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«La pobreza es un estado mental»: desigualdad y el mito de la meritocracia

Por: José Maria Aguera Lorente

«La injusticia siempre exige justificaciones y argucias; las causas justas mucho menos»
(Robert Trivers: La insensatez de los necios)

Oigo la escueta noticia a través de la radio: Ben Carson, el secretario de vivienda estadounidense, afirma que la pobreza es «un estado mental». Busco en internet qué hay tras lo que aparece en forma de titular en varios medios digitales. Así me entero de que el señor Carson, neurocirujano de oficio, fue el primer afroamericano en ser nombrado jefe de neurocirugía pediátrica en el Centro Infantil Johns Hopkins de Baltimore.

Negro, es decir, hombre perteneciente a una minoría que, atendiendo a los datos estadísticos de toda índole, es el grupo de la ciudadanía que más sufre la pobreza en un país de por sí con un importante índice de desigualdad; para ponerlo en cifras, el índice de Gini, que cuantifica la desigualdad en los Estados, se situó en la república norteamericana en 0,48 puntos según informe de 2015 , siendo en España de 0,33 puntos y del entorno de 0,25 en los países nórdicos, los de menor desigualdad del mundo dado que el máximo lo marca el 1. Pero como ciudadano de la desfavorecida minoría negra el secretario Carson es un magnífico exponente del american dream, igual que el personaje que interpreta Will Smith –antaño irreverente príncipe de Bel Air– en la película titulada En busca de la felicidad, en la que un desgraciado padre cambia su situación de patético loser por la de ejecutivo triunfador merced a su «mentalidad ganadora», la que precisamente el exneurocirujano ahora miembro de la administración Trump propugna que han de inculcar los padres a sus hijos. Por eso, seguramente y dicho sea de paso, en nuestro sistema educativo postLOMCE se haya considerado conveniente la implantación de una asignatura denominada «Cultura emprendedora y empresarial» con el fin de inculcar en nuestros jóvenes el «espíritu emprendedor» y promover el «autoempleo».

De modo que la pobreza –según cabe inferir de este planteamiento– es, principalmente, el efecto natural de un modo de afrontar los retos de la vida desde el derrotismo, actitud que bien pudo ser herencia de unos padres que fallaron a sus hijos a la hora de dotarles del sano espíritu emprendedor que les insuflara la fuerza moral del triunfador. O expresado en versión corta: si eres pobre, tú te lo buscas por cultivar el espíritu perdedor; ya que, como dicta la ética capitalista, el que trabaja, innova y emprende, siempre recibe su merecido premio.

Si la estructura social del Antiguo Régimen legitimaba las desigualdades entre los integrantes de los diversos estamentos mediante el discurso religioso, el cual hacía del designio divino el fundamento moral del orden establecido, en el caso de nuestro actual statu quo, que tiene en las desigualdades económicas el elemento decisivo que marca las diferencias sociales, habrá que buscar su legitimación no ya en la dimensión trascendente, que no es válida en una cultura secularizada, sino en la inmanente de la propia responsabilidad individual, muy acorde con la concepción liberal de la democracia, que es la preeminente. Así la aristocracia viene a ser reemplazada por la meritocracia. Es el mérito ahora y no la superioridad del linaje el que da razón de la riqueza material que viene a ser moralmente aprobada, puesto que ha sido ganada en buena lid por el individuo en un contexto de competición en igualdad de condiciones. En consecuencia, la desigualdad resultante del enriquecimiento de unos y el empobrecimiento de otros no tiene por qué ser objeto de corrección, puesto que en nada contradice el canon de la ética capitalista. Meritocracia y aristocracia comparten el núcleo legitimador, que no es otro que la virtud (areté en griego), lo que otorga valor a algo o alguien (meritum en latín); y en el que se sustenta una jerarquía moralmente justa.

Considero que este constructo ideológico de la meritocracia es parte primordial de la ética de los trabajadores de las democracias modernas; y permite explicar en parte la casi inexistente resistencia y hasta resignación que caracteriza la actitud mayoritaria de la ciudadanía ante el crecimiento de la desigualdad económica y social. Cuando el ciudadano no trabaja, o tiene un trabajo indigno, cuando no logra darse a sí mismo la vida a la que el sistema le dicta que ha de aspirar como ideal, le ahoga la vergüenza del loser, del perdedor que no ha hecho méritos suficientes para obtener los favores del capital (yo lo he visto en personas de carne y hueso que conozco; apelo a la experiencia del lector). Aquí, como señala certeramente el filósofo Byung-Chul Han, descansa una parte principal de la estabilidad del orden establecido, que ha logrado en más de los que creemos hacer de su persona amo y esclavo a partes iguales; o dicho de otro modo, ha convertido al individuo en empresario empleador de sí mismo. No cabe, pues, la crítica a la sociedad, pues sólo uno es culpable de su propio fracaso.

