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África: Las guerras y muertes olvidadas

Por: Fernando Ayala

El continente africano con sus 1.550 millones de habitantes repartidos en 54 estados soberanos más la República Saharaui que busca su independencia, se extiende en una superficie de 30.3 millones de kilómetros cuadrados y es considerado por los organismos financieros internacionales (Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial) como el más pobre del planeta.

Cinco países ocupan los peores indicadores de ingreso y desarrollo humano: Burundi, Sudán del Sur, la República Centroafricana, Malawi y Mozambique. Trabajadores en una mina de Sudáfrica. África es una tierra de enormes riquezas naturales cuya historia reciente sigue marcada por la explotación, los conflictos y las profundas desigualdades sociales

Es la paradoja del continente más rico en recursos naturales, donde hay desde oro, diamantes, petróleo, cobre y todo tipo de minerales estratégicos como tierras raras, cobalto y uranio, entre otros muchos. Ha sido víctima de la depredación de sus recursos humanos y naturales durante siglos, especialmente por parte de las potencias europeas que lo esclavizaron, lo dividieron y lo han explotado. Hoy se libran guerras en Sudán, el Congo, en el Sahel, Somalia, Mozambique, Nigeria y Libia, que en su mayoría son conflictos civiles entre grupos étnicos en algunos casos, religiosos en otros, o luchas de poder por el control de territorios y recursos.

Se estima que las víctimas fatales desde 2020 a la fecha se acercan al medio millón de personas, ya sea por combates, hambrunas, asesinatos masivos o actos de terrorismo.

En la llamada “Era de los descubrimientos”, iniciada en el siglo XV con la llegada de los primeros portugueses a las costas africanas, marcó trágicamente el destino del continente. A partir de la instalación de las primeras colonias en las islas de Madeira, Cabo Verde y la costa atlántica, se dio el inicio al comercio del oro, marfil, azúcar hasta el más rentable de todos: la caza y venta de seres humanos. Portugal abrió las rutas marítimas para el transporte de esclavos y puso las bases para los imperios coloniales que ahí se desarrollaron. Se estima que los navíos portugueses transportaron casi cinco millones de esclavos a Brasil y otros lugares.

Rápidamente el negocio se extendió a Inglaterra que llevó algo más de tres millones a Estados Unidos y el Caribe; España lo sigue en esta estadística macabra con el transporte de alrededor de 1.5 millones de esclavos a Sudamérica, Cuba y otros lugares. Francia registró 1.2 millones llevados a Haití y otras islas, tal como lo hicieron los comerciantes holandeses. La mayor parte del comercio de seres humanos se efectuaba en barcos ingleses, especialmente a partir del siglo XVII, cuando la flota británica controlaba los océanos.

Las consecuencias de la esclavitud y la explotación de los recursos naturales africanos por parte de las potencias coloniales dejaron una huella profunda. Culturas y lenguas divididas por el poder colonialista ávido de sus riquezas, donde el ser humano era una variable exclusivamente comercial, una mercancía. Así, durante la Gran Guerra y la Segunda Guerra Mundial, miles y miles de africanos vistieron los uniformes de las potencias coloniales y muchos fueron a morir en territorio europeo no sabiendo bien porqué peleaban. Hoy, en los conflictos civiles que desangran al continente no es ajena la mano de las antiguas y nuevas potencias neocoloniales.

La venta de armas, el adiestramiento militar y los intereses geopolíticos están presente en prácticamente todos ellos. En Sudán, el conflicto lleva ya tres años disputándose el poder para controlar la economía y las riquezas naturales en un país donde abunda el oro y el petróleo. Una situación similar ocurre en el Congo donde se enfrentan desde hace cuatro años facciones rivales para controlar las riquezas en un país rico en oro, cobalto, otros minerales y las maderas de la selva tropical, explotada por compañías europeas. Las raíces aquí son más profundas por los intereses neocoloniales vigentes.

El Congo obtuvo su independencia de Bélgica en 1960, donde Patrice Lumumba, un líder nacionalista, ganó las elecciones y fue nombrado primer ministro para luego de tres meses ser arrestado, torturado y asesinado en una operación coordinada por el gobierno belga y la CIA por representar una amenaza al pretender tomar el control de sus recursos naturales. Hoy están presentes los intereses extranjeros, las rivalidades étnicas y la lucha por el poder.La región del Sahel que abarca 10 países tiene a tres: Mali, Níger y Burkina Faso, en conflicto desde 2012 por una multiplicidad de factores donde la presencia yihadista es uno de ellos y el uranio, litio y oro, otro. A estos conflictos se suman los desplazamientos humanos forzados por la violencia y también por la sequía, el cambio climático y la hambruna. En Nigeria, el país más poblado de áfrica y multiétnico, fuerzas de Estados Unidos bombardearon hace unos meses en el noroeste, a bases del estado islámico del ISIS que se han asentado en esa región. Las luchas multiétnicas y el terrorismo han profundizado las diferencias entre cristianos y musulmanes dejando más de 50 mil muertos en los últimos 15 años.

El mundo real es brutal para entregar informaciones. Se calcula que las noticias sobre los conflictos en África no llegan al 5% de la prensa mundial, comparado con casi el 80% destinado a la guerra de Estados Unidos con Irán, la de Rusia con Ucrania y la de Israel contra el pueblo palestino y el Líbano. Así las cosas, es muy difícil que la realidad africana vaya a a cambiar en el corto ni mediano plazo. Las proyecciones de crecimiento demográfico de Naciones Unidas estiman que para el año 2050 la población africana pasará de 1.550 millones de hoy a 2.500 millones de habitantes.

Si la crisis climática, alimenticia y conflictos armados se mantienen o acentúan, la única alternativa que les queda para comer y salvar sus vidas, al igual que lo hicieron hace más de dos millones de años los primeros seres humanos que se pusieron en pie en ese continente, es caminar. ¿Hacia dónde? Hacia Europa, que es lo más cercano y en gran parte responsable del estado actual.

