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Los científicos se unen ante otra epidemia: la desinformación

Por: Sofía García-Bullé

La unión y transparencia de la comunidad científica ante una crisis como el coronavirus es crucial para frenar el avance de la epidemia.

Las cifras del coronavirus (COVID-19) siguen en aumento desde su aparición en diciembre del año pasado. A la fecha, ha cobrado más de 2,126 víctimas mortales, el número de infectados asciende a 75,700 personas, de las cuales 74,576 son chinos.

Los científicos y profesionales de la medicina en China enfrentan un reto enorme para contener la epidemia y evitar que se siga propagando a otras regiones del mundo. En artículos anteriores hablamos sobre el origen del virus COVID-19 y la importancia de ser crítico con la información que circula durante una crisis de salud mundial.

Desde programas y protocolos especiales para atacar el progreso de la enfermedad, hasta la dedicación de profesionales médicos y científicos que no dejaron de trabajar ni siquiera después de contagiarse, China está luchando a todo vapor contra el avance del coronavirus, pero tiene otro enemigo: la saturación de contenidos y la desinformación.

Un despliegue nacional excepcional 

El esfuerzo para controlar el brote epidémico conforma una estrategia coordinada por el Ministerio de Ciencia y Tecnología chino (MOST por sus siglas en inglés). El ministerio lanzó un programa llamado “Lidiando con la epidemia del COVID-19”, que incluye cuatro bloques de 20 programas de emergencia hasta la fecha. Además de los proyectos específicamente creados para contener la epidemia, también se están reevaluando dos de los mayores proyectos científicos y tecnológicos de China, como los titulados “Creación de importantes e innovadoras medicinas” y “Prevención y tratamiento de contagios severos”.  Varios descubrimientos consecuentes de la aplicación de estos programas ya se están aplicando en el país para detener el avance del COVID-19.

Además, el despliegue de esfuerzos también se reflejó en el tema de infraestructura. China logró construir dos hospitales en tan solo 10 días. Ambos edificios prefabricados proveerán de 2,600 camas, 30 unidades de cuidados intensivos (en tan solo uno de los dos hospitales temporales) y demás recursos para tratar pacientes ambulatorios.

Solidaridad académica

Alrededor del mundo, miembros de diversas comunidades científicas se han pronunciado en apoyo al trabajo, dificultades, descubrimientos y resultados de la comunidad científica china ante esta crisis de salud. Decenas de científicos y académicos utilizaron la plataforma del diario británico The Lancet para escribir una declaración en apoyo a las personas que están tratando directamente con el epicentro del brote en China.

“Firmamos esta declaración en solidaridad con todos los científicos y profesionales de la salud en China, que continúan salvando vidas y protegiendo la salud global durante el desafío de la epidemia COVID-19. Estamos en esto juntos con nuestros homólogos chinos en el frente de esta nueva amenaza viral”.

La agrupación que firma la declaración menciona cómo la comunidad científica, especialmente la china, ha trabajado rápida y efectivamente para identificar el patógeno detrás de la epidemia. Además de aplicar medidas certeras para reducir su impacto y compartir la información y resultados con el resto del mundo.

Cerrando filas ante rumores

El objetivo de esta declaración no era solamente destacar el trabajo de los profesionales de la ciencia y la salud ante la epidemia, sino mostrar un frente común contra la desinformación y los rumores que presumen que el COVID-19 tuvo un origen fabricado.

Los académicos que respaldan la declaración en el Lancet se pronuncian terminantemente contra la diseminación de datos no comprobables que no vengan directamente de la comunidad científica. “Científicos de múltiples países han publicado y analizado genomas del agente causativo, síndrome respiratorio severo agudo coronavirus 2 (SARS-CoV-2), y todos concluyen por unanimidad que el coronavirus se originó en la naturaleza, como muchos otros patógenos emergentes”.

A la postura de los científicos participantes de esta declaración se suma una carta de los presidentes de las Academias de Ciencia, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos, escrita a principios de febrero y avalada por todas las comunidades científicas que representa. Esto como parte de los esfuerzos de comunicación nacional estadounidense.

