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¿Y si pensamos en lo posible?

Blanca Heredia

En términos de pensar un mejor país, concentrarse en lo ideal suele ganarle la partida a enfocarse en lo posible. Se entiende. Lo ideal es más bonito que lo posible.

Sin demérito alguno a la búsqueda de lo más exigente y perfecto como motor de cambio, hay que decir que éste ofrece, frente al posibilismo, ventajas adicionales. Permite, entre otras cosas, evitar tener que lidiar, negociar y ensuciarse con el mugroso mundo real. Con ese mundo nuestro de todos los días en el que un número minúsculo de empresas y empresarios dominan la mayor parte de la economía, y hacen y deshacen a su antojo porque tienen los dineros y los conectes para defender y avanzar sus intereses en todos los niveles y ramas del gobierno. Con esa realidad cotidiana en la que las fronteras entre el crimen organizado (el hijo sicario) y el no crimen (la mamá que trabaja de cajera en Walmart) son cada vez más porosas y fluidas. Con ese orden político y social precario en el que conviven los líderes sindicales que organizan la obediencia de los pocos integrantes de las clases trabajadores formales que quedan a cambio de cuantiosos privilegios, las organizaciones criminales que controlan porciones crecientes del territorio del país y producen formidables cantidades de cash que sirven para aceitar los engranes de una economía que crece poco y excluye a las mayorías, y los operadores de las vastas redes clientelares que le dan gobernabilidad al país en la práctica y movilizan apoyos y votos para los políticos interesados en permanecer o acceder a los resortes y las palancas del gobierno.

¿Es presentable todo esto en público? ¿Es bonito? ¿Dan ganas de ocuparse de ello? Respuesta: NO.

Reitero, se entiende perfectamente que muchos de los expertos, activistas y pensadores interesados en pugnar por un México próspero, justo y democrático se aboquen a plantear objetivos grandes y encomiables, y a proponer como medio para alcanzarlas leyes y estrategias de política pública inspiradas en los más altos estándares internacionales. Resulta también muy comprensible el que este grupo (llamémosle el grupo ‘Dinamarca’ dada su propensión a buscar en países como ese sus ideales y referentes centrales) tienda a preferir no ocuparse mucho de las restricciones y las (siempre limitadas y, con frecuencia costosas) oportunidades de mejora que ofrece nuestra realidad concreta.

Si bien el grupo Dinamarca contribuye a elevar expectativas y generar nuevos contextos de exigencia (por ejemplo, en temas de corrupción y derechos humanos), conviene reconocer que, desafortunadamente y con frecuencia, sus afanes terminan produciendo leyes incumplibles o diseños institucionales inoperantes que le aportan a nuestro sistema político profundo (ese cuya piedra angular es la aplicación selectiva de la ley) nuevas oportunidades para que los que lo controlan puedan seguir repartiendo discrecionalmente protección y privilegios a sus amigos, aliados y partidarios.

Para salir del atasco y avanzar hacia un país en el que, por ejemplo, el salario mínimo alcance para lo básico, la inseguridad no sea un problema tan acuciante, una enfermedad seria en la familia no implique la bancarrota patrimonial, y un joven pobre y muy listo no tenga como única opción si quiere avanzar en la vida sumarse a las filas del crimen organizado, requerimos metas deseables e imposibles, pero también necesitamos arremangarnos y ver cómo le hacemos para armar estrategias viables y factibles para ir mejorando las cosas a lo seguro (aunque sea gradualmente).

Fuente del articulo: http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/y-si-pensamos-en-lo-posible.html

Fuente de la imagen: http://www.elfinanciero.com.mx/files/article_main/uploads/2016/08/24/57bd2b8

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¿Por qué, pese a que sobran las evaluaciones, no mejora la educación?

Luciana Vázquez

¿Por qué? La pregunta vuelve, insistente: ¿por qué Ciudad de Buenos Aires no logra mejorar sustantivamente el nivel de aprendizaje en sus escuelas primarias y secundarias a pesar de años de evaluación de su sistema educativo con todo tipo de pruebas tanto locales como nacionales e internacionales?

Lo mismo pasa en Argentina y en buena parte de América Latina, evaluadas hasta el cansancio desde hace décadas pero con rendimientos siempre por debajo del promedio de los países desarrollados. Por eso la pregunta, casi obligada: ¿por qué?

«Con la evaluación no alcanza», dice, contundente, la directora ejecutiva del Instituto de Estadística de UNESCO, la argentina Silvia Montoya, que agrega: «El problema es que los datos que aportan las evaluaciones no se usan en política pública de la manera en que deberían ser usados. Hay un exceso de elaboración de rankings o de uso de las pruebas para rendirle cuentas a la sociedad pero poco aprovechamiento de los datos para diseñar políticas educativas».

El lunes en la sede de UNESCO en París se presentaron los resultados de las respetadas pruebas PIRLS, el Estudio Internacional de Progreso en Comprensión Lectora que se aplica a alumnos de cuarto grado de escuelas públicas y privadas, y los resultados de CABA desalientan: puesto 46 de un ranking de 61 sistemas educativos. Un puntaje de 480 puntos, 20 por debajo de los 500 promedio deseables. Estancamiento sostenido en los rangos bajos de diversas evaluaciones.

Montoya dialogó el lunes con LANACION en la Sala de Actos de este edificio de hormigón de la UNESCO en París, ideado por Walter Gropius en la década del `50. Montoya llegó a París directo desde Montreal, Canadá, donde está la sede del Instituto, para participar de la discusión de los resultados de PIRLS junto a nombres destacados del mundillo educativo global.

