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Cómo detectar y combatir las fake news en un mundo digitalizado. ¡Participa en un nuevo monográfico!

El COVID-19 ha acelerado la digitalización en un mundo ya de por sí globalizado. La preocupación por la desinformación y las noticias falsas (fake news) ha aumentado a raíz del confinamiento y se ha incrementado aún más con los rumores y bulos sobre los beneficios e inconvenientes de vacunarse contra el coronavirus.

Ante este panorama, no extraña que la alfabetización mediática o educomunicación, una antigua reivindicación, resurja ahora por ejemplo en la petición de dobles grados de maestro/a en Educación y Comunicación por parte del profesorado de ambas disciplinas.

Ahora bien, la educación necesita tiempo para dar sus frutos, y vivimos en contextos cada vez más acelerados, por lo que urge buscar una solución para formar a la ciudadanía en el espíritu crítico y dotarla de los conocimientos y herramientas que le permitan detectar y reaccionar ante contenidos falsos en cualquier vía de comunicación, sea una red social, una aplicación de mensajería instantánea, etc.

Por todo ello, Educaweb lanza un nuevo monográfico en el que invita a todas las personas que lo deseen a responder a alguna de las siguientes cuestiones a través de un artículo:

1. ¿Qué papel debe jugar la educación y la formación en la neutralización de las fake news en la diferentes etapas de la vida?

2. ¿Cómo se puede formar a la ciudadanía para detectar y combatir contenidos falsos?

3. ¿Qué experiencias y prácticas de referencia existen en el entorno de la educación y la formación que puedan ser transferibles?

El plazo para enviar el artículo finaliza el 16 de septiembre.

Normas para la aceptación de artículos

El texto ha de ser inédito, contener entre 500 y 1.500 palabras y presentarse en formato Word o procesador de textos similar. El documento puede enviarse en cualquier lengua del estado o en inglés a redac@educaweb.com y ha de incluir:

Título
Nombre y apellido del autor/es
Cargo/s
Entidad de procedencia, si es el caso
Lugar de procedencia (población, comunidad, país)
Correo electrónico de contacto
Cuentas en redes sociales, si quiere contribuir a su difusión

También ha de adjuntarse una fotografía del autor/es para ilustrar el artículo, que debe medir como mínimo 214×250 píxeles.

Educaweb se reserva el derecho de introducir pequeñas modificaciones que mejoren la calidad del texto y su diseño. Se rechazarán aquellos artículos que se hayan publicado con anterioridad, no respondan a las preguntas formuladas en la convocatoria, contengan textos copiados de otras fuentes o supongan una forma de publicidad o propaganda. Puede consultarse el copyright de los contenidos de Educaweb.

Política de enlaces externos

Se permite un máximo de 5 enlaces a páginas externas en cada artículo/entrevista, siempre y cuando estos proporcionen valor añadido al contenido, complementando la información u ofreciendo referencias útiles y de calidad para el lector que tengan relación con el tema propuesto. No se admiten enlaces a páginas publicitarias o formularios de registro. De estos enlaces solamente uno puede ir a un blog personal, redes sociales del autor o de la organización a la que pertenece, o bien a algún artículo en la página de la organización.

Inserción de publicidad

En caso de querer publicitar algún producto, servicio o proyecto, existe la posibilidad de insertar un anuncio publicitario en el monográfico con un logo de 100×50 píxeles y un link. Para conocer las tarifas, puede escribir a publi@educaweb.com o rellenar un formulario de solicitud de información.

El monográfico es un suplemento especial mensual que reciben todos los suscriptores del boletín de Educaweb.com. Esta revista electrónica de carácter divulgativo dispone ISSN y llega a más de 115.000 suscriptores, la mayoría relacionados con el ámbito educativo y laboral. Es posible ver todos los monográficos anteriores.

Fuente de la información  e imagen: https://www.educaweb.com

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La era del móvil: responsabilidad compartida entre generaciones

Por: Laura Casamitjana García, Santiago Giraldo

Los padres que aprenden de los hijos porque la tecnología (casi) siempre ha sido un asunto de jóvenes. Pero ser un nativo digital capaz de administrar pantallas y likes con solvencia implica también la adquisición de competencias de comprensión crítica en el uso tecnológico

Cuando pensamos en la tecnología se nos suele pasar por la cabeza la imagen de Steve Jobs en alguna de sus presentaciones del iPhone luciendo su típico jersey negro de cuello de cisne. También nos acordamos de Mark Zuckerberg vestido con su clásica camiseta blanca y sus miles de millones de dólares guardados en la cuenta bancaria. Aunque nos parezcan de otra galaxia hay cosas que nos unen de lleno con ellos —además de la ropa barata—.

La tecnología siempre había sido vista como algo de “cerebritos”, esas personas encerradas en talleres oscuros creando cosas que solo ellos entendían. Pero la aparición del internet abierto y de las redes sociales cambió las reglas del juego. La tecnología ahora es concebida como aquello que absorbe a los jóvenes durante horas, por no hablar de los niños que nacen con una tablet debajo del brazo. Hay escepticismo y hay recelo. Los más adultos muchas veces no conciben el motivo por el cual sus hijos pueden estar en Instagram con el móvil, mirando HBO con el ordenador y, mientras tanto, tener la televisión de fondo. Pero también los ya adultos cuentan con el móvil como un órgano más de sus brazos, dedos, ojos y vidas.

La Generación Z —o Centenials, esas personas nacidas entre 1994 y 2010— son los “tecnologizados” por excelencia. Son los que, si dentro de unos años se produjera un remake de la película Cómo conocí a vuestra madre, responderían al unísono: “por Tinder”. Muchos aspectos de nuestras vidas cotidianas se mueven en las redes sociales y el hecho de haber nacido con la tecnología como niñera, pues muchas veces nuestros padres prefieren ver Netflix a jugar con nosotros en el parque, nos ha hecho ser nativos digitales por naturaleza. Hemos aprendido a manejarla y, sobre todo, somos más hábiles que muchos de los adultos —incluidos varios de nuestros profesores— en crear trucos digitales, establecer atajos para saltarse las restricciones escolares de la red o para conectarnos a la red wifi del vecino.

El caso es que la tecnología es nueva para todos. Pero mientras los mayores han tenido que cambiar sus hábitos de consumo, de relaciones, de aprendizaje, de lectura, nosotros, los jóvenes, hemos tenido siempre los mismos hábitos. Todos digitales. Por eso nos suena a chino cuando los profesores nos hablan del telégrafo, la televisión de dos cadenas nacionales, la máquina de escribir o las pantallas de ordenadores en monocromo verdes o naranjas. No sentimos nostalgia por el cambio. Les pasa lo mismo a ellos cuando nos preguntan cómo funciona Snapchat, por qué nos gustan tanto los youtubers, qué es eso de Telegram o por qué llegan tantas cajas a casa con el logo de un señor de nombre Amazon.

