay también otros de carácter educativo indirecto: “Solo la verdad nos pondrá la toga viril”; “Para todo se necesita ciencia y conciencia”; “Quien aboga por una libertad, aboga por la libertad”; “Bienes comunes, males comunes”; “Hombres más que instituciones, suelen necesitar los pueblos para tener instituciones” … En ellos se revela la pasión por la verdad, se destaca la labor científica y de creación de valores de un educador que exige coherencia en la lucha por la emancipación y razona sobre la responsabilidad individual del ciudadano al relacionarse adecuadamente con las instituciones sociales.

Estas bases conceptuales de la tradición pedagógica cubana constituyen ejemplos para la formación de maestros que no han perdido vigencia. La educación es un proceso para facilitar un aprendizaje muy amplio, pues no solo incluye conocimientos o habilidades, sino también valores y creencias que van modelando los hábitos y las costumbres del individuo, la comunidad o la sociedad, una delicada misión cuyo objetivo no es solo transferir a otras personas la enseñanza, sino tributar a su formación integral. Si de manera tradicional se había asumido que la educación se producía solo mediante la transmisión de la palabra, hoy hay que incluir la imagen audiovisual. Su eficacia resulta significativa si es capaz de provocar sentimientos positivos que generen actitudes y acciones en la misma dirección. Pero para todo ello son determinantes el ejemplo y la coeducación entre profesores y alumnos, pues desde hace mucho tiempo los cambios sociales vienen transcurriendo a una velocidad en que el efecto formativo puede favorecer tanto a educandos como a educadores.

No hay por qué limitar la educación a sus espacios formales de la escuela, aunque ellos tengan un peso importante. Su estructura y formalidad debe complementarse con ámbitos informales más libres. El derecho a la educación formal debe ser reconocido por todos los gobiernos del mundo, con su correspondiente responsabilidad estatal, y no hay ningún pretexto para no hacerlo. Mas cualquier ciudadano necesita, junto a las acciones docentes propias de la escuela, desenvolverse bajo normas de cortesía, urbanidad, sentido de convivencia, respeto al derecho del “otro” aunque sea muy diferente, y en ello no solo interviene la escuela para lograrlo. Ser educado no es solo poseer conocimientos o elementales valores, sino también comportarse en sociedad con modales y consideraciones que enaltezcan al ser humano y no lo degraden, independientemente de criterios políticos, sentimientos religiosos, sexualidad, condición social, lugar de nacimiento, color de la piel o cualquier diferencia entre unos y otros. Una persona educada es distinguida, sea quien sea, y no pocas veces se ha acuñado la palabra “decente”, que implica, además, honestidad y sentido de la justicia, dignidad y calidad humana. Toda educación se completa con acciones de responsabilidad escolar, y, esencialmente, familiar y social.

Desde los inicios de su implementación, la educación ha preocupado y ocupado a familias y líderes sociales, que han transmitido habilidades y conocimientos de una generación a otra sobre la base de modelos establecidos a lo largo de la historia: en el Oriente, Confucio había tenido una perspectiva educativa al formar a discípulos que se expandieron por esos diversos territorios; en Occidente, Platón fundó la Academia en Atenas, posiblemente la primera en la región; de manera semejante, reyes, emperadores, jefes…, que eran también “maestros”, dejaron su impronta educativa en diversas sociedades del resto del mundo. En la Edad Media europea las iglesias se apoderaron de la educación e impusieron su dominación en casi todo el planeta con instrumentos ideológicos. Solo en la Ilustración estas funciones fueron transferidas al Estado, según los intereses con que se fundó cada nación. Algunos, especialmente en el siglo xx, mostraron excesivo celo por su control ideológico, y en la centuria en que vivimos, con las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, se ha puesto en crisis esa perspectiva. La educación hoy en cualquier parte del mundo debe atemperarse a las sociedades informatizadas; de lo contrario, su comportamiento es obsoleto e inoperante.

Como la educación constituye un proceso de socialización que conduce a la moderación del diálogo y al debate con jerarquías sociales y políticas, intervienen de modo complejo y multidimensional diferentes disciplinas de la ciencia y la tecnología, el arte y la literatura, la estructura productiva y la ideología de una nación. Cualquier proceso educativo se inserta en un contexto sociocultural y se establecen ineludibles contactos entre la escuela y la sociedad, especialmente la comunidad donde se ubica el centro docente. Los procesos de enseñanza-aprendizaje interactúan y no hay forma en que el ambiente estructurado de la educación formal no dialogue en mutuas interinfluencias con su medio informal sociocultural inmediato, modelando un orden ético y estético, lúdico y creativo que incentiva procesos de pensamiento y creación expresados en la vida cotidiana de la comunidad, y no pocas veces consolida la estructuración de símbolos que favorecen o perjudican la maduración de este proceso en la sociedad.

