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Los abortos clandestinos se disparan en Nigeria por conflicto con Boko Haram

África/ Nigeria/ 12.11.2019/ Fuente: newsweekespanol.com.

 

Los abortos clandestinos e inseguros se han disparado en Nigeria desde que comenzara el conflicto con el grupo yihadista Boko Haram en 2009, según han denunciado este lunes trabajadores sanitarios del país. En Nigeria, uno de los países que tienen una legislación más restrictiva en cuanto al aborto del mundo y que sólo lo permite para salvar la vida de la madre, se producen 2,7 millones de abortos al año, la mayoría de ellos practicados en secreto y en condiciones peligrosas, según la Universidad Johns Hopkins.

Son las mujeres pobres y las que no han tenido oportunidad de educación las que más riesgo corren en este sentido. Además, al menos 40 mujeres y niñas acuden para recibir asistencia médica tras un aborto al mes, ha contado a Thomson Reuters Foundation Aminu, una enfermera de una clínica gestionada por el gobierno nigeriano situada en el estado de Yobe. Hace una década, eran entre 10 y 15 mujeres las que precisaban atención médica tras un aborto. Te puede interesar: Liberan a 19 mujeres embarazadas de una “fábrica de bebés” en Nigeria Nigeria tiene la cuarta tasa de mortalidad materna más alta del mundo: unas 100 mujeres y niñas mueren por esta causa al día, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En este contexto, las tasas en el noreste del país, donde las clínicas y los hospitales han sido destruidos por grupos armados para crear un califato islámico, son las peores en Nigeria, según muestran datos gubernamentales. Las autoridades nigerianas insisten en defender la legislación actual en contra del aborto. (Foto: AFP) Según Aminu, las mujeres acuden a farmacias, a vendedores locales de fármacos o a mujeres ancianas para abortar y usan fármacos, hierbas o herramientas, como barras, para hacerlo. “No mueren si las admitimos en el hospital”, según la enfermera. “Pero hay muchos más casos en los que las mujeres y las niñas toman hierbas solas, no van al hospital y mueren porque no quieren exponerse”, ha lamentado Aminu.

Sexo por comida Naciones Unidas ha registrado miles de casos de violencia sexual y de intercambio de sexo por comida, particularmente en mujeres y niñas que carecen de ésta, cobijo o dinero. “Mucha gente que está desplazada vive con anfitriones que se aprovechan de ellos”, ha explicado la directora de la Fundación Juventud Africana para el Desarrollo y el Empoderamiento de la Paz, Maryam Aje. Kellu, una adolescente que perdió a su familia después de que miembros de Boko Haram atacaran su aldea hace dos años, se quedó embarazada después de que un soldado le ofreciera comida y amparo a cambio de sexo.

No quiere tener el bebé. Lee más: Escuela de Nigeria era una “casa del horror”, estudiantes eran torturados y violados Después de mudarse a un campo de refugiados del estado de Borno, quiso practicarse un aborto, pero no sabía dónde acudir para ello, como un número creciente de mujeres desde que comenzara la insurgencia islamista. “Si continúo con este embarazo, arruinaré mi vida”, ha explicado Kellu, que cree que está embarazada de dos meses. “Todo el mundo sabe lo que hice. Me estigmatizarán por tener un bebé sin estar casada”, ha lamentado. “Además, no tengo dinero para encargarme de mí misma. ¿Cómo se supone que voy a cuidar de un niño?”, se ha preguntado Kellu, que ha declinado proporcionar su nombre real.

Por su parte, las autoridades nigerianas insisten en defender la legislación actual. “Sin importar las circunstancias, el aborto está prohibido excepto por razones médicas”, ha recordado el subdirector de respuesta médica de emergencia del Ministerio de Salud de Borno, Ali Grema. “No está permitido para razones sociales”, ha zanjado. Tabú La educación sobre planificación familiar se focaliza en Nigeria en las mujeres que están casadas por las actitudes conservadoras propias del país, ha recordado una enfermera del campo de Maiduguri, Hadiza. Por su parte, Lucy Dlama, una miembro de Mujeres en la Nueva Nigeria, que proporciona apoyo a las supervivientes de violación a través de la atención sanitaria, ha asegurado que muchas mujeres ni siquiera saben que el sexo puede dejarlas embarazadas.

La educación sobre planificación familiar se focaliza en las mujeres casadas.

“Nuestra cultura establece que es un tabú para los padres proporcionar educación sexual a sus hijas”, ha afirmado Dlama, que ha animado a las madres a enseñar a sus hijas sobre sus cuerpos. Por otra parte, el embarazo fuera del matrimonio también es un tabú, incluso cuando es el resultado de una violación por parte de soldados, milicias o funcionarios de campos de desplazados.

Fuente de la noticia: https://newsweekespanol.com/2019/10/abortos-clandestinos-nigeria/

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Educating Girls May Be Nigeria’s Best Hope Against Climate Change

Africa/ Nigeria/ 29.10.2019/ Fuente: www.sierraclub.org.

I will hammer with one hammer!
I will hammer with one hammer!
All day long!
All day long!

THE CALL-AND-RESPONSE IS ENTHUSIASTIC, rising above the sound of a fan whirring furiously in the corner of the room. About 50 women stand in a circle around the song leader, who pounds the air with an invisible hammer. When she gets to the second verse—»I will hammer with two hammers!»—she pumps both arms up and down, and the rest of the women follow. By the fourth verse, their feet have joined in, stomping the ground, and by the fifth, everyone is bobbing their head up and down too. As the song ends, the room erupts in laughter.

