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El aprendizaje en línea, cada vez más popular en la UE

El aprendizaje en línea, cada vez más popular en la UE

La formación online se ha consolidado en los últimos años como una de las principales vías de acceso al conocimiento, transformando profundamente la manera en que las personas aprenden y se desarrollan profesionalmente.

José Luis Fernández

Impulsada por los avances tecnológicos y la expansión de internet, esta modalidad educativa ha superado las barreras tradicionales de tiempo y espacio, permitiendo que millones de usuarios accedan a contenidos formativos desde cualquier lugar del mundo. En un contexto marcado por la digitalización, aprender en línea ya no es una alternativa, sino una pieza clave del ecosistema educativo.

Una de las grandes fortalezas de la formación online reside en su flexibilidad. Los estudiantes pueden adaptar el aprendizaje a sus propios ritmos, compatibilizándolo con responsabilidades laborales, personales o familiares.

Esta capacidad de personalización ha democratizado el acceso a la educación, facilitando que perfiles muy diversos —desde jóvenes en formación hasta profesionales en activo— puedan adquirir nuevas competencias sin necesidad de interrumpir su actividad diaria. Además, la amplia oferta de cursos y programas permite una especialización cada vez más ajustada a las demandas del mercado.

Otro aspecto relevante es la constante evolución de las herramientas y metodologías digitales. Plataformas interactivas, clases en directo, contenidos multimedia o sistemas de evaluación automatizados han mejorado significativamente la experiencia de aprendizaje.

Lejos de limitarse a replicar el modelo presencial, la formación online ha desarrollado sus propias dinámicas, centradas en la autonomía del alumno y en la adquisición práctica de conocimientos. Este enfoque favorece el aprendizaje continuo, una competencia cada vez más valorada en entornos profesionales cambiantes.

Sin embargo, la expansión de la formación online también plantea desafíos importantes. La calidad de los contenidos, la acreditación de los programas o la brecha digital son algunos de los aspectos que requieren atención. No todos los usuarios disponen de los mismos recursos tecnológicos ni de las habilidades necesarias para desenvolverse en entornos virtuales, lo que puede generar desigualdades.

Aun así, con una adecuada regulación y el desarrollo de políticas inclusivas, la educación online se perfila como una herramienta fundamental para afrontar los retos del presente y del futuro.

En cualquier caso, el sector crece. Especialmente, en España, país que ocupa la sexta posición en el ranking de países de la Unión Europea donde es mayor el índice de formación en este ámbito.

En 2025, el 34,8 % de los usuarios de internet de la UE declaró haber realizado un curso en línea o utilizado materiales de aprendizaje en línea, según datos de Eurostat. Esta cifra supone un aumento de 1,4 puntos porcentuales con respecto a 2024 (33,4 %) y un salto sustancial en comparación con 2019, cuando menos de una cuarta parte de los usuarios de internet (21,4 %) había utilizado estos recursos educativos.

Los Países Bajos registraron el mayor porcentaje de usuarios de internet que participaban en el aprendizaje en línea o utilizaban materiales de aprendizaje en línea (60,2 %), seguidos de Irlanda (59,7 %), Finlandia (50,7 %) y Suecia (50,6 %). Por el contrario, la educación en línea fue menos frecuente en Rumanía (11,8 %), Bulgaria (18,4 %) y Chipre (21,0 %).

Entre los métodos específicos de aprendizaje en línea, el 17,3 % de los usuarios de internet realizaron un curso en línea en 2025, con la mayor prevalencia en Irlanda (29,6 %), Finlandia (29,3 %) y los Países Bajos (28,5 %). Asimismo, el 30,5 % de los usuarios de internet utilizaron materiales de aprendizaje en línea, con la mayor proporción en los Países Bajos (55,1 %), Irlanda (50,4 %) y Hungría (46,4 %).

Fuente de la Información: https://exitoeducativo.net/actualidad-directiva/el-aprendizaje-en-linea-cada-vez-mas-popular-en-la-ue

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México: Brechas educativas en el sur del país responden a desigualdades estructurales: Centro INIDE y CEPAL por Educación Futura 12 marzo, 2026 en Actualidad 0 0

Brechas educativas en el sur del país responden a desigualdades estructurales: Centro

 

 

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Inteligencia artificial y género: cómo la IA puede ampliar la desigualdad laboral

Por: Anam Butt

La inteligencia artificial no decidirá por sí sola el futuro del trabajo. Lo harán las reglas que establezcamos y las prioridades que fijemos. Si la igualdad no forma parte del diseño, tampoco formará parte del resultado

La inteligencia artificial generativa ya está transformando el trabajo en todo el mundo. Pero lo está haciendo sobre mercados laborales que no son neutrales ni igualitarios. Y cuando una tecnología poderosa entra en un sistema desigual, rara vez corrige por sí sola las brechas existentes.

