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Inglaterra: Overseas students face ‘unacceptable’ visa costs after outsourcing

International students and staff at British universities are facing “unacceptable” difficulties and costs in applying for visas, after parts of the application process were outsourced to a company charging up to £200 for appointments.

Universities say that the system, run by the French IT services company Sopra Steria, is already struggling to cope with the numbers renewing their student visas within the UK, and fear that it will be chaotic in September when more than 40,000 students are expected to use it.

“Despite constructive engagement between the Home Office, UK Visas and Immigration and universities, the current capacity and level of service being offered by Sopra Steria remains unacceptable,” said Alistair Jarvis, the chief executive of Universities UK.

“Students and universities cannot be expected to pay to address Sopra Steria’s broken system. We are calling on Sopra Steria to fully address these concerns before the September surge of students so that students can start their courses with the visas they need.”

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Rusia: La educación en el país de los soviets

Ariel Iglesias

Eugenia Steininger

“La vida se convierte en creación solo cuando se libera definitivamente de las formas sociales que la deforman y mutilan. Los problemas de la educación se resolverán cuando se resuelvan los problemas de la vida” (Lev Vigotsky, {Psicología pedagógica}, 1926).

Los socialistas revolucionarios que en este sistema defendemos la educación pública gratuita, científica, para el pueblo laborioso, lo hacemos en la perspectiva de cambiar la sociedad de raíz. Por eso nos adentramos en esta nota en la educación en la Revolución rusa, donde los revolucionarios se distinguieron por ser abiertamente contrarios a la resignación y a las reformas cosméticas, experiencias muy importantes para pensar los problemas de la política educativa y las prácticas pedagógicas en la actualidad. A continuación, desarrollamos sus principales innovaciones.

Una vez realizada la revolución que tomó el poder político del Estado, los bolcheviques tuvieron que enfrentar el atraso, la miseria y el analfabetismo, en medio de una guerra civil, donde 14 ejércitos imperialistas invadieron el Estado obrero y trataron durante 4 años de reinstalar a la derrocada autocracia rusa. Al terminar la Guerra Civil, Rusia se encontraba exhausta y arruinada: el conflicto armado se había cobrado la vida de 10 millones de habitantes, y luego, las sequías de 1920 y 1921 y la hambruna de 1921 empeoraron la situación.

Así, el camino del comisariado de Educación no estuvo exento de dificultades; operaba sobre un inmenso territorio caracterizado por tremendas desigualdades y diferencias abismales en sus grados de desarrollo. Con lo cual, el intento de crear una escuela unificada del trabajo basada en niveles continuos y que se desarrollara como una comuna autónoma, en el sentido de la descentralización pedagógica y la autodeterminación de las comunidades para definir prácticas y contenidos de la enseñanza, centrada en el trabajo y abierta a la experimentación con diversos métodos, implicó un proceso arduo, con éxitos y fracasos.

Democratización de la educación

En este contexto se decidió impulsar soviets de enseñanza, elegidos por la población, que serían los encargados de la administración de la enseñanza y que serían controlados “en los aspectos políticos” por el soviet local. Krupskaia [1], que era miembro del Narkomprós, defendía el desarrollo de los soviets en educación, compuestos por maestros, representantes de la población trabajadora del distrito y alumnos mayores, junto con un representante del departamento local de educación.

Esta experiencia pionera tuvo muchas dificultades materiales, para llevarse adelante, pero la defensora de los soviets de educación sostenía que

No tuvimos miedo de organizar una revolución. No tengamos miedo del pueblo, no tengamos miedo de que se equivoque al elegir a los representantes, de que meta a los curas [en los soviets N. de R.]. Queremos que el pueblo dirija el país y sea su propio dueño… Nuestro trabajo consiste en ayudar realmente al pueblo a tomar su destino en sus manos [2].

Este impulso a la autoorganización educativa implicaba que la población pobre dirija el país. Para eso era fundamental la gratuidad de las funciones estatales, que debían ser asumidas como tarea militante. Para que esto pasara debía formarse desde la infancia, en la autonomía y no en la obediencia acrítica y el conformismo. Krupskaia propugnaba la autogestión de los niños desde la escuela y en la organización de pioneros [3].

La autoorganización de las masas impulsa la iniciativa y la creatividad para desarrollar una nueva organización del trabajo, y esto exige una formación educativa universal de las masas obreras. Esta organización de la sociedad genera “un efecto tanto mayor, con mejores resultados, cuanto mejor preparado esté el obrero en el sentido técnico, cuanto mejor comprende todos los procesos de producción, su relación, cuanto más amplio es su horizonte politécnico” [4].

La preocupación del Consejo de Educación por la iniciativa y la autonomía local no excluía una política educativa centralizada, ocupaba el lugar de un organismo en la cima de la pirámide, pero negándose a sí mismo el derecho a actuar como un “poder dirigente central”. Así, el Estado brindaba un apoyo financiero y político, y las cuestiones pedagógicas específicas se resolvían descentralizadamente. Es decir, que las comunidades determinaban democráticamente los contenidos de la enseñanza. La descentralización permitía mayor libertad para la experimentación en términos de prácticas pedagógicas y también que se pudiera ligar a la realidad, lengua, costumbres según la zona.

El Narkomprós

Para transformar la educación, el gobierno de los soviets puso en pie el Narkomprós, Comisariado del Pueblo de Educación o Comisariado del Pueblo para la Instrucción Pública, y la tarea la asumió Anatoli Lunacharski [5]Tenían el desafío replantearse toda la política educativa del Estado, alfabetizando a una población mayoritariamente analfabeta, que los zares habían mantenido mayoritariamente al margen de este derecho. Y se hizo impulsando la iniciativa popular. Este desafío fue un proceso heterogéneo, con dificultades para llevarlo adelante a escala de todo el país. Lunacharski plantea en el decreto sobre la a educación popular del 11 de noviembre que:

Es preciso señalar la diferencia entre enseñanza y educación. Enseñanza es la transmisión de conocimientos ya definidos por el maestro al alumno. La educación es un proceso creador. Durante toda la vida la personalidad del hombre se «educa», se extiende, se enriquece, se afirma y se perfecciona [6].

En este sentido, Krupskaia plantea que

… el objetivo de esta escuela nueva debe ser asegurar el pleno desarrollo de los individuos para que tengan una visión global de las cosas, comprendan claramente la naturaleza y la sociedad que los rodea, aptos tanto en la práctica como en la teoría para ejercer cualquier trabajo físico o intelectual y capaces de forjar una vida en sociedad sensata, rica en contenidos, llena de alegría y de belleza [7].

El Narkomprós fue partidario del fomento de la creatividad e individualidad del niño, del desarrollo de sus instintos sociales, de las relaciones informales entre alumnos y maestros, de los métodos de enseñanza activa, de la ampliación del plan de estudios para que incluyera el estudio del medio ambiente, de la educación física y estética y de la preparación en las habilidades y los oficios manuales. Estos principios fueron más de una vez considerados por Lunacharski como motivo de legítimo orgullo ante Europa [8].

Entre las primeras reformas emprendidas estaban la abolición de los exámenes y el sistema de concesión de calificaciones y certificados. A esto siguió la introducción de la coeducación de los sexos. Después de casi un año de intenso debate, el 30 de septiembre de 1918, el Comisariado anunció su política y el programa para el futuro de la educación soviética conocida como “Declaración y Principios sobre la Escuela Unificada del Trabajo”. Esta se basaba en tres premisas: la red única de enseñanza, la escuela unificada y la relación de la escuela con la producción.

