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Henry Giroux, la derecha y la educación

Por: Juan Carlos Miranda Arroyo

«La derecha en EU ve a la violencia como una solución para abordar los problemas políticos»

Hace unas semanas encontré un interesante ensayo del profesor Henry Giroux, académico de la Universidad McMaster, en el cual aborda los temas de la violencia de la derecha en Estados Unidos, el autoritarismo implícito y los desafíos educativos de nuestro tiempo. (1)

Por considerarlo de interés y actualidad, pongo a su consideración algunos fragmentos del texto mencionado, intercalo algunas reflexiones en torno a ellos y trato de conectarlos con nuestra realidad política y educativa en México.

Afirma Giroux: “El futuro de la democracia en Estados Unidos no estará determinado por las malas decisiones de un grupo reaccionario de jueces de la Corte Suprema. Tampoco se decidirá por la existencia de leyes de supresión de votantes, la ubicuidad de la gran mentira, la desigualdad estructural masiva o el ascenso del nacionalismo blanco a los centros de poder y una política dominada por la ideología supremacista blanca. Tampoco lo decidirá el acelerador retórico que produce sin cesar el ex presidente Trump con sus frecuentes alusiones a la violencia y la revuelta armada. Lo decidirá el creciente colapso de la conciencia, el socavamiento de la verdad y una conciencia de masas que apoya la violencia como arma central para el cambio social.” (2)

Lamentablemente, las formas que ha asumido la violencia como valor político y social no solamente son desviaciones incivilizadas que han inundado a la nación estadounidense, sino también han llegado a una importante cantidad de naciones de América Latina (como el caso de México) y el mundo.

“La violencia en los Estados Unidos se ha acelerado. Sobre la base de una historia de desechabilidad, genocidio y militarismo, ha ganado cada vez más apoyo, particularmente entre el Partido Republicano, como un camino potencialmente justificable al poder.”… “Los extremistas de derecha han redefinido la noción de libertad separándola de cualquier sentido del bien común y las consideraciones éticas, al tiempo que reducen cualquier vestigio de libertad a un derecho individual y totalmente privatizado. Imitando los valores neoliberales, la libertad ahora huye hacia adentro, reducida a un egocentrismo casi patológico que es cada vez más hostil al bien común, las cuestiones de apoyo mutuo y la responsabilidad social.”

La noción de derechos colectivos se ha erosionado para dar lugar, cada vez con mayor vehemencia, al derecho individual; como si éste fuera producto de una reivindicación por la conservación de la infraestructura productiva y la propiedad privada.

“El lenguaje de la violencia se ha normalizado en un Partido Republicano indiferente a sus elementos marginales que amenazan cada vez más la vida de los políticos con los que no están de acuerdo. Además, se ha instalado en la conciencia colectiva de un gran segmento del público como una forma rutinaria de abordar los problemas sociales, impulsar la retórica política y aniquilar la disidencia y la resistencia. La violencia define ahora la esencia misma de la política y se ha convertido cada vez más en un elemento rutinario de la vida cotidiana.”

La censura del pensamiento crítico, la represión hacia las protestas callejeras por pedir justicia y cuentas a los gobernantes, así como la negación de los espacios públicos para hacer conciencia sobre los problemas ambientales o raciales, han marcado la agenda de la derecha en el país vecino del norte.

“La guerra republicana contra la razón, la educación crítica y el pensamiento en sí está funcionando. Mucha gente en los Estados Unidos acepta cada vez más la violencia como una solución para abordar los problemas políticos. El lenguaje del militarismo y la violencia domina gran parte de las redes sociales de derecha y su alcance pedagógico sigue creciendo. Por ejemplo, la creciente amenaza del extremismo es evidente en la creciente cultura del racismo alimentada por el Partido Republicano y sus acólitos.”

Pero las olas conservadoras y los usos de la violencia de la extrema derecha no sólo caminan por los pasillos de la política electoral, sino que también transitan por los espacios ocupados por los poderosos medios de comunicación de masas.

“La insurrección del 6 de enero fue una etapa en la evolución de una política que ahora consagra la violencia como un camino potencial hacia el poder. El terror racial y una llamada de atención a la violencia dominan la política estadounidense, amplificada por una prensa dominante que se niega a nombrarla como una forma de política fascista, y una prensa de derecha que se deleita con una cultura espectacularizada de amenazas y violencia.”

Cuidado con los excesos en los procesos de militarización

“La guerra, el militarismo y la violencia dominan ahora la imaginación pública en los Estados Unidos. Detrás de los diversos intentos de los republicanos de derecha de destruir la educación pública, anular los resultados electorales, subvertir los derechos al aborto, producir formas malignas de anarquía en diferentes formas de privación de derechos, se encuentra un objetivo a largo plazo de destruir cualquier vestigio de democracia y las instituciones públicas que apoyan eso. Hay más en juego aquí que la degradación de la política.”

“Si la gente no puede escapar de la maquinaria de terror ideológico de la cultura que los convence de que todos sus problemas son una cuestión de responsabilidad individual, eso importa de clase, racismo, misoginia y otras formas de opresión no son sistémicas, y que la privatización de todo no debe ser vista como una forma poderosa de despolitización, Estados Unidos pronto se moverá hacia un orden social fascista completamente renovado. No hay democracia genuina.”

Reflexiones sobre el papel de la educación

Giroux se pregunta: “¿Qué significa abordar la educación en una época de tiranía? ¿Cómo podría la educación convertirse en un elemento central de la política y asumir el objetivo de educar a los estudiantes y al público para que piensen críticamente y aprendan a desafiar a los perpetradores de la supremacía blanca y la violencia social? …La educación en su máxima expresión debe definirse como un bien público, uno que se tome en serio la necesidad de crear ciudadanos críticos, informados y comprometidos. Como tal, no solo debe proporcionar las condiciones pedagógicas para que los estudiantes tengan conocimientos, se apropien críticamente de lo mejor de la Ilustración y otras tradiciones, sino que también debe infundir las artes liberales, si no todos los elementos de la educación, con un sentido social, ético y público, de responsabilidad.”

Recomiendo la lectura del texto completo (ver referencia al final), así como a hacer una revisión exhaustiva de la obra de Giroux, porque es probable que algunas de las claves críticas registradas en sus libros, nos ofrezcan elementos para comprender los códigos y las fibras más finas del poder político, económico y cultural que domina a nuestros países.

Nota y fuente consultada:

(1) Henry Giroux fue profesor de educación en la Universidad de Boston entre 1977 y 1983. Desde 2004 trabaja en la Universidad McMaster, donde actualmente imparte materias sobre Cadenas globales de televisión en la carrera de ciencias de la comunicación. Entre otros libros, es autor de: Ideology, Culture and the Process of Schooling (1981).