La IA no opera en el vacío. Se despliega en economías donde mujeres y hombres no tienen el mismo acceso a empleos, ingresos, estabilidad ni protección social. Sin una intervención deliberada, corre el riesgo de ampliar desigualdades que llevan décadas arraigadas.

Los datos lo confirman. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), a nivel mundial los empleos dominados por mujeres tienen casi el doble de probabilidad de verse afectados por la IA generativa que los dominados por hombres: 29 % frente a 16 %. Entre los puestos con mayor exposición, la brecha es aún más pronunciada: 16 % frente al 3 %.

Las razones no son tecnológicas, sino estructurales. Las mujeres siguen concentradas en puestos administrativos y de oficina —auxiliares de nómina, recepcionistas, personal contable— donde predominan tareas rutinarias, predecibles y codificables. Son precisamente esas tareas las que la automatización puede asumir con mayor facilidad.

Los hombres, en cambio, están sobrerrepresentados en construcción, manufactura y oficios manuales. Son actividades físicas, variables y menos estandarizadas, mucho más difíciles de sustituir con sistemas automatizados. Un chatbot puede redactar una carta en segundos; no puede reparar una turbina.

Incluso dentro de las mismas ocupaciones persisten diferencias. Las mujeres tienden a concentrarse en tareas rutinarias y posiciones de menor jerarquía, mientras que los hombres ocupan con mayor frecuencia funciones analíticas, de supervisión o toma de decisiones. Estos roles tienden a complementarse con la tecnología más que a ser reemplazados por ella.

Nada de esto es casual. Responde a discriminaciones históricas, normas sociales persistentes, una distribución desigual del trabajo de cuidados y políticas económicas que condicionan quién accede a qué ocupaciones y en qué condiciones. El resultado es claro: ante el cambio tecnológico, las mujeres parten de una posición de mayor vulnerabilidad.

La tendencia es global. En el 88 % de los países analizados por la OIT, las mujeres están más expuestas a la IA generativa que los hombres. En economías como Suiza, Reino Unido o Filipinas, más del 40 % del empleo femenino se encuentra en ocupaciones potencialmente afectadas.

La exposición también varía según el nivel de ingresos. En países de altos ingresos, el 41 % de los empleos están expuestos a la IA generativa, frente al 11 % en los países de bajos ingresos. Esta diferencia refleja estructuras productivas distintas y brechas en preparación digital, pero también plantea una pregunta incómoda: ¿estamos preparando a quienes más lo necesitan para la transición tecnológica?

La IA no solo transforma ocupaciones existentes; también crea nuevas oportunidades. Se prevé crecimiento en sectores intensivos en tecnología. Sin embargo, las mujeres siguen estando subrepresentadas en los campos que diseñan, desarrollan y regulan estos sistemas. En 2022 representaban alrededor del 30 % de la fuerza laboral mundial en IA, una cifra prácticamente estancada en los últimos seis años.

Cuando las mujeres no participan en los espacios donde se diseña la tecnología, pierden acceso a empleos estratégicos y bien remunerados. Pero el problema va más allá del acceso individual. Si los equipos que desarrollan IA no son diversos, los sistemas reflejan el mundo tal como es —con sus desigualdades— en lugar de contribuir a transformarlo.

Pensar que la IA es objetiva por definición es un error. Los algoritmos aprenden de datos históricos. Y los datos históricos reflejan un mercado laboral donde las mujeres han enfrentado barreras sistemáticas. Si no se corrigen esos sesgos, pueden reproducirse a gran escala.

Sistemas de contratación entrenados con decisiones pasadas pueden reforzar liderazgos masculinizados. Herramientas que fijan salarios en función de historiales previos pueden perpetuar brechas salariales. Para mujeres que enfrentan discriminación interseccional —por raza, discapacidad, estatus migratorio o clase social— los riesgos se multiplican.

Esto no implica que la IA vaya a provocar una destrucción masiva de empleo femenino. La evidencia sugiere que el impacto afectará más a la calidad que a la cantidad del trabajo. La IA puede intensificar ritmos, aumentar la supervisión o reducir la autonomía. Pero también puede aliviar cargas administrativas, mejorar la productividad y facilitar la conciliación.