It’s a typical day at the Center for Girls’ Education. On this hot, breezeless afternoon in May, in the third week of Ramadan, most of the women are fasting, but their infectious energy gives no hint of this.

The Center for Girls’ Education (CGE) is located in a plain, single-story building on the campus of Ahmadu Bello University, in the northern Nigerian city of Zaria. Its offices are sparse: a big table, a few desks, a couple of computers. For large meetings, everyone sits on mats on the floor. The concrete walls are bare, save for sheets of paper scrawled with motivational messages like «Work Hard, Have Fun, Make a Difference.»

The purpose of today’s meeting is to give some visitors an overview of the organization, and it began with the center’s director, Habiba Mohammed, leading the staff in a «love clap» to make the visitors feel welcome: «[clap clap] Mmm, [clap clap] mmm, [clap clap] mmm, [clap clap] we love you.» Then staff members take turns introducing themselves. When it’s her turn, Mohammed says, «One thing I want you to remember about me is that I am still a girl.»

Habiba Mohammed, wearing a red hijab, acts out birthing pains while girls in the dark background are smiling.CENTER FOR GIRLS’ EDUCATION DIRECTOR HABIBA MOHAMMED ACTS OUT LABOR PAINS DURING A REVIEW OF REPRODUCTIVE HEALTH.

At 50, Mohammed isn’t exactly a girl, but with her friendly, open smile and generous laugh, she exudes youthful energy. Her statement seems meant to convey how closely she identifies with the girls CGE serves.

Over the past decade, CGE has helped thousands of impoverished adolescents in northern Nigeria stay in school or gain the skills they need to enroll. A joint program of the School of Public Health at UC Berkeley and the Population and Reproductive Health Initiative at Ahmadu Bello University, the center operates seven projects made possible by funding from institutions including the Bill and Melinda Gates Foundation, the MacArthur Foundation, and the Malala Fund. Thanks to such philanthropy, the center is growing fast. In 2016, its Pathways to Choice project expanded beyond Kaduna State into two other northern states. Another project, the Adolescent Girls Initiative, aims to reach 30,000 girls in at least three more states by the end of the year through a partnership with the United Nations Population Fund.

«In Nigeria, we have 10.5 million out-of-school children,» Mohammed says. «We are always hoping to help whoever wants to support girls, wherever that person is, even if we have to climb mountains or swim oceans.»

Since its inception, the Center for Girls’ Education has grown to a staff of about 70—nearly all of them Nigerian women, the majority of them Muslim, enabling the organization to fluently navigate northern Nigeria’s culturally conservative, mostly Muslim, rural villages to promote girls’ education. The organization’s local connections have allowed it to shift cultural norms without violating them as it advances the health and well-being of women and girls, and by extension entire communities.

«When a girl has an education, she will make a better person in her home, in the community, and everywhere she finds herself.»

The center’s success has broader implications too, as climate change starts to bear down on one of the world’s most populous nations. A large body of research confirms that when girls are educated, their families and communities are more resilient in the face of weather-related disasters and better able to adapt to the effects of climate change. Educated women have more economic resources, their agricultural plots reap higher yields, and their families are better nourished.

Staff members don’t tend to think about their efforts through the lens of climate change; nevertheless, they are helping to prepare the region to cope with, and try to avoid, the worst impacts of global warming.

THE CENTER FOR GIRL’S EDUCATION was founded in 2007 by US medical anthropologist Daniel Perlman. Northern Nigeria has some of the highest rates of maternal mortality in the world, and Perlman had been conducting research in and around Zaria on ways to prevent women from dying during childbirth. Maternal mortality is a multifaceted problem, but early marriage has been shown to be a significant factor—globally, complications from pregnancy and childbirth are the leading cause of death for 15-to-19-year-old women. In the communities where Perlman was doing his research, the average age of marriage for females was about 15, and sometimes girls would marry as young as 12.

Perlman found that while most families considered keeping girls in school a viable alternative to marriage, few were willing or able to enroll their daughters past primary school. Nigeria’s government-run schools are free except for registration fees and the cost of uniforms and supplies; for the poorest families, however, these expenses are prohibitive. The quality of education is also notoriously poor. One mother told Perlman that even though her daughter had graduated from secondary school, she didn’t know how to read or write, and the mother had decided not to send her younger daughters. According to Perlman’s research at the time, a quarter of the girls in the communities surrounding Zaria dropped out during the final years of primary school, compared with just 5 percent of boys. Of the girls who graduated from primary school, only a quarter went on to secondary school.

A teen girl in a purple hijab is bending over and writing on a chalkboard during a numeracy class in an out of school safe space.
A TEEN PRACTICES HER NUMBERS.

CGE set up its first program in the village of Dakace, a dusty collection of buildings inhabited by subsistence farmers and day laborers near Zaria. There, the center organized a handful of what it calls «safe spaces»—girls-only after-school clubs where 12-to-14-year-olds work with a mentor on reading, writing, math, and practical life skills. The hope was that with the extra support, girls would improve their academic performance at school, and families would be motivated to keep them enrolled, thus delaying marriage.

At first, the safe spaces were a hard sell. Mardhiyyah Abbas Mashi, an Islamic scholar and the chair of CGE’s board, led the center’s community-engagement efforts in Dakace. She met with thesarki—the village chief—and the local imam to enlist their support. A tall, elegant woman, Abbas speaks with calm authority. «As a teacher in Arabic and Islamic studies, and as a Hausa [the dominant ethnic group in northern Nigeria], I know the culture. I know the religion. So that is why we go to the community and we talk about the importance of girls’ education in Islam,» she says. «The very first commandment that came to the Prophet was to read. In Islam, knowledge is compulsory for you whether you are a man or a woman.»