Pretender la existencia de mundos separados es un error que se paga caro. Estimular la integración, convivencia y cooperación entre estos universos, constituye una necesidad apremiante, si no se quieren perder la mejor práctica pedagógica y los mejores resultados de la educación. Muchos pedagogos en el mundo han puesto en marcha programas de educación que tributan a estas relaciones; a los educandos se les enseña a convivir en el mundo en que están y viven, y no en uno ideal. Se ha insistido mucho en el vínculo entre escuela y familia, pero menos entre estas realidades, a veces separadas por el muro de la escuela. Ni la escuela puede vivir ajena a donde se encuentra, ni la comunidad debe desconocer a la escuela como medio de facilitación social para enriquecer el proceso de convivencia sociocultural. Toda comunidad tiene su propia cultura y la educación debe contribuir a ella con las mejores experiencias docentes y culturales. He reiterado que una vez le escuché a Armando Hart, uno de nuestros ministros de Educación y de Cultura más lúcidos, que la educación es un medio para llegar a la cultura.

Existe un estrecho concepto de cultura que estamos obligados a dinamitar: la cultura no es solamente arte y literatura, aunque exista un ministerio que se llame así y se ocupe solo de estas especialidades. Hay cientos de definiciones de cultura —de ahí puede deducirse su complejidad—, pero sería error trascendental limitarla a las llamadas “bellas artes” y “humanidades”, conceptos generalmente remitidos a la “alta cultura”; se trata de términos peligrosamente neocolonialistas, pues la cultura incluye conocimientos, saberes, creencias y conductas, desde el punto de vista material e ideológico, de cualquier grupo humano que genera una matriz simbólica, y de acuerdo con la posición, intereses e intencionalidades de esos grupos, será de dominación o de emancipación. Cultura viene de “cultivo”, y aunque se refiere a la profundización o refinamiento de la sabiduría, desde el siglo xx se asoció a la antropología y fue incorporando elementos de la sicología y la sociología, disciplinas con escasa o interrumpida tradición en Cuba, a veces por graves prejuicios heredados de las nefastas políticas del estalinismo en el pensamiento de la izquierda. La cultura es plenitud de integraciones dialécticas y rasgos distintivos de la materialidad y la espiritualidad que caracterizan a una nación.

Si bien la cultura es el resultado de las relaciones de producción, un fenómeno vinculado estrechamente al modo de producción de una sociedad, también se debe atender el proceso de hegemonía por el cual un grupo dominante se legitima ante sus dominados. Hoy no se puede desconocer que la cultura forma parte de las relaciones históricas entre un grupo humano y su medio ambiente, un proceso que comprende industrias culturales trasmisoras de expresiones en las que pesa su valor comercial pero también su intencionalidad ideológica. Hay un gran interés por parte de no pocas industrias culturales poderosas por hacer desaparecer peculiaridades y fortalezas de culturas tenidas por “periféricas”; no se trata de transculturación, sino de deculturación. Es un peligro real y una lucha actual como estrategia esencial de dominación.

Durante un tiempo, y sobre todo a partir de la Ilustración, se reforzó una clásica oposición entre naturaleza y cultura, vinculada al concepto de civilización, que sirvió para justificar una nueva esclavitud capitalista que en el presente pretende resurgir. Los pensadores de una Alemania fragmentada creían que la unificación podía resolverse mediante la política; no pocos dirigentes soviéticos suponían lo mismo partiendo del modelo de la URSS: ambos casos demostraron su ineficacia. El factor que más une a cualquier pueblo es la cultura, crisol al que se incorporan historias, tradiciones, pensamiento, acción, valores, moral, Derecho, creencias… que con orgullo nacional marcan un derrotero y un destino, por muy pequeña que sea la nación. A veces, algunas se mantienen resistiendo en el concierto mundial frente a otras culturas poderosamente depredadoras. Hoy la defensa cultural de esos pueblos pequeños como el de Cuba, significa la salvaguardia de su nación, forjada desde una identidad común y único idioma en una isla de singular historia de lucha por la justicia social y con la cazuela abierta a un ajiaco dispuesto a asimilar infinitas diversidades basadas en el respeto al “otro”. Nuestra educación revolucionaria es definitivamente el mejor medio para llegar a una cultura inclusiva y de la emancipación, bajo el apotegma martiano de “con todos y para el bien de todos”. Tomado de: http://cubarte.cult.cu

Fuente del artículo: https://www.cubaperiodistas.cu/index.php/2019/11/la-defensa-de-la-cultura-significa-la-salvaguarda-de-la-nacion/

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Los sentidos de lo público y lo comunitario en las prácticas de Educación Popular en el Chile postdictatorial (1999-2016)

Por: Daniel Fauré y Diego Cabezas.

