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La inteligencia artificial para fortalecer la labor docente

La inteligencia artificial para fortalecer la labor docente

Pluma Invitada

 

Corina Acosta y María de los Ángeles Pavez

Hoy la inteligencia artificial es un tema cotidiano para quienes tenemos acceso a internet. Ha habido debates, informes, portadas, redes sociales y varios seminarios de educación. Y sí, es cierto que  estamos viviendo un punto de inflexión en el desarrollo tecnológico: la Inteligencia Artificial ya no es solo una herramienta del futuro, es parte del presente, y está empezando a transformar nuestras formas de vivir, trabajar, aprender y enseñar.

En este contexto de creciente presencia de la IA en nuestra vida cotidiana y en el ámbito educativo persiste, sin embargo, una brecha significativa en las competencias digitales de los docentes. De acuerdo al informe sobre competencias digitales docentes en América Latina elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo, la mayoría de los educadores de América Latina considera que aún no alcanza ni siquiera el primer nivel de competencias digitales, mientras que el 27% reporta un nivel básico en las mismas relacionadas con el uso pedagógico de la tecnología.

Esta brecha contrasta con la velocidad con que la IA se está incorporando en las prácticas cotidianas de las comunidades educativas. Mientras algunos profesores comienzan a involucrarse progresivamente con estas herramientas —planificando clases, generando materiales o corrigiendo evaluaciones con mayor rapidez—, los estudiantes ya las utilizan para buscar información, escribir y aprender dentro y fuera de la escuela.

El gran desafío, entonces, para la formación de los docentes de hoy, es elevar su nivel de habilidades digitales. Pero junto con ese, emerge otro gran desafío: combinar las habilidades amplias o habilidades del siglo XXI como la empatía, la creatividad, el pensamiento crítico, la colaboración, con los conocimientos fundacionales que serán necesarios para desenvolverse plenamente en el mundo del presente y futuro. El resto lo va a resolver la misma IA. En un mundo donde los alumnos aprenden desde múltiples fuentes —videos de TikTok, tutoriales de YouTube, chatbots y comunidades en línea—, los profesores de hoy y sin duda los del futuro, deben convertirse en mediadores de un entorno de aprendizaje dinámico y cambiante

No basta con dominar herramientas, deben poder guiar a los estudiantes a formularse las preguntas correctas: ¿quién creó este contenido?, ¿con qué objetivo?, ¿qué omite? La alfabetización crítica hoy es tan importante como la alfabetización digital, y la formación docente es clave para asumirlo como prioridad.

El foco no debe estar solo en “usar IA”, sino en crear condiciones para que ningún profesor se quede atrás. Esto requiere esfuerzos colectivos urgentes del mundo público y privado—ministerios, sostenedores, directivos y formadores, empresas, OSC— para que podamos asegurar acceso a la tecnología básica, ofrecer formación continua pertinente y acompañamiento práctico, y reconocer que el rol docente es irremplazable en un contexto de transformación digital.

En nuestra experiencia, queremos destacar el caso de éxito de Aprendo en Casa, iniciativa que durante la pandemia logró articular a más de 80 organizaciones de toda América Latina y España para ofrecer contenidos gratuitos y de calidad a docentes y familias. Entre estas organizaciones se encuentra Radix Education, con quienes compartimos un mismo propósito: reimaginar el presente y el futuro de la educación. Hace cinco años utilizamos la tecnología para generar experiencias formativas que se adaptaran a los diversos contextos de las comunidades educativas latinoamericanas, poniendo en el centro a las y los docentes. Hoy, con la nueva plataforma de formación docente, AprendoLab, volvemos a unir esfuerzos, gracias a una colaboración estrecha y sostenida, para entregar rutas formativas con foco en habilidades del siglo XXI, impulsadas por la IA que responden a las necesidades reales de las y los maestros.

Cuando hay colaboración radical, ponemos al centro a los docentes y entendemos que la tecnología es un medio al servicio de la educación, construimos un entorno donde es posible fortalecer la labor docente, sin importar el punto de partida de cada profesor o escuela. La inteligencia artificial necesita de la inteligencia colectiva, de un ecosistema que cree, acompaña y sostiene; un ecosistema donde la humanidad, la empatía y el propósito compartido guían cada decisión.

Porque el futuro de la educación no será definido por los algoritmos, sino por las personas capaces de darles sentido. Y cuando docentes, comunidades, instituciones y organizaciones se unen con esa convicción, la IA deja de ser una promesa y se convierte en una oportunidad real: una oportunidad para enseñar mejor, para aprender mejor y, sobre todo, para construir un futuro más justo y humano.

Explora AprendoLab en https://www.aprendolab.org/home

Referencias  

Della Nina Gambi, G., Forero Pabón, T., Soto Sira, V. G., Ruiz García, M. J., & Keuylian, M. L. (2025). Aproximación a las competencias digitales de docentes en América Latina (Nota técnica del BID No. 3160). Banco Interamericano de Desarrollo, División de Educación.

El País. (2025, diciembre 5). Docentes, desigualdad y algoritmos: las preguntas que marcarán la educación del futuro. El País. https://elpais.com/economia/formacion/2025-12-05/docentes-desigualdad-y-algoritmos-las-preguntas-que-marcaran-la-educacion-del-futuro.html

Fuente de la Información: https://www.educacionfutura.org/la-inteligencia-artificial-para-fortalecer-la-labor-docente/

 

 

 

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Tecnología Educativa – La inteligencia artificial podría transformar la educación… si las universidades responden correctamente

La inteligencia artificial podría transformar la educación… si las universidades responden correctamente

Enrique Dans

El pánico no es una estrategia pedagógica

Cuando apareció ChatGPT, gran parte del mundo académico no reaccionó con curiosidad, sino con miedo. No miedo a lo que la inteligencia artificial podría permitir que aprendieran los estudiantes, sino miedo a perder el control sobre cómo se ha controlado tradicionalmente el aprendizaje. Los profesores designaron la inteligencia artificial generativa como «veneno», advirtieron que destruiría el pensamiento crítico y exigieron prohibiciones tajantes en los campus casi de inmediato. Otros se apresuraron a revivir los exámenes orales y las evaluaciones manuscritas, como si hacer retroceder el reloj hiciera desaparecer el problema. Esta respuesta nunca fue realmente sobre pedagogía: fue sobre autoridad.