La alfabetización es el camino al comunismo (1920), El conocimiento rompe las cadenas de la esclavitud (1920), ¡Mujer! Aprende a leer y escribir (1923), Si no lees libros, te olvidarás de la gramática (1925), Campesina, consolida la unidad de los trabajadores y campesinos (1925).

La educación debía ser “libre, igual, obligatoria y universal” desde los 8 a los 17 años de edad. También debía unificarse en un sistema único de educación en lugar del sinnúmero de escuelas (parroquias, iglesias, escuelas agrícolas, escuelas de comercio, gimnasios para niños, escuelas secundarias completas, gimnasio para niñas, etc.). Habría una sección primaria de cinco años seguida por una educación secundaria de cuatro años. Esta iba a ser una “escalera única e ininterrumpida. Todos los niños deben entrar en el mismo tipo de escuela y comenzar su educación por igual y todos tienen igual derecho de subir la escalera a sus peldaños más altos”. De ahí en adelante, los niños que hubiesen completado un nivel serían automáticamente admitidos en el nivel superior. Esto rompió las barreras estructurales erigidas para impedir que los niños de las clases sociales más bajas y las niñas ingresaran en las instituciones de educación superior y creó la base de una escuela común para todos los niños.

La Declaración sobre la educación preescolar de noviembre de 1917 estableció que la educación pública de todos los niños debe comenzar en los primeros meses de vida. También indicó que la educación preescolar debía estar orgánicamente vinculada con toda la red de la estructura educativa, no solo para preparar a los niños para la educación primaria, sino como un instrumento para liberar a las mujeres de la pesada carga de los trabajos domésticos y socializar el cuidado infantil. La educación preescolar se implementó en gran escala y fue inaugurada en 1919.

Las escuelas debían funcionar todos los días de la semana durante nueve meses (con un mes adicional de instrucción al aire libre durante el verano). Cada semana se dedicaba un día y medio a clubes y excursiones y, en el marco de las difíciles condiciones de la guerra civil, se servía una comida todos los días y los niños también debían recibir ropa. El componente “trabajo” de esta política había sido muy debatido y se le dio un entendimiento práctico con un triple significado: el aprendizaje sería una actividad basada en la práctica y no simplemente escolástica o libresca; en segundo lugar, la enseñanza debía hacerse con y por medio de trabajo productivo y, por último, el trabajo productivo no se limitaría a un solo oficio o industria, sino que introduciría a los estudiantes en una amplia gama de procesos de producción y tecnología modernos (educación politécnica). Se trataría de una enseñanza activa [9], con actividades, con un uso mínimo de los libros de texto, sin tareas en el hogar, examen o castigo.

Los educadores del Comisariado prefirieron un proceso en las aulas que no dividiese muy estrictamente a los niños en clases basadas en la edad, sino en grupos mixtos que emprendían proyectos de trabajo, preferentemente basados en el trabajo productivo. También estaban en contra de un plan de estudios compartimentado en áreas disciplinarias como Historia, Geografía o Matemáticas. En su lugar, se visualizó un aprendizaje temático e integrado, centrado alrededor del trabajo productivo. La escuela iba a funcionar como un colectivo vivo, con un claro propósito y visión colectivas y tomando las decisiones en forma comunitaria.

Una experiencia educativa desbordante

La toma del poder por la clase obrera mostraba la superioridad de la teoría marxista también en el campo de la educación. Marx había escrito que “La teoría materialista de que todos los hombres son producto de las circunstancias y de que, por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los hombres los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador necesita ser educado” [10]. Este principio dialéctico empezaba a hacerse realidad en la Rusia soviética, pero de forma caótica.

Todas estas transformaciones en la educación provocaron lo que James Bowen ha calificado como de “experimentación desbordante” [11]. Todas las escuelas quedaron bajo la órbita del estado revolucionario soviético y la educación religiosa fue eliminada del currículum. Asimismo, se habilitaba la enseñanza en la lengua materna de cada una de las repúblicas que, desde 1922, iban a conformar la URSS. Recordemos que el régimen zarista sometía a las nacionalidades del Imperio ruso a la más feroz opresión: según el censo de 1897, el último bajo el régimen imperial, de una población de 129 millones de habitantes solo 55,6 millones eran rusos, un 43 % del total. Sin embargo, la lengua rusa, la religión ortodoxa oficial y la administración zarista eran impuestas al 57 % restante, compuesto por decenas de nacionalidades y grupos étnicos: ucranianos, bielorrusos, polacos, finlandeses, lituanos, letones, judíos, los pueblos caucásicos, los pueblos turco-tártaros, moldavos, alemanes, etc. A menudo, los funcionarios, los maestros, los curas y los terratenientes, todos ligados al régimen zarista, ni siquiera hablaban o entendían la lengua nativa. Este proceso fue con sobresaltos, pasos adelantes y retrocesos, producto de la misma situación de la revolución y la guerra civil en curso.

Este reconocimiento por los derechos de las nacionalidades oprimidas por el zarismo fue un hecho nunca antes hecho en la historia y bajo condiciones terribles provocadas por la guerra civil en curso. Pero los bolcheviques en este terreno también impulsaban una transformación radical de la relación entre los pueblos, dejando atrás el pasado y abriendo un presente y un futuro basado en la confianza y el respeto mutuo. En este sentido, la política educativa fue parte de garantizar consecuentemente este derecho que se guiaba por las palabras de Lenin, que decía “¿Puede acaso ser libre un pueblo que oprime a otros pueblos? No” [12].

La periodista norteamericada Anna Louise Strong, cuando conoció la URSS en 1920, expresó:

En la Rusia de la Revolución hay escuelas que se manejan en sesenta idiomas diferentes y con libros de texto impresos en todas ellas. Alrededor de diez o doce de estos idiomas primero debieron ser reducidos a la escritura. Este programa de enseñanza a los nuevos ciudadanos de los soviets está basado en un programa definido de igualdad de oportunidades para todas las razas [13].

Así también, Dewey decía: “Aparte de los inmediatos resultados educativos, uno se impresiona con la idea de que el escrupuloso respeto a la independencia cultural característico del régimen soviético es una de las principales causas de su estabilidad, dadas las creencias no comunistas de la mayor parte de estas poblaciones” [14].

La escuela politécnica

Para llevar adelante esta organización democrática, unas de las principales prioridades en Rusia fue acabar con el analfabetismo “organizando una red de escuelas que responda a las exigencias de la pedagogía moderna” [15] y al mismo tiempo crear una serie de escuelas normales para formar docentes acordes a estos propósitos. La instrucción debía tener un carácter politécnico; para esto se impulsó la Escuela Única del Trabajo y se le dio el presupuesto más grande de la historia de Rusia. Krupskaia fue muy firme en defender la educación politécnica:

La escuela elemental (7 a 12 años) provee conocimiento general, matemáticas y conocimiento gráfico, enseña a los alumnos cómo transformar los libros, las matemáticas y el dibujo en instrumentos de trabajo. Enseña cómo observar, hacer generalizaciones y verificarlas a través de la experimentación, mientras proporciona el conocimiento de los métodos básicos del autoeducación y el conocimiento elemental de la realidad (estudio de la naturaleza y la realidad). En la escuela elemental el conocimiento es adquirido a través del trabajo. Su característica es la participación colectiva en las formas elementales de trabajo social y proveer habilidades laborales elementales […] La escuela secundaria (13–17 años) está relacionada con la enseñanza de aspectos generales de la producción; y son estudiados en función de su relación entre teoría y práctica. Se estudia las ramas básicas de la producción y se hace especial énfasis en la explicación teórica y en actividades prácticas. Al mismo tiempo se estudia la historia del trabajo… [16].