Resumen

En el presente artículo, se caracterizan y analizan las nociones de lo público y de lo comunitario que maneja una muestra de organizaciones de educación popular de las ciudades de Santiago y Valparaíso (Chile) que desarrollan proyectos educativos de nivelación de estudios y reinserción escolar. Para ello, en primer lugar, se describe el surgimiento del ‘nuevo movimiento de educación popular’ en el Chile postdictatorial desde fines de la década de los 90, en un contexto de profundización de las políticas neoliberales en el campo educativo; en segundo lugar, se caracterizan los proyectos educativos de las organizaciones estudiadas -todas partes de este nuevo movimiento-; y, en tercer lugar, se analiza su discurso en base a documentos internos, sistematizaciones y entrevistas -tanto individuales como colectivas-.

Palabras claves: educación popular, Chile, postdictadura, público, comunitario.

Link para leer el artículo: http://revista.trenzar.cl/index.php/trenzar/article/view/46/30

Fuente del artículo: http://revista.trenzar.cl/index.php/trenzar/article/view/46

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Costa Rica se levanta para defender la Universidad Pública

Por: Ana  Montanaro Mena. 

 

Ana Marcela Montanaro Mena|Una marcha multitudinaria tomó las calles de la capital el 23 de octubre pasado. Miles de estudiantes universitarios tomaron las calles de la capital, San José, con el propósito de defender el derecho a la educación superior pública.

Ese mismo día, el gobierno se sentó con las dirigencias formales estudiantiles y administrativas de las universidades públicas y firmaron un acuerdo, el mismo es rechazado por una gran parte del movimiento estudiantil de base y autónomo.

También, se comunicó la renuncia de Rocío Aguilar, hoy exministra de Hacienda, quien fue la cara visible de las políticas de un ajuste fiscal regresivo que, ha golpeado a la gente ya de por sí empobrecida.

La lucha por el aumento de salarios mínimos, podría generar una ruptura, esta última demanda podría convocar a quienes no se sienten identificadas en las luchas dispersas de un sindicalismo desgastado, añejo y casposo.

Costa Rica, el país centroamericano en el que más ha aumentado la desigualdad respecto a todos los demás de la región y donde vivir es caro, porque no hay salario mínimo que alcance para vivir con dignidad. El país, en donde parece que nunca pasa nada, también se mueven las aguas de las protestas, de la indignación y del hastío.

El actual gobierno del Partido Acción Ciudadana, heredero del añejo bipartidismo, que baila al son de los mandatos de los grupos financieros y cámaras empresariales, es hoy la cara joven del grupo de políticos criollos y oligarquías internas que gobiernan el país.

Algunas dirigencias sindicales y estudiantiles asumen esta renuncia y el acuerdo suscrito con el gobierno como un logro del incipiente y aún débil, movimiento social. Evidentemente esto no es ninguna victoria. La salida de la ministra y el acuerdo firmado con las cúpulas universitarias, es una apuesta del sector rico y de los políticos progre neoliberales para frenar el descontento social.

Las cámaras empresariales, a pesar de que están divididas, tienen claro que hay que contener la olla de presión que puede calentarse más y explotar.  No vaya ser que Costa Rica el país de paz, de la pura vida y la felicidad eterna, se contagie de la ola de lucha e indignación que arde en toda América Latina.

Mientras tanto los sectores políticos y ricos criollos, tienen certeza que quienes pueden hacer explotar la olla de presión neoliberal, semejante a lo que está pasando en Chile, Ecuador, Haití y darle un giro al embate neoliberal son las voces y fuerzas del movimiento estudiantil. Lo tienen claro: es la gente joven creativa, con pedagogías diferentes, pero sobre todo valientes, quienes podrían dar una estocada.

El movimiento estudiantil autónomo, ha sido violentamente reprimido, sin apoyo claro de otros sectores. Pero al parecer están reduciendo  la lucha a la defensa del derecho a la educación superior pública y al FEES, el fondo especial que financia las universidades públicas costarricenses.

Se manifiestan en defensa del derecho a la educación pública superior, pero en su mayoría, siguen viendo la hoja de un árbol; desde la corta distancia no ven el árbol completo, mucho menos están viendo el bosque y no miran más allá de las montañas que cercan el Valle Central.

Por ello la lucha debe ampliarse a poner la vida en el centro y defender los derechos sociales, para los y las de abajo, olvidados en la fragmentación de demandas y discursos. Corresponde romper con la lógica de la política criolla….Y del “no se puede”.

Un movimiento estudiantil, que resurge, y que tiene la fuerza para unir más sectores. Entre ellos valorar una muy concreta:  la demanda por el aumento de salarios mínimos para todas las personas trabajadoras del sector privado. Porque la lucha debe ser también por salarios que permitan una vida digna.