El proceso de descolonización de los años 60 del siglo pasado, no fueron acompañados de una suerte de Plan Marshall, que hubiese contribuido a generar estructuras sólidas, a fortalecer los estados y desarrollar instituciones que hubiesen permitido la utilización racional de sus riquezas. Por el contrario, la explotación de sus recursos se mantuvo bajo otras formas y nadie hoy se siente responsable ni existe un plan para efectuar un cambio real de la situación que sería -como todos los saben- el principal freno a la inmigración.

Las agencias de Naciones Unidas efectúan una labor esencialmente paliativa, acuden a las emergencias, pero ello no basta, solo alivia momentos críticos. Finalmente, un indicador que refleja la dramática realidad: la mortalidad infantil hasta los cinco años alcanza hoy en la Unión Europea a 4 niños por cada mil de nacidos vivos. En África, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, para 2025, por cada mil fueron 71,6 los que murieron antes de los cinco años, mayoritariamente en el primer mes de vida, representando el 58% de la mortalidad infantil a nivel mundial, es decir algo más de 2.8 millones de niños.

Fernando Ayala, embajador, economista de la Universidad de Zagreb, Croacia, y Máster en Ciencia Política de la Universidad Católica de Chile. Ex Subdirector de asuntos estratégicos de la Universidad de Chile y ex Subsecretario de Defensa..

Fuente: https://estrategia.la/2026/06/04/africa-las-guerras-y-muertes-olvidadas/

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La porfiada defensa de la vida en tiempos oscuros

Por Eduardo Gudynas

El Día Mundial del Ambiente, el 5 de junio, debería ser una celebración de la vida. Un encuentro con todas sus expresiones: la belleza de los paisajes, la variedad de animales y plantas que albergan las selvas, las llanuras y los mares, cada uno de ellos con sus peculiares modos de existencia. Es encontrarse con todas esas vidas porque de ellas también dependen las nuestras propias como humanos.

Sin embargo, el Día Mundial del Ambiente de 2026 es particularmente difícil. Se siguen talando las selvas, el cambio climático no se detiene, los mineros taladran y los petroleros perforan. Una vez más, como viene sucediendo año a año, la problemática ecológica se agrava, en unos asuntos a un ritmo acelerado, como ocurre con la pérdida de biodiversidad, y en otros más pausadamente, como son las alteraciones en ciclos biogeoquímicos. Pero nada se detiene. Las medidas para evitar esos problemas siguen siendo inefectivas, y apenas se logran algunos éxitos puntuales, como crear una nueva área protegida o controlar algún agroquímico que dadas esas circunstancias se celebran como enormes victorias.

Teorías y prácticas entrampadas

El balance de lo que podría resumirse como la teoría y la práctica, que mutuamente se potencian, no es auspicioso. De un lado la información, los argumentos y los debates progresan a tropezones. Del otro lado las acciones que realmente se implementan están muy lejos de las medidas que son necesarias.

En el primer ámbito, todos los años deben repetirse las evidencias de los problemas ambientales, tanto los que se sufren dentro de cada país como los que padece la biósfera. Se vuelven a publicar indicadores tales como las hectáreas de bosques talados o el número de especies amenazadas. Cada 5 de junio es necesario defender la relación entre emisiones de gases invernadero y el cambio climático, ante la avalancha de negacionistas. Ante medios de prensa convencionales, refractarios a estos temas, es comprensible que se disfrute que, al menos en el Día Mundial del Ambiente, se pueda hablar de la debacle ecológica. Pero, al mismo tiempo, es como si nada se aprendiera de año en año, lo que obliga a repetir las evidencias.

También debe reconocerse que hay disputas conceptuales que no se han saldado, y que eso, en parte, contribuye a los estancamientos. La más evidente se observa en la academia, y junto a ella en organizaciones ciudadanas y gobiernos, donde muchos creen que incluyendo los recursos naturales como mercancías dentro de los mercados, surgirían milagrosamente bienes y servicios ambientales que resolverían esta problemática. Son reflexiones que pueden ser valiosas como exploración de ideas, que sin duda nutren los papers en los journals, pero han sido inefectivas en impedir el colapso ambiental. Lo son precisamente porque la mercantilización de la naturaleza es una de las causas básicas de los problemas actuales, y no una solución.

También se enfrentan dificultades en los vínculos entre las teorías y las prácticas. El mejor ejemplo es que aun reconociéndose que deben detenerse las emisiones de gases invernadero, la mayor parte de las propuestas de cambio que emplean la etiqueta de “transiciones” quedan empantanadas en no terminar de romper con el carbón o los hidrocarburos, o en promover nuevos extractivismos que necesitan del litio para el mundo eléctrico que imaginan.

Otro ejemplo lo ilustra la reciente conferencia internacional sobre la transición para dejar los combustibles fósiles, convocada por los gobiernos de Colombia y Países Bajos, que se reunió en la ciudad de Santa Marta. Sin duda fue muy bueno que la administración de Gustavo Petro lo hubiese logrado. Pero si somos sinceros, y aunque sea doloroso indicarlo, no se consiguieron resultados concretos y solo se puede celebrar que algunos gobiernos testarudos aceptaran, por fin, al menos hablar en público sobre la posibilidad de abandonar sus adicciones al petróleo y el carbón, lo que se les reclama desde hace casi treinta años.

En el campo de la práctica, las medidas concretas son limitadas, indefinidas o ineficientes. En todos los países persisten vacíos normativos y frecuentemente los incumplimientos, desde la caza furtiva a los derrames de tóxicos, no son detectados ni castigados. Es más, han alcanzado los gobiernos actores de la extrema derecha que lanzan medidas para desmantelar las normas y controles ambientales. Ese camino, iniciado por Donald Trump en Estados Unidos, ahora es imitado en nuestro continente, tal como hacen las administraciones Noboa en Ecuador, la de Milei en Argentina, Kast en Chile o Paz en Bolivia. Esto se ilustra con un ejemplo reciente que acaba de ocurrir en Bolivia donde, con la aprobación de un nuevo “Reglamento de adecuación de derechos mineros simplificado”, se elimina la licencia ambiental y la consulta previa para las cooperativas mineras.

