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La Formación Docente como problema

(Educación 2020-2050: un debate urgente Parte II)

 

Elementos del problema

Si algo expresa la actual crisis educativa es el terrible desenfoque epocal de la formación docente (inicial y continua). Esta situación se oculta detrás de un discurso que culpa a los docentes de aula de los problemas y atascos educativos, exonerando de ello a quienes forman a los educadores.  Claro está, todo ello es funcional al modelo de desmontaje de la educación pública que impulsa el neoliberalismo.

 

La inmensa mayoría de las reformas educativas en el mundo comienzan en la educación inicial, básica o en la secundaria. Esto es contradictorio con la imagen de poder del saber que tiene la educación universitaria o superior, que suele estar vinculada a las escuelas y centros de formación docente. Es decir, se pretenden cambiar los efectos y no la impronta de origen. Veamos algunos cuellos de botella al respecto:

 

  1. Subsiste una odiosa separación entre trabajo manual e intelectual en la formación. Los maestros hacen la práctica pedagógica y los formadores de formadores, la piensan, la teorizan. Muchos(as) de quienes trabajan en la formación docente hace ya años, década, que trabajaron en un aula real de educación inicial, primaria o bachillerato, otros nunca lo han hecho y, en muchos casos esa realidad se procura ocultar con turismo investigativo en las aulas. Con ello no pretende negar ni ocultar la presencia de compañeros y compañeras en las universidades, muy contados(as) por cierto, que combinan praxis en las aulas de los primeros niveles educativos con reflexión teórica, que se hibrida con esa praxis y encuentro dialógico;
  2. Esta realidad ha generado en muchos preescolares, escuelas y liceos, espacios de debate y reflexión sobre el saber pedagógico existentes en las aulas. Los colectivos pedagógicos constituyen una forma de resistencia y de construcción de alternativas para la ruptura entre trabajo intelectual y trabajo material. Pero allí surge otro problema, la presencia de los “pastores pedagógicos”, unos compañeros que sin ser docentes de aula ni formadores de formadores asumen no solo la animación cultural del movimiento pedagógico, sino que se convierten en especies de “gurus” caídos del cielo. Una cosa distinta y positiva, es cuando los colectivos pedagógicos se apoyan entre sí, comparten experiencias, pero creo que llegó el momento de revisar el papel de los coaching educativos;
  3. En algunos casos, al abordar e intentar corregir estas situaciones se entra en un terreno fangoso, el neo empirismo. Un discurso que pone de relieve que lo importante es la praxis y que desecha la tradición y el saber pedagógico construido en las aulas entre estudiantes, docentes y familias. Esta dinámica, aún con discursos muy radicales es una puerta abierta para generar el cambio de paradigma que requiere el capital para imponer su cultura evaluativa. El neo empirismo conduce a la pérdida de sentido y horizonte del hecho educativo. El caos de una escuela que se desdibuja en su endogamia practicista suele terminar en un giro hacia el eclecticismo y utilitarismo que fundamenta la epistemología de las iniciativas centradas en indicadores y evaluaciones estandarizadas como PISA;
  4. La integración de los maestros pueblo en los centros de formación docente, desde una perspectiva dialógica, puede contribuir a mover el foco, tensionando prácticas y saberes docentes. Pero es falso que el maestro pueblo puede sustituir al docente, al profesional de la docencia, visto este como un científico social. En ese sentido, debemos tener cuidado en no avalar el discurso de destrucción de la profesión docente que impulsa el neoliberalismo educativo con la intención de convertir los espacios educativos en lugares para trasmitir simplemente conocimiento operacional.
  5. La neo colonización cultural del hecho pedagógico tiene un capítulo especial en la literatura que se usa para orientar la formación teórica de los y las futuros docentes. Se suele tener como experticia la producción editorial foránea, desvalorando las producciones generadas por los y las docentes locales. Por supuesto que, en este momento, producto de esta desvaloración son escasas las producciones en formato de libros elaborados desde los colectivos pedagógicos, pero ello puede cambiar con una política correcta. No se trata de promover el localismo cognitivo, sino de generar dinámicas de reflexión pedagógica de carácter comparativo que permita, valorando lo propio y teniendo como lugar de enunciación la praxis del lugar, ir al encuentro de otras experiencias, de otros saberes pedagógicos. Esta hibridación pedagógica suele resultar potente, pero no es lo que caracteriza a la formación docente hoy;
  6. El desconocimiento del cambio de imaginario y narrativas del sujeto central del hecho educativo, los niños, niñas y jóvenes. La “experticia” sobre la cual se fundamentó la formación docente esta caduca, se corresponde a los paradigmas de la primera y segunda revolución industrial. Tenemos formadores de formadores que siguen viendo el mundo con los lentes de las dos primeras grandes transformaciones tecnológicas de los últimos doscientos años, pero que no entienden el impacto en la cotidianidad, el empleo, los modelos de aprendizaje que traen la tercera y augura la cuarta revolución industrial. Los maestros y maestras, los profes que trabajan con niñas, niños y adolescentes aprenden más rápido los nuevos paradigmas por la cercanía con los más chicos, que lo que lo hacen los formadores de los formadores, quienes oscilan entre recetas morales y un snobismo sin límites por la innovación tecnológica;

