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Presidentes latinoamericanos reflexionan sobre el futuro de la región desde el ámbito político, empresarial y educativo

Redacción: Madrid Diario

El Centro Internacional de Gobierno y Marketing Político (CIGMAP) de la Universidad Camilo José Cela (UCJC) ha reunido al actual presidente de Argentina y a siete expresidentes de gobierno latinoamericanos -como colofón al curso académico- en la sede de la CEOE, en un encuentro titulado Más Iberoamérica: reflexiones de futuro desde la política, empresa y academia. Este encuentro se ha desarrollado en el marco del ciclo de actividades que vienen desarrollando la Secretaria General Iberoamericana-SEGIB, el Consejo de Empresarios Iberoamericanos-CEIB, y la Federación Iberoamericana de Jóvenes EmpresariosFIJE.

La celebración de las jornadas que se ha celebrado en formato presencial-virtual desde la sede de la CEOE, ha tenido como objetivo generar un espacio de diálogo en el que compartir reflexiones y opiniones sobre las distintas líneas de acción y oportunidades de futuro de Iberoamérica ante la situación inédita que atraviesa la Región debido al avance del COVID-19.

Un año más, la Universidad Camilo José Cela ha reunido a un grupo de expresidentes iberoamericanos: Cristina Gallach, secretaria de Estado de Asuntos Exteriores; Rebeca Grynspan, secretaria de Estado de Asuntos Exteriores para Iberoamérica y Caribe; Carlos Mesa, expresidente de Bolivia; Eduardo Frei, expresidente de Chile; Ernesto Samper, expresidente de Colombia; Jamil Mahuad, expresidente de Ecuador; Vicente Fox, expresidente de México; Arístides Royo, expresidente de Panamá y Luis Alberto Lacalle, expresidente de Uruguay. Alberto Fernández, actual presidente de Argentina, ha sido el encargado de clausurar el acto.

Nieves Segovia, presidenta de la Institución Educativa SEK -a la que pertenece la UCJC- ha reflexionado en su discurso la necesidad de afrontar el futuro de forma colectiva y no individualista, y ha puesto en valor este tipo de foros para conocer y analizar con rigor los retos más importantes que tiene que afrontar el mundo y concretamente, Latinoamérica, ante el avance de la COVID-19. “Los momentos excepcionales requieren respuestas excepcionales y esta pandemia es una prueba de fuego también para el liderazgo en Iberoamérica.”En este nuevo ecosistema, ha dicho que “la educación revalida su posición como elemento esencial al servicio del desarrollo humano para combatir la pobreza, la exclusión, la intolerancia, la opresión y para trabajar por una sociedad más comprometida y sostenible.”

Por su parte, Emilio Lora-Tamayo, rector de la Universidad Camilo José Cela, ha reflexionado sobre la convulsión tan disruptiva que estamos padeciendo con la pandemia, que “nos ha puesto a todos a prueba y nos ha situado en un contexto de volatilidad, complejidad e incertidumbre con un desafío constante y decisivo para la gestión de cualquier plan de formación, trabajo o desarrollo profesional” y ha añadido por ello la necesidad de “crear sinergias entre la formación superior, la investigación y la consultoría política nos permite avanzar en la consecución de una gobernanza democrática de calidad.”

“Liderar desde la libertad para fortalecer la democracia y los valores institucionales no debe de ser sólo una voluntad sino un convencimiento ético que acompañe siempre a los gobernantes en sus responsabilidades para con la sociedad”, ha subrayado en su discurso.

“Lo que hemos perdido puede suponer lo que se construyó en los últimos diez años”

Cristina Gallach ha indicado en su intervención que España es el segundo mayor inversor en América Latina y que hay que trabajar en conjunto para reforzar los principios del libre comercio entre países.

Por su parte, Rebeca Grynspan ha puesto de manifiesto las repercusiones de la pandemia en la región, que de por sí cuenta con desigualdades estructurales. “Lo que hemos perdido en Iberoamérica puede suponer lo que se construyó en los últimos diez años” y ha recordado que distintos organismos apuntan a una contracción del 7,2% en la región, un incremento de 30 millones de personas pobres y de 16 millones de personas en pobreza extrema y en torno a 12 millones más de desempleados.

Grynspan ha manifestado que “este es realmente el comienzo de siglo, que con esta crisis se abre el siglo XXI” y añadió que “todos pensamos que todos vamos a un mundo distinto, a una nueva normalidad, para que no solo sea nueva, sino que sea mejor, pero ¿qué hacer con los problemas estructurales?”.

Los expresidentes han apuntado de forma generalizada en sus intervenciones la necesidad de colaboración entre los países de América Latina, y han señalado la necesaria integración de la región.

Como colofón al encuentro ha intervenido el presidente de la República de Argentina, Alberto Fernández, quien ha criticado con firmeza el “actual sistema capitalista” y ha reclamado “volve a ese capitalismo donde la producción era lo central”, aludiendo a Henry Ford.

“¿Cuánto tiempo hemos discutido cosas que no eran necesarias discutir?” ha analizado en su discurso. “Tenemos que revisar el daño ambiental que durante décadas hicimos al mundo”, y ha añadido que “se deben fijar mejores reglas”. Fernández se ha preguntado también si “después de esto si todo lo que se sepa de esa vacuna se va a socializar a toda la humanidad o va a ser el negocio de un laboratorio”.

Los expresidentes se han dirigido también a los alumnos que hoy concluían sus estudios, deseando que “sean mejores que ellos”. Fernández ha pedido a los líderes del futuro que “entiendan de una vez por todas que cuidar el medioambiente es cuidar al mundo en el que vivimos. Entender estos dilemas son los que van a determinar los liderazgos del futuro. Lo mejor que nos ha dejado la pandemia es la oportunidad que nos brinda para hacer un mundo más igualitario y más justo, es nuestro tiempo, es nuestra oportunidad.”

Fuente: https://www.madridiario.es/presidentes-latinoamericanos-reflexionan-sobre-el-futuro-de-la-region-desde-el-ambito-politico-empresarial-y-educativo
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Entrevista a Arcadi Oliveres: «Derribaremos el capitalismo el día que hayamos construido otro edificio suficientemente sólido que lo haga caer»

Redacción: Público

Referente del activismo en Catalunya, el economista Arcadi Oliveres (1945) acumula décadas de análisis crítico del sistema capitalista y de plantear alternativas para avanzar hacia una sociedad más justa. Presidente durante años de la entidad Justícia i Pau y actualmente presidente de la Fundació Universitat Internacional de la Pau, recibe a El Quinze en su casa, en Sant Cugat del Vallès. En la conversación, aborda la necesidad de cambios urgentes y recalca la importancia de la responsabilidad de la gente para alcanzarlos.

¿Cómo ha vivido la pandemia?

Hay dos cosas, la vivencia personal y la colectiva. Me intervinieron del corazón y el día que salía del hospital comenzaba el confinamiento. Por lo tanto, he tenido una situación algo especial, porque igualmente habría tenido un confinamiento, me tocaba hacer reposo. Colectivamente, ha sido un problema de ingresos para mucha gente. También ha habido problemas importantes en el mundo sanitario, no por los profesionales, sino para los propios enfermos. Nunca hubiéramos imaginado que tuvieras que morir sin compañía, que no se pudiera acompañar en el duelo… Son situaciones que han afectado a mucha gente. Y no hablo de la situación en las residencias, en el que personas se han encontrado aisladas y abandonadas. Socialmente ha sido grave. También ha sido grave para aquellos que se encuentran en una situación económica precaria.

