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Encuesta: Jóvenes de Estados Unidos sólo coinciden en educación

Estados Unidos/ Julio de 2016/La Prensa

Cuando se trata de la elección de un nuevo presidente, los jóvenes de Estados Unidos coinciden en que lo más importante es la educación. Pero tienen amplias diferencias en otros puntos que definirán por quién votan.

Para los afroestadounidenses de entre 18 y 30 años, el racismo es casi tan importante como la educación; para los hispanos jóvenes, la inmigración, y para los estadounidenses blancos y asiáticos de la generación del milenio, el crecimiento económico.

Los resultados de la nueva encuesta GenForward ponen de relieve las grandes diferencias entre los estadounidenses jóvenes, que a menudo son vistos como un grupo homogéneo de electores debido en buena medida al abrumador apoyo que dieron al presidente Barack Obama en ambas elecciones que disputó el mandatario.

GenForward es un sondeo de la organización Black Youth Project de la Universidad de Chicago con Associated Press-NORC Center for Public Affairs Research.

La encuesta, la primera de su tipo, pone especial atención en las opiniones de los afroestadounidenses adultos jóvenes, y destaca cómo la raza y el grupo étnico determinan las opiniones de quienes pertenecen a la generación de mayor diversidad en el país.

Entre las conclusiones más impactantes figura que los afroestadounidenses jóvenes, más que cualquier otro grupo racial o étnico, dirá muy posiblemente que el racismo es un tema de gran importancia cuando es hora de votar por un candidato presidencial.

Una tercera parte de los negros de entre 18 y 30 años opina que el racismo es uno de los temas principales que influirá en su voto, casi a la par de la educación y por delante de la atención médica y del crecimiento económico.

Lakevia Davis, de 24 años, de Montgomery, Alabama, dijo que las muertes a tiros de personas a manos de la policía que han ocurrido en los últimos años ha colocado el aspecto racial en la prioridad de ella y otros negros jóvenes. «El movimiento de los derechos civiles comenzó apenas hace 50 años, pero continuamos librando la misma lucha», agregó.

«Es igualmente importante para las personas de otras razas, pero no lo es tanto a nivel público como para nosotros».

Cathy Cohen, profesora de la Universidad de Chicago y principal investigadora del Black Youth Project, dijo que como la juventud afroestadounidense parece sentir el aguijón del racismo con más frecuencia quizá lo considere un problema de la mayor importancia.

 Datos de la encuesta

La encuesta abarcó a mil 965 adultos de entre 18 y 30 años y tuvo lugar del 14 al 27 de junio.

Se utilizó una muestra probabilística del panel GenForward, diseñada para que fuera representativa de toda la población adulta joven de Estados Unidos.

El margen de error del muestreo de los consultados fue de más menos 3.8 puntos porcentuales.

El sondeo lo pagó la organización Black Youth Project en la Universidad de Chicago con donativos de la Fundación John D. and Catherine T. MacArthur y la Fundación the Ford.

Fuente: http://www.prensa.com/mundo/Encuesta-Jovenes-EU-coinciden-educacion_0_4527297369.html

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El discurso del odio se normaliza a través de internet

España/ Julio de 2016/La Vanguardia

Por: Cristina Sen

El discurso del odio se extiende por toda la sociedad europea. Los mensajes contra las personas inmigrantes y refugiadas se están utilizando por determinados partidos políticos para acceder al poder. En este contexto, internet está permitiendo que el racismo y la xenofobia se difundan fácilmente y que se empiece a considerar “normal” que en las redes y en los comentarios anónimos en los medios de comunicación digital se insulte llegando en muchos casos al delito pero quedando impune. Así lo atestigua el estudio “Contextos, experiencias y respuestas al discurso del odio en internet” realizado por la Universidad de Barcelona en colaboración con diez entidades de investigación en el ámbito social de España, Italia, Francia, Rumanía y el Reino Unido.

El trabajo se centra en analizar el racismo y la xenofobia, y en los países estudiados el principal grupo que es objeto de este discurso del odio son los musulmanes. “Ha aumentado la islamofobia en este contexto de racismo creciente en Europa”, se indica. Un discurso que ha saltado, según explica la profesora Olga Jubany, de las plataformas radicalizadas de extrema derecha a otros lugares de internet sin esta carga xenófoba provocando “una normalización”. Se generan comentarios a las noticias, se salta después a Facebook, los “memes” racistas corren por whatsapp, sólo por citar algunos ejemplos de esta normalización o banalización de un discurso peligroso y delictivo.