 

Maestros(as) a la hoguera

A los y las maestras(os) se les exige que hagan algo diferente a la “experticia” con la cual fueron formados, mientras que las instituciones de formadores de formadores hacen los posible por adaptar las interpretaciones de las transformaciones en curso a su visión del cambio, para que éstas les impacten lo menos posible en su modo de hacer lo propio.

Los centros de formación docente suelen construir narrativas sobre la crisis educativa en las cuales el ambiente queda impregnado con la certeza inducida que el saber pedagógico está en la universidad o centro de formación docente, y que los docentes o son unos desobedientes o unos testarudos que no entienden lo que se les enseña, lo cual es simplemente estúpido.

Quienes pueden saber mejor las expresiones de la crisis educativa son los y las docentes, fundamentalmente aquellos(as) que han roto con el adultocentrismo pedagógico. Entonces, ¿por qué no se construyen las reformas educativas dialogando con los y las docentes?  Por una razón política desde el poder. Aún, los sistemas educativos, especialmente en sus niveles inicial, primaria y bachillerato constituyen la red institucional más extendida en los territorios de todo el aparato gubernamental. Si esta red institucional comienza a operar con “cabeza propia”, no solo dejaría de cumplir con su rol reproductor de la cultura dominante, sino que se constituiría en un lugar de enunciación de los cambios radicales.  Por eso, mejor no dejar que los y las maestras opinen, reflexionen y tomen conciencia de su poder real.

En consecuencia, mientras los Estados con las iniciativas propias y las recetas de los organismos multilaterales y bancas de desarrollo, tratan de hallar la lámpara de Diógenes para resolver los “problemas educativos”, socialmente se destruye la profesión y el prestigio docente.  En el mundo, la desinversión en materia salarial de los docentes, la precarización del trabajo de los y las educadores constituye parte de la tarea de evitar que el magisterio se convierta en un sujeto político de transformación radical.

 

¿Qué es primero el huevo o la gallina?

Entonces, ¿las reformas educativas por donde deben comenzar?  En esta serie de artículos y en otros he insistido en señalar que una reforma educativa que procure avanzar de manera estructural en un cambio y no solo con gestos gatopardianos, debe iniciarse en las universidades, centros de formación docentes, en las escuelas pedagógicas, valorando y repensando lo que se hace ahí.  Estas instituciones son el molino qué lleva agua al rio, por ello, por mucho que se limpien las acequias si no se trabaja en las nacientes el cauce se enturbia.

Por ejemplo, el modelo de enseñanza y aprendizaje que se le pide poner en marcha en la escuela y el liceo para cambiar la educación, no se suele colocar en práctica en los centros de formación de educadores, convirtiendo cualquier bien intencionada reforma educativa en un ejercicio de sisifo.

De muy limitado alcance resultan las hermosas construcciones de colectivos pedagógicos desde la escuela, si la máquina que forma semestre a semestre, año tras año a los futuros docentes sigue egresando maestros(as) y profesoras(es) con lo viejo y caduco. Al final, los centros de formación docente y las universidades dirán que el problema del sistema educativo está en sus “raíces” la educación inicial, la primaria, el liceo, como si ellos no educaran a esos docentes. La expresión cínica de “haga lo que yo digo y no lo que yo hago”, pareciera conducir este ciclo vicioso de entropía.

Es urgente construir un nuevo lugar de enunciación para estas transformaciones. Localizarlo en un primer momento en las universidades, pero eso si en otro modelo de universidad docente, escuela pedagógica y centro de formación docente.