La narrativa de la «integridad» enmascara un problema de control

La reacción ha sido tan caótica que los investigadores ya han documentado el desorden resultante: políticas contradictorias, directrices vagas y mecanismos de aplicación que incluso el propio profesorado tiene dificultades para entender, como recoge un artículo ampliamente citado sobre las respuestas institucionales a ChatGPT.

Las universidades hablan sin descanso de integridad académica y de plagio mientras admiten en privado que no existe una definición compartida de lo que significa la integridad en un mundo aumentado por la inteligencia artificial. Mientras tanto, todo aquello que realmente importa para el aprendizaje, desde la motivación hasta la autonomía, el ritmo de estudio o la posibilidad de equivocarse sin humillación pública, prácticamente no entra en la conversación.

En lugar de preguntarse cómo podría la inteligencia artificial mejorar la educación, las instituciones se han obsesionado con cómo preservar la vigilancia.

 

Las evidencias apuntan en la dirección contraria

Y, sin embargo, las evidencias señalan justo lo contrario: los sistemas de tutoría inteligente ya son capaces de adaptar contenidos, generar prácticas contextualizadas y ofrecer retroalimentación inmediata de un modo que las aulas masificadas simplemente no pueden igualar, tal y como resume la investigación educativa más reciente. Esa desconexión revela algo sumamente incómodo.

La inteligencia artificial no amenaza la esencia de la educación, amenaza la burocracia construida a su alrededor. Los propios estudiantes no están rechazando estas herramientas: las encuestas muestran de forma consistente que consideran el uso responsable de la inteligencia artificial una competencia profesional básica y que reclaman orientación, no castigo, para aprender a utilizarla bien. La brecha es evidente: los estudiantes avanzan, mientras las instituciones académicas se atrincheran.

 

Qué significa realmente una estrategia «all-in»

Llevo más de treinta y cinco años dando clase en IE University, una institución que ha adoptado de forma consistente la postura opuesta. Mucho antes de que la inteligencia artificial generativa entrase en la conversación pública, IE ya experimentaba con educación online, modelos híbridos y aprendizaje apoyado en tecnología. Cuando llegó ChatGPT, la universidad no entró en pánico: en su lugar, publicó una declaración institucional muy clara sobre inteligencia artificial, en la que la enmarcaba como un cambio tecnológico histórico, comparable a la máquina de vapor o a Internet, y asumía el compromiso de integrarla de forma ética y deliberada en la docencia, el aprendizaje y la evaluación.

Esa apuesta «all-in» no tenía nada que ver con la novedad ni con el branding. Partía de una idea sencilla: la tecnología debe adaptarse al estudiante, no al revés. La inteligencia artificial debe amplificar la labor docente, no sustituirla. Los estudiantes deben poder aprender a su propio ritmo, recibir retroalimentación sin un juicio constante y experimentar sin miedo. Los datos deben pertenecer al alumno, no a la institución. Y los educadores deberían dedicar menos tiempo a vigilar resultados y más a hacer lo que solo los humanos pueden hacer: guiar, inspirar, contextualizar y ejercer criterio. La decisión de IE de integrar herramientas de OpenAI en todo su ecosistema académico refleja esa filosofía llevada a la práctica.

La uniformidad nunca fue rigor

Este enfoque contrasta de forma radical con el de las universidades que tratan la inteligencia artificial, ante todo, como un supuesto problema de alumnos tramposos. Esas instituciones están defendiendo un modelo basado en la uniformidad, la ansiedad, la memorización y la evaluación, en lugar de en la comprensión. La inteligencia artificial deja al descubierto los límites de ese modelo precisamente porque hace posible uno mejor: un aprendizaje adaptativo, escalable y centrado en el estudiante, una idea respaldada por décadas de investigación educativa.

Pero asumir esa posibilidad no es sencillo. Exige abandonar la reconfortante ficción de que enseñar el mismo contenido a todos, al mismo tiempo, y evaluarlo con los mismos exámenes basados en la memorización representa la máxima expresión del rigor académico. La inteligencia artificial revela que ese sistema nunca tuvo que ver con la eficiencia del aprendizaje, sino con la comodidad administrativa. No es rigor… es rigor mortis.

 

Alpha Schools y la ilusión de la disrupción

Existen, por supuesto, experimentos que aseguran señalar el camino hacia el futuro. Alpha Schools, una pequeña red de centros privados en Estados Unidos que se definen como AI-first, ha llamado la atención por reorganizar radicalmente la jornada escolar en torno a tutores basados en inteligencia artificial. Su propuesta resulta atractiva: los estudiantes completan las materias troncales en unas pocas horas con apoyo de la inteligencia artificial, lo que libera el resto del día para proyectos, trabajo colaborativo y desarrollo social.

Pero Alpha Schools también ejemplifica lo fácil que resulta equivocarse al aplicar la inteligencia artificial a la educación. Lo que despliegan hoy no es un ecosistema de aprendizaje sofisticado, sino una fina capa de distribución de contenidos impulsada por inteligencia artificial y optimizada para la velocidad y el rendimiento en pruebas estandarizadas. El modelo, simple y limitado, prioriza la aceleración frente a la comprensión, la eficiencia frente a la profundidad. Los alumnos pueden avanzar más rápido por el temario, pero lo hacen siguiendo itinerarios rígidos y predefinidos, con bucles de retroalimentación extremadamente simplistas. El resultado se parece menos a un aprendizaje aumentado y más a una automatización disfrazada de innovación.

 

Cuando la inteligencia artificial se convierte en una cinta transportadora

Este es el riesgo central al que se enfrenta la inteligencia artificial en la educación: confundir personalización con optimización, autonomía con aislamiento, e innovación con automatización. Cuando la inteligencia artificial se trata como una cinta transportadora en lugar de como un acompañante, reproduce los mismos defectos estructurales de los sistemas tradicionales, solo que más rápido y más barato.

La limitación aquí no es tecnológica: es conceptual.

Una educación verdaderamente impulsada por inteligencia artificial no consiste en sustituir profesores por chatbots ni en comprimir los currículos en franjas temporales más cortas. Consiste en crear entornos en los que los estudiantes puedan planificar, gestionar y reflexionar sobre procesos de aprendizaje complejos; donde el esfuerzo y la constancia se hagan visibles; donde equivocarse sea seguro; y donde la retroalimentación sea constante pero respetuosa. La inteligencia artificial debería fomentar la experimentación, no imponer el cumplimiento.