La meritocracia va camino de convertirse, si no lo es ya, en una de esas creencias de las que hablaba José Ortega y Gasset hace casi un siglo en su ensayo titulado Creer y pensar; es decir, en una de esa clase de ideas que conforman el estrato más profundo de nuestro pensamiento, de las que no somos conscientes, pero con las que contamos sin más para hacer nuestras vidas, de tal modo que bien se puede decir que constituyen el continente de nuestras acciones. No vivimos con tales creencias, sino que estamos en ellas.

Hagamos méritos, entonces, y el sistema nos otorgará sus bendiciones. Seamos mejores, hagámoslo mejor que los otros, como dicta la regla dorada de la competición, y tendremos lo que nos merecemos. Y los que tienen más y son, en consecuencia más, es porque se han hecho merecedores de ello. Son mejores que los otros. Este sería el cuadro de la denominada por el economista francés Thomas Piketty «sociedad hipermeritocrática», un invento dice él de los Estados Unidos armado a lo largo de las últimas décadas con el fin de justificar la magnitud creciente de la desigualdad. Ésta va camino de alcanzar las cotas de concentración de riqueza extremas en las sociedades del Antiguo Régimen y en la Europa de la Bella Época (con típicamente el 90% de la riqueza total para el decil superior y el 50% para el percentil superior en sí mismo). Es el reparto según el modelo de la «sociedad hiperpatrimonial» o «sociedad de rentistas». Sólo que en este imperio del libre mercado global en el que nos hallamos instalados en nuestros días y que camina firme año tras año hacia el mayor crecimiento de la desigualdad el modelo es de una «sociedad de superestrellas» o una «sociedad de superejecutivos». En cualquier caso los ganadores de semejante sociedad justifican la jerarquía que la estructura por el valor del mérito. Ahora bien, éste no es objetivo ni absoluto. Es muy difícilmente cuantificable y varía a lo largo del tiempo. Fijémonos por un momento en el salario de los altos ejecutivos, que no ha hecho más que crecer de forma exagerada en las últimas décadas, aumentando la brecha con respecto a los asalariados con menos sueldo de las empresas. ¿Cómo evaluar con objetividad su productividad marginal? ¿Cómo se mide la productividad individual cuando se forma parte de un equipo, de una estructura, de una empresa? Sus ganancias dependen más de las normas sociales vigentes entre ellos y los accionistas, así como de la tolerancia de los trabajadores de bajo nivel salarial y de la sociedad en su conjunto, para lo cual la batalla ideológica es decisiva. Como precisa el mismo Piketty: «Estas normas sociales dependen principalmente de los sistemas de creencias respecto a la contribución de unos y otros en la producción de las empresas y en el crecimiento del país. Teniendo en cuenta las enormes incertidumbres a este respecto no sorprende que estas percepciones varíen respecto a las épocas y a los países, y dependen de cada historia nacional particular. El punto importante es que, teniendo en cuenta lo que son estas normas en un país determinado, es difícil que una empresa particular se oponga a ellas». (A este respecto, el visionado de la película titulada El capital del incisivo director Costa-Gavras hará las delicias del lector con sensibilidad masoquista.)

La creencia, no obstante, del pensamiento liberal, que impregna la atmósfera mental que respira la ciudadanía, es que las notables diferencias en las retribuciones reflejan una desigualdad en el talento y la ejecución, necesaria para incentivar y alentar el trabajo duro, así como el reconocimiento del mayor esfuerzo, responsabilidad y estrés que conlleva el desempeño de los altos cargos. Este cuadro legitimador se resiente, sin embargo, cuando uno se entera de la ineptitud e incompetencia de muchos altos directivos, los cuales, empero, no dejan de cobrar sus escandalosas indemnizaciones, pensiones y bonus (¿necesitamos evocar la figura de nuestro ínclito Rodrigo Rato como referencia?). A ello hay que añadir que en el mundo real la productividad no es mero resultado del talento y esfuerzo de los individuos, sino del sistema socioeconómico en el que se desenvuelven. El heterodoxo economista Ha-Joon Chang, profesor de Economía Política del Desarrollo en Cambridge, plasma meridianamente lo mucho que de mito tiene la meritocracia en este párrafo extraído de su libro 23 cosas que no te cuentan sobre el capitalismo: «Esa idea tan extendida de que la única manera de que todas las personas reciban un salario correcto, y por lo tanto justo, pasa por que los mercados sigan su curso, es un mito; un mito del que habrá que olvidarse, comprendiendo lo que tiene de político el mercado y de colectiva la productividad individual, si pretendemos construir una sociedad más justa, en la que se decida cómo retribuir a las personas tomando en cuenta como se lo merecen la herencia de la historia y los actos colectivos, no solo el talento y el esfuerzo individual.»

