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Paro nacional: 3.528 instituciones educativas y 26 cantones de Ecuador continuarán con clases a distancia

El Ministerio de Educación indicó que se busca salvaguardar la seguridad de la comunidad educativa.

Entre el martes y miércoles aumentaron los establecimientos educativos que deberán implementar las clases a distancia debido a los incidentes que se están dando por el paro nacional. El Ministerio de Educación dio a conocer que en total son 3.528 instituciones educativas las que se mantendrán con esta modalidad.

La entidad explicó que la medida se da con el objetivo de precautelar la seguridad de los estudiantes, docentes y otros miembros de la comunidad educativa, y que esta modalidad se mantendrá hasta que se den las condiciones idóneas para el retorno a las aulas. En total se ha visto afectado el 21,92 % de las instituciones del país.

En total son 1′211.714 los estudiantes que se acogen a las clases a distancia, distribuidos de la siguiente forma:

Provincia Instituciones educativas
Carchi 6
Imbabura 184
Sucumbíos 16
Napo 7
Orellana 7
Pichincha 261
Chimborazo 351
Cotopaxi 405
Pastaza 233
Tungurahua 255
Bolívar 344
Azuay 23
Cañar 5
Morona Santiago 36
Loja 8
Pichincha (solo DMQ) 1.387

El Ministerio también señaló que en 26 cantones de 8 provincias del país las instituciones educativas de todos los sostenimientos deberán llevar a cabo las clases a distancia. Estos son:

  • Pichincha: Distrito Metropolitano de Quito, Cayambe, Mejía, Pedro Moncayo y Rumiñahui.
  • Cotopaxi: Latacunga, Pujilí, La Maná, Pangua, Salcedo y Saquisilí.
  • Bolívar: Guaranda y Echeandía.
  • Pastaza: Pastaza, Mera y Santa Clara.
  • Chimborazo: Riobamba.
  • Imbabura: Cotacachi, Otavalo y Antonio Ante.
  • Tungurahua: Ambato, Píllaro y Pelileo.
  • Los Ríos: Valencia, Ventanas y Quinsaloma.

La entidad explicó que el listado se puede actualizar a medida que se realicen las evaluaciones correspondientes.

https://www.eluniverso.com/noticias/ecuador/paro-nacional-3528-instituciones-educativas-y-22-cantones-de-ecuador-continuara-con-clases-a-distancia-nota/
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María Ramírez: De las cenizas volví para decir ´Nunca Más´”

Por:  Victoria Ginzberg

 

Durante la última dictadura fue confinada junto a sus hermanos en el Hogar Casa de Belén, donde sufrió todo tipo de abusos

Su madre desapareció. Su padre estaba en la cárcel. Ella y sus hermanos fueron llevados a un hogar de menores donde los apropiaron. La historia de los abusos y de cómo pudo reconstruir su vida. El juicio que se está realizando en La Plata. La complicidad del Poder Judicial y la Iglesia.

Vicenta Orrego les dio a sus tres hijos un largo y fuerte abrazo y les dijo: “Los quiero muchísimo, cuídense entre ustedes”. Luego, puso un colchón en la ventana y empezó a sacar a los chicos. Mariano Alejandro, de cinco años, María Ester, de cuatro, y Carlos Ramírez, de dos años, siguieron escuchando disparos. El 14 de marzo de 1977 Vicenta les salvó la vida pero no pudo salvarlos del infierno que vivirían durante otros siete años, más de dos mil días, encerrados en el Hogar Casa de Belén. “Nos levantaban a la mañana con agua fría, nos bañaban con agua helada, nos torturaban, nos daban órdenes, palos, represión, sufrimos violaciones sexuales. Todo porque no querían que saliéramos como nuestros padres. Entramos en su plan de destrucción”, cuenta María.

Antes de Belén

“Cuando las fuerzas tiroteaban la casa, Carlos corrió detrás de nuestro perro, que se había escondido detrás de la heladera. Yo pegué un grito porque pensaba que lo mataban, había muchas balas. Todo fue muy rápido, habían venido para matarnos a todos. Cuando salimos, las balas seguían entrando. No vi a mi madre muerta aunque escuchaba que seguían tirando. No lo he superado. Estuve traumatizada, es inmenso lo que he pasado. Ella nos salvó y después llegamos a la Casa de Belén, en Banfield. Ahí aprendí a dividir mi cuerpo y mi alma”. María Ramírez hizo un relato detallado de su historia cuando declaró ante el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata y también habló con Página/12 de sus recuerdos. Vive en Suecia, donde su padre llevó a sus hijos cuando pudo reencontrarse con ellos.

Julio Ramírez es paraguayo, desde antes del golpe de Estado de 1976 estaba preso en la cárcel de La Plata y fue expulsado del país en 1981. “A partir de 1977 me dediqué a investigar el destino de mi señora y mis hijos. Escribí a la jueza de menores de Lomas de Zamora Marta Pons, que se negó rotundamente a darme información. Después, tuve la ayuda de la ACNUR (el organismo de Naciones Unidas para los refugiados), la Cruz Roja, Amnistía Internacional y de Emilio Mignone (fundador del CELS). Recién en octubre de 1983 la jueza me dio permiso para visitarlos en la Casa de Belén y pude volver a Suecia con ellos”, narró cuando declaró por videoconferencia.