Las brechas persistentes

Se mantienen enormes brechas entre las medidas ambientales que serían necesarias y el apego de políticos, empresarios y buena parte de la sociedad a estilos de desarrollo que, al final de cuentas, son responsables de lo que padecemos. Inevitablemente surgen múltiples interrogantes.

¿Cómo discutir las vías para abandonar los combustibles fósiles, cuando los gobiernos, empresas y amplios sectores ciudadanos ponen toda su atención en los aumentos de los precios de los combustibles en América Latina por el bloqueo del estrecho de Ormuz?

¿Cómo reclamar la defensa de la Amazonia en Perú, si miles de personas acosadas por la pobreza y falta de opciones se lanzan a la minería de oro aluvial para poder ganar unos dólares?

¿Cómo alzar la voz en Bolivia para evitar que los salares andinos sean devorados por la minería de litio si el país está colapsado por bloqueos carreteros y demandas cruzadas?

¿Cómo llamar a la defensa de la vida si mueren miles de personas por los misiles que unos países lanzan contra otros o llevan adelante impunemente un genocidio?

¿Cómo señalar que se pierde la biodiversidad mientras la violencia urbana y rural se mantiene en muchas regiones, y la muerte de las personas se vuelve una cotidianidad, como si fuera una desgracia inevitable a las que todos deben resignarse?

No tengo una respuesta mágica para esas preguntas, pero eso no implica, de ningún modo, una renuncia a seguir insistiendo en los llamados y reclamos a defender todas las formas de vida. El silencio no es una solución a esta problemática. Desentenderse de ese esfuerzo nos haría cómplices de la destrucción que denunciamos e intentamos revertir.

La política de la crisis ambiental

Al mismo tiempo, plantear interrogantes como las que se acaban de enumerar, es un paso fundamental para comprender que la problemática ambiental es inseparable de las circunstancias políticas. Precisamente, una de las razones de las inacciones actuales, es que se presentan reclamos o se intentan medidas desconectadas de los contextos políticos, económicos o sociales.

Eso nos lleva a reconocer que somos testigos del deterioro de la calidad de la política, entendida en su clásico sentido de servir a la justicia, la virtud y el bienestar de las personas. A medida que esos ideales se abandonan, las democracias enflaquecen bajo distintos autoritarismos, las opciones y oportunidades para informar y debatir sobre la problemática ambiental se acotan, y se generan vacíos que son ocupados por las lógicas mercantiles. Es una época de oscuridad, para retomar un calificativo de Hannah Arendt, empleado para los momentos de crisis y autoritarismo, que afectan las capacidades de pensar y derrumban los compromisos morales.

Bajo esa dinámica es difícil enarbolar los reclamos ambientales. No solamente se cierran espacios, sino que quienes insisten, por ejemplo, en denunciar los impactos de los extractivismos o el tráfico ilegal de maderas, son perseguidos por el Estado y por los grupos económicos que se benefician de la destrucción de la naturaleza. Entre los ejemplos más recientes se cuentan las medidas del Gobierno Noboa en Ecuador lanzando investigaciones judiciales contra defensores ambientales, o la imposición de controles en la gestión y las finanzas de las organizaciones ciudadanas, como ocurre en Perú.

El deterioro de la justicia y las salvaguardas de los derechos dentro de cada país se da la mano con los embates contra los acuerdos multilaterales que ofrecían esas coberturas, ya que gobiernos como los de Estados Unidos, China o Rusia los atacan. Entretanto, bandas criminales toman el control de la explotación de recursos naturales, como ocurre con la minería de oro aluvial, y la violencia se multiplica hasta alcanzar los asesinatos.

Desembocamos en la necropolítica: una política donde se tolera la muerte de las personas y de la naturaleza para mantener vivas las economías. La necropolítica es una consecuencia de estos tiempos oscuros. En esas condiciones, los países caen en sucesivas crisis, que pueden ser políticas, económicas o de otros tipos, las que, al mismo tiempo, agravan la problemática ambiental y suman impedimentos para poder resolverla. Esto permite abordar una condición clave: los temas del Día Mundial del Ambiente son inseparables de otras dimensiones, todas ellas enmarcadas en estilos de desarrollo que sueñan con seguir creciendo explotando tanto a las personas como a la naturaleza. Se desatiende o reniega de la crisis ambiental precisamente porque se interpreta que cualquier medida es un obstáculo al funcionamiento de las economías. De un modo análogo, se recortan las salvaguardas de los derechos humanos porque también son concebidas como trabas para un buen desempeño económico. Y, a su turno, se produce una política raquítica que permite seguir destruyendo la naturaleza y tolera la pobreza y la muerte de las personas.

Es por esas razones que en el Día Mundial del Ambiente, como en los demás días del año, no es posible celebrar medidas que apenas son actos cosméticos como las campañas de publicidad de empresas o gobiernos, es pertinente reconocer acciones valiosas, pero no contentarse con ellas si sabemos que no detendrán la avalancha de destrucciones que cotidianamente presenciamos. Asumir las dificultades que imponen los actuales contextos políticos lleva, por el contrario, a persistir porfiadamente en reclamar y actuar en defensa de todas las formas de vida. Estos tiempos oscuros se enfrentan iluminando con alternativas, luchando contra la contaminación, la extinción de especies o la desaparición de paisajes, con mejores teorías y prácticas, al mismo tiempo que se milita por la democracia y los derechos. Son tareas inseparables entre sí y para todos los días del año.

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México: IA obliga a universidades a replantear el sentido de la educación; 66% de estudiantes la usan

Carolina Gómez Mena
Aunque 73 por ciento del alumnado desconoce si su universidad cuenta con lineamientos claros para el uso de la inteligencia artificial (IA), según datos oficiales, 66 por ciento utiliza estas herramientas de manera cotidiana, ocho
de cada 10 las emplean para generar textos y 80 por ciento considera que transformarán profundamente la profesión que estudian, planteó el doctor Luis Medina Gual, director de Innovación Educativas de la Universidad Iberoamericana.