La verdadera amenaza no es la inteligencia artificial

Por eso la reacción contra la inteligencia artificial en las universidades está tan profundamente equivocada. Al centrarse en la prohibición, las instituciones pierden la oportunidad de redefinir el aprendizaje en torno al desarrollo humano en lugar del control institucional. Se aferran a los exámenes porque son fáciles de administrar, no porque sean eficaces. Temen a la inteligencia artificial porque deja en evidencia algo que los estudiantes llevan tiempo sabiendo: que buena parte de la educación superior se dedica a medir resultados, mientras descuida completamente la comprensión.

Las universidades que prosperarán no serán las que prohíban herramientas o resuciten rituales de evaluación propios del siglo XIX. Serán aquellas que traten la inteligencia artificial como infraestructura educativa básica: algo que debe diseñarse, gobernarse y mejorarse, no temerse. Entenderán que el objetivo no es automatizar la docencia, sino reducir la desigualdad educativa, ampliar el acceso al conocimiento y liberar tiempo y atención para los aspectos profundamente humanos del aprendizaje.

La inteligencia artificial no amenaza a la educación: amenaza a los sistemas que olvidaron para quién es la educación.

Si las universidades continúan respondiendo de forma defensiva, no será porque la inteligencia artificial las haya desplazado. Será porque, al enfrentarse a la primera tecnología capaz de posibilitar un aprendizaje verdaderamente centrado en el estudiante y a escala, optaron por proteger sus rituales en lugar de proteger a sus estudiantes.

Fuente de la Información: https://www.enriquedans.com/2026/01/la-inteligencia-artificial-podria-transformar-la-educacion-si-las-universidades-responden-correctamente.html

 

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Conciencia, empatía y bien común: herramientas para andar el mundo

Conciencia, empatía y bien común: herramientas para andar el mundo

“Cuando la pradera se incendia, cuando amenaza una inundación o algo en lo recóndito asusta a los animales, las fieras y las alimañas comparten los refugios, sin reñir. Sin despedazarse entre sí. Los campesinos llaman a esto la tregua de Dios. Démonos una tregua, pues. Si ya no somos capaces de actuar racionalmente, dejémonos guiar siquiera por el instinto de los animales.” 

La tregua de Dios. Manuel Buendía.

 

Erick Juárez Pineda

En este preciso momento, el planeta revela sus heridas más profundas: En Palestina, la infancia es un campo de batalla donde miles de niñas y niños crecen entre muerte y dolor, sin esperanza de un futuro en paz ni la certeza de un mañana; en Brasil, cada segundo se talan 24 árboles, despojando al mundo de uno de sus principales pulmones; en México, al menos 11 mujeres son víctimas de feminicidio cada día; en Siria, más de 7.2 millones de personas huyen desesperadamente de la guerra y la violencia; en Yemen, el hambre es un arma, con más de 540,000 niñas y niños padeciendo desnutrición aguda grave; a escala global, nuestros océanos contienen más de 150 millones de toneladas de plástico, asfixiando la vida marina y amenazando con superar en peso a los peces para 2050. Hoy, más de 250 millones de niñas, niños y jóvenes en todo el mundo están fuera de la escuela… Y, en medio de todo, en este preciso instante, un bebé llega al mundo.

Frente a este panorama de crisis y futuros desesperanzadores, surgen preguntas inquietantes: ¿Es posible crecer, criar y educar en medio de tanta incertidumbre y dolor? ¿Cómo transformar la desesperanza y la apatía? ¿Qué hacer ante ese mundo que puede ser horrible e inhumano?

Dar respuesta es imposible. Tratar de ofrecer soluciones a problemas que van cambiando cada día, sería un esfuerzo sin muchos resultados.

Sin embargo, podemos decirle hoy a ese bebé, que existen herramientas para poder andar por el mundo. Elementos que, quienes tenemos el desafío mayúsculo de formar, podemos transmitir, fomentar y fortalecer para que pueda crecer con la certeza de que otro mundo es posible.

En primer lugar, saber desde dónde caminamos el mundo orienta hacia dónde queremos ir. El sociólogo Hugo Zemelman (2005) señalaba que, para analizar la realidad en la que las personas se desarrollan y aspiran a incidir, es indispensable reconocer el lugar que ocupan los sujetos (p. 111) y, al mismo tiempo, el contexto en el que se encuentran (p. 109).

Este ejercicio es clave para examinar lo que deseamos transformar, aquello que nos aqueja e impide un desarrollo integral. Reconocer nuestra posición, contexto, privilegios, carencias, intenciones y esperanzas nos permite asumir una agencia que trascienda la estructura y apunte a la justicia y al bienestar. Es decir, entender quiénes somos para, junto con todas y todos, decidir hacia dónde caminar.

El segundo elemento es la empatía. Caminar al mundo no solo es saber desde dónde lo hacemos, es reconocer que existen las y los otros, sus propios contextos, realidades, esperanzas, habilidades y limitaciones. Es darse cuenta que aquello que nos aqueja, también puede afectar a los demás.

La capacidad de identificarnos con las y los otros, compartir sus sentimientos y “ponerse en sus zapatos”, nos da un criterio, guía y horizonte común.

Sin esta capacidad, no podemos llegar lejos. Zemelman (2005) decía que la apatía nubla nuestra lucidez y el deseo de mirar a los otros; y esto, acompañado del miedo y la ignorancia, bloquean la capacidad de abrir nuevos rumbos históricos y convertir la esperanza en acción (p. 109). Es lamentable, como decía Nietzche (en Zemelman, 2005) ver que “ante el interminable cúmulo de posibilidades que ofrece la vida, preferimos conformamos con algunas migajas de certidumbre” (p. 108).

Por su parte, la psicóloga Gennifer Ortiz Arias (2012) reconoce que en nuestras sociedades es evidente una  gran  apatía  para  pensar lo  humano,  “en  particular  lo  que  concierne  al  campo  de  lo  social”. Sin embargo, la hora más oscura es justo antes del amanecer.

Ortiz también explica que ante esta  actitud negativa, “surge  el  sentido  de  vida. Es  así  como se  hace  importante  resaltar  dicho  desencanto  por  cuanto  pone  en discusión la manera como se está reflexionando la vida” (p. 114).