(2) Henry Giroux. “Contraataque: El autoritarismo de derecha y la crisis de la educación.” Diario de Badlands. Justicia social, económica y ambiental. 11 de dic., 2021.

https://badlandsjournal.com/node/2792

Juan Carlos Miranda Arroyo en Twitter: @jcma23

Fuente: https://profelandia.com/henry-giroux-la-derecha-y-la-educacion/

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Libro (PDF): Resistir al neoliberalismo. Comunidades y autonomías

Reseña: CLACSO

*Disponible sólo en versión digital

En Resistir al neoliberalismo. Comunidades y autonomías Pilar Calveiro no se centra en las características del neoliberalismo sino, como su nombre lo in­di­ca, en la posibilidad y la potencia de las resistencias comunitarias. Para ello retoma la discusión sobre los rasgos violentos y autoritarios del neoliberalis mo, desarrollados en textos anteriores, enfatizando ahora en la conforma­ción de redes de poder que rebasan al aparato estatal. Ello obliga a desplazar el foco de análisis, del Estado y sus responsabilidades directas o indirectas, a la gubernamentalidad neoliberal, como una trama más densa y compleja. Se trata de observar la articulación de las redes de poder legal/ilegales y pú­blico/privadas que, en el neoliberalismo, ejecutan diversas violencias orien­tadas a desarrollar verdaderas políticas del miedo. Las desprotección social, así como las distintas violencias inherentes al neoliberalismo, genera miedos difusos, que se dirigen intencionalmente hacia el Otro —migrante, terrorista, indígena, criminal— y se utilizan como mecanismo de control poblacional. Las prácticas de desposesión, propias de este modelo, echan mano del miedo eincluso del terror para consumar sus objetivos de muerte.

Autora: Pilar Calveiro

Editorial/Edición: CLACSO. Siglo XXI.

Año de publicación: 2021

País (es): Argentina. México

ISBN: 978-987-813-047-7

Idioma: Español

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Fuente e Imagen: https://www.clacso.org.ar/libreria-latinoamericana/libro_detalle.php?orden=&id_libro=2420&pageNum_rs_libros=0&totalRows_rs_libros=1588

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Libro(PDF): Infraestructuras de transporte y disputas territoriales. La IIRSA en Santa Fe

Reseña: CLACSO

*Disponible sólo en versión digital

América Latina adoptó en las últimas dos décadas proyectos de integración e infraestructura diseñados por instituciones supranacionales, con el objetivo de reconvertir los macro-sistemas de transporte existentes y adaptarlos a los requerimientos del comercio internacional. Desarrollo e infraestructura son dos conceptos emparentados e interdependientes de estos programas de integración física de la región y han logrado relevancia, convirtiéndose prácticamente en conceptos de sentido común ligados simbólicamente al crecimiento, el bienestar, la productividad. Paralelamente, los debates y discusiones sobre infraestructura y desarrollo presentes en las ciencias sociales desde perspectivas criticas han tenido en estos años la tarea de desentramar la matriz colonial que encubren los conceptos y las iniciativas de integración, el desarrollo geográfico desigual que las mega obras imponen sobre los territorios, las tensiones, los conflictos y las resistencias. En este trabajo se estudian las transformaciones en transporte y logística de la ciudad de Santa Fe y las disputas sociales y ambientales generadas en un territorio considerado como estratégico en la circulación de flujos. Se hace foco en el rol de los movimientos socioterritoriales como sujetos que resisten desde el lugar a las formas hegemónicas de uso del espacio geográfico en un contexto de expansión de los extractivismos en la región.

Autoras(es):  Álvaro Álvarez. [Autor]

Editorial/Edición: CLACSO.

Año de publicación: 2021

País (es): Argentina

ISBN: 978-987-722-985-1

Idioma: Español

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Fuente e Imagen: https://www.clacso.org.ar/libreria-latinoamericana/libro_detalle.php?orden=&id_libro=2385&pageNum_rs_libros=0&totalRows_rs_libros=1561

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Libro (Pdf) Geografías del Conflicto: Crisis Civilizatoria, Resistencias y Construcciones Populares en la Periferia Capitalista

¿La pandemia de hoy o el capitalismo de siempre

Fuentes: Tierra viva/Laura Álvarez Huwiler

Nuevo libro: «Geografías del conflicto». Compilado por Daiana Melón y Mariana Relli Ugartamendía, aborda desde la pandemia al modelo agropecuario, de los humedales a la crisis habitacional, la crisis civilizatoria y las construcciones de alternativas populares. Material de libre descarga, compartimos uno de los quince capítulos.

“En esta confluencia de crisis sociales y ecológicas, ya no podemos permitirnos ser poco imaginativos; no podemos permitirnos soslayar el pensamiento utópico. Estas crisis son demasiado serias y las posibilidades demasiado avasallantes como para ser resueltas con las formas tradicionales de pensamiento, que son justamente las productoras de estas crisis”, escribía Murray Bookchin en 1972, sin haber vivido la actual crisis sanitaria desatada por el virus Covid-19. Quizás no imaginó específicamente esta pandemia, pero sí previó, como otras y otros ecologistas, las brutales consecuencias de un accionar cada vez más avasallante y destructor que como sociedad estamos teniendo sobre la naturaleza.

El 2020 ha sido, hasta ahora, aunque con diferencias dependiendo el lugar, un año trágico para la humanidad entera: colapsos de los sistemas de salud, muertes, encierro y la consecuente pérdida de socialización para personas adultas y jóvenes, una crisis económica mundial sólo comparable con la crisis del treinta, con sus correlatos de mayor desigualdad, desocupación y pobreza, por mencionar sólo algunas de las consecuencias más inmediatas de esta pandemia.

Según la propia Vicesecretaria General de las Naciones Unidas, Amina J. Mohammed, “entre 70 y 100 millones de personas podrían verse empujadas a la pobreza extrema; 265 millones de personas más podrían enfrentar una grave escasez de alimentos a fines de este año, y se estima que se han perdido 400 millones de puestos de trabajo, por supuesto, afectando de manera desproporcionada a las mujeres” [1].

A pesar de los diferentes análisis que pueden encontrarse sobre el origen y desarrollo de la pandemia del coronavirus, gran parte de los científicos y las científicas, incluso los de la “ciencia hegemónica”, coinciden en que es innegable la relación causal entre esta pandemia y los problemas causados por la destrucción de la biodiversidad [2]. Y esta destrucción de la biodiversidad existe gracias a una forma particular que cobra la escisión entre la sociedad y la naturaleza en el sistema capitalista. La sociedad capitalista no solo reproduce una objetivación de la naturaleza previa a este sistema, sino que además la mercantiliza, es decir, la convierte en recurso económico, elegantemente denominado como “recurso natural”.

