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Entrevista a Cristina Groeger: «No, la educación por sí sola no resuelve la pobreza»

Por: Mike Stivers

Durante más de un siglo, una de las ideas más persistentes en la política de EE UU ha sido que la educación es la mejor solución frente a la desigualdad. Pero no es persistente porque sea cierta, sino que lo es porque constituye un mito útil  para las élites políticas y económicas que custodian celosamente su dinero y su poder.

Desde mediados del siglo XIX, el número de niñas y niños que asisten a la escuela en EE UU ha aumentado de modo constante; la igualdad económica, no. Sin embargo, la idea de que la educación escolar es la mejor manera de reducir la pobreza y de reducir la distancia entre ricos y pobres casi ni se discute. En su nuevo libro, The Education Trap [La trampa de la educación], la historiadora Cristina Groeger aborda este mito sin rodeos.

Basándose en el caso concreto de Boston y aplicando la lupa a la situación de finales del siglo XIX y comienzos del XX, Groeger examina la relación entre la escuela y la desigualdad en una época en que la educación pública se expandía con rapidez. En conjunto, la conclusión es clara: el crecimiento masivo de la educación pública no generó prosperidad económica generalizada. Las escuelas formaron a algunos trabajadores que consiguieron empleos bien pagados en la creciente burocracia empresarial. Sin embargo, al socavar las bases de los poderosos sindicatos de oficio y establecer un sistema de acreditación, las escuelas también consolidaron la estratificación social existente.

El libro de Groeger muestra la escabrosa historia de la educación como instrumento de lucha contra la pobreza. Tal vez lo más importante es que ayuda al personal enseñante y a la militancia sindical a pensar en las coas que realmente reducen la desigualdad: programas de gobierno universales y sindicatos fuertes. Mike Stivers, autor asiduo de Jacobin, ha hablado con Cristina Groeger, historiadora que enseña en la Lake Forest College, sobre su nuevo libro y lo que puede lograr o no la educación en una sociedad desigual.

Mike Stivers: La idea básica que abordas en el libro es la que dice que la educación es un instrumento político de lucha contra la pobreza. ¿Qué teoría subyace a esta idea?

Cristina Groeger: La visión de la educación como solución para la pobreza tiene una larga historia, que se remonta a Horace Mann, quien a mediados del siglo XIX califica la educación de la gran igualadora. Sin embargo, en los debates políticos más contemporáneos, el marco dominante es la teoría del capital humano, que proviene de la ciencia económica. Considera que la retribución en el mercado de trabajo refleja el grado de cualificación de una persona, que suele medirse en términos de educación y formación. El argumento de economistas como Claudia Goldin y Lawrence Katz es que en las últimas décadas el cambio tecnológico que favorece al personal altamente cualificado se ha acelerado y que el número de personas inscritas en la educación no ha mantenido el paso, por lo que el número de personas que pueden acceder a los empleos mejor pagados es limitado. Así, la solución para abordar la desigualdad social ahora pasa por incrementar el acceso a la educación.

Hay un montón de datos que demuestran que un alto nivel educativo no se traduce automáticamente en un salario más elevado. Pero la relación entre educación y desigualdad también es más compleja. En comparación con otros países, EE UU ha tenido durante mucho tiempo una de las tasas más altas de acceso a la educación del mundo, pero también tiene una de las tasas de desigualdad más elevadas. Esto constituye una paradoja si pensamos que la educación es la mejor vía para reducir la desigualdad.

Podemos hallar un temprano predecesor del modelo de capital humano en los reformadores progresistas de comienzos del siglo XX, que pensaban que el motivo por el que el personal subalterno percibe salarios bajos es la falta de cualificación. Así, si puedes formar a trabajadoras domésticas en escuelas de administración de tareas domésticas, no solo aumentarán sus salarios, sino que también se transformará la ocupación en algo más parecido a una profesión. El problema era que muchas trabajadoras domésticas y otros trabajadores poco cualificados no tenían tiempo para asistir a esas escuelas. Tampoco se tenían en cuenta los motivos por los que muchas personas afroamericanas permanecieron estancadas en empleos mal pagados: no se debía a que no estuvieran suficientemente cualificadas o a su bajo nivel educativo, sino al racismo imperante en el mercado de trabajo u otras clases de desigualdad que estructuran este mercado.

Mike Stivers: Tu libro comienza en la Gilded Age, cuando Boston y muchas otras grandes ciudades de EE UU decidieron invertir masivamente en la educación pública. ¿Por qué la expansión de la escuela pública se convirtió en el buque insignia de la reforma frente a otras opciones que había sobre el tapete?

Cristina Groeger: Había una amplia coalición de apoyo a la educación pública. Los reformadores progresistas pensaban que la educación era la mejor manera de sacar de la pobreza a la clase trabajadora menos cualificada y de integrar a la inmigración. Para las empresas, la educación pública era un medio atractivo para reducir sus costes de formación ‒podían descargarlos en el sistema escolar‒ y además reducía las presiones de que eran objeto para que mejoraran las condiciones de trabajo o aumentaran los salarios. Pero también sostengo que había un amplio apoyo por parte de la clase obrera a favor de la educación pública, especialmente de la que impartiera formación de cara al sector de oficinas, que crecía explosivamente: administrativos, secretarias, mecanógrafas, contables.

Este es el único sector en que el modelo de capital humano viene muy bien para describir la dinámica. Montones de estudiantes, en su mayoría mujeres blancas e inmigrantes de segunda generación, utilizaron las escuelas, especialmente los institutos públicos, para acceder a nuevos tipos de empleos de cuello blanco. Esta fue la base material de la ideología de la educación como instrumento de movilidad social, aunque solo describe a un conjunto específico de estudiantes que accedían a un sector de empleo específico en aquel periodo histórico.

Mike Stivers: Había gente de izquierda que decía que al preparar a la futura fuerza de trabajo, la escuela pública estaba subvencionando la formación para el empleo a las empresas privadas. La alternativa, señalan, sería que se formara a la mano de obra a expensas de las empresas, algo así como una formación práctica. Pero esto era exactamente lo que muchas empresas trataron de hacer a comienzos del siglo XX, mientras que los sindicatos de la época se oponían con uñas y dientes a ello. ¿Por qué?

Cristina Groeger: En aquel entonces casi no había sindicatos en el trabajo de oficina y básicamente ninguna oposición a la expansión de la formación. El sector profesional y el industrial ya eran otra historia. La fuerza de trabajo profesional estaba organizada en sindicatos de oficio y su fuerza se derivaba de su capacidad de controlar el acceso a determinados oficios a través del proceso de aprendizaje sindical. Las empresas que contrataban a profesionales pretendían eludir a los sindicatos y el proceso de aprendizaje, tanto porque regulaba los salarios que tenían que pagar a los y las aprendices como porque a las empresas no les gustan los sindicatos y querían socavar las bases de su poder.

La fuerza de trabajo profesional consiguió cerrar muchas escuelas de oficios privadas y alejar el plan de estudios de las cualificaciones profesionales específicas en la educación industrial pública. El sector de la construcción es todavía uno de los pocos oficios en que existe el aprendizaje sindical y esto se debe a que los sindicatos no cedieron el control de la formación a una entidad externa como el sistema escolar.

Mike Stivers: También señalas que no es cierto que las empresas impartieran la formación a título gratuito. Apareció toda una nueva categoría de escuelas privadas que impartían formación a título oneroso. Esto se parece a lo que ahora llamamos academias privadas con fines lucrativos.

Cristina Groeger: Sí, y esto también varía según el sector. Había algunas escuelas de oficios privadas, en muchos casos relacionadas con empresas. Sin embargo, el crecimiento real del sector con fines lucrativos a comienzos del siglo XX se dio en el trabajo de oficina, donde las escuelas podían ofrecer formación sin apenas oposición por parte de una fuerza de trabajo que no estaba organizada. Estas escuelas de formación profesional, o escuelas comerciales, acapararon una parte importante del panorama educativo hasta que fueron desplazadas los institutos públicos de enseñanza.

Mike Stivers: Cuando las escuelas públicas pasaron a impartir formación práctica, después de años de lucha entre sindicatos y empresas, los empresarios estaban más interesados en que esas escuelas enseñaran lectoescritura y aritmética básicas. Los empresarios no querían que las escuelas impartieran cualificaciones profesionales como, digamos, carpintería o mecánica. ¿Por qué?