Zemelman (2005) también reconocía ese espacio oscuro: “la esperanza se construye desde los límites que la hacen nacer, aunque para ello hay que vencer la inercia” (p. 110).

Por ello, es importante reconocer que esta empatía es también una responsabilidad. No se trata solo de “sentir” lo que el otro siente; implica –en la medida de que las condiciones lo permitan–, actuar en consecuencia y reconocer las opciones que nos lleven a encontrar el bien común.

A modo de brújula en medio de la intemperie, el subcomandante Marcos explicaba que “en algún rincón del corazón humano hay una cosa que se llama empatía”:

Esa capacidad de “ponerse en el lugar del otro” es, en realidad, la capacidad de “ponerse en el lugar de la víctima”.  A veces individualmente y cada vez más en colectivo, ese sentimiento va más allá y afronta la necesidad de “hacer algo. Pero la realidad no da premios.  Si acaso, pesadillas.  Así que se necesita valentía para decir “soy yo y siento que esto no es justo y tengo que decirlo o hacerlo sentir, sobre todo a las víctimas” (2024).

Finalmente, el tercer elemento es la búsqueda del bien común; es decir, procurar que, cada quien desde su propio contexto sociohistórico, todas y todos estemos bien.

Incluso, Adela Cortina (en Pachón, 2015), pide renovar este entendimiento, al proponer construir mínimos éticos compartidos que orienten la vida democrática y la justicia, construidos en la sociedad civil con el Estado como garante (p. 419).

Sin embargo, no debemos olvidar que pensar en el bien común no es olvidarse del bien individual. La profesora María Elizabeth de los Ríos Uriarte (2020), señala que no es un dilema “o uno u otro”, sino una armonía posible: el bien común no es la suma de bienes individuales, sino el marco que procura también el bien de cada persona y exige justicia y paz como condiciones previas para alinear lo individual y lo social.

En esta misma línea, Anibal Quijano (2010) propone el concepto de Bien Vivir, lo cual, dice, es un complejo de prácticas orientadas a producir y reproducir una sociedad democrática –un modo de existencia social alternativo a la Colonialidad del Poder y a la modernidad eurocéntrica–, una cuestión histórica abierta que debe ser continuamente indagada, debatida y practicada.

Para alcanzar el Buen Vivir, Quijano traza rutas concretas: una igualdad social que rechace toda clasificación jerárquica (racial, sexual o de clase) como base de poder; la reciprocidad en la organización del trabajo y en la distribución de los productos; y la asociación comunal, es decir, la gestión directa y colectiva de la autoridad y de la producción como forma eficaz de distribuir derechos, obligaciones y recursos.

A luz de todo lo anterior, para lograr conjuntar esfuerzos en torno a estos tres elementos –saber nuestra posición ante el mundo, la empatía y la búsqueda del bien común–, la educación es el vínculo que los amalgama. Es el espacio donde se aprende a situarse históricamente, a convertir la sensibilidad en responsabilidad y a construir acuerdos y acciones comunes.

La educación, dice Cortina (en Pachón 2015, p. 417) empieza por sentirse miembro de comunidades: familiar,religiosa, étnica. Pero también miembro de una comunidad política, en la que el niño ha de sentirse acogido desde el comienzo… Para formar hombres es, pues, necesario formar también ciudadanos”.

Por ello, la defensa de este espacio como espacio público del bien común es fundamental. Luchar para que todas y todos tengan acceso y oportunidades reales de que se les brinden herramientas para transformar el mundo.

Para el bebé que hoy nace, pero también, para quienes habitamos el mundo desde hace tiempo, luchemos y trabajemos en conjunto para creer que, como dice Quijano, otro mundo es posible.

Referencias:

Arias, G. O. (2012). Sentido de vida y narrativa: Defensa frente a la apatía del hombre para pensar lo humano. Katharsis13, 107-124. https://doi.org/10.25057/25005731.437 

de los Ríos Uriarte, M. E. (2020). Bien común o bien individual: ¿falso dilema? Medicina y ética31(2), 433-471. https://doi.org/10.36105/mye.2020v31n2.05 

Pachón, J. S. (2015). Adela Cortina: El reto de la ética cordial. Brocar. Cuadernos de Investigación Histórica39, 397-422. https://doi.org/10.18172/brocar.2901 

Quijano, A. (2010). ¿BIEN VIVIR?: ENTRE EL «DESARROLLO» Y LA DESCOLOLINALIDAD DEL PODER. Contextualizaciones Latinoamericanas1(6). https://doi.org/10.32870/cl.v0i6.2819 

Un pico y una pala. De la solidaridad, la empatía y la valentía. (2024, agosto 9). Enlace Zapatista. https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2024/08/08/un-pico-y-una-pala-de-la-solidaridad-la-empatia-y-la-valentia/ 

Zemelman, H. (2005). Voluntad de Conocer (Primera, Vol. 1). Anthropos. 

Fuente de la Información: https://www.educacionfutura.org/conciencia-empatia-y-bien-comun-herramientas-para-andar-el-mundo/

 

 

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Santo Domingo: Volver a la vocación para estudiar y ejercer el magisterio

Volver a la vocación para estudiar y ejercer el magisterio

Estamos frente a un sistema educativo roto, a pesar de los esfuerzos que se realizan. Por ello, la vuelta a la vocación no es nada cursi; es una responsabilidad ineludible.

Dinorah García Romero

La aplicación y los resultados de las pruebas nacionales son noticias de interés para la sociedad. Los motivos que despiertan la atención de los actores y sectores sociales son diversos. Unos desean confirmar qué tan efectiva es la formación de los docentes para generar desempeños eficientes de los estudiantes. Otros centran su interés en los resultados, cuántos aprobarán y cuántos quedarán reprobados. Los hay, también, que focalizan su mirada en el avance o retroceso que presenta el sistema, por la cantidad de reprobados. Lo importante de esto es que se crea un estado de alerta social. En este contexto, persiste el lamento, sin revisión sistémica, de los factores que generan el alto número de reprobados en las pruebas nacionales de 2025: son 88, 538 aprobados y 22,000 reprobados, de un total de 114, 790 convocados y 111, 067 participantes.