Hay quien percibe, incluso, un proceso de secesión que pone en peligro la integridad del sistema democrático asociado a la legitimación meritocrática de la creciente desigualdad en la posesión de la riqueza. Los muy ricos constituirían ya un grupo de personas que han adquirido pautas de comportamiento e idiosincrasia exclusivas, resultantes en gran medida de identificar sus riquezas y las posiciones conquistadas en las últimas tres décadas con lo que conciben como su talento y su mérito singulares. Entienden que alcanzar las más altas cimas de la opulencia conlleva unos determinados derechos, que en realidad son privilegios, y que hacen todo lo posible por asegurar y acrecentar, segregándose del común de los mortales al mantenerse a salvo de los riesgos vitales e incertidumbre que no hacen más que aumentar en un mundo dominado por el omnipotente y veleidoso capital financiero. Es la tesis mantenida por los profesores Antonio Ariño y Juan Romero en su libro de hace un año titulado, precisamente, La secesión de los ricos, donde advierten, en efecto, del quebranto que se causa al fundamento mismo de la democracia cuando la ideología del mérito socava –como hemos apuntado más arriba– los principios políticos de la justicia y la igualdad legitimando la concesión de un poder tan desmesurado a determinados grupos.

La empatía social se resiente cuando no hay reconocimiento de la afinidad en la vulnerabilidad, que es el requisito casi indispensable según la filósofa norteamericana Martha C. Nussbaum para que los seres humanos se compadezcan. La meritocracia contribuye a reforzar el punto de vista desde el cual contemplamos a los perdedores del sistema como objetos distantes cuyas experiencias no tienen nada que ver con la vida propia. Su desdicha –pobreza, paro, exclusión social, pérdida de estatus…– es percibida no como algo inmerecido; es decir, la creencia es que la persona de la que se trate, de algún modo, ha provocado su propio sufrimiento. Las desigualdades devienen justas al asumir como evidencia irrefutable un terreno social en el que todos los individuos compiten en presunta igualdad de condiciones, ya que pueden recibir la educación que necesitan y son juzgados al margen de la colectividad en la que crecen. La socialización afirma la individualidad y sus virtudes, de forma que el triunfo y el fracaso se convierten en resultados de la actuación personal, incluida la pobreza, claro está, que es la consecuencia natural de la conducta de quienes no han sabido aprovechar las oportunidades que la vida y una sociedad abierta les ha brindado.

Es menester una buena dosis de autoengaño para no caer en la cuenta de las consecuencias políticas que todo esto acarrea, y que tienen que ver con la deslegitimación del estado de bienestar. El mito de la meritocracia es un barreno en el pilar de la solidaridad, uno de los que sustenta dicho estado de bienestar, cuyo presupuesto es que las desigualdades no son producto exclusivo de las acciones de los individuos que forman parte de él, o sea, que hay factores en la dimensión colectiva que objetivamente perjudican a unos y favorecen a otros al margen de sus méritos personales.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=227547&titular=%22la-pobreza-es-un-estado-mental%22:-desigualdad-y-el-mito-de-la-meritocracia-

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Reseña de película: Pase lo que pase.

América del Norte/Estados Unidos.

Es una película estadounidense publicada el 17 de marzo de 2009 por el Advent Film Group..1 Fue publicada en DVD desde su inicio para permitir a los grupos de iglesias distribuír más fácilmente la película. El filme cuenta la historia de Caleb Hogan, un estudiante de leyes, que trata de rebatir el dictamen legal del caso Roe v. Wade,2 y trata el tema del aborto desde una postura provida.

La historia de un estudiante que tiene que exponer una causa judicial sobre un caso de aborto en un concurso nacional de estudiantes de derecho. El punto crítico es la cuestión del “comienzo de la vida”. Si asume la postura de acuerdo con sus convicciones se enfrenta a que le pueda traer consecuencias negativas importantes para su vida, como el apoyo económico de su madre para seguir sus estudios. Pero “Pase Lo Que Pase”, es un poderoso recordatorio de que elegir el camino correcto no es fácil, pero siempre vale la pena.

Fuente: https://youtu.be/-KqZ2Hw97TU

Imagen: http://www.peliculas.cristianas.com/wp-content/uploads/2015/09/pase-lo-que-pase-pelicula-completa-2html-youtube-thumbnail.jpg

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Sistemas de aprendizaje a lo largo de toda la vida.

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La UNESCO implementa y apoya una serie de programas que refuerzan todos los niveles educativos. La Atención y Educación de la Primera Infancia (AEPI), que favorece el desarrollo integral de los niños desde su nacimiento hasta los ocho años, es un asunto prioritario para la Organización. La UNESCO trabaja junto con los gobiernos y otros colaboradores para aumentar la calidad y la disponibilidad de la AEPI a través del mundo.

Las educación primaria y secundaria son fundamentales y deben ser las bases sobre las que reposen las oportunidades de aprendizaje para todos y a lo largo de toda la vida. Tras el incremento del acceso a la educación primaria conseguido en estos últimos años, la UNESCO ayuda a los países a hacer frente a la demanda creciente de una educación secundaria de calidad.

La educación superior es la clave del progreso en las sociedades del conocimiento. Al ser el único organismo de las Naciones Unidas con competencias en la educación superior, la UNESCO contribuye a la elaboración de políticas empíricas que permitan responder a las nuevas tendencias y se esfuerza por conseguir una educación superior más inclusiva e innovadora. La Organización interconecta, informa y guía a la comunidad internacional de la educación superior en ámbitos como la movilidad, la convalidación de títulos, la mejora de la calidad y la cooperación interuniversitaria.

