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¿Hay algo más revolucionario que el amor?

Por: Irene Fernández Rodríguez

 

¿Hay algo más revolucionario que el amor? El amor es respeto, hermandad, solidaridad, valentía; y sobre todo, el amor es cuidado, cuidarse una y cuidar a los demás. Cuando tienes esa mochila das las gracias y los buenos días, pides perdón cuando toca y te revisas continuamente para desterrar actitudes irrespetuosas o injustas. Este capitalismo moribundo nos está dejando una estampa cruelmente distópica, la crisis de la Covid ha recrudecido el individualismo generalizado.

            Todo aquello que se estaba cargando nuestro sistema social de garantías se ha agudizado. En unos meses se ha deteriorado enormemente la sanidad, la educación, cualquier servicio esencial para la vida ahora es peor. Hay más gente pobre, más gente en riesgo de pobreza, menos trabajo y más precario. Mientras los pequeños negocios cierran por ahogamiento las empresas del Ibex aprovechan para hacer ERTES, los trabajadores que se quedan trabajan más y cobran menos, los ricos aumentan sus cifras aprovechando las oportunidades que le brinda un gobierno que besa por donde andan.

            Por otro lado una sociedad sumida en una depresión crónica, agarrándose a los pequeños placeres del entretenimiento barato. Nos convirtieron en productos, las relaciones sociales se han enfriado tanto que ya no ves personas, ves anuncios, en tu pantalla, en tu zona. ¿Cuándo ha sucedido que nos dejamos tratar como mercancía? Si el producto tiene una tara, a la basura y me compro otro. Cuándo ha pasado de moda tener en cuenta los sentimientos de los demás, en qué momento se ha normalizado un tipo de relación basada en lo más superficial y efímero de la vida.

            Para los conscientes de su depresión hay toda una industria del coach que es capaz de culpabilizarte de tus fracasos a la vez que perpetúa el sistema que causa tus problemas. Se vende como empoderante un ego que te hace peor persona. Con la bandera del amor propio defiendes tu marca, que no vale nada, porque la misma vida es un devenir de cambios y aprendizajes. Hasta qué punto nos pasará factura esta categorización constante es algo que ya estamos viendo, solo hay que abrir los ojos.

            En los últimos tiempos las aplicaciones para ligar han visto como se multiplicaban los nuevos usuarios, ¿es esto un signo de los tiempos, una forma de relacionarse como otra o un síntoma del decaimiento social al que nos vemos abocados? Las redes sociales no son ni buenas ni malas para la sociedad, es decir, en algunos puntos arroja la peor versión de la humanidad y otros es activismo, es sororidad para tantas mujeres, como la que escribe, que se ha formado en feminismo a través de ellas.

            Todos conocemos, más o menos, cómo funcionan las aplicaciones, las redes, cómo nos engaña el algoritmo, etc., más allá de hacer crítica a ello me parece imprescindible reflexionar cómo nos afectan a nosotras. Instagram se ha revelado como uno de los espejos más severos del siglo XXI, el nuevo hit del canon de belleza son los filtros, al filtro del maquillaje tradicionalmente impuesto le hemos añadido el filtro de las aplicaciones. Cuánto vamos a aguantar dejándonos tratar como seres imperfectos, cuándo vamos a dejar de normalizar tener la seguridad personal a la altura del betún.

            El amor, motor de la vida y de las revoluciones, es político, quererse y querernos es un acto de rebeldía en un mundo que se encuentra en batalla entre lo reaccionario y el progreso, la verdadera democracia, que no es esto y que sí, nos necesita libres. El odio de clase también es amor, por los tuyos, porque no nacimos para sufrir, nacimos para ser libres y, como dice la canción, queremos todo lo que es bello.

Fuente:  https://rebelion.org/hay-algo-mas-revolucionario-que-el-amor/

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Creer en tiempos de pandemia

Por: Leonardo Boff

Simone Weil, la judía francesa que se convirtió al cristianismo pero no quiso bautizarse en solidaridad con sus hermanos y hermanas judíos, condenados a las cámaras de gas, nos da una pista de comprensión: “Si quieres saber si alguien cree en Dios, no mires como habla de Dios sino como habla del mundo”.

La humanidad, bajo el ataque del coronavirus, está experimentando mucho sufrimiento. La invasión de ese virus, que se ha llevado ya a más de un millón de personas, suscita toda una gama de interrogaciones: ¿qué significa el hecho de haber afectado solamente a los seres humanos y haber excluido a nuestros animales de compañía, como perros, gatos y otros? Estar en aislamiento social, no poder abrazar ni besar a las personas queridas y no poder reunirse amigablemente produce padecimientos de todo tipo y hasta revueltas.

En este contexto hay personas, incluso sin ninguna vinculación religiosa, que acogen un Sentido mayor de la vida y del mundo, luchan por la justicia, por el derecho y por una mejoría mínima de nuestra sociedad, y hasta las que creen en Dios se preguntan: ¿cuál es el sentido de este abatimiento planetario? Se ha producido un apagón. Gente de fe puede incluso no creer más en Dios. Otros, entre tanto, encuentran en la fe un soporte existencial que vuelve menos pesada esta situación de confinamiento y de ausencia de los otros a su alrededor. Y trata de sacar lecciones de vida.

Vamos a reflexionar sobre la fe en su sentido más corriente, antes de cualquier confesión religiosa o de doctrinas y de dogmas, la fe en su densidad humana.

Hay un dato existencial previo a la aparición de la fe: la bondad fundamental de la vida. Por muy contradictoria que sea la realidad, por muy absurdo que sea el ataque de la Madre Tierra a la humanidad a través del Covid-19, estamos convencidos de que vale más la pena vivir que morir. Doy un ejemplo tomado de la vida cotidiana: un niño se despierta en la noche, sobresaltado por una pesadilla o por la oscuridad. Grita llamando a su madre. Ésta en un gesto de magna mater, lo toma en sus brazos y le susurra suavemente: querido, todo está bien, mamá está aquí, no tengas miedo. Y el niño, entre sollozos, recupera la confianza y poco después se adormece de nuevo.

En el mundo no todo está bien. Pero admitámoslo: la madre no le está mintiendo al niño. A pesar de todas las contradicciones, predomina la confianza en que un orden mayor subyace y prevalece sobre la realidad. Evita que predomine el absurdo. Trae paz al niño y serenidad a la madre.

Creer es decir  “sí y amén” a la realidad. El filósofo L. Wittgestein podía decir en su Tractatus Logico-Philosophicus (n.7): “Creer es afirmar que la vida tiene sentido”. Este es el significado original y bíblico de la fe -he’emin o amén- que equivale a estar seguro y confiado. De esto se deriva Amén: “así es”. Tener fe es estar seguro del significado de la vida. Este es un hecho antropológico básico: ni siquiera pensamos en ello, porque siempre estamos dentro de él, pues inconscientemente admitimos que vale la pena vivir y realizar un propósito.

Creer, según palabras de Pascal, es una apuesta de que la luz vence a las tinieblas, de que la muerte no puede aprisionar el sentido de la vida y de que, en el fondo, en todo debe haber algún sentido secreto y que, por lo tanto, vale la pena seguir en este mundo. Creer no resuelve todos los problemas. Como dijo el Papa Benedicto XVI en su incompleta encíclica Lumen Fidei: la fe no es una luz que disipe todas nuestras tinieblas, sino una lámpara que guía nuestros pasos y esto basta para el camino.