The sarki and the imam agreed to the plan, but others in the community remained suspicious. Rumors flew: The real purpose of the safe spaces was probably to teach family planning, the point of which, everyone knew, was to get Muslim women to have fewer babies in order to reduce the Muslim population.

The sarki, Saidu Muazu, called a community meeting to address people’s fears. «I made them understand that there are a lot of boys continuing with their education, but girls are not continuing,» Muazu says, «and that when a girl has an education, she will make a better person in her home, in the community, and everywhere she finds herself.» Eventually, a small group of parents agreed to enroll their daughters in the safe spaces.

Amina Yusuf, 22, wears a brown hijab and smiles shyly at the camera.
AMINA YUSUF

Amina Yusuf was one of those girls. Despite having just finished primary school, she could barely recite the alphabet, let alone read a book. At the government-run primary school she had attended, she had been in classes with as many as 300 students. It was chaos. To maintain order, instructors would beat the students with sticks.

By the time Yusuf began attending a safe space at age 12, many of her friends were married. «I thought it was just a normal way of life,» she says. But her mother had received some education as a girl, and her father thought she should as well.

The safe space was held three afternoons a week. Unlike Yusuf’s teacher at school, the mentor knew her by name; if Yusuf didn’t understand a lesson, the mentor followed up with her individually. Plus, the snacks were good.

Yusuf would come home from the safe space and teach her seven siblings what she had learned and also share tips with her mother, like how to keep a clean kitchen so no one got sick. Her parents were impressed. In the past, her father had not paid much attention to her, but now he pointed her out to others, saying, «That’s my daughter.»

Mohammed was a mentor at one of the first safe spaces in Dakace. At the time, she was a teacher at a secondary school. Sometimes she had up to 90 students in a class, and she was also raising eight children. But in her first weeks as a mentor, she was taken aback by how difficult it was to work with the 15 12-year-olds in her safe space. They were unruly, and fights broke out, often for trivial reasons such as someone’s hand accidentally brushing someone else’s. «Whenever I came back home after my safe space, I had terrible headaches,» Mohammed recalls. «I’d think, ‘Should I continue this work? Am I really meant for it?'»

Mohammed had grown up in a family of three girls and one boy. Her mother had always encouraged her and her sisters to do their best. «In Nigeria, if you have a girl child, people tend to look down on you, thinking that you have not gotten a boy child that will carry the name of the family, but my mother always made us understand that a girl can do what a boy can do,» Mohammed says. «Even when I was married and I was going to school, my mother was always there to support me, helping me in whatever way she could.»

Thinking about this made Mohammed feel a deep responsibility to the girls in her care, despite the challenges of the work. She and the other mentors began meeting regularly to swap stories and advice, in essence forming a safe space for one another. Gradually, the girls’ behavior began to improve.

Over time, the center’s mentors, who are all volunteers, have gotten better at helping adolescent girls with little to no real education. They’ve incorporated movement, storytelling, and singing into their lessons to teach basic literacy and numeracy skills. It has been a quietly radical experiment, this refusal to give up on girls from the poorest families.

Maryam Albashir joined the program as a mentor in 2010 and is now a team leader for CGE’s Transitions Out of School project. «One good thing about working with this center is you learn to accommodate everybody, whether or not you are of the same status, wherever you are from,» she says. «We don’t really have that in our schools in this country. You get spanked; you get punished. However the teachers want to treat you, they treat you. We were supposed to enroll about 30 girls in a school, but the principal rejected them, and her reason was that she didn’t see people of their caliber coming into school. She didn’t give them a chance; she just defined them.»

In Dakace, Muazu says, there has been a big shift in attitudes toward girls’ education. «People within the community started seeing the impact in the girls, so they got impressed. Right now, the number of girls who are in school is more than the number of boys because of the help from the center.»

Girls who have graduated from the safe spaces frequently stay on and become what the center calls «cascading mentors.» Now 22, Yusuf works on a CGE project called the Girls Campaign for Quality Education, which teaches girls how to advocate politically for better access to education. She is enrolled in college and is studying science education. She is not married. «I want to make sure that I marry a man who will allow me to continue my education,» she says.

Perlman believes that the Center for Girls’ Education is succeeding in its original goal of decreasing maternal mortality: According to his research, the age of marriage for girls who participate has been delayed by an average of 2.5 years. But even if this were not the case, he would deem the program a success because of the way it has transformed the lives of girls like Yusuf. His data shows that 80 percent of the girls who went through the program in its first few years went on to graduate from secondary school. Now 70, Perlman still travels to Zaria frequently to collaborate with Mohammed and other staff members on program design and implementation. «Even old white men can be allies,» he likes to say, «as long as they understand that the people who have the problem have the solution.»

NIGERIA IS THE SEVENTH-MOST-POPULOUS nation in the world, with just over 200 million people living in an area roughly twice the size of California. And it’s growing fast—Nigerian women have, on average, five children. By 2050, the country is projected to have the third-largest population, with more than 400 million people, the vast majority of whom will be under the age of 24. Tens of millions of young people will need education and employment opportunities along with basic services like sanitation and clean water. Without these, they will be mired in poverty and vulnerable to extremism in a country that already contends with Boko Haram and other terrorist groups.

Add to this list of challenges the impacts of climate change. Nigeria’s northern border is perched on the edge of the Sahel, the semiarid belt that stretches across the southern rim of the Sahara Desert. By 2050, average temperatures in the Sahel could rise by as much as 2°C. Hotter temperatures will mean drier soil that retains less moisture, and this will make it harder to grow food, especially for subsistence farmers.

