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World Vision alerta sobre la «inquietante realidad» de los niños en África Oriental

Redacción: Europa Press

Los niños de África Oriental se enfrentan a una «inquietante realidad» debido a los desastres de todo tipo a los que se ven expuestos y que han convertido a la región en la que más desplazados acoge en todo el continente, según ha alertado este jueves World Vision.

De acuerdo con el informe ‘Girls on the move’ del pasado mes de julio, «unos cinco millones de niños se han visto obligados a huir de sus países de origen en África Oriental debido a los efectos devastadores de la sequía, la amenaza de hambruna, los conflictos y la inestabilidad política».

En Uganda, por ejemplo, «los niños, la mayoría de ellos de Sudán del Sur, huyeron allí después de haber estado expuestos a diferentes tipos y niveles de violencia, explotación y otras formas de abuso». En la vecina República Democrática del Congo, otras 80.000 personas han tenido que huir a Uganda por los disturbios.

La violencia intercomunal en el sur de Etiopía ha provocado nuevos desplazamientos de más de un millón de personas. «Se prevén brotes de enfermedades y desnutrición para miles de niños etíopes desplazados, por no mencionar las consecuencias económicas», ha señalado la ONG.

El director regional de World Vision, Stephen Omollo, ha explicado que en África Oriental «los niños en movimiento experimentan la violencia de maneras más extremas, más complejas y potencialmente más dañinas que aquellos que viven en sus comunidades de origen». «Necesitan con urgencia protección adicional», ha indicado.

La organización humanitaria ha recordado además que muchos niños desplazados han perdido a sus padres y se han visto obligados a asumir responsabilidades de crianza, en lugar de estar en el colegio, lo que limita sus expectativas de futuro.

A medida que las familias huyen, las inseguridad alimentaria aumenta porque quienes huyen de sus hogares a causa de un conflicto armado «han dejado sus tierras y ya no pueden cultivar». En Sudán del Sur, por ejemplo, «la inseguridad alimentaria amenaza con empeorar, (…) ya que la llegada de ayuda económica sigue sin cumplirse».

«Esta inquietante realidad debería obligarnos a todos a tomar medidas y hacer un trabajo mejor para proteger a los niños en movimiento y garantizar que podemos asegurar su futuro», ha considerado Omollo.

«Los efectos de las crisis prolongadas a los que se tienen que enfrentar los niños de la región deben ser mitigados y se deben hacer todos los esfuerzos posibles para garantizar que estén protegidos», ha reclamado.

Fuente: http://www.europapress.es/internacional/noticia-world-vision-alerta-inquietante-realidad-ninos-africa-oriental-20180830172202.html

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Tres de cada cuatro niños de Sudán del Sur no conocen otra cosa que la guerra

Redacción: Noticias ONU

Desde 2013, 2,6 millones de bebés han nacido en medio en la guerra y 300.000 niños están al borde de la muerte por desnutrición, reveló el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).
«A medida que Sudán del Sur cumple siete años, una guerra aparentemente interminable continúa devastando las vidas de millones de niños», dijo Henrietta H. Fore, directora ejecutiva de UNICEF que visitó Juba, Ganiyel y Bentiu a principios de este año.

El conflicto y el subdesarrollo han plagado el área durante décadas, dejando a sus niños sin educación, desnutridos y vulnerables a las enfermedades, el abuso y la explotación.

«Las partes del conflicto pueden y deben hacer más para recuperar la paz», dijo Fore, «los niños de Sudán del Sur merecen algo mejor».

A pesar de que 800 niños han sido liberados de los grupos armados desde el comienzo del año, se estima que otros 19.000 continúan sirviendo como combatientes, trabajadores y mensajeros y sufriendo abuso sexual.

Preocupantes cifras

La proporción de personas que no saben de dónde vendrá su próxima comida pasó del 35% en 2014 a casi el 60% en la actualidad, con algunas zonas del país a un paso de la hambruna, especialmente durante la temporada de escasez.

Las tasas de malnutrición están en niveles críticos, ya que más de un millón de niños están desnutridos, y de ellos 300.000 están al borde de la muerte.