No se puede negar la frustración que produce la alta cantidad de estudiantes que han reprobado. Los factores causales son múltiples. No hay una única causa. Ahora lo importante es analizar, muy bien, qué procesos y procedimientos va a desarrollar el Ministerio de Educación de la República Dominicana con los estudiantes para liberarlos de la deserción y motivarlos para que continúen su proceso formativo. Esto requiere participación activa y comprometida de la familia. El problema que hay que afrontar no es tarea exclusiva del MINERD; implica, integralmente, a las familias. De otra parte, a todos los docentes, tanto a los que celebran la aprobación de los estudiantes que acompañan, como a los que viven la preocupación de reprobación, que vuelvan a su vocación docente.

Volver a la vocación docente es dedicarle tiempo para pensarla y analizarla. Es, también, estimarla y tomar conciencia de lo que implica desde el ámbito personal, profesional y socioeducativo. Hoy parece obsoleto plantear la necesidad de reencontrarse con la vocación docente. Este no es un énfasis propio de la era digital. Interesa más que los docentes se apropien de recursos digitales, para hacer; y, sobre todo, para hacerlo bien. Pero, la vocación ha de ser un elemento constitutivo de la decisión que toman las personas que desean laborar en los procesos de enseñar y de aprender. Estimar la vocación es tarea y compromiso. El beneficio de este proceso de análisis tiene un alcance más allá de lo personal; impacta el desarrollo de las instituciones educativas y de la sociedad.

Estamos frente a un sistema educativo roto, a pesar de los esfuerzos que se realizan. Por ello, la vuelta a la vocación no es nada cursi; es una responsabilidad ineludible. Repensar la vocación, para afirmarla, para aportarle consistencia y calidad, es una demanda de la tarea educativa.  No basta la vocación, pero sin ella se instrumentaliza la profesión docente. Sin ella, se pervierten los procesos de enseñanza y de aprendizaje. Además, sin una vocación probada, los resultados de aprendizaje, los resultados de las pruebas nacionales y la vida cotidiana de los centros educativos, pierden el equilibrio. Los profesores que viven su vocación al magisterio con pasión y alegría propician, en estudiantes y en la comunidad educativa, cambio de actitudes y cambio de prácticas.

La vocación real, no la simulada, impulsa y potencia la creatividad, ofrece oportunidades para disfrutar y vivenciar los aportes de las ciencias. Asimismo, produce paz interior, que se manifiesta en el fortalecimiento de la corresponsabilidad, el desarrollo de la capacidad de servicio y la apertura a nuevos aprendizajes. Ejercer la profesión docente sin visos de vocación produce lo contrario. Especialmente, mantiene al profesor pendiente de las salidas individuales. De igual modo, cuenta los días para celebrar la jubilación. Convierte el aula en un espacio marcado por la ansiedad y la impaciencia. Aún más, asume el estudio y la cualificación profesional como una carga. Sus intereses se distancian de la finalidad y de los objetivos de la educación.

Volver a la vocación es un acto de justicia educativa. Sin vocación educativa no se debiera aceptar a nadie en el sector. El vacío vocacional afecta, de forma profunda, la efectividad, el sentido transformador y los compromisos socioeducativos y políticos de los actores y sectores del campo de la educación. La vocación docente hay que respetarla, hay que cultivarla, hay que vivirla. La vocación fortalece el ser docente y resitúa el hacer. Es un hacer con sentido, un hacer para construir significados. La articulacione entre ser y hacer dan como resultado un docente comprometido de forma integral con su misión, sus responsabilidades y desafíos en el campo de la educación y en la sociedad.

Fuente de la Información: https://acento.com.do/opinion/volver-a-la-vocacion-para-estudiar-y-ejercer-el-magisterio-9526614.html

 

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Mundo educativo: Hemos perdido, ¿y qué? La importancia de la derrota en el aprendizaje

Hemos perdido, ¿y qué? La importancia de la derrota en el aprendizaje

Ganar o perder en una competición es algo natural y esperable. Sin embargo, no todo el mundo es capaz de aceptar fácilmente la derrota. ¿Se puede aprender a perder? ¿Se puede enseñar? Por su importancia para el desarrollo cognitivo emocional y social, compartimos aquí algunas estrategias para entrenar a los niños y adolescentes a aceptar la derrota con deportividad.

Enseñar a hacer las paces con la derrota

Antes de participar en una competición, ya sea en un examen, un juego o un evento deportivo, podemos explicar al niño o al adolescente que en la mayoría de las competiciones siempre habrá ganadores y perdedores. Cuando se sienta triste por haber perdido, subrayemos que es un sentimiento completamente comprensible. Dejemos que exprese su tristeza, pero recordando que no debe quedarse atascado en su fracaso, el cual suele ser temporal.

Si se gestiona adecuadamente, la derrota puede ser una oportunidad para la autoevaluación, para aprender de los errores y para mejorar en el futuro.

Seguir las normas establecidas

Cuando los niños y los adolescentes compiten, es importante enseñarles a respetar las normas existentes, aunque no les gusten o incluso si no las entienden. Cumplir las normas puede ayudarlos a ser y comportarse de manera honesta y evitar la tentación de hacer trampas. Al inculcar una actitud de respeto hacia las normas, se aleja a los niños y adolescentes del comportamiento de justificar cualquier medio para ganar a toda costa.

Dejar claras las reglas, e incluso ver partidos o competiciones previas fijándonos en ellas, es fundamental para que no haya malentendidos; aquí nuestro ejemplo es vital.

Centrarse en la mejora personal

Frente a las derrotas, en lugar de caer en la tentación de culpar a los demás o acusar a los demás de hacer trampas, es mejor entrenar a los niños y adolescentes a focalizarse en mejorar sus propias carencias, compensándolas a modo de fortalezas.

Cuando el niño o el adolescente acepta o al menos tolera sus limitaciones y se esfuerza por mejorarlas, deberíamos reconocer su esfuerzo, para que pueda ser paciente y continuar el proceso de recuperación de confianza.

Dar ejemplo

Los niños y los adolescentes pueden aprender a afrontar mejor el fracaso a partir del ejemplo que nosotros como adultos les ofrecemos. Cuando hay que afrontar una derrota, podemos aprovechar para explicarles un fracaso nuestro, cómo reaccionamos (y cómo nos hubiera gustado reaccionar) y qué lecciones aprendimos.

Al escuchar nuestras experiencias, entenderá que perder o fracasar es natural y que, de hecho, nos puede pasar a todos.