Los estudiantes estarían preparados para la transmisión solamente después de completar la educación secundaria a los 16-17 años de edad. Para Krupskaia, la educación politécnica era una aproximación a la educación que incorporaba trabajo productivo en la enseñanza de todos los temas, que ayudó a los niños a desarrollar la comprensión teórica del proceso del trabajo. En esto se diferenciaba de la habilidad o la formación profesional que se centró en habilidades relacionadas a los oficios, también se diferenció de la educación académica convencional que divorció los estudios teóricos del trabajo productivo. El compromiso con el trabajo productivo debía hacerse tanto en los talleres de la escuela como en las granjas estatales.

El país de los soviets impulsaba una escuela politécnica porque en un país que se industrializa rápidamente (y que depende entonces del progreso tecnológico); se necesita que los aprendices tengan una idea de la producción en su conjunto, conozcan en qué dirección se desarrolla la técnica y sepan trabajar en cualquier máquina, es decir, que posean cultura general del trabajo y conozcan en general la materia. Los bolcheviques partían del siguiente programa “enseñanza gratuita, obligatoria, general y politécnica […] para todos los niños de ambos sexos hasta los 16 años, y estrecha relación de la enseñanza con el trabajo social productivo de los niños”. Y a su vez, “la prohibición para los patronos de utilizar el trabajo de menores de edad escolar (menores de 16 años) limitación a 4 horas de la jornada de trabajo de los adolescentes (desde los 16 a los 20) y prohibición de su utilización en trabajos nocturnos o en industrias insalubres y en las minas”.

El sentido de este programa pedagógico es que la escuela proporcione conocimientos de carácter politécnico orgánicamente vinculados al trabajo productivo social de los adolescentes, y que esté ligado enseñanza laboral y con el estudio multifacético de la técnica y la ciencia.

Los objetivos de la educación comunista

Partimos de que solo en una sociedad socialista, con la desaparición del sistema actual dominado por la propiedad privada, desaparecerán las oposiciones sociales entre los poseedores y los que no tienen nada, entre hombres y mujeres, entre el trabajo intelectual y el trabajo manual. En este sentido, la experiencia soviética permite resaltar la singularidad del modelo educativo. En palabras de una de sus impulsoras, que decía:

La burguesía educa de distinta manera a los hijos de los trabajadores y a los hijos de los capitalistas. De los primeros trata de hacer sumisos esclavos, y de los segundos, jefes. La educación soviética está orientada a desarrollar las aptitudes de todos los niños, a elevar su actividad, su conciencia y a robustecer su personalidad e individualidad. Por eso, nuestros métodos de educación son distintos que los de la escuela burguesa. Nosotros procuramos hacer de nuestros hijos personas multifacéticamente desarrolladas, consientes y sanas de cuerpo, que no sean individualistas, sino colectivistas, que no se contrapongan a la colectividad, sino que constituyen su fuerza y acrecienten su importancia [17].

Hoy, en pleno siglo XXI cuestionamos la educación existente, porque luchamos por la igualdad de oportunidades, por el ejercicio pleno del derecho de las jóvenes generaciones a apropiarse plenamente de la cultura acumulada de la humanidad. Estamos convencidas/os que la igualdad es una frase vacía si por ella no se entiende la supresión de las clases, el fin de la explotación del hombre por el hombre. Por eso peleamos por conquistar un gobierno de los trabajadores que expropie a la burguesía y avance en la planificación democrática de la economía [18].

La revolución rusa demostró que solo a través de la trasformación radical de la sociedad es posible cambiar el horizonte de la educación para que posibilite un desarrollo integral e igualitario de todas las personas. A su vez, dejó planteadas, con sus iniciativas en el terreno de la educación, experiencias muy importantes para pensar los problemas de la política educativa y las prácticas pedagógicas en la actualidad, frente a quienes defienden sin críticas la educación pública en general y frente a las políticas de vaciamiento que impulsa el FMI y el Banco Mundial en Argentina, y que aplican los distintos gobiernos de turno. La resolución integra y efectiva solo puede ser el resultado de la abolición de la propiedad privada, es decir, de una sociedad sin explotados ni explotadores, que termine con el trabajo asalariado y con él, la alineación y deshumanización que conlleva. La Revolución rusa inició este proceso, pero no lo concluyó.

Para terminar esta entrega, recuperamos las palabras de Blonsky:

La escuela del futuro debe identificarse con la vida social, es decir, la sociedad debe hacer desaparecer la escuela en cuanto institución del Estado y trasladarla a la vida del trabajo social. Este constituye el núcleo central de una pedagogía de la «escuela sin escuela» y la solución del problema de la enseñanza en el sentido estricto del término [19].

de la educación

En este contexto se decidió impulsar soviets de enseñanza, elegidos por la población, que serían los encargados de la administración de la enseñanza y que serían controlados “en los aspectos políticos” por el soviet local. Krupskaia [1], que era miembro del Narkomprós, defendía el desarrollo de los soviets en educación, compuestos por maestros, representantes de la población trabajadora del distrito y alumnos mayores, junto con un representante del departamento local de educación.

Esta experiencia pionera tuvo muchas dificultades materiales, para llevarse adelante, pero la defensora de los soviets de educación sostenía que

No tuvimos miedo de organizar una revolución. No tengamos miedo del pueblo, no tengamos miedo de que se equivoque al elegir a los representantes, de que meta a los curas [en los soviets N. de R.]. Queremos que el pueblo dirija el país y sea su propio dueño… Nuestro trabajo consiste en ayudar realmente al pueblo a tomar su destino en sus manos [2].

Este impulso a la autoorganización educativa implicaba que la población pobre dirija el país. Para eso era fundamental la gratuidad de las funciones estatales, que debían ser asumidas como tarea militante. Para que esto pasara debía formarse desde la infancia, en la autonomía y no en la obediencia acrítica y el conformismo. Krupskaia propugnaba la autogestión de los niños desde la escuela y en la organización de pioneros [3].

La autoorganización de las masas impulsa la iniciativa y la creatividad para desarrollar una nueva organización del trabajo, y esto exige una formación educativa universal de las masas obreras. Esta organización de la sociedad genera “un efecto tanto mayor, con mejores resultados, cuanto mejor preparado esté el obrero en el sentido técnico, cuanto mejor comprende todos los procesos de producción, su relación, cuanto más amplio es su horizonte politécnico” [4].

La preocupación del Consejo de Educación por la iniciativa y la autonomía local no excluía una política educativa centralizada, ocupaba el lugar de un organismo en la cima de la pirámide, pero negándose a sí mismo el derecho a actuar como un “poder dirigente central”. Así, el Estado brindaba un apoyo financiero y político, y las cuestiones pedagógicas específicas se resolvían descentralizadamente. Es decir, que las comunidades determinaban democráticamente los contenidos de la enseñanza. La descentralización permitía mayor libertad para la experimentación en términos de prácticas pedagógicas y también que se pudiera ligar a la realidad, lengua, costumbres según la zona.

El Narkomprós

Para transformar la educación, el gobierno de los soviets puso en pie el Narkomprós, Comisariado del Pueblo de Educación o Comisariado del Pueblo para la Instrucción Pública, y la tarea la asumió Anatoli Lunacharski [5]Tenían el desafío replantearse toda la política educativa del Estado, alfabetizando a una población mayoritariamente analfabeta, que los zares habían mantenido mayoritariamente al margen de este derecho. Y se hizo impulsando la iniciativa popular. Este desafío fue un proceso heterogéneo, con dificultades para llevarlo adelante a escala de todo el país. Lunacharski plantea en el decreto sobre la a educación popular del 11 de noviembre que:

Es preciso señalar la diferencia entre enseñanza y educación. Enseñanza es la transmisión de conocimientos ya definidos por el maestro al alumno. La educación es un proceso creador. Durante toda la vida la personalidad del hombre se «educa», se extiende, se enriquece, se afirma y se perfecciona [6].