El efecto no está predeterminado. Dependerá de cómo se introduzca la tecnología y de quién tenga voz en ese proceso.

La IA ya puede utilizarse para promover la igualdad: detectar lenguaje sesgado en ofertas de empleo, analizar brechas salariales o prevenir la violencia y el acoso en el trabajo. Si se diseña de forma inclusiva y se regula de manera responsable, puede convertirse en una herramienta para fortalecer el trabajo decente.

Pero eso no ocurrirá automáticamente. Requiere políticas que reduzcan la segregación ocupacional, amplíen el acceso de las mujeres a competencias digitales —programación, alfabetización de datos, trabajo con sistemas automatizados— y garanticen su presencia en los equipos que diseñan y regulan la tecnología.

Requiere también fortalecer las instituciones del mercado laboral y el diálogo social, para que trabajadoras y trabajadores participen en las decisiones sobre cómo se implementa la IA en sus sectores.

La inteligencia artificial no decidirá por sí sola el futuro del trabajo. Lo harán las reglas que establezcamos y las prioridades que fijemos. Si la igualdad no forma parte del diseño, tampoco formará parte del resultado.

La pregunta no es si la IA transformará el empleo. La pregunta es si permitiremos que consolide brechas históricas o si la utilizaremos, por fin, para empezar a cerrarlas.

Anam Butt. Especialista en igualdad de género y no discriminación en la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Fuente: https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/inteligencia-artificial-genero-ia-ampliar-desigualdad-laboral_129_13034426.html

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El impacto del capitalismo digital en la salud mental juvenil: diseño adictivo, algoritmos y vulnerabilidad estructura

Meta (Instagram) y Google (YouTube) han sido recientemente objeto de condena en California por los efectos adictivos y los daños psicológicos ocasionados en menores debido al diseño de sus algoritmos. Sin embargo, el impacto de estas plataformas va más allá del deterioro de la salud mental individual: también contribuyen a la polarización política y a procesos de radicalización, especialmente entre los jóvenes.

En las últimas décadas, las redes sociales han dejado de ser meras herramientas de comunicación para convertirse en espacios centrales de socialización. En este contexto, con el objetivo de maximizar sus beneficios económicos, diversas investigaciones socio-sanitarias han puesto de relieve cómo los algoritmos actúan como auténticos “arquitectos invisibles” del imaginario colectivo ya que estos sistemas están diseñados para maximizar el tiempo de permanencia del usuario mediante mecanismos de refuerzo intermitente, basados en recompensas variables como notificaciones o “likes”. Este patrón genera expectativas de recompensa impredecibles que refuerzan conductas repetitivas y persistentes.

Este tipo de diseño conductual resulta especialmente perjudicial en los adolescentes, más sensibles a la recompensa social y a la validación externa, incrementando su exposición a dinámicas de dependencia.

Desde la perspectiva del capitalismo informático, estas arquitecturas digitales priorizan el compromiso del usuario por encima de la veracidad de los contenidos o del bienestar psicológico. Como consecuencia, se genera una ansiedad constante por alcanzar reconocimiento social, lo que no solo erosiona la salud mental, sino que también favorece procesos de radicalización identitaria. En España, por ejemplo, cerca del 80% de los jóvenes entre 16 y 30 años consume información política a través de TikTok, Instagram y YouTube, desplazando progresivamente a los medios tradicionales y sustituyendo una lógica informativa racional por otra basada en estímulos emocionales y estéticos.

Estas problemáticas ya fueron denunciadas en 2021 por Frances Haugen, exgestora de productos en Facebook, quien filtró documentos internos (conocidos como los “Facebook Papers”) que evidencian que la compañía era consciente de los efectos perjudiciales de sus plataformas, pero priorizaba sus beneficios económicos frente a la mitigación de dichos daños.

Según estos documentos, Instagram agravaba problemas de autoestima en adolescentes: un 32% de las chicas con baja autoimagen experimentaban un empeoramiento, un 17% desarrollaba síntomas de trastornos de la conducta alimentaria (TCA), y un 13,5% reportaba pensamientos suicidas. Elementos como los filtros de belleza, los feeds personalizados que proveen de información actualizada y así seguir “alimentando”y fidelizando a los usuarios, o la dinámica de los “likes”, favorecen la internalización de ideales corporales irreales mediante procesos de comparación social ascendente.