Los investigadores presentaron 100 denuncias a Facebook por delitos de discurso del odio (…) Y sólo el 9% de los mensajes fueron retirados

Los investigadores alertan de la necesidad de reaccionar ante esta rápida extensión del racismo en internet porque para empezar los administradores de las redes sociales tienen “una actitud pasiva” a la hora de responder a las denuncias. Durante la elaboración del estudio, los investigadores presentaron 100 denuncias a Facebook por delitos de discurso del odio, denuncias que consideraban de gravedad. Y sólo el 9% de los mensajes fueron retirados.

Falta de reacción

El trabajo se basa en entrevistas en profundidad a 150 jóvenes usuarios de las redes sociales y a profesionales del ámbito de la justicia, las fuerzas de seguridad y la educación. No se trata de un informe cuantitativo sino que se quiere radiografiar un problema que crece para buscar soluciones. La realidad es que la mayoría de personas objeto de racismo en las redes no es consciente de que puede denunciar y en muchos casos no se sabe que el discurso del odio es un delito. No hay confianza en la policía y tampoco en el mecanismo para hacer detener o corregir el funcionamiento de lo que sucede en internet. En este sentido se aplaude que precisamente en España haya fiscalías especializadas en el odio y la discriminación en todas las provincias, que trabajan de la mano de la policía.

El hecho de que sean las minorías las que son atacadas con estos insultos también agrava la falta de reacción de toda la sociedad y la falta de denuncias hace pensar que hay pocos casos, cuando lo que existe es el silencio del no saber qué hacer. Y hay hechos que provocan que el discurso del odio se multiplique como sucede con los atentados de EI y, en un plano diferente, con el debate que ha acompañado el Brexit.

La islamofobia en el discurso político ha aumentado desde que se inició la crisis
INFORME “CONTEXTOS, EXPERIENCIAS Y RESPUESTAS AL DISCURSO DEL ODIO EN INTERNET”

En España, el aumento del racismo se vincula también al impacto de la crisis económica, al aumento de desempleo que afectó a muchos ciudadanos nativos y a personas inmigrantes. Se señala que las comunidades musulmanas y los gitanos son las que están sometidas a una mayor discriminación. Aunque en este país se condena el racismo directo, el informe subraya que se cuela en los discursos sobre la “inmigración ilegal” y se permite en muchas ocasiones en el ámbito privado. “La islamofobia en el discurso político ha aumentado desde que se inició la crisis –se señala–, y algunos informes indican que el aumento de esta islamofobia es mucho mayor en los nuevos medios y redes sociales que en los medios tradicionales”.

El informe ha estudiado los mensajes de cinco grupos: Plataforma per Catalunya, Democracia Nacional, España 2000, Alianza Nacional y Movimiento Social Republicano. Pero como se decía, el problema no está sólo en las plataformas radicales sino en su extensión a otros ámbitos, en su “normalización”. Los expertos consultados también han citado a VOX, algunas intervenciones de C’s, y algunos advierten sobre el nacionalismo del PP. Y se denuncia también los gritos racistas de grupos radicales en el Nou Camp y en el Santiago Bernabéu.

Fuentge: http://www.lavanguardia.com/vida/20160722/403399577291/estudio-racismo-espana-islamofobia.html

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20 ideas para construir la interculturalidad y prevenir el racismo en educación

Por:  La Secretaría de Políticas Sociales de FETE-UGT y el Departamento de Migraciones Confederal de UGT

En un momento tan complejo como el actual, en el que la globalización determina gran parte de nuestra vida cotidiana e influye en las relaciones que establecemos con personas de muy distintas procedencias culturales, es necesario repensar el sentido de la educación e incorporar entre nuestros objetivos prioritarios las estrategias que Delors definía en el informe “La educación encierra un tesoro”: aprender a aprender, aprender a ser, aprender a convivir.

El mundo se ha convertido en una pequeña aldea por la que transitamos a una velocidad nunca antes conocida, ya sea a través de Internet, de los medios de transporte o con los medios de comunicación.

Las relaciones que establecemos en pocos segundos, de un lado a otro del planeta, determinan una existencia marcada por la relación con una sociedad interconectada, a la vez que mantenemos la pertenencia a un entorno más cercano que puede cambiar a lo largo de nuestra vida. Ésta es una de las razones que definen los objetivos de la escuela intercultural, ya que es imprescindible que todos los alumnos y todas las alumnas desarrollen las estrategias y competencias interculturales adecuadas para comunicarse y relacionarse desde el respeto a la diversidad y en el marco de los derechos humanos, en el contexto de la ciudadanía global.