Dado que una de cada tres escuelas fue destruida, ocupada o cerrada desde 2013, el conflicto también ha dejado a unos dos millones de niños sin educación. Actualmente Sudán del Sur ltiene la mayor cantidad de niños no escolarizados en el mundo.

Además, los esfuerzos para ayudar a quienes más lo necesitan se ven obstaculizados.

Desde que estalló la guerra, más de 100 trabajadores humanitarios han muerto, incluido un conductor de UNICEF la semana pasada.

Hacia la paz

La firma de un alto el fuego permanente entre las dos principales partes enfrentadas en Jartum el mes pasado fue un paso positivo, ofreciendo un destello de esperanza en lo que ha sido un proceso de paz incierto.

«Ahora contamos con el liderazgo y los comandantes para respetarlo y al mismo tiempo garantizar que los trabajadores humanitarios tengan acceso sin restricciones a quienes lo necesitan», dijo Fore.

La jefa de UNICEF recordó que Sudán del Sur fue el primer país que visitó desde que asumió su cargo.

«Vi por mí mismo lo perjudicados que han sido los niños con la guerra. Simplemente no pueden soportar más”, concluyó.

Fuente: https://news.un.org/es/story/2018/07/1437402

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Más de 2 millones de niños sursudaneses no reciben educación por la guerra

Redacción: La Vanguardia

Más de dos millones de niños se han visto obligados a abandonar la escuela durante los dos últimos años en Sudán del Sur debido al conflicto bélico que atraviesa el país, según denunció hoy la UNESCO.

«A raíz del conflicto (…) al menos 2,2 millones de niños en todo Sudán del Sur no están escolarizados, una cifra que se espera que aumente si no se hace nada» para revertir esta tendencia, dijo el representante de la UNESCO en Yuba, Saldar Umar Alam, en una rueda de prensa.

Umar Alam advirtió de que «el número de niños no escolarizados en el país ha aumentado en los últimos años y se espera que llegue a más de 2,4 millones en los próximos dos años, si la situación actual no cambia».

La guerra en el país africano estalló a finales de 2013, dos años después de que alcanzara la independencia de Sudán, y la violencia solo se interrumpió cerca de un año, entre mediados de 2015 y 2016, en virtud de un acuerdo de paz que ha colapsado.

Actualmente, el Gobierno del presidente de Salva Kiir y la oposición armada están llevando a cabo negociaciones de paz en la capital de Sudán, Jartum, en un intento de revivir el acuerdo de paz y detener la violencia de forma definitiva.

El conflicto ha causado miles de muertos y ha llevado el país al borde de la hambruna, con seis millones de personas sin acceso a alimentos suficientes y cuatro millones de desplazados.

Fuente:

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Tener agua cerca significa ir al colegio

Por: El país

La instalación de 212 grifos y un tanque en la zona del Alto Nilo de Sudán del Sur evita que las niñas pasen cuatro horas de camino al río

Ellas son lo primero. Nyanbol, de 14 años, y Acha, de 13, han sido liberadas. Ya no les atormentará más la tarea de la que se han encargado generaciones de mujeres en Sudán del Sur. ¿De qué estamos hablando? Del trabajo diario de andar hasta el río, unas cuatro horas a través de un terreno hostil, que obligaba a las niñas a dejar el colegio y perder el resto de su infancia. El miedo que las mujeres sentían por lo que pudiera haber escondido en los arbustos a lo largo del camino, el terror a ser violadas, o incluso el pánico a los hipopótamos o cocodrilos que podían atacarlas mientras cogían agua sucia con sus cubos, ha acabado. Por primera vez en sus vidas, más de 23.000 personas que huyeron del conflicto en el estado del Alto Nilo de Sudán del Sur están recibiendo agua potable de grifos de la comunidad cerca de las puertas de su casa. Un hecho que nunca habían imaginado.