¿Qué aprenden los cuartos grados porteños?

Durante el debate en UNESCO, Montoya subrayó la necesidad de encontrar los datos claves que permitan describir la realidad educativa de cada país: «Tenemos que determinar cuáles son los indicadores que mejor muestren la diversidad educativa internacional y al mismo tiempo permiten las comparaciones entre países», sostuvo.

Esta argentina nacida en Córdoba, es una especie de estrella en estos pasillos parisinos: su rol en UNESCO la vuelven fuente de consulta obligada en esta jornada, que Montoya satisface en un inglés o francés ágil pero descuidado de la pretensión del acento perfecto. Los habla también con su cantito cordobés.

Y al mismo tiempo, por su experiencia, Montoya es la persona ideal para pensar la dificultad de CABA para mejorar los aprendizajes en sus escuelas. Esta doctora en Análisis de Políticas Públicas por la Pardee RAND Graduate School, en Estados Unidos, fue la directora general de Evaluación de la Calidad Educativa de CABA. Durante años trabajó codo a codo con el ex ministro Esteban Bullrich y fue la funcionaria que instaló el tema de la calidad educativa en la agenda porteña de PRO. Los resultados de PIRLS también evalúan los años de gestión de Montoya en CABA, aunque la edición 2016 de la prueba se implementó luego de su partida.

Desde la Ciudad, Montoya desarrolló las pruebas locales de calidad y coordinó la implementación de las evaluaciones internacionales PISA, PIRLS, TIMSS, entre otras tantas. Desde 2015 dirige desde UNESCO la principal agencia internacional en evaluación educativa.

Una primera dificultad de las evaluaciones internacionales, según explicó la experta argentina en París, es la «diferencia de la estructura de los sistemas educativos»: no siempre los grados o años comparados tienen los mismos objetivos de aprendizaje y sus programas de estudios no coinciden.

¿Tienen razón entonces la autoridades educativas de CABA que sostuvieron que los bajos resultados obtenidos por los alumnos de cuarto grado en PIRLS se deben a una diferencia en los programas de estudio, que en las primarias porteñas se desarrollan, afirman, recién en quinto o sexto grado?

«Muchos de los contenidos evaluados por PIRLS en cuarto grado, son propios del segundo ciclo de la escuela primaria en la Ciudad», explicó a LA NACION la directora de la unidad de evaluación del ministerio de Educación porteño, Tamara Vinacur.

Hastedt, el responsable de las pruebas PIRLS, no estuvo de acuerdo. Hastedt insiste en la necesidad de consolidar ciertos aprendizajes en determinados grados de la escolarización.

«Si llegada cierta edad los alumnos no desarrollaron capacidades de lectura básicas, es difícil que puedan aprender ciencias o ciencias sociales, por ejemplo, o conocimientos más complejos en los años siguientes», afirmó Hastedt a LANACION ratificando la importancia de alcanzar niveles de comprensión lectora altos en cuarto grado. La idea que da sentido a la prueba PIRLS es que primero se aprende a leer y llegado cuarto grado, la lectura es en sí misma un herramienta para aprender otras cosas.

En relación a los argumentos de la diferencias de contenidos de cuarto grado, Montoya aclaró que los países evaluados en PIRLS pueden acordar con la IEA en qué grado se tomará la prueba para que sea más consistente con el curriculum nacional.

«Los estudios de la IEA tienen en cuenta la adecuación a los programas de cada sistema educativo, a diferencia delas pruebas PISA que evalúan a alumnos de 15 años no importa en qué año se encuentren», explicó la directora del Instituto de Evaluación Educativa de UNESCO. CABA pudo haber solicitado la evaluación de sus aprendizajes en sexto grado, por ejemplo, pero no lo hizo.

Chicos que aprenden y que no

Sudáfrica es un ejemplo de cómo PIRLS se aplicó en sexto grado y no en cuarto. «Como en los dos años del primer ciclo escolar trabajan mucho con la oralidad, que es muy importante en África, se considera que el apresto para la lectoescritura empieza más tarde», explicó Montoya, que coincide con el director de la IEA: más allá de diferencias en los sistemas educativos, explica, los chicos de las mismas edades críticas deberían poder contar con capacidades semejantes y usarlas apropiadamente.

«Hay algo que no está funcionando en los sistemas escolares en general», desarrolla sobre el tema de la dificultad para la mejora, y extiende el análisis a un nivel global: «Está claro que los países lograron poner a los alumnos en las escuelas: la cobertura escolar creció drásticamente. Pero elaboramos un indicador que llamamos «los niños que no aprenden» a partir de una estimación anclada en todas las evaluaciones nacionales de aprendizaje. Dos tercios de los niños, hasta 15 años de edad, que no aprenden están dentro del sistema escolar.»

Fuente del articulo: http://www.lanacion.com.ar/2089388-por-que-pese-a-que-sobran-las-evaluaciones-no-mejora-la-educacion

Fuente de la imagen: http://bucket2.glanacion.com/anexos/fotos/51/educacion-2516851w620

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Una educación democrática

La República

En los espacios dedicados a la reflexión sobre la educación en el Perú, se discute bastante acerca de cuál debería ser el carácter de un curso de educación cívica. Este debate suele centrarse en la naturaleza de una pedagogía democrática, que permita forjar las virtudes morales y políticas del ciudadano y que se aporte a cada peruano un saber riguroso y útil acerca de sus leyes e instituciones. Ello, es claro, trasciende los cerrados límites de una asignatura que lleve ese nombre, refiriéndose más bien a un modelo educativo más pleno.