Por otra parte, las Escuelas Interculturales responden a la necesidad de justicia social al plantear la actuación y el compromiso activo frente a las desigualdades. Desde el marco democrático, debemos eliminar aquellas situaciones de discriminación que se pudieran producir por razones de sexo, religión, clase social, etnia, cultura, distintas capacidades u orientación sexual, gestionando las medidas oportunas para que todos los alumnos y las alumnas tengan oportunidades equitativas para alcanzar el éxito escolar. Esto supone no sólo garantizar su acceso, sino, además, adecuar las estructuras, desarrollando programas de inclusión que garanticen su plena participación en el proceso educativo. Esto sólo se puede realizar desde el respeto, porque es necesario el reconocimiento de la diversidad en la complejidad de un mundo interdependiente y desde la igualdad ya que desde los supuestos de los Derechos Universales debe ser posible la elaboración dialéctica de una cultura compartida desde el pluralismo democrático.

Por último, en la Escuela Intercultural, desarrollamos estrategias de educación antirracista, para que toda la comunidad educativa se comprometa a estar en situación de alerta contra la discriminación y comprometida en la lucha contra el racismo y la xenofobia y dispuesta a denunciar circunstancias que perpetúan las situaciones de desigualdad, discriminación y racismo.

Ésta es una guía sencilla en su formato y profundamente compleja en su sentido. Resume el espíritu que queremos llevar a nuestras escuelas, defendiendo la justicia, la igualdad y nuestro compromiso contra el racismo y cualquier otra forma de discriminación contra el ser humano. La igualdad en la diversidad, la justicia frente a la discriminación y el derecho a la diferencia constituyen los principios fundamentales sobre los que se apoya la perspectiva intercultural en educación.

Para leer, descargar aqui: http://aulaintercultural.org/2016/05/28/20-ideas-para-construir-la-interculturalidad-y-prevenir-el-racismo-en-educacion/

 

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Advierte secretario general de la ONU sobre desafíos en derechos humanos

Naciones Unidas / 13 de julio de 2016 / Por: Nuria Barbosa León

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, advirtió sobre los desafíos que viven diversas regiones del planeta en materia de derechos humanos, y demandó compromiso para enfrentarlos.

Durante un debate de alto nivel en la Asamblea General de Naciones Unidas, lamentó Ban Ki-moon que en Europa crezcan el racismo y los desamparados, la violencia organizada se profundice en partes de América Latina, sangrientos conflictos hostiguen al Oriente Medio y la marginalización afecte a millones en Asia.

También condenó el secretario general que algunos gobiernos restringen las libertades de los ciudadanos, detienen a defensores de los derechos humanos y limitan el accionar de la sociedad civil.

A su vez insistió en la urgencia de que los Estados asuman su responsabilidad y consideren el respeto a los derechos de los pueblos, un poderoso motor de la paz y del desarrollo en el planeta.

En su intervención en la primera jornada del foro de dos días, el Secretario General también manifestó preocupación por la mayor cifra de desplazados desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), unas 65 millones de personas.

Ban insistió en la urgencia de que los gobiernos asuman su responsabilidad y consideren el respeto a los derechos humanos un poderoso motor de la paz y del desarrollo.

A su juicio, la comunidad internacional dio un importante paso en esa dirección, al adoptar en septiembre pasado la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, una iniciativa dirigida a erradicar la pobreza extrema, las desigualdades, la discriminación de la mujer y la falta de acceso a la salud, la educación y el agua.

«Los derechos humanos están en el corazón de los 17 objetivos de desarrollo sostenible», afirmó aquí.

El Secretario General de la ONU defendió su propuesta de Los Derechos Humanos ante Todo, iniciativa que según opinó combina los tres pilares de la organización: la paz y la seguridad, el desarrollo y los derechos humanos.

Sin embargo, su concepto genera preocupación en algunos países del sur, que alertan sobre el empeño de algunas potencias de utilizar la cuestión de los derechos humanos como punta de lanza de sus agresiones e injerencia en los asuntos internos de otros Estados.