Hoy más que nunca, debido a las visibles consecuencias de la actual pandemia, debemos cuestionar esta conversión de la naturaleza en recurso económico, como lo viene haciendo el movimiento socioambiental en las luchas en defensa de los bienes comunes. Pero esta mercantilización de la naturaleza, sin embargo, no es un hecho aislado, sino que es parte de la maquinaria irracional de producir, vender y consumir que en este sistema tiene como fin principal la generación de la rentabilidad capitalista.

Como parte de esta maquinaria irracional, por un lado, los gobiernos, los grandes laboratorios y las universidades vienen persiguiendo, desesperadamente, la vacuna contra esta enfermedad. Aunque, “si este tipo de pandemias echa raíces en las tramas de la producción capitalista, ¿cómo puede una vacuna ser la solución que todos esperamos?”, se pregunta Rob Wallace, investigador en la Universidad de Minnesotta [3].

Por otro lado, en simultáneo, los gobiernos buscan una solución inmediata que revierta la crisis económica que estamos atravesando, como la desesperada búsqueda de inversiones por las cuales los Estados capitalistas compiten, promocionando actividades rentables para las grandes empresas del mundo. Entre estas actividades se encuentran las causantes de un cambio ambiental global, es decir, las responsables de estas pandemias. Y, además, son causantes del cambio climático que ya está generando tantos o más desastres que el propio coronavirus, con sequías, deforestación e inundaciones, por mencionar sólo algunos de sus efectos.

Por lo tanto, cualquier salida que busquemos para terminar con las pandemias, deberá generar cambios profundos en la forma de producción, y, a su vez, debemos discutir quién decide qué y para qué producimos como sociedad. Tendremos que cuestionar si lo define la rentabilidad capitalista o las necesidades de las poblaciones. Pero, además, deberemos reflexionar sobre cuáles son las necesidades de la población, porque en el capitalismo no solo las cosas se fetichizan, sino también nuestras necesidades. Éstas, digamos, adquieren vida propia. Así, por ejemplo, se naturaliza la necesidad de producir por producir y consumir por consumir, transformando a “crecer o morir” o a “comprar o morir” en máximas de la sociedad actual, tal como decía Bookchin (1972).

Para terminar con este mundo de pandemias, entonces, no basta pensar cómo haremos para abastecer todas nuestras necesidades, sino que también debemos cuestionarnos acerca de nuestras propias necesidades.

Sin embargo, sólo podrán impulsar un cuestionamiento de este tipo sujetos libres para elegir sus necesidades, no para elegir ofertas en tiendas de supermercado; sujetos libres para modificar una forma de producción generadora de pandemias y, antes que nada, para modificar la finalidad de esa producción.

Pero lejos de una búsqueda de soluciones profundas, se nos presentan cotidianamente propuestas de salidas falsas a este problema, sean mágicas o simplemente superficiales, como lo son las que impulsan bonos verdes, energías limpias, explotación de la naturaleza en manos de empresas estatales, entre otras.

Una solución profunda no puede reducirse a una discusión de quiénes y cuánto tienen que pagar por destruir la naturaleza, desforestar, verter líquidos contaminantes o agrotóxicos en ríos. Es decir, esta solución no puede limitarse a impulsar políticas que busquen que los precios incorporen el costo de las “externalidades”.

En otras palabras, no se trata de plantear impuestos, propuesta histórica neoliberal, aunque ahora se vista con camisas progresistas. Su ya vieja y conocida proclama de “el que contamina paga” significa determinar un precio para la destrucción de la naturaleza y de nuestros cuerpos. De todos modos, incluso introduciéndonos en la lógica de los profetas de los impuestos verdes y sus amigos desarrollistas, surge el interrogante de cómo calcularían, a la luz de la situación actual, es decir, de una crisis económica y social sin precedentes, los “costos” en cuestión.

Tampoco puede restringirse la solución a una propuesta de “energías más limpias” llevadas adelante por una sociedad irracional, que las transformará en nuevos mercados para el capital. Las propuestas mágicas de un “capitalismo verde” no pueden ser la consigna de quienes busquen una solución real a este mundo de pandemias. Porque aquella irracionalidad, así como la objetivación de la naturaleza y del trabajo humano en tanto recursos para la rentabilidad, son inseparables de la esencia del sistema capitalista en el que vivimos.

Mucho menos puede reducirse a una discusión sobre si la explotación y destrucción de la naturaleza debería hacerse de forma privada –sea ésta con capitales nacionales o extranjeros–, estatal o mixta. Es decir, no importa quién destruye la biodiversidad, sino la destrucción misma. Así como no importa si quien explota a las trabajadoras es un capitalista bueno o malo, si nació en la Patagonia o en Alemania. La destrucción de la naturaleza y la explotación del trabajo humano no saben de banderas.

Por último, sobre todo no encontraremos la solución cuestionando el mal -o sub-desarrollo- que padecemos, ilusionándonos con un mejor o mayor desarrollo. Una ecología crítica no puede someterse a la promoción de un desarrollo sin más, sino que debe desnaturalizar la necesidad de ser una sociedad más y más productiva, es decir, desfetichizar la necesidad de producir de forma eficiente como objetivo en sí mismo, porque la “productividad” así como las “necesidades humanas” no pueden desprenderse del contexto social en el que surgen.

La productividad -o eficiencia- en el capitalismo se nos impone como imperativo, como meta para alcanzar un desarrollo que la sociedad ya no se cuestiona. Y la productividad en el sistema actual implica, en un país como Argentina, la necesidad de producir más commodities para exportar o para atraer inversiones extranjeras. Y, entonces, por ejemplo, para que la minería tenga una producción eficiente, sea más productiva y, por lo tanto, genere más divisas, tendrá que dinamitar montañas y utilizar grandes cantidades de agua y energía, contaminar ríos, es decir, generar “externalidades”, o sea, destruir la naturaleza [4].

Tampoco la agroindustria podría ser más productiva en este mundo dominado por la competencia y la rentabilidad capitalista dejando de utilizar agrotóxicos que generan, entre otras consecuencias, contaminación en los suelos y en los cuerpos de las personas, es decir, otras “externalidades” [5]. Por lo tanto, la búsqueda de una mayor productividad en este mundo gobernado por la rentabilidad capitalista, solo puede traducirse en más despojo y destrucción de la naturaleza. Pero no necesariamente porque todos los empresarios o los gobiernos estén ansiosos por contaminarnos, sino porque esta es la manera de hacerlo en un mundo irracional gobernado por la rentabilidad.

