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[Reseña] Un cerebro lleno de palabras

Sinopsis

Tener un cerebro lleno de palabras nos da seguridad para relacionarnos, para expresar sentimientos, para defendernos ante las adversidades… Mientras más palabras acumulemos en nuestro cerebro más garantía tenemos de envejecer más tarde y de defendernos contra esas enfermedades que a ciertas edades te roban las palabras. Este libro es un instrumento social con el que podemos convencer a las personas para que se sigan cultivando a lo largo de la vida y así formar parte de la cultura de nuestro entorno. Desde que nos despertamos hasta que nos acostamos vivimos, convivimos y nos comunicamos a través de las palabras. Mamen Horno, psicolingüista, experta en la materia y dueña de una prosa sencilla y clara no exenta de ironía, nos invita, en este ensayo ameno, interesante (y, sí, también emotivo), a reflexionar sobre su poder con el convencimiento de que hacerlo es un modo extraordinario de reflexionar sobre nuestra propia naturaleza.

Mamen Horno Chéliz es profesora de Lingüística General en la Universidad de Zaragoza desde 1998, titular desde 2003. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza en 1996, Doctora por la misma universidad en 2001 y Licenciada en Psicología (itinerario de clínica) por la UNED en 2014. Acumula la friolera de ocho trienios (tempus fugit), cuatro quinquenios y le han concedido de momento 3 sexenios de investigación. Pertenece al Grupo de Referencia del Gobierno de Aragón Psylex y al Instituto de Patrimonio y Humanidades de la Universidad de Zaragoza. Vicedecana de Profesorado e Innovación Docente de la Facultad de Filosofía de la U. de Zaragoza.

Reseña

El libro está dividido en cinco capítulos que nos van llevando por el difícil mundo del cerebro y las palabras:

  • ¿Cómo y dónde se almacenan las palabras en el cerebro?
  • ¿Cómo han llegado hasta aquí? La adquisición del léxico nos ocupa toda la vida.
  • La pérdida de las palabras
  • Palabras que dañan, palabras que sanan
  • Un cerebro sin palabras

Ha querido la casualidad que la lectura anterior a este libro haya sido Las gratitudes de Delphine de Vigan y que aún con el sentimiento de esta gran novela en la que la protagonista va perdiendo las palabras, me vuelva a topar con las palabras y con el cerebro, Con Un cerebro lleno de palabras se vuelven a avivar sentimientos y recuerdos, Mamen Horno sabe tocar la fibra sensible de las personas y nos lleva a la curiosidad a través de sus investigaciones como psicolingüista.

Creo que es muy interesante la dimensión social y transformadora que podemos percibir en este libro, en el que las palabras van a formar parte de la vida misma de las personas, nos va a ayudar a sentirnos bien, nos va a ayudar a desahogarnos, nos va a ayudar a entender a los niños y las niñas, nos va a ayudar a comprender muchas situaciones de la vida con las que nos enfrentamos cada día tanto en nuestra familia como en la sociedad en la que vivimos.

La primera cita con la que Mamen Horno comienza el libro está sacada de Inmaculada de la Fuente de su obra El exilio interior. La vida de María Moliner, otra gran mujer que te hace emocionar con el estudio de las palabras y con lo que pasó haciendo el DUE. Cuando lo leí escribí esto: Emociona conocer la infancia, la juventud y la vida adulta que pasó María Moliner, narrada con todo lujo de detalles por la autora de esta biografía: su nacimiento, su infancia, la marcha de su padre a Argentina, su educación en la ILE, su vida de muy buena estudiante, su independencia materna, sus diferentes trabajos, su visión de madre de 4 hijos, sus nietos, su amor a las plantas y a la naturaleza, su defensa ante el Movimiento de que «no era roja», la enfermedad de su marido… y en todo momento marcada por la visión política de la que ella, aunque no lo confesaba abiertamente, se sentía crítica y marchaba con ideas progresistas, liberadoras y no afines al régimen. En todo momento su gran pasión fue revisar el DRAE (1914) y escribir el DUE.

Resulta muy interesante los cuadros que nos va poniendo sobre Las reflexiones de la vida cotidiana o Desmontando mitos con información, en los que podemos ver de forma práctica lo que anteriormente nos ha estado explicando. Algo tan sencillo como bajarse al nivel del lector y darle pautas para que entienda mejor cada uno de los apartados teóricos en los que nos va introduciendo.