El cambio ha sido brusco para todos. Sobre todo, porque aprendemos al mismo tiempo sobre el uso de la tecnología. Por primera vez en la historia nuestros padres no saben más que nosotros en alguna materia de la vida cotidiana. Adquirimos experiencia en el uso de las redes al mismo tiempo que ellos. Pero somos, por naturaleza, más hábiles con las pantallas.

Los errores con la tecnología y con las redes los cometemos todos. Los niños, los jóvenes, los adultos y los adultos mayores. De hecho, como indicó un estudio de empantallados.com y la consultora Gad3 a comienzos de 2019, un tercio de los padres en España se considera un mal ejemplo para sus hijos en el uso de los teléfonos móviles.

La mayoría de los padres usan mal la tecnología

“¿Has visto el stories de Xavi? Tu hijo está aprendiendo a pintarse las uñas, es monísimo”. “Mira qué gracioso el vídeo de Marta, sale su hija bailando Despacito”. “¿Sabes que Jorge y Albert le han abierto un canal de YouTube al niño? Se ve que promociona juguetes y hasta le regalan cosas”.

¿Cómo verán estos menores su imagen de pequeños en redes cuando sean adultos?

Puede que, como una anécdota divertida, o puede que como una vulneración de su derecho a la intimidad personal y a la propia imagen. Hagan memoria, los adultos. ¿Recuerdan cuando su madre sacaba los álbumes de fotografías para mostrarle sus fotos de pequeños a sus amigos del instituto? No molaba, ¿verdad?

La tendencia por parte de muchos padres a subir imágenes y contenidos sobre sus hijos en las redes ha abierto un debate muy importante: ¿tienes derecho a publicar imágenes de quiénes aún no son conscientes de lo que esto conlleva? Según un estudio de la Universidad de Michigan, el 27% de los padres publica fotos inapropiadas de sus hijos. El porcentaje sube hasta el 56% en cuanto a compartir información embarazosa sobre los niños y niñas. Muchos niños y niñas ya han declarado que no les gusta que sus padres suban fotos suyas a las redes sociales.

El fenómeno se conoce como el sharenting. La tendencia a compartir la vida de los hijos en las redes sociales. La práctica está tan extendida que, según el libro American Girls: Social Media and the Secret Life of Teenagers, publicado por Nancy Jo Sales en 2016, más del 90 por ciento de los niños en los Estados Unidos tienen una identidad en las redes sociales a los dos años.

Algunos de los hijos expuestos a la mediatización extrema en las redes han hasta demandado a su padres, como lo recogió el portal de Euronews. Es que, a pesar de que los padres ejercen el derecho de patria potestad sobre sus hijos y declaran que comparten sus fotos porque se sienten muy orgullosos de ellos, los niños pueden ver vulnerados sus derechos a la privacidad. Compartir su imagen y su intimidad no ayuda en nada a su protección.

Un ejemplo concreto del conflicto entre padres que publican las fotos y los niños que no les gusta esta práctica fue protagonizado por la actriz norteamericana Gwyneth Paltrow. La estrella de Avengers compartió una foto en su perfil de Instagram en la que aparece acompañada de su hija Apple en una pista de esquí. Apple no tardó en reaccionar a la publicación de su madre:

«Mom we have discussed this. You may not post anything without my consent.» (Mamá, hemos discutido esto antes. No puedes publicar nada sin mi consentimiento), comentó la niña en la red social.

El comentario y la fotografía recibieron miles de reacciones más en los que se debatía entre las dos posiciones. La discusión, a pesar de la violación de la privacidad de los niños y niñas, sigue abierta.

https://www.instagram.com/p/BvZwEmIhTF_/?utm_source=ig_web_copy_link

Según el estudio realizado por los pediatras Bahareh Ebadifar Keith y Stacey Steinberg publicado en la revista JAMA Pediatrics, los padres no son conscientes de las posibles consecuencias para la salud de sus hijos de las huellas digitales que construyen de los menores. Los autores mencionan que los peligros de las prácticas relacionadas con el sharenting pasan por “el robo de identidad, el intercambio de información pirateada en sitios de depredadores sexuales, la comercialización de información psicosocial que debe seguir siendo privada y la mercantilización de información íntima o vergonzosa para los niños que otros pueden usar indebidamente”. Además, el artículo menciona que aproximadamente el 50% de las imágenes compartidas en sitios de contenido pedófilo son adquiridas a través de los perfiles abiertos de las redes sociales.

El ejemplo es el único camino

Empecemos con el mal ejemplo. Según el II Estudio “Hábitos de seguridad vial de padres e hijos en el coche” realizado por Midas, la empresa demoscópica Ipsos y la Asociación Nacional para la Seguridad Infantil en 2018, el 40 por ciento de los padres utiliza su teléfono móvil mientras conduce en el coche con sus hijos.

Diversos estudios indican que los adultos también usan el móvil en casa durante mucho tiempo e incluso en la mesa, mientras comen con sus hijos. En una investigación realizada por el portal The Conversation, en la que se comparó el tiempo invertido en casa entre los miembros de las familias en el Reino Unido en el año 2000 y en el 2015, se llegó a la conclusión de que los niños pasan más tiempo en casa en 2015 que en el 2000. Sin embargo, el tiempo “extra” en casa no son horas que se pasen con la familia. Es tiempo que los niños pasan solos con las pantallas.

El informe señala también que el uso del móvil en casa interrumpe todas las actividades familiares. El tiempo de dedicación al móvil no varía cuando la familia está junta y se convierte en un elemento distractor de la atención a las actividades familiares. Este comportamiento incluso se intensifica entre los jóvenes de 14 a 16 años. Según el estudio, ellos utilizan el móvil de forma más frecuente y altamente concentrados cuando están más cerca de sus padres.

La investigación realizada llama la atención sobre el impacto del uso del móvil en el espacio destinado a las interacciones familiares. La evidencia sobre la afectación negativa de uso del móvil para la comunicación cara a cara fue demostrada, por ejemplo, en el estudio “Can you connect with me now? How the presence of mobile communication technology influences face-to-face conversation quality”, elaborado por los profesores de la Universidad de Essex Andrew K. Przybylski y Netta Weinstein.

