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Educación y pobreza, escuela con sentido crítico

Por: Ángel Pérez Martínez

Uno de los problemas más graves de la sociedad colombiana es que no existe, en la escuela y en los maestros una formación de los estudiantes crítica frente a lo que atenta contra la dignidad, la inequidad y la vida humana.

Este hecho se produce, la mayoría de las veces, por miedo relacionado con la violencia política, la corrupción, la delincuencia, o por desconocimiento.

Pregunto: ¿cómo vivimos, como si nada pasara, en uno de los países más inequitativos del mundo? Con un Gini de 54%, Colombia se ubica como el 14º país con mayor desigualdad dentro de 134 observados por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud).

La inequidad se refleja en la pobreza monetaria; según el DANE, para el periodo de julio de 2014 a junio de 2015, quienes son pobres en Colombia representaban el 28,2% de su población, es decir, el país sabe que para más de 13 millones de colombianos, sus familias no reciben ingreso necesarios para adquirir los alimentos y otros bienes no alimentarios, para tener un nivel de vida básico decente.

Y qué no decir del 7,9% de quienes viven en pobreza extrema, cerca de 4 millones de personas, cuyos ingresos no alcanzan para adquirir los alimentos para la sobrevivencia. Duro reconocer frente a estas cifras de pobreza, la corrupción, según la Revista Dinero, costó alrededor de $189 billones entre 1991 y el 2010, el equivalente al 4% del PIB del país durante esos 19 años.

La escuela y los maestros conocen que la desigualdad económica impide el acceso a otros servicios como la cultura, la información o a servicios de mejor calidad como la salud o la educación. Jorge Sequeira, Director de la Oficina Regional de Educación de la UNESCO para América Latina y el Caribe, sostiene que la falta de servicios sociales de calidad permite que la desigualdad permanezca. Agrega que “de todos los servicios sociales, el que contribuye más a mitigar la desigualdad es la educación: un derecho que habilita el ejercicio de otros derechos”

La escuela y los maestros deben formar y educar con respecto a los problemas de hoy de la sociedad, del país y del entorno donde viven los estudiantes. En algunas regiones los maestros por miedo a los violentos no hacen uso de la crítica, ellos tienen que eludir los problemas más relevantes de sus municipios o departamentos, los que inciden en el bienestar de las personas, en el desarrollo de ciudadanía y en los derechos de las personas.

Los maestros y quienes trabajamos en educación tenemos la responsabilidad de avanzar en la calidad de la educación pública y privada, este es un primer camino para generar mejores posibilidades de igualdad y un sentido ético de la vida humana.

Además, la paz, que empezamos a consolidar, debe ser una oportunidad para que en las escuelas, sin miedo, se estudie de manera critica la existencia de problemas cercanos al entorno social y a la vida de los estudiantes, tales como la inequidad, la corrupción, el cuidado del medio ambiente, la cultura de la ilegalidad y del atajo, así como la necesidad de contar con un Estado con una institucionalidad que funcione y gobiernos probos.

En el proceso de formación de los niños y adolescentes la escuela tiene la obligación moral de promover en los estudiantes un conocimiento crítico a partir de la capacidad humana de dudar, de razonar, de preguntar, y por lo tanto, de investigar y de buscar respuestas lo más objetivas posibles. Como diría Hannah Arendt: formar para una aptitud por la verdad, pero siempre con duda.

No hay verdades reveladas, anoto que no siempre lo cuantitativo -las encuestas, los datos, los modelos econométricos, entre otros- es evidencia y verdad, pues también pueden ser objeto de manipulación y se pueden sesgar. No se nos puede olvidar que la mayoría de las veces se preparan con objetivos específicos, en ese sentido, dudemos.

La escuela a través del conocimiento y la búsqueda de la verdad debe enseñar a sus estudiantes a criticar y a valorar lo positivo de la vida humana, igual estudiar y analizar lo que atenta contra el desarrollo pleno de la persona.

La escuela y sus maestros deben aceptar que lo humano es diverso y complejo, que no todo es ciencia demostrativa que puede existe un pensamiento crítico de un docente o de un estudiante frente a la desigualdad que se apoya en una ideología, una creencia religiosa, o una manifestación contra el poder, lo cual, en principio, no está mal si se produce con el propósito de un mejor bienestar humano.