A modo de conclusión de cómo y dónde se almacenan las palabras, Mamen Horno nos dice:“ Recuerda que las palabras se vinculan unas a otras con múltiples relaciones. Tu pensamiento divaga de un concepto a otro también gracias a los puentes construidos por las rimas, a los pasadizos secretos creados por las palabras polisémicas, a las puertas abiertas por las relaciones léxicas. Las palabras que pueblan tu cerebro te permiten pensar, te permiten sentir y te permiten crear. Y cuantas más palabras tengas, sean de la variedad lingüística que sean, más lejos podrás llegar”.

Cómo funciona el cerebro para que los bebés empiecen a hablar, cómo ampliar nuestro vocabulario, cómo ir componiendo nuestro lexicón mental, cómo perdemos las palabras, cómo protegernos de estas enfermedades que nos roban las palabras… de estas y otras muchas cosas nos va documentando Mamen Sordo para llegar a conformar la mejor versión de nosotros mismos.

En definitiva, un libro muy recomendable para seguir ampliando nuestro conocimientos de las palabras, de nuestras relaciones, de nuestros comportamientos con respecto a la cultura y a la diversidad que funciona en nuestra sociedad plural y vertiginosa en la que estamos viviendo, porque las palabras dañan pero también sanan, son liberadoras de sentimientos y nos ayudarán a controlar nuestras emociones para llegar a convivir en entornos más armónicos.


Para saber más

La visibilización en el lenguaje es un acto de salud pública”. Entrevista de Mariángeles García (Yorokobu) a Mamen Horno.

Palabras en el cerebro. Mamen Horno. UCC Unizar.

Aragón Radio. La Cadiera. “En la puntica de la lengua”. Mamen Horno. ¿Cómo nos hablamos a nosotros mismos?

M.ª Carmen Horno Chéliz participó en el programa de Radio Nacional “No es un día cualquiera”, en la sección “Todo es Lenguaje” de Estrella Montolío, y mantuvo una conversación con ella y Carles Mesa sobre la etiqueta de

#TwitterparaLingüistas.

#TwitterparaLingüistas – Mamen Horno con Estrella Montolío y Carles Mesa

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CII-OVE: Pensamiento de Paulo Freire

CII-OVE

Paulo Freire nos recuerda que la educación no solo se trata de transmitir información, sino de liberar el potencial humano y capacitar a las personas para cambiar sus vidas y el mundo que las rodea. Su legado es un llamado a la acción y un recordatorio de la importancia de la educación como fuerza motriz de la transformación social y la emancipación.
 
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Manuel Fernández Navas: La batalla cultural en educación

La “Batalla cultural” es un concepto clave en la teoría política y cultural de Gramsci. Para él, esta batalla cultural es la lucha por el control del pensamiento y la cultura en una sociedad. Según Gramsci (1975), el poder no sólo se ejerce a través de la fuerza, sino también mediante la cultura, la educación, la religión, los medios de comunicación, las artes y otros aspectos de la vida social.

Vivimos en tiempos convulsos en todas las esferas de la vida, pero especialmente en la política. Son tiempos en los que asistimos al auge de la ultraderecha en Europa (y en el mundo entero). Son tiempos de “batalla cultural”, en los que unas posturas y otras luchan por imponer sus conceptos e ideas como un marco de pensamiento hegemónico. Sobre este tema, ya hablé en otro artículo en este mismo diario en el que trataba de plantear, cómo funcionaba y qué intereses había detrás de las construcciones de estos nuevos relatos.

Un ejemplo reciente que demuestra el estado actual y la importancia de la “batalla cultural” se puede encontrar en la esfera política, específicamente en la moción de censura liderada por un partido de extrema derecha. Durante esta situación, se plantearon ciertas ideas en el Congreso de los Diputados que hace unos años hubiera sido impensable mencionar abiertamente por cualquier partido político.

Asistimos así, escandalizados, a ver cómo se cuestionan temas como la igualdad de oportunidades, el género, la inmigración, las clases sociales, los derechos,… Anteriormente, si bien sobre estos asuntos nunca ha habido un pacto social, sí había un acuerdo mayoritario que establecía un marco de pensamiento y referencia, donde no se cuestionaban. Sin embargo, actualmente, son claramente susceptibles de ser debatidos.