En el estudio, publicado por la revista Journal of Social and Personal Relationships en julio de 2012, se demuestra a través de dos experimentos que la sola presencia del aparato telefónico en una comunicación interpersonal interfiere y determina la calidad de la relación y de la conversación. “En los dos experimentos encontramos evidencia de que pueden tener efectos negativos en la cercanía, la conexión y la calidad de la conversación. Estos resultados demuestran que la presencia de teléfonos móviles puede interferir en las relaciones humanas, un efecto que es más claro cuando las personas están discutiendo temas personalmente significativos”.

Así, el uso del teléfono móvil que llama nuestra atención —así sea por escasos segundos— disminuye la calidad de las relaciones familiares basadas en las conversaciones cara a cara. El ejemplo de los padres resulta fundamental para incrementar la calidad del tiempo en el que se desarrollan la convivencia en la familia.

¿Usar las redes en casa y en clase?

La educación mediática es importante para que jóvenes —y adultos— dispongan de recursos para utilizar las redes con responsabilidad y criterio. Tras el escándalo del tráfico de datos entre Facebook y Cambridge Analytica, parece que la empresa quiere reconducir  —o aparentar que lo hace— la situación y ganar la confianza perdida. Además de crear algoritmos diferentes para combatir las Fake News, la red social por excelencia ha impulsado una biblioteca digital en la que proporcionan diversos contenidos para que los profesores puedan impartir materia sobre educación mediática en sus clases.

El proyecto, enfocado a proporcionar materiales a los educadores que tienen alumnos de entre 11 a 18 años, está disponible en inglés, aunque Facebook pretende impulsarlo en 45 idiomas más. La iniciativa ha sido diseñada por Youth and Media, de la Berkman Klein Center for Internet & Society de la Universidad de Harvard. Hay 18 lecciones diferentes en las que se habla sobre temas como seguridad en Internet, privacidad o respeto y límites. Una de las lecciones es “Redes sociales y formas de compartir contenido”, diseñada para alumnos de los trece a los dieciocho años: es interactiva y entre otros temas trata cómo compartir información de una manera responsable en las redes sociales.

Muchos jóvenes vivimos cómo en los Institutos, cuando teníamos el cambio de clase, teníamos que mirar el móvil dentro del baño porque, si pasaba algún profesor, el aparato era confiscado. Lo mismo pasaba en la hora del patio —aunque hacían bastante más vista gorda—. Era el momento del auge de Facebook: el colegio, en lugar de buscar una estrategia para educarnos en el nuevo mundo que se nos abría, optó una actitud de bloqueo total. Existían y existen aún muchos temores en la relación educación y tecnología que se deben tratar en el aula. Pero entonces el móvil estaba totalmente prohibido. Todas las redes sociales eran inaccesibles en los ordenadores del colegio y, si te pillaban con el móvil y encima estabas en redes, la bronca era triple. Ahora la actitud es distinta: las instituciones educativas empiezan a adoptar una postura de apertura e integración de las nuevas tecnologías dentro de las actividades escolares. Aunque, en cualquier caso, el acceso a los dispositivos y a internet en el espacio educativo no es un sinónimo per se de innovación y progreso.

El marco de pensamiento crítico que existía en la era de nuestros abuelos con los medios de comunicación quizás se haya perdido entre el reguetón de los jóvenes y la adicción al sharenting de nuestros padres. Esta es una de las virtudes de la alfabetización mediática, así suene como una lejana utopía. El acceso a la tecnología y ser un nativo digital capaz de administrar pantallas y likes con solvencia, implica también la adquisición de competencias de comprensión crítica en el uso tecnológico. Sólo con esas habilidades interiorizadas los mensajes que publiquemos en un entorno como el de las redes sociales —incluidas las fotos de nuestros hijos— tendrán una intencionalidad comunicativa más responsable.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com

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Felipe Chibás: “Las barreras culturales que enfrenta la mujer en América Latina no son las mismas, según su etnia”

Por Alejandra Avendaño

Un innovador sistema de barreras culturales ha sido elegido por el proyecto ciudades MIL de la UNESCO, a fin de medir el nivel de alfabetización mediática de los ciudadanos. El modelo ha sido implementado por Felipe Chibás Ortiz, a cargo de Thtot-CRIARCOM y autor de 23 libros, define las veinte principales barreras culturales de la comunicación a nivel mundial.

Chibás Ortiz es experto en Media Literacy y barreras culturales y representante para América Latina de la Alianza Mundial para colaboraciones en Alfabetización mediática e informacionales (GAPMIL por sus siglas en inglés) de la UNESCO y con él vamos a hablar de las principales barreras culturales que han encontrado y de la alfabetización mediática como una vía para combatirlas.

AA: ¿Cuáles son las barreras culturales qué ustedes han detectado?

FCh: Hemos encontrado unas veinte barreras culturales que afectan a diversos países en distinta medida. Tenemos la barrera urbano rural, que es la tendencia a menospreciar a lo que viene del ámbito rural, priorizando a las ciudades; el etnocentrismo, en donde se discrimina a las personas según su lugar de origen; el religiocentrismo, muy presente en América Latina, y se trata de validar solo una religión en lugar de las demás; el sexismo, tiende a menospreciar a un género por encima de otro, en especial, a la mujer, pero también afecta a personas LGBTB; el sensualismo, que es diferente de la anterior y se enfoca en valorar la belleza física de una persona, en relación a patrones culturales estándar de lo que significa ser bello; la barrera de la clase social y económica, en donde las personas con mejor capacidad financiera tienden a menospreciar a quienes no son parte de su grupo socio-económico; lengua y dominio de un segundo idioma, cuando algunas personas de un país no hablan un segundo idioma que les permita tener más oportunidades, como en el caso de Brasil, que se habla portugués en una región con predominancia de español; la barrera contra las personas con capacidades diferentes, que padecen discriminación laboral; la referida a la ética, muy presente en Latinoamérica y que se ve en la corrupción que afecta la región o en la tendencia a nos respetar las reglas establecidas; las barreras tecnológicas, muy presentes también en la región y que se trata de falta de acceso a recursos como internet.

Después hay otras barreras como la tendencia al individualismo; a no valorar la edad; el bullying; la barrera ecológica (tendencia a no hacer uso responsable de los recursos naturales); la jurídica, que se expresa cuando el aspecto cultural no coincide con las regulaciones de la Ley; la distancia jerárquica; la barrera de inmediatez versus resultados a largo plazo; la de internalidad y externalidad, cuando se asume que el éxito depende solo de nosotros o de factores externos a nosotros; la de control de incertidumbres, cuando se tiende a tratar de controlar los hechos incluso inciertos; y finalmente, la de adopción de liderazgos de estilos autocráticos en contraste con los tipo laissez-faire, cuando el equipo decide y no hay líder.