Hay muchos que se confiesan agnósticos y ateos pero afirman el sentido de la vida, se comprometen con la necesaria justicia social y ven en el amor, la solidaridad y la compasión los mayores bienes del ser humano. Los que no viven tales valores están lejos de Dios, aunque lo tengan con frecuencia en sus labios.

El obispo pastor, poeta y profeta Dom Pedro Casaldáliga, recientemente fallecido, expresó en pequeños versos dónde está Dios: en la paz, en la justicia y en el amor. Se refería indirectamente a los que amenazaban y mataban a campesinos e indígenas y se confesaban cristianos y católicos.

         “Donde tú dices ley

        Yo digo Dios.

        Donde tú dices paz, justicia, amor

        Yo digo Dios.

        Yo digo libertad, justicia y amor”

         Escondido tras estos valores, paz, justicia y amor, está Dios. Ellos son su verdadero nombre.

Simone Weil, la judía francesa que se convirtió al cristianismo pero no quiso bautizarse en solidaridad con sus hermanos y hermanas judíos, condenados a las cámaras de gas, nos da una pista de comprensión: “Si quieres saber si alguien cree en Dios, no mires como habla de Dios sino como habla del mundo”. Si habla en forma de amor, justicia y libertad, está hablando de Dios. Quien vive tales valores se sumerge en esa Realidad que llamamos Dios y expresa una fe en Dios.

La fe entendida de esta manera impone límites e incluso condena toda indiferencia hacia los sufrientes, familiares y amigos de las víctimas de Covid-19. Uno puede proclamar “Dios por encima de todo” pero si no tiene compasión y solidaridad hacia todos aquellos este Dios es un ídolo y está lejos del Dios vivo y verdadero, atestiguado por las Escrituras judeocristianas.

Creer es aceptar que hay otro lado de la realidad que no vemos pero que acogemos como parte de nosotros y nos acompaña en las tareas cotidianas. Creer es afirmar que lo Invisible es parte de lo visible. Intuimos su presencia y en él vivimos y somos.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y ha escrito entre otros libros: “Covid-19: la Madre Tierra contra-ataca a la humanidad”, Vozes 2020 y “Experimentar a Dios hoy”, Sal Terrae 2013.

Traducción de María José Gavito Milano

Fuente: https://acento.com.do/opinion/creer-en-tiempos-de-pandemia-8871887.html

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Entrevista a Laura Baptista, ¿cómo vivir la maternidad con la psicología en el mundo del TEA?

Por: SicologiaSinP

Laura Baptista, madre y psicóloga. Un par de tareas que a simple vista pueden parecer sencillas cuando se tienen las habilidades del trato con personas. En contraposición a estas falsas creencias, no siempre se cumple el presupuesto de ser psicóloga en el consultorio y en casa.

Sobre este particular versa la siguiente entrevista. La vida de la madre-psicóloga y todos los retos que enfrentó dentro y fuera de consulta atendiendo a pacientes con Trastorno del Espectro Autista.

A continuación la entrevista

¿Qué significa para la Laura psicóloga clínica y neuropsicóloga el TEA? 

Una condición, de origen multifactorial, que afecta diversas áreas del desarrollo, dificultando la funcionalidad de la persona a nivel social, comunicacional y comportamental.

Entre otras tareas sabemos que realizas un trabajo mancomunado en el tratamiento de personas con autismo. ¿Podrías explicarnos en qué consiste? 

Psicoeducación y sensibilización aplicada a todo el entorno (colegio, trabajo, familia). Este aspecto es muy importante, me resulta la llave principal para obtener una evolución positiva. El conocer la complejidad de esta condición y las diversas formas como puede manifestarse ante tantas posibilidades, nos permite no solo aprender a aceptar como familiares y amigos, las reacciones, pensamientos y actitudes de la persona con TEA, si no que también te da la posibilidad de desarrollar estrategias concretas que le ayuden a minimizar la intensidad del malestar que pueden experimentar ellos en situaciones diversas. Esta parte ayuda a minimizar de igual modo, sobre todo en los familiares, los inevitables sentimientos de culpa y vergüenza que pueden surgir ante la dificultad de no saber lidiar con la condición, por el alto impacto social que aún genera.

Psicoterapia tanto individual como familiar enfocada principalmente en la prevención y abordaje inmediato ante posibles crisis.

El abordaje psicológico forma solo una pequeña parte del gran equipo que debe intervenir en el apoyo a la evolución de esta condición. Me gusta realizar reuniones periódicas con el equipo multidisciplinario que lleva a cabo el seguimiento del caso (neurólogos, nutriólogos, psiquiatras, pedagogos, terapistas de lenguaje, maestros, entre otros, para poder establecer estrategias de abordaje de manera coherente. El TEA no se puede abordar desde una sola causa, ya que es una condición multifactorial.

Neurofeedback, es una terapia complementaria no invasiva que consiste en la estimulación de la plasticidad cerebral, ayudando a regular y prolongar los estados de conciencia; permitiendole hacer mas eficientes sus periodos de atención y disminuir la ansiedad. Al manejar estas dos áreas específicamente, se puede ver una evolución tanto cognitiva como conductual significativa. Por supuesto, no todos los casos pueden utilizar esta herramienta, todo depende del nivel de complejidad de la condición. La edad también es determinativa. No la aplico en niños menores de 6 años.

Llegar a casa luego de una larga y agotadora jornada de trabajo atendiendo a niños con un padecimiento tan particular como el TEA y que tu trabajo no quede ahí en la clínica, sino que tenga continuidad en el hogar. ¿Cuán grande ha sido el reto de ser psicóloga y al mismo tiempo madre de un niño con TEA?

Sin duda este ha sido mi mayor reto…comenzando por aceptar que mi chiquito manejaba esta condición…entender que la vida puede y debe seguir siendo linda para el y que el techo solo lo ponemos nosotros como padres es una tarea difícil. Hay sentimientos muy complejos que se activan en nosotros los padres que nos impiden ver con claridad lo que podemos hacer para apoyarles de manera eficiente. Para mi, entender que yo debo adaptarme a el, mas que el a mi, ha sido de mucha ayuda. Al igual que no tomarme nada de lo que diga o haga personal; como estos chiquitos les cuesta un poquito desarrollar la teoría de la mente, pueden llegar a ser poco empaticos, y esto les lleva a ser extremadamente directos y frontales al expresar su opinión o actuar, haciéndolos parecer indolentes o insensibles… nada puede estar mas lejos de la verdad que esto…y eso toma tiempo entenderlo.

¿Podrías relatarnos brevemente cómo fue el encuentro de tus sentimientos y emociones una vez tu hijo fue diagnosticado con TEA?

Ufff…un mundo de miedo… a pesar de tener toda la teoría clara, me sentí increíblemente perdida…por donde comienzo?…pensé, esto va a ser para toda la vida…no tenía ni idea del hermoso regalo que estaba recibiendo. Él no estaba conmigo en ese momento…iba camino a casa completamente sumergida en dudas y cuestionamientos. Pero cuando llegué a casa y lo vi, todo se me olvidó, y me puse mi mejor sonrisa para iniciar esta gran aventura de aprender a vivir con alguien único y especial. Ya hoy, tenemos casi 9 años… las estereotipias desaparecieron, los tics, las hipersensibilidades son casi nulas, las ideas obsesivas las tomamos con calma, la rigidez del pensamiento la combatimos con anticipación, la ira sigue haciendo de las suyas, pero cada vez duran menos los episodios… mi gordo cuenta chistes, y entiende cuando su mami es sarcástica, tiene amigos, y utilizamos sus “defectos” para reforzar sus “virtudes”. Con el, me quito la camisa de psicólogo y solo me dedico a ser su mamá.