El caso de los hermanos Ramírez deja expuestas un sinfín de aristas del terrorismo de Estado: la complicidad del Poder Judicial, en la figura de la jueza Marta Pons (ahora fallecida pero multidenunciada por las Abuelas de Plaza de Mayo por su conducta con menores durante la última dictadura) y los integrantes de su juzgado, la complicidad de la Iglesia, que estaba vinculada con el Hogar Casa de Belén, los asesinatos, desapariciones, secuestros y torturas, la cárcel, el silencio de muchos y el padecimiento de los niños, con quienes personas con mucho o poco poder se ensañaban y sometían porque podían, porque eran hijos de “subversivos”.

El juicio

Actualmente, nueve personas están siendo juzgadas por la desaparición de Vicenta y el asesinato de María Florencia Ruival y José Luis Alvarenga, dos militantes de Montoneros que alojaba en su casa, y por los crímenes cometidos contra los tres menores. Los acusados son el exministro de Gobierno bonaerense Jaime Smart y el ex director de Investigaciones de la Policía Bonaerense, Miguel Etchecolatz, el ex jefe del centro clandestino de detención Pozo de Banfield, Miguel Wolk, y cino exmiembros de la policía bonaerense que eran integrantes de la Brigada de Investigaciones de Lanús: Roberto Guillermo Catinari, Héctor Raúl Francescangeli, Armando Antonio Calabro, José Augusto López y Rubén Carlos Chavez. Por el caso de los chicos, la única imputada –por la sustracción, retención y ocultamiento de los niños y la niña– es la ex secretaria del tribunal de menores de Lomas de Zamora Nora Susana Pellicer.

Ninguno de los autores directos de los abusos a los hermanos Ramírez está en el banquillo ya que algunos de ellos murieron y otros fueron apartados por problemas de salud. Ese es el caso de Manuel Maciel (fallecido), Dominga Vera (apartada) que fueron los encargados del lugar, y el ex padrino del Hogar, Juan Carlos Milone (apartado). “Dicen que Manuel está muerto pero yo desconfío. Lo dije en mi declaración, quiero pruebas, que le hagan un ADN, porque desconfío de todo lo que han hecho”, dice María a Página/12.

Durante el juicio, los hermanos Ramírez tuvieron acceso a testimonios que les permitieron reconstruir parte de lo sucedido con Vicenta, hechos y detalles que nunca antes habían escuchado. Los más reveladores vinieron de quienes, como ellos, eran niños en esa época. Francisco Nogueira y Aldo Pietrantuono tenían 10 y 13 años, eran vecinos de los Ramírez y presenciaron el operativo en la casa de Almirante Brown. «Hubo una balacera por 20 minutos. En un momento, un hombre desde adentro de la casa pidió una tregua y ahí fue que la mamá de los chicos comenzó a sacarlos. La señora saca a dos de los chicos y cuando sale con el tercero se acerca un personal policial de civil y la ejecuta de un tiro en la cabeza. Otro personal le saca la criatura y le tiran a ella una ráfaga de disparos», relató Nogueira.

Nogueira y Pietrantuono contaron que los policías retiraron los cuerpos de Vicenta y la pareja que vivía con ella y luego saquearon la casa. “El nene mayor me dijo: ´se llevan mis juguetes´, recordó Nogueira. «Pasaron 45 años, quiero que el tribunal tome en cuenta mi declaración aunque tenía 10 años en ese momento. Yo no escribí un diario como Ana Frank pero tengo todos los recuerdos acá», les reclamó a los jueces emocionado mientras se tocaba con su dedo la cabeza.

Hasta ese momento, la familia Ramírez desconocía los detalles del asesinato de Vicenta. Escucharlos fue una conmoción pero, también, la reafirmación de que las respuestas deben venir de los responsables: qué pasó con su cuerpo, dónde está.

Los chicos fueron dejados en un baldío y luego llevados a la casa de un vecino, que los alojó unos días. Después, fueron puestos a disposición del tribunal de menores de la jueza Marta Pons. Previo paso por poco tiempo por un hogar de monjas, Mariano Alejandro, María Ester y Carlos Ramírez terminaron en el Hogar Casa de Belén.

 

María Ramírez a los cuatro años, antes de la desaparición de su madre. 

 

Los abusos y la resistencia 

Infierno. Infierno. Infierno. Es la palabra más repetida en el relato de María. Y como contrapartida, el ángel que, en la figura de su mamá Vicenta, la acompañó y le permitió sobrevivir. “Tengo recuerdos felices de mi primera niñez, de amor, de que mis padres me querían y esos recuerdos se quedaron dentro mío como un diamante y no me los pudieron sacar. Lo más absurdo era que nos decían que teníamos que estar agradecidos de estar en el hogar, porque mi mamá me había abandonado y era una prostituta, y mi papá estaba en la cárcel, era un criminal, un borracho. Mi madre Vicenta aparecía cuando más me torturaban, cuando no podía caminar del dolor. Esos recuerdos me ayudaron a diferenciar en la vida qué es el amor y qué es el infierno, qué es la verdad y qué son las mentiras. Ellos (Dominga Vera y Manuel Maciel) me preguntaban si tenía recuerdos de mi madre y yo aprendí que me podían torturar, me podían matar pero que no les iba a decir, no les iba a hablar de los recuerdos de mi madre, esos recuerdos me los llevaba yo hasta la muerte. Eso me dio mucha fuerza para sobrevivir”.