Cristina Groeger: En el libro sostengo que podemos contemplar el ascenso de la producción masiva, especialmente alrededor de la primera guerra mundial, en parte como una estrategia encaminada a reducir el número de trabajadores profesionales en general y desplazar al conjunto de la fuerza de trabajo a nuevos tipos de trabajo en que tengan menos fuerza. Se trata también de trabajadores y trabajadoras que no cursan la mayor parte de su formación en el puesto de trabajo, sino en escuelas. Esto incluye a maquinistas inmigrantes que tienen nociones básicas de lectura, escritura y cálculo, que pueden adquirir en la escuela primaria, pero que por lo demás pueden formarse muy rápidamente en el puesto de trabajo.

Ahí está incluida la nueva fuerza de trabajo de cuello blanco, en su mayoría estudiantes que han obtenido el bachillerato y que nutren la burocracia que acompaña a las industrias de la gran producción masiva. Y las escuelan capacitan asimismo a un número muy reducido de administradores educados en la universidad e ingenieros superiores. Así vemos que las empresas pueden apoyarse en distintos tipos de escuelas para diferentes segmentos de su fuerza de trabajo, pero ya en las décadas de 1920 o 1930 se trata también de una fuerza de trabajo que en su gran mayoría no está sindicada y tiene menos poder que sus contrapartes en los tipos de trabajo profesional de antaño.

Mike Stivers: Así es. Señalas que este surgimiento de una clase supervisora ‒hablas mucho de ingenieros de alto nivel, altamente cualificados‒ está estrechamente relacionado con el taylorismo y la descualificación sistemática de la mano de obra.

Cristina Groeger: Podemos ver estas dos caras de la misma moneda. A medida que las empresas pasan a un modelo industrial de producción masiva, que depende del personal de montaje en la base y una nueva fuerza de trabajo de cuello rosa que está ampliamente feminizado, vemos un grupo masivo de trabajadores y trabajadoras que tienen muy poco poder y una nueva clase directiva en lo alto. Esta fuerza de trabajo es mucho más barata. A menudo, las mujeres que realizan estos trabajos cobran la mitad de lo que perciben los hombres, y se trata de una fuerza de trabajo que carece fundamentalmente de sindicatos, de fuerza organizada. Y a medida que se expande la fuerza de trabajo de cuello blanco, deja de ser un tipo de aprendizaje mercantil muy exclusivo y prestigioso a lo que ahora llamaríamos una categoría de cuello rosa.

Mike Stivers: También documentas que la mano de obra afroamericana alcanzaba algunos de los máximos niveles educativos, pero que aun así permanecía en los puestos más bajos de la escala salarial.

Cristinta Groeger: Sí, y no me esperaba descubrir esto, pero si comparamos el grado de matriculación de niños y niñas de clase obrera, las menores afroamericanas mostraban continuamente niveles superiores de escolarización que sus homólogas blancas nativas o inmigrantes. Sin embargo, siempre acababan en los puestos peor pagados. Este es el ejemplo más claro de la incapacidad de la teoría del capital humano para justificar la retribución en el mercado laboral. La gente afroamericana quedó casi completamente excluida del trabajo administrativo, pese a tener estudios secundarios.

Mike Stivers: Mucha gente piensa hoy en EE UU que un título universitario es un pasaporte a la riqueza y buenos ingresos, pero demuestras que históricamente la implantación de los títulos de bachillerato y universitarios cimentó la desigualdad en la misma medida en que la redujo. ¿Cómo pudo ocurrir esto?

Cristina Groeger: A medida que se masifica la escuela secundaria en este periodo y que nuevas poblaciones ‒inmigrantes, mujeres‒ ocupan puestos de trabajo administrativo, vemos una fuerte reacción por parte de la elite económica y profesional bostoniana. Establecen relaciones con universidades privadas para convertir un título universitario en una importante credencial para los puestos de trabajo mejor pagados en la nueva economía empresarial, cuando en el siglo XIX la mayoría de propietarios y administradores de empresas no tenían ningún título universitario, tal vez ni siquiera el bachillerato. Podemos ver esto mismo también en otras profesiones de salarios elevados, como el desarrollo del derecho mercantil.

En el libro examino la correspondencia entre empresarios y consultores universitarios que ayudan a las personas licenciadas a encontrar un empleo. Es una buena fuente para comprender por qué las empresas prefieren a los titulados universitarios. Observo que parte de su conversación tiene que ver con la cualificación, o capital humano, pero que también tiene que ver con las preferencias de las empresas en materia de raza o clase u otras características personales. Esto significa que las universidades de elite son capaces de reproducir la elite tradicional en estos nuevos puestos empresariales, pero ahora las elites tienen una credencial meritocrática para legitimar sus posiciones en la economía.

Mike Stivers: A pesar de su escasa contribución a la reducción de la desigualdad, la idea de que la educación es un instrumento político para superarla sobrevive en todas partes. ¿Por qué es la educación un instrumento político tan atractivo para resolver problemas económicos?

Cristina Groeger: Creo que en parte se debe a que muchas de las personas que promueven la educación pueden imaginar que esta hace tantas cosas diferentes. Vemos lo mismo en el comienzo del siglo XX. Hay una gran coalición de apoyo, a menudo con intereses opuestos en otros terrenos, pero que se unen en torno a la idea de la educación. La idea también persiste porque no cuestiona a algunos de los sujetos más poderosos de la economía. No cuestiona la facultad de los empresarios de pagar el salario que quieran o de establecer las condiciones laborales que se les antoje. Es muy fácil hablar de nobles ideales y propósitos dentro del sistema educativo, pero lo que esta puede lograr tiene sus limitaciones. Y en muchos casos puede correr un tupido velo sobre desigualdades en el mercado de trabajo que desempeñan un papel mucho más importante en la configuración de las desigualdades que vimos a comienzos del siglo XX y que volvemos a ver hoy.

Mike Stivers: Mucha gente de izquierda rechaza que las escuelas sean simplemente un lugar de formación para el empleo, pero la preparación para el empleo sigue siendo también una parte esencial de la finalidad de la educación pública. ¿Cómo debería concebir el movimiento socialista la finalidad de la escuela en el siglo XXI?

Cristina Groeger: En la medida en que la educación es importante para acceder a un puesto de trabajo ‒y en el plano individual, por supuesto, la educación importa‒, no creo que debamos denigrar a los y las estudiantes que acuden a la educación por este motivo. Hay una tendencia a rechazar el carrerismo, o la profesionalización de la juventud estudiantil, lo que en mi opinión le echa la culpa por la economía a que se enfrentan. Si la izquierda desea liberar la educación para otros propósitos creativos o emancipatorios, primero hemos de crear una economía que asegure la subsistencia de todos y todas. Las demandas de gratuidad de la universidad y de universidades no endeudadas son buenas demandas socialistas, pero no son suficientes. Hemos visto cómo las elites pueden crear siempre nuevas barreras utilizando credenciales todavía más elevadas.

Esto me lleva al título del libro, La trampa de la educación. En todo el espectro político se contempla la escuela como la solución de tantos problemas sociales, pero poner el acento en las escuelas puede convenir a quienes gozan del mayor poder económico, porque echa la carga de la reforma sobre las espaldas del estudiantado, del profesorado, lejos de lo que es la causa real de la desigualdad: la falta de poder de la clase trabajadora en la economía y la política.

Las y los profesionales de la educación desempeñan un papel importante en la lucha por el poder de la clase trabajadora. Lo hemos visto en Chicago, donde vivo. Los sindicatos de enseñantes han luchado no solo por sus propias condiciones de trabajo, sino también por un amplio programa político y por inversiones públicas en sus estudiantes y sus comunidades. Y creo que como socialistas, si interpretamos el papel de la escuela en sentido amplio, deberíamos entender que estas campañas de organización también son formas realmente importantes de educación política. Deberíamos promoverlas tanto dentro como fuera de las escuelas.

14/04/2021

https://jacobinmag.com/2021/04/cristina-groeger-interview-education-trap-solution-inequality-social-mobility

Traducción: viento sur

https://vientosur.info/no-la-educacion-por-si-sola-no-resuelve-la-pobreza/

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Joan-Carles Mèlich: «La palabra educación tiene que ver con una relación existencial y para que esta se dé debe haber cara a cara, el rostro, la piel, el olor»

Por: Txema Seglers

  • Joan-Carles Mèlich es doctor en Filosofía y Letras y profesor de Filosofía de la Educación en la UAB. Acaba de publicar La fragilidad del mundo.

Cada vez que Joan-Carles Mèlich (Barcelona, 1961) cita un libro o un clásico, sus ojos crepitan tras las gafas graduadas. De hecho, Mèlich contempla la vida desde lo que él llama una filosofía literaria. Quizás, por ello, este doctor en Filosofía y Letras y profesor de Filosofía de la Educación en la UAB, cita libros y clásicos con tanta admiración. Con una extensa bibliografía, Mèlich publica La fragilidad del mundo (Tusquets Editores, 2021), una reflexión sobre la complejidad y las ambivalencias del mundo, el imperio de la técnica, el vértigo de nuestros días. Y en medio de toda esta turbación, Mèlich aún rescata una pequeña luz, la del sentido, frágil y precaria, bastante intensa, sin embargo, para curarse de la tormenta.