El problema no sólo es el presupuesto de las universidades. Corresponde enfrentar el problema que está en la precariedad de todos los trabajos, la precarización de la vida de muchas personas, que se traduce en la dificultad para que la mayoría de madres y padres puedan brindar condiciones dignas y alimentación a su familia y para que sus hijas/os asistan a la escuela primaria, a la secundaria y que algunas/os puedan decidir llegar a la universidad pública, es la lucha por los y  las trabajadoras, la de la gente que cada día es golpeada por el neoliberalismo, la violencia, el ajuste fiscal y  la corrupción.

La tormenta neoliberal, que se traduce en pobreza, en la represión de la protesta y el cercenamiento del derecho a la huelga. Por ello la pelea es contra la precarización del agro, las costas empobrecidas y saqueadas por el turismo que arrasa el agua, los bosques, contra las plantaciones de piña que envenenan ríos y suelos. Contra el racismo interno, la violencia histórica contra pueblos indígenas, la xenofobia contra las personas migrantes y los intentos certeros de la explotación petrolera.

La lucha no es sólo contra el presidente Carlos Alvarado, los rectores universitarios Alberto Salom o Henning Jensen o contra el Partido Acción Ciudadana, y sus aliados. Corresponde luchar por vidas que merezcan la pena ser vividas.

La lucha es contra un modelo que atenta contra la vida misma y contra un proyecto de despojo impuesto hace ya más de cuarenta años por los organismos internacionales, el gran capital transnacional y la clase política criolla. Es contra el embate del sistema, sus políticas neoliberales, enmarcadas en el capitalismo, el neocolonialismo y el patriarcado.

El movimiento estudiantil nos señala que hay fuerza y esperanza. En este momento puede darse un giro y un golpe, hay posibilidades de transformación y resistencias. Es el tiempo para expandir la lucha y crear poder popular, por ello pensar en la lucha por aumentar los salarios mínimos podría crear una grieta para hacer de ella un volcán.

Puede la muchachada valiente, inteligente y digna aglutinar muchas voces, no solo académicas; sino las voces de los hermanos indígenas, personas migrantes, las mujeres del agro, las personas trabajadoras del sector privado precarizadas, las trabajadoras del sector público que dejen consignas gremiales, las voces ambientalistas y feministas no aliadas al poder, sumarse e ir con el movimiento estudiantil como protagonista.

Un movimiento que conciba otras demandas, necesidades y derechos, desde esa multiplicidad de voces, cuerpos e historias vitales, golpeadas por la exclusión social.

Son las personas jóvenes quienes poseen la creatividad y quienes tienen la posibilidad de protagonizar la lucha y extenderla a otros sectores de la población, tienen la fuerza, la entereza y la coherencia que tiene todos los colores de la juventud.  No hay que dejarlas en soledad, es un deber ético y político sumarse a la calle con ellas.

Que nos mueva la alegre rebeldía. Que vivan los pueblos que luchan por su dignidad. Sí se puede construir un nuevo futuro para los y las de abajo.

Fuerza, ilusión e imaginación.

Fuente del artículo: https://poderpopular.info/2019/10/26/costa-rica-se-levanta-para-defender-la-universidad-publica/

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Revista: Núm. 3 (2019): Trenzar. Revista de Educación Popular, Pedagogía Crítica e Investigación Militante

Por: revista.trenzar.

Artículos de Reflexión

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La escuela rural, un laboratorio de innovación educativa

Por: Carlos Magro.

No sé cómo hemos llegado a concebir la disparatada idea de que una clase aprenderá mejor si todo el mundo aprende lo mismo al mismo tiempo. Como si una clase fuera una fábrica.

John Holt. El fracaso de la escuela. 1977

Antes de seguir leyendo este artículo, cierre un momento los ojos y trate de imaginar un aula y una escuela tipo. Es muy probable que esa aula tenga entre 20 y 30 mesas, de color verde escolar, alineadas en filas, dispuestas de una en una, quizá emparejadas, todas orientadas hacia delante, hacia un punto fijo, probablemente una pizarra, a cuyo lado se encuentra otra mesa, algo más grande que las anteriores.

Si le pido ahora que me describa qué está pasando en esa aula, es más que probable que me diga que hay un grupo de alumnas y alumnos, todos más o menos de la misma edad, sentados, quietos, trabajando ensilencio, de manera individual, respondiendo de vez en cuando a las preguntas de su maestra o maestro, que será el único adulto en el aula y donde, a pesar de la diversidad que hoy caracteriza nuestras aulas, se percibe un cierto orden y homogeneidad.