Otro de los elementos clave para el aprendizaje a lo largo de toda la vida es la enseñanza y formación técnica y profesional (EFTP) destinada a los jóvenes y a los adultos, que contribuye a construir, preservar y renovar las competencias necesarias para el mercado laboral y la integración social. Por medio del Centro Internacional UNESCO-UNEVOC, la Organización ayuda a los países a mejorar sus sistemas de EFTP y alimenta el debate internacional en este campo.

La elaboración de sistemas educativos inclusivos y de calidad requiere políticas de educación coherentes. La UNESCO, junto al Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación, proporciona asistencia técnica a los países para el análisis y la planificación de sus políticas educativas. El Instituto de la UNESCO para el Aprendizaje a lo Largo de Toda la Vida (UIL) tiene un papel esencial al dotar a los Estados Miembros de un apoyo técnico para el desarrollo de políticas de aprendizaje a lo largo de toda la vida.

La UNESCO también fomenta políticas y prácticas educativas que puedan ayudar a afrontar los desafíos globales. Al promocionar la Educación para el Desarrollo Sostenible, la UNESCO pretende que todos los estudiantes adquieran los conocimientos, las competencias, la actitud y los valores necesarios para diseñar un futuro sostenible.

En regiones que han sufrido conflictos o desastres, la UNESCO pone particular empeño en planificar la reducción de riesgos en catástrofes y el fortalecimiento de la cohesión social. En estos escenarios, la educación es también parte de la respuesta a la catástrofe y constituye una herramienta clave para la recuperación a largo plazo.

Fuente: http://es.unesco.org/themes/sistemas-aprendizaje-lo-largo-toda-vida

Imagen: http://es.unesco.org/sites/default/files/styles/img_688x358/public/helping-promote-inclusive-education-pakistan-2-drupal.jpg?itok=pEtw7JRU

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Reseña de Libro: Imaginar un país .

América Latina, procesos constituyentes y proyecto de nación en México.

Francisco José Cantamutto. Antonio Hernández. Daniel Vázquez. [Autores]

ISBN 978-607-97498-4-2
Fundación para la Democracia, Alternativa y Debate A.C.. CLACSO.
Ciudad de México.
Mayo de 2017

Hace años que México atraviesa por una crisis de largo aliento, combinada con sucesivos estallidos de indignación y reclamos populares. Este texto propone ubicar y pensar la crisis de México a nivel específico del estado, considerándolo en su doble faz de instrumento de dominación y promesa no inocua de bienestar y evitando salidas sencillas. Este tipo de crisis no es nuevo en la región latinoamericana, por lo que recurrimos a otras experiencias (Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador y Venezuela) con ánimos de analizar qué podemos recuperar. El factor que nos permite la comparación con estos casos es la instancia de renovación constituyente: la convocatoria a renovar los acuerdos más básicos que nos ligan como pueblo. Pensamos la renovación constituyente no como simple recambio legal o técnico, sino como la convocatoria amplia a re-construir la nación a partir de acuerdos sociales básicos. ¿La figura del Congreso Constituyente es útil para estos fines? ¿cuál ha sido la experiencia al respecto en América Latina en el último movimiento constituyente? ¿Cómo se ven las perspectivas de México a la luz de esas experiencias? Estas son las preguntas que guían el texto

Fuente: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20170526104824/ImaginarUnPais.pdf
Imagen: http://www.clacso.org.ar/clacso/novedades_editoriales/img_tapas/1230_Tapa.jpg
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Educación vs. corrupción.

El tema recurrente de la corrupción sigue llenando los espacios de información, cáncer terminal con una lenta, muy lenta agonía que destruye las instituciones y es pasto seco para los fuegos de la impunidad.    “El problema ha desbordado el sistema político. Nunca antes se había presentado un fenómeno de estos alcances”: Ignacio Morales Lechuga.

Por: Federico Ponce Rojas.

La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo.Nelson Mandela

En esta lucha, las instituciones quedan rebasadas y el castigo, en su caso, no es suficiente, considerando el daño causado.

En efecto, leyes más severas que castigan con mayor dureza los delitos no han sido la solución, indolencia y perversión en su aplicación no han sido más que otro puntal para la excepción del castigo.

“El derecho penal debe transformarse para dejar de ser instrumento de venganza pública”: Raúl Cervantes Andrade.

El doctor Álvaro Martínez-Echeverría, director del Instituto de Estudios Bursátiles-Complutense de Madrid IEB, en visita de cortesía al titular de la PGR, detalla los proyectos de colaboración con instituciones de educación superior de nuestro país y en particular con la Bolsa de Valores, para que este instituto, líder europeo en formación financiera, en razón de sus relaciones académicas, imparta seminarios sobre administración de riesgos, conjuntamente con la Escuela Mexicana de Valores, “un instrumento educativo más para prevenir delitos financieros”, entre otras bondades.

Por su parte, el procurador Cervantes (abogado metido en la política, como él mismo se califica) expone con entusiasmo y con una óptica más de constitucionalista experto, que de penalista, “La Consulta Nacional Sobre el Modelo de Procuración de Justicia” la cual arrancó el jueves 25 de mayo en el INACIPE y reitera: se trata del modelo de procuración de justicia que necesita México.