Yusuf Sani Ahmed, an agricultural expert at Ahmadu Bello University, says he already sees the signs of climate change in Zaria. «The temperature can be 44 Celsius, which is high, and the streams are becoming drier and drier.» Because the water table is low, he says, there’s less vegetation, and livestock have become thin and malnourished.

Ahmed is on good terms with the herders whose cattle graze near his fields, but he says that shrinking arable land coupled with too much development is exacerbating conflicts between farmers and herders throughout the north; violent clashes are on the rise. «There’s less available land, and also not much is growing because things are drier,» he says. «It is so competitive.»

Girls’ education plays an indirect but crucial role in helping to alleviate these complex problems. The book Drawdown—a compendium of strategies to reduce greenhouse gas emissions—places girls’ education at number six on its list of the 100 most effective solutions to climate change. Aside from helping communities become more resilient, girls’ education has a significant effect on population growth. «Women with more years of education have fewer, healthier children and actively manage their reproductive health,» the Drawdown researchers say, noting that, on average, a woman with 12 years of schooling has four to five fewer children than a woman with no education.

In a report for the Brookings Institution, Christina Kwauk and Amanda Braga call girls’ education «one of the most overlooked yet formidable mechanisms for mitigating against weather-related catastrophes and adapting to the long-term effects of climate change.» But they also warn that fixating too much on population growth in low-income countries can be fraught with ethical problems. «For one,» they write, «it places the cost for reproductive decisions on girls and women in the Global South while ignoring other anthropogenic factors that contribute to climate.» For example, the average American produces 16 tons of greenhouse gas emissions annually, while the average Nigerian emits only .55 tons.

Ultimately, improving girls’ access to education around the world helps address the strain that an increasing number of people places on fragile resources—for example, arable land and fresh water—in a way that advances basic human rights for women and girls. «If universal education for girls were achieved tomorrow,» Kwauk and Braga write, «the population in 2050 could be smaller by 1.5 billion people.»

When I feel labor pains begin, I go to the hospital!
When I feel labor pains begin, I go to the hospital!

HABIBA MOHAMMED STANDS before a group of about 20 girls in a dim room with mud-brick walls in the village of Marwa, not far from Dakace. She is a guest at today’s gathering, and she leads the girls in a call-and-response about going into labor and giving birth. While she sings, she trembles, grabs her back as if in pain, and doubles over. The girls imitate her gestures, their pink, red, blue, and green hijabs billowing.

This safe space began less than a year ago. The mentor, Khadijah Mohammed (no relation to Habiba), says that when they started, none of the girls could write their names. «Now they can write their names, the name of their community, their parents’ names, and so many other things,» she says. Most of these girls have never been enrolled in school; now they are preparing to take a placement exam to enter primary school. «They have ambitions now,» Khadijah says. «Some of them want to become doctors, some teachers. They have hope for their future.»

Today’s lesson is mostly a review of reproductive health—hence, Habiba’s call-and-response. «How do you know when you are pregnant?» Khadijah asks. «Once you are pregnant, when should you go to the clinic?» The girls talk over one another to answer.

CGE’s safe space curriculum includes a field trip to a medical clinic. For many students, it’s the first time they’ve been to one. Sometimes this is because the nearest clinic is far from where they live. Their families’ low social status can also interfere. «When they go to the hospital, they don’t feel very confident with the workers, so they don’t get what they want,» Khadijah says. On the field trip, the girls talk to nurses, doctors, and women who have just given birth. «Some of [the students] are very shy to the doctor during that visit,» Khadijah says, «but some of them are confident. They ask questions.»

Operating in a religiously conservative area, CGE does not explicitly teach family planning. Nonetheless, the girls who take part in the safe spaces are more likely to use birth control than those who don’t, partly because of the greater exposure to information they receive in school.

In their study, Kwauk and Braga also argue that higher levels of education are associated with strong measures of agency—or, «the ability to make decisions about one’s life and act on them to achieve a desired outcome, free of violence, retribution, or fear.» For this reason, girls’ education complements family-planning services, which on their own aren’t always effective.

Despite the efforts of CGE and other organizations working to advance girls’ education, fewer than one in three girls in sub-Saharan Africa attends secondary school. Advocates say that if some climate-adaptation funds—which are often focused on expensive, highly technical solutions—were delivered to organizations that educate girls, this low-tech, equity-focused response to climate change could rapidly scale up.

But for Perlman, Mohammed, and others at CGE, that isn’t really the point. Their work is, above all, about fostering female agency. The center has flipped the script that usually accompanies Western-led aid and development programs in poorer nations. Female education isn’t an instrument to some other goal—it is the goal, with the broader environment representing a kind of co-benefit. And this is exactly why it works.

«Something has really taken place to make people better,» Mohammed says, «and it is helping more girls to be able to have the support of their parents to allow them to continue schooling and to really achieve something with their life.

Source of the notice: https://www.sierraclub.org/sierra/2019-6-november-december/feature/educating-girls-may-be-nigerias-best-hope-against-climate

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Liberan a 147 víctimas de otra escuela nigeriana con condiciones inhumanas

África/Nigeria/24 Octubre 2019/Listín Diario

Otras 147 personas fueron liberadas este fin de semana de una escuela nigeriana donde se les maltrataba y se les mantenía encadenadas, al igual que en otros centros de la zona centro-norte del país descubiertos en el último mes, según informaron hoy a Efe fuentes policiales.

Los alumnos rescatados en esta ocasión fueron 22 mujeres y 125 hombres y tenían también señales de haber sufrido abusos.

Se les liberó durante una redada policial ejecutada este sábado en el estado nigeriano de Kaduna (centro-norte).