. No se trata de colocar en primer orden el practicismo, sino de construir de manera colectiva y participativa una nueva relación dialéctica entre praxis, reflexión, acción reflexiva, práctica transformadora, sistematización del saber pedagógico, pensamiento crítico, construcción de pedagogías críticas, apropiación consciente y radical del conocimiento, enfoque comunicacional de lo aprendido y capacidad de construir lo nuevo; es lo que llamamos el enfoque T (transformador). Se trata de relacionar de manera dialéctica la escuela y los centros de formación docente. Esto tiene dimensiones operacionales concretas, con sus dimensiones jurídicas, institucionales y de carrera que les corresponde operacionalizar y construir viabilidad a los operadores políticos.

 

Invertir la pirámide, iniciar el giro de 180 grados

Una universidad docente, escuela pedagógica, un centro de formación docente de nuevo tipo debe construir una lógica de rotación de sus formadores “arriba”-“abajo”, en la escuela, en la universidad, por intervalos largos.

Es decir, un formador de formadores que gane concurso o se incorpore a un centro de cuarto nivel destinado a formar educadores, debería provenir del aula de los primeros niveles, con experiencias significativas en ella y con trabajo permanente en colectivos pedagógicos que trabajen el enfoque transformador (ET).

Que maravilloso sería contemplar que cada cinco años esos formadores de formadores, cumplan ciclos de tres años en las aulas de preescolares, escuelas y liceos, poniendo en práctica su experticia abierta, aprendiendo haciendo, trabajando de manera permanente (no como refuerzo) sino directamente con grupos de estudiantes.

Si construimos una nueva lógica de la carrera docente, que integre el “arriba” y el “abajo”, es decir, que establezca qué a los diez años de trabajo docente en el aula (preescolar, primaria, secundaria), el maestro, la maestra, el profesor puede optar a entrar en el ciclo de rotación de los centros de formación de formadores (universidad, centros, escuelas pedagógicas), esto puede contribuir a relanzar el cambio estructural en la materia.

Pero ello implica repensar e integrar el sistema educativo, romper la odiosa diferenciación entre niveles. Significa volver a entender a los centros de formación docente como el albergue de científicos educativos ansiosos de ir al campo de experimentación y no como eruditos, a quienes se les agradece bajar de vez en cuando del olimpo.

Por otra parte, la formación de formadores tiene que combinar las experiencias colectivas y personales, esa interacción dialógica hace mucho más intersubjetiva la renovación de la praxis pedagógica. Una universidad, un centro de formación docente de nuevo tipo trabaja con lógica de colectivos pedagógicos. Pero no como colectivos para implementar ordenes, sino para pensar y recrear lo educativo.

 

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La facturación de universidades privadas y escuelas de negocios aumentó en España un 7 %, hasta los 2.430 millones de euros

Redacción: RRHH Pres

El negocio generado en España por universidades privadas y escuelas de negocios alcanzó los 2.430 millones de euros en 2018, un 7 % más que el año anterior, según el datos del Observatorio Sectorial DBK de Informa.

Este incremento se debe al buen comportamiento de la demanda de formación superior, al dinamismo de los programas a distancia y al alumnado internacional.

Las universidades privadas generaron unos ingresos totales de 1.675 millones de euros, aumentando un 7,4 % respecto a 2017 y llegando a representar el 68,9 % del total.

El 16,6% de los ingresos de las universidades privadas correspondió a las cinco universidades no presenciales operativas, con una cifra de negocio cercana a los 280 millones de euros en 2018, un 16,8 % más que el ejercicio anterior.

Las universidades presenciales crecieron a un ritmo más moderado, el 5,7 %, generando unos ingresos de 1.400 millones de euros.

El número total de alumnos en grados y másteres oficiales en universidades privadas se incrementó un 2,2 % en el curso 2018/2019, hasta los 278.417 alumnos. Esta cifra supuso el 18,5 % del total en universidades públicas y privadas, participación que refleja una tendencia al alza.

En el segmento de escuelas de negocios la actividad también estuvo impulsada por el aumento del número de alumnos, de manera que la facturación creció un 6,3 %, hasta los 755 millones de euros.

En los próximos años es previsible que se mantenga la tendencia positiva, aunque se espera una moderación en el crecimiento del mercado, con tasas de variación previstas del 5 % – 7 % en 2019 y 2020.

En octubre de 2019 se encontraban operativas un total de 33 universidades privadas reconocidas por ley y con actividad docente. Por su parte, operaban en torno a un centenar de escuelas de negocios con una actividad significativa.