A continuación anotaré las principales características que, a mi juicio, encierra una Educación Democrática:

-Una educación democrática la entendemos como aquella que busca brindar a los estudiantes los elementos racionales y emotivos que permitan formar en ellos un sentido de comunidad política. Esto alude no solamente a la conciencia de coexistir en un mismo territorio, sino también a la conciencia de compartir una historia, de luces y sombras, sobre la cual es preciso discernir para orientar la comunidad hacia una vida social más democrática. Así pues, debemos conocer nuestras etapas autoritarias y democráticas, y apreciar aquellos períodos en los que se han valorado y ejercido las libertades políticas.

-Una educación democrática asume como punto de partida la idea de que cada individuo es un sujeto de derechos universales e inalienables, de modo que la vida, la libertad de conciencia, la búsqueda de la felicidad personal y la propiedad deben ser protegidas sin otra restricción que el respeto de los derechos de los demás. El Estado debe garantizar la vigencia de estos derechos, pero los ciudadanos deben saber que existe un sistema global de derechos humanos ante el que puede denunciarse al propio Estado si es que él amenazara los derechos fundamentales de las personas.

-Una educación democrática forma a los alumnos en el trato igualitario. Este principio supone presentar combate a toda especie de discriminación por razones de raza, cultura, creencias, condición social o económica, género y sexualidad. Una sociedad democrática constituye un hogar para todo ciudadano que cuente con un sentido de justicia.

-Una educación democrática promueve la comunicación honesta y rigurosa de todas las culturas que existen en el país. Se concentra en la necesidad de que el Estado genere políticas que permitan que el ciudadano pueda acceder a la justicia, la salud y la educación en su lengua originaria, para poder ejercer sus derechos a cabalidad. Nuestra sociedad es multicultural y multirreligiosa.

-Una educación democrática está comprometida con la justicia de género. Vivimos en una sociedad que a lo largo de su historia ha discriminado a las mujeres, confinándola al ámbito privado, o que le ha asignado un rol subordinado en la conducción de las instituciones. Una sociedad que asimismo ha marginado y estigmatizado a las minorías sexuales. Es preciso construir una cultura de respeto y tolerancia en este tema.

-Una educación democrática debe revalorar la acción política y recuperar la fe en la capacidad de transformación propia de los ciudadanos. Necesitamos renovar la política, actuando desde los partidos y desde la sociedad civil para modificar nuestras estructuras, costumbres y mentalidades referidas a lo público. La desesperanza sólo corroe nuestra vocación por el cambio social y político. Los peruanos podemos mejorar nuestra patria si decidimos actuar juntos en nombre de un propósito común.

Fuente del articulo: http://larepublica.pe/politica/1155184-una-educacion-democratica

Fuente de la imagen: http://3.bp.blogspot.com/-QJTsx5QJW7k/VJ1ahSu57RI/AA

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Lo simbólico es muy importante en nuestras vidas: nos expresamos por símbolos

Por: Manuel Menor.

Empezando por la facultad de hablar, que no es lo mismo que dar voces: “Sólo el hombre entre los animales –decía Aristóteles- posee la palabra”.

Tras la declaración de Carmen Forcadell en el Supremo se ha puesto el foco en lo “simbólico”. Lo que le oyó el juez Pablo Llarena el pasado día diez acerca del valor de la declaración del Parlament y del Govern, mostrando que era consciente de su nulo valor jurídico efectivo, sirvió para que las cautelas que le impuso fueran menores que las que en la Audiencia se habían ordenado para otros actores de este “procés”. Y, al tiempo, valió para imaginar una ligera distensión en el rumbo que había tomado todo lo relacionado con este engorro. Creer que fuera estrategia provisional o propósito firme en la vuelta a la legalidad constitucional, el futuro lo dirá. Entretanto, no debiera obviarse qué sea lo simbólico, algo cuya entidad está muy alejada de lo puramente etéreo y espiritual.

La violencia simbólica

La conocen muy bien las mujeres -mejor que la mayoría de los hombres- a causa de violencias que siguen sufriendo, incluso con la muerte, como documenta asiduamente la prensa. En estos casos, generalmente alguien del género masculino ha pretendido hacer prevalecer un dominio absoluto basado en unos supuestos derechos que le confirieran, sobre todo, supremacía. Casi siempre se trata de algún varón que cree sentirse obligado a ejercer de macho dominante ante situaciones de desacuerdo. Esta conducta suele estar asociada a pautas culturales de un entorno propicio a una jerarquización de roles opuestos al reconocimiento de derechos y libertades de los demás en igualdad.

En la práctica, se traduce en desatención y desprecio a los otros, sobre todo si concurren diferencias de cualquier tipo como pretexto de clasificación, dominio y violencia. Incluso en los supuestos espacios del conocimiento universitarios puede acontecer, Y en los no menos relevantes de carácter religioso, por chocante que pueda parecer a Monseñor Munilla. Tales hábitos demostrativos, con su secuela de sometimiento y humillación del más débil, suelen entrar por los poros desde antes de nacer, en  climas de poco afecto familiar; a muchos profesores y maestros ya les es dado verlos crecidos cuando tienen delante casos de bullying y ciberbullying.