Los niños cuando llegan traen consigo un halo de alegría y energía positiva. ¿De qué manera la psicóloga y madre enfrentó la nueva situación que sobrevino sin ser esperada? ¿Cómo logró Laura (si es que lo logró) separar los roles de psicóloga y madre de un niño con TEA?

Él me lo enseñó… y me lo sigue recordando todos los días… si tuviera que decir en tres palabras las herramientas que mas me han ayudado a lidiar con caer en la sobre protección de ambos roles, escogería “autonomía e independencia”… aprendí a dejar de creer que era yo quien venia a enseñarle cosas, y entendí que era él quien me enseñaría a mí como apoyarle en este camino. No se si esto suene muy ambiguo, pero así tal cual ha sido.

Quizás muchos puedan ver cómo una ventaja el hecho de ser psicóloga para ayudar a su hijo con autismo, más no siempre eso puede ser una herramienta a su favor. ¿Qué hace la madre/psicóloga, cuando en vez de uno tiene dos hijos, uno con TEA y otro sin ninguna condición?

Jaja, en esta casa a todos se nos afloja una tuerca…y nos gusta ser diferentes… favorecemos la diversidad y hemos aprendido a disfrutarla… cuando dejas de juzgar y tratar de ponerle etiquetas a todo, solo te queda disfrutar y contemplar desde el amor. Ojo! con esto no digo que no peleemos o no tengamos diferencias a cada rato…tenemos muchas!, pero aprendimos a aceptar que las diferencias forman parte de nuestra vida y trabajamos con la negociación…buscamos siempre un ganar-ganar.

¿Cuáles han sido las principales experiencias y lecciones aprendidas durante todo este tiempo al lado de tus hijos y pacientes?

Compasión, paciencia, tolerancia, disciplina y amor.

 

Fuente e imagen: https://www.sicologiasinp.com/entrevistas/laura-baptista-como-vivir-la-maternidad-con-la-psicologia-en-el-mundo-del-tea/

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Amar en tiempos revueltos

Por: Daniel Seixo

«Pero después, cuando estoy en sus brazos, como ahora mismo, es como si estuviera atrapado en un torno. Tengo ganas de levantarme y salir a dar una vuelta. «Qué impaciente eres, Mark», me dice ella. «¿Por qué no te relajas nunca?» «Es que me apetece dar un paseíto.» «Pero si fuera hace un frío que pela.» «Aun así. Igual compro algo para hacer un revuelto luego.» «Pues vete tú», dice ella, medio soñando; afloja el abrazo, da media vuelta y procura volver a conciliar el sueño. Y yo me visto y salgo por la puerta. ¿Cómo le explicas a alguien a quien quieres que, a pesar de todo, necesitas más? ¿Cómo? Se supone que el amor contiene todas las respuestas, y que nos lo da todo. All you need is love. Pero eso es una puta mentira: yo necesito algo, pero no es amor.

Irvine Welsh

«El camino del infierno estará lleno de compañía, pero aún así será tremendamente solitario.«

Bukowski

«Nadie se muere de amor, ni por falta ni por sobra.«

Chavela Vargas

La sanación más segura para la vanidad es la soledad

Tom Wolfe

¿Qué es el amor? El amor es una niebla que quema con la primera luz del día de la realidad.

Un match… Siglos de literatura, composiciones musicales, dramas, epopeyas, tragedias y grandes conflictos entre naciones y particulares, para que finalmente todo termine reducido en estos tiempos desprendidos de grandeza y sentir alguno a un simple y puñetero match.

En definitiva: arréglate, ponte mono o mona, define tu personalidad en un par de palabras y un par de puñeteras fotos que no son más que lo que siempre has querido ser en tu vida, pero que nunca te has encontrado al despertarte por la mañana en el espejo de tu minúsculo cuarto de baño. Miente un poco o quizás bastante en la aséptica descripción de tu biografía, adorna hasta no llegar a reconocerlo un trabajo estresante y aburrido, no digas nada de tu ex y su nueva pareja jodidamente perfecta, ni tampoco menciones que continuamente se te pasa por la cabeza que esta red social es un digno nido de desesperados y adictos a la validación constante de sus vidas y cada uno de sus movimientos… Adoras viajar, recuérdalo, todo el mundo adora viajar, hacer ejercicio y también los gatos… Aunque quizás no, has leído algo acerca de que hay demasiada gente que es alérgica a los gatos ahí fuera y a estas alturas de la competición no sabes si merece la pena arriesgar un posible polvo por un simple gato. Quizás todo termine en un lío, algo parecido a la amistad o lo que dios quiera que sea que te lleve todo esto… Pero, ¿para qué se supone exactamente que estás completando un maldito cuestionario online que petrifica definitivamente tu desesperada búsqueda de amor al consumo?

Seguramente, ni lo sabes, ni te lo has llegado a preguntar realmente antes.

En este siglo todo resulta una competición y eso lo consume y lo condensa todo sin darnos tiempo a reflexionar, posamos en nuestras redes sociales con nuestros mejores atuendos, consumimos estilos de vida, posteamos quinientas veces al día espejismos de nuestras vidas soñadas, observamos atentos modelos prefabricados de humanos a los que llamamos influencers y entre los atascos, el viaje en metro o los descansos del gimnasio, intentamos agradar a alguien ahí fuera para poder llegar a contarle nuestras inquietudes o para echar un maldito polvo rápido. Somos todos carne de psicólogo o directamente de manicomio y simplemente lo ignoramos con la «sana» intención de compartir un rato en alguna cama con una persona desconocida que logre proporcionarnos esa especie de onanismo compartido en el que se ha transformado el sexo.

Para lograr mantener el ritmo que nos ha impuesto la sociedad de consumo coqueteamos con diez personas a la vez y elegimos finalmente por un periodo de tiempo cada vez más breve a la menos mala, damos likes al escote de nuestra compañera de trabajo, nos masturbamos con la idea de sexo esporádico con nuestra jefa o el chico de los recados, participamos en tríos, orgías, fiestas sado o cualquier otra cosa que nos logre estimular un poco desterrando por un segundo nuestra atenazante soledad. Reducimos nuestros orgasmos al instantáneo Satisfyer Pro 2 o al impersonal sexo de pago y tras eso somos infieles para intentar sentir algo inmersos en todo este circo en el que cada día se convierte nuestra vida. Todavía incluso en nuestra madurez nos mostramos totalmente incapaces de discernir que lo verdaderamente revolucionario en el amor y en el sexo, es el compromiso con algo más allá del mero placer transitorio.

Y es que no nos llevemos a engaño, el poliamor, la anarquía relacional, las relaciones abiertas y toda esa parafernalia semántica vendida como teoría moderna de la liberación amorosa a unos entes tan dispersos y aletargados socialmente como para mostrarse incapaces de realizar un repaso rápido por la historia de la humanidad, no son más que viejos juegos de prestidigitación destinados a mantener las relaciones afectivas en el marco del puro individualismo y la mercadotecnia capitalista. Seamos serios, ese viejo «paz y amor» tan vinculado al movimiento hippie hace mucho que se ha destapado como una simple estafa lanzada al mundo por un conjunto de individuos demasiado derrotistas y sumamente indolentes como para llegar a comprometerse con cualquier campaña revolucionaria o rupturista con el modelo capitalista que ya por aquel entonces daba claras señales de imposición frente a cualquier alternativa social. El amor es solidaridad, compañerismo y en algunos puntos, también sacrificio por el bien común. Valores todos ellos muy alejados del consumismo capitalista y el individualismo extremo que finalmente nos terminarían vendiendo bajo el pretexto de la rebeldía como alternativa rupturista en nuestras relaciones.