Por lo tanto, en lugar de ilusionarnos con regresar a esa “normalidad” que causó esta pandemia mundial, deberíamos detenernos a observar que cuando la máquina de producir, comprar y consumir se frenó como resultado de la cuarentena, se produjo una caída sin precedentes de la emisión de dióxido de carbono (CO2), una de las principales causantes del cambio climático. Por un momento, la naturaleza respiró, vimos más pájaros y más estrellas. Pero solo por un momento. Porque nuestros gobiernos no están frenando la maquinaria para pensar si podemos como humanidad producir de otra manera, para repensar nuestras necesidades reales y para que pensemos en cómo usar esa capacidad de enfrentar, dominar y destruir a la naturaleza, en reconstruir creativamente una nueva forma de reconciliarnos con ella.

Pero no hay tiempo para estas reflexiones, porque tenemos que pagar la deuda, salir de la crisis, buscar inversores, exportar, destruir montañas, contaminar aguas, incendiar bosques, destruir humedales para producir soja, impulsar proyectos de criaderos industriales de cerdos a gran escala, aunque puedan generar nuevas zoonosis y más. Eso nos dicen los gobiernos y eso es lo que están haciendo para buscar una “reactivación económica”. Es decir, volver a una, y quizás más fuerte, “normalidad” a la cual, como decía una pared de Hong Kong, no podemos retornar porque la normalidad era precisamente el problema.

Pero mientras empresarios y gobiernos buscan nuevos negocios pandémicos, en nuestra contradictoria sociedad se generan voces críticas, etiquetadas por los de arriba como “antidesarrollistas” o incluso “ecoterroristas”. Voces algunas sueltas y otras organizadas en asambleas, que se atreven a cuestionar los “bellos” discursos desarrollistas; que comenzaron a defender lo que quizás aún no identificaban como “bien común”, porque éstos eran sólo “el bosque”, “el cielo”, “el río”, “el agua”; y hubieran seguido existiendo como tales si una empresa o el Estado no hubieran dicho “¡esto es mío, lo voy a destruir para hacer dinero!”.

Sólo a partir de ese momento, aquello que era parte de un “entorno natural”, esas montañas, esos ríos, esos bosques, ese cielo y esa agua, empiezan a transformarse en un proceso de defender lo común.

La idea de “bienes comunes” se opone entonces a la de “recursos naturales”, en tanto representación de la mercantilización de la naturaleza.

Pero no debe enfrentarse para generar una nueva objetivación de la naturaleza, es decir, en tanto lista de “objetos naturales, pero ahora comunes” como algo preexistente a las luchas socioambientales, sino, justamente, para desfetichizar esa objetivación de la relación de dominación, para ir destruyendo aquella relación de dominación como modo predominante de relacionarnos con la naturaleza.

En sus proclamas “contra el saqueo y la contaminación”, esas voces que se multiplican buscan discutir la necesidad de más desarrollo capitalista y defender su derecho a la autodeterminación, porque para solucionar los problemas de raíz, esas voces saben que debemos construir relaciones diferentes, tanto entre seres humanos como con la naturaleza.

Cuestionar la relación de dominación de la humanidad sobre la naturaleza se va aunando así con una lucha contra la propia dominación de una parte de la humanidad por otra. Dominación que, como la maquinaria de necesitar, producir, consumir y comprar, no nos es impuesta desde afuera, sino que la hacemos funcionar a diario como sociedad.

Por ello, no es casualidad que estas voces busquen el modo asambleario como otra forma de hacer política no jerárquica, como otro modo de tomar decisiones, aunque no sin contradicciones, no sin frustraciones, no sin tropiezos, no sin vicios propios “heredados” de una sociedad capitalista, por lo tanto, irracional, patriarcal y jerárquica. Ninguna forma asamblearia, ni defensa ecologista en este mundo puede desprenderse del todo, como las necesidades sociales, del mundo en el que nacen. Pero, ahora, la búsqueda de una sociedad verdaderamente libre, no jerárquica y racional, que pueda definir sus necesidades, se hace sumamente imprescindible. Porque sabemos las y los ecologistas críticos que, si la sociedad actual continúa con este proceso de destrucción de la biodiversidad, es muy probable que, lejos de dominar completamente a la naturaleza como pretendería la soberbia humana, ésta sea incapaz de sustentarnos como especie.

Descarga el libro aquí: https://muchosmundosediciones.files.wordpress.com/2021/05/geografias-del-conflicto-1.pdf

Referencias bibliográficas

Álvarez Huwiler, L. (2017). Minería, dinamismo y despojo. RELACSO, 10.

Bookchin, M. [1999, (1972)]. La ecología de la libertad. Madrid: Nossa y Jara Editores.

Schmidt, M. y Toledo López, V. (2018). Agronegocio, impactos ambientales y conflictos por el uso de agroquímicos en el norte argentino. Revista Kavilando, 10 (1), 162-179.

Notas

[1] Noticias ONU, “La recuperación de la crisis económica debida al Covid-19, a debate en la ONU”, 8/9/2020.

[2] Puede leerse en el informe elaborado por 22 especialistas en el tema, convocados por la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas. https://ipbes.net/pandemics, 2020.

[3] El Salto, “Rob Wallace: Las vacunas pueden ayudar, pero hay que intervenir para que la Covid-19 no sea seguida de la Covid-20, Covid-21, etc.”, 16/11/2020.

[4] Para más información sobre las características que asumió la nueva forma de

producción minera a gran escala, puede leerse Álvarez Huwiler (2017).

[5] Para más información sobre las características del agronegocio y sus consecuencias ambientales y en la salud de la población, véase Schmidt, M., y Toledo López, V. (2018).

Laura Álvarez Huwiler. Investigadora del Centro de Investigación en Economía y Sociedad de la Argentina Contemporánea (UNQ) y Profesora en la UNAJ. Correo electrónico: lauralvhu@gmail.com

Fuente: https://agenciatierraviva.com.ar/la-pandemia-de-hoy-o-el-capitalismo-de-siempre/

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Libro(PDF): Conflictos territoriales y territorialidades en disputa: Re-existencias y horizontes societales frente al capital en América Latina

Reseña: CLACSO 

*Disponible sólo en versión digital

El presente libro colectivo que nos propusimos gestar y que ahora presentamos, tiene por objeto compendiar y difundir los avances de los procesos de diálogo de saberes y construcción de conocimiento que hemos ido produciendo en torno a las problemáticas territoriales en nuestra región, en términos de tensiones, transformaciones y re-existencias territoriales; territorios en disputa: territorialidades hegemónicas y territorialidades insurgentes.