Los sociólogos críticos como Pierre Bourdieu la tuvieron muy en cuenta cuando analizaron con minuciosidad de qué vaya La dominación masculina o, más propiamente, la violencia simbólica. Entre dominadores y dominados, es decir, en las relaciones de poder asimétricas, hay siempre valores implícitos, soterrados y subyacentes, que han predispuesto las mentalidades y los afectos para que parezca natural lo que solo es un hábito de imposición arbitraria de la fuerza. Favorecen esta violencia simbólica las diferencias de tipo fisiológico, físico, cultural, del color de la piel, la religión o la ley y, no menos, la lengua de nacimiento, las costumbres más nimias y las tradiciones que cada cual quiera arrogarse como distintivas, aunque casi nunca lo sean, pero que pueden valer para alardear y tratar de sostener la distinción.

En algunos de estos estudios, se aprecia bien cómo algunas culturas de lo simbólico puede ser tan dañinas y perversas como la pura violencia física. Están en su base generadora, son capaces de dominar las voluntades -sobre todo, desde la perspectiva de lo que está bien visto o mal visto por los demás del grupo- y van más allá de las puras leyes de la moralidad básica. Esta dependencia suele formar parte también de los mecanismos utilizados por distintos tipos de sectas para la adhesión de sus adeptos, y más próximamente, fundamenta no pocas leyes rectoras de la publicidad a fin de lograr nuestra fidelidad.

La única manera de sobreponerse a esta sibilina manera en que casi solo los científicos sensatos de la paleontología y antropología distinguen lo natural de lo cultural, es una buena y digna educación. Aristóteles ya reclamaba (Política, 8.1) su necesidad si se quería la unidad de la POLIS. Razonaba que el fin de toda ciudad es único y, por ello, “es evidente que necesariamente será única y la misma la educación de todos”; el “cuidado por ella ha de ser común y no privado -proseguía- pues el entrenamiento en los asuntos de la comunidad ha de ser comunitario. Ninguno de los ciudadanos se pertenece a sí mismo, sino todos a la ciudad”. A quien le parezca exagerado, entienda que la pugna por los Derechos Humanos y Sociales es hoy inexcusable en la continuidad de esa política humanizadora. Si no se quiere que la pasividad domine -que es lo que todo poder hegemónico anhela de continuo-, ese referente orientador de la educación y cultura es el único modo de alentar el crecimiento humano. La ignorancia desarma las posibilidades de resistencia y facilita el trabajo a la fuerza bruta. El propio Aristóteles sostenía que “cada régimen suele preservar su constitución política originaria”. Es propio del régimen oligárquico tratar de preservarse, y no todo es democracia porque lleve ese nombre.

Pero en Educación también suele darse gato por liebre. Por eso los más críticos alertaron acerca de cómo es a menudo muestra de la violencia simbólica. Un topos socorrido en los estudios de los años setenta acerca del sistema educativo en EEUU o en Francia –que todavía hoy sirven de referencia-, fue el de la “reproducción” que, desde diferenciales oportunidades  para los estudios y la cultura, sitúa a los herederos de unos u otros grupos en posiciones bien diferenciadas. Los estudiosos de la equidad educativa, como José Saturnino, nos han hecho recordarlo reiteradas veces cuando, por ejemplo, hablan del capital cultural diferencial de partida y que a muchos les distanciará siempre. Los profesores que investigan lo que sucede en sus aulas conocen mejor que nadie esas distancias iniciales en algo tan básico y simbólico como el uso del lenguaje. El manejo  que muestran los alumnos de su riqueza de significados y complejidad de matices, puede marcar distancias de más del 50%. Con los ritmos burocráticos de la escolarización, si no se atiende a ese diferencial inicial, la mecánica aplicación homogénea del sistema hará que aumente y se haga insalvable.

¡Cuidado con lo simbólico!

Existe, pues, una leve variante de lo “simbólico”. Complementa lo anterior y se refiere más a lo metafórico, alusivo a otra realidad. En este aspecto, el sistema educativo expresaría –simbolizaría- el valor que le confiere una determinada sociedad. Por ello reclama atención cuidadosa si se quiere que las políticas educativas expresen el lado más positivo del ser humano, sus aspiraciones más dignificadoras en igualdad democrática. De no ser así, el retrato que refleja, lejos de ser indiferente, mostrará las violencias que impregnan el tejido social. ¡Cuidado con lo simbólico, porque su realismo expresivo es pródigo en contradicciones de nuestras políticas educativas! Si tan alta es la consideración verbal que suelen dedicarle las instancias oficiales a la educación, no se entienden, por ejemplo, gran parte de los mecanismos normativos existentes, encaminados a sostener inmóviles las asimetrías de base del alumnado. Serán legales, pero no es la mejor formulación que debiera tener el art. 27 de la Constitución a día de hoy.

Menos se entiende que a Montoro le haya parecido inaceptable la inversión del Ayuntamiento madrileño en el SAMUR o en escuelas infantiles. Lo que la Constitución establece respecto al derecho universal a la educación estaría mejor protegido si exigiera a Cifuentes o a sus compañeros de Gobierno los cumplimientos básicos que, más allá de la escolarización, conlleva una enseñanza digna en igualdad para todos. En línea con lo que preconizaba Aristóteles, la construcción de sociedades democráticas más justas y equitativas requiere establecer fuertes vínculos entre educación y ciudadanía que no olviden la existencia de connotaciones socioeconómicas y políticas, amén de herencias históricas  conformadoras de esos hábitos culturales profundamente limitadores cuando son portadores de aquella violencia simbólica de que se hablaba más arriba. En ese punto de confluencia de lo invisible simbólico con la visibilidad de actitudes reales que encuentran cobijo en el BOE y en otros Boletines oficiales, cobran especial relevancia  las múltiples razones que Jurjo Torres señalaba en 2006 para explicar la desmotivación del profesorado escolar y que, en buena medida, están también en la de muchos alumnos. Los lazos de las culturas escolares con la sociedad no son tan distintos de los que subyacen a los hábitos que de continuo se renuevan en el pluriforme juego de las relaciones humanas.

