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Las clases sin aulas, las escuelas imposibles de miles de niños de Afganistán

En muchas provincias remotas de Afganistán, miles de niños y niñas que todavía pueden ir al colegio lo hacen sin un edificio al que acudir: estudian a la intemperie, sin aulas, sin pupitres y, a veces, sin libros de texto.

 

Bajo el calor extremo del verano afgano y las gélidas condiciones del invierno, quienes logran acceder a la educación bajo el régimen talibán asisten a clase sin paredes, una carencia que agrava una crisis educativa ya marcada por la pobreza, la falta de fondos y las restricciones impuestas desde la toma de Kabul en 2021.

 

Tras el regreso de los talibanes al poder, Afganistán se ha hundido en una crisis financiera agravada por el bloqueo de fondos internacionales y la congelación de sus reservas exteriores, mientras el sistema educativo arrastra décadas de guerra, pobreza y abandono.

 

«A pesar de los esfuerzos, seguimos necesitando edificios educativos en varias provincias, distritos y zonas remotas del país. El Ministerio de Educación ha intentado resolver estos problemas de manera gradual», declaró a EFE Zabihullah Himat, portavoz del Ministerio de Educación del régimen talibán.

 

Escuelas sin paredes

 

Estudiantes caminan para ir a la escuela en Afganistán. EFE/EPA/STRINGER

Estudiantes caminan para ir a la escuela en Afganistán. EFE/EPA/STRINGER

Para muchas familias de los distritos rurales de Afganistán, la falta de escuelas no es una estadística ni un problema administrativo, sino parte de la vida diaria de sus hijos.

 

Uno de los ejemplos más visibles está en Herat, una provincia vulnerable y sísmicamente activa del oeste del país, donde profesores y residentes locales afirman que muchos menores siguen sin aulas tras los terremotos que destruyeron aldeas y edificios escolares.

 

«Aunque el Ministerio de Educación ha proporcionado tiendas de campaña y algunos materiales de refugio temporal para ciertas escuelas, miles de niños siguen estudiando en espacios abiertos porque sus escuelas no tienen edificios», explicó a EFE Bashir Zubair Sadat, director de educación del distrito.

 

En las aldeas dispersas de Shindand, las aulas son a menudo campos polvorientos o tiendas de campaña temporales. Padres y líderes locales aseguran que esas condiciones ya afectan a la salud de los menores.

 

«Nuestros hijos viajan largas distancias para ir a la escuela y estudian tanto en climas cálidos como fríos sin edificios escolares adecuados», señaló a EFE un líder local de la zona, Mohammad Tahir Popalzai. «Muchos niños se enferman con frecuencia o se quejan de dolor en las piernas”»

 

Estudiar bajo el sol

Una clase en el distrito de Achin, en Afganistán. EFE/EPA/STRINGER

Una clase en el distrito de Achin, en Afganistán. EFE/EPA/STRINGER

Mohammad Laiq, un niño de Shindand, describe una escuela donde incluso lo más básico falta.

 

“Nuestra escuela no tiene edificio. Solo hay una estructura que puede albergar a un pequeño número de estudiantes, mientras que el resto de nosotros nos sentamos a veces en tiendas de campaña y otras veces directamente bajo el sol”, relató a EFE.

 

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) calcula que casi la mitad de las escuelas públicas de Afganistán carecen de una infraestructura utilizable o han sido destruidas tras décadas de conflicto armado.

 

En Kandahar, profesores consultados por EFE aseguran que muchas escuelas continúan funcionando sin edificios permanentes, incluso en zonas cercanas a las capitales provinciales.

 

“Tenemos una base de datos completa de estas escuelas. Hay cientos de escuelas que carecen de edificios y de libros de texto adecuados”, declaró un funcionario de educación talibán bajo condición de anonimato.

 

Sin libros de texto

A la falta de aulas se suma la escasez de manuales. Estudiantes y profesores aseguran que muchas clases avanzan con libros incompletos, viejos o compartidos entre varios alumnos.

 

“Nos faltan la mayoría de los libros de texto, y los pocos que hay son viejos, no tienen portadas y les faltan algunas páginas”, contó a EFE Zaman, un estudiante de 11 años de una escuela pública del distrito de Achin.

