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Haití: Mantener la atención sanitaria en medio de la violencia extrema y la incertidumbre

Para describir la vida diaria hay que recurrir al vocabulario de la guerra. La capital de Haití, Puerto Príncipe, está dividida en muchas líneas de frente. Barrios enteros están bajo el control de grupos armados que cambian territorios. En las zonas pobladas y empobrecidas las calles tienen barricadas y en algunas áreas hay francotiradores que disparan a lo que ven.

Los enfrentamientos entre bandas han forzado a miles de residentes a abandonar algunos barrios, mientras que en otros, como Cité Soleil, la población se encuentra atrapada por los combates. Naciones Unidas calcula que 18.000 personas están desplazadas, acogidas por familiares o en lugares mal adaptados como escuelas o iglesias.

Se trata de un nuevo fenómeno, dado que la mayoría de ellos han huido durante las últimas semanas debido al repunte de los enfrentamientos. Las principales rutas de acceso a Puerto Príncipe están controladas por bandas y entrar o salir de la ciudad se ha convertido en una tarea complicada. Además de los combates, hay un elevado nivel de criminalidad, con robos, secuestros y extorsiones.

En este contexto, hay muchas víctimas de la violencia, especialmente heridos. En nuestro hospital en Tabarre, MSF ha dado atención a más de 600 personas heridas desde principios de año, la mayoría de las cuales son de los distritos de Martissant, Cité Soleil, Croix des Bouques o Bel Air, que es escenario de enfrentamientos.

Desde abril hemos hecho frente a varias oleadas de heridos que han provocado que incrementemos nuestra capacidad de hospitalización. Ha habido días en los que nuestros equipos han recibido hasta a 20 pacientes. De media, más del 60 por ciento de los pacientes de traumatología son víctimas de heridas de bala o arma blanca.

Por otra parte, MSF ha seguido atendiendo a víctimas de violencia sexual o de género en Puerto Príncipe y Gonaives. Si bien Haití ha estado afectado por la violencia crónica desde hace años, la situación se ha deteriorado de forma gradual durante el último año.

Las instalaciones sanitarias no están ya exentas de los ataques y nuestras actividades médicas se han visto alteradas por una sucesión de incidentes críticos. En febrero, un hospital de MSF dedicado al tratamiento de personas con quemaduras graves en el distrito de Drouillard tuvo que cerrar porque fue rodeado por los combates.

Los cerca de 20 pacientes que aún estaban en el hospital tuvieron que ser trasladados y el hospital aún no ha reabierto. Hemos mantenido un puesto médico de avanzada en el que estabilizar y enviar a los heridos o a las víctimas de quemaduras.

Durante el mes pasado, una explosión de violencia en el barrio de Martissant puso en la línea de frente, a prueba, al personal del centro de emergencias de MSF. Durante muchos días, el personal médico tuvo que atender a los heridos mientras se protegía de las balas perdidas y una de nuestras ambulancias fue robada.

El 26 de junio, la estructura fue objetivo de disparos directos y fue finalmente evacuada para no seguir poniendo en peligro a los pacientes y el personal. Más allá de estos episodios extremos, hay una violencia ordinaria que amenaza a todos. Cuando vamos a las calles, nuestros trabajadores sanitarios, como la población, viven con temor a las balas perdidas o los robos.

Un empleado de MSF que trabajaba en Tabarre fue asesinado el 25 de mayo por hombres armados una vez que había terminado su turno en el hospital y se dirigía a casa. Este estado permanente de inseguridad limita el acceso de la población a la atención sanitaria.

El sistema sanitario es ya extremadamente desigual, con una atención privada disponible sólo para los que pueden permitírsela, mientras que las instalaciones públicas carecen de los recursos básicos. En este contexto, es un desafío mantener las actividades médicas.

El personal y los pacientes tienen que llegar a las instalaciones médicas y volver de ellas con seguridad, pero no hay garantías de que puedan lograrlo. En un momento en el que MSF debería expandir sus actividades para responder a las crecientes necesidades médicas de la población, incluidas las relacionadas con un aumento de los casos de COVID-19, estamos teniendo problemas para mantener abiertas nuestras instalaciones.

Hoy es urgente darse cuenta de que Haití está sumido en una situación de violencia e inseguridad total que se suma a una gran crisis sanitaria. El asesinato del presidente, Jovenel Moise, agrega incertidumbre a un país que parece estar al borde del caos.

Fuente: https://www.europapress.es/internacional/noticia-haiti-mantener-atencion-sanitaria-medio-violencia-extrema-incertidumbre-20210715153629.html

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Entrevista a Paz Velasco: «La agresividad forma parte de la naturaleza humana. La violencia, en cambio, se aprende»

Por: Julio Fuentes González

Matamos menos que antes, pero matamos distinto. Por otra parte, los ciberdepredadores, el acoso, el bulling, el mobbing, los pedófilos online o grupos misóginos como los incels (célibes involuntarios) son algunas de las nuevas amenazas que Paz Velasco analiza en Homo Criminalis

 

El crimen forma parte de nuestra evolución como seres humanos. Así lo han expresado autores como Peter Vronsky en su reciente trabajo Hijos de Caín, o especialistas en la materia como el psicólogo y sociólogo David Buss, que afirma: «En la fría y calculadora lógica de la evolución, a veces matar es ventajoso». Sin embargo, ya no somos esa sociedad que institucionalizó el crimen durante los tiempos de Calígula, o en el periodo 1450-1650, que dio lugar al asesinato de cientos de miles de mujeres acusadas de brujería. El fenómeno de los asesinos en serie también ha descendido si observamos las últimas cifras. Paz Velasco, sin embargo, se niega a lanzar las campanas al vuelo, ya que el número de amenazas se ha multiplicado. 

Después del gran éxito de Criminal-mente, publicado en 2018 por la editorial Ariel, la criminóloga y abogada penalista Paz Velasco de la Fuente vuelve con Homo Criminalis. El crimen a un clic: los nuevos riesgos de la sociedad actual, libro en el que analizan cuestiones como la evolución de la huella criminal de los seres humanos a lo largo de la historia, las nuevas formas de criminalidad del siglo XXI o qué ha supuesto la aparición de internet como nueva escena del crimen. Además, Paz Velasco participa como experta en el documental El caso Wanninkhof-Carabantes, que se ha estrenado recientemente en Netflix. 

La primera afirmación que haces en el libro es que todos somos capaces de matar. ¿Por qué? ¿Qué cuestiones nos conducen a ser violentos?