En la mesa temática sobre Víctimas y Derechos Humanos con la que inicia la consulta, participan especialistas de instituciones públicas y privadas, así como de organizaciones de la sociedad civil para hablar de las víctimas del delito y del papel que el Estado debe adoptar, a partir del sistema penal acusatorio: ¿Qué se ha hecho? ¿Qué falta hacer?

La consulta, convocada por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, el CIDE y el INACIPE, a la que se han sumado las cámaras de Senadores y Diputados, así como la ANUIES y otras organizaciones, se lleva a cabo en ocho ciudades de la República y en la CDMX. Consiste en ocho mesas temáticas y nueve foros abiertos, donde se presentan propuestas y ponencias de académicos expertos y público en general.

En las próximas mesas y foros se hablará de los alcances y límites de la Fiscalía General de la República como órgano constitucional autónomo, y se discutirán temas como el modelo de investigación criminal, la operación de las instituciones de procuración de justicia y delincuencia organizada.

Los resultados, conclusiones y recomendaciones de la consulta serán presentados en un informe en octubre de 2017.

Por otra parte, el general Salvador Cienfuegos hizo un llamado a la sociedad y a las instituciones a realizar una nueva revolución en el país: una revolución educativa, la educación es una fuerza de transformación de un país.

Se refirió a la importancia de entregar becas para los hijos de militares retirados para que éstos continúen con sus estudios.

“La educación no es un proceso aislado, sino un esfuerzo que requiere de la voluntad y participación de todos, pues trabajando en equipo y hacia un mismo objetivo se pueden guiar los pasos de los niños y jóvenes como la fuerza transformadora del mañana”.

“Este es el momento del cambio, a través de la enseñanza, hagamos una nueva revolución en el país, una revolución donde las armas sean la educación, la cultura, las artes, la unidad y la identidad nacional”.

Lo anterior lo expresó al recibir la presea Doctor Salvador Corrales Ayala, que otorga la Alianza por la Educación Superior, el general Cienfuegos, quien aseguró que diariamente los más de 200 mil efectivos de la Sedena desplegados en el país se preparan para garantizar los derechos de todos los mexicanos, externó en esta ceremonia su reconocimiento al titular de la SEP, Aurelio Nuño, por el diseño y puesta en marcha de las políticas que tienen como fin el desarrollo científico, tecnológico y sociocultural del país.

El Presidente de la Republica, se afirma, hará especial énfasis en su penúltimo informe de gobierno en la educación y la consolidación de la Reforma Educativa.

Al margen de especulaciones políticas, interés sectario y apreciaciones intolerantes, es innegable que la educación es el mejor instrumento para combatir la corrupción, flagelo que se antoja como el mayor enemigo del Estado.

Fuente: http://www.excelsior.com.mx/opinion/federico-ponce-rojas/2017/06/03/1167401

Imagen: http://www.educacionyculturaaz.com/wp-content/uploads/2014/09/Inicio_Clases_Sonora-3.jpg

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¿ Que entiende el estado Mexicano por «Calidad Educativa».

Por: Juan Carlos Miranda Arroyo.

Uno de los temas que ha nutrido el conflicto magisterial es la controversia sobre la “calidad educativa”. Para alcanzar la calidad, dicen los funcionarios y legisladores, hay que evaluar a docentes y directivos de la Educación Pública.  El texto constitucional (Art. 3º.), es explícito al respecto: “…el Estado garantizará la calidad en la educación obligatoria de manera que los materiales y métodos educativos, la organización escolar, la infraestructura educativa y la idoneidad de los docentes y los directivos garanticen el máximo logro de aprendizaje de los educandos”. (Adicionado mediante Decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 26 de febrero de 2013)

El discurso actual sobre la “calidad” es un asunto que heredamos principalmente de la economía. Desde que los administradores e ingenieros industriales se preocuparon, desde 1945 y durante la posguerra, por la evaluación de la calidad de los bienes y servicios, el tema se incluyó rápidamente en las agendas gerenciales de empresas y organizaciones, tanto públicas como privadas.

Pero el concepto de “Calidad” ha evolucionado. En un primer momento, el modelo estándar sobre la calidad la ubicaba en la línea de producción, o sea, era responsabilidad de los trabajadores. En otro momento, con la creación del paradigma actual dominante, el concepto de calidad se definió de una manera diferente: Ésta tiene su origen y desarrollo en el “sistema”, y más específicamente, en las decisiones que toman los diseñadores de los sistemas productivos y de prestación de servicios.