Fuente noticia: http://www.radiohc.cu/noticias/internacionales/99766-advierte-secretario-general-de-la-onu-sobre-desafios-en-derechos-humanos

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Nueva Zelanda: Teacher bias hurting Māori education

Oceanía/Nueva Zelanda/10 de Julio de 2016/Autora: Kate Pereyra Garcia/RadioNZ

RESUMEN: Un nuevo estudio ha encontrado que el  sesgo inconsciente de los maestros está afectando el rendimiento de los estudiantes maoríes.  La predisposición inconsciente y el informe de Educación, publicado hoy, compararon el efecto que tienen las bajas expectativas de los estudiantes maoríes de aquí y los estudiantes afroamericanos en los Estados Unidos. El informe es una revisión de la investigación existente. Su investigador principal, Anton Blank, dijo que los  estereotipos negativos maoríes eran en parte culpables del bajo rendimiento maorí, aunque la pobreza también desempeñó un papel.  El informe también encontró que la formación de la conciencia cultural y de alto nivel como estrategias por sí solas no eran suficientes para combatirlo. La solución estaba en la sensibilización de sus propios prejuicios a los maestros a través del desarrollo profesional, dijo el señor Blank.

Unconscious bias from teachers is affecting the performance of Māori students, a new study has found.

The Unconscious Bias and Education report, released today, compared the effect low expectations had on Māori students here and African-American students in the United States. The report is a review of existing research.

Its principal investigator, Anton Blank, said negative Māori stereotypes were partly to blame for Māori underachievement, although poverty also played a role.

«Definitely socio-economic factors – and I mean that’s patently obvious that children who live in poorer areas do less well in the education system.

«But even controlling for that there is still a very, very significant gap. We argue that that is about the unconscious bias at play between teachers and students.»

He said people pointed to the blatant racism in the US as a way of claiming racism did not exist in New Zealand.

But it was something that was happening here on a «systematic level» and so was harder to detect.

«We’ve had a lot of race relations discussion, a lot of bicultural discussion over the last 30 years so I think people know not to articulate their biases publicly, but under the surface the biases are still there.»

The report also found that cultural awareness training and high-level strategies alone were not enough to combat it.

The solution lay in raising teachers’ awareness of their own bias through professional development, Mr Blank said.

The report’s co-author, Auckland University senior lecturer Carla Houkamau, said the report was not about attacking teachers, but rather working with them for better results for Māori students.

Dr Houkamau said everyone has an underlying bias.

«The thing is with implicit bias is people don’t know that they’ve got it, so when you talk to people about it it can be really quite difficult, it can be quite confronting.»

She believed changes could be made now to improve Māori student achievement, but more research measuring inherent bias was needed.

Teachers tended to be warmer, offer more in-depth feedback, and take more time to explain things to students they expected to do well, Dr Houkamau said.

«So if you’ve got a group that you implicitly don’t expect to succeed you’re not going to be giving them that challenging information,» she said. «Also when teachers think their students are going to do well they’re more likely to interact with them more frequently because they think that the students are really worth the effort.»

Post Primary Teachers Association president Angela Roberts said the education system had come a long way in recent years.

While there were still significant challenges for Māori students she didn’t believe it was as bad as the latest report suggested.

«I think we’ve moved on a long way from the 90s, we’re not there yet, but we’ve made great improvement to how we engage with our Māori students and I think that the New Zealand evidence actually bares that out.»

Ms Roberts said the Te Kotahitanga research and professional development programme was a big help but was stopped because it was expensive.

«It provided professional development and an opportunity for teachers to collaborate, watch each other teach, challenge each other and shift the way we responded to our Māori students.»

Cabinet set the guidelines for teacher professional development without consulting teachers and had settled on the areas of science, maths, literacy; digital literacy; and health and wellbeing, she said.

Fuente: http://www.radionz.co.nz/news/national/308357/teacher-bias-hurting-maori-education

 

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‘El racismo en México se suma a otras formas de desigualdad’: Federico Navarrete

México/10 de Julio de 2016/Aristeguinoticias

Por: Federico Navarrete

El historiador y académico, asegura que contrario a lo que creemos, en nuestro país predomina la intolerancia.

El racismo impera en México. Es un hecho cotidiano que cobra forma lo mismo en una charla privada que en anuncios de tintes aspiracionales o en políticas públicas excluyentes. Desafortunadamente, una gran parte de la población es indiferente ante el fenómeno. Así lo advierte el académico Federico Navarrete en México Racista (Grijalbo). A partir de episodios como los de la masacre de maestros normalistas o de asesinatos a indígenas, o incluso del discurso predominante en los medios de comunicación, las rutas de la discriminación en la sociedad mexicana.