La pandemia ha puesto de manifiesto que somos frágiles. Pero, ¿por qué la fragilidad es un bien que hay que cuidar y proteger?

El punto de partida es la finitud del ser humano. Finito significa que morimos, y también, que somos contingentes y relacionales. Pero, por esta condición finita, no podemos esquivar nuestra relación con el mundo, con la alteridad de los otros humanos, de las cosas y de la naturaleza. Y por lo tanto, nuestra relación con el mundo es necesariamente poco firme, poco sólida. De hecho, sólo protegiendo la fragilidad, tenemos cuidado de la condición humana.

En una conferencia tuya en el Palau Macaya de la Fundació ‘La Caixa’ hablabas del cuidado de la existencia. Ahora bien, ¿podemos crear desde la fragilidad?

Sí, y también descrear. La fragilidad también tiene problemas, como la angustia, la melancolía o el pánico. Yo hablo de tres desestructuraciones con el mundo, y la fragilidad también tiene formas de rotura, de crisis. La fragilidad es ambigua. De hecho, una de las tesis del libro es que la relación del ser humano con el mundo es disonante, un término musical que me permite ilustrar cómo nos movemos adelante y atrás, en positivo y en negativo, siempre inconclusos. El ser humano nunca podrá cruzar las puertas del paraíso.

Por suerte, ¿no?

Sí, por suerte, pero puede cruzar las puertas del infierno.

Eso sí. ¿Por ejemplo, las puertas de Auschwitz?

Exacto. Si cruzamos el paraíso, perdemos la finitud. De hecho, la mía no es una ética del bien, sino de la experiencia del mal.

El bien cuesta construirlo, no sabemos con exactitud qué es. Pero el mal, sí que toma formas evidentes y muy concretas.

Sí. Zygmunt Bauman decía que el bien y el mal no están al mismo nivel.

¿Por qué negamos el mal? ¿Por qué nos cuesta aceptar que podemos hacer daño a los demás? Pienso en la banalización del mal.

Una de las otras palabras clave del libro es vértigo. Vértigo significa que vivimos y estamos situados casi en la punta límite del acantilado. En este punto, nos es más fácil vivir olvidando esta dimensión oscura, de desazón, de vértigo. Queremos olvidar la cara oculta de la luna, como si la luna no tuviera una Dark Side, ¿no?

Esto me recuerda a Pink Floyd.

Me encanta Pink Floyd.

¿La sociedad del like pretende ocultar esta dark side of the moon ?

Sí, porque buscamos aparentarlo todo magníficamente e intentamos olvidar esa cara oculta y oscura de la luna para decir que tenemos que ser positivos, ser optimistas y que no podemos llorar. Ahora bien, es importante saber que no toda la luna es oscura. El Eclesiastés lo dice perfectamente: hay un tiempo para reír y un tiempo para llorar, un tiempo para labrar y otro para recoger lo sembrado, un tiempo para vivir y un tiempo para morir.

De acuerdo, pero en el tiempo de las pantallas, esta gestión de los ritmos vitales parece rota. ¿Cuál es el agravio de las prisas, de la trepidante velocidad que nos atenaza?

Nietzsche y Wittgenstein sólo piden algo a sus lectores: tiempo. Piden que los lectores lean sus obras lentamente. Lo más importante en la vida necesita tiempo. En mi libro La fragilidad del mundo defiendo que vivimos en el imperio de la prisa. El problema no es la velocidad, sino la prisa. La prisa es la patología de la velocidad; del mismo modo que la tecnología no es la técnica, sino un sistema social-simbólico poderosísimo que ha colonizado el mundo y que nos obliga a vivir en la lógica de la prisa. Las relaciones humanas (familia, la amistad, la educación, la lectura, la meditación…) han entrado, por eso mismo, en una crisis profunda y el mundo se ha empobrecido. Siempre que ha habido ser humano, ha habido técnica. Pero la tecnología es un producto de la modernidad. Yo cifro la revolución tecnológica a principios del siglo XX, cuando algunos autores vieneses como Robert Musil, hablan de la matematización del mundo, de la colonización de la tecnología. Dicho de otro modo, cuando la técnica deja de ser un instrumento y se convierte en un sistema social, una forma de vida. Y para mí, eso es un empobrecimiento del mundo, porque rompe la dimensión frágil que decíamos antes.

Me recuerda a El mundo feliz de Huxley.

Sí.

¿Cree que la lógica tecnológica empobrece la democracia?

Totalmente, porque la lógica tecnológica empobrece la gramática que el mundo es. Piensa en 1984 de Orwell y la neolengua. Si lees el libro en clave tecnológica, te das cuenta que la neolengua simplifica el matiz, porque, por ejemplo, prohíbe los antónimos. Si llamas bueno, no puedes decir malo, sino que tienes que decir ‘no bueno’. El lenguaje se va reduciendo. Pero otro aspecto muy importante se deriva de esta colonización: la crisis de la memoria.

Suena inquietante.

Un ordenador no tiene memoria. La computadora almacena datos, informaciones, pero no es la memoria de un ser finito.

Explíquemelo, por favor.

La memoria no es recuerdo, sino recuerdo y olvido. El ejemplo es Proust o Joyce. La memoria irrumpe, y nunca dos personas recuerdan igual, porque es personal, atraviesa por dentro de tus vivencias. La memoria es narrativa. La crisis actual de la memoria se manifiesta en la pérdida del peso del pasado. Vivimos en una civilización que da mucha importancia a la actualidad, pero no se la da al presente. Pero hay que tener cuidado porque no hay presente sin pasado. La actualidad, en cambio, puede obviar el pasado, no le interesa nada. Las consecuencias educativas de esta crisis de memoria son evidentes y trágicas. La actualidad ha devorado el presente y, en consecuencia, se ha roto la secuencia temporal (pasado, presente, futuro).

Vivimos ahogados de actualidad, como si siempre fuéramos ‘fuera de tiempo’.

Exacto. El presente cuida del pasado, pero la actualidad no necesita el pasado, porque nace y muere. Walter Benjamin lo explica muy bien en El narrador. De hecho, leer un libro no es lo mismo que leer las noticias, que caducan al cabo de un instante. Por ejemplo, vas al quiosco y pides el diario de ayer, y ya no lo tienen. La tecnología trabaja con la actualidad, pero no con el presente. También sucede en las tertulias de televisión o los programas de opinión.

Entiendo, sin embargo, que no está en contra de la actualidad.

No, no lo estoy. Yo estoy en contra de la colonización actual del presente, es decir, cuando la actualidad ‘se come’ el presente. Y esto, de hecho, lo he visto en la universidad. Por ejemplo, yo ahora estoy haciendo la guía docente con las directrices recomendadas, que me señalan que incorpore elementos digitales. Ahora bien, yo defiendo el libro como objeto, la materialidad de los cuerpos, los espacios de silencio, la lectura lenta, la utilidad de lo inútil, como dice Nuccio Ordine. La tecnología y las redes no te dan esto.

En este sentido, usted ha dicho que la educación, si no es presencial, no es educación .

A ver, puede haber instrucción en línea, aprendizaje, pero la palabra educación incluye el aprendizaje y la instrucción, al tiempo va mucho más allá. La palabra educación tiene que ver con una relación existencial, más profunda, tiene que ver con el estudio, la lectura y la escritura, tiene que ver con la relación con un maestro. Y para que haya esta relación existencial debe haber cara a cara, el rostro, la piel, el olor. Porque, ¿qué es la presencialidad?

¿El ambiente? ¿El calor? ¿El contacto con el otro?

Sí, y también es la atmósfera.

Somos unas criaturas muy extrañas y curiosas los humanos. ¿Por qué nos cuesta tanto aprender?

Bueno, la existencia es un aprendizaje que no se aprende nunca, porque es a posteriori, es a trompicones. Por eso, soy tan crítico con las competencias, porque tú no puedes saber cuál es la respuesta antes de tener el problema. O como en una entrevista. De hecho, tú puedes preparar las preguntas y yo las respuestas, pero cuando nos encontramos, somos dos personas en una situación concreta, y cada situación es diferente. Todo lo que había previsto, de repente, no funciona, y entonces, improvisamos. De hecho, tenemos que aprender a improvisar, que significa aceptar que el ser humano no puede esquivar la contingencia.

Con el término musical de la disonancia, antes hacía referencia a nuestra condición inconclusa. Ahora, desconozco la razón, habla de la improvisación y pienso en los músicos de jazz.

