El empresario guatemalteco que llevó robots a los niños de escuelas rurales

Guatemala / 4 de agosto de 2019 / Autor: Mirna Gutiérrez / Fuente: Prensa Libre

El programa educativo ofertado por 1BOT permite que los niños, incluso de zonas rurales, fabriquen máquinas capaces de resolver problemáticas de la vida real.

Azucena, una niña invidente de Guatemala, programó y armó una máquina que le permite, a través de un sonido, identificar obstáculos a su alrededor para ayudarse al momento de caminar. Este prototipo es más barato y fácil de usar que muchas alternativas del mercado, por lo que espera convertirlo en un negocio.

Esto fue posible mediante 1BOT, empresa fundada en 2016 por el guatemalteco Juan José Asensio, con una inversión inicial de US$25,000.

Su objetivo es mejorar la calidad educativa en ciencia y tecnología en su país, a través de un modelo de emprendimiento social de impacto rentable basado en el autoaprendizaje de los niños, el cual vende a las escuelas privadas y subsidia en un 90% a las rurales.

Actualmente, la empresa se encuentran en negociaciones con dos grandes empresas de comunicaciones en Centroamérica que apoyan a cerca de 300 escuelas cada una, en las que quieren implementar el sistema.

Mediante el método de 1BOT, los niños reciben un proyecto sobre un problema social vinculado a una de las metas de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y les enseñan herramientas de emprendimiento, project management, robótica y programación para que elaboren una solución y construyan una máquina prototipo de cómo funcionaría a gran escala.

Luego lo muestran ante un panel de inversionistas —en una dinámica similar al programa de televisión Shark Tank—, quienes evalúan sus habilidades de presentación, trabajo en equipo, modelo de negocio y funcionalidad de las máquinas.

Primeros bloques

La idea nació en 2016, cuando Asensio se dio cuenta de que su hermano menor, en ese entonces de 11 años de edad, pasaba todo su tiempo libre viendo videos en YouTube.

Entonces se le ocurrió que el niño debía usar su teléfono para aprender algo de provecho, y en su búsqueda descubrieron que le llamaba la atención la programación. Encontraron un curso en línea sobre juegos.

Tres meses después ya había desarrollado un videojuego simple pero entretenido, aunque con mal diseño gráfico: “Le pregunté por qué le gustaba si las gráficas no estaban tan buenas, y me respondió que todavía estaba trabajando en la programación y después iba a mejorar las gráficas”, recuerda emocionado el guatemalteco.

“Para mí ese fue un momento fascinante, me di cuenta de que los niños pueden aprender mucho más rápido si un adulto no interviene en el proceso de aprendizaje, sino que ellos lo descubren por sí mismos a través del juego”, agrega el emprendedor.

 

 

 

Dos días después Asensio acudió a una presentación del Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, donde se percató de que Guatemala es uno de los cinco peores países del mundo en calidad de educación STEM (siglas en inglés para Ciencia,
Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) para primaria.

Recordó lo sucedido con su hermano y pensó que si podía llevar lo que él aprendió por sí solo a todos los niños de su país de una forma divertida y eficiente en costos y recursos, todos podrían aprender por sí solos y mejorar éste índice.

Para llevar a cabo su idea se reunió con Philip Wilson, fundador de Ecofiltro, una empresa social que comercializa dispositivos para filtrar el agua y volverla potable.

Las ventas de esos productos en áreas urbanas sirven para reducir su precio en áreas rurales. Al contarle su idea, Wilson le dijo que podía replicar su modelo, pero en la educación en Guatemala.

Niños programadores

La compañía inició operaciones formalmente en 2017 y actualmente está integrada por seis personas de tiempo completo y, dependiendo de la carga de trabajo, el equipo se amplía hasta 20 más.

Para el programa piloto reunió a un grupo de niños del Antigua International School AIS, y de la escuela rural Paxixil, en Tecpán. Después de un mes de taller, todos los pequeños escribieron 171 líneas de código por sí mismos y programaron un robot autónomo.

A los estudiantes les toma 26 minutos armar y comprender las piezas del robot cuando lo hacen por sí solos, sin importar la institución educativa de la que provienen, o su nivel socioeconómico, mientras que cuando el profesor interviene en el proceso de armado se tardan 150 minutos.

Las ventas de esos productos en áreas urbanas sirven para reducir su precio en áreas rurales. (Foto Prensa Libre: Cortesía)

 

Su metodología está inspirada en la filosofía sobre el autoaprendizaje de los niños de Sugata Mitra, científico de la India. Utilizan Mblock, programación por bloques por su diseño y facilidad de uso, que está basado en Scratch, el lenguaje de programación más usado para educación en el mundo y desarrollado por el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT). El sistema cuenta con un modelo de gamification (aprendizaje con diversión), para enseñar por medio de videojuegos.

Los estudiantes de los colegios privados reciben kits nuevos bajo un modelo de arrendamiento, y después de un año de uso estos se distribuyen en el área rural. El costo del kit es de alrededor de US$240 y por lo general cada colegio adquiere de 20 a 30.

Diversificar la oferta

En un negocio aparte, Asensio explica que se les abrió la oportunidad para automatizar procesos de fábricas y ya desarrollan un proyecto piloto para una empresa de colchones con el objetivo de convertirla en una Smart Factory.

“Queremos expandirnos y traer nueva tecnología, porque el robot es un vehículo de distribución del contenido, objetivo que puede ser reemplazado por cualquier otra tecnología”, señala Asensio.

Asimismo, este año están por comenzar un proyecto para dotar a las escuelas públicas de un espacio físico para el aprendizaje.

Los niños tienen un ciclo de aprendizaje más acelerado que los adultos en temas tecnológicos, según descubrió Asensio. (Foto Prensa Libre: Cortesía)

Bajo el mismo modelo de negocio, reutilizarán contenedores que hoy funcionan como habitaciones de lujo ubicadas en paisajes naturales dentro de la plataforma de Airbnb. Después de tres años de uso los contenedores serán llevados a los colegios para funcionar como laboratorios tecnológicos o impartir clases de todo tipo.

A la fecha tienen pedidos seis contenedores, y Asensio piensa que esta iniciativa puede convertirse en una cadena de micro franquicias de colegios privados puestos en sectores rurales.

“Podríamos tener una franquicia de escuelas privadas de bajo costo cubriendo toda Latinoamérica y eso eventualmente podría reemplazar la educación que está dando el gobierno o poner presión para que éste se una a la iniciativa”.

El sueño de Juan José Asensio es replicar su modelo en Latinoamérica y, para ello, en 2018 abrieron una oficina en Honduras y se encuentran en conversaciones para establecer sedes en México y El Salvador en 2019.

* En alianza con Forbes México y Centroamérica

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El empresario guatemalteco que llevó robots a los niños de escuelas rurales

ove/mahv

 

 

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