Centro de Estudios de Castilla la Mancha https://flic.kr/p/kKPJWH

Piense ahora en la escuela donde se encuentra esa aula imaginada. Es más que probable que esa escuela sea una sucesión de aulas, más o menos grandes, más o menos luminosas, más o menos decoradas, todas alineadas a lo largo de un pasillo, quizá en dos o tres plantas. Y que la escuela sea un lugar silencioso salvo en momentos muy concretos (la entrada y salida, el recreo de media mañana o el patio de comedor).

Esta escuela que está imaginando dispondrá seguramente de patio, comedor, biblioteca, un par de salas y despachos y alguna que otra zona común. Y si usted ha visitado escuelas recientemente es fácil que incorpore en su descripción un pequeño huerto escolar en uno de los rincones del patio.

Siento decirle que esa aula y esa escuela, a pesar de ser el más habitual en el imaginario colectivo está, afortunadamente, dejando de existir. De hecho, aunque este modelo pueda ser todavía el más común, la escuela no siempre fue así, ya no es el único modelo existente hoy, y todo apunta a que en un futuro más o menos próximo se convierta en la excepción.

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que las escuelas no tenían aulas. De hecho, hasta bien entrado el siglo XIX, la escuela y el aula que predominó fue la unitaria, el aula multigrado, en la que un solo maestro enseñaba a un grupo de alumnos de edades y conocimientos muy variados en un mismo local escolar. O en algunos casos, en la que alumnos mayores enseñaban a sus compañeros de menor edad o menos avanzados (el conocido como sistema monitorial o de enseñanza mutua de Bell y Lancaster).

Poco a poco, esa aula unitaria fue sustituida por estructuras cada vez más compartimentadas y homogeneizadas. En aras de una supuesta mayor eficiencia en los resultados de aprendizaje, la mezcla en un mismo espacio de alumnos de distintas edades y niveles haciendo tareas diferentes fue vista como un obstáculo y substituida por la opción de un aula para cada edad y nivel.

Había nacido la escuela que acabamos de describir, la escuela graduada, caracterizada por tener varias aulas y maestros y en donde los alumnos se clasifican lo más homogéneamente posible en función de su edad y conocimientos, por grados o por cursos. Para muchos y durante mucho tiempo, todo un avance pedagógico.

Un modelo, el de la escuela graduada, que está en la base de la mayoría de los sistemas educativos actuales y que determina los planes de estudios nacionales, los libros de texto, los sistemas de evaluación, la selección de profesorado o la formación docente.

Durante años hemos pensado que la manera más eficaz y eficiente de abordar la escolarización masiva era creando entornos de enseñanza los más homogéneos y estandarizados posible. Durante años hemos pensado (y vistas algunas políticas educativas y propuestas recientes parecería que hay quien aún lo piensa) que la mejora del aprendizaje pasaba por disposiciones detalladas de los modos de enseñar, estableciendo currículos fuertemente prescriptivos, utilizando libros de texto y materiales curriculares a prueba de profesores y con una generalización de la supervisión y de las pruebas externas.

Escuela rural almandoz

Detrás de esta pretensión encontramos, entre otras cosas, la fantasía de que todo lo que se enseña se aprende y de que los alumnos que comparten características psicológicas similares aprenden de la misma forma y deberían hacerlo al mismo tiempo. Encontramos una manera de entender la educación que, con cierta facilidad, puede derivar en formas de segregación y exclusión, ya sea por sexo, por supuesta capacidad, por rendimiento o por origen socioeconómico.

El problema de este enfoque es que, aunque las políticas sean uniformes, los estudiantes no son sujetos que puedan estandarizarse, ni en sus ritmos, ni en sus procesos de aprendizaje. Nunca lo han sido. Menos hoy.

Es más, lejos de sus supuestos beneficios, la ficción por el control, la obsesión por los objetivos, la homogeneización y la estandarización han dado como resultado una escuela muy regulada, burocrática, altamente presionada, sobrecargada, sobre responsabilizada y desmotivada. Un modelo de enseñanza de talla única que ha generado y sigue generando altas tasas de fracaso escolar.

Un fracaso que aunque sabemos que está relacionado con aspectos que tienen que ver con la financiación, los recursos disponibles, las características del currículum, las condiciones socioeconómicas de los estudiantes, depende también “de las prácticas mediante las que los docentes proveen de educación a los estudiantes, miden y valoran los aprendizajes, responden a aquellos estudiantes que encuentran dificultades en sus trayectorias escolares y educativas.

Es decir, que depende también de las maneras que tengamos de organizar la enseñanza y, por tanto, de la cultura escolar y del modelo de aula y de escuela que tengamos.

Tampoco, como decíamos, la escuela que hemos imaginado al inicio es el único modelo existente hoy. Se estima que el 30% de los centros escolares del mundo poseen aulas multigrado. Uno de cada tres. Muchos. En España, según el último informe del Consejo Escolar del Estado, hay 727 centros rurales agrupados que escolarizan a unos 75.000 estudiantes (aproximadamente un 2,4% del total).