Nyadhiang Athiei Deng no sabría decir qué edad tiene con exactitud, pero su cabello gris, su espalda encorvada y el recuerdo de los acontecimientos del pasado lejano sugieren que está cerca de sus 80 años. Señala unas marcas en la parte superior de su cabeza, «del agua» y explica que durante toda su vida, ha traído agua del río en dos contenedores de 40 kilos y los ha transportado balanceándolos sobre su cabeza. Sus hijas sentadas a su lado, de entre 30 y 40 años, tienen sentimientos similares. En esta comunidad, ir a buscar agua es una responsabilidad totalmente femenina. Sin embargo, la próxima generación no tendrá que pasar por esto. «Ahora, sabemos que nuestras hijas podrán ir a la escuela y continuar estudiando en el futuro porque no tienen que irse lejos para obtener agua», dice Abeuk, una madre de 30 años con cinco hijos y una de las nueras de Nyadhiang. «No he recibido educación debido a esas responsabilidades que tenía en el pasado. No puedo comparar las vidas de mis hijas con la mía, ellas estarán mucho mejor», dice con la esperanza reflejada en sus ojos.

Nyadhiang Athiei, a sus 80 años, tiene marcas en la parte superior de su cabeza de acarrear el agua

Hace tres años, la vida se vino abajo para Nyadhiang, sus hijas y nietos. El hogar que conocían, aquel en el que habían vivido durante generaciones, fue atacado y las casas incendiadas; su pueblo, Baliet, quedó atrapado en el conflicto dentro de Sudán del Sur. «Todos corrieron», dice Nyadhiang. «Me quedé sola», dice. Nyadhiang cojeaba, preocupada. No podía moverse rápido. Dudaba de que pudiera llegar a los campos de los que había oído hablar (una zona segura para las personas desplazadas por el conflicto), que estaba a una semana de distancia. «Conocí a personas que me ayudaron y vine con ellos», añade. «Después de que todos nos dispersáramos, nos encontramos aquí de nuevo». Pero no todos estaban allí. El hijo de Nyadhiang fue asesinado en el conflicto. Otra nuera murió en la fuga. Esos campos seguros son ahora una aldea improvisada, hogares para 13.700 personas que escaparon inicialmente del conflicto.

Obtener agua potable era uno de los principales desafíos: «Cuando llegamos, bebíamos agua directamente del río. Los niños y ancianos tuvieron diarrea, la gente a menudo enfermaba», dice Malech Thon, de 43 años, hija de Nyadhiang. «Sin embargo, si no hubiéramos cogido agua de allí, la gente habría muerto de sed», agrega Abeuk. Para las agencias humanitarias que respondieron al aumento de la llegada de refugiados, proporcionar agua potable a las personas se convirtió en una prioridad. Se estableció un servicio de agua de emergencia gracias a los donantes, se desplegaron enormes piscinas de goma inflables, se bombearon 20.000 litros de agua de río y el agua se trató con sulfato de aluminio y cloro. Los especialistas de World Vision controlaban rutinariamente el agua para asegurarse de que fuera segura para el consumo humano.

«Ese primer día que dimos agua a la gente, 3.000 personas se reunieron e hicieron cola. Estaban visiblemente felices de tener agua potable cerca de sus hogares», dice Jimmy Warren, gerente de Agua, Saneamiento e Higiene de World Vision en Melut. En los meses siguientes, World Vision amplió a cuatro el número de sistemas de tratamiento de aguas superficiales, instaló una planta de tratamiento en la ciudad cercana para que la comunidad anfitriona evitara futuros conflictos por el agua, construyó un tanque elevado de 72.000 litros e instaló 212 grifos en todo el asentamiento de refugiados y la comunidad cercana. Hoy en día World Vision continúa brindando agua a 28.153 personas todos los días. Para las mujeres y niñas, los grifos han cambiado sus vidas. Dene, de 11 años, dice que en el pasado solía sentir miedo cuando acompañaba a su madre al río: «Ahora está bien, ya no tenemos miedo”.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2018/03/21/africa_no_es_un_pais/1521631482_312251.html

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Education in South Sudan

South Sudan/March 19, 2018/International Policy Digest

Resumen: La mayoría de las discusiones sobre el desarrollo en Sudán del Sur giran exclusivamente en torno a la seguridad, la inversión extranjera y la ayuda. Los esfuerzos a gran escala, como la infraestructura, el cuidado de la salud y el comercio, deberán dirigirse a nivel nacional con el respaldo de inversiones de socios internacionales. Sin embargo, hay muchos desafíos de capacidad institucional y humana que se abordan mejor a nivel local. Focalizar la inversión en esfuerzos locales de pequeña escala puede hacer crecer economías que sean más sostenibles y que estén en mejores condiciones para adaptarse a futuros grandes planes de desarrollo.