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En efecto, para Deming, la nueva filosofía de la calidad debe derribar algunos mitos como el siguiente: “Culpar a los trabajadores (que solamente son responsables del 15 por ciento de los errores), mientras se pasa por alto el sistema diseñado por los gerentes, que son responsables del 85 por ciento de las consecuencias indeseadas. Creer que no existirían problemas en la producción, si los trabajadores únicamente se centraran en hacer su trabajo de la manera en que se les especificó que debían hacerla”.uando le preguntaron a W. Edwards Deming (1900-1993) estadístico estadounidense, profesor universitario, consultor y creador del novedoso concepto de “calidad total”: “¿Dónde se hace la calidad?”, él contestó: “En la sala de reuniones de la junta directiva”. Para el especialDeming afirmó en uno de sus libros, que una de las 7 enfermedades principales de la gerencia, es llevar a cabo la “Evaluación por rendimiento, clasificación de méritos o revisión anual de resultados. (porque) La evaluación del comportamiento, a través de la calificación por méritos, está centrada en el producto final y no sobre el liderazgo para ayudar a la gente. Se destruye el trabajo en equipo y aumenta la rivalidad”.ista en calidad y asesor clave en el despegue de la industria japonesa entre 1960 y 1985, “el trabajador no es responsable de los defectos (de los productos o servicios), sino que la mayoría de los defectos se originan en el sistema” (Ver el libro de Rafael Aguayo: El método Deming). Deming afirmó en uno de sus libros, que una de las 7 enfermedades principales de la gerencia, es llevar a cabo la “Evaluación por rendimiento, clasificación de méritos o revisión anual de resultados. (porque) La evaluación del comportamiento, a través de la calificación por méritos, está centrada en el producto final y no sobre el liderazgo para ayudar a la gente. Se destruye el trabajo en equipo y aumenta la rivalidad”.

En 2007, la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe, de la  con sede en Santiago de Chile), emitió el documento base que guía las políticas públicas sobre educación en los países miembros. En éste, los responsables de la planificación y especialistas en educación, reconocieron que la llamada “calidad educativa” es una noción que no cuenta aún con un consenso absoluto: “Se trata de un concepto con una gran diversidad de significados… ya que implica un juicio de valor respecto del tipo de educación que se quiere para formar un ideal de persona y de sociedad”.

“… Las cualidades que se le exigen a la educación están condicionadas por factores ideológicos y políticos… por las diferentes concepciones sobre el desarrollo humano y el aprendizaje; y por los valores predominantes en una determinada cultura. Estos factores son dinámicos y cambiantes por lo que la definición de una educación de calidad también varía en diferentes períodos, de una sociedad a otra y de unos grupos o individuos a otros”. (Revista Electrónica Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación, 2007, v. 5., No. 3).

Deming afirmó el siglo pasado que una de las siete enfermedades principales de la gerencia, es llevar a cabo la “Evaluación por rendimiento, clasificación de méritos o revisión anual de resultados. (porque) La evaluación del comportamiento, a través de la calificación por méritos, está centrada en el producto final y no sobre el liderazgo para ayudar a la gente. Se destruye el trabajo en equipo y aumenta la rivalidad”.  Adicionalmente, en su libro: “Salir de la crisis” (Out of the crisis), Deming sostenía, en uno de sus 14 puntos del cambio gerencial, que es conveniente: “Eliminar el miedo y construir confianza, de esta manera todos podrán trabajar más eficientemente”.

Para Deming, la nueva filosofía de la “calidad” debe derribar algunos mitos como el siguiente: “Culpar a los trabajadores (que solamente son responsables del 15 por ciento de los errores), mientras se pasa por alto el sistema diseñado por los gerentes, (que son responsables del 85 por ciento de las consecuencias indeseadas)”.

Todo esto viene a cuento porque, con frecuencia, los funcionarios de la Secretaría de Educación Pública (SEP), se refieren a la “calidad de la educación” como lo establece nuestra Constitución Política, según la modificación aprobada en 2013; sin embargo, no son capaces de hacer los matices que este concepto tan controvertido requiere. Lo mismo sucede con las autoridades educativas locales, en las entidades federativas, y con empresarios y comentaristas de ciertos medios de comunicación, que hablan de la “calidad de la educación”, como una cosa universalmente definida. Nada tan alejado de la realidad.

A propósito, me gustaría saber qué opinan al respecto los consejeros del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE).

Queda la impresión de que el conjunto de relaciones de poder que se sintetizan en el Estado mexicano, donde se incluye a gobernantes, funcionarios altos y medios, así como a legisladores que escriben y aprueban las leyes aplicables en la materia (educación pública), simplemente no se han documentado lo suficiente ni de manera rigurosa como para repensar y reflexionar sobre qué estamos entendiendo en México por “calidad de la educación”.

