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Hacia la integración de la educación rural: el caso de México

México / 4 de agosto de 2019 / Autor: Observatorio del Derecho a la Educación y la Justicia / Fuente: Educación Futura

El Observatorio del Derecho a la Educación y la Justicia (ODEJ) es una plataforma para el pronunciamiento público, impulsado por el Campo estratégico en modelos y políticas educativas del Sistema Universitario Jesuita (SUJ). Su propósito consiste en la construcción de un espacio de análisis informado y de posicionamiento crítico de las políticas y las reformas educativas en México y América Latina, arraigado en la realidad social acerca de las injusticias del sistema educativo, y recupera temas coyunturales y estructurales con relación a la agenda educativa vigente.

Graciela Messina

Investigadora independiente

Gestora de la Red Temática de Investigación de Educación Rural (RIER)

El sentido de este texto es presentar el esbozo de un espacio integrado de educación rural que articule los diferentes niveles y modalidades, de cara a la permanencia y a la continuidad de los niños y jóvenes en la escuela, en cuanto lugar que propicie el aprendizaje desde y para la experiencia, así como la constitución de sujetos y comunidades más conscientes de sí, más libres y más abiertas a su propia transformación. Para contextualizar la tarea, se caracteriza la situación del campo mexicano, así como la educación rural, en particular su heterogeneidad y dispersión, señalando puntos críticos y potencialidades. El principio de promoción de la igualdad en la diferencia se constituye en el horizonte de esa propuesta. La adhesión a los grupos más excluidos, en particular a los del campo, “los cabecitas negras” de nuestras ciudades, los vilipendiados de siempre, que siguen mostrando su solidaridad, me ha guiado en la escritura de este artículo.

En primer lugar, el campo mexicano y su gente, llamado también “el sector rural”, o “la ruralidad” –categorías objetivantes que omiten a los sujetos campesinos–, se muestra ante nuestros ojos como un lugar de despojo, desposesión y abandono. Estas categorías buscan nombrar y denunciar lo que sucede, a la vez que establecer una distinción con conceptualizaciones como inclusión, equidad o formación en competencias. El proceso de colonización, bajo diferentes máscaras, ha buscado durante siglos reducir la vida cotidiana y las fuerzas creativas de los campesinos, que han resistido y conservado su patrimonio cultural. Hablar de campesinos es hacerlo también de indígenas en primera o segunda generación, aunque no todos los indígenas son campesinos, sino que, como sabemos, muchos ya viven en las ciudades.

Para Butler (2017) la categoría de desposesión tiene una fuerza performativa o reveladora de la realidad equivalente a alienación, ya que no sólo da cuenta de que el sujeto no es dueño de su trabajo sino que, aún más, es responsable de su propia vulnerabilidad. En este marco, el campo resulta ser un lugar donde se busca que los campesinos pierdan su subjetividad (Berlanga, 2018) y devengan en sujetos “pobres”, con la intención de controlar la historicidad, la individualidad y los movimientos sociales (Márquez, 2008). De allí que los procesos de resistencia y creación campesina tengan que ver con “habitar el mundo de modo propio” (Berlanga, 2018, p. 3). Pero no sólo la gente ha migrado o dejado de producir sus alimentos, sino que el campo se ha transformado en “campo para el capitalismo”. Observamos que hay más carreteras para que entre la minería, se saque la fruta u otros productos; también existe más cobertura educativa, a fin de contar con mano de obra calificada para las empresas. Con algunas diferencias, la realidad es igual en toda América Latina; en referencia a Argentina, se dice: “pueblos fantasmas, miles de expulsados del campo, zonas del interior del país en que su cercana prosperidad es sólo un recuerdo, quiebre de infinidad de cooperativas, estos hechos son algunos de los resultados de la desregulación económica” (Giarracca, 2017, p. 54). Ante casos ejemplares de despojo ambiental y cultural, como el Chaco Paraguayo, existen relatos que buscan hacer una ruptura abierta con el neoliberalismo, afirmando que el pluriuniverso, entendido como aceptar el universo de los pueblos indígenas, “podría ser la única forma viable de existencia” (Blaser, 2013, p. 340).

En segundo lugar, como ya han sido caracterizados desde la Red Temática de Investigación de Educación Rural (RIER, 2018), los territorios rurales se han “urbanizado” y deteriorado en términos ambientales y culturales, la población campesina ha perdido su singularidad, con la desaparición creciente del pequeño productor, y el auge de los trabajos informales de los campesinos en las ciudades intermedias o en las maquilas, mientras en las áreas urbanas viven ciudadanos que son campesinos en primera, segunda o tercera generación. En este sentido, la heterogeneidad es una de las características centrales de la población rural, que ha envejecido y se ha feminizado a causa de la migración de sus varones. Finalmente, que México sea un país predominantemente “urbano”, no quita que un cuarto de su población sigue viviendo en el campo, a la vez que un número indeterminado habita en las ciudades o en los Estados Unidos, mientras su identidad está en proceso de tránsito hacia formas complejas. En suma, pensar en los campesinos y en su lugar en este país, que busca el cambio, sigue siendo una alta responsabilidad social para todos.

En tercer lugar, la educación rural se caracteriza por ser una suma de heterogeneidades dispersas, entre las que su principal limitación es ser una propuesta urbana llevada al campo, una nueva opción colonial. En efecto, coexisten niveles y modalidades sujetas a reformas educativas globales que no han logrado garantizar la continuidad, la permanencia y el aprendizaje significativo; menos aún el patrimonio cultural. Al respecto se afirma: “en México hay cada vez más educación para las zonas rurales, pero hay cada vez menos proyecto o modelo de educación rural” (Berlanga, 2017, p. 1), aludiendo a que la expansión de la cobertura no ha sido acompañada del respeto a la singularidad de los sujetos y sus contextos. El derecho a la educación y el principio de la inclusión han sido entendidos como igualación de los diferentes, como normalización o “enderezamiento”, mediante un currículo único (Berlanga, 2017). Por su parte, la concentración educativa implementada en los últimos años ha llevado a incrementar el riesgo del abandono escolar, ya que el cierre de las planteles pequeños ha generado que los niños y jóvenes rurales que asisten a las escuelas de sus comunidades, se vean privados de esa posibilidad a la mano, con las consecuencias de abandono escolar y repitencia, así como de aislamiento (Arteaga, 2017); un caso ejemplar, contado como parte de los relatos de la RIER, fue una niña que, al ser enviada a la escuela regular, se negó a hablar en la escuela durante un año, como ejercicio de resistencia; y es que la “concentración de escuelas” obedece a criterios económicos, al costo por alumno, más que a razones pedagógicas. En el mismo sentido, las posibilidades de continuidad educativa son más limitadas en el sector rural que en el urbano, especialmente a partir de la educación media superior; tampoco existen programas de formación en metodologías de multigrado para los docentes, ni formación en ruralidad o una aproximación a campos como la sistematización y la reflexión desde la experiencia; otra omisión es la formación inicial docente en esta modalidad, ya que muy pocas escuelas normales cuentan con la licenciatura en educación indígena, intercultural y bilingüe; a esta situación se suman los bajos presupuestos, la infraestructura y los materiales insuficientes y/o inadecuados para el sector rural o la dependencia del libro de texto gratuito, que llega a ser el único material en las escuelas rurales. Además, en la educación rural se reflejan tensiones estructurales de la educación en su conjunto, como la subordinación de la enseñanza a la evaluación (RIER, 2018).