Al participar en TEDx IBERO, el especialista en evaluación del aprendizaje y tecnologías aplicadas a la educación, indicó que la irrupción de la IA está obligando a las universidades a replantear lo que significa aprender cuando una máquina puede producir respuestas en segundos y sostuvo que el principal desafío de la IA no es tecnológico, sino educativo.

Medina Gual aseguró que la inteligencia artificial obliga a replantear para qué educar y qué habilidades humanas seguirán siendo indispensables y reflexionó sobre los profundos cambios culturales que acompañan a esta tecnología.

A su juicio, gran parte del debate sigue concentrado en cómo enseñar, cómo evaluar o cómo evitar el uso de estas herramientas, cuando la pregunta más importante debería ser otra: “¿para qué educar y en qué deberíamos educar?”.

Nuevas generaciones crecieron rodeadas de plataformas digitales

Asimismo, recordó que las nuevas generaciones crecieron rodeadas de teléfonos inteligentes, plataformas digitales y acceso permanente a información, una realidad que está transformando la manera de aprender, relacionarse y construir conocimiento.

Ante ese escenario, consideró que las universidades deben adaptarse con rapidez, pero sin perder de vista su misión esencial.

“La inteligencia artificial no nos está volviendo más inteligentes. La inteligencia artificial nos está obligando a custodiar la inteligencia humana”, sostuvo.

Frente a esta realidad, más que competir con los algoritmos, el reto de la educación superior será fortalecer aquello que sigue siendo exclusivamente humano: la capacidad de formular buenas preguntas, ejercer juicio crítico y tomar decisiones responsables en un mundo cada vez más mediado por la tecnología.

Para explicar la magnitud del cambio, relató una experiencia ocurrida en una de sus clases de estadística. Tras revisar diversos trabajos académicos, detectó conceptos y estructuras que nunca habían sido abordados en el aula. Al preguntar al alumnado, la respuesta fue inmediata: habían utilizado IA.

No interpretó el episodio como un problema disciplinario, en cambio decidió convertirlo en una oportunidad para reflexionar sobre el futuro de la educación.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/06/05/sociedad/ia-obliga-a-universidades-a-replantear-el-sentido-de-la-educacion-66-de-estudiantes-la-usan
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Dolores menstruales afectan la educación de niñas en Brasil

De cada diez estudiantes de primaria y secundaria que menstrúan, seis informan tener cólicos fuertes y moderados que alteran su rutina escolar y requieren el uso de medicamentos. Cerca de cuatro de cada diez alumnas (37.1%) faltan a clases mensualmente por dolores menstruales.

Los datos provienen de una investigación realizada por el Instituto Alana en alianza con el Instituto Equidade.info y se difundieron con motivo del Día Internacional de la Dignidad Menstrual, celebrado el jueves (28). La fecha tiene como objetivo promover el debate y combatir el estigma y la pobreza menstrual.

El relevamiento se realizó en febrero de este año con 2.551 estudiantes –de los cuales 770 son estudiantes que menstrúan–, 303 docentes y 181 directivos escolares de las redes de educación pública y privada de todas las regiones del país.

Síntomas menstruales

El sondeo inédito revela que el principal síntoma menstrual que impide a las alumnas asistir a clases es el cólico, mencionado por el 57,7% de las entrevistadas. Las demás manifestaciones relacionadas con la menstruación señaladas son:

  • cansancio y dolores corporales (30,1% de las entrevistadas);
  • dolores de cabeza (28%);
  • dolor de estómago (20,1%);
  • vergüenza y miedo a tener manchas o derrames (19,3%);
  • falta de baños o de productos de higiene (8,2%).

Ausencias y retrasos

Los datos recopilados revelan que los síntomas del flujo menstrual pueden provocar, aproximadamente, dos días de inasistencia al mes.

Sofia Reinach, una de las líderes del Instituto Alana, explica que el ausentismo en los días de dolor puede afectar el aprendizaje, el vínculo con la escuela y las oportunidades educativas a lo largo de la trayectoria escolar, por lo que debe abordarse con seriedad.

“Casi el 40% de las niñas en Brasil están perdiendo al menos un día de clase al mes a causa de los dolores menstruales: es una parte muy grande de la población que debe recibir atención para que esto no signifique un rezago escolar y una desventaja crónica en el aprendizaje”.

El Instituto Alana enfatiza que es necesario reconocer el dolor como un problema colectivo y sugiere la adopción de protocolos de faltas justificadas y orientación para el cuerpo docente. Se espera que los cambios puedan reducir la vergüenza de las alumnas y mejorar el registro de estos casos.

Desigualdad racial en la menstruación

El estudio también señala la disparidad racial. A pesar de que las niñas afrodescendientes manifiestan sentir menos cólicos fuertes, faltan más a clases.

En este recorte racial, pierden hasta 1,5 veces más días de clase (de dos a cinco días por mes) que las alumnas blancas: el 14,5% de las alumnas negras faltan de dos a cinco días al mes por motivos menstruales. Entre las alumnas blancas, el índice de inasistencias cae al 9,6%.

Cuando se observa la experiencia del dolor en el periodo menstrual, tampoco hay uniformidad entre los grupos raciales. Las niñas blancas reportan sentir un dolor más intenso. Entre las entrevistadas blancas, el 37,5% describe sus cólicos como fuertes. Entre las niñas y adolescentes afrodescendientes, ese índice es menor (25,9%). Al mismo tiempo, el 16% de las niñas afrodescendientes afirma no sentir cólicos menstruales, frente al 8,5% de las blancas que informan no sentir dolor en ninguna intensidad.

Sofia Reinach concluye que, en realidad, el indicador de dolores fuertes subestima el problema entre las alumnas afrodescendientes: ellas normalizan más sus dolores porque culturalmente se les enseña a creer que el dolor no debe considerarse como algo que requiera tratamiento.