Como decimos, es cierto que si bien desde las posturas más conservadoras siempre se había intentado reformular ese marco de pensamiento, no ha sido hasta hace bien poco que nos encontramos con que hay sectores y grupos que se han apropiado ese discurso y han conseguido implantar un nuevo marco de pensamiento en el que estas ideas son cuestionables, debatibles, discutibles,… de manera explícita, y esto tiene que ver, ineludiblemente, con el auge de la ultraderecha.

La educación no permanece ajena a esto puesto que es uno de los principales campos de batalla cultural debido a que no solo se ocupa de desarrollar conocimientos y habilidades, sino que también ayuda a moldear la conciencia y la visión del mundo de las personas. En este sentido, la educación puede ser una herramienta para la liberación y la transformación social, pero también puede ser utilizada para mantener -o cambiar- el statu quo y la dominación de una clase o grupo social sobre otros (Freire, 1975).

Por lo tanto, en educación, como uno de los campos principales de batalla cultural, asistimos a un escenario parecido a este que hemos descrito en política.

Si bien, en educación siempre hemos encontrado un grado más de batalla entre formas de entender los conceptos (luego veremos por qué) hace unos años, hubiera sido impensable que alguien cuestionara reducir la enseñanza obligatoria (por ejemplo) y tuviera el respaldo que tiene en la actualidad cuando se plantea abiertamente. Avanzamos hacia un marco de pensamiento en el que esto podría darse como discusión política, social y educativa, directa y explícita.

Igual ocurre con otras ideas que hace unos años no hubiéramos pensado jamás que tuvieran tanto soporte como ahora. Como por ejemplo cuestionar que todos deberíamos tener igualdad de oportunidades y que deberíamos estar en una escuela que nos incluyera y nos permitiera participar.

Cuestionar este concepto, el de la inclusión educativa, se ha convertido en uno de los objetivos principales de algunos y algunas, porque dinamitándolo les permite construir un marco de pensamiento que abra la puerta a replantear otras muchas cosas en el ámbito no sólo educativo, sino social y político.

Esto tiene que ver, a mi juicio, con el vínculo ente educación e ideología y cómo esta es siempre un espacio político, probablemente uno de los más importantes. Tema sobre el que ya escribí. Y, por lo tanto, actualmente, nos encontramos en una situación en la que determinados actores políticos, que además tienden a camuflarse presentando sus posturas como de izquierdas y con ideas progresistas, cuestionan, desde un pensamiento absolutamente conservador, todos los marcos de pensamiento previos y que eran medianamente estables en educación. Cuestionan los acuerdos mayoritarios que habíamos alcanzado sobre ella.

El interés de estos actores políticos es claro, la educación puede ser utilizada de diferentes maneras en esta batalla cultural. Por un lado, puede serlo por las clases dominantes para perpetuar su poder y control sobre la sociedad. Pero por otro, puede ser utilizada por los oprimidos para desafiar la hegemonía cultural y luchar por su emancipación. De forma que hay que controlar las palabras y los discursos sobre educación que conformarán nuevas realidades en ella.

En este sentido, estos actores políticos representan la avanzadilla para que calen nuevas ideas conservadoras. Si cambian el marco de pensamiento sobre conceptos educativos, será más fácil que luego se acepte la extensión de esos conceptos en el aspecto político y social. Un ejemplo claro de esto sería cómo entender -mal entender a la luz de los estudios- la igualdad de oportunidades a través de la meritocracia.

La labor de estos actores es, por lo tanto, la de relatar, la de dar batalla cultural; son los encargados ir consiguiendo, poco a poco con sus discursos, que el resto de las personas asumamos la transformación de esas ideas que no deberían discutirse en otras cuya discusión resulte aceptable.

Esta situación es muy grave si queremos avanzar hacia la construcción de una educación de calidad para toda la ciudadanía, ya que la configuración de un marco de pensamiento hegemónico configurará las actuaciones legales, prácticas,… que vengan después.

Por lo tanto, creo que hemos de asumir esta nueva situación en la que nos encontramos y actuar en consecuencia. Teniendo en cuenta lo que ocurre en la política, lo primero sería ser conscientes de la situación para, después, aceptar que nosotros también hemos de dar esta batalla cultural: contrarelatar.