El establecimiento en el que se encontraban funcionaba como una especie de centro de rehabilitación ilegal islámico, operado de forma privada.

Muchas de las víctimas fueron internadas allí «por sus padres» para combatir problemas de «desajuste social», según indicó a Efe el portavoz policial Yakubu Sabo, tales como adicción a las drogas u otros fenómenos.

En el centro se suponía que se iban a rehabilitar con instrucción islámica y educación.

Las víctimas han sido ya trasladadas para recibir tratamiento y el gerente del centro fue arrestado.

No es un incidente aislado sino que, en las últimas semanas, en la misma zona, se destaparon otros centros similares en los que se rescataron a centenares de menores que vivían en condiciones inhumanas y de semiesclavitud.

El primero que saltó a la luz pública fue el pasado 27 de septiembre, un establecimiento también ubicado en Kaduna.

Allí se descubrió a unas 300 víctimas encadenadas por los tobillos que declararon haber sufrido abusos sexuales y torturadas al tiempo que se les obligaba a recitar el Corán.

Estos sucesos generaron una fuerte indignación pública en Nigeria y el Gobierno prometió investigar esta clase de prácticas en la región norte del país, que es de mayoría musulmana.

«En estos días y esta época, ningún gobierno democrático responsable toleraría la existencia de cámaras de tortura y abusos físicos de los internos en el nombre de la rehabilitación de las víctimas», indicó en Twitter Garba Shehu, portavoz del presidente nigeriano, Muhmmadu Buhari.

Nigeria, la nación más poblada y con la economía más grande de África, es un país de mayoría musulmana en el norte y predominantemente cristiano en el sur.

Fuente: https://listindiario.com/las-mundiales/2019/10/20/587721/liberan-a-147-victimas-de-otra-escuela-nigeriana-con-condiciones-inhumanas

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Senado nigeriano reintroduce proyecto de ley contra el acoso sexual

Africa/Nigeria/Allafrica

El miércoles, el Senado de Nigeria volvió a presentar el proyecto de ley sobre acoso sexual. El proyecto de ley patrocinado por el Vicepresidente del Senado, Ovie Omo-Agege, fue leído durante el plenario por primera vez en la Novena Asamblea.

La 8ª Asamblea del Senado, bajo el liderazgo de Bukola Saraki, aprobó el proyecto de ley titulado: “Proyecto de ley sobre prohibición del acoso sexual en instituciones de educación terciaria”. El proyecto de ley fue patrocinado por el Sr. Omo-Agege y otros 57 senadores.

El proyecto de ley prescribe una pena de prisión de cinco años para profesores y educadores condenados por acoso sexual a sus estudiantes.

También recomendó la expulsión o suspensión para los estudiantes cuyas demandas de abuso en serie por parte de profesores o educadores son falsas por cualquier tribunal competente.

Otra disposición del proyecto de ley es una multa de N5 millones en caso de que el acusado sea condenado por un tribunal competente.

Sin embargo, el proyecto de ley fue rechazado por la Cámara de Representantes cuando se envió para su aprobación.

Luego, Femi Gbajabiamila, quien ahora es la Presidenta de la Cámara de Representantes, argumentó que el proyecto de ley no se ocupaba de otras esferas de la sociedad como el lugar de trabajo, las instituciones religiosas, entre otras, un argumento que fue adoptado por muchos miembros de la Cámara. .

La reintroducción del proyecto de ley se produce dos días después de que un documental de la BBC expusiera a dos profesores de la Universidad de Lagos y un profesor de la Universidad de Ghana sobre el acoso sexual.

El informe provocó reacciones de los nigerianos que describieron el tema como una norma en las universidades nigerianas.

Fuente: https://africa.cgtn.com/2019/10/10/nigerias-senate-re-introduces-anti-sexual-harassment-bill/

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“Sexo a cambio de aprobados”: la investigación de la BBC que revela los abusos en dos de las universidades más prestigiosas de África

África/Nigeria/Ghana/13-10-2019/Autor: BBC News Mundo/Fuente: www.elnacional.com

Por: BBC News Mundo

Un equipo de la BBC descubrió a través de varios testimonios y una investigación con cámara oculta los abusos sexuales que tienen lugar a puerta cerrada en los despachos de algunas de las universidades más ilustres de África occidental.

Acosar sexualmente a sus alumnas se ha convertido en una práctica habitual entre muchos profesores de algunas de las universidades más prestigiosas de África. Sin embargo, pese a que el abuso es endémico, casi nunca ha sido probado.

Un equipo del programa Africa Eye de la BBC investigó lo que ocurre a puerta cerrada en algunos despachos de la Universidad de Lagos (Nigeria) -definida como «el orgullo de la nación»- y en la Universidad de Ghana, la más antigua y grande de las cinco universidades ghanesas públicas.

Decenas de testimonios e imágenes con cámara oculta prueban el acoso sexual al que son sometidas algunas jóvenes que estudian en esos centros por parte de sus profesores, a cambio de calificaciones positivas en sus expedientes.

Las grabaciones muestran a varios catedráticos insinuándose a sus alumnas.

«¿Cuántos chicos te han dicho hoy lo guapa que eres?», «las niñas buenas como tú siempre son vulnerables» o «apaga las luces y cierra la puerta con llave, que te besaré un minuto», son algunas de las frases que utilizan para acosarlas.

La reportera Kiki Mordiquien conoce de primera mano lo devastador que puede llegar a ser el acoso sexual, fue la periodista a cargo de esta investigación.

La periodista de la BBC Kiki Mordi recibió propuestas sexuales de sus profesores.