 

El Gobierno talibán aseguró a EFE que en los últimos cuatro años ha distribuido alrededor de 40 millones de libros de texto en escuelas de todo el país y que otros 10 millones están siendo impresos y repartidos.

 

Un informe conjunto de la Unesco y Unicef reveló que más del 90 % de los niños afganos de 10 años no pueden leer ni comprender un texto básico, una crisis que los organismos describen como “escolarización sin aprendizaje”.

 

Con una tasa nacional de alfabetización estancada en torno al 37 %, la falta de aulas, materiales y maestros amenaza con dejar a otra generación de niños afganos en una educación apenas nominal, incluso entre aquellos que todavía logran sentarse frente a un profesor.

 

Las clases sin aulas, las escuelas imposibles de miles de niños de Afganistán

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Entrevista a Cynthia Santacruz: «La escuela debe volver a la relación, al tú a tú y al contacto»

Diego Francesch
La psicoterapeuta y formadora Cynthia Santacruz defiende que la dimensión emocional es el centro del aprendizaje y reclama más cuidado para el profesorado, más presencia del cuerpo en la escuela y una mirada más profunda sobre el trauma infantil, la convivencia y el acoso escolar.

La psicoterapeuta Cynthia Santacruz en un momento de la entrevista con Diego Francesch.

Cynthia Santacruz es psicóloga, psicoterapeuta, comunicadora y formadora, especializada en trauma emocional y vínculos afectivos. Con casi 20 años de experiencia, ha desarrollado una trayectoria centrada en el acompañamiento profundo de procesos emocionales desde un enfoque integrador que articula modelos dinámicos, sistémicos y neurobiológicos.

A lo largo de su carrera, ha trabajado con población adulta, infantil y familias, experiencia con la que ha consolidado una mirada terapéutica centrada en el vínculo como eje fundamental del bienestar psicológico.

No hay educación sin educación emocional

La psicoterapeuta y comunicadora sostiene que el debate educativo se ha quedado muchas veces en la superficie. Para ella, la cuestión no es si la emoción debe entrar o no en el aula, sino cómo se ha podido llegar a construir aprendizaje sin colocarla en el centro. ¿Cómo hemos conseguido llegar a crear aprendizajes sin llamar a las cosas por su nombre? Esa es, a su juicio, la gran pregunta. Santacruz insiste en que la dimensión emocional no es un añadido, sino la base sobre la que se sostiene cualquier proceso de enseñanza-aprendizaje. En un contexto marcado por la tecnología, la sobreestimulación, la multiculturalidad y la creciente preocupación por la salud mental, recuerda que la escuela no puede seguir ignorando lo que sucede en el plano afectivo y relacional.

A su entender, el problema no es nuevo, pero ahora resulta más visible. Antes había más cercanía, menos estímulos y más espacios de encuentro. Hoy, en cambio, la escuela convive con el desgaste de la prisa, la fragmentación y la dificultad para sostener vínculos.

La relación docente-alumno como clave

Santacruz defiende que la relación entre profesor y alumno es determinante. De hecho, recuerda que ya existen estudios que apuntan a una correlación directa entre el éxito escolar y el vínculo con el maestro. ¿Eso también es cosa de los profesores? Su respuesta es tajante: sí. No solo de los docentes, sino de cualquiera que trabaje con personas. Para ella, entrar en el alma del otro exige respeto, presencia y destrezas emocionales. En esa línea, rechaza la idea de que el profesorado deba limitarse a transmitir contenidos. Considera que el gran reto no es llenar el horario de programas emocionales, sino transformar la manera en que los adultos se relacionan con los niños y adolescentes. Según explica, no basta con enseñar qué es la alegría o la tristeza en un bloque semanal: lo verdaderamente importante es que el docente se conozca, revise su propia historia y pueda intervenir desde una posición madura y disponible.

¿Es necesario ser buena persona para ser buen profesor? Santacruz cree que sí, con rotundidad. Matiza, eso sí, que tener heridas no impide ser una buena persona. El problema surge cuando esas heridas no se miran y acaban proyectándose sobre el alumnado. De ahí que insista una y otra vez en la importancia del autoconocimiento y del trabajo personal del profesorado.