El Hogar Casa de Belén estaba vinculado a la Iglesia de Banfield, donde, dice María “todos sabían lo que pasaba”. Los domingos se disfrazaban de familia perfecta y devota e iban bien vestidos y peinados a misa. Tenían prohibido mirar a las personas a los ojos, siempre había que mirar abajo, al piso, no hablar con nadie. Eran como muñecos. También fueron bautizados y dejaron de ser Ramírez para pasar a ser Maciel. “Nos llamábamos como el viejo de ahí. Sentí que me enterraron viva, pensaba que mi madre no me iba a poder encontrar si tenía otro apellido. Y la casa de Belén no era solo una familia, había más gente que trabajaba con el hogar: la escuela, los médicos, los militares, la justicia, la doctora Pons, los vecinos, todos sabían lo que pasaba. Yo pedí ayuda a la Iglesia, al cura gordo le dije que me violaban. El levantó su teléfono y llamó al hogar. Se pueden imaginar lo que pasó conmigo, lo que me hizo Manuel”.

Manuel la amenazaba. Cuando la violaba le decía que si se quedaba embarazada le tenía que echar la culpa a otro niño. Ella dijo que no. El la ahogó en un inodoro sucio, la agarró de los pelos, la llevó a su pieza, abrió el ropero, donde estaban su ropa, uniformes y armas y le preguntó: “¿cómo querés morir?”. El le apuntó a la cabeza, disparó, ella escuchó el clic. El le dijo “te voy a matar como mataron a tu mamá, te voy a hacer volar la cabeza”. Pero no la mató. Siguió torturándola. “Yo salí como cenizas del hogar, pero de las cenizas volví para decir Nunca Más”

La Odisea

María y sus hermanos pudieron salir del Hogar de Belén en 1983, después de que su padre lograra ubicarlos y sortear las trabas que le ponía la jueza Pons. Los chicos tenían miedo, miedo al cambio, a sufrir más, si eso era posible. En el hogar, Manuel le decía a María que el padre abusaría de ella y que no podía contarle a nadie lo que había pasado durante esos años porque los iban a encontrar y a matar. “Tenemos gente por todo el mundo y te vamos a matar si hablás, sea donde sea, en Suecia o en cualquier lado”, la amedrentaba.

Armar un vínculo con su padre no fue sencillo, cuando llegó a Suecia, María dormía con un cuchillo bajo la almohada y ni ella ni sus hermanos le contaron lo que habían vivido en el hogar. Lo que más la afectó fue que le costaba conectarse con el recuerdo de su mamá. “Se apagó esa luz interior. Me sentía culpable, como que la había dejado en Argentina. No quería vivir, no hablaba con nadie, ni con mi papá ni mis hermanos, estaba sola. La amenaza de Manuel tuvo efecto, me paralizó y me distancié de mi padre y de todos. No podía hablar con nadie”.

Dos cosas la salvaron y le cambiaron la vida. La literatura y el dibujo. “A los 16 en la escuela me dieron el libro de Dante Alighieri, la Divina Comedia. Con ese libro pude interpretar el Infiero que había pasado y pensar que mi mamá me guiaba en todo ese proceso. Otro libro que me impactó fue La Odisea, lo interpreto como la expulsión del país y el deseo de volver a mi casa natal y llegar con mi familia. Los libros me abrieron el camino para elegir la vida de nuevo. Volví a sentir a mi mamá y elegí vivir”.

A los 25 descubrió la pintura, entró en una escuela de arte y pensó que eso le traería alegría, pintar, los colores, pero la atrapó el infierno de nuevo. Todo lo que salía de sus manos y se volcaba en el lienzo estaba relacionado con el hogar Belén. El maestro les hacía comentar las obras que producían. Y así fue como María pudo comenzar a hablar sobre lo que le habían hecho. Los cuadros también fueron la base para poder revincularse con su papá y sus hermanos. “Pudimos volver a hacer una relación, antes estábamos aislados, teníamos vergüenza de lo que habíamos pasado. Las pinturas nos dieron un espacio para hablar y así decidimos que debíamos buscar justicia”.