Las cifras y datos sobre el coronavirus, su avance y las medidas para contenerlo, están actualizados al 20 de febrero del 2020, para información más reciente en días posteriores, se recomienda revisar las fuentes incluidas y referenciadas en este texto.

Para combatir la desinformación y la distribución de datos falsos, el diario científico The Lancet, pone a disposición del público un repositorio de recursos con información certera sobre el desarrollo y estudios del COVID-19. También invita a otros académicos, investigadores y científicos a compartir estos recursos, así como firmar su declaración de transparencia y apoyo a la comunidad científica que trabaja para contener la epidemia.

Fuente: https://observatorio.tec.mx/edu-news/cientificos-desinformacion-coronavirus

Imagen: Gerd Altmann en Pixabay

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China: Plataforma de aprendizaje en línea gratuita mantiene estudio para alumnos chinos en medio de epidemia

Asia/China/26-03-2020/Autor(a) y Fuente: spanish.xinhuanet.com

China lanzó una plataforma nacional de aprendizaje en línea para mantener los estudios de cientos de millones de alumnos de primaria y secundaria que permanecen en sus hogares en medio del brote del nuevo coronavirus.

Lanzada conjuntamente por el Ministerio de Educación y el Ministerio de Industria y Tecnología de Información el 17 de febrero, la plataforma de aprendizaje gratuito abarca las 31 regiones de nivel provincial en la parte continental de China.

La plataforma se ha actualizado para enriquecer aún más sus recursos y promover el desarrollo integral de los estudiantes, con 10 secciones, incluyendo educación para la prevención de epidemias, educación moral, educación en salud mental, literatura clásica y materiales de enseñanza digital.

Con el apoyo de los gigantes de telecomunicaciones y tecnología de China, como China Telecom, China Mobile, Alibaba, Baidu y Huawei, la plataforma puede alojar a 50 millones de estudiantes simultáneamente.

Más de 870 millones de visitas ha tenido el sitio web de la plataforma a partir del 19 de marzo, destacó el diario «China Education Daily «en un informe publicado este lunes.

China ha pospuesto el inicio del nuevo semestre escolar como parte de sus esfuerzos de control epidémico y los estudiantes han recurrido a los cursos en línea durante casi dos meses.

A medida que la epidemia se ha frenado básicamente en China, algunas regiones han reanudado las clases escolares o han anunciado fechas para comenzar el nuevo semestre, la mayoría de las cuales priorizaron a los estudiantes de secundaria y preparatoria que se gradúan.

Fuente: http://spanish.xinhuanet.com/2020-03/23/c_138908206.htm

Imagen: fancycrave1 en Pixabay

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Covid-19 y la economía mundial

Por. La Jornada

La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) disminuyó sus tasas de interés a cero (un máximo de 0.25 por ciento) a fin de apoyar la reactivación de la economía global, la cual está ya severamente afectada por la paralización de actividades derivada de las medidas para enfrentar la pandemia de coronavirus que se extiende por el mundo. Asimismo, la Fed lanzó un programa de recompra de bonos por un total de 700 mil millones de dólares para las próximas semanas. Medidas similares adoptaron los bancos centrales de Europa, Canadá, Gran Bretaña, Japón y Suiza, con el propósito de facilitar a entidades financieras el acceso a dólares.

Tales decisiones dan cuenta de la preocupación existente en los circuitos financieros del orbe por los desastrosos efectos que las medidas de mitigación de la epidemia están teniendo en el desarrollo de las naciones ricas. Los sectores de viajes y turismo son los primeros grandes perjudicados, seguidos por los servicios y la industria de espectáculos y entretenimiento; sin embargo, los expertos dan por sentado que los efectos de la contracción económica llegarán como una onda expansiva a otros ámbitos, con una magnitud aún difícil de precisar.