Yo he puesto este ejemplo, sí, el de un músico de jazz que sabe improvisar porque conoce las escalas y las armonías. Keith Jarrett lo ilustra muy bien. De hecho, a mis estudiantes les cuento que tienen que hacer lo mismo que Keith Jarrett: improvisar sin manual de instrucciones. Él explora.

En esta exploración, pero buscamos el sentido, y por ello, empalabramos el mundo. Pero no todos los relatos son iguales. ¿Cuáles son los relatos peligrosos?

Los relatos que eliminan la ambigüedad, que defienden las ideas claras y distintas. En la existencia humana hay inicio, pero no hay ni origen; nacemos en una historia, en un relato que otros han iniciado, heredamos una gramática, un conjunto de signos, de símbolos, de gestos y de normas… y tenemos que aprender a vivir en este escenario en el que las relaciones con los demás (humanos y no humanos) resultan inesquivables. Un relato es peligroso cuando tiene la pretensión de explicarlo todo, cuando quiere tener la primera y la última palabra.

La aparición de Internet, de las redes, se decía que ofrecerían la oportunidad de una verdadera democracia participativa. Vemos que no es así. ¿Cree que hay relación entre el mundo tecnológico y el incremento de un populismo que insulta vía tweets?

Diría que sí, pero tengo que reconocer que no es un tema que tenga bastante elaborado. Debería pensar en ello más.

En todo caso, parece que vivimos en una sociedad de individuos atomizados. En este sentido, el otro supone un reto y las relaciones entre las personas son complejas. Ahora bien, ¿cree que sustituimos la comprensión de las relaciones con el otro por la moral del grupo?

Siempre he dicho y he escrito que la moral es inesquivable por los seres finitos. La moral radica en la gramática que hemos heredado. No podemos existir sin moral. Pero tampoco podemos existir sólo con moral. Los seres finitos también vivimos en zonas oscuras, por lo que la incertidumbre es inesquivable. Es lo que llamo zona oscura de la moral. Y esto es la ética. La educación no puede darse sin estas zonas oscuras, no se puede educar sin ética, sin incertidumbre, sin vergüenza, sin mala conciencia.

Al inicio de esta entrevista hemos hablado de cómo la pandemia ha puesto de manifiesto nuestra fragilidad. Pero también la pandemia está comportando pérdida. Usted ha trabajado sobre este tema. Una última pregunta. ¿Cómo podemos gestionar el duelo de los seres queridos?

Cada uno debe ver cómo gestiona su duelo. Recomiendo leer algunos libros sobre esto. Si me pides que recomiende sólo uno, este sería La muerte de Iván Ilich, de León Tolstoi. Es un libro que releo a menudo. Es una obra espectacular, como todos los clásicos. Homero, los trágicos griegos, la Biblia, Shakespeare, Cervantes, Montaigne, Flaubert, Dostoievski, Freud, Kafka, Virginia Woolf, Joyce, Proust, Rilke, Beckett… Esto es lo que recomiendo, porque son ellos, y sus libros venerables, los que nos muestran que la vida es incierta y que no hay píldoras que nos digan lo que tenemos que hacer ni cuál es el camino correcto.

Fuente e Imagen: https://eldiariodelaeducacion.com/2021/07/30/joan-carles-melich-la-palabra-educacion-tiene-que-ver-con-una-relacion-existencial-y-para-que-esta-se-de-debe-haber-cara-a-cara-el-rostro-la-piel-el-olor/

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Entrevista a Patricia Villa: “En la escuela rural no existe la concertada porque no es rentable”

Por: Gorka Castillo 

Que el mundo es un lugar ancho lo sabe bien Patricia Villa (Madrid, 1972), maestra rural con el coche siempre en movimiento por esos campos y montañas de Castilla y León. Villaseca de Laciana, Boñar, Olleros de Sabero. Tierras que sienten de cerca la esencia castellana en trance de desaparición. Y sin embargo, esta profesora en educación física mantiene viva la esperanza. Y lo hace por una causa resistente a cualquier tempestad: el valor de sus gentes, de una cultura profunda y un saber enraizado en los viejos conocimientos de la vida. “En la escuela rural, pública, libre y participativa está el germen de la mejor enseñanza”, recita durante la entrevista hasta en tres ocasiones. “Aquí no hay colegios concertados porque no son rentables”, añade.

Durante más de una década, Villa trabajó en centros rurales agrupados de la zona de Ponferrada, aulas unitarias donde conviven niños y niñas de diferentes edades y la naturaleza idílica de los valles de Babia y Laciana. Para ella significaba despertarse a las seis y media de la mañana. A veces, con nieve en el camino. Cien kilómetros de viaje para llegar a Villaseca o a Olleros. Escuelas modélicas enredadas en bosques de la infancia que en algunos casos todavía desprenden los aromas de las viejas minas leonesas clausuradas. “Aprendes de los críos. Ellos te proponen visitar la fuente de no sé qué, o ir a la mina no sé cuál, ya cerrada. Y nos vamos todos juntos, niños, niñas, maestros y maestras. Y por el camino te van contando, mira aquí hay una historia…. Son cosas que han escuchado a los mayores y ellos repiten”, explica. Con sus clases noveladas, Villa revive lo mejor y lo peor de ser maestra en estas pequeñas aldeas. “La escuela rural está vinculada a la tierra. Es todo muy natural y muy agradecido. Todo pivota alrededor de ellas. Por eso, cuando se cierra un centro, el pueblo siente que se muere y la gente se indigna”, lamenta. La maestra también es partícipe de las incertidumbres.

¿Qué diferencias hay entre la escuela rural y la urbana?

En la escuela rural está el germen de la mejor enseñanza. Para empezar, la ratio de alumnos por aula es mucho más pequeña que en la ciudad y puedes atender sus necesidades como lo demandan porque los centros están mejor dotados de material que los urbanos. Y si hablamos de un colegio rural agrupado (CRA), donde hay clases unitarias, verás cómo unos niños aprenden de otros. Yo estuve en uno, en Olleros de Sabero, en la vieja cuenca minera leonesa donde hace 30 años vivía mucha gente pero hoy se ha despoblado por falta de alternativas laborales, pero también porque muchos padres piensan que la educación en las ciudades es mejor para el futuro de sus hijos. Yo no lo creo así. Soy profesora de educación deportiva y puede asegurarte que en el colegio de Boñar (León) contamos con un material para trabajar que en muchos centros de Madrid no lo tienen.

El aprendizaje práctico, la relación con el entorno, ¿es una enseñanza fundamental en la escuela rural?

Claro, claro. Son niños muy vivos, que salen del aula mucho, que conocen muchas plantas y animales porque conviven con ellos. Entienden la ganadería, a las gallinas y a los pájaros. A estos críos no tienes que enseñarles lo que es la comida saludable porque comen sus propias lechugas, lo que dan sus huertos, su leche, sus huevos. Aprenden lo que siempre hicieron sus abuelos. Dar clase en el mismo aula a chicos y chicas con distintas edades, y ver cómo aprenden unos de otros, se ayudan, cooperan, juegan juntos y hasta celebran fiestas preciosas es muy bonito.

Las actividades que se realizan no tienen nada que ver con las que hay en las ciudades, donde muchos padres apuntan a sus hijos para tener tiempo para ellos

La escuela es el lugar en torno al que gira la vida de muchos pueblos.

Es que la escuela rural está vinculada a la tierra. Es todo muy natural y muy agradecido. Es donde se organizan las fiestas y representaciones, muchas relacionadas con las cosechas y la naturaleza. A finales de octubre o principios de noviembre organizamos la fiesta de ‘magosto’, de la castaña. Los niños y niñas las meten en los tambores viejos de las lavadoras y allí las asan. Es todo un acontecimiento popular. En Boñar, tuvimos un proyecto que consistía en vincular las fiestas con el entorno. Las actividades que se realizan no tienen nada que ver con las que hay en las ciudades, donde muchos padres apuntan a sus hijos a actividades para tener tiempo para ellos. En realidad, son centros de socialización donde se apuntala el valor colectivo. Todo pivota alrededor de ellas. Por eso, cuando se cierra un centro, el pueblo siente que se muere y la gente se indigna.

¿Ha vivido algún cierre?

Uno. Y es tristísimo, aunque en Castilla y León intentan mantenerlos abiertos aun con solo cuatro o cinco alumnos.

¿Recuerda su primer día de trabajo?

Sí, claro. Fue estupendo. Y me sorprendí por la enorme cultura que tienen los chavales y por la rapidez con la que pillan las cosas. Tienen una sabiduría como de personas mayores. Se les nota que pasan muchas horas al día con los abuelos y con los vecinos. Saben cosas sobre las que muchos chicos de su edad que viven en la ciudad no tienen ni idea. En un pueblo todos cuidan de sus pequeños y les transmiten una cultura general muy sabia.