En consecuencia, aun suponiendo que la alusión de Forcadell valiera de poco, en la cuestión catalana lo simbólico está urgido de otros gestos políticos en que el realismo y las renuncias se encaucen al mejor fin. También es un buen pretexto para observar en qué medida las simbologías expresadas en la LOMCE como norma estrella, defienden bien la obligación del Estado de promover la universalización del derecho a la Educación sin desdoro de lo que signifique hoy que sea igualmente digna para todos. Como complemento -nada simbólico de ese análisis-, ahí está el modelo Cifuentes –continuidad del modelo Aguirre-Fígar- manteniendo en precario a la enseñanza pública mientras apunta 1000 millones para la privada y concertada en los presupuestos del año próximo.

Y por si hubiera dudas acerca de que lo simbólico y lo real no se entrecruzan,  el nuevo giro que está tomando el supuesto pacto “político” –que no social- de la Subcomisión parlamentaria es un buen paradigma. Los urgidos por adivinar la buena ventura que de ahí vaya a salir,  pronto podrán advertir cómo algunas de las más significativas diferencias simbólicas y reales –vigentes en el sistema educativo de este país-  siguen vivas. ¡A dónde iríamos a parar, si no!

Fuente del artículo: http://www.mundiario.com/articulo/sociedad/simbolico-muy-importante-nuestras-vidas-nos-expresamos-simbolos/20171113231750105995.html

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Educación, la cadena de las carencias

México / 10 de diciembre de 2017  / Autor: Gilberto Guevara Niebla / Fuente: La Crónica de Hoy

Las deficiencias de la educación son acumulativas y se trasmiten de la familia a la escuela y, segundo, dentro de la escuela, del grado inferior al superior. Hace tiempo, un ilustre maestro se lamentaba diciendo: “la escuela primaria tiene que llenar los vacíos formativos que deja en el alumno el preescolar, la secundaria gasta gran parte de sus energías en reparar las fallas de la primaria y la preparatoria hace lo propio con las deficiencias que trae el alumno de secundaria. Hoy, concluía, la universidad parece una gran preparatoria.

Exageraba, pero no mucho. La crisis de la educación tiene que ver con la ausencia de soluciones específicas para cada esfera educativa. Comenzando con la familia. En general “existen excepciones– los padres de familia son malos, o mediocres, educadores. Examinemos, por ejemplo, los patrones de crianza de las familias mexicanas donde prevalece la sobreprotección de los pequeños, la falta de reglas, el lenguaje deformado (“infantilizado”), la arbitrariedad del reparto de premios y castigos, etc.

El preescolar ha de enseñar al niño la autonomía y la disciplina que la familia no logró darle y que son cualidades indispensables para el desarrollo del niño. Pero no siempre el preescolar cumple su cometido y en la escuela primaria los maestros tienen que enseñar al alumno, a contracorriente, los hábitos indispensables para la convivencia escolar. Las tres metas cognitivas de la primaria “leer, escribir y dominar las operaciones aritméticas” rara vez se logran.

El dominio de la escritura es un lastre que se carga, a veces, hasta la conclusión de los estudios universitarios. En la secundaria debes aprender a resolver problemas sencillos de álgebra, de estadística y de geometría analítica, además de asimilar las habilidades para el estudio y el aprendizaje autónomo, pero pocas veces se logran esas metas.

Se llega a la preparatoria con dificultades para trabajar de forma independiente, con problemas para leer con fluidez y con mala escritura. Y la historia, para desesperación de los docentes, recomienza, pero las condiciones son cada vez más adversas. La carga de materias en la media superior es excesiva y en este nivel los maestros “en su mayoría universitarios” ya no se preocupan por atender de forma personalizada las carencias de los alumnos. Cada estudiante se hace cargo de sus propias lagunas y, si no puede hacerlo, pagará las consecuencias.

No en balde la preparatoria es el nivel con más alto grado de deserción. A universidad “donde he sido maestro por cuarenta años” los alumnos muestran más autonomía, pero sus conocimientos y habilidades en general son deficientes. Por regla general, les falla la escritura y muchos de ellos no son hábiles lectores. Los alumnos universitarios explotan mucho los recursos de la tecnología digital y les fascina hacer “trabajos de investigación” que suelen ser fusiles más o menos obvios de Wikipedia.

Muchos planes de estudio universitarios pecan de deficientes y no ofrecen, como fundamento, la preparación rigurosa y exigente del estudiante en las disciplinas básicas de la carrera (como se hace, por ejemplo, en medicina e ingeniería) sino que ofertan de entrada un abanico incoherente de asignaturas, incluyendo muchas optativas. El resultado, en los aspectos formativos del estudiante, es deplorable.