En este sentido, Krupskaia plantea que

… el objetivo de esta escuela nueva debe ser asegurar el pleno desarrollo de los individuos para que tengan una visión global de las cosas, comprendan claramente la naturaleza y la sociedad que los rodea, aptos tanto en la práctica como en la teoría para ejercer cualquier trabajo físico o intelectual y capaces de forjar una vida en sociedad sensata, rica en contenidos, llena de alegría y de belleza [7].

El Narkomprós fue partidario del fomento de la creatividad e individualidad del niño, del desarrollo de sus instintos sociales, de las relaciones informales entre alumnos y maestros, de los métodos de enseñanza activa, de la ampliación del plan de estudios para que incluyera el estudio del medio ambiente, de la educación física y estética y de la preparación en las habilidades y los oficios manuales. Estos principios fueron más de una vez considerados por Lunacharski como motivo de legítimo orgullo ante Europa [8].

Entre las primeras reformas emprendidas estaban la abolición de los exámenes y el sistema de concesión de calificaciones y certificados. A esto siguió la introducción de la coeducación de los sexos. Después de casi un año de intenso debate, el 30 de septiembre de 1918, el Comisariado anunció su política y el programa para el futuro de la educación soviética conocida como “Declaración y Principios sobre la Escuela Unificada del Trabajo”. Esta se basaba en tres premisas: la red única de enseñanza, la escuela unificada y la relación de la escuela con la producción.

La alfabetización es el camino al comunismo (1920), El conocimiento rompe las cadenas de la esclavitud (1920), ¡Mujer! Aprende a leer y escribir (1923), Si no lees libros, te olvidarás de la gramática (1925), Campesina, consolida la unidad de los trabajadores y campesinos (1925).

La educación debía ser “libre, igual, obligatoria y universal” desde los 8 a los 17 años de edad. También debía unificarse en un sistema único de educación en lugar del sinnúmero de escuelas (parroquias, iglesias, escuelas agrícolas, escuelas de comercio, gimnasios para niños, escuelas secundarias completas, gimnasio para niñas, etc.). Habría una sección primaria de cinco años seguida por una educación secundaria de cuatro años. Esta iba a ser una “escalera única e ininterrumpida. Todos los niños deben entrar en el mismo tipo de escuela y comenzar su educación por igual y todos tienen igual derecho de subir la escalera a sus peldaños más altos”. De ahí en adelante, los niños que hubiesen completado un nivel serían automáticamente admitidos en el nivel superior. Esto rompió las barreras estructurales erigidas para impedir que los niños de las clases sociales más bajas y las niñas ingresaran en las instituciones de educación superior y creó la base de una escuela común para todos los niños.

La Declaración sobre la educación preescolar de noviembre de 1917 estableció que la educación pública de todos los niños debe comenzar en los primeros meses de vida. También indicó que la educación preescolar debía estar orgánicamente vinculada con toda la red de la estructura educativa, no solo para preparar a los niños para la educación primaria, sino como un instrumento para liberar a las mujeres de la pesada carga de los trabajos domésticos y socializar el cuidado infantil. La educación preescolar se implementó en gran escala y fue inaugurada en 1919.

Las escuelas debían funcionar todos los días de la semana durante nueve meses (con un mes adicional de instrucción al aire libre durante el verano). Cada semana se dedicaba un día y medio a clubes y excursiones y, en el marco de las difíciles condiciones de la guerra civil, se servía una comida todos los días y los niños también debían recibir ropa. El componente “trabajo” de esta política había sido muy debatido y se le dio un entendimiento práctico con un triple significado: el aprendizaje sería una actividad basada en la práctica y no simplemente escolástica o libresca; en segundo lugar, la enseñanza debía hacerse con y por medio de trabajo productivo y, por último, el trabajo productivo no se limitaría a un solo oficio o industria, sino que introduciría a los estudiantes en una amplia gama de procesos de producción y tecnología modernos (educación politécnica). Se trataría de una enseñanza activa [9], con actividades, con un uso mínimo de los libros de texto, sin tareas en el hogar, examen o castigo.

Los educadores del Comisariado prefirieron un proceso en las aulas que no dividiese muy estrictamente a los niños en clases basadas en la edad, sino en grupos mixtos que emprendían proyectos de trabajo, preferentemente basados en el trabajo productivo. También estaban en contra de un plan de estudios compartimentado en áreas disciplinarias como Historia, Geografía o Matemáticas. En su lugar, se visualizó un aprendizaje temático e integrado, centrado alrededor del trabajo productivo. La escuela iba a funcionar como un colectivo vivo, con un claro propósito y visión colectivas y tomando las decisiones en forma comunitaria.

Una experiencia educativa desbordante

La toma del poder por la clase obrera mostraba la superioridad de la teoría marxista también en el campo de la educación. Marx había escrito que “La teoría materialista de que todos los hombres son producto de las circunstancias y de que, por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los hombres los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador necesita ser educado” [10]. Este principio dialéctico empezaba a hacerse realidad en la Rusia soviética, pero de forma caótica.

Todas estas transformaciones en la educación provocaron lo que James Bowen ha calificado como de “experimentación desbordante” [11]. Todas las escuelas quedaron bajo la órbita del estado revolucionario soviético y la educación religiosa fue eliminada del currículum. Asimismo, se habilitaba la enseñanza en la lengua materna de cada una de las repúblicas que, desde 1922, iban a conformar la URSS. Recordemos que el régimen zarista sometía a las nacionalidades del Imperio ruso a la más feroz opresión: según el censo de 1897, el último bajo el régimen imperial, de una población de 129 millones de habitantes solo 55,6 millones eran rusos, un 43 % del total. Sin embargo, la lengua rusa, la religión ortodoxa oficial y la administración zarista eran impuestas al 57 % restante, compuesto por decenas de nacionalidades y grupos étnicos: ucranianos, bielorrusos, polacos, finlandeses, lituanos, letones, judíos, los pueblos caucásicos, los pueblos turco-tártaros, moldavos, alemanes, etc. A menudo, los funcionarios, los maestros, los curas y los terratenientes, todos ligados al régimen zarista, ni siquiera hablaban o entendían la lengua nativa. Este proceso fue con sobresaltos, pasos adelantes y retrocesos, producto de la misma situación de la revolución y la guerra civil en curso.

Este reconocimiento por los derechos de las nacionalidades oprimidas por el zarismo fue un hecho nunca antes hecho en la historia y bajo condiciones terribles provocadas por la guerra civil en curso. Pero los bolcheviques en este terreno también impulsaban una transformación radical de la relación entre los pueblos, dejando atrás el pasado y abriendo un presente y un futuro basado en la confianza y el respeto mutuo. En este sentido, la política educativa fue parte de garantizar consecuentemente este derecho que se guiaba por las palabras de Lenin, que decía “¿Puede acaso ser libre un pueblo que oprime a otros pueblos? No” [12].

La periodista norteamericada Anna Louise Strong, cuando conoció la URSS en 1920, expresó:

En la Rusia de la Revolución hay escuelas que se manejan en sesenta idiomas diferentes y con libros de texto impresos en todas ellas. Alrededor de diez o doce de estos idiomas primero debieron ser reducidos a la escritura. Este programa de enseñanza a los nuevos ciudadanos de los soviets está basado en un programa definido de igualdad de oportunidades para todas las razas [13].

Así también, Dewey decía: “Aparte de los inmediatos resultados educativos, uno se impresiona con la idea de que el escrupuloso respeto a la independencia cultural característico del régimen soviético es una de las principales causas de su estabilidad, dadas las creencias no comunistas de la mayor parte de estas poblaciones” [14].