Mi opinión es que el tiempo de centrarnos en lo que hacemos y no discutir con nadie ha pasado. Esa actitud implica la renuncia a construir un marco de pensamiento en educación realmente educativo y ceder espacios para que ese marco lo construyan otros actores con otras ideas no tan educativas que sí son muy conscientes de esta situación y están preocupados y organizados por crear relatos.

Es necesario estar en esta batalla cultural. Lógicamente, no pensando en aquellos y aquellas contra quienes se da esta batalla. No parece probable que nos convenzamos unos a otros, pero sí pensando en las personas que nos escuchan o leen.

Es necesario volver a dibujar, trazar líneas rojas y explicitar que hay cuestiones, en la educación, que no son discutibles. Podemos hablar sobre qué necesitamos para hacerlas, pero no “si hay que hacerlas”. Es necesario explicitar cuáles son los intereses de determinadas personas en generar ciertos discursos. Es necesario poner sobre el tapete que hay cuestiones que se están igualando cuando no son susceptibles de igualarse y que igualarlos supone construir un marco interesado, falaz y en el que siempre ganan los pensamientos conservadores.

Hay asuntos sobre las que no cabe ponerse de perfil y deben ser líneas rojas que todos condenemos públicamente o estaremos dejando que nuevos discursos erosionen y construyan otros marcos mentales.

Hay que dar batalla cultural porque si no la damos, si no utilizamos nuestro altavoz en medios, en nuestros ámbitos de influencia, en nuestros contextos cercanos,… estamos dejando que otros ocupen esos espacios y cuando dejamos y cedemos espacio a que otros den esta batalla, estaremos perdiéndola.

Esto es lo que se concreta en la frase atribuida a Gramsci (1975) “la realidad está definida con palabras, por lo tanto, el que controla las palabras controla la realidad”.

Es por ello que nuestras palabras son importantes, en nuestros ámbitos de influencia, en nuestros contextos. Porque en ellas se encuentra nuestra visión de la educación y si no la contamos, nunca podrá ser compartida por otros y otras.

No se trata de tener una actitud agresiva, se trata de ser conscientes de la necesidad, hoy más que nunca, de dar nuestra opinión, compartir nuestra visión educativa y confrontar otros puntos de vista en los contextos que tengamos a nuestro alcance.

El cambio social a través de la educación pasa por una educación más crítica y participativa, que enfatice el pensamiento crítico y la reflexión sobre los valores culturales y las estructuras de poder existentes en la sociedad y para que esto ocurra, es necesario crear un marco de pensamiento en la sociedad, con respecto a la educación que ahora mismo, no existe.


Referencias

Freire, P. (1975). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI

Gramsci, A, (1975). Cuadernos de la cárcel. Fondo documental EHK

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La decadente intelectualidad burguesa

Atraviesa la intelectualidad burguesa uno de sus momentos más decadentes. Sus máquinas de guerra ideológica se han esclerotizado y se refugian en argumentos filantrópicos inverosímiles a la sombra de la pandemia y las dádivas de vacunas mercantilizadas. Todo barnizado con tecnologías

Atraviesa la intelectualidad burguesa uno de sus momentos más decadentes. Sus máquinas de guerra ideológica se han esclerotizado y se refugian en argumentos filantrópicos inverosímiles a la sombra de la pandemia y las dádivas de vacunas mercantilizadas. Todo barnizado con tecnologías.

Ya no les alcanzan las maromas silogísticas más recurrentes para esconder la lucha de clases. No podrán ocultar el crimen económico monumental durante la pandemia que arrasó con la clase trabajadora y enriqueció, como nunca, a las burguesías imperiales. No podrán esconder la bofetada lacerante contra el derecho básico a la alimentación, la vivienda, la educación… la dignidad. Es inocultable la inmoralidad del capitalismo en un mundo despojado de infraestructura mínima para los pobres y con una industria militar creciendo con cifras récord.

En los cenáculos de la intelectualidad burguesa dirimen la invención de un «capitalismo humano», «capitalismo social», «socialismo capitalista»… que no cuadra en práctica alguna la aberración de sus sofismas. Hoy, para sobrevivir ellos, solo cuentan con sus maquinitas de fake news y algunos reformistas desvergonzados. A la intelectualidad burguesa no le alcanza la saliva docta para apagar el «incendio» de la emancipación. Cada día se oculta menos el carácter criminal de los bloqueos que no son otra cosa que extorsión, saqueo y marginación con premeditación, alevosía y ventaja… todas las agravantes indefendibles del propio «derecho» burgués.