Escuela Serón de Nágima 1952

Ni parece que vaya a ser tampoco el modelo del futuro. Vemos como cada vez más los centros educativosmás innovadores, tratando de dar respuesta a la creciente complejidad de la enseñanza y a la diversidad existente en las aulas, están transitando hacia una organización escolar en la que lo normal ya no es el aula con un único profesor sino la combinación de varias aulas con varios profesores, lo que algunos han llamado aulas cooperativas multitarea, superaulas o aula inteligente.

Si la escuela nació principalmente instructiva y selectiva, ahora necesitamos que ésta sea educativa e inclusiva. Se trata de formar a todos, con toda su diversidad. Si algo caracteriza nuestras aulas y escuelas hoy es precisamente la diversidad.

No podemos seguir pensando que la solución a este reto pasa por más homogeneización. Al contrario, la solución pasa por poner en valor la diferencia. Por entender la diferencia como un recurso educativo. La única manera de atender el reto de la diversidad es con diversidad.

Es en este contexto en el que en los últimos años hemos comenzado a mirar la escuela rural, ignorada, descuidada y maltratada durante mucho tiempo, en tanto que claro ejemplo de diversidad dentro de la diversidad, como un lugar de innovación pedagógica y organizacional donde aprender a enfrentar gran parte de los retos educativos actuales (atención a la diversidad, personalización, aprendizaje competencial, multidisciplinariedad, colaboración docente, vinculación con el contexto…).

Muchas de las especificidades del entorno y de la escuela rural que durante mucho tiempo vimos como barreras se han convertido hoy en elementos clave para abordar la transformación educativa. La heterogeneidad y la diversidad como posibilitadoras de inclusión; el medio como un facilitador de aprendizaje experiencial; el aprendizaje cooperativo como apoyo de la individualidad, entre otras características, pueden convertir a la escuela rural en un “laboratorio” de innovación y mejora escolar.

El aula multigrado, al entender la diferencia no como un problema sino como un recurso de enseñanza y al exigir la diversificación de actividades de enseñanza para grupos diversos, rompe de facto con las prácticas educativas uniformes apoyadas, como decíamos, en la fantasía de unos aprendizajes correspondientes a una edad determinada.

Escuela rural Mexico

El aula multigrado conlleva una organización del aula específica; unas relaciones entre los alumnos; una forma determinada de distribuir a los alumnos que posibilita, a su vez, distintas dinámicas grupales (grupo plenario, subgrupos fijos, subgrupos rotativos, comisiones de trabajo); un uso concreto de los espacios y los tiempos; un diseño de actividades didácticas específicas; una movilización de otro tipo de recursos educativos; y una vinculación natural con el entorno y la comunidad que pueden ayudarnos a afrontar los retos educativos actuales.

Son múltiples los desafíos que enfrenta la escuela rural y que, sin duda, debemos atender (falta de infraestructuras, flexibilidad legislativa, mayores cuotas de autonomía, una formación del profesorado más adecuada…) pero son múltiples también los aprendizajes que los sistemas educativos pueden obtener de la escuela rural.

Cuando la graduación múltiple no es solo una consecuencia casual derivada de un contexto rural sino una opción elegida, se abren múltiples oportunidades pedagógicas.

Nadie duda de que la escuela necesita un cambio profundo a través de un proceso de re-escolarización, caracterizado por una nueva cultura del aprendizaje basada en la participación activa, las actividades significativas, la autorregulación y la atención a las diferencias de desarrollo e individuales; y por una cultura organizacional caracterizada por la colaboración, la innovación, la autonomía, la atención a la diversidad y la apertura al entorno.

Escuela rural Nº 209, en la localidad de Cañada Grande, Canelones. Foto de Pablo Nogueira

La tarea de enseñar es ahora más compleja que nunca, pero también más estimulante. En un mundo lleno de miradas catastrofistas sobre la educación, necesitamos más que nunca esperanzas practicables e inspiraciones alcanzables. En este contexto, no es disparatado imaginar a la escuela rural guiando y sirviendo de orientación a una “escuela urbana” que debe ser cada día más dinámica, flexible y personal.

No es disparatado imaginar la escuela rural como fuente de esperanzas practicables e inspiraciones alcanzables para los retos educativos actuales y del futuro. 

Fuente de articulo: https://carlosmagro.wordpress.com/2019/06/02/la-escuela-rural-un-laboratorio-de-innovacion-educativa/

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Otra de educación comparada

Por: Carlos Ornelas.