Por ejemplo, conozco colegios católicos y cristianos de buena calidad que forman a partir de sus creencias, pero con un enorme sentido crítico frente a la desigualdad o a las injusticias humanas, dignos del mejor aplauso.

Lo que está mal es que la escuela no enseñe competencias ciudadanas y otras por miedo, y prepare a los estudiantes para pruebas y evaluaciones en ciudadanía lejos del contexto en el que viven los estudiantes.

Grave para el desarrollo social y del país que los docentes y los jóvenes desconozcan o eludan realidades problemáticas del país y de su entorno. Si ello ocurre estamos perpetuando las actuales condiciones de vida, nos acostumbramos a la pobreza, corrupción y desigualdades de todo tipo y no pasa nada. Por ejemplo, siempre elegimos a los mismos y en la televisión, las series con los peores ejemplos de la vida humana obtienen las más altas sintonías.

Fuente: http://www.dinero.com/opinion/columnistas/articulo/educacion-y-pobreza-escuela-con-sentido-critico-por-angel-perez/241848

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Reto de país: mejorar las facultades de educación

Por: Ángel Pérez Martínez

Lo contrario también es cierto, ¿cuánto daño puede hacer un mal docente a un estudiante, quien lo debe padecer durante el año escolar? según la evidencia, un niño no se recuperará nunca de un mal docente.

En el año 2007, el estudio de la firma McKinsey (Michael Barber y Mona Mourshed) indagó y buscó respuestas en los países que obtuvieron los mejores resultados en calidad en las diferentes pruebas internacionales donde se medían los resultados de los estudiantes. Dicho estudio concluyó que las dos principales variables fueron: primero, comprender que “la calidad de un sistema educativo tiene como techo la calidad de sus docentes”, y segundo, que “la única manera de mejorar los resultados es mejorando los procesos de enseñanza”. Estas dos variables inciden para lograr que el éxito educativo sea de la mayoría de los estudiantes (inclusión) y no se limite a unos pocos (exclusión).

En el caso de Colombia el estudio de la Fundación Compartir: «Tras la Excelencia Docente, cómo mejorar la calidad de la educación para todos los colombianos», encontró que en el país hay docentes con menos de 4 años de educación superior. Aún más grave una parte importante de ellos en primaria (cerca del 34%). También, dicho estudio señaló que en 80 universidades estudiadas se ofrecían 376 programas profesionales de formación docente, y sólo el 18% de ellos estaban acreditados con parámetros mínimos de buena calidad en el año 2012.

Otros tres resultados del estudio mencionado resaltaron lo siguiente: en primer lugar, las facultades de educación exigían escasa práctica pedagógica a los futuros docentes; segundo, dichas facultades no promovían en los estudiantes desarrollo y formación en investigación; y tercero, los docentes de los colegios oficiales en Colombia devengaban un 18% menos del salario mensual que recibían profesionales egresados de programas como medicina, economía, derecho e ingeniería, entre otros. Lo anterior explica en parte por qué los mejores bachilleres del país no quieren ser docentes, así como los bajos puntajes en las pruebas Saber 11 que se requieren para acceder a los programas de educación, cuando se compara con los puntajes mínimos exigidos en otras profesiones.

Producto del paro de docentes del año 2015, el Gobierno eliminó la evaluación de competencias para que los maestros ascendieran en el escalafón docente, lo cual, junto con lo antes expuesto, nos obliga como sociedad a proponer políticas y programas para apoyar el desarrollo de las facultades de educación en nuestras universidades y, en general, acciones encaminadas a fortalecer la formación de los futuros y actuales docentes tanto de colegios públicos como privados.

Para empezar, se requiere aumentar los $9 millones o menos que las universidades pedagógicas y facultades de educación invierten por estudiante; las mejores universidades públicas y privadas invierten más de 18 millones de pesos al año por estudiante. Recordemos que más de 400.000 docentes inciden de manera directa en la educación de más de 10 millones de estudiantes de la educación básica y media.

También, las facultades de educación requieren las mejores instalaciones, aulas y dotaciones en su proceso de formación. Un docente en su formación debe adquirir un sentido de la belleza humana, el arte, la estética, el confort, así como la atención y el cuidado a los demás, formación que para otras disciplinas del conocimiento quizás sea menos necesaria. Los futuros maestros no pueden estudiar en espacios oscuros, sucios y mal dotados, estas condiciones después se reproducen en las escuelas con los niños.