AA: Usted de la mano de Thtot-CRIARCOM ha desarrollado diversas investigaciones sobre barreras culturales, ¿coméntenos cuáles son las principales y en qué campos se han aplicado?

FCh: Lo hemos aplicado en el sector público y privado. Comenzamos por la hotelería y turismo, avanzamos hacia los startups, pero hemos desarrollado proyectos del sector educación, en donde tenemos mucha fuerza. Las investigaciones que hemos hecho de barreras culturales a la comunicación y que hemos presentado en la UNESCO han sido aplicados a la educación. También lo hemos aplicado a empresas privadas dedicadas a la innovación, pero hemos desarrollado investigaciones en proyectos comunitarios, culturales.

AA: A propósito del sistema de barreras culturales, ¿qué hallazgos nos puede presentar sobre la discriminación y su evolución en Latinoamérica?

FCh: Nosotros levantamos diversas barreras en América Latina y entre las más importantes, está la del racismo, que muchas veces va asociada con otras barreras, como la de género. Cuando estudiamos un tema como el racismo, suele ser necesario tener una clasificación científica que nos permita desglosar mejor el problema, porque si no se queda en abstracto. En este caso, el sistema de barreras nos permite medir el grado que tiene y las formas en las que se manifiesta. Por ejemplo, las mujeres negras enfrentan diversos tipos de barreras, que son diferentes a los que enfrenta una mujer asiática, blanca, o indígena, grupos que también las enfrentan. Nosotros hemos estudiado esto y hemos encontrado que las mujeres negras enfrentan barreras como el sensualismo, suelen ser vistas como objetos sexuales y no como un ser inteligente; enfrenta la barrera etnocéntrica, por tener la piel oscura se asume que debe venir de África, y que en este lugar no hay desarrollo intelectual. La otra barrera es la del religiocentrismo, que están asociadas a creencias relacionadas a la brujería, cuando puede ser católica o atea; la barrera jerárquica, por ser negra no se le considera en un cargo de dirección, sino como la empleada. Por medio de nuestro sistema, identificamos un mapa de barreras culturales que enfrenta la mujer, según la etnia, que no son las mismas.

AA: ¿Cree que las redes sociales promueven barreras culturales en la población? ¿qué formas de discriminación observa en estas plataformas?

FCh: Las redes sociales y los medios de comunicación son amplificadores de todo lo que existe en el mundo real. Es decir, si existen problemas de racismo o barreras culturales y otros se van a reflejar en las redes y se amplifican, porque si antes una persona sentía miedo de usar una frase racista o de otro tipo agresiva frente a otra, ahora puede publicarlo en las redes sociales y la persona agredida que está en otro lado no va a poder tomar una medida para responderle.

Hay redes sociales que potencializan la conversación ética y otras que no, quizás por el formato de la red que no le ponen límites a mensajes que incitan al odio. Por eso, si el funcionamiento de las redes no hace nada y permite estos comportamientos, está estimulando el discurso del odio. Por ejemplo, vemos como ahora a Facebook se le exige que adopte mecanismos fuertes, para evitar las “fake news” (se refiere a contenidos falsos) y mensajes de odio, se busca que estas compañías tomen medidas para evitar que cualquier persona, sea un presidente de cualquier país o un influencer, coloca una mentira, de forma intencional.

AA: Hay quienes critican a la televisión y al cine, indicando que impulsan representaciones estereotipadas sobre las personas, por lo que sus contenidos deberían revisarse, pero otros dicen que es absurdo, ¿qué opinas al respecto?

FCh: Coincido con la postura de que no se deben establecer representaciones o barreras culturales de las personas en relación con su raza, preferencia sexual, procedencia étnica, entre otras. Nosotros creemos que hay que revisar, por ejemplo, los programas cómicos que hacen burla de las identidades diversas; o el que siempre se le atribuyan roles subalternos a alguno de los representantes de estos grupos que he mencionado. Lo mismo pasa con las estatuas de esclavistas o personas con posiciones racistas que están siendo cuestionadas. Es necesario revisar la historia y esas representaciones sociales, construir nuevas narrativas de todas esas situaciones, porque muchas veces los personajes de estas estatuas fueron pintados como héroes.

AA: Desde el enfoque sociocultural ¿qué vías de solución se pueden aplicar para combatir la discriminación en la región y cómo la alfabetización mediática puede ayudar a combatir este problema?

FCh: Desde Thtot-CRIARCOM estamos planteando una serie de estrategias de solución que se aplican según la situación. Una manera es cambiar la representación de esos grupos sociales, darle más protagonismo a los colectivos que enfrentan más barreras culturales, como los negros o indígenas. A través de nuestros proyectos y grupos, hemos tratado este tema. Nosotros organizamos debates sobre estos asuntos y estamos preparando a profesores, universitarios y gestores comunitarios en temas como los de Media Information Literacy (alfabetización mediática) para que adopten una postura crítica con respecto a la comunicación y la sociedad. Por eso, estamos promoviendo la enseñanza del pensamiento crítico y creativo para romper las barreras culturales a la comunicación.

Pero, primero es importante hacer un diagnóstico de las barreras culturales de una forma bien específica y acorde a esto buscar soluciones aplicables solo a cada caso y luego promover una capacitación sobre la barrera cultural diagnosticada al grupo que le corresponde, brindándole toda la información posible acerca de ese preconcepto.

AA: La UNESCO ha planteado el proyecto ciudades MIL para impulsar la alfabetización mediática, ¿cómo va esta iniciativa y en qué medida su organización contribuye en el mismo?

FCh: El proyecto Ciudades MIL de la UNESCO, involucra una nueva forma de ver la ciudad, a través del desarrollo de competencias de alfabetización mediática en los ciudadanos. Esto implica involucrar a stakeholders, no solo los relacionados con el sector educación o grupos comunitarios, sino también las empresas startups, agencias de marketing o comunicación, órganos gubernamentales como actores importantes para el desarrollo del Media Information Literacy (MIL).

De nuestro lado, hemos propuesto el sistema de métricas de ciudades MIL, que evalúa la aplicación de competencias en alfabetización mediática. Estamos en conversaciones con la prefectura de Sao Paula para hacer un piloto del tipo ciudades MIL ahí y tenemos pedidos en otras ciudades como La Habana, Nairobi, entre otras. También, estamos desarrollando junto a Alton Grizzle, especialista del programa UNESCO, un aplicativo llamado “Smart Cities, ciudades MIL”, que emplea herramientas como la inteligencia artificial (IA) y utiliza nuestro sistema de trece indicadores y métricas para evaluar cuan cerca o distante se está de ser una ciudad MIL.