Nuestros cuerpos y nuestras mentes se han convertido en este siglo bajo un sistema social y económico alienante e impersonal en aletargadas máquinas incapaces de sentir o querer, somos meros entes otrora humanos inmersos en una desesperada búsqueda de estímulos que en última instancia nos logren proporcionar una mínima dosis de felicidad momentánea y adulterada, sin llegar con ello a vislumbrar en nuestro devenir social lo que llega a ser cuidar y saberse cuidado, compartir un mismo objetivo, un proyecto de vida común. A muchos, quizás hoy les parezca extraño ese otro mundo fuera de las relaciones de usar y tirar, pero todavía hoy existe la capacidad de amar. Y sepan ustedes que siempre, el verdadero revolucionario se ha guiado por grandes sentimientos de amor.

Fuente: https://nuevarevolucion.es/amar-en-tiempos-revueltos/

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Manu Velasco: “Los niños tienen su ritmo de aprendizaje y les contagiamos con la prisa”

Por: Laura Román

Durante la pandemia, la tecnología ha sido esencial para continuar el curso académico desde la distancia. Sin embargo, y de cara al futuro, Manu Velasco, maestro y autor del libro ‘Soñando personas’, considera esencial invertir un mayor tiempo de calidad con los estudiantes para evitar ‘contagiarles’ con otro virus muy presente entre los adultos: el del apresuramiento.

Manu Velasco se considera un maestro con los pies en la tierra y la cabeza en las estrellas. Quizá, por esa razón, ha escrito ‘Soñando personas’, un libro para creer en la magia de los seres humanos a través de una serie de reflexiones personales con las que indaga en temas como la vida, el amor, la educación, la amistad… Unas cuestiones que, incluso durante la pandemia, siguen vigentes ya que cree que los niños han tenido más tiempo que nunca para ‘soñar’.

Pregunta: Dice la escritora Ángeles Caso en el prólogo que su libro trata sobre los sueños, el tiempo, el pasado… ¿Está de acuerdo?

Respuesta: Es un libro para creer en la magia de las personas. Sobre lo que somos, lo que sentimos y lo que vivimos. Unas veces en versos y otras en pequeños recuerdos y reflexiones. Invita a repensar las vidas y el mundo que habitamos para mejorarlo.

A lo largo de los 17 capítulos, he intentado expresar con un estilo sencillo y creativo la hondura de mis sentimientos y mi experiencia. Dedico los juegos de palabras a la educación, a la amistad, a la familia, a los sueños, a las personas, a las nuevas tecnologías, al amor o a la vida para intentar llegar a lo más profundo del lector y para que le haga pensar en otras personas, soñar con ellas. Es un libro sobre nosotros.

P: ‘Soñando personas’ es un conjunto de reflexiones personales que comenzó en las redes sociales y que tuvo una respuesta muy buena por parte de sus seguidores, ¿cuál fue la razón para convertirlas en un libro?

R: Siempre me ha gustado jugar con las palabras y disfruto mucho haciéndolo. Me apasiona observarlas, acariciarlas, doblarlas, darles forma y convertirlas en aquello que necesito en cada momento. Empecé a escribirlas por esta misma razón y porque sentí la necesidad de hacerlo, de expresarlo y de compartirlo de esta manera.

Manu Velasco

P: ¿Cómo podría un docente utilizar su libro con los estudiantes?

R: Es vital comprometerse activamente con la educación lectora y escritora. Es muy importante despertar en los más pequeños y en los no tan pequeños el deseo de escribir, promoviendo siempre una escritura personal y creativa.

Puede servir como ejemplo para trabajar la escritura creativa y personal a la vez que se abordan aspectos tan importantes como los sueños, la autoestima, el amor, la familia, la tecnología, la amistad, la muerte o la vida.

P: En su libro comenta que educar al estilo ‘correcaminos’ es tan nutritivo como la bollería industrial, ¿qué es lo que debería cambiar ahora que la vida también se ha transformado debido a la pandemia? ¿Qué papel tendrá la tecnología en todo ello?

R: La tecnología es un recurso más que puede ayudarnos y enriquecer nuestra práctica educativa. Es un gran tren capaz de llevarnos a sitios maravillosos, pero las vías por las que circula ese tren siempre se llamarán pedagogía. La tecnología debe estar al servicio de la pedagogía, nunca al revés.

Dicho esto, está claro que ha tenido un papel fundamental y que nos ha ayudado más que nunca. Por este motivo, debemos seguir desarrollando todos (docentes, familias y alumnos) la competencia digital para sacarle el mayor partido posible y para saber discernir aquello que es útil de aquello que no es más que pirotecnia, que simplemente adorna y que nos deslumbra.

Creo que si algo debe cambiar es nuestra formar de estar y de ser en muchas ocasiones, debemos pararnos y dejar de andar como ‘pollos sin cabeza’. Es evidente que no existe mejor manera de no estar en ningún sitio que intentando hacer y estar en todos. Correr no es siempre la mejor manera de actuar. Existen ciertas cosas que no podemos ni deberíamos acelerar, que requieren tiempo y que si las aceleramos el precio a pagar es altísimo.

«Es muy importante despertar en los más pequeños y en los no tan pequeños el deseo de escribir, promoviendo siempre una escritura personal y creativa»

Sería más interesante y mucho mejor hacer menos y disponer del tiempo necesario para sacar el mayor provecho posible a cada experiencia, a cada momento, a cada contenido o cada actividad. Los niños tienen su propio ritmo de aprendizaje y los estamos contagiando con el virus adulto del apresuramiento. Un virus realmente peligroso que les acorta la infancia, los presiona para que imiten las costumbres adultas y los obsesiona con la velocidad.

P: ¿Cree que por dicha situación los sueños de los estudiantes también han cambiado?

R: Creo que no. En tal caso, han tenido más tiempo para soñar. El primer sueño que tenemos cuando somos pequeños es sobre nosotros mismos. Nos soñamos y nos proyectamos en el futuro siendo o haciendo algo. Es muy importante que dejemos que nuestros hijos o estudiantes se conozcan, descubran lo que les apasiona y ‘se sueñen’. Ojalá esta pandemia haya contribuido y regalado un tiempo para ello.

Manu Velasco

P: Usted aboga por una educación basada en los valores, en las emociones. ¿Cómo puede ayudar ese tipo de educación en los tiempos que vienen?

R: Cuando hablamos de valores y emociones, hablamos de educación. Una educación muy necesaria en estos momentos, centrada en el corazón y que nos hace ver que educar es respetar la individualidad y la autonomía de los demás; que educar es abrigar sus sueños y destapar sus miedos; que es alimentar sus talentos y sus pasiones; que es confiar en sus capacidades; que educar es regar su independencia y cimentar su confianza.

«Hay que dejar que nuestros hijos o estudiantes se conozcan, descubran lo que les apasiona y ‘se sueñen’. Ojalá esta pandemia haya contribuido y regalado un tiempo para ello»

P: ¿Cuál es la clave para que ‘soñemos personas’?