También resulta aventurado determinar, por ahora, la envergadura de la reconfiguración económica que producirá la emergencia sanitaria mundial, aunque pueden apuntarse algunos elementos para ponderarla: si los sectores mencionados se enfrentan a desastres de diversa magnitud, es probable que los consorcios hospitalarios privados y la industria farmacéutica experimenten una expansión como consecuencia del incremento en la demanda de sus servicios y productos, y resulta razonable prever que, a corto plazo, compras de pánico masivas que han tenido lugar en diferentes países impulsen las ganancias de las empresas minoristas.

Otro escenario posible e incluso probable es que la pandemia y las medidas para combatirla alteren, de manera coyuntural, la correlación de fuerzas económicas, particularmente entre Estados Unidos y Europa occidental, y de China con el resto del mundo.

Sería contraproducente y deplorable que en esta circunstancia los gobiernos intentaran utilizar a su favor la contingencia con propósitos de guerra comercial o financiera, una eventualidad que no puede descartarse, particularmente si se considera el afán de la administración que encabeza Donald Trump por derrotar a China en el terreno de los intercambios comerciales.

Si no se entiende que la amenaza es global y que se requiere de la unión de esfuerzos y la coordinación para hacerle frente, se socavará la capacidad de la comunidad internacional para minimizar la mortalidad y la extensión del Covid-19.

En esta perspectiva, cabe esperar que quienes toman las máximas decisiones políticas en el mundo tengan la sensatez requerida para dejar de lado sus cálculos geopolíticos y se sometan a las recomendaciones eminentemente técnicas de la Organización Mundial de la Salud.

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Global communism or the jungle law, coronavirus forces us to decide

By: Slavoj Zizek

As panic over coronavirus spreads, we have to make the ultimate choice – either we enact the most brutal logic of the survival of the fittest or some kind of reinvented communism with global coordination and collaboration.

Our media endlessly repeat the formula “No panic!” And then we get all the reports which cannot but trigger panic. The situation resembles the one I remember from my youth in a communist country: when government officials assured the public that there is no reason to panic, we all took these assurances as clear signs that they were themselves in panic.

It’s too serious to lose time with panic

Panic has a logic of its own. The fact that, in the UK, due to the coronavirus panic even toilet paper rolls have disappeared from the stores reminds me of a weird incident with toilet paper from my youth in socialist Yugoslavia. All of a sudden, a rumor started to circulate that there was not enough toilet paper in the stores. The authorities promptly issued assurances that there was enough toilet paper for the normal consumption, and, surprisingly, this was not only true but people mostly even believed it was true.

However, an average consumer reasoned in the following way: I know there is enough toilet paper and the rumor is false, but what if some people take this rumor seriously and, in a panic, will start to buy excessive reserves of toilet paper, causing this way an actual lack of toilet paper? So I better go and buy reserves of it myself.

The strange counterpart of this kind of ongoing excessive panic is the total lack of panic where it would have been fully justified. In the last couple of years, after the SARS and ebola epidemics, we were told again and again that a new much stronger epidemic is just a matter of time, that the question is not IF but WHEN it will occur. Although we were rationally convinced of the truth of these dire predictions, we somehow didn’t take them seriously and were reluctant to act and engage in serious preparations – the only place we dealt with them were in apocalyptic movies like Contagion.It is even not necessary to believe that some others take the rumor seriously – it is enough to presuppose that some others believe that there are people who take the rumor seriously – the effect is the same, namely the real lack of toilet paper in the stores. Is something similar not going on in the UK (and also in California) today?

What this contrast tells us is that panic is not a proper way to confront a real threat. When we react in panic we do not take the threat too seriously. On the contrary, we trivialize it. Just think at how ridiculous the excessive buying of toilet paper rolls is: as if having enough toilet paper would matter in the midst of a deadly epidemic. So what would be an appropriate reaction to the coronavirus epidemic? What should we learn and what should we do to confront it seriously?

What I mean by communism

When I suggested that the coronavirus epidemic may give a new boost of life to communism, my claim was, as expected, ridiculed. Although it looks that the strong approach to the crisis by the Chinese state worked – at least it worked much better than what goes on now in Italy, the old authoritarian logic of communists in power also clearly demonstrated its limitations. One of them was that the fear of bringing bad news to those in power (and to the public) outweighs actual results – this was apparently the reason why those who first shared information on a new virus were reportedly arrested, and there are reports that a similar thing is going on now.