En cuarto lugar, la educación rural muestra intersticios de creación y puesta en libertad de la experiencia, desde las escuelas telesecundarias vinculadas con la comunidad (TVC), hasta los bachilleratos comunitarios y otras experiencias del mismo tenor, resquicios que los docentes y directivos abren aun en los espacios más tradicionales. En estos lugares, cuando se hacen experiencias innovadoras entre diferentes, se nombren como multigrado o no, pero concebidas como parte de comunidades de vida, se posibilita el diálogo de saberes entre diferentes, así como el trabajo colaborativo y la autonomía. En consecuencia, existe en las escuelas rurales una potencia que ha sido amordazada en las escuelas urbanas, mientras se mantienen las creencias en jerarquías naturalizadas que legitiman a las segundas. Aún más, existen experiencias educativas que se hacen fuera de la escuela, como las llevadas a cabo por líderes juveniles comunitarios, que buscan el aprendizaje entre pares, la participación abierta, la educación por el arte y/o para comunicaciones alternativas y la potenciación de sus trayectorias singulares (Messina, 2015).

En este marco, cómo pensar la educación rural como un conjunto que busca la igualdad en la diferencia; no estoy segura de que el nombre de “sistema de educación rural” puede dar cuenta de lo que quiero decir. Podría ser un sistema más, que se formalice y pierda su sentido o que sea discriminatorio. Tampoco este conjunto abierto, pero suficientemente unido, debe asimilarse a la educación multigrado o a las experiencias de talleres productivos o de alternancia escuela-comunidad, aunque podría recurrirse a ellas. Estoy pensando en generar un camino, una ola venturosa y expansiva, para los niños y jóvenes campesinos desde el Estado y en conjunto con la sociedad civil, sin discriminación de ningún tipo; un lugar de largo aliento que permita que transiten por lo que hoy se conoce como niveles educativos, ordenados hasta ahora de manera jerárquica y secuencial, en espacios y tiempos fijos y predeterminados. Para ello necesitamos generar continuidad para los sujetos campesinos, mediante un régimen que permita dialogar a los niveles y modalidades educativas que atienden a la población rural; esta opción implica, antes que nada, alterar las diferencias entre aprendices y educadores, entre primaria, secundaria y educación superior, entre educación técnica y artística, entre educación regular y educación de jóvenes y adultos, entre blancos, mestizos e indios, entre español y lenguas indígenas, entre otros. Un cambio de esa magnitud requiere transformaciones colectivas tanto como individuales. Me ha tocado escuchar una y otra vez testimonios de jóvenes y adultos campesinos que dicen que quieren seguir estudiando la secundaria o el bachillerato, pero que no hay una escuela cerca y no están en condiciones de migrar para continuar estudiando. Estas voces llegan de lugares poco accesibles, donde el gobierno no ha entrado porque se inunda o está dominada por grupos de narcotraficantes. Eso necesita cambiar.

La esperanza que me invade, la alegría social que se ha empezado a sentir, aun con las restricciones materiales que siguen presentes, me hacen conjeturar, a mí y a muchos, que es posible.

Bibliografía

Arteaga, P. (2017). Los programas de concentración de escuelas rurales ¿Alternativas de equidad y mejora educativa? El caso de México. Mimeo.

Berlanga, B. (2017). Doce consideraciones sobre la educación rural en México. México. Publicado en página WEB de UCIRED.

Berlanga, B. (2108). Del campesinado desposeído a la desposesión campesina. México. Publicado en Página Web de UCIRED.

Blaser, M. (2013). Un relato de la globalización desde el Chaco (entre otros lugares). Paraguay. Centro de estudios Antropológicos de la Universidad Católica.

Butler, J. y A. Athanasiou (2017). Desposesión: lo performativo en lo político. Barcelona. Eterna Cadencia.

Guiarracca, N. (2017) Estudios rurales y movimientos sociales: Miradas desde el Sur. Antología esencial. Buenos Aires. CLACSO.

Marquez, A. (2008). Situación y perspectivas de la agricultura mexicana bajo el neoliberalismo. Zacatecas 1990-2000. Zacatecas. Universidad Autónoma de Zacatecas.

Messina, G. (2016). Publicación UNESCO/ UIL “Jóvenes participando en la educación comunitaria. Testimonios de empoderamiento desde América Latina”, versión impresa y digital, créditos como consultora a cargo del estudio.

RIER (2018) Propuestas para mejorar la atención educativa a las poblaciones rurales en México. Disponible en: http://rededucacionrural.mx/eventos-y-noticias/avisos/propuestas-para-mejorar-la-atencion-educativa-poblaciones-rurales-en-mexico/

Fuente del Artículo:

Hacia la integración de la educación rural: el caso de México

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Fuente de la Imagen:

https://www.inforural.com.mx/reforma-educativa-y-educacion-rural-en-mexico/

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Programación del Portal Otras Voces en Educación del Domingo 4 de agosto de 2019: hora tras hora (24×24)

4 de agosto de 2019 / Autor: Editores OVE

Recomendamos la lectura del portal Otras Voces en Educación en su edición del día domingo 4 de agosto de 2019. Esta selección y programación la realizan investigador@s del GT CLACSO «Reformas y Contrarreformas Educativas», la Red Global/Glocal por la Calidad Educativa, organización miembro de la CLADE y el Observatorio Internacional de Reformas Educativas y Políticas Docentes (OIREPOD) registrado en el IESALC UNESCO.