La escuela politécnica

Para llevar adelante esta organización democrática, unas de las principales prioridades en Rusia fue acabar con el analfabetismo “organizando una red de escuelas que responda a las exigencias de la pedagogía moderna” [15] y al mismo tiempo crear una serie de escuelas normales para formar docentes acordes a estos propósitos. La instrucción debía tener un carácter politécnico; para esto se impulsó la Escuela Única del Trabajo y se le dio el presupuesto más grande de la historia de Rusia. Krupskaia fue muy firme en defender la educación politécnica:

La escuela elemental (7 a 12 años) provee conocimiento general, matemáticas y conocimiento gráfico, enseña a los alumnos cómo transformar los libros, las matemáticas y el dibujo en instrumentos de trabajo. Enseña cómo observar, hacer generalizaciones y verificarlas a través de la experimentación, mientras proporciona el conocimiento de los métodos básicos del autoeducación y el conocimiento elemental de la realidad (estudio de la naturaleza y la realidad). En la escuela elemental el conocimiento es adquirido a través del trabajo. Su característica es la participación colectiva en las formas elementales de trabajo social y proveer habilidades laborales elementales […] La escuela secundaria (13–17 años) está relacionada con la enseñanza de aspectos generales de la producción; y son estudiados en función de su relación entre teoría y práctica. Se estudia las ramas básicas de la producción y se hace especial énfasis en la explicación teórica y en actividades prácticas. Al mismo tiempo se estudia la historia del trabajo… [16].

Los estudiantes estarían preparados para la transmisión solamente después de completar la educación secundaria a los 16-17 años de edad. Para Krupskaia, la educación politécnica era una aproximación a la educación que incorporaba trabajo productivo en la enseñanza de todos los temas, que ayudó a los niños a desarrollar la comprensión teórica del proceso del trabajo. En esto se diferenciaba de la habilidad o la formación profesional que se centró en habilidades relacionadas a los oficios, también se diferenció de la educación académica convencional que divorció los estudios teóricos del trabajo productivo. El compromiso con el trabajo productivo debía hacerse tanto en los talleres de la escuela como en las granjas estatales.

El país de los soviets impulsaba una escuela politécnica porque en un país que se industrializa rápidamente (y que depende entonces del progreso tecnológico); se necesita que los aprendices tengan una idea de la producción en su conjunto, conozcan en qué dirección se desarrolla la técnica y sepan trabajar en cualquier máquina, es decir, que posean cultura general del trabajo y conozcan en general la materia. Los bolcheviques partían del siguiente programa “enseñanza gratuita, obligatoria, general y politécnica […] para todos los niños de ambos sexos hasta los 16 años, y estrecha relación de la enseñanza con el trabajo social productivo de los niños”. Y a su vez, “la prohibición para los patronos de utilizar el trabajo de menores de edad escolar (menores de 16 años) limitación a 4 horas de la jornada de trabajo de los adolescentes (desde los 16 a los 20) y prohibición de su utilización en trabajos nocturnos o en industrias insalubres y en las minas”.

El sentido de este programa pedagógico es que la escuela proporcione conocimientos de carácter politécnico orgánicamente vinculados al trabajo productivo social de los adolescentes, y que esté ligado enseñanza laboral y con el estudio multifacético de la técnica y la ciencia.

Los objetivos de la educación comunista

Partimos de que solo en una sociedad socialista, con la desaparición del sistema actual dominado por la propiedad privada, desaparecerán las oposiciones sociales entre los poseedores y los que no tienen nada, entre hombres y mujeres, entre el trabajo intelectual y el trabajo manual. En este sentido, la experiencia soviética permite resaltar la singularidad del modelo educativo. En palabras de una de sus impulsoras, que decía:

La burguesía educa de distinta manera a los hijos de los trabajadores y a los hijos de los capitalistas. De los primeros trata de hacer sumisos esclavos, y de los segundos, jefes. La educación soviética está orientada a desarrollar las aptitudes de todos los niños, a elevar su actividad, su conciencia y a robustecer su personalidad e individualidad. Por eso, nuestros métodos de educación son distintos que los de la escuela burguesa. Nosotros procuramos hacer de nuestros hijos personas multifacéticamente desarrolladas, consientes y sanas de cuerpo, que no sean individualistas, sino colectivistas, que no se contrapongan a la colectividad, sino que constituyen su fuerza y acrecienten su importancia [17].

Hoy, en pleno siglo XXI cuestionamos la educación existente, porque luchamos por la igualdad de oportunidades, por el ejercicio pleno del derecho de las jóvenes generaciones a apropiarse plenamente de la cultura acumulada de la humanidad. Estamos convencidas/os que la igualdad es una frase vacía si por ella no se entiende la supresión de las clases, el fin de la explotación del hombre por el hombre. Por eso peleamos por conquistar un gobierno de los trabajadores que expropie a la burguesía y avance en la planificación democrática de la economía [18].

La revolución rusa demostró que solo a través de la trasformación radical de la sociedad es posible cambiar el horizonte de la educación para que posibilite un desarrollo integral e igualitario de todas las personas. A su vez, dejó planteadas, con sus iniciativas en el terreno de la educación, experiencias muy importantes para pensar los problemas de la política educativa y las prácticas pedagógicas en la actualidad, frente a quienes defienden sin críticas la educación pública en general y frente a las políticas de vaciamiento que impulsa el FMI y el Banco Mundial en Argentina, y que aplican los distintos gobiernos de turno. La resolución integra y efectiva solo puede ser el resultado de la abolición de la propiedad privada, es decir, de una sociedad sin explotados ni explotadores, que termine con el trabajo asalariado y con él, la alineación y deshumanización que conlleva. La Revolución rusa inició este proceso, pero no lo concluyó.

Para terminar esta entrega, recuperamos las palabras de Blonsky:

La escuela del futuro debe identificarse con la vida social, es decir, la sociedad debe hacer desaparecer la escuela en cuanto institución del Estado y trasladarla a la vida del trabajo social. Este constituye el núcleo central de una pedagogía de la «escuela sin escuela» y la solución del problema de la enseñanza en el sentido estricto del término [19].

NOTAS AL PIE
[1Nadia Krúpskaya fue una militante del Partido Bolchevique y una de las principales responsables de la creación del sistema educativo soviético y pionera del desarrollo de las bibliotecas rusas. En 1915 escribió su obra más larga, en la que expuso los puntos principales de su concepto de educación socialista: Educación pública y democracia. También escribió La educación comunista: Lenin y la juventudLa mujer trabajadoraMi vida con Lenin y Recuerdos de Lenin. Se mantuvo como vicecomisaria de Educación entre 1919 y 1939.
[2Citado en Fitzpatrick, S., Lunacharski y la organización soviética de la educación y de las artes (1917-1921), México, Siglo XXI, 1977.
[3Pioneros: diversos grupos scout acogieron las ideas revolucionarias, formando agrupaciones de talante scout afines al comunismo, o jóvenes comunistas.
[4Citado en Fitzpatrick, S., ob. cit.
[5A. V. Lunacharski, dirigente del partido bolchevique. Fue comisario de Instrucción para el Narkomprós, puesto que desempeñó desde 1917 hasta 1929.
[6Lunacharski, A. V., “Decreto sobre la educación popular”, 1917, disponible en https://www.marxists.org/espanol/lunacha/obras/1917-11-11.htm.
[7Kroupskaia, N., Instrucción Pública y democracia, 1917.
[8Fitzpatrick, S., ob. cit.
[9La Escuela Nueva o Activa, impulsada por Dewey, como tendencia pedagógica, enfatiza la importancia que tiene que el educando asuma un papel activo, consciente de lo que desea aprender, en consecuencia con sus posibilidades e intereses, lo que trae aparejado un cambio importante de las funciones que entonces debe realizar el profesor en el desarrollo del proceso enseñanza-aprendizaje que posibilite alcanzar realmente, de forma medible, los objetivos propuestos.
[10Marx, K., “Tesis sobre Feuerbach”, 1845.
[11Bowen, J., “El milenio socialista: La Unión Soviética. 1917 -1940”, en Historia de la educación occidental, Tomo III, Barcelona, Herder Editorial, 1985.
[12Lenin, V. I., “El derecho de las naciones a la autodeterminación”, 1914.
[14John Dewey, Impressions of soviet Russia and the revolutionary world. Mexico, China, Turkey, 1929.
[15Lunacharski, A. V., “Decreto sobre la educación popular”, ob. cit.
[16“Tesis sobre las escuelas politécnicas” en la 1920 Primera Conferencia del Partido sobre Educación Pública, 1920.
[17Krupskaia, “El movimiento de Pioneros como problema pedagógico”, en La educación de la Juventud, Madrid, Nuestra Cultura, 1978
[19Blonsky, P., en Dietrich, T., Pedagogía Socialista, Salamanca, Ed. Sígueme, 1976.Fuente de la Información