Efectivamente, todos capaces de matar. Dos de las razones principales son las pasiones y las emociones. Pero cuando afirmo que todos somos capaces de matar esto no significa que todos nos podamos convertir en asesinos. La capacidad de matar es una respuesta automática a una amenaza, para proteger a un hijo, o ante situaciones de alto estrés, miedo insuperable, legítima defensa… Ante cualquiera de estas situaciones todos reaccionaríamos de un modo automático, con una conducta violenta para responder a esa amenaza. Otra cuestión distinta es convertirse en un asesino, que implica una serie de elementos concretos. Normalmente las emociones y las pasiones, la venganza, la ira, el odio, son las que motivan respuestas demasiado violentas. Me gustaría añadir que la agresividad forma parte de nuestra naturaleza, que es innata a la esencia humana, y que la violencia, por el contrario, es cultural. La violencia se aprende. Hay que sumar esta agresividad y esta violencia para que finalmente un sujeto acabe convirtiéndose en un aberrante asesino.

Paz Velasco, autora de 'Homo Criminalis': «La agresividad forma parte de la naturaleza humana. La violencia, en cambio, se aprende» 2

Imagen vía Editorial Ariel.

Es interesante todo el capítulo que dedicas al estudio de la psicopatía y en especial a lo que denominas «psicopatía corporativa». ¿Los psicópatas están cada vez mejor integrados y asimilados por parte de la sociedad?

Cuando oímos la palabra psicópata inmediatamente tratamos de ponerle un nombre: Hannibal Lecter. Hay que dejar de pensar que el psicópata es el criminal violento. Tenemos psicópatas emocionales, funcionales, corporativos… Los psicópatas corporativos son estos sujetos que alcanzan el éxito y el liderazgo en determinadas profesiones. ¿Por qué consiguen ese éxito? Precisamente porque tienen una serie de rasgos, que se consideran rasgos de psicopatía, que invierten en su propio beneficio y en el de esa empresa o de esa profesión. Ya hay un buen número de empresas –y esto comienza en Estados Unidos en los años noventa– que buscan personas con estas características y con estos rasgos de personalidad para puestos de dirección. Se trata de personas que poseen una serie de características al trabajar que se parecen mucho al liderazgo: carisma, una gran capacidad para dirigir a un equipo, decisiones rápidas cuando otras personas se quedan bloqueadas, son creativos… Y luego hay otro tipo de sujetos que, aunque no son psicópatas, poseen una serie de rasgos especiales que les permiten desarrollar trabajos concretos: desactivadores de bombas, bomberos… Estos sujetos no son psicópatas pero tienen una gran tolerancia al estrés y no tienen miedo ante determinadas situaciones. Gracias a estos rasgos, estas personas alcanzan el éxito en profesiones que no son para cualquiera. 

Tu libro aborda el problema de las nuevas amenazas y se centra en el análisis de una nueva escena del crimen: el ciberespacio. Hay una frase de Bill Gates ciertamente controvertida que citas en tu libro y que dice: «El crimen online es solo parte de la maduración del medio». ¿Coincides con este análisis? 

Creo que lo que quiere decir Bill Gates con esa frase es que la humanidad está evolucionando a golpe de tecnología, y que estamos en el albor, en los comienzos. Hay una película de ciencia ficción que me fascina: Minority Report. La trama gira en torno a la idea de prevenir un delito antes de que se produzca por parte de un sujeto. Sin embargo, nuestro Código Penal y casi todos los del mundo son códigos penales del acto, no del pensamiento. Lo que se castiga es el acto, no las fantasías ni los pensamientos. ¿Lo que se cuenta en esa película puede llegar a ocurrir? No lo sabemos, pero, con esta frase, lo que Bill Gates quiere decir es que la sociedad se va a adaptar un nuevo medio, a una nueva escena, y esta nueva escena es internet. Hemos trasladado nuestra vida a Internet, lo que nos gusta y lo que no nos gusta, con quién salimos, dónde vamos, dónde viajamos… Es decir, estamos entrando en una nueva situación donde vamos a terminar haciéndolo absolutamente todo a través de las nuevas tecnologías. 

Otro efecto de las nuevas tecnologías es que «los malos se están organizando». Tenemos el caso de los pedófilos online, o el fenómeno de los incels, que afortunadamente no está muy desarrollado en España. ¿Qué supone el ciberespacio, en este sentido, como nuevo escenario? ¿Qué retos tenemos pendientes como sociedad?

Como sociedad, el reto que tenemos en primer lugar es darlo a conocer y que sepamos que están ahí. Considero que son mucho más peligrosos los pedófilos digitales que los incel (célibes involuntarios), que al fin y al cabo son grupos y foros de hombres frustrados sexualmente y que se organizan para culpabilizar a las mujeres de esa carencia de experiencias sexuales. Lo que sí nos tiene que preocupar es todo este grupo de personas que se están organizando, que tienen sus propios códigos, sus propias webs, sus propios blogs en los que, debido a sus distorsiones cognitivas, se apoyan unos a otros. Es sorprendente, pero resulta que no es ilícito crear una red ni un blog de sujetos que fantasean con menores. Tenemos que plantearnos como sociedad que, si bien es verdad que no podemos penalizar una fantasía, sí que tenemos que penalizar el hecho de que determinadas personas quieran incluso –y lo dicen así en sus blogs– legalizar esas relaciones sexuales con niños. Y eso está a un solo clic. Ves sus manifiestos, ves lo que piden, ves sus nombres y sus apellidos, y aquí sí que, como sociedad, deberíamos intervenir. 

Paz Velasco, autora de 'Homo Criminalis': «La agresividad forma parte de la naturaleza humana. La violencia, en cambio, se aprende» 1

Foto: Carola Melguizo | The Objective.

Abordas en tu libro el fenómeno de los copycat. Hay un tema de discusión apasionante que es el debate que existe en cuanto a la posibilidad de un efecto imitación cuando se publica la noticia de un nuevo feminicidio. En Homo Criminalis citas diversos estudios que sustentan esta tesis, aunque también citas tesis en sentido contrario. ¿Qué postura tienes personalmente ante este debate?

Yo creo que los medios nos tienen que informar, pero hay que tener en cuenta varias cuestiones: cómo se cuenta cuando ocurre un delito de violencia de género y qué es lo que se cuenta. A modo de ejemplo, pensemos en un sujeto que está dándole vueltas a la posibilidad de terminar con la vida de su esposa, porque resulta que hace unos meses ella le ha pedido el divorcio. Cuándo en los medios se dan determinados datos muy concretos sobre cómo es asesinada una mujer, en qué parte de la casa o cuál es la motivación del asesino, esta persona que está viendo la televisión y que ya tiene esa idea preconcebida de asesinar a su mujer, puede identificarse con este homicida y decirse a sí mismo: «Pues sí, fíjate, la ha matado por la misma razón que yo, le está pasando lo mismo que a mí, además sale en televisión, yo puedo ser como él», etc. A mí lo que me preocupa es esa identificación de un presunto homicida, o de un homicida latente, porque identifica que está viviendo la misma situación que están contando en televisión y porque hay veces que se dan detalles totalmente innecesarios. Se da la información de hasta el número de puñaladas que recibe la víctima y no hace ninguna falta. 