Políticamente, cuando se decretó el estado de alarma inmediatamente toda la autoridad se colocó en manos del Ministerio de Sanidad. Aparte del ridículo de poner en las ruedas de prensa a un guardia civil, a un policía y a un militar, que era de vergüenza absoluta. Toda gestión quedaba en manos de un ministerio que no tenía ningún contenido. Las autonomías quizás tenían el conocimiento, pero no tenían la autoridad. Y eso fue un problema grave, propio de un estado que siempre ha sido absolutamente centralista y nunca ha pensado en hacer las cosas de otro modo. Es muy difícil especular si las cosas habrían salido peor o mejor, pero creo que fue un mal punto de partida.

¿La crisis desencadenada ha puesto de manifiesto las múltiples fallas del actual sistema económico? Han chirriado muchos de los mantras que nos han repetido las últimas décadas, como el adelgazamiento del sector público, la deslocalización de la producción, la necesidad de pagar la deuda,…

«El capitalismo es un sistema insostenible que se tiene que destruir inmediatamente»

Todo esto se ha puesto de manifiesto para confirmar lo que venimos diciendo desde hace tiempo: que el capitalismo es un sistema insostenible que se tiene que destruir inmediatamente. Durante bastantes años hacíamos los foros sociales mundiales y decíamos que era un sistema irrecuperable. Se puso de moda la idea de que otro mundo es posible, que básicamente significaba cambiamos de sistema. El capitalismo tiene que terminar. ¿Cómo? Ya lo veremos. No podemos permitir el sufrimiento de tanta gente que no tiene ingresos para sobrevivir.

Ahora leía un libro fantástico sobre las expediciones que hacen las personas que llegan de Gambia y Senegal, como deben contratar la patera, como vienen, como pierden la vida… Esto es un crimen. Europa es una asociación criminal de países y no se puede mantener la prohibición de que la gente circule libremente. Esto, con pandemia o sin, es un ejemplo más. Los que están sin vivienda, el tema ambiental, las desigualdades enormes que hay entre los más ricos y los más pobres… Todo esto la pandemia puede haberlo agravado o quizás ha abierto puertas hacia posibles mejoras, lo ignoro, en todo caso es evidente que el sistema capitalista no se puede aguantar. Es un sistema criminal y asesino que debemos destruir y basta.

¿Cómo? Obviamente esto generaría resistencias.

«Con el capitalismo lo que hemos tenido es un capital que manda, con el comunismo que existió durante años era un estado el que mandaba, y los que nunca han mandado son los trabajadores»

Sí, evidentemente, generaría resistencias. Creo que se trata más de construir que de deconstruir. El sistema que estamos criticando la derribaremos el día que hayamos construido un edificio suficientemente sólido que lo haga caer. ¿Y hacia dónde debe ir este edificio? Hace muchos años que lo tengo claro. Tuve la oportunidad de visitar en Guipúzcoa una empresa cooperativa que se llama Mondragón. Y me pareció, con todas las fallas que tiene, que seguramente son muchas, que un sistema económico debe ir en esta dirección. Con el capitalismo lo que hemos tenido es un capital que manda, con el comunismo que existió durante años era un estado el que mandaba, y los que nunca han mandado son los trabajadores. Que son los que tienen derecho a administrar la riqueza, la producción y la distribución. Este sistema que no nos gusta lo tenemos que ir destruyendo a medida que crezca su alternativa. Estoy cada año muy contento cuando la última semana de octubre en el barrio de Sant Andreu [de Barcelona], en la Fabra i Coats, se celebra la Feria de Economía Social y Solidaria. Entiendo que esto es construir un nuevo sistema. El día que este sistema sea suficientemente grande iremos derribando el capitalismo. Esta es mi esperanza, aunque no lo veré por razones de edad.

La emergencia social ha permitido cambiar el eje de los debates y que se haya podido implantar sin oposición el ingreso mínimo vital. Tampoco se habla de recortes. ¿Es un aprendizaje de la anterior crisis o es porque la ciudadanía ya no está dispuesta a aceptar determinadas medidas?

La gente no las aceptaría, pero hay que tener un poco los números claros sobre la mesa. Me he mirado por encima las cifras de las que se habla con los teóricamente 800.000 beneficiarios del ingreso mínimo vital y todo lo que puede suponer apenas llega a una tercera parte del gasto militar española. Qué para salvar vidas humanas, que están en la absoluta precariedad, dediquemos una tercera parte del gasto más inútil, absolutamente absurdo y estúpido que existe, pues aún hemos avanzado poco. Completamente de acuerdo que se haya querido introducir el ingreso mínimo, pero no es una panacea.

¿Para afrontar la situación social se necesitan medidas más osadas?

Sí, y cambios en fiscalidad. Las empresas del Ibex 35 como mínimo estafan cada año el 60% de los impuestos que deben pagar. Lo tengo calculado. De acuerdo con la ley de sociedades anónimas, deberían pagar el 30% de sus beneficios y de media pagan el 12%. Empresas, atención, de las que nosotros somos partícipes. Cada vez que ponemos los pies en Ikea o Zara estamos participando en esto y la gente lo tiene que tener muy claro. Si queremos cambiar el sistema, la gente debe asumir su propia responsabilidad.

A nivel fiscal, hace una década ya se reclamaba la eliminación de los paraísos fiscales, pero la realidad es que el volumen de dinero que tienen no deja de crecer. ¿Ahora cambiará?

Es una cuestión de voluntad política, pero aquellos con capacidad política para cambiar estas cosas son gente que en su mayoría se beneficia de los paraísos fiscales. El dinero que están escondidos en los distintos paraísos fiscales equivale más o menos a 16 veces el producto interior bruto español. Por lo tanto, imagina la de cosas que se podrían hacer [si se tuviera].

Una tasa como la Tobin, que hace al menos 30 años de la que se habla y no se ha querido aplicar, sería facilísima de hacer y los recursos que se obtendrían serían importantísimos. Frenaríamos algo más grave, que es la especulación financiera. Pero no hay voluntad de aplicarla. Sobre la tasa covid, no lo he estudiado bastante.

¿Con el incremento de pobreza existe el riesgo de que también crezca el racismo, atizado por determinados discursos políticos?

Si no se produce la educación necesaria, es evidente que estas actitudes se pueden dar. Son muy simplistas, elementales y poco razonadas, pero es fácil agarrarse a ellas. Aquí también tenemos que empezar a reflexionar sobre cuál es el mundo que nos presentan los medios de comunicación. Mucho de este racismo sale de los medios, de la forma en que expresan las cosas. Hace dos años y medio, en plena euforia del debate independentista, el canal más visto por los catalanes era TV3 y el segundo era Tele 5. ¿Como queremos hacer un país independiente con una cadena que enseña imbecilidades? La gente se forma escuchando esto, aunque TV3 también dice bastantes tonterías. Y esto se agrava con las redes sociales, donde buena parte de lo que hay son mentirasfake news. Si la gente recibe esta televisión y estas noticias, ya puedes hacer esfuerzos con planes educativos en las escuelas o las ONG, que acabarás con la opinión pública distorsionada y una parte de la gente acabará con la extrema derecha más radical e inculta que hay.