R: Ser capaces de dejar de oír todo el ruido que nos rodea e intentar viajar a nuestro interior para redescubrirnos y para valorar la suerte de tenernos; la suerte de tener cerca de nosotros a tantas personas que están ahí para lo que haga falta.

Fuente e Imagen: https://www.educaciontrespuntocero.com/entrevistas/manu-velasco-ninos-ritmo-de-aprendizaje/

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Chester Rodríguez: la responsabilidad por el oro en tiempos de COVID-19

Por: Héctor Rodríguez Cruz

 

No se trata de filosofar sobre la trivialidad. Ni de hacer un elogio a lo simple. O de rellenar el espacio cuando el articulista no ha logrado pescar un tema apasionante. Se trata de volver la mirada al amor y la ternura y al grito que nos recuerda nuestra responsabilidad por el otro ahora en tiempos de coronavirus. Se trata de compartir la historia de Chester Rodríguez, quien es adoptado y se integró a nuestra  familia cuando tenía dos años.

Desde entonces cuenta con protección en nuestra casa. Hemos tratado de hacerlo sentir que encontró el hogar que perdió. Desde su llegada hemos sincronizado nuestras biografías. No sabemos quién debe agradecer la presencia del otro.  Si él, porque encontró el hogar perdido o nosotros, que encontramos una oportunidad para pagar deudas y solidaridades por todos los actos de amor recibidos de parte  de conocidos y desconocidos, de vecinos y extraños. Y muchas nos quedan pendientes con los hombres, nuestros hermanos.

Mientras mi esposa Pilar trata de educarlo, yo en cambio soy más flexible. Celebro sus travesuras para hacerle olvidar sus soledades y su desarraigo.  A lo uno y a lo otro Chester responde con gestos de agradecimiento, que expresa con su mirada que nos recuerda que es más grato compartir la presencia  con los otros que sumirse en los retiros egoístas en nombre del derecho al silencio.

Yo no soy el primero en contar este tipo de encuentros. Cuento mi encuentro con Chester Rodríguez, mi leal Golden Retriever del cual no soy su dueño porque es libre. Como Neruda contó el suyo “Mi perro me miraba, con esos ojos más puros que los míos, perdía el tiempo pero me miraba, con la mirada que me reservó, toda su dulce, su peluda vida, su silenciosa vida, cerca de mí, sin molestarme nunca, y sin pedirme nada”.

Como lo cuenta  Antonio Gala, fecundo novelista y escritor español, en su libro “Conversaciones con Troylo”,  que recoge    una serie de artículos publicados en El País Dominical y recrea mediante una serie de charlas (imaginarias) que el autor tiene con su mejor amigo canino, un Teckel llamado Troylo con quien habla sobre la vida, la sociedad humana, la política, la economía y los temas sociales. El nombre de ‘Troylo’,  fue sacado de un pasaje de Shakespeare.

O como Adela Cortina afamada filósofa española contemporánea, que ha visitado  varias veces el país, que en su libro “Las fronteras de la persona. El valor de los animales, la dignidad de los humanos”, sostiene que los animales tienen un valor interno y tenemos obligaciones hacia ellos. Y más obligación con los hombres, nuestros hermanos, que al decir de Benedetti, “alguna vez ladran  por no llorar”.

Quien se habitúa –dirá  la filósofa- a no ser compasivo, agradecido y responsable con los animales acaba no siéndolo tampoco consigo mismo ni con los demás hombres. Tenemos deberes indirectos hacia los animales, actuar de manera cruel con ellos implica una falta de humanidad. Chester Rodríguez nos ha enseñado humanidad, nos ha enseñado a amar a las personas.

O como Benedetti que en su cuento “El hombre que aprendió a ladrar”,  refiere que  Raymundo le pregunta a  su amigo Leo que si ladraba bien. Leo le dice “Yo diría que lo haces bastante bien, pero tendrás que mejorar. Cuando ladras, todavía se te nota el acento humano.”

Por su parte John Gray, considerado uno de los pensadores más importantes de nuestro tiempo, que en su libro “El silencio de los animales”, sostiene que los seres humanos son el vacío contemplándose a sí mismo. Y se pregunta: ¿por qué otorgar  este privilegio sólo a los seres humanos? Otras criaturas pueden tener “ojos más brillantes”.

Ahora en los tiempos pesarosos y lacerantes del COVID-19, la historia de Chester,  de Troylo y del hombre que aprendió a ladrar, llama a humanizar nuestra bestialidad  que contamina la soledad y el dolor de los maltratados por la pandemia. Y que invita a escuchar los gritos contra las  ausencias de fraternidad, de compasión y de amor al prójimo.

El COVID-19 nos proporcionará muchos gritos y muchos silencios. Si ya no se cultiva el silencio es porque admitir su necesidad hace necesario aceptar nuestra propia “inquietud interior”, condición que en otro tiempo se entendía como fuente de tristeza y que hoy se valora como una virtud. Entonces, hablar cuando hay que callar es perturbar esa quietud.

Perturbemos la quietud contaminada de los insensibles, quienes sean,  que no aman a sus hermanos ni otras cosas digna de amor. En tiempo de COVID-19,  perturbemos las falsas caridades de aquellos que se resisten a mirar el sufrimiento de los demás y a  asumir la responsabilidad por los otros.

Fuente:  https://acento.com.do/2020/opinion/8826213-chester-rodriguez-la-responsabilidad-por-el-oro-en-tiempos-de-covid-19/

Imagen: https://pixabay.com/

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A propósito del día del maestro y la maestra

Por: Fernando David García Culebro

 

En México y en muchos países del mundo, en el marco de la emergencia sanitaria, las fechas conmemorativas son celebradas de manera diferente este año. Las mañanitas del día del niño (el 30 de abril), fueron virtuales y las felicitaciones de sus maestros y maestras llegaron a las y los niños por mensajes de texto o videos a través de un teléfono móvil. De igual manera, el primero de mayo (día de las y los trabajadores), las voces que demandan los derechos de salarios justos,  tratos dignos y jornadas razonables, se oyeron en podcast, ya no fue en las calles como en otros años.

Recientemente en la celebración del día de las madres en México, el tradicional mariachi no se escuchó como en años anteriores, las escuelas no realizaron los eventos que cada 10 de mayo realizaban y la mayoría permaneció en su casa para recibir la visita de sus familiares cercanos. Algunos se atrevieron a darles el abrazo, otros no, para mantener la sana distancia.

Llegó el día del maestro y también fue diferente. Algunos extrañaron el abrazo de sus camaradas al comenzar la marcha que en muchos estados de la república mexicana se ha venido realizando en esta fecha.

Sin embargo, tal vez todo esto, durante la pandemia, nos permita vivir de otro modo cada día. Revalorar el justo significado de cada momento y de nuestras acciones.

Preguntarnos por ejemplo: ¿qué ha significado para cada docente su propia labor?, ¿Cuál ha sido el valor que éste le ha dado? Como dice Marcela Chavarría:

El valor intrínseco del magisterio y la valentía de ejercerlo son dos aspectos que hoy llaman a la reflexión; sobre todo cuando gran parte de la propia vida transcurre en el trabajo […] Si todo obrero corre riesgos cuando usa los materiales con que trabaja, ¿cuáles corre el maestro y la maestra si su materia prima‟ son la inteligencia, la libertad, la afectividad y la trascendencia de otros seres como él o ella? (Citado en Bermúdez, 2011)

-¿Qué te preocupa, si eres maestro y tu trabajo está bajo sombra? – trabajas cinco horas diarias y tienes libre sábado y domingo, con vacaciones pagadas. Estos fueron algunos de los comentarios que recibí en mi primer año de servicio en el ámbito educativo. En ese entonces, guardé silencio, no supe qué responder, lejos estaba de comprender la enorme tarea de los y las docentes.