Dentro del proyecto de ciudades MIL, hemos realizado el libro “De las ciudades inteligentes a las ciudades MIL”, junto al profesor Mitsuru Yanaze de la Universidad de Sao Paulo y más de veinte autores, procedentes de 14 países y publicamos el libro “Marketing, comunicación, tecnología e innovación en las ciudades MIL”. Además de que participamos el año pasado en el evento mundial de ciudades de la UNESCO para elaborar el nuevo “Global Framework for Media and Information Literacy Cities (MIL Cities)”.

AA: La metodología de barreras culturales ha sido referenciada por la UNESCO como una vía para promover la inclusión social y garantizar la alfabetización mediática, ¿cómo se puede aplicar en América Latina?

FCh: Puede usarse para diagnosticar las barreras culturales que tiene un barrio frente a otro sitio. Por ejemplo, recuerdo un proyecto sociocultural que se realizó en un barrio de Cuba, en donde se les enseñaba bailes de origen europeo a niños, cuyas costumbres estaban asociadas a manifestaciones artísticas afrocubanas. Se dio un cierto rechazo de los niños a este aprendizaje, debido a su composición étnica identitaria, lo que es una barrera. Por eso, es importante diagnosticar las barreras culturales de una población antes de instalar un proyecto público, empresarial u otro.

AA: ¿De qué forma las plataformas mediáticas y de redes sociales pueden aplicar los enfoques de la UNESCO y el de barreras culturales que Usted propone para combatir los sesgos discriminatorios en la publicidad, los contenidos xenófobos y las redes sociales?

FCh: En tiempos de Covid-19 conocer las barreras culturales que se manifiestan en internet es muy importante. El enfoque de barreras culturales podría combatir estas situaciones, a través de la divulgación de los cursos que hemos preparado para esos casos, con la creación de campañas para enseñar a las personas a detectar las “fake news” (se refiere a contenidos falsos). La creación de documentales, blogs o cursos de aprendizaje abierto para promover el enfoque de las barreras culturales y el MIL de la UNESCO, junto a la difusión de las obras que hemos desarrollado, y la participación de la comunidad de estudiantes en la creación de materiales, también sería una forma.

Fuente: http://www.aikaeducacion.com/en-profundidad/las-barreras-culturales-que-enfrenta-la-mujer-en-america-latina-segun-su-etnia-no-son-las-mismas/

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Marta Pellico: “La alfabetización mediática también debería incluirse en el currículo escolar”

Por Alejandra Avendaño/AikaEducacion

En el marco del webinar “El periodismo de calidad en la era de la desinformación”, organizado por la Unesco y la Universidad Autónoma de Barcelona, Marta Pellico, directora de ICmedia, nos habló sobre el impacto del coronavirus en el consumo televisivo y la distribución de información y desinformación en medios. Para la también abogada es necesario introducir la alfabetización mediática en la educación básica e incluir un etiquetado según tipo de contenido audiovisual para que el usuario tenga una real libertad de elección, algo que están impulsando en línea con proyectos de la Unión Europea desde la Federación de Asociaciones de Consumidores y Usuarios de los Medios, cuya finalidad es alentar la calidad de los contenidos en los medios audiovisuales.

En tiempos de coronavirus y bulos, ¿cómo han respondido los medios de comunicación a estos retos y cómo han desempeñado su labor informativa?

Ha sido complicado dar una respuesta global a esta situación. Creo que los medios de comunicación han intentado responder lo mejor posible. Desde el inicio de la pandemia del coronavirus, todos hemos percibido la desinformación y de hecho todos hemos recibido información dudosa. También hemos visto que algunos medios de información han respondido a la situación con información rigurosa y otros que, quizás debido al sesgo político e ideológico, les ha sido más difícil hacerlo. Esto ha permitido que el usuario vea, desde su perspectiva, el nivel de responsabilidad de unos medios frente a otros.

El contexto del coronavirus ha expuesto varias carencias en la sociedad, como la necesidad de impulsar la alfabetización mediática en las audiencias, ¿a qué actores les corresponde más este trabajo y cómo lo han desempeñado?

El riesgo de la desinformación existe desde que el hombre se comunica. Solo que actualmente con el internet, tiene mayor alcance. En esta crisis, se pone de manifiesto una vez más la importancia que tiene la alfabetización mediática. Desde iCMedia, llevamos más de diez años trabajando este tema, poniendo el foco en dos ejes de actuación, que son el derecho del usuario a recibir información adecuada y el derecho que tienen a la formación, en especial, en el caso de los menores.

Esta es la línea en la que debemos seguir trabajando los agentes u organizaciones sociales para incidir en la alfabetización mediática como tema clave en el currículo escolar. Si ya se incluyen temáticas como la educación vial, la seguridad en internet y el desarrollo del pensamiento crítico también deberían formar parte de ese currículo. En iCMedia ya llevamos tiempo impulsando este proyecto con algunos centros escolares que se preocupan por la alfabetización mediática, aunque son escasos. Lamentablemente, el impacto que tenemos las organizaciones que carecemos de recursos, como es nuestro caso, no llega a toda la comunidad escolar.

Según su perspectiva, ¿qué fuentes de información están priorizando las audiencias en la actualidad y qué tipo de contenidos están consumiendo?

Depende de la audiencia. Si es una audiencia adulta, o concienciada de la importancia de la información, los datos nos dicen que hay una vuelta al consumo de la televisión tradicional. Si hablamos de los más jóvenes, evidentemente su medio de información son las redes sociales y sus informadores los influencers. Lamentablemente hemos observado que muchos de estos canales de influencers carecen de formación o conciencia de responsabilidad y que su audiencia tampoco es consciente de esta falta de información. En iCmedia consideramos fundamental mejorar en esta área y estamos trabajando en varios proyectos europeos que impulsan la responsabilidad de los canales de influencers como fuentes de información veraz.

El consumo de contenidos camina desde una televisión con horarios y temas fijos a un estilo tipo Netflix, con la información disponible en todo momento, ¿esto contribuye a un consumo democrático o genera un impacto negativo en las audiencias?

La televisión tradicional (TDT) permite desde luego un consumo universal. Yo creo que esa es la fortaleza de esta televisión en España, el que todos podemos acceder a ella. Por otro lado, aunque las nuevas vías de consumo audiovisual son cada vez más populares y sus índices de suscripción reflejan un crecimiento exponencial, la democratización y universalidad de la televisión tradicional no se puede comparar con las plataformas de streaming. En España, a diferencia de otros países, siempre hemos tenido acceso a la TDT y estamos acostumbrados a la televisión gratuita y universal. En los últimos años con la llegada de otras plataformas de consumo, la percepción de la audiencia está cambiando, porque consideran que éstas emiten contenidos de mayor calidad. En cualquier caso, creo que ambos sistemas van a convivir. La TDT no puede desaparecer, debe encontrar sus fortalezas y potenciarlas. Por ejemplo, durante la crisis del coronavirus, la audiencia ha buscado información en la televisión tradicional. Quizás, esto pone sobre la mesa que el crecimiento del consumo de la televisión tradicional tiene que ir por la vía de la información de calidad.