Trauma, cuerpo y aprendizaje

Uno de los ejes de la conversación es el trauma infantil. La especialista explica que muchos comportamientos que en clase se interpretan como desafío, indisciplina o mala actitud son en realidad respuestas biológicas de un organismo que intenta sobrevivir a un contexto estresante. Habla de grandes traumas y de traumas pequeños, esas heridas cotidianas asociadas a la prisa, a la falta de escucha, a hogares desbordados o a entornos donde el niño apenas encuentra tiempo para ser mirado.

Para Santacruz, cuando un alumno llega al aula cargado de tensión, no puede sostener la atención de la misma manera que otro que llega regulado. Por eso reclama pequeños protocolos de descarga y más atención al cuerpo, un gran ausente en muchos sistemas escolares. ¿Qué le pasa a ese niño que no para quieto o a ese otro que se encierra en sí mismo? La respuesta, dice, no siempre está en una etiqueta diagnóstica. A veces el cuerpo está hablando. A veces el movimiento, el silencio o la hipotonía son una forma de pedir ayuda.

Una escuela que cuide a quien cuida

La psicoterapeuta también pone el foco en el profesorado, al que considera una pieza central de cualquier cambio educativo. A su juicio, los maestros son la verdadera base del sistema, aunque muchas veces no reciben el reconocimiento social, la formación ni el cuidado que necesitan.

¿Qué hacemos con un profesor quemado? Santacruz cree que un docente agotado no puede sostener adecuadamente al grupo y que la escuela debe revisar también sus estructuras, sus cargas burocráticas y sus criterios de permanencia. Propone un modelo más flexible, donde el talento del profesorado pueda reorientarse si el aula ya no es el mejor lugar para esa persona.

A lo largo de la charla insiste en que la escuela no puede seguir funcionando como una máquina que absorbe esfuerzo y devuelve desgaste. Necesita adultos regulados, comprometidos y emocionalmente disponibles.

Bullying, violencia y búsqueda de poder

El acoso escolar aparece como una de las expresiones más dolorosas de esa desconexión emocional. Santacruz sostiene que no se erradica solo con campañas o protocolos, porque el problema está en la raíz: la violencia se reproduce cuando no se trabaja la propia agresividad, cuando los vínculos se debilitan y cuando el poder sustituye al amor como forma de relación.

¿Por qué sigue reproduciéndose el bullying? Porque, según explica, aún no se ha logrado construir una auténtica cultura de buenos tratos. Y eso requiere mirar no solo al niño que agrede, sino también al contexto familiar, escolar y social en el que aprende a relacionarse. En muchas ocasiones, añade, el alumno no expresa su sufrimiento en casa, sino en el colegio, porque allí encuentra por primera vez a un adulto capaz de verlo.

Escuelas emocionalmente seguras

Al final de la conversación, Cynthia Santacruz resume su idea de escuela ideal en una noción sencilla: seguridad. Una escuela emocionalmente segura es aquella que ofrece señales claras al sistema nervioso del niño, con adultos responsables, espacios reguladores y una presencia capaz de contener.

¿Qué caracteriza a una escuela emocionalmente segura? Que el alumno pueda aprender, hablar, jugar y relacionarse sin estar en estado de alerta permanente. Que encuentre figuras adultas a las que dirigirse cuando algo duele. Que haya cuerpo, vínculo, escucha y respeto. Para Santacruz, ese es el camino realista y urgente. No uno hecho de fórmulas vacías, sino de relaciones más humanas. Porque, como deja claro a lo largo de toda la entrevista, el futuro de la escuela pasa por devolver al centro aquello que nunca debió salir de él: la relación entre personas.

Cynthia Santacruz: «La escuela debe volver a la relación, al tú a tú y al contacto»

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La biometría en las escuelas, una realidad que preocupa. (Video)

Otras Voces en Educación 

Lo que nos venden como «seguridad» es en realidad un experimento de vigilancia masiva.

1️⃣ Los datos biométricos son IRREMPLAZABLES: si se filtran, el daño es para siempre.

2️⃣ Los algoritmos discriminan y excluyen.

3️⃣ Empresas privadas están lucrando con la identidad biológica de los estudiantes.

En Otras Voces en Educación estamos documentando estos casos para proteger el derecho a una educación libre y segura. 🛡️ 👇

¿Han instalado estos sistemas en tu escuela? Déjanos tu comentario o escríbenos por privado.