Esta cadena de carencias formativas nunca se va a resolver si no se actúa, con energía, en cada uno de los eslabones empezando con la familia. Esta esfera tiene crucial importancia, pero no ha merecido la atención que merece, en gran parte por razones políticas que no deberían influir en las políticas públicas. Los niveles escolares críticos son preescolar y primaria: su reforzamiento daría al sistema educativo nacional un fundamento que no tiene.

Fuente del Artículo:

http://www.cronica.com.mx/notas/2017/1055422.html

Fuente de la Imagen:

http://www.contralinea.com.mx/archivo-revista/2013/02/11/triquis-carencia-en-educacion-salud/

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Reforma fiscal en EUA. Impactos en educación superior

Por: Roberto Rodríguez

Por un pelito, pero fue aprobada en el Senado, el sábado pasado, la propuesta de Donald Trump de reforma fiscal. Fueron 51 votos a favor, 49 en contra. De los senadores de la cámara alta estadounidense toda la bancada republicana, excepto el senador Bob Corker, representante de Tennessee, respaldaron la iniciativa, ello fue suficiente para conseguir la aprobación. Previamente, a mediados de noviembre, y también sobre la base de la mayoría republicana, la iniciativa fue avalada por 227 de los 435 diputados.

Con la aprobación en ambas cámaras, es un hecho que la reforma fiscal procederá. Sin embargo, faltan detalles porque los textos aprobados en cada instancia incluyen modificaciones a la propuesta original y son, en varios puntos, diferentes entre sí. De aquí a fin de año se requiere una versión unificada que, de nueva cuenta, pase por la aduana de las cámaras y alcance rango de ley. (Resumen y principales datos).

Se trata de una reforma importante, seguramente acá la llamaríamos “estructural”, que modifica el régimen fiscal vigente en Estados Unidos desde 1986. El dato más destacado es la propuesta de reducción del impuesto corporativo, el que se cobra a las ganancias de las empresas, del 35 al 20 por ciento. La justificación de la medida es, por un lado, incentivar el retorno de capitales, y por otro, incrementar la tasa de ganancia del capital. Ambos procesos derivarían, ese es la hipótesis, en un mejor perfil de crecimiento y empleo a mediano y largo plazo.

El gobierno espera que la reforma se traduzca en la repatriación de, aproximadamente, 2.5 miles de millones de dólares, pero también se estima que su aplicación puede reducir en al menos mil millones de dólares los ingresos fiscales en los próximos diez años. El escenario de pérdidas fiscales, que solo podrá compensarse con una pauta de crecimiento económico sostenido, se aborda en la propuesta de reforma a través de nuevas cargas impositivas sobre diversos tipos de actividad, y también mediante la eliminación o restricción de los rubros autorizados para la deducibilidad de impuestos.

Uno de los sectores que serán afectados por las nuevas disposiciones es la educación superior. Al respecto, quienes han analizado el tema distinguen entre las implicaciones para las instituciones, y las correspondientes a los sujetos que participan en el sistema, principalmente los estudiantes y sus familias. La distinción es desde luego válida para entender el alcance de las reformas en sus distintos ámbitos de aplicación, aunque debe entenderse que los dos aspectos -carga fiscal sobre las universidades y sobre los estudiantes- están inexorablemente vinculados.

Uno de los nuevos impuestos sobre las instituciones es el denominado “Endowment-Tax”, esto es el gravamen de 1.4 por ciento sobre los ingresos devengados por inversiones basadas en los fondos patrimoniales universitarios. La medida se aplicaría, en la versión aprobada por diputados, a las instituciones con al menos quinientos estudiantes y cuya reserva supera 250 mil dólares por estudiante de tiempo completo. Esta opción afectaría a unas 60 universidades públicas y privadas, aquellas con mayores recursos patrimoniales. La versión aprobada por el Senado, previo lobbying de las agrupaciones universitarias, se concentra en las instituciones con reservas superiores a medio millón de dólares por estudiante. Esta versión reduce a la mitad el número de universidades afectables. Habrá que aguardar a la versión de consenso para apreciar el alcance de la medida.

La reforma limita, además, la deducibilidad de impuestos por aportaciones a las universidades vía donativos altruistas, soporte económico de actividades deportivas o culturales, y aportaciones a fundaciones universitarias. Todo ello representa una limitación para el incremento de los ingresos extraordinarios de las instituciones por vía de donativos, lo que en Estados Unidos es una alternativa financiera relevante.

Para los estudiantes hay también repercusiones negativas. La iniciativa original proponía contabilizar las exenciones de pagos escolares, principalmente a los alumnos de posgrado, como ingresos económicos gravables. Los estudiantes tendrían que sumar dichas exenciones a sus ingresos totales y pagar los impuestos correspondientes. Afortunadamente la idea no fue bien recibida por el Congreso y se eliminó de la propuesta.

Pero sí quedaron vivas disposiciones para aplicar impuestos al trabajo de estudiantes de posgrado, mayoritariamente los de doctorado, en calidad de asistentes de investigación y docencia. Además, se propone reducir las deducciones por intereses abonados a los préstamos estudiantiles, limitar el crédito tributario del programa “Hope Scholarship”, el crédito fiscal por concepto de aprendizaje continuo (life-long learning) y las deducciones a favor de las empresas por concepto de asistencia educativa a sus empleados.

De momento el organismo American Council on Education ha apoyado el interés de instituciones y estudiantes al visibilizar y explicar las repercusiones de la reforma, y cabildear con legisladores (véase). Es de esperarse, sin embargo, que la aprobación de la ley genere protestas mucho más airadas. Habrá que ver.