Además, las facultades de educación deben apoyar de manera decidida a los actuales profesores. Así como tener la meta de lograr que las próximas generaciones de maestros sean bilingües –ojo, bilingües, no cualquier formación o nivel en otro idioma—. Además, el gobierno debe promover, a través de Colciencias y de las universidades, el desarrollo de la investigación en educación con sus estudiantes y financiar prácticas pedagógicas a los futuros docentes, entre uno o dos años (tanto de facultades públicas como privadas). Eso hacen otros países con buenos resultados en educación.

El Informe McKinsey cita en el estudio antes mencionado que en “Tennessee se demostró que si dos alumnos promedio de 8 años fueran asignados a distintos docentes –uno con alto desempeño y el otro con bajo desempeño–, sus resultados diferirían en más de 50 puntos porcentuales en un lapso de tres años”

Por último, ¿por qué el MEN no propone un plan para fortalecer y mejorar las facultades de educación a 10 años? con fuentes de recursos serias, que vaya más allá de los lineamientos de calidad para las licenciaturas en educación, que son un indudable avance, pero no suficientes. Esta decisión será el fundamento sobre el cual se construirá una política de mediano plazo coherente para mejorar la calidad de la educación de niños y jóvenes.

Fuente: http://www.dinero.com/opinion/columnistas/articulo/opinion-sobre-como-mejorar-las-facultades-de-educacion-en-colombia/219163

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Padres de familia, sin su participación no es posible la calidad de la educación.

La sociedad y de manera especial los padres deben entender que, si bien el atraso escolar (no-aprendizaje o mala calidad de dicho aprendizaje), la repetición del año y hasta el abandono son un fracaso de la escuela, de sus maestros y de su proyecto pedagógico, también deben ser considerados como un fracaso de los padres.

Por: Angel Perez.

En Colombia, a partir de esta semana regresarán a las aulas escolares más de 9 millones de niños, adolescentes y jóvenes de la educación básica y media, o irán al preescolar cerca de 700.000 niños, por primera vez.

Este hecho, que debería ser un gran acontecimiento nacional, como siempre, pasará desapercibido y no tendrá ninguna repercusión social o gubernamental. Qué bueno sería que el Ministerio de Educación Nacional, MEN, y sus entidades adscritas se movilizará junto con las Secretarías de Educación, por lo menos en las dos o tres primeras semanas del año escolar, para lograr que la sociedad comprenda que los colegios no son los únicos responsables de la educación y de la calidad de la misma; que se aprende toda la vida; que el hogar es la primera escuela y la más importante para el desarrollo inicial del cerebro de los niños y de su proceso de formación; y que los colegios sin la ayuda y la participación de los padres de familia jamás podrán ser de buena calidad de manera integral.

Cuando escribo que el MEN y las Secretarías se movilicen, estoy pensando en algo así como planear, promover y motivar de manera sencilla la participación de los padres y de las familias en la educación de sus hijos a través de las redes sociales, medios masivos de información, videos, folletos, entre otros. Un buen ejemplo de la capacidad de movilización institucional es el esfuerzo y los recursos que el MEN se ha gastado en demostrar que el Programa es la panacea en el acceso, la equidad y la calidad de los más pobres en educación superior. Pregunto: No sería mejor que esta plata en propaganda no la gastáramos en apoyar a la Labor de los maestros y padres de familia desde afuera.

Imaginemos por un momento que durante dos o tres semanas todos los años los padres de familia de Colombia que vean televisión u oigan radio se acostarán recordando un eslogan sencillo del MEN mediante el cual se promueve que ellos lean 15 minutos a sus hijos o los escuchen leer, al menos 4 o 5 días a la semana. O Lograr que los padres comprendan la importancia de hacer preguntas inteligentes a sus hijos, que vayan más allá del contexto tradicional del ¿cómo les fue? o ¿qué hizo hoy en el colegio?, o motivar que los padres asistan por iniciativa propia a los colegios 4 o 5 veces al año, y se pongan de acuerdo con los docentes sobre cómo ellos pueden ayudar al hijo desde casa, de manera más efectiva, en su formación, desarrollo y deberes educativos. Recordemos que los estudiantes, de 365 días que tiene un año, solo asisten a los colegios cerca de 170 días a clase durante 6 u 8 horas diarias, el resto del tiempo, más del 80%, ellos están en casa.