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Programación del Portal Otras Voces en Educación del Domingo 4 de agosto de 2019: hora tras hora (24×24)

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En pocos años las escuelas dejarán de ser como las conocemos, dice experta israelí en educación

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Paraguay: Educación digital con control parental, al alcance de una app

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Informes nuevas tendencias en innovación educativa: método Flip Teaching, Aula Invertida, Flipped Classroom o Aula Inversa

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UNICEF expresa preocupación por el impacto en la educación del conflicto armado en Libia

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Fernando Savater: «La enseñanza y la educación son tareas sólo para optimistas»

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Libro: Aprendizaje Invisible: Hacia una nueva ecología de la educación (PDF)

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Ciencias Sociales: desafíos educativos en la era digital

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Entrevista – El estado de la Educación en Uruguay / Gisselle Tur Porres y Alejandro Maiche – INEEd

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La rueda de la pedagogía (Versión 5.0) -Infografía-

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María José Guerra: «Es injusto que un profesor universitario cobre 600 euros al mes»

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Hacia la integración de la educación rural: el caso de México

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Utilizando tecnología colombiana se construyen escuelas en África con plástico reciclado

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El problema de la educación actual

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Aprendizaje digital en el aula a golpe de rap

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El Panismo, sin Proyecto Educativo

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Sylvia Pulpeiro. Licenciada en Ciencias de la Educación (Entrevista)

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Juventudes migrantes y educación en las Américas

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Perú: UNSA aprueba reforma que reconoce identidad de género de alumnos transgénero

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Evaluación asistida por computadora: la apuesta de Métrica Educativa

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Solo el 23.92% de profesores aprobó Concurso de Oposición Docente

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El empresario guatemalteco que llevó robots a los niños de escuelas rurales

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¿Por qué nos aburre la escuela? (Historia de la educación)

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En nuestro portal Otras Voces en Educación (OVE) encontrará noticias, artículos, libros, videos, entrevistas y más sobre el acontecer educativo mundial cada hora.

ove/mahv

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La niña de 8 años que resolvió 70 problemas matemáticos en 5 minutos y ganó un mundial en China

Redacción: La Vanguardia

Era la primera vez que Zury Tlapanco participaba en un concurso de estas características.

Una niña mexicana de 8 años, Zury Tlapanco Reyes, se ha consagrado campeona del mundial de Cálculo Mental de China tras resolver 70 problemas matemáticos en apenas cinco minutos y sin errores.

Tras la victoria, la pequeña llegó al aeropuerto Internacional de Tampico, donde los medios locales le esperaban. Las cámaras le captaron muy emocionada por obtener semejante reconocimiento.

Zury asegura que participar en el concurso no ha sido un sacrificio ya que es algo que siempre le había apetecido hacer.

La menor es estudiante de la Escuela Aloha Mental Arithmetic y es la primera vez que participa en esta clase de eventos de cálculos. No obstante, asegura que no es un sacrificio ya que es algo que siempre le ha gustado.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/vida/20190730/463779797785/nina-resuelve-problemas-matematicos-mundial-china-zury.html

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Amy Goodman y Denis Moynihan: El momento de abolir las cárceles de niños migrantes es ahora

Redacción: Rebelión

¿Qué vemos al mirar a un niño a los ojos? Hasta el lunes, cerca de 350 niños y niñas migrantes permanecían alojados en condiciones inseguras y antihigiénicas en un centro de detención temporal de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos en Clint, Texas. Las pocas personas ajenas al organismo que pudieron ver a estos niños migrantes quedaron absolutamente devastadas. Frente a la indignación nacional, el organismo mudó a los jóvenes a otros lugares, aunque al día siguiente regresó a cien de ellos a las mismas instalaciones. Quien parece conforme con esta práctica de encarcelar a los niños y niñas es el director interino de Inmigración y Control de Aduanas, Mark Morgan, a quien el presidente Donald Trump acaba de convertir en el carcelero en jefe de estos jóvenes al nombrarlo también director interino de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza. En enero de este año, Morgan le dijo al presentador de Fox News Tucker Carlson: “Me acerqué a estos individuos a los que se llama ‘menores’, de 17 años de edad o menos, y los he mirado. Los miré a los ojos y me dije: ‘Estos son los que pronto serán miembros de la pandilla MS-13’”.

Son pocas las personas que logran tener acceso a estos niños y jóvenes, por lo que resulta difícil obtener información precisa sobre su bienestar. Warren Binford, profesora de derecho de la Universidad de Willamette, formó parte del equipo jurídico que expuso las condiciones en Clint. Binford describió lo observado en una entrevista para Democracy Now!:

“Cuando llegamos allí el lunes por la mañana, inmediatamente nos dieron una lista que mostraba que había más de 350 niños y niñas en estas instalaciones. Y entonces, al evaluar la lista, nos descorazonó la cantidad de niños muy pequeños que había allí. Había más de cien niños pequeños retenidos allí. Inmediatamente les pedimos a los guardias que comenzaran a traer a los niños más pequeños y también a los niños que habían estado allí por más tiempo. Vimos que había alrededor de media docena de madres adolescentes con sus bebés, por lo que les pedimos a los guardias que también las trajeran”.

El equipo logró entrevistar a 60 de los niños. La abogada continuó: “Estaban enfermos. Estaban tosiendo. Les goteaba la nariz. Estaban muy sucios. Inmediatamente comenzaron a describir el nivel de hambre que estaban sufriendo”. El horror se profundizaba en cada entrevista que hacían. “Descubrimos que prácticamente nadie estaba cuidando a estos niños directamente, que estaban encerrados en estas celdas las 24 horas del día. En muchas de esas celdas solo hay baños abiertos. No hay jabón, no hay forma de lavarse las manos. Están siendo alimentados dentro de las celdas con las comidas procesadas instantáneas que les describí antes. Y muchos de ellos se ven obligados a dormir directamente sobre el piso debido a la escasez de camas y colchonetas y espacio para dormir”. Los guardias les entregaron los niños pequeños a los niños mayores y les dijeron que los cuidaran.

Binford prosiguió su relato: “Después del segundo día de entrevistar a estos niños tuvimos una reunión urgente —de alto nivel— en mi habitación del hotel. Nos preguntamos qué íbamos a hacer con esto, porque alguien iba a morir. Entonces, llamamos a los abogados que estaban a cargo de este caso, les describimos lo que habíamos visto y les preguntamos qué querían que hiciéramos al respecto. Y, por primera vez en más de 20 años de hacer este tipo de visitas, nos dijeron que contactáramos a los medios para poder sacar a los niños de estas instalaciones lo más rápido posible”.

Clara Long, investigadora de la organización Human Rights Watch, también formaba parte del equipo. La investigadora relató para Democracy Now! el caso de una niña de 7 u 8 años de edad: “Le dije: ‘¿Con quién cruzaste la frontera?’ Y ella respondió: ‘Con mi tía’. Inmediatamente se puso a llorar tan fuerte que no podía emitir palabra. Mientras intento calmarla, frotándole la espalda, veo que tenía un brazalete que tenía escrito con marcador permanente las palabras ‘padre estadounidense’ y un número de teléfono”.