El sector presenta cierto grado de concentración, ya que las cinco primeras entidades en términos de ingresos reunieron, en conjunto, el 27 % del valor total del mercado de universidades privadas y escuelas de negocios. Por su parte, las diez primeras entidades concentraron el 47 % de los ingresos.

Fuente: https://www.rrhhpress.com/tendencias/48142-la-facturacion-de-universidades-privadas-y-escuelas-de-negocios-aumento-en-espana-un-7-hasta-los-2-430-millones-de-euros

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El ministro de Educación de Brasil quiere que la Policía pueda entrar en las universidades

América del sur/Brasil/03 Enero 2020/Sputniknews

El ministro de Educación de Brasil, Abraham Weintraub, afirmó que es favorable a que la Policía Militar pueda entrar en los campus universitarios, que según él en algunos casos albergan grandes plantaciones ilegales de marihuana.

«Las universidades están enfermas, están pidiendo nuestro socorro; yo estoy a favor de la autonomía universitaria para investigación, para docencia, pueden enseñar lo que quiera, hablar de Karl Marx, no hay problema; ahora bien, la Policía Militar tiene que entrar en los campus», dijo el funcionario durante una comparecencia en la Cámara de Diputados, según recoge el portal de noticias G1.

El ministro fue convocado por los parlamentarios para explicar las declaraciones que hizo el pasado mes de noviembre en una entrevista, cuando dijo que las universidades públicas son «madrazas de adoctrinamiento» —una referencia peyorativa a las escuelas islámicas, conocidas como «madrasas» o «madrazas»— y que tienen «plantaciones extensivas de marihuana», además de laboratorios de química en lo que se crean drogas sintéticas.

Weintraub se reafirmó el 11 de diciembre en sus palabras diciendo que hay una «epidemia de drogas» en las universidades y que en estos centros su uso duplica la media general en el país, por lo que se hace necesaria la entrada de la Policía en las facultades.

A principios de este mes, la Asociación Nacional de Dirigentes de las Instituciones de Enseñanza Superior, que reúne a la mayoría de rectores de las universidades federales, presentó una demanda en la Justicia para que el ministro explicara sus acusaciones.

Fuente: https://mundo.sputniknews.com/america-latina/201912111089611789-ministro-de-educacion-de-brasil-quiere-que-la-policia-pueda-entrar-en-las-universidades/

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Perú formaliza su oferta universitaria en 2019 y cierra 35 universidades

América del Sur/ Perú/ 01.01.2020/ Fuente: www.efe.com.

Si bien el 2019 fue nombrado oficialmente en Perú como el año de la lucha contra la corrupción, otra denominación que podría haberle calzado bien es el de la formalización de su educación universitaria, que llevó al cierre de 35 de esos centros de estudios y dejó a más de 166.000 alumnos afectados.

A lo largo de este año, la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (Sunedu), que fue creada en 2015, aplicó un filtro de condiciones básicas de calidad en cumplimiento de la nueva ley universitaria que llevó a denegar la licencia al 24,1 % de esos centros superiores.

Fuente de la noticia: https://www.efe.com/efe/america/sociedad/peru-formaliza-su-oferta-universitaria-en-2019-y-cierra-35-universidades/20000013-4141776

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Desequilibrio de género: La educación universitaria en Japón sigue siendo dominada por los hombres

Redacción: Clarín

Desde hace dos décadas que la proporción de mujeres en la Universidad de Tokio es tan solo el 20%.

Desde temprana edad, Satomi Hayashi estudiaba duro y sobresalía académicamente. Simplemente parecía natural que siguiera los pasos de su padre y asistiera a la Universidad de Tokio, la institución más prestigiosa de Japón.

Tan pronto como fue admitida, sus amigas le advirtieron que estaba arruinando sus perspectivas matrimoniales. Le decían que los hombres se sentirían intimidados por un título de Todai, como es conocida en Japón esa universidad.

Cuando llegó hace tres años, menos de uno de cada cinco estudiantes de la universidad era mujer.

La escasez de mujeres en Todai es una consecuencia de la muy arraigada desigualdad de género en Japón, donde no se espera aún que las mujeres logren tanto como los hombres y a veces se abstienen de las oportunidades educativas.