Escuchamos muchas demandas de sectores concretos para «reactivar la economía». ¿Puede suceder que volvemos a un modelo centrado en el crecimiento constante y que se relajen cuestiones básicas como la lucha contra la emergencia climática?

«Claro que hay que salvar empresas y necesitan ayudas públicas, pero miramos como se hace y donde van. No se puede dar dinero a gente que ha hecho estafas permanentes»

Primero, decir que se quiere retomar la actividad casi siempre en base a lo mismo, que son ayudas públicas. No digo que la actual crisis no merezca ayudas en determinados sectores, sobre todo en la pequeña y mediana empresa y los autónomos. Ahora bien, ayudas públicas sólo a la gran empresa, que es la que más les pide y la que más llora, creo que se debería mirar mucho. Tenemos el ejemplo de Nissan. ¿Cuánto dinero público ha recibido Nissan los últimos 40 años? Por supuesto muchos más del que ha perdido. Debemos hablar con cifras sobre la mesa y así veremos donde deben ir las ayudas. Claro que hay que salvar empresas y necesitan ayudas públicas, pero miramos como se hace y donde van. No se puede dar dinero a gente que ha hecho estafas permanentes. Hay una serie de personajes impresentables que dirigen el mundo empresarial. Los equipos directivos de las empresas del Ibex tienen de media un sueldo que equivale a 260 veces el de sus propios empleados. Esto es una obscenidad, es pornográfico, algo que no debería producirse. No deberían recibir nada estas empresas. ¿Quién debe pagar la crisis? El señor Bill Gates, entre otros. Estos serán los más ricos, pero sobre todo son unos ladrones.

No a todos les ha ido mal durante el confinamiento. Determinadas empresas, como Mercadona o Amazon han incrementado ventas. Que se refuercen aún complica más determinados cambios.

Hace años que digo que en Mercadona no hay que poner los pies. Es una de las empresas que alimenta financieramente al PP, es impresentable. Nunca he hecho una compra en Amazon, me niego a participar en sus actividades, pero dicen que el señor Jeff Bezos es el más rico del mundo, por lo tanto, debe ser el estafador más grande del mundo. No se puede partícipe ni con el señor Bezos, ni con el Ikea de aquí al lado, porque tiene su sede fiscal en Liechtenstein y no hay que ir, aunque sea cómodo. El gran cambio será el cooperativismo, pero también cambiar la actitud del consumidor.

El consumo responsable es importante, pero seguramente es insuficiente. También sería necesario un cambio en la administración. Acabamos de ver, por ejemplo, como la Generalitat ha contratado a Ferrovial, que no sería una empresa ejemplar.

Yo hago un voto de confianza al ejemplo que nos ha dado el Ayuntamiento de Barcelona que ha intentado fomentar el consumo responsable, que algunas nóminas sean pagadas por bancas éticas, etc. No son perfectos, pero es un pequeño ejemplo de lo que puede hacer la administración pública en vez de contratar a Ferrovial. También es cierto que ha fallado en ciertas cosas, como por ejemplo seguir teniendo el Mobile. Barcelona no lo puede seguir teniendo, porque es una feria perversa, lo peor que hay.

¿Las redes de proximidad y el cambio de modelo de producción son imprescindibles después de ver lo que generan determinadas dependencias?

Esta es una lección de la que se empieza a hablar ahora con motivo de la pandemia. La universalización del consumo y la producción, incluso de las líneas aéreas, de cómo viajaba la gente, evidentemente se debe cambiar y volver a las producciones locales y la proximidad. No he sido un experto en temas ecologistas, pero creo que el movimiento recibirá un impulso con el que ha pasado.

A raíz del anuncio del cierre de la Nissan, volvemos a escuchar las llamadas a reindustrializar Catalunya. ¿Qué opina?

Es cierto que la industria es importante para un país. Pero primero se debería hacer una estimación de qué es un país industrializado y qué no lo es. Y también depende de qué industrias queramos potenciar. No es lo mismo potenciar industrias que cubren necesidades básicas que de otro tipo. Quedé parado el otro día al saber que una empresa de Sant Cugat se dedica a hacer submarinos privados turísticos, que llevan siete u ocho personas, y son transparentes, para que puedas ver lo que hay fuera. ¿Es necesario que Catalunya tenga una industria de submarinos turísticos? Creo que no.

¿Es posible que, como en la anterior crisis, las cuestiones internacionales pierdan peso y la cooperación vuelva a quedar desmantelada?

En esto también pondría números sobre la mesa. Los flujos que desde el mundo rico enviamos al mundo pobre quedan totalmente contrarrestados con el pago de la deuda externa. La relación entre lo que nos envían ellos a nosotros y lo que enviamos nosotros es de siete a uno. Por lo tanto, a menudo las ONG han dicho que ya está bien aumentar la cooperación, pero lo primero que hay que hacer es anular totalmente la deuda externa, porque si no nos seguirán enviando mucho dinero.

¿Teme que aumente el control social y las restricciones al derecho a la protesta?

La libertad de expresión siempre les ha hecho un poco de miedo y los que venimos de la dictadura ya conocíamos la limitación del derecho a la protesta, porque la sufrimos. Y desde que aprobaron la Ley mordaza la están restringiendo nuevamente. Además, todos estos temas de control fotográficos, de grabar expresiones, que a alguien le coloquen un chip, el hecho de que a raíz de la pandemia implicará que todos ustedes deben estar vacunados, todo ello limitará las libertades, no hay duda. Pero aún estamos en un primer momento de esta restricción de libertades.

Finalmente, el conflicto político catalán no está ni mucho menos resuelto, pero sí parece evidente que se ha terminado una fase y está estancado, con un desgaste evidente. ¿Son necesarias nuevas salidas?

Como estos meses no hemos avanzado mucho, me permito repetir lo que ya decía antes de la pandemia, que se resume en tres cosas. Primera, soy independentista, pero la independencia no se puede conseguir en pocos meses y sin una participación masiva de la gente. Es necesario que una mayoría se incline por ella y, de momento, no se ha demostrado en ninguna votación. Segundo, si queremos la independencia debemos explicar qué país queremos y no lo hemos explicado nada. Me gustaría que saliera un movimiento independentista que dijera queremos un país libre, pero primero, no queremos ninguna monarquía; segundo, no queremos ningún ejército; tercero, no queremos ninguna banca privada; cuarto, queremos un sistema cooperativo; quinto, queremos un país ecológico; sexto, queremos un país con las puertas abiertas a la inmigración,… Definirlo claramente. Y una última cosa, que nunca he conseguido que la gente diga que sí, es que nos tenemos que ir a explicar por el mundo. La independencia debemos explicarla en Sevilla, Oviedo, Madrid, Frankfurt, donde sea. Si queremos que la gente esté de acuerdo, debemos explicarnos.

Fuente: https://www.publico.es/entrevistas/entrevista-arcadi-oliveres-derribaremos-capitalismo-dia-hayamos-construido-edificio-suficientemente-solido-haga-caer.html

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Conferencia de Catherine Walsh «Pedagogías Decoloniales: Insurgencias desde las Grietas» (Video)

Por: Otras Voces en Educación

Seguimos con los seminarios de formación permanente en Pensamiento Crítico, en alianza con CEIP Histórica de Argentina, Centro de Investigación RÍUS de Clacso-México y Otras Voces en Educación.