Los niños y los adolescentes observan e imitan a las personas de su alrededor. Si somos capaces de articular nuestra decepción de manera positiva, de felicitar al rival por su victoria y por su juego limpio, y de reflexionar sobre lo que se podría hacer de manera diferente la próxima vez, estamos ofreciendo un buen ejemplo de saber perder.

Valorar explícitamente el esfuerzo

Cuando nos enfrentamos a una derrota a pesar de haber realizado un gran esfuerzo, a veces viene bien un reconocimiento en forma de pequeño obsequio o unas palabras de aliento. Este detalle puede servir como motivación inicialmente extrínseca para continuar practicando y compitiendo según las normas establecidas.

Asumir los errores

Más allá de competiciones o exámenes, la manera en la que nos enfrentamos a los errores puede ayudarnos a crecer y evolucionar o puede hacernos sentir frustrados y deprimidos. Por eso, educar en la tolerancia al fracaso ayuda a crecer aprendiendo de los errores, ser agradecidos y no justificar cualquier medio poco ético para conseguir nuestros deseos.

¿Cómo hacerlo? La Fundación Novak Djokovic propone, en primer lugar, que los adultos sean pacientes: aprender a aceptar la derrota es un proceso, así que no se debe esperar que el niño o incluso el adolescente lo domine a la primera. Por esta razón, conviene exponerles a situaciones en las que pueda ganar o perder, sea en juegos, deportes, concursos; y hacer lo posible por que juegue a estas competiciones con otros niños, de acuerdo con su edad.

Es importante entender que no solo no es malo querer ganar, sino que reconocerlo y comprenderlo forma parte también del proceso de aceptación de la derrota. Ofrecer apoyo emocional y presencia física, independientemente del resultado, es muy importante. Si ha ganado, nos podemos alegrar con él; pero si ha perdido, debemos estar ahí también, ayudando a gestionar las emociones negativas que está sintiendo.

Ni minimizar, ni silenciar

Hablar de manera profunda con los más pequeños cuando algo no ha ido como esperaban es fundamental para saber cómo se han sentido, qué les ha gustado o no de la competición, cómo entienden el resultado. Estamos creando así un vínculo afectivo estrecho con el niño.

Aunque siempre podemos encontrar aspectos positivos que elogiar, nunca debemos minimizar la importancia de la experiencia. El juego es la actividad más importante para el niño y es muy importante para el adolescente, y puede percibir una derrota como un desafío muy difícil de superar. Comentarios como “solo es un juego estúpido”, “no pasa nada”, “tampoco es para tanto”, no le ayudarán a afrontar las derrotas en el futuro.

Cuando decimos cosas como “¿Por qué lloras? No es el fin del mundo”, le estamos transmitiendo que lo que siente no está bien. En lugar de eso, preguntemos cómo se siente, ayudemos a identificar la emoción o el cúmulo de emociones y animemos a estar en contacto con lo que siente hasta que se le pase y consiga calmarse progresivamente de manera adecuada.

Empoderar con deberes

Inmersos en una época de estímulos e imágenes de vidas perfectas, las generaciones más jóvenes necesitan especialmente, y se merecen, que los adultos les eduquemos en sus derechos, pero también en sus correspondientes deberes. Educarlos de manera realista les ayudará a afrontar los contratiempos y las frustraciones que con toda seguridad sufrirán en algunos momentos de sus vidas.

Como dijo el abogado estadounidense Wendell Phillips, la derrota no es nada más “que educación; nada más que los primeros pasos hacia algo mejor”.

Fuente: Daniel Piulats Vilá / theconversation.com

Fuente de la Información: https://www.redem.org/hemos-perdido-y-que-la-importancia-de-la-derrota-en-el-aprendizaje/

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‘Los maestros brillantes que me formaron’: homenaje de Bill Gates a sus maestros

‘Los maestros brillantes que me formaron’: homenaje de Bill Gates a sus maestros

Detrás de cada trayectoria excepcional suele haber un maestro que hizo la diferencia. En este emotivo relato, Bill Gates comparte cómo cinco docentes transformaron su vida al verlo, retarlo y confiar en él. Una poderosa reflexión sobre el rol irreemplazable del buen maestro en el desarrollo humano.

Tuve muchísima suerte cuando era niño. Nací en una gran familia, con padres que hicieron todo lo posible para prepararme para el éxito. Crecí en una ciudad que amo y en la que aún vivo, justo en el amanecer de la era de las computadoras. Además, asistí a una de las dos escuelas en mi estado—y una de las pocas en el país—que tenía acceso a computadoras. Todas estas fueron circunstancias afortunadas que moldearon mi futuro.

Pero igual de importantes, o quizás incluso más, fueron los maestros de los que tuve la suerte de aprender en el camino. Desde la escuela primaria hasta la universidad, tuve profesores que vieron mi potencial (incluso cuando estaba escondido bajo un comportamiento problemático), me dieron responsabilidades reales, me permitieron aprender a través de la experiencia en lugar de solo con clases teóricas y me dieron el espacio para explorar mis pasiones.

Estos cinco brillantes maestros no solo me enseñaron materias, sino que me enseñaron cómo pensar sobre el mundo y lo que podría lograr en él. Mirando atrás, me doy cuenta de lo raro que fue esto—y de lo afortunado que fui al encontrarlo una y otra vez.

Blanche Caffiere

Blanche Caffiere entró en mi vida dos veces: primero como mi maestra de primer grado y, más tarde, como mi primera “jefa” cuando yo estaba en cuarto grado en View Ridge Elementary y ella era la bibliotecaria. En ese momento, yo era un niño inquieto dentro y fuera del aula: enérgico, disruptivo y siempre perdido en mis propios pensamientos. La mayoría de los maestros y administradores me veían como un problema a resolver. Pero la Sra. Caffiere vio en mí a un solucionador de problemas. Cuando uno de mis maestros no sabía cómo desafiarme ni canalizar mi energía, ella intervino y me dio un trabajo como su asistente en la biblioteca.