¡Tu denuncia es importante!

https://www.youtube.com/shorts/D0EKSSL9EAI

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Las políticas de educación gratuita han ayudado a más de 2,3 millones de niños zambianos a regresar a la escuela.

Según información del Ministerio de Educación de Zambia del 12 de enero, más de 2,3 millones de niños en el país han regresado a la escuela gracias a la política de educación gratuita.

Al hablar en la ceremonia de bienvenida a los estudiantes, el Ministro de Educación de Zambia, Douglas Syakalima, enfatizó que esta política está contribuyendo a formar una generación futura disciplinada y productiva.

El Sr. Syakalima comentó: «Estos niños siempre han tenido un gran interés por el conocimiento. Antes, la única barrera que los separaba de la escuela era el pago de la matrícula».

Según el Sr. Syakalima, implementar la educación gratuita no solo amplía el acceso a la educación, sino que también se espera que contribuya a reducir problemas sociales como la delincuencia y el desempleo. Enfatizó que la educación desempeña un papel crucial en el mantenimiento del orden social y la promoción del desarrollo sostenible.

El Ministro instó a los padres y tutores a aprovechar esta política para garantizar que sus hijos reciban una educación escolar completa.

También afirmó que el gobierno está dando un paso más para garantizar la sostenibilidad de la educación gratuita al promulgar esta política. Se espera que el próximo mes se presente un proyecto de ley al respecto ante el Parlamento de Zambia.

La educación gratuita fue una de las promesas de campaña del presidente Hakainde Hichilema. Tras ganar las elecciones de 2021, su administración implementó esta política.

Foto: UNICEF

Fuente: https://congluan.vn/chinh-sach-giao-duc-mien-phi-giup-hon-2-3-trieu-tre-em-zambia-tro-lai-truong-hoc-10326607.html

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El velo como excusa

Por: Rosa Cañadel

Hace pocos días, la Najat El Hachmi dijo: «Soy partidaria de prohibir el velo islámico en las escuelas. El islam hace trampas cuando dice que el velo es una pieza religiosa cuando no se dice en ningún sitio dentro del Corán. No podemos aceptar que los islamistas impongan el velo».

Por su parte, la líder de la extrema derecha catalana, Sílvia Orriols, en una intervención en el Parlament, dijo: «En vez de hacer leyes para castigarme a mí de cara a la pared, legislen para que el velo islámico, misógino y fundamentalista, no pueda sentarse dentro de esta cámara».

Susana Alonso

Así pues, dos mujeres, totalmente opuestas en origen y en ideología, están de acuerdo en «salvar» a las chicas y mujeres musulmanas de la «imposición del velo». Es evidente, sin embargo, que detrás de estas declaraciones hay intenciones y objetivos totalmente diferentes.

A la derecha y extrema derecha, que ha hecho bandera de su propaganda antiinmigración, ¿le importan las mujeres musulmanas, o las utiliza para justificar su islamofobia?

Yo no tengo claro que se tenga que prohibir el velo, más bien lo contrario, pero de lo que sí estoy segura es que es una gran contradicción estar en contra de la inmigración, especialmente la musulmana y luego querer «defender» a las mujeres de las imposiciones de su cultura, religión y/o familia. Y es que la sensación que tengo es que lo que les molesta no es que las mujeres musulmanas tengan que llevar «obligatoriamente» el pañuelo o la hiyab, sino que les molesta el propio pañuelo (tanto si lo llevan voluntariamente como si lo llevan obligadas), porque este pañuelo es un símbolo claro de que pertenecen a «otra cultura». despreciada constantemente por todos estos sectores. En definitiva, el velo como excusa.

También es curioso, que los sectores de la derecha que dicen «defender» a las mujeres musulmanas de la «imposición» que supone el velo, son los mismos sectores que defienden a Israel y su genocidio sobre Palestina. O sea, les preocupa que a las mujeres musulmanas les impongan un velo pero no parece que les preocupe nada que en Palestina las asesinen por miles, a ellas y a sus hijos e hijas.

Hay que denunciar todas estas contradicciones y es necesario también buscar una estrategia educativa que evite que la población en general y los más jóvenes en particular absorban esta cultura y se instale el racismo y la islamofobia entre nosotros.