The pressure to get China back to work after the coronavirus shutdown is resurrecting an old temptation: doctoring data so it shows senior officials what they want to see,” reports Bloomberg. “This phenomenon is playing out in Zhejiang province, an industrial hub on the east coast, in the form of electricity usage. At least three cities there have given local factories targets to hit for power consumption because they’re using the data to show a resurgence in production, according to people familiar with the matter. That’s prompted some businesses to run machinery even as their plants remain empty, the people said.”

WHO chief Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus said last week that although public health authorities across the globe have the ability to successfully combat the spread of the virus, the organization is concerned that in some countries the level of political commitment does not match the threat level. “This is not a drill. This is not the time to give up. This is not a time for excuses. This is a time for pulling out all the stops. Countries have been planning for scenarios like this for decades. Now is the time to act on those plans,” Tedros said. “This epidemic can be pushed back, but only with a collective, coordinated and comprehensive approach that engages the entire machinery of government.”We can also guess what will follow when those in power note this cheating: local managers will be accused of sabotage and severely punished, thus reproducing the vicious cycle of distrust… A Chinese Julian Assange would be needed here to expose to the public this concealed side of how China is coping with the epidemic. So if this is not the communism I have in mind, what do I mean by communism? To get it, it suffices to read the public declarations of WHO – here is a recent one:

One might add that such a comprehensive approach should reach well beyond the machinery of single governments: it should encompass local mobilization of people outside state control as well as strong and efficient international coordination and collaboration.

If thousands will be hospitalized for respiratory problems, a vastly increased number of respiratory machines will be needed, and to get them, the state should directly intervene in the same way as it intervenes in conditions of war when thousands of guns are needed, and it should rely on the cooperation of other states. As in a military campaign, information should be shared and plans fully coordinated – THIS is all I mean by ‘communism’ needed today, or, as Will Hutton put it: “Now, one form of unregulated, free-market globalization with its propensity for crises and pandemics is certainly dying. But another form that recognizes interdependence and the primacy of evidence-based collective action is being born.”

Global coordination & collaboration necessary

What now still predominates is the stance of “every country for itself”: “There are national bans on exports of key products such as medical supplies, with countries falling back on their own analysis of the crisis amid localised shortages and haphazard, primitive approaches to containment,” Will Hutton wrote in the Guardian.

The coronavirus epidemic does not signal just the limit of market globalization, it also signals the even more fatal limit of nationalist populism which insists on full state sovereignty: it’s over with ‘America (or whoever) first!’ since America can be saved only through global coordination and collaboration.

I am not a utopian here, I don’t appeal to an idealized solidarity between people – on the contrary, the present crisis demonstrates clearly how global solidarity and cooperation is in the interest of survival of all and each of us, how it is the only rational egotist thing to do. And it’s not just coronavirus: China itself suffered a gigantic swine flu months ago, and it is now threatened by the prospect of a locust invasion. Plus, as Owen Jones noted, climate crisis kills much more people around the world than coronavirus, but there is no panic about this.

From a cynical vitalist standpoint, one would be tempted to see coronavirus as a beneficial infection which allows humanity to get rid of the old, weak and ill, like pulling out the half-rotten weed, and thus contributes to global health.

The broad communist approach I am advocating is the only way for us to really leave behind such a primitive vitalist standpoint. Signs of curtailing unconditional solidarity are already discernible in the ongoing debates, as in the following note about the role of the “three wise men” if the epidemics takes a more catastrophic turn in the UK: “NHS patients could be denied life saving care during a severe coronavirus outbreak in Britain if intensive care units are struggling to cope, senior doctors have warned. Under a so-called ‘three wise men’ protocol, three senior consultants in each hospital would be forced to make decisions on rationing care such as ventilators and beds, in the event hospitals were overwhelmed with patients.

What criteria will the “three wise men” rely on? Sacrifice the weakest and eldest? And will this situation not just open up space for immense corruption? Do such procedures not indicate that we are getting ready to enact the most brutal logic of the survival of the fittest? So, again, the ultimate choice is: this or some kind of reinvented communism.