Sería conveniente introducir estas nociones a las mesas de discusión y análisis, (ojalá sean resolutivas), que la Secretaría de Gobernación y la representación de la CNTE, anunciaron este 11 de julio, para reubicar el concepto de la “calidad educativa” en su justa dimensión, y con la consideración de que la educación es, sobre todo, un derecho humano fundamental, no una mercancía.Deming afirmó en uno de sus libros, que una de las 7 enfermedades principales de la gerencia, es llevar a cabo la “Evaluación por rendimiento, clasificación de méritos o revisión anual de resultados. (porque) La evaluación del comportamiento, a través de la calificación por méritos, está centrada en el producto final y no sobre el liderazgo para ayudar a la gente. Se destruye el trabajo en equipo y aumenta la rivalidad”.Deming afirmó en uno de sus libros, que una de las 7 enfermedades principales de la gerencia, es llevar a cabo la “Evaluación por rendimiento, clasificación de méritos o revisión anual de resultados. (porque) La evaluación del comportamiento, a través de la calificación por méritos, está centrada en el producto final y no sobre el liderazgo para ayudar a la gente. Se destruye el trabajo en equipo y aumenta la rivalidad”.Deming afirmó en uno de sus libros, que una de las 7 enfermedades principales de la gerencia, es llevar a cabo la “Evaluación por rendimiento, clasificación de méritos o revisión anual de resultados. (porque) La evaluación del comportamiento, a través de la calificación por méritos, está centrada en el producto final y no sobre el liderazgo para ayudar a la gente. Se destruye el trabajo en equipo y aumenta la rivalidad”.Deming afirmó en uno de sus libros, que una de las 7 enfermedades principales de la gerencia, es llevar a cabo la “Evaluación por rendimiento, clasificación de méritos o revisión anual de resultados. (porque) La evaluación del comportamiento, a través de la calificación por méritos, está centrada en el producto final y no sobre el liderazgo para ayudar a la gente. Se destruye el trabajo en equipo y aumenta la rivalidad”.

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Deming afirmó en uno de sus libros, que una de las 7 enfermedades principales de la gerencia, es llevar a cabo la “Evaluación por rendimiento, clasificación de méritos o revisión anual de resultados. (porque) La evaluación del comportamiento, a través de la calificación por méritos, está centrada en el producto final y no sobre el liderazgo para ayudar a la gente. Se destruye el trabajo en equipo y aumenta la rivalidad”.ctos se originan en el sistema”.

Deming afirmó en uno de sus libros, que una de las 7 enfermedades principales de la gerencia, es llevar a cabo la “Evaluación por rendimiento, clasificación de méritos o revisión anual de resultados. (porque) La evaluación del comportamiento, a través de la calificación por méritos, está centrada en el producto final y no sobre el liderazgo para ayudar a la gente. Se destruye el trabajo en equipo y aumenta la rivalidad”.

Para Deming, la nueva filosofía de la calidad debe derribar algunos mitos como el siguiente: “Culpar a los trabajadores (que solamente son responsables del 15 por ciento de los errores), mientras se pasa por alto el sistema diseñado por los gerentes, que son responsables del 85 por ciento de las consecuencias indeseadas. Creer que no existirían problemas en la producción, si los trabajadores únicamente se centraran en hacer su trabajo de la manera en que se les especificó que debían hacerla”.

En su libro: “Salir de la crisis” (Out of the crisis), Deming sostenía, en uno de sus 14 puntos del cambio gerencial, que es conveniente: “Eliminar el miedo y construir confianza, de esta manera todos podrán trabajar más eficientemente.

Deming afirmó en uno de sus libros, que una de las 7 enfermedades principales de la gerencia, es llevar a cabo la “Evaluación por rendimiento, clasificación de méritos o revisión anual de resultados. (porque) La evaluación del comportamiento, a través de la calificación por méritos, está centrada en el producto final y no sobre el liderazgo para ayudar a la gente. Se destruye el trabajo en equipo y aumenta la rivalidad”.

Para Deming, la nueva filosofía de la calidad debe derribar algunos mitos como el siguiente: “Culpar a los trabajadores (que solamente son responsables del 15 por ciento de los errores), mientras se pasa por alto el sistema diseñado por los gerentes, que son responsables del 85 por ciento de las consecuencias indeseadas. Creer que no existirían problemas en la producción, si los trabajadores únicamente se centraran en hacer su trabajo de la manera en que se les especificó que debían hacerla”.

En su libro: “Salir de la crisis” (Out of the crisis), Deming sostenía, en uno de sus 14 puntos del cambio gerencial, que es conveniente: “Eliminar el miedo y construir confianza, de esta manera todos podrán trabajar más eficientemente.

¿Qué podemos concluir de todo esto?: Queda la impresión de que nuestras autoridades educativas federales y estatales, así como los legisladores que escribieron y aprobaron las leyes relacionadas con la educación pública, simplemente no han leído nunca la obra de W. Edwards Deming. Y si alguna vez la han revisado, no la han entendido. En su propia tinta, en su propia lógica prehistórica, Pre Deming, a ellos y ellas les pregunto: ¿Quién evalúa a las autoridades? ¿Quién evalúa a los legisladores?

Fuente: http://www.educacionyculturaaz.com/noticias/que-entiende-el-estado-mexicano-por-calidad-educativa#more-72984

Imagen: http://www.educacionyculturaaz.com/wp-content/uploads/2013/04/Prueba_Enlace-2-1024×682-1.jpg

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Analizando la diferencia entre la educación y el adoctrinamiento

La política se ha convertido en un campo de minas en las escuelas americanas. Pregúntale a una directora de la ciudad de Nueva York, que está bajo investigación para organizar un comunismo en su escuela.