Autor: Pabel López. Milson Betancourt. [Coordinadores]

Pabel López. Milson Betancourt. Carlos Walter Porto Gonçalves. Maristella Svampa. Valter do Carmo Cruz. Paola Bolados García. Carmela Cariño Trujillo. Marielle Palau. Leonardo Tamburini. Beth Geglia. Alejandro Retamal Maldonado. Juan Wahren. Leandro Bonecini de Almeida. Bárbara Jerez Henríquez. Alessandro Peregalli. Emiliano Teran Mantovani. [Autoras y Autores de Capítulo]

Editorial/Edición: CLACSO.

Año de publicación: 2021

País (es): Argentina

ISBN: 978-987-722-901-1

Idioma: Español

Descarga: Conflictos territoriales y territorialidades en disputa: Re-existencias y horizontes societales frente al capital en América Latina

Fuente e Imagen: https://www.clacso.org.ar/libreria-latinoamericana/libro_detalle.php?orden=&id_libro=2363&pageNum_rs_libros=0&totalRows_rs_libros=1537

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1968, el mayo francés y la Educación, hoy

Por: Juan Carlos Miranda Arroyo

Así, el poder cuestionado, por sus autoritarismos, no pudo contener ni controlar la fuerza rebelde y contestataria de las y los estudiantes…

Con la firma de David Dusster, el sitio en internet del diario La Vanguardia publicó, en diciembre de 2020, un texto que lleva por título: “El mayo de 1968 en diez claves” (1), en el cual presenta una síntesis de la revuelta social escenificada en la capital parisina, que este mes cumple 53 años. Se trata de hechos, ideas, debates, movilizaciones y resistencias de hace más de medio siglo, y que hoy en día se mantienen vigentes.

Dusster describe a la revuelta estudiantil y de trabajadores en mayo de 1968, así: “El 3 de mayo los estudiantes de la Universidad de Nanterre, que acababa de ser clausurada, se trasladaron a la Sorbona (una protesta contra la guerra del Vietnam fue el detonante. La detención de un universitario espoleó la revuelta. Empezaron las reivindicaciones y las ocupaciones del centro docente). La policía intervino. Hubo 600 detenidos. Se levantaron barricadas. Dos semanas después había diez millones de obreros que secundaban la huelga general convocada por los sindicatos en una paralización sin precedentes en la Francia de las postguerras. La República francesa temblaba. No funcionaban los trenes, ni las fábricas, ni los aeropuertos. Prácticamente ningún coche circulaba en París. La televisión y la radio públicas secundaban la huelga. Hasta el Festival de Cannes de cine se interrumpió. Pese a que la calma regresó en junio, nada volvería a ser igual.”

Hace tres años, el 23 de mayo de 2018, escribí lo siguiente en este generoso espacio a propósito de la conmemoración de estas fechas: Me pregunto, después de 50 años de revueltas callejeras, de consignas ingeniosas e irreverentes, de construcciones y “deconstrucciones”, (como diría Jacques Derrida); de rupturas y quiebres protagonizados por estudiantes y trabajadores:

¿Qué hemos aprendido, como sociedad, durante estas cinco décadas de lucha, resistencias y generación de conciencias críticas desde los espacios educativos?

¿Cómo se han transformado las relaciones políticas, económicas, sociales y culturales durante este lapso? ¿Cuál es el estado de cuenta o cómo se encuentra la factura del “autoritarismo” ejercido por los gobiernos y padecido por las y los gobernados? ¿Qué avances se han logrado en materia de educación cívica y ética al paso de este tiempo y el transcurrir de esas historias? ¿Cómo se han “normalizado” o “institucionalizado” los movimientos sociales durante estas cinco décadas? ¿Los estudiantes de educación media y superior, hoy, están de “Vuelta a la normalidad” en México y en el mundo?

Así, entre 1967 y 1968 (las movilizaciones más potentes se llevaron a cabo en mayo de este último año), los estudiantes de las escuelas superiores francesas (Nanterre, Nantes y la Sorbona), registraron protestas en las calles de París contra los actos de represión de las autoridades, contra el “estado de cosas” y para cambiar las “rigideces del poder”.

Fueron movimientos sociales de raíz antiautoritaria, en un inicio, que marcaron la pauta, no de manera lineal, a otras expresiones sociales durante ese mismo año en diferentes ciudades del mundo. Expresiones vivas de una sociedad que mostraba sus contradicciones y decadencia debido a los usos y abusos del poder político; así como a los usos y conflictos del poder que se producían en diversos ámbitos de la vida pública, no solamente en las relaciones interpersonales. Así, el poder cuestionado, por sus autoritarismos, no pudo contener ni controlar la fuerza rebelde y contestataria de las y los estudiantes, y trabajadores urbanos, tanto en escuelas como en fábricas e instituciones del Estado.

“El ensayo general revolucionario más influyente y menos exitoso ocurrió en Francia, y sobre todo en París, entre mayo y junio de 1968. Una revuelta que no perseguía llegar al poder sino cambiar a la sociedad, un movimiento para reivindicar más libertades en la esfera privada que cuestionó la esfera pública. Nadie lo intuyó, nadie pudo detenerlo.”, señala Dusster.

Joaquín Estefanía, citado por Dusster, en su libro Revoluciones. Cincuenta años de rebeldía, afirma sobre el 68 francés lo siguiente: “Mayo del 68 acuñó muchas causas diferentes como el ecologismo, la libertad sexual, la educación igualitaria o el feminismo; y todas fueron impulsadas como nunca antes. El mayo francés transformó ideas y valores morales, no cambió el poder ni el sistema. Fue una eclosión de libertades y causas. Los derechos civiles, el antinuclearismo, la revolución sexual, el antibelicismo tuvieron cobijo bajo un paraguas que reclamaba una nueva moral y una nueva sexualidad.”

Dusster escribió: “El espíritu de Mayo del 68 servía contra todas las discriminaciones. El historiador Pascal Ory lo describe en el semanario L’Express como el acontecimiento que hizo que se pasara de una izquierda generalista a unos izquierdismos especializados.”

¿Qué podemos recuperar de las lecciones del mayo francés y de los movimientos estudiantiles más allá de las reivindicaciones antiautoritarias?

¿Cuáles son las fibras ideológicas y programáticas que en política hoy tienen vigencia? ¿Cómo se reciclan, hoy, estos movimientos sociales? ¿Las consignas irreverentes, subversivas y de resistencia ante los abusos del poder siguen presentes? ¿De qué manera se han alimentado los movimientos sociales, reivindicatorios e independientes de los partidos políticos en México, a partir de las enseñanzas de los movimientos estudiantiles de 1968 y de las revueltas que les sucedieron?