“Las niñas negras definen menos su dolor como fuerte. Aparentemente, tienen un umbral de dolor más alto, por lo tanto, lo reconocen menos como un dolor incapacitante. Pero, en la práctica, el impacto del dolor las aleja de sus actividades y de la escuela”, concluyó Sofia Reinach.

La especialista defiende que los profesionales de los sectores de la educación y de la salud “desaprendan ese sesgo antiguo de que los cuerpos negros sienten menos dolor” o que son más resilientes.

“Es muy importante que esa percepción cambie, porque las niñas negras sienten dolor, pero hablan menos de ello. Los oídos de los profesionales tienen que estar más atentos. La escuela debe formar parte de una red de cuidado”, subraya Sofia.

Para que la niña afrodescendiente reciba el seguimiento adecuado y los impactos del dolor sean los menores posibles, la especialista en salud menstrual y dolor pélvico destaca la necesidad de que los profesores lo noten, que los directivos escolares pregunten al respecto y que se involucre a las familias.

Proyecto contra la pobreza menstrual

Rio de Janeiro (RJ), 27/05/2026 – Ana Clara Maimoni, Ação do Projeto Contra a Pobreza Menstrual, no Centro de Ensino Vila Planalto. Foto: Projeto Contra a Pobreza Menstrual/Divulgação

Ana Clara Maimoni, acción del Proyecto Contra la Pobreza Menstrual, en Vila Planalto. Foto: Divulgación del proyecto

En Brasilia, la estudiante de publicidad y propaganda Ana Clara Maimoni movilizó a vecinos y conocidos para recolectar toallas femeninas.

“Siempre me pareció un absurdo que los centros de salud den preservativos gratis, pero no den toallas sanitarias, y cómo esto afecta nuestra vida”.

Ana Clara logró recolectar cerca de 1 mil toallas femeninas, las cuales fueron donadas a una escuela donde las alumnas no tenían pleno acceso a ellas. El inventario fue suficiente para abastecer a las niñas durante seis meses.

Su proyecto contra la pobreza menstrual también incluyó una charla con profesionales de la salud para informar a las estudiantes en Vila Planalto, una zona económicamente vulnerable de la capital federal. “A las niñas les encantó y participaron mucho, hicieron varias preguntas”, comentó Ana Clara.

Según la estudiante, la escuela es un espacio estratégico para abordar este tema, y es justamente de la educación de lo que estas niñas terminan privadas cuando no tienen acceso al mínimo necesario para la dignidad menstrual.

“Muchas veces no hablan de eso porque todavía se considera un tabú en muchos lugares”, resalta.

Educación menstrual

Muchas estudiantes llegan a su primera menstruación sin ninguna orientación sobre el ciclo y, por este motivo, el Instituto Alana recalca la importancia de hablar sobre salud menstrual antes de la menarquia.

“Necesitamos adelantar los debates sobre salud menstrual en las escuelas hacia la primaria. Además, debemos tener una mirada atenta y ampliar las estrategias de cuidado para este grupo de edad en especial, para que las niñas con mucho dolor y con menarquia precoz tengan un seguimiento más cercano”, prioriza Sofia Reinach.

Trabajadoras de la educación

Las escuelas brasileñas sufren doblemente por las inasistencias, tanto de alumnas como de profesoras. En el universo encuestado, el 28,3% de las directoras escolares confirmaron tener cólicos fuertes y el 16,9% de las entrevistadas ya ha faltado al trabajo por motivos menstruales.

Dentro del salón de clases, el 15,8% de las profesoras describieron tener cólicos fuertes y una de cada diez docentes (12,1%) faltó al trabajo al menos una vez en el último año por motivos menstruales.

Considerando que el 37,1% de las alumnas faltan mensualmente por la menstruación y el 64% reportó cólicos moderados o fuertes, el estudio sugiere que el porcentaje más reducido entre las profesionales de la educación, en relación con las estudiantes, puede reflejar, en parte, un mayor acceso a diagnósticos, seguimiento y tratamiento del dolor entre las adultas, así como la responsabilidad de la vida profesional.

“Las profesoras faltan menos que las alumnas. A medida que avanza la vida, la responsabilidad aumenta y las profesionales ven su trabajo amenazado debido a los dolores, las profesoras se esfuerzan más por convivir con ese dolor en su entorno laboral”, observa el estudio.

Sofia Reinach defiende la adopción de políticas de salud menstrual en el entorno escolar que incluyan a estudiantes y trabajadoras, con protocolos adecuados para cada perfil. “Necesitamos entender que el dolor menstrual aleja a niñas y mujeres de la cotidianidad escolar y vuelve esto un fenómeno acumulativo. Las escuelas están sufriendo doblemente con estas faltas, tanto de alumnas como de profesoras”.

Desconocimiento de los varones

La menstruación todavía se comprende poco como una cuestión colectiva dentro de la escuela. Los datos muestran que el 36,8% de los estudiantes varones afirma no pensar mucho en el tema, casi el doble de lo registrado entre las niñas (19,7%).

La diferencia también aparece en la percepción sobre los impactos del ciclo menstrual en la rutina: cerca de una cuarta parte de los niños y adolescentes (23,7%) cree que la menstruación puede perjudicar el rendimiento escolar o la práctica deportiva, mientras que el 41,2% de las alumnas reconoce este efecto negativo.

“Es fundamental que el tema de la menstruación deje de ser un tabú. Y para ello, necesitamos incluir a los varones en las conversaciones cotidianas. Ya no es posible que la menstruación sea un asunto exclusivo de niñas y mujeres en su intimidad”, constata Sofia.

La idea es que los hombres niños y jóvenes dejen de ser espectadores pasivos o agentes de incomodidad y pasen a formar parte de una red de apoyo para ellas.

*Colaboró Alice Rodrigues, pasante de Agência Brasil en Río de Janeiro

Fuente de esta noticia: https://agenciabrasil.ebc.com.br/es/direitos-humanos/noticia/2026-05/dolores-menstruales-afectan-la-educacion-de-ninas-en-brasil

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Miles de estudiantes y profesores se movilizan en Bélgica contra los recortes en educación

Violentas cargas y decenas de detenidos ayer en las manifestaciones de Bruselas y Namur contra el plan del Gobierno de subir un 35% las matrículas universitarias.