En su debacle, la intelectualidad burguesa ha retrocedido a saltos los relojes de la historia y se han hundido en las contradicciones más cínicas. Los que se pavoneaban como «defensores de la democracia» hoy operan en defensa de los peores estercoleros de la corrupción. Vargas Llosa abogando por Fujimori; Krauze defendiendo al golpismo empresarial y Aguilar Camín escupiendo insultos en lugar de sus rancios razonamientos. Así en Argentina, en Colombia, en España… en Brasil. Ahora tienen por candidatos políticos a lo peor de las farándulas mercantilizadas.

Ahora, más que nunca, se hace urgente el gran proyecto humanista de nuevo género, capaz de conformar una agenda revolucionaria plena de valores y prácticas en lo cotidiano tanto como en los plazos largos. La urgencia nuestra es trabajar arduamente en la organización política anticapitalista; la revolución de las comunicaciones y la semántica emancipadora; los mapas de la subjetividad y el desarrollo de métodos críticos superadores de las máquinas de guerra ideológica burguesas. La consolidación de los modos de producción y las relaciones de producción emancipadas y emancipadoras. En suma, un programa humanista de nuevo género para la transformación de la realidad y la supresión del capitalismo.

No caer en emboscadas «reconciliatorias»; no tragarse el discurso de «igualdad» esgrimido por quienes nos bloquean o marginan. No legitimar el «dialoguismo» falaz del discurso único. No engañarse con la «igualdad de oportunidades» si no se garantiza la igualdad de condiciones. No sucumbir a los pregoneros del individualismo o del escapismo. Derrotar todo «supremacismo», racismo y nazi-fascismo. Con la revolución todo, contra la revolución nada.

La bancarrota de la intelectualidad burguesa es, al mismo tiempo, una gran responsabilidad que nos compete y compromete. Ellos harán lo imposible por esparcir confusión y mugre a diestra y siniestra. Ellos preferirán la mentira y la calumnia como campo de lucha enrarecido por la estulticia y nosotros debemos impedir, a toda costa, que nos arrastren en su debacle a una emboscada de la que salgamos debilitados o supeditados a su suerte. Nuestra agenda debe ser profundizar la revolución del pensamiento y de la praxis. La salida es «ser cultos para ser libres» porque «por el engaño nos han derrotado más que por la fuerza» y «en la demora está el peligro». Nos urge la unidad de la inteligencia crítica para la acción directa. La historia nos lo advierte.

http://www.granma.cu/pensamiento/2021-09-14/la-decadente-intelectualidad-burguesa-14-09-2021-23-09-57
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Sobre ideología y ciencia en el pensamiento

 

Por: Alan Luna

Hay que insistir, porque es fundamental, que las ideas abstractas son poco certeras y, por lo tanto, poco científicas. Hay, por lo tanto, una línea muy delgada entre las ideas abstractas y el uso ideológico que se le puede dar a dichas ideas. Uno de los problemas del pensamiento abstracto, dice ya Aristóteles desde los primeros años de la filosofía tradicional, es que en su generalidad no dice nada concreto a cerca de los fenómenos particulares. Dice verdades que por universales son poco exactas. He ahí la necesidad de estudiar los fenómenos tomando en cuenta todo lo que lo determina; Hegel el gran filósofo alemán, ve necesario este tipo de estudio para poder construir un pensamiento verdaderamente científico.

En la historia de las ideas es común la utilización de pensamientos universales con apariencia de verdad, como uno de tantos tipos de falacias que existen para hacer pasar como verdaderos razonamientos falsos. Esto desemboca en una utilización a modo de las ideas abstractas, es decir, una utilización de algún pensamiento con el fin de servir a intereses particulares.

Dos ejemplos nos pueden clarificar al respecto, uno antiguo y otro reciente. En los primeros capítulos de la obra de Victor Hugo Los miserables se describe una escena peculiar. Un obispo visita a un viejo rebelde de la revolución francesa condenado por el pueblo a una vida en soledad como pago por su atrevimiento a intentar cambiar la vida de los franceses. El obispo intenta hacer recapacitar a esa ala desviada de los valores morales elevados diciendo que nadie puede desear la muerte del prójimo y el bien de los seres humanos, pero para el revolucionario no es tan fácil aceptar las abstracciones del obispo. ¿Qué vidas son las que debemos salvar?, ¿por cuáles debemos luchar?, ¿cuáles son los reproches que se le hacen al intento de cambiar la sociedad? Se habla de la sed de sangre que estos procesos desatan en algunos que tienen bien presente las malas condiciones en que han sido obligados a vivir, pero de todo lo que ha ocasionado esa ira —dice el rebelde— no se menciona nada. Está bien luchar por todas las vidas que sufren, pero en la vida real hay que tomar partido y, siendo así, procurar el mejoramiento de la vida de los pobres, que llevan sufriendo más tiempo.