Son algunas de las preguntas que me planteo y que sugiero echar a andar o reanudar, en estos tiempos de pandemia y post pandemia, cuando las demandas sociales por una educación pública podrían dirigirse hacia el cambio (equidad, derecho a la educación, inclusión, gratuidad, respeto a los derechos humanos y al entorno natural, diversidad, enfoque de género, no a la criminalización del aborto, acceso a la justicia sin impunidad, etc.); y cuando dichas demandas se convierten en ejes posibles para la discusión pública, con sentido crítico, durante esta tercera década del siglo XXI.

Fuente consultada:

(1) David Dusster, “El mayo de 1968 en diez claves”. Diario La Vanguardia, diciembre de 2020.

https://www.lavanguardia.com/internacional/20180506/443237104279/mayo-68-francia-revolucion.html

Fuente: 1968, el mayo francés y la Educación, hoy | Profelandia

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Cerrar un año de Encierro: ¿cuáles derechos humanos?

Por: Pietro Ameglio

Cerrar un año de Encierro: ¿cuáles derechos humanos?

Diciembre es siempre un mes muy intenso, no sólo por las festividades y fiestas, sino también porque el 10 es el Día Mundial de los Derechos Humanos, el día en que se entregan el premio nóbel oficial y el alternativo de la paz, es asimismo el tiempo final de un año que siempre es largo, y se abre el preámbulo a otro año que se ve aún más largo antes de empezar. Ahora, además, atravesados por esta pandemia que no tiene fin sino rebrotes cíclicos, que puede representar un peligro mayor para la especie, que nos ha colocado al desnudo frente al orden social en que vivimos con todas sus limitaciones, violencias y falsedades, frente a nosotros mismos y frente a los seres queridos y no que nos rodean. Tantas incertidumbres y encierros -el físico no es el peor- representan fronteras de una lucha diaria por construir y desobedecer cualquier orden de egocentrismo y egoísmo, de destrucción y autodestrucción.

La aparentemente delgada -aunque es abismal en el fondo- frontera entre ilusión y esperanza, es clave para luchar y construirse bien a uno mismo y a los demás con quienes compartimos resistencias y desafíos. La esperanza está asociada a la u-topía (algo que no tiene lugar ahora pero puede tenerlo en el futuro), tiene un principio de realidad, pero la ilusión es una quimera: ni es ni puede ser con el principio de realidad actual. La historia de nuestra especie es una continua lucha por transformar quimeras en utopías, al grado que ahora casi podríamos decir que como quimeras sólo quedan la inmortalidad, el viaje en el tiempo, la ausencia de pobreza y violencia (¿?)… y ¿cuál más? Las utopías han sido siempre un avance central para el crecimiento de la humanidad, por eso el daño es grande en esta época posmoderna del “fin de las utopías”, de las contra-utopías.

De ahí que este sea un tiempo privilegiado para renovar fuerzas y esperanzas, colectiva e individualmente. Pero ¿cuáles esperanzas renovar? No es una pregunta superficial, porque de su centralidad depende la direccionalidad de nuestras luchas, acciones y reflexiones, así como el no abatimiento, fatalismo ni conformismo.

El premio nóbel de la paz es claramente, en gran parte, un reconocimiento sobre todo político del aparato internacional, pero no deja de ser en ocasiones una referencia moral positiva, un apoyo y protección a ciertas luchas libertarias y también de tendencias políticas de los poderosos a considerar. Este año fue otorgado al Programa Mundial de Alimentos de la ONU, por sus esfuerzos en combatir el hambre en el mundo, especialmente en zonas de guerra para evitar “el uso del hambre como arma bélica”. Algo profundamente institucional -por suerte la mayoría de las veces no ha sido así-, y hacia una institución cada vez más devaluada en su poder de acción y decisión política internacional, aunque en el plano asistencial sigue teniendo aún una función ineludible básica.

A su vez, el Premio Goldman -una especie de nóbel ambiental- fue entregado a Leydy Pech Martín, comunera y apicultora indígenas maya de Campeche, de la comunidad de Hopelchén y la organización de mujeres mayas Muuch Kambal. Su lucha colectiva ha sido contra la siembra de transgénicos de Monsanto, al grado de lograr la cancelación de su permiso para la siembra de soya transgénica en la región. Particularmente Leydy, siempre amenazada, se dedica a la cría de abejas nativas, profundamente agredidas por la destrucción de bosques, las fumigaciones y plantaciones de ese tipo.

Vemos así que en tiempos de pandemia global, la paz se va acercando más al sinónimo de “salud” que de “seguridad”, en el sentido armado y militarista como ha sucedido casi siempre. Aunque ambas identidades premiadas, lo son por enfrentarse a la guerra y la violencia social.

Activistas sociales y justicia: el radical, el amoroso, el valiente, la comprometida, el firme y lxs inclaudicables.

El mayor drama de derechos humanos que se vive en la guerra en nuestro país, tiene que ver con la brutal inhumanidad de la última década, con cientos de miles de muertos -ejecutados sin enfrentamiento en su mayoría- y al menos 80 mil desaparecidos, según las últimas cifras oficiales que los familiares rechazan como demasiado cortas. Las políticas oficiales de austeridad han apuntado, en parte, a un terreno en el que no debería haberla, sino al contrario deberían multiplicarse geométricamente los recursos de búsqueda e identificación, porque un país atravesado por ese flagelo de inhumanidad e impunidad no puede considerarse “moralmente sustentable”. Sin tampoco dejar de reconocer, los cambios sustantivos de fondo de este gobierno respecto a los dos anteriores que declararon y prolongaron la guerra, empezando porque el encargado del tema sea alguien con la integridad y el pasado de Alejandro Encinas.

Un personaje público y actor social muy importante en la lucha contra la guerra de estos últimos años acaba de morir por Covid, el Dr. José Manuel Mireles. Más allá de cualquier discusión acerca de acciones y estrategias, es indudable que Mireles tuvo el enorme valor de enfrentarse a las autoridades y al delito organizado, en un territorio totalmente minado desde su natal Tepalcatepec (Michoacán) y en el peor momento de violencia, y gritar -junto a otrxs- en febrero del 2013 un grito radical de “¡No más!”, un ¡Ya basta!, metiendo su cuerpo por delante con gran entereza y dignidad.

Muchos casos similares en valor y determinación moral, aunque con otras características de lucha, tuvimos el privilegio de conocerlos, aprender y compartir en el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Queremos recordar ahora a seis personas particularmente heroicas y ejemplares -en un sentido profundo del término-, cuatro que fueron desaparecidas o asesinadas precisamente en estos días en 2011 -hace 9 años-, otra asesinada en 2019 y una que aún nos acompaña y enseña. ¡Todos estos brutales asesinatos y desapariciones siguen hasta hoy en la impunidad total!