Usted plantea que varios de los problemas que vivimos como país tienen su origen en un arraigado racismo.

Los mexicanos nos hemos creído la fábula de que no somos racistas. Sin embargo no es así, incluso el racismo se ha recrudecido en los últimos años. Los medios de comunicación, la violencia y desigualdad lo han incrementado.

¿Cómo se relaciona con los problemas actuales de violencia?

El libro es una reacción ante la inaceptable situación de violencia y de violación de los derechos humanos en la sociedad mexicana. No hemos valorado al racismo en su dimensión apropiada. En México no se agrede o asesina a la gente por su color de piel, pero sí crea una situación de invisibilidad de la mayoría de la población. No forman parte de la discusión pública ni tienen espacio en los medios de comunicación. A la gente más morena y con aspecto indígena se le asocia con pobreza, retraso, se les atribuyen rasgos negativos o se les ve como revoltosos. El primero en demostrar esto una y otra vez es el propio gobierno, sin embargo como sociedad hemos sido inaceptablemente indiferentes.

Ante muertes de indígenas, campesinos, migrantes.

Sí. Nos hemos acostumbrado a la pobreza. Un importante número de mexicanos está en situación de calle. Recordemos que hace tres años en Guadalajara, un automovilista descubrió a una niña rubia pidiendo limosna, se hizo una tormenta en las redes sociales y se aseguraba que había sido secuestrada. Una persona blanca pidiendo limosna nos parece inaceptable; en cambio, si lo hacen millones de personas de piel oscura ya no nos importa.

¿A qué le atribuye que no hemos superado este tipo de lastres?

Nos gusta presumir de receptivos y tolerantes pero creo que la sociedad mexicana debe asumir su verdadera faz. Discriminamos a las mujeres, a las minorías sexuales, a quienes no son católicos, a quienes hablan lenguas indígenas; se discrimina a diestra y siniestra. Vivimos en una sociedad cada vez más fragmentada, brutalmente desigual en la que el gobierno no siente el menor compromiso con el bienestar de la población ni tampoco con su seguridad física. Los medios de comunicación ejercen un racismo absoluto, excluyen completamente de sus pantallas y de la publicidad a 80% de los mexicanos.

 ¿Podríamos apuntar que esto impacta en un racismo sistemático?

El racismo en México se suma a las otras formas de desigualdad. Es difícil saber si la exclusión de educación de calidad o la falta de servicios públicos son producto del racismo. La discriminación de clase se mezcla con la ausencia de democracia y de derechos humanos. La suma de todo ello genera un coctel más nocivo. Los estudios sociológicos recientes demuestran que en México, de manera casi casi sistemática, aunque no absoluta, la gente con color de piel oscura es más pobre, tiene menos educación, peores trabajos y vive en situaciones de mayor precariedad que la gente con piel más blanca. Ahí tenemos mecanismos sociales que radicalizan a la sociedad.

Aquí podemos hablar de una corresponsabilidad entre el gobierno y la sociedad.

El gobierno mexicano es profunda y absolutamente negligente en el cumplimiento de sus obligaciones más elementales. No ofrece educación, sistemas de salud, seguridad y servicios públicos de calidad. Como sociedad debemos tomar conciencia de lo que nosotros hacemos. Si el racismo es tan insidioso es porque empieza en casa, en las escuelas y las fiestas. La vida privada se extiende a la vida pública. Estudios demuestran que la gente piensa automáticamente que una persona con tez blanca es más rica, honesta y respetable que una persona con tez oscura. En el discurso que se ha construido contra la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación abundan elementos racistas. Se les vitupera por una serie de estereotipos: se les señala de primitivos, revoltosos, flojos e ignorantes, sin tomar en cuenta sus realidades culturales y sociales. Si queremos superarlo primero necesitamos reconocer el racismo y después combatirlo.

¿Por qué los medios también no han tomado la iniciativa de combatirlo?