El ejemplo reciente lo podemos encontrar en las manifestaciones en Cuba que se han difundido por los medios de comunicación internacionales como un grito de protesta del pueblo cubano por su liberación. Dejando de lado la comprobada falsificación de las notas en contra del régimen cubano, salta a la vista la utilización tendenciosa de las ideas abstractas de libertad y emancipación. El pueblo cubano puede querer liberarse, ¿de qué?; puede estar inconforme, ¿con quién? Todo esto se pasa por alto para introducir la idea de que el reclamo es con la revolución cubana, como si estuviera deseosa de emanciparse de un yugo que ya no soporta y con las ansias de volver a un pasado que considera mejor. Gente de este tipo seguramente habrá, sobre todo aquella que no conozca bien la historia del pueblo cubano o que no la acepte por intereses personales, pero aquellos que no olvidan su historia deberán reconocer que antes de la revolución Cuba no era un paraíso, salvo para los estadounidenses que hacia de la pequeña isla su lugar de recreo. Por lo tanto, es importante investigar científicamente el problema de la falta de recursos en Cuba, es decir, estudiar cuál es el verdadero origen de la desgracia de su pueblo así como cuáles son los intereses que se ocultan en la campaña en contra de su revolución difundida por los medios de comunicación del imperio, a riesgo de contribuir a la campaña internacional de desinformación.


Alan Luna es filósofo por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

 

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Los sueños sirven para no aburrirnos de la realidad y pensar mejor

Los sueños son irracionales y alucinatorios para ofrecernos una experiencia radicalmente diferente a la cotidiana: de esta forma, podemos tener una visión menos simplista y más compleja de la realidad, evitando caer en la eterna repetición de nuestras rutinas diarias.

El carácter extraño y alocado de muchos sueños serviría para ayudar a nuestro cerebro a comprender mejor las experiencias cotidianas y sobrellevar el tedio de la rutina. Según un nuevo estudio desarrollado por un investigador de la Universidad de Tufts, la extrañeza de los sueños tendría una razón concreta: alejarnos de lo cotidiano para no familiarizarnos demasiado con las actividades que realizamos día a día.

De esta forma, los sueños nos sacarían de esa «zona de confort» y nos estimularían a no quedarnos estancados en nuestro pequeño mundo diario y conocido. En consecuencia, los sueños «encontrarían su función biológica en su divergencia con la experiencia de la vigilia», según destaca el autor de la investigación, Erik Hoel.

El investigador estadounidense explica en una nota de prensa que esta mecánica es similar a la que siguen las redes de Inteligencia Artificial, a las cuales es necesario «complicar» con cierta dosis de caos para evitar que se familiaricen demasiado con el conjunto de datos que procesan, creyendo así que a partir de esos datos se puede analizar cualquier tipo de información.

Al igual que los sistemas de aprendizaje profundo, nuestro cerebro puede caer en sesgos y errores generados por la repetición permanente de estructuras y patrones, que en determinado momento toman el papel de una verdad absoluta, llevándonos a intentar comprender la realidad y resolver los problemas que enfrentamos únicamente bajo esos modelos.

El ruido de los sueños

Del mismo modo que los científicos de datos introducen las llamadas «inyecciones de ruido» o entradas de datos aleatorios que generan confusión en los sistemas de Inteligencia Artificial y los obligan a abandonar las estructuras repetitivas de las cuales se han «enamorado» en demasía, nuestro cerebro «inyecta» sueños que enriquecen nuestro mundo simbólico y nos obligan a escapar de las ceremonias repetitivas de lo cotidiano.

Teniendo en cuenta estos aspectos, Erik Hoel habla de un «cerebro sobreajustado», precisamente porque su teoría está inspirada en las redes neuronales artificiales sobreajustadas, que como se explicó anteriormente quedan «atrapadas» en un conjunto de datos con el cual se han familiarizado y del que no pueden escapar: pierden entonces la posibilidad de comprender otros problemas que requieren el trabajo con otro tipo de información.