Asimismo, los asesinatos de Don Nepo y Don Trino, junto al del comunero de Ostula Pedro Leyva acaecido el 6 de octubre del mismo año, y la desaparición de Eva y Marcial, no pudieron ser bien procesados ni reflexionados colectivamente con calma y consenso en el Movimiento por la Paz, lo que ocasionó un cambio de estrategia y repliegue con consecuencias decisivas a futuro.

Nepomuceno Moreno, amigo del corazón, representante fiel de miles de familiares en búsqueda en México, fue un padre amoroso único que quería ser recordado así: “murió porque andaba buscando a su hijo”. Lo asesinaron a medio día, en pleno centro de Hermosillo cerca de la Procuraduría. Jorge Mario (17 años) fue secuestrado con otros dos jóvenes amigos en un Oxxo entre Obregón y Guaymas el 1° de julio del 2010; inmediatamente Don Nepo aceptó pagar sin suceso un rescate. Se puso entonces a investigar -bajo todo tipo de estrategias y tácticas, de grandes peligros- el proceso de la desaparición y asesinato de su hijo (la última llamada de los secuestradores salió de la Procuraduría de Justicia de Sonora), logrando identificar a los responsables que eran la policía local junto a una muy peligrosa banda delictiva regional, así como saber de la brutal tortura que les hicieron a esos jóvenes. Lo informó a la Procuraduría pero se negaron a hacer nada. Lo dejaron completamente solo e indefenso, y allí apareció en su camino el Movimiento por la Paz con miles de cientos de víctimas similares, con los que encontró fuerza, refugio y nuevos caminos de lucha, que no fueron suficientes, llegando incluso al grado incluso de interpelar públicamente al propio presidente Calderón en el segundo Diálogo Público en Chapultepec el 14 de octubre del 2011. Murió haciendo honor a su consigna de “Siempre pa’delante, nunca pa’trás”.

Don Trino de la Cruz, fue uno de los líderes morales y materiales más firmes hacia el pueblo nahua de la costa michoacana de Ostula, fundador de sus Guardias Comunitarias y de Xayakalan, tierra recuperada que hoy es una muy importante experiencia de organización y autonomía. Fue un gran ser humano en la sencillez y determinación, además de su gran inteligencia y valor, con quien pudimos compartir una caravana de derechos humanos del Movimiento por la Paz con doce personas más, que buscaba acompañar a don Trino en su regreso a Ostula, el 6 de diciembre del 2011. En la tarde, al dirigirnos a la asamblea de Ostula -desde Xayakalan- fuimos emboscados por cuatro jóvenes paramilitares y don Trino fue arteramente asesinado poco después. ¡Horror se queda corto! desde todo punto de vista. Pero, compartiré algo íntimo: Don Trino nos salvó la vida a los miembros de la caravana que lo acompañábamos.

Eva Alarcón fue otra compañera del Movimiento por la Paz, con quien tuvimos una buena relación por meses en todo sentido, de quien siempre aprendimos su compromiso total con su organización, valor, inteligencia, ánimo y optimismo indeclinable en la lucha. En la noche del 6 de diciembre -el mismo día del asesinato de don Trino-, Eva y Marcial Bautista, de la Organización de Campesinos de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán (OCESP) salieron en camión de pasajeros de su comunidad y fueron interceptados por un retén militar; poco más adelante un banda de criminales los hizo bajar del camión y hasta hoy están desaparecidos.

Samir Flores, activista social de una firmeza total en la defensa de los pueblos nahuas y campesinos de Morelos y del zapatismo, miembro del Frente en Defensa de la Tierra y el Agua, fue brutalmente asesinado en la puerta de su casa el 20 de febrero. Su mayor lucha en los últimos años fue por oponerse a la termoeléctrica de Huexca, al gasoducto y al Proyecto Integral Morelos, mismos que el actual gobierno acaba de impulsar en su tramo final, desconociendo los amparos vigentes y usando a la Guardia Nacional para proteger los trabajos de conexión del tramo final del acueducto.

Finalmente, Carlos Moreno es el padre de Jesús Israel, joven estudiante de Geografía en la facultad de Filosofía y Letras de la Unam, quien fue desaparecido en Chacahua, Oaxaca, el 8 de julio del 2011, a los 19 años. Hasta el día de hoy, Carlos ha emprendido una inclaudicable y valiente lucha con muy riesgosas investigaciones y todo tipo de presiones a las autoridades en todos los niveles de gobierno, las cuales han sido una vergüenza total.

Este 9 de diciembre el gobierno mexicano realizó un Acto de Reconocimiento y Responsabilidad del Estado mexicano por el dictamen de desaparición forzada emitido por el Comité de Derechos Humanos de la ONU, y promovido por la valiosa ONG de I(DH)EAS, hacia Christian Téllez Padilla, Jesús Israel Moreno Pérez y Víctor Manuel Guajardo Rivas. Christian fue desaparecido en Poza Rica, por la Policía Intemunicipal de Veracruz el 20 de octubre del 2010; Víctor fue desaparecido el 10 de julio del 2013 en Coahuila por agentes del Grupo de Armas y Tácticas Especiales (GATE) y del GATEM. Sus madres son luchadores también inclaudicables.

Este Acto no cubre en nada la todavía existente impunidad y falta de justicia hasta hoy que atraviesa a estos casos y familias, pero no deja de ser un reconocimiento, un paso que ha costado mucho de esperanza en la lucha y una presión política hacia una lucha ejemplar. Dependerá de todas nuestras organizaciones y personas de que periódicamente -¿cada 15 días?- consultemos a las autoridades estatales y federales cómo van las investigaciones y acciones en estos casos. Como bien dijeron autoridades y familiares, este “Reconocimiento y Disculpa Pública” son sólo el primer paso de la imprescindible necesidad de Reparación, pero el estado mexicano no puede dejar las cosas así. Resultó muy interesante apreciar el contraste entre las participaciones de las autoridades (fiscalías) de los tres estados donde desaparecieron los tres jóvenes, que se limitaron a discursos genéricos de sus actividades en el tema, y las intervenciones muy concretas y precisas de María Eugenia Padilla, María Hortensia Rivas y Carlos Morenos, madres y padres de los desaparecidos, quienes hablaron con enorme claridad, dignidad, dolor y fuerza dando detalles bien concretos de cómo fueron desaparecidos, quiénes lo hicieron, cómo las autoridades no han hecho ni lo mínimo y lo que debe hacerse ¡ya!. Reflejaban el principio de realidad bien contrastantes entre las autoridades y los familiares de víctimas. Al menos el subsecretario Encinas fue enfático y concreto al pedir a la comisionada nacional de búsqueda, Karla Quintana, de “continuar las búsquedas inmediatamente sin cesar hasta encontrarlos”.