Llevo años preguntándoles a los publicistas por qué excluyen sistemáticamente a personas que tienen el tipo físico de 90% de la población de México. Hasta ahora no he tenido una respuesta clara. ¿Es simplemente porque son racistas, pura y llanamente consideran que los morenos son feos? Algunos en verdad lo creen. ¿O es que tienen estudios que demuestran que la gente morena de México no quiere comprar los productos que compran sus similares? Las televisoras privadas son brutalmente racistas, a pesar de que la concesión es pública hacen lo que quieren y carecen del menor sentido de responsabilidad social. Es decir, son racistas porque pueden y porque nadie les ha dicho que no lo sean. En el fondo piensan que por ser blancos, son más bonitos y mejores que la gente morena.

En términos globales pare reforzarse una tendencia racista. La vemos con Donald Trump, los últimos eventos en Estados Unidos, el Brexit, el renacimiento de los nacionalismos en Europa y la aversión a los migrantes.

El racismo siempre ha sido un fenómeno global. Los movimientos migratorios han provocado su recrudecimiento en las últimas décadas. Los mexicanos deberíamos de ocuparnos en no ser parte de esta nueva oleada. Es verdad que el racismo mexicano es menos violento que el estadounidense. Aquí no ha habido Ku Klux Klan, ni tampoco se lincha a personas por su color de piel; pero en cambio, aquí una élite margina al 90% de la población, en ese sentido nos parecemos más a Sudáfrica, donde la población blanca, el 10% del total de los habitantes, excluyó durante todo el siglo XX a los negros del poder y de la democracia.

Fuente: http://aristeguinoticias.com/1007/lomasdestacado/el-racismo-en-mexico-se-suma-a-otras-formas-de-desigualdad-federico-navarrete/

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The Racist Killing Machine in the Age of Anti-Politics

Por: Henry A. Giroux

The killing machine has become spectacularized, endlessly looped through the mainstream cultural apparatuses both as a way to increase ratings and as an unconscious testimony to the ruthlessness of the violence waged by a racist state. Once again, Americans and the rest of the world are witness to a brutal killing machine, a form of domestic terrorism, responsible for the deaths of Philando Castile and Alton Sterling who were shot point blank by white policemen who follow the script of a racist policy of disposability that suggests that black lives not only do not matter, but that black people can be killed with impunity since the police in the United States are rarely held accountable for such crimes.

In the Castile case, the police fired into the car with a child in the back seat–a point rarely mentioned in the mainstream press. At the same time, the power of violence as a tool for expending rage and addressing deeply felt injustices has resulted in a young black man mimicking the tools of state violence by deliberately killing five police officers and wounding seven others in Dallas, Texas. This is a horrendous and despicable act of violence but it must be understood in a system in which violence is disproportionately waged against poor blacks, immigrants, Muslims, and others who are now defined as excess and pathologized as disposable. The killings in Dallas speak to a brutal mindset and culture of mistrust and fear in which violence has become the only legitimate form of mediation

In the increasingly violent landscape of anti-politics, mediation disappears, dissent is squelched, repression operates with impunity, the ethical imagination withers, and the power of representation is on the side of spectacularized state violence. Violence both at the level of the state and in the hands of everyday citizens has become a substitute for genuine forms of agency, citizenship, and mutually informed dialogue and community interaction.

Etienne Balibar has pointed out that “as citizenship is emptied of its content,”[i] the right to be represented is ceded to the financial elite and the institutions of repression or what Althusser once called the “repressive state apparatuses.” Under such circumstances, politics is replaced by a form of “antipolitics” in which the representative and repressive machineries of the state combine to objectify, dehumanize, and humiliate through racial profiling, eliminate crucial social provisions, transform poor black neighborhoods into war zones, militarize the police, undermine the system of justice, and all too willingly use violence to both to punish blacks and to signal to them that any form of dissent can cost them their lives. But such apparatuses do more, they willfully exclude and repress the historical memories of racial violence waged by both the police and other racist institutions.[ii] They have no choice since such histories point to the deeply embedded structural nature of such violence as a reproach to the bad cops theory of racist violence.

What we are observing is not simply the overt face of a militarized police culture, the lack of community policing, deeply entrenched anti-democratic tendencies, or the toxic consequences of a culture of violence that saturates every day life. We are in a new historical era, one that is marked a culture of lawlessness, extreme violence, and disposability, fueled, in part, by a culture of fear, a war on terror, and a deeply overt racist culture that is unapologetic in its disciplinary and exclusionary practices. This deep seated racism is reinforced by a culture of cruelty that is the modus operandi of neoliberal capitalism–a cage culture, a culture of combat, a hyper masculine culture that views killing those most vulnerable as sport, entertainment, and policy.