Y en cuanto al uso de algoritmos y recomendaciones según perfil, ¿esto contribuye a un consumo democrático o solo genera una visión sesgada en las audiencias?

Efectivamente, uno de los resultados que se están viendo con el desarrollo de la inteligencia artificial, es que el uso de los algoritmos de parte de las plataformas, les permite conocer nuestros usos de consumo y recomendarnos siempre contenidos que nos gustan. Es el riesgo que se corre. Creo que al trabajar con la inteligencia artificial se debe evitar incurrir en estos sesgos y esa es una de las recomendaciones que hemos trabajado a la Comisión Europea en torno al desarrollo de la inteligencia artificial (IA). Es fundamental tener la posibilidad de disponer de muchas opciones y de una información adecuada para poder elegir libremente.

Se ha dicho que la televisión es principalmente para entretenimiento, ¿cómo lo ve Usted y qué sugerencias plantea para mejorar la calidad de los contenidos audiovisuales?

Según la BBC, las funciones de la televisión son informar, formar y entretener. Informar está claro, porque necesitamos un periodismo de calidad para estar bien informados. Obviamente, formar también es una de las funciones de la televisión y no podemos olvidar que está incluida en nuestro sistema regulatorio. Y cómo no entretener, porque al final es lo que también buscamos en la televisión. Creemos que debe haber una variedad de formatos televisivos, porque los usuarios somos muy distintos, pero también debemos tener una información adecuada sobre tales formatos. Esto es lo que nosotros llamamos “etiquetado”. Al igual que los consumidores nos informamos con las etiquetas de los alimentos y decidimos si consumirlos o no, los contenidos audiovisuales deben informar a qué público se dirigen, de qué edades, el tema que tratan y si muestran contenidos positivos o de riesgo. De esta manera, el usuario podrá decidir si quiere consumirlo, cuándo y con quién. Es importante tener diversidad y creatividad de formatos, pero siempre con la información adecuada. Esta es la única forma de que el usuario tome decisiones libres.

Fuente: http://www.aikaeducacion.com/entrevistas/marta-pellico-si-la-educacion-vial-es-incluida-en-el-curriculo-escolar-la-alfabetizacion-mediatica-es-un-tema-clave/

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Manuel Pinto: “No estábamos habituados a ver a los líderes de un país publicitar la desinformación”

Por AikaEducacion

Con más de tres décadas dedicadas al periodismo y la investigación académica sobre la historia de los medios y la alfabetización mediática, Manuel Pinto es una de las voces más autorizadas para hablar sobre el tema. Para el también doctor en ciencias de la comunicación y catedrático de la Universidad portuguesa de Minho, la relevancia de inculcar el espíritu crítico de las personas es más necesario que nunca, en contextos como el actual, con bulos, redes sociales y líderes que mienten y coronavirus. En el marco del webinar sobre “El periodismo de calidad en la era de la desinformación”, organizado por la Unesco y la Universidad Autónoma de Barcelona, el experto nos habla sobre el rol de los medios y la alfabetización mediática.

  1. En tiempos de bulos y coronavirus, la alfabetización mediática se hace más indispensable que nunca, ¿cómo ve usted su desarrollo y de qué manera incorporarla en la educación regular fortalecerían la democracia?

Creo que es más fundamental que nunca, porque son tiempos en los que es más clara la necesidad de una información de calidad para que los ciudadanos tomen las decisiones necesarias para su seguridad y la de los demás; y hemos visto muchos problemas en este punto. Esta crisis también ha impactado en la comunicación de las personas, lo que implica un cara a cara. La tecnología disminuye el distanciamiento, pero es fundamental estar juntos. Y esto evidencia el problema de la comunicación y la información como parte de este proceso.

En ese sentido, que es importante trabajar no solo en la escuela, porque si tú estás confinado ahora en otros espacios, es necesario desarrollarlo en donde la gente está.

Además hay otros aspectos como la importancia de la comunicación y la información como servicio público, que se impone como uno de los temas fundamentales en esta crisis. Quizás hemos ido muy lejos en lo que es privado, el mercado y falta subrayar más las dimensiones de lo que es público, lo que es encuentro, comunicación e información de calidad.

2. En especial, la información de calidad, porque ahora, además de la pandemia, hemos visto una infodemia o dispersión de bulos y muchas veces la gente no está preparada para detectar la mentira, en ese caso, la alfabetización mediática sería útil para prevenir.

Claro, y sobre todo también porque hasta hace poco no estábamos habituados a ver a los máximos responsables de un país publicitar la desinformación y la mentira, contradiciendo todo lo que la ciencia y los expertos de la salud nos aconsejan. Esto cambia totalmente la situación. Por ello es necesario al menos denunciar, no divulgar, no ampliar por muy extraño o tentador que sea compartir cosas absurdas, que además son peligrosas para la salud y la vida.

3. La desinformación a veces puede venir de grupos con intereses ideológicos o políticos, de ciudadanos que replican contenidos falsos o de los propios periodistas, cuando no hacen una adecuada verificación, ¿cuál grupo es más nocivo y cómo contrarrestar su actuación? 

A estos grupos yo le añadiría también el de las agencias, especializadas en producir y difundir el virus de la mentira y la desinformación, recurriendo a bots y otras tecnologías para diversificar y ampliar el efecto de la mentira. Pero, agentes podemos ser nosotros también por curiosidad o para provocar la risa. Con este comportamiento, el problema de la desinformación también parte de nuestro lado, entonces, ¿de qué manera nos comportamos delante de la información que nos llega, en términos de verificación? ¿qué preguntas es necesario saber hacer para, al menos, no hacer las cosas de forma ingenua?

De otro lado, creo que son más nocivos los Estados y la lucha de intereses de los gobiernos y los complejos industriales y de poder, porque emplean políticas para contrariar y defender la ciudadanía, sugiriendo que esto va a resolver todo. Pero en la información y otras dimensiones una ciudadanía diversa hace falta para contrapesar, mejorar la calidad de vida que hoy no se trata solo sobre los alimentos o ciudades. Es también cómo la construimos y también es una lucha por la alfabetización mediática, que es una lucha por la verdad.