Muy recientemente (marzo de 2026), un jurado en California dictaminó negligencia por diseño adictivo, concluyendo que el uso de estas plataformas contribuyó a la disminución de la tolerancia a la frustración, el aumento de la depresión clínica y la aparición de dismorfia corporal en jóvenes. Como resultado, se impuso una sanción de 6 millones de dólares (de los cuales el 70% corresponde a Meta) y se abrió la puerta a más de 2.000 demandas adicionales, estableciendo un precedente jurídico relevante.

A nivel científico, diversos meta-análisis confirman la existencia de una asociación entre el uso problemático de redes sociales y síntomas de depresión y ansiedad. Aunque el tamaño del efecto es moderado, su consistencia en muestras que superan el millón de adolescentes refuerza la relevancia del fenómeno. No obstante, el impacto no es homogéneo: la arquitectura algorítmica genera efectos diferenciados según el género.

En el caso de las chicas, plataformas como Instagram y TikTok intensifican la exposición a contenidos visuales centrados en la apariencia física, promoviendo la comparación constante y la internalización del ideal de delgadez o “fit”. Estudios experimentales han demostrado que tan solo 10 minutos de exposición a contenido “pro-ana” en TikTok pueden reducir la satisfacción corporal en aproximadamente un 15%.

Por su parte, en los varones, los efectos se manifiestan con mayor frecuencia en el consumo de contenido en plataformas como YouTube o Twitch. Esto se traduce en un aumento de la adicción a los videojuegos, la aparición de hábitos vigoréxicos y la adopción de modelos de masculinidad rígidos o tóxicos, caracterizados por la competitividad extrema, la supresión emocional y la intolerancia a la vulnerabilidad. Aunque los TCA son menos prevalentes en este grupo, se observa un incremento en conductas de riesgo, menor empatía y mayor aislamiento social.

Estos efectos distan de ser anecdóticos. En España, un 39% de los jóvenes afirma que las redes sociales han tenido un impacto negativo en su autoestima. Las chicas son especialmente vulnerables a los trastornos de la conducta alimentaria, como la anorexia, la bulimia o el trastorno por atracón, que afectan a aproximadamente 400.000 personas, en su mayoría adolescentes. Además, estos trastornos aumentaron hasta un 20% tras la pandemia.

Conviene subrayar que los TCA no son únicamente un problema alimentario, sino que reflejan conflictos más profundos relacionados con la identidad, la autoestima y la necesidad de aceptación social. A pesar de la evidencia existente, el contenido que promueve estos trastornos sigue acumulando millones de visualizaciones en plataformas como TikTok, lo que pone de manifiesto la falta de regulación efectiva y la responsabilidad estructural de estas empresas.

La cuestión de fondo es incómoda pero inevitable: ¿hasta qué punto estamos dispuestos a aceptar un modelo digital que convierte la atención —y la vulnerabilidad— de los jóvenes en su principal fuente de ingresos?

No, la deriva de muchos jóvenes hacia la extrema derecha no es un accidente ni una simple “mala influencia”. Es el resultado de un ecosistema digital que monetiza la frustración, explota la inseguridad y convierte el malestar en ideología. Las plataformas no solo capturan atención: moldean emociones, ordenan deseos y, poco a poco, empujan a miles de chicos hacia relatos reaccionarios que les prometen identidad, fuerza y una explicación fácil para su rabia.

La manosfera funciona como una puerta de entrada perfecta. Empieza con vídeos de “éxito masculino”, gimnasio, disciplina o seducción, y termina normalizando discursos misóginos, antifeministas y abiertamente autoritarios. El salto no es brusco; es una pendiente resbaladiza, alimentada por algoritmos que detectan vulnerabilidades y devuelven más de lo mismo, cada vez más intenso. Cuando un adolescente consume ese tipo de contenido, no está eligiendo libremente entre ideas en igualdad de condiciones: está siendo guiado por sistemas diseñados para retenerlo, excitarlo y encerrarlo en una burbuja ideológica.

El mecanismo es perverso porque ofrece respuestas simples a problemas complejos. Si un joven se siente solo, frustrado o humillado, la manosfera le dice quién tiene la culpa: el feminismo, las mujeres, la izquierda, los inmigrantes o el “sistema”. Esa lógica no educa; intoxica. No ayuda a madurar; radicaliza. Y lo hace en una etapa especialmente frágil, cuando la identidad aún se está construyendo y la necesidad de pertenencia pesa más que el pensamiento crítico.

Las grandes plataformas saben perfectamente lo que están haciendo. Un jurado en California acaba de considerar que Instagram y YouTube fueron diseñados para generar dependencia en jóvenes, y responsabilizó a Meta y Google por daños sufridos por menores, en un veredicto que puede abrir la puerta a miles de demandas más. No hablamos, por tanto, de un efecto colateral inesperado, sino de un modelo de negocio que convierte la vulnerabilidad en beneficio.