Ese «sobreajuste» nace en el entrenamiento excesivo al que se somete a los sistemas de aprendizaje profundo en torno a un tema o problema en concreto. Se los induce tan insistentemente a seguir determinados patrones que, cuando deben abandonarlos para afrontar un nuevo reto, quedan encerrados en las estructuras conocidas. Si pensamos en las experiencias de la vida humana, rápidamente podemos advertir que en muchas ocasiones nos sucede algo parecido.

El «ruido» que se introduce en las redes neuronales artificiales cumple un papel similar al de los sueños en el cerebro humano, pero Hoel incluso va más allá en su estudio, publicado en la revista Patterns: sostiene que las obras de ficción, como novelas o series televisivas, podrían funcionar como sustituciones o complementos de los sueños, propiciando un efecto similar, pero en el marco de la vigilia.

Pensar mejor

De esta manera, cuando habitualmente se dice que leer nos permite escaparnos de la realidad, no estaríamos apelando a una figura retórica: hablaríamos de un mecanismo cerebral a través del cual el órgano que nos dirige nos permite superar la reiteración permanente de patrones rutinarios, como sucede con los sueños.

Podríamos decir, entonces, que la ficción y los sueños no solo hacen posible evitar el aburrimiento: también nos permiten pensar mejor.

Referencia

The overfitted brain: Dreams evolved to assist generalization. Erik Hoel. Patterns (2021).DOI:https://doi.org/10.1016/j.patter.2021.100244

Foto:

La ilustración representa la hipótesis que sustenta al nuevo estudio: el carácter alucinatorio de los sueños no es un error, sino una característica que nos ayuda a evitar que el cerebro se adapte demasiado a lo conocido y a sus fuentes diarias de aprendizaje, que en muchos casos pueden estar sesgadas. Crédito: Georgia Turner.

Fuente: https://tendencias21.levante-emv.com/los-suenos-sirven-para-no-aburrirnos-de-la-realidad-y-pensar-mejor.html

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Entrevista a Cathy O’Neil, matemática «La próxima revolución política será por el control de los algoritmos»

Por: Carlos del Castillo

«Solo sabemos que funcionan bien para quien los diseña, pero pueden ser tremendamente injustos para las personas objetivo», defiende la matemática Cathy O’Neil

Palabra de dios. Por mandato real. Es la economía, estúpido. La historia ofrece constantemente ejemplos de cómo las personas recurrimos al mito de la autoridad superior para revestir de una supuesta justicia objetiva nuestras decisiones. Para Cathy O’Neil, los algoritmos son el siguiente mito en esa lista.

¿Qué prejuicios tienen los robots sin prejuicios?

O’Neil, matemática doctorada en Harvard, posdoctorada en el MIT, fue una de las primeras en señalar que nuestro nuevo emperador también está desnudo. Un algoritmo (o la celebrada Inteligencia Artificial, que «no es más que un término de marketing para nombrar a los algoritmos») es tan machista, racista o discriminador como aquel que lo diseña. Mal programados, pueden llegar a ser Armas de Destrucción Matemática (Capitán Swing), como detalla en su libro sobre el peligro que representan para la democracia.

Defiende que existe una diferencia entre lo que la gente piensa que es un algoritmo y lo que realmente es un algoritmo. ¿Cuál es?

La gente piensa que un algoritmo es un método para tratar de llegar a una verdad objetiva. Hemos desarrollado una fe ciega en ellos porque pensamos que hay una autoridad científica detrás.

En realidad un algoritmo es algo tonto, básicamente un sistema de perfiles demográficos generado a partir del big data. Averigua si eres un cliente que paga o cuáles son tus posibilidades para comprar una casa en base a pistas que has ido dejando, como cuál es tu clase social, tu riqueza, tu raza o tu etnia.

¿Qué es un arma de destrucción matemática?

Es un algoritmo importante, secreto y destructivo. Injusto para los individuos que evalúa.

Normalmente son un sistema de puntuación. Si tienes una puntuación lo suficientemente elevada se te da una opción, pero si no la consigues se te deniega. Puede ser un puesto de trabajo o la admisión en la universidad, una tarjeta de crédito o una póliza de seguros. El algoritmo te asigna una puntuación de manera secreta, no puedes entenderla, no puedes plantear un recurso. Utiliza un método de decisión injusto.