«Cuando iba a la universidad fui acosada sexualmente«, cuenta Mordi, nacida en Port Harcourt, en el sur de Nigeria.

«Y no soy la única. El acoso sexual lleva décadas siendo un problema en África occidental».

Durante más de un año, la BBC investigó y grabó con cámara oculta lo que ocurría en el interior de la Universidad de Lagos y la Universidad de Ghana.

«Esto lleva años ocurriendo. Cada año, en cada departamento, con cada estudiante, siempre hay una historia», declaró una joven en Lagos, Nigeria, al ser interrogada al respecto.

«Nadie quiere escuchar, nadie quiere creer a las víctimas. Es una locura», explicó otra chica. «Conozco a muchas [estudiantes] que han sido acosadas y nadie hace nada».

Mordi estuvo nueve meses en Lagos investigando el asunto.

Allí habló con alumnas y exalumnas de la Universidad de Lagos, cuyos testimonios la condujeron a un catedrático de la Facultad de Artes.

PIUS UTOMI EKPEI/GETTY IMAGES
La Universidad de Lagos, en Nigeria, es una de las más prestigiosas de África occidental.

Se trataba de Boniface Igbeneghu, un exdecano que además es pastor en la sede local de la iglesia cristiana cuadrangular, un movimiento evangélico con arraigo en el país.

«Te pedía que fueras a su oficina, cerraba la puerta con llave y a veces te quería toquetear; otras, acostarse contigo», contó una exalumna sobre él. «Le gusta elegir a las estudiantes problemáticas porque sabe que son muy vulnerables«.

Varias estudiantes más declararon que Igbeneghu había abusado de ellas.

Los testimonios de varias alumnas pusieron en la mira a este hombre, un profesor de Arte que antes ocupó la silla del decano.

La BBC envió a una periodista infiltrada para que se reuniera con él personalmente.

La reportera se hizo pasar por una chica de 17 años -por debajo de la edad legal de consentimiento sexual en el país- que acababa de completar la secundaria y que buscaba ser admitida en la Universidad de Lagos, también conocida como Unilag.

Él la invitó a su despacho con la excusa de hacer varias tutorías.

Cada vez que estaba en su oficina, la periodista tenía acceso a un «botón de pánico» para que alguien del equipo de la BBC saliera en su rescate si lo necesitaba.

Poco después del primer encuentro con ella, Boniface Igbeneghu comenzó a hacerle comentarios sobre su apariencia.

Estos son extractos de aquella primera reunión.

 Siéntate. ¿Cuántos años tienes?

— 17.

— ¿17? Y pareces muy mayor. ¿No sabes que eres una chica bonita? ¿Lo sabes? No eres bonita, eres muy bonita.

Las cámaras de la BBC registraron el comportamiento abusivo de Boniface Igbeneghu.

 ¿Sabes que soy pastor [ministro cristiano]?

— Lo sé.

— Bien. ¿Sabes que tengo 50 y tantos años?

— OK.

— Lo que te sorprenderá es que incluso ahora, a mi edad, si quiero una chica de tu edad, una de 17 años, todo lo que tengo que hacer es darle cumplidos y ponerle un poco de dinero en la mano, y la consigo.

— ¿En serio?

— Sí.

Días más tarde, Igbeneghu le invitó a una segunda cita y le pidió que rezara con él.

Aquel rezo fue algo desconcertante.

Le hizo repetir las siguientes frases como parte de una «confesión» que él escuchaba sonriendo: «Acepta que tú eres mi señor y mi dios. Guíame y dirígeme por el camino correcto. Gracias, Jesús».

Después le estrechó la mano y le dijo riendo: «Bienvenida al reino de Dios. No te preocupes por la admisión. Trabajaré en ello«.

Pero antes de acabar, le interrogó sobre su vida sexual.

«¿A qué edad empezaste a conocer hombres? ¿A qué edad empezaste a tener sexo?», quiso saber. «Te garantizo que tu madre no sabrá nada de lo que hablemos aquí».

«Nada de lo que pase entre tú y yo… nadie sabrá sobre ello, ¿entendido? Así que siéntete libre».

Igbeneghu le pidió a la reportera de la BBC que rezara con él y después le hizo preguntas íntimas.

En otra reunión le habló de una sala -«la sala fría»- en la que los profesores intiman con las alumnas y «se morrean con ellas» y «les tocan los senos y todo su cuerpo».

También le dijo que el «beneficio» de aquel intercambio para las alumnas es obtener buenas notas: «Pagan por ello con su cuerpo. Ninguna cosa buena es gratis».

En citas posteriores en su despacho, le recordó que debía ser «obediente» si quería ser admitida en Unilag.

«¿Quieres que te bese?», le llega a preguntar en varias ocasiones. «Si quieres que te bese, apaga la luz, cierra la puerta con llave, te besaré un minuto. Eso es lo que hacen en la ‘sala fría’».

A continuación, apaga las luces y cierra la puerta con llave: «Es hora de experimentar la ‘sala fría’«, le dice, rogándole que se acerque a él. Ante su negativa, él se acerca a ella y comienza a tocar su pierna y abrazarla, hasta que la libera cuando le pide ir al baño.

A su regreso, se ríe: «Eres muy rígida, eres un bebé». Y le amenaza: «Te llamaré para que vengas otro día. Si no vienes, le contaré a tu mamá que me desobedeces«.

Mientras tanto en Ghana, otro equipo de la BBC trabajó en una investigación paralela.

Semanas de laboriosas entrevistas con alumnas de la Universidad de Ghana condujeron hacia Paul Kwame Butakor, de la Facultad de Educación.