Por otro lado, sobre las declaraciones que hace Najat El Hachmi, desde la izquierda y el feminismo, tengo muchas dudas sobre si realmente prohibir el velo en las escuelas es la mejor estrategia para ayudar a las chicas musulmanas. Creo que prohibir el velo en la escuela dejaría a las chicas entre dos prohibiciones, la de la familia (si es que es esta que la ha impuesto) y la de la escuela. Dos prohibiciones contradictorias y en las que la chica, o la mujer, no ha tenido nada que decir.

Por otro lado, la prohibición siempre conlleva un juicio moral, se prohíbe lo que está mal. Y, en este caso, ¿qué es lo que «está mal», que una chica o una mujer lleve un pañuelo en la cabeza, o que a una chica o una mujer la obliguen a llevarlo? Es evidente que yo estoy en contra de cualquier imposición a cualquier mujer, pero la prohibición no ayuda a cambiar la situación, sino que la puede complicar más. A la chica se le plantea un dilema muy cruel: hacer caso a lo que le «impone» la escuela, con el peligro de ser marginada por la familia o la comunidad, o hacer caso a la familia y tener que dejar la escuela, si es que la prohibición se hace efectiva. En el fondo, dejamos a la chica aún más marginada y estigmatizada.

No sabemos tampoco, exactamente, cómo viven las chicas y mujeres esta cuestión. Puede ser que para unas sea una grave obligación y quieran cambiar la situación, y en este caso las tendremos que ayudar, pero también puede ser que se sientan cómodas formando parte de una comunidad que las acoge frente a otra comunidad que las rechaza. Yo diría, que si lo que nos molesta de verdad es la imposición, tendremos que buscar fórmulas para ayudarlas, y la escuela y las feministas podemos hacer este papel sin tener que prohibir nada.

A mí el velo, en sí, no me molesta más que muchas otras cosas que, si pudiera, cambiaría, como la discriminación que sufren muchas niñas y jóvenes de familias inmigrantes al acceder a las actividades de ocio, a la sociabilidad, o a seguir estudiando, lo que vulnera sus derechos fundamentales (tal y como varias voces han denunciado en la presentación de la Asociación «Per elles»). Justamente todo eso es lo que no preocupa nada a la derecha que sólo está preocupada por el velo.

Quizás sería mejor empoderar a las chicas y a las mujeres musulmanas y darles herramientas para luchar por su emancipación, en lugar de intentar «liberarlas» desde fuera. Así es como las mujeres de mi generación conseguimos muchos derechos que nuestras abuelas y madres no tenían.

https://www.eltriangle.eu/es/2025/11/21/el-velo-como-excusa/

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Prohibieron «Cien años de soledad» junto a otros 4.000 libros en EEUU

La prohibición fue evidenciada por un informe sobre la libertad de expresión. La decisión abarcó al menos 45 estados del país norteamericano.

Cien años de soledad fue prohibido en EEUU. 

«Cien años de soledad» fue prohibido en EEUU.

Un informe reciente de una organización dedicada a la defensa de la libertad de expresión, reveló que 4.000 libros fueron prohibidos en 87 distritos escolares de Estados Unidos, entre ellos «Cien años de soledad» de Gabriel García MárquezEn el escrito, también denunció una «expansión sin precedentes de la censura literaria» en el sistema educativo público.

La prohibición tuvo lugar durante el ciclo escolar 2024-2025, consolidando una tendencia que crece desde hace tres años y que pone en riesgo el acceso a la lectura en las aulas.

El estudio de PEN America, titulado “La normalización de la prohibición de libros”, registró 6.870 casos de censura en todo el país, un número que, según sus autores, “nunca antes han visto los estadounidenses una cifra semejante en su historia”.

La entidad advirtió que se implementó un modelo de control sistemático que afecta tanto a los materiales literarios como a la estructura educativa pública en su conjunto.

Una política de Estados Unidos

Desde 2021, PEN America contabilizó 22.810 acciones de prohibición en 45 estados, que abarcan desde restricciones totales hasta limitaciones por edad o requerimientos de permisos especiales.

Entre los libros afectados se encuentran clásicos de la literatura mundial como “Cien años de soledad” y “El amor en los tiempos del cólera”, de Gabriel García Márquez, retirados de circulación en distintos condados. Estas obras del Nobel colombiano se suman a una larga lista de títulos señalados por su contenido sobre identidad, diversidad o crítica social.