María abre grande sus ojos marrones. Mira de frente cuando habla. Busca las palabras en castellano. Dice que quiere justicia para ella y sus hermanos, para su madre y su padre, para los otros niños que estaban en el Hogar, que eran ocho y para María Florencia Ruival y José Luis Alvarenga. Justicia porque a aquellos sufrimientos, hay que sumarles las secuelas que marcaron a toda su familia, que dejaron marcas en su generación, las están dejando en la próxima, y estarán presentes en la siguiente. Por eso, para María, es importante definir y reconstruir la historia: para poder liberarse y renacer después de tanto dolor. Para ella es importante que la Justicia entienda el trato inhumano que han vivido ella y sus hermanos y la gravedad de los delitos que se han cometido. “Nosotros no hemos tenido libertad, hemos sufrido y seguimos sufriendo. Pero estamos todos de acuerdo en que el único camino posible es el de la Justicia.” Define las barbaridades sufridas como genocidios; y exclama que es tiempo de que estos genocidas sean responsables de sus barbaridades. “Nosotros estamos condenados por vida a vivir con estos recuerdos terroríficos. El juicio es un desafío de confianza porque el propio estado destruyó nuestra base familiar y nos arrancó de las raíces al extranjero al expulsar a mi padre del país. Hemos pagado mucho, y seguimos pagando con mucho dolor, también tenemos que afrontar muchos costos económicos para volver a la Argentina, para reconstruir nuestra identidad, historia, familiares y también pagamos con nuestra salud. El daño es inmenso.”

 

Uno de los cuadros pintados por María a partir de los recuerdos de los niños del Hogar Casa de Belén

 

La reconstrucción

Los tribunales también fueron un laberinto. Un camino que se inició hace muchos años; que impulsó el abogado Luis Valenga y recorren hoy las abogadas Carolina Farotto y Carla Ocampo Pilla con la fundamental intervención del Ministerio Público Fiscal. Un paso importante fue poder recuperar la causa que estaba archivada y a la espera de la prescripción, porque los hechos no habían sido considerados como delitos de lesa humanidad, es decir, quedaban fuera del plan sistemático de la dictadura, como si no hubieran tenido relación con la encarcelación de su padre y el asesinato de su madre. “Eran tiempos de impunidad en democracia, tiempos en los que no había esperanza, de destrucción. Cuando asumió Néstor Kirchner y se anularon las leyes de Punto Final y Obediencia Debida tuvimos esperanza, cuando pudimos avanzar con el doctor Valenga sentí que mi salud mejoraba. Creo que fue admirable que el Presidente pidiera perdón por parte del Estado, fue importante escuchar estas palabras y verlas concretadas en los hechos, que se haya hecho una plataforma de derechos humanos que ayuda a reconstruir nuestra historia es importante también para la memoria colectiva del pueblo. Quiero mencionar a la gente que nos está ayudando y acompañando, que es un grupo fantástico, la fiscal Ana Oberlin, el fiscal Juan Martin Nogueira, mis abogadas, los abogados de la secretaría de derechos humanos, Pedro Griffo y Facundo Dadic y los profesionales del Comité por la Defensa de la Salud, la ética y los Derechos humanos (CODESEDH), Melanie Torre, Silvia Arrendodo, Norberto Liwski y Carmen Celiz. También quiero destacar que el hogar sigue funcionando como si nada y deseo que lo identifiquen como centro clandestino, allí se reunían militares, policías, teníamos padrinos militares. Mi “padrino” me llevó a su trabajo y era una casa abandonada con sangre en las paredes, cables en el piso y camas sin colchones, con olor a muerte. Ahí entendí lo que hacían y sabía que Manuel era capaz de matarme. Esos eran sus compañeros”.

Cuando María declaró en el juicio mostró algunos de los cuadros que pintó cuando empezó a estudiar, figuras oscuras, monstruos sentados a la mesa, bebés, muertos, cruces, un retrato de su madre. También llevó una medalla de la maratón de Berlin, porque correr es otra de las cosas que la ayuda. “Es una expresión de libertad, puedo correr cuatro horas sin pensar en nada del pasado, del presente o del futuro. Corro, respiro y no pienso, pienso en positivo. Las maratones me ayudaron un montón”.

María habla. Después de mucho tiempo. Espera que las palabras puedan ser reparadoras. Que le traigan paz. “Puedo confesar que he temblado, tenido miedo, he sentido de nuevo el revolver en la cabeza, el click, pero apuesto a la vida. He llorado muchísimo y sigo llorando. Seguimos sufriendo las secuelas. Estamos condenados a vivir con todos estos traumas y secuelas. ¿Quién paga todo? Estamos marcados para siempre. El juicio que se está realizando es reparador, pero también muy movilizador, porque nos rompieron en millones de pedazos y tenemos que buscar cada pieza, es muy doloroso armar el rompecabeza. Pero apuesto a la vida para buscar justicia. Me han torturado siete años pero no sabían el amor que guardaba de mi madre y que me hizo vivir. El amor de mi padre también fue fundamental. Hoy tengo un hijo al que le gusta jugar al fútbol y admira a Messi. Yo he jugado fútbol y me encanta compartir con mi hijo y transmitirle sueños, amor y recuerdos. Apuesto a tener una vida digna, a vivir y no sobrevivir. Gracias mamá y papá por el amor que me dieron de niña. Tengo más presente que nunca que el amor debe triunfar sobre el odio”.

Fuente de la información e imagen: https://www.pagina12.com.ar

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México: Las infancias que no vemos

Por: Coordinación COMUNICA: Liliana García Vargas

 

«Bendita la ajenidad que te permite mirar sin ver; lo preocupante de ser ajeno es que nubla, a la empatía»

“Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa en ella es maravillosa”, decía Gilbert Chesterton, pero no comprendo cómo un niño puede maravillarse con el brillo del cielo si está preocupado por el brillo de los zapatos que debe lustrar, o cómo esa niña pueda disfrutar comer un dulce si debe cargarlo en una gran canasta y venderlo para comer, y no entiendo cómo los niños verán brillar el pasto verde con el sol si brilla más un parabrisas sucio.