Vaya escuela de la vida para usted, ¿no?

Mucho. Como tienes mucha libertad para realizar actividades fuera del colegio, son ellos los que te hacen rutas y te descubren cosas muy bonitas. Son ellos los que proponen visitar la fuente de no sé qué, o ir a la mina no sé cuál, que ya está cerrada. Y nos vamos todos juntos, niños, niñas, maestros y maestras. Y por el camino te van contando, mira aquí hay una historia…. Son cosas que han escuchado a los mayores y ellos repiten. Aprendes mucho de ellos y eso es muy bonito.

¿Se ha arrepentido alguna vez de haber tomado la decisión de dejar la ciudad?

No, para nada. Nací en Madrid pero tengo ascendencia familiar de León y siempre tuve muy claro que quería volver a esta tierra. Y tuve opciones de trabajar en Madrid porque allí estoy muy bien posicionada en las listas, pero no vuelvo. Aquí estoy muy bien pese a que lo tengo más difícil para trabajar porque soy interina y en Castilla y León piden muchos requisitos que dan puntos para obtener una plaza.

¿No le importa desplazarse todos los días, como ha hecho durante años, a lugares como Villaseca de Laciana, a 100 kilómetros de su casa; o a Boñar, que está a 50 kilómetros?

No, porque soy feliz. Cuando estuve en esos pueblos me levantaba a las seis de la mañana, me montaba en mi Fiat Stylo y a la carretera. Me daba igual que nevara. Iba siempre a trabajar. Bueno, en realidad nos obligaban. En el aula unitaria de Villaseca no faltaba ni un crío. Llegaban con la nieve hasta la cintura. En Boñar era distinto porque venían en autobús desde varios pueblos de los alrededores y cuando nieva, muchos no pueden llegar al colegio y se quedan en casa. Pero los viajes no son tan duros como parece porque el paisaje es muy bonito. Pasas por los valles de Babia y Laciana y se te hace llevadero. Siempre me lo he tomado con filosofía.

¿Y qué desventajas encuentra un maestro rural respecto a lo que puede encontrar en un centro urbano?

A mí me cuesta encontrarlas. Quizá el transporte. No lo digo por el gasto económico sino por la carretera. Ten en cuenta que Castilla y León es muy grande y hay grandes extensiones que están despobladas. En invierno, nieva. La mayoría concursa para trabajar cerca de su casa y en esta comunidad autónoma piden muchos requisitos para obtener plaza. Llevo 12 años de interina y cada año tengo que esperar a ver a dónde me mandan. Imagina que me sale plaza en Palencia. Pues no podría ir cada día desde León sino que tendría que trasladarme a vivir allí. Por el momento he tenido suerte y recorrer 100 kilómetros para llegar al colegio no me supone esfuerzo. Tardaba una hora y cuarto, menos de lo que en Madrid emplea mucha gente para llegar a su puesto de trabajo.

Doce años en la escuela rural dan para mucho.

Bueno, el último año he trabajado en un colegio grande de León. Pero sí, es toda una experiencia. Cuando daba clases en Villaseca de Laciana hasta rompí aguas y casi doy a luz en el colegio. Sería por el estrés y los viajes. No lo sé. El médico ya me había advertido de que tenía que descansar pero coincidió con la evaluación y no quería faltar. Así que tuvimos que ir al médico de Villablino. Allí me preguntaron dónde quería tenerlo, si en Ponferrada o en León, como les dije que en León me dijeron si quería ir en coche o en ambulancia. Yo preferí viajar en coche y allí me metí con la jefa de estudios y el director del centro que estaba de los nervios. Para tranquilizarlo, nos pusimos a hacer la evaluación (risas). Al final todo salió muy bien y dos horas después tuve una hija estupenda.

Recorrer 100 kilómetros para llegar al colegio no me supone esfuerzo. Tardaba una hora y cuarto, menos de lo que en Madrid emplea mucha gente para llegar al trabajo

¿Cree en la educación pública?

Sí, por supuesto. En la que no creo es en la concertada. Pienso que no debería de existir. O pública o privada. Punto. ¿Por qué tengo que pagar con mis impuestos a personas que ejercen de maestros sin opositar? ¿Y quién elige a esas personas para que puedan trabajar? Si es un colegio privado que hagan lo que quieran pero que funcionen así los concertados no lo entiendo. En la escuela rural no existe la educación concertada porque no es rentable y es dónde se ve con claridad que la pública funciona muy bien porque tiene financiación. Soy partidaria de la escuela libre y participativa.

Los mejores resultados en España del Informe internacional para la evaluación de estudiantes (PISA) siempre proceden de las escuelas y los colegios rurales.

Y dentro de España, de Castilla y León. Y dentro de Castilla y León, de la escuela rural.

Son ustedes como Finlandia.

Sí (risas). Son chavales que van bien en el instituto y después en la universidad. Son pocos, les gusta aprender, se ayudan entre ellos y la metodología es buena. Si a eso añadimos que las maestras y maestros también están preparados, pues el resultado tiene que ser positivo. Cuanto más rural, más libertad de cátedra y mejor.

¿Se considera una trabajadora esencial?

Si, por supuesto. Sin educación no hay posibilidad de progresar en este mundo.

Fuente de la información e imagen: https://ctxt.es/es/

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Entrevista a Detlef Stammer, experto en clima de la Universidad de Hamburgo “Tenemos que cambiar nuestro modo de vida de forma radical”

Por: Carmela Negrete/ El Salto 

Las catastróficas inundaciones en Alemania han avivado la conciencia en torno a las consecuencias del cambio climático, con toda la plana mayor política realizando declaraciones sobre el tema ante las próximas elecciones. Hablamos con un experto en clima de la Universidad de Hamburgo.

Las graves inundaciones que han devastado decenas de localidades en el suroeste de Alemania han removido la conciencia de las más altas autoridades del país en relación al cambio climático. “Tenemos que acelerarnos en la lucha contra el cambio climático”, decía la canciller Angela Merkel tras visitar el pueblo de Schuld, uno de los más afectados y en el que prácticamente toda la estructura de electricidad, agua y gas, así como numerosas casas resultaron demolidas tras desbordarse un río a causa de las lluvias torrenciales.

También el candidato de su partido critianodemócrata CDU a las próximas elecciones, Armin Laschet, pidió que se acelere el cambio necesario en todo el mundo para evitar el aumento de catástrofes como ésta. El presidente alemán Frank-Walter Steinmeier dijo que “la política tiene que ser valiente” y que se necesitan “pasos agigantados” para frenar el calentamiento global. “Creo que a todo el mundo le ha quedado claro que es bastante ambicioso limitar el calentamiento del planeta a 2 grados”. El medio ambiente y en especial el plan alemán para salir de las renovables y para alcanzar la neutralidad climática son temas que serán centrales en las próximas elecciones de septiembre, aseguró Steinmeier. De hecho, el partido lleva meses como primero o segundo en las encuestas.

Un estudio de la Universidad de Newcastle predice que en Europa tendrán lugar más inundaciones como las ocurridas en Alemania como resultado del cambio climático global. En dicho país podrían ser 14 veces más frecuentes que hasta ahora en el año 2100. El profesor de la Universidad de Hamburgo, el doctor Detlef Stammer, director del Centro de ocenografía, percepción remota del sistema terrestre y asimilación climática acoplada, encuentra unos minutos para hablar con El Salto sobre la relación entre el cambio climático y los acontecimientos meteorológicos extremos.

¿Hay una relación directa entre las inundaciones y el cambio climático?


El cambio climático juega con seguridad un papel en el aumento de acontecimientos meteorológicos extremos y en el caso de las inundaciones, será necesario adaptarse a éstas con medidas de construcción para que estas masas de agua extremas puedan circular y se eviten nuevas catástrofes en lo posible.

¿Cuáles son las medidas más urgentes para parar el cambio climático?


Para evitar catástrofes como la actual, siempre que éstas tengan una relación directa con el cambio climático, tenemos que hacer todo lo posible para evitar el cambio climático y en ese sentido se sabe muy bien lo que hay que hacer: hay que reducir las emisiones y limitar el calentamiento global. La ciencia ya ha dicho qué es necesario hacer… ahora hay que aplicarlo. Esto significa que hasta el 2050 tenemos que convertirnos en una sociedad que emita cero emisiones y ya antes, en el 2030 las emisiones globales tienen que reducirse un 40%. Con estas medidas conseguiremos limitar el calentamiento global y, de ese modo, limitar estos acontecimientos meteorológicos extremos. Tanto la reducción de las emisiones como la adaptación de la infraestructura tienen que ser prioritarios.