 

Una de las cosas bellas que nos pasan a quienes nos dedicamos a la academia es el potencial que existe para compartir. En primer lugar, y más importante, con nuestros estudiantes; para la mayoría de nosotros, los alumnos son parte vital de nuestra existencia. Una especie de familia que convive, aunque por corto plazo, después, algunos lazos se rompen, otros perduran.

En segundo lugar, entre nosotros compartimos ideas, afanes, simpatías y también fobias. Tendemos a agruparnos en asociaciones profesionales o en grupos informales, tribus, dijo Tony Bleecher.

Para quienes nos dedicamos al campo de la educación comparada e internacional el universo es infinito, vamos de lo local a lo global o viceversa. Escogemos países o sistemas disímbolos para su estudio y, dentro de ellos, una infinidad de temas o problemas que demandan soluciones.

La colaboración se nutre de pensamientos individuales que, al compartirse con otros colegas, fructifican en aportaciones de diversa índole y se manifiestan en un sinnúmero de productos, publicaciones en primer lugar, algunas llegan a las aulas y nutren el intelecto de los educandos.

Cuando compartimos afanes vamos más allá de la profesión. Es un asunto subjetivo. Nos asociamos no nada más por interés intelectual, para originar conocimiento, sino también para distribuir saludos, abrazar a colegas que sólo vemos en congresos de vez en cuando y para satisfacer al ego que gobierna muchas de nuestras acciones.

El rasgo tribal de los académicos se revela en afinidades, ya intelectuales, ya anímicas con camaradas y aversiones con quienes no simpatizamos, ya por sus ideas, ya por su personalidad. Sin embargo, nos coligamos y formamos cofradías. Soy integrante de algunas, como la Comparative and International Education Society (CIES), desde 1982, el Consejo Mexicano de Investigación Educativa (casi desde su fundación) y la Sociedad Mexicana de Educación Comparada, desde su nacimiento; es más, fui uno de sus promotores.

El jueves y el viernes de la semana que terminó, se llevó a cabo una conferencia patrocinada por la Región del Medio Oeste de la CIES y la Somec, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. El programa fue diverso e intenso. El tema paraguas fue Innovación e inclusión en educación: estrategias para la implementación.

No puedo reseñar los sucesos porque, a pesar de formar parte del comité organizador, no estuve presente. Hago una estadía de investigación en la Universidad de Nagoya, en Japón, con el fin de nutrir mi proyecto. Mi colega, Fernanda Pineda, también integrante del comité, tampoco pudo asistir porque espera a su segundo crío antes de un mes. No obstante, Karen Monkman y Zaira Navarrete convocaron a otros colegas y formaron un equipo formidable.

En esa conferencia, puedo asegurar, se pusieron en juego los atributos del trabajo académico y mis colegas compartieron conocimiento, anhelos y ambiciones. Pronto sabremos de sus resultados.

Fuente del artículo: https://www.excelsior.com.mx/opinion/carlos-ornelas/otra-de-educacion-comparada/1344263

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El Versailles chileno

Por: Ernesto Garratt.

Leo los titulares de matutinos chilenos con la noticia de que a excancilleres les preocupa la imagen país después de la cancelación del Apec, donde se anticipaba acabar la guerra comercial entre EEUU y China, y la Cop25, con Chile liderando la lucha ambiental.

A esta élite política parece preocuparle un espejismo fabricado solo para el exterior y lejos de la realidad. Este no es un oasis en Latinoamérica, solo hablamos de un excelente slogan publicitario que se está cayendo a pedazos frente a nuestros ojos desde hace 14 días: desde que comenzó el feroz estallido social de un país OCDE, en vías de desarrollo y con cifras envidiables para cualquier vecino de la región: casi 25 mil dólares per cápita, crecimiento constante en las últimas décadas y una postal que ha sido imán para inmigrantes con tal alcanzar el sueño chileno.

Pero no hay tal sueño chileno. There is no Chilean dream. ¿Lo entienden o lo digo en ruso? Esto es y ha sido más una pesadilla para una gran mayoría desde que los Chicago Boys* instauraron a la fuerza en los años 70 su feroz modelo de capitalismo salvaje y privatizaron nuestros derechos. Un estado de las cosas que la democracia solo siguió aplicando con escasísimas correcciones hacia las necesidades sociales.

Mi origen es de la pobreza extrema. Mi madre, una madre anciana, fue soltera. No se casó, ergo, soy huacho, no tengo padre. Hace unos años, el actual ministro de Justicia defendía a brazo partido la legislación que me dejaba a mí y a todos los hijos ilegítimos sin los mismos derechos que un hijo nacido dentro del matrimonio. Esos mismos ministros que ahora son parte de un gobierno que dice que ha escuchado el mensaje de las manifestaciones, defendían públicamente y sin vergüenza la desigualdad.