Source and Image: https://www.rt.com/op-ed/482780-coronavirus-communism-jungle-law-choice/

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China: Investigadores chinos desarrollan memoria cuántica integrada sólida de alto rendimiento

Asia/China/15-03-2020/Autor(a) y Fuente: spanish.xinhuanet.com

Investigadores chinos han desarrollado una memoria cuántica integrada de estado sólido de alta fidelidad, marcando un avance significativo en el almacenamiento cuántico y sentando una base firme para el desarrollo de redes cuánticas.

El resultado fue obtenido por un grupo de investigadores, dirigido por Li Chuanfeng y Zhou Zongquan de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China, y publicado en las revistas Optica y Applied Physics Review.

Como un dispositivo clave para la construcción de una red cuántica, la memoria cuántica puede superar eficazmente la pérdida de canal, ampliar la distancia de la comunicación cuántica e integrar la computación cuántica y los recursos de detección cuántica en diferentes posiciones.

La memoria cuántica integrada de estado sólido fue desarrollada mediante la tecnología de micromecanizado láser de femtosegundo, que, según los expertos, grabó por primera vez guías de onda ópticas en cristales de silicato de itrio.

Los especialistas también demostraron dos esquemas de almacenamiento cuántico óptico, que alcanzan una tasa de fidelidad del 99 y de más del 97 por ciento, respectivamente.

Según los editores de la revista Optica, es un estudio importante porque muestra la diversidad de técnicas y programas experimentales.

La investigación demuestra que las guías de onda grabadas en cristales dopados con tierras raras constituyen una plataforma prometedora en el campo de la información cuántica, de acuerdo con las publicaciones.

Fuente: http://spanish.xinhuanet.com/2020-03/11/c_138866765.htm

Imagen: skeeze en Pixabay

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China ajusta programas de pregrado para impulsar especialidades nuevas urgentemente necesarias

Asia/China/08-03-2020/Autor(a) y Fuente: spanish.xinhuanet.com

China ha aprobado el establecimiento de 1.672 programas de pregrado en colegios y universidades, incluida la medicina preventiva y la seguridad del ciberespacio, para apoyar el desarrollo de especialidades nuevas urgentemente necesarias.

Los nuevos programas de pregrado incluyen también la rehabilitación por medio de medicina tradicional china, la inteligencia artificial y la tecnología de ciencia de datos y macrodatos, de acuerdo con el Ministerio de Educación.

El ministerio ha añadido también 181 nuevas especialidades al catálogo estatal de especialidades de pregrado, tales como tecnología de realidad virtual, ingeniería de cadena de bloques y gestión de emergencia.

Un control estricto ha sido impuesto contra el establecimiento de especialidades saturadas, incluidas administración de empresas, contabilidad y administración turística, para ayudar a orientar a colegios y universidades a capacitar a personas talentosas para cubrir las necesidades sociales, indicó el ministerio.

Fuente: http://spanish.xinhuanet.com/2020-03/05/c_138847248.htm

Imagen: Pete Linforth en Pixabay

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El coronavirus que «justifica» la sinofobia

Por: Paloma Chen

En diversos países, el coronavirus ha sido utilizado para discriminar y estigmatizar a la población china. ¿Es la sinofobia algo nuevo o el coronavirus es una buena excusa para quienes ya la promovían?

El coronavirus o COVID-19 fue detectado por primera vez en la ciudad china de Wuhan en diciembre de 2019 y, desde entonces, ha acabado con las vidas de más de 2000 personas en territorio chino. Más de 74.000 están infectadas y todos los ciudadanos chinos han visto sus rutinas diarias alteradas. Fotografías de las calles desiertas de algunas de las ciudades más pobladas del mundo, como Beijing o Shanghái, se comparten en redes sociales a toda velocidad. Las universidades y escuelas empiezan a implantar plataformas online para que los alumnos reciban las clases en sus casas. Chinos y extranjeros que han viajado por China durante los últimos meses, al regresar a Europa y Latinoamérica, hacen cuarentena voluntaria en sus casas. Por todas partes, se mira con recelo a personas con rasgos asiáticos, incluyendo japoneses, coreanos, tailandeses o chinos de segunda o tercera generación.