Clara Long continuó: “Está la sensación de que no se permite usar teléfonos en las instalaciones, pero en ese momento tanto yo como otros miembros del equipo simplemente decidimos, ‘Al demonio. Vamos a comenzar a hacer llamadas telefónicas’. Tomé el teléfono, marqué el número y me comuniqué con su padre. Él no tenía idea de dónde estaba retenida su hija”. Long afirma que hay muchos niños retenidos por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza que tienen padres y otros familiares que están en Estados Unidos legalmente.

El calvario de los migrantes y solicitantes de asilo quedó al descubierto cuando el periódico mexicano La Jornada publicó la foto de un padre y su hija, salvadoreños, ahogados en el Río Grande; todavía se podía ver el bracito de ella alrededor del cuello de su padre. Oscar Alberto Martínez Ramírez, de 25 años de edad, y su hija Valeria, de 23 meses, fueron arrastrados por las aguas correntosas entre Matamoros, México y Brownsville, Texas, tras haber sido rechazados en la frontera en su búsqueda de asilo legal.

Al responder una pregunta sobre la foto, Trump fue predecible y culpó a los demócratas por su catástrofe fronteriza. El sistema de detención de inmigrantes creció drásticamente durante el gobierno de Obama, pero Trump lo expandió aún más y con un nivel de crueldad inaudito. Al menos seis niños han muerto mientras se encontraban detenidos por el Departamento de Seguridad Nacional de Trump. Antes de 2018, había pasado más de una década desde que un niño había muerto bajo custodia de las autoridades de inmigración de Estados Unidos.

Esta semana se realizaron los dos primeros debates de candidatos presidenciales demócratas. A menos de una hora de la ciudad que acogió los debates, Miami, en Homestead, Florida, más de 2.000 menores sin acompañantes están encarcelados en un centro de detención con fines de lucro administrado por la empresa Caliburn. El ex jefe de gabinete de Trump, el general John Kelly, forma parte de la junta directiva. Debatir sobre el destino de los niños migrantes encarcelados es importante, pero la crisis de vida o muerte a la que han sido sometidos exige una acción inmediata. Hay que abolir todas las cárceles de niños migrantes ahora.

Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=257724

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Libro: Teoría de la Educación de Paciano Fermoso. PDF gratis

México / Autor: Paciano Fermoso Estébanez / Fuente: Estudiando Psicología

Una de las principales dificultades con que tropieza la mayoría de los estudiantes cuando se inician en el conocimiento de una ciencia, es la de encontrar bibliografía actualizada acerca de su especialidad.
De ahí el acierto de Paciano Fermoso al reunir en un solo libro información relativa a las más recientes aportaciones a la ciencia de la educación, y a conceptos de aplicación cotidiana, para conformar una obra completa de acuerdo con las necesidades del estudiante de Psicología Educativa.
A lo largo de este texto el autor realiza un examen minucioso de las principales teorías educativas, tales como la epistemológica, la antropológica y la empírica. Asimismo, analiza con profundo sentido crítico la situación actual de la enseñanza.

Lamentablemente este libro es difícil de conseguir y la única copia que tenemos disponible es un libro en PDF escaneado de baja calidad, sin embargo creemos que puede serle útil a los estudiantes de la carrera, para consultas.
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ove/mahv
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Cambio organizacional en el SNTE

Carlos Ornelas 

La Reforma Educativa y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) parecen estar amarrados con una liga indisoluble: son protagonistas de estudios académicos recientes. Acaso no pueda concebirse la reforma de 2013 sin la consigna de “recuperar la rectoría de la educación” en referencia obvia al tipo de dominación corporativa que señoreó en el sector educativo por décadas… y que quizás regrese.

Hace poco, en mi Casa abierta al tiempo, fui jurado en el examen de doctorado en Ciencias Sociales de Luis Fernández Marfil, Reforma educativa y cambio institucional en el sindicato magisterial. Presentó un trabajo de calidad académica sobresaliente. Sé que es imposible hacer honor a una investigación de ese calibre con pocas palabras; sólo destaco su cuantía.

En el título se dibuja el enfoque teórico para el análisis, el neoinstitucionalismo sociológico y, dentro de él, perspectivas diversas que debaten la noción de cambio institucional. Luis Fernández resuelve el asunto, adopta y adapta una que pone el acento en mudanzas incrementales en vez de radicales. Postula que los efectos del marco
institucional, emanado de la reforma y los cambios en el contexto –en su interacción con las reglas formales e informales existentes al interior de las secciones sindicales– es resultado de la tensión entre viejas y nuevas prácticas que chocaron con las normas de la reforma. Éstas fueron generadas
en negociaciones cupulares que el gobierno y las fuerzas del Pacto por México quisieron imponer en corto tiempo.

Sin embargo, las mudanzas normativas, que incluyeron enmiendas en la Constitución y la elaboración de nuevas leyes, acarrearon consecuencias en la organización del SNTE y las relaciones políticas entre sus facciones. Su tesis: la organización sindical reacciona de manera adaptativa a los
cambios y desafíos del entorno institucional en el que se desempeña (factor exógeno), mas las tensiones internas definen porciones del cambio y de la constancia de ciertas relaciones políticas.

Resalta el estudio que hace de la resistencia que ofreció la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación  (CNTE) y los logros que obtuvo, políticos e ideológicos. Esta persistencia en la rebeldía condujo a que al final del gobierno de Enrique Peña Nieto resultara como la ganadora de la contienda sexenal.

Con el fin de comprender la dinámica del cambio institucional y la forma en que las organizaciones magisteriales evolucionan, defienden sus espacios de poder, se relacionan y adaptan a las modificaciones del marco en el que se desempeñan, Fernández Marfil desplegó un aparato de análisis sofisticado y complejo. No obstante, su redacción clara hace que sus argumentos fluyan sin contratiempos.

Uno de los atributos de esta tesis es que de manera brillante –es la palabra apropiada– conjuga la “voz de los actores” con los conceptos originados de su marco teórico. Con todo y que la Reforma Educativa emanó de la cúspide y tuvo un trayecto descendente, consiguió defensores dentro del Sindicato, aunque causó incertidumbre entre los maestros.

El cambio de rumbo en la política nacional a partir del 1 de julio de 2018 confirma puntos que Luis Fernández abordó desde que planteaba sus primeros borradores. El cambio organizacional requiere de tiempo, maduración y acciones consecuentes. El gobierno de Peña Nieto no tuvo ese tiempo y sus actos volubles en su trato con la CNTE echaron por la borda la mayor parte de sus propuestas.

Pero no todas. En el epílogo, Fernández Marfil dibuja la prolongación de viejas tradiciones con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, pero también la supervivencia de atributos de la Reforma Educativa de Peña Nieto. El cambio es pausado, parece decir.

Espero pronto ver trocada su tesis –con la debida actualización– en un libro. Le auguro influencia en la academia.