El Primer Ministro Shinzo Abe promueve una agenda de empoderamiento femenino, presumiendo que la tasa de participación de la fuerza laboral de Japón entre mujeres supera incluso a la de Estados Unidos. No obstante, pocas mujeres llegan a cargos directivos o a los más altos niveles de gobierno.

La desconexión se inicia en la escuela. Aunque las mujeres conforman casi la mitad de la población estudiantil universitaria del país, las universidades más antiguas y prestigiosas reflejan —y magnifican— un deslucido récord en elevar a las mujeres a los rincones más poderosos de la sociedad.

Durante casi dos décadas, la matrícula de mujeres en la Universidad de Tokio ha rondado el 20 por ciento, una disparidad que se extiende por muchas de las principales universidades japonesas. Están rezagadas de otras instituciones selectas de Asia.

En Todai, “uno puede notar de inmediato que hay algo completamente desbalanceado”, dijo Hayashi, que estudia una licenciatura en literatura. “Como las mujeres componen la mitad de la sociedad, hay algo extraño en que una universidad tenga sólo un 20 por ciento de mujeres”.

Al dirigirse este año a los estudiantes de primer ingreso en Todai, Chizuko Ueno, profesora retirada de estudios de género, sugirió que el desbalance era un síntoma de desigualdad que se extendía más allá de la educación superior.

“Incluso antes de que los estudiantes entren a la universidad, ya hay un sexismo oculto”, señaló Ueno. “Desafortunadamente, la Universidad de Tokio es un ejemplo de esto”.

Su sentir tocó una fibra. En Twitter, estudiantes varones se quejaron de ser objetos de crítica. “¿Por qué no nos celebra a nosotros, los estudiantes varones?”, escribió uno. Otro lo llamó “propaganda feminista”.

Ueno se refirió a un escándalo que expuso la discriminación deliberada en la Universidad Médica de Tokio, donde directivos reconocieron haber ocultado durante años los resultados de exámenes de admisión de solicitantes femeninas.

Los administradores querían limitar la proporción de mujeres al 30 por ciento, afirmando que era probable que las doctoras dejaran de trabajar tras casarse o tener hijos. Un año después de que se revelara el escándalo, las mujeres aprobaron a una tasa mayor que los hombres.

No hay evidencia de que la Universidad de Tokio manipule los resultados de exámenes. Más bien, dicen funcionarios, las admisiones de las mujeres son acordes a la cantidad de solicitantes.

“Simplemente somos como las tiendas que no tienen suficientes clientes”, dijo Akiko Kumada, una de las pocas profesoras de ingeniería en Todai. “En este momento, no estamos recibiendo suficientes clientas”.

Kumada tiene unas cuantas teorías. A las chicas, dijo, repetidamente les meten la idea de que el logro académico no es femenino. Algunas mujeres, añadió, podrían tener miedo de que un título de Todai inevitablemente lleve a una carrera de altos vuelos en una cultura de trabajo brutal. Una egresada se suicidó tras contarles a sus amigas que había soportado acoso y horarios agotadores en una agencia de publicidad.

Firmemente tradicional, Todai recluta de entre las mismas secundarias año tras año. Más de una cuarta parte de los estudiantes que se inscribieron en 2019 provenían de sólo 10 secundarias, siete de las cuales son exclusivas para varones.

“Los padres realmente esperan mucho de los hijos varones y quieren que sus muchachos se desempeñen al máximo nivel y aspiren a lo más alto posible”, dijo Hiroshi Ono, director de la Secundaria de la Universidad Tokyo Gakugei, que envió a 45 estudiantes a Todai este año, incluyendo 11 mujeres.

Los padres, añadió Ono, “se sienten mal por presionar a sus hijas a trabajar igual de duro —creen que sería mejor que se casaran y fueran amas de casa”.

Fuente: https://www.clarin.com/new-york-times-international-weekly/educacion-universitaria-japon-sigue-dominada-hombres_0_wauVIbEw.html

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Educación en derechos humanos

Por: Pedro López López

Uno de los elementos destacables y preocupantes de los últimos años en el escenario político es el ascenso de la extrema derecha no solo en España, sino en gran parte de Europa y en otras zonas del planeta. La extrema derecha es por naturaleza antidemocrática, aunque aproveche las reglas del juego democrático para difundir su discurso e introducirse en las instituciones. Así, han llegado al poder personajes como Trump en Estados Unidos, Bolsonaro en Brasil, Orbán en Hungría o Salvini en Italia. Así podemos observar aberraciones como 27.000 ejecuciones extrajudiciales en Filipinas, según denuncia Amnistía Internacional, en la aberrante lucha contra la droga que libra el presidente Duterte, o la presentación de leyes que recortan gravemente los derechos y el propio sistema democrático, como el proyecto de ley en Polonia que criminaliza la educación sexual. Estas y otras barbaridades hace la extrema derecha cuando llega al poder, lamentablemente con el aval de los mecanismos democráticos.