De hecho, en tu libro citas una frase del psiquiatra forense Park Dietz, que recomienda «dar estas noticias de la manera más aburrida posible».

Efectivamente. La sociedad necesita estar informada, pero habría que dar la información de la manera más aburrida posible y con la menor información posible, porque muchísimos sujetos se identifican con lo que ven en la televisión. 

Siguiendo las tesis de Vronsky, entre otros autores, en tu libro afirmas que se ha producido un descenso notable de la criminalidad. ¿A qué crees que se debe esto y qué crees que hemos hecho bien como sociedad para conseguirlo?  

Fíjate, una cosa muy curiosa es que, a nivel global, el índice de asesinos múltiples ha descendido. Sin embargo, en Estados Unidos aún no hemos completado la primera mitad del año y ya ha habido 276 tiroteos, de modo que también esto tiene que ver con el tipo de sociedad que analicemos. Hay una frase de Lacassagne que dice que «cada sociedad tiene el tipo delincuencia que se merece». En general, somos sociedades menos violentas porque culturalmente estamos evolucionando, es decir, hemos dejado atrás muchísimos de nuestros de nuestros rencores –esas pasiones y emociones de las que te hablaba al principio–; aunque también es cierto que tenemos ejemplos de países donde el PIB depende casi en exclusiva del narcotráfico o de la trata de personas o del crimen organizado. En general, somos unas sociedades menos violentas porque la cultura nos está convirtiendo en personas, si bien no más empáticas en todos los sentidos, sí capaces de trabajar más en grupo. Hay que reconocer que existe una mayor empatía hacia los menores y las mujeres. Por otra parte, ya no nos interesa ir a un cadalso a ver cómo ejecutan a una persona. Es decir, como sociedad hemos dado un paso muy importante, aunque va a seguir habiendo Estados y países en los que la violencia es la esencia de ese país. El hecho de que haya menos asesinos en serie, por ejemplo en Europa, es por la forma que tenemos de vivir. Sin embargo, ¿cuál el rasgo principal en Estados Unidos? La competitividad, la notoriedad, la fama, y como más fama se obtiene es convirtiéndote en un asesino mediático.

Por último, una cuestión de carácter más personal que supongo que tus familiares y amigos te habrán preguntado un millón de veces. Un buen día decides dedicarte a la criminología. Una profesión que tiene mucho de vocación, pero que por otra parte, es muy particular. ¿Cómo sobrellevas personalmente el estar en contacto a diario con este tipo de informaciones tan oscuras?

Es algo que, a la larga, pesa. Hay un principio en criminalística que dice que «toda interferencia y todo contacto deja una huella», y es así. Yo llevo muchos años trabajando en este tema, voy a prisión a hablar sobre todo con mujeres asesinas que están cumpliendo sentencia, y puedo asegurarte que ese tiempo te va dejando pequeños posos. Cuando hablo con asesinas o cuando analizo casos en mis propias investigaciones noto que siempre se me queda algo dentro. Yo peso 48 kilos pero realmente yo peso más de 100. Convivo con este lado oscuro, procuro que no me afecte, pero me afecta. Hay muchas cosas que no comprendes ni comprenderás nunca. Las entiendes desde un punto de vista criminológico, psicológico, psiquiátrico… Pero desde el punto de vista racional son imposibles de entender y ahí es donde más te pesan.

Fuente de la información e imagen: https://theobjective.com/

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Redes sociales, espacios inseguros para las mujeres

Fuente: Humanidades/ Comunidad /UNAM

Las redes sociales están plenamente integradas a la cotidianidad de millones de mujeres en todo el mundo. Según Statista, portal alemán especializado en estadísticas y estudios de mercado, en el primer mes de este año las mujeres fueron las principales usuarias activas en Snapchat e Instagram.

De acuerdo con la agencia alemana, las principales actividades de las cibernautas en estos canales son la comunicación familiar y de amistad, observar videos y contenidos lúdicos, y la búsqueda de recetas e ideas para el hogar, invirtiendo un promedio de 2.08 horas al día en ello, en contraste con las 1.81 horas que dedican los hombres.

Al respecto, Jenny Teresita Guerra González, investigadora del Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información (IIBI), explicó que el binomio redes sociales-mujeres entraña tanto posibilidades de desarrollo social, académico, político, cultural y laboral; a la vez que retos traducidos en términos de vulnerabilidad y riesgo a distintos niveles.

“El espacio digital suele percibirse en una primera aproximación como amable y lleno de virtudes, pero lo cierto es que puede transformarse en un entorno hostil en el que la censura, la violencia, el acoso y el linchamiento se vuelven norma”.

El caso de México

México —expuso la especialista— es un escenario importante en la escalada de violencia digital hacia las mujeres en redes sociales. Los casos de distribución de desnudos o videos de contenido sexual, la llamada pornovenganza a cargo de ex parejas sentimentales, condujo a una serie de reformas legislativas sintetizadas en la “Ley Olimpia”, que castiga hasta con nueve años de prisión a quien difunda contenido íntimo sin consentimiento de quien aparezca en la imagen.

“No obstante, los social media y la web en su conjunto no son espacios del todo seguros para las mujeres, por lo que aún queda un largo camino por recorrer en materia de educación y legalidad”, abundó la también integrante de la Comisión Interna para la Igualdad de Género del IIBI.

En defensa de sí mismas

Para Guerra González, a estas plataformas se les ve como los medios de infocomunicación más abiertos y plurales; sin embargo una radiografía sobre el universo agreste de las redes sociales patente en varios estudios científicos, ha revelado que las mujeres afrodescendientes e indígenas reciben el doble de agresiones cuando expresan sus opiniones políticas.

“Los algoritmos de reconocimiento en Facebook censuran imágenes de jóvenes con manchas de flujo menstrual en su ropa o suspenden cuentas a activistas promotoras del aborto que son denunciadas por grupos provida”.

La especialista señaló que contra este sistema de medios, son las mismas mujeres quienes crean resistencia abriendo cuentas que fomentan los derechos reproductivos, circulando toolkits y guías en materia de seguridad y cuidados digitales, haciendo movilizaciones virtuales contra agresores sexuales y organizando talleres y formación en temas de feminismo, salud, justicia y apoyo psicológico.