Fuente: http://www.educacionfutura.org/cambio-organizacional-en-el-snte/

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Estados Unidos: Feminismo para el 99%: estrategias en debate

A comienzos de 2018, intelectuales de Nueva York llamaron a construir un “feminismo para el 99 %”. Bajo esa idea, inspirada en el movimiento Occupy Wall Street de 2011, tomó cuerpo el manifiesto firmado por Nancy Fraser, Cinzia Arruzza y Tithi Bhattacharya que apareció el pasado 8 de marzo. A propósito de su publicación, algunas reflexiones sobre la nueva ola feminista y la perspectiva anticapitalista que proponen sus autoras [1].

El lugar de origen del Manifiesto de un Feminismo para el 99 % [en adelante, el Manifiesto] [2]no es casual: Estados Unidos, en 2017, fue uno de los epicentros del resurgimiento del feminismo, con la Women’s March [Marcha de las Mujeres] que convocó a millones de personas para repudiar al presidente Donald Trump en el primer día de su mandato [3]. Tampoco lo es que salga a la luz cuando se multiplican los debates sobre perspectivas y estrategias en el feminismo porque, como también señalan sus autoras, el movimiento se encuentra en una “encrucijada”.

Su aparición se enmarca en el incipiente cuestionamiento a la hegemonía del feminismo liberal que, durante décadas, monopolizó el discurso de la igualdad de género, sin cuestionar la explotación del trabajo asalariado ni las múltiples opresiones que atraviesan la existencia de la mayoría de las mujeres.

En las páginas del Manifiesto se encuentran las marcas de esta época signada por la revitalización del feminismo y del movimiento de mujeres cuyas protestas globales funcionan, a su vez, como canal de expresión del creciente descontento social que se vive en las sociedades capitalistas.

Desde nuestro punto de vista, la raíz de ese malestar –particularmente entre las mujeres– se hunde en la contradicción que existe entre los relativos grados de igualdad ante la ley alcanzados por ciertos sectores y las aspiraciones que a su vez eso genera en amplias masas y, por otro lado, la persistente desigualdad ante la vida que se profundiza y combina con una multitud condenada a nuevas “ilegalidades”. Algo que es especialmente irritante, en las grandes metrópolis, para la generación que creció con la ampliación de derechos y las políticas tendientes a conseguir, supuestamente, la igualdad de género y el respeto a la diversidad.

Se trata de una contradicción que se fue incubando durante las décadas neoliberales, pero que la nueva crisis económica que eclosionó en 2008 –que no llegó a ser tan aguda como el crack del ‘29, pero se mantiene desde hace más de una década– puso en evidencia al desarrollar elementos de crisis social, como también de creciente ilegitimidad de los propios regímenes políticos. Esta situación motorizó la nueva oleada feminista, expresando un malestar que va más allá de lo que revelan los reclamos coyunturales.

Antineoliberales somos (casi) todos, ¿pero quiénes son anticapitalistas?

Esta crisis orgánica puso en cuestión la hegemonía del relato neoliberal, dejando al desnudo que una minoría vive en la más obscena riqueza, a expensas de empujar a la miseria a cada vez más millones de seres humanos. En 2011, el 15M español con su consigna “No somos mercancías en manos de políticos y banqueros” y luego el movimiento Occupy Wall Street que planteó “Somos el 99 %, ustedes son el 1 %”, fueron las primeras manifestaciones políticas de una generación que se enfrentaba al hecho de que viviría peor que la de sus progenitores.

Desde 2015 irrumpieron las movilizaciones masivas de mujeres, en las que una minoría –cada vez más activa– empieza a reconocer que la desigualdad de género no puede interpretarse escindida de la desigualdad global generada por el capitalismo. Esta idea va cobrando cierta fuerza, aunque sin una definición unívoca. Las más de las veces, esos feminismos que se autodenominan “anticapitalistas”, apenas apuntan contra las peores consecuencias de las políticas neoliberales, pero no se proponen acabar con el sistema. Lo que sí queda cada vez más al desnudo es la impotencia de aquel feminismo liberal para dar respuesta a los problemas y los reclamos de las mayorías y, mucho más aún, su complicidad en la legitimación de que las mujeres ocupen espacios de poder en las democracias capitalistas y sean gerenciadoras de la explotación [4].

Por eso, apoyándose en esto, el Manifiesto expresa que “Hoy podemos pensar en un feminismo anticapitalista, en parte, porque la credibilidad de las élites políticas colapsa en todo el mundo” [5]. Y proponen desafiar por izquierda a aquel feminismo encarnado en Hillary Clinton: “En el vacío producido por el declive del liberalismo, tenemos la oportunidad de construir otro feminismo…” [6] [el destacado es nuestro, más adelante volveremos sobre esta palabra]. Se plantean “señalar el camino que hay que andar para llegar a una sociedad justa” y “por qué nuestro movimiento debe convertirse en un feminismo para el 99 %” [7].

Acuerdos, disidencias y aquello que no se nombra

El Manifiesto avanza, en sus diferentes capítulos ordenados como tesis, en definiciones que compartimos sobre la crisis capitalista; sobre las raíces de la violencia de género y contra las soluciones punitivistas; sobre la normalización y regulación de la sexualidad bajo el capitalismo y la necesidad de liberarla. También compartimos su denuncia de la violencia racista y colonial que se encuentran en el origen del capitalismo y la perspectiva de destrucción del planeta a la que éste conduce, contra lo cual el Manifiesto propone un feminismo antiimperialista, ecosocialista e internacionalista.

Su repercusión a nivel internacional es significativa para quienes venimos construyendo una corriente feminista anticapitalista, socialista y revolucionaria desde hace décadas, contra la posición hegemónica del feminismo tecnócrata liberal que resignificó las luchas emancipatorias como un camino progresivo hacia la igualdad jurídica, es decir, solamente como la búsqueda de ampliación de derechos en las democracias capitalistas que facilitan el desarrollo meritocrático (individual) de algunas. Y para quienes también, en una posición minoritaria, supimos confrontar con la respuesta impotente del posfeminismo que priorizó la deconstrucción, es decir, la revisión de los propios privilegios, como si la opresión estructural y sistémica de determinados colectivos pudiera combatirse, fundamentalmente, con un ejercicio (individual) de autoconciencia.
Es esperanzador que, poniendo en el centro del debate que la opresión de las mujeres es estructural en el sistema capitalista y que, por lo tanto, la salida solo puede ser una transformación radical y colectiva, el Manifiesto haya tenido gran recepción a escala global.

Pero sus autoras, ¿cómo proponen poner en marcha esta transformación? Para cambiar esta situación de raíz, el Manifiesto dice que “el feminismo para el 99 % tiene como objetivo unir movimientos existentes y futuros en una insurrección global de amplia base” [8].