En marzo, funcionarios del departamento de educación de la ciudad informaron a Jill Bloomberg, la directora de la escuela secundaria Park Slope Collegiate en Brooklyn, que estaba bajo investigación por la organización política durante las horas escolares en nombre del Partido Laborista Progresista.

Bloomberg, que niega las acusaciones, ha sido un crítico abierto de las escuelas públicas de la ciudad desde el año 2010. Ha organizado protestas en nombre de sus estudiantes -una mayoría de los cuales son negros y latinos- sobre lo que ella considera acciones desiguales por parte de la ciudad Departamento de educación que promueve la segregación racial y la desigualdad. También apoyó a sus estudiantes en la resistencia a la adición de detectores de metales y ayudó a organizar asambleas escolares sobre la brutalidad policial.

Ahora, Bloomberg ha contrarrestado la investigación del distrito con una demanda, alegando que los funcionarios del distrito violaron su derecho de criticar libremente las escuelas chárter y las políticas del distrito escolar.

En todo el país, en la época de Donald Trump, los educadores han estado declarando sus opiniones sobre nuestro presidente volátil y sus políticas sobre inmigración, escuelas y mucho más. Como ciudadanos, los educadores deben ser libres para mantener cualquier punto de vista que deseen. Si las autoridades escolares eligieron a Jill Bloomberg por sus creencias, como ella afirma (y lo niegan), deben suspender su investigación y disculparse profusamente con ella y con la escuela.

Tampoco deberían los investigadores investigar alrededor de la escuela para preguntar si Bloomberg o cualquier otra persona estaba participando en actividades comunistas. Ese tipo de expedición de pesca lleva ecos misteriosos de la era McCarthy de los años 50, cuando cientos de maestros de la Ciudad de Nueva York perdieron sus empleos debido a afiliaciones comunistas reales o presuntas. Los educadores tienen el derecho de expresar sus opiniones sobre Trump y todo lo demás, pero deben hacerlo de tal manera que deje espacio para que los estudiantes se decidan por sí mismos.

Pero también tenemos que preguntarnos si Bloomberg estaba tratando de imponer sus opiniones sobre sus estudiantes. Cuando Bloomberg prestó su apoyo a estudiantes que estaban luchando contra la instalación de detectores de metales en su escuela, ¿escuchó también a estudiantes y padres que apoyaron a los detectores para mejorar la seguridad? Cuando organizó asambleas escolares sobre la brutalidad policial, ¿incluyó las perspectivas del personal de la policía comunitaria? Cuando dirigió reuniones de padres y estudiantes contra la escuela autónoma, ¿entendieron todas las partes que las calificaciones de los estudiantes y la buena reputación no dependían de su participación en la protesta?
No va a hacer para sugerir que las actividades de Bloomberg estaban de alguna manera por encima de la política, como han argumentado algunos de sus defensores. Algunos profesores y padres defendieron las acciones de Bloomberg en una carta de «Apoyo a nuestro principal» al canciller de las escuelas de la ciudad, diciendo que Bloomberg es un «abogado franco contra la discriminación racial».

Independientemente de sus intenciones, las actividades antirracistas de Bloomberg tienen una ventaja política aguda. No todo el mundo piensa que los detectores de metales -o las escuelas charter- son racistas. Según el abogado de Bloomberg, algunos maestros de su escuela ahora tienen miedo de usar camisas de movimiento Black Lives Matter o enseñar temas de derechos civiles por temor a que sean blanco de los funcionarios del distrito. Esa es una pésima noticia, si las lluvias hacen que los maestros de Park Slope Colegial estén reacios a decir lo que creen.

Pero los educadores deben tener cuidado al imponer sus creencias a los adolescentes incautos. Cuando una maestra -o una directora- usa su política en su manga o en su camiseta, hace que sea difícil para los estudiantes disentir de su punto de vista.

Un educador de K-12 debe ejercer el derecho de decir lo que ella piensa con cuidado y discreción. Cada vez que expresa una opinión, necesita enfatizar que es una opinión y no la verdad del evangelio. Y si se pone demasiado fuerte, los estudiantes pueden simplemente ir en deferencia a su autoridad.

Después de todo, el educador es el adulto en la habitación. Los estudiantes miran hacia ella, y también saben que ella es responsable de evaluarlos. Es fácil ver por qué se repite lo que ella piensa sin realmente pensar por sí mismos.

Eso no es educación; Es adoctrinamiento. «Nuestros profesores deben ser defensores, pero nunca pueden ser vendedores o propagandistas», escribió el reformador Alexander Meiklejohn en la revista Harper’s Magazine en 1938. «La existencia misma de las escuelas democráticas depende de esa distinción».

¿Bloomberg rompió la frontera entre educación y propaganda? El equilibrio de la acción política es difícil de atacar, pero que todos nosotros como educadores debemos estar luchando. Los educadores deben ser libres para abogar por el comunismo, el capitalismo o cualquier otra cosa. Pero no deben convertir a los estudiantes en herramientas para su defensa. Depende de ello la existencia misma de las escuelas democráticas.

Fuente del Artículo:

http://www.edweek.org/ew/articles/2017/06/07/parsing-the-difference-between-education-and-indoctrination.html

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