El cómo es posible que estas fuerzas antidemocráticas ganen terreno dentro del sistema democrático y lo amenacen gravemente no tiene una explicación sencilla. De hecho, ningún fenómeno político o social la tiene, pero sí pueden identificarse algunos factores. Yo me voy a centrar en el sistema educativo, en una reflexión sobre si este tiene algún papel en la construcción de ciudadanía, en la formación de una ciudadanía que contribuya a mejorar la democracia y la sociedad en general, o si, por el contrario, está ayudando a que vayamos a una democracia sin ciudadanos, en expresión de algunos autores, que facilita estos fenómenos preocupantes.

En mi opinión, y en consonancia con la organización a la que represento aquí, solo formando ciudadanos con capacidad crítica, autonomía moral (esto supone un enfoque laico en educación) y sentido de la justicia y de la solidaridad, esto es, ciudadanos formados en derechos humanos, podemos construir las defensas democráticas necesarias para frenar y hacer retroceder el avance que están consiguiendo a ojos vista las fuerzas antidemocráticas.

El deterioro de la conciencia ciudadana en favor de individuos delirantemente consumistas, adictos a las chucherías tecnológicas, inconscientes en gran parte de un modelo de producción y consumo que condena a millones de habitantes del planeta a la pobreza más absoluta y que condena al propio planeta a una seria destrucción; este deterioro, digo, ha ido en paralelo con los avances de un sistema educativo que en gran parte se ha convertido en una expendeduría de títulos enfocados casi exclusivamente a las habilidades demandadas por el mercado laboral. La formación del ciudadano ha quedado arrinconada en favor de la formación del productor-emprendedor y del consumidor que responde como un hámster a la sobreestimulación programada por todo el aparato publicitario.

Es así como textos de referencia de Naciones Unidas, del Consejo de Europa o del propio Ministerio de Educación, textos que deberían obligar a formar ciudadanos conocedores de los derechos humanos, han quedado como puro adorno para preámbulos grandilocuentes. Cito dos textos bastante explícitos. La Conferencia Mundial sobre la Educación Superior celebrada en julio de 2009 culminaba con un comunicado que señalaba que “la educación superior debe no solo proporcionar habilidades […] sino también promover el pensamiento crítico y la ciudadanía activa, y contribuir a la educación de un ciudadano comprometido con la construcción de la paz, la defensa de los derechos humanos y los valores de la democracia”. El Consejo de Europa, en su web dedicada a la Educación para la Ciudadanía y para los Derechos Humanos dice que la Educación para la Ciudadanía debe proveer a los alumnos de conocimientos y habilidades para prepararlos para ejercer y defender sus derechos y responsabilidades democráticos, así como para jugar un papel activo en la vida democrática.

La formación en derechos humanos es imprescindible no solo para ser conscientes de los propios derechos y poder ejercer como ciudadano, sino también para promover los derechos de los demás y poder desarrollar la profesión que se elija con responsabilidad social, sabiendo que nuestra profesión es un medio para que los ciudadanos vean satisfechos sus derechos.

Me referiré brevemente a la educación universitaria, que es mi medio. En el plano nacional, el Real Decreto 1393/2007, que regula las enseñanzas universitarias, dice en su preámbulo que “se debe tener en cuenta que la formación en cualquier actividad profesional debe contribuir al conocimiento y desarrollo de los derechos humanos, los principios democráticos…”. Bajando más el nivel de concreción, los Estatutos de la UCM dicen en su artículo 3.2 que una de sus funciones es la formación en valores ciudadanos de los miembros de la comunidad universitaria. Pues bien, a la hora de dar contenido y llevar a la práctica normas como estas, las dificultades son increíbles. Difícilmente uno encuentra que autoridades, colegas y alumnos apoyen asignaturas en torno a estos temas. El entorno educativo está impregnado de un utilitarismo profesional miope y cortoplacista, acompañado de la demoledora pregunta “¿esto para qué sirve?”. Vemos así que lo urgente desplaza a lo importante hasta hacerlo desaparecer.