Eso es todo, no dice mucho más al respecto; lo que nos hace pensar que, en sus autoras, existe una confianza ilimitada en el poder de los movimientos sociales. Como si no fuera necesario preparar el enfrentamiento con el Estado (capitalista) –que es un gran ausente en el Manifiesto– que no solo tiene el monopolio de la fuerza, sino que además posee múltiples mecanismos de cooptación y asimilación de aquellos movimientos contestatarios.

No es algo menor: mientras algunos solo conciben los cambios sociales como resultado de la administración de los recursos del Estado o de la labor parlamentaria, es decir, como reformas; otros, idealizando lo social, desdeñan la lucha política. Pero lamentablemente, siempre que los movimientos sociales radicales y transformadores desdeñaron la lucha en la arena política, acabaron dejando que los sectores reaccionarios y reformistas fueran quienes monopolizaran su ejercicio.

¿Cuáles son las tareas preparatorias del feminismo para el 99 % para cumplir su objetivo? Las autoras anticipan una respuesta en la Tesis 11: “Debemos aliarnos, sobre todo, con las corrientes anticapitalistas de izquierda de todos los movimientos que también defienden el 99%. Este camino nos enfrenta directamente a las dos opciones políticas principales que el capital ofrece ahora. Rechazamos no solo el populismo reaccionario, sino también el neoliberalismo progresista [9] [el destacado es nuestro].

A diferencia de las autoras, no consideramos que en política existan vacíos, como señalan en las primeras páginas. La realidad indica que, a la crisis de hegemonía neoliberal no se le presenta únicamente la alternativa del populismo reaccionario, sino también otras opciones políticas que también son sostén de las democracias capitalistas y que, curiosamente, no son mencionadas en el Manifiesto. Nos referimos a los populismos de izquierda o neorreformismos como el de Syriza en Grecia que, una vez en el poder, aplicó los planes de ajuste de la troika de la Unión Europea contra el pueblo griego, o el de Podemos, en el Estado Español, que pasó de ser la esperanza de “los indignados” a convertirse en un sostén del régimen de la Transición, suplicando al socialismperialista PSOE conformar un gobierno de coalición.

No son ejemplos aislados: frente al populismo de derecha trumpista y el rearme del neoliberalismo “progresista”, se ensaya una tercera opción que, con sus diferencias, se presenta como malmenorismo o populismo de izquierda, en casi todas las latitudes.

Las autoras del Manifiesto se preguntan en la Tesis 4: “¿Conseguirán quienes se apropian del beneficio convertir las contradicciones sociales del capitalismo en nuevas oportunidades para acumular riqueza privada? ¿Asumirán líneas importantes de la rebelión feminista, incluso cuando reorganicen la jerarquía de género? ¿O será el alzamiento masivo contra el capital finalmente, el ‘acto por el cual la raza humana que viaja en el tren [fuera de control] tira del freno de emergencia’? (W. Benjamin)” [10].

Las respuestas no pueden anticiparse, porque nada de eso se dará por el simple desarrollo de los acontecimientos, sino por la lucha de fuerzas vivas. Se trata de la lucha de los movimientos, de la lucha de clases; pero también de la lucha política que daremos hoy desenmascarando a aquellos que se presentan como alternativa malmenorista y representan el rostro más afable de las democracias capitalistas ante la deslegitimación de sus variantes tradicionales. Por eso, alertar que se preparan “asumiendo líneas importantes de la rebelión feminista”, para evitar que sea verdaderamente una rebelión y, mucho menos, un “alzamiento masivo contra el capital”, es una tarea del momento.

Aunque el Manifiesto omita un posicionamiento explícito sobre este sector político, ya en declaraciones públicas, dos de sus autoras señalaron que –con mayor o menor desagrado– votarán a Bernie Sanders quien, con un discurso redistributivo y hablando de “socialismo”, participa de las elecciones norteamericanas como candidato del sanguinario Partido Demócrata. Como si se pudiera cambiar el carácter del imperialismo norteamericano “desde adentro”, cuando en realidad, lo que sucede es lo contrario: ya está comprobado que el sistema termina integrando a las y los líderes más carismáticos, asimilando a los movimientos que encuentran en ellos a sus representantes.

Además, como bien saben las autoras del Manifiesto, ese 99 % que los populismos de izquierda pretenden arrebatarle a la derecha en el terreno electoral, no es un “pueblo” homogéneo, sino una construcción abstracta que incluye a poseedores de capitales medianos y a los expropiados históricamente por los grandes, medianos y pequeños capitalistas; a empleados de élite cuyos ingresos son tan cuantiosos que les permiten acumular propiedades y tener altísimos niveles de consumo, mientras explotan el trabajo mal pago de niñeras, choferes y cocineras sin papeles.

Los intereses de las mujeres trabajadoras y los intereses de los burgueses pequeños o las burguesías nacionales –socias menores y a veces, afectadas, por las grandes concentraciones del capital financiero, pero que viven de la explotación del trabajo de otras y otros– no pueden consensuarse en una misma perspectiva política contra el “1 %”.

Porque, a diferencia de las matemáticas, en la política hay sumas que restan. Y esto se observa no solo en la campaña de Sanders sino también en Argentina donde, bajo el auspicio del Vaticano, se unió a gran parte de los opositores progresistas, de centro y derecha en un “Frente de Todos” contra el gobierno de Macri. En ambos casos, como en tantos otros países, se intenta subordinar el movimiento feminista a partidos políticos pequeñoburgueses o burgueses (¡incluso imperialistas o con gran injerencia eclesiástica!), que bregarán por sostener el sistema capitalista, en contra y a pesar de las mujeres [11].

Por el contrario, consideramos que, en lo inmediato, la tarea de un feminismo anticapitalista debería ser diferenciar claramente quiénes son nuestros aliados y quiénes nuestros enemigos.

Huelga feminista: ¿un puente entre la política de la identidad y la política de clase?

La metáfora del 99 % se fundamenta en la atomización y fragmentación de las clases explotadas y los sectores oprimidos, durante las décadas de la ofensiva neoliberal. Sin embargo, aunque esto es un hecho, también es lícito mencionar que la restauración capitalista no solo cambió la fisonomía de la clase asalariada, sino que extendió inusitadamente el trabajo asalariado a nivel mundial.

Por primera vez en la historia del capitalismo, las mujeres constituyen, aproximadamente, el 47 % de esa numerosa clase, sin que hayan dejado de ser las principales responsables del trabajo gratuito de reproducción que se realiza en los hogares individuales. Sin embargo, lo verdaderamente novedoso y desafiante es que, actualmente, 1.300 millones de mujeres (el 54 % de las que se encuentran en edad económicamente activa) participan en el mercado laboral [12], cambiando drásticamente la apariencia de ese “proletariado masculino blanco” que solo pervive en la nostalgia de las traidoras burocracias sindicales.