The United States is in the midst of a crisis of of governance, author­ity, and representation and as historical narratives of injustice and resistance fade there emerges a further crisis of individual and collective agency, along with a crisis of the identity and purpose regarding the very meaning of governance. As democratic public spheres disappear and the state increasing turns to violence to address social problems, lawlessness becomes normalized and violence becomes the only form of mediation. This is fueled by a discourse of objectification, and a race-based culture of pathology, which often finds expression not only in police violence but also in scattered mass shootings and a tsunami of everyday violence in America’s major cities, such as Chicago. Politics has been emptied out, lacking any representative substance, and opens the social landscape to the dangerous forces of right-wing populism and ultra-nationalism, both of which are deeply racist in their ideological discourse and their relationship to those excluded others.

Americans are witnessing not simply the breakdown of democracy but the legitimization of a society in the grips of what might be called a politics of domestic terrorism, a kind of anti-politics that rejects the underlying values of a democracy and is unwilling to reclaim its democratic tendencies while deepening its civic principles. The U.S. is deep into the entrails of an updated authoritarianism and until that is recognized under such circumstances violence will escalate, people of color will be killed, whites will claim they are the real victims, and the discourse of racial objectification will become, as it has, a visible if not embraced signpost of an anti-politics that defines the varied landscapes of power and institutions of everyday life.

The ultimate mark of terrorism both domestic and foreign is a hatred of the other, a certainty that defines dialogue, an ignorance that embraces the power of the mob and the redemptive force of the savior. As America moves dangerously close to embracing such an authoritarian social order and the politicians who endorse it, indiscriminate and intolerable violence will assume a kind of legitimacy that allows people to look away, refuse to recognize their own powerlessness, and align them with a barbarism in the making. All of this bears the weight of a history in which such indifference is easily transformed into the worst forms of state violence. The face of white supremacy and state terrorism, with its long legacy of slavery, lynching, and brutality has become normalized, if not supported by one major political party, a large percentage of the public endorsing Donald Trump, and a corporate and financial elite wedded only to increasing their power and profits. We are in a new historical era that is widening the scope and range of violence-an expansive age of disposability that widens the net of those considered expendable if not dangerous.

Some conservatives such as David Brooks have argued that the collapse of character and the rise of a form of political narcissism are producing deeply troubling forms of authoritarianism.[iii] That analysis is too facile, and ignores the underlying social, economic, and political conditions that concentrate power in very few hands, distribute wealth largely to the upper 1 percent, eliminate social services, and destroy those institutions capable of producing a culture of critique, empathy, and engaged citizenship. The old age of the social contract and social democracy is dead; the economic foundations that once supported large segments of the working class have been destroyed by the forces of globalization; and the promise of a collective ethical imagination has given way to the tawdry self-indulgence and self-interest that drives a consumer and celebrity culture. Not only have too many Americans become prisoners of their own experience, they also  have become passive in the face of state violence, a culture of extreme violence, and a web of mainstream cultural apparatuses that trade in violence as sport and entertainment.

Racism is one register of such violence, but in the age of cell phones and video cameras it has become more visible, and its brutalizing imagery contains the possibility for mobilizing social formations such as the Black Lives Matter Movement to both expose and eliminate its underlying ideologies and structures. At the same time, such blatant acts of racism offer a false sense of community to those being organized around hate and anger, resulting in a blind devotion to false prophets, such as Donald Trump, who trade in fear and despair.

Let’s hope that the current crisis we are witnessing as it appears to unfold daily will transform cries of collective outrage into a social movement that is organized around a call for economic and social justice, one less intent on calling for reforms than for eliminating a neoliberal economic order steeped in corruption, racism, and violence.

Notes.

[i] Etienne Balibar, “Uprisings in Banlieues,” Equaliberty, [Durham: Duke University, 2014] pp. 252

[ii] See, for instance, Jerome H. Skolnick, The Politics of Protest: Task Force on Violent Aspects of Protest and Confrontation of the National Commission on the Causes and Prevention of Violence 2nd Revised edition (New York: NYU Press, 2010). Also see Jonathan Simon,Governing Through Crime: How the War on Crime Transformed American Democracy and Created a Culture of Fear (New York: Oxford University Press, 2009).

[iii] David Brooks, “The Governing Cancer of Our Times,” The New York Times, [February 26, 2016] Online: http://www.nytimes.com/2016/02/26/opinion/the-governing-cancer-of-our-time.html?_r=0

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