De nuevo, la BBC envió a a una periodista encubierta, en este caso una estudiante de último curso interesada en hacer un máster.

Paul Kwame Butakor da clases en la Facultad de Educación de la Universidad de Ghana.

En la segunda reunión, él comenzó a piropearle:

«¿Cuántos chicos te han dicho hoy lo guapa que eres?», le dijo, preguntándole una y otra vez si podía ser su «chico secundario», que, según él, significa un «segundo novio».

«Yo puedo ser tu secundario y tú mi secundaria, aunque mi esposa está fuera del país…«, agregó. «No te meteré en problemas, en serio. No seré una distracción en tu vida. Déjame ser tu chico secundario«.

Después le ofreció unas prácticas laborales en su departamento (Educación), aunque le dijo que la fecha para las solicitudes ya había expirado.

«Déjame ser tu chico secundario. Nosotros tenemos chicas secundarias», le dijo el profesor Paul Kwame Butakor a la reportera infiltrada en Ghana.
¿Qué dicen las universidades?

Las políticas universitarias prohíben a los profesores tener relaciones sexuales con sus estudiantes cuando están en posición de tener influencia en su educación o su carrera.

Los comportamientos insinuantes son considerados mala conducta profesional.

Butakor le dijo a la BBC que niega rotundamente cualquier coqueteo con la reportera o cualquier otra estudiante, asegurando que cumple con todas las normas de la universidad relativas al acoso sexual.

También dijo que no tenía intenciones de tener citas con ella o de evitar los procedimientos regulares para asegurarle un puesto a cambio de sexo.

La Universidad de Ghana indicó que considera las acusaciones de mala conducta hacia Bukator muy preocupantes. Le explicó a la BBC que tiene una política proactiva para evitar el abuso sexual y que se compromete a erradicar el problema.

Dijo que despediría a cualquier miembro del personal contra quien se haya probado evidencia de irregularidades.

Tras la publicación en inglés de la investigación del BBC, la Universidad de Lagos anunció la suspensión de Boniface Igbeneghu.

En cuanto a Boniface Igbeneghu, no respondió a varias solicitudes de comentarios por parte de la BBC sobre las acusaciones de abusos sexuales.

Sin embargo, horas después de la publicación de esta investigación en inglés -con gran repercusión en las redes sociales- fue suspendido de su cargo por parte de la Universidad de Lagos y también expulsado de la iglesia en la que era pastor.

La Iglesia cuadrangular dijo en un comunicado que no aprueba la «conducta sexual inapropiada» de Igbeneghu.

La Universidad de Lagos, por su parte, niega haber protegido a profesores implicados en casos acoso sexual y dice que investigará más a fondo los nombres citados en el reportaje.

La entidad académica no quiso dar más explicaciones respecto a la «sala fría» de la que habló Igbeneghu frente a la cámara oculta de la BBC.

Fuente e Imagen: https://www.elnacional.com/bbc-news-mundo/sexo-a-cambio-de-aprobados-la-investigacion-de-la-bbc-que-revela-los-abusos-en-dos-de-las-universidades-mas-prestigiosas-de-africa/?utm_medium=push&utm_source=onesignal&utm_campaign=pushtraffic

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Nigeria: El drama de los niños esclavos de las escuelas coránicas

Redacción:

Liberadas más de 300 personas encadenadas en una ‘daara’ en Nigeria, en su mayoría niños.

Una de las escenas más repetidas en algunas capitales de África del Oeste, sobre todo en Senegal, es la que se da en los semáforos. Decenas de niños con la cara cubierta de polvo, descalzos, con las camisetas hechas jirones y cuerpos reventados por el hambre, se acercan a los coches para pedir una limosna con latas vacías y oxidadas en las manos. La mayoría no son vagabundos ni están solos. Todos tienen un techo donde dormir y un tutor que, se supone, debe ocuparse de ellos.

Son los llamados niños talib (estudiantes, en árabe), pequeños llegados de las zonas rurales a las ciudades cuyos padres no pueden alimentar ni educar en una escuela, que son enviados a las escuelas coránicas o daaras, donde quedan bajo las órdenes del marabú, esa especie de profesor y líder religioso del Islam tan común en estos países.

Es en estas escuelas donde cientos de esos talib (a veces, miles) duermen en el suelo, recitan a diario las tablillas del Corán y trabajan en las dependencias del marabú en labores de limpieza o cocina. Es una práctica de explotación infantil conocida y consentida, que mantiene a los niños como esclavos, no les forma adecuadamente y les obliga a mendigar de sol a sol para poder pagar por la comida (escasa), por el suelo en el que duermen y por la supuesta educación que reciben. Pero el dinero lo administra el marabú. Cuantos más niños tenga a su disposición, más beneficios obtiene. Es la industria de la pobreza. En Senegal reclaman 500 francos CFA (la antigua moneda colonial francesa) a cada niño al día, lo que equivale a 0,7 euros. Los que no consiguen aportar esa cantidad serán golpeados a su vuelta a la daara. La idea que se les inculca es que tienen que ganarse su comida.

El último episodio (y ejemplo extremo) de esta triste historia se vivió ayer en Nigeria, donde su policía liberó anoche a más de 300 menores, en su mayoría niños pequeños, maltratados y encadenados por los tobillos en una de esas escuelas coránica en el estado norteño de Kaduna, en la mitad musulmana del país.