Most discussions about development in South Sudan revolve exclusively around security, foreign investment and aid. Large-scale endeavors such as infrastructure, health-care, and trade will have to be directed at the national level supported by investments from international partners. However, there are many institutional and human capacity challenges that are better addressed at the local level. Targeting investment into small-scale local efforts can grow economies that are more sustainable and better able to adapt to future large development plans.

The African Development Bank, in “Infrastructure Action Plan in South Sudan: A Program for Sustained Strong Economic Growth,” identifies four broad areas where developing countries need to focus attention to grow into a successful middle-income country: well-functioning public and private institutions; well developed basic infrastructure; a stable macroeconomic framework; and a healthy and literate labor force.

On a macro-level, terms like well-functioning, developed, healthy, and stable are not used to describe any aspect of the Republic of South Sudan’s economy or government. However, at the local, micro-level, there are glimpses of civil society taking responsibility for local needs.

The most debilitating problem facing the new republic is its lack of internal security. The ongoing civil war atrocities undermine the economy & make a stable nation impossible.

Only after peace is secured can large-scale infrastructure programs commence. With the exception of China, other countries do not feel secure in investing their resources in South Sudan. Until the country can germinate its own industries, it will need to foster relationships with outside investors to build its economy and train its labor force. Diversification will be the foundation on which this economy will stabilize, not one dependent on oil. South Sudan will need to refocus its public expenditures on developing a strong education system to assure that the workforce can sustain domestic civil engineering projects, agriculture, healthcare, and technology sectors.

Even if the national government could redistribute its expenditures immediately, developing a new country from scratch is an immense endeavor. Development cannot be only top-down, but also must emerge from regional and local populations. Institutional and human capacity building will be most sustainable if it originates at the local level.

Across South Sudan, local communities are mobilizing themselves to provide universal education, suspend child marriage, enact gun control and develop businesses. In one of South Sudan’s largest cities, Rumbek, local residents, churches, and NGOs are working with the Rumbek and Lakes government to find creative ways to address contentious cultural issues and provide for the basic needs of the people.

(Abukloi Enterprises)

Motivated by UN Peace Conferences, schools are creating “Peace Clubs” and using classroom time to discuss conflict resolution techniques. Students participate in local and regional debates about political and cultural issues. They use their education to challenge long-standing cultural practices and empower their families to engage in new practices for everyday living.

Rumbek’s Abukloi Secondary School has developed innovative ways to build local capacity to solve problems. Abukloi is tackling food insecurity by using its school grounds as an agricultural training center. Students implement their science curriculum knowledge in the school gardens. Produce from the garden is sold at market and used to sustain the school project, thus exposing the students to the entire business cycle.

They then encourage one another to share and implement these ideas at home. With the help of funding from an American NGO, the school sponsors a women’s community garden that not only teaches sustainable agriculture practices, but also teaches the young women how to market their produce and manage their business and personal funds.

Business training goes beyond agriculture. Abukloi has developed a sewing program and internet café. Both projects employ community business people to train students, teaching them tangible skills they can expand upon to create businesses for themselves. Furthermore, their curriculum has students work in teams to develop business plans.

The most promising plans are loaned start-up funds by the NGO so not only will students have a job upon graduation, but they will also be able to employ others in their community.

The beneficial returns on this educational model are exponential. First, young women are encouraged to stay in school and participate in every aspect of the school’s programs. Educating women changes the cultural norm, encourages the older generation to take time to learn new skills and passes the value of education on to the next generation.

They are also addressing food insecurity without the direct aid of government or multinational organizations. This empowers the local population to demand the resources they need from the regional or national government deepening political participation and expanding political consciousness.