4. La academia y las facultades de comunicación, ¿qué están haciendo en materia de alfabetización mediática y cómo pueden contribuir a mejorar la formación de los periodistas?

Bueno, yo creo que se está desarrollando algo. Por ejemplo, en mi país, es interesante que la última cosa que hemos hecho, en mi caso, ha sido colaborar en la formación de profesores. El Sindicato de Periodistas de Portugal con el apoyo del Ministerio de Educación y el soporte del presidente de la República ha desarrollado desde hace casi dos años un proyecto de formación de profesores para debatir este tema de desinformación y contactar el mundo del periodismo con la escuela. Esto hace 3 o 4 años atrás era impensable. El sector del periodismo se ha dado cuenta que la educación es estratégica para desarrollar la valoración del rol de una información de calidad y los periodistas quieran o no quieran son formadores, cuando hacen bien o su trabajo o cuando lo hacen mal.

5. Y claro, los medios y los periodistas tiene un rol social educativo, pero a veces el discurso que usan genera prejuicios o desinformación. Aquí es vital el rol de la universidad y la academia.

Esta crisis ha evidenciado el rol de las ciencias sociales, porque para comprender lo que está pasando no basta una perspectiva psicológica centrada en el individuo, si no que es necesario comprender las relaciones de todo tipo. En nuestras sociedades se ha puesto en evidencia la desigualdad social. Por ejemplo, la de los que pueden hacer cuarentena y los que tienen que continuar trabajando. Otro ejemplo, el virus afecta más a los descuidados por nuestras sociedades, como los adultos mayores. Y después, el problema de la desigualdad en el trabajo doméstico, porque hemos visto muchos problemas en la participación de los hombres y es importante que no se concentre solo en las mujeres. La crisis ha expuesto estas desigualdades, que están conectadas con desigualdades sociales, de capital económico y cultural.

6. ¿Cómo manejan los medios su interacción con las audiencias, incentivan una perspectiva crítica, la limitan o direccionan? ¿qué papel deben de cumplir en los tiempos actuales?

Han confiado en expertos para difundir información veraz y procurar respuestas que la gente tenía y han trabajado con los grafismos para graficar además de relatar la información. Pero, no he visto mucha innovación desde un cambio de perspectiva, como escuchar más a la gente. Por ejemplo, han cubierto como la gente pasaba la cuarentena en la habitación. Pero siempre cogían casos de parejas y familias de clase media; en donde las cosas estaban bien, con muchas tecnologías, la gente no estaba enfadada y esto se alejaba de lo que sucedía. Yo he visto, por mis estudiantes, que estaba siendo muy difícil la vida por distintas razones, lo que distaba mucho de la pintura que mostraba la televisión sobre la cuarentena.

7. ¿En los demás medios, como radio, la prensa escrita o digital, ¿cómo han atravesado la cuarentena?

Esta crisis ha sido casi mortal para los periódicos de papel. No sé si van a recuperar, porque el no poder distribuir sus ediciones y la gente no poder salir para comprar representa mucha más dificultad de la que tenían con la caída de la publicidad. Ha sido un golpe muy hondo.

En el caso de la radio para mí está siendo una sorpresa interesante, porque parecía que sería un medio a desaparecer, pero hay experiencias interesantes de atención, de cambio de proceder en este medio, que trabaja sin imágenes y debe construirlas en la mente de sus oyentes. Creo que es un medio del futuro y los podcasts lo muestran. Hay un lugar para esta forma de comunicación para este medio que responde mucho más a la interioridad que a la exterioridad.

8. Las redes sociales son, en varias ocasiones, fuente de información y de difusión de los ciudadanos, ¿qué problemas observa a partir de este contexto y qué recomendaría?

Las redes sociales son una herramienta que puede ser usada de muchos modos. Hoy, mucha gente se informa a través de ellas y esto es un riesgo muy grande cuando no se está habilitado para discernir lo que se encuentra. De otro lado, es un sitio fenomenal desde el punto de vista de compartir contenidos, ideas, temas a los que de otra forma no tendríamos acceso. Como todos los medios comunicativos, debemos ser responsables en el uso de esta herramienta, percibir sus limitaciones y la lógica que está por detrás de cada red social. Este es un reto importante para la alfabetización mediática. Entender que detrás de la pantalla hay un mundo de intereses y estrategias que trabajan con nuestra atención, equipos, tiempo y lo venden. Hacen dinero con nosotros y vivimos como si fuéramos libres, creativos en nuestro espacio sin esta perspectiva. Hace falta comprender, por ejemplo, ¿por qué Facebook ha creado Instagram o WhatsApp?, ¿cómo es la génesis, el desarrollo de estos grandes poderes mundiales? Estas perspectivas están poco presentes.

Fuente: http://www.aikaeducacion.com/destacados/manuel-pinto-no-estabamos-habituados-a-ver-a-los-lideres-de-un-pais-publicitar-la-desinformacion/

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José Manuel Pérez Tornero: “No se puede estar falto de herramientas críticas en un mundo tan mediatizado como el nuestro”

Por Kelly Robledo

La media literacy (alfabetización mediática) es un gran pendiente de nuestra agenda social. El desarrollo tecnológico y la revolución de Internet ha traído consigo una sobreabundancia de información que se torna compleja de gestionar. Frente a esto, existe la necesidad de profesionales y empresas de medios comprometidos con el trabajo informativo de calidad; sistemas de gobierno que impulsen la libre y responsable circulación de contenidos; y una audiencia formada para hacer un consumo crítico de la misma.

En esta línea, nos detenemos con particular interés en un área concreta dentro de la media literacy, que se torna de mayor relevancia en medio del fenómeno de noticias falseadas que afrontamos: la news literacy (alfabetización periodística). Por ello, en Aika entrevistamos al especialista en media literacy y catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, José Manuel Pérez Tornero.

El investigador forma parte del grupo de expertos de la UNESCO y de la Comisión Europea en Alfabetización Mediática y es además miembro del Consejo Directivo ATEI (Asociación de las Televisiones Educativas y Culturales Iberoamericanas). En esta entrevista, Perez Tornero propone un replanteamiento de la concepción del periodismo, que trascienda los espacios formales para que así la news literacy alcance progresivamente todos los espacios de circulación de información. Asimismo, respecto al estadio en el que el mundo entero se encuentra ahora por la expansión del Covid-19, el especialista habla de la importancia de un compromiso y trabajo conjunto de diversos sectores de la sociedad para combatir las grandes mentiras que circulan por la red.

No es lo mismo hablar de alfabetización mediática y de alfabetización periodística. ¿Qué implica cada una de ellas?