Nos parece que estos cambios en la composición de la clase socialmente (pero no absolutamente) mayoritaria, se expresan en la adopción, por parte del movimiento feminista, del término “huelga”, un método de lucha tradicional del movimiento obrero. Porque, aun cuando la mayoría de las organizaciones feministas no se lo proponga [13], la consigna de la huelga es una herramienta para que el feminismo –como movimiento policaclasista aún mayoritariamente urbano, donde los sectores ilustrados de la pequeñoburguesía ejercen su hegemonía política e ideológica– entable un diálogo novedoso con sectores cada vez más amplios de trabajadoras asalariadas.

También es un arma para que estas puedan desafiar a las direcciones sindicales burocratizadas, exigiendo compromisos concretos con demandas de una parte cada vez más mayoritaria de sus bases, que deben movilizarse por fuera de los sindicatos para hacer oír estos reclamos y, muchas veces, ni siquiera tienen derecho a participar de estas organizaciones.

Consideramos que la “reinvención” de la huelga que señala el Manifiesto no pasa por bautizar con ese nombre a todas las acciones feministas, cualesquiera sean, ni tampoco por reivindicar el retraimiento de tareas en “esa visión amplia de lo que se entiende por cuestión laboral”, donde las autoras mezclan confusamente la huelga del trabajo doméstico, con la “del sexo y de las sonrisas” [14]. Como señala Lorna Finlayson sobre las limitaciones de este tipo de huelgas, “el abandono del trabajo remunerado golpea al capitalista con la pérdida permanente de ganancias. El abandono del trabajo reproductivo no remunerado es menos directo. Si el trabajo adquiere la forma de cuidado de otras personas vulnerables, como niños o ancianos, el abandono puede no ser una opción aceptable. En el caso en que el trabajo no es una cuestión de vida o muerte, como lavar la ropa o pasar la aspiradora, la mujer lo hará más tarde o lo hará otra persona. O nadie lo hará y la casa estará un poco más desordenada. En el mejor de los casos, un marido o un novio podrán sentir vergüenza por hacer algo que normalmente hace la mujer. El capitalista no sufre, ni siquiera se da cuenta” [15].

Por el contrario, esta nueva reivindicación del método de la huelga deberíamos ponerlo al servicio de fortalecer a las trabajadoras asalariadas en su enfrentamiento a la patronal, al Estado y a la burocracia sindical cuando, como describe el Manifiesto, “lejos de centrarse solo en los salarios y las horas, también apuntan al acoso y a la agresión sexual, a las barreras a la justicia reproductiva y a las restricciones al derecho a huelga” [16].

La tarea actual de un feminismo anticapitalista debiera ser combatir en los sindicatos, especialmente en aquellos sectores de la producción y los servicios altamente feminizados, para conseguir unir lo que la burocracia divide. Pero en el Manifiesto, que habla de clase trabajadora, de huelga, de anticapitalismo y lucha de clases, la burocracia sindical no está siquiera mencionada y, peligrosamente, se adjudica a los sindicatos en general la política corporativa, economicista y corrosiva de sus direcciones.

Recuperar las organizaciones de la clase asalariada de manos de esta burocracia, para que sean verdaderos organismos democráticos del conjunto de la clase que no fortalezcan sino que combatan las divisiones entre nativos y migrantes, hombres y mujeres, permanentes y contratados, con derecho a sindicalización o no, es también una tarea preparatoria. Esas instituciones de larga historia del movimiento obrero, desde esta perspectiva, permitirían hacer mucho más efectiva la huelga y recomponer un puente entre la clase asalariada y el movimiento feminista que, efectivamente, lleva roto casi un siglo. Pero por más que el Manifiesto se propone brindar algunas herramientas en este sentido, parte de una matriz de la cual, por el contrario, se va hilvanando la negación de una estrategia que lo haga posible.

Por una estrategia de clase, anticapitalista, revolucionaria y socialista

Aunque se despliegue más ampliamente en el epílogo, desde las primeras tesis puede advertirse que las autoras conciben este Manifiesto en el marco conceptual de la teoría de la reproducción social. Ellas señalan que la afirmación de que el capitalismo funciona por la extracción de plusvalía es incompleta; que existe “una verdad que el capitalismo se conjura para ocultar: el trabajo remunerado para la obtención de beneficios no podría existir sin el trabajo (usualmente) no remunerado de la creación de vida. Por ello, la institución capitalista del trabajo asalariado esconde algo más que la plusvalía. Esconde también sus marcas de nacimiento: el trabajo de la reproducción social que es la condición de su posibilidad” [17].

Para las autoras, la crisis capitalista actual es, fundamentalmente, una crisis de la reproducción social, incluyendo en este concepto no solo el trabajo doméstico no remunerado ya mencionado, sino también las ramas de servicios que garantizan la reproducción social con la explotación del trabajo asalariado, mayoritariamente, de mujeres (salud, educación, etc.). Un tercer aspecto de esta crisis de la reproducción social es el que concierne a la relación que crea el imperialismo entre mujeres con mejores salarios o profesiones liberales que viven en las metrópolis y que se ven “liberadas” del trabajo doméstico, mediante la contratación (precarizada) de mujeres migrantes, racializadas, etc. Mujeres que, a su vez, delegarán en otras –cuyo lugar es aún más vulnerable en esta cadena– el trabajo de reproducción de sus propios hogares: niñas o ancianas que cuidarán de hermanos o nietos, limpiarán y cocinarán, sin remuneración alguna.

Contra toda versión reduccionista burdamente economicista (sindicalista) del marxismo, esta enunciación no nos resulta desdeñable. Junto con las autoras del Manifiesto, también consideramos que la clase obrera no está constituida solo por aquellos que trabajan “en fábricas o en minas”. Que también son parte de la clase trabajadora quienes se desempeñan “en el campo y en casas particulares; en oficinas, hoteles y restaurantes; en hospitales, guarderías y escuelas; en el sector público y en la sociedad civil; el precariado, los desempleados y aquellos y aquellas que no reciben remuneración a cambio de su trabajo” [18].

Pero si en la descripción sociológica de la clase trabajadora no hallamos grandes diferencias, en las definiciones políticas que de allí se derivan encontramos las controversias principales.

En primer lugar porque, su matriz teórica las lleva a sostener que, todos estos sectores que integran la clase trabajadora tienen “igual importancia” [19] a la hora de enfrentar –con posibilidad de afectar profundamente– el sistema capitalista. Y de allí derivan que “la lucha de clases incluye las luchas por la reproducción social” [20], poniendo como ejemplos las luchas por la educación gratuita, la vivienda o el transporte público, entre otras. Más aún, sostienen que esas luchas “constituyen ahora la vanguardia de proyectos capaces de cambiar la sociedad de arriba a abajo” [21].