Y el daño no es solo psicológico. También es político. Un entorno digital gobernado por la indignación, el choque y la recompensa inmediata favorece narrativas autoritarias que ofrecen orden, jerarquía y enemigos claros. La extrema derecha no necesita convencer a estos jóvenes con grandes programas: le basta con prometerles poder, estatus y revancha. La manosfera hace el trabajo sucio de preparación emocional y simbólica.

En España, además, el problema se agrava porque las redes ya son una de las principales puertas de entrada a la información política entre los jóvenes. Eso significa que una parte creciente de su visión del mundo se está formando en territorios donde la mentira compite en igualdad de condiciones con la verdad, y donde el contenido más extremo suele ser el más visible. Cuando la educación cede terreno y el algoritmo ocupa su lugar, la democracia pierde capacidad de formar ciudadanos libres.

Conviene decirlo sin rodeos: la manosfera no es una subcultura inofensiva ni una simple conversación entre hombres desorientados. Es una maquinaria de resentimiento que convierte malestar en adhesión política reaccionaria. Y las plataformas que la amplifican no son observadoras neutrales; son las infraestructuras que la hacen rentable.

La pregunta, entonces, no es por qué tantos jóvenes se acercan a la extrema derecha. La pregunta es por qué seguimos permitiendo que sean educados por algoritmos cuya principal virtud comercial es empujarlos hacia el contenido que más les daña y más les enfurece

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La reforma de Milei para transformar la escuela pública: se retira el Estado, avanzan la familia y el mercado

El Gobierno de Argentina impulsa una ley educativa que autoriza la enseñanza en el hogar, y promueve el financiamiento de la demanda y la competencia entre instituciones para conseguir alumnos y recursos

Por: Javier Lorca

El Estado pasa a tener una función subsidiaria en el sistema educativo y cede ante el papel de la familia. Los docentes dejan de ser las únicas personas habilitadas para enseñar y se autoriza la enseñanza en el hogar —el modelo que en Estados Unidos se denomina homeschooling—. Los padres de los alumnos adquieren el poder de poner y quitar directores de escuelas. En lugar de financiar la oferta, es decir, a las instituciones educativas, los fondos públicos se dirigen a financiar la demanda, a las familias de los estudiantes, para que ellas elijan escuela y definan el destino del presupuesto: así, se establece un régimen de competencia escolar para captar alumnos.

Las anteriores son solo algunas de las medidas que impulsa Javier Milei en Argentina, a través de un proyecto de Ley de Libertad Educativa, ya presentado públicamente. La iniciativa integra una batería de reformas que el presidente pretende poner en marcha en la segunda mitad de su mandato, entusiasmado por el triunfo de la ultraderecha en las recientes elecciones de medio término.

Aunque prevé cambios para el financiamiento y la evaluación de las universidades, la reforma educativa de Milei se concentra en los niveles de escolaridad obligatorios: inicial, primario y secundario.

En sus primeros artículos, el proyecto de ley promueve la “libertad educativa, entendida como el derecho de toda persona […] a enseñar y aprender conforme a sus propias convicciones, métodos y proyectos pedagógicos”. Luego, establece el “rol preferente de la familia, como agente natural y primario, que posee el derecho y deber de orientar la formación de sus hijos menores”. Y, a continuación, define la “subsidiariedad del Estado, que actúa como garante del derecho a aprender y enseñar”, pero “sin sustituir la responsabilidad individual, familiar ni la iniciativa social”.

La relegación del Estado sintoniza con el credo anarcocapitalistade Milei, para quien los actores fundamentales de la sociedad son los individuos y el mercado. En un país como Argentina, donde la escuela pública, laica y gratuita es una institución medular, la aprobación del proyecto implicaría un cambio drástico. De los más de 11 millones de alumnos de Argentina, los últimos datos disponibles indican que más del 70% concurre a escuelas públicas y cerca del 30% a privadas.

“Esta reforma vulnera el derecho a la educación establecido en la Constitución y la obligación del Estado de garantizar ese derecho”, resume Myriam Feldfeber, doctora en Educación y profesora consulta de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

“Es un proyecto que se propone romper y transformar las bases sobre las cuales se construyó y se fue desarrollando nuestro sistema educativo, las bases establecidas por [Domingo] Sarmiento para una educación gratuita, obligatoria e inclusiva, para todos y todas”. Con una falencia adicional, señala Feldfeber: “No resuelve ninguno de los problemas que hoy tiene la educación en Argentina”.