Vanidad, influencers y complejos

Jenny Teresita Guerra refirió también otro aspecto negativo de los medios digitales que afecta la salud mental e inclusive física de las chicas que frecuentan esas páginas: “Es manifiesta la influencia de las redes sociales en la autoimagen de las usuarias, el desprecio por un cuerpo que no se alinea con los estándares y recomendaciones de influencers y celebridades”.

El fenómeno “está forjando toda una generación de mujeres inseguras, ansiosas y deprimidas cuya solución inmediata es recurrir al retoque y a los filtros en sus fotografías o videollamadas. A esto se suma un incremento considerable de trastornos alimenticios, cosificación y discriminación”, finalizó.

Fuente de la información e imagen: Humanidades Comunidad UNAM

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El machismo mata, el negacionismo mata, el patriarcado mata

Por: Ángela González, Itziar Prats y Ruth Ortiz/ Madres víctimas de la violencia vicaria

Un hombre, asesina a sus hijas Olivia y Anna, provocando el mayor sufrimiento que existe a su madre, Beatriz.

Y de nuevo nos preguntan a las víctimas. ¿Qué está fallando?

Un padre maltratador no es un buen padre, ni un buen marido, ni un buen hombre. En algunos casos llega a ser el asesino de su mujer y/o de sus hijos e hijas. Ya son demasiados asesinatos para continuar mirando hacia otro lado. Dejemos de preguntarnos qué hacer y actuemos.

No se nace machista, se aprende a serlo. Se trasmiten de generación en generación los mismos patrones, las mismas pautas, que marcan que los niños tienen que ser fuertes y valientes y las niñas sumisas y protectoras.

La única solución es no lanzar a la sociedad hombres y mujeres machistas que acepten con normalidad y den continuidad al patriarcado. Es educar en el respeto y no en la sumisión, ni el sometimiento. Es entender que somos personas diferentes, aunque complementarias, etc. Y ser ejemplo de ello para que desde la infancia lo aprendan, de manera natural, hijos e hijas.

Pero esto no se cambia de un día para otro. Solamente cuando haya generaciones y generaciones, educadas en la igualdad, terminaremos con esta lacra. Por eso es importante empezar, ya, a implantar en los centros educativos y en todos los niveles de formación, un sistema educativo basado en la igualdad y el respeto entre personas. Solo así lograremos un cambio en nuestra sociedad.

A corto plazo, tenemos que hacer hincapié en varios aspectos:

El trabajo de los profesionales que trabajan en violencia de género. Estos profesionales tienen que estar formados adecuadamente en violencia de género y tener, en todas sus intervenciones, una perspectiva de género que les permita conocer las particularidades de estos casos.

Sin esta formación no deben estar trabajando con personas, ya que de lo que aquí hablamos es de vidas, de vidas de personas.

1.098 mujeres víctimas mortales contabilizadas desde 2003.

Los y las menores que sufren maltrato, deben ser la prioridad por su especial vulnerabilidad. No nos vamos a cansar de repetir que hay que escucharles, que tienen mucho que decir y que de lo que se está hablando es de sus vidas. A ellos y ellas también hay que respetarles. Y hay que hacerlo dándoles prioridad ante los agresores.

Hay que escucharles en entornos adecuados y de forma adecuada a su edad, por profesionales con formación específica. No, no vale cualquiera.

Los niños y las niñas son el principal objetivo en la violencia vicaria. Pasan de ser hijos e hijas a instrumentos para producir dolor a la madre. Y así es como dejan de verlos como personas. Esta «despersonalización» facilita cualquier tipo de agresión, incluso la más cruel y perversa, el asesinato. ¿Cuál es el mayor daño que se puede provocar a una madre?

Este debería ser el motivo principal por el que se debe retirar de forma inmediata la custodia a un hombre que ejerce violencia de género. Repetimos, un padre maltratador no es un buen padre, en ningún caso.

Cuando se pone una orden de alejamiento a un agresor, sería más eficaz y más justo controlar al agresor, que es el que provoca el daño, en lugar de a la víctima. Actualmente se les pone doble castigo a las víctimas: el miedo a su agresor y la limitación de las salidas y entradas bajo control.

Si se tuviera control sobre el agresor la víctima podría tratar de darle normalidad a su día a día. Tarea que ya es muy complicada por el daño que ha sufrido. ¿Por qué hay que añadir más daño?

Hay que prevenir sin contemplaciones. Es urgente. Algo, o más bien mucho, está fallando en esta sociedad cuando menores están siendo asesinados por aquellos en los que confían y los deben proteger. Y algo peor aún, no se hace nada por evitarlo.

Algo sangra en esta sociedad, ¿nos vamos a quedar sin actuar?

Toda la sociedad debe implicarse y actuar frente a cualquier tipo de violencia y mucho más cuando se dirige hacía menores.

Dejemos de preguntarnos por qué y actuemos.

https://blogs.publico.es/dominiopublico/38578/el-machismo-mata-el-negacionismo-mata-el-patriarcado-mata/

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Entrevista a Isabel Rico: “Hay niños y niñas, bebés, con importantes deficiencias de alimentación y que pasan frío”

Por: Yayo Herrero

Cuando Isabel Rico (Madrid, 1966) pasea por el monte o la orilla de un río siempre recoge hojas secas, semillas o guijarros planos. Le preguntas por qué y la respuesta es siempre la misma: “Son para los niños y niñas de mi escuela”. Isabel es maestra y licenciada en Historia Contemporánea. Este es su quinto curso como directora de una escuela pública infantil en Pan Bendito, un barrio del madrileño distrito de Carabanchel. Anteriormente era educadora en la misma escuela. Forma parte del gremio de las superheroínas de barrio, una mujer que contribuye a mantener en pie la vida en una comunidad autónoma en la que los servicios públicos llevan años siendo agredidos.

¿Qué papel juega su escuela en el barrio?

Nuestra escuela se ha convertido en un territorio que respeta y protege a las niñas y niños, y a sus familias, a quienes ya se les han negado muchos derechos. En el contexto de un barrio es muy importante la existencia de una escuela infantil pública. Desde hace años recibimos niños y niñas con muchas necesidades que hay que cubrir: carencias de alimentación, sueño o higiene… Muchos viven en infraviviendas, conviven en familias muy extensas y no tienen una habitación propia, duermen con sus abuelos o sus padres. Estas familias quieren traerles porque cuidamos pero además educamos. Creo que uno de nuestros mayores méritos es que acogemos a todas las familias en su diversidad, algo que hemos convertido en un valor esencial.  En un núcleo de convivencia del barrio.