En Alemania hay cada vez más árboles muertos debido a la sequía, ¿podría haber dentro de poco grandes fuegos?


En los bosques de Alemania se talan los árboles cuando se ve que están huecos bastante rápido. Ello reduce el riesgo de fuego, que siempre existe cuando hay sequía. Según tengo entendido este trabajo se lleva a cabo de forma sistemática y lo que hay que hacer es, por supuesto, repoblar esos bosques para que puedan permanecer como tales. Los fuegos van a aumentar sin duda cuando aumente la temperatura. Los últimos tres años en Alemania fueron muy secos y ello llevó a una mayor tala de árboles. En Alemania hay desde hace más tiempo que en otros países europeos un plan para abandonar las energías fósiles, ¿qué cambia eso si los demás países no hacen lo mismo?

Un país solo no va a salvar el planeta. Tiene que suceder en todo el planeta, pero estamos viendo que están ocurriendo muchas cosas en ese sentido. China, por ejemplo, tiene unos objetivos mayores en relación al clima de los que tenemos en Europa, con una salida de las emisiones ya en 2040. En este momento todas las naciones tienen que hacer todo lo que esté en su mano para parar esto y veremos cuál es el resultado neto de los esfuerzos. No es una solución decir o pensar que el propio país no va a conseguir nada solo. Cada uno tiene que poner de su parte.

El ciudadano puede pedir a las autoridades que lleven a cabo estos cambios, pero también se pregunta: Y ante ésto, ¿qué puedo hacer yo como individuo?


Es una pregunta que está muy justificada y no es una solución esperar solamente a que la política lo resuelva todo. Necesitamos una sociedad fundamentalmente diferente, una transformación profunda, similar a la revolución industrial que tuvo lugar hace un siglo. Hay que reflexionar sobre toda nuestra conducta de consumo: qué productos consumimos, desde dónde han venido y si lo han hecho en avión, incluido el turismo… Todos de verdad pueden aportar algo y pensar cada vez que vayan a utilizar el coche si es necesario o no, por ejemplo. Cada persona tiene una responsabilidad porque todos utilizamos energía a diario. ¿Cómo podemos vivir de forma sostenible? Esa pregunta hay que hacérsela constantemente.

En España el gobierno ha colocado en un lugar central la electrificación de los coches como uno de los puntos claves de la “revolución verde”. ¿Cómo lo ve usted?


Con los coches eléctricos hay una gran esperanza de poder reducir las emisiones, pero estos coches no generan la electricidad por sí mismos. Si la electricidad viene de centrales de carbón, no servirá de nada. Necesitamos que la energía se genere con renovables y no fósiles, de otro modo, no habremos avanzado nada.

También hubo las pasadas semanas una polémica después de que el Ministro de Consumo animase a comer menos carne, ¿lo recomendaría?


La pregunta de la alimentación afecta a todos los ciudadanos y creo que sería aceptable que la carne fuese algo más cara y que no se consuma a diario. Creo que el consumo de carne se puede reducir mucho. Antes se comía menos carne y al final tenemos que repensar como sociedad la venta a precios muy bajos de productos agrarios, también de las verduras y frutas.  Todas estas cuestiones no son nuevas, ¿tiene esperanza de que este mensaje llegue de una vez a la población?

Va a llegar sin duda. Ya se está cambiando y en la próxima década se va cambiar mucho más. No sé si será suficiente para no alcanzar los dos grados de temperatura del calentamiento global, pero de lo que estoy seguro es de que en los próximos años vamos a ver un cambio fundamental.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/ecologia/detlef-stammer-tenemos-cambiar-nuestro-modo-vida-forma-radical

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Raúl Bermejo: “Lo importante es disfrutar aprendiendo con todos los sentidos”

Por: Educación 3.0

Entrevistamos a Raúl Bermejo, autor de ‘Grafismo creativo’ y ‘¡Cuánto color!’, y coautor del proyecto ‘Croqueta’ para Infantil, todos ellos de Edelvives.

Raúl Bermejo es maestro de Educación Infantil y Primaria, además de neuropsicólogo. Es coautor del proyecto ‘Croqueta’ de Edelvives, dirigido a Educación Infantil, además de autor de varios libros, entre los que se encuentra ‘Grafismo creativo’ o ‘¡Cuánto color!’, manuales con actividades que ayudan a los niños a desarrollar las habilidades motoras finas, la creatividad, la atención o la concentración.

Pregunta: ¿Qué es el grafismo creativo?

Respuesta: Es una actividad basada en el desarrollo de habilidades motoras finas, un paso previo y de acompañamiento en la escritura. Es grafomotricidad, pero de una forma más creativa, espontánea y dando libertad de decisión a los niños.

P: ¿Qué ventajas tiene hacer este tipo de actividades con los más pequeños?

R: Es fundamental llevarlas a cabo desde edades tempranas, ya que potencia las capacidades de atención y concentración, la direccionalidad, el dominio del espacio, la pinza necesaria para escribir… Además, fomenta la confianza en ellos mismos y la motivación por el aprendizaje. Otra ventaja es que así se ponen en contacto con distintos materiales y adquieren destrezas fundamentales para el desarrollo perceptivo, que a día de hoy con la utilización de pantallas se está olvidando y son importantes para su progreso cognitivo.

Raúl Bermejo Edelvives disfrutar aprendiendo

P: ¿Por qué hace hincapié en usar muchos tipos de materiales?

R: Es revolucionario que puedan manipular, explorar, investigar, mancharse de pintura, usar todos los colores… Y lo es por lo que les aporta la toma de decisiones para la mentalidad de crecimiento y para nosotros como adultos porque muchas veces nos cuesta asimilar que las pinturas se puedan romper, desordenar, mezclar, que puedan utilizar el color negro o que las vacas sean rosas.

P: ¿Por qué lo importante es el proceso y no el resultado?

R: Tenemos la costumbre de que los niños tienen que hacer sus trabajos perfectos y bonitos de cara al adulto. Bonitos desde un estereotipo. Tenemos que comprender que es fundamental mirar las cosas como ellos las miran. Lo relevante es disfrutar haciendo. Se consigue mucho más.

P: ¿Qué recomendaciones daría para hacer grafismo creativo?

R: ¡A disfrutar! Porque es para disfrutar aprendiendo con todos los sentidos, sin presiones. Por eso, recomiendo hacerlo con música, la que uno quiera, aunque hemos confeccionado una playlist maravillosa para acompañar la experiencia multisensorial.

Fuente e Imagen: https://www.educaciontrespuntocero.com/entrevistas/disfrutar-aprendiendo-todos-sentidos/

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Entrevista a Miriam Miranda, coordinadora de Ofraneh | Honduras: El espejismo de las ZEDE. Un proyecto político de expulsión y despojo (parte 2)

Por: Giorgio Trucchi

 

La aceleración impuesta por las autoridades a las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE)  ha sido fuertemente criticada por amplios sectores de la sociedad hondureña. Las protestas se han multiplicado en todo el país y cada día hay organizaciones de diferentes ramas que se suman al rechazo de las ‘ciudades modelo’ (charter cities).

 

Mientras estoy escribiendo la segunda parte de este reportaje, llega la noticia de movilizaciones y tomas de puentes y carreteras en La Ceiba. Los grupos aglutinados en el Movimiento Social Organizado (MOSO) exigen que se derogue la Ley Orgánica de las ZEDE, y que en todos los 298 municipios del país se realicen cabildos abiertos para declarar los territorios libres de ZEDE.

Miriam Miranda, coordinadora de la Organización Fraternal Negra Hondureña (Ofraneh), asegura que no se trata de un proyecto aislado, sino que es parte de un proyecto político bien definido, de un modelo perverso de vaciamiento y venta de territorio nacional y de expulsión de comunidades.

[ Lea la primera parte del reportaje El espejismo de las ZEDE. Cuando el desarrollo es ilusión ]

“Es una apuesta de la narco-dictadura que gobierna en Honduras. Tenemos una década luchando contra este proyecto. Comenzamos a recolectar firmas y presentamos recursos de inconstitucionalidad en contra de las Regiones Especiales de Desarrollo (RED). Sabíamos que los pueblos indígenas, las comunidades garífunas, iban a ser las más afectadas”, explica Miranda.
“Finalmente logramos que se declararan inconstitucionales y tuvieron que dar un golpe de estado técnico en contra de la Sala de lo Constitucional para revertir el proceso. Eso fue gravísimo porque hundieron aún más la institucionalidad del país, que ya estaba quebrantada después del golpe de 2009. Luego les cambiaron el nombre a las RED y se inventaron las ZEDE”, recuerda la dirigente garífuna.

– ¿Qué pasó después?