En esta oportunidad nos acompaño Catherine Walsh:

Es una intelectual-militante involucrada durante muchos años en los procesos y las luchas de justicia y transformación social. Su militancia tomó forma primero en los Estados Unidos, donde, entre otras experiencias, trabajó con colectivos y comunidades puertorriqueñas, latinas, haitianas, asiáticas y caboverdianas en las luchas por los derechos lingüísticos, educativos y culturales, participó en procesos de educación popular, y compartió espacios de colaboración con Paulo Freire, incluyendo, y con otrxs colegas, en la formación de la primera red nacional de pedagogía crítica. Hace 25 años está radicada en Ecuador como inmigrante del norte al sur.

En Ecuador y más ampliamente en Abya Yala/América Latina, tiene una trayectoria larga de acompañamiento a los movimientos sociales, especialmente a los movimientos indígenas y afrodescendientes. En los 90, participó en los debates de educación indígena, la conceptualización de universidades indígenas, y el trabajo del pensar-hacer del proyecto político-epistémico de la interculturalidad y sus entrelaces con la plurinacionalidad, avanzando este proyecto a lo largo de muchos años en varios escritos y espacios de colaboración con organizaciones, comunidades e inclusive como asesora en la Asamblea Constituyente ecuatoriana de 2007-2008. Con Juan García Salazar, reconocido como el abuelo del movimiento afroecuatoriano, formaron en 2002 el Fondo Documental Afro-Andino, el archivo oral y visual más grande en América Latina de la memoria colectiva afro. Así con Juan García y otrxs intelectuales-activistas y educadorxs del movimiento afro, ha participado en el desarrollo de materiales y espacios de reflexión-acción con respecto a la educación propia, la etnoeducación y los derechos ancestrales.

Aunque no se identifica como académica, Catherine ha sido profesora universitaria por casi 40 años, los últimos 22 en la Universidad Andina Simón Bolívar en Quito, donde actualmente es profesora distinguida, además de directora-fundadora del doctorado en Estudios Culturales Latinoamericanos, programa reconocido en la región por su enraizamiento en las luchas y pensares del sur, y por su perspectiva y praxis decolonial. Es autora de centenares de artículos y libros, conferencista y profesora invitada en 5 continentes, y parte del grupo fundante de la modernidad/(de)colonialidad.

Además, fue estudiante de primer grado en la Escuelita Zapatista. Sus intereses hoy están ligados a las pedagogías decoloniales entendidas como prácticas insurgentes, a los gritos, grietas y siembras de (re)existencia en los tiempos actuales de violencia/guerra, y al más allá de los binarismos de género. En 2019, Catherine recibió el prestigioso premio “Frantz Fanon, trayectoria de vida” de la Asociación de Filosofía Caribeña.

 

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Educar en y para la incertidumbre

Por: Julio Rogero 

La experiencia que estamos viviendo entre la preocupación y el desconcierto nos hace reflexionar sobre las perplejidades, dudas y falta de respuestas seguras (imponderables). Hemos de aprender a construir pequeñas certezas que debemos consolidar para controlar los miedos y riesgos que hagan posible una vida digna de ser vivida.

Lo imprevisible siempre ha estado presente en las sociedades humanas, cuyo quehacer se ha centrado en construir previsibilidad y certezas que hicieran posible vivir con los menores sobresaltos y amenazas potenciales. Sin embargo, hoy vivimos una incertidumbre abrumadora. Lo que nos parecía imposible está sucediendo, lo impensable y lo inaudito acontece. Desde la inseguridad sobre nuestra propia salud, a las incertidumbres laborales producto de una crisis económica sin precedentes, pasando por un cambio climático solo aplazado aún más.

En las crisis sociales de todo tipo por las que ha pasado la sociedad española en los últimos cincuenta años (1968, 1973, 1989, 1992, 2008), siempre se ha apuntado la necesidad de una posible salida que beneficiara a la mayoría de los ciudadanos. En realidad, han sido crisis bien aprovechadas por el modo capitalista de producción y consumo para salir beneficiado. Sin embargo, ahora vivimos la conjunción de una crisis lenta, pero inexorable, producida por el cambio climático, y de otra producida por el coronavirus, que nos ha sorprendido por su rapidez y la respuestas a ciegas que se le están dando. Es ahora cuando se nos muestra con mayor crudeza la tan reconocida “sociedad de la incertidumbre”.

Entre las emergencias más sobresalientes de la crisis que vivimos está la incapacidad de predecir lo que viene. No se sabe qué es el coronavirus, ni cómo afrontarlo eficazmente. No hay vacunas. La ciencia ayer dijo una cosa y hoy dice otra diferente o contraria. No sabemos bien cómo hemos de actuar. Los políticos están desconcertados y prueban por ensayo-error las decisiones que toman. Se improvisan respuestas a las urgencias de la pandemia. El mundo se detiene. La naturaleza salta de alegría en una primavera explosiva de vida. Los enjaulados somos los humanos. No sabemos hasta cuándo y cómo ir abriendo la jaula. Unos se precipitan acelerando la “vuelta a la normalidad”, poniendo por encima de todo el “bien superior” de la economía. Otros piden prudencia y precaución.

La experiencia que estamos viviendo entre la preocupación y el desconcierto nos hace reflexionar sobre las perplejidades, dudas y falta de respuestas seguras (imponderables). Hemos de aprender a construir pequeñas certezas que debemos consolidar para controlar los miedos y riesgos que hagan posible una vida digna de ser vivida.

Nuestra sociedad es cada vez más compleja. No saber lo que va a pasar nos puede llevar al miedo incontrolado, al estrés, a la tristeza, al cierre en sí mismos, a la desconfianza y a la sospecha y temor a lo desconocido. Pero también puede llevarnos a la búsqueda de lo común, de la cooperación, de construir lo colectivo, a la creatividad, al equilibrio emocional, a la alegría de vivir, a la apertura a todo lo que nos rodea, a la confianza en los seres humanos, al apoyo y cuidado mutuos. Por eso en estos tiempos de incertidumbre estamos expectantes, pero no de forma pasiva, sino aprendiendo que cada situación concreta que surge y que vivimos requiere respuestas ajustadas a este momento y que, muy probablemente, pueden no servir para otras situaciones.

¿Podemos anticipar el futuro viviendo ya de otra manera? La amenaza mayor es la crisis ecosocial, más lenta que la del coronavirus, pero quizás más destructiva y mortal. Aun cambiando nuestras formas de producción, consumo y relación social la incertidumbre, eso sí, esta vez cargada de esperanzas, seguirá marcando nuestras vidas. Nunca como hoy se nos ha mostrado que la única certeza que tenemos es la incertidumbre en la que vivimos. Pero seguiremos buscando seguridades porque no podemos vivir en una incertidumbre permanente.

Siempre vuelvo mi mirada a la educación y a la escuela. En este cambio ineludible hacia otra educación, se hace necesario aprender a vivir en la incertidumbre. En primer lugar, me parece imprescindible reconocer la relación de la educación con este no saber lo que nos espera. Se nos ha educado siempre para tener certezas, seguridades y organizar nuestras vidas para tener lo que nos da estabilidad económica, afectiva y emocional. Nos decían que, si seguimos obedeciendo, si cumplimos el esfuerzo requerido, si rendimos lo esperado, si aprendemos lo que nos mandan aprender y creemos las ensoñaciones en que nos hacen vivir, se cumplirían las promesas de un futuro seguro. Sin embargo, hemos de reconocer, cada vez con más evidencia, que nada de lo anterior es cierto, que somos los protagonistas de nuestro destino y no del destino que nos asigna el poder para que seamos su servidumbre.