El corrimiento del aparato estatal supone la delegación de facultades en las propias escuelas, en las familias de alumnos y en nuevas entidades privadas. En caso de aprobarse la reforma, las escuelas públicas y privadas podrán diseñar y aplicar sus propios planes de estudios, solo respetando contenidos mínimos definidos por la Administración nacional. En cada escuela —indica el proyecto— se crearán Consejos de Padres: tendrán “funciones de asesoramiento, orientación institucional, supervisión y rendición de cuentas”, y deberán “participar en los procesos de contratación y remoción del equipo directivo de la institución”.

Bajo el subtítulo Formas alternativas de enseñanza, la propuesta del Gobierno habilita la formación por fuera del sistema escolar, bajo dos modalidades. Una sería la “educación en entornos virtuales”, para la que ya hay un ejército de instituciones privadas —extranjeras incluidas— esperando la habilitación. La segunda sería la “educación en el hogar”, “dirigida por los responsables parentales o tutores de estudiantes en edad de escolarización obligatoria, impartida por ellos mismos o por personas por ellos designadas”. Los estudiantes que recibieran educación casera o a distancia deberían, luego, validar sus conocimientos a través de “evaluaciones estandarizadas” que solo examinarán los contenidos mínimos.

“Con estas propuestas, se desregula completamente la educación y se promueve el homeschooling [educación en casa], una práctica muy elitista que supone o padres altamente educados o que puedan pagar tutores que son muy caros”, plantea Mariano Echenique, doctor en Educación por la Universidad Nacional de La Plata. “En el caso de la enseñanza virtual, suele ser un gran negocio y está muy desarrollado en la educación superior. Pero en el nivel primario y secundario, la socialización de los alumnos, que solo se consigue de forma presencial, yendo y poniendo el cuerpo en una escuela, es imposible de reemplazar con una formación únicamente virtual. Los entornos virtuales deben ser siempre complementarios y no sustitutivos de los presenciales”, advierte.

“La escuela sigue siendo el espacio donde aprendemos a convivir con los otros y donde se construye en forma colectiva el conocimiento. No es solamente un lugar de transmisión de contenidos”, coincide Feldfeber. Desde esa perspectiva, la reforma propuesta no solo subestima la función de la escuela, sino también la del maestro: “Se rompe con la idea del docente como aquel especialista que lleva adelante los procesos de enseñanza y se la sustituye por la idea de que cualquiera puede enseñar de cualquier modo”.

Además de eliminar la meta presupuestaria hoy vigente para la educación (6% del PBI), el proyecto de reforma recupera una idea promocionada por Milei durante la campaña electoral de 2023: el financiamiento de la demanda y no de la oferta educativa. “Las asignaciones otorgadas a las familias o alumnos mediante vales o bonos, becas, créditos fiscales u otros instrumentos equivalentes”, argumenta el proyecto de ley, “están orientadas a asegurar la libre elección de la institución educativa y la equidad en el acceso a propuestas diversas de aprendizaje”.

El régimen es acompañado por un condicionamiento del financiamiento directo según la cantidad de alumnos y por la publicación —hoy prohibida— de los resultados de las evaluaciones censales a estudiantes. La presumible consecuencia es la generación de un ranking de escuelas que competirán por atraer alumnos en un nuevo mercado educativo. En un contexto de severo ajuste del gasto público y de retracción de los salarios de todo el personal estatal.

Los principales sindicatos de maestros del país ya se pronunciaron contra la reforma. En particular, rechazaron su definición de la educación como “un servicio esencial”, una medida que busca desactivar las huelgas docentes. Para la Confederación de Trabajadores de la Educación (CTERA), el proyecto “responde a las demandas de las grandes corporaciones” y “profundiza la tendencia privatizadora y mercantilista en el campo educativo”.

El Gobierno ya formalizó la presentación pública del proyecto, pero aún no lo envió al Congreso para iniciar el debate. De todos modos, muchas de las posturas ya están claras. La ultraderecha y sus aliados contarán con el respaldo de instituciones educativas privadas y religiosas. Deberán enfrentar la resistencia del peronismo y las fuerzas del centro a la izquierda, la mayoría de los gremios docentes y de la comunidad educativa del sistema público, todavía mayoritario en Argentina.

https://elpais.com/argentina/2025-12-22/la-reforma-de-milei-para-transformar-la-escuela-publica-se-retira-el-estado-avanzan-la-familia-y-el-mercado.html

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Kurd-î Zan Ararat: “El kurdo no debería ser electivo, sino un idioma oficial en la educación”

Dicle Bozkurt y Diyar Demir, copresidentes de la Asociación de Lengua y Cultura Kurd-î Zan Ararat, que imparte cursos de kurdo en Ağrı, enfatizaron que el kurdo debería ser un idioma oficial en la educación.