La segunda jornada de protesta multitudinaria convocada por colectivos estudiantiles y sindicatos docentes derivó este jueves en momentos de fuerte tensión a causa de la represión policial en el centro de Bruselas y en otras ciudades de Valonia. Alrededor de 3.000 manifestantes concentrados en las inmediaciones del Parlamento de la Federación Valonia-Bruselas y de la Estación Central de la capital manifestaron su firme rechazo al proyecto de ley que contempla severas medidas de recorte en el sector educativo. La movilización, que también se replicó en localidades como Namur, Charleroi, Lieja y diversas zonas de Henao, registró duras intervenciones policiales, que incluyeron el uso de gases lacrimógenos y disparos de munición «no letal» en el casco urbano bruselense. Según datos del diario Le Soir, hubo al menos dos decenas de detenidos solo durante la mañana.

El descontento social responde al plan gubernamental de la Comunidad Francesa de Bélgica para implementar un recorte que incrementará las tasas universitarias anuales de los 835 euros actuales a 1.194 euros para la mayoría de los estudiantes. Aunque la administración defiende que la cifra «sigue siendo baja en la comparativa internacional», la medida supone un incremento inmediato del 35% para las economías de miles de familias trabajadoras. Además del impacto financiero sobre el alumnado, la reforma afecta de forma directa al cuerpo docente de la educación secundaria, con el despido de almenos 2.000 docentes y la exigencia de impartir dos horas lectivas adicionales por semana sin percibir ninguna remuneración extra, junto con una revisión de las normativas de permanencia laboral.

Por su parte, las autoridades del Ejecutivo de la Comunidad Francesa defendieron la «urgencia» de la normativa bajo la excusa de «la necesidad de sanear las finanzas públicas». La jefa del Gobierno de la comunidad, Elisabeth Degryse, y la ministra de Educación, Valérie Glatigny, sostuvieron en una comparecencia de prensa que la homologación de las tasas con las universidades de la región de Flandes, mucho más rica de media, «permitirá liberar recursos esenciales que el Estado prevé reinvertir a largo plazo dentro del propio sector».

https://diariosocialista.net/2026/06/05/miles-de-estudiantes-y-profesores-se-movilizan-en-belgica-contra-los-recortes-en-educacion/

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El presente no da lugar al futuro en América Latina

Por Aram Aharonian 

América Latina se encuentra en un momento de transición y cambio, cuando las decisiones tomadas hoy tendrán repercusiones a largo plazo. La región enfrenta desafíos como las migraciones masivas, el desempleo juvenil y la polarización política. Pero también tiene fortalezas como la estabilidad macroeconómica y la abundancia de recursos mineros y de energías renovables, tan apetecidos por las grandes potencias .

Es una estupidez perder el presente solo por el miedo de no llegar a ganar el futuro, señaló José Saramago.  El pánico a la inestabilidad suele empujar a las sociedades hacia una parálisis emocional. Sobre esta premisa, el Premio Nobel de Literatura  recuerda en La Caverna que el costo de protegerse contra la incertidumbre es, casi siempre, la renuncia a la propia vida. Esa fijación con el mañana anula la capacidad de acción y confina al individuo a la pasividad, en una espera eterna.

Saramago deja en claro que el capitalismo y el consumo masivo devoran la identidad de los ciudadanos, que la alienación progresiva hace que los habitantes del complejo pierdan su condición humana, que la comodidad de una ilusión confortable sustituye el contacto con la realidad, emulando a los prisioneros mitológicos.

El desasosiego que genera la transformación del entorno empuja a los personajes a mudarse al corazón de esa urbe artificial, en donde la búsqueda de una falsa estabilidad dentro del engranaje consumista despoja a las personas de su autonomía. El temor a la exclusión económica obliga a aceptar una supervivencia deshumanizada, alerta el intelectual portugués.

El presidente estadounidense Donald Trump ha dejado muy claro que quiere controlar el continente, y ha declarado explícitamente que “el dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a cuestionarse”. Las tres naciones más grandes de la región —Brasil, México y Colombia, dirigidas por políticos progresistas— criticaron la captura estadounidense del presidente venezolano Nicolás Maduro con distintos grados de indignación y diplomacia.

Las reacciones divergentes muestran cómo el gobierno de Trump, cada vez más agresivo, está alterando la política de América Latina. Aunque sus respuestas públicas puedan ser diferentes, todos parecen compartir un objetivo común en una nueva era de intervencionismo estadounidense, dadas las experiencias recientes en Venezuela (ataque y secuestro del presidente Nicolás Maduro) y en el  bloqueo criminal a Cuba: la autopreservación.

“Por supuesto que queremos tener buenas relaciones con Estados Unidos. Es un país muy importante en todos los sentidos. Pero no hay forma de evitar condenar esta acción”, dijo Celso Amorim, principal asesor de política exterior del presidente brasileño  Lula da Silva. Añadió que antes del ataque a Venezuela, “las cosas avanzaban de forma positiva”, en referencia a la relación entre EEUU y Brasil. “Todavía espero que eso sea posible”.

Poco duró el optimismo: El gobierno de Donald Trump a través del Departamento de Estado dirigido por Marco Rubio anunció la designación de las bandas Primeiro Comando da Capital (PCC) y del Comando Vermelho (CV) como «Organizaciones Terroristas Extranjeras», lo que habilita sanciones financieras severas y amplía las herramientas legales de Washington. La medida fue rechazada por el gobierno de Lula, que la considera una intromisión en la soberanía brasileña.

En casa ¿cómo andamos?

La crisis actual de América Latina es similar a las de los años 1930, con síntomas que se repiten: disputa hegemónica, ascenso de derechas autoritarias proestadounidenses, fragilidad institucional, guerras latentes. No se trata de una crisis económica ni política: es una crisis civilizatoria. No está en juego únicamente la reproducción del capital, sino la reproducción de la vida. Y también están en juego los recursos minerales, energéticos, el agua, que significan el presente y el futuro de las sociedades.