– El proyecto quedó como dormido durante varios años, hasta que de repente, en marzo, explotó la protesta en Crawfish Rock contra la ZEDE ‘Roatán Próspera’, montada por un consorcio de inversionistas internacionales (Honduras Próspera) sin consultar a nadie.

Eso despertó una alarma y la gente comenzó a reaccionar. Hay como un despertar del pueblo, de las comunidades y también de algunas municipalidades. Se están organizando y movilizando de forma espontánea.  Están pidiendo declarar sus territorios libres de ZEDE. Es muy interesante lo que está pasando.

– ¿De qué manera está participando Ofraneh?

– Somos parte de la campaña contra las ZEDE y nos estamos coordinando con movimientos y organizaciones de La Ceiba para impulsar acciones. Hay toda una efervescencia alrededor de esta lucha y también hay alcaldes dignos que la están asumiendo y respaldando.

– Decías que las ZEDE no son algo nuevo.

– Desde los tiempos de la Colonia nos han venido imponiendo una economía de enclaves, entregando territorios enteros a las compañías bananeras, a las mineras, a la agroindustria y, más recientemente, a las maquilas (zonas francas).

Las ZEDE son una profundización, una extremización de ese mismo modelo. Un modelo entreguista al capital trasnacional, que le garantiza enormes privilegios en nombre de un falso progreso y de la ilusión del desarrollo y la generación de empleo.

Tal vez no fuimos capaces de entenderlo de inmediato, pero se trata de un proyecto político bien estructurado y muy peligroso, que viene con todo para vaciar territorios, expulsando comunidades y pueblos.

– ¿Qué es lo que más le preocupa?

– Un elemento que nos preocupa sobremanera es la tercerización de la justicia, la renuncia de la soberanía. ¿Qué va a pasar con todos aquellos mecanismos internacionales de protección de los derechos humanos? ¿Qué va a pasar con los tratados internacionales, con el Convenio 169 de la OIT, con las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre las comunidades garífunas de Triunfo de la Cruz y Punta Piedra?

También va a haber más desplazamiento. Ya hay comunidades garífunas que han quedado medio vacías y esto va a empeorar. La gente se va a ir no solamente por la miseria, la violencia, la presencia del crimen organizado, sino porque los que impulsan las ZEDE van a meter mucha plata (dinero) para “convencerla” a desplazarse. Necesitan de territorios vacíos y las pequeñas comunidades van a ser las principales afectadas.

Una vez más, Honduras se convierte en un laboratorio para experimentar nuevas estrategias y modelos nefastos. Lo hicieron con el golpe de Estado de 2009, lo repitieron con el golpe técnico de 2012 y lo volvieron a hacer con el golpe electoral de 2017. Y como les funcionó, vuelven ahora a montar otro laboratorio para ensayar un modelo que legaliza la destrucción de la institucionalidad y la soberanía, dejando ‘cancha abierta’ a los intereses de la oligarquía nacional y el gran capital transnacional.

Lo más valioso ahora, como te decía, es la reacción del pueblo. No está aceptando esta imposición, se está organizando y se está rebelando en varias partes del país. No quieren ZEDE en sus territorios. La pregunta del millón es: ¿respetarán la decisión del soberano?

– Ya han aprobado tres ZEDE. ¿Hay informaciones sobre otras en territorios garífunas?

– Además de Roatán y La Ceiba (Honduras Próspera LLC), Choloma (Ciudad Morazán) y San Marcos de Colón (Orquídea), sabemos que ya está identificada otra en la Bahía de Trujillo, donde están los inversionistas canadienses y donde, en los últimos diez años, ha habido un enorme pérdida de territorio ancestral garífunas y una profundización de la criminalización y judicialización de líderes comunitarios y defensoras de la tierra. Lamentablemente hay un secretismo absoluto de parte del gobierno alrededor de nuevas ZEDE.

– Faltan pocos meses para las elecciones generales. ¿Qué relación hay con el tema de las ZEDE?

– La aceleración impuesta a las ZEDE también tiene que ver con el tema electoral. El partido de gobierno y el mismo Juan Orlando Hernández, ambos deslegitimados y cuestionados nacional e internacionalmente, necesitan de una tabla de salvación y están jugando esta carta, prometiendo como siempre la falacia de más empleo y desarrollo.

En Honduras hay casi el 80% de economía informal y a las personas no les queda otra opción que el rebusque. Es a ellas que les van a ofrecer la ilusión de las ZEDE, para crear una expectativa y ganar credibilidad. Sin embargo están equivocados, porque desde hace rato que se les cayó la mentira.

Como pueblo tenemos un reto grande que es derogar la ley de las ZEDE. Lamentablemente, la política no ha sabido o querido conformar una plataforma de oposición unificada para parar este proyecto. Hasta el momento la política no ha hecho prevalecer el bien común y el futuro del país sobre los intereses personales.

En un país postrado como el nuestro, con una institucionalidad quebrantada, debemos apuntar a crear un nuevo modelo de convivencia, un nuevo modelo de país que sepa romper definitivamente con esta oligarquía y el capitalismo voraz.

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Entrevista a Paz Velasco: «La agresividad forma parte de la naturaleza humana. La violencia, en cambio, se aprende»

Por: Julio Fuentes González

Matamos menos que antes, pero matamos distinto. Por otra parte, los ciberdepredadores, el acoso, el bulling, el mobbing, los pedófilos online o grupos misóginos como los incels (célibes involuntarios) son algunas de las nuevas amenazas que Paz Velasco analiza en Homo Criminalis

 

El crimen forma parte de nuestra evolución como seres humanos. Así lo han expresado autores como Peter Vronsky en su reciente trabajo Hijos de Caín, o especialistas en la materia como el psicólogo y sociólogo David Buss, que afirma: «En la fría y calculadora lógica de la evolución, a veces matar es ventajoso». Sin embargo, ya no somos esa sociedad que institucionalizó el crimen durante los tiempos de Calígula, o en el periodo 1450-1650, que dio lugar al asesinato de cientos de miles de mujeres acusadas de brujería. El fenómeno de los asesinos en serie también ha descendido si observamos las últimas cifras. Paz Velasco, sin embargo, se niega a lanzar las campanas al vuelo, ya que el número de amenazas se ha multiplicado. 

Después del gran éxito de Criminal-mente, publicado en 2018 por la editorial Ariel, la criminóloga y abogada penalista Paz Velasco de la Fuente vuelve con Homo Criminalis. El crimen a un clic: los nuevos riesgos de la sociedad actual, libro en el que analizan cuestiones como la evolución de la huella criminal de los seres humanos a lo largo de la historia, las nuevas formas de criminalidad del siglo XXI o qué ha supuesto la aparición de internet como nueva escena del crimen. Además, Paz Velasco participa como experta en el documental El caso Wanninkhof-Carabantes, que se ha estrenado recientemente en Netflix. 

La primera afirmación que haces en el libro es que todos somos capaces de matar. ¿Por qué? ¿Qué cuestiones nos conducen a ser violentos?

Efectivamente, todos capaces de matar. Dos de las razones principales son las pasiones y las emociones. Pero cuando afirmo que todos somos capaces de matar esto no significa que todos nos podamos convertir en asesinos. La capacidad de matar es una respuesta automática a una amenaza, para proteger a un hijo, o ante situaciones de alto estrés, miedo insuperable, legítima defensa… Ante cualquiera de estas situaciones todos reaccionaríamos de un modo automático, con una conducta violenta para responder a esa amenaza. Otra cuestión distinta es convertirse en un asesino, que implica una serie de elementos concretos. Normalmente las emociones y las pasiones, la venganza, la ira, el odio, son las que motivan respuestas demasiado violentas. Me gustaría añadir que la agresividad forma parte de nuestra naturaleza, que es innata a la esencia humana, y que la violencia, por el contrario, es cultural. La violencia se aprende. Hay que sumar esta agresividad y esta violencia para que finalmente un sujeto acabe convirtiéndose en un aberrante asesino.

Paz Velasco, autora de 'Homo Criminalis': «La agresividad forma parte de la naturaleza humana. La violencia, en cambio, se aprende» 2

Imagen vía Editorial Ariel.

Es interesante todo el capítulo que dedicas al estudio de la psicopatía y en especial a lo que denominas «psicopatía corporativa». ¿Los psicópatas están cada vez mejor integrados y asimilados por parte de la sociedad?