Philippe Meirieu hace tiempo que ya hablaba de cómo educar en un mundo sin referencias. Los padres de hoy no tienen escrito qué es lo que han de hacer para educar, ni tienen escrito su oficio de padres en ninguna parte. No saben cómo dar respuestas a los problemas que les plantean sus hijos. Parece que al profesorado y a la escuela les pasaba lo mismo. Ahora se acentúa el desconcierto de todos. Ahora, en el mundo de la educación la incertidumbre es total. No se sabe bien qué hacer. Además nadie se atreve a garantizar nada.

Sin embargo, a medida que el peligro va pasando, las familias necesitan conciliar la vida familiar y laboral en una sociedad que no está preparada para ello porque a quienes la dirigen nunca les ha interesado dar una respuesta razonable. Los problemas están ahí y presionan para que se vuelva a las aulas como refugio y respuesta a los problemas que la sociedad tiene con la infancia y sus familias. Pero surgen multitud de interrogantes. Después de intentar reproducir la escuela en la casa y sus actividades ¿alguien sabe cómo volver a la escuela y qué escuela nos vamos a encontrar? ¿En qué momento? ¿Todos a la vez? ¿En qué condiciones? ¿Cuáles son los recursos necesarios para garantizar una mínima seguridad y el derecho a la educación para todos? ¿Volver como si nada hubiera pasado y a hacer lo mismo que se hacía sin más? No percibo respuestas claras a tantos interrogantes. No hay garantías de acertar. Sigue siendo la incertidumbre quien nos acompaña, también en la escuela.

En segundo lugar, cada vez es más urgente educar en la incertidumbre porque ha adquirido una centralidad ineludible en nuestras vidas. No es una reflexión nueva. Ya Francisco Gutiérrez y Daniel Prieto (1993), y antes otros, escribieron sobre la necesidad de la “educación para la incertidumbre”. Cuestionaban radicalmente las certezas en las que se asienta la educación transmisiva, academicista y autoritaria, basada en los libros sagrados de texto como portadores de la verdad que hay que aprender a toda costa. Dicen que esta enseñanza era una negación y ocultación sistemática de la incertidumbre. La situación que vivimos ahora nos lleva a que hagamos de ella un elemento central en la educación que emerge de esta crisis.

Es necesario educar en la incertidumbre y para afrontarla. La humanidad, desde sus albores, es y se organiza en lucha contra las amenazas de lo imprevisible. La educación debería tener hoy esa función central: la de consolidar una actitud positiva y esperanzada en la construcción de comunidad donde se entretejen las pequeñas certezas que nos ayuden a vivir. La escuela, como lugar de encuentro de las personas, tiene la función insustituible de crear una comunidad donde se hagan realidad las relaciones, los afectos, el cariño, la ternura compartida, el humor y la amistad. Sabemos que la educación puede mostrarnos algunos de los los instrumentos que nos ayuden a afrontar las incertidumbres y perplejidades que vivimos: las relaciones de cuidado y de apoyo mutuo, la cooperación y las tareas compartidas, las respuestas posibles a las preguntas y búsquedas comunes, la calma, la serenidad y el darse tiempo.

El riesgo de la educación es que vuelva a aferrarse a las viejas verdades de los currículos oficiales, de la autoridad impuesta, a la seguridad de determinados conocimientos “útiles” frente a otros “inútiles”. Por eso nos parece necesario hacer una aproximación a lo que puede significar educar para la incertidumbre: aprender a preguntar de forma permanente a la realidad cotidiana; a informarse, como sujeto activo, lo que implica localizar, reconocer, procesar y utilizar la información; es educar para conocer los problemas humanos ecosociales e implicarse en las respuestas que necesitan; es educar para reconocer las propuestas mágicas de certidumbre, desmitificarlas y poder así resignificarlas; es educar para crear, recrear y utilizar críticamente los recursos tecnológicos.

Así pues, educar para la incertidumbre significa impulsar una actitud activa y crítica ante aquella, a fin de abandonar la ilusión de las verdades y las certidumbres con que nos embaucan, y de moverse con una mente abierta y creativa a los cambios y a las transformaciones personales y colectivas necesarias para poder vivir con dignidad en la compleja sociedad en que vivimos.

Propongo un acercamiento a posibles características de una pedagogía de la incertidumbre:

Mostrar lo impredecible del presente y del futuro. Muchos proyectan un futuro al que aspirar, que se suele frustrar en cada crisis. Ahora parece que vivimos un tiempo sin tiempo, un tiempo de espera en un ahora permanente. Decía Bertrand Russell que “la vida cotidiana se construye para sobrevivir en un océano de incertidumbre”.
Generar pequeñas certidumbres que nos ayuden a afrontar lo que provoca dolor, sufrimiento, dudas, no saber, inseguridad, infelicidad. Tomando conciencia de que la vida es un enigma que hemos de comprender juntos sabiendo que nunca vamos a llegar a hacerlo porque es un misterio indescifrable.

Promover educadoras y educadores con una formación asentada en la capacidad de tejer tramas de cooperación, solidaridad y empatía, que consoliden la pasión por conocer y vivir con dignidad en estos tiempos inéditos.
Aprender a confiar en uno mismo y en los demás para salir del miedo. Hagámoslo desde la magnanimidad (alma grande) y la longanimidad (alma extensa) (Alex Rovira) porque es lo que necesitamos para generar una convivencia empática con todos y con todo.

Saber que estamos en un punto crucial que parece sin salida pero que sí la tiene. Por eso en la incertidumbre pasan al primer plano la búsqueda, la creatividad, la construcción y desarrollo de muchas dimensiones y valores de la vida, arrinconados hasta ahora por un sistema deshumanizado.

Aprender a hablar sin miedos de lo impredecible, de lo imponderable, de lo arriesgado, de lo incierto. También de lo vulnerables que somos.

Ofrecer espacios y tiempos donde hacerlo todo sin prisa, con serenidad y calma para generar relaciones educativas confiadas.

Proyectar futuro desde nuestra práctica educativa siendo perseverantes en la esperanza (a veces contra toda desesperanza). Como nos decía M. Luther King: “Incluso si supiera que mañana el mundo se desmoronara, igual plantaría mi manzano”.

Aprender a discernir la incertidumbre que somos capaces de soportar, pues ese será un signo de profundo conocimiento de nosotros mismos.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/2020/06/17/educar-en-y-para-la-incertidumbre/

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Reabren los institutos de Italia para los exámenes de selectividad

Europa/Italia/18 Junio 2020/diariovasco.com

Casi medio millón de estudiantes italianos han empezado este miércoles la ‘maturitá’, los exámenes equivalentes a la selectividad española y que permiten el acceso a la universidad. Los institutos vuelven así a recibir a los alumnos después de más de tres meses cerrados por culpa de la pandemia del coronavirus. Son unos controles orales marcadas por las mascarillas, la desinfección de las aulas, la distancia social y el gel hidroalcohólico, y que llegan después de un difícil período de clases a distancia que ha supuesto un desafío para la estudiantes y profesores.