En México, según la ENTI, 3.3 millones de niños y adolescentes trabajan y el trabajo infantil se tambalea muy fácil sobre la explotación, un menor que trabaja en México simboliza un niño menos en una escuela, es un niño menos en el parque, es un niño al que se le niega el derecho de vivir plenamente; las infancias, por derecho constitucional, son prioridad, pero ¿Para quién exactamente?

Cuando ves a un niño trabajando ¿Qué es lo que ves? ¿Ves a un niño chambeador? ¿Ves a un niño en pobreza? ¿Ves a un niño explotado? o ¿Solo ves que no es tuyo? Bendita la ajenidad que te permite mirar sin ver; lo preocupante de ser ajeno es que nubla, a la empatía, por ejemplo, la ajenidad no se lleva bien con la visión, la limita al punto de extinguirla; una sociedad se refleja en el trato que les da a sus niños, quién piensa en los niños de otro como ajenos se condena a un futuro incierto y hostil, la infancia que ignoraste hoy ¿Será tu solución o quién te condene mañana? El problema de ver, o, mejor dicho, el problema de NO ver es que vemos niños, pero no vemos infancias menos.

«Si los niños vivirán en el futuro, ¿por qué darles el presente? «

Pareciera de sentido común la razón para luchar por una realidad más digna para las futuras generaciones, pero mientras se mira con horror el símbolo pecaminoso que podría ser herir a un niño o una niña, día con día millones de éstos sufren de crímenes garrafales frente a nuestros ojos. Es hipócrita pensar en el bienestar utópico de la niñez que hoy muere, y aún más, ser apáticos a los que hoy viven. ¡Pero piensen en ellos, son el futuro!

Miztli Abelardo Haro Martin Novelo, Participante Mar Adentro

Me parece cierto que existe cierta incoherencia cuando decimos que de los niños es el futuro siendo que en ocasiones no se les permite experimentar una libertad en el presente que les permita conocer y conocerse, claro; siempre tomando en cuenta que sea sin dejar de ver por ellos, que obtengan las herramientas para lograr algo en un futuro y que ese algo a partir de sus experiencias pueda ser de importancia personal para ellos y ellas.

Juan Pablo Romero Velasco, Participante Mar Adentro

ESCUCHA de viva voz a las y los líderes sociales compartir, en una entrevista, algunas experiencias

Por y para las infancias 

María Cristina Lima Ojeda

“Aquí estoy, y sigo trabajando por ellos, la esperanza que me da es que hubiera una mejor vida no solo para mis nietos, sino para los niños del mundo y del país”.

María Cristina Lima Ojeda, una persona que no solo destaca por su trayectoria académica con 2 licenciaturas, 2 maestrías y un doctorado o por tener su centro de atención infantil o incluso por ser autora, sino que el brillo en esta líder es la dedicación a la creación de un presente empático y seguro para esas pequeñas caritas que heredarán el futuro. Contra corriente ella encontró y luchó por un espacio sin luces, convirtiéndose en una de las líderes nacionales y formadora de excelencia, que, con cada reconocimiento, ella escucha “ve por ese camino, por ahí vas” como con la presea Irene Robledo.

Al preguntarle ¿qué es lo que la diferencia y caracteriza como María Cristina?, nos responde “Mi defensa por los niños y trabajo nacional en temas de abuso sexual y suicidio, me he dedicado con fuerza a ellos y ellas, he ido entendiendo las necesidades infantiles y he trabajado con todo tipo de niños”. Nos narra cómo en su primera licenciatura trabajó como directora escolar, pero ante un terremoto es inmediatamente requerida para trabajar con los niños que resultaron perjudicados. “La verdad no tenía las herramientas, para mí fue muy impactante ver tanto niño tan lastimado después de un terremoto sin padres, sin casa, sin apoyo”, menciona que después de esta experiencia estudió psicología y con ello se adentró en el trabajo con niños presos y con capacidades diferentes, menciona “ver a niños en una situación tan compleja me movió mi corazón y fue cuando nació mi idea de trabajar con y por los niños”.

La doctora María Cristina nos comparte que a lo largo de este camino decide emprender mientras continua con su formación, lo que no tardó en recibir atención y reconocimiento ya que la Agencia de EE. UU. para el Desarrollo Internacional (USAID) la selecciona como una persona con un centro que podía ser fortalecido con la intención de replicarse por la república, comenta “me llena de orgullo porque el programa funciona y se replica en otros estados” “además que las personas que he capacitado en este rubro de suicidio infantil son actualmente requeridas por la UNAM para trabajar el tema.”

A lo largo de esta carrera profesional se ha encontrado con obstáculos tratando de impedir su camino sin embargo considera que tiene una voz y eso le da mayor fuerza para trabajar por y para los niños.  Esta vocación la comparte siendo docente en varias universidades en Guadalajara, le encanta estar al frente de alumnos a los que les pueda pasar la estafeta de esa voz, “yo voy perdiendo la fuerza, pero ellos van teniendo la fuerza”.