Cuando oímos la palabra psicópata inmediatamente tratamos de ponerle un nombre: Hannibal Lecter. Hay que dejar de pensar que el psicópata es el criminal violento. Tenemos psicópatas emocionales, funcionales, corporativos… Los psicópatas corporativos son estos sujetos que alcanzan el éxito y el liderazgo en determinadas profesiones. ¿Por qué consiguen ese éxito? Precisamente porque tienen una serie de rasgos, que se consideran rasgos de psicopatía, que invierten en su propio beneficio y en el de esa empresa o de esa profesión. Ya hay un buen número de empresas –y esto comienza en Estados Unidos en los años noventa– que buscan personas con estas características y con estos rasgos de personalidad para puestos de dirección. Se trata de personas que poseen una serie de características al trabajar que se parecen mucho al liderazgo: carisma, una gran capacidad para dirigir a un equipo, decisiones rápidas cuando otras personas se quedan bloqueadas, son creativos… Y luego hay otro tipo de sujetos que, aunque no son psicópatas, poseen una serie de rasgos especiales que les permiten desarrollar trabajos concretos: desactivadores de bombas, bomberos… Estos sujetos no son psicópatas pero tienen una gran tolerancia al estrés y no tienen miedo ante determinadas situaciones. Gracias a estos rasgos, estas personas alcanzan el éxito en profesiones que no son para cualquiera. 

Tu libro aborda el problema de las nuevas amenazas y se centra en el análisis de una nueva escena del crimen: el ciberespacio. Hay una frase de Bill Gates ciertamente controvertida que citas en tu libro y que dice: «El crimen online es solo parte de la maduración del medio». ¿Coincides con este análisis? 

Creo que lo que quiere decir Bill Gates con esa frase es que la humanidad está evolucionando a golpe de tecnología, y que estamos en el albor, en los comienzos. Hay una película de ciencia ficción que me fascina: Minority Report. La trama gira en torno a la idea de prevenir un delito antes de que se produzca por parte de un sujeto. Sin embargo, nuestro Código Penal y casi todos los del mundo son códigos penales del acto, no del pensamiento. Lo que se castiga es el acto, no las fantasías ni los pensamientos. ¿Lo que se cuenta en esa película puede llegar a ocurrir? No lo sabemos, pero, con esta frase, lo que Bill Gates quiere decir es que la sociedad se va a adaptar un nuevo medio, a una nueva escena, y esta nueva escena es internet. Hemos trasladado nuestra vida a Internet, lo que nos gusta y lo que no nos gusta, con quién salimos, dónde vamos, dónde viajamos… Es decir, estamos entrando en una nueva situación donde vamos a terminar haciéndolo absolutamente todo a través de las nuevas tecnologías. 

Otro efecto de las nuevas tecnologías es que «los malos se están organizando». Tenemos el caso de los pedófilos online, o el fenómeno de los incels, que afortunadamente no está muy desarrollado en España. ¿Qué supone el ciberespacio, en este sentido, como nuevo escenario? ¿Qué retos tenemos pendientes como sociedad?

Como sociedad, el reto que tenemos en primer lugar es darlo a conocer y que sepamos que están ahí. Considero que son mucho más peligrosos los pedófilos digitales que los incel (célibes involuntarios), que al fin y al cabo son grupos y foros de hombres frustrados sexualmente y que se organizan para culpabilizar a las mujeres de esa carencia de experiencias sexuales. Lo que sí nos tiene que preocupar es todo este grupo de personas que se están organizando, que tienen sus propios códigos, sus propias webs, sus propios blogs en los que, debido a sus distorsiones cognitivas, se apoyan unos a otros. Es sorprendente, pero resulta que no es ilícito crear una red ni un blog de sujetos que fantasean con menores. Tenemos que plantearnos como sociedad que, si bien es verdad que no podemos penalizar una fantasía, sí que tenemos que penalizar el hecho de que determinadas personas quieran incluso –y lo dicen así en sus blogs– legalizar esas relaciones sexuales con niños. Y eso está a un solo clic. Ves sus manifiestos, ves lo que piden, ves sus nombres y sus apellidos, y aquí sí que, como sociedad, deberíamos intervenir. 

Paz Velasco, autora de 'Homo Criminalis': «La agresividad forma parte de la naturaleza humana. La violencia, en cambio, se aprende» 1

Foto: Carola Melguizo | The Objective.

Abordas en tu libro el fenómeno de los copycat. Hay un tema de discusión apasionante que es el debate que existe en cuanto a la posibilidad de un efecto imitación cuando se publica la noticia de un nuevo feminicidio. En Homo Criminalis citas diversos estudios que sustentan esta tesis, aunque también citas tesis en sentido contrario. ¿Qué postura tienes personalmente ante este debate?

Yo creo que los medios nos tienen que informar, pero hay que tener en cuenta varias cuestiones: cómo se cuenta cuando ocurre un delito de violencia de género y qué es lo que se cuenta. A modo de ejemplo, pensemos en un sujeto que está dándole vueltas a la posibilidad de terminar con la vida de su esposa, porque resulta que hace unos meses ella le ha pedido el divorcio. Cuándo en los medios se dan determinados datos muy concretos sobre cómo es asesinada una mujer, en qué parte de la casa o cuál es la motivación del asesino, esta persona que está viendo la televisión y que ya tiene esa idea preconcebida de asesinar a su mujer, puede identificarse con este homicida y decirse a sí mismo: «Pues sí, fíjate, la ha matado por la misma razón que yo, le está pasando lo mismo que a mí, además sale en televisión, yo puedo ser como él», etc. A mí lo que me preocupa es esa identificación de un presunto homicida, o de un homicida latente, porque identifica que está viviendo la misma situación que están contando en televisión y porque hay veces que se dan detalles totalmente innecesarios. Se da la información de hasta el número de puñaladas que recibe la víctima y no hace ninguna falta. 

De hecho, en tu libro citas una frase del psiquiatra forense Park Dietz, que recomienda «dar estas noticias de la manera más aburrida posible».

Efectivamente. La sociedad necesita estar informada, pero habría que dar la información de la manera más aburrida posible y con la menor información posible, porque muchísimos sujetos se identifican con lo que ven en la televisión. 

Siguiendo las tesis de Vronsky, entre otros autores, en tu libro afirmas que se ha producido un descenso notable de la criminalidad. ¿A qué crees que se debe esto y qué crees que hemos hecho bien como sociedad para conseguirlo?  

Fíjate, una cosa muy curiosa es que, a nivel global, el índice de asesinos múltiples ha descendido. Sin embargo, en Estados Unidos aún no hemos completado la primera mitad del año y ya ha habido 276 tiroteos, de modo que también esto tiene que ver con el tipo de sociedad que analicemos. Hay una frase de Lacassagne que dice que «cada sociedad tiene el tipo delincuencia que se merece». En general, somos sociedades menos violentas porque culturalmente estamos evolucionando, es decir, hemos dejado atrás muchísimos de nuestros de nuestros rencores –esas pasiones y emociones de las que te hablaba al principio–; aunque también es cierto que tenemos ejemplos de países donde el PIB depende casi en exclusiva del narcotráfico o de la trata de personas o del crimen organizado. En general, somos unas sociedades menos violentas porque la cultura nos está convirtiendo en personas, si bien no más empáticas en todos los sentidos, sí capaces de trabajar más en grupo. Hay que reconocer que existe una mayor empatía hacia los menores y las mujeres. Por otra parte, ya no nos interesa ir a un cadalso a ver cómo ejecutan a una persona. Es decir, como sociedad hemos dado un paso muy importante, aunque va a seguir habiendo Estados y países en los que la violencia es la esencia de ese país. El hecho de que haya menos asesinos en serie, por ejemplo en Europa, es por la forma que tenemos de vivir. Sin embargo, ¿cuál el rasgo principal en Estados Unidos? La competitividad, la notoriedad, la fama, y como más fama se obtiene es convirtiéndote en un asesino mediático.

Por último, una cuestión de carácter más personal que supongo que tus familiares y amigos te habrán preguntado un millón de veces. Un buen día decides dedicarte a la criminología. Una profesión que tiene mucho de vocación, pero que por otra parte, es muy particular. ¿Cómo sobrellevas personalmente el estar en contacto a diario con este tipo de informaciones tan oscuras?

Es algo que, a la larga, pesa. Hay un principio en criminalística que dice que «toda interferencia y todo contacto deja una huella», y es así. Yo llevo muchos años trabajando en este tema, voy a prisión a hablar sobre todo con mujeres asesinas que están cumpliendo sentencia, y puedo asegurarte que ese tiempo te va dejando pequeños posos. Cuando hablo con asesinas o cuando analizo casos en mis propias investigaciones noto que siempre se me queda algo dentro. Yo peso 48 kilos pero realmente yo peso más de 100. Convivo con este lado oscuro, procuro que no me afecte, pero me afecta. Hay muchas cosas que no comprendes ni comprenderás nunca. Las entiendes desde un punto de vista criminológico, psicológico, psiquiátrico… Pero desde el punto de vista racional son imposibles de entender y ahí es donde más te pesan.

Fuente de la información e imagen: https://theobjective.com/

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