La Asociación de Lengua y Cultura Kurd-î Zan Ararat, que recientemente anunció su establecimiento en la provincia de Ağrı, ha comenzado sus actividades. El kurdo se imparte a 80 estudiantes en dos aulas, mientras que las clases de música se imparten a 25 estudiantes en una sola aula.

Desde la asociación, Dicle Bozkurt,  recordó que la presión sobre la lengua kurda tiene una historia centenaria, diciendo: «La cuestión del idioma es un asunto con una historia profundamente arraigada que abarca un siglo. De hecho, los procesos que estamos presenciando hoy también forman parte de esta lucha por el lenguaje. Especialmente tras el golpe militar de 1980, en el que se  aumentó la presión sobre la lengua materna y se promulgaron leyes especiales para suprimir completamente la lengua popular. Durante ese periodo, a las madres no se les permitía hablar kurdo con sus hijos en la prisión de Diyarbakır, y quienes intentaban romper esta prohibición eran golpeados y expulsados. Estas presiones se extendieron también a las escuelas y a las calles. Los niños que hablaban kurdo durante las clases o en el recreo eran sometidos a violencia por parte de los profesores y castigados siendo expulsados al exterior en el frío invernal. Aunque este clima de miedo, que se extendió de las tiendas a los hogares, cambió parcialmente con la flexibilización de las leyes en 1991, la presión no terminó. Hoy, aunque se ha dado el paso de los cursos optativos, queremos ir más allá de estos límites y asegurar que el kurdo alcance un estatus oficial donde se hable en todas partes.»

Las actividades de la asociación

Dicle Bozkurt señaló que en 2025 solicitaron abordar la falta de una institución lingüística en Ağrı y la región de Serhat, diciendo: «Esta carencia no existía solo en Ağrı. En toda la región de Serhat, sentimos esta ausencia, por lo que fundamos la Asociación de Lengua y Cultura Kurd-î Zan Ararat. Dentro de nuestra asociación, ofrecemos tanto clases de idioma kurdo como cursos culturales; Nuestras relaciones con el público y otras instituciones son bastante sólidas. Actualmente, contamos con 80 estudiantes en dos aulas donde ofrecemos cursos de idiomas. Además, en nuestra clase de cultura, ofrecemos lecciones de erbane y bağlama a 25 estudiantes.»

Dicle Bozkurt afirmó que también han iniciado actividades lingüísticas y culturales en los distritos de Ağrı: «Tenemos 50 estudiantes en Diyadin, y en pocos días comenzaremos nuestros cursos en Doğubayazıt con la matrícula de 80 estudiantes. Tampoco hemos olvidado a nuestros hijos; Abrimos una clase de idiomas para niños de 10 a 13 años. La vida tiene sentido con los kurdos. El lenguaje es el cuerpo, y debemos defenderlo. Nuestra demanda es que el kurdo se hable y se viva en todas partes: en asociaciones, escuelas, hogares y calles. Habla kurdo, piensa en kurdo, vive en kurdo.»

El debate sobre las asignaturas optativas

Diyar Demir, el otro copresidente de la asociación, afirmó que la visibilidad del kurdo en la esfera pública sigue limitada por las decisiones políticas: «Aunque los obstáculos para la lengua kurda han disminuido, las barreras indirectas siguen manteniéndose. El paso optativo del estado existe en papel, pero en la práctica no hay nombramientos docentes. Incluso si los estudiantes eligen el curso, las clases suelen quedar vacías. Esta situación es una elección política que dificulta el ejercicio del derecho a la lengua materna y la transmisión de la lengua. Nuestra demanda no son cursos optativos, sino que el kurdo se convierta en un idioma oficial de la educación.»