 

Fuente de la Información: https://www.laizquierdadiario.com/La-educacion-en-el-pais-de-los-soviets

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5 actividades para que niños, niñas, adolescentes y jóvenes sigan aprendiendo en las vacaciones

Por: RedClade.org.

La Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE) sugiere 5 actividades que se pueden realizar para seguir aprendiendo durante el receso escolar

Julio es un mes de vacaciones para la mayoría de estudiantes de América Latina y el Caribe. Como los procesos educativos se dan más allá de los muros de la escuela – en las calles, en contacto con las artes, a través de la cultura y los medios de comunicación, entre otros espacios y maneras-, la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE) sugiere 5 actividades que se pueden realizar para seguir aprendiendo durante el receso escolar.

Tomaz Silva/Agência Brasil

1. Visitas a museos

Los museos son siempre un destino turístico popular. En algunas ciudades y localidades, hay museos que los niños y niñas pueden conocer. En ellos, es posible encontrar información sobre temas de su interés (por ejemplo, ciencias naturales, historia, geografía y cultura) y ponerse en contacto con diferentes expresiones artísticas.

Miguel Romero/Presidencia de la República

2. Lecturas

Durante las vacaciones, los niños, niñas, adolescentes y jóvenes también pueden desarrollar su hábito de lectura, en contacto con libros de su preferencia y que no se incluyan entre las obras obligatorias de los programas escolares. Así la lectura debe convertirse en un placer, no una obligación. El mundo editorial ofrece diversos tipos de lectura, desde libros de historietas, como Mafalda, hasta clásicos de la literatura mundial, como las histórias, cuentos y poesías escritos por Gabriel García Marquez, Jorge Amado, Jorge Luis Borges, Gabriela Mistral, Conceição Evaristo, etc.

3. Paseos al aire libre

No hay nada mejor que un paseo para poder observar diferentes tipos de plantas y aves, colectar frutos o armar artesanias con elementos de la naturaleza. Organice un paseo a algún parque en la ciudad o lugar más agreste. Planifique con niños, niñas, adolescentes y jóvenes el paseo, elaborando una lista de libros a consultar que los entusiasmen para observar la naturaleza. Por ejemplo, libros sobre pájaros o insectos. También pueden llevar un cuento, leerlo juntos y luego hacer collages sobre el cuento, utilizando hojas y ramas.

4.Círculos de diálogo y arte

Organicen eventos al aire libre o en la propia casa para que las niñas y niños compartan cuentos e historias. Invítelos a compartir historias de cuando eran más pequeños/as. También pueden contar leyendas o anécdotas de la comunidad, del país o de l

a família. Proponga que los mayores lean a los más chiquitos. Además, pueden compartir expresiones artísticas, como danza, presentación de títeres, lectura de poesías, etc.

5. Escrita

Por fin, niños, niñas, adolescentes y jóvenes pueden practicar su escrita, registrando todas las experiencias de las vacaciones. Para ello, pueden comprar un cuaderno/diario, o elaborar uno que sea artesanal en casa. La idea es que, mientras practican la escritura, puedan retomar  las mejores vivencias de las vacaciones. Se puede acompañar los relatos de fotografías y otros pequeños recuerdos (una flor seca, huellas digitales impresas en pintura para manos, etc.).

Fuente de la reseña: https://redclade.org/noticias/5-actividades-para-que-ninos-ninas-adolescentes-y-jovenes-sigan-aprendiendo-en-las-vacaciones/

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La ciencia está en todas partes y lo sabes (o deberías)

Por: Educación 3.0.

Eduard Punset fue uno de los científicos que inició el acercamiento de la ciencia a la sociedad. Otros profesionales de renombre están siguiendo sus pasos, pero, ¿la divulgación científica goza de buena salud en la sociedad? El periodista César Brito analiza el impacto de la divulgación para el ámbito científico.

Párate a pensar un segundo. El edificio en el que estás, la pantalla en la que estás leyendo esto, el tejido de la ropa que llevas, lo que has desayunado esta mañana, el reloj que te dice la hora que es, las herramientas que te permiten hacer tu trabajo, el medicamento que palía los efectos de tu alergia… Todo, absolutamente todo lo que te rodea y hace que tu vida sea mejor es posible gracias a la ciencia y sus avances.

Puede que seas consciente o no, pero sin la ciencia nuestra vida sería muy diferente. Gracias al método científico y su aplicación en diferentes disciplinas, una cantidad ingente de investigadores y profesionales de la ciencia están haciendo que nuestra calidad de vida y nuestra visión del futuro estén plagadas de buenos presagios.

Lamentablemente, el trabajo de todos estos científicos y científicas no siempre tiene el impacto público que merece. Los motivos son muchos, pero uno de los principales lastres históricos del mundo de la ciencia ha sido su dificultad o incapacidad para comunicar a la sociedad la importancia de su trabajo o el impacto real de sus investigaciones en la vida de la ciudadanía.

Como estrellas del rock

Por suerte, Internet y la tecnología han modificado ese escenario de manera considerable. Actualmente, gracias a las redes sociales y a la proliferación de blogs, publicaciones especializadas dirigidas al gran público y eventos relativamente masivos, la ciencia y la comprensión de su importancia está causando un impacto real en los demás. Esto hace que la formación en la divulgación científica viva un buen momento.

Programas de televisión como Órbita Laika, eventos como ‘Desgranando Ciencia’, ‘Naukas’ o iniciativas como ‘Pint of Science’ están sacando a los especialistas de los laboratorios y ‘traduciendo’ su trabajo al lenguaje de la calle, más allá de los papers y los procesos de revisión por pares. La ciencia se ha puesto los vaqueros y la camiseta ‘molona’ para cobrar protagonismo y demostrar que puede ser accesible, divertida y abrir sus brazos a nuevas vocaciones.

El camino iniciado hace años por el desaparecido Eduard Punset -’el Félix Rodríguez de la Fuente de la divulgación científica española’- tiene su continuación en figuras como la de Antonio Martínez Ron, Clara Grima, Marián García o Aitor Sánchez, por citar sólo algunos ejemplos. Sus libros desaparecen de las estanterías en un suspiro y, a pequeña escala, desatan pasiones como auténticas estrellas del rock en todos los eventos públicos y charlas en los que participan.