Hasta tal punto, que voy a exponer muy brevemente una experiencia personal vivida durante el curso 2017-18. En febrero de 2018, desde el Vicerrectorado de Estudios de la Universidad Complutense (UCM), se nos pidió mediante un correo electrónico al profesorado que ofertáramos asignaturas llamadas “transversales”, dirigidas a cualquier estudiante de la Universidad, independientemente de la carrera que esté cursando. Las asignaturas debían estar incluidas en una serie de áreas del tipo liderazgo, emprendimiento, trabajo en equipo, técnicas de negociación, etcétera, aunque podían valorarse otras propuestas. A este correo respondí, junto con una compañera con la que comparto una asignatura denominada “Derechos humanos, ciudadanía y sociedad de la información” con algunas reflexiones y proponiendo una asignatura transversal de aproximación a los derechos humanos. La vicerrectora agradeció las reflexiones y aceptó la propuesta, de manera que no puedo decir que las autoridades la obstaculizaran. La asignatura se ofertó a una comunidad de más de 60.000 estudiantes universitarios. La preinscripción solo tuvo cinco estudiantes, por lo que la asignatura no pudo impartirse. O sea, aproximadamente un 0,01% de los estudiantes se interesó por el tema. Quizás en carreras técnicas este pobrísimo interés pueda tener su explicación, pero en disciplinas sociales y humanas el resultado es desalentador. Futuros maestros y profesores de secundaria, pedagogos, trabajadores sociales, filósofos, abogados, sociólogos, politólogos, etc. no mostraron prácticamente ningún interés. Esperábamos decenas de estudiantes, pero la desmoralizante realidad se impuso.

Todavía nos esperaba otra tremenda decepción. Dentro del plan anual de formación del profesorado, ofertamos el taller «El enfoque de derechos humanos en la enseñanza universitaria», para impartir en octubre. De una comunidad de unos 6000 profesores, se inscribieron tres, por lo cual, igualmente, el taller no pudo impartirse. En este caso, el porcentaje de interesados sube “espectacularmente” hasta situarse aproximadamente en un 0,05% del profesorado.

¿Se trata de una experiencia aislada, o es un indicador del estado de la universidad? La Universidad Complutense es una de las más grandes y representativas del país, así que entiendo que esta experiencia puede tomarse como un síntoma del sistema universitario. Esta reflexión no es un lamento personal por haber visto frustradas dos iniciativas que hemos lanzado entendiendo que la universidad debe estar para algo más que ser una expendeduría de títulos, títulos que suponen unas habilidades/destrezas que el alumno/cliente, en la universidad neoliberal, puede comprar para poder más tarde vender en el mercado laboral. Si el pensamiento, la formación ciudadana, la educación que trasciende las habilidades prácticas para formar en una práctica profesional socialmente responsable, estorban, la universidad, tal y como la hemos conocido los adultos actuales, ha desaparecido. Es una muy mala noticia.

Pues bien, entiendo que estas experiencias se enmarcan en una deriva del sistema educativo orientada por la demanda del mercado laboral y por la consideración de la educación como una mercancía más y no como un derecho humano y como un arma poderosa para cambiar el mundo, como decía Mandela.

Si seguimos aceptando el arrinconamiento de la Unesco, como agencia de Naciones Unidas para la educación, y dejando que las políticas educativas emanen de la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial, la CEOE o las multinacionales, el pensamiento estorbará cada vez más en las universidades y la democracia pasará de ser imperfecta a inexistente.

Nota

[1] Texto expuesto en el seminario “Declaración de los Derechos Humanos: conmemoración y vigencia” celebrado el 10 de diciembre de 2019 en el Consejo General de la Abogacía Española con motivo del Día Internacional de los Derechos Humanos.

Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=263616

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Las universidades australianas necesitan aprender lo que saben los que abandonan la escuela

Oceania/Australia/Conor King

El enfoque del sistema escolar en estándares relativos sobre estándares absolutos hace que sea difícil juzgar el potencial de los solicitantes, dice Conor King

Se está prestando mucha atención en Australia a la transición de la escuela a la educación y el empleo posteriores.

El gobierno ha comisionado a Peter Shergold, canciller de la Universidad Western Sydney , para informar sobre cómo mejorar la transición al trabajo o la educación superior. Y ha actualizado la Declaración de Melbourne sobre los objetivos educativos para jóvenes australianos , que establece los propósitos nacionales de escolarización y proporciona la base del plan de estudios australiano.