Fuente: http://www.educacionfutura.org/reforma-fiscal-en-eua-impactos-en-educacion-superior/

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Manifiesto por la equidad en educación

Por: Foro de Sevilla

La educación debe tener como objetivo la equidad para garantizar los mismos derechos y oportunidades para todos. Para ello debe garantizarse la justicia social y la educación como bien público.

Decía Aristóteles que si el fin de la educación es la justicia, la educación debe ser única y la misma para todos de modo que no sea el dinero y la clase social la que diferencia la educación.

Las personas que formamos parte del Foro de Sevilla queremos manifestarnos para que la educación tenga como objetivo primero la equidad. Porque todos los alumnos y alumnas, sean quienes sean, puedan tener una educación equivalente que les proporcione los mismos derechos y oportunidades ante la vida. Para ello debe garantizarse la justicia social y considerarse la educación como un bien público.

Una nueva ley de educación debe ser consensuada con la comunidad educativa, colectivos y organizaciones sociales que trabajan por la educación y cumplir con los siguientes principios:

Financiación: Un sistema educativo público y de calidad necesita una financiación suficiente y adecuada. Pero tan importante como la inversión es la intencionalidad política que define los fines que pretendemos y los objetivos que le atribuimos. Un sistema basado en la equidad como principio, que desarrolle instrumentos y acciones dirigidos a compensar las desigualdades y a garantizar una educación de calidad para cualquier persona requiere un esfuerzo económico notable (consiste en que una desigualdad de origen no implique nunca una desigualdad en las oportunidades educativas), pero el retorno exponencial, en términos de progreso, bienestar y cohesión social, es impagable para cualquier país. La inversión en un sistema educativo público y de calidad debe ser suficiente y sostenida. Requerimos una ley de Financiación de la educación pública que garantice un nivel de inversión del PIB en educación que se sitúe en la media de los países más avanzados de la Unión Europea. Un 5% en una legislatura con el compromiso a medio plazo del 7%, trasladando ese incremento al gasto por alumno en todos los territorios, vinculando esa subida a programas y proyectos socialmente debatidos, con objetivos y prioridades que respondan a las necesidades educativas compartidas por toda la sociedad (Pedro Badía Alcalá).

Escuela plural: Cada escuela debe ser una foto microscópica del conjunto de la sociedad donde conviven alumnos y alumnas plurales y diversos. En las escuelas de público homogéneo se aprecia una segmentación y segregación de la educación democrática, disminuye el aprendizaje y la capacidad de reconocimiento del “otro”, los y las que son diferentes, hurtando el aprecio por los demás y la capacidad de convivencia. La segregación social también disminuye las posibilidades del sistema educativo para enseñar, se inhibe el efecto de los pares (con quienes se aprende) y son escuelas con menos recursos y menos oportunidades. El efecto principal de obtener menores logros educativos no proviene del origen social individual, sino de agregar estudiantes de similar origen social a la misma escuela; bajan las expectativas hacia los estudios y se producen situaciones de vulnerabilidad y bajo desempeño escolar, mientras el profesorado tiene dificultades, baja motivación para el trabajo y para mantener su estabilidad en estos centros (Carmen Rodríguez Martínez).

Inclusión educativa: El mundo de ideas que orienta la manera de pensar y actuar se encuentra colonizado por un modo de conocer positivisto, centrado en la mejora de la productividad de las sociedades. Esta lógica afianza la línea divisoria entre ‘excluidos’ e ‘incluidos’ y es contraria al principio de inclusión educativa. La comprensión numérica de la realidad contribuye a asociar ‘diferencia’ y ‘déficit’. La imposición administrativa de una práctica racionalista y clasificatoria desvirtúa el significado genuino del principio de inclusión. Apremia romper esta secuencia, en la que al diferente se le asignan espacios marginales, profesorado especial y un currículo degradado. Es preciso dotar a los sistemas escolares de las condiciones estructurales básicas que exige una educación inclusiva, en la que todos y todas tengamos las mismas posibilidades de construirnos como personas comprometidas con una  sociedad más justa en lo económico, sabia en lo social y ecológica en lo ambiental (Rodrigo J. García Gómez).

Red de titularidad y gestión públicas: Sabemos que en nuestra sociedad quien hace suyo el derecho de todos a la educación en condiciones de equidad es la escuela de titularidad y gestión públicas. Su compromiso es garantizar el éxito educativo de todos desde el profundo respeto a la diferencia para conseguir la mayor igualdad. Es el espacio en el que es posible aumentar siempre el grado de justicia escolar y social sin ningún tipo de discriminación y segregación. Es el lugar donde se hace efectivo el derecho a la fraternidad y la fraternidad como derecho. Por ello tenemos la obligación de trabajar en esta dirección para hacer realidad la escuela pública democrática y equitativa, donde el protagonismo de los que aprenden se dé en condiciones de máxima libertad y calidad para garantizar que nadie quede, respetando su singularidad, al margen de su pleno desarrollo y realización humana (Julio Rogero Anaya).