Adaptarse a los nuevos tiempos

Uno de los males que ha arrastrado desde siempre la divulgación científica ha sido la incapacidad para comunicar de manera efectiva y atractiva los trabajos de científicos brillantes y la importancia de los mismos en la vida real de las personas. Esta ‘era dorada’ de la divulgación de la ciencia está empezando a quitarse de encima el marasmo académico para acoplar su mensaje a nuevos lenguajes, plataformas y públicos. Y funciona.

Hasta las más recalcitrantes y refractarias ‘ratas de laboratorio’ reconocen la importancia de esta labor. Y están empezando a tomar conciencia de lo esencial que resulta reforzar las capacidades comunicativas, aprender a contar lo que se hace de manera atractiva y a formarse, más allá de sus especialidades, para ser una potencial ‘estrella’ mediática.

César Brito
César Brito

La divulgación científica no hará que los problemas del sector científico y la alarmante carencia de medios para investigar desaparezcan. Pero sí aportará una visibilidad muchísimo mayor que la que tenía la ciencia hace veinte años. Y cuando la ciencia se convierte en un fenómeno viral es más difícil -y políticamente incómodo- ignorar las carencias, o no atenderlas mínimamente.

Aunque también tiene sus detractores, pues la acusan de banalizar un trabajo serio o de ‘espectacularizar’ un área del conocimiento que no siempre cuenta con ese glamour, la divulgación en el ámbito científico es un tren que ya ha partido y es cuestión de tiempo saber cuántas estaciones tiene por delante o dónde estará el final del trayecto.

 

Fuente de la reseña: https://www.educaciontrespuntocero.com/opinion/ciencia-esta-todas-partes-cesar-brito/110517.html

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Educar en valores a los niños: 10 cortometrajes que pueden ayudarte

Por: ayudaparamaestros.

Educar en valores va mucho más allá de transmitir buenos modales a los niños. También es importante enseñarles a distinguir las buenas de las malas actitudes y ayudarles a desarrollar su conciencia moral. Obviamente, no es una tarea fácil, pues no solo es necesario inculcar determinados valores sino también promover una actitud crítica. En este sentido, el cine, y en especial los cortometrajes animados, se pueden convertir en un excelente punto de partida para que los niños reflexionen sobre los valores y su importancia.

10 cortometrajes para educar en valores a los niños

1. Piper

El protagonista de este precioso corto de Pixar es Piper, un pajarito con miedo a abandonar el nido y aventurarse a cazar almejas en la playa. Es una historia que versa sobre los miedos y cómo vencerlos, que hará que los niños reflexionen sobre la importancia de superar sus temores. Sin duda, es un vídeo excelente para compartir con los pequeños que estén pasando por esa etapa en la que crecer les parece intimidante, para ayudarles a vencer las adversidades y enseñarles que muchas veces superar los miedos incluso puede llegar a ser divertido.


2. Partly Cloudy

Se trata de otros de los increíbles cortometrajes de Pixar, que esta vez se centra en el valor de la amistad y del trabajo en equipo. En esta ocasión, los protagonistas son una nube y una cigüeña, quienes tras haber trabajado juntas creando y llevando bebés a manos de sus padres, entablan una amistad sincera, capaz de superar los obstáculos más difíciles. Un corto ideal para transmitirles a los niños el valor de la amistad y la importancia de aceptar a cada persona tal cual es, con sus virtudes y defectos.


3. Knit to the last day of my life

Con este sencillo corto los niños aprenderán una valiosa lección: una retirada a tiempo no es una derrota. Se trata de un excelente vídeo que resalta la importancia de poner límites a los sueños y metas personales y que enfatiza en saber cuándo desistir de un objetivo. Es una oportunidad para que los pequeños aprendan que para triunfar en la vida no solo basta con el esfuerzo y la persistencia sino que también es importante saber cuándo ha llegado el momento de cambiar de rumbo.


4. Zero

Se trata de un cortometraje muy interesante para los niños mayorcitos que aborda temas como la discriminación y la capacidad de superación ante situaciones adversas. La historia versa sobre un número cero que desde pequeño es marginado debido a su poco valor. Aún así, Zero no pierde la capacidad de disfrutar de los pequeños detalles de la vida y de sobreponerse a cada obstáculo que se interpone en su camino. Esa persistencia, sumado a su valor personal y al apoyo de una persona a quien quiere, hará que su vida cambie para siempre.


5. Reach

El valor del altruismo y la solidaridad se personifican en este increíble corto a través de su protagonista, quien viaja a través del desierto casi moribundo, en busca de agua. Sin embargo, cuando encuentra lo que tanto ansiaba, no dudará dos veces en cederle su preciado tesoro a quien más lo necesita. Por supuesto, su buena acción no se quedará sin recompensa. Una historia excelente para inculcar en los niños la importancia de compartir desde una edad temprana.


6. Easy life

Este corto invita a reflexionar a los peques sobre la importancia del esfuerzo en la vida. La historia versa sobre una niña a la que su muñeca le hace sus deberes para que pueda dedicarse a lo que más le gusta hacer: jugar con su consola. Sin embargo, las consecuencias de su falta de empeño y esfuerzo no tardarán en aparecer. Una oportunidad única para enseñarles a los niños a esforzarse cada día para aprender, madurar y superarse.


7. The Present

Un niño apasionado a los videojuegos y un perro, quienes comparten una discapacidad,son los protagonistas de este precioso corto animado que invita a reflexionar sobre la capacidad de superación, la autoaceptación y el respeto a los demás. Se trata de un vídeo que aborda el tema de la discapacidad vista desde la perspectiva infantil y toca la exclusión y los estereotipos de una forma diferente, que lo han hecho merecedor de varios galardones en diferentes festivales.


8. Retrocycling Robot

Este cortometraje de Sebastián Baptista es perfecto para enseñarles a los niños a respetar y cuidar el medio ambiente, a la vez que fomenta la instauración de hábitos más sostenibles desde una edad temprana. Para lograrlo se apoya en una historia muy sencilla, pero llena de enseñanzas que aborda temas tan polémicos como la importancia del reciclaje y del uso racional de los recursos. Sin duda, es un vídeo estupendo para empezar a concientizar a los niños sobre la necesidad de cuidar el entorno en el que viven.


9. The Fantastic Flying Books of Morris Lessmore

Este cortometraje dirigido por William Joyce y Brandon Oldenburg recurre a la imaginación y la fantasía para enseñarles a los niños la importancia de la lectura de una forma diferente. La historia versa sobre Morris Lessmore, un escritor que es arrastrado por una tormenta a un mundo mágico en el que los libros no solo cobran vida sino que también son capaces de devolverles a las personas la felicidad y las ganas de vivir.


10. For the birds

Este corto de Pixar aborda el tema del respeto a las diferencias desde una perspectiva diferente y, sobre todo, muy divertida. La historia invita a los niños a reflexionar sobre la importancia de respetar a todos por igual, a la vez que les enseña a ser más tolerantes y empáticos con quienes les rodean. Es un verdadero llamado de atención sobre la discriminación, la exclusión y los estereotipos.


Por último, no olvidéis que para aprovechar al máximo el poder educativo de estos cortos, es importante que el niño los comprenda. Por tanto, después de verlos es conveniente que el pequeño comparta sus opiniones e impresiones, que reflexione sobre los comportamientos de los protagonistas y que piense qué podrían haber hecho de manera diferente.

Fuente de los documentos: https://www.etapainfantil.com/educar-valores-ninos-cortometrajes

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«No hacemos más que quitarles a nuestros hijos obstáculos propios de su edad para que no tropiecen»

Por: Marina Lozano.