Ese documento, ahora renombrado como Declaración de Educación de Alice Springs (Mparntwe) , se enfoca en consejos, vías y crédito. Cubre temas tales como cómo mejorar el asesoramiento profesional; cómo alentar a cada alumno a pensar en sus opciones futuras; y cómo mejorar la comprensión de cómo el aprendizaje escolar puede conducir a la educación profesional y superior.

Todos estos problemas de proceso son importantes. Sin embargo, se presta mucha menos atención a la base educativa que los estudiantes escolares realmente obtienen, y su relevancia para la educación y capacitación futuras.

Los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (Pisa) 2018 pueden ver un cambio en esta dinámica. Publicado a principios de este mes, estos muestran que , en el mejor de los casos, los resultados educativos de los estudiantes australianos se han mantenido estáticos, o, más probablemente, han retrocedido en los últimos años. Sin embargo, la preocupación no debe ser sobre dónde se ubican los australianos frente a sus pares internacionales; Así como queremos buenos resultados educativos en todas las partes de la sociedad australiana, deberíamos estar contentos con los buenos resultados en todo el mundo. Nuestra preocupación debería, más bien, ser cuánto aprenden los jóvenes australianos en comparación con sus predecesores.

El documento de discusión de la revisión de Shergold hace la pregunta correcta: ¿con qué habilidades debería una persona salir de la escuela? Una transición efectiva a la educación y capacitación terciaria requiere que las universidades, colegios y proveedores de capacitación comprendan lo que los que abandonan la escuela ya saben o pueden hacer. Sin embargo, la extraña realidad es que, si bien hay declaraciones regulares de los niveles de aprendizaje de los estudiantes en la escuela, no hay ninguna al final del año 12 en la mayoría de los estados australianos.

Con la excepción de Nueva Gales del Sur, los resultados secundarios superiores se ajustan y normalizan para informar sobre la posición relativa de cada estudiante pero no para explicar el nivel real de capacidad. Esto puede evitar las preocupaciones sobre la inflación de los grados que han circulado en torno a los resultados de nivel A en el Reino Unido, pero el efecto de la normalización es que no sabemos qué cambio, si es que hubo alguno, ha tenido lugar en los resultados del Año 12 con el tiempo.

Sin embargo, los resultados de Pisa que muestran una disminución absoluta en los resultados australianos para los jóvenes de 15 años sugieren que la capacidad dos años después, al final de la escuela, también debe estar disminuyendo. Parece que la gente como yo podría haberse equivocado al desestimar las quejas sobre la caída de los estándares de entrada como idealizaciones del pasado.

Las universidades están lejos de ser irreprensibles aquí. Creamos las clasificaciones que preguntan no «¿eres capaz de hacer mi curso?» Sino «¿eres más o menos capaz que el próximo solicitante?». El Ranking Académico Terciario Australiano (ATAR) es un medio eficaz para seleccionar entre aquellos que son adecuados cuando la demanda de lugares supera la oferta: el caso de algunos cursos en cada universidad y la mayoría de los cursos en algunas universidades. La sabiduría generalmente aceptada es que cuanto mayor es la capacidad académica de un solicitante, mayor es la razón para admitirlo.

Pero el propósito de la educación terciaria no es poner a los que abandonan la escuela en una caja de por vida en función de sus resultados del año 12. Es apoyar a cada uno para obtener más conocimiento y habilidades. Cuanto más informativa sea la declaración de los resultados del Año 12, mejor posicionados estarán todos para construirla.

Al implementar la Declaración revisada de Melbourne (Alice Springs), cada estado y territorio debe asegurarse de que los certificados proporcionen una declaración clara y basada en criterios de los resultados de aprendizaje de cada estudiante, encapsulada de una manera que sea útil en el aliento de la educación terciaria y empleo. Centrarse de nuevo en ellos ayudaría a reducir la presión del Año 12 al enfatizar lo que nuestros estudiantes de la escuela realmente han aprendido, en lugar de dónde se clasifican en comparación con sus compañeros.

Y, para las universidades y colegios, permitiría que la selección de estudiantes se basara directamente en el importante tema de si los solicitantes tienen el nivel mínimo de capacidad requerido para realizar el curso.

Conor King es director ejecutivo del grupo de Innovative Research Universities.

Fuente: https://www.timeshighereducation.com/opinion/australian-universities-need-learn-what-school-leavers-know

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