“Lo que necesitas es alguien como un detective”, le dije cuando me encargó encontrar libros perdidos en la biblioteca. Me encantó la tarea de inmediato, recorriendo los estantes hasta encontrar cada uno. Luego, la Sra. Caffiere me enseñó el sistema Dewey Decimal haciéndome memorizar una ingeniosa historia sobre un cavernícola para que pudiera saber dónde pertenecía cada libro. Para un niño que amaba leer y los números, era el trabajo soñado. Me sentí esencial. Ese primer día me quedé en la biblioteca durante el recreo, llegué temprano al día siguiente y terminé trabajando allí el resto del año. Tec

Cuando mi familia se mudó y tuve que dejar View Ridge Elementary, lo que más me devastó fue dejar mi trabajo en la biblioteca. “¿Quién encontrará los libros perdidos?”, pregunté. La Sra. Caffiere respondió que podría ser asistente de biblioteca en mi nueva escuela. Ella entendió que lo que yo necesitaba no era simplemente una tarea para ocuparme, sino sentirme valorado y confiado con una responsabilidad real. Llevaba casi cuarenta años enseñando cuando la conocí, lo que significaba que había visto todo tipo de estudiantes. Pero tenía un don especial para ayudar a aquellos en los extremos—los que tenían dificultades o los que sobresalían—a encontrar su camino. Yo era un poco de ambos, y ella ciertamente me ayudó a encontrar el mío.

Paul Stocklin

La clase de matemáticas de octavo grado de Paul Stocklin en Lakeside cambió mi vida de dos maneras fundamentales, aunque en ese momento no lo supe. Primero, ahí conocí a Kent Evans, quien se convertiría en mi mejor amigo y mi primer “socio de negocios” antes de su trágica muerte en un accidente de montañismo a los 17 años. Como yo, Kent no encajaba fácilmente en los grupos sociales establecidos en Lakeside. A diferencia de mí, él tenía una visión clara de su futuro, lo que me inspiró a empezar a pensar en el mío.

También fue en la clase del Sr. Stocklin donde vi por primera vez una máquina de teletipo, un momento que moldearía por completo mi futuro. Una mañana, el Sr. Stocklin llevó a nuestra clase por el pasillo de McAllister House, un edificio blanco en Lakeside que albergaba el departamento de matemáticas, donde escuchamos un extraño sonido “chug-chug-chug” que salía de un aula. Allí, vimos algo que parecía una máquina de escribir con un disco telefónico. El Sr. Stocklin explicó que era una máquina de teletipo conectada a una computadora en California. Con ella, podíamos jugar juegos e incluso escribir nuestros propios programas informáticos—algo que nunca pensé que sería capaz de hacer. Ese momento me abrió un mundo completamente nuevo.

Bill Dougall

Bill Dougall representaba lo que hacía especial a Lakeside: fue piloto de la Marina en la Segunda Guerra Mundial e ingeniero de Boeing, y aportó su experiencia del mundo real a la enseñanza. Además de sus títulos en ingeniería y educación, también estudió literatura francesa en la Sorbona. Era un verdadero hombre del Renacimiento que tomaba sabáticos para construir molinos de viento en Katmandú.

Como jefe del departamento de matemáticas de Lakeside, el Sr. Dougall fue clave en traer el acceso a computadoras a nuestra escuela. Aunque costaba más de $1,000 al año solo alquilar la terminal, él y otros profesores convencieron al Mothers’ Club de que usaran los ingresos de su venta anual para financiarlo.

Lo fascinante del Sr. Dougall es que en realidad no sabía mucho sobre programación; agotó su conocimiento en una semana. Pero tenía la visión de saber que era importante y la confianza para dejarnos a los estudiantes resolverlo por nuestra cuenta. Sus famosas excursiones de campamento, una tradición en Lakeside, mostraban otro lado de su creencia en el aprendizaje experiencial. Estas travesías por los terrenos accidentados del noroeste del Pacífico enseñaban resiliencia, trabajo en equipo y resolución de problemas de una manera que ninguna clase teórica podría. Ese era el núcleo de su filosofía de enseñanza.

Fred Wright

Fred Wright era exactamente el tipo de maestro que necesitábamos en la sala de computación de Lakeside. No tenía experiencia práctica con computadoras, aunque había estudiado FORTRAN. Pero entendía intuitivamente que la mejor manera de que los estudiantes aprendieran era dejarnos explorar por nuestra cuenta.

No había una hoja de inscripción, ni una puerta cerrada, ni una instrucción formal. En su lugar, el Sr. Wright nos dejó descubrir las cosas por nosotros mismos y confió en que, sin su guía, tendríamos que ser creativos. Algunos maestros argumentaban que era necesario más control, preocupados por lo que podríamos estar haciendo sin supervisión. Pero el Sr. Wright, aunque ocasionalmente pasaba a controlar alguna disputa o a escuchar nuestras explicaciones, en general defendía nuestra autonomía.

Un legado de grandes maestros

Cada uno de estos maestros dejó una huella indeleble en mí. Me enseñaron habilidades y conocimientos, pero más que eso, me enseñaron cómo pensar, cómo explorar y cómo resolver problemas. No creo que nunca les haya agradecido lo suficiente, y muchos de ellos fallecieron antes de que pudiera hacerlo.

Fuente: blogs.iadb.org

Fuente de la Información: https://www.redem.org/los-maestros-brillantes-que-me-formaron-homenaje-de-bill-gates-a-sus-maestros/

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Ecología Social: Día Mundial del Ambiente

Día Mundial del Medio Ambiente

Julio César Centeno

En la conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente conviene recordar qué es eso que llamamos “ambiente” no es otra cosa que la naturaleza, de donde venimos, de la que somos parte integral. La naturaleza es nuestra casa común. La madre, bella y misteriosa, que nos dio vida, nos nutre y nos protege entre sus brazos.

Nos dio los elementos que forman nuestro propio cuerpo. Nos dio la vida misma. Nos da cada día el aire que respiramos, el agua que alivia nuestra sed y los alimentos que consumimos. Nos rodea además con una inconmensurable belleza, llena de misterios para el disfrute y desarrollo de nuestra inteligencia. El descubrimiento de esos misterios puede ser el motivo mismo de nuestra existencia, así como una ruta hacia la felicidad.

La naturaleza ha florecido en millones de formas de vida. Ha creado además una matriz vital planetaria en la que todas las especies pueden convivir y desarrollarse, en equilibrio y armonía.

Solo una la ha traicionado.