Para la mayoría de padres de familia o adultos responsables de los niños y adolescentes que estudian en la educación básica y media el ingreso de sus hijos a los colegios se convierte en un descanso. Siguen pensando que el colegio es una especie de guardería donde los maestros tienen el deber de cuidarlos, entretenerlos, educarlos y ojalá disciplinarlos, sin ninguna responsabilidad y acompañamiento de padres de familia.

La evidencia proporcionada en diversos estudios de investigación educativa ha demostrado un vínculo claro entre la participación de los padres de familia y el éxito escolar de los niños y adolescentes, de manera especial se destaca cómo los padres que participan y están enterados sobre los objetivos educativos de los colegios y del trabajo que realizan los docentes en el aula logran un mejor apoyo emocional y una mayor motivación hacía el esfuerzo académico de los estudiantes. Ojo, a los padres no se les exige una habilidad específica o un dominio sobre un área o saber para ayudar a los estudiantes, sólo conocer qué pasa en la escuela y tener una actitud positiva hacía lo que allí sucede, esas son herramientas suficientes para lograr que ellos motiven y participen de la educación de sus hijos (Grolnick et al. (2009). Parenting and children’s motivation at school).

La sociedad y de manera especial los padres deben entender que, si bien el atraso escolar (no-aprendizaje o mala calidad de dicho aprendizaje), la repetición del año y hasta el abandono son un fracaso de la escuela, de sus maestros y de su proyecto pedagógico, también deben ser considerados como un fracaso de los padres o de los responsables directos de los niños o adolescentes. Este último punto no lo tienen entronizado la mayoría de padres de familia y por ello la mala calidad de la educación o el fracaso escolar se considera una responsabilidad exclusiva de los colegios, o de los docentes y hasta, para algunos, culpa de FECODE, cuando ocurre en los colegios oficiales.

Por lo anterior, me pregunto: cuándo el MEN y las autoridades educativas incluirán en la política educativa  el desarrollo de mensajes, campañas de educación y programas de formación en los colegios que estimulen a los padres de familia en el propósito de promover su participación en la educación de los hijos, de manera especial, en los barrios, municipios y regiones más pobres del país, donde viven las familias como menos educación y riqueza, y donde, se requiere más y mejor educación para los niños.

Fuente: http://www.dinero.com/opinion/columnistas/articulo/padres-de-familia-participacion-en-calidad-de-educacion-angel-perez/241400

Imagen: http://static.iris.net.co/dinero/upload/images/2016/1/22/628x330x218461_1.jpg.pagespeed.ic.VuohQ_oLFP.webp

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Crecimiento económico y educación

Por:Ángel Pérez Martínez

Los investigadores se preguntaron: ¿qué garantiza que dos jóvenes que asisten a diferentes colegios desarrollen las habilidades y las capacidades para incorporarse con éxito a la vida, social, política y económica de un país, y además, aporten a su desarrollo?, la respuesta es que ambos colegios ofrezcan educación de calidad. Los análisis evidenciaron que no es la cantidad de años en educación que reciba una persona la variable que más puede impactar el crecimiento económico, es la calidad de la educación que reciban las personas.

En el más estricto sentido económico la educación ha sido considerada, a través del tiempo, como un factor determinante del crecimiento económico. De acuerdo con Hanushek a través de tres mecanismos: “En primer lugar, la educación puede incrementar el capital humano inherente a la fuerza laboral, lo cual aumenta la productividad del trabajo y la transición hacia el más alto nivel de equilibrio de la producción (argumento de las teorías neoclásicas: Mankiw, Romer y Weil ). Segundo, la educación puede incrementar la capacidad innovadora de la economía; donde los nuevos conocimientos inciden sobre las nuevas tecnologías, los productos y los procesos que promueven crecimiento económico (teorías del crecimiento endógeno, Lucas, Romer, Aghion y Howitt). Tercero, la educación puede facilitar la difusión y la transmisión de los conocimientos necesarios para comprender y procesar nueva información y para implementar con éxito las nuevas tecnologías creadas por otros, lo cual de nuevo promueve el crecimiento económico (Nelson y Phelps Benhabib y Spiegel)”

Sobre el tema macroeconómico, la estabilidad social y política existe evidencia sobre la relación entre educación y crecimiento económico, aún para economistas neoclásicos como Barro quien demostró desde 1996 (Determinants of Economic Growth: A Cross-Country Empirical Study) que a un país con más educación conlleva a mejoras en: la calidad de vida de las personas, el crecimiento económico, la distribución de la riqueza y más democracia.