¿Por qué escogió la educación infantil?

Es vocacional. Cuando de pequeña me preguntaban qué quería ser de mayor siempre decía que maestra, costurera o azafata. Mi primer trabajo fue con menores de seis años protegidos. Luego empecé a trabajar en escuelas infantiles pero tuve que sacarme el título de Formación en Jardín de Infancia. Es una edad que me fascina.

¿Por qué?

Es una etapa esencial en la vida. Se configuran las neuronas, la personalidad. A nivel social y psicológico se ponen las bases para la interacción con los demás. Es la edad más importante para el desarrollo de la persona, pero es a la que menos importancia se le da en el sistema educativo. Creo profundamente en la Educación Infantil como una etapa educativa con entidad propia y compensadora de la desigualdad. En un barrio como Pan Bendito, que es donde se ubica nuestra escuela, esto es esencial.

¿Cómo es Pan Bendito? ¿Qué problemas tiene?

Antes de la crisis de 2008, en la mayoría de las familias que traían a sus hijos e hijas a la escuela trabajaban ambos progenitores. A partir de la crisis, la situación cambió

Llevo mucho tiempo trabajando en Pan Bendito. Es un barrio acostumbrado a subsistir, a estar en los márgenes. Es muy vulnerable desde el punto de vista socioeconómico. Coexiste la pobreza, la precariedad laboral, el paro, el alcoholismo, la drogadicción y últimamente están aumentando mucho los casos de enfermedades mentales. En el barrio también hay un problema muy serio de vivienda. Muchas familias solo tienen casa si dan una “patada a la puerta”. Les obligan a ocupar para tener un techo y luego les criminalizan por ello. Existe mucha infravivienda en la que conviven familias muy extensas y donde los desahucios exprés se han impuesto. Es un barrio empobrecido y maltratado, al igual que la gente que vive en él. Población autóctona, gitana y paya, y personas migradas de diferentes partes del mundo. Antes de la crisis de 2008, en la mayoría de las familias que traían a sus hijos e hijas a la escuela trabajaban ambos progenitores. A partir de la crisis, la situación cambió y ahora la población que acude está mucho más desestructurada. A partir de entonces, todo ha ido empeorando. Muchas familias viven de vender por las calles pequeñas cosas: ropa, bisutería, colonias o fruta. Algunas venden en los mercadillos, y son las que mejor están. Otras malviven vendiendo chatarra. Muchas mujeres, migrantes en su mayoría, encabezan hogares monoparentales y trabajan como cuidadoras de personas dependientes o limpiando casas. El paro y la precariedad laboral es lo normal. Trabajan muchas horas, sin horarios, muchas veces sin contrato y por poco dinero. Son trabajadores y trabajadoras pobres y no les llega el dinero para cubrir sus necesidades más elementales.

¿Hay racismo en la forma de tratar a la gente del barrio?

Con la nevada de Filomena había personas que no habían pagado el recibo del gas y que con ese frío no podían bañar a los niños

Se nota mucho el racismo estructural. A las personas gitanas, por ejemplo, les cuesta mucho tener un trabajo. Una madre me decía que las personas que tienen rasgos no blancos llevan el estigma incorporado y lo tienen muy difícil. Es visible la represión en el barrio. La policía no es que pase mucho, pero cuando lo hace es para reprimir o desahuciar. También en el barrio están muy presentes el antigitanismo y el racismo estructural. Lo ves a poco que quieras mirar. En realidad, hay que hacer un esfuerzo para no verlo. En el metro de Plaza Elíptica hay policías de paisano y paran, mayoritariamente, a personas que tienen rasgos no blancos. Eso en la estación, si caminas por la calle ves grupos de hombres que se ofrecen para trabajar en la construcción. Vienen empresas que les dan trabajo un día. La mayor parte de estos hombres no tienen rasgos blancos. Algún padre me ha dicho que le habían cogido para trabajar y finalmente no le habían pagado. No hay contrato e incumplen las obligaciones y acuerdos. Es duro ver eso todos los días, aunque obviamente es más duro vivirlo.

¿Cómo se hace visible la pobreza y el abandono institucional en la escuela?

Hace bastantes años nos dimos cuenta de la gran cantidad de necesidades que tenía nuestro alumnado. A veces es falta de sueño, porque los niños ven la televisión hasta tarde. Algunos vienen con la misma ropa varios días seguidos y no tienen la higiene adecuada. Hay niños y niñas, bebés, con importantes deficiencias de alimentación y que sufren problemas de frío. En muchos casos no hay calefacción en sus casas. Con la nevada de Filomena había personas que no habían pagado el recibo del gas y que con ese frío no podían bañar a los niños. Una niña sufrió una quemadura grave porque se cayó en la estufa con la que se calentaban. Hemos tenido incluso casos de familias que vivían en coches.

Y son también niñas y niños con una falta de estructura y orden en las rutinas de casa, que soportan muchas situaciones de violencia, tanto verbal como física, en sus entornos cotidianos; que tienen falta de juego y movimiento, o que tienen juegos no adecuados a su edad. Son niñas y niños expuestos desde muy pequeños a las pantallas y a los videojuegos con contenidos de violencia y sexo no adecuados.

¿Cómo hacen para trabajar en esa situación?

Trabajamos fundamentalmente las rutinas de alimentación y sueño y unos hábitos saludables que ayuden a valorar la importancia de cuidar nuestro cuerpo. Además de una buena educación afectivo-sexual desde estas primeras edades y por supuesto una buena educación emocional. Le damos mucha importancia a la alimentación en la escuela. En Carabanchel existe un alto índice de obesidad infantil y diabetes crónica vinculada a la pobreza. Nosotras trabajamos en contacto con el centro municipal de salud. Cuidamos mucho el desayuno. Nuestro centro tiene cocina y a los niños y niñas les encanta la comida de la escuela. Lo que pasa es que cuando salen de la escuela vuelven a sus casas y al barrio donde los derechos están vulnerados. No es una cuestión solo de la escuela. Hacen falta políticas públicas integrales que garanticen condiciones de vida dignas.

Tratamos también de que aprendan y valoren el cuidado de la naturaleza, el barrio, la propia escuela y el entorno. Cuidamos la calle, el espacio de fuera, sembramos plantas… Es un barrio sucio. Algunas veces hemos salido a recoger basura de los alrededores con las niñas y niños y sus familias. En un ratito llenábamos las bolsas y luego la separábamos en los diferentes contenedores.