Dos obras características de Gabriel García Márquez entran en la prohibición.

Dos obras características de Gabriel García Márquez entran en la prohibición.

Los estados con mayor cantidad de prohibiciones son Florida, con 2.304 casos, seguida por TexasTennessee y Pensilvania. El informe también alerta que otros como Michigan y Minnesota podrían replicar estas medidas en el corto plazo.

PEN America atribuye esta oleada a la presión de grupos conservadores que promovieron una estrategia coordinada para restringir el acceso a materiales relacionados con raza, género, diversidad e historia reciente. “Han explotado los miedos y las ansiedades de los padres para ejercer control ideológico sobre la educación pública en todo Estados Unidos mediante tácticas consistentes y coordinadas”, denuncia el documento.

Ejemplos de censura y métodos aplicados

El informe destaca como caso emblemático el del estado de Tennessee, donde fueron retiradas de los programas escolares obras como “Fahrenheit 451”, de Ray Bradbury, y una adaptación gráfica del Diario de Ana Frank. Según los investigadores, estas decisiones “no respondieron a criterios pedagógicos”, sino a intentos de imponer una visión ideológica sobre los contenidos educativos.

En este marco, durante el último año, PEN America identificó tres tipos principales de restricciones, desde prohibiciones totales, que eliminan los libros de bibliotecas y aulas, a limitaciones por edad o grado escolar. También detectaron libros sujetos a revisión o con requisitos de acceso especial.

Incluso el gobierno federal intervino en algunos casos: casi 600 libros fueron retirados de escuelas bajo administración del Departamento de Defensa, en cumplimiento de directrices internas vinculadas a temas de diversidad, inclusión y equidad.

Autores y obras bajo la mira

La ofensiva abarca a escritores de renombre internacional como Isabel AllendeStephen KingSara J. MaasEllen HopkinsAtsushi Ohkubo y Elena K. Arnold. En el caso de Allende, su novela “La casa de los espíritus” figura entre los títulos eliminados.

El informe advierte que esta práctica genera daños económicos y emocionales tanto para los autores como para las editoriales, y en algunos casos la censura de una sola obra derivó en la exclusión completa de toda la producción del escritor, fenómeno que el estudio define como una “Letra Escarlata”.

Una proporción significativa de las prohibiciones se concentró en textos que abordan temas LGBTI+, señalados como “sexualmente explícitos” por las autoridades o los grupos que impulsaron las denuncias. También fueron retiradas obras que tratan sobre justicia racial, migración, violencia sexual y memoria histórica, calificadas como “inapropiadas” para estudiantes.

El impacto en la educación

La definición de censura adoptada por PEN America abarca cualquier medida que limite el acceso estudiantil a un libro por su contenido. Según el informe, la práctica afecta no solo al ámbito literario, sino también a otros recursos pedagógicos, como manuales escolares, ferias del libro y programas educativos.

En varios distritos, la censura derivó en cancelación de eventosrestricciones a donaciones literarias y revisión de contenidos curriculares. De esta manera, el fenómeno comenzó a alterar la vida académica y cultural de miles de escuelas públicas.

La organización concluye que esta tendencia amenaza uno de los pilares de la educación estadounidense: el libre acceso al conocimiento. En palabras del informe, “la censura dejó de ser una reacción aislada para convertirse en una política estructural, organizada y persistente”, una advertencia que encendió la alarma en el mundo literario y académico.

https://www.ambito.com/mundo/prohibieron-cien-anos-soledad-junto-otros-4000-libros-eeuu-n6203086#

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La violencia en Haití está impidiendo a los niños ir a la escuela

En el último mes, cerca de 60.000 personas fueron desplazadas y los ataques armados dejan cada vez más consecuencias.

La pérdida del derecho a la educación se convirtió en un nuevo efecto de la crisis causada por la violencia de las pandillas en Puerto Príncipe, la capital de Haití.

Según advirtió la organización humanitaria Plan Internacional, que entrevistó a más de 200 personas que viven en campos de desplazados, nueve de cada diez niños, niñas y adolescentes se vieron privados de su derecho a la educación.