Al escuchar una trayectoria con tanto amor, dedicación y empatía nos preguntamos cómo es que la doctora María Cristina vería un mundo pensado para los niños, respondiendo “El tema de la violencia… Lo que he visto es que la violencia dirigida hacia niños y niñas está cada vez en mayor magnitud, cuando yo trabajaba con mis primeras experiencias yo creí que había visto lo peor, pero no. Debemos hacer una sociedad que se preocupe por los niños y niñas, una sociedad empática que de verdad se preocupe, porque somos muchos, son poquitos los que lastiman.”

Comprende que el mundo de la denuncia es difícil, pero reflexiona que, si tan solo al ver a un niño, sonriéramos, el mundo sería diferente, solamente que hay que suavizar corazones, es decir, generar empatía. Finalmente explica que, para sanar, trabajas con todo lo que te hirió de niño y propone el evitar que las futuras generaciones tengan heridas en la infancia ofreciéndoles un mundo de esperanza y derechos, “fomentar la cultura por los derechos de la infancia es mi ilusión”.

Mensaje súmate Mar Adentro

“Son los jóvenes los que tienen el futuro, no los grandes, sean voluntarios, esta es un área donde pueden emprender con planeación y estructura, somos muy pocos y si sanamos las infancias, de verdad sanamos el mundo”.

 

Historias de éxito que trascienden 

Alberge Infantil Los Pinos 

¿Qué pasaría si actuamos ahora, para asegurar un mejor mañana, si creamos un presente solidario y amoroso para que esto se refleje en el futuro? Esta pregunta se responde detrás de las acciones del Albergue Infantil Los Pinos AC que desde 1984 brinda a niños en pobreza extrema un hogar, alimentación, educación, atención médica y psicológica que con sus 34 años de trayectoria han logrado que más de 2,402 niños y jóvenes junto con 4,759 personas de sus núcleos familiares fuesen beneficiados, optimizando sus condiciones de vida, erradicando su desnutrición, optimando su desarrollo emocional y social, asegurando la integración y reforzamiento escolar, con el acceso a terapias para madres o tutores y para educación especial en el rezago educativo además una formación nutricia familiar.

Se distingue como agente de cambio al crear una atmósfera de seguridad junto con una formación en su modelo de desarrollo integral. Los Pinos trabajan para brindar una alternativa de desarrollo humano integral que permita adquirir las competencias necesarias para superar su condición y que sus beneficiarios sean promotores de una sociedad más justa y humana, a la par refuerzan la posibilidad en el presente inmediato de los jóvenes que salen del albergue, que cuenten con todo lo necesario para poder seguir desarrollándose y cumpliendo sus sueños.

La sociedad agradece la existencia de esta clase de labor humanitaria y solidaria, dando atención a estos pequeños agentes del futuro y los que se integran al presente, creando un futuro con calidad de vida presente y futura.

Mar Adentro propone

Para leer

“Los invisibles” de Tom Percival. Narra la historia de Isabel y su familia y cómo distintas situaciones les obligan a dejar su casa y mudarse al otro lado de la ciudad. Un lugar donde te vuelves invisible.

Para saber

Cincuenta años de la niña del napalm, la fotografía que ayudó a detener una guerra

Para conocer 

México es el segundo país de América Latina con mayor nivel de trabajo infantil con 3.3 millones de niñas, niños (INEGI, 2019)

Fuente de la información e imagen:  https://www.informador.mx

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ONU considera “peligrosa” la falta de acción climática

El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, advirtió de una “peligrosa desconexión” entre lo que reclaman ciudadanos y científicos para frenar el cambio climático y lo que en realidad hacen los gobiernos al respecto. Foto Ap / Archivo

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UNICEF denuncia que el uso de armas explosivas en Ucrania está matando y mutilando a niños

 

El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) ha denunciado este martes que el uso de armas explosivas en Ucrania está matando y mutilando a niños e impidiéndoles regresar «a cualquier tipo de vida normal». Según las últimas cifras de la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), desde el inicio de la guerra un total de 277 niños han muerto y otros 456 han resultado heridos, en su mayoría debido al uso de explosivos en zonas urbanas edificadas.

Fuente de la información e imagen: https://www.europapress.es

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Abuso sexual contra las infancias: ¿una realidad de la que nadie quiere hablar?

Por: La Tinta

 

Conversamos con Flora Sofía Acselrad, de la Red de Judiciales Feministas, sobre las falencias y obstáculos en el sistema judicial con los casos de denuncia de abuso sexual en las infancias. ¿Qué pasa con esta piedra en el zapato de la sociedad que no se quiere ver? No hay estadísticas oficiales ni formación específica para integrantes de la Justicia, tampoco en las carreras y, sobre todo, no se le cree a niñxs y se patologiza y criminaliza a quienes intervienen en favor de la víctima, puntualmente, a las madres protectoras.

Una de las consignas desde Ni Una Menos, hace tiempo, es poner en agenda mediática lo que están trabajando y denunciando las organizaciones de madres protectoras sobre casos de Abusos Sexuales en la Infancia (ASI). Hay momentos en que socialmente algunos de esos casos conmueven, la gente se horroriza, se pregunta cómo puede ser posible y, luego, en general, se duda. Porque en una cultura adultocéntrica, la voz de las infancias siempre ha sido puesta en duda y, en una cultura patriarcal, la voz de la madre que denuncia es cuestionada. Así las cosas, país.