La ministra de Educación, Lucia Azzolina, espera que la peculiar ‘maturitá’ de este año sea una prueba de cara a septiembre, cuando se pretenden recuperar las clases presenciales con el inicio del próximo curso. «Es un primer regreso después del confinamiento», comentó Azzolina, que visitó este miércoles un instituto de Bérgamo, la ciudad lombarda considerada el epicentro de la pandemia en Italia. Esta región del norte del país registra 92.000 de los 237.000 contagiados de todo el país, de los que 34.400 han fallecido.

«No podía darse por descontado que los exámenes se iban a hacer presenciales. Algunos países europeos los han cancelado», dijo la ministra, que consideró oportuno recuperar la presencia física en las aulas porque se cierra así «un largo ciclo de estudios y se da un paso para la vida adulta». Las pruebas, garantizó, se realizan con medidas de seguridad para evitar que puedan convertirse en un foco de infecciones. En los centros donde es posible incluso se han instalado tribunales al aire libre para reducir así la posibilidad de que se produzcan contagios. En un primer momento, el Ministerio de Educación valoró que la ‘maturitá’ se desarrollara de manera telemática, pero la buena marcha de la pandemia en las últimas semanas y las dificultades que suponía hacer los exámenes a distancia animaron a optar finalmente por la vía presencial.

A diferencia de cualquier otro año, en esta ocasión no hubo aglomeraciones de estudiantes y familiares a las puertas de los institutos para animar a los chicos cuando entraban y salían de hacer los exámenes. «Ha ido mejor de lo que pensaba y me quito por fin un peso después de este período tan difícil con las clases a distancia», contaba Carlo, estudiante de un instituto de un barrio residencial de Roma que espera estudiar Economía el próximo curso en la universidad. Lucia, una compañera de centro, aseguraba por su parte que no es verdad que este año el examen sea más fácil que en los anteriores, como algunos esperaban. «Además partíamos con la desventaja de todas las clases que hemos perdido, pues con la educación a distancia no es lo mismo».

Debido a las dificultades provocadas por la pandemia, todos los estudiantes fueron en esta ocasión admitidos a la prueba de acceso a la universidad. Otros años la ‘maturitá’ comprendía diversas pruebas escritas y orales a lo largo de tres días, pero en esta ocasión se ha optado por un control oral de una hora de duración. Para evitar las masificaciones, los estudiantes tienen prohibido presentarse con una anticipación superior a los 15 minutos del inicio del examen y, apenas terminada la prueba, deben dejar el edificio, que cuenta con un recorrido distinto para quien entra y para quien sale. Sólo se permite un acompañante por alumno. Éste puede quitarse las mascarilla cuando responde a las preguntas de los profesores, mientras que los docentes deben llevar en todo momento estos dispositivos de protección.

Fuente: https://www.diariovasco.com/internacional/union-europea/reabren-institutos-italia-20200617142957-ntrc.html

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El neurocientífico Francisco Mora: “El maestro es insustituible, en la pantalla solo ves un sesgo de cara”

Entrevista/Autora: Elisa Silió/elpais.com

Catedrático de Universidad y escritor, el especialista advierte de que el confinamiento tendrá consecuencias negativas en los hábitos de los menores

Francisco Mora, doctor en Neurociencia por la Universidad de Oxford y catedrático emérito de Fisiología Humana en la Complutense, cree que hay mucho “charlatán” hablando de neuroeducación. Y eso “desbarata la credibilidad de lo mucho que se puede decir” sobre cómo el cerebro actúa durante el aprendizaje, protesta. Mora (Granada, 1945) atrajo el interés de muchos lectores hace nueve años con su ensayo Neuroeducación: solo se puede aprender aquello que se ama, y ahora repite la fórmula con Neuroeducación y lectura: de la emoción a la comprensión de las palabras (Alianza), libro en el que se muestra muy crítico con la escuela española.

Pregunta. Si el cerebro no está preparado hasta los seis o siete años para aprender a leer, ¿por qué muchas escuelas españolas enseñan en infantil?

Respuesta. Por la pretenciosidad que tenemos en este país de lo listo que es mi niño. En Finlandia se han dado cuenta de que a los siete años se enseña a leer experimentando desde la alegría, hay una recompensa: el placer de leer. Las áreas del cerebro y las redes neuronales que codifican para leer no están maduras para todos los niños a la misma edad, sí [lo están para todos] a los seis o siete años. Transpira ignorancia no adoptar la metodología científica de la educación. Ya está bien de tanta opinión.

P. ¿La educación online se puede mantener en el tiempo?

R. El maestro es insustituible. Tú no puedes educar a un niño con una pantalla. Es imposible. La humanidad del maestro tiene que estar con todos sus matices emocionales. En la pantalla lo que ves es un sesgo de cara y lo que significa la expresión oral y su voz, pero poco más.

P. ¿Tan mala es la pantalla?

“No todos los chicos están preparados para aprender a leer antes de los 7 años”

R. No se puede estar atento más de 20 minutos a una pantalla. Porque, de alguna manera, todo lo que es aprender y memorizar significa una imagen polisensorial. Menos el tacto, se necesita todo lo demás, y la pantalla no proporciona ninguna emoción. Cuando tú hablas al ordenador, te das cuenta de que no estás hablando a humanos, en el sentido de las caras, de sus sonrisas… Sí se puede utilizar lo telemático para cosas concretas, para un seminario, para aspectos complementarios…

P. Pero tampoco cree que la atención dure mucho más en una clase presencial.

R. El foco atencional no es que tú prestes atención 10 minutos mientras lees. Son destellos que se encienden y se apagan y eso tiene que ver con la fluidez de la lectura de cada uno. Cada destello viene a durar entre 60 y 200 milésimas de segundo, eso se repite constantemente y a los 20-30 minutos empieza a romperse. En clase, cada 10 minutos, hay que romper el discurso estrictamente académico con una anécdota que no dure más de minuto y medio o un chiste no barato… Está registrado que entonces vuelve a subir la atención. Yo sigo teniendo en la Complutense una asignatura optativa sobre cómo funciona el cerebro y lo veo. A los 30 minutos el boli del alumno se cae si no haces nada.

P. ¿El confinamiento puede pasar factura escolar?

R. Sí, pero no patológica, sino en forma de deficiencias en la educación, es decir, en los valores, las normas y los hábitos. Los hábitos éticos solo se pueden crear en los primeros años de vida porque, si los aprendes luego, de una manera inconsciente en el autobús te sientas en el sitio reservado a los mayores y solo te levantas si entra alguien mayor.

P. Pero estos valores y hábitos se pueden aprender en casa.

R. Hay un fallo en la educación de valores, normas y hábitos éticos porque la relación de las familias con los colegios es esquizofrénica. No se pueden enseñar valores A en el colegio y B en la familia. En el futuro se tendrá que institucionalizar los encuentros con el maestro para hablar de qué se le enseña en ética en familia y en el colegio a edades muy jóvenes. La contradicción jamás afianzará en el cerebro de un niño un hábito ético.

P. Un estudio de Acción Magistral y las universidades de Granada y Málaga revela que al 76% de docentes y padres les preocupa la falta de motivación de los alumnos el próximo septiembre.

R. Los niños que han tenido dispersión durante la pandemia, de alguna manera, inicialmente van a tener problemas. Eso está claro. Pero va a depender mucho del profesor que esos problemas iniciales tengan influencia a largo plazo.