La alfabetización mediática incluye a la alfabetización periodística (news literacy). Por tanto, esta última remite a todas las habilidades y capacidades técnicas y críticas que se relacionan con eso que llamamos periodismo y que incluye todas sus actividades y todos sus géneros (noticias, crónicas, reportajes, etc.).

Ahora bien, creo que tenemos que cambiar algo en nuestra concepción tradicional del periodismo. Generalmente, lo hemos referido siempre a la actividad de las personas e instituciones que formalmente se dedicaban a producir textos periodísticos en cine, radio, televisión y prensa. Pero, actualmente, la explosión de los blogs, de las redes sociales (Facebook, Twitter, etc.), de espacios de producción cooperativa de contenidos (foros, wikis, etc.), y de aplicaciones de relación personal entre grandes masas de población (Instagram, Whatsapp, etc.), ha expandido enormemente el campo de información de noticias, opiniones y análisis. Ha creado un nuevo espacio informal de producción y circulación de informaciones de presunto interés público. Y, además, esta expansión está afectando enormemente al periodismo tradicional –confrontándolo, reforzándolo o pervirtiéndolo; depende de las circunstancias–.

Por tanto, en este contexto, creo que el concepto de alfabetización periodística tiene que ir incluyendo progresivamente todo lo que tiene que ver con la circulación de información que afecte a la esfera pública, sea una actividad formal o informal. En todo caso, el núcleo central de la alfabetización periodística debe seguir siendo el periodismo formal. Porque ese periodismo sigue siendo importante en la validación y legitimación de la información circulante y porque su influencia no es desdeñable.

¿Por qué es importante que exista una alfabetización periodística y a qué actores involucra?

Cuando se trata de derechos humanos y de democracia –que creo que son valores que deben guiar la actividad pública y las ciencia sociales– el valor de la información veraz, contrastada, pública y responsable es esencial.

Hoy por hoy, el periodismo es una buena herramienta para asegurar el derecho a la información, la actividad responsable de la libertad de expresión, la deliberación y el debate públicos, así como el respeto a los demás, el aseguramiento del pensamiento racional y la ciencia, y en definitiva la convivencia pacífica y el buen gobierno. Por tanto, todo lo que pueda contribuir a un periodismo de calidad es esencial. Y sabemos que no puede haber periodismo serio, riguroso y responable si no es demandado, cuidado e impulsado por una opinión pública formada, aútónoma y crítica. Pues bien, para construir esta opinión pública tan necesaria, se requiere el concurso de la alfabetización periodística.

¿Qué sectores o políticas alcanza/afecta este campo?

En primer lugar, a los periodistas. Los objetivos de alfabetización periodística tiene que estar en la base de todas sus actividades. Si es así, es un buen signo de que respetan a sus lectores o audiencias y que respetan a la ciudadanía. Esto significa que en la formación inicial y continua de periodistas, la alfabetización periodística –que afecta a los profesionales tanto como a sus públicos– es decisiva. En segundo lugar, a las instituciones periodísticas –empresas, entidades públicas, etc.– que deben invertir buena parte de sus recursos en la alfabetización de sus usuarios y públicos.

En tercer lugar, a todos los sistemas educativos. Dentro de cada nivel y ámbito de formación es necesaria algún tipo de alfabetización mediática y periodística. Desde una Universidad a una escuela de cine, desde una escuela infantil a un bachillerato. No se puede estar falto de herramientas críticas en un mundo tan mediatizado como el nuestro.

Pero, en última instancia, la afabetización es tarea de todos: políticos, actores sociales, científicos, intelectuales, artistas… Todos queremos vivir en un mundo mejor y aceptamos, que no hay mundo bueno sin libertad y sin buen periodismo.

¿La sociedad democrática liberal a la que pertenecemos ha colaborado en el desarrollo de una News Literacy?

Sin democracia y sin libertad, no es posible la alfabetización mediática. Cualquier cosa que prescinda de estos dos valores será doctrina, propaganda o formación del tipo que sea, pero no será alfabetización periodística. Si lo que me pregunta es si los Estados actuales que se reclaman de democráticos y de liberales han colaborado con la alfabetización mediática, he de decir que no mucho y, en todo caso, no lo suficiente. Están, generalmente, muy preocupados por el discurso publicitario y consumista. Tampoco han hecho mucho los estados iliberales que se reclaman de democracia. Estos prefieren el adoctrinamiento de las masas, o sea, la propaganda política antes que el pensamiento crítico. Y, finalmente, las sociedades que por cualquier fundamentalismo no son ni liberales, ni democráticas: están más implicadas en imponer unas formas de pensamiento tiránico que nada tiene que ver con el periodismo ni con la alfabetización.

En el contexto actual, frente a la inmensidad de información que circula sobre el COVID-19, y con una realidad que nos supera frente al manejo de noticias falsas sobre el tema, ¿qué es lo que corresponde hacer?

Es sencillo de enunciar y difícil de ejecutar.

La información de los estados –o sea, la pública– ha de ser transparente, sin vaguedades y sin incertidumbres más que las lógicas en una situación en que no sabemos muchas cosas. Los políticos y las instituciones tiene que abandonar las viejas y corrompidas estrategias de desinformación, falsas noticias, teorías falsamente conspirativas y realidades alternativas.

Los medios periodísticos tienen que hacer periodismo de calidad, crítico, riguroso, responsable y ofrecer buena información –y criterios para distinguirla– a sus lectores o audiencias.

Se debería crear un sistema de cortafuegos a la hipermasificación de la desinformación –que en estos mometos hace mucho daño a la sanidad y a la ciencia–. En este tema, hay que implicarse en levantar alertas tempranas contra la desinformación y las falsedades y la circulación de bulos. Hay que imponer responsabilidad jurídica muy precisa a quienes, como las redes sociales, ayuden a difundir masivamente información en la esferea pública. Es la irresponsabilidad, cuando no la complicidad consciente, de muchas redes sociales la que contribuye a la desinformación pública.

Finalmente, como estamos en una situación de confinamiento especial, creo que la comunidad científica y universitaria debería crear una red internacional para combatir las grandes mentiras que circulan con impunidad por la red. Esto sería el principio de una coalición por la transparencia y la regeneración de la esfera pública global que tanto necesitamos.

Fuente:http://www.aikaeducacion.com/entrevistas/jose-manuel-perez-tornero-no-se-puede-estar-falto-de-herramientas-criticas-en-un-mundo-tan-mediatizado-como-el-nuestro/

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Bibliographic Details
Main Author: Parra Alvarracín, Germán
Format: Libros
Published: Abya-Yala/UPS2014

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Fuente:https://www.bibliotecasdelecuador.com/Record/oai-:123456789-6244

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