Laicidad: Una educación laica responde a las necesidades de los pueblos, que han aspirado a asegurar no solo la libertad de conciencia de todas las personas, tanto la de quienes adoptan alguna religión como la de quienes no lo hacen; sino también a afianzar, mediante la educación, una forma de organización y un sistema de vida democráticos en los que se pueda expresar el pluralismo ideológico, social y político de toda sociedad, respetando plenamente las garantías individuales y los derechos humanos de cada persona. La educación laica no cuestiona las religiones, que son formas de vida y creencia respetables. Pero tampoco quiere que los contenidos educativos se basen en dogmas y creencias particulares, sino en los resultados del progreso de la ciencia. Prescinde así, de pretensiones dogmáticas y se ubica en la libertad; no se trata de una educación atea o agnóstica, sino de una educación independiente de religiones y creencias particulares. Las familias que quieran que sus hijas e hijos reciban formación religiosa son muy libres de hacerlo, pero evidentemente al margen del sistema educativo (Enrique Javier Díez Gutiérrez).

Coeducación: La educación debe ofrecer a las niñas y a los niños las mismas oportunidades de vida y de conocimiento. En el momento actual la educación tiene que ir eliminando los mensajes relativos a las desigualdades de género y no diferenciar ni las actividades, ni los espacios ni los mensajes que van dirigidos a unos y otras. Pero para ello debemos avanzar en una cultura andrógina que permita valorar igualmente los antiguos saberes masculinos y femeninos, y debemos integrarla en la educación ofreciéndola de modo universal a unas y otros, para que cada criatura pueda encontrar su personalidad y configurar su proyecto, a partir del descubrimiento de sus propias capacidades y posibilidades, y con independencia de su sexo biológico. Sólo así podremos acabar con el androcentrismo en la cultura, superar la violencia de género masculino que se sigue valorando y exigiendo a los chicos, y la inseguridad que se continua transmitiendo a las chicas. Y evitaremos también el sufrimiento de las criaturas que no encajan en los moldes de género, y que ahora se ven obligadas a acogerse a la etiqueta “transgénero”, con las consiguientes dificultades para sí mismas, sus familias y el profesorado. (Marina Subirats Martori).

Participación democrática: La participación plena y efectiva de toda la comunidad educativa debe presidir la ordenación del sistema educativo, el proceso educativo y la gestión y control de los centros educativos, obligando a las administraciones a impulsar y garantizar dicha participación. La educación es democrática o no es educación y sí mera instrucción ideológica. Una sociedad democrática existe cuando sus ciudadanos y ciudadanas se comportan democráticamente, y cuando sus instituciones se rigen por normas democráticas y actúan según ellas. Una escuela democrática es la que enseña a ejercer la democracia, dando ejemplo al plasmarla en todas sus actuaciones y buscando con ello que los menores interioricen el comportamiento democrático en su aprendizaje personal y social. Es imprescindible que la escuela revise sus normas y las formas que mantiene al aplicarlas, abandonando estilos de relación que se muestran inoperantes, alejados de los requerimientos de una sociedad democrática, justa y moderna. (José Luis Pazos).

Saberes contextualizados y aprendizajes relevantes: Si queremos tener alguna posibilidad de influir con las ideas en las instituciones educativas, si pretendemos que estas sean valiosas, relevantes y mejores para los individuos, no deberíamos dejar de contemplarlas como agentes y canales de  conocimiento, de saberes diversos y, en definitiva, de cultura. A eso lo denominamos contenidos de la enseñanza. Estos son inherentes a la actividad de la educación y no podemos entender que hubiera una pedagogía vaciada de  contenidos, pues  eso sería otra cosa y no educación. Una pedagogía liberadora (crítica) somete a escrutinio el valor de las prácticas, de las tradiciones y de los contenidos. El conocimiento puede ser emancipador cuando colabora a la comprensión del mundo físico, el material, el social, el relativo a las actividades humanas, la cultura artística… Elegir contenidos potencialmente valiosos, traducidos a experiencias positivas, donde los tiempos asignados a las tareas sean los necesarios para que la experiencia despliegue sus posibilidades, cambiarían la calidad de los sistemas educativos, de los cuales parece que las administraciones estén más preocupadas por controlarlos desde fuera que mejorarlos por dentro (José Gimeno Sacristán).

Formación del profesorado y equidad: Es importante una formación del profesorado que desarrolle una verdadera autonomía poniendo énfasis en la equidad profesional. Dada la heterogeneidad del alumnado es de importancia fundamental formar al profesorado en procesos educativos no homogeneizadores, en instituciones y organizaciones más flexibles, en inclusión educativa y diversidad en todos sus niveles y ámbitos. La formación del profesorado ha de permitir asumir una profesionalidad basada en la diversidad en las aulas y en los centros. Promover el trabajo colaborativo entre los docentes y con el alumnado y, por supuesto, trabajar conjuntamente con la comunidad que envuelve la escuela ya que la equidad no está únicamente dentro de la institución educativa sino en la sociedad para conseguir un cambio hacia la equidad, el respeto, la convivencia y la democracia en la escuela (Francisco Imbernón Muñoz).

Acción global de la equidad: Existen desigualdades que requieren una acción global, una respuesta integrada que trasciende el centro escolar y que impacta, en gran medida, en la eficacia de las oportunidades educativas. En este sentido, garantizar unas condiciones de educabilidad adecuadas (sean materiales o afectivas), generalmente degradadas en contextos de pobreza, puede resultar tan determinante como contar con un proyecto pedagógico de calidad o con profesionales bien cualificados. Ello exige que cualquier sistema educativo orientado a la equidad considere la necesidad de diseñar estrategias de colaboración y coordinación conjunta, como puedan ser planes interdepartamentales o acciones intersectoriales, para resultar más eficaces (Montse Milan Hernàndez).

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/12/05/manifiesto-por-la-equidad-en-educacion/

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