P. ¿Es más importante tener menos alumnos en clase o un docente inspirador?

R. El maestro es vital. La atención ejecutiva la forman redes neuronales de la corteza cerebral, pero también del tronco encéfalo, porque tiene que ver con la recompensa: el placer de escuchar a una persona. Es fundamental cómo dice el maestro las cosas y qué tonos emocionales emplea para que sea atractivo.

P. ¿Volver a centrar a los alumnos va a llevar meses?

R. Estar cuatro meses encerrados destruye los hábitos y, en buena medida, en niños tan plásticos quizá aún más. Somos gente con una estructura del día a día muy repetida: me levanto, desayuno, voy a clase, tengo mis amigos… Eso, en el confinamiento, sobre todo cuando hay un fuerte componente emocional —como es el caso de los niños— es destructivo. Y en esa dimensión puede que tenga un impacto negativo. ¿Durante cuánto tiempo? Es difícil de evaluar, pero que está ahí como problema es más que evidente.

P. ¿De modo que los escolares son el segmento más afectado cognitivamente?

R. No, los mayores. Su mundo entero está alimentado por la emoción y, si las relaciones emotivas con los hijos o los amigos se cercenan, el deterioro mental se acelera de una manera escandalosa. Eso no lo han sabido ver en esta pandemia. Los hábitos se han roto y la plasticidad cerebral a esas edades cuesta.

P. ¿Si el estado de ánimo o físico determina lo que extraemos de una lectura, también que se lea en una pantalla y no en un libro físico?

R. Hasta donde empezamos a saber la lectura de Internet en los jóvenes, que es constante, rompe el foco atencional ejecutivo que se necesita para estudiar que es relativamente pausado. Mientras que en Internet se salta de una temática a otra y eso va en deterioro de la progresión de estudio del joven.

Fuente: https://elpais.com/educacion/2020-06-16/el-maestro-es-insustituible-en-la-pantalla-solo-ves-un-sesgo-de-cara.html

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Tres modelos escolares, tres formas de entender la educación (y II)

Por: Jaume Carbonell

En esta segunda entrega se comentan los otros dos modelos: la escuela presencial de siempre y la escuela expandida por el territorio. Dos modelos que deberían siempre complementarse. Esta es la hibridación ideal, no con la oferta online que criticamos abiertamente en el texto publicado ayer.

2. El modelo presencial institucional

En el artículo anterior se contraponían los atributos y potencialidades de la presencialidad frente a la modalidad online. No obstante, este lugar llamado escuela puede empobrecerse o enriquecerse en función de cómo se conciba y de lo que suceda ahí dentro. Así, la institución escolar puede seguir anclada en el pasado, instalada en sus inercias y miserias o, por el contrario, puede vivir intensamente el presente, aprendiendo a gestionar las contingencias e incertidumbres del futuro. Puede mantener la desnudez en sus espacios interiores y el grisáceo de sus patios o, por el contrario, llenar aulas y pasillos de producciones escolares, con patios verdes que ofrecen variadas oportunidades de encuentro, aventura y aprendizaje. Puede concebirse como un espacio cerrado, casi confinado, al estilo del modelo carcelario teorizado por Foucault en Vigilar o castigar, aislado del exterior o, por el contrario, puede romper los muros del aula para salir a conocer el entorno natural y social, dejándose empapar por lo que allí sucede.

Puede ser un lugar donde se establezcan rígidas distancias entre el profesorado y el alumnado, por aquello de mantener una autoridad mal entendida o, por el contrario, establecer relaciones cercanas, respetuosas y de confianza, con un acompañamiento emocional y cultural en sus procesos de crecimiento. Se escolariza al alumnado en guetos escolares, sin ningún tipo de actuación para frenar la segregación o, por el contario, se toman medidas de política educativa y se emprenden campañas de sensibilización ciudadana para garantizar una escuela inclusiva que atienda por igual en todos los centros la más amplia diversidad cultural y social del alumnado. Se abandona a la intemperie al que tiene dificultades y carencias graves o se lo deriva sin más a un centro de educación especial o, por el contrario, se ponen todos los recursos técnicos y humanos para darle la ayuda necesaria o para escolarizarlo en una escuela ordinaria.

El primer día de curso, tras el largo confinamiento, se prosigue sin más el temario por donde se dejó o, por el contrario, la clase se convierte en una prolongada conversación en torno a lo que el alumnado de cualquier edad aprendió durante este tiempo y, más en concreto, qué aprendieron de esta situación. Una conversación donde se plantean muchos porqués, se mezclan contenidos, competencias, emociones, sentimientos y valores, y en la que se apela al sufrimiento de muchas personas, a las injusticias y desigualdades, a la bondad y maldad de la condición humana o al disfrute de un bienestar y de aquellas cosas que nos hacen felices. Una conversación con muchas preguntas y escucha, con pausas y silencios, con reflexiones y argumentaciones, donde entran en juego los diversos lenguajes verbales y no verbales.

La organización del currículo reproduce la compartimentación de los saberes por materias sin ninguna conexión entre ellas o, por el contrario, se ensayan propuestas interdisciplinares y globalizadoras que favorecen una integración del conocimiento para una mayor comprensión de cualquier fenómeno histórico y actual. Se opta por un currículo cada vez más sobrecargado donde todos los contenidos adquieren la misma relevancia o, por el contrario, se discriminan aquellos que son más sustantivos para la comprensión del mundo; y entre los prioritarios cabe destacar el conocimiento medio ambiente y la adquisición de una sólida conciencia ecológica y planetaria, porque el episodio de esta pandemia y otros, de igual enorme calado relacionados con el cambio climático, nos alertan de nuestra supervivencia como seres humanos.

Se impone la obsesión por terminar el programa y por la realización de un montón de actividades o, por el contrario, se impone la lentitud asociada al tan coreado lema del “menos es más” para garantizar que el conocimiento deje poso y gane en profundidad. En este sentido, es recomendable mantener la lectura de libros en papel porque, como muestran diversas investigaciones, facilitan una comprensión más sólida y profunda. Sigue imperando la fiebre evaluadora del aprendizaje, con controles y exámenes donde gracias a las lindezas tecnológicas regresan las pruebas tipo test en tiempo récord y calificación instantánea o, por el contrario, se articulan las estrategias necesarias para que la centralidad de la evaluación sirva para el aprendizaje.

Se trasmiten conocimientos de forma rutinaria y uniforme sin plantearse su propósito o, por el contrario, se hacen esfuerzos para ofrecer aprendizajes profundos y con sentido de manera común y personalizada, acompañando itinerarios formativos y proyectos de vida para todos y cada uno de los alumnos. Se mantiene el tedio de la aborrecida escuela o, por el contrario, se entiende que la diversión -no el mero entretenimiento- no está reñido con el esfuerzo y el aprendizaje y, menos aún, con la educación integral, algo que ya señalaron con lucidez algunos filósofos clásicos. La hegemonía del aula se sustenta en la palabra del profesor o, por el contrario, toda la clase participa y se alimenta de todas las palabras; y el aula se convierte también en un taller de experimentación y en un lugar de investigación.

Por último, en la escuela enriquecida se conjugan varios verbos que empiezan por “c”: compartir saberes y emociones; cooperar y colaborar entre el alumnado del aula y del centro, el profesorado, las familias y otros actores educativos; cuidarse entre todas las personas; celebrar los progresos y éxitos individuales y colectivos, y construir educación democrática.