Activistas de origen asiático de Europa y América han puesto en marcha diversas campañas de concientización y denuncia, como la de #NoSoyUnVirus, frente a la proliferación de casos de discriminación racial y xenofobia: se refieren, según explican, a apelaciones en la calle, miradas ofensivas, marginación en las escuelas, oficinas de trabajo y transporte público, y preguntas indiscretas. Los «Chinatowns» de todo el mundo tienen más de la mitad de sus establecimientos cerrados; los clientes no se atreven a ir. Niñas y niños sufren burlas crueles y palabras, injustificables de ninguna manera, de desprecio y miedo. «A nuestros propios hijos, en el colegio, les llaman coronavirus», declaraba el 4 de febrero el encargado de Negocios de la Embajada China en España, Yao Fei, y añadía, «pero lo tomamos como bromas de niños». Apuntaba a que eran «casos aislados».

Efectivamente, muchas personas, tanto blancas y nativas de los países europeos, como chinas, asiáticas y de origen extranjero o migrante, descartan el racismo como la causa del acoso verbal y físico. Consideran que son incidentes puntuales provocados por la histeria de la hipocondría. Olvidan que la prevención es comprensible; las manifestaciones xenófobas, no. Los prejuicios raciales son problemáticos, pero todos los tenemos, por razones biológicas y por la cultura que nos han inculcado. El coronavirus no ha disparado la xenofobia, sino que ha ayudado a que esta se exprese más virulentamente. El conflicto deviene cuando los prejuicios raciales interiorizados son expresados explícitamente por parte de quien también sustenta el poder: en ese momento se comete un abuso que debe ser denunciado.

Desafortunadamente, la xenofobia es un monstruo que todas las sociedades esconden, pero la verdadera tragedia es que sea legitimada por las instituciones de poder, que detenta una elite («blanca» no solo de color de piel, sino de pensamiento y de producción del discurso), que margina al colectivo chino y al resto de colectivos racializados y de origen migrante. Muchos ciudadanos europeos y estadounidenses blancos siguen viendo a la población china como un ente extraño, extravagante, extranjero (a pesar de su integración pacífica y sus aportaciones económicas y culturales a las sociedades de acogida) e inferior.

En las dinámicas cotidianas, la sociedad dominante aún interactúa con el colectivo chino con un temor que impide conocer. La ignorancia bloquea la empatía, la capacidad de sentir o entender que los otros somos nosotros, y que se traducen en burlas y molestas apelaciones repetidas cotidianamente. En las dinámicas colectivas, el poder blanco cristaliza en el racismo institucional; un sistema capitalista que se mantiene gracias a que las sociedades del centro se alimentan de las sociedades de la periferia, y que promueve un discurso de otredad que descarta las políticas del antirracismo activo o la interculturalidad en beneficio de la supuesta multiculturalidad (la convivencia de distintos colectivos que se toleran pero no se mezclan; la negación de la identidad múltiple o fronteriza), o que es directamente irrespetuoso con los derechos humanos (la negación de la regularización o de la nacionalidad).

Frente a la mayoría privilegiada, los colectivos migrantes y racializados se desvían de la norma y son penalizados con la señal permanente del estigma. En una sociedad occidental, ser chino no es normal: ser chino es ser una persona racializada, es ser una persona marcada, porque si bien ciertas actitudes o comportamientos se pueden disimular o esconder (los gestos amanerados de los hombres, o los masculinos, de las mujeres, por ejemplo, que son también desviación del estándar normativo), la raza es una piel de la que uno no se puede deshacer.

La campaña #NoSoyUnVirus ha ayudado a muchas personas anónimas a que cuenten abiertamente sus experiencias de discriminación y a que reciban apoyo. Portavoces de la campaña aseguraron sentirse orgullosos de haberlas hecho entender que tenían derecho a quejarse y a defenderse, y que los comentarios y ataques racistas no son normales, o no deberían estar así de normalizados.

