Desde su toma de posesión, en marzo, el Gobierno ultraderechista de José Antonio Kast -confiado tras su clara victoria electoral y siguiendo la agenda marcada por el imperialismo estadounidense y las oligarquías del continente- ha lanzado una furiosa ofensiva de ataques y recortes sociales muy parecida a la que vemos en otros países latinoamericanos y europeos. El resultado también está siendo similar: despertar un rechazo e indignación masivos, con la juventud en primera línea.
A pocos meses de la primera gran jornada de paro nacional estudiantil contra los recortes de Kast, la llama de la resistencia ha vuelto a encenderse en Chile. Si en junio las y los estudiantes marcaron un precedente contra la megarreforma derivada del Plan de Reconstrucción Nacional hoy la respuesta se profundiza porque el Gobierno no solo ha mantenido el rumbo, sino que ha sumado un nuevo golpe con el proyecto de Presupuesto 2027, con el que pretende consagrar el desmantelamiento de la educación pública.

La lucha estudiantil se extiende al movimiento obrero
Las calles de Santiago, Valparaíso y otras ciudades han vuelto a ser el escenario de una movilización masiva encabezada por estudiantes y docentes: el paro nacional del jueves 1 de octubre, convocado por la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech) y al que se sumaron organizaciones sindicales y gremiales como la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y el Colegio de Profesoras y Profesores. Esta protesta ha sido la más grande desde que Kast asumió el cargo, reuniendo a varias decenas de miles de manifestantes en todo el país bajo la consigna “Ni un peso menos para la educación”.
Lo que comenzó en junio como un paro estudiantil con adhesión docente, se ha transformado en un paro nacional educativo a cuya convocatoria ha tenido que sumarse la CUT, principal central sindical del país. La lucha estudiantil ha logrado articularse con el movimiento sindical, mostrando que esta nueva ola de protestas no va de una simple repetición, sino que está aumentando cada vez más su apoyo, incrementando también la presión de las bases sobre los dirigentes sindicales.
La primera embestida de Kast fue el recorte de más de 1,28 billones de pesos chilenos (aproximadamente 1.434 millones de dólares) de los gastos en salud, vivienda, educación y otras partidas sociales. A este ataque se unía una megarreforma que entre otras cosas plantea reducir el impuesto sobre la renta a las grandes empresas del 27% al 23%, lo que significa un regalo fiscal a la burguesía y que el Estado deje de recaudar miles de millones que deberían financiar la educación, la salud y la vivienda.

Estas medidas provocaron una respuesta en las calles, con la jornada nacional de movilización estudiantil del 3 de junio, que tuvo un seguimiento masivo en secundaria y universidad y contó con el apoyo de los docentes, del movimiento feminista y de la izquierda combativa.
Sin embargo, los dirigentes de la CUT y de la izquierda reformista renunciaron a extender la lucha al conjunto de la clase trabajadora y dar la respuesta que exigía la magnitud del ataque, llamando a una gran movilización unificada de obreros y estudiantes y una huelga general. Esto ha animado al Gobierno y las fuerzas de derecha extrema y ultraderecha que dominan el Parlamento a subir la apuesta.
Kast intensifica el ajuste y la represión
El Ejecutivo ha presentado un proyecto de presupuesto para 2027 que, aunque en cifras absolutas podría parecer similar, en términos reales incluye nuevos recortes en los gastos sociales y en particular en aquellos más necesarios para la clase trabajadora.
Mientras el presupuesto global de educación superior caería apenas un 1%, más del 90% de esa reducción se concentraría en las universidades estatales, cuyo programa general de fortalecimiento disminuiría un 8,5%, con el Aporte Institucional a las Universidades Estatales recortándose un 11,4%. A esto se suma la eliminación de las Becas TIC para las y los estudiantes con menos ingresos y los recortes a jardines infantiles.
Como denunciaba la Confech, «estos recortes tienen cara y nombre: nombre de estudiantes, de trabajadores y trabajadoras, de familias a las que les va a costar aún más llegar a fin de mes». Es un ataque clasista que busca asfixiar a la universidad pública y a los sectores más precarizados.