El presente artículo reúne las voces de muchos compañeros y compañeras, que amablemente respondieron a la siguiente pregunta ¿qué ha significado para ti ser maestro/a?

Ser maestro, para mí ha significado: La materialización de un sueño imposible. Las condiciones de pobreza de mi infancia no mostraban la esperanza de, ni siquiera terminar la primaria. Por ello, Ser maestro, para mí ha significado: la oportunidad de compartir con otros lo que he aprendido y en ese acto colaborar en la construcción de las nuevas sociedades. La oportunidad de viajar y conocer parte del país y conocer a muchos educadores valiosos. La oportunidad de estar aprendiendo continuamente mientras comparto con los demás. La oportunidad de una vida distinta a la de mi infancia, para mi familia. La oportunidad de conocer a muchos niños y jóvenes que se entusiasman aprendiendo. (Seín A. Laparra Méndez)

 

Ser maestra ha sido la mejor decisión de mi vida. Ya que a través de ésta noble labor he contribuido a transformar la mente y el corazón de los niños. Siendo agente de cambio y motivación debido a que todos los días a través de nuestro trabajo inyectamos a nuestros alumnos ese deseo de aprender. Y al mismo tiempo, ser docente significa aprender algo nuevo de nuestros alumnos, porque también ellos nos enseñan a ver la vida desde su panorama, nos enseñan a divertirnos, construir y reconstruir el conocimiento. Ser profesora es lo mejor que me ha pasado puesto que todos los días ríes, aprendes y aunque a veces las actividades planeadas no resultan como uno esperaba, al final de la jornada uno se queda con la satisfacción de ver cómo la mente y la actitud de nuestros alumnos van cambiando. Confiando en que un día no muy lejano ellos se convertirán en aquello que ahora de niños están soñando: doctores, maestros, arquitectos… ¡Y entonces harán de éste mundo algo mejor! (Matilde Sántiz)

 

Ser maestra ha significado para mí: Vida, Fuerza, Amor, Esperanza, Felicidad. Vida porque el ser maestra me motiva día a día a vivir y dar lo mejor de mí, porque me ha permitido ser de ayuda para la vida de muchos corazoncitos. Fuerza porque me ha dado fortaleza para sobrellevar las situaciones adversas de la vida. Amor, porque en medio de toda la pedagogía, los programas, el plan de clase, las tareas, los contenidos y las batallas de la vida. El AMOR es el sentimiento que he recibido de muchos alumnitos y de muchas personas. El ser maestra significa eso, porque no solo he dado clases, sino que he dado amor y prueba de ello es que también lo he recibido en abundancia. Esperanza porque sé que en mis manos día a día, ciclo a ciclo escolar se forman seres humanos de los cuales son la esperanza para el futuro. Significa esperanza porque anhelo que lo que he dado como maestra y ser humano a mis alumnos se vea reflejado en sus vidas, significa esperanza porque deseo con el paso de los años ver a mis alumnos ser exitosos. Felicidad. Porque no hay lugar más lindo y alegre que un salón de clases, significa felicidad porque es ahí donde se vacían los corazones, es ahí donde se olvidan penas, es ahí siendo maestra, siendo niña, siendo amiga, siendo compañera donde la felicidad se comparte y se demuestra día con día. (Nancy Bautista)

 

Ser maestro no es únicamente llegar al salón y dar una clase o simplemente entretener a los niños. Es una responsabilidad más allá de un título, es más que poseer conocimientos, está más allá de mi credo, religión o corriente política. Porque eso es solo lo que soy como individuo, pero ser maestro es una tarea compleja que no solo se redunda al espacio de cuatro paredes o al aire libre. Es una gran responsabilidad que implica conocer inquietudes, problemas en el hogar: económicos, de salud, violencia, desintegración familiar, etc. los cuales, tal vez no podemos solucionar pero si dar esa muestra de afecto y motivación. Con ello, uno se siente parte de la vida de los niños y no solo un individuo más que integra ese grupo superficial. Ser maestro no es solo llenar un cerebrito de conocimientos, si no rebosar de afecto a corazones, porque en muchos casos, llegan niños careciendo de ello. Ser maestro es entender que no es por ética profesional el hacer bien tu trabajo. Es por ética personal, porque lo que hagas como maestro marcará la diferencia si tienes una nueva generación de personas frustradas o seres que tienen valores, respeto hacia sus semejantes y al medio ambiente. (Alberto Oropeza)

 

Para mí ser docente significa muchas cosas, es reinventarse cada día, es pensar para el otro, es ver más que el ahora, es construir y reconstruir los pensamientos con un grupo en los cuales me encuentro presente en ese momento, es abrir tanto el pensamiento como los sentimientos de ese colectivo del que se es parte, es superar los límites que se tienen como sujetos individuales para formar nuevos sujetos sociales en caminados para la ayuda mutua, es descubrir grandes diversidades presentes en un mismo lugar, es sentir a cada alumno como parte de nuestro propio ser, ser docente es todo eso y más. Ser docente es un pensamiento de vida, para la vida y por la vida. (Rubí A. Pérez)

 

Ser maestra ha significado para mí, poner en práctica mi vocación de servir a los demás con el corazón abierto a facilitar y guiar a los futuros profesionistas. Ser el puerto seguro a donde puedan llegar. Ser ejemplo y aprendiz de mis alumnos, abriéndoles espacios donde se sientan confiados y libres, aprendiendo a hacerle frente a la vida. (Alejandra Ramos)

 

Ser maestro para mí ha sido una oportunidad para desarrollarme profesionalmente, da lugar para realizar aquello por lo que tanto luché y quiero en la vida, que es trabajar con
y por personitas de las cuales he aprendido mucho y seguiré aprendiendo. De igual manera, el ser docente ha sido una motivación permanente para ser mejor profesional; pero aún más, ser mejor persona, porque nadie puede enseñar lo que no posee. Trabajar con niños que requieren mucha atención y sobre todo cariño, permite darles ese amor y cobijo en sus corazones que tanto necesitan. En muchas ocasiones ellos reflejan episodios de nuestras vidas y es nuestro deber brindarles la oportunidad para superar las adversidades, los docentes debemos ser el ejemplo vivo para salir adelante con base en el estudio y el amor hacia lo que se hace. Sin lugar a dudas el  Ser maestro es un estilo de vida. (Rafael Oropeza)

 

Ser maestra ha significado, ser una persona más realista, más perseverante, más empático, más sensible. Me ha enseñado  que la educación de nuestros alumnos se lleva en el corazón, cada logro de ellos lo festejas y cada dificultad que ellos enfrentan la asumes como propia. En lo particular ser maestra me ha enseñado día a día que los niños y su educación son la base de nuestra sociedad y  nosotros como maestros tenemos total acceso a ser partícipes a ese proceso. Si bien construyes o bien destruyes. (Lorena Liévano)

 

Ser maestro ha significado un gran reto en mi vida, debido a que enseñar no es solo dar clases, sino a preparar niños para el futuro, lo que me ha llevado a ser mejor persona. Asimismo, a sonreír con las aventuras, travesuras, espontaneidad de los niños y ser más sensible ante muchas situaciones de la vida. Me ha motivado a ser ejemplo para mis alumnos dentro y fuera de la escuela. Esto ha implicado cuidar aspectos de mi vida personal y laboral, esforzándome a entregarlo todo para el bien de los niños. (Aníbal Avendaño)

 

No es que se hayan elegido a docentes con un mismo perfil o afinidad; ni que sean de un mismo lugar o nivel educativo, sino todo lo contrario, se eligieron personas de diferente procedencia y contexto laboral, no obstante es evidente, que en la mayoría de los comentarios, los y las docentes no ven el hecho educativo como un acto que responda únicamente a la transmisión o construcción de conocimientos, sino que además, incluye la atención de emociones, necesidades e intereses de cada estudiante.