El abordaje institucional en los casos de abusos sexuales está en cuestión en todo el país, si bien solo nos enteramos de algunas historias, quienes están trabajando en la temática observan patrones y lógicas similares. A fines de febrero, se puso en funcionamiento, en el Congreso de la Nación, una Mesa Nacional Contra el Abuso Sexual a las Infancias.

Daniela Rosso, madre protectora, explicó: “Hay 6 casos en Argentina marcados como casos graves: Flavia Saganías, Gilda Morales, la niña Arcoíris, la niña Sol, Michelle y la niña Alicia. En todos los casos que hay ASI, hay una mujer que denuncia, que busca protegerles, prácticas de encubrimiento judicial, grupos antiderechos operando; y en todos los casos, hay respuestas ilegítimas por parte del Estado”.

En La Rioja, la causa de la niña Arcoíris consta de cinco denuncias por abuso sexual -realizadas entre 2018 y 2022- y el relato de la víctima; sin embargo, la niña será revinculada con el entorno del abuelo denunciado. “Suficiente para activar protocolos de cuidado, acompañado por irrefutables pruebas constatadas por organismos pertinentes. La Defensora de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes, Marisa Graham, presentó un amicus curiae en defensa de la palabra de Arcoíris. El Poder Judicial riojano, contra toda prueba y legalidad, desoye a la niña y a su mamá, en un claro intento de encubrir al abusador”, expresaron días pasados desde el equipo de trabajo Justicia por Arcoíris.

El pasado 30 de mayo, la fiscal Nadia Schargrodsky pidió la prisión de Delfina, mamá de la niña Arcoíris, “con argumentos carentes de validez, con el claro objetivo de apartar a la única garante de la integridad física y emocional de la niña”, agregaron desde el equipo, quienes están exigiendo a la ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta, y a Gabriel Lerner, secretario de Niñez, Adolescencia y Familia, que ejecuten las medidas de protección que correspondan y se constituyan como querellantes.

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(Imagen: Diana Segado para La tinta)

El pasado 27 de abril, se realizó una conferencia de prensa de apoyo y visibilización para que la Corte Suprema de Justicia revise el caso de Flavia Saganías, condenada a 23 años de prisión por los tribunales de Cruz del Eje. Denunció a su ex pareja por abuso a su hija, la fiscalía de Cosquín archivó la causa, ella hizo un escrache en redes y fue acusada de ser la autora intelectual del ataque que su hermano y madre cometieron contra el denunciado. Mientras Flavia cumple su condena, el caso de su hija sigue esperando.

La abogada de la niña, Marcela Cano, expresó: “La niña sufrió situaciones de revictimización al momento de la denuncia, quien fue trasladada por su mamá desde Capilla del Monte a Cosquín a las 4 a. m., en colectivo para que, luego de una larga espera, la trasladasen en móvil policial a la ciudad de Córdoba donde, sin almorzar ni merendar, a las 17 horas, iniciaron la cámara Gesell tratándose de una persona que no estaba preparada para ello. También queda en evidencia que el Estado contribuye a ello toda vez que las víctimas carecen de los recursos y del acceso a profesionales que asistan de manera integral la situación de violencia y abuso vivida”. Luego de que la primera denuncia fuera archivada en 2017 por falta de pruebas, en 2018, Flavia intentó que se desarchive con nuevas pruebas y constituida ella como querellante, pero le denegaron el procedimiento, que logró recién en 2019.


El estereotipo de la mujer despechada o que busca venganza con sus ex parejas, los argumentos de falseamiento, hipótesis de investigación y métodos o pericias basados en el llamado SAP (Síndrome de Alienación Parental) son estrategias de defensa muy vigentes y preocupantes, que desgastan los entornos de las víctimas. Burocracias, trabas, barreras reales y simbólicas para que se desista de la denuncia y la vía legal. Nadie quiere ni está preparadx para afrontar este tipo de violencias, menos cuando lo que se observa son casos que muestran lo pantanoso del camino.


Para analizar los principales obstáculos y falencias del sistema de administración de justicia en el abordaje de las causas por abuso sexual contra las infancias que existen en la actualidad, conversamos con Flora Sofía Acselrad, exdirectora de la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de la Nación (CSJN) y autora del proyecto que se transformó en la Ley Micaela, integrante de la Red Judiciales Feministas.

—¿Por qué no existen estadísticas que muestren las denuncias de abuso sexual en las infancias y las condenas o tratamientos judiciales de los mismos? ¿Cómo podría el Estado avanzar en dar una respuesta a esto?