Por el contrario, consideramos que la clase trabajadora participa en estos movimientos diluida en una “masa ciudadana”, por la negativa de sus direcciones sindicales para que esa fuerza conduzca los justos reclamos de amplios sectores en una lucha anticapitalista. Y para esto, las burocracias sindicales actúan también en consonancia con las direcciones políticas de otras clases y sectores que también participan de los movimientos sociales, intentando canalizar sus demandas a través de los partidos políticos del régimen, para evitar cualquier radicalización.

Las autoras del Manifiesto, por el contrario, sostienen en la Tesis 11, sobre el trabajo asalariado industrial que “insistir en su primacía no es fomentar, sino más bien debilitar, la solidaridad de clase” [22].

Sin embargo, herir de muerte al capitalismo requiere del poder de fuego que tienen aquellos sectores que manejan los principales resortes de la producción y también de los servicios que posibilitan la realización de las ganancias capitalistas. Y, por supuesto, requiere también que estos sectores (donde ahora la participación de las mujeres es muchísimo más alta que hace apenas unas décadas atrás) establezcan una alianza con todos los demás sectores de clases oprimidos en el capitalismo.

Por eso, consideramos que es una tarea del feminismo que se reivindica anticapitalista combatir contra las direcciones corporativas del movimiento obrero que mantienen una separación arbitraria y funcional al capitalismo, entre las demandas económicas de las y los asalariados y las demandas democráticas que afectan a más amplias masas. Pero, asimismo, es necesario batallar contra las direcciones (también corporativas) de los movimientos sociales que, negando ese poder de fuego de los sectores concentrados de la clase trabajadora contra el capital, intentan subordinar estas luchas democráticas a una perspectiva limitadamente reformista, cada vez más utópica en el marco de la crisis. 
Dicho en otras palabras, el feminismo anticapitalista es un feminismo de y desde la clase trabajadora, es decir, del sujeto social al que el capitalismo estructura en una posición estratégica para su funcionamiento (y desde allí establece sus alianzas) o se terminará disolviendo en un movimiento impotente para trascender el horizonte de las reformas. Claro está que, para hacerse efectivo ese potencial objetivamente revolucionario de los sectores más concentrados de la clase asalariada, debe transformarse en disposición efectiva y consciente a liderar incluso a sectores de otras clases oprimidas también por el capital.

Conseguirlo, también es una tarea preparatoria. Porque a diferencia de cuando emergió la ola feminista de los años ‘70, que fue parte de los procesos de radicalización social y política a lo largo y ancho del planeta, en este momento aún predomina una perspectiva reformista. Sin embargo, no somos pesimistas, porque nuevos fenómenos de la lucha de clases y fenómenos políticos de carácter internacional (como esta nueva ola feminista) pueden ser el preanuncio de una nueva etapa.

Si el feminismo anticapitalista aspira a no ser un mero espectador de los acontecimientos, sino a intervenir decisivamente en la realidad para transformarla, hoy tiene la tarea de librar esta batalla política e ideológica para que gran parte del movimiento adopte esta perspectiva revolucionaria, preparándose para los futuros acontecimientos.

Un marxismo estratégico –opuesto teórica y políticamente a las corrientes economicistas que lo han convertido en una brutal caricatura totalitaria– tiene el desafío no sólo de elaborar elocuentes análisis sobre el capitalismo patriarcal, como los publicados en el Manifiesto, sino también de aventurar hipótesis estratégicas y construir una organización, para que oprimidas y explotadas, junto a otros oprimidos y explotados, puedan pasar –cuando las circunstancias lo permitan–, de la esforzada y paciente resistencia a conquistar la victoria.

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NOTAS AL PIE
[1Agradecemos las lecturas críticas de compañeras de nuestra corriente internacional, cuyos comentarios fueron fundamentales para la elaboración de este artículo.
[2C. Arruzza, T. Bhattacharya y N. Fraser, Manifiesto de un feminismo para el 99 %, Barcelona, Herder, 2019.
[3La creciente visibilización de la violencia machista –femicidios, abusos sexuales, impunidad para los acusados y culpabilización de las víctimas– fue el motor de la mayoría de las protestas multitudinarias protagonizadas por mujeres en otros países como Argentina (Ni Una Menos, 2015), Italia (Non una di meno, 2016) o el Estado español (Yo sí te creo, 2018); pero también de campañas en redes sociales en Estados Unidos (#MeToo, 2017) o en Francia (#BalanceTonPorc, 2017). Al mismo tiempo, otras movilizaciones surgieron del intento de evitar la restricción del derecho al aborto (Polonia, 2016), para denunciar la brecha salarial (Islandia, 2018) o exigiendo el aborto legal (Argentina, 2018), motivando multitudinarias acciones organizadas de mujeres.
[4Para una lectura sobre el feminismo en las décadas del neoliberalismo ver D’Atri, A. y Liff, L., “La emancipación de las mujeres en tiempos de crisis mundial”, Parte I y II, en revista Ideas de Izquierda N.º 1 y 2, agosto y setiembre de 2013.
[5Arruzza, Bhattacharya y Fraser, ob. cit., p. 18.
[6Ibíd., p. 19.
[7Ídem.
[8Ibíd., p. 78.
[9Ibíd., p. 75.
[10Ibíd., pp.37-38.
[11Mencionamos el ejemplo de Argentina, porque es uno de los lugares donde más desarrollo tuvieron las movilizaciones de mujeres en los últimos años (Ni una menos, Marea verde) y por ello es citado por las autoras del Manifiesto como un ejemplo inspirador.
[12Tasa de participación en la fuerza laboral, mujeres (porcentaje de la población femenina entre 15-64 años), estimación modelado OIT. Tasa de la fuerza de trabajo total, modelado datos Banco Mundial, disponibles en https://data.worldbank.org/.
[13Salvo en el Estado Español, donde en la huelga feminista del pasado 8 de marzo, lograron el acatamiento de una gran parte de los sindicatos.
[14Arruzza, Bhattacharya y Fraser, ob. cit., p. 25.
[15Finlayson, L., “Travelling in the Wrong Direction”, en London Review of Books, Vol. 41 N.º 13, 4 de julio de 2019.
[16Arruzza, Bhattacharya y Fraser, ob. cit., p. 25.
[17Ibíd., p. 92.
[18Ibíd., pp. 42-43.
[19Ibíd., p. 42.
[20Ibíd., p. 43.
[21Ibíd., p. 44.
[22Ibíd., p. 77.
Fuente de la Información: https://laizquierdadiario.com/Feminismo-para-el-99-estrategias-en-debate-134929
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