‘Vivamos en kurdo’

Demir subrayó que el idioma kurdo sigue enfrentando obstáculos en la esfera pública: «Aunque nuestros jóvenes son conscientes de aprender su idioma y cultura en el ámbito digital, aún enfrentan serios riesgos y barreras al recibir servicios en la esfera pública. Como kurdo-î Zan Ararat, ofrecemos clases de idiomas dos días a la semana y clases de cultura y artes un día a la semana. Recibimos comentarios muy positivos del público, especialmente de jóvenes y mujeres. Este interés nos anima a ser más activos. Nuestro único deseo es que el kurdo se hable y se mantenga vivo en todas partes donde exista la sociedad; Porque, a menos que la lengua materna esté protegida constitucionalmente, el peligro de asimilación siempre permanecerá. Hablemos kurdo, pensemos en kurdo y vivamos en kurdo.»

https://espanol.anf-news.com/cultura/kurd-i-zan-ararat-el-kurdo-no-deberia-ser-electivo-sino-un-idioma-oficial-en-la-educacion-58644

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La Era del Individuo Tirano: El Fin de un Mundo Común

Reseña/Luz Palomino

Título de la obra: La era del individuo tirano: El fin de un mundo común

Autor: Éric Sadin

Traducción: Margarita Martínez

Editorial: Caja Negra, Buenos Aires, 2022, 302 pp.

Por una pedagogía del «Nosotros» frente a la fragmentación algorítmica

Éric Sadin, referente de la tecnocrítica contemporánea y colaborador del Instituto de Estudios Políticos de París, nos entrega en La era del individuo tirano (2020/2022) un diagnóstico sombrío pero urgente sobre la mutación de la subjetividad en la era del capitalismo digital. Desde la pedagogía crítica, esta obra no solo debe leerse como un tratado sociológico, sino como una advertencia sobre la desarticulación de la paideia necesaria para la vida democrática.

1. El quiebre del horizonte común

La tesis central de Sadin localiza un punto de inflexión en la crisis financiera de 2008. Para el autor, este colapso económico, sumado a la democratización de las «tecnologías de la expresividad», desplazó la búsqueda de la autonomía política hacia una omnipotencia psicológica. El sujeto ya no aspira a transformar colectivamente la realidad, sino a que la realidad se pliegue a sus deseos.

Sadin dialoga con figuras como Arendt y Camus para denunciar el fin del «mundo común». En la actualidad, el espacio público —antaño lugar de debate y alteridad— ha sido sustituido por un aislamiento subjetivo. Cada individuo, pertrechado tras su interfaz, construye una «verdad» a medida, alimentada por el resentimiento y la desorientación colectiva.

2. La tecnología como arquitectura del ego

Uno de los aportes más lúcidos del texto es el análisis de la «ingeniería de la satisfacción». Sadin desmitifica la neutralidad de las plataformas (Google, Amazon, redes sociales), señalando que estas han sido diseñadas para adular al usuario de forma ininterrumpida.

A través del algoritmo, se produce una «esferización de la vida» donde el contacto con lo diferente desaparece. Para el pedagogo crítico, esto representa una regresión cognitiva y ética: si la educación es, en esencia, el encuentro con lo otro y la gestión de la frustración ante lo real, la tecnología digital actúa como una des-educación, validando un «selfie existencial» que nos impide convivir con la pluralidad.

3. El individuo tirano y la política del resentimiento

El tránsito del «sujeto soberano» al «individuo tirano» implica una mutación del ethos. Sadin describe una sociedad de «amos» digitales que, al confrontarse con su impotencia real en los ámbitos laboral y económico, descargan su furia contra las instituciones y los expertos. Esta «secesión generalizada» se manifiesta en el auge de la postverdad y el complotismo, fenómenos que Sadin interpreta no como falta de información, sino como una voluntad de poder del individuo que rechaza cualquier norma que no emane de sí mismo.

El autor acuña el término «totalitarismo de la multitud» para describir esta paradoja: un archipiélago de egos en conflicto que, en su afán de autoafirmación absoluta, destruyen la posibilidad del contrato social.

4. Conclusión: El desafío pedagógico y civilizatorio

Sadin no ofrece soluciones paliativas. Su conclusión es un llamado a la «política del testimonio» y a la recuperación de la justicia y los lazos comunes. Desde nuestra disciplina, la obra nos obliga a repensar la alfabetización digital: no se trata de enseñar a usar herramientas, sino de fomentar una conciencia crítica que desmantele la ilusión de omnipotencia.

La era del individuo tirano es una lectura imperativa para quienes buscamos comprender por qué, en la era de la máxima conectividad, nos encontramos en el punto más álgido del aislamiento humano. La reconstrucción de lo común comienza, necesariamente, por la renuncia a la tiranía del «yo» en favor de una renovada ética del «nosotros».

Descarga el libro aquí: Era del individuo tirano (Eric Sadin) (z-library.sk, 1lib.sk, z-lib.sk)

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