En el caso de Colombia, el modelo de producción basado en explotación de petróleo, extracción minera y algo de café no ha ayudado a que el país necesite pensar y proyectar una economía moderna y productiva, donde la investigación, la innovación y el uso de tecnologías, es decir del conocimiento prime en los procesos productivos y en la prestación de servicios. En general, en los modelos económicos basados en la extracción la educación de calidad no tiene mayor importancia.

En este sentido, el sistema educativo de Colombia se ha empecinado en garantizar acceso, coberturas y permanencia a los estudiantes en la educación, básica, media y superior sin garantizar coberturas totales (la cobertura en la educación media alcanza el 77% y en educación superior menos del 50%) y menos educación de calidad. Las bajas coberturas en educación y la mala calidad de la educación afecta de manera especial a los territorios y a los estudiantes más pobres.

La participación de los estudiantes de Colombia en diferentes pruebas internacionales (TIMSS, PISA, TERCE, CIVIC) han demostrado que el sistema educativo del país es de mala calidad, aún para los sectores de mejores ingresos que pagan por educación privada, En PISA 2012, en la prueba de matemáticas los mejores estudiantes de Colombia no alcanzaron a los más bajos resultados de los estudiantes de países como: Singapur, Finlandia, Corea y Canadá

Sin embargo, esta situación podría cambiar a mediano plazo con el proceso de paz. El país  y la comunidad internacional avizora como posibilidad de postconflicto dos grandes alternativas de política pública (algunos plantean políticas de Estado) para consolidar un mayor desarrollo sostenible y de largo plazo: el primero cambiar la cultura de la guerra, la diferencia y la confrontación violenta por una cultura de paz, convivencia y resolución de conflictos sin violencia, lo cual implica un empoderamiento de la democracia, la ciudadanía y nuevos valores; el segundo sueño es crecer desde la economía para lo cual se requiere se requiere consolidar un nuevo modelo económico donde la extracción pese menos y la productividad este asociado a un mayor uso de conocimiento, capacidades y habilidades humanas

La buena nueva es que estas dos posibilidades de desarrollo si demandan un sistema educativo de calidad, razón por la cual el país requiere un sistema educativo de calidad para afectar el entorno y para que los jóvenes promuevan a partir de su formación humana en los colegios una nueva cultura para consolidar la paz desde el conocimiento y las prácticas ciudadanas. También, en la medida que la economía se desarrolle y se especialice va a demandar mayores innovaciones y desarrollos tecnológicos, es decir, más y mejor conocimiento en los puestos de trabajo, creación de habilidades y capacidades para realizar trabajos donde el conocimiento será la base de las nuevas ideas productivas, de los avances en la gestión empresarial y de los cambios en el uso y desarrollo de nuevas tecnologías para incrementar la producción. El único problema es que una educación de calidad es costosa, tema para la próxima columna.

Fuente: http://www.dinero.com/opinion/columnistas/articulo/crecimiento-economico-y-educacion-por-angel-perez/221579

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Hijos no deseados y calidad de la educación

Por: Ángel Pérez Martínez

Uno de los problemas que tiene las conceptualizaciones sobre calidad de la educación basadas en los resultados de las pruebas estándar, tipo SABER, es que obligan a la política educativa a concentrar su esfuerzo y recursos en cómo mejorar los puntajes de los colegios y de sus estudiantes, por esta razón olvidan, o hacen a un lado, la necesidad de elaborar e implementar reformas o planes que intervengan de manera estructural las causas de la mala calidad de la educación, tal y como ocurre con el embarazo juvenil y sus efectos negativos en la educación y el desarrollo social.