Dijo María Eugenia: “La verdadera justicia será cuando me entreguen a mi hijo, castiguen a los culpables y me digan qué pasó”. A su vez, María Hortensia exigió a “las autoridades que expliquen ellas a mis nietos por qué su padre ya no está en casa, porque yo ya no tengo palabras”. Finalmente, Carlos Moreno manifestó que no aceptaba esta Disculpa, por respeto a su hijo, hasta que no se realice el verdadero trabajo de investigación, justicia, reparación y no-repetición por parte de las autoridades; en el caso de su hijo Jesús Israel además son crueles y grotescas las fallas de investigación y justicia, sobre todo de la fiscalía de Oaxaca, al haber 3 personas inocentes presas por torturas desde hace 8 años, de un supuesto crimen donde aún no hay un cuerpo.

Mireles, Don Nepo, Don Trino, Eva, Marcial, Samir, Carlos, María Eugenia y María Hortensia son grandes luces de la dignidad del pueblo y las luchas mexicanas, del valor inquebrantable y amor desinteresado por los seres queridxs, contra la guerra, por la justicia, la verdad y la defensa de los derechos humanos, individuales y colectivos de los pueblos. También son ejemplos transparentes de la impunidad en México, del casi nulo trabajo de la justicia y del contubernio entre el crimen organizado y algunos aparatos de gobierno y empresariales de todos los niveles. Quienes les conocimos, quisimos y aprendemos, cantaremos al final de nuestros caminos con Mercedes Sosa: “Gracias a la vida…por haberlxs conocido”.

¿Y en la CNDH qué pasa? ¿El anarquismo insurreccional es el único feminismo?

Pasando a otro tema sobre los derechos humanos en México: ¿qué está pasando en la CNDH “tomada”? ¿Hay alguien de la sociedad civil, de las autoridades, de los grupos involucrados que nos pueda contestar? Está claro que la CNDH, está lejos de ser una institución modelo, es muy necesaria y le urgen cambios de fondo, y que ahora sesiona en otro espacio, pero el fondo del conflicto no está para nada transformado positivamente.

Reconocemos y aplaudimos con emoción, nos hemos solidarizado en muchas formas de movilización, acción directa e investigación, a toda la gran lucha de las mujeres en México y el mundo contra todas las formas de violencia que sufren impune y normalizadamente, desde la discriminación y el acoso en sus múltiples formas hasta el feminicidio. Conocemos directamente bien, y respetamos profundamente, a las distintas corrientes feministas ejemplares, que han sido un avance fundamental para la humanización de toda nuestra especie, no sólo de las mujeres.

Pero el “anarquismo insurreccional” (Carlos Illades, https://www.nexos.com.mx/?p=45982) -y su “Bloque Negro”- no representan la única corriente feminista, ni por asomo centraliza o agota la lucha feminista, aunque, a nivel público, últimamente parezca hacerlo. Confieso que mi desconfianza hacia este tipo de lucha es grande, y lo digo por experiencia propia directa e indirecta de muchos años: en las luchas globalifóbicas, en la toma del auditorio Che Guevara-Justo Sierra de la facultad de Filosofía y Letras de la Unam desde septiembre del 2000, en la reciente toma de cinco meses de la misma facultad desde noviembre del 2019 y que sólo se levantó por la pandemia, en el actual movimiento de Black Lives Matter en EU, donde sus acciones violentas de penetración en las masivas acciones públicas noviolentas de protesta a quien más feliz hicieron fue a Trump, quien casi ganó la elección con el lema de “ley y orden”, azuzando las falsas acusaciones -creídas por decenas de millones- de terroristas socialistas hacia esos movimientos…

No negamos el valor histórico del anarquismo -sobre todo el colectivista, mientras el actual es profundamente individualista-, al contrario ha sido una fuente permanente de inspiración en nuestra vida, y también, por ejemplo, en las raíces de la noviolencia: Gandhi repetidamente fue acusado de ser anarquista y lo era en mucho, empezando por sus lecturas de cabecera. Tampoco negamos el valor y decisión moral y material del anarquismo insurreccional en sus confrontaciones al sistema capitalista, pero diferimos -y para nada por falsos moralismos si pintar o no estatuas o romper vidrios- profundamente de sus estrategias y tácticas de lucha social, que en la práctica vemos que en la mayoría de los casos sólo benefician a las autoridades que se enfrentan y sólo prolongan las injusticias. Sus formas de lucha tienen objetivos mucho más allá de sus demandas, que rápidamente desaparecen del terreno de la lucha pública, para situar la confrontación en el terreno del no-tiempo, la no-negociación, la no-asamblea pública, la no-incorporación de otros actores o simpatizantes a la lucha…etc, etc. Por eso sus confrontaciones se convierten en enfrentamientos polarizados y polarizantes, excluyentes de las grandes porciones de la sociedad que incluso pudieran simpatizar, donde desaparece cualquier ética de relación entre el fin y los medios, donde se subsumen los medios -muchas veces violentos- a la generalmente legitimidad de las causas, algo inadmisible desde la lógica de construcción de paz noviolenta.

¿Por qué se retiraron las madres de desaparecidxs y asesinadxs de la toma de la CNDH? ¿Por qué la comunidad de la facultad de Filosofía y Letras de la Unam no tuvo prácticamente ninguna participación en la reciente toma ni la ha tenido en los últimos años de la toma del auditorio? … Supongo que no se querrá usar de argumento legitimador que ahora la CNDH es una Casa de Refugio para Víctimas Mujeres, algo claramente muy legítimo y necesario, pero para nada debería ser en ese espacio, porque si de veras un objetivo de la lucha fuera tener ese espacio seguro ya lo habrían logrado presionando -con masivo apoyo ciudadano- a alguna instancia de gobierno por una casa adecuada y presupuesto, que seguro existen en el centro histórico o en otro lugar de la ciudad. Pero la estrategia de que “Arda todo lo que tiene que arder” no apunta prioritariamente a avanzar en la resolución concreta de ciertas demandas, sino a alargar los tiempos de los conflictos, bajo permanentes amenazas y acciones de mayor violencia, y bajo la concepción que el “caos es fin a sí mismo” y de allí “mágicamente” nacerá algo mejor.

Fuente: https://desinformemonos.org/cerrar-un-ano-de-encierro-cuales-derechos-humanos/

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