En ese sentido, la escuela es un espacio de humanización, socialización, encuentro, construcción, innovación, identificación y descubrimiento de uno mismo a través de los otros y las otras. Pero sobre todo, para muchos niños y niñas, el aula y el regazo del docente son un refugio que mitiga sus pesares.

Hoy más que antes, la clase presencial cobra importancia y quedan al descubierto las necesidades que las clases en línea serán incapaces de satisfacer.
En palabras de Jurjo Torres: “La escuela pública presencial es la única institución que tenemos hoy para enseñarnos a vivir juntos […] con los que son diferentes a nosotros”[1], porque ahí es el lugar de encuentro de la diversidad, en ese espacio asisten niños, niñas, maestros, administrativos y directivos; padres y madres de familia de diferentes barrios, condición económica, política, religión, etc. Y es el sitio donde se desarrolla la empatía, se valora la diversidad, el trabajo en equipo, la ayuda mutua, pero sobre todo, se propicia el diálogo y la escucha activa.

Por ello, mi mensaje a las escuelas formadoras de docentes es que no únicamente deben poner importancia en los conocimientos que las y los futuros maestros van a adquirir o construir, sino también cultivar la paciencia, confianza, estabilidad emocional, humildad, pensamiento creativo, pensamiento crítico, etcétera y un largo etcétera.

Porque la escuela no es un banco de conocimientos, el ser humano, no solo es razón, también es emoción, y en él y ella, convergen sentimientos y diferentes estados de ánimo.

Los mismos docentes durante su labor pasan por situaciones emocionales muy difíciles y están en las aulas intentando olvidar sus dificultades y de hecho muchas veces lo logran solucionando problemas de otros, aunque los suyos queden postergados.

La labor de los y las docentes no se limita a un horario y espacio, los maestros y las maestras cuando no están en la escuela, también trabajan, elaboran materiales, realizan planeaciones, inventan problemas para ser resueltos en clases, pero sobre todo, la mayor parte del tiempo se la pasan pensando en sus alumnos/as.

La vida en la docencia tiene muchas vicisitudes, y aun con todo ello, muchos no quieren jubilarse y los que lo hacen, extrañan su vida en las escuelas.

Pensando en el día del maestro y la maestra hice la siguiente pregunta a compañeros/as jubilados/as que conozco: ¿Qué es lo que más extrañas del trabajo docente?

 

Lo que más extraño es la convivencia, anhelo estar frente a grupo, transmitir mi experiencia, escuchar el bullicio, las quejas y sobre todo, las ocurrencias que de pronto
surgen en cada niño(a). Recuerdo una muy chistosa estaba aplicando un examen en primer año (cuando ellos empiezan a descubrir el mundo del saber) me dice una nena: “maestra Marichuy con V de vaca o B de burro se escribe buautemoc”, le pregunté ¿qué quieres escribir mamita? “el nombre de mi escuela” me respondió. Y así tantas anécdotas, un día les platiqué que me dan terror las ratas y los hámsters. Después a un niño que ahora es todo un muchacho se le ocurrió llevar uno en una cajita de regalo y me dice: “maestrita chula te traje este regalo, pero ábrelo”. ¡Jesús cuando vi la ratita!, salí llorando y aterrorizada, mi amiga Daly me abrazó y entró al salón a hablarle al niño, después él me pidió disculpas. Me siento muy satisfecha de todo lo que pude dar reconozco que quizás no fui tan amorosa, estricta sí, pero en el fondo de mí, amé a cada grupo porque eran totalmente diferentes. (María de Jesús Utrilla)

Extraño la sonrisa de los niños, sus ocurrencias. Ayudarles en sus penas como el abandono de sus padres o castigos exagerados y poder darles un poquito de cariño. Extraño sus saludos afectuosos, más en la calle cuando me encuentran. La ternura de la mirada de los de primero, al inicio de ciclo, verlos crecer y hacerse adultos. Extraño a mis compañeros que siempre fueron fieles hermanos en los triunfos pero también en las derrotas. Extraño mi mesa, mi silla, el pizarrón, etc. (Arturo Amílcar Morales)

Extraño mucho el cariño de los niños, el respeto de los padres de familia por mi entrega en el trabajo, el compañerismo de los camaradas de la escuela y la zona, todos esos, son grandes recuerdos, pero hay que aceptar y adaptarse a la nueva etapa, estuve bastante inestable ante el cambio, pero ya me estoy creando nuevas actividades donde pueda estar cerca de mis padres que ya están viejitos. (Ciro Cancino)

La vida del maestro y la maestra, también es extrañar, al comienzo, en escuelas alejadas de su hogar, extrañan su familia y es el primer sentimiento con el que tienen que lidiar al empezar su servicio docente. Después extrañan la escuela que han dejado, al iniciar de nuevo en otra parte, extrañan a sus alumnos/as que se han ido, sus compañeros que ya se han despedido.

Los/as docentes jubilados/as tiene muchas historias, experiencias, saberes y anécdotas para compartir. “Tal vez el recuerdo de esos días en las escuelas, avivan el presente y la utopía que hoy desentume nuestro cuerpo y nos hace caminar” me dice mi maestro de primaria -Jesús García- enterrando su mirada en las montañas de Chiapas. Y precisamente, Jesús García Borraz es la persona que me enseñó a leer y escribir, así que, inevitablemente él es parte de este texto, como lo son todos los que fueron mis maestros. Porque en ellos encontré el valor de educar. Y los reconozco ¿saben por qué?, porque fueron capaces no solo de llegar a mis pensamientos sino también a mi corazón. A decir de Vasconcelos los grandes maestros […] “son aquellos que en momentos de regocijo y de triunfos nos viene a nuestra mente”. En lo personal, eso me sucede a menudo, por ello, “gracias a cada uno de nuestros maestros, que traspasaron el aula para seguir orientándonos, dejando huellas en la piel de nuestra memoria y encendiendo la luz de nuestro corazón” (Bermúdez, 2011).

He conocido personas que sus días han transcurrido en las escuelas, cuando le pregunté a una de ellas – ¿Por qué no se ha jubilado?- Me respondió con acento filosófico – “porque el día que lo haga, moriré de depresión”…

Tal vez muera su cuerpo algún día, pero jamás morirán sus historias, sus enseñanzas, las semillas que sembró en otros y otras, que ya han germinado y echado raíz en otras partes.

Sin embargo, no puedo pasar por alto y perderme en el romanticismo, olvidando “a quienes hacen de la docencia una rutina sin brillo ni vida, intentan reproducir textos, repetir programas, realizar lo mismo día a día” (Bermúdez, 2011). Viven pendientes del tiempo, sobre todo durante la jornada laboral. Esperan a la hora de salida y a los días viernes con desesperación, reciben el lunes sin ilusión y transcurren sus días sin amor a lo que hacen.