En principio, a diferencia de otros países, la actividad judicial no jurisdiccional -esto es el trabajo que no está directamente relacionado con el dictado de decisiones judiciales- no está suficientemente jerarquizada. Esto trae como consecuencia falta de inversión suficiente -en tiempo y también en la dedicación que requiere- y las estadísticas son parte de ese trabajo no jurisdiccional del Poder Judicial. Por otro lado, en nuestro sistema federal, hay una dificultad adicional que se vincula a que cada Poder Judicial provincial elabora sus propias políticas judiciales y, por lo tanto, no es fácil unificar los datos de todo el país. Esto es lo que pasaba hasta hace no tanto con los datos sobre femicidios que eran aportados por la ONG La Casa del Encuentro, a partir de la información de los diarios. La Oficina de la Mujer elaboró un sistema de recolección federal, unificando criterios para la carga de datos que bien podría utilizarse agregando los vinculados a las causas por abuso sexual en las infancias.

—A partir de lo que has podido indagar de algunos casos: ¿qué pasa con los casos que ingresan al sistema de justicia? ¿Qué patrones vinculados a la falta de formación específica, las dificultades en cómo se trata a niñxs, el procedimiento de la cámara Gesell y las revictimizaciones se repiten en el tratamiento de los mismos?

Se sabe que el número de casos que se judicializa es ínfimo. En esta clase de hechos, hay diferentes factores que contribuyen a silenciar a las víctimas: el hecho de que un alto porcentaje de estas situaciones ocurre en el ámbito familiar y son perpetradas por personas de su ámbito de confianza; la enorme vulnerabilidad de las víctimas, que las hace totalmente susceptibles a la manipulación y amenazas del abusador; en ocasiones, la parálisis de la familia ante el impacto que genera el descubrimiento. A todo ello, se suma que, cuando las causas llegan al Poder Judicial, el sistema pretende que niñas, niños y/o adolescentes se adapten a sus tiempos, a sus formas, a sus procesos, a sus lugares construidos desde una mirada totalmente adultocéntrica desde el punto de vista estructural. Esto genera no solo que, en una importante cantidad de casos, el abusador sea absuelto, sino que además se revictimice a lxs niñxs y jóvenes, así como a las personas que lxs acompañan en su petición de justicia.

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(Imagen: La tinta)

—¿Por qué no se les cree a lxs niñxs que manifiestan o expresan con palabras y conductas indicios de abusos? ¿Y por qué hay tanto castigo contra las madres que denuncian?

El sistema es adultocéntrico y, por lo tanto, aunque con algunas diferencias mínimas, la exigencia probatoria es comparativamente más exhaustiva que en el caso de los abusos a personas adultas. Así, se pretende que declaren en cámara Gesell y cuenten los abusos frente a una persona extraña, el día que la justicia fija, en lugares que, salvo excepciones, no tiene nada de atractivo para lxs niñxs. En vez de entender que tienen sus tiempos, que tal vez se pueda lograr con alguien que conocen y tienen confianza, a través de juegos, con gestos, con dibujos, y de manera fragmentada decir lo que les ocurrió. Correlativamente, y aunque culturalmente las mujeres aún somos socializadas para ser las principales cuidadoras y, en esta clase de hechos, son testigos privilegiadas del cambio de conducta de sus hijos e hijas, el sistema actúa con prejuicios hacia ese testimonio pues prima el estereotipo de “mujer despechada” que intenta utilizar la denuncia en contra de su expareja.

—¿Por qué este tema es urgente a la vez que presenta tantas resistencias, no solo desde las instituciones del Estado, sino para hablarlo socialmente?

No sé bien la respuesta a esta pregunta, pero entiendo que es porque se trata de situaciones tan aberrantes que nos cuesta aceptar que suceden, preferimos cerrar los ojos, no creer que las personas son capaces de infringir semejante daño a quien debieran proteger. El descreimiento es la reacción inmediata del círculo cercano frente a la develación del abuso. En cuanto a las instituciones, están habitadas por personas que les cabe esas consideraciones y donde evidentemente lxs niñxs no son la prioridad.

 Fuente de la información e imagen: La Tinta

 

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Libro: Pedagogía de la ternura (PDF)

Por: Selene Kareli/CII-OVE

La Pedagogía de la ternura se basa en los postulados educativos martianos. Lidia Turner Martí y Balbina Pita Céspedes exponen una pedagogía renovadora, la cual considera que para lograr la inclusión educativa se requiere que prime además de la teoría educativa, la ternura, como ingrediente aglutinador del proceso educativo, que permita atender a cada uno de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes con necesidades educativas especiales, asociadas o no a discapacidades, respetando básicamente su condición como ser humano, que garantice además de su inclusión educativa, su plena inclusión en la sociedad.

De acuerdo con García Carrillo, Yisell Vigoa y Montero Álvarez, el libro también permite a futuros profesionales y a los profesionales de la pedagogía una nueva visión del proceso pedagógico, teniendo en cuenta las tres áreas de influencias donde se desarrollan estas personas, se centra la atención en el papel de la educación, y de las influencias educativas de los contextos formativos para lograr el cambio de conciencia y de compromiso que se necesita para que la inclusión sea un hecho, se reconoce además que la inclusión educativa y la calidad de la educación han de marchar unidas, teniendo en cuenta a la ternura como principal ingrediente para lograr el mejoramiento humano, por ello es preciso su comprensión, como un proceso necesario de perfeccionamiento en el que todos tenemos participación.

Enlace para descargar: https://castagninomacro.org/uploadsarchivos/compartir_dfd3e1c6_a7f3_4805_9711_8ee7e03516ce.pdf

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