Ramírez es licenciada en Psicología con un máster en Psicología Clínica y de la Salud y Doctorado en el departamento de personalidad, evaluación y tratamiento psicológico de la Universidad de Granada

Patricia Ramírez puede presumir de una carrera de más de 25 años plagada de éxitos. Está en Málaga promocionando su nuevo libro, Educar con serenidad, que salió a la venta el pasado mes de mayo. En él, apuesta por una educación basada en dinámicas y juegos para mejorar la comunicación entre padres e hijos y cambiar los hábitos educativos del pasado.

¿Por qué deben los padres leer acerca de cómo educar a sus hijos?

Para no repetir modelos de educación que hemos practicado en el siglo XX. Son modelos autoritarios, donde todavía existe el castigo, la comparación con los hermanos, basados en el «aquí mando yo». Eso no fomenta que una persona desarrolle su responsablidad, una sana autoestima, que aprenda a tener argumentos, a ser independiente.

¿Qué aporta este libro a los padres?

Primero aporta una visión de lo que no debemos de hacer o sí y el porqué. Las etiquetas que ponemos a los niños condicionan la visión que tienen de ellos mismos y todos tendemos a comportarnos según esas etiquetas. También aporta muchos ejercicios prácticos para conseguir que a los niños les apetezca obedecer. Fomenta la creatividad en la educación puesto que muchos padres dicen «ya no sé qué hacer», «me tiene desesperada»… Aquí hay muchos juegos y dinámicas para que los niños cambien y obedezcan en lo que tienen que obedecer.

¿Usted las lleva a cabo?

Trato de llevar una vida muy coherente con lo que predico. Tengo cuatro adolescentes de 19, 17, 15 y 14 años y me he divertido educando. Me habré equivocado muchas veces, pero he sido muy paciente, respetuosa con los tiempos y su forma de ser, he tratado de escuchar y empatizar, aunque también he puesto límites. He disfrutado mucho y lo sigo haciendo.

¿Cómo llegó usted a plantearse esas dinámicas?

Con 25 años de consulta en los que pasan muchos padres y muchos hijos. Como a mí lo que me gusta es hacer la psicología fácil y no solo decir a los padres qué tienen que decir, sino cómo, he tratado de ser muy creativa buscando esa metodología para que la gente pueda poner en práctica esta educación positiva.

¿Qué piensa de los padres que exponen a sus hijos en las redes sociales?

Piensa que cualquier foto que cuelgues de tus hijos, en un futuro te la pueden echar en cara. Igual deberíamos ser más prudentes hasta que nuestros hijos tuvieran el poder de decisión para saber si quieren subir esas fotos o no. Yo creo que el criterio que hay que seguir es pensar si a tu hijo le hará gracia en un futuro saber que esta foto está subida.

¿Piensa que hay mucha sobreprotección?

No hacemos más que quitarle a los niños obstáculos propios de la edad para que no tropiecen; obstáculos que ellos mismos deben resolver y que nosotros, muchas veces, lo hacemos por ellos. Puede ser una consecuencia en el colegio o para que no discuta con un amigo. Siempre les quitamos las piedras para que los niños estén bien, pero tienen que aprender que en la vida hay que estar bien y hay que estar mal, y que si estamos mal no pasa nada.

Hoy en día, los padres acostumbran a dar aparatos electrónicos a sus hijos cuando lloran.

Hacemos muchas cosas equivocadas. En primer lugar, callamos las emociones. En el libro hay un capítulo sobre ello. Las emociones están por algo y cuando un niño llora, es por algo. Tenemos que interesarnos por el motivo del llanto y enseñarle a expresar esa emoción de forma correcta. Algo me puede doler y yo como adulto tengo que enseñar a mi hijo a expresarlo de una forma correcta.

Parte de los beneficios de su libro van destinados a una ONG.

Yo colaboro con Cooperación Internacional en Zaragoza, que ayuda a jóvenes en riesgo de exclusión, les dan sesiones de estudio para que tengan un futuro. A cambio, los federan en una liga para que jueguen al fútbol y les piden también que colaboren con otras personas que lo necesitan.

Fuente de la entrevista: https://www.lne.es/sociedad/2019/07/25/quitarles-hijos-obstaculos-propios-edad/2507322.html

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Educación sexual: una asignatura pendiente

Por: Educación 3.0. 

 

Ejercicios de respiración consciente, identificación emocional, aceptación, escucha activa… Estas son sólo algunas de las herramientas que contribuyen a la educación sexual, como recoge la enfermera y sexóloga Marta Casquet en ese artículo.

Cuando un chico de 16 años me preguntó “¿qué es lo que tengo que sentir?” me di cuenta del riesgo que existe cuando te relacionas con otras personas sin saber quién eres, qué sientes y qué deseas. Por tanto, cuando se aborda la educación sexual en el aula ha de hacerse teniendo en cuenta que el objetivo es que cada uno encuentre su bienestar sexual entendido como salud y como autonomía.

Máximo bienestar

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la Sexualidad como “el conjunto de condiciones anatómicas, fisiológicas y psicoafectivas que caracterizan cada sexo”. Es decir, sexualidad son todos los fenómenos emocionales y de conducta relacionados con el sexo que marcan de manera decisiva al ser humano en todas las fases de su desarrollo. “Se vivencia y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales”.

Por su parte la UNESCO, en su informe “Educación Integral de la Sexualidad: Conceptos, Enfoques y Competencias”, va un paso más allá y habla de la educación sexual “como parte integral de la educación básica, que va más allá de la adquisición de conocimientos, ya que proporciona competencias y habilidades para la vida”.

De ahí que su objetivo sea contribuir a que la persona alcance el máximo grado de bienestar posible en relación con su condición de persona sexuada. El cómo vivamos, sintamos y nos expresemos con este hecho va a condicionar desde el concepto que tenemos de nosotros mismos hasta las relaciones que establecemos con los demás.

Educando desde el acompañamiento

La sexualidad es una condición muy amplia y esta circunstancia nos recuerda la importancia y responsabilidad que tenemos de acompañar a la persona en la construcción de la misma y en su propio descubrimiento. La mejor forma de abordar este aprendizaje es hacerlo de forma transversal, y que en ello participe el centro educativo y la familia sin perder de vista que la educación sexual es cuidado y acompañamiento.

adolescentes educación sexual
Happy students studying outdoor

Cuando hablamos de “la buena educación sexual” hacemos referencia a las capacidades humanas con las que vamos a interaccionar y no sólo a los contenidos. No se limita solo a la aportación de información, si no que también se ocupa del desarrollo de capacidades que permiten a la persona conocerse, aceptarse, expresarse y relacionarse de una manera satisfactoria tanto consigo mismo como con los demás.

El hecho de que una persona crezca atendiendo a los mandatos sociales en lugar de a sí misma es el origen de la mayoría de los comportamientos de riesgo. Conductas como un beso, una caricia o el coito son vías que encuentra nuestra sexualidad para expresarse. Pero no somos nuestras conductas, en cambio el modo en cómo atendemos a quiénes somos sí influye en nuestras conductas.

Entender el cuerpo

Por ello es importante enseñar a atender al cuerpo, a las sensaciones que percibe y emite, pero también a las emociones y a los sentimientos. Todas aquellas herramientas que contribuyan a entrenar esa atención estarán participando en la educación sexual, desde ejercicios de respiración consciente, identificación emocional y aceptación, hasta actividades para trabajar la paciencia, la focalización sensorial, el ejercicio físico o la escucha activa.

Por eso es importante que a la hora de transmitir la información se adopte una actitud adecuada y siempre acompañada de amabilidad, cuidado y afecto. Solo así será posible conectar y, por lo tanto, emocionar y educar.

Fuente del artículo: https://www.educaciontrespuntocero.com/opinion/educacion-sexual-asignatura-pendiente/106624.html

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