Sin embargo, a pesar de conocer y de tener suficiente evidencia sobre la importancia que tiene para la calidad de la educación alcanzar para los niños un adecuado desarrollo en las primeras etapas de la vida, en Colombia vamos en contravía por los efectos que tienen las altas tasas de embarazo juvenil, en las mujeres y en sus hijos, además del hecho comprobado que el embarazo no planeado reproduce o profundización las condiciones de pobreza de miles de familias y de los municipios y regiones más pobres del país.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) sobre el estado de la población mundial en el año 2013 sostiene que “cuando una niña queda embarazada, su presente y futuro cambian radicalmente, y rara vez para bien. Puede terminar su educación, se desvanecen sus perspectivas de trabajo y se multiplica su vulnerabilidad frente a la pobreza, la exclusión y la dependencia”.

Luego por el impacto que tiene la pobreza y las condiciones socioeconómicas y de riqueza cultural de los hogares, en el momento de nacer un niño, la evidencia señala que un factor de mayor calidad de la educación empieza con la decisión de una mujer o de una pareja de tener hijos deseados o planeados. La investigadora Raquel Bernal y otros demostraron, a partir de la encuesta ELCA, que la mayoría de los embarazos en Colombia no son planeados y los más grave que a medida que el estrato es menor los embarazos planeados también decrecen, 47,6% de los embarazos en el estrato cuatro son planeados frente al 31% de los embarazos del estrato 1, igual pasa con los embarazos en la zona rural (31 %)

Según la directora del ICBF, presentación Semana Andina para la Prevención del Embarazo Adolescente, entre los años 2008 y 2013 nacieron en promedio cada año 159.656 niñas y niños de madres entre 10 y 19 años, lo cual significa que hoy existen cerca de 800.000 niños y niñas entre 0 y hasta 4 años que nacieron de mujeres menos de 19 años, de acuerdo con las proyecciones de población del DANE estos niños representan el 19% del total de los niños y niñas de Colombia de estas edades. Más grave, según la misma fuente, el 4% del total (32.000 niños y niñas) son de madres entre 10 y 14 años de edad.

Diez años atrás la Organización Mundial de la Salud publicó el Informe de una reunión consultiva técnica sobre Promoción del Desarrollo Fetal Óptimo, como un “concepto  que abarca un amplio conjunto de consideraciones, como la salud de la madre antes y durante el embarazo, la duración de éste, el tamaño del neonato para la edad gestacional y la posibilidad de que se haya perturbado el desarrollo fetal o de que existan factores nutricionales, físicos y emocionales del entorno del neonato que potencien al máximo su capacidad de crecer, desarrollarse y tener una vida sana”.

Luego una preocupación fundamental del Estado y de la sociedad en Colombia debería ser disminuir el embarazo juvenil en el sector rural, en la región de la costa pacífica, en los municipios más pobres y en los barrios marginales de las ciudades, lugares donde existen las mayores tasas de embarazo juvenil y donde los estudiantes a la vez obtienen los peores resultados en las pruebas SABER. Además, es necesario garantizar el cuidado prenatal y las mejores condiciones posibles (físicas, emocionales y de ingresos básicos) para la madre y el niño en las primeras etapas de la vida que son fundamentales, más allá de la supervivencia, porque es en este momento de la vida humana que se desarrolla el cerebro y se construye la base cognitiva de los niños. La calidad de la educación empieza desde el feto.

Fuente: http://www.dinero.com/opinion/columnistas/articulo/hijos-no-deseados-y-calidad-de-la-educacion-por-angel-perez/222516

Imagen: http://www.masquesalud.com/lat/embarazo-en-la-adolescencia-y-educacion-sexual/

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Los retos de enseñar y discutir sobre ética y ciudadanía en tiempos de Trump

Por: Ángel Pérez Martínez

Los invito a pensar en las dificultades que representan para un docente, en un mundo globalizado, formar y discutir con sus estudiantes sobre ética, ciudadanía, cooperación y respeto entre pueblos hermanos, cuando quien lidera la campaña para ser presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha logrado posesionarse a partir de propuestas unas inhumanas y otras asociadas al odio, al irrespeto de la persona humana y a la destrucción letal del otro.

En efecto, la actual campaña presidencial de los Estados Unidos se ha caracterizado por las particularidades impuestas por el empresario y multimillonario Donald Trump, a partir de un discurso incendiario que los medios de comunicación y las redes sociales han propagado hasta convertirlo en un fenómeno electoral exitoso. Sus mensajes se correlacionan con la necesidad de recuperar el imperio (ser los amos del mundo) rescatar la hegemonía de la raza blanca, despreciar a las mujeres (a no ser que sean bellas), borrar a los musulmanes y su enconado odio a los mexicanos.