By teaching basic business skills, students also expand their creativity and problem-solving skills. By creating businesses, the community is literally creating its own economy: generating demand for goods and services that others will be inspired to provide.

The focus of economic and social development should not rest solely in the hands of NGOs. Investing in local communities throughout South Sudan can empower the people to understand and solve basic needs. It can create a new vision for how to confront difficult issues, provide a fair and stable government, and be the foundation for a lasting peace among all South Sudanese.

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Etiopía: La atención a las víctimas de desastres naturales y Guerras. Innovación filantrópica

Etiopía/17 de Marzo de 2018/La Vanguardia

Las Naciones Unidas hizo un llamamiento a finales del 2017 a la comunidad internacional para conseguir la cifra récord de 18.000 millones de euros destinados a atender durante este 2018 a los 91 millones de personas más vulnerables del mundo, las víctimas de guerras y de desastres naturales. Oenegés y agencias de la ONU se enfrentan al reto de explorar nuevos sistemas para captar fondos que algunos organismos y donantes ya supeditan a los resultados. En esta línea, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) ha sido pionero en lanzar los Bonos de Impacto Humanitario (BIH) por un valor de 22 millones de euros destinados a poner en marcha tres centros de ­rehabilitación física en zonas de conflicto de Mali, Nigeria y la República Democrática del Congo. Ignasi Carreras, director del ­Instituto de Innovación Social de Esade y miembro del consejo de Oxfam Internacional, pronostica que en un plazo de entre tres y ­cinco años, el canal digital será el más relevante a la hora de conseguir donantes. “Otra línea de trabajo es sumar activistas para las diferentes campañas a los que después se pide que se hagan socios. Asimismo, se está empoderando a los voluntarios y a la masa social para que también ellos consigan fondos. Un ejemplo es la caminata Trailwalker”, indica Carreras. Desde que en el 2011 se organizó este evento deportivo y hasta el 2017, Oxfam Intermón ha recaudado más de cinco millones de euros.

El sector privado ya ha aportado los 22 millones requeridos, que podrá recuperar con intereses si el proyecto cumple todos los objetivos, una vez esté a pleno rendimiento, en un plazo de cinco años. “Tenemos nueve inversores, el mayor de los cuales es Munich Reinsurance, mientras que los restantes cuentan con el apoyo de la banca suiza Lombard. Obtendrán unos beneficios del 7% anual si el programa funciona de manera excepcional, pero pueden perder el 40% de su capital si es un completo fracaso. Como en otras inversiones financieras los participantes han sopesado los riesgos y las potenciales recompensas”, explica Tobias Epprecht, jefe de esta iniciativa en el CICR, con base en Ginebra.

Los donantes pagarán por resultados en un proyecto de Cruz Roja para atender a heridos de guerra en África.

El tercer grupo de actores que entra en juego es el integrado por los donantes que, en este caso, son los gobiernos de Suiza, Bélgica, Italia y Reino Unido y la Fundació Bancària La Caixa, que ha comprometido un desembolso de un millón de euros en el 2020. Al finalizar el quinto año, los cuatro gobiernos pagarán al CICR en función de los resultados conseguidos.

Un equipo de auditores externos analizará la eficiencia del proyecto en base a “cuántas personas recuperan la movilidad, gracias a la implantación de prótesis, órtesis o sillas de ruedas, por cada trabajador”, detalla Epprecht. Los tres centros se prevé que empiecen a funcionar en el 2020 y cada uno atenderá a unos 2.000 pacientes.

El CICR es el principal proveedor de servicios de rehabilitación física en países en desarrollo o afectados por guerras. Los amputados por heridas de arma o por el impacto de minas antipersona son buena parte de las 330.000 personas que atendió esta oenegé en el 2016.

“Nosotros apostamos cada vez más por alianzas a medio plazo y no por programas puntuales, ir junto con otros actores que en esta ocasión son gobiernos. Y valoramos la idea de condicionar nuestra aportación a la eficiencia. Es necesario innovar”, opina Ariadna Bardolet, directora del departamento de Programas internacionales de la Fundació Bancària La Caixa.