La ingratitud y la avaricia de los humanos han producido profundas heridas a nuestra madre naturaleza, heridas que han degenerado en las enfermedades que padecen hoy la tierra, el agua y el aire. Amenazan además a los demás seres vivos con los que compartimos el planeta. Nuestra madre naturaleza ahora sufre, por la estupidez de creernos sus propietarios y dominadores, autorizados a violarla y expoliarla.

La traición de los humanos a su propia Pacha Mama ha provocado una gigantesca crisis ecológica mundial. En 1971, el Papa Pablo VI señaló: “la crisis ecológica es consecuencia dramática de la explotación inconsiderada de la naturaleza. El ser humano corre el riesgo de destruirla y de ser a su vez víctima de esta destrucción”. Enfatizó la “urgencia de un cambio radical en el comportamiento de la humanidad

Juan Pablo II, en su primera encíclica, advirtió que el ser humano parece “no percibir otros significados de su ambiente natural sino solamente aquellos que sirven a su uso inmediato y consumo

El Papa Francisco, en su encíclica Laudato Si, señala: Debemos reconocer el origen común de todas las cosas, que todas las criaturas, por despreciables que parezcan, son nuestras hermanas. Que la naturaleza es un espléndido libro donde el Universo refleja su grandiosidad y su hermosura

Todos estos señalamientos concuerdan con los de la comunidad científica internacional en cuanto a la urgencia de un cambio radical en el comportamiento de la humanidad ante la naturaleza.

La naturaleza es un organismo vivo. Los seres humanos han optado por actuar dentro de ese organismo como un virus, contaminándolo, debilitándolo y consumiéndolo progresivamente. Como consecuencia, los sistemas naturales del planeta están alcanzando el límite de lo biológica y físicamente tolerable. Sin embargo, los humanos parecen dispuestos a consumir al organismo que les da la vida, hasta provocar su propia destrucción.

En sólo décadas, los humanos se las han ingeniado para destruir la mitad de los bosques que embellecían la porción del planeta sobre el nivel de las aguas. Con los bosques destruyeron cerca de una tercera parte de las especies de seres vivos que habitaban la Tierra hace apenas 200 años. Hoy, una cuarta parte de los vertebrados que aún sobreviven se encuentran al borde de la extinción. Muy pronto, majestuosos animales sólo languidecerán como prisioneros en zoológicos, como trofeos en museos o como imágenes virtuales: elefantes, rinocerontes, tigres, gorilas, osos polares, jaguares, lobos, abejas, cóndores, ballenas. El acoso humano contra estas y tantas otras maravillas evolutivas es implacable.

Los humanos se las han ingeniado para destruir también el 40% de los arrecifes de coral en los últimos 50 años. Los arrecifes son maravillas naturales que sirven como incubadoras de la vida animal marina. Aunque ocupan menos del 1% de la superficie del mar, albergan al 25% de todas las especies marinas: peces, moluscos, crustáceos, esponjas y equinodermos, entre otras, especialmente en la época de reproducción.

Tanto la temperatura como la acidez de las aguas marinas se encuentran en aumento, amenazando no sólo a los arrecifes que aún sobreviven, sino a la vida marina en su maravillosa variedad. Hemos además convertido al océano en un gigantesco basurero de plásticos, aguas servidas, desechos tóxicos industriales, herbicidas y plaguicidas venenosos, hasta residuos radioactivos de plantas nucleares.

En apenas 120 años, los humanos se las han ingeniado para inyectarle a la atmósfera 2.400.000 millones de toneladas de gas carbónico (CO2), junto a otros gases desestabilizadores de la atmósfera, como el metano y los óxidos nitrosos. Cada año le inyectamos 50.000 millones de toneladas adicionales de gases de efecto invernadero.

Entre las consecuencias de esta gigantesca inyección de gases a la atmósfera se destacan el alarmante derretimiento de las masas de hielo en el Ártico, en la Antártida y en los glaciares de montañas alrededor del mundo. Venezuela ya perdió todos sus glaciares. Esta tendencia se extiende a los glaciares de los demás países Andinos, amenazando el suministro de agua a millones de personas.

El aumento en la concentración de CO2 y otros gases en la atmósfera conduce al  aumento en la temperatura promedio del planeta, al aumento en el nivel del mar, al aumento en la frecuencia e intensidad de huracanes y tormentas, al aumento en la intensidad de sequías e inundaciones, al desplazamiento de enfermedades contagiosas, al agotamiento de fuentes de agua y al debilitamiento de los sistemas de producción de alimentos.

El 2024 fue el año más caliente de los últimos 120.000 años. Las tendencias actuales conducen hacia un aumento de temperatura entre 3°C y 4°C para finales de siglo sobre el promedio de la época pre-industrial. Un aumento de temperatura de 4°C no se ha registrado desde finales del Mioceno, hace 6 millones de años, cuando los humanos no existían y el nivel del mar se encontraba entre 20 y 24 metros sobre el que conocemos.

Una consecuencia adicional, especialmente peligrosa, de la inyección de cantidades letales de gases a la atmósfera, es el desequilibrio energético planetario. El desbalance energético actual (2024) es de 1,1 vatios por metro cuadrado de superficie terrestre (560 TeraJoules/segundo). La cantidad de energía que se acumula en la Tierra cada año por este concepto es equivalente a la energía liberada por 770.000 bombas atómicas como la que devastó a la ciudad de Hiroshima en 1945, detonadas cada día, 365 días al año. La bomba de Hiroshima liberó 63 Terajoules de energía (16 kiloton TNT).

Como el desbalance energético planetario acumulado desde inicios del siglo 20 es de 4 W/m2, para restablecer el equilibrio la temperatura superficial promedio del planeta tendrá que aumentar al menos 3°C, aun en el supuesto de que se detengan de inmediato las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

La acumulación de tales cantidades de energía en la atmósfera terrestre es el instrumento final para el suicidio colectivo de la mayor parte de la humanidad. La mayor parte de la franja tropical del planeta, donde en la actualidad sobrevive el 40% más pobre de la población mundial, será inhabitable con un aumento global promedio de 3°C, especialmente los territorios más cercanos al ecuador y más cercanos al nivel del mar.

Conviene acatar a tiempo el llamado de la comunidad científica internacional sobre la urgencia de un cambio radical en el comportamiento de la humanidad ante la naturaleza.

JC-Centeno@Outlook.com

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Fuente de la Información: https://rebelion.org/dia-mundial-del-medio-ambiente/

 

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