Siendo tan importante la alimentación, ¿cómo se ha resuelto durante el confinamiento y el cierre de las escuelas?

Con la pandemia y el confinamiento muchas familias que maltrabajaban dejaron de hacerlo. Familias que viven al día, sin ahorros. Nosotras, las maestras de la escuela, estuvimos en contacto con las familias en todo momento. Así nos enteramos de que algunas de ellas no tenían comida. A las familias que tenían becas de comedor les dieron las pizzas o sándwiches de Rodilla y a las que no estaban becadas no les daban nada. La alimentación saludable es un derecho que fue arrebatado. Recogimos dinero entre todas las compañeras e hicimos una compra de alimentos que distribuimos. Lo agradecieron muchísimo. Es lo que se nos ocurrió pero desde luego no es una solución. No es la mejor manera, pero cuando viene una familia desesperada, no puedes hacer otra cosa.

A las familias que tenían becas de comedor les dieron las pizzas o sándwiches de Rodilla y a las que no estaban becadas no les daban nada

Luego, a partir de las críticas a la forma en la que el Gobierno de la Comunidad de Madrid resolvió la comida de los y las niñas, dejaron de repartir las pizzas y empezaron a llevar los menús a los colegios, pero no incluyeron a los niños y niñas de las escuelas infantiles y, de repente, empezaron a no recibir nada. Llamé a la CM y me dijeron “es que la alimentación que va a los colegios no es adecuada para niños y niñas tan pequeños”. Ojo, que antes les daban pizza. Yo les dije que entonces cambiasen la comida o hiciesen algo adecuado a las necesidades de los pequeños. No me dieron ninguna explicación.

Una persona conocida de Ecologistas en Acción me dio el teléfono de un periodista y nos pusimos en contacto con él. Salió todo esto en un artículo en El País y me llamaron de la CM al día siguiente diciendo que había sido un error y que lo sentían mucho. Empezaron a recibir  los menús para quienes tenían las becas de comedor. La comida era horrible. De baja calidad y escasa. Purés muy malos, aguados. Una madre de la escuela que había estado en la cárcel decía que allí era mucho mejor la comida.

A la administración le da igual lo que coman los niños y las niñas de estas familias. Hemos tenido que hacer un bote de apoyo mutuo para apoyar a las familias que lo necesitan.

Hablaba de violencia en la escuela…

Durante mucho tiempo la escuela fue una isla de tranquilidad, pero la escuela suele ser el reflejo de lo que ocurre fuera y, según el barrio se ha ido degradando, la violencia entró en la escuela. Se repitieron situaciones de agresividad y violencia en las aulas, peleas entre familias e intentos de agresión a las educadoras y la directora. Todo esto hizo que la anterior directora dimitiera y es cuando se me ofreció la dirección.

¿Por qué aceptó?

Personalmente estaba en una crisis profesional. Había realizado un curso de posgrado de Educación Activa que me hizo plantearme muchas cosas. Tenía en mi cabeza otro tipo de escuela y la dirección me daba una oportunidad para el cambio pedagógico con el que soñaba. Este es mi quinto curso en la dirección y he aprendido muchas cosas. Una de ellas es que la gestión y la burocracia se llevan la mayor parte del tiempo, y que tengo menos tiempo para lo que me gusta en realidad. Al principio me di un plazo de cuatro cursos y al acabar estos me plantearía si seguir. Pero con la pandemia no podía abandonar el barco y aquí sigo.

¿Y cómo trabajó la cuestión de la violencia?

Hicimos una formación sobre convivencia todo el claustro. Protocolos para las familias, para las niñas y niños, para las profesionales, etc. y esto nos ha ayudado bastante. Y desde entonces, ha mejorado mucho la convivencia en general, aunque hemos tenido algún conflicto puntual. La escuela en estos cinco cursos está mucho más relajada.

Es un gran logro…

Sí, es un gran logro que ha contribuido a crear un espacio más seguro.

Se dice que la ultraderecha crece en los barrios más precarizados. ¿Cómo lo ve?

Es un momento crítico. Antes había una red vecinal que funcionaba. Poco a poco todo esto ha ido desapareciendo y ahora solo sobreviven unas pocas asociaciones, vinculadas a la iglesia en su mayor parte, que trabajan con algunas familias, muchas veces desconectadas entre sí. Es un barrio que apenas posee equipamientos y servicios (ludotecas, bibliotecas, parques…). Desde hace años lo único que tenemos es la mesa de Pan Bendito, donde nos reunimos diferentes entidades que trabajan en el barrio y realizamos actividades puntuales de manera conjunta. Actualmente veo muy difícil que la gente más precaria se organice en una lucha común. Soy bastante pesimista con la situación actual, la gente está más en el “sálvese quien pueda”. En ese contexto, el fascismo hace ruido y puede tener seguidores.

El Ayuntamiento ha descuidado muchas zonas. Ha habido inversiones en instalaciones deportivas y no se han cubierto necesidades básicas de las personas

Creo que debería darse un cambio social, donde primase el bien común por encima de los intereses individuales, pero vamos en una dirección completamente diferente. Hay que hacer una intervención urgente. El Ayuntamiento ha descuidado muchas zonas. Ha habido inversiones en instalaciones deportivas y no se han cubierto necesidades básicas de las personas. Es responsabilidad de las políticas públicas, que son las que deben garantizar la igualdad real de oportunidades y comprometerse con el bienestar de la infancia, responder a las necesidades educativas de la comunidad donde están insertos. Se necesitan planes integrales de actuación conjunta de todas las administraciones y muchos recursos, pero sobre todo voluntad política para ello. Soy pesimista. Las instituciones no se ocupan y las familias no se están organizando. No tienen tiempo ni para pensar. Trabajan y viven en una habitación. Se necesita tener un espacio seguro, alegre. Les han vetado muchos derechos y por ahora no se les ha escuchado. En el rato que están aquí en la escuela, los niños y las niñas son felices pero no se llega a más si no hay intención política.

La he escuchado decir que la escuela es un buen observatorio para ver las desigualdades de género…

Este es un barrio muy diverso y tenemos un perfil de familias monoparentales donde la mujer es la sostenedora fundamental de la casa. En muchas familias, por la crisis, las hijas han vuelto a las casas de sus padres y con ello muchas abuelas han pasado a ser las que sostienen a muchas personas en la misma vivienda. A pesar del papel importantísimo que juegan las mujeres, hay un nivel de machismo y violencia muy elevados. No se valora el papel sostenedor de estas mujeres, igual que no se valora en la sociedad en general.