Como podría esperarse de un fanático que defiende la sangrienta dictadura de Pinochet, Kast ha criminalizado la protesta y reprimido con saña cada jornada de protesta. En el paro del 3 de junio, la violencia de los carabineros ya dejó un saldo de 35 personas detenidas y decenas de heridas, incluyendo a una estudiante universitaria que requirió ser operada de emergencia por una lesión grave en la cabeza. Este 1 de octubre, estos fascistas con placa volvieron a atacar las movilizaciones pacíficas con gases lacrimógenos y carros lanzaaguas, dejando al menos 31 personas detenidas y decenas de personas asistidas por asfixias, desmayos y vómitos.
Kast ha calificado las demandas de las y los estudiantes como infundadas, e incluso ha condicionado autorizar nuevas manifestaciones a que las organizaciones convocantes acepten ser cómplices de la represión: “Antes de dar nuevas autorizaciones, tenemos que ver que los que han llamado a distintas manifestaciones respondan por el llamado y nos ayuden a identificar a aquellas personas que se encapuchan, que agreden, que violentan”.
La política de ajustes está teniendo un coste político muy importante para el Gobierno: la aprobación de Kast se ha desplomado al 27%, el nivel más bajo desde que asumió la presidencia, mientras que su desaprobación ha aumentado al 64% según la encuesta Criteria de octubre. Kast llegó al poder con una aprobación cercana al 57%. ¡Ha perdido más de la mitad de su respaldo en apenas 7 meses!

Otro dato revelador es que un 82% de las y los chilenos considera que el desempeño del gobierno está por debajo de sus expectativas. La población no solo rechaza sus políticas, percibe que la situación está peor de lo que esperaba. El desempleo ha alcanzado su nivel más alto en cinco años (9.6%) y las proyecciones de crecimiento son verdaderamente pesimistas, confirmando que el Plan de Reconstrucción Nacional de la ultraderecha no combate la crisis, la profundiza y la descarga sobre las espaldas de la clase trabajadora.
Por la huelga general y el frente único
Las movilizaciones contra los recortes tienen un carácter de clase indiscutible. Sus consignas, desde el “Hay plata pa los pacos y no para estudiar” de junio, hasta el “Ni un peso menos para la educación” de octubre, apuntan a la defensa de la educación pública y reafirman la dignidad de un pueblo dispuesto a defender las conquistas conseguidas con años de lucha que arrebataron. Así como la juventud que protagonizó el Estallido en 2019 levantó la consigna “No son 30 pesos, son 30 años”, las y los jóvenes de hoy entienden que la lucha contra el ajuste forma parte de una batalla más amplia contra el sistema capitalista.
En Chile se está desarrollando una articulación práctica y creciente desde abajo entre el movimiento estudiantil, el magisterio y la clase obrera organizada. Como decíamos anteriormente, la simpatía con el movimiento estudiantil entre las afiliadas y afiliados de base y los sectores más combativos del movimiento sindical es evidente y ha obligado a apoyar o sumarse a las movilizaciones estudiantiles a las direcciones nacionales de la CUT, la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF) y diversas federaciones de trabajadoras y trabajadores de la educación e incluso de otros sectores como minería, comercio y construcción.

La unidad de acción comienza a tomar cuerpo en las calles; esa articulación es la base material sobre la que debe levantarse un Frente Único Antifascista. Pero la unidad de acción no puede quedarse en la adhesión, es necesario exigir a las y los dirigentes de la CUT la convocatoria de una huelga general de 24 horas contra todos los ataques, recortes y medidas reaccionarias del Gobierno, como parte de un plan de lucha que mantenga y extienda la movilización para derrotar el proyecto de país que Kast representa, uno de ajuste permanente, de represión y de sumisión a los dictados del imperialismo, el sionismo y la oligarquía pinochetista.
Junto a ello hay que organizar una izquierda revolucionaria que agrupe a las y los activistas más combativos del movimiento obrero y el movimiento estudiantil para impulsar un plan de acción en las líneas antes comentadas y luchar por un programa comunista que plantee la expropiación de los capitalistas y la transformación socialista de la sociedad.
¡Por una huelga general de 24 horas para echar abajo el Presupuesto 2027 y el Plan de Reconstrucción Nacional!
¡Fuera Kast! Levantar un gran frente antifascista unificando las reivindicaciones estudiantiles, obreras, campesinas y de los movimientos sociales
https://izquierdarevolucionaria.net/index.php/internacional/america-latina/15420-estudiantes-docentes-y-trabajadores-chilenos-se-movilizan-contra-los-recortes-del-ultraderechista-de-kast







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