Los precedentes de los BIH lanzados por el CICR son los bonos de impacto social (BIS) y al desarrollo (BID). La británica Children’s Investment Fund Foundation (CIFF), una de las principales organizaciones dedicadas a la infancia, está detrás de los primeros BID con un proyecto ejecutado por la oenegé india Educate Girls, encaminado a reducir la brecha educativa de género en un remoto distrito del estado de Rajastán. El inversor inicial es la fundación UBS Optimus, que aportó el capital necesario para implantar un plan a tres años para aumentar la escolarización de las niñas. Asimismo, otro de los retos es que tanto alumnos como alumnas de primaria obtengan mejores notas en las asignaturas de matemáticas, inglés y hindi.

A la espera del análisis final, que realizará a mediados de este 2018 un auditor externo, los resultados preliminares han sido positivos. Si se cumplen todos los objetivos, CIFF pagará la cantidad desembolsada por UBS Optimus con un plus del 15%. Cabe destacar que al gestarse este proyecto, en el 2014, en India había 3,7 millones de niñas sin escolarizar y en Rajastán el 40% de las estudiantes dejaba el colegio antes de llegar al quinto curso.

Poco a poco van aflorando alternativas a la filantropía clásica con el denominador común de condicionar los aportes económicos a la eficiencia de los programas de desarrollo o humanitarios. En definitiva, pagar si las cosas funcionan. Y premiar si se alcanza la excelencia. Si en Gran Bretaña y en Estados Unidos esta es una fórmula que se observa con interés, en España es un modelo todavía incipiente. “Hay proyectos a largo plazo, en los que donantes como la Unión Europa supeditan sus desembolsos al cumplimiento de una serie de objetivos. Pueden rescindir el contrato y pedir la restitución del dinero si se falla. Ahora estamos trabajando con otras dos oenegés en la escolarización de niños en Tanzania bajo esta fórmula”, explica David del Campo, director de cooperación internacional de Save the Children.

En España, uno de los principales sistemas para ganar socios sigue siendo el de captadores cara a cara.

La crisis económica, que ha restado año tras año las aportaciones de las administraciones a las oenegés, ha invitado a recorrer otros caminos y buscar fuentes de finan­ciación diversas. Actualmente, alrededor del 55% de los recursos de estas organizaciones proceden del sector privado, mayoritariamente de los socios y de donantes pun­tuales, y el resto del ámbito público, según datos facilitados por Fernando Morón, director de la Asociación Española de Fundrainsing (AEFr), entidad sin ánimo de lucro especializada en la filantropía y la captación de fondos en España. Las aportaciones de los socios han ido aumentando desde el 2011 y en el 2016 suponían el 37,8% de los ­ingresos de 16 oenegés analizadas por la AEFr.

El sector ha sufrido un duro revés tras hacerse público, el pasado febrero, el caso de los trabajadores de Oxfam Gran Bretaña que, en el 2011, contrataron a prostitutas en un Haití devastado por el terremoto. Oxfam y las grandes entidades que trabajan en acción humanitaria todavía están cuantificando el impacto del es­cándalo en la pérdida de confianza por parte de la ciudadanía. Poco a poco, las oenegés intentan recuperar la normalidad y los captadores de socios salen a las calles de las principales ciudades buscando apoyos. Morón confirma que el denominado “cara a cara” sigue siendo uno de los principales canales para sumar socios, mientras que en otros países ya se denota un cierto cansancio ante un método que puede resultar invasivo.

“Cada vez más se tiende a ver al socio no sólo como un donante sino también como un aliado, involucrándolo en las campañas y estableciendo vínculos. El tener una importante base social legitima a las oenegés en sus causas”, opina Fernando Morón.

En un sector en el que disponer de fondos y utilizarlos bien contribuye a salvar vidas es relevante apostar por sistemas en los que se pueda medir la eficacia. Y más en estos momentos en que confluyen numerosas crisis, desde la guerra en Siria, que ya suma siete años y 5,6 millones de personas refugiadas, hasta las amenazas de hambruna en zonas de Sudán del Sur, Nigeria, Etiopía, Yemen o Somalia. Sólo en este último, azotado por una grave sequía y un endémico conflicto armado, 6,2 millones de personas, la mitad de su población, precisan ayuda de emergencia, como alimentos y agua.