Antonio Liu Yang o Yong Li, participantes de la campaña, explicaron que pretenden crear una plataforma antirracista con continuidad, que no trabaje solo los brotes más explícitos de xenofobia, como el impulsado por el coronavirus, sino que abogue, en un primer paso, en la dirección de la normalización de ser una persona asiática en una sociedad occidental, y más adelante, en el alcance de representación política y poder institucional, pasando por la educación y la promoción del diálogo entre las minorías y las mayorías.

Es en esta dinámica de poder establecida entre la sociedad mayoritaria occidental y el colectivo chino racializado y de origen migrante donde se enmarcan los «repentinos» ataques a la comunidad china.En realidad, este no es un discurso nuevo: la enfermedad ha sido una de las variables que las élites y mayorías de todo el mundo (no mayoría, tampoco, en el sentido numérico, sino en el de detentar el poder institucional) han utilizado para aislar a los colectivos vulnerables. De esta manera, se justifica la marginación aludiendo no a que sean de otra raza (rasgo esencialista que, al no poderse cambiar de acuerdo a los deseos del individuo, permanece como una característica que no está bien vista, o es políticamente incorrecta, atacar) sino a la higiene.

La asociación del coronavirus con el consumo de animales salvajes ha promovido desde Occidente un discurso culpabilizador hacia las víctimas, que son estigmatizadas por desviarse de la norma: del estándar marcado por la civilización blanca respecto a las costumbres alimenticias y los niveles de salubridad, y ha vinculado la enfermedad con una nacionalidad y raza concretas.

El periódico francés Le Courrier Picard presentaba el 26 de enero de 2020 en portada a una mujer asiática con una mascarilla y el titular «Alerta amarilla». El editorial, incidía: «Un nuevo peligro amarillo». El «peligro chino» ha sido una de las grandes pesadillas del mundo occidental durante los siglos XIX y XX; a pesar de que Occidente era el dueño del sistema colonizador e imperialista, sufrió de un terrible pánico irracional a, más que a una nación específica, a una raza específica: la amarilla, una raza sucia, sexualmente desviada, impura, mafiosa, taimada.

Las respuestas al por qué de los brotes de xenofobia y racismo en todo el mundo contra las personas chinas no están en la peligrosidad del coronavirus y en la necesaria prevención, sino en la imposición de cierta narrativa: un relato monopolizado desde el saber eurocéntrico, que nos ha convertido en individuos ignorantes y perezosos, sin capacidad de discernir quién, cómo y de qué manera se producen los discursos. Nuestra limitada mirada está poniendo barreras a nuestra comprensión, y nos abandona a los riesgos del relato único del que hablaba Chimamanda Ngozi Adichie.

Deberíamos sustituir nuestro pavor al coronavirus por terror a no escuchar las voces que disienten del discurso racista, y que se mantienen ocultas tras las configuradas desde el poder blanco (las que tienen «piel negra, máscaras blancas»), y utilizadas frecuentemente como ejemplos positivos de una supuesta «integración» frente a la «no integración» o «integración problemática» de otras comunidades migrantes o racializadas.

Teniendo en cuenta, además, que la norma siempre es homogénea (aunque con diferentes niveles de legitimidad), son peligrosas las desuniones de las diversas comunidades minorizadas en base a sus diferencias, dado que las desviaciones de la norma son siempre múltiples, diversas y se refieren a necesidades varias.

Tanto las elites y mayorías, como las minorías y los colectivos vulnerables, deberían ser conscientes de que lo son y de en qué campo se mueven en el juego del poder: por mucho que digan que el equilibrio es imposible, será la consciencia histórica y de comunidad, el saber de desde dónde partimos y de dónde venimos, la que nos ayudará a llegar a un lugar mejor, donde el poder institucional esté repartido de manera más igualitaria.

Fuente e imagen: https://nuso.org/articulo/coronavirus-sinofobia-China-discriminacion/

Imagen: https://pixabay.com/illustrations/outbreak-coronavirus-sars-cov-2-4883464/

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