Muchas veces, me hice las siguientes preguntas: ¿nacemos para ser maestros? ¿Hay algo predestinado?, hoy, mi respuesta es que no. Que todos tenemos la oportunidad de enamorarnos de nuestra labor. Porque la manera de hacer docencia es una construcción social, no algo que nos fue dado de manera natural. En nuestra subjetividad y el currículum oculto se esconden las respuesta de lo que hacemos en nuestra práctica educativa.

Hoy es un buen día para pensar la maravillosa dicha de ser maestro/a y “descubrir la riqueza de la vida humana, encontrar la plenitud personal en el servicio al mejoramiento ajeno y hacer de ésta una meta, un reto y una misión de vida” (Bermúdez, 2011). Escuchar nuestra voz interior que nos invita a amar y a enseñar.

A decir de Fernando Savater: “un maestro, un director desmotivado, perdido sin compromiso, aunque tenga los máximos títulos universitarios, vagará como alma en pena por escuelas dotadas, con salones de clase, de computación admirables, polideportivos fastuosos, sin conseguir con ello darle valor a la educación” (Citado en Bermúdez, 2011).

A partir de la entrada de las políticas neoliberales en México han existido campañas de desprestigio al magisterio, evidenciando la feroz intención de hacer creer a la sociedad que hay una crisis educativa y que los responsables de esa crisis son los maestros/as. En lugar de motivarlos, muchos gobiernos han pretendido todo lo contrario, como lo muestra el documental “de panzaso”[2] impulsado por “Mexicanos primero” y coordinada por Carlos Loret de Mola, en el periodo de gobierno de Enrique Peña nieto, previo a la reforma educativa promovida por ese gobierno represor y privatizador.

Y justamente por esa embestida neoliberal que ha golpeado cruelmente al magisterio, también se han reavivado energías, luchas y vínculos entre maestras y maestros, para defenderse unidos. Así, durante las últimas décadas han surgido algunos proyectos alternativos de educación en México y los y las docentes han comenzado rutas diferentes en su labor pedagógica, porque han quedado al desnudo las perversas intenciones de los proyectos educativos orientados por los organismos internacionales como la OCDE, el FMI y el Banco Mundial.

El panorama actual en la educación, presenta nuevos desafíos e invita a los y las docentes a reinventarse y a repensar la práctica educativa. Lo que acontece en el mundo es un llamado al despertar social. No podemos “volver a la normalidad”, no solo porque esa normalidad no era buena, sino porque ya no será posible. Los imaginarios sociales están siendo transformados en este periodo de confinamiento preventivo, se están generando cambios inimaginables que nos obligan a repensar el hecho educativo de manera urgente.

Los movimientos sociales y los proyectos alternativos en educación hoy tienen la difícil tarea de responder a esta dura ofensiva y no hablo del coronavirus, sino de todo lo que trajo consigo esa crisis sanitaria.

Por ello, hoy más que nunca, los y las maestras continúan siendo la clave de la transformación en la escuela para la vida. Y es necesaria como dice Zeichner: “una reacción contra la visión de los profesores como técnicos que sólo se dedican a transmitir lo que otros, desde el exterior de las aulas” diseñan y hasta comercializan, mientras que los y las docentes son meros participantes pasivos, seguidores de guías y manuales. Por el contrario es menester un cambio que implique reconocer que los y las maestras son “profesionales que tienen que desempeñar un papel activo en la formulación de los […] fines de su trabajo, tanto como en la de los medios: el reconocimiento de que la enseñanza ha de volver a ponerse en manos de los profesores” (Zeichner, 1993).

En consideración de los comentarios de los y las maestras antes mencionadas/os, como Nilda Bermudez señala: “es imprescindible contar con maestros que comprendan la necesidad de conocer los problemas de sus alumnos, comprometidos con ellos y luchen por lograr la comunicación educativa con los educandos y sus familias para obtener resultados significativos tanto individuales como colectivos”, además, es menester, pensar los problemas de la escuela en comunidad, no encerrados en el individualismo, porque lo que le acontece al compañero o compañera del salón de alado, tiene alguna o mucha relación con lo que le sucede a los otros.

Sin embargo, es imprescindible también que las autoridades educativas comprendan y confíen en las capacidades de los y las docentes, porque cuando se habla de capacitar a las y los maestros podemos contemplar una falta generalizada de respeto hacia el conocimiento práctico de los y las profesoras en el ámbito de la investigación educativa. Otras pruebas tangibles han sido las reformas “que han tratado de definir una base de conocimientos para la enseñanza prescindiendo de la voz del magisterio” (Zeichner, 1993).

Aprender a ser docente, no es algo que solo se dé en las escuelas formadoras de maestros, se aprende todos los días, sobre todo cuando somos capaces de reflexionar sobre nuestra práctica educativa y transformarla. Hay tres actitudes que Dewey considera necesarias para la acción reflexiva:

En primer lugar la apertura intelectual se refiere al deseo activo de atender a más de un punto de vista, a prestar plena atención a las posibilidades alternativas y a reconocer la posibilidad de errores, incluso en nuestras más caras creencias. Los maestros intelectualmente abiertos examinan de manera constante los fundamentos que subyacen a lo que se toma como natural y correcto, y se preocupan por descubrir pruebas contradictorias. Los maestros reflexivos se preguntan constantemente por qué hacen lo que hacen en clases. (citado en Zeichner, 1993)

En ese sentido, nuestra tarea exige seriedad y un gusto esencial por mejorarla para el servicio de los demás, por ello implica amarla y disfrutarla.

Hoy es un buen día para pensar en todo lo que ha significado ser maestro/a. Pensarnos, no solo de manera individual, sino colectiva. Lo que la comunidad escolar espera de nosotros y también, lo que nosotros esperamos de esa comunidad.

Revalorar al magisterio, es tarea de autoridades educativas, de las y los propios maestros y de la sociedad en general.

La confianza de un país en sus maestros/as es clave para enfrentar los retos educativos del presente y del mañana. Recordar y retomar a José Vasconcelos, Jaime Torres Bodet y a Rafael Ramírez Castañeda, entre otros, le quedaría muy bien al sistema educativo mexicano.

 

Palabras clave:  Revalorización del magisterio, Jubilados, Formación docente,  Añoranzas, Amor, Valor de educar,  Significado de ser maestro. 

 

Referencias:

Bermúdez, N. E. (2011). El valor del maestro en el acto de educar. Vinculando.
Jurjo Torres Santomé. (07 de 05 de 2020). Conferencia de Jurjo Torres Santomé, CINPECER – CSIIE Sección XVIII CNTE. Recuperado el 07 de 05 de 2020, de https://www.youtube.com/watch?v=WW0ioNEASH8
Mexicanos Primero. (13 de Octubre de 2012). De Panzaso. Recuperado el 02 de Mayo de 2020, de https://www.youtube.com/watch?v=i4BbdUds90s&feature=youtu.be
Zeichner, K. (1993). El maestro como profesional reflexivo. Cuadernos de pedagogía, 220.

[1] https://www.youtube.com/watch?v=WW0ioNEASH8
[2] https://www.youtube.com/watch?v=i4BbdUds90s&feature=youtu.be

Fuente: El autor escribe para OVE

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