3. El modelo escolar expandido en el territorio

John Dewey, uno de los más lúcidos pensadores educativos, anticipó la clave de la necesaria vinculación de la escuela con el entorno, la hibridación entre modelo presencial con el modelo de educación expandida, al sostener que la educación asistemática y extraescolar, que el niño adquiere en la familia, en la calle o en otras instancias socializadoras del entorno inmediato, es más vital, profunda y real; y que la educación formal o escolar es más abstracta y superficial, menos influyente, pero también más amplia, completa y segura. Otros muchos autores del mundo pedagógico y de otros ámbitos profesionales –Rousseau, Paul Valéry, Tolstoi, Ferrer y Guardia, Freinet,…– destacan la importancia educativa del entorno.

Más recientemente, este diálogo entre escuela y entorno, entre la educación formal y no formal, con la consiguiente transferencia mutua de conocimiento, han ahondado en la tesis de Dewey en sacar el máximo partido a la cultura del territorio. Para Fabbroni el primer abecedario es el ambiente. Para otros autores, la ciudad en su conjunto es un libro abierto –el mejor texto escolar– donde se condensan el pasado y el presente, un crisol de identidades y manifestaciones culturales y sociales donde se cruzan historias y los más diversos lenguajes: orales, escritos, corporales, visuales, etc. Así, se aprende en la ciudad y de la ciudad, de las más variedades formas de producir, comunicar y adquirir conocimiento. (Véase J.Carbonell, Pedagogías del siglo XXI, Barcelona, Octaedro, 2015; F. Frabboni; A. Galletti y C. Savorelli, Primer abedecedario, el ambiente, Barcelona, Fontanella, 1980; J.Trilla, Otras educaciones, J Trilla, Barcelona, Anthropos, 1993).

La ciudad educadora, cuya primera experiencia tuvo lugar en la ciudad italiana de Torino entre los años 1975-1985 y que luego se extendió a través de la Asociación Internacional de Ciudades Educadoras, es un desarrollo y una concreción más explícita de este diálogo escuela-entorno. Se trata de una excelente oportunidad para romper la tradicional lógica disciplinar y experimental con los planteamientos interdisciplinares y globalizadores, al tiempo que se propicia un cambio escolar y social con una nueva política municipal que pone a disposición de la escuela su capital social, cultural y productivo, con la implicación de todos sus actores: artistas, gestores culturales, comerciantes, artesanos, agricultores, empresarios, personal sanitario, de librerías y bibliotecas, etc.

No se trata de organizar visitas relámpago, que suelen quedarse en la epidermis, sino de estancias prolongadas y reposadas para que la experiencia vivencial genere reflexión y conocimiento a fuego lento. He aquí unos cuantos ejemplos, tanto en escenarios naturales como urbanos. Las excursiones al monte o a cualquier otro paraje natural, con itinerarios libres o prefijados de observación y estudio de la flora y la fauna, con el propósito de adquirir una conciencia respetuosa con la preservación del medio ambiente. Las colonias, campamentos y estancias en centros de interpretación de la naturaleza, donde se combina el trabajo intelectual con el manual, en el huerto o en talleres con actividades de manipulación y elaboración de alimentos entre otras. Hay dos filmes emblemáticos que ilustran bellamente el contacto de la infancia con la naturaleza: La lengua de las mariposas, de José Luis Cuerda, y Un lugar en el mundo, de Adolfo Aristarain, con una larga secuencia donde José Sacristán explica en tono muy didáctico la geología del terreno. El entorno natural es un lugar saludable y pedagógico por excelencia y, por tanto, todas las pedagogías renovadoras lo han recogido en su ideario educativo.

Otras actividades se desarrollan en los equipamientos culturales de la ciudad. Durante una mañana una o varias clases -la oferta sirve para distintos grupos de edad- asisten a una proyección cinematográfica, previa presentación y coloquio. O disfrutan de una representación teatral o de un concierto, que se cierra con una larga conversación con músicos y actores, y con una visita guiada por el teatro o el auditorio. También las visitas a los museos se van enriqueciendo con la creación de departamentos pedagógicos que incluyen una lectura más seleccionada y atenta de algunas obras y el posterior trabajo creativo personal o en equipo en salas adjuntas. Y en las bibliotecas y librerías proliferan las sesiones de cuentacuentos y animación lectora para la infancia aunque, asimismo, es muy recomendable que el alumnado de cursos superiores se familiarice con estos espacios, porque la visión de unas estanterías y el texto de los libros producen una experiencia cultural muy distinta que la visualización en la pantalla.

Por otro lado, no puede obviarse el conocimiento directo del trabajo productivo y del consumo, con la pertinente evolución que ha ido experimentando. Aún se puede pisar un taller y hablar con los artesanos -en algunos pueblos y ciudades tratan de recuperar esta práctica en declive-, entrar en una fábrica y poner los pies en una oficina para ver cómo las nuevas tecnologías han revolucionado la producción y distribución de mercancías. O se puede pasear por los mercados cerrados o al aire libre, donde se está recuperando la alimentación ecológica y de proximidad. Y, por supuesto, se puede descubrir y conocer la ciudad de muchas formas: mediante rutas guiadas históricas, artísticas, científicas, urbanistas o literarias. O con una mezcla de todo, pues la ciudad forma parte del corazón del currículo.

O andando a la deriva, callejeando sin rumbo, siguiendo la estela de Charles Baudelaire y Walter Benjamin. La exploración no organizada del entorno es una herramienta crítica y una práctica estética que permite descubrir zonas escondidas, ocultas, vacías y olvidadas de la ciudad, nombrarlas y resignificarlas. Una sinfonía de conversaciones y sonidos, un mercado de aromas, olores y sabores. Es el arte protegido en los museos, o pintado en los muros. Son las personas de todas las generaciones que conviven en espacios públicos y privados. Es la vida (J. Carbonell; J. Martínez Bonafé, Otra educación con cine, literatura y canción. Barecelona, Octaedro, 2020, en prensa). Y ya que hablamos de generaciones, la escuela del territorio es también una oportunidad para favorecer el contacto intergeneracional ampliando la cantidad y calidad de las interacciones entre la infancia, la juventud y la gente mayor, y recuperando espacios comunitarios de encuentro y vivencias, experiencias y proyectos compartidos. Existen escuelas infantiles que están al lado de residencias de gente mayor, lo que les da la oportunidad de compartir la hora del desayuno o del cuento, o propuestas de aprendizaje-servicio relacionados con la lectoescritura, con el intercambio de experiencias vitales o con la creación de coros.

Hasta aquí algunos ejemplos de este modelo escolar expandido por el territorio. En mi opinión, el modelo híbrido, dual o combinado -en cualquier nivel educativo- debería ser una síntesis de los dos que se comentan en este texto, excluyendo, por supuesto, al modelo o anti modelo escolar-educativo online o digital del que nos hemos ocupado en el texto publicado ayer. Otra cuestión bien distinta es qué tipo de herramientas tecnológicas son más recomendables en cada tramo de edad, o cuándo sería recomendable empezar a usarlas. Otro debate muy necesario.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/pedagogiasxxi/2020/06/11/tres-modelos-escolares-tres-formas-de-entender-la-educacion-y-ii/

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