Es difícil que se entienda que no somos guarderías, y que cada actividad que realizamos en la Escuela Infantil son educativas. Que educamos y no guardamos

En la escuela vemos cómo las niñas son cuidadoras desde que comienzan a imitar y se ve cómo son las primeras que ayudan y cuidan a los demás. En las aulas de los más pequeños son ellas las que acercan los zapatos a los niños o intentan darles de comer. Hacen falta muchos cambios, también en las familias, para transformar esto y una buena educación afectivo-sexual desde los inicios de la educación. Las propias profesionales de la escuela somos un 99% mujeres. En nuestra escuela solo hay un chico. Hace falta integrar a muchos más hombres en la Educación Infantil y organizar muchas escuelas de familias.

¿Es la educación infantil pública un instrumento para la igualdad?

No siempre. El baremo de acceso, que impone la Comunidad de Madrid, no se adecúa a las condiciones de las familias de nuestra escuela. Las familias en las que trabajan los dos progenitores tienen cinco puntos, pero si no tienen contrato no se valora su trabajo ni sus ingresos y se les excluye desde el inicio. Debería haber plaza para todas las familias. En el servicio de escolarización algunas compañeras ven que no dar puntos si tu trabajo es informal es una forma de combatir el trabajo oculto. A mi me parece una forma de perjudicar a quien no puede subsistir de otra forma. El baremo no corresponde a las necesidades que hay en los barrios. Se me cae la cara de vergüenza cuando siendo un servicio público vienen las mujeres desesperadas y no la puedes ayudar.

Por otro lado, las madres que trabajan en sus casas no tienen derecho a escolarizar y es la pescadilla que se muerde la cola. Ser ama de casa no se considera un trabajo. El resultado es que las madres están agotadas. Muchas de ellas están diez horas de pie y no las dejan descansar.

¿Actúa la escuela como compensadora de las desigualdades?

Hacemos lo que podemos, pero la escuela sola no es suficiente para compensar desigualdades. La desigualdad no puede remediarse solo desde los centros educativos, porque estas niñas y niños vuelven a sus casas a diario, a su barrio a su vida. Sabemos que estas niñas y niños que hoy cuidamos serán expulsados en su mayoría del sistema educativo. A aquellos que necesitan más la escuela, se les alejará de ella y verán negado ese derecho a la educación que les debería acompañar toda la vida.

¿Cómo tendría que ser la educación infantil?

La Educación infantil es una etapa muy vapuleada por todos los gobiernos y las leyes educativas. Es la etapa más ignorada, la menos conocida e incomprendida de todas, no solo por las políticas educativas, sino por las propias familias, los profesionales del resto de las etapas y la sociedad en general. Es muy difícil que se entienda que no somos guarderías, y que cada actividad que realizamos en la Escuela Infantil tiene un carácter educativo. Que educamos y no guardamos, porque con este término privamos a las niñas y niños de sus derechos más elementales.

Hay muchos niños y niñas que vienen a nuestra escuela con muy pocas habilidades sociales y eso también lo tenemos muy en cuenta

Nuestra metodología está centrada fundamentalmente en el juego. Las niñas y niños de estas edades aprenden jugando, pero el juego debe ser seguro y en las mejores condiciones. Por eso creamos situaciones de experiencias que sean favorecedoras del aprendizaje y el desarrollo, de ambientes que aporten seguridad y en los cuales se establezcan unas normas claras y unos límites precisos, con actividades contextualizadas, siempre partiendo de las necesidades y los ritmos de los más pequeños.

Este juego lo deben hacer con los demás y esa interacción la creemos también esencial en educación infantil, el estar con otros/as, el cuidarnos, respetarnos… Hay muchos niños y niñas que vienen a nuestra escuela con muy pocas habilidades sociales y eso también lo tenemos muy en cuenta. Cada curso debemos de realizar talleres para fomentar esto dentro de nuestro programa.

¿Si pudiera diseñar su escuela cómo sería?

Sería un espacio compartido, donde las niñas y niños fueran los verdaderos protagonistas. Un espacio rico en estímulos, acogedor, con mucha luz, cálido y sin prisas. Que conectase con las necesidades infantiles. Un lugar que proporcionase seguridad afectiva y vínculos seguros, necesidad de movimiento y acción, de juego espontáneo, la necesidad de vivir emociones y de afirmar el deseo de crecer.

¿Un momento en el que recuerde haberse sentido feliz en la escuela?

Cuando han llegado las familias después de la pandemia y me decían “¿te puedo dar un abrazo?”. En general, los niños y niñas, a diario, compensan con creces todos los malos ratos que se pasan.

Fuente e imagen: ctxt

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El machismo mata, el negacionismo mata, el patriarcado mata

Por: Ángela González, Itziar Prats, Ruth Ortíz

Un hombre, asesina a sus hijas Olivia y Anna, provocando el mayor sufrimiento que existe a su madre, Beatriz.


Y de nuevo nos preguntan a las víctimas. ¿Qué está fallando?

Un padre maltratador no es un buen padre, ni un buen marido, ni un buen hombre. En algunos casos llega a ser el asesino de su mujer y/o de sus hijos e hijas. Ya son demasiados asesinatos para continuar mirando hacia otro lado. Dejemos de preguntarnos qué hacer y actuemos.

No se nace machista, se aprende a serlo. Se trasmiten de generación en generación los mismos patrones, las mismas pautas, que marcan que los niños tienen que ser fuertes y valientes y las niñas sumisas y protectoras.

La única solución es no lanzar a la sociedad hombres y mujeres machistas que acepten con normalidad y den continuidad al patriarcado. Es educar en el respeto y no en la sumisión, ni el sometimiento. Es entender que somos personas diferentes, aunque complementarias, etc. Y ser ejemplo de ello para que desde la infancia lo aprendan, de manera natural, hijos e hijas.

Pero esto no se cambia de un día para otro. Solamente cuando haya generaciones y generaciones, educadas en la igualdad, terminaremos con esta lacra. Por eso es importante empezar, ya, a implantar en los centros educativos y en todos los niveles de formación, un sistema educativo basado en la igualdad y el respeto entre personas. Solo así lograremos un cambio en nuestra sociedad.

A corto plazo tenemos que hacer hincapié en varios aspectos:

El trabajo de los profesionales que trabajan en violencia de género. Estos profesionales tienen que estar formados adecuadamente en violencia de género y tener, en todas sus intervenciones, una perspectiva de género que les permita conocer las particularidades de estos casos.

Sin esta formación no deben estar trabajando con personas, ya que de lo que aquí hablamos es de vidas, de vidas de personas.

1.098 mujeres víctimas mortales contabilizadas desde 2003 en España.