A continuación, cito algunos de los temas y frases de Trump:

  1. Sobre el uso de armas: “Podría disparar a gente en la Quinta Avenida y no perdería ningún votante”.
  2. Sobre México: “México nos envía los peor de su gente: criminales, drogadictos, violadores, ellos nos están matando en la frontera, y nos están matando en el trabajo y en el comercio”. “Construiré un gran muro en la frontera con México y haré que ellos paguen por él, si no pagan por su muro prohibiré el envío de remesas a ese país”
  3. Sobre las mujeres: Trump ha sido especialmente duro, por ejemplo, sobre su rival inicial en las elecciones primarias del Partido Republicano Carly Fiorina se preguntó: ¿con esa cara, acaso alguien votaría por eso? ¿Se imaginan que ese sea el rostro de nuestro próximo presidente?, También, Trump se ha referido a las mujeres como “cerdas gordas, perras, y animales desagradables”. “La mujer que aborta debe ser castigada, pero no sé cómo”
  4. Sobre los musulmanes: Trump ha propuesto “prohibir su ingreso a los Estados Unidos”; “llevar un registra de los musulmanes que viven en Estados Unidos para ubicarlos de manera permanente” y “matar a los familiares de los terroristas de ISIS”.

En un contrasentido, para muchos inexplicable, el anterior arsenal verbal del candidato Trump lo ha expresado de manera permanente, durante los últimos seis meses, y lo más sorprende, hoy lidera de lejos la nominación al interior del Partido Republicano. Por ello nadie puede sorprenderse que los niños y jóvenes de Estados Unidos y del mundo terminen escuchando o leyendo a través de medios como televisión, radio, periódicos y redes las frases, antes citadas y otras de similar calibre (perdón por el lenguaje de guerra, pero esto se pega) que expresan lo peor de la condición humana y la más absoluta irresponsabilidad de un dirigente empresarial que puede llegar a ser presidente del país más importante del mundo.

En Colombia también tenemos políticos y dirigentes quienes a través de una verborrea inhumana invitan a la guerra, al no acuerdo, a la eliminación del enemigo y la aplicación de la ley del talión (ojo por ojo y diente por diente, decían los abuelos). Desde la mirada de la educación los maestros nos preguntamos: ¿cuándo pensaran los que están en el poder, o los que aspiran a llegar y en general los adultos con formación y liderazgo que ellos tienen mayores compromisos éticos con sus congéneres y que deberían ser ejemplo frente a los niños, los jóvenes y el resto de la sociedad?

Al otro lado de este espíritu inhumano, por fortuna, está la educación y sus maestros trabajando en las aulas con 30 o más estudiantes, enfrentando el agreste mundo que la sociedad le impone a la escuela, a través de las diferencias de riqueza y cultura, así como las expresiones más dañinas de las pasiones humanas que llegan hasta las incitaciones a la autodestrucción. Uno no se puede imaginar un docente alabando y formando en el odio, la guerra y en lo inhumano, esto no sería educación. Todo lo contrario, para los docentes la formación para la convivencia humana que pasa por el propósito de vivir en paz y desarrollar competencias ciudadanas son un compromiso ético de los maestros y un objetivo misional de la educación, así lo ha entendido y lo desarrolla la iniciativa de la Red de Educadores por la Paz que con apoyo inicial del PNUD y a la Secretaría de educación de Bogotá se empieza a concretar en Colombia, esta puede ser una oportunidad para que desde la escuela ayudemos a no seguir creando personajes como Trump.

Fuente: http://www.dinero.com/opinion/columnistas/articulo/los-retos-de-ensenar-sobre-etica-en-tiempos-de-trump-por-angel-perez/222203

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Expectativas familiares y del entorno inciden en desarrollo del estudiante

Por: Ángel Pérez Martínez

Los niños llegan a los 4 años a las instituciones escolares con diferencias de cuna, de cuidado y de entorno familiar y social, algunas de ellas irrecuperables (desnutrición, abandono, maltrato infantil, entre otras). También, los niños llegan con otras diferencias a la escuela como las expectativas que tengan los padres de familia y aún sus hijos con respecto a la educación y al futuro. Unas familias tendrán la esperanza de lograr que sus hijos sean profesionales, otros no.