Hace casi un siglo, el capitalismo encontró una salida tras luchas sociales, guerras, pactos forzados, que obligó a la intervención y regulación del Estado, que intervino, redistribuyó, reguló, lo que facilitó recomponer legitimidad. El capital cedió para no arder. Un siglo después, las condiciones han cambiado radicalmente: el capital aprendió a gobernar de otra manera, aprendió a tolerar la redistribución sin perder el control, siempre que el sentido del valor permaneciera intacto, señala René Ramírez.

En décadas recientes, frente a la obscenidad neoliberal, algunos gobiernos progresistas lograron reducir  la pobreza, ampliaron derechos, restituyeron la dignidad de millones, representaron un giro histórico… quizás sin haber evaluado la profundidad del problema que enfrentaban. Sí, redistribuyeron, pero no cambiaron el sistema.

El progresismo asume que la desigualdad es de ingresos o de oportunidades. Pero esa es sólo la superficie. Esta desigualdad está anclada en la larga duración del colonialismo: el colonizador organizó el mundo a su favor y reproduce el colonialismo aún hoy.

La riqueza se distribuyó históricamente de forma asimétrica. Y esa distribución no desapareció con la independencia formal. Se transformó en colonialismo interno: en estructuras de propiedad, en jerarquías raciales, en divisiones territoriales. Por eso, incluso en contextos de crecimiento o redistribución, las brechas persisten. Los avances progresistas fueron importantes, pero insuficientes para revertir la concentración patrimonial histórica.

La Pax Silica

Si hace décadas el orden mundial se cimentaba sobre el acero y el control de las rutas petroleras, hoy el tablero geopolítico se decide en una escala mucho más pequeña, casi invisible al ojo humano: los nanómetros: quien controle el diseño y la fabricación de los semiconductores controlará la economía del siglo XXI. Y es aquí donde aparece la denominada Pax Silica, la nueva y agresiva apuesta de la administración de Donald Trump para reescribir las reglas del juego tecnológico global.

Bajo el gobierno de Javier Milei, Argentina se ha convertido en el alumno modelo de esta nueva fase colonial. Washington ha firmado un acuerdo marco sobre minerales críticos y celebra el «gran liderazgo» de Milei en identificar proyectos prometedores de litio y cobre. Una alianza estratégica donde Argentina pone el recurso y EEUU se lleva el beneficio, incluso gestionando el ingreso del país al exclusivo grupo «Pax Silica».

Uno de los principales cuestionamientos a la reforma de la Ley de Glaciares en Argentina es la posibilidad de habilitar actividades extractivas (también de empresas extranjeras) en zonas anteriormente protegidas. La minería, especialmente la de litio, cobre y oro, puede implicar intervenciones que alteren la estabilidad de los glaciares y su entorno: contaminación por metales pesados, el uso de sustancias químicas, la alteración de cursos de agua y la fragmentación de ecosistemas de alta montaña.

Tras el giro político en Caracas, el agresor EEUU ejerce un control directo. El secretario del Interior, Doug Burgum, desembarcó en Caracas con representantes de gigantes mineras como Peabody Energy y Glencore. El objetivo es claro: acceder a las reservas de bauxita, níquel, oro y tierras raras, además del petróleo, abriendo estos sectores a la inversión extranjera incondicional o más bien a los capitales estadolunidenses.

Y, a pesar de las diferencias políticas, la administración Trump busca recomponer lazos con el gobierno de Lula da Silva, consciente de que Brasil es un «socio estratégico esencial» por sus reservas de tierras raras pesadas. La Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de EE.UU. (DFC) ya financia proyectos en Goiás (Serra Verde y Aclara). Washington no solo quiere el mineral, sino controlar el procesamiento, un eslabón clave hoy dominado por China.

Como dijo Saramago, es una estupidez perder el presente solo por el miedo de no llegar a ganar el futuro.

Aram  AharonianPeriodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

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¿Debe la OMS declarar la crisis climática una emergencia de salud pública internacional?

Por: Julio Díaz, Cristina Linares Gil, Luis Andrés Gimeno Feliu 

Recientemente, un grupo de científicos pertenecientes a la Comisión Paneuropea sobre Clima y Salud ha planteado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que la crisis climática sea considerada una emergencia de salud pública de importancia internacional. Pero ¿puede considerarse realmente así?

La OMS ha reservado hasta ahora la declaración de Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII o PHEIC, por sus siglas en inglés) para amenazas agudas, principalmente infecciosas, como la gripe H1N1, el ébola, el zika, mpox y covid-19. Sin embargo, en ese reciente informe, la Comisión Paneuropea de Clima y Salud propone algo inédito: considerar la crisis climática como una ESPII.

La propuesta refleja un cambio profundo en la comprensión científica del riesgo sanitario global. El cambio climático ya no se percibe solo como un problema ambiental o económico: es un multiplicador sistémico de enfermedades, muertes e inequidades a través de la modificación de los determinantes sociales y ambientales de la salud.

La pregunta clave es si el cambio climático cumpliría los criterios establecidos por la OMS para declarar una ESPII. Según el Reglamento Sanitario Internacional (RSI) de la OMS, una ESPII es “un evento extraordinario” que:

– Constituye un riesgo para la salud pública de otros Estados mediante la propagación internacional.

– Puede requerir una respuesta internacional coordinada.

– Es “grave, repentino, inusual o inesperado”.

Una amenaza para la salud pública y los sistemas de salud

La evidencia científica acumulada en los últimos años muestra que el cambio climático afecta ya a la salud humana a través de múltiples mecanismos simultáneos que se retroalimentan. Las altas temperaturas son responsables del 95 % de las muertes relacionadas con factores meteorológicos extremos, con más de 62 000 fallecimientos atribuibles al calor en Europa en 2024 y más de 24 000 muertes atribuibles a las olas de calor en España en la década 2015-2024.