La crisis que atraviesa el país les impide acceder a los centros de enseñanza, y desde 2024 cerraron más de 900 escuelas debido a los ataques de grupos delictivos armados o a que los edificios escolares se convirtieron en refugios improvisados para alojar a las personas que huyen de los barrios más violentos de la capital.

Incluso si se toma como referencia a toda la población del país, no sólo a quienes viven en las situaciones más extremas, la restricción del derecho a la educación queda en evidencia. Según la oficina del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, Unicef, más de medio millón de niños haitianos, uno de cada siete, no puede ir a la escuela a causa de la violencia.

Según señala Plan Internacional, esta situación deja a los niños en una posición más vulnerable porque, al quedar fuera de los centros educativos, están más expuestos a ser reclutados por las bandas armadas y a convertirse en víctimas de violencia sexual y tráfico de menores, informó la agencia Efe. Esto impacta, por ejemplo, en un incremento de los embarazos adolescentes.

También se refleja en las expectativas de niños de apenas diez años que al ser entrevistados por la organización civil manifestaron su voluntad de volver a su barrio en Puerto Príncipe y unirse a las bandas armadas como un camino para conseguir recursos económicos.

En el último mes, más de 60.000 personas se vieron obligadas a huir de sus hogares, un número inusualmente alto, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). “Este alarmante aumento de los desplazamientos pone de manifiesto el incesante ciclo de violencia que asuela la capital haitiana. Nunca habíamos visto a tanta gente desplazarse en tan poco tiempo”, dijo el jefe de la OIM en Haití, Grégoire Goodstein.

El fenómeno se concentra en la capital, Puerto Príncipe, donde las bandas armadas controlan cerca de 85% del territorio. “Las personas que huyen de la violencia necesitan protección inmediata, comida, agua y refugio. La situación empeora día a día y, sin apoyo adicional, corremos el riesgo de asistir a una catástrofe humanitaria aún mayor”, agregó Goodstein.

Los datos de la OIM indican que el número de desplazados creció cada año y llegó a más de un millón de personas en total. A su vez, las cifras de la Oficina de Naciones Unidas para los Derechos Humanos indican que 5.601 personas murieron por la violencia en Haití durante 2024, 1.000 más que en 2023.

Para los periodistas, informar a los haitianos en medio de esta crisis implica correr riesgos graves incluso en coberturas aparentemente sencillas. Por ejemplo, en diciembre, dos periodistas murieron cuando cubrían la inauguración de un hospital y la ceremonia fue interrumpida por un ataque a tiros.

Según informó Radio France International, el representante de la Unesco en Haití, Eric Voli Bi, dijo que las pandillas atacan “metódicamente” a los medios periodísticos para “silenciarlos”. “La situación es muy alarmante, muy preocupante, porque los medios de comunicación se están convirtiendo en objetivos”, dijo el funcionario a la agencia de noticias AFP.

Recientemente fueron atacados un canal de televisión y dos radios, dijo, y consideró que el objetivo es “impedir que llegue a los haitianos una información justa y transparente sobre la situación”. Sin embargo, los medios siguen trabajando en zonas peligrosas, destacó el funcionario de la Unesco.

Frantz Duval, el director del periódico más antiguo de Haití, Le Nouvelliste, describió la gravedad de la situación que enfrenta la capital haitiana en un editorial citado por The Guardian. Dijo que “al igual que Phnom Penh invadida por los Jemeres Rojos, Saigón absorbida por las tropas norvietnamitas, Trípoli tras la caída de Muamar el Gadafi, Saná tomada por los hutíes o Kabul tomada por los talibanes, Puerto Príncipe ha estado pendiendo de un hilo durante tanto tiempo que ahora cabe temer que los rumores y los gritos de angustia no sean meros ecos, sino el sonido de su colapso final”.

En medio de esta crisis, el diario informaba este lunes de la decisión del gobierno de Donald Trump de terminar con una política de su predecesor, Joe Biden, que daba un estatus legal temporal a migrantes de Haití, Cuba, Nicaragua y Venezuela para residir en Estados Unidos.

Esta medida abarca a más de 530.000 personas. Aquellas que no hayan conseguido otro tipo de protección legal se exponen a deportaciones que las devuelvan al país del que tuvieron que huir.

https://ladiaria.com.uy/mundo/articulo/2025/3/la-violencia-en-haiti-esta-impidiendo-a-los-ninos-ir-a-la-escuela/

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