Hoy sabemos que expectativas negativas con respecto a la educación pueden influir, también, de manera negativa en los estudiantes en el tránsito por el sistema educativo y en la calidad de la educación. Así mismo, hay evidencia sobre la estrecha interrelación entre las expectativas educativas de los maestros y los estudiantes y los logros académicos de los estudiantes en la escuela. Yuping Zhangen en un documento académico, Educational Expectations, School Experiences, and Academic Achievements, señala que diversos estudios han proporcionado evidencia sobre como las expectativas y la percepción de los maestros sobre sus estudiantes pueden influir positivamente o negativamente en los desempeños de los estudiantes.

De acuerdo con el estudio de la OCDE, Grade Expectations, basado en los resultados de PISA (adolescentes de 15 años que presentan la prueba) se señala que “si bien el desempeño en la escuela es un factor importante que moldea las expectativas educativas de los estudiantes, hay signos preocupantes de que otros factores contextuales interfieren con esta relación. En la mayoría de los países, los niños y los estudiantes con desventajas socioeconómicas tienden a tener expectativas menos ambiciosas. En Corea, cuatro de cada cinco jóvenes, de 15 años, esperan graduarse de la universidad, mientras que en Letonia sólo uno de cada cuatro. Además, los datos de la OCDE muestran que no todos los jóvenes de 15 años con conocimientos avanzados y habilidades aspiran a altos niveles de educación y no todos los jóvenes de 15 años que aspiran a un título universitario poseen los conocimientos y las habilidades necesarias para llevar a cabo esta vía con éxito”.

De otra parte, en anteriores artículos, he insistido en la necesidad que la escuela sea reconocida por la  sociedad como un centro de conocimientos, no una guardería, que cuenta con un grupo de profesionales de la educación que conocen a los estudiantes, padres de familia y el entorno social en el cual convive la institución escolar, por lo tanto, es a estos docentes, orientadores y directivos docentes a los que les corresponde como equipo especializado en educación y pedagogía, reflexionar sobre ¿cómo afectar un entorno adverso al proceso educativo? o de manera positiva ¿cómo lograr que la escuela motive a los padres para que éstos ayuden a construir a sus hijos un proyecto de vida distinto al que brinda el entorno? En el fondo de lo que se trata es que la escuela y los docentes no continúen quejándose sobre cuánto los afecta el entorno, sino más bien, lograr que ellos se pregunten en cuánto la escuela, como un todo (no un profesor heroico), es capaz de afectar un entorno con percepción y circunstancias (pobreza, exclusión) negativas hacia lo educativo, hasta lograr su trasformación para que se convierta en un aliado del proceso educativo.

La escuela conoce que son los padres de familia, más que los maestros y los colegios, quienes pueden motivar a sus hijos, para que ellos cambien expectativas y se esfuercen para cumplir una meta, que puede ser terminar la educación media o la educación superior o realizar un proyecto de vida, a lo mejor desligado de la educación formal, que les permita mejorar condiciones individuales y aporte a la sociedad.

Con un problema, cuando los padres de familia son muy pobres, ellos tienen que tener expectativas reales de alcanzar o conseguir algo o la posibilidad razonada de que algo suceda (definición RAE de expectativa), Por ejemplo: encontrar que existe un camino cierto para obtener un cupo en una universidad pública o la financiación para el sostenimiento de su hijo, si se vive en un sitio lejano a donde está ubicada la institución de educación superior.

Reconozco que aún nos falta, pero ya existen municipios y ciudades que se acercan a coberturas en educación media de más del 90% y en educación superior estamos sobre el 50%. Padres y estudiantes con expectativas ambiciosas, pero realistas, podrían presionar a alcaldes, gobernadores y políticos a ampliar y a mejorar infraestructura para la educación superior, para padres sin expectativas, el tema da igual.

Por mi trabajo tengo la oportunidad de hablar con estudiantes de los grados 11 de colegios oficiales, siempre me impresiona la escasa motivación que tienen algunos cuando van a presentar la prueba SABER 11, no les importa, reconocen, desde ya, que da igual cualquier resultado, ellos no tienen expectativas de ir a la educación superior. La escuela puede ayudar a cambiar esto.

Fuente: http://www.dinero.com/opinion/columnistas/articulo/expectativas-familiares-inciden-en-desarrollo-del-estudiante-angel-perez/239608

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