Además, la contaminación atmosférica está relacionada con el cambio climático no solo en cuanto a las fuentes de emisión, sino también porque favorece situaciones meteorológicas, como los anticiclones, que impiden la dispersión de contaminantes. Por otra parte, el cambio climático está aumentando en frecuencia e intensidad el material particulado proveniente del Sahara.

Ambos fenómenos están presentes durante las olas de calor en España, provocando un importante empeoramiento de la calidad del aire y potenciando los efectos sinérgicos sobre la salud de la temperatura y la contaminación. En este país, la contaminación atmosférica se relaciona anualmente a corto plazo con un rango de entre 10 000 y 20 000 muertes, 10 veces más que las atribuidas a las temperaturas durante las olas de calor.

Otro riesgo importante lo constituye la ocurrencia de incendios forestales cada vez más intensos y extensos, que empeoran la calidad del aire de países alejados miles de kilómetros de su foco. Por ejemplo, los incendios forestales de Canadá en 2023 se relacionaron con más de 80 000 muertes en EE. UU., Europa y Canadá.

Además, las alteraciones en el clima unidas al incremento de contaminación atmosférica están cambiando la distribución de los aeroalérgenos y los patrones estacionales de las enfermedades alérgicas.

Por otro lado, el cambio climático se relaciona con otros eventos meteorológicos extremos como sequías e inundaciones que a su vez provocan el desplazamiento de las poblaciones y agravan situaciones de pobreza y hambrunas. También empeora la disponibilidad y seguridad de los alimentos e influye en la distribución de enfermedades transmitidas por vectores, como mosquitos, que hacen que enfermedades tropicales como el dengue, el chikunguña o el virus del Nilo Occidental se estén expandiendo hacia regiones templadas de Europa. Asimismo, hace que se incrementen las infecciones transmitidas por garrapatas, ampliando su área de distribución.

La crisis climática además se relaciona con un aumento en la morbimortalidad en el área de la salud laboral y con impactos en salud mental asociados a desastres climáticos, desplazamientos forzados y pérdida de medios de vida.

¿Puede la crisis climática ser considerada una ESPII?

A continuación, analizamos si el cambio climático cumple los criterios establecidos por la OMS para las Emergencias de Salud Pública de Importancia Internacional:

1. ¿Es un evento grave?

Sin duda. La propia OMS considera el cambio climático como la mayor amenaza actual para la salud de la humanidad y el informe de la Comisión Paneuropea subraya que afecta simultáneamente a mortalidad, morbilidad, salud mental, enfermedades infecciosas, enfermedades cardiovasculares y respiratorias, nutrición y desigualdades sociales. Además, amplifica vulnerabilidades preexistentes.

2. ¿Tiene implicaciones internacionales?

Claramente sí. El cambio climático es, por definición, transfronterizo. Las emisiones de un país afectan a la salud de otros. Los incendios forestales generan contaminación atmosférica que cruza fronteras. Las enfermedades transmitidas por vectores expanden su rango geográfico. Los fenómenos extremos afectan a cadenas alimentarias, migraciones y estabilidad económica global.

3. ¿Requiere una respuesta internacional coordinada?

Probablemente este sea el criterio que mejor encaja con la crisis climática. Ningún país puede afrontar por sí solo los impactos sanitarios del cambio climático. La adaptación de sistemas sanitarios, los sistemas de alerta temprana, la vigilancia epidemiológica climática, la reducción de emisiones o la protección de poblaciones vulnerables exigen cooperación internacional. Las 30 Conferencias de las Partes (COP) celebradas para intentar mitigar las emisiones que provocan el cambio climático dan respuesta a esta necesidad de implicación internacional. Precisamente, la lógica de las ESPII es movilizar coordinación global, recursos y acción política rápida.

4. ¿Es “repentino” o “inesperado”?

Aquí aparece el principal debate. El cambio climático no es un evento súbito como un brote epidémico. Es un proceso progresivo y acumulativo. Sin embargo, sus manifestaciones e impactos en salud sí incluyen fenómenos agudos y extremos cada vez más frecuentes como los ya citados. Además, el Reglamento Sanitario Internacional no exige que todos los criterios sean simultáneamente repentinos, sino que el evento sea “grave, repentino, inusual o inesperado”. La excepcionalidad y magnitud de la crisis climática podrían justificar una interpretación evolutiva del concepto.

Implicaciones de declarar la crisis climática como ESPII

Declarar el cambio climático una ESPII podría tener sobre todo un enorme efecto político y comunicativo. La Comisión Paneuropea sostiene que esta clasificación ayudaría a situar la salud en el centro de la acción climática y aceleraría medidas urgentes para proteger a la población.

No resolvería la crisis climática, pero podría actuar como catalizador para reforzar la cooperación internacional, aumentar la financiación sanitaria y climática, combatir la desinformación y priorizar la adaptación de los sistemas de salud.

En el fondo, el debate refleja algo más profundo: la crisis climática no puede entenderse únicamente como un problema ambiental. Es una emergencia sanitaria global, una emergencia de salud pública de enorme complejidad, capaz de amplificar prácticamente todos los grandes riesgos para la salud del siglo XXI.

La cuestión quizá ya no sea si el cambio climático encaja exactamente en una categoría diseñada originalmente para epidemias, riesgos químicos o radiactivos, sino si las categorías actuales siguen siendo suficientes para describir la magnitud del desafío económico, social y de salud al que nos enfrentamos con la crisis climática.

Autor@s:

Julio Díaz. Codirector de la Unidad de Referencia de Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente Urbano. Profesor de Investigación. ISCIII, Instituto de Salud Carlos III

Cristina Linares Gil. Codirectora del Dpto. de Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente Urbano, Instituto de Salud Carlos III

Luis Andrés Gimeno Feliu. Medicina Familiar y Comunitaria. Centro de Salud San Pablo. Profesor titular, Universidad de Zaragoza

Este artículo ha sido escrito en colaboración con Jesús de la Osa, coordinador del Itinerario Formativo en Salud Global del Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud (IACS).

Fuente: https://theconversation.com/debe-la-oms-declarar-la-crisis-climatica-una-emergencia-de-salud-publica-internacional-283786

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