Sin embargo, no solo es algo injusto para el individuo, sino que normalmente este sistema de decisión es algo destructivo también para la sociedad. Con los algoritmos estamos tratando de trascender el prejuicio humano, estamos tratando de poner en marcha una herramienta científica. Si fracasan, provocan que la sociedad entre un bucle destructivo, porque aumentan la desigualdad progresivamente.

Pero también puede ser algo más preciso. Puede ser un algoritmo para decidir quién accede a la libertad condicional racista, uno que determina qué barrios sufren una mayor presión policial en función de la presencia de minorías…

¿A quién le pedimos cuentas cuando un algoritmo es injusto?

Es una buena pregunta. La semana pasada salió a la luz que luz que Amazon tenía un algoritmo de selección de personal sexista. Cada vez que ocurre algo así, las empresas se muestran sorprendidas, toda la comunidad tecnológica se muestra sorprendida. En realidad es una reacción fingida, hay ejemplos de algoritmos discriminatorios por todas partes.

Si admitieran que los algoritmos son imperfectos y que potencialmente pueden ser racistas o sexistas, ilegales, entonces tendrían que abordar este problema para todos los algoritmos que están utilizando. Si hacen como si nadie supiera nada pueden seguir promulgando esta fe ciega en los algoritmos, que ellos en realidad no tienen, pero que saben que el resto del público tiene.

Por eso escribí el libro, para que la gente deje de estar intimidada por los modelos matemáticos. No hay que abandonar la automatización ni dejar de confiar en los algoritmos, pero sí exigir que rindan cuentas. Sobre todo cuando actúan en un campo en el que no hay una definición clara de qué es «éxito». Ese es el tipo de algoritmo que me preocupa. Quien controle el algoritmo controla la definición de éxito. Los algoritmos siempre funcionan bien para la gente que los diseña, pero no sabemos si funcionan bien para la gente objetivo de esos algoritmos. Pueden ser tremendamente injustos para ellos.

¿La próxima revolución política será por el control de los algoritmos?

En cierto sentido, sí. Creo que los algoritmos reemplazarán todos los procesos burocráticos humanos porque son más baratos, más fáciles de mantener y mucho más fáciles de controlar. Así que, sí: la cuestión sobre quién tiene el control está relacionada con quién despliega ese algoritmo. Espero que nosotros tengamos un control con rendición de cuentas sobre ellos.

Pero si nos fijamos en un lugar como China, donde hay sistemas de puntuaciones sociales que son intentos explícitos de controlar a los ciudadanos, no tengo tanta esperanza sobre que los ciudadanos chinos puedan ser los propietarios de esos algoritmos. En estos casos estamos hablando de una distopía, una sociedad de vigilancia en la que el Gobierno controla a los ciudadanos con los algoritmos, como una amenaza real. Es algo que puede pasar.

De momento el poder político no ha hecho mucho por mejorar la transparencia de los algoritmos.

Sí, es un problema real. Los políticos piensan que desde su posición tendrán en su mano controlar los algoritmos, así que no quieren renunciar a este poder, aunque sea malo para la democracia.

Es una consideración muy seria. Como digo en el libro, Obama fue adorado por la izquierda por su uso del big data para aumentar las donaciones o mejorar la segmentación de mensajes. Pero eso fue un precedente muy peligroso: en las últimas elecciones hemos visto como la campaña de Trump logró suprimir el voto de los afroamericanos gracias a esa misma segmentación de mensajes a través de los algoritmos de Facebook.

Publicó su libro en 2016. ¿Ha cambiado algo desde entonces?

Cuando escribí el libro yo no conocía a nadie preocupado por este tema. Eso sí ha cambiado. Vengo de Barcelona, donde he visto a 300 personas, mayoritariamente jóvenes, preocupadas por este tema. Es un fenómeno emergente a nivel mundial, la gente está empezando a ver el daño, el mal que hay aquí. La mayor parte de este daño algorítmico no se ve, no es visible. Que la gente sea más consciente hace que podamos esperar que haya una demanda para que los algoritmos rindan cuentas. Espero que eso ocurra.

Fuente: https://rebelion.org/la-proxima-revolucion-politica-sera-por-el-control-de-los-algoritmos/

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