«Recibimos información de que algo sucedía en este centro. Al llegar aquí descubrimos que no se trata de un centro de rehabilitación ni de una escuela islámica», confirmó a la prensa tras el rescate el jefe de Policía de Kaduna, Ali Janga. Muchos de los niños –en su mayoría procedentes de Burkina Faso, Mali y otros países africanos– además de llevar cadenas en los tobillos, declararon haber sido abusados sexualmente, según fuentes policiales, y torturados al tiempo que eran obligados a recitar el Corán. Este tipo de prácticas generan una trata de niños denunciada por organismos locales e internacionales desde hace años. Incluso algunos grupos terroristas han pagado por llevarse a estos niños de países como Guinea Bissau o Benin para reclutarlos como futuros yihadistas.

Otro de los niños encadenados en la escuela coránica de Kaduna al ser liberado.

Por su parte, el propietario de esta supuesta escuela aseguró que su única actividad era la enseñanza del islam, y rechazó como falsas cualquier acusación de «tortura, deshumanización y homosexualidad«, según informa la agencia Efe. «Estas personas están siendo utilizadas, deshumanizadas. Podéis verlo por vosotros mismos», continuó el jefe policial Janga, quien añadió que «ningún padre razonable llevaría a sus hijos a un lugar como este».

Las autoridades intentan ahora contactar con los familiares de los menores liberados, que fueron trasladados anoche a un estadio de Kaduna, mientras que ocho personas permanecen arrestadas como sospechosos.

Los talib se levantan a las cinco de la madrugada y pueden mendigar hasta que el sol se pone, donde podrán comer todos de un mismo recipiente algo de arroz cocido y dormir sobre una mísera esterilla. La enseñanza nunca incluye idiomas como el inglés o el francés, lo que les desconecta de la educación que ofrece el estado y los lastra en su futuro.

En el norte de Nigeria, sobre todo en los estados donde la ley principal es la sharia (ley islámica) estas escuelas suelen estar rodeadas de pequeñas chozas de cañizo y barro, a veces tan míseras que sólo cabe un niño. Repiten su misma camiseta una y otra vez, no tienen donde lavarse y hacen sus necesidades en plena calle.

Fuente: https://www.elmundo.es/internacional/2019/09/27/5d8e3528fc6c83df238b45a0.html

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‘La escuela del horror’: Escalofriantes detalles del centro educativo en Nigeria donde violaron y torturaron a más de 300 niños

África/ Nigeria/ 08.10.2019/ Fuente: bles.com.

Las torturas y violaciones sufridas por varios centenares de jóvenes en una escuela religiosa en Nigeria dejó al descubierto la situación de estos centros educativos islámicos, que escapan muchas veces a los controles de las autoridades.El pasado jueves, en Kaduna, al norte de Nigeria, la policía descubrió más de 300 nenes y jóvenes de diferentes nacionalidades encerrados y encadenados.

Los responsables del lugar, una especie de reformatorio, los obligaban a vivir en “condiciones inhumanas y degradantes con el pretexto de enseñarles el Corán y reencauzar sus vidas”, explicó a la AFP el vocero de la policía del Estado de Kaduna, Yakubu Sabo.

Centro educativo islámico en Kaduna, Nigeria

Los jóvenes fueron encontrados encadenados a barras de hierro, atados de pies y manos, con los cuerpos llenos de cicatrices. Algunos de ellos aseguraron que habían sido violados.

“Si intentabas huir y te descubrían, te colgaban, te encadenaban”, explicó Abdalá Hamza, una de las víctimas.

Las escuelas islámicas privadas, llamadas Almajiri, abundan en el norte de Nigeria, una región fundamentalmente musulmana, pobre y abandonada en gran parte por el Estado.

Las autoridades estiman que hay unos nueve millones de alumnos en este tipo de centros. “Kaduna representa lo peor del sistema”, declaró Mohammed Sabo Keana, responsable de una oenegé con sede en Abuya, que defiende los derechos de la infancia.

“Se trata de un ejemplo claro de lo que viven muchos niños, como por ejemplo verse obligados a mendigar en las calles, ser víctimas de todo tipo de violencia, dormir en las peores condiciones que uno pueda imaginar y vivir sin las más mínimas condiciones de higiene”, citó.

“Centro de esclavitud”

En un comunicado, el presidente Muhammadu Buhari, él mismo un musulmán de esta región del norte de Nigeria, calificó la escuela coránica de “casa de tortura y centro de esclavitud”.

“Para poner fin a estas prácticas generadoras de violencia contra los menores nuestras autoridades religiosas y culturales deben trabajar junto a los gobiernos regionales y locales para denunciar estas situaciones y hacer que cesen estas violencias que son conocidas pero han sido descuidadas por nuestra sociedad desde hace años”, agregó.

Sin embargo, la presidencia no anunció ninguna medida concreta para prohibir este tipo de escuelas que están fuera de su control.

Centro educativo islámico en Kaduna, Nigeria

Por su parte, los defensores de estos centros afirmaron que ofrecen a las familias con pocos recursos unos servicios que el Estado es incapaz de suministrar.

Por ejemplo, millones de nenes no tienen acceso a la educación en este país de más de 186 millones de habitantes donde la escuela primaria es teóricamente gratuita.

Yusuf Hassan, dirige la Fundación Almajiri en Kano, en el norte del país, e insiste en que la mayoría de las escuelas no son como la de Kaduna. El responsable explica que hay “centros de reeducación” que reciben a jóvenes delincuentes y toxicómanos cuyas familias se sienten incapaces de cuidar. “Y algunos centros terminan encadenándolos para que no escapen”, explicó.

Según Hassan, una primera medida positiva sería separar las escuelas de los reformatorios.

Fuente de la noticia: https://bles.com/ultimas-noticias/noticias-escuela-horror-escalofriantes-detalles-centro-educativo-nigeria-donde-violaron-torturaron-300-ninos-et.html

 

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