Con mi madre enferma vivimos 20 años de allegados, es decir, de casa en casa, de techo en techo. ¡20 años sin casa propia! Repito: mi origen es de la pobreza extrema y tuve que endeudarme con el llamado crédito fiscal de mi tiempo para pagar mi educación universitaria en una institución pública como la de la Universidad Chile.

El multimillonario Sebastián Piñera pudo estudiar gratis en la universidad en el Chile de su tiempo. En el país que destruyó el golpe de Pinochet en 1973 y en el país que gente como su hermano José Piñera (inventor de las cuestionadas Administradoras de Fondos de Pensiones) ayudó a levantar para la conveniencia de los grupos económicos mas no de la población, yo terminé de pagar mi educación recién a los 43 años. Estoy endeudado para pagar un departamento y acabo de pagar con mucho esfuerzo, como todos los chilenos, las contribuciones de este año. Persigo mis deudas para aniquilaras con ansiedad, mientras que Sebastián Piñera no ha dado ni una disculpa pública por adeudar 30 años de contribuciones tributarias. ¡30 años!

Para qué hablo de mi pensión. No pienso en ella porque soy realista. Como están las cosas, no hay futuro en Chile para los viejos: la tasa de suicidios más alta se encuentra en el rango de los adultos mayores. Con un promedio de 256 mil pesos (US$ 344) mensuales de jubilaciones, no se puede vivir, solo morir lentamente.

Este cruel modelo le da privilegios casi monárquicos solo al 1% de la población, un grupo demillonarios y de súper millonarios (once de ellos en la lista Forbes) que se convirtió en dueño de casi el 30% de nuestra riqueza. El resto, la gran mayoría, vive con sueldos míseros del tercer mundo con un costo de vida europeo. Por eso bastaron solo 30 pesos en el alza, una nueva alza del metro de Santiago, para trizar y romper el hechizo.

Chile despertó. Abrió los ojos enojado, hastiado de aguantar la corrupción de esta élite política, económica y militar: colusiones de privados, leyes dictadas desde las gerencias de las empresas, miles de millones de pesos en fraudes en el ejército y carabineros. Súmele décadas de maltrato, desactivación del tejido social y la construcción de un ethos individualista, explican el gran descontento, la rabia y la explosión de violencia.

¿Y cuál fue la respuesta de Piñera? Comer pizza en un restaurante pituco mientras Santiago ardía. Y luego, desesperado, sacar a los militares a las calles y hacer el mejor cosplay de la dictadura jamás organizada por un presidente en democracia. Las cifras de abusos de derechos humanos suben día a día y la brutal represión de carabineros cuenta estadísticas que incluyen ¡abusos sexuales! y que además consideran más de 100 personas con daños oculares producto del baleo de la policía. Inexplicable me resulta que usaran de blanco e hirieran con siete balines en su cuerpo a un observador del INDH (Instituto Nacional de Derechos Humanos).

No justifico los saqueos ni la destrucción de bienes públicos como el metro. Son actos de barbarie condenables. Solo trato de explicar la brutal violencia expresada en un escenario apocalíptico en el que estamos y donde la élite dice haber escuchado el mensaje que la ejemplar y pacífica marcha de un millón doscientas mil personas envió desde la calle: “no más abusos”, “no más privilegios”.

Ya hubo grandes protestas sociales estudiantiles en 2006 y 2011. El mensaje se está enviando desde hace rato. Pero este pequeño Versailles que nos gobierna y rige desde todos los pilares de la vida, este Versailles que dice que nos está escuchando, sigue sin escuchar. Para aplacar tres décadas de abusos no basta un discreto perdón presidencial, ni migajas económicas ni menos disfrutar una pizza sentado en la cumbre y con el infierno social ardiendo bajo sus pies. Mucho menos ayuda un cambio de gabinete improvisado: ¡El ministro del Interior entrante se eligió a último momento y durante la transmisión televisada!.

A los excancilleres y miembros de la élite les propongo esta otra imagen en vez de la imagen país. ¿Listos? Enfóquense en esto: Una anciana enferma y que trabajó toda su vida y que luego solo obtuvo una jubilación miserable, agonizando en el servicio de atención pública. Esta viejita es mi madre. Ella, detrás de su máscara de oxígeno, está llorando porque sabe que se va a morir y me va dejar solo en este Chile cruento y espartano que pertenece al 1%. No puede decírmelo con su voz. Apenas puede respirar. Me lo escribe temblorosa en un cuaderno verde con su último aliento.

“Cuídate hijito que nadie más te va a cuidar aquí”.

Eso pasó hace 20 años, yo era pobre y a pesar del paso del tiempo, constato tristemente que nada ha cambiado. Nada.

Fuente del artículo: https://cnnespanol.cnn.com/2019/11/01/el-versailles-chileno-opinion-garratt/

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