Micromecenazgo: De Sierra Leona a Liberia en bici

Street Child sugiere sumarse a una travesía en bici de 300 km entre Sierra Leona y Liberia para conocer de primera mano el trabajo de esta oenegé especializada en facilitar la escolarización de los niños más vulnerables. También a maratones en Sierra Leona y en Nepal. Además de pagar los gastos, los participantes deben organizar campañas de micromecenazgo (crowdfunding) para recaudar 1.200 euros en el caso del maratón y 1.500, en el de la ruta en bicicleta, destinados a apoyar los proyectos en estos países. Con estas iniciativas se ingresaron 540.000 euros en el 2017. Esta oenegé nació en el 2008 para apoyar a menores de la calle en Sierra Leona.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/vida/20180316/441551816071/financiacion-ong-resultados-objetivos-proyecto.html

 

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La sequía y el conflicto podrían obligar a 4,7 millones de niños a dejar la escuela en África

África/03 de Marzo de 2018/Autor: Redacción Iagua/www.iagua.e

Unos 4,7 millones de niños podrían verse obligados a dejar la escuela como consecuencia de los conflictos y la sequía que afectan a los países del este de África, lo que suponen unos 90.000 niños a la semana que verían truncados sus estudios, 12.000 al día, según ha alertado Save the Children.

La organización ha destacado que, para muchos, este sería el segundo año en el que se ven obligados a abandonar las clases por ese motivo y ha explicado que las escuelas cierran por la sequía y por la falta de estudiantes, porque los menores dejan de acudir para migrar con su familia a otras zonas donde haya agua y pastos para los animales.

Cuando los niños de Sudán del Sur, SomaliaEtiopía y Kenia dejan de acudir a las aulas, «crece inmediatamente el riesgo de que sean sometidos a abusos como el matrimonio infantil, el tráfico de menores y la prostitución«, ha advertido la ONG en un comunicado.

En Sudán del Sur, Somalia, Etiopía y Kenia casi 21 millones de personas carecen de seguridad alimentaria por la sequía o los conflictos armados que se desarrollan en la zona

«Si 12.000 niños abandonan la escuela cada día, esta región perderá toda una generación, una generación que no solo no será capaz de alcanzar todo su potencial, sino que se enfrentará a grandes riesgos para su salud y su seguridad», ha subrayado el director regional de Save the Children en África oriental y austral, David Wright.

«Mantener las escuelas abiertas durante la sequía es especialmente importante porque les proporcionan a los menores una oportunidad perfecta para disponer de comida, agua y medicina para que puedan aprender, permanecer seguros y conseguir grandes cosas», ha añadido Wright.

En Sudán del Sur, Somalia, Etiopía y Kenia casi 21 millones de personas carecen de seguridad alimentaria por la sequía o los conflictos armados que se desarrollan en la zona, según Save the Children.

En Sudán del Sur, la organización espera que el número de menores de cinco años que sufren de malnutrición se duplique con respecto al de 2017, llegando a 1,1 millones. En Somalia, el número de personas que necesitan asistencia alimenticia se ha multiplicado por seis, según la ONG, y solo el 30 por ciento de los niños pueden ir a la escuela.

Este mes, en Etiopía ya han cerrado 623 escuelas, según el Ministerio de Educación del país, mientras que el de Kenia ha advertido de que solo el 30 por ciento de los niños acuden a clase en Wajir y Mandera, áreas en el noroeste del país que suelen sufrir las sequías de manera especial.

Save the Children ha instado a continuar proporcionando financiación a las escuelas en África oriental y a que se escolarice a aquellos niños que ya se han visto obligados a dejar de acudir a clase. La organización va a poner en marcha varias medidas, como ofrecer comida, agua y vacunaciones en las escuelas, mantener horarios de clase flexibles o llevar las clases a donde sea necesario, como a los campos de refugiados.

Fuente: https://www.iagua.es/noticias/ep/sequia-y-conflicto-podrian-obligar-47-millones-ninos-dejar-escuela-africa

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