Los y las menores que sufren maltrato deben ser la prioridad por su especial vulnerabilidad. No nos vamos a cansar de repetir que hay que escucharles, que tienen mucho que decir y que de lo que se está hablando es de sus vidas. A ellos y ellas también hay que respetarles. Y hay que hacerlo dándoles prioridad ante los agresores.

Hay que escucharles en entornos adecuados y de forma adecuada a su edad, por profesionales con formación específica. No, no vale cualquiera.

Los niños y las niñas son el principal objetivo en la violencia vicaria. Pasan de ser hijos e hijas a instrumentos para producir dolor a la madre. Y así es como dejan de verlos como personas. Esta «despersonalización» facilita cualquier tipo de agresión, incluso la más cruel y perversa, el asesinato. ¿Cuál es el mayor daño que se puede provocar a una madre?

Este debería ser el motivo principal por el que se debe retirar de forma inmediata la custodia a un hombre que ejerce violencia de género. Repetimos, un padre maltratador no es un buen padre, en ningún caso.

Cuando se pone una orden de alejamiento a un agresor, sería más eficaz y más justo controlar al agresor, que es el que provoca el daño, en lugar de a la víctima. Actualmente se les pone doble castigo a las víctimas: el miedo a su agresor y la limitación de las salidas y entradas bajo control.

Si se tuviera control sobre el agresor la víctima podría tratar de darle normalidad a su día a día. Tarea que ya es muy complicada por el daño que ha sufrido. ¿Por qué hay que añadir más daño?

Hay que prevenir sin contemplaciones. Es urgente. Algo, o más bien mucho, está fallando en esta sociedad cuando menores están siendo asesinados por aquellos en los que confían y los deben proteger. Y algo peor aún, no se hace nada por evitarlo.

Algo sangra en esta sociedad, ¿nos vamos a quedar sin actuar?

Toda la sociedad debe implicarse y actuar frente a cualquier tipo de violencia y mucho más cuando se dirige hacía menores.

Dejemos de preguntarnos por qué y actuemos.

ÁNGELA GONZÁLEZ, ITZIAR PRATS Y RUTH ORTIZ son madres víctimas de la violencia vicaria

Fuente e imagen: https://blogs.publico.es/dominiopublico/38578/el-machismo-mata-el-negacionismo-mata-el-patriarcado-mata/

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El amor no hace daño

Por:  Eliana Soza Martínez

Las noticias cada día nos dejan más alarmados, especialmente por los crímenes cometidos hacia los grupos vulnerables, en este caso las niñas y niños, quienes se ven afectados por todo tipo de violencia. La peor es el infanticidio, cometido dentro del seno de los hogares en la mayoría de los casos.

Estos hechos los vemos todos los años y los casos que se presentan en Bolivia cada vez son más espantosos. Pensemos en los niños que fueron ahogados por sus propios padres en Sucre, hace unos días. Parece ser que la situación se agravó en el tiempo de pandemia, cuando la educación se realiza desde casa.

Esto puede llevarnos a una amplia reflexión, empezando por la necesidad de mejores políticas de protección a este grupo etario; o por otra parte, la premura de castigos más duros a los victimarios. Sin embargo, creo que como sociedad y ciudadanos de a pie tenemos que ir a un nivel más profundo de meditación. Por ejemplo, preguntarnos: ¿cuáles son las características de la educación que damos a niños y niñas?

¿Por qué hablo de la educación? Pienso que venimos reproduciendo un modelo “adultocentrista” en nuestro estilo de vida. Lo que hacemos y todo lo importante se centra en los adultos; por tanto son ellos quienes detentan el poder sobre los demás, en este caso los menores. Al tener esta potestad, creen poseer vía libre de cometer cualquier abuso. Ven eso como algo natural, ya que cuando fueron niños es probable que hayan sufrido la misma violencia, y ahora al ser mayores es como si hubieran ascendido de rango, teniendo el derecho de abusar de los pequeños.

Me parece también que los victimarios son personas que no aprendieron a gestionar sus emociones ni sentimientos; que se caracterizan por un comportamiento impulsivo. Así mismo, la falta de comunicación e interacción con los menores, mezcladas muchas veces con el alcohol y otras enfermedades, son las que llevan a que se ejerza violencia contra los infantes. Otro aspecto que demuestra lo “adultocentrista” de la sociedad es que no se cree a un niño o niña al informar sobre un abuso. Sólo cuando estos traen consecuencias físicas se hace una denuncia. Finalmente, lo alarmante es que las vejaciones se den en el ámbito familiar, lo que se traduce en que uno de los lugares más peligrosos es el propio hogar.

¿A qué se debe esto? ¿Por qué los que tendrían que proteger, cuidar y dar amor llegan a hacer tanto daño? No soy una especialista ni una científica para responder estas preguntas desde la ciencia; sin embargo quiero compartir con ustedes lo que yo pienso. Lamentablemente muchos conceptos son enseñados, aprendidos y vividos de forma errada en nuestras familias, por ejemplo los del amor, la pertenencia y la sexualidad.

El amor no es un valor que se lo enseñe de manera sana, ya que como lo hemos desdibujado en chistes y otros, todavía muchas mujeres entienden que la violencia es una manera de demostrarlo, por eso es tan común escuchar “me pega porque me quiere” y eso es lo que estamos transmitiendo a los pequeños. De la misma forma la pertenencia. ¿El ser amado nos pertenece? Pienso que muchos responderían “sí”; por lo tanto, se puede hacer cualquier cosa con esa persona porque es de nuestra propiedad. Finalmente, la sexualidad. Existen tantas instancias públicas y privadas preocupadas por una educación de este tipo que se centra solo en el uso de preservativos para evitar embarazos no deseados. Cuando los problemas dentro de los hogares van mucho más allá, pues los adultos sienten que pueden ejercer su dominio sobre los infantes a través de su sexualidad. Por lo que en realidad se necesitaría una educación sexual enlazada con la gestión de emociones para así controlar impulsos y darse cuenta de que no los hace fuertes lastimar a los débiles.

En conclusión, pienso que el tema de violencia en contra de los niños y niñas tiene aristas de las cuales no se está hablando, por lo que es más difícil encontrar soluciones estructurales de fondo, y de prevención. Insisto que necesariamente pasa por la educación a todo nivel. Cada uno de nosotros puede contribuir a aquello, informándonos, deteniéndonos a pensar y analizar qué estamos enseñando a nuestros hijos y qué están aprendiendo, ellos dentro y fuera de los hogares. En especial concentrarnos en transmitir que el amor, por sobre todas las cosas, nunca causa daño ni es sinónimo de dolor.

